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NÚMERO 1 MARZO 2013


Bombay, ciudad de arena (por Favila Roces) Pág. 2

Obras maestras minúsculas (por Fernando

Morales) Pág. 6

Thomas Mann y la tarea de la libertad (por

Daniel Ventura). Pág. 8

Michael Connelly: cantar de gesta policiaco (por

Carlos Zúmer). Pág. 10

El fantasma de la igualdad (por Alejandra

Castellanos). Pág. 14

Valerón: el último profeta (por Andrés Tallón). Pág.

16

Muddy Waters: el primer Rollin’ Stone (por

Pablo Collado). Pág. 18

El horror (por Macarena Berjano). Pág. 26

La vida secreta de los objetos (por Francisco Daniel

Medina). Pág. 29

Panamá ya no es esdrújula (por Javier Zori del Amo).

Pág. 31

Domingo de pasión (por Carlos Saiz). Pág. 34

La imposibilidad del humanismo. Ética en la

empresa (por Carlos Javier González). Pág. 36

Dispara (por Irene Cuevas). Pág. 38

¿Por qué son necesarios los superhéroes? (por

Anycka HC). Pág. 41

Entrevista a Miguel Sánchez-Romero (por Fernando

D. Padilla). Pág. 49

ILuSTRACIOnES POR:

Jate

Mikel Murillo

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www.twitter.com/iwritemagazine

www.iwrite.es

1


2

Por Favila roces

BomBay,

ciudad de arena

1

un nOMBRE EVOCADOR PARA un LuGAR OBJETIVAMEnTE DESAGRADABLE.

No lo es en base a criterios morales: pobreza, chabolas, polución y la redención a través de la fotografía

de famélicos niños sonrientes. Los valores absolutos, además de ser un absoluto coñazo, tienen las patas

muy cortas en la India. Opinar acerca de Bombay, del país en último término, tiene miga. Existen dos tentaciones

principales. La evidente, creer que la experiencia personal permite conocer el asunto a fondo. Dicha escuela

alimenta dos vertientes antitéticas: los resabiados y los iluminados. Resultan más cómicas que graciosas y -seagotan

pronto. Su contrario, sobrecogerse ante tanta complejidad, tanta contradicción y no saber qué pensar.

Observar y sacar conclusiones, sin remilgos pero sin tomárselas demasiado en serio –los indios, nacionalidad

esencialmente ecléctica, tampoco lo harán-, es una buena forma de acercamiento. Con frecuencia, incluso

aquellos locales que han recibido una educación excelente son incapaces de procurar una visión sinóptica de la

India. El autor V.S. Naipaul, en cambio, sí ofrece algunos trazos maestros en su libro India, cuyo primer capítulo

está consagrado precisamente a Bombay.


La ciudad, cuyo nombre deriva del portugués “bom baim”, es la

capital del estado de Maharashtra y, más decisivamente, el principal

centro comercial y financiero de la India. Bombay resulta repulsiva

por motivos estrictamente funcionariales. Veintidós millones de

habitantes, sufriendo una densidad media de 20.000 personas por

kilómetro cuadrado. La cuarta urbe más populosa del mundo es

una gigantesca ratonera. Colaba, centro histórico-colonial y -salvo

inclinaciones estéticas inequívocamente feístas- única zona atractiva

de la ciudad, se encuentra rodeada de mar por sur, este y oeste.

Desplazarse desde aquí a vecindades norteñas

–Bandra, Juhu y Andheri– en las que encontrar un plan que merezca

la pena –en estándares locales (para blancos): elegir entre

varios restaurantes y poder tomar una copa– es una cuestión de

fe. Los atascos, permanentes, invitan a la pereza. De algún modo,

esa es la madre del cordero, porque si uno se agobia en Bombay,

no tiene dónde ir. Todo es mundanal ruido. No hay trincheras.

Imposible retirarse a un parque poco transitado, aislarse en una

cafetería, pretender que un taxi te conduzca a casa esquivando

el tráfico. Un apartamento espacioso en un piso elevado se

revela como la única opción. Una opción que más bien es una

fantasía, únicamente al alcance de extranjeros y élites locales. El

suelo es extraordinariamente costoso en una ciudad construida

sobre terrenos arenosos, que dificultan el desarrollo urbanístico

en altura e imposibilitan la construcción de un metro. Los

precios del suelo tampoco revisten mayor gravedad, pues los

mumbaikars, clase media incluida, están acostumbrados a hacer piña

con cinco congéneres en una habitación de 30 metros cuadrados.

Dharavi es un barrio chabolista que se hizo famoso

gracias a una película especialmente lamentable y, pese a

su evidente falta de lustre, alberga varias industrias pujantes;

amén de muy contaminantes. Aquí, más de un millón

de personas moran en menos de dos kilómetros cuadrados.

Dice Robert Kaplan en Monsoon, un libro que es mucho

más que un tratado de geopolítica asiática, que los indios

urbanos nacen y viven permanentemente rodeados de gente;

desconocerán la soledad durante el tiempo que vivan.

Bombay es caos, claxons, cuervos y un penetrante olor a

mierda. Las fragancias de la Bahía de Mahim son la bienvenida

de la ciudad.

2

Bombay se encuentra lejos de los principales círculos turísticos

septentrionales, articulados en torno al Taj Mahal, y en

realidad carece de atracciones culturales de postín. La gran

mayoría de los extranjeros residimos de manera continua;

muchos disfrutando de un generoso régimen laboral de expatriado.

La vida expat suele incluir cenar diariamente en restaurantes,

acudir a lounges en la azotea de algún rascacielos, dejarse

ver por el hipódromo, frecuentar los brunch de hoteles de postín,

organizar afterparties en apartamentos de lujo después de que los

clubs cierren a horas asombrosamente tempestivas. Las empresas

pagan dinerales a jóvenes ambiciosos que a su vez usan este capital

para fingir que están donde no están, geográfica ni socialmente.

Los precios del suelo tampoco

revisten mayor gravedad, pues

los mumbaikars, clase media

incluida, están acostumbrados

a hacer piña con cinco

congéneres en una habitación

de 30 metros cuadrados.

3


4

A poco que uno salga de lo que Kaplan llama la

burbuja del aire acondicionado –apartamento, coche,

oficina, coche, restaurante, taxi, discoteca, taxi,

apartamento- y patee las calles mumbaitíes, se

dará cuenta de la evasión es una pretensión inútil.

3

Los visitantes encuentran sorprendente la tremenda

seguridad que reina en la ciudad. Robos y

violencia no guardan relación alguna con la realidad

social. El reciente, y recurrente, asunto de

las violaciones –más bien, de una cultura de la violencia

hacia las mujeres- es harina de otro costal. Se relaciona

más con entornos familiares y sociales opresivos que con

la delincuencia en sí misma. Además, esta indefensión

es mucho más grave en el norte del país y en las zonas

rurales que en megalópolis como Bangalore y Bombay.

Sin embargo, Mumbai es un sitio hostil. Las personas

son números y la vida vale pocas rupias. Un dato:

únicamente en 2011, más de 6.000 mumbaitíes murieron

en las vías del tren; principalmente debido a atropellos y

caídas desde los vagones. Otro: estudios urbanísticos afirman

que, a las horas punta, algunas áreas de los trenes locales

alcanzan densidades de 16 hombres/metro cuadrado.

Por la estación de tren de Dadar transitan un millón

y medio de personas al día. Impensable subir unas

escaleras si no es en manada. En los momentos más críticos,

la muchedumbre, en un movimiento similar al de

una gran ola, le lleva a uno. Pintoresco pero peligroso.

En general, todo el barrio de Dadar ejemplifica

los peligros asociados a las muchedumbres indias. A pesar

de una localización céntrica, en sus calles, siempre

abarrotadas, solo se ven saris y vestimentas hindúes tradicionales.

El barrio es la fortaleza de los ultranacionalistas

hindués del Shiv Sena, partido bien conocido por un

sutil slogan que reza “Maharashtra para los maratíes”.

A raíz de los casos de violaciones, el partido

ha repartido, en Bombay y alrededores, 100.000 kits,

compuestos por cuchillos y chili en polvo. En un intento

por posicionarse a la derecha, una escisión del Shiv

Sena propuso que solo los naturales de Maharashtra pudiesen

conducir taxis o rickshaws; trabajos que ocupan

actualmente a más de 350.000 personas en el área metropolitana.

Los debates alcanzan con frecuencia semejantes

cotas de irrealidad. Su opinión sobre los musulmanes

resulta demasiado evidente como para explicitarla.

El Shiv Sena ha ganado en ocasiones las elecciones

al ayuntamiento de Bombay – desde entonces

Mumbai. Esos cambios en la nomenclatura también han

alcanzado al Aeropuerto Internacional, al Museo Príncipe

de Gales y a la estación de tren Victoria Terminus;

Patrimonio de la Humanidad y única visita indispensable

de la ciudad –si hubiese algo acondicionado para

visitar. Todos esos edificios, en un alarde de ingenio,

han sido bautizados en honor al Emperador Shivaji.

Otra actividad especialmente folklórica del partido

consiste en perseguir a aquellas parejas que celebren el Día

de San Valentín, por ejemplo, comiendo bombones de chocolate

en público; conminándoles –y esta gente sabe conminar–

a no proseguir con tan occidentalizadora onomástica.

Cuando el pasado diciembre, Markandey Katju,

un dirigente del Press Council of India afirmó, levantando

gran polvareda, que “el 90% de los indios son idiotas, encerrados

en sus comunidades religiosas y muy fácilmente manipulables”

se refería, entre otras cosas, a la clase de sentimientos

que los políticos locales enardecen en sitios como

Dadar. En su opinión, solo 2.000 rupias, unos 30 euros, bastarían

para desatar choques entre creencias. Son estallidos

esporádicos, difíciles de predecir pero que, como en 1992,

pueden alargarse durante meses y provocar carnicerías.

Dos semanas antes de esas declaraciones había

muerto Bal Thackeray, fundador y líder histórico

del Shiv Sena. Tras su fallecimiento, Bombay colapsó

durante tres días. Todos los comercios cerrados a cal

y canto; ni un taxi o rickshaw disponible. En Facebook,

una estudiante cuestionó si era lógico que la ciudad se

paralizase por la muerte de un líder eminentemente religioso.

Una amiga pulsó “me gusta”. A las pocas horas

fueron detenidas y llevadas a comisaría mientras masas

enfurecidas atacaban los negocios de sus familias.

Es en esencia una sociedad volátil. Sin embargo,

sería injusto olvidar que la India es también la historia

de un éxito improbable. La supervivencia de un país

con más de 30 idiomas oficiales –y decenas más de lenguas

locales–, seis religiones relevantes (hindúes, musulmanes,

sijs, budistas, católicos y jainistas), cientos


de castas y subcastas, un enemigo atómico irreconciliable

y, sobre todo, una población eminentemente pobre.

4

En Mumbai se ven familias enteras durmiendo

en la calle. Lo curioso es que, al no haber

frío ni violencia, los durmientes no se

resguardan, sino que ocupan toda la acera, despatarrados

¿Qué vergüenza podrían tener en ello?

Bandra es un barrio residencial en el que viven

numerosas estrellas de Bollywood. En la confluencia de

13th Road y Khar Pali Road, dos calles secundarias, se

encuentra un puesto de frutas bien provisto; próspero.

Es un carro, sobre el que se monta una tabla y, llegado

el monzón, unas lonas. De noche, toda la familia duerme

sobre el carro. A unos metros, un señor mayor, sentado

sobre sus piernas, presenta sobre unos ladrillos cuatro

verduras desmadejadas. Duerme directamente en el suelo.

Porque Bombay es la ciudad de las oportunidades.

Cada día llegan a sus estaciones de tren miles

de personas, provenientes de los campos. Como explica

Kaplan en Monsoon, primero se asientan en las calles.

A medida que progresan se mudan a los denostados

slum, de ahí a pisos modestos y así sucesivamente.

Hoy en día los mejores alumnos de cada escuela

pueden pensar, razonablemente, que serán aceptados

en una universidad donde competirán incansablemente

con otros aventajados. Un máster en gestión

de empresas, organizado en la ciudad de Hyderabad,

recibe anualmente más de un millón de solicitudes.

India está cambiando. La pasta es la nueva casta,

especialmente en Bombay. Resulta palpable entre los mumbaitíes

la certeza de que todo irá a mejor, a mucho mejor. Hacerse

rico – modelo pelotazo, a ser posible– no se considera

un horizonte descabellado. La rendición de culto absoluto

al dinero y al poder no sorprende. Tampoco que los nuevos

ricos traten a los pobres – esto es, a la gran mayoría– con el

desprecio y, en el mejor de los casos, la invisibilidad antes

reservados a los intocables. Es un cambio, no obstante.

El hinduismo celebra una suerte de aceptación

estoica del destino. Pero hoy en día, progresar socialmente,

revertir tu suerte, no es una quimera sino un anhelo generalizado.

Un dato: únicamente en 2011,

más de 6.000 mumbaitíes

murieron en las vías del tren;

principalmente debido a

atropellos y caídas desde los

vagones.

5


oBras maestras

Por Fernando morales

minúsculas

LA LITERATuRA ESTá LLEnA DE TóPICOS, DE

juicios anticipados, de encasillamientos absurdos, de

escritores diminutos ensalzados por los medios, de

escritores enormes escondidos bajo la alfombra…

No en vano la literatura y la vida van siempre de la

mano y ambas están cargadas de injusticias, de etiquetas,

incongruencias y estulticias. Me saca especialmente

de quicio aquella que subyace por los mentideros del

mundillo intelectual y que descarta las obras MINÚSCU-

LAS o con escasez en número de páginas como obras

MAYÚSCULAS, obras maestras. Y yo me pregunto por qué.

Bien es cierto que hay obras magnas de la

literatura que son unos buenos “tochos”, en cuanto a número

de páginas se refiere: El hombre sentimental, de Flaubert; Ulyses,

de Joyce, Los hermanos Karamazov de Dostoievski, En busca del

tiempo perdido, de Proust, La montaña mágica, de Mann, etc...

Pero qué es una obra maestra si no

aquella que se muestra al mundo como algo fuera del

panorama ordinario, que sobrevuela y que es en gran

medida original; que sorprende y que no contiene

aristas, porque la redondez de su forma y de su fondo son

absolutas... ¿Y acaso eso no puede suceder en textos de

mayor ligereza, con menos líneas? Claro que sí, sucede.

El tamaño es solo eso: una dimensión. No

caigamos en la trampa de sobrevalorarlo. La calidad

es otra cosa y camina por senderos ajenos al

número de palabras escritas. Tal vez por eso, excluir de

la lista de textos extraordinarios tan solo por su formato

a las novelas cortas, relatos, obras de teatro breve

o a los cuentos, se me antoja un despropósito.

Para los amantes de la esencia

Dice el gran Luis Mateo Díez en el prólogo de su

ultimísima obra Fábulas del sentimiento: “La novela

corta es un género que me apasiona y en el que muchos

de los grandes escritores de todos los tiempos han

expresado su mundo de la forma más sustancial. Con

frecuencia escuchamos que la redondez del cuento, su

perfección, exige que nada sobre ni falte, que no haya

una palabra de más. En la novela larga, alguna página

poco acertada no tiene demasiadas posibilidades de echar

por tierra la obra lograda; sin embargo en el cuento, un

pequeño desacierto, puede poner en riesgo el total”.

Precisamente por esto es más complicado hacer

una obra maestra breve, porque un pequeño fallo te

hace caer con más facilidad. Hay que ser original, buscar

la perfección y la maestría en la prosa, magia en la

descripción de lo que se ve y de lo que se esconde con

precisión de relojero suizo. Y aunque parezca una hazaña

imposible, en la historia lejana y reciente de la literatura

podemos encontrar magníficos ejemplos de obras

pequeñas y sublimes como Cuánta tierra necesita un hombre

y Sonata a Kreutzer, de Tolstói; Carta de una desconocida,

de Zweig; El viaje’ de Pirandello; Hace cuarenta años,

de Maria Van Rysselberghe; El jardín de los cerezos, de

Chéjov; Apuesta al amanecer, de Schnitzler; La balada

de la cárcel de Reading, de Wilde; Morfina, de Bulgakov;

La casa de las bellas durmientes, de Kawabata; El busto del

emperador, de Roth; Estrella distante, de Bolaño; Los

disparos del cazador, de Chirbes, o acaso el primer

relato de Conversación del enorme Hidalgo-Bayal…

Hay autores que son verdaderos especialistas

en la novela breve o en el cuento. De los citados

anteriormente, Chéjov, Maupassant y Schnitzler son

precisamente tres grandes estandartes que han pasado a

la historia por su especial habilidad para la narrativa breve

y por sus fallidos escarceos en novelas de largo recorrido.

El escritor austríaco de principios de siglo cuenta

en su haber con algunos relatos maravillosos como: Morir,

Relato soñado, El teniente Gustl o La señorita Else. Chéjov

es también un maestro del relato y de los cuentos. Quien

no haya leído Pabellón Nº 6, La corista o La dama del perrito,

no debe dejar pasar la oportunidad de hacerlo. Y qué decir

de la maravillosa Señorita Perla de Guy de Maupassant.

Estas pequeñas alhajas literarias sirven además

para que muchos lectores que sufren vértigo cuando

se ponen delante de un libro enorme, elefantiásico en

volumen y peso, pierdan ese miedo escénico: 70 páginas

asustan menos que 700… ¡claro! ¿Acaso existe una mejor

manera de introducirse en cualquier arte que dosificando

su arma y su esencia? Son pequeñas delicias para los

amantes de los ristrettos, más que para los fans del café

con leche servido en tazón de cereales. Ambrosía y esencia.

7


8

thomas mann y la

tarea de la liBertad

Por daniel Ventura

HOy, un COnFEREnCIAnTE ES un ADORnO InOFEnSIVO. AFORTunADAMEnTE.

Pero hubo un tiempo, o varios, en el que lo dicho en un atril podía ser la soga que te atase a la mazmorra; nefastos

todos ellos, pues en ellos era honorable ser encarcelado. Algo va mal, y peor va a ir, cuando el grillete muerde

la muñeca de quienes solo hablan. En febrero de 1933 [¿Qué había pasado en enero, chicos? Y todos levantáis

la mano, solícitos y cultivados], Thomas Mann pronunció en el Auditorio Máximo de la Universidad de Múnich

la conferencia Grandeza y miseria de Richard Wagner. Fue menos escandalosa de lo que el título promete: solo algún

reproche por parte del escritor, que comenzaba a sentirse distanciado de la artificiosidad del compositor. Pero el

mal es una bestia insomne, y Wagner (pobre de él) era algo así como su mascota muerta. Mientras Mann hacía

una maleta ligera para pronunciar la misma conferencia en otras ciudades europeas, en Múnich le preparaban

una campañita de difamación. En estas cosas siempre le acusan a uno de lo mismo: precisamente de aquello por

lo que deberían felicitar a cualquier ser inteligente. La campaña era obra de parte de la intelectualidad muniquesa,

así que un consejo: desconfiad de los intelectuales que solo son a rachas desleales al poder [Todos os ponéis

ahora a cachear la coherencia de ‘vuestros’ intelectuales].


Thomas Mann era un hombre de costumbres rígidas,

y entre ellas estaba la de las vacaciones. Por eso, después

de terminar la gira de conferencias viajó a Arosa, un

pueblo suizo incrustado entre montañas. Hasta allí, y es

casi sobrehumana la capacidad de Mann para mantenerse

informado de todo lo que le interesa, llegan las primeras

noticias de lo que estaban haciendo con su nombre. Lo

considera un sarpullido: a él, patrioterito en 1914 [la Gran

Guerra, os murmuráis], Premio Nobel en 1929, capitoste

mundial de la intelectualidad alemana, no pueden hacerle

eso. Pero se lo hacen, claro, que para algo eran nazis.

Sus hijos menores están todavía en Múnich, al igual que

unos diarios comprometidos que desesperado tratará de

rescatar, mientras le van quitando coche, dinero y casa.

Tanto los hijos como los diarios son finalmente puestos

a salvo, pero las vacaciones se le alargan a Mann hasta el

verano: Lenzerheiden, Lugano, Bandol, Sanary-sur-Mer

[No es un exilio miserable, os comentáis después de ver

las postales. ¿Y qué?, os pregunto]. Por todos esos sitios

paseará su estupefacción creciente, su crisis creativa.

No debe contarse entre los males pequeños del totalitarismo

aquello que la muerte, el miedo o el trastorno de-

Su destierro de Alemania con

cincuenta y ocho años era una

salvaje dentellada en su integridad

jaron sin ser dicho. La penúltima parada es una casa en

Küsnacht, cerca de Zúrich. El verano se le alarga hasta el exilio.

Por esos días, instalándose en la que será su casa

hasta 1938, escribe: “…me siento más calmado con el

retorno a mi vida privada, que representa una especie de

vuelta a la patria”. Por supuesto, miente. [Todos los diarios

mienten]. Aunque estaba superándolo, su destierro

de Alemania con cincuenta y ocho años era una salvaje

dentellada en su integridad, y no solo no estaba recuperando

nada, sino que la pérdida latía como herida abierta. Su

manera primera de salvarse de la desesperación fue creer

que aquello sería temporal. La pesadilla es soportable solo

porque sabemos que acabará o despertaremos. La confianza

en la provisionalidad le lleva a un silencio político

que amargamente le reprocharon muchos. Los primeros,

sus hijos Klaus y Erika [Os veo buscar sus nombres en

vuestros teléfonos; hacéis bien]. La fe en lo contingente

de su situación explica que Mann espere a que los nazis

tajen su última vinculación con Alemania, retirándole la

nacionalidad en 1936, para postularse como némesis del

nacionalsocialismo, ese “romanticismo bárbaro”. El decano

de Bonn fue la víctima de su ira recién levantada: “¿Y

habría de callar […] ante el terrible peligro que significa

para el continente ese régimen funesto para el hombre y

que vive en indecible ignorancia de la hora que marca el

reloj del mundo? No era posible”, dice en carta pública.

Mann había pronunciado en 1929 su Discurso

sobre el teatro, una elegantísima y potente descalificación de

los “jóvenes deportistas”, despreciadores del espíritu. En

1930, publicó su Llamamiento a la razón, un esfuerzo por salvar

la República de Weimar de la autoinmolación. Son solo

dos ejemplos de lo que ignoraban quienes acusaron a Mann

de llegar tarde a la batalla. La capacidad de la superioridad

moral [Tened cuidado con ella] para inducirnos a errores

se multiplica en contacto con la Historia, y evitarla nos

permitirá contemplar que, a partir de 1936, Thomas Mann

se convierte en uno de los más fantásticos enemigos de la

órbita nazi. Su figura se torna paradigma y su voz es la de

un coro, el de todos aquellos huidos de una muerte cierta,

ganada tan solo por haber pensado, escrito… incluso nacido.

Es tan colosal su fuerza contrapuntística que al pisar

Estados Unidos por primera vez puede decir sin que nadie

enarque las cejas: “Donde yo estoy, está Alemania”. Es decir:

lo que pudre el corazón de Europa es barbarie y nada

más. La fuerza de Mann no reside en el pasado: se informa

más que nadie, reflexiona más que nadie y escribe más que

nadie. Su trayectoria literaria principia una fase nueva, vivaz

con la vivacidad que exigen las causas determinantes, pertinaz

con la obstinación que merece la defensa de lo correcto.

Cuando en Europa la guerra alborea tan intensamente

como para hacer que parezca inevitable, Thomas

Mann deja Suiza por Estados Unidos. Es 1938 y tiene sesenta

y tres años, pero el volver a empezar [Apuntad en

vuestras libretas la maravillosa película de Garci] no le

causa desfallecimiento. En octubre de 1940 comienza una

serie de alocuciones radiofónicas que la BBC hace llegar

por onda corta a los pocos transistores libres que quedan

en Alemania. Tomadas en su conjunto, son la espada que

blande un solo argumento: Hitler no puede ganar la guerra.

En el detalle, son una de las más sólidas argumentaciones

contra la tiranía, una de las más nítidas apuestas por la libertad

y por Europa, una de las más esperanzadas (y en

parte ingenuas) miradas al futuro. Son también una premonición:

Mann jamás volvió a vivir en Alemania, y en estas

charlas radiadas hay elementos que permiten comprender

su decisión. A Mann no le abandonó jamás el espanto

por ver a su país entregado a una banda de criminales:

“¡Alemanes, salvaos! ¡Salvad vuestras almas negando fe y

obediencia a vuestros dominadores!”. Algunas pueden

escucharse en Internet y merece la pena hacerlo. Son el más

vibrante servicio a la humanidad de un hombre al que ni

la edad ni los sufrimientos hicieron desistir de la tarea que

ninguno hemos de abandonar, tomados por el cinismo, el

cansancio o el descontento: la portavocía de la libertad.

9


michael connelly:

Por carlos Zúmer

cantar de Gesta

Comparado con fulanos como Ellroy la historia de Michael

Connelly es vulgar, pero tiene matices interesantes. El

mito biográfico del escritor de Pennsylvania habla de una

película de Robert Altman, El largo adiós (1973), como

detonante de su pasión profesional y como motivo

principal de que abandonara sus estudios superiores en el

mundo de la construcción, donde siempre trabajó su padre.

La película está basada en la novela homónima de Raymond

Chandler -Philip Marlowe ayudando a escapar a México a

su colega Terry Lenox sin saber que ha matado a golpes a

su esposa- y causó un gran impacto en el joven Connelly,

que ya desde pequeño venía leyendo las novelillas de pistola,

sombrero y cigarro a contraluz. Plantado así el germen

de la obsesión, fraguado en tardes de lectura e incursiones

cinematográficas, Michael encontrará en los estudios de

periodismo la estrategia oblicua perfecta para aproximarse

al ecosistema de los escritores del género negro. Se gradúa

en 1980 por la Universidad de Florida. Y en el 81 comenzará

a trabajar en el Daytona Beach News Journal y en el Fort

Lauderdale News and Sun Sentinel cubriendo la crónica

criminalística y de sucesos, las cloacas locales del periodismo

de papel. Cantera de tantos escritores sin escrúpulos,

Connelly adquirió amplia experiencia en altercados y guerras

de droga hasta que un puesto de finalista en el Pulitzer

del 86 lo llevó a la costa oeste. Escribe junto a dos compañeros

un reportaje sobre la tragedia aérea del vuelo 191

Policiaco

SuEnA RIDERS On THE STORM BAJO MúSICA DE LLuVIA. MICHAEL

Connelly está arrebujado junto a sus personajes, testaferros de papel, Bosch, McEvoy, Mickey Haller. También

está Frankie Sheehan buscándole las cosquillas, un lamento remoto de otra alma vagabunda como la voz de Jim

Morrison en un tocadiscos cualquiera. Michel Connelly no es pintor como El Bosco pero sus manos han obrado

mucho y notable. La caja negra (2012) es su última novela confesable, otro libro de Bosch que ha insuflado algo

más de vida y tiempo al famoso inspector de policía de Los Ángeles, ya casi sesentón y cercano al retiro. Por su

parte, la jubilación de Connelly no es cosa conocida ni siquiera a largo plazo. Como con el cine de Woody Allen,

leeremos sus novelas hasta que el tiempo nos lo permita y él continúe haciéndolas a buen ritmo. Amenaza con no

detenerse y es el escritor de novela negra más en forma, quizá no el más brillante, pero sí el que mejor sostiene y

renueva el estándar que levantaron los escritores californianos hace más de 50 años.

de la Delta Airlines -estrellado en Dallas en el verano del

85 dejando más de 100 muertos-, queda entre los mejores

y se gana el fichaje por Los Angeles Times como reportero

criminal. Llega en 1987. Entonces por fin se establece en

las coordenadas de Chandler y de Marlowe, la ciudad de la

perdición y la extorsión, el esplendor de sangre de la costa

del Pacífico. En el periódico sigue acumulando experiencia

de campo. Contactos, chanchullos, historias difíciles de

creer, mucho trabajo a pie de calle y crímenes inexplicables.

Cuando llega el momento, Michael Connelly está listo

para escribir novelas, que es lo que en realidad quiere hacer.

Publica en 1992 El eco negro, una ópera prima donde ya

aparece su criatura Harry Bosch y que es premiada como

trabajo novel. Su carrera no ha hecho más que empezar.

Veinte años después, el debut parece ya muy lejano.

Publica La caja negra a finales de 2012 y apenas sin

darse cuenta cumple el vigésimo aniversario como escritor,

que son también los 20 años de Hyeronimus Bosch.

Le bastaron 3 novelas del inspector de Los Ángeles para

dejar el periodismo y ponerse por entero a escribir, una

dedicación que colmó sus sueños de juventud. Luego Bill

Clinton le dio un empujón hacia las estrellas. Al Presidente

de Estados Unidos lo cazaron las cámaras a la salida de una

librería de Washington con un ejemplar bajo el brazo de La

rubia de hormigón (1994). “En el tiempo que llevo escribiendo

es lo más emocionante que me ha pasado”, declararía

11


12

el novelista entonces. Pero llegarían muchos más reconocimientos:

Premio Edgar Allan Poe de novela de misterio,

Premio Anthony Boucher, Macavity, el Shamus Award,

Premio Halcón Maltés de Japón, Grand Prix de Francia,

Bancarrella de Italia, Pepe Carvalho de España… El último

ha sido el RBA de novela negra, en Barcelona, dotado

con 125.000 euros como el galardón de mayor cuantía económica

dentro del policiaco. No le queda nada por demostrar

pero esta última novela ha gustado a todo el mundo.

Un trabajo maduro y a prueba de bombas. Connelly brilla

literaria y editorialmente porque produce sostenidamente

una novela negra average, artesanía de calidad y de acceso

para cualquier lector propicio. Es un representante de lujo

para la farsa habitual de los premios y estupendo estandarte

en un mundo editorial democratizado por trilogías

pseudo románticas, dietas milagro y panaceas de autoayuda.

Y es que, en efecto, Connelly tiene pocos secretos,

y acaso eso sea lo admirable. Conoce todas las herramientas

de su profesión y las utiliza con precisión pero sin

adornarse ni entrometerse. Si estás buscando un genio o

un autor superdotado, busca otra firma. Connelly es como

uno de esos directores de cine de los años 30 y 40 que hicieron

de los Estudios de Hollywood el escenario dorado

de la época clásica de la industria; Richard Hawks o Frank

Capra rodando películas sin parar, saltando de decorado

en decorado y estampando su sello a largos sin el vuelo

autorial de Welles, es cierto, pero tocando varios géneros

distintos y con una calidad más que notable. De resultas

de todo esto Michael Connelly es, probablemente, junto a

Dennis Lehane, el mejor exponente del noir literario de la

actualidad, que aunque de menor impacto concreto que la

obra del novelista de origen irlandés, ofrece resultados más

sólidos y convincentes en conjunto. Apenas existe más

acertado renovador de dicha tradición literaria, lo que el

propio autor llama, refiriéndose a su mundo, “el mundo sin

verdad”, la implosión decadente, decimos nosotros, con un

infierno en la tierra del paraíso, la bondad y la maldad ya

imposibles de distinguir. Y eso es el noir, Laura (1944) de

Otto Preminger o El tercer hombre (1949) de Carol Reed, por

ejemplo, o las mismas novelas de Chandler y de Hammet

por supuesto. Además, Connelly dice dormir bajo la cabecera

de sus maestros confesos, Ross McDonald, Joseph

Wambaugh o James Ellroy, pero él no rinde pleitesía al

antihéroe. Es verdad, su novela está liberada del policiaco

mojigato del siglo XIX, recto, optimista, pero Connelly

gusta de un héroe ejemplar o redentor, o como él mismo


ha dicho: “En cierto modo, él [Bosch] es como un ángel

vengador”. Ángel al fin y al cabo. La corrupción y la inmoralidad

lo rodean, y él mismo se extralimita frecuentemente

tomándose a veces la justicia por su mano, pero Bosch

siempre representa la tensión ejemplarizante entre lo que

son los policías (ellos) y lo que en realidad deberían ser (él).

Como sucede todo el tiempo en The Wire (2002), policías

empecinados con hacer bien su trabajo –a veces por simples

motivos egoístas– colisionan con todos los obstáculos posibles,

jefes déspotas, altos intereses, o conflictos de poder.

En suma, y al margen de su estilo –más académico

que el de otros escritores más particulares–, Connelly es

fácil de leer pero claramente difícil de hacer. En su novela

casi puede verse la escuadra y cartabón, una estructura clásica

de intriga en la que la bola de nieve va creciendo de tamaño

hasta lo extraordinario según el sabueso tira de la manta.

Avanzan las páginas y la trama se transforma pasando de

un simple tiroteo entre pandilleros a un conflicto relevante

de altas esferas, con una progresión bien planeada de espuma

creciente. Parece sencillo, pero solo está al alcance de

escritores de envergadura. Se requiere dominio asentado de

los mecanismos y recursos del escritor. Y además, está prohibido

aburrir, perder ritmo, “to lose momentum”, como

dice él mismo. 25 novelas acreditan este credo, no todas

memorables, pero siempre felices apariciones en la librería,

una carrera de fondo ganada sin apenas pasos equivocados.

Al fin, siendo Bosch su particular gallina de los

huevos de oro, tenía sentido mencionarlo varias veces en

este artículo. Las comparaciones con Philip Marlowe siempre

le han venido grandes, pero Hyeronimus es un personaje

estupendo, de creciente complejidad a lo largo de

sus 19 novelas, como un personaje de serie de televisión

modelado a través de muchos capítulos y varias temporadas.

Indagar en cómo es realmente el detective predilecto

de Connelly es cuestión recurrente de sus seguidores.

Se sabe que tiene un trasfondo adverso, muy cercano a

lo tópico: madre prostituta y asesinada, un poco al modo

de Jane Hilliker Ellroy, y pasado traumático en Vietnam.

El autor intenta hacerlo un Bogart callado y melancólico,

amante de Art Pepper, pero no acaba de parecer natural

y solo funciona a medias, mucho mejor cuando no

fuerza ninguna pose. Probablemente, la mejor definición

la brinde la propia hija de Harry Bosch, Maddie, también

la mejor versión del inspector. En La caja negra (2012),

su profesor de instituto le ha manado leer El guardián entre

el centeno. Ella le está explicando a su padre cómo es

el libro y su protagonista, cuando de repente concluye:

- ¿Sabes una cosa? Me recuerdas un poco a él…

- ¿En serio? ¿Al chico del libro?

- El señor Moll dice que el tema es la inocencia. El chico

quiere evitar que los niños pequeños se caigan por el acantilado, lo

que es una metáfora de la pérdida de la inocencia. El chico sabe cuáles

son las realidades de la vida y quiere evitar que los niños tengan que

afrontarlas.

(…) Bosch no supo qué responder, pues no había leído el libro. Él

había crecido en orfanatos, centros juveniles y hogares de acogida, de

forma que ningún maestro le había asignado la lectura del libro. Y si

se la hubieran asignado, seguramente no lo habría leído. Nunca fue

un buen estudiante.

- Bueno –apuntó –, pues yo diría que me aparezco después

de que hayan caído por el acantilado, ¿no crees? Al fin y al cabo, me

dedico a investigar asesinatos.

- Ya –dijo ella – Pero creo que por eso te dedicas a lo que te

dedicas. Porque de niño te arrebataron muchas cosas. Yo creo que por

eso te decidiste a hacerte policía.

Ése es Bosch, probablemente. El ángel redentor

escondido entre el centeno que ya no salva a nadie sino

que simplemente trata de honrarlos, esclarecerlos, darles

sentido y dignidad. Ésa es la derrota y la resignación del

género negro, hija de la pesimista posmodernidad. En su

caso, Connelly lo conduce por la vía del cantar de gesta

policiaco, Harry Bosch alumbrando el acantilado entre

muchos que le ponen zancadillas y a los que no les importa

–aunque lleven uniformes o sean periodistas– qué

fue de esos niños lanzados por el abismo. Connelly es

el creador de tantos guardianes abnegados y tantos niños

perdidos en las profundidades. No es genial, pero sí

notable. No cambiará la historia de la literatura pero ya

tiene su hueco en ella. Cabe suponer que el héroe es la

prolongación imaginaria de su autor y creador, por lo

que sería lógico, por tanto, que Michael Connelly quisiera

también acuclillarse en el trigo en busca de las pistas

de tantas almas perdidas en la profundidad del precipicio.

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14

el Fantasma de la

Por alejandra castellanos

ESTOS VERSOS DAn COMIEnZO A unO

de los capítulos que la feminista Trin T-Minha dedica a la

representación de la mujer en el ámbito de la antropología.

Esta ciencia, nos explica la autora, tiene en su discurso una

raíz profundamente androcéntrica; es una disciplina que

define como “conversación de hombres con hombres”.

Pero, ¿cuál es el verdadero conflicto que esta

afirmación entraña? Bueno, de ser cierta

pondría en entredicho la validez de una de las

ciencias con más prestigio del siglo XIX y parte del XX.

El método científico parte de la observación

de la realidad para poder formular la hipótesis que

posteriormente ha de ser contrastada para adquirir

validez universal. En este proceso inductivo, el científico

mantiene (o debe mantener) una postura objetiva,

distanciándose de su objeto de estudio para lograr

analizarlo con la mayor imparcialidad posible. El estudio

se complica cuando el analista trabaja con seres humanos.

¿Cómo estudiar la cultura del otro sin que los propios

preceptos culturales influyan en los resultados de la

investigación?

Más arriesgado aún resulta tomar la propia cultura

como referente para estudiar el resto de las culturas. Sobre

todo cuando uno está convencido de que la suya es superior

porque está fundada en la lógica y la razón. Las corrientes

antropológicas evolucionistas defendían precisamente

la existencia de una única cultura universal con distintos

estadios evolutivos, donde la cultura occidental

representaba el grado máximo de civilización. El resto,

todavía por desarrollar, eran irracionales, se movían por

instintos y, en el mejor de los casos, explicaban el mundo

a través de la magia y los mitos. Esta visión tan parcial

del “otro” se empleó como justificación en las grandes

aventuras coloniales. Durante siglos, hasta el

proceso de descolonización, los países occidenta-

iGualdad

That the birds of

Worry and care

Fly about your

Head, this you

Cannot change,

But that they build

Nests in your hair,

This you can prevent

les se aprovecharon de su condición humana superior

para dominar, esclavizar y explotar a los subyugados

de las colonias. Más tarde, una vez lograda la

independencia, estas colonias asumieron los modelos

de gobierno anteriores de las metrópolis para perpetuar

el dominio del resto de los ciudadanos, ahora

independientes, pero igual de sometidos que antes de la

emancipación.

El proceso de descolonización, recuerda (salvando

las diferencias) a la propuesta de los feminismos primitivos

que abogaban por la igualdad de los sexos. Pero la igualdad

como tal es un concepto vacío, que debe ir acompañado

por un sustantivo que la dote de sentido. En el contexto

en que nos movemos, la igualdad deja de ser una idea

neutral, convirtiéndose en una trampa para la mujer que la

reivindica. Asumir la igualdad como principal objetivo de

las mujeres supone aceptar la existencia de un desequilibrio

cualitativo entre éstas y los varones. Un desequilibrio

que debe solventarse, dice Simone de Beauvoir, con la

trascendencia, alcanzable únicamente a través de

“la varonización”. Entonces la mujer, en su lucha

por ser igual al varón, debe desligarse de aquellas

características innatas que definen su condición

femenina o, en su defecto, minimizarlas para que no

intervengan en su ascensión espiritual. Debe traicionar

a su naturaleza para convertirse en un sujeto universal.

Los ejemplos que nos ha dejado la historia sirven

para ilustrar a la perfección el peligro que entraña dejarse

seducir por la idea de igualdad. No obstante, la lucha

feminista de la primera mitad del siglo XX no fue en vano.

Logros como el sufragio femenino o más recientemente las

leyes de igualdad, son algunos de los cambios más significativos

que se originaron en sociedades como la nuestra.

Sin embargo, el tapiz de la sociedad sigue tejiéndose

de la misma manera. Los prejuicios hacia lo femeni-


no no se han disipado a pesar de la proliferación de leyes o

derechos. La violencia doméstica o la falta de

reconocimiento son algunos de los muchos síntomas

de una enfermedad crónica que aqueja a nuestras

sociedades desde su origen y que tiene como víctimas

a las mujeres. Por mucho que las leyes se amplíen, se

reconozcan los derechos a las mujeres en un perfecto

ejercicio de igualdad, la situación para la mujer no acaba

de mejorar porque en definitiva no se ha cortado con

la raíz del problema: el pensamiento patriarcal. Un modelo,

que como el colonialista, sigue presente en nuestras

sociedades, dominando todos los aspectos de nuestras vidas.

Las leyes son creadas por hombres para hombres.

Pocas veces las mujeres han participado activamente de

su propia legislación, y cuando lo hacen de nada sirve

porque utilizan parámetros masculinos. ¿Cómo vamos a

partir de una idea de justa igualdad si no existe paridad en

las decisiones?¿Cómo puede liberarse la mujer de todas sus

ataduras históricas si siguen gobernando los de siempre?

Una de las posibles respuestas la encontramos

en la propia formulación de los términos igualdad y

diferencia. ¿Por qué nos hemos empeñado en enfrentar

estos dos conceptos? La igualdad no es enemiga de la

diferencia, sino de la desigualdad. Es más, resulta imposible

alcanzar un grado justo de igualdad sin asumir ciertas

diferencias previas. Sería absurdo concebir a la humanidad

como una masa homogénea. Si podemos aceptar las

diferencias más superficiales de los demás, ¿por qué no

hacer lo propio con aquellas que son más

obvias e inevitables? Resulta una hipocresía negar las

diferencias entre ambos sexos, igual que incongruente

es ocultar las diferencias entre distintas razas. Sin

embargo, aceptar una diferencia no implica

enfrentar a dos elementos comparándolos y discutir

sobre cuál es mejor. Lo diferente no es ni bueno ni malo,

simplemente es. Y lo que es, debe escapar a los juicios de

valor.

Rendirse ante el fantasma de la igualdad, es

al fin y al cabo, someterse al status quo masculino.

Dejarse arrastrar por las ansias de poder resulta peligroso,

pues se acabarían reproduciendo los mismos patrones

androcéntricos que tanto han perjudicado a la mujer.

En esta carrera por la igualdad, la mujer se ha incorporado

al mundo de los hombres sin rechistar, sin cuestionar

sus métodos y en su empresa se ha topado con multitud

de obstáculos que ningún otro varón había tenido que

superar. Y esto que ha ocurrido y ocurre, seguirá adelante,

si no se cuestionan estas normas, leoninas para las mujeres,

de las que no han sido en ningún momento partícipes

y que han traído desgraciadas consecuencias, ya no para

el mundo femenino, sino para el mundo en general. El

nuevo objeto de la lucha ha de ser la libertad, la libertad

para poder decidir sobre aquello que nos afecta

directamente como mujeres. Si la igualdad ha de ser

contemplada en algún sentido, este es el de la

paridad de los sexos. Una paridad real y efectiva

para que de una vez el universo femenino tenga

representantes a la altura que luchen para que lo masculino

deje de influir negativamente en nuestras vidas.

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16

ValerÓn:

el último ProFeta

Por andrés tallón castro

EL FúTBOL DE AnTES ESTá PERDIDO.

Escasos son los oasis en los que subsiste. Se terminó

el futbolista pretérito, confeccionado por sastres, se

terminaron las piezas de artesanía. El futbolista de

ahora es un futbolista mecánico, diseñado por

ordenador, que viene programado de fábrica. El fútbol, es

y será cosa de atletas hormonados hasta la saciedad, de

complexión vigoréxica, y que caminan hacia la estandarización.

Adiós a la magia, hola a la tecnología. El fútbol,

llamémosle balompié, ya no es cosa de hacer un slalom

de regates interminables, sino de hacer los 100 metros

en 11 segundos. Motivo de orgullo: Cristiano Ronaldo.

El fútbol como juego está perdido. Pero también el entorno

que lo rodea. Cada día está más claro que las ligas

las gana Adidas o Nike, los balones ya no son ni tan siquiera

de cuero, sino que es un esférico compuesto por

20 hexágonos y 12 pentágonos vulcanizados de poliuretano

de 450 gramos de peso. Eso sí, también, al igual que

los de trapo, están hechos por niños; niños de Pakistán.

Ahora el fútbol no es leyenda. Es estadística.

Se perdió la mística del amateur, en favor de la megalomanía

por la estrella profesionalizada. En medio de tanta

máquina y en ausencia de magia, a los románticos les

da por hablar de Xavi e Iniesta, al estilo Dolce&Gabbana.

Marca registrada y en propiedad exclusiva del fútbol

exquisito, de toque. Todo el mundo dice que el Zidane

español, es de Fuentealbilla. Hay que perdonarlos, pues

no saben lo que dicen. El único bailarín del fútbol nacional

ha sido, y ya no es porque los años pasan factura,

Juan Carlos Valerón Santana. Olvidado por los jóvenes

por su escasa repercusión mediática, fue menos de lo que

son Xavi e Iniesta, pero fue antes que Xavi e Iniesta. Qué

menos que reconocerle la originalidad de ser el primero.

Trayectoria

Su trayectoria no tiene nada de especial. De Las Palmas se

fue a otra isla, donde brilló lo suficiente para que un grande

se hiciese con sus servicios. De colchonero conoció el

lado oscuro del placer de competir. Finalmente recaló en el

Deportivo de la Coruña, en un lote de rebajas, con Capdevilla

y Molina. En el equipo herculino disfrutó de sus mejores

años de fútbol, sentó cátedra desde los tres cuartos y formó

parte de uno de los mejores equipos de principios de siglo.

Sin el aval que dan los títulos, ni el lustre que dan

los grandes traspasos y las fichas estratosféricas, Valerón

conoció el éxito profesional, y lo que es más importante,

el reconocimiento de los que como él se dedicaban

al deporte rey. Le costó más de lo que parece. Fue pitado,

se le tachó de blando, de “pecho frío”, y su imagen

lánguida y su voz aflautada se prestaban a los desprecios

del aficionado necesitado de adrenalina y entrega irracional,

ávidos de casta. Se tomó su tiempo, y empezó a

oxigenar el juego cuando las bandas estaban colapsadas,

se dedicó a gambetear con ese dribling tan frágil

como eficaz, y empezó a dar pases imposibles. Transformó

los murmullos en aplausos, los aplausos en cánticos.

Su fútbol

Cuando la poesía se hace fútbol, uno no piensa en el gol de

Iniesta al Chelsea, uno no piensa en los 100 pases buenos que

hace Xavi en un partido. Cuando el fútbol se hace poesía , uno

piensa en Valerón elevando el esférico un 18 de septiembre

en el Olimpo germano, asistiendo con melancolía de poeta.

Valerón es un alivio, un latido. Si Ronaldinho era

la salsa del fútbol, Valerón es el drama, el lamento de la

belleza cuando se desvanece. Nunca rey, tan solo profeta,

a la sombra de los cracks y bajo el manto protector

de una hinchada que nunca se rinde, orquestó las sinfonías

más precisas del Atlántico. Activista del buen fútbol.

Detesta, con su juego, a los ortodoxos y puretas tácticos.

Recita pases y regates de salón, empatiza con la belleza

de la imperfección. Futbolista sin talismanes ni conjuros

que diría Galeano, sale al campo como quien va a ver

el mar. Lo recuerdo oteando el horizonte, escuchando

el clamor de los dioses para ser de los más grandes, rehuyendo

su llamada, ojeando sus botas, tímido y ausente,

y en lo que prometía ser un quiero y no puedo conquistando

el Teatro de los Sueños. Fue así de sencillo.

Tío discreto, hasta en su palmarés. De relevancia

una pieza de joyería, el resto bisutería de medio pelo. Copa

del Rey, quizás de las más importantes de la historia, por el

rival y la fecha, un 6 de marzo de 2002. Hizo de 10 como a

los argentinos les gusta y deleitó a los allí presentes con su

generosidad habitual. La gente hablaba del centenario de la


casa blanca antes del comienzo, al final el mundo entero era

consciente de una hazaña de repercusión centenaria y que

encontraba entre uno de sus héroes al mago de Arguineguín.

Epílogo de “El Flaco”

Dilatado en los matices de la hermosura, queriendo

al cuero como solo se puede querer a ese amigo que te

acompañó desde tu más tierna infancia, Valerón representó

y representa el lado más bonito, primitivo y genuino

del fútbol. El fútbol de la calle, el fútbol amateur, el de

jugar porque quieres, no porque te pagan, el de los cam-

pos de tierra. Valerón toca a su fin, agoniza, está terminal

y su talento se marchita y esfuma. Heridas varias, lesiones

graves y un paso por el infierno dan testimonio

en sus últimas horas con las botas puestas. Ley de vida.

Soñé, en mi niñez y adolescencia con ser Valerón,

soñé con ganarme el cielo con un pase. Soñé con darme la

media vuelta y asistir, sin mirar, con un escorzo imposible

a mi compañero del alma. Le preguntaron una vez a Garci,

qué era para él el futbol – el verde del Molinón– dijo. Si alguien

me preguntase qué es para mí el fútbol, diría: Valerón.

17


muddy Waters:

el Primer rollin’

Por Pablo collado

En EL PRóLOGO DEL GEnIAL LIBRO

Can’t be satisfied de Robert Gordon sobre la biografía de

Muddy Waters, Keith Richards describe la anécdota de

cuando escuchó por primera vez al célebre músico de

blues. Fue gracias a su compañero de grupo Mick Jagger,

quien le recomendó escuchar el disco The best of Muddy Waters.

Richards comenta que cuando por fin consiguieron tener

una actuación, decidieron gastarse el poco dinero que

tenían en un anuncio para una revista. Al preguntarles por

el nombre de la banda, Richards y Jagger no tenían todavía

ninguno acordado, por lo que debían decidir un nombre

en seguida. En el suelo estaba el recopilatorio de Muddy

Waters y la primera canción del disco era Rollin’ Stone.

Su verdadero nombre era McKinley A.

Morganfield. Nació el 4 de abril de 1913, aunque a él

le gustaba decir que había nacido en 1915. También

se confundía con su lugar de nacimiento, que no fue

Rolling Fork, sino algo más al norte del Delta del

Mississippi, en el condado de Issaquena. Sus padres se conocieron

en algún local de la carretera conocida como Jug’s

Corner y, al poco tiempo de dar a luz a Muddy, su madre

falleció. Della Grant, su abuela, se tuvo que hacer cargo del

pequeño. Fue precisamente ella quien empezó a llamarle

Muddy (embarrado), para intentar contrarrestar el poder

de la cruel y divina identidad de Mississippi y así protegerlo.

Water vendría más tarde, cuando sus amigos comenzaron

a llamarle así, y la “s” del final se le añadió en

Chicago, siendo ya Muddy Waters un músico conocido.

Della decidió mudarse hacia el norte, a Stovall,

en el Condado de Coahoma, por lo que Muddy perdió

el contacto con su padre. Se instalaron en una pequeña

cabaña construida antes de la Guerra Civil, sin, por supuesto,

agua ni electricidad. La plantación de Stovall pertenecía

al Coronel Howard Stovall III, quien proveía a sus

stone

“The blues were around way before I was born. They’ll always be around. Long as people hurt, they’ll be

around”

aparceros de techo, comida y cuidados médicos. La vida

allí no era fácil, al menos para la población negra. Las jornadas

comenzaban a las 4 de la mañana cuando sonaban

las campanas, y los jóvenes empezaban a trabajar con tan

solo 5 ó 6 años. Muddy recuerda que comenzó a una edad

temprana; le daban un saco pequeño y tenía que llenarlo

de algodón. La educación también era diferente entre los

niños blancos y los negros, quienes solo podían ir a la escuela

después de la temporada de recogida de algodón y

terminaban muy jóvenes sus estudios para poder dedicarse

en totalidad a su trabajo en el campo. Por ello, no es de

extrañar que Muddy nunca aprendiera a leer ni a escribir.

Su relación con el blues también surgió cuando

era muy joven. Solía ir a casa de su única vecina a escuchar

el tocadiscos por las noches. Recuerda que sonaba

The Crazy Blues de Mamie Smith. Con 7 años ya se manejaba

con la armónica, una habilidad que no convencía

a su abuela, quien no estaba de acuerdo con que el

pequeño aprendiera a tocar “esa música del diablo”.

La influencia de la religión era omnipresente en

el marco de una población en la que el número de iglesias

solía ser superior al de escuelas y negocios juntos.

Muddy iba a misa con su abuela todos los domingos y

fue precisamente en la iglesia donde aprendió a cantar.

Tardó 6 años en tocar decentemente la armónica,

logrando incluso emular piezas de célebres artistas

de la talla de Son House – al que vio tocar por primera

vez con 14 años y de quien se puede afirmar que fue

su gran inspiración junto a Robert Johnson y Charlie

Patton-–. Más tarde probó suerte con el arpa, hasta que

conoció a Scott Bohaner, con quien aprendió a tocar la

guitarra. Al principio intentaba copiarle los acordes y repetirlos,

pero una vez consiguió dominar la guitarra, empezaron

a tocar juntos rotando entre los dos instrumentos.

19


20

Los sábados por la tarde era tradición reunirse

para comer pescado frito y escuchar música.

Muddy se estrenó tocando en estas reuniones a cambio

de 50 céntimos y un Sandwich, un negocio poco lucrativo,

pero que sin duda le sirvió para ganar fama local y

experiencia. Además, gracias a estos parcos ingresos

y a los 15 dólares que obtuvo de la venta de un caballo,

pudo comprarse una guitarra Stella de segunda mano.

Más allá de la música, Muddy Waters era hombre

de pocos vicios, con una excepción: las mujeres. En palabras

del reverendo de la localidad, Myles Long, “Muddy

no tenía un problema muy grande con el Whisky; eran

las mujeres, ellas le liaban”. Y es que desde muy joven,

Muddy fue conocido por sus líos de faldas. El 17 de noviembre

de 1932, compraba una licencia para casarse con

Mabel Berry, quien se convertiría en su esposa tres días

después. En 1935 nacía su primera hija, Azelene, fruto de

su relación extraconyugal con su amante Leola Spain. Su

abogado recordaría más tarde que tuvo que defenderlo en

cuatro o cinco casos de paternidad. En todos ellos ganó.

Poco a poco Muddy iba ganando popularidad a

lo largo de la “Autopista número 1”, si bien su salto al

exterior no se produjo hasta el verano de 1941. El 28 de

Agosto de ese año, Alan Lomax y John Work viajaron hasta

la plantación de Stovall con la intención de encontrar

a Muddy Waters. Al enterarse de que le estaban buscando,

Muddy creyó que iban a detenerle por vender Whisky

ilegalmente. Cuando llegó a casa se los encontró allí y,

acompañados por una botella de Whisky, Lomax sacó una

guitarra para escucharle tocar y grabar su interpretación.

Henry “Son” Sims acompañó a Moody en esta primera

sesión de grabación, en la que ambos músicos interpretaron

Burr Clover Blues. Más tarde grabó el que se convertiría

en su primer éxito: I feel like going home. El sonido de

estas primeras grabaciones dista mucho de las versiones

posteriores con guitarra eléctrica. Era un sonido meramente

acústico. En marzo de 1942, Lomax le escribió

pidiéndole permiso para publicar copias de Country Blues (I

feel like going home) y I Be’s Troubled a cambio de 20 dólares.

En noviembre de 1941 la emisora de radio KFFA

comenzó sus emisiones en el Delta del Mississippi, lo

que brindaba a los músicos una nueva oportunidad de

llegar a una audiencia más numerosa. Muddy empezó a

cantar en el programa King Biscuit Time, una colaboración

que le permitió agrandar su número de seguidores.

Lomax regresó el 29 de julio de 1943 para entrevistar

a Muddy. En esta ocasión, volvieron a grabar

nuevos temas, algunos de ellos junto a su nuevo grupo,

los Son Sims Four. Sus canciones I Be’s Troubled y Country

Blues fueron incluidas en la colección musical editada

por la Librería del Congreso en enero de 1943, en un álbum

que se llamó Afro-American Blues and Game Songs.

Pero el salto definitivo a la música fue fruto de un

desencuentro con su jefe. Tras una discusión acalorada en

la que le fue negado un aumento de sueldo, Muddy decidió

dejar el Delta y coger un tren con destino a Chicago.

La ciudad del viento

Chicago era la ciudad de Estados Unidos que más población

de Mississippi acogía. Las diferencias salariales

eran abismales: en Chicago, la población negra cobraba

una media de casi 2.000 dólares al año, mientras que en

Missisipi la media era de 439. Recién llegado a la ciudad

del viento, Muddy se quedó en casa de unos conocidos

y consiguió trabajo en una factoría de papel, donde ganaba

50 dólares a la semana trabajando ocho horas al

día. Sin embargo, pronto dejó su puesto en la fábrica,

cambiando con frecuencia de trabajo, al tiempo que intentaba

abrirse hueco en la escena nocturna de Chicago.

Chicago era una ciudad de Jazz, por lo que a Muddy

le resultaba complicado conseguir actuaciones en locales

nocturnos con su “blues antiguo”. Sin embargo, no encontró

el mismo recelo hacia su música en fiestas particulares,

gracias a las cuales tuvo acceso a músicos de la talla de

Big Bill Broonzy, Blue Smitty o Jimmy Rogers, con quienes

– los dos últimos– posteriormente constituyó un grupo.

El sonido acústico estaba bien para Mississippi,

pero Chicago demandaba más volumen, razón por

la cual Muddy decidió invertir sus ganancias en un amplificador,

evolucionando hacia un blues más moderno.

En 1946, la ley Petrillo, que impedía la publicación

de nuevos álbumes para defender las actuaciones en directo,

ya había sido derogada, por lo que el 27 de septiembre

de ese mismo año, Muddy pudo grabar con uno de los productores

más importantes del blues, Lester Melrose, para la

Columbia Records. En tres canciones él era el cantante principal

pero, lamentablemente, no obtuvo demasiado éxito.

El grupo se hizo con Walter Jacobs, que tocaba

la armónica, y empezaron a ganar fama en la noche chicagüense.

Gracias a su amistad con el dueño del bar Zanzibar,

Muddy y su banda empezaron a tocar en directo en el local

a cambio de 100 dólares semanales, bajo el nombre de Los

Headhunters. Las actuaciones a menudo contaban con episodios

violentos. Tal y como recuerda Rogers, era fácil asistir

Phil Chess: “Los blues son la

pura verdad, la verdad que el

cantante ha sentido en algún

momento de su vida”.


a puñaladas o disparos, y las peleas eran bastante habituales.

Fue durante una de estas actuaciones, cuando

Muddy Waters fue realmente descubierto por un scouting

de la discográfica Chess Records, quien tras escucharle

tocar, quedó prendado del talento del músico sureño.

Muddy se encontraba trabajando en su camión

cuando recibió la llamada que cambiaría su vida para

siempre. Alguien había telefoneado a su casa para informarle

de que su madre había muerto. Waters, extrañado

por la noticia, ya que su madre había muerto al darle a

luz, regresó a casa inmediatamente para enterarse de la

verdadera noticia: Chess Records quería firmar con él.

Los primeros temas que grabó bajo el nuevo

sello fueron Little Anna Mae y Gypsy Woman, que salieron

a la calle en febrero de 1948. En abril de ese mismo

año Muddy regresó al estudio para grabar su repertorio

del Delta. De esta grabación salieron dos de sus canciones

más conocidas, I feel like going home y I can’t be satisfied.

El disco fue un éxito en cuanto salió a la venta,

agotándose en tan solo un día, lo que aumentó su fama,

permitiéndole conseguir actuaciones con más público,

en locales como Zanzibar, Boogie Woogie Inn, Chichek

Shack, Purple Cat, Lowell King’s club o el Silvio’s.

En julio de 1950 llegaría la canción que supondría

el lanzamiento definitivo de su carrera:

Rollin’ Stone. Este tema fue un éxito instantáneo. Muddy

consiguió vender tantas copias que pudo por fin

dejar su trabajo y dedicarse en exclusiva a la música.

Mientras tanto, otros jóvenes artistas, que más

tarde se convertirían en eminencias del blues, se es-

taban dando a conocer en Chicago. Intérpretes de

la talla de Howlin’ Wolf o B. B. King, así como músicos

que empezaban a poner de moda el término

Rock and Roll, como Jackie Brenston o Alan Freed.

Una noche, Willie Dixon, un conocido compositor

y letrista, se acercó a una de las actuaciones del grupo

de Muddy en el Zanzibar. En uno de los descansos,

Muddy se fue al baño y Willie le siguió. “Tengo una canción

para ti”, le dijo. Muddy sabía de la buena fama de

Dixon, quien sacó un papel y empezó a recitar la canción.

A Muddy le gustó lo que escuchaba. Cuando salieron a la

zona de práctica, Muddy cogió su guitarra y modificando

ligeramente los acordes de Mad Love comprobó que encajaban

con la letra de Dixon. La banda se unió a Muddy

y, en palabras del propio Waters, “el público enloqueció”.

Una reacción premonitoria del futuro éxito que tendría el

nuevo tema, ya que poco después se convirtió en su single

más vendido. Acababa de nacer Hoochie Coochie Man.

Así como crecía su éxito, también lo hacían sus

enemistades. En 1955, Howlin’ Wolf interpuso una demanda

contra Muddy. Aparentemente, éste lo había

contratado para que le sustituyera en el Silvio’s mientras

estuviera de gira. Wolf, que había rechazado varias actuaciones

para cubrir a Waters, se enfureció al conocer

que Silvio’s ya había contratado a otros para esos días.

Por su parte, Muddy se justificó afirmando que su contrato

con Silvio’s había expirado, por lo que no tuvo

que resarcir a Wolf. Otro motivo de enfrentamiento

fue Willie Dixon, quien escribía para ambos artistas y al

que los dos reprochaban darle el mejor material al otro.

21


22

Freddy Crutchfield: “La gente

decía que iba a tocar los Muddy

Waters Blues”.

Al otro lado del charco

La eclosión del Rock and Roll eclipsó el éxito de Muddy,

quien llegó a sentirse tan intimidado por el nuevo fenómeno

musical que dejó incluso de tocar la guitarra. Sin embargo,

en Inglaterra, Muddy encontró un gran filón para

su música. Era tal la admiración que despertaba en la isla

británica, que el cantante de jazz Chris Barber se desplazó

hasta América para buscar a Muddy y convencerle de que

viajara con él a Inglaterra. Waters aceptó la oferta y partió

hacia el viejo continente con su grupo y su mujer. Su tour,

que seguía a Barber, empezó en la ciudad de Leeds. Para

el público inglés su guitarra era demasiado ruidosa, por

lo que tuvo que bajar la intensidad a lo largo de la gira.

En Inglaterra existía una especie de discriminación

positiva en torno al jazz y el blues: si eras negro,

no podías hacerlo mal. El tour inglés consiguió

revitalizar a Muddy Waters y se convirtió en un éxito

rotundo. Muddy y su grupo se percataron de que allí

triunfaban más los blues antiguos, los del Delta. “Me

di cuenta de que podía tocar la guitarra cuando toqué

Honey Bee de Muddy Waters”, confesó Eric Clapton.

Pronto, Muddy percibió que los blancos estaban

empezando a imitar su música. Elvis Presley sacó su canción

Trouble, que tenía claras reminiscencias de Hoochie Coochie

Man. Su tour por Inglaterra le sirvió para consagrase como el

padrino del Rock and Roll e icono de las audiencias blancas.

Al mismo tiempo, en aquella época se estaba

gestando la denominada “invasión inglesa”, un fenómeno

que devolvería a la isla al epicentro de la música mundial.

En pocos años su público más fiel había dejado de

ser únicamente la población negra, quienes le veían ahora

como un artista algo anticuado, ganando adeptos entre

la juventud blanca, que estaban explorando las raíces de

su propia música. Para los jóvenes negros el blues tenía a

menudo una connotación negativa, al representar la música

de sus antepasados, demasiado ligada a la esclavitud.

En 1960, Muddy y su banda participaron en

el Newport Jazz Festival, en el que coincidió con artistas

de la talla de Ray Charles. Su concierto fue grabado

y se publicó como un álbum en directo, Got my Mojo

Working, que obtuvo una nominación a los Grammy.

En 1963 volvió a Inglaterra para asistir al segundo

festival American Folk Blues. Su fama e influencia

habían crecido sobremanera en este país, hasta tal punto

que algunas de las bandas del momento habían tomado

como nombre algunos de sus temas más conocidos, como

Manish Boy (el grupo de David Bowie), The Mojos o The

Rolling Stones. Estos últimos, que empezaron a grabar en

1962, incluyeron en su primer disco la famosa canción de

Muddy I Just want to make love to you. En su tour de 1964

por América tuvieron el placer de coincidir con su mentor.

El bajista del grupo, Bill Wyman, recuerda que antes

de aterrizar en suelo americano, habían fantaseado con

la idea de encontrarse con el intérprete sureño. En 1965

la fama de los Stones era ya mundial. Lograron su primer

número uno en los Estados Unidos con (I Can’t get no) Satisfaction,

un título inspirado por I Can’t be satisfied. A finales

de 1967 una nueva revista musical dirigida para jóvenes

veía la luz. Su nombre, Rolling Stone, era también una clara

referencia a la canción de Muddy. “A Rolling stone gathers

no moss” (Una piedra rodante no acumula moho).

En 1968, Waters publicó su álbum Electric Mud,

cuyo título ya insinuaba la presencia de efectos eléctricos

en sus canciones. Un álbum que conquistó a

Jimi Hendrix, entre otros, quien recordaba que tocaba

Herbert Harper’s Free Press News, del Electric Mud para inspirarse.

“Oí uno de las antiguas grabaciones de Muddy

cuando era pequeño y me asusté mucho, porque oía todos

esos sonidos y me preguntaba, ¿qué es todo eso?”.

Sin embargo, pese a alcanzar su récord de ventas, tanto la

crítica como el propio Muddy no apreciaron demasiado el

disco. El propio Muddy lo llegó a calificar como “dogshit”.

Muddy Waters:

“There are some beautiful

white bands. They didn’t go to

the Baptist church like I went.

They didn’t get that soul down

deep in the heart like I have.

And they can’t deliver the

message. They’re playing the

white folks’ blues. I’m playing

the real blues. I’m singing the

same thing the old master

liked to hear when you’re

working for him”.


Las desgracias se suceden

1969 se convirtió en uno de los años malditos de Muddy.

De camino a Detroit le empezó a sangrar la nariz y no

paró durante una semana, hasta el punto que sus ojos le

empezaron a sangrar. Su presión sanguínea estaba por

los aires debido al abuso del tabaco, la comida y el alcohol.

El doctor le prohibió el Whisky, bebida que Muddy

sustituyó por Champagne, que tomaba a todas horas.

El 16 de octubre de ese mismo año moría Leonard

Chess de un ataque cardíaco y tan solo unos días después,

el 27 de octubre, la banda conducía por la autopista

45 cuando tuvo un accidente de coche en el que John

Warren murió y Muddy Waters quedó bastante malherido.

Se había roto tres costillas y la pelvis y tenía varias lesiones

en la cadera y en la espalda. Estuvo ingresado cerca

de tres meses y cuando por fin salió del hospital, lo hizo

con un bastón y con su mano izquierda, fundamental para

tocar la guitarra, hinchada y dolorida. A los dos meses comenzó

a reaparecer en algunos clubs mientras era filmado

para el documental Chicago Blues. Pero solo podía tocar

30 minutos por la dolencia de sus manos. Por si fuera

poco, su amigo Otis Spann fue diagnosticado con cáncer

de hígado y murió a los pocos meses, en abril de 1970.

A finales de ese mismo año, Muddy y su banda se

fueron de gira por Europa. La compañía Chess, ya sin sus

creadores, se inventó varias excusas para no pagarles, por lo

que Muddy se cansó y abandonó a su agente, Bob Messinger.

Lo hizo a través de una carta y no tardó en recibir una

respuesta, también por correspondencia, del nuevo propietario

de la compañía. Habían descubierto que muchos

de los temas de Muddy Waters no estaban legalmente publicados,

y con el creciente número de bandas que tocaban

canciones de Muddy, vieron que ahí había negocio. El 3 de

marzo de 1971, Muddy fue a las oficinas de Nueva York de

Arc Music, la discográfica perteneciente a Chess Records y,

sin enterarse de nada de lo que ponía en un documento que

le ofrecieron firmar, terminó por acceder, lo que supuso

que todas sus canciones pasaban a pertenecer a la discográfica.

Digamos que ellos habían contratado a Muddy con

un salario mensual a cambio de que produjera canciones

para ellos. Recibió un cheque de 10.000 dólares por ello.

Un abogado, Scott Cameron, fue designado nuevo

manager de Muddy y se dispuso a llevar a cabo una

demanda contra la discográfica. Además se dedicó a revitalizar

la carrera musical de Muddy, poniéndole en escenarios

junto a cantantes de Rock, que, según Cameron,

eran los que estaban vendiendo discos en aquel momento.

Del mismo modo renovó su repertorio y dejó de tocar

sus grandes éxitos para descubrir trabajos anteriores

que no habían sido grabados. Le consiguió un contrato

de tres semanas para tocar en el Mr. Kelly’s club, un lo-

cal situado en la zona rica de Chicago, donde instituciones

como Frank Sinatra o Barbra Streisand habían cantado.

En su primera actuación se ganó al público, que contaba

con personajes de la talla de Bill Cosby. Además, grabaron

un nuevo disco, el primero en dos años, llamado Live (at

Mr. Kelly’s). Al poco tiempo se fue a Londres a grabar otro

álbum, London Sessions, y al volver se hizo con su primer

Grammy por They Call Me Muddy Waters. El tipo de actuaciones

también había cambiado, pues ya no tocaba en

locales abarrotados de gente, sino en sitios más selectos.

El cáncer de estómago que encontraron a su mujer

Geneva, quien murió un año después, el 15 de marzo de 1973,

supuso un nuevo palo para el bueno de Muddy. La enterró

en el cementerio de Restvale dejando un espacio a su lado

para que le pudieran sepultar junto a ella. Tras su muerte,

Muddy se encargó de acoger en su casa a muchos hijos que

vivían fuera y se mudaron a los suburbios, en Westmont.

un Muddy Waters rejuvenecido

El 29 y 30 de enero de 1974 grabaron su primer disco de

estudio con su nuevo agente, llamado Unk in Funk, donde

aparecía Muddy como productor del mismo. Poco después,

ese mismo verano, se fue de gira otra vez por Europa,

donde se pudo ver a un rejuvenecido Waters. En 1975,

Muddy y su banda grabaron uno de sus mejores discos:

The Muddy Waters Woodstock Album. Con motivo del nuevo

álbum, decidieron irse de gira por Estados Unidos y en

Nueva York sucedió una graciosa anécdota al juntarse con

Bob Dylan y su grupo. En una de las actuaciones, Muddy

Waters presentó a Dylan ante el público, ya que iba a tocar

la armónica con ellos, pero lo hizo como John Dylan. Le

tuvieron que corregir y decir que realmente se llamaba Bob.

Al final de ese año Chess Records fue vendida a

All Platinum Records. Muddy se cansó de que le trataran

como mercancía y pidió que le dejaran marchar. Aceptaron,

por lo que así puso fin a su relación con la discográfica

el 20 de noviembre de 1975. A finales de 1976 Scott

Cameron puso una demanda contra Arc Music, pidiendo

que le devolvieran los derechos de sus canciones a Muddy

Waters y le concedieran una indemnización de 7,5 millones

de dólares. Consiguieron ganar el juicio y los derechos

pasaron de Arc Music a Scott’s Watertoons Music.

Durante los siguientes años sacaron los discos

Hard Again y I’m Ready, logrando su cuarto y quinto

Grammy respectivamente. Además, se ganó un admirador

tan inesperado como importante, el presidente de

los Estados Unidos Jimmy Carter. Se había enamorado

de la música de Muddy por lo que le pidió a él y a su

banda que accedieran a tocar para él en la Casa Blanca.

Muddy, por supuesto, no pudo negarse ante tal honor.

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John Work: “The blues singer

has no interest in heaven and

not much hope in Earth”.

En otoño de 1978 Muddy Waters anunció una gira por

Europa junto a Eric Clapton. Durante el tour empezó

a adorar la música del británico y se hicieron muy buenos

amigos. Muddy se refería a él como “su hijo”. Cuando

en 1979 Muddy se casó con Marva Jean Brooks,

una mujer 41 años más joven que él, Clapton no faltó

a la boda. Cuentan que el británico terminó bañándose

en calzoncillos en la piscina durante la celebración.

Muddy estaba bastante bajo de ánimo, con depresiones

intermitentes que se agravaron cuando le

diagnosticaron cáncer de pulmón a uno de sus mejores

amigos de la infancia. A pesar de todo, consiguió sacar

King Bee, el último álbum que publicó con vida, con

su consiguiente gira para promocionarlo. A finales de

año, los Rolling Stones fueron a Chicago y decidieron

grabar una actuación en directo con Muddy Waters.

Now when I was a young boy

At the age of five,

My Mother said I was gonna be,

The greatest thing alive.

Fue la última vez que Muddy fue grabado actuando.

A las pocas semanas, mientras se encontraba de

compras por Chicago, sufrió un desmayo repentino. En un

principio culpó a la alta presión, pero por si acaso acudieron

al médico, donde le revelaron que tenía cáncer de pulmón.

El cáncer se volvía a cruzar en su vida, esta vez tocándole

a él directamente. Le extirparon parte del tumor y se

sometió a radioterapia, pero no aceptó el tratamiento con

quimioterapia. Muddy había hecho las paces con el Señor

y solo quería estar en casa con su familia. A pesar de ello,

él siempre pensó que se iba a poner mejor. De hecho, los

doctores le comunicaron que su cáncer estaba en remisión.

Esto le dio un último empujón llegando incluso a aparecer

en una actuación junto a Eric Clapton en Junio. Sin embargo

todos, incluido Muddy, sabían que el final estaba cerca.

Su mujer Marva se encontraba a su lado cuando

el corazón de Muddy latió por última vez. Le llevaron

en ambulancia al hospital, donde se declaró su muerte a

las 2:17 de la madrugada del 30 de abril de 1983. Miles

de fans y compañeros de profesión asistieron a su funeral

o enviaron sus condolencias y por supuesto sus hijos,

nietos e incluso bisnietos le acompañaron en su entierro.

El funeral terminó de la mejor forma posible, con la

canción Hoochie Coochie Man despidiendo al gran artista.


26

el horror

Por macarena Berjano millán

En LOS úLTIMOS InSTAnTES DE VIDA

del coronel Kurtz se ahogan en gritos sonoros y profundos

sus últimas palabras. Apenas unos cuantos susurros

a alguna visión, profiriendo su verdad, el desgarro de un

velo: “¡El horror, el horror!”. Aunque desprovistas de

un contexto, cualquiera que haya visto la obra maestra

de Coppola, Apocalypse Now, sabrá su significado. Quien

haya leído El corazón de las tinieblas las entenderá en su totalidad.

Joseph Conrad alcanzó la consagración de toda

su obra con esta breve pero estremecedora novela, cuyo

prestigio alcanzó la cima tras la muerte de su autor. El

corazón de las tinieblas habría de describir por completo el

sentimiento de lo terrible, lo perverso; dando alas e imaginación

a directores como Coppola para narrar el viaje

del ser humano a la oscuridad más profunda de su ser.

Los comienzos de Conrad

Año 1890, nos encontramos en plena ebullición colonialista.

El Congo constituye uno de los países clave donde

el rey Leopoldo II de Bélgica efectúa todo el despliegue

de sus mejores y más instrumentalizadas armas para “civilizar”

a la población del país. Sus fines eran meramente

morales, nadie osaba dudarlo, y Joseph Conrad menos que

ninguno. Atraído desde su tierna infancia por el misterio y

los colores de África, el joven escritor decidió embarcarse

como muchos otros a la aventura colonialista. Rápidamente

y gracias a la ayuda de varios de sus familiares, consiguió

enrolarse en un barco comercial con destino a la colonia

personal del rey de Bélgica. Sería uno de tantos que empezaban

la travesía sin saber si algún día volvería. Entusiasmado

quizás por esa ola colonialista defendida como

“sagrada misión”, no era extraño que la colectiva fascinación

del momento calara también en Conrad. El discurso

oficial animaba al hombre blanco a asumir la carga sagrada

de servir en las colonias; unas descripciones idealistas

que distaban mucho de lo que realmente encontraría

más tarde el escritor en África. Leopoldo II instauró en la

práctica un sistema totalmente esclavista donde el único

interés existente era nutrirse de las materias primas más

ricas del Congo: el marfil y el caucho. Así pues, la visión

idealizada de Conrad chocó con la dura realidad del país.

No hace falta bucear por biografías ni diarios del

escritor para visionar el horror que vivió. El corazón de las

tinieblas es un terrible testimonio de lo que sintió, vio y

padeció su autor. Sus profundos prejuicios racistas tan

presentes en la época quedan grabados inevitablemente


en el papel, dejando descripciones tan macabras como

las que equiparan a los nativos del Congo con bestias y

no con seres humanos. Una sucesión de pensamientos

que prácticamente y con toda probabilidad se repitieron

en cada una de las personas que formaban parte de la

época. Pero no solo ese racismo latente en Conrad profirió

a la novela de una singular visión, la malaria contraída

por el escritor durante su estancia en el Congo y que

habría de llevarle a regresar al cabo de seis meses, también

marcaron su producción literaria. La profunda decepción

de sus ilusiones infantiles y la melancolía que se

apoderó de Joseph Conrad durante su estancia contribuyeron

a acelerar la depresión que padecería más tarde y

de la que no lograría librarse del todo el resto de su vida.

El corazón de las tinieblas crea una atmósfera no apta

para todas las mentalidades. Como una fina cuchilla, se va

clavando lenta pero inexorablemente en la mente del lector.

Juega con sus valores, con sus creencias y hasta con

su propia concepción de la realidad. Avanza el lector por

el Congo con la misma velocidad que lo hace Marlow, el

protagonista de esta oscura travesía. En primera persona,

con un auditorio formado por varios marinos que le

acompañan en un barco por el Támesis, Marlow comienza

a narrar su historia de la única manera que se le ocurre,

y con un particular desdén e ironía va construyendo su

relato, intercalando sus anécdotas e impresiones con preguntas

retóricas dirigidas a su público, que creemos atento.

Y así, como el simbólico barco de vapor, el clímax

avanza a cada palabra y la oscuridad se apodera poco a

poco de todo cuanto se interpone a su paso: Marlow, el público

que le escucha y el lector acongojado. Revivimos de

una manera que raya en lo mágico las propias vivencias del

protagonista. Ya no somos un simple espectador o lector

que empatiza o se horroriza de manera simulada con las

desdichas del protagonista; en una realidad paralela nos encontramos

inmersos en el barco de vapor junto a Marlow,

formando parte de la locura colonialista e idealizando los

métodos de Kurtz, esperando ver en el coronel un salvador

o una vía de escape cuando termine el viaje al Averno.

Las interpretaciones y mitos en torno al significado

de esta novela inundaron en su momento numerosas

publicaciones. El corazón de las tinieblas se convirtió en un

objeto fecundo de numerosas teorías literarias en la segunda

mitad del S.XX; abarcando desde el New Criticism hasta

el postcolonialismo. La búsqueda del Santo Grial fue uno

de los más conocidos mitos asociados a la novela. Según

Jerome Thale, Marlow encarnaría al caballero que parte en

busca del Grial, el objeto donde se halla el conocimiento

supremo y que, en el caso de El corazón de las tinieblas, consiste

en descubrir la verdadera naturaleza del mal. Otros,

como Robert Kimbrought en Conrad’s Youth, ven la presencia

de símbolos fálicos en la novela como un motivo dominante

donde el río es un falo que se introduce en la vulva

de África, siendo ésta la oscuridad interior que le aguarda.

La odisea de Coppola

Año 1975, nos encontramos en pleno rodaje de Apocalypse

Now. Al mando de la dirección del proyecto está Francis

Ford Coppola. Bajo sus gafas oscuras y su aspecto meditabundo

encontramos una ambiciosa visión de adaptar un

clásico de la literatura a la gran pantalla. Quizás por devoción

absoluta a los retos, El corazón de las tinieblas se presentó

ante sus ojos de la mejor manera posible. Antes que

él, Orson Welles había planeado adaptar la novela, pero

fracasó completamente por problemas presupuestarios. A

Coppola se le presentaba ahora la hercúlea labor de aunar

el estremecedor significado de la novela y el desafío de narrar

en 70mm una complicada historia. El reto estaba servido,

solo hacía falta el genio y el tesón para completarlo.

Alejada bastante del texto conradiano, Apocalypse

Now encarna una brutal adaptación libre situada en

Vietnam y donde los personajes, en esencia, continúan

su mismo viaje: El capitán Willard (el Marlow de Coppola),

interpretado por Martin Sheen; y un desconocido

e idolatrado coronel Kurtz, encarnado cómo no por

el sublime Marlon Brando. Navegamos ahora por un río

rumbo a Camboya, y nos imaginamos la grabación de

ese baile apoteósico de las Valkirias donde decenas de

helicópteros sobrevuelan el cielo infectado de horror.

Como una particular iniciación, el rodaje de Apocalypse

Now entrañó una verdadera odisea digna del documental

que después se le brindó. Francis Ford Coppola

eligió Filipinas como escenario de la película, algo que

27


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equivalía a rodar visualmente en Vietnam. La colaboración

del gobierno local fue clave, y esto propició numerosas dificultades

durante toda la grabación, la cual se prolongó

hasta los 3 años. El primer bache que tuvo que sortear el

director fue con su actor principal. Después de la primera

semana de rodaje Coppola se percató de las deficiencias

de Harvey Keitel, el protagonista de Apocalypse. Su elección

para el papel de Willard no había sido acertada, y el

director fijó su mirada en el joven actor de método Martin

Sheen. Extrovertido y afable, Sheen no se esperaba

nada de lo que encontró finalmente en Camboya. El clima

opresivo, su empatía con el personaje y un espíritu quizás

sensible propiciaron un profundo cambio en su interior.

Apoclypse Now dejó su particular cicatriz en el actor,

quien durante la grabación de la escena inicial, ebrio

y sin calcular las distancias, destrozó un espejo. El resto

del equipo, atónito, esperaba la señal para cortar la escena;

sin embargo, Martin Sheen continuó el diálogo mientras

el corte en la mano a causa del golpe hacía que sangrara

profusamente. Un terrible infarto más tarde vaticinaba

la retirada del actor, a lo que Coppola respondió firmemente:

“Martin Sheen no se muere hasta que yo lo diga”.

El turno le llegaba después a Marlon Brando, el

mito viviente hizo todo lo posible por retrasar y dificultar

aún más si cabe la grabación del film. El ángel caído,

ebrio tras el éxito de El Padrino, no se molestó en estudiar

el guión ni ver más allá del mismo leyendo El corazón

de las tinieblas. Quizás, como genio interpretativo, no

lo necesitara. Su malogrado aspecto físico fue uno de

“Ésta no es una película sobre la Guerra de Vietnam, esto es Vietnam”

los primeros impedimentos a la hora de empezar a grabar,

el trabajo de la dirección de fotografía (ganadora

por cierto de un Oscar) ayudó a disimular el excesivo

peso del actor y a realzar la figura del coronel Kurtz.

Dennis Hoper, otro de los grandes convocados

por Coppola, pasaba por su peor momento. Anestesiado

aún por las drogas, insistía en dar alas a su libertad creativa

para interpretar el personaje. Sin tan siquiera leer el guion,

exponía sus argumentos a Coppola, a lo que éste respondía

que no se podía olvidar algo que no se recordaba. El infierno

de Apocalypse Now se hacía realidad: sets de producción

destruidos por un tifón, tensión durante el rodaje, problemas

con el gobierno local y a pesar de todo, una obra de

culto se estaba gestando ajena a todos los problemas que la

asediaban. Si existe algún pero que achacar a la película de

Coppola es quizás la progresiva decadencia del film, un final

que no despega igual que en la novela (donde el interés

es creciente y el clímax alcanza niveles extremos). El Willard

de Apocalypse muestra tintes siniestros, convirtiéndose

en un personaje sombrío, sin escrúpulos, y sin la ironía y el

carisma que envuelve al personaje del El corazón de las tinieblas.

Pero más allá de las diferencias y las comparaciones

que siempre resultan de las adaptaciones cinematográficas,

Apocalypse Now se ganó el estatus que conserva hasta hoy.

La crítica, aunque dispar, resaltaba el esfuerzo de adaptar

un texto tan complejo y repleto de significados. Coppola

había logrado una cinta rica, sublime y apoteósica. El trabajo

se vería recompensado más tarde, cuando presentó

la película con una frase que pasaría a la historia del cine:


la Vida secreta de

Por Francisco daniel medina

los oBjetos

1

El proceso de fabricación:

el objeto es el espejo del alma.

2

un PROCESO DE FABRICACIón ES EL

conjunto de operaciones unitarias necesarias para convertir

una materia prima en alguna otra cosa. Podremos alterar la

forma, la densidad, la resistencia, el tamaño o la estética. El

producto final será el resultado de multitud de operaciones

individuales que irán desde la extracción de los recursos

naturales necesarios hasta la venta del producto, pasando

por cualquier acción que se ejerza sobre la materia prima en

cuestión para modificarla, ya sea empleando alguna herramienta

o máquina o incluso las propias manos. Tendemos a

pensar (quizá porque vivimos de manera tan rápida y práctica

que no pensamos demasiado) que los objetos existen per

se, que siempre han sido tal y como nos han sido dados, y

no solemos reparar en cuántas decisiones y circunstancias

varias han sido necesarias para que dicho objeto sea una

realidad. Quizá por eso tendemos a infravalorar lo que tenemos

y a desecharlo o prescindir de ello con suma facilidad.

También nos cuesta entender que, un objeto, pueda trascender

el universo de lo meramente artificial para convertirse

en algo en lo que, de alguna manera, esté latente la vida. Sin

ir más lejos, en cada objeto, hay presentes múltiples decisiones

humanas que responden a factores culturales, ideológicos,

y, por descontado, personales. Por ejemplo, este teclado

que estoy empleando en este preciso momento para confeccionar

este artículo tiene una forma concreta y no otra,

sus teclas están medidas milimétricamente para adaptarse a

nuestros dedos de manera ergonómica, a la hora de escoger

el material de que está hecho se han tenido en cuenta datos

como la temperatura al tacto e incluso el sonido al pulsar las

teclas de manera que éste resultase agradable a nuestros oídos,

se ha escogido un color concreto y no otro, y todo ello

porque ciertas personas encargadas de su diseño decidieron

que así fuera y así con todos los objetos que nos rodean.

Esto explicaría, por ejemplo, la importancia que los antropólogos

culturales y los historiadores otorgan a los objetos

a la hora de intentar conocer la historia y las peculiaridades

de los pueblos que los manufacturaron. Parece más que evidente

que la historia de los hombres está escrita en dichos

utensilios. Me atrevería a ilustrar esta idea a través de la mani-

pulación de una famosa frase: el objeto es el espejo del alma.

La biografía de las cosas.

Siempre he mantenido una relación particular con

los objetos y siempre me he preguntado a qué respondía

ese modo particular de percibirlos y de relacionarme con

ellos. Parece evidente que, una de las razones por las que

un objeto puede despertar ternura o rechazo en aquél que

lo posee o entra en contacto puntual con él, es el hecho

de que éste se asocie a un momento concreto de nuestras

vidas o a una determinada persona y, por tanto, cada vez

que vemos o tocamos dicho objeto, se activan en nuestra

mente todos los sentimientos y recuerdos vinculados al

mismo. En este sentido, un determinado objeto o ser inanimado,

podría tener aparejadas para nosotros connotaciones

positivas, negativas o simplemente neutras. Pero, al

fin y al cabo, hablamos de connotaciones: de un sentimiento

que se asocia al objeto a posteriori pero que nada tiene

que ver con el proceso de manufacturación del mismo.

Pues bien, yo me he propuesto ir un poco más allá

en mi análisis y quiero hablar de lo que he convenido en

llamar la biografía del objeto, término que no hace tanto referencia

a la descripción objetiva del proceso de fabricación

del mismo, como a la impronta inmaterial que, por el hecho

de que dicho objeto haya pasado por diferentes manos y

lugares, ha quedado indefectiblemente incorporada a éste

en forma de una especie de energía intangible. Las cosas,

al igual que las personas, también poseen su personal e intransferible

biografía. Y que conste que no estoy hablando

de nada místico, sino del simple hecho de que, conocer la

historia del objeto – por dónde ha pasado e incluso quién lo

ha manipulado y la historia de los diferentes materiales que

lo integran–, nos llevará a percibirlo y a interesarnos por él

de un modo distinto y, sobre todo, menos pragmático. Sería

algo así como entablar un diálogo con el objeto, como si

éste repentinamente adquiriese la cualidad de comunicarse

con nosotros. En este sentido, me gustaría hacer mención a

una novela de Jaume Cabré titulada Yo confieso, la cual leí recientemente

y en la que, narraciones ambientadas en distintas

épocas, tienen como nexo de unión un violín de enorme

valor. A lo largo del libro, y cada vez que aparece algún obje-

29


30

to valioso, se intercala la historia de ese objeto: sus antiguos

dueños, cada uno con sus historias personales y se narra

cómo, por medio de diversas carambolas del destino, llegaron

a manos de Félix Ardevol, padre de Adriá Ardevol, protagonista

del libro. Un día llegó a su casa un violín Storioni.

Era un violín con nombre propio, el Vial. Y su padre le dijo:

“…este violín no es mío, sino que yo soy suyo. Soy uno

más de los muchos que lo han poseído. A lo largo de su vida,

este Storioni ha tenido diversos instrumentistas a su servicio.

Y hoy es mío, pero yo solo puedo admirarlo. Por eso me hace ilusión

que aprendas a tocar el violín y continúes la larga cadena de

la vida de este instrumento. Solo por eso tienes que estudiar violín.

Solo por eso, Adriá. No hace falta que te guste la música.

Opino que este fragmento del libro de Jaume ilustra bastante

bien el papel que los objetos pueden desempeñar en

la vida de las personas a través incluso de generaciones

enteras, hasta el punto de que, el padre de Adriá, llega incluso

a pedirle a su hijo que supedite o subordine su vida

a la del instrumento para que, de algún modo, éste pueda

seguir estando vivo. Siguiendo con lo que comentaba más

arriba con respecto a la importancia que para mí posee la

biografía de los objetos diré que, por ejemplo, ahora mismo

continúo estando delante de este teclado, que suele acompañarme

durante horas y horas de arduo pero también

reconfortante trabajo, pulsando rítmicamente sus teclas, y

la biografía del teclado sería todo aquello que ha sucedido

para que yo pueda estar ahora mismo acariciando sus teclas

e incluso llevando a cabo un acto creativo. Podríamos

investigar esta biografía y ahondar en sus raíces: a menudo

pienso en alguien que, en algún lugar remoto, ha tenido

contacto y relación con este objeto antes que yo y, de alguna

manera, me siento vinculado a esa persona. También

pienso en los diferentes lugares por los que ha pasado este

objeto antes de llegar hasta mí, algunos de ellos, lugares lejanos

en los que nunca he estado y quién sabe si alguna

vez estaré, y de algún modo siento que dicho objeto me

conecta con esos lugares o al menos me acerca hasta ellos.

3

El hombre en el objeto.

Hace poco hablaba con una amiga acerca de cómo, en pleno

siglo XXI y cuando ya parecía que los modos de producción

artesanales quedarían relegados a un mero recuerdo

nostálgico y con un interés puramente histórico, cada vez

se le da más valor al objeto manualmente manufacturado y

a la serie limitada y, en definitiva, al proceso de elaboración

de un producto como conjunto: como un todo que interesa

conocer y que se considera parte constituyente del producto

final. Reflexionábamos mi amiga y yo acerca de cómo

cada vez le damos más importancia a conocer la cadena de

pasos que llevan desde una idea que nace en la mente de un

hombre, hasta un objeto concreto que materializa esa idea

y se convierte en la representación material de la misma.

Por tanto, no es difícil entender que esa persona – de una

manera más o menos tangencial–, está presente en ese objeto.

Tengo la impresión de que, cada vez más, nos interesa

saber de dónde procede aquello que sujetamos con nuestras

manos, aquello que nos rodea, y necesitamos saber de qué

está hecho y cómo ha sido manufacturado. Supongo que

ello responde en parte a una concienciación cada vez mayor

con respecto al cuidado del medio ambiente y de nuestro

entorno en general, y a una concienciación también creciente

de que, si bien (tal y como apunta otra célebre frase

popular) somos lo que comemos, también somos lo que

manipulamos. Por tanto, vistos así, los objetos inanimados

adquieren un nuevo estatus y cobra un mayor sentido que

sintamos un mayor respeto hacia ellos. Podemos decir que,

los objetos, cobran vida a través del ser humano que los

crea y los manipula pero, al mismo tiempo, estos objetos,

en una especie de viaje de vuelta, también le definen a él.

4

Conclusiones: mi infancia y los objetos.

Tal y como apuntaba al comienzo de este artículo, siempre

he sentido esa especie de sentimiento de afecto hacia las

cosas y, quizá por ese mismo motivo, siempre he cuidado

extremadamente bien los objetos. Por poner algún ejemplo,

aún a día de hoy, conservo juguetes de la niñez intactos y

recuerdo que mi madre siempre me lo ha recordado como

algo bueno y se jactaba de ello. Supongo que siempre entendió

que alguien que era capaz de sentir respeto por las

cosas no tendría dificultad alguna a la hora de sentirlo hacia

el resto de los seres vivos del planeta. Ahora que hablo de

la niñez, caigo en la cuenta de que, para los niños, es mucho

más fácil que para los adultos mantener una relación particular

con los seres inanimados: una relación más compleja

que trascienda lo puramente pragmático. Esto me lleva a

pensar que, la acumulación de años, puede funcionar en no

pocas ocasiones como un proceso de desaprendizaje, sobre

todo en lo concerniente a una especie de sabiduría más

emocional o intuitiva que nos permite arrojar luz sobre el

mundo desde una perspectiva distinta. Lo que me proponía

básicamente con este artículo era compartir con vosotros

una mirada un poco distinta con respecto a todos los

objetos inanimados que nos rodean, y, por extensión, con

respecto al mundo que, en gran medida, está compuesto

por cosas, ya sean máscaras carnavalescas, teclados de ordenador,

o marcapasos capaces de salvar vidas. Espero que,

de ahora en adelante, cuando cojáis o manipuléis cualquier

objeto, podáis percibirlo también de un modo distinto y podáis

interesaros por su pasado y por su propia naturaleza.

Antes de olvidar este artículo y poneros a hacer

cualquier otra cosa, solamente os pediré un pequeño y

poco complicado favor: mirad a vuestro alrededor y tratad

de percibir el hálito de vida que hay en todo cuanto os rodea.

Como dice una famosa canción de Coldplay, we live in

a beautiful world, y yo añadiría: where all the things are alive...


Panamá ya

no es esdrújula

Por javier Zori del amo

SE FuEROn LOS GRInGOS, LOS RIFLES

en alto, las ocupaciones y los complejos. Hace 14 años

que Panamá recuperó el control de su canal y, por lo

tanto, la soberanía sobre todo su territorio. La capital,

convertida en una auténtica metrópolis en el corazón

de América, refuerza bajo los rascacielos sus rasgos propios

mientras crece a un ritmo indigerible. Y, sobre todo,

vuelve a acentuar con ganas la última ‘a’ de su nombre

como metáfora de la búsqueda de su nueva esencia.

Hablar de Panamá en el Siglo XXI es hablar de un

país que, por fin, es un país. Cuando decidieron separarse

de Colombia en 1903 fue para ceder la tutela del nuevo

Estado a EE.UU. a cambio de que éstos construyeran el

Canal de Panamá así como que pagaran una indemnización

a Colombia. Esta maniobra puede verse como una incongruencia,

¿para qué separarse de los vecinos y dejarse controlar

por los gringos? Todo por un puñado de dólares que

hoy son el motor de una economía explosiva. Desde que

en el año 2000 (para ser exactos, desde el 31/12/1999) recuperaran

el control territorial y administrativo del Canal,

Panamá recibe al día una media de 9.000.000 $ en concepto

de peaje para el paso de los grandes cargueros. La consecuencia

es toda una paradoja: la City es, desde la marcha de

los estadounidenses, toda una urbe que a ratos puede recordar

a Chicago o a Miami. Antes no. Antes solo algunos

hoteles de más de 10 plantas asomaban su cabeza de hormigón

desconchado por encima de las casas más humildes.

Del pasado americano quedan los dólares, la divisa

oficial por mucho que a la moneda le llamen balboa

por una especie de necesidad nacionalista. Que nadie se

contraríe, George Washington sigue reluciente en todas las

carteras. Para los panameños no deja de ser un problema

de identidad y en muchas ocasiones les cuesta aceptar que

están pagando con dólares, por mucho que los precios se

fijen en balboas. Hay cierto odio hacia los gringos, en particular

entre los militares por las bajas perdidas en las dife-

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32

rentes escaramuzas en territorio ocupado. También entre

los habitantes de El Chorrillo, un barrio subdesarrollado de

la capital que fue atacado por tropas estadounidenses en la

Operación Causa Justa en 1989 y que hoy no parece haber

levantado la cabeza. También persisten las calles con dos

placas, una con el número y otra con el nombre original.

Y por mucho que los anglicismos culturales suenen ‘cool’,

hablar de la calle San Felipe es mucho más honesto que

hacerlo de la calle 17, siendo ambas la misma. Luego están

los diablos rojos, los autobuses de línea urbana conocidos

así por los colores vivos y la temeridad de sus conductores.

La exhibición cromática de su chapa no es más que un

intento exótico de negarles su verdadero uso en el pasado:

los míticos school bus amarillos. Eso sí, aquí Dustin Hoffman

no podría colarse con tanta facilidad con su querida

Elaine Robinson ya que suelen ir al límite de su capacidad.

Luego están los mall, esos macro centros comerciales

que sí que gozan del aprecio de los panameños. Las

ventajas fiscales hacen que las marcas más preciadas de

moda y tecnología ofrezcan unos precios asequibles y golosos

para la juventud. Porque las nuevas generaciones son

una esponja de influencias de la televisión y la cultura occidentaloide.

Y aquí no iba a ser menos. Es normal ver a hinchas

del Real Madrid y del FC Barcelona por estas latitudes

luciendo las correspondientes camisetas, aunque la selección

panameña poco a poco se está ganando un hueco con

resultados y, por qué no decirlo, por la simpatía lógica de un

país excitado con la idea de ser país. Los panameños nunca

perdieron su noción de nación, pero tanto acento gringo

escandalizando en sus aceras sí que les hizo desorientarse,

hasta el punto de preferir ser conocidos como Pánama,

por eso de no contradecir la tutela estadounidense.

Y ya está, eso es todo amigos. Reminiscencias

estéticas y físicas con cierto maquillaje y algún que otro

resquemor que solo se soluciona con vinagre y cicatrices.

Los americanos que siguen en Panamá se amontonan en

zonas residenciales de postín. La más significativa es el

antiguo fuerte Clayton, la base militar yankee por excelencia

y el símbolo hoy edulcorado de la permitida ocupación.

Allí tienen su embajada, sus colegios de pago,

sus campus universitarios, todos ellos absolutamente

herméticos y endogámicos. A veces se puede encontrar

a jóvenes estudiantes dibujando los edificios más hermosos

del casco histórico de la ciudad, pero son puros

pingüinos en este paisaje, hablando en yankee y preocupándose

en exceso por su imagen aun estando en clase.

Panamá City es por y para los panameños, pero

también para los nuevos extranjeros. Estamos ante una

nueva metrópolis de más de medio centenar de rascacielos

construidos en apenas 15 años en lo que se ha venido a

llamar la zona financiera. Ha habido mucha voracidad y

poca planificación. Gigantes de aluminio que casi se rozan,

que no se saben lucir si no es en su conjunto. Solo

la torre F&F (conocida popularmente como “El tornillo”)

tiene identidad individual. Las demás forman parte

de un skyline asombroso, bello, fotogénico, magnético y

abigarrado. Estos nuevos espacios cobijan apartamentos,

oficinas y hoteles. La construcción de muchos de estos


últimos se asocia con un gobierno o con otro. El Hilton

es de ‘X’ expresidente, el Meridien, de este otro... Sí, la

mayoría son empresas yankees, lo que no deja de ser una

paradoja. Pero no es ni mucho menos una colonización

neoliberal monopolizada por un solo país inversor, ya que

lo que viene es el dinero y el talento de todo el Planeta.

Todavía no hay guetos cool en los que se apilen bares, tiendas

y restaurantes de un determinado lugar y cultura. Es

todavía un encantador batiburrillo donde brillan las buenas

–aunque algo conservadoras– cocinas por encima de

los fast food y donde los inmigrantes premium aún no

hacen mucha vida. A ellos les cautiva más la brisa de la

selva que acaricia las urbanizaciones de lujo de las afueras.

Esto es el orgullo de la nueva Panamá. Una sobrecogedora

postal costera hecha de mar, aluminio y alguna

que otra pintoresca zona verde. Una ciudad en

constante construcción que busca ser cada día más atractiva

para los ojos de afuera. Es una nueva rica y a veces

parece pecar de tener demasiado interés en aparentarlo

sin haberse preocupado de apuntalar una estructura algo

carcomida por las excesivas diferencias sociales. Quizás le

ocurra como a muchas otras sociedades postcoloniales:

solo necesita tiempo. Pero, mientras tanto, exhibe portentosa

su potencial económico, su maravilloso canal y su

colorido folclore esperando a que la velocidad se aminore

y su gente pueda digerir y adaptarse a tanto cambio. Por

lo pronto, en 2014 inaugurarán su primera línea de metro.

Un acontecimiento que se unirá al de la apertura de la

ampliación del Canal de Panamá para barcos más grandes

y al del fastuoso estreno de su nuevo museo de la Biodiversidad,

en el que Frank Gehry ha aplicado su fórmula

de éxito pero usando materiales y coloridos más tropi-

cales. Un avance social en el transporte, un avance económico

y un avance cultural. Parece que hay cabida para

todo tras 14 años en los que se primó solo lo económico.

Como sucede en todo fenómeno fulgurante, siempre

hay caminos alternativos, barrios que han optado por

reciclarse a su manera y reforzar su particular acento en la

última ‘a’. Así sucede con el Casco Histórico, el reducto

Patrimonio de la Humanidad que ha visto asombrado

cómo su hermano financiero ha pegado el estirón. Y sin

embargo, éste ha sido más sabio, más paciente y más abierto.

Ambos se miran desde un punto distinto de la bahía,

como si no se quisieran reconocer ni formar parte de la

misma unidad. El Casco Histórico se ha comportado como

un embudo donde se han posado las tendencias que llegan

rebotadas por el demasiado artificial distrito financiero. Y

es una auténtica maravilla. Las calles tienen el encanto del

calor, de los cuerpos caribeños que no saben andar, solo

bailar. El panorama es puro Instagram, con casas coloridas

pero no chillonas, en callejuelas rectas que se pierden en el

azul del mar y del horizonte. Y sus tranquilones edificios

esconden el verdadero nuevo Panamá, con restaurantes,

terrazas y bares que beben de las influencias de los barrios

latinos europeos y del estilo neoyorkino. Espacios multiusos

como Súper Gourmet o Tántalo comparten el gusto

veinteañero del photocall con una decoración arriesgada

sin alardes de Minimalismo. Todo muy orgánico, algo postmoderno

y muy vintage pero con mucho gusto. Y, sobre

todo, sin olvidarse de que es Panamá. En sus barras es

absolutamente improbable encontrar un vodka/gin-tonic

decente. El ron y el seco seguirán monopolizando los

tragos y las conversaciones. La vida en Panamá es y será

por siempre dulzona y eso nadie, nunca, lo podrá cambiar.

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dominGo de PasiÓn

Por carlos saiz


nADIE VA DE VACACIOnES A

Compiègne. Ni, como quedo claro en la divertida Bienvenidos

al Norte, al Pas de Calais. Sin embargo, el segundo

domingo de abril el universo ciclista se concentra en esta

zona de Francia por motivo de la Paris Roubaix.

Llamada la Pascale porque se corría el domingo de Pascua,

hoy se la conoce por el infierno del norte, apelativo que, inicialmente

no tenía que ver con la prueba sino que Víctor Breyer,

corresponsal de l´Auto, acudió a inspeccionar la zona

en 1919 y tras observar los jirones del terreno después de

la primera guerra mundial, declaró “esto es un infierno”.

La Roubaix es la reina de las clásicas. Reina anacrónica,

temida y vengativa. Es anacrónica porque se recorre

por muchos tramos de adoquín, pavé que dice el

argot, y no son válidos la gran mayoría de los adelantos

tecnológicos. Temida porque el último ganador de Tour

que la venció fue Hinault y reúsan a correrla muchos de los

llamados especialistas de pruebas de un día. Y vengativa

hasta con sus hijos predilectos. En 1996 el todopoderoso

Mapei se paseó sobre ella, pleno en el podio, cuatro entre

los cinco primeros. El ganador, Johan Museeuw, decidido

por el patrón del equipo a través del teléfono. La humillación

no quedó sin castigo. Dos años después, Museeuw, el

león de Flandes, sufrió una caída en Aremberg y se fracturó

la rodilla. Además, cayó sobre un excremento de caballo

y casi pierde la pierna. Cuando en el año 2000 cruzaba

la meta, esta vez en solitario como campeón, se señaló la

rodilla reconciliándose con la reina.

Durante la semana previa van llegando los protagonistas,

corredores soñando todos con recoger el adoquín

en lo más alto del podio. Los jóvenes miran al cielo

y desean que llueva para que, románticos ellos, la carrera

se desarrolle entre agua y barro. Los veteranos, escépticos,

pragmáticos, solo piden que el domingo sea soleado. El día

de la carrera, madrugón y mirar por la ventana para ver si

ha llovido. Hace años que no llueve ese día, hasta en eso se

nota el cambio climático, ya no se ven aquellas hermosas

máscaras de barro. Tras el desayuno charla táctica. En muchos

casos la estrategia se resume en aguantar hasta donde

se pueda acompañando al jefe de filas. Es una prueba de

resistencia y eliminación. La victoria cuesta muchísimo, la

derrota está escondida en cualquier centímetro del recorrido.

El kilometraje de la prueba no es siempre el mismo.

Los tramos de pavé tampoco. Lo que no cambia es la

numeración de éstos, hacia atrás, siendo el número uno el

tramo simbólico en la ciudad de Roubaix a las puertas del

velódromo, ni la categoría de los mismos, de una a cinco

estrellas en función de su dureza. Existen únicamente tres

tramos catalogados con cinco estrellas. Mons-en-Pévèle,

Trouée de Arenberg y Carrefour de l´Arbre.

Mons-en-Pévèle, tramo de 3000 metros con su

famosa torre de tendido eléctrico y un giro a la izquierda

donde hacen noche los aficionados para ver pasar a los

esforzados de la ruta.

Trouée de Arenberg, el punto de inflexión de la

carrera, donde no se decide quién vence pero si quién no lo

va a hacer. 2.400 metros descubiertos a los organizadores

por Jean Stabliski, el minero que excavó en el pozo de hulla

de Arenberg y luego fue ciclista y campeón del mundo en

1962. El bosque de Arenberg, reserva natural donde cantan

a sus anchas más de doscientos tipos de aves, es una

zona minera que cerró en 1989 su último pozo. Zona venida

a menos, fue noticia cuando en 1990 se abrió el Café

de la Mine en Wallers, cuando en su época de esplendor

económico convivieron hasta diez establecimientos de este

tipo. Dice Horrillo que lo que se siente al pasar Aremberg

es indescriptible, que hay que estar allí y sentirlo.

Carrefour de l´Arbre, sector donde miles de flamencos

borrachos esperan que pase en cabeza su nuevo

mesías, Tom Boonem, y el olor a salchichas quemadas y

patatas fritas en manteca inunda la atmósfera. Tiene un

restaurante en su salida, Le Arbre, que antes abría solo un

día al año, el domingo de pascua, y ahora solo cierra ese

día.

La gloria, la victoria en el vetusto velódromo de

Roubaix, con sus austeras duchas bautizadas con el nombre

de los ganadores y la cadena colgando de la alcachofa,

está reservada solo para uno, quién sabe si para uno de los

candidatos o la fortuna sonreirá a uno de esos abnegados

trabajadores.

Grandes nombres están inscritos en la leyenda de

la reina de las clásicas, desde Garin a Boonem pasando

por los hermanos Coppi, Moser, Ballerini, Merckx o De

Vlaeminck, flamenco rebelde y patilludo y hasta el año

pasado el único con cuatro triunfos, igualado por Boonem,

conocido como Monsieur París-Roubaix. Los belgas

son los que más ediciones han ganado. Es normal porque

desde pequeños pedalean sobre adoquines. Les siguen los

franceses, que corren de locales y terceros en discordia los

italianos. Los transalpinos llevan el temblor de los adoquines

en los genes desde que las carretas de sus antepasados

circularan por la vía Apia y la vía Aurelia. Respecto a los

españoles, solo Poblet y Flecha saben lo que es pisar un

cajón del podio.

Cuando los dos empresarios de la ciudad de Roubaix,

Théo Vienne y Maurice Perez, compartieron la idea

con el periódico Le Velo, el cual apoyó inmediatamente

dando así lugar, el 19 de Abril de 1896, a la primera edición

de esta prueba, desconocían la repercusión mundial que su

propuesta iba a tener.

Acabar, con ducha incluida en el velódromo, es un

éxito. Vencer es la inmortalidad. El domingo de la Roubaix

no es un domingo cualquiera, es un domingo de pasión.

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la imPosiBilidad del

humanismo.

Ética en la emPresa.

Por carlos javier González serrano

“Invertir en conocimientos produce siempre los mejores beneficios.” B. Franklin

AL HABLAR DE ÉTICA En LA EMPRESA

cobra protagonismo la figura de Max Weber y su célebre

conferencia –que acabó siendo un pequeño libro–, La política

como vocación (Politik als Beruf). En ella el autor distingue

dos tipos de ética: la ética de la convicción (o de la

intención) y la ética de la responsabilidad. En la primera

de ellas se ensalzan o se vetan ciertas acciones –de manera

incondicionada– como buenas o malas en sí mismas, obviando

las condiciones y circunstancias en que se llevan a

cabo, así como las consecuencias que podrían derivarse de

cierta acción. De este tipo es la ética propia del mercado

o de los negocios; la empresa se atiene a maximizar los

beneficios a cualquier precio, puesto que la máxima bajo la

que actúa no tiene en cuenta sino el amor propio: el mercado

se quiere a sí mismo, y sin embargo, es impersonal.

A este respecto puede consultarse el librito de M. Husson,

Capitalismo puro, en el que leemos: «la mundialización funciona

como un proceso excluyente que selecciona de forma

permanente aquellos sectores considerados “dignos”

de insertarse en el mercado mundial. […] El capitalismo

contemporáneo polariza todas las sociedades separando la

parte que puede inscribirse en la mundialización y la que

es excluida de ella. […] No se trata de un factor autónomo,

sino de una consecuencia inevitable de la sumisión a

los criterios de la hiper-rentabilidad del mercado mundial».

Lo que asombra en este sentido es que, tras este

movimiento económico se esconde el hombre, por lo que tal

“impersonalidad” se nos antoja paradójica: hemos creado

una realidad que, en su propio movimiento, puede terminar

con nosotros. Y no hablo de la desaparición de la especie o

virtualidades que quizás suenen alejadas: el paradigmático

caso de Vicky Harrison (joven que acabó suicidándose tras

ser rechazada en más de doscientos procesos de selección)

supone un buen ejemplo para ilustrar nuestra dependencia

del sistema global. Así, explica M. Weber en su conferencia

que «hay una diferencia abismal entre obrar según la máxi-

ma de una ética de la convicción, tal como la que ordena

(religiosamente hablando) “el cristiano obra bien y deja

resultados en manos de Dios”, o según una máxima de la

ética de la responsabilidad, como la que ordena tener en

cuenta las consecuencias previsibles de la propia acción».

Si tiramos del hilo, la ética de la responsabilidad

nos empuja a tener muy en cuenta las consecuencias previsibles

de nuestras decisiones, así como las circunstancias

en que se toman. De ahí la relevancia del contexto en la

disciplina de los Recursos Humanos. No debemos entregarnos

a una ética absoluta, que abogue por solucionar los

conflictos allí dondequiera que éstos surjan. Por eso tampoco

podemos desligarnos del plano fáctico, es decir, de lo

que ocurre en el mundo –de cara a fundamentar una ética

todopoderosa–. El empresario ha de servir a la causa por

la que socialmente se halla legitimado, ya que es ella misma

la que otorga sentido a su actividad. Con ello deseo resaltar

que este breve artículo no se decanta ni por una ética de la

convicción, ni por un mero pragmatismo o utilitarismo calculador

de consecuencias, sino que más bien aboga por un

descenso a la realidad particular donde existen relaciones de

no igualdad (como es el caso de la Selección de Personal).

Nuestro objetivo en este momento es resaltar la

importancia de la responsabilidad personal que al profesional

de psicología del trabajo le compete asumir, ya

que, en palabras de Weber, por este camino de asunción

tomará “en cuenta todos los defectos del hombre medio”,

y por tanto, se podrá decir que las consecuencias de

sus acciones le son imputables. Se trata, en definitiva, de

una toma de conciencia: trabajamos con personas. Gunnel

Colnerud asegura en su artículo Ethical Dilemmas of

Psychologists. A Swedish Example in an International Perspective

que “Este proceso puede observarse como una negociación

entre la profesión y la sociedad en la que trabaja.

Los grupos profesionales deben ofrecer una experiencia

única que es exigida por la sociedad, y a la vez desempe-


ñar sus funciones de una manera digna de confianza”.

No está de más considerar los efectos de lo que se

ha dado en llamar “Globalización” en el funcionamiento

de los Recursos Humanos: a) por un lado, la internalización

de la economía, b) la interdependencia de los mercados,

que ha dado como resultado la creación de una

sociedad global, y c) sobre todo, la aparición de nuevos

criterios intangibles a tener en cuenta (versatilidad, adaptabilidad,

resistencia a los cambios, innovación, etc.). En

este contexto, los aspectos que recogen los perfiles de exigencias

actuales han variado mucho con respecto a los de

hace diez o quince años. En el suplemento Expansión &

Empleo del diario El Mundo (número 126, domingo, 16 de

mayo de 2010) leemos que «en un período como el actual

“lo que necesitamos son personas imprescindibles,

profesionales provocadores que ofrezcan ideas originales,

que controlen su miedo y que se atrevan a transformar

su entorno” […]. Las características que definen a estos

individuos son la proactividad, la tenacidad, la creatividad

y el compromiso aunque, si no son apuntaladas

por la visibilidad social, perderán parte de su brillantez».

Considero que tales efectos de la globalización

han supuesto la mediatización definitiva de los intereses

crematísticos de las clases burguesas hoy ya consolidadas.

A hombros de Marx, podemos afirmar que este esquema

se ha asentado sobre el predominio de la propiedad

y la seguridad de unos pocos (que podemos denominar

“propietarios”) sobre unas maquilladas igualdad y libertad

de la mayoría (o “trabajadores”). Además, nos hallamos

ante el peligroso dualismo –cada vez más monismo– de

la política y el poder: sabemos muy bien que, por ejemplo,

en nuestro país el poder económico (las grandes empresas

y entidades bancarias), solo financian generosamente

a aquellos partidos políticos que defiendan sus intereses.

La cuestión es, pues, cómo eludir, en la medida de

lo posible, el control, presión y coacción del poder económico.

Rafael Larrañeta explica que “en un país donde el

desposeído o el marginado no puede levantar la voz contra

la injusticia y ser desagraviado, jamás podremos imaginar

que existe verdadera democracia” (“¿Superioridad ética de

la democracia?”), lo que contrasta muy tristemente con

la siguiente afirmación redactada por la Comisión Europea

(Bruselas, 2000): “todos los que viven en Europa, sin

excepción, deben tener las mismas oportunidades para

adaptarse a las demandas que impone la transformación

social y económica y para participar activamente en la concepción

del futuro de Europa”. ¿Democratización de la

economía? ¿Ética en la empresa? ¿Se reducen, de alguna

manera, lo social y laboral a lo meramente económico?

En este complicado contexto, el Derecho es

necesario –pero insuficiente–; aquel no agota la moral,

por lo que se requieren mecanismos de cohesión social

diferentes de él, mediante los que se haga hincapié

en el compromiso y participación activa de las organizaciones.

Así, columbramos una interdependencia entre

el espacio público y el espacio privado para el desarrollo

pleno de nuestra libertad, en constante convivencia

–y liza– con los propósitos de las empresas. El Derecho

y la Ética (aplicada a partir de la instauración de meras

normas) se nos antojan, pues, insuficientes de cara

a fundamentar el compromiso social de las empresas.

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disPara

Por irene cuevas

Harry estaba sentado en el sillón de alas grises, con los ojos cerrados y las piernas cruzadas, cuando

entró Jerry:

— ¿La tienes? —preguntó sin mirar al muchacho.

— Sí —dijo Jerry.

— ¿Qué te ha dicho?

— Que todo el mundo querría ser encañonado por una de estas preciosas.

Harry sonrió y se levantó del sillón:

— Quiero verla —dijo.

El muchacho asintió y sacó del elástico de sus calzones una pistola plateada. Harry la cogió y la

observó a contraluz, sosteniéndola en alto:

— Bonito cañón —dijo—. Bonita culata.

— Sí —dijo Jerry.

Luego la dejó sobre la mesa y se dirigió a la cocina. Jerry le siguió:

— ¿Quieres un café?

— No, señor. Muchas gracias —dijo el muchacho.

— Oh, vamos. No me hagas ese feo, te lo preguntaré otra vez… ¿qué me dices chico, quieres un

café?

— Sí, vale.

— ¿Dónde lo guardas?

— En el primer estante.

Harry sonrió:

— Me gusta tu piso —dijo—. Le he estado echando un ojo antes. Me gusta tu piso.

— Gracias, señor.

— Llámame Harry.

El muchacho asintió. Harry encendió el fuego y puso la cafetera a calentar:

— Tienes mucha música clásica —dijo.

— Eran de mi madre. Cantaba cuando era joven.

— ¿Soprano?

— Mezzosoprano.

— ¿Qué le pasó?

— Se fue a Viena. Perdí su pista hace unos cuantos años.

— Y, ¿lo de la droga?

— Tenía que ganarme la vida —dijo Jerry.

Harry le miró detenidamente. Le pareció bastante normal. Un muchacho más, del montón. A

nadie podría interesarle:

— No tienes pinta de camello —dijo Harry —. Demasiado delgado y esa cara…mmm. Definiti


vamente, no tienes pinta de camello.

— ¿Qué le pasa a mi cara?

—Tienes cara de niño.

Y cuanto más le miraba, más niño le parecía. Aquellos ojos pequeños e inquietos que se habían

paseado por toda la cocina como si fuese desconocida, las pecas sobre los mofletes y la voz, aguda,

como el pitido de la cafetera:

— Pareces un buen chico —dijo Harry.

—Gracias, señor.

— E inocente.

— No le entiendo.

— Sí, chico. En este mundo hay personas malas. Muy malas. Deberías andarte con cuidado.

Harry sirvió el café en dos tazas y miró a Jerry fijamente. El muchacho temblaba:

— ¿Sabes para qué es la pistola? —preguntó Harry.

— No, señor.

— Harry, llámame Harry —dijo y sorbió un poco de su café—. Chico, tienes que matar a alguien.

El muchacho tragó saliva:

—Es una persona mala —dijo Harry—. Azúcar.

— ¿Qué?

— ¿Dónde tienes el azúcar?

Jerry señaló un frasco blanco y Harry lo cogió:

— ¿Quieres? —preguntó.

Pero el muchacho ni siquiera le miraba. Había fijado sus ojos en la cafetera vacía:

— Me lo tomaré como un sí —dijo Harry—, el trago se te hará menos amargo.

— A… ¿A quién tengo que matar, señor? —balbuceó Jerry.

— A él.

— ¿A él? ¿Qué ha hecho?

— Se fue de la lengua. Un tipo malo —dijo Harry—. Me ha hecho gracia que te dijera aquello de

la pistola. Así cuando le mates, se lo podrás repetir.

— Pero, yo…yo nunca he matado a nadie, señor.

— Lo sé. Por eso te voy a enseñar cómo debes hacerlo. Sígueme.

Harry apuró el café y dejó la taza sobre la mesa, luego se dirigió al salón para coger la pistola:

— Vamos al baño, quiero que veas esto.

Jerry le siguió, temblando. Una vez allí, Harry se puso frente al espejo e indico a Jerry que hiciera

lo mismo:

— Tienes que conseguir que parezca un suicidio —dijo Harry—. Nadie debe saber que has sido

tú. No queremos problemas, ¿verdad, chico?

— No, señor.

— Apáñatelas para llevarle al baño, a cualquier espejo. Cuéntale una historia. Invéntate algo, pero

que él te sigua.

El muchacho asintió, tragando saliva:

— Una vez aquí, ponte detrás de él —dijo Harry—. Así. Con naturalidad, no levantes sospechas.

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40

En el espejo se reflejó la imagen de los dos. Jerry delante con la cara pálida y Harry detrás, mirando

fijamente los ojos del muchacho:

— Deberás utilizar un guante —dijo Harry—. No queremos que nos descubran, ¿verdad, chico?

— No, señor.

— Este está bien, es negro. Perfecto. No dejará huellas. No dejará pistas —dijo Harry—. Presta

mucha atención ahora, chico. Le tienes ganada la posición. Ya no puede escapar, ¿puedes escapar?

— No, señor —dijo Jerry.

— Eso es lo que queremos. Saca el arma. Bonito cañón, bonita culata.

— Sí —dijo Jerry—. Bonito cañón. Bonita culata.

— Apóyala en su barbilla.

— En su barbilla —repitió Jerry.

— ¿Ves cómo?

— Sí —dijo Jerry.

— Siente su miedo. Huele su miedo.

— Su miedo, su miedo…

— ¿Tienes miedo, chico?

— Sí, señor —dijo Jerry—, tengo miedo.

— Eso queremos, eso buscamos.

— Sí, sí.

— Ahora haz que él coja el arma. Abre su mano, que él la sujete. Y… suéltala. Él la tiene en su

barbilla. Él y nadie más que él. ¿La tienes, chico?

— Sí, señor —dijo Jerry—. La tengo.

— ¿Notas el frío de la culata?

— Sí.

— ¿No crees que todo el mundo querría ser encañonado por una de estas preciosas?

— Sí, señor, todo el mundo —dijo Jerry.

— La bala atravesará su lengua. Su cara.

— Sí, señor.

— Porque él se fue de la lengua. Fue una persona mala. Y no queremos personas malas, ¿verdad,

chico?

— No señor. No queremos —dijo Jerry y empezó a llorar.

— No puede temblarte la mano, chico, no puedes llorar. A mí no me tiembla la mano.

El muchacho sujetaba la pistola en su barbilla, las piernas se le doblaban y mientras, Harry, le miró

de arriba abajo. Le pareció más crío que nunca:

— Aquí terminará tu trabajo —dijo Harry—. Él disparará solo.

— Sí, señor —dijo Jerry—. Él lo hará solo.

— Bien, chico. Hazlo.

— ¿Qué?

— Dispara.


Por anycka hc

¿Por QuÉ son

necesarios los

suPerhÉroes?

En LOS MOMEnTOS En LOS quE EL SER

humano se ve sobrepasado por la angustia, la incertidumbre

y la destrucción que él mismo puede haber promovido,

se torna necesaria la búsqueda de cobijo. En ocasiones se

recurre a la historia pasada, buscando referencias para solucionar

el desacierto. Otras veces se evade la culpa, sollozando

con resignación por no saber afrontar las consecuencias

de los propios actos. Igualmente se revisan las historias mitológicas,

los prodigios de los dioses o, ya en nuestra más

reciente época, se recurre a las enseñanzas de los personajes

de comportamiento heroico. Cine, animación y cómic, permiten

una veloz revisión de sus intrépidas gestas, modelando

en ocasiones pensamiento y acción en el hombre, alentando

la capacidad de recurrir a su propio poder interior,

el latente potencial de progreso y la reparación de daños.

Así el superhéroe se gesta como la nueva deidad

modélica y protectora, portadora del concepto de bondad

asociado de modo subliminal a una imagen. Aparece

como un ser multidimensional, perfecto y sobrehumano,

un nuevo hombre, un Superhombre, idea ya introducida

en la obra de Nietzsche Así habló Zaratustra ya por 1883.

El concepto originario del superhombre, mejor traducido

como ultrahombre, hacía alusión más al ámbito de

la ambigüedad moral que al biológico: se trata de un ser

que trasciende los conceptos humanos del bien y el mal.

Ésta era la dirección de partida para la figura de Superman,

aunque no encajaba bien con las inmaculadas concepciones

morales del personaje. Se termina descartando

la idea de asociar a Clark Kent con este incierto héroe

nietzscheniano y finalmente es presentado como una figura

que puede infringir la ley en sus canales habituales

como medida extrema para la salvaguarda del bien común

pero que cree en ella e insta a cumplirla sin descanso.

En su adaptación a la novela gráfica y el cine se

presenta al superhéroe como un personaje muy capaz

físicamente, poderoso y visualmente impactante para

impregnar la memoria de los hombres y hacerse con un

lugar en el mundo de los arquetipos universales cohabitando

con deidades y seres mitológicos. Asimismo,

por su carácter actual de cotidianeidad empieza a formar

parte del inconsciente colectivo de esta época, discurriendo

de modo paralelo a antiguos mitos y leyendas

que conforman este concepto constituido por elementos

simbólicos.

El héroe

Cuando la humanidad se convulsiona, sufre o experimenta

sentimientos de dolor y pérdida necesita recurrir

a modelos de comportamiento existentes, reales o imaginarios,

que le resulten válidos para iniciar la resolución

del conflicto, en este momento es donde resurge el personaje

heroico, éste es habitualmente presentado como

un individuo poseedor de rasgos o características ideales

que le permiten llevar a cabo hazañas extraordinarias y

beneficiosas por las que es reconocido. Mitológica y culturalmente

es reproducido como un personaje dotado de

las virtudes más reconocidas (tanto en su variante luminosa

como en la faceta más depravada) en su época, por

lo que acaba convirtiéndose en un referente a imitar. Se

considera a esta figura como alguien casi divino, etéreo

e intangible, un cúmulo de cualidades a admirar y envidiar

sin apenas darse cuenta de que es esa misma sociedad

la que encumbra o entierra los méritos de esos otros.

En la máscara del héroe se proyectan los

anhelos y temores de los individuos, su conciencia

colectiva: el conjunto de creencias compartidas y

actitudes morales que funcionan como una fuerza unificadora

dentro de la sociedad. De este modo podemos

hablar de que la necesidad de la existencia de los héroes

es vital para poder tener modelos de comportamiento,

así como entidades protectoras a las que recurrir cuando

el individuo se encuentra perdido o apesadumbrado.

El héroe cumple un papel catártico en la colectividad.

Por sus inagotables poderes, su comportamiento recto

e inmaculado y su papel salvador, podemos hablar de que

su función es la misma que la de los antiguos dioses mitológicos,

con la diferencia de que gracias a su doble identi-

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dad se muestran como alguien cercano al individuo común.

Dentro del imaginario desplegado en el cine, la

literatura y la novela gráfica, nos encontramos con algunos

héroes humanos, modernos Perseos a los que imitar,

personajes cuyas cualidades abarcan desde la potencia

y fortaleza física hasta la capacidad intelectual. Sus

rasgos de base principales son las virtudes que puede

poseer cualquier persona normal. Sus facultades intelectuales

y físicas están al servicio de la erradicación del

mal, los abusos, el sufrimiento y el dolor. El elemento

característico de estos personajes no son las capacidades

sobrehumanas, sino la capacidad de acción y rasgos

de personalidad identificables en cualquier individuo.

En un estamento superior la necesidad de lo

trascendente ubica al superhéroe, imagen actualizada de

las deidades olímpicas que, con sus inconmensurables

poderes fantásticos, ayudan al humilde mortal a liberarse

de las opresiones opuestas por los ociosos malignos.

En casi cualquier situación cotidiana es fácil actuar

de manera heroica, bastaría para ello dejar a un

lado la ingente cantidad de máscaras con las que acostumbramos

a protegernos de las inclemencias de la costumbre

e intentar hacer algo por otro sin esperar una

compensación inmediata por ello. No es necesario que

acontezca una catástrofe para que nuestro medidor de

bondad se active. En la gran mayoría de las situaciones

es factible prestar ayuda a quien tenemos al lado.

Los valores heroicos han trascendido el modelo

mitológico y han llegado, afortunadamente, hasta nuestros

días. No solo hemos podido encontrarlos en las novelas

de aventuras o en la ficción fantástica, donde sus virtudes

extraordinarias subyacen escondidas tras personajes nobles,

abnegados y valientes. También hemos conocido sus

hazañas heroicas en un soporte que ha resultado afín a las

mentes más jóvenes: el cómic. Sus coloridas portadas revelaron

nuevas formas de hacer el bien y de impartir justicia.

Las viñetas, el color, los diálogos y la tinta forjaron,

página tras página, las siluetas de hombres y

mujeres no solo de claro talante heroico, sino dotados

de poderes y habilidades que sobrepasan cualquier

condición humana. Estos nuevos héroes necesitaban

una nueva definición que los identificase.

Fue algo natural que el término superhéroe definiera

a esos individuos tan heterogéneos, tan diferentes

en cuanto a carácter y poderes, que a día de hoy los vemos

no solo en los cómics, sino también, y con renovado

vigor, en el cine. Los antiguos modelos míticos no solo

han perdurado hasta la actualidad, sino que han arraigado

con más fuerza que nunca en los diferentes superhéroes

y en sus diversas formas de enfrentarse al mal.


El superhéroe

En el momento en que se gesta la catástrofe este personaje

se manifiesta para evitar la instauración del caos.

En sus primeras apariciones genera un cierto recelo,

por el inevitable y humano miedo a lo desconocido.

Un ser extraño que ayuda por nada no es algo habitual,

ya que al individuo le mueven en gran medida el

afán de notoriedad y la codicia. Ése es uno de los rasgos

diferenciadores entre el superhéroe y el hombre, éste tiene

la capacidad potencial de hacer el bien, pero también una,

en ocasiones, débil voluntad que le conduce a actuar más

por impulsos que por la ejercitación del sentido del deber.

El rasgo más destacable de los poderes del superhéroe

es la amplificación de las cualidades humanas, éstas son

su verdadera fuerza, el motivador principal en su lucha contra

la opresión y la injusticia: realiza su labor porque siente

que es lo que debe hacer. Encarna el ideal de gran parte de la

sociedad por identificación, todos hemos soñado con emular

los actos heroicos de este tipo de personajes fantásticos.

Representan en sí mismos los ideales de justicia,

equidad, ética y transparencia adaptados a la época en la

que habitan. Con estos principios básicos de actuación

sus habilidades fantásticas no son sino ayudas o potenciadores

que facilitan el enfrentamiento con el supervillano.

Muestra de este tipo de virtudes apreciamos características

como la personalidad luchadora, perseverante y

bondadosa del Capitán América, presentes ya antes del experimento

de transformación en Superhombre, el cambio

steve rogers (capitán américa)

“No quiero matar a nadie, no aguanto a los matones, sean de donde sean.”

Steve es un individuo corriente, una de esas personas en las

que no se repara debido a su endeble envergadura corporal a

pesar de ser una persona bondadosa, luchadora, perseverante,

valiente y tenaz cuyo anhelo es formar parte del ejército

para erradicar las situaciones de abuso y resulta sistemáticamente

rechazado por su precaria salud y consistencia física.

Parece continuar confirmándose la máxima de que la agresividad

es básica como medio de restablecimiento de la

armonía y la justicia. Y ese es un punto de partida erróneo

si lo que se pretende es modificar el orden de lo establecido.

Hasta que un mediador visionario es capaz de mirar un

poco más allá y se establece una nueva premisa de partida.

El doctor Abraham Erskine (Stanley Tucci) admite finalmente

a Rogers (Chris Evans) por sus características de

personalidad, su obstinación y coraje. Formará parte de

un experimento para crear un supersoldado. En el ensayo

se magnificarán las características de la persona, haciendo

hincapié en las cualidades meramente humanas.

de planteamientos vitales de Tony Stark tras ser prisionero

de guerra y experimentar el sinsentido de las luchas entre los

hombres o los continuos desvelos de Superman por aplacar

las absurdas ansias de poder y dominación de Luthor.

En un entorno de aventura Los Vengadores nos

aleccionan, por medio de la acción y el entretenimiento, en

la dirección de lo correcto, mostrando el valor del altruismo,

la bondad o el resultado de la coordinación del esfuerzo

en una misma dirección. El objetivo es la lucha contra el

caos y la destrucción de un atormentado villano que quiere

imponerse únicamente por demostrar la supremacía de su

afán de poder enfermizo. Un escuadrón de personajes, con

caracteres y egos muy diferentes ha de combinar su labor

para librar a los hombres de la aniquilación y el servilismo.

Antes de poder liberar al mundo de la opresión tendrán

que ser capaces de aparcar sus diferencias y abandonar

el juego al que les ha abocado un hábil villano que trata de

impedir que aúnen sus fuerzas provocando que se enfrenten

entre ellos. Este tipo de situaciones mundanas igualan

a superhéroes y mortales, equiparando vanidades y fanfarronerías

con importantes errores estratégicos que pueden

costar caros si no son detectados y modificados a tiempo.

El cómic y el cine nos proporcionan un variado

y completo muestrario de situaciones en las que acometer

acciones heroicas, el mal adopta sutiles y variopintos rostros.

Es necesario restablecer la armonía y el orden siguiendo

las enseñanzas de estas figuras modélicas que actúan por

unos principios valientes, humanitarios y desinteresados.

“Un hombre fuerte que ha tenido ese poder toda la vida

puede perder el respeto a esa fuerza, pero un hombre débil

aprecia el valor de la fortaleza y conoce la compasión.”

Rogers demuestra en innumerables ocasiones sus capacidades

heroicas, tanto en su vida civil (a pesar de

ser víctima de abusos físicos habitualmente por su lábil

envergadura física no acostumbra a rendirse, planta

cara a sus oponentes) como en el ejército (no duda

en sacrificarse para salvar al pelotón de una granada).

El héroe, modelo a seguir para la población, no necesita

una capacidad fantástica para prosperar. Sus

acciones hablan por sí solas. Bondad, carisma, altruismo

o empatía son las mejores credenciales de popularidad,

así como rasgos fácilmente imitables por los

semejantes. Los individuos se sienten identificados con

él, capaces de desempeñar en su vida diaria pequeños

o grandes actos heroicos que emulen a los de su ídolo.

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tony stark (iron man)

“Me abrieron los ojos, me pude dar cuenta de que tengo más que ofrecerle al mundo que sólo cosas que explotan.”

Originariamente se dedica a la fabricación de armas

para el ejército estadounidense. Herido y convertido

en prisionero de guerra fabrica, gracias a las directrices

de su compañero de cautiverio, Ho Yinsen, físico

ganador del Premio Nobel, una placa magnética

para que la metralla que habita en su cuerpo no llegue a

su corazón (lo que supondría una muerte inmediata).

Durante ese infortunado encierro su actitud hacia

su antigua actividad da un giro. Stark (Robert Downey

Jr) decide a partir de ese momento poner su intelecto

al servicio del Bien. Diseña una armadura de

poder que utiliza para escapar de sus captores. La

pérdida de Ho Yinsen en la maniobra de evasión, su sacrificio

para que él pueda escapar le muestra el significado

y valor del altruismo. En adelante dedicará su intelecto

y fortuna a combatir el mal en cualquier manifestación.

Tony Stark pasa de ser el paradigma del capitalista por excelencia:

desalmado y frívolo suministrador de armas al ejército

(vendedor de muerte), a transformarse, tras su estancia

en el corazón del conflicto bélico, en otro tipo de individuo

diametralmente opuesto, convirtiéndose en un personaje

Bruce Banner (hulk)

“¿Y si el otro tío se niega?”

Bruce Banner (Mark Ruffalo), científico dedicado a investigar

y experimentar con la bomba gamma. En uno de los ensayos,

antes de la explosión, un joven, Rick Jones, se adentra

en la zona de pruebas. Banner trata de salvarlo metiéndolo

en una zanja, quedando él al descubierto al estallar la bomba

(momento de potencial autoinmolación para salvar a otros).

La radiación impacta en él quedando impresa en su cuerpo.

Banner se convierte en Hulk en situaciones de excitación,

miedo y furia (reacción defensiva del sistema nervioso).

Este nuevo poder adquirido de manera fortuita le proporciona

fuerza extrema, resistencia casi infinita, regeneración

más o menos rápida en función de su nivel de furia

o mutación de su cuerpo para adaptarse a condiciones

nuevas. La contraprestación de tal talento es el descenso

de su capacidad intelectual en esas ocasiones, convirtiéndose

en una criatura elemental con dificultades para discernir

entre amigos y enemigos (esto le ocasiona dificultades

en la colaboración con sus compañeros Vengadores).

La historia de Hulk puede guardar cierto paralelismo

con El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde (Robert

Louis Stevenson, 1886) a la hora de tratar el contraste

entre la extrema inteligencia del doctor Banner y la básica

mente y mundo emocional de Hulk, dos facetas com-

popular. La aversión a la guerra por parte de la población, y

por extensión a él por patrocinarla da paso a la admiración

pública por su capacidad de redención. Es un hombre invulnerable

en el exterior pero por dentro está bastante herido.

plementarias de una misma personalidad. La dualidad de

la mente lógica en contraste con los momentos de irracionalidad

consecuencia de eventos desestabilizadores.

También se puede apreciar el influjo de la película Frankenstein

(James Whale 1931) en la que se persigue con saña

al monstruo poderoso de pensamiento infantil que huye

despavorido y aterrado a su vez del ataque de los hombres:

lo que se desconoce se teme. Así queda patente la

manifestación de la ignorancia del hombre, reaccionando

por instinto en modo de ataque como sistema defensivo

previo ante algo que puede ser neutral. Cualquier elemento

aparentemente diferente a sí mismo genera un terror tal

que es necesario eliminarlo antes que intentar conocerlo

o incluso solo practicar un mínimo ejercicio de tolerancia.


Bruce Wayne (Batman)

“Por los espíritus de mis padres prometo que vengaré su muerte, combatiendo el delito, por el resto de mi vida.”

Debido a la traumática contemplación del asesinato

de sus padres en la infancia, Bruce Wayne (Christian

Bale) decide que dedicará su vida a combatir el delito

y el crimen, en cualquiera de sus formas. A ello

dedicará su fortuna, intelecto, habilidades detectivescas

y entrenamiento para la mejora de su destreza física.

En contraposición a otros héroes y superhéroes (Capitán

América o Superman), Batman porta una indumentaria

oscura y siniestra y métodos no ortodoxos: a

pesar de rechazar las armas de fuego y no matar a sus

enemigos demuestra saber hacer daño, utilizando técnicas

de intimidación y tortura física sin remordimiento

alguno llegado el caso. Por este tipo de rasgos es también

conocido como el severo vengador de la noche.

Es mostrado como un personaje que no necesita de superpoderes

más allá del intelecto y la capacidad investigadora para

averiguar y establecer relaciones. Por ello llegó a ser considerado

como uno de los hombres más peligrosos del mundo.

El superhéroe no siempre es un personaje diáfano y

transparente. En su versión más humana muestra, al

clark Kent (superman)

“El mundo no necesita héroes, sólo hombres valientes.”

Kal-El es descubierto por Martha (Phillis Taxter) y Jonathan

Kent (Glenn Ford) en una llanura de Smallville,

Kansas. Es adoptado y criado por la familia Kent

en su granja. Cuando Jonathan Kent fallece repentinamente,

un Clark desconsolado solloza ante su cadáver:

“tanto que puedo hacer con todos mis poderes y no he

sido capaz de salvarle”. El héroe altruista y podero-

igual que el común de los hombres, su faceta oscura,

atormentada y desvalida, que es en ocasiones lo que

le impulsa a actuar en la línea de la lucha contra el mal y

la corrupción. Lo único que le diferencia de sus congéneres

es la motivación, el sentido del deber y la justicia.

so experimenta la sensación de finitud y el mismo dolor

anímico de los hombres, son diferentes e iguales.

A partir de su incursión en la vida civil se siente en la obligación

de intervenir en situaciones catastróficas. De este

modo el mundo se acostumbra a la presencia de Superman

(Christopher Reeve). Un ser extraterrestre que acaba

volviéndose más humano que los propios hombres.

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Xavier (Profesor X)

“La fuerza es el punto medio entre la ira y la serenidad.”

erik ‘magnus’ (magneto)

“La paz nunca fue una opción.”

Durante los años 40, Max (nombre original de Erik) y su

familia son perseguidos y atrapados por los nazis. Siendo

un niño contempla la matanza de sus padres y la crueldad

gratuita que el hombre inflige a sus semejantes sin compasión

alguna. Enviado a Auschwitz es forzado a trabajar en

el Sonderkommando (unidades destinadas a conducir a los

prisioneros a las cámaras de gas y los crematorios en los

campos de concentración). Su hija, Anya, fallece en un incendio.

Impotente por no poder salvarla desencadena una

incontrolable manifestación de su poder, asesinando a una

multitud hostil y confundida. Cambia su identidad para escapar

de sus perseguidores en la ciudad devastada. Max

Eisenhardt perece dando paso a Erik Magnus Lehnserr.

Erik sostiene (dada su pretérita experiencia con la despersonalización

de los asesinatos y la muerte en el campo de

concentración), frente al pensamiento abierto y luminoso

de Charles, que la convivencia entre humanos y mutantes

(homo superior) sería muy complicada, si no imposible,

dada la tendencia natural del hombre a someter a las

minorías o atacar sistemáticamente lo que es diferente.

Esta divergencia de pensamiento acaba distanciándole de su

gran amigo Xavier y creando su propia alianza de mutantes

rebeldes, convirtiéndolos en enemigos, pero profesándose

una gran admiración y respeto a pesar de ello. Magneto se

queda un poco (más) huérfano cuando Xavier desaparece.

Hijo de Brian Xavier, científico nuclear, y Sharon Xavier.

Brian muere en un accidente. Sharon se casa con Kurt

Marko. Más interesado en la fortuna de Charles que en

la nueva familia, Marko los somete a malos tratos, incluido

su propio hijo, Cain, provocando el alcoholismo

de Sharon y su prematura muerte. Todo esto ya fue percibido

por Xavier en las iniciales manifestaciones de su

poder psíquico, aunque albergaba la esperanza de la compasión

en su padrastro, más que su falta de escrúpulos.

A pesar de su aciaga juventud Xavier aboga por la capacidad

de hacer el bien como algo innato en el hombre y

cree que en un mundo donde tuvieran que coexistir humanos

y mutantes sería factible una convivencia pacífica.


El Poder

En sociología este concepto se interpreta como una compleja

situación estratégica en una determinada sociedad

(Michael Foucault) e implica características de constricción

y facilitación. En el momento en el que la acumulación

de poder se aglutina en determinadas organizaciones

empiezan los conflictos, la corrupción y/o la modificación

de la personalidad por tener algo que no todos poseen.

Como rasgo constrictor o de facilitación enlaza

con las atribuciones del héroe, haciendo que por

medio de la ejecución de sus habilidades los malvados

tengan que desistir o modificar sus estrategias

de daño y dominación y permitiendo que los hombres

disfruten de una existencia más o menos plácida.

En manos del villano, el factor de poder entraña

por una parte la ambición, el ansia de dominar el

planeta, modelarlo a su imagen y semejanza e instaurar

el mal, por otra el mero divertimento de enfrentarse

y tratar de humillar al héroe. Éste habrá de luchar por

que el mundo, tal y como es conocido, no desaparezca.

Aparentemente el saberse capaz de controlar

el destino del planeta y sus habitantes es el principal

objetivo del malvado ¿Qué sucedería una vez que el todopoderoso

villano ha logrado su objetivo? Al principio

se dejaría poseer por la excitación de la novedad,

por el hecho de haber arrebatado al héroe el objeto de

su lucha. Realizaría cambios, modificaciones, instauraría

un nuevo orden basado en sus oscuros apetitos y preferencias.

Todo esto tendría una duración determinada,

ya que llegado el fin de las transformaciones, la corrupción,

los abusos y el mal no hay nada más que el hastío.

El mandato dictatorial acaba aburriendo. El motivador

principal de la obtención de poder por parte del villano

no es otro que impedir el avance del superhéroe. Un

claro ejemplo lo vemos en Superman II, cuando los tres archivillanos,

encabezados por el General Zod, muestran su

hastío en el Despacho Oval de la Casa Blanca. Sin saber qué

hacer con sus poderes ya se aburren en un mundo sin desafíos

en el que son amos y señores de todo lo que ven. Superman

es el único rival para ellos y será la única persona que

salve al mundo de una nueva era de dictadura y esclavitud.

El Villano

El héroe y el superhéroe no tendrían razón de ser sin

un antagónico malvado que trate de frustrar y dificultar

sus intentos de mantener el mundo seguro y en paz. El

villano gusta de sembrar discordia como modo de establecer

el caos, la confusión y el desorden para destacar

entre la niebla estableciendo un orden perverso y siniestro.

Si el superhéroe encarna las virtudes y bondades del

hombre amplificadas, el supervillano representa los vicios,

defectos, maldades y desequilibrios de la mente y

los comportamientos más reprobables del ser humano.

Asemejándolo a la estructura psíquica, el superhéroe

podría identificarse con una amalgama entre el Yo y el

Super Yo de las instancias freudianas de la personalidad y

el maligno encarnar a lo Inconsciente. Llevándonos esto al

punto de que la situación idónea estriba en la integración

de los tres estratos para un funcionamiento equilibrado.

El origen del comportamiento del villano es un

hecho multifactorial. En el caso de Lex Luthor, acérrimo

rival de Superman, observamos que tanto el rumbo de sus

actividades como la autoimagen que tiene de si mismo, discurren

en la dirección apuntada por Nietzsche al describir

al superhombre como una entidad que está por encima

del bien y del mal. Así escuchamos a Luthor decir: “No

quiero hacer cosas buenas, quiero hacer cosas grandes”.

Su afán por destacar sobrepasa la concepción de la moral

o la ética, se interpreta a sí mismo como un ejemplar que

ha llegado a trascender los límites de la evolución humana.

El Übermensch (ultrahombre) es un hombre legislador,

él crea sus propias normas, morales y de todo tipo,

además es un hombre que somete las cosas a su voluntad, es

un hombre vital: ama la vida y este mundo… Sabe que la vida

es en parte dolor y en parte placer, pero no reniega de ello.

Una característica común a algunos villanos (Lex

Luthor, Johann Schmidt, Joker…) es la megalomanía, subproducto

de un intelecto brillante y enfermizo, trastornado

y escindido que convierte al individuo en una deformada y

peligrosa figura capaz de cometer cualquier tropelía, manipular

mentes y conciencias y presentarse a sí mismo como

adalid de la salvación y el progreso (a)moral y científico.

Otro factor a tener en cuenta a la hora de delimitar

el comportamiento del villano es la envidia de la notoriedad

del superhéroe por su capacidad de bondad y potencial para

la redención. Observamos que en ocasiones la banal motivación

del malvado para entorpecer al héroe son los celos.

En ocasiones, en su remoto pasado, estos personajes

trataron de llamar la atención de otros sin conseguirlo.

Tenemos como ejemplo el caso de Buddy (Síndrome) que

intentaba de manera recurrente en su niñez llamar la atención

de Mr. Increíble y era constantemente repudiado por

éste. Tal cúmulo de frustraciones acaban por conducir al

rechazado hacia el camino del mal como modo de reclamar

la atención denegada, consiguiendo de este modo un doble

objetivo: ser el centro de atención siquiera de manera efímera

y vengarse de aquellos que le manifestaron su rechazo.

En ocasiones también podemos comprobar que

en el villano existe una clara dualidad bien/mal, y que,

aunque su actividad se desarrolla en contra de los canales

de lo correcto existen ciertos límites o códigos de

conducta que no llega a transgredir. Igualmente puede

observarse el renacer de la duda, lo que implica que no

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toda la actividad y la mente del malvado se encaminan

en la dirección de lo vil. En el momento en el que aparece

la incertidumbre en la mente del individuo la capacidad

de redención se encuentra implícita en sus acciones.

Magneto es una de las personas más cercanas al

Profesor X. A pesar de que sus divergencias de opinión les

llevaron a tomar caminos separados, ambos se profesan un

gran cariño y admiración, hay límites que no llegan a sobrepasar:

no se atacan directamente. Magnus se replantea el curso

de su existencia en el momento en el que casi mata a una

mutante adolescente, sintiendo remordimientos por llegar

a tal extremo, o al provocar la erupción de un volcán en represalia

a una ofensiva, pero hace que de tiempo a evacuar a

la población circundante antes de que la lava arrase la urbe.

Podríamos concluir por tanto apuntando que el

superhéroe nace de la necesidad de protección del hombre.

Mitos y deidades religiosas han sido suplantados por

la estética del color, la acción y las aventuras fantásticas

como evolución lógica adaptada a los cambios socioculturales.

Personajes como Superman forman parte ya del

inconsciente colectivo universal como epítome del Bien.

Cada persona necesita saber que una enti-

dad benévola, dadivosa y enérgica cuidará de ella si

acontecimientos oscuros así lo requieren. Las etapas

neblinosas, críticas y de transición son el caldo

de cultivo para la gestación de estas figuras.

La creación del héroe se sustenta en un conjunto

de las mejores características humanas magnificadas: extrema

inteligencia, manifestada en rasgos como la capacidad

de investigación y desarrollo de tecnología avanzada y eficiente,

altruismo, bondad o fuerza (ésta, que a priori podría

no ser considerada como algo bueno sí lo es en el momento

en el que se destina a luchar contra el mal y ofrecer protección

y defensa a los débiles), presentada como modo

de amedrentar a los villanos de pequeña y media escala.

De aquí podríamos inferir que la capacidad del

bien se encuentra latente en el ser humano. Pero también

el potencial de la corrupción y la desidia, esto es lo

que conduce en ocasiones a la realización de tropelías y

abusos varios en la escalada hacia la gloria y el poder efímeros.

La capacidad de control y decisión personal sobre

el camino a tomar en el devenir vital es lo que habrá de

determinar la vertiente heroica o villana de cada individuo

en su modo de conducirse en las actividades de lo cotidiano.


“te Puedes reír

muchísimo Viendo

las tertulias del

tdt Party”

EntrEvista a miGuel sáncheZ-romero, dirEctor dE El intErmEdio

Por Fernando d. Padilla

LA HISTORIA DEL PROGRAMA DE TELEVISIón EL InTERMEDIO ES PARALELA

a la de la cadena en la que se emite -La Sexta-. Comenzó con audiencias marginales y contenidos experimentales.

Creció gracias a una programación cuya estructura se apoyaba en tres grandes formatos:

Buenafuente, Sé lo que hicísteis y El Intermedio. De los tres, este programa de sátira es el único que queda en

pie. Aguantó firme un cambio de gobierno de consecuencias tan drásticas como las vividas y lo hicieron

posible instalándose -consciente o inconscientemente- como el único formato televisivo en el que avisaron

de lo que estaba por venir. Y acertaron de pleno, algo que ha hecho que El Intermedio haya ganado

aún más prestigio del que tenía. Nos instaron a resistir frente al fanatismo político y las desigualdades

sociales que de ello se genera. Hoy El Intermedio es un programa de culto, en el que -resignémonos a

afirmarlo- sí que se enumeran más verdades que en muchos informativos. Hablamos con su director,

Miguel Sánchez-Romero.

ya conocen las noticias, ahora... les contaremos

la verdad. ¿Es tan crítica la situación

de la calidad informativa en los medios?

Los medios no son ajenos a la enorme crisis que, en todos

los ámbitos, vive el país, pero la frase, más que definir

la situación del periodismo, define al programa.

Sus objetivos, la intención de contar las noticias de otra

manera. Es en sí misma un chiste. Nadie que se atribuya

de una manera tan tajante y global el estar en

posesión de la verdad merece ser tomado en serio.

¿Cómo nace el proyecto de El Intermedio allá por 2006?

Nació como un espacio semanal para analizar las noti-

cias y la forma de informar de los medios. La duración

era mucho mayor –eterna diría yo- y las secciones mucho

más largas. Ha mantenido gran parte de su espíritu

pero poco a poco se ha ido transformando en un

formato más clásico, un informativo de humor diario.

El programa ha evolucionado bastante desde

sus comienzos. ¿qué echa de menos de aquellos

principios, cuando era algo casi underground?

En realidad no echo nada de menos. Al contrario, hay ocasiones

en las que me gustaría haber tenido en ese tiempo

la audiencia que tenemos hoy porque hicimos cosas que

nos parecen que estuvieron muy bien. Pero se me pasa

enseguida cuando recuerdo otras que eran malísimas.

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En la última campaña promocional de El Intermedio

retratábais a Wyoming como un inusual último mohicano,

símbolo de la resistencia de los programas que

critican al Gobierno. ¿Preferís ser eso -por aquello de

no tener competencia- o echáis de menos algún formato

que os ayude a criticar la realidad española?

Desde la vertiente puramente comercial es como si le preguntas

al gerente de un Mercadona si le apetece que le

pongan al lado un Carrefour. Es verdad que en la televisión

de ámbito nacional no hay, actualmente, programas como

el nuestro, pero sí hay espacios que mezclan humor y crítica

en radio o prensa. Y, personalmente, me gusta que así

sea. Aunque, pensándolo bien, no es correcto decir que no

haya en televisión más programas de humor y crítica que

El Intermedio, te puedes reír muchísimo viendo las tertulias

políticas del TDT Party.

Su programa ha sido el único que ha resistido la caída

del resto de buques insignia de la cadena (Buenafuente,

SLqH...), ¿Dónde está el límite de El Intermedio,

qué le podría hacer parar?

Obviamente, malos datos de audiencia. Hacemos un programa

que nos gusta, y podemos hacerlo porque la audiencia,

hasta ahora, responde. El día que no tengamos buenos

datos tendremos que dejar de hacerlo. Esto es como el

fútbol, si el equipo no gana partidos se cambia al entrenador.

Con la sutil diferencia de que aquí se cambia a todo

el equipo.

Las polémicas con canales como IntereconomíaTV

-como el ya famoso caso de la becaria- constituyen

una importante página en la historia de El Intermedio.

Es un contenido televisivo más del programa que tuvo

una gran repercusión. Pretendíamos demostrar la falta de

rigor de algunos medios, que pretendidamente hacen periodismo,

a la hora de contrastar la veracidad o no de un

hecho. Bastaría con que se hubieran puesto en contacto

con nosotros para hacernos saber que tenían un vídeo, que

dadas las características de nuestro programa podría muy

bien reflejar el ensayo de un sketch o algo parecido, en el

que Wyoming maltrataba a una becaria. Hubiéramos tenido

que decirle que era falso porque, de no haberlo hecho,

hubiésemos sido nosotros los que habríamos actuado de

manera absolutamente indecente. Pero no lo hicieron. Y

me consta que hubo gente en la redacción de Más se perdió

en Cuba que avisó al periodista responsable de emitirlo de

que era muy posible que el vídeo no fuera real. Periodistas

de Intereconomía que tenían compañeros que habían

trabajado con Wyoming y que sabían que jamás se comportaría

de esa forma con ningún subordinado. El director


del programa antepuso su animadversión hacia nuestro espacio

y su presentador a la primera regla del periodismo:

contrastar una noticia.

Muchas personas verán incomprensible cómo el programa

no actuó contra esa cadena cuando se insultaba

personal y gratuitamente a profesionales como

Beatriz Montañez...

No se nos pasó por la cabeza. Preferimos contestar de manera

divertida dentro de nuestro programa.

Respecto a ese tipo de cadenas, que echan fuego por

la boca al hablar de El Intermedio: ¿se cumple aquella

premisa de que la mala publicidad también es

publicidad? ¿Le conviene al programa esa campaña

destructiva?

No hacemos El Intermedio para vivir de la controversia. No

creo que nos beneficie de ninguna manera el que en determinados

programas de otras cadenas se hable mal de

nosotros. Son un público minoritario y, además, sería absurdo

aspirar a conquistarlos. Yo creo que es más bien al

contrario: a ellos les molesta que saquemos sus opiniones

fuera de ese pequeño núcleo de adictos a la soflama y la

auténtica radicalidad. Se permiten el lujo de decir las barbaridades

que en ocasiones dicen porque saben que están

hechas para la clac, pero que cuando se exponen ante un

auditorio más sensato les dejan en muy mal lugar.

En Andalucía y Canarias se criticaron mucho los sketches

de la ETA andaluza y la canaria. ¿qué les diría a

aquellos que pusieron el grito en el cielo?

Discrepo. Fueron criticados vehementemente por una minoría

chillona mientras que una enorme mayoría se reía

con ellos. Personalmente no les diría nada porque estoy

convencido de que no llegaríamos a ningún acuerdo. Nosotros

hacemos un programa en clave de humor. Es verdad

que nadie está obligado a tener sentido del humor,

del mismo modo que nadie está obligado a ser forofo de

la pesca. Lo extraño es que no lo seas y te dediques a ver

Jara y Sedal.

¿Cuál fue el momento más duro que habéis tenido

que afrontar en el programa? y de los divertidos, ¿con

cuál se queda?

No recuerdo momentos duros que tengan que ver con el

trabajo habitual del programa. Momentos divertidos hay

muchos. Incluso momentos complicados que recuerdas

divertidamente. Como cuando, en un especial de Navidad,

trajimos un oso al plató. Algo de lo que Wyoming, como

cualquier persona sensata, no era muy partidario.

¿qué diferencia a El Intermedio de hoy del Caiga

quien Caiga de ayer?

Creo que son programas distintos que comparten el sentido

del humor como arma crítica. Caiga quien caiga es historia

de la televisión en España. Humildemente, nos gustaría

que, pasado el tiempo, se nos recordara con el cariño, en el

caso de CQC merecida veneración, con que se recuerda el

programa que dirigía Edu Arroyo.

Usted ha afirmado en alguna ocasión que los mejores

chistes se quedan en la reunión de escaleta. Aún así,

¿cree que el programa ha sobrepasado el límite de la

ofensa con algún comentario? ¿Le han dado alguna

vez un toque los de arriba?

La reunión de escaleta, en la que a primera hora de la mañana

seleccionamos los contenidos del programa, es un

acto íntimo donde uno se expresa con absoluta libertad

porque sabe que lo que dice solo tiene repercusión en el

ámbito de esa sala. Luego es normal y necesario aplicarle

a las ideas que allí nacen el filtro de la sensatez. No puedes

pretender dirigirte igual a un grupo de amigos de manera

privada que públicamente a dos millones de personas. Creo

que en siete años hemos mantenido un adecuado nivel de

respeto en la mayoría de los temas que hemos tratado. Por

poner un ejemplo, cualquiera de nuestras críticas a la Iglesia

será siempre mucho más respetuosa que la opinión de

un obispo definiendo la homosexualidad como “algo contra

natura”, definición que convierte automáticamente en

poco menos que monstruos a los homosexuales. Respecto

a los toques de “los de arriba”, no sé quiénes son. Debe de

ser porque nunca nos han dado uno.

Hay gente que no puede entender cómo El Intermedio

y medios como La Razón se hayan convertido,

tras la fusión con el Grupo Antena3, en primos hermanos...

Tal vez sea porque esperaban que tras la fusión alguno de

los dos desapareciera. Luego, habría que felicitar al Grupo

Antena3 por respetar la línea editorial de ambos.

¿Está hecho el programa para sus colaboradores o sus

miembros están hechos para El Intermedio?

Nadie puede dudar que este es un programa que no se

entendería sin la presencia de Wyoming como conductor.

A partir de ahí, digamos que intentamos que el programa

tenga estilo propio y que nadie se sienta incómodo dentro

de él.

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