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Columna México y el Mundo

14 de Septiembre de 2015

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Batalla de Palo Alto durante la Guerra Mexico-Americana, pintura de Carl Nebel.

Capítulo VII del libro Dialéctica Histórica de Juan María Alponte

La guerra tiene la palabra

Por Juan María Alponte

Parte 1 de 4

El 8 y 9 de mayo en Palo Alto y Resaca de la Palma las tropas

mexicanas fueron derrotadas en los dos choques. El 11 de

mayo de 1846, el presidente James Knox Polk tuvo en la

mano la respuesta que había preparado ya: el Mensaje al Congreso

pidiendo la aprobación de la declaración de guerra contra México.

El 13 de mayo el Congreso votaba por la

guerra. No hubo unanimidad ante el Manifest

Destiny. En efecto, 67 diputados liberales

votaron en contra y Garret Davis, de Kentucky

no dudó en hacer una frase para la historia:

“It is our own President who began this

war”, en pocas palabras: “Es nuestro propio

Presidente quien comenla guerra”.

En el libro de Carlos Bosch García

—“Historia de las Relaciones entre México y Estados

Unidos, 1819-1848”— libro del Archivo

Histórico Diplomático Mexicano, se dice

“que el 14 de mayo de 1846, con unanimidad

completa, el Congreso USA acordó la declaración

de guerra contra México”.

En la Cámara de Representantes, en efecto,

el voto fue de 174 contra 14 y de 40 a

2 en el Senado. Abraham Lincoln, representando

a Illinois denunció el conflicto como

una agresión de Estados Unidos. No como

respuesta a un ataque contra Estados Unidos.

Me parece correcto optar por unos datos

que revelan que las cosas no son, nunca, blancas

o negras. La guerra fue terrible para México.

El general Pedro María Anaya, Ministro

de la Guerra y la Marina, el 8 de mayo de

1848, informaba al Congreso de la situación

del Ejército mexicano en la contienda. Entre

otras cosas dice lo siguiente:

“Cuando el Excelentísimo Señor General

de División, Benemérito de la Patria,

don Antonio López de Santa Anna tomó el

mando del Ejército en septiembre de 1846

no había en las tropas del Norte, ni cinco

mil hombres, y éstos, en su mayor parte no

estaban capaces de volver prontamente a la

campaña por las muchas enfermedades de

que adolecían. Semejante improvisación se

ha repetido varias veces; pero la experiencia

debió de convencernos que aumentar los regimientos

del modo que está en práctica entre

nosotros mucho tiempo ha, no es otra cosa que

hacinar los hombres en tantas prisiones como

son los cuarteles, para que llegado el conflicto

abandonen sus banderas y la República añada

una desgracia más en sus anales”.

Precisaba:

“Ocurrida la batalla de Angostura, en

la cual nuestras tropas tuvieron nueve mil

hombres de baja por deserción, se improvisó

la defensa de Cerro Gordo, y los resultados

fueron los que podía esperarse de la

clase de tropas con las que hemos sostenido

todos los combates. Estos sucesos y los

ocurridos en el Valle de México, están reclamando

imperiosamente que el Congreso

dicte las leyes convenientes para reemplazar

los cuerpos del Ejército con hombres útiles,

y no con imbéciles, criminales y gente viciosa,

que sin conocer sus deberes, ni los que la

Sociedad impone, comienza su ignorancia

desde no entender el idioma español”.

Continuaba:

“Ocupada la capital de la República,

el Gobierno se encontró sin recursos de

ningún género, sin armas y sin municiones

y sin ningún elemento para reorganizar

las pocas fuerzas que se habían

dispersado después de las ocurrencias de

México y Puebla. Quinientos veinticinco

cañones han caído en poder del enemigo

en los diversos combates que hemos

sostenido, un parque inmenso capaz para

sostener la guerra por seis meses, y más de

cuarenta mil fusiles. Enormes pérdidas,

que el desconcierto social en que vivimos

no ha permitido reponer”.

Ponderaba:

“Al hablar de las dificultades con que

el Gobierno General ha tropezado, para

resarcir las pérdidas pasadas, y para hacer

nuevos esfuerzos en defensa de los derechos

de la República, es indispensable

mencionar el estado en que se encuentra la

moralidad y la disciplina de las clases superiores

e inferiores del Ejército. El Gobierno

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