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I nve r s i ó n

Página SIETE Domingo 27 de mayo de 2018

i nve rs i ó n @ p a g i n a s i e te . b o

11

Orbe

Marco Antonio

B a r ro s o

Mendizábal

Ab o ga d o ,

diplomático y

c a te d r á t i c o

Estas entidades muestran el estado de la salud de las economías

El desdén de la sociedad por

las actividades financieras

l P E RC E P C I Ó N La ciudadanía conoce muy poco el funcionamiento de la banca y las

instituciones relacionadas. Por ello, tampoco las valora en su justa dimensión.

La actividad financiera, y

por ende la banca, y demás

instituciones a través

de las cuales se canaliza

dicha actividad, es tan esencial

para el bienestar de cualquier sociedad,

como es poco comprendida

por la inmensa mayoría de los

ciudadanos.

En tiempos de bonanza económica

la opinión pública ignora o

silencia su contribución decisiva

a la prosperidad social, en tiempos

de crisis se la responsabiliza

de (casi) todos los padecimientos

económicos de la sociedad.

La función quizá más obvia de

la banca es la gestión del sistema

de pagos de la sociedad que, a pesar

de su complejidad, alcanza

cotas de eficiencia que no se suelen

valorar como merecen por la

opinión pública.

No se aprecian como es debido

las ganancias de bienestar derivadas

del eficaz funcionamiento de

las domiciliaciones de ingresos y

pagos, de la enajenación y adquisición

de activos, de las transferencias

de depósitos, de la disponibilidad

de efectivo a través de

los cajeros, etcétera.

Se da por descontado el impecable

funcionamiento del sistema,

sin reflexionar sobre la excelencia

profesional de quienes lo

gestionan y los múltiples y delicados

engranajes que lo hacen

p o s i b l e.

Menos evidente, pero igualmente

importante para la sociedad,

es su funcionamiento como

una singular máquina del tiempo,

para optimizar y conciliar las preferencias

de consumo de los individuos.

La banca permite desplazar

riqueza financiera en el tiempo,

adelantando al presente la riqueza

que se acumularía en sucesivos

mañanas o trasladando al

futuro riqueza que hoy se posee y

no se quiere gastar. Así, la banca

permite disponer de capital a

quienes lo necesitan o lo desean

hoy, pidiéndoselo a quienes prefieren

no gastarlo a cambio de disponer

de una mayor cantidad mañana.

Permite, de la misma manera,

hacer frente a necesidades de

consumo imprevistas o deseadas,

hoy, a cambio de una corriente de

pagos en el futuro.

Al igual que sucede con la adquisición

de viviendas, la banca

permite afrontar gastos médicos

especiales, compras de coches u

otros bienes de consumo duradero,

estudios de los hijos, vacaciones,

etcétera, bienes y servicios

todos ellos que no estarían disponibles

para muchos en ausencia

de la potente banca y actividades

financieras que tenemos en la actualidad.

La banca y las finanzas

articulan también la reasignación

de capital, desde las que tienen

pero no quieren gastarlo, a las que

lo pueden invertir con una esperanza

razonable de alcanzar beneficios

suficientes para devolverlo

y remunerarlo adecuadamente.

La banca y las finanzas

permiten el acceso al capital a

quienes no lo tienen, pero disponen

de un proyecto empresarial

con un claro potencial de generar

beneficios. La banca y las actividades

financieras también impulsan

el crecimiento económico

fomentando la innovación.

Hoy, la banca y las actividades

financieras están estimulando e

incluso liderando los avances en

la digitalización de la sociedad.

Desgraciadamente, a la banca y

demás intermediarios financieros,

se le niega cualquier mérito

por las recuperaciones económicas

y, sin embargo, se le imputa

con frecuencia una responsabilidad

por las crisis económicas que

no es ni exclusiva ni mucho menos

suya. Es cierto que las recesiones

más severas siempre son precedidas

por periodos en los que se

ha prestado mucho más de lo que

Se da por descontado

el impecable

funcionamiento

del sistema, sin reflexionar

sobre

quienes lo gestionan

y lo hacen posible

para todos.

se debía; periodos en los que se inflan

burbujas del precio de unos u

otros activos y se acumula un volumen

de deuda excesiva (por impagable)

para muchos deudores

cuando la economía se ralentiza o

se frena inesperadamente.

El consiguiente deterioro de los

balances bancarios hace inevitable

que se restrinja el crédito por

debajo de lo que sería deseable,

acentuando así la crisis del sector

real y del propio sistema financiero.

Pero esta secuencia de procesos

de endeudamiento excesivo y

crisis económica sería imposible

sin la concurrencia de una combinación

de políticas monetaria y

fiscal expansivas, y sin el subsiguiente

ajuste de la una y de la

otra para restaurar los equilibrios

macroeconómicos .

En las crisis y en sus secuelas se

inflama la animosidad de la opinión

pública contra el mundo financiero,

espoleada en muchos

casos por políticos populistas e

ignaros en cuestiones económicas

y financieras.

Se critica el rescate de bancos y

banqueros a costa de los contribuyentes,

se recrimina que los

bancos no presten a quienes más

lo necesitan; se ataca a los financieros

por su codicia, supuestamente

causante de las crisis. Como

solución o paliativos para calmar

la ira de la opinión pública,

los políticos populistas habitualmente

proponen nacionalizaciones

permanentes (para que los

bancos nacionalizados sigan con

las prácticas que los llevaron a la

quiebra) e impuestos de un tipo u

otro a la banca y a las actividades

financieras. Estas medidas están

absolutamente equivocadas.

El desdén por las actividades financieras

y la hostilidad abierta o

encubierta a quienes las practican

están firmemente arraigados en la

naturaleza instintiva del ser humano,

y tienen su reflejo en la doctrina

social de muchas religiones

y en sistemas filosóficos e idearios

políticos que no aplican la razón

al estudio del fenómeno económico.

La causa última de estos recelos

reside en que la banca trata dimensiones

de la acción humana

(el riesgo y el cálculo temporal) en

las que las ideas y las decisiones

del individuo están especialmente

plagadas de sesgos cognitivos

que nublan el juicio y oscurecen la

verdadera realidad de las cosas.

Únicamente recurriendo a la

razón, informada por el conocimiento

económico, es posible superar

los sesgos y entender cabalmente

la contribución de la banca

y las finanzas al bienestar de

nuestras sociedades.

Pocas inversiones serían más

rentables, para la banca y para la

economía en su conjunto, que

dedicar suficientes recursos a la

educación financiera de la ciudadanía.

Los avances en la cultura

financiera de los gobernados

son el antídoto contra los atavismos

e inclinaciones antifinancieras

de los gobernantes y de los

aspirantes a serlo.

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