1915, marzo. Año VI, nº 123. - Federacion Libertaria Argentina

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1915, marzo. Año VI, nº 123. - Federacion Libertaria Argentina

IDEAS Y FIGURAS

REVISTA SEM ANAL DE CRITICA Y ARTE

O fic in a s : TACUARÍ, 9 0 0 ______ ALBERTO GHIRALDO

DIRECTOR

Año VI * BUENOS AIRES, MARZO l«> DE 1915 • Número 12.?

N U E S T R O T E A T R O

QUIROGA

Ql IM A R I H . Compañía dram ática A rgentina. Inauguración de la-tem porada. Visión de arte. El triunfo (ínico. Nuestro teatro;

g « J IV IA n lV J I discurso por Alberto Ghirafdo. — A Camila Quiroga; C. Martínez Payva. — C arta de Inglaterra; Jorge Navarro

V/efa. Alemania debe ser vencida, IV. La cultura alem ana en la guerra; Juan E. Caru/fa. — Frente al gran crimen. Viento de proa;

Francisco R. Canosa. — La escoria; Fray Tinaja. — “Nnestros presos”. El caso de Héctor Marino. La voz del presidio.

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T E A T R O [ N A C I O N A L

C O R R IE N T E S 9 6 0 $ Unión Telef, 912. Libertad # B U E N O S AIRES

Cr ~

COMPAÑIA DRAMATICA ARGENTINA

TEMPORADA DE 1915

D I R E C T O R : ALBERTO GH1RALDO

Enrique García Velloso

Vicente Martínez Cuitiño

Julio Sánchez Garde 1/

José González Castillo

José de Maturan a

Alberto Weisbach

Maestro director y concertador: ARTU RO DE B A 5 5 I

Primer actor:

Elias fl li p Pi

Primera actriz de carácter;

Concepción flranaz

AUTORES:

Roberto Cayol

Luis éayón Herrera

Pedro E. Pico

Roberto J. Payró

Alberto Novión

Alberto Vaccarezza

ELENCO:

Primera actriz:

Camila Quiroga

Federico Hertens

Armando Discépolo

Eugenio Gerardo López

Carlos Schaefer Gallo

Rafael José de Rosa

Alberto Ghiraldo

Primera característica:

Aurelia Ferrer

Actrices: Camila Quiroga, Concepción Aranáz, Aurelia Ferrer, Angela Arguelles,

Livia Zapata, Rosa Susani, Juanita Mígales, Juana Baldrich, Aída

Medina.

Actores: Elias Alippi, Julio Escarcela, Enrique Zama, Héctor Quiroga, Francisco

Aranáz, Alberto- Vaccarezza, Armando Discépolo, José Sierra

de Luna, Luis Fagioli, Carlos de Paoli, Carlos Morganti, Migue! Coi-

ro, Enrique Bevacqua.

ESTREN O S :

De Alberto G hiraldo................ .. Los salvajes De L. Bayón H errera y C. Schae<

» * .......... .. Juan Ploreíra fer G allo .................................. La rubia del camino

De José González C astillo... .. El hijo de Agar De L. Bayón H errera y C. Schae-

De Enrique García V elloso... .. El zapato de cristal La farándula

» 24 horas dictador De Armando Diseépolo................ El vértigo

De José de /tatu ran a .............. .. Los conquistadores De Alberto Weisbach.................... El hija pródigo

De Alberto Novión.................... .. Los chucaros De A. Discépolo y R. J- de Rosa La cola de paja

De Federico M ertens................ .. El más hombre De E. G. y A. L ópez.................... Los maestros

De Alberto V accarezza............ .. La casa de los Bataiíanes De Fedro E P ico .......................... La colonia

-------------- R E P R I S E S : -------

De Florencio Sánchez: M’h(jo el dotor, La gringa, Barranca abajo. — De Gregorio de Laferrére: Las de Barranco. Bajo

la garra. — De Roberto J , Payró: Sobre las ruinas, Marco Severi. — De M artín Coronado: Salvador. — De Nicolás G ranada:

Al campo. — De Alberto Ghiraldo: Alma gaucha, La cruz, La columna de fuego. — De Enrique García Velloso: Fruta

picada, Eclipse de sol. —De José de Maturana: Caíición de primavera.—De Vicente Martínez Cuitiño; Los Colomblnl

— De Julio Sánchez Gardell: Las cam panas,--D e Federico A ertens: Las de enfrente.— De Roberto Cayol: El festín de

los lobos.— De Alberto Vaccarezza: Doña Remedios. — De Luis Bayón Herrera: Slripo, Sanios Uega. — De Alberto

Novión: Misia Pancha la Brava. — De Ernesto H errera: El león ciego. — De Armando Diseépolo: Entre el hierro. — De

Carlos Schaeíer Gallo: La trepadora —La novia''de- Zupay.

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Año VI Buenos Aires, Marzo 16 de 1915 Núm . 123

IbEflS Y FIQURñS

REVISTA SEMANAL DE CRITICA Y ARTE

O F IC IN A S : TACUAR1 900

ALBERTO GHIRALDO

DIRECTOR

Compañía Dramática Argentina

Inauguración de la temporada

Una conquista de la voluntad - Visión de arte * El triunfo único

Nuestro teatro - Discurso por Alberto Ghiraldo

Nueva p a ra nuestra urbe, pero vieja ilusión que al

fin robra expresión y form a viva, p a ra nosotros, la

"«ble y grande em presa


ves escenas p a ra que el espectador domine la situ a ­

ción : él, un industrial recto y sincero, apegado a su

zapatería v a sus viejas y sencillas costum bres; ella,

una caprichosa m u jer do hom bre rico que delira por

el g ran m undo, el flirt y la moda. Don P ietro le re ­

conviene duram ente; ella le contesta, y en voz b aja

para que no oiga una d ie n te que llega, se separan

violentam ente:

— “ ¡Va via, va v í a ! ” “ ¡Gringo, g r in g o ! "

T ras la cliente aparece don A ntonio, padre de M ariana,

fig u ra dolorosa de la comedia, gastado p o r el

alcohol y los interm inables trasnocliam ientos en tunas

y garitos.

Casualm ente liace tres días que fa lta y presto se

sabe que los ha pasado huyendo de la ‘policía, a raíz

del apresam iento colectivo que se ha hecho de Tina venerable

asociación de jugadores que él presidía. Don

Pietro lo llam a al buen cam ino, le pide que vuelva por

su pasada d ig nidad; el viejo caudillo de O lavarría,

empobrecido en las luchas políticas y degenerado des-

¡wiés en las carpetas, prom ete débilm ente reform arse.

L a promesa es pretexto para sacarle al yerno tre in ­

ta pesos que em pleará, en apariencia, 'en el rescate de

1111 sobretodo empeñado. “ P lo rip ó n ” y “ P isto le te ”

serán, en realidad, los que d istraig an esa p lata. Vaso

el industrial y a poco llega Z arate, am ante de M ariana;

encuentra a ésta en la zapatería, vibrante aún a

efecto de un diálogo sentim ental sostenido con el p a ­

dre. Despachado el dependiente con la excusa de unas

llores que debe de traer, M ariana habla con alguna

acritud a su am ante. “ Te he esjierado dos horas m etida

en un autom óvil” . L a respuesta de Z arote es

desconcertante: viene a avisarle que la Sorel, cocot.te

ducha con la que él ha m antenido íntim as relaciones,

celosa ahora por sus nuevos amores ha ido a su dom icilio

y luego de reg istrar todo se ha llevado sus cartas

de amor. “ Me am enaza con revelarle todo a tu m arido

si no le entrego tO.OflO fran c o s” . L a angustia es

inenarrable. jQ ué hacer? ¡Oh! P ila salvará la situ a ­

ción: el dinero que el am ante no halla por ningún

lado lo h allará la m u jer desesperada en las arcas nn. Don P ietro no cree a su m u jer capaz de ello:

el presunto ladrón es Ml< el viejo Antonio que ha

entrado antes de irse a la pieza donde está la caia.

El acto term ina con una terrib le am enaza de Don

P ie tro : el ladrón ha sido tino de la casa, pero sea

quien sea, la policía dará con él. P1 robo será c astigarlo

aunque caiga la vergüenza sobre toda la fam ilia.

El segundo acto se desarrolla en e.l restau ránt que

Bergerac ha elegido nara el agape excepcional con

une obsequia a doña Pilo e h ijas. “Realízase esa m isma

noche el banquete de despedida de la vida de

soltero de un ilustre calavera. C hicagorri. uno de los

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concurrentes, espeta un despam panante discurso y eí

púglico ríe satisfecho an te la fig u ra caricaturesca «Ir

aquel enfatuado orador tan común al medio.

T/legan en esto Z árate y B ergerac: consultan la situación

y este últim o sale en busca de un cantaor

andaluz que debe do .am enizar la cena. A poco entra

Don A ntonio: se sienta, y p reg u n ta por Bergerac;

descubierto por uno de los doctores del banquete, iniciase

un diálogo que nos pone en relación con su íntim

a vida de p arrandas y juegos. "Rechaza un asiento

en la cálida mesa y b a ja al b a r a insistencia del

patrón, que no lo ju zg a persona conveniente en aquel

salón. A rrastrado por D oña Pilo y sus hijas, aparece

M ariana y Je n a ra . Z árate las inicia en todos aqne

líos m isteriosos hábitos de la casa. En un m om ento

propicio, M ariana da a su am ante los 5.000 $ exigidos

por la Sorel. Beodo ya, Don A ntonio vuelve :i

su b ir: viene a im ponerse a B ergerac, que le adeuda

dinero. — “ O me p aga o le abro la b a rrig a ” . — En

el banquete de despedida h a dado o tra nota de franca

comicidad el discurso m elifluo do un infortunado

a mtien le han destrozado un ojo con un pan.

A paso apresurado llega B ergerac. Don Antonio

lo detiene: quiere cine le pague, y las disculpas del

otro no consignen otra cosa que exasperarle. En vins

de insultos B ergerac se le echa encima, originando nn

pugilato que trunca la intervención de Z árate y el

patrón de casa. P enetran a su departam ento invitados

e in v itante y llega- la Sorel. T ras ésta, Mignon,

que ha dejado intrigado a Don P ietro y confía en

que vendrá. Poco se hace esperar el zap atero : entra

asom brado; la casa, el lujo, el ruido de las orgías

interiores, los espejos, las mismas m ujeres que alli

cobran todo su fa ta l hechizo. Sereno ya, nn ‘llano y

sincero razonam iento le hace percibir en form a ridicula

aquellos extraños gustos y locos despilfarro?.

La juventud que se arru in a y envilece, los pobres viejos

que estarán “ trab aca que trab aca m ientra lo chico

guasta que te g u a s ta ” .

L as cocotes no entienden de estas cosas, y afanosas

por su o b jete capital, el dinero, le fuerzan a beber

y a com partir la mesa desbordante


momento «le una poderosa influencia m oral. El espectador

calla y siente: es decir, piensa.

Kl torcer neto se desarrolla en la zap atería, lugar

ii(-.i primer», lis inedia noche; Don P ietro , como un

visitante.furtivo, p enetra en su negocio ilum inándose

:on mi fósforo. M arcela, que ha poco ha despedido a

-u novio H um berto, es requerida por Don Pie tro. La

i-cna m onstruosa y el disgusto que le precediera le

luin enfermado.

l’ide remedios: está incóm odo; el recuerdo del ro-

Iid. I:i ausencia de M ariana que todavía no lia vuelto,

todo le irrita ; suda hieilo como gráficam ente dice.

Hogi»!n'indose halla ile pronto- la c artera agena. “ Kl

bolsillo de la lran cesa . ¡Olí! se lo irá a llevar. En

¡a puerta se detiene; llam ará por teléfono: habla,

nadie contesta; el m alestar y las insistencias de Atar-

tela para que tome algo que le tonifique le concluyen

ilo m ortificar. E n un in stante de curiosidad resuelve

investigar el in terio r de aquella c a rte ra : lápiz, podvo,

|i¡qiel de seda, y en tre estas b a ra tija s lo inesperado:

un sobre de su casa. ¡Olí, cielos! ¡Qué es aquello!

¿Quién lo lia llevado allí# L a obsesión .lo em barga y

registra el sobre. L a duda y el espanto’ le co n tu rb an;

allí, ¡inte sus ojos, oprim idos por sus dedos, .están los

j.tiiK» $ desaparecidos de la caja. Tem iendo haberse

enloquecido llama a M arcela, la verdad es incontrovertible:

.el dinero ha vuelto a sus manos “ como por

arte de eucautaiiiioiito” . L a llegada de M ariana corla

el diálogo: “ ni una palabra, M.areeJa, ni una p a ­

labra". Don Piet.ro p en etra a las habitaciones interiores;

M ariana al negocio. En pocas frases cam biadas,

Marcela m enta, a su herm ana todo lo que pasa.

El terror imprevisto de M ariana la hace palidecer.

"¡Acaso t ú ? " ¡AJi, no! ella robarle a su m a rid o ...

eso es un insulto.

Fronte a fren te de Don P ietro la escena de negación

so repite: ella no sa.be nada, 110 prevé nada. F o rjada

a mía explicación por la« agravantes presun-

ciosus que su m arido acum ula en contra de su padre

Don Antonio, ella so abroga casi la responsabilidad

¡le! delito. Pero entonces es el esposo fiel y cariñoso

quien quiere disculparla. No, su m u jer es incapaz do

semejante cosa: « g u io está que por salvar a su p a ­

riré en capaz do ofrecerse a su perdón a costa de su

ilfsjuceio. Unos golpes en la p u erta distraen su a te n ­

ción. ¿Quién sera? Acaso la Sorel que viene por su

cartera: abre la p u erta y una trom ba sollozante

|«-n:'tia arrollándolo todo: es Kilo, inconsolable y de>

«perada que ab raza a quien halla por delante, le vomita

en el rostro su infortunio y le estrangula cou los

los poderosos brazos que le echa al cuello. L a acom ­

paña (¡enara y Z arate. L a comicidad de la escena (pie

so produce aquí es de notable fuerza.

Asfixiada por el corsé, Pilo es a rra stra d a hacia

¡ulrulro, se m uere: preciso os trae r uu médico. Don

l’ietro silva de ira, pero G enara se lo pide de ro d illas:

se decide al fin y paTte en busca del galeno,

mas 1111 sin haber puesto en la c aja de hierro bajo

ilohle llave la c artera del conflicto.

Holos M ariana y Z árate, la dolorosa explicación le

revela el peligró enorme a qué están abocados. Allí

a pocos pasos, en Ja c a ja in fausta, e stá ol dinero y

lo m ás terrib le aúu, los papeles, las c a rta s de olla.

Z árate in tenta fo rzar la caja, pero imposible: aquello

es una mole de acero que no cederá jam ás,

Vuelven a golpear en la p u e rta ; la bocina del auto

y la voz de la Sorel le anuncian la proxim idad de

la catástrofe. Z árate prom ete solucionar el asunto, y

obliga a M ariana a dejarlo solo. L a ambición de la

cocote no se detiene en prom esas: el ju eg o de p alab ras

110 la convence: quiere su dinero y nada más. Si Don

P'ietro no está, ella le esperará. M ariana, que oye esta

resolución, salo y con la angustia reflejad a en los a d e ­

m anes le pide que acceda. A cepta la Sorel vencida a n ­

te aquel dolor y resuelve venir así que el zapatero re-

tovne. Quedará en el auto y cuando aquel vuelva lo

ex;giráu la cartera sin darle tiem po a que lea las c artas.

Z árate d eja 1111 momento a M arian a: va en ayuda

de Filo. D 011 Antonio llega de la calle y se encuentra

cou su h ija . Sabe del rapto de C laudina y presum e que

su infeliz m adre debe estar allí. El estado de M ariana

es horrible; ella lo mide en toda su intonsidad. ¿Qué

dirá a su m arido cuando vengan esas m ujores fatales?

En 1111 arranque de desesperación so a rro ja a los pies

de su padre y le cuenta todo. E stá perdida, perdida

p a ta siem pre: 61 es su padre, su único am paro, él debe

de salvarla. “ [Sálvem e viejo, sálvem e” . Don Pietro,

que llega acom pañado del doctor, poue fin a esta emocionante

escena. P asa ei médico acom pañado de M ariana

hacia donde está la enferm a y el industria!

indignado se encara con su suegro: “ ¡Qué hace aquí,

ladro, ladro»*’ La an g u stia del anciano inocente, su

resto de probidad puesto en aquella espantosa prüeba

quiere rebelarse: “ ¡N o, 110! ’' Se alza altivo, quiere

hablar, pero lo que ten d ría que decir es superior a lo

que lo hiere y eae de rodillas pidiendo clem encia:

“ ¡P o r m is h ijas, p or mis h ija s ! ” . La Sorel llega 011

esto : Don Pietro abre la c aja y yendo a su suegro

le entroga la c artera con el dinero p a ra que él mismo

restituya aquello que él supone ha robado. L a tem ­

blorosa mano del viejo enclenque toma el bolsillo

y lo p asa; el fu ro r del yerno estalla entonces y lo

a rro ja de a llí: “ ¡V aya usted tam bién, vaya con ellas,

ladro, la d r o ! ” . El horror de esta situación enloquece

al anciano. M ariana se abraza a él y en m edio del

espanto do esa trag e d ia de alm as, el telón cae.

La comedia ha term inado de una em ocionante m anera.

El corazón se expansiona: en breves viuutos se

lian vivido años. La habilidad del com ediógrafo triu n fa

en el público, líl teatro tiem bla por la salva de a p la u ­

sos y entonces creemos en verdad que la a lta comedia,

ten d rá, tiene aquí sus representantes.

N o menos notable es el triu n fo interpretativo. Alip-

I■ i oh Z árate, cEsarcola en Don Pietro, la señora Qni-

roga en M ariana, la F errer en Filo, la Susani en Sorel,

la A ranaz en Mignoit, Lam as en Don Antonio.

Q uiroga, Di Paoii y todos los que en el ‘ ‘ Z apato de

Cristi*!” han trab ajado, dieron realce a sus papeles,

dem ostrando hhí la« propias cualidades y ol orden homogéneo

que reina en la compañía.

“Nuestro teatro”, C onferencia por A lberto G hiraldo

Desde los sim ples tablndillos griegos, levantados en

tiempo de vendim ia bajo la som bra do los em parrados,

en las pintorescas y bulliciosas fiestas dionisíacas,

¡asando por los edificios construidos ya especialm ente

cu la vertiente de las colinas, para contener a los

públicos aun prim itivos qu-s contem plaron los prim eros

poemas escénicos no conservados por la tradición,

■lasta las form idables construcciones m odernas denominadas

teatros, o sea- sitios o lugares 011 que se e je ­

cuta una cosa a vista de numeroso concurso, según la

definición académ ica, existe el más curioso e im portante

proceso por el cual haya atravesado una ram a

fundamental del arte, que si no lia llegado aun al su-

nium de su progreso lia adelantado, puedo afirm arse,

tanto como ninguna.

Xo es este el sitio, el sitio sí, m ás propiam ente

dicho, el momento, de ofreceros una disertación sobre

lan interesante tem a, ya que solo puedo reclam ar hoy

vuestra atención p ara hablaros de nuexlro I ¡otro o,

m ejor aún, para hablaros ero mal a p licada,

es decir, hombres que sin entusiasm os artístico«

han descuidado todo lo que 110 fu e ra objetivo de lucro

en detrim ento inm ediato de nuestros ideales.

N adie se ofenda ni a nadie asom bre que, comerciantes

al fin , es decir, interm ediarios e n tre productores

y consum idores o sea entre autores, actores

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y público, creados por el am biente, huyan sido en de-

term inado espacio ue tiem po, los arb itro s -capitalista*

de una o b la tau liermosa. Malos á rb itro s por cierto

que lian llevado h asta el borde de un precipicio el

espléndido esfuerzo de una generación de hom bres de

arte y de lucha, He de hablar claro una ve?. m ás a u n ­

que sin rencores para, nadie, porque así lo exigen las

cireunstane.as y poique así cuadra a ini m odalidad

combativa. Firm es, pues, sin titubeos en el corazón

ni en el labio, ahí van m is cuatro p alabras que alguien

ha creído im prescindibles esta noche.

E 11 la form ación de nuestro teatro ,—y a lo d ije en

o tra oportunidad,— lian contribuido tres facto res im ­

portantísim os: los autores, naturalm ente, es decir,

el trigo, lu m ateria p rim a; los actores o sea el agua

con que se mezcló la m asa; y el público que dió el

calor de horno en que se hizo la cocción de tan sabro-

m > pan de arte. Ahora bien, atraído por el negocio, sin

otra, m ira que de la usura inm ediata, — y aquí lo del

producto am biente a que lie hecho referencia — su rgió

entre los factores m encionados la fig u ra obligada

uel em presario capitalista. T riste figura en verdad

cuyo papel lia sido en todos los tiem pos la de e n te rra ­

dor de ideales y que hoy ya vive entre nosotros usufructuando

a los m u e rto s...

1-Moroso pero necesario es decirlo: en manos del

em presario, ciego y torpe, fu é a ra er el destino de

nuestro teatro. Y en manos del em presario, ciego y

torpe, ha estado a punto de n a u fra g a r la g rande obra

iniciada por esforzados precursores, algunos de los

cuales, precediéndonos, han caído p a ra siem pre, sin

poder llevar en la m irada ató n ita la visión del campo

fecundado y florecido.

Bien, pues! N uestra obra, la obra de este grupo de

productores a cuyo fren te estoy yo como pudiera estarlo

cualquier otro, como lo estará m añana, eB la

de arrancar de las manos ciegas y torpes el destino

de una obra que es hoy una hermosa realidad. Vale

decir que este gesto nuestro aspira a ser la afirm ación

definitiva de algo que existe por virtud propia, por

m érito exclusivo, por derecho de conquista, herm osa

y noble conquista donde sólo se h a den-amado la sangre

generosa y fecunda de nobles y altísim os espíritus.

Ile de decirlo con la convicción que rae a n im a : la

form ación de nuestro teatro, esto que ha dado en lia

m arse teatro nacional o teatro argentino, es una obra

sin- precedente en la historia de las demás naciones

contem poráneas, lie aquí, pues, que un pueblo sin

tradición a rtística, sin academ ias, sin apoyo de los

poderes constituidos, en medio de !a indiferencia de

las clases pudientes, ha form ado solo, educándose mu

tuainente, estim ulándose con la observación directa

de la. vida, aguzando sus sentidos h asta lo imponde

rabie, lia form ado digo, 1111 teatro, un verdadero teatro

que es hoy nuestro orgullo más legítim o y que

lia de ser m añana nuestra gloria.

N ada más expontáneo en la vida del a rte que esos

autores y actores que han surgido a nuestro lado, desde

Florencio Sánchez, el genial canillita, cayendo des

de las cuchillas uruguayas a un tablado escénico de

Rosario, nuestra ciudad litoral, h asta los prim eros actores

criollos cubriendo con una p arábola de acró b atas,

en form idable salto m ortal y a trav és del aro

incendiado, el espacio que m edia desde la arena del

circo a las prim eras salas de espectáculos de nuestra

gran ciudad.

liem os de preguntarnos siem pre, y el asom bro ha

de seguir en aum ento a m edida que los años pasen,

en qué am biente y con qué m aestros se han desarrollado

y lian aprendido esos actores ayer analfa.be.tos,

danzantes de piringundines suburbanos unos, mucha-

nlios traviesos, sin más educación que la de la cali.'1

otros, y hoy queridos y adm irados por un público, in ­

teligente que los ha estim ulado, acom pañado y se

guido en una tray ecto ria de luz que ea la del teatro

mismo.

Hay quienes aun niegan la im portancia de este movimiento.

Y es entonces cuando haciendo uso de un

si mil tan vulgar como gráfico, se me ocurre pensar

que a nosotros nos acontece lo qué a los v iajero s de

1111 tren que no pueden apreciar debidam ente la velo

cidad de la m archa.

Sin em bargo ue de detenerm e un momento eu csti-

punto p a ra u e ja r constancia -de los uegadores.

E n nuigiin p ais moderno insisto, se lia realizado una

obra como ia de nuestro teatro. Con el asombro de los

eruditos baratos, sin alm a y sin em puje, surge, en

realidad, sobre las arenas del circo, ai)á, cuando una

lam ilia de acróbatas, inspirada por un peregrino ingenio,

lo inicia con la pantom im a pintoresca y dram

ática, donde, entre los fogonazos hom icidas do las

arm as legales, fu lg u ra, con resplandores soberbios,

la daga vengadora del héroe popular.

E stim ulado por el éxito el peregrino ingenio, cuyo

triu n fo en el rom ance constituía ya una realidad,

negada tam bién por los eru d ito s baratos sin alma y

sin em puje, pensó un d ía 011 hacer h ablar a los personajes

de su pantom im a y hete aquí el prim er éxito

w iu anero de público, alcanzado por una obra escénica

argentina. Es, pues, la arena del circo, entre nosotros,

lo que el sim ple labladillo levantado en época

de vendim ia bajo la som bra de los em parrados, allá,

en la liélad e arm oniosa, cuna inm ortal del arte. Siguí;

p o r algún tiem po siendo ia aren a dei circo el escenario

obligado de los prim eros autores, hasta que uu

día glorioso se produce el trasp lante estupendo y mag

nítico, el salto m ortal a través del aro de fuego desde

la arena al tablado, el payaso se transform a eu actor

y el au to r de pantom im as, oscuro y sin relieve, en verdadero

hombre de a rte . T al es, a grandes rasgos, Ih

evolución sin precedentes del te a tro argentino.

Ahora bien, ju sto es decirlo, y perm itidm e que

m achaque sobre el punto. EBte movimiento lia carecido

del estím ulo de los gobiernos y de los hombros

que han pasado por orientadores de m ultitudes’. Solo

el pueblo, con intuición m aravillosa, le prestó ayuda,

l.e dió desde su nacim iento, el estím ulo -de su entn

siasnio y el calor de su sentim iento. Lo acompañó con

su sim patía y hoy lo prem ia con la esplendidez de. su

aplauso.

lín tanto, pedante hay, erudito a la violeta o huero

retórico, que aun* urira con indiferencia y h asta con

desprecio la obra del teatro argentino, que nada ni

nadie podrá ya detener en su ascensión prodigiosa.

Eri tan to pedante hubo que m iró eou indiferencia

y lmsta con desprecio la o b ra m agnífica, bien es cierto

que cam biara -de opinión cuando vió que era posi

ble sacar ta ja d a de alguno de sus renglones finan

r-ieros,

Y queden como escritas con fuego estas palabras

para vergüenza de uegadores!

A hora perm itidm e que os diga algo sobre el criterio

orientador de la em presa a rtístic a encom endada a mi

cuidado. Puedo afirm ar, sin que ello sea aventurado,

que es este eu realidad el prim er negocio,— tolerad

el vocablo en gracia a su elasticidad— el prim er negó

c.io teatral, digo, que se realiza entre nosotros eon un

plan definido, con un program a verdadero, apuntado

ya en nuestro cartel anuncio que alguien ha denominado

como cartel de desafío. Lo es, dentro siempre del

terreno del arte.

Pretendem os dem ostrar de una m anera indiscutible

que el teatro nacional existe en la m ás lata acepción

de la frase, form ando una -compañía con autores, elen

co y repertorio.

E sto no equivale a decir que cerremos las puertas

a ninguna inteligencia. Aquí no se p reguntará a nadie

quién es ni de dónde viene, si viene y es con talento,

pero lo que yo aseguro que no se h ará nunca e?

■echar a ro d ar sobre la escena, a tontas y a locas,

desconcertando y desorientando al público y a la

crítica, los adefesios, baldón -del a rte y de la idea,

con que nos ha brindado hasta hoy ta n ta empresa

ciega y torpe, im pulsada únicam ente por el incentivo

de la ganancia.

Queremos arrancar de m anos ineptas o corrompí

das, p a ra hacerlo revivir dignam ente en las nuestras,

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’t acervo sagrado de nuestro teatro , en nom bre del

respeto debido al ¡irte y forno coneient.es continuadores

tle una obra iniciada fon la fe, el entusiasm o v

amor do las grandes causas.

Sabemos que arrojam os sobre nuestras espaldas

mui enorme responsabilidad pero, con la. energía y el

valor de siempre, arrancam os con ella, resueltos a en-

S eñora:

la de las m anos• liliales,

libias, p uras, radiosas, casi iguales

a las ¡inmarcesibles de Eleonora.

S eñora:

la de los ojos negros y profundos

donde vagan las som bras m isteriosas

ile quien sabe que cosas

fabulosas y arcanas de otros mundos.

S eñora:

■a del rostro complejo

en el que se reflejan fu gitivas

romo en la faz cam biante de un espejo

m uertas pasiones y pasiones vivas.

Señora:

la de la boca cálida, sangrante,

roja, prieta, nerviosa, sibilina,

temblorosa, anhelosa e incitante

como un vaso de alcohol o de m orfina.

Señora:

la que el tu rb ad o corazón nos hieres

cuando vernos gem ir de angustias quieres.

Magnífica idealista

que serás entre todas las m ujeres

la. m ujer más m ujer y más a rtista.

A Alberto Ghiraldo

Mi estim ado am igo:

A Camila Quiroga

Carta de Inglaterra

Buenos A/res

B righton, de febrero 1915.

iJiucte que K ropotkin escribió su histórica c arta ai

profesor G. S teffcn , los revolucionarlos se han divídalo

en dos bandos. K ropotkin sostiene la necesidad

pata los p acifistas de volverse beligerantes en el

presente caso, p ara concluir con el m ilitarism o p ru ­

siano y, aún en los países neutrales, si h a de liabe?

agitación, que ella sea en favor de la Europa occidental

■— de F rancia e In g laterra — depositar,ia de

la lil ertad y de la civilización conquistadas hasta

boy.

Xo es exacto, como se ha afirm ado en IDEAS Y F l-

r.mtAS, que M alatesta se halle de acuerdo. P o r el

mntiario, ha atacado am argam ente la idea del gran

patriarca — la más clara inteligencia con que puede

contar el anarquism o, — y con M alatesta han estado

también A lejandro Berekm ann, en K orte América,

Fierre M onatte, Pedro E steve y . . . “ La P ro te s ta ”

entre nosotros.

Se ha llegado a las palabras gruesas, llam ando

“ traidor a la c a u s a ” a ese venerable anciano cuya

vidii. es 1111 ejem plo de desinterés y de sacrificio y

cuyas ideas 110 son de hoy, al declarar«? la guerra,

sino que viene predicándolas de muchos años atrás.

"N o tre enemi c ’est notre m a ítre ” estab a bien,

como lo puso el buen padre L a Fontaine, en la m ente

t-rGgar a la noble obra todo el esfuerzo de que somos

capaces, sacrificando en su obsequio desde el prim er

instante de sociego h asta la propia vida. Y convencidos

quedam os de que cuando así se lu d ia el triunfo

ag u ard a siempre. N osotros triunfarem os!

A lberto Ghiraldo.

P ro h ijad a mimosa de Talla,

que en lo poco que llevas dem ostrado

ver nos has hecho que en tu pedio había

el encanto, la g r a d a y la energía

que tan to liemos deseado y esperado.

A modo de un cordaje prodigioso

en esa voz que tu ambición sustenta

es un soplo el acento cariñoso

y el eco del dolor uná torm enta.

1.a noble indisciplina

de ese tu cuerpo de prom esas lleno

te .hace a veces fa tíd ica y felina,

débil, m ártir o trág ica heroína,

luz del am or o filtro del veneno.

Como una llam arada

de g lo ria en nuestra escena te despeñas.

Has nacido y estás p redestinada

p a ra ser lo que ni aún tu m isma sueña*.

No han plasm ado tus gestos todavía

rodas las form as de tu ciencia arcana

pero acaso no esté lejano el día

en que pises m agnífica y b ravia

el lomo hirsuto de la fiera hum ana.

C. M artínez Po.ym.

de un borrico cuyo destino era seguirlo siendo, vale

decir cargando y recibiendo palos: muy poco honor se

hace quien adopta ta l lema, pues si algo hay valioso-]

en la revolución social es su m archa nacía el progreso, ¡

nac.a el d ejar de ser burros de carga y de intelecto,

P ara esos ilusos, p ara esos efervescentes cuya única '

idea es cocear, a riesgo de c-ambiar el suave yugo de

la F rancia dem ocrática o de la libre In g laterra —

asilo hospitalario de t.odos los caídos en la lucha —

por el áspero y b ru tal de la Alem ania, los franceses,

con su hab itu al espiritualidad, han encontrado un

adm irable calificativo: el de “ pa-u-m’enfichistes’

Y, sin em bargo, Pedro E steve debiera recordar algo

de la m anera alem ana volviendo sus ojos al pasado.

B ra en 1891, en el Congreso Internacional Obrero de

B ruselas: la mesa de una de sus secciones, presidida

por el belga Gom pertz, 1« componían Singer, Bebel,

Jjiebceeht (el padre del actual d ip u tado), Leonor

M arx (lim e . E v elin g ), el helga Volders y el austríaco

Adler. Ju stam en te T árrid a del M ármol, uno de los

buenos am igos de K ropotkin, capaz de comprender la

elevación de sus ideales, y Pedro Esteve, representantes

de E spaña, fueron brutalm ente expulsados del

Congreso por esa m esa genuinam ente alem ana por

h a le r presentado una moción antim ilita rista abierta

y franca!

A hora iea usted el instructivo ‘ ‘libro ro jo ” de

A u stria H ungría, donde el em bajador ante la corte

rusa, conde Szapary, declara,' refiriéndose a Servia,

que su gobierno “ solo desea proteg'er al país contra

agitaciones revolucionarias e x tra n je ra s ” . Vea usted

« 1 el libro am arillo francés (apéndice V ) el tele­

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gram a clol K aiser a N icolás I I fecha 28 de julio, en

el cual ocurre la siguiente íra s e : “ Indudablem ente

estará usted de acuerdo en que ambos, usted tan to

como yo, y todos los demás -soberanos, tenem os ün

común interés en in sistir eu que todos aquellos que

sean responsables de este horrible asesinato (el del

archiduque francisco F ernando de A u stria ) sufran

su merecido castigo-'

Si así se expresan Jos em peradores aliados, — los

aliados del S ultán! — en su correspondencia diplomatic»,

buena suerte les espera a los partid o s a v an ­

zados con un triu n fo germ ánico! I p a ra qué habrán

servido entonces' los sacrificios populares de las

grandes revoluciones francesas?

A fortunadam ente los misinos ofuscados del prim er

momento van ya dándose cuenta de las circunstancias

y cayendo de acuerdo con K ropotkin en que a la

Desde sus comienzos la g u e rra actual se ha señalado

por la inaudita barbarie desplegada por los

com batientes de la p a rte germ ana. E l m undo entero

se pasmó de asom bro y de horror ante el espectáculo

de la avalancha destructora y hom icida que se abatió

sobre la población civil de B élgica prim ero y de F ra n ­

cia después. No obstante que era un hecho b '.eu comprobado

el del desequilibrio de la conciencia nacional

alem ana, que auu 110 h a logrado adap tarse com pletamente

a las norm as superiores de la convivencia y

cultura sue rigen la vida de los pueblos occidentales y

m editerráneos de E uropa — defecto de integración

en tre lo interno y lo externo, lo subjetivo y lo o bjetivo

que se ha denominado exactam ente, p a ra el caso,

con el térm ino b arb arie— ; no obstante que los conocedores

del alm a de aquel pueblo, en tre los cuales se

destacan algunos de sus m ás altos intelectuales del

pasado: Niest-clic, Ileino, Schopenhauer, etc., nos h abían

dem ostrado con ¡lovantables argum entos que el

país del este del lihin constituía, con su sistem a auto-

crátlco de gobierno y la fa lta de cualidades civiles d e'

su num erosa población, el m ayor peligro que acechaba

a la civilización y no obstante por fin los antecedentes

políticos y -coloniajes de la A lem ania prusiani-

zada de estos últim os decenios, la hum anidad no pudo

presenciar sin un • gesto incontenible de repugnancia

los hechos


Iialcrle fracasado su p iratería contra el comercio di*

lus enemigos, lia culm inado sil ilTespctuosidad hacía-

¡•I derecho ilo gentes, con sus propósitos — propósitos

ú‘!i/-iiu1111 fallidas — do persecución al comercio neu-

irn! y cim ol procedim iento irrita n te do hundir los

navios mercantes sin previo aviso.

Aluiru liion, ¡qué civilización y qué cultu ra son

cmis que vienen a resucitar on el inundo los más fieros

atavismos de destrucción y de m uerte? ¡Q ué eivil i -

íaclón y qué cultera es la que lia cnnvort.do a una

nación on un cuartel y a su pnelilo en un ejército

¡•olosalt

Decididamente los defensores de esla cultu ra, cada

■!ia en menor número, 011 los países neutrales, deben

ct»T ofuscados.

¡(¿lié es la cultura sino 1111 estado de arm onía superior

entre los sentim ientos y la sabiduría, en el cual

hi animalidad desciende a planos inferiores? L a cul­

bus que con m ás conviecióu que años de lucha, hornos

roto lanzas anatem atizando la acción negativa de

si mulliría revolucionaria; los que fronte a la figura

augusta del viejo Kropot.kine liemos levantado mies-

tm voz condenando su actitud, no lo hacemos como

migares censores que en nadie encuentran Cristos

bastante puros que los represente, sino con el dolor

angustioso de una herida abierta, con el dolor i»

•memo de tener que observar al m aestro — m ás

aún — al padre, — m ás todavía — al hermano.

Inútil os que pretendan anularnos exponiéndonos la

¡■iirezn de su alm a y la fecundidad de su obra. No es

»i su obra ni su vida la. que se discute; es el con-

tqito. Ks el concepto aquel, que lia lieelio queb ran tar

convicciones, dar trasp iés al proletariado, que lia dado

un nombre para que el “ chauvinism o” burgués lo

«¡ilote, y que lia gestado la duda en el pueblo pacifista

y la ’zozobra 011 el p ro letariado m ilitante.

Aceptar íiicoiidicionalinentc ol criterio de 1111 pen

Milur; rehusar voluntariam ente al análisis de 1111 con-

,t]i!u — aún cuando quien lo om ita sea el hom bre a

ijtien más fe tengam os — es sencillam ente negarnos

[KTíunalidail y som eternos a un nuevo orden de e.-cla

vir.nl, creando a la vez un nuevo despotism o: ol des-

|i:¡:ism» do los intelectuales.

Desliguémonos del prejuicio do las “ fig u ra s ” , i 11

dqienclicéimmos de la influencia del “ n o m b re ", y

¡reptemos o 110 ol concepto, 110 por quien lo om ita y

.■i-(isten¡>a. sino por la verdad que encierra y la utili

ilad que alcanza.

V nos califica de “ plebe in telectu al” , se amplía

ir. roncopto v se subraya 1111 párrafo, para decirnos

(¡110 un mis damos cuenta exacta da la realidad. Pues

liicii, la realidad, la podemos juzgar desde dos puntos

de v'sta, que pueden llevarnos a. conclusiones opuestas,

si !¡i realidad la. juzgam os desde el punto do vista

individual, on la vida no hay más realidad que núes

tro "v ii” personal y 'para nosotros solo es verdad

1# que como tal conceptuamos. Y si la realidad la ju z ­

gamos con ol objetivo común, aceptando como tal la

que sanciona ol m ayor número, fu era de la realidad

vive toil» individuo que 110 se aviene 011 1111 todo al

rrilerio común. ¡ Vivir fuera do la re a lid a d ? ... ¡B ali!

i« un sambenito que en el escalafón ideológico el ro-

Rojido siempre lia pretendido colgarle al que va más

allá ile sus concepciones filosóficas.

Y para convencernos de nuestro erro r — admitien-

in qnff 011 él estam os — sobran los calificativos y

está demás citar arb itrariam ente el nombre de figu

ras augustas. Lo prim ero, a nada conducie, y lo segundo.

los hechos se encargan de desvirtuarlo. Ma-

laresta — tan grande como el que más, — es m entira

i);h> está 011 favor do la guerra- En 1111 arranque do

brusca sinceridad, lia dicho: “ Los defensores de la

Frente al gran crimen

Viento de proa

tura es el índice del adelanto de los pueblos y de los

individuos y es condición y consecuencia, al mismo

tien.po, de 1111 m ayor bienestar.

Mi galardón actual lo coiisl.ituye el bloque de ideas

h um anitarias v lib ertarias que, después de infinitas

y sangrientas luchas, las m inorías han logrado ini

poner en el mundo.

l.'n pueblo que so considere civilizado y culto no

puf-de perder en una llora los atrib u to s que le d istin ­

guían como tal, sino en ol caso de Alem ania, que,

como lo liemos dicho antes, había progresado oxten-

sám ente 011 superficie, pc.ro muy poco 011 profun

elida 'I. Ahora aunque Alemania triu n fase m aterial

ilion le. los pueblos no aceptarían jam ás la dirección

de una civilización que convierte a los hom bres en

fieras y que am enaza intoxicar la conciencia del »m udo

con sus teorías absurdas.

Juan li. Corulla.

guerra 110 pueden ser anarquistas, y si lo lian sido,

dejan do serlo, llámense Kropotkiiie, Tcherkenoff, Mulato

o G rave” . Y en cuanto a Pan re, podemos afirm ar

lo mismo. E l ha dicho “ que se -dejaría fusilar, antes

de m arc h ar” . V esto tiene 1111 hecho que lo corrobora.

F aure está conceptuado en Francia 101110 uno de los

m ejores, o el m ejor do los oradores; y si hubiera hecho

m anifestaciones en jiro de Francia e In g laterra Ib«

diarios burgueses Ir hubieran retratad o y explotado

»11 nombre, igual como lian hecho en In glaterra cou

Kropeckine.

1 a ve Alvar, como 110 es cuestión de calificativos y

«fe c ita r nombres. Si ta n ta influencia ejercen en él las

“ fig u ra s ” y los “ nom in es” , es bueno hacer constar

que fren te a Kropotkiue. Mulato, (Irave y otros, está

M alatüsta, lo estuvo ol m alogrado Lorenzo, está Finiré,

lionaToux, Dómela Nieuwenhnis y otros. Este ú ltimo

lia dicho: “ El exclusivismo nacionalista ha ahogado

en todas p artes al internacionalism o, de suerte

que puede decirse: Raspad 1111 poco sobro la supertipie

del internacionalism o y encontrareis el nacuma

lisnio incrustado en ol fondo del corazón.’’ I/O q.ic

dice Imitada Nieinvenlniis lo lio dicho yo en mi prim er

artículo y lo que transcribo do M alatesta lo he e x ­

presado en mi últim o. Va ve corno la “ plebe intelect

u a l” coincide con los grandes pensadores dol mundo.

La guerra — que no es m ás que la “ crisis de un rég

im e n ” y un mal inevitable y fa ta l, — al conflagrar

un colicúente y hacer sentir su efecto en ol universo

entero, debió encontrar 011 ol pueblo, y sobre todo 011

la m inoría revolucionaria, la fuerza capaz do contrarrestar

la obra del gobierno y encauzar las energías

del pueblo, 110 hacia o! triu n fo de lal o cual estado,

sino hacia la victoria de los ideales nuestros. Poro el

nacionalismo, dom inando el am biente, dando a. la contienda

cierto eáriz que 110 tiene, explotando en el -liom

bre sus aspiraciones más caras, lia hecho 1111 bodrio de

esta, m onstruosa guerra. V ha envuelto 011 este sensualismo

hom icida, obscureciendo el corazón y el cerebro

a hombres-cumbres, alm as puras, que en el bienestar

y la felicidad hum anas cifraban sus afanes y sus lu

chas. V este nacionalism o bruto, interponiéndose a

nuestros ideales, como viento de proa ha impedido ol

avance de nuestra nave, qno m archaba a puerto seguro

y que con la irrupción dol régim en, había recibido su

impulso m ás fuerte.

Porque deseábamos que a la guerra so respondiera |

con la. huelga general o con la revolución social, nos

llaman ilusos. V e am o s...

Lo« revolucionarios do todas las ideas y de todos los

países siem pre se han preocupado por sabor cuál sería

ol factor determ inante de la revolución, y los a n a rquistas

110 podíam os escapar a esa ley. Desdo la “ I n ­

ternacional ” se vino preocupando y adm itiendo que

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una conflagración eu E uropa sería la chispa que determ

in aría nuestro movimiento, i-ia g u e rra se hizo e sp

e ra r; tan to tard a b a en venir que alguien el.jo que los

gobiernos, por sus misinos intereses, evitarían la guerra,

y desecharon tal idea por creerla ilusoria. Y, como

ñua levoiucion como Ja que nosotros im aginam os sóio

es posiui'e por un g ia n motivo, por una causa de p ro ­

pon-iones tales que desp.eo-te eu el pueblo ansias de

ni-ertad y ju sticia, la g u erra europea, siendo electo del

régimen* debió ser la causa de la revolución. Y la

(■¡.uta se ha producido, y el efecto que ella deDia p ro ­

d u c ir ... ha Ira casado — por el momento — porque

una m inoría, por cobardía, por error o por un rt-t! > ue

nac.ona.iHino, incrustado eñ el fondo del corazón, lia

perdido la visión del lu tu ro entre los pliegues de .un

nacionalismo imbécil, que encuentra en una iro n te ra


idiiir por el bienestar de todos? V en cnanto ¡i su

(institución geograiica., ¿acaso el que a una región

i cruce un río, a un país lo circundo ol agua o a un

■ueblo le rodee un m onte será causa suficiente p ara

vitar la redención hum ana? Además, este argum ento |

mi se ine ocurre a n tia n á rq iiic o__ más aún — de un

ationalisnio acendrado. lín un m onte, o en un río,

)s p a trio ta s encuentran ol lím ite de su p atria,y en esa i

rentera el fin de sus amores y el térm ino de la civi-

izaeión y la cultura. Si q u e re m o s te n e r en cneuta la -

«ndición geográfica de un país tengám osla p ara re

uiioccr


El caso de H éctor M arino

Uii corazón más apretado por la an g u stia y una

vergüenza menos en los instituidos representantes del

orden. H éctor M arino, culto ciudadano, productor ¡11

cansable y con arraig o en M ar del l'la ta , donde vive

ha tiem po estim ado de todos, ha sido detenido y som

etido a proceso ha jo la acusación de quién sal te qué

peregrino descubrim iento de la ley social, fam oso i-borlo

que no sólo debe de ser desconocido — en orden de

razonam iento, que les pregunten a los mismos .jueces

si ia tal ley esa no os una m adeja enrodada a la que

nadie halla la punta cuando de envolver se tra ta al

desgraciado que cae en ella, — sino que declarado

nulo cu las plazas públicas y a pulmón pleno. Tiene

M arino, entre otras ocupaciones que ha.nle ocasionado

indudablem ente la ojeriza policial, la representación

do esta revista en aquella localidad.

N unca fueron bien m irados por los que la libertad

mancillan los voceros de la ju stic ia ; la eficaz aceión

de ID E A S Y F IG U R A 8 en coutra de cárceles y c arceleros

tiene que haberla colado en prim era línea en

el índex sayoneseo de las je fa tu ra s y com isarías de

cam paña, m azm orras o g arito s donde im pera el coi»

p ad raje y los tahúres proceden. M arino, divulgador de

ella y propagandista consciente de esa sana m oral que

pese a todas las m ontañas de iniquidades que los Imr

baros levanten, ha de tran sfo rm ar al m undo, m ejorando

a esa misma casta envilecida que hoy la obstaculiza,

lia caído por la razón deducible, es decir, porque

la verdad puesta al desnudo y voceada por él, no podía

ser tolerada en su persona, aquí donde la constitu

ción da am plias seguridades sobre la libre emisión del

pensam iento, facultad de que se puede haeer uso siem ­

pre (¿que se q u ieraí ¡n o !) siem pre que a las a u to ridades

se los antoje.

¡P a ra solaz de vigilantes y no más debía de venir

a servir con el correr de los tiem pos las m editadas

liases de aquel que cometió el erro r de legislar para

una. raza de mestizos ensoberbecidos!

L a ciudad predilecta de los dichosos no es la p rimera

vez que incuba en su seno estas m onstruosidades.

Allí está aún como un in terrogante la m asacre de 1911,

diluida para el sum ario grotesco de las autoridades

en un episodio casi risible si no fu era trágico su verdadero

contenido. El obrero muerto por la soldadesca

a vista de todos y a pleno día, resultábalo, en el inventario

de desvergüenza realizado en esa época a p a ­

ratosam ente, ile urut pedrada lanzada en contra


pfecto de la pestilencia nauseabunda que se respiga, y

&1 necesitar la rie n d a m édica, se rehúsan a alojarse

mi la enferm ería, porque en ésta no son atendidos por

nadie; no re les alcanza un m ísero trag o do leehe ni

?aldo. debiéndose resignar a m orir o a estar a las expensas

de sus compañeros, donde encuentran un rasga

de munificencia y confraternidad. Si se pretende el

baño como medio de p u rificar la sanare entum ecida,

no se obtiene, porque las banaderas, que en otro tiem-

rn estaban en cada, pabellón, han sido puestas al ser-

ripio de la servidum bre de los alcaides, eomo si nosotros

rio fuéram os acreedores-a.esa deferencia que nos

es inherente por hum anidad y por ley,

l.o mismo ocurre, por ejem plo, en lo que respecta

a! lavado de ro p a ; no podemos higienizar nuestras

míseras prendas de vestir porque las canillas de los

lavatorios lian sido tan a das en form a tal, quo nos es

imposible hacer uso del agua.

Entendemos que todo esto se deberá a las economías

introducidas por esta adm inistración, pero no es ju s ­

to. ni puede serlo jam ás, que oprim iendo a los desgranados

se pretenda ah o rrar un solo centavo.

Esto y mucho más que esto lo ha hecho público la

prenda de la provincia y de la capital federal en re iteradas

ocasiones y se ha llegado a decir y a firm ar

míe la cárcel de Bahía B lanca significa u n a rém ora,

míe hay calabozos donde la luz, la higiene y todos los

factores para la salud del hombre, brillan precisam ente

por su ausencia.

Y sin em barfo, excelentísim o señor, en estos cala-

teos son recluidos los procesados poj- anto jadizas cau ­

sas, recluidos durante doce y h asta tre in ta días, h a ­

biendo fuera de los pabellones celdas adecuadas p a ra

eastijrar a aquel que cometiere faltas.

A todo esto debemos u n ir tam bién la form a im procedente

de las visitas, por cuanto éstas se realizan en

la parte exterior del m uro, en la re ja principal de entrada

a, la urisión, donde 110 hav techo que resguarde

del sol y la lluvia a las fam ilias que deben con el

mavor anhelo visitar a sus deudos queridos.

Si se pretende durante la. sem ana hacer una visita

en los días no reglam entarios, unas veces se obtiene

y otr»s deben los interesados volverse apesadum bra­

Paisajes S en tim en tales — Poesías por Alfredo

E. Martínez.

Desje Montevideo, donde el au to r reside y donde

e! libro ha sido editado, nos llega este volumen de

versos.

No sabemos si este es el prim er libro de M artínez,

(«o si evidenciamos que su escasísimo valor denota

el débil gorjeo de los prim eros c a n to s ... o la pobre

inspiración de un mal poeta. Tomado en detalles,

bav pequeños lagos de aguas d iáfanas y frescas, que

hacen desear una feliz continuación p a T a m érito del

libro, jiero como el encanto decae a fuerza de repetios

desaciertos, el conjunto da una dolorosa im presión

de desagrado. Huele herir las ilusiones y m atar

quizás ¡i flor de labio las más caras esperanzas, pero

no es posible hacer crítica sincera sin esas saneadoras

irreverencias de la pluma que penetran en las carnes

romo mi bisturí. Y es que es preferible una terrible

verdad ni aplauso incondicional que p e rtu rb a y e n ­

vanece sin justificación ninguna. B ajo esta norma

invariable escribim os siemnre. Martínez, no h a loe-rado

loque realizar quería: el libro carece de la fiebre

santa que hace bellas las más insípidas p alab ras y

el ojo estrecho de sus visiones poéticas apenas si alanza

a reducir a imágines ciertas pesadas ideas.

O lím picas.-Por Vicente Bove.

Xo se hacen los sonetos con catorce versos solamente.

Desde (¡ue la im aginación italiana le dió form a, tuvo

sás que estructura, alm a, fuerza y pensam iento. No

dos, porque se les niega esa concesión, ocurriendo en

v arias ocasiones que las fam ilias de los pueblos vecinos

» esta ciudad han gastado sus haberes en el tren

p a ra no poder v isita r a sus padres, hermanos o esposo«.

Si por el acaso se ven agraciados con la concesión

que croemos sea obligación p or ley reglam entaria, sucede

quo las autoridades rara vez se hallan ausentes

de las visitas, no siendo fácil h ablar asuntos de interés

por esta causa.

Lo mismo ocurre cuando el defensor o los letrados

defensores de los procesados hacen sus visitas a sus

defendidos, ¡mes los alcaldes no se separan un solo

m omento del lado de los letrados, haciéndose im posible

que el recluso hable lo que le pueda interesar sobre

su causa, violán 4 ose. im punem ente el artículo 37

del re/lam ento de esta prisión. A todo esto debemos

agreg ar la deficiencia observada en el rep arto do la

alim entación, por cuanto después de ser poca la asig ­

nada a cada recluso, se condim enta en m ala form a,

haciéndose por esta cansa aún m ás pésima y aprem

iante' niiestra situación.

Después de todo lo expuesto a grandes rasgos, queremos

creer que V. K. ha de confirm ar to d as nuestras

ju sta s peticiones, y no dudamos un solo m inuto de que

la Exeiría. Suprem a Corte de Ju sticia procederá con

arreglo a las circunstancias, tratan d o en la m ejor fo rma.

posible de subsanar todas estas deficiencias por

m edios adecuados al caso y que estén en concordancia,

como decimos anteriorm ente, con las leyes m odernas

penales y con los deberes de hum anidad.

En la seguridad de que V. E . ha de ten er en cuenta

esta extensa exposición, esperam os resignados justicia.

Aquí van las firm as de la. m ayor p arte de los reclusos

que aquí se aloian. Remitim os co-pia del escrito a

la revista TDEAS Y FIG U R A S por haber sido ella en

todo tiem po defensora de todos los oprim idos de la

tierra.

Saludan a A lberto Ghiraldo,

Febrero 10 de 1915.

Bibliografía

Los presos de. B ahía Mitinea.

todos, han comprendido esto, al parecer, pues si bien

Heredia. sufría y genjía ocho meses sobre sus catorce

líneas, muchísim os existen que paren una docena de

ellos en menos de lo que aquel precisaba p a ra fija r una

palabra N atu ral que el resultado no os el mismo:

aquél es aquél hoy y siempre, y éstos son éstos en la

fugacidad de una m añana. Concretarse a m ás a una

sola expresión poética es de una dudosa com plejidad

em otiva. L a m úsica monoeorde no es música, sino

sonsonete aburridor. Cuanto más vario más encantador

es el canto de las aves. Todas estas reflexiones nos

han sido sugeridas por la lectura de los sonetos que

componon a “ O lím picas” . Vicente Bove no ha salido

de los incipientes tanteos que ensayó en “ V ibracion

e s” . H ay por o tra p a rte on sus sonetos esa precipitación,

esa fa lta d^ burilam ionto y exquisitez, quitan

necesarios son pa|ra la buena construcción de un

verso de esta naturaleza. l)e ahí one digam os al leer

“ O lím picas” que catorce versos solam ente no es todo

lo que reclam a el sonpto. L a suave filig rana, la nota

nítid a, el refinado erica je en que resalta la bondad

de la m ateria y el talento del artífice son cosas al

parecer bajad! para el autor que nos ocupa.

M uestra de ello pueden ser las dos cuartetas del

caótico .soneto “ A legría” , que transcribim os:

Yo te quiero cantar portille eres buena

y me siento vivir en tu m irada

de la noche de un crimen puñalada

que es para mí la beatitu d más plena.

Yo que apuré la copa de la pena

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y fio! m ar de la vida la oleada

que pasó sobre mi cual carcajada

del m artirio arrastrando la cadena.

No se puede dar nada más em brollado y cacofónico,

lito ríe sentirse vivir en la m irada que es “ de la noclie

de un crimen p u ñ a la d a ” nos parece que es nu ya

una ofensa al arte, sino que tam bién un intolerable

abuso de la libertad de escribir. L a re-incidencia en

esta clase do fa lta es m o lifica en “ O lím picas” . H asta

cuando p revi el lógico fu stas» de la crítica desentona

horriblem ente. Véase sino lo que al respecti, dice

de deplorable m an e ra :

“ Por entre espinas seguiré adelante

“ IDEAS Y

N úm eros aparecidos y en venta en nuestra

Número Anuncio. — “ L as H orcas F lo recid as” . Dib.

de Enrique Sachet-ti. Texto de A lberto

Ghiraldo.

N" 1- — “ L a tra ta de blancas. Dib. de .Tiran Holr-

raann. Texto de A lberto Ghiraldo. (A ).

N" — “ Los guardianes del o rd en” . D ib. de

E duardo A. Holm berg. Texto de R oberto

.T. Payró.

N“ ’i. — “ El c a fé ” . Dib. de S. Tolmo. Texto de

E duardo A. Holm berg.

N" 4. — “ P a trio ta s de h o y ” . Dib. de José M. Cao.

Texto do E duardo Talero.

V ' 5. — “ A nátole F ra n c e ” . Dib. de .Ttian Alonso.

Texto de Ruy de Lugo-Viña. (A ).

N" (i. — “ Sím bolos” . Dib. de F austino B rughetti.

Texto de .Tnan M as y Pí. (A L

NT" 7. — “ Crímenes y c astig o s” . Dib. de F . Vallo-

ton. Texto de P aul Adán. (A L

\rn ¡¡ _ «4 RTiloneras clásicas” . Texto de Alm afuer-

te. Dib. de F austin o B ru ghetti. (A L

N" 0. — “ La som bra n e g ra ” . Dib. de Augusto Más

y Pí. Texto de .Juan L. F e rraro tti. (A ).

K" id — “ Guerra a la g u e rra ” . Texto de Alberto

Ghiraldo. Dib. de Gran .Touan. (A ).

N" 11. — “ Las m ujeres de Gibson ” . Dib. de Gib-

son. Texto de Ruy de Lugo-V iña. (0.50)

N" 12. — “ En la f e r ia ” . Dib. do A. Boveri. Texto

dé José de M aturann.

N" 13. — “ Exposición L. P iq u é ” . Dib. de J . Gtia

rro. Texto de .Tnan M ás v Pí.

K" 14. — “ L a Zagal» ” . Texto de E duardo Talero.

Dib. de J . Guarro. (0.50).

N" 15. — “ Tipos de te a tro ” . Dib. de E nrique Sa-

ohetti. Texto de L uis Rasi,

N" 16. — “ Los M aestros: G oya” . Dib. de Gova.

Texto de V icente M edina.

N" 17. — “ El crimen legal. Francisco F e r r e r ” .

Reo. fotográficas. Texto de A lberto Ghiraldo.

(A ).

N" 1?. — “ E ncuesta F e r r e r ” . Texto do A ra ta . Pi-

qiret, Sohiaffino, M ás y Pí. Rodó. E.

do V edis, B arroetaveña. Vega Bel'.»rano,

Meló. F ernández E spiro. Lugo-Viña,

M ontearan). M agnasco, Cao, L astra,

Aneízar, V iltafañe, Son dereguer. S errano

Clavero, G arcía Velloso, BernaTd.

Rieei, Banchs, Gilimon, Soussens, Ortiz,

Chiloteguy, Fernández Gome?, Giusti,

C erchunoff, M onferran, Lónez de Go-

m ara. M ontagne, I Trien, Qneirolo. Oli-

ver, Sagarna. M aturann. Diclunann. A licia

M orean, del Mazo. Loizaga, R adaell',

• Barcos. Cruz Ghio, Camba, W alter Per-

kins. Calón. Bayon H errera, Márquez.

M athus. Cortés, C arulia. Cuadrado,

B ianchi, R obatto, Loeaseio. Tcaza, Salís,

F errey ra. Andoin, Ruiz Lónez. Pozuelo,

■Calzada, M ontiel y Ghiraldo. .

hoy como ayer y corno siem pre he sido

el ánimo esforzado y aguerrido

p a ra aplastar el cráneo del fa rsa n te ” .

El chirriante ripio no puede ser m ás desolador. U

'•nagen esa del aplastado cráneo del farsan te está tan

fuera de lugar, que a cambio de im presionarnos la idea

del lírico homicidio, nos mueve a risa la figura apabullada

del crítico infeliz.

Creemos en fin que Bove ha am ontonado verso«

¡■■obre versos sin pararse a m editar en las exigencia*

del soneto y en las inflexibles leyes del verdaderc

arte. Sonoridad.-y em otividad: ¡he ahí el camino in

d isnensable! L a belleza tío se. viola como una mujer

cualquiera-. Todo lo demás está demás.

F I G U R A S ”

Adm inistración: Tacuarí 9 0 0 —B uenos Aires

www.federacionlibertaria.org

X" 19. — “ L as alegrías de la m u erte” . Dib. de

A lfredo Rethel.

N° 20. — “ L a huelga. Chicago 18R0-1909. Dib. de

A. Bosco. Texto de José M arti.

N" 21. — “ Los M aestros. Leonardo da. V in c i” . T)ih

de. Leonardo. Texto cié Merejkowky.

N*“ 22 — ‘‘ Los poem as hum ildes” . Texto de Max .Tara.

Prólogo de Ruy de Lugo-Viña. Dib,

de Ju a n Hohm ann. (0.50).

N" 23. — “ El estado de sitio en la A rgentina’1.

Texto de A lberto Ghiraldo. Agustín d1

Vedi a, Osvaldo M agnasco, M. A. Monte»

de Oca, Victorino de la Plaza. Benianlt

V illafañe y Lee"c:o Lasso do la Vpjjs

N" 21. — “ A p u n tes” . Dib. de M ateo Alonso. Test"

de varios.

N" 25. — “ F e rrer y la Escuela M o d ern a” . Textn

r - de Francisco Vázquez Cores.

I.N" 2(1. — “ Ley de R esidencia” . Comentarios de

Barcos. Palacios. F rn goni, Mogntagne,

Lngo-ViB», Rodríguez, T.arrota, Salís 7

Ghiraldo.

N'“ 27. — “ Oabriel D ’A nnunzio” . Texto de F. T.

M ar'.netti. Cari«;, de Hugo V aleri.

N" 28. — “ Ultim os C anto s” . Texto r)e Carlos Or

tiz. (A ).

N n 29. — ‘ ‘ Divagaciones R o m án ticas” . Texto de Julio

H errera v Reissig. Prólogo de .Titán

M ás y P í. (0.50).

N" 30. — “ El Poem a do las M ises” . Texto de Carlos

O rtiz. Pórtico de Alberto Ghiraldo.

(0.50).

N" 31. — “ O raciones” . Texto de Santiago Rnsiñnl.

Dib. do B aoaria.

N® 32. — “ Ja rd ín Novelesco” . Texto de Ramón de.

Valle Tnelán. Prólogo de A. Nieasio Pajares.

y» 3 3 . — “ La huelga g e n era l” . Texto de Aristide

^ B riand. Dib. de Juan TTohmann.

|N n 34. — “ M adre A n arq u ía” . Texto ríe Albertn

fíhiraldo. (0.50).

¡N" 35. — “ El anarquism o según su* m ás ilustre;

repre se n tan te s” . Oodwin, Proudltftn.

S tirn er. B akounin, K roootkin y Tolstoy.

L Prólogo de Pablo E ltbacher.

y.. 3 R. _ “ -ri pasado vuelve” . Texto de Eduardc

Zamaeois. (0.50).

X« 37 — “ L as trag edias de la vida v u lg a r” . Test«

de Ju a n Más y Pí.

^ 3 8 . — “ El T error A rg entin o ” . Texto de Rafael

Barret- y A lberto Ghiraldo. (0.50).

\j" 3 9 . __ “ C artas dé un f lo jo ” . Texto de Florencio

1— Sánchez.

X" 4 0. — “ Patriotism o y G obierno” . Texto de W r

_ Tolstov.

N» 4 1 . — “ L as M ilicias de Je s ú s ” . Texto de José

de San M artín.


Xo 42. — “ L a A narquía an te los trib u n a le s” . Texto

de Pedio Gori. (A ).

N" 43, — “ Ensayo acerca de las ¡deas de igual-'i

d a d ” . Texto de A rm ando Vasseur.

N" .41. — “ I,a. inquisición en América Texto de ■

Sarm iento.

X" 15. — “ E n tre el pueblo ” (versos). Federico A.

G utiérrez.

X" 4(1. — “ Sin P a tr ia ” (te a tro )) Pedro Gori.

(0.5 0 )..

N* 47. — “ La Selva F lo rid a ” (vorRos). V íctor D.

X” 4«.

N" 40.

N" 50.

K° 51.

Xo 52.

N" r>:t.

K° 34.

Silva. (0.50).

“ L a 1 A rgentina. B alance social de un

P u e b lo ” . Texto de A lberto (Jhiraldo.

Dib. de Alonso.

“ id ea s y F ig u ra s” . Su segundo aniversario.

Texto de A lberto Ghiraldo.

“ Iro n istas M odernos” . A. W illette.

“ El amor como será.” . Texto de F e lp e

Trigo.

“ El poema del C aracol” . Cárlos Fernán»

dez Shaw. (0.50).

“ L a poesía a rg e n tin a ” . V íctor Domingo

Silva.

“ El indio a rg en tin o ” . Texto de C onstancio

C. Vigil.

N” 55. — “ L a vida m aravillosa de L afcadio TTearn ” .

Texto de Ju an M ás y Pí.

N" 51!. — “ Mi cred o ” . F lorentino Am egtrno. (0.50')

N'" 57. — “ Del divorcio a la unión lib re ” . A lfredo

N aquet.

X“ 58. — H istoria S o cialista” . Ju a n Ja u rt? .

X" 50. — “ Proceso R om anoff • D enuncio”.

X' 60. — “ C onflictos y arm o n ías” . M artín A. Ma-

Iharro.

X” fil. -— “ U slu iaia” . Texto do 11. Oon7ález P acheco.

Dib. de Alonso.

X" (¡2. — Filosofía del actual movim iento so cial” . '

Texto de A lberto N in F rías.

X'" (53. — “ L a fiesta de “ Alma G aucha” . Texto de

Julio R. Barcos, R uy de Lugo Viña, Vícto

r D. Silva, L uis Bayón H errera. Fot.

de Arce.

X' (54. — “ Leyes de residencia y de defensa so cial’ ’.

Texto de Alberto G hiraldo, A ntonio de N

Toma so y J . E. C anilla.

N" 65. — “ El dolor en el T e a tro ” “ Alm a G a n d ía ” .

José de M aturana.

X

K" (!(i. — “ El a rte y su misión social en A m érica” .

V íctor Domingo Silva. •

N" 67. — “ El vuelo m ecánico” . Texto y fot. de \

(Jarlos F. Borcosque.

X" 68. — “ El T eatro A rg entin o ” . E streno de “ L a X

C ru z” . Texto de varios. D ibujo de X

Alonso. X

X" 69. — “ El M isionero” . A lm afuerte. D ibujo de X

José Speroni. (0.50).

N” 70. — “ El m al de los p in to re s” . Texto de J . E.

Carulla.

X” 71. — “ L a resurrección- clerical” . Texto de varios.

X" 72. — “ Un periódico más, un periodista indultado

y un periodista m enos” . Texto do

varios. D ibujos de H ohm ann, M acaya y

Cao.

N” 73. — “ L a cuestión a g r a r ia ” . Julio Llanos.

Xn 74. — “ Poem as” . Oracio F . Rodríguez. (0.50).

N* 76. — “ L a Revolución Social en M éjico” .

N" 76. — “ B riznas de h ie rb a ” . W alt W hitm an.

Tradución de Arm ando Vasseur.

X” 77. — “ Rubén D a río ” . Texto de A lberto Ghiraldo

y varios.

X- 7S. — “ El lab rador sa g rad o ” . Gnzmán P apini.

X" 70. -— “ E pístolas y discursos” . Aurelio del TTe-

brón.

N° S(). — “ Los bandoleros del s u r ” . A lberto Ghi

Tal do.

K ” 81. — “ Salón N acional de A rte. 1912” .

N" S2. — “ La anarquía ante la civilización” .

rique V. E rserguer.

X" 83. — “ La canción del b a rrio ” . Evaristo

rriego. ( 0.5 0 ).

N,n


M"


N"

N"

N"


X"

En- |

Ca-

X" 84. — “ E sp ejism o s” . Diego F ernández E sp i­

ro. (0.50).

y i). — “ C a n aleja s” . Leoncio Lasso de la Vega.

8 6. — “ E l caso E nríquez ’ ’.

.8 7. — “ El cierre de los te a tro s ” .

8 8. — “ Filosofía del a ltru ism o ” . R afael B arrel.

(0.50).

89. — “ Gesta S o la r” . Ju a n Ju lián L astra.

00. — “ E l c u artel” . Gabriel Courtis.

91. — “ L a Columna de F u o g o ” .

92. — “ E l sofism a socialista” . Julio R. Barcos

93. — “ E l poema de la noche” . Carlos B. Qui-

94.

95.

96.

97.

rogfl.

“ A p u ra sin cerid ad ” . César Carrizo.

“ L as alm as hum ildes” . Edm undo Bianchi.

L ib e rta ria ” . M anuel G. Prada.

Pedro Zonza B ria n o ” . Texto de A lber

to Ghiraldo, Vicente M artínez Cuitiño,

E. L a -Teunesse, E. Gómez C arrillo, E.

Díaz Romero. “ El a rte de las pasion

e s” . E scultu ras de Zoa'/n Briano.

¡V" 08. — “ Ciudades A rgentinas. R o sario ” . Raúl

M arfieri.

v " 99. — “ Pensam iento R o sarin o ” .

V 10 0. — “ Pero alguien desbarató la f i e s t a . . . ” .

D ram a en un acto de L uis Marso1le.au.

(T rad . de Florencio Sánchez). ( 0.5 0 ).

X'' 1 0 1 — “ L a crisis educacional y el m agisterio a r ­

g e n tin o ” . Ju lio R. Barcos.

N. 102 — “ El proceso de “ La P ro te s ta ” . Vicente

M artínez Cuitiño.

K" 103. — “ Comisaría de cam p añ a” . Delio M orales.

N " 1 0 4 .— “ H istoria do la lite ratu ra a rg e n tin a ” .

“ E l rom anticism o” . E nrique García

Velloso.

N" 105. — “ Ciudades argentinas. Santa F e ” . Raúl

.V»

N

X

M arfieri.

!0f>. — “ Los am ores de la v irre in a ” . D ram a de

época en 4 actos, por E nrique García

Velloso. (0.50).

1Ó7.— “ A ctualidad anarquista M. Alberto Ghiraldo,

y “ L as leves de excepción” . De-

lio M orales.

108. — “ Génesis de la re v u elta ” . A lberto Las-

places.

1 0 9 .— “ 1» de M ayo. 1914” .

I ir). — “ L a protesta de los m aestros ’ ’.

1-11. — “ L as leyes absurdas ’ ’.

112. — “ E nrique M alatesta ” . “ E l mem orial de

A n tillí” . “ L a Exposición do Col iva-

di no ” .

113. — “ E l Congreso de L o n d res” . “ Su significado

114. — “ La crisis de un régim en” . “ El crimen

de la g u e rra ” . “ La delegación a L ond

re s” .

1 15.— “ El Suplicio M ilita r” . “ N uestros ¡iro­

N" 117.

N"


K ”

so s” .

Il(>. — - “ “ La imprecación de A m érica” . Alberto

G h irald o ” .

“ 1 1 7 ” . Colaboraciones de G hiraldo, C anilla,

Barcos, Llanos, M orales, F n igoni

M araso Roca, González A rrili, Saavedra

v Heine.

118.- - ‘ ‘ N otas de la g u erra ’ ’.

119.- - 1 ‘ A n atem a’ ’, A lberto Ghiraldo.

120. - - “ De las estaciones” , Alberto Ghiraldo.

“ Anselmo Ijorenzo” .

‘La R a za ” , E. Zuloaga.

N* 121.-

N ” 122. -

Estos números están en uenta en la administración de “ IDEAS v FI6URAS” , Tecuarí 900, al precio

de 0.30 y 0.50 el ejemplar. Se remitirán libre de porte á cualquier punto de la República. La (A) significa:

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E st. G ráfico "O ceana", P e rú *1085

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