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RUDE Magazine - Winter Issue

eview issue9W I N T E R

eview issue9W I N T E R 2 0 1 2 · L E S O R T D ‘ H I V E R Left to right, Coffee & Cigarettes · Shadows · Pulp Fiction · Satiricon Jim Jarmusch, que actualmente es uno de los grandes directores del cine indie americano, rodó un corto en 1993: “Coffee and Cigarettes”. Para la sorpresa de muchos ganó la Palma de Oro del Festival de Cannes. Una década después rodó varios cortos de la misma índole. La temática era inusual, gente tomando café y fumando cigarrillos en un bar repugnante, sucio y decrépito. Las conversaciones de los personajes que se encuentran en la cafetería son hilarantes y sin sentido. Nos dejan en la tierra de nadie respecto a lo que conocemos como la típica historia. A través de planos fijos, cortes secos, un uso del blanco y negro obtuso nos cuentan… una no historia. Bueno... realmente no hay historia, no hay hilo argumental. Los protagonistas aparecen en diferentes sketches hablando de lo que serían anti-argumentos: un camarero que interrumpe constantemente a su cliente sin más, una inminente cita con el dentista que a uno le obliga a tomar rápido el café, la elaboración del té inglés, una banda de rock inexistente, las teorías sobre la conspiración contra Elvis Presley o el uso de la nicotina como insecticida. Jim Jarmusch agrupó todos los episodios bajo la forma de un largometraje. Pues si, el carácter dramático y cómico de las caracterizaciones es un reflejo de patrones de comportamiento social. Y el hecho de que todo sea tan decadente subraya mejor el mensaje del autor. Cine = emoción. Emoción = forma. Forma= Estética. Estética=transformación social. Me parece que esta sencilla secuencia de axiomas abre un dilema entre la forma de expresión artística y el negocio. Bien es conocido el inmenso poder social del cine. La cultura de masas ha sido la puerta más grande para consumo de imágenes sonoras a lo largo de muchas décadas. Y, por ende, los patrones e iconos de la estética del diseño, la imagen, la música y la moda están en el medio audiovisual. Esto ha sido una fuente de negocio desde los orígenes del medio. Lo cierto es que todos hemos visto en el cine cientos de películas de mala calidad, con estereotipos manidos en el guion. ¡Otra vez la misma historia! Para colmo la calidad de los actores es deleznable y los clichés sonoros y visuales nos condenan al aburrimiento. Es los que los cineastas llaman Serie B, un término que se empezó a utilizar en Hollywood (allá por los años 30) para producciones destinadas al consumo de entretenimiento, con un coste considerablemente bajo y una estética cutre y decadente. Muchos cineastas independientes han sabido adaptar estos arquetipos de “peli mala” a sus producciones independientes. Es muy curioso: han conseguido cambiar las formas de expresión para reforzar la propia expresión. Pero no es contradictorio, en muchos casos el empleo de formas narrativas tradicionales despierta un nuevo interés en las mismas, sobre todo si se adapta a una época presente. Yo diría que es como un “glamourkitsch-vintage” o un “retro-amórfico-actual”. John Cassavettes, otro de los grandes del cine independiente, debutó con “Shadows” (1959), una brillante cinta donde no había ningún guion escrito. Cassavettes fue un pionero de la dirección de actores con su método de improvisación, que le permitía llevar

a cabo la elaboración de los personajes a partir de la escena en el mismo momento. El ambiente caótico, alocado y con un poderoso toque underground neoyorkino, situó a esta película como un hito en su estilo, y supuso una influencia futura muy grande. La música del contrabajista de jazz Charles Mingus, con su toque apartado del estilo de moda en la época, es un refuerzo para subrayar la esencia de “Shadows”. Federico Fellini, el rey de la burla y el sarcasmo, también es poseedor de lo kitsch y de la destrucción de lo pretencioso. Su película “Satiricón”, basada en la novela Petronio, muestra el retroceso de la mundanidad de la época romana, al mismo tiempo que refleja lo absurdo de nuestro comportamiento hoy en día. La narrativa aparece desestructurada, caótica y con cambios de intensidad rítmica que tienden a sorprender. Las ideas morales que se presentan ridiculizan la acción narrativa y, en consecuencia, desmontan la acción. La historia parte de forma muy similar a la novela, pero con una fantasía deslavazada. Dos muchachos se ven envueltos en historias que desencadenan unas con otras, entrelazando sucesos con diálogos desmoralizantes y echando por tierra cualquier planteamiento ideológico. El hecho de que el montaje de los planos sea tan desordenado es una metáfora para explicar la desestructuración de la sociedad, donde el ser humano es seducido por su falta de cultura e idealiza estupideces con las que cree conseguir su propio placer. La influencia de “Fando y Lis”, de Alejandro Jodorowsky, es muy notable. Parece que Fellini pudo ver esta cinta en Roma, en 1969, antes de comenzar la producción de “Satiricón”. Es una película de culto que todo el mundo debería ver, sobre todo si alguien quiere reflexionar de verdad. En los años 90, la revolución del cine americano llegó con Quentin Tarantino, genio de la paráfrasis y maestro en adaptar los moldes estéticos del pasado a la época actual. Del mismo modo que hizo Fellini con “Satiricón”, Tarantino creó epopeyas cinematográficas, pero modernas. Tal es el caso de “Pulp Fiction”. Con un guion propio brillante y segmentado (yo considero que uno de los mejores que se han escrito jamás), presenta la pasión amoral de unos protagonistas llenos de incertidumbre, que se ven envueltos en situaciones de lo más grotescas. La clave de este genial peliculón es fruto de un homenaje a la cultura pop-art que generó personajes como los gangsters anacrónicos, es decir, los gangsters de toda la vida pero en la actualidad. El uso de elementos eclécticos es voraz y permite a Tarantino dar un sabor peculiar a la construcción de cada uno de los protagonistas. De hecho, confesó en una ocasión: “he robado de cada película que visto y que he realizado”. La mordacidad de la historia se refleja en la visión obscena y desordenada que se muestra en la acción. Y, por supuesto, la música de los años 60 y 70, da un toque retro a lo Chuck Berry con su “You Never Can Tell”. ¿No estáis de acuerdo en que, en algunos momentos, la belleza está en lo caótico, lo sucio y lo pasado de moda? A veces viene bien una inyección de esos elementos para apoyar bien los pies en el suelo y poder reflexionar con un poco más de claridad. ® Magazine 91

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