De la servidumbre moderna - De la servitude moderne
De la servidumbre moderna - De la servitude moderne
De la servidumbre moderna - De la servitude moderne
¡Convierta sus PDFs en revista en línea y aumente sus ingresos!
Optimice sus revistas en línea para SEO, use backlinks potentes y contenido multimedia para aumentar su visibilidad y ventas.
Capítulo I: Epígrafe<br />
<strong>De</strong> <strong>la</strong> <strong>servidumbre</strong> <strong>moderna</strong><br />
“Mi optimismo está basado en <strong>la</strong> certeza de que esta civilización está por derrumbarse.<br />
Mi pesimismo, en todo lo que hace por arrastrarnos en su caída.”
Capítulo II: La <strong>servidumbre</strong> voluntaria<br />
“Es el mal de estos tiempos, los locos guían a los ciegos.”<br />
El Rey Lear, Acto IV, escena primera, William Shakespeare<br />
La <strong>servidumbre</strong> <strong>moderna</strong> es una esc<strong>la</strong>vitud voluntaria, consentida por <strong>la</strong><br />
muchedumbre de esc<strong>la</strong>vos que se arrastran por <strong>la</strong> faz de <strong>la</strong> tierra. Ellos mismos compran <strong>la</strong>s<br />
mercancías que los esc<strong>la</strong>vizan cada vez más. Ellos mismos procuran un trabajo cada vez<br />
más alienante que se les otorga si demuestran estar suficientemente amansados. Ellos<br />
mismos eligen los amos a quienes deberán servir. Para que esta tragedia absurda pueda<br />
tener lugar, ha sido necesario despojar a esa c<strong>la</strong>se de <strong>la</strong> conciencia de su explotación y de su<br />
alienación. He ahí <strong>la</strong> extraña modernidad de nuestra época. Al igual que los esc<strong>la</strong>vos de <strong>la</strong><br />
antigüedad, que los siervos de <strong>la</strong> Edad Media y que los obreros de <strong>la</strong>s primeras<br />
revoluciones industriales, estamos hoy en día frente a una c<strong>la</strong>se totalmente esc<strong>la</strong>vizada, solo<br />
que no lo sabe o más bien, no lo quiere saber. Ellos ignoran <strong>la</strong> rebelión, que debería ser <strong>la</strong><br />
única reacción legitima de los explotados. Aceptan sin discutir <strong>la</strong> vida <strong>la</strong>mentable que se<br />
p<strong>la</strong>neó para ellos. La renuncia y <strong>la</strong> resignación son <strong>la</strong> fuente de su desgracia.<br />
He ahí <strong>la</strong> pesadil<strong>la</strong> de los esc<strong>la</strong>vos modernos que no aspiran sino a ser llevados por<br />
<strong>la</strong> danza macabra del sistema de <strong>la</strong> alienación.<br />
La opresión se moderniza expandiendo por todas partes <strong>la</strong>s formas de mistificación que<br />
permiten ocultar nuestra condición de esc<strong>la</strong>vos.<br />
Mostrar <strong>la</strong> realidad tal como es y no tal como <strong>la</strong> presenta el poder, constituye <strong>la</strong><br />
subversión más genuina.<br />
Sólo <strong>la</strong> verdad es revolucionaria.
Capítulo III: La p<strong>la</strong>neación territorial y <strong>la</strong> vivienda<br />
“El urbanismo es esta toma de posesión del medio ambiente natural y humano por el<br />
capitalismo que, desarrollándose lógicamente como dominación absoluta, puede y debe<br />
ahora rehacer <strong>la</strong> totalidad del espacio como su propio decorado.”<br />
Guy <strong>De</strong>bord, La Sociedad del Espectaculo.<br />
A medida que construyen su mundo con <strong>la</strong> fuerza alienada de su trabajo, el<br />
decorado de este mundo se vuelve <strong>la</strong> cárcel donde tendrán que vivir. Un mundo sórdido, sin<br />
sabor ni olor, que lleva en sí <strong>la</strong> miseria del modo de producción dominante.<br />
Este decorado está en permanente construcción, nada en él es constante. La<br />
remode<strong>la</strong>ción continua del espacio que nos rodea está justificada por <strong>la</strong> amnesia<br />
generalizada y <strong>la</strong> inseguridad con <strong>la</strong>s que tienen que vivir sus habitantes. Se trata de<br />
cambiarlo todo a <strong>la</strong> imagen del sistema: el mundo se vuelve como una fábrica, cada vez<br />
más sucio y ruidoso.<br />
Cada parce<strong>la</strong> de este mundo es propiedad de un Estado o de un particu<strong>la</strong>r. Este robo<br />
social que es <strong>la</strong> apropiación exclusiva de <strong>la</strong> tierra se materializa en <strong>la</strong> omnipresencia de los<br />
muros, de <strong>la</strong>s rejas, de <strong>la</strong>s cercas, de <strong>la</strong>s barreras y de <strong>la</strong>s fronteras. Son <strong>la</strong>s marcas visibles<br />
de esa separación que lo invade todo.<br />
Pero al mismo tiempo, <strong>la</strong> unificación del espacio, según los intereses de <strong>la</strong> cultura<br />
mercantil, es el gran objetivo de nuestra triste época. El mundo debe convertirse en una<br />
inmensa autopista, absolutamente eficiente, para facilitar el transporte de <strong>la</strong>s mercancías.<br />
Todo obstáculo, natural o humano, debe ser destruido.<br />
La concentración inhumana de esa masa de esc<strong>la</strong>vos es fiel reflejo de su vida: se<br />
asemeja a <strong>la</strong>s jau<strong>la</strong>s, a <strong>la</strong>s cárceles, a <strong>la</strong>s cavernas. Pero a diferencia del esc<strong>la</strong>vo o del<br />
prisionero, el explotado de <strong>la</strong> época <strong>moderna</strong> debe pagar por su jau<strong>la</strong>.<br />
“Pues no es el hombre sino el mundo el que se ha vuelto anormal.”<br />
Antonin Artaud
Capítulo IV: La mercancía<br />
“A primera vista, una mercancía parece ser una cosa trivial, de comprensión inmediata.<br />
Su análisis demuestra que es un objeto endemoniado, rico en sutilezas metafísicas y<br />
reticencias teológicas.”<br />
Karl Marx, El Capital, capítulo I, libro 4.<br />
En este estrecho y lúgubre espacio en donde vive, el esc<strong>la</strong>vo acumu<strong>la</strong> <strong>la</strong>s<br />
mercancías, que según los mensajes publicitarios omnipresentes, deberán traerle <strong>la</strong> felicidad<br />
y <strong>la</strong> plenitud. Pero entre más acumu<strong>la</strong> mercancías, más se aleja de él <strong>la</strong> posibilidad de<br />
acceder un día a <strong>la</strong> felicidad.<br />
“<strong>De</strong> qué le sirve al hombre poseerlo todo, si a cambio pierde su alma.”<br />
El Evangelio según San Marcos 8, 36<br />
La mercancía, ideológica por esencia, despoja de su trabajo al que <strong>la</strong> produce y<br />
despoja de su vida al que <strong>la</strong> consume. En el sistema económico dominante, ya no es <strong>la</strong><br />
demanda <strong>la</strong> que condiciona <strong>la</strong> oferta, sino <strong>la</strong> oferta <strong>la</strong> que determina <strong>la</strong> demanda. Es así<br />
como, de manera periódica, surgen nuevas necesidades consideradas vitales por <strong>la</strong> inmensa<br />
mayoría de <strong>la</strong> pob<strong>la</strong>ción: primero fue el radio, luego el carro, el televisor, el computador y<br />
ahora el celu<strong>la</strong>r.<br />
Todas estas mercancías, distribuidas masivamente en un corto <strong>la</strong>pso de tiempo,<br />
modifican en profundidad <strong>la</strong>s re<strong>la</strong>ciones humanas: sirven por un <strong>la</strong>do para ais<strong>la</strong>r a los<br />
hombres un poco más de sus semejantes y por otro, para difundir los mensajes dominantes<br />
del sistema. “Las cosas que poseemos terminan por poseernos.”
Capitulo V: La alimentación<br />
“Lo que es comida para unos, es veneno para otros.”<br />
Paracelso<br />
Pero es cuando se alimenta que el esc<strong>la</strong>vo moderno ilustra mejor el estado de<br />
decadencia en que se encuentra. Disponiendo cada vez de menos tiempo para preparar <strong>la</strong><br />
comida que ingiere, se ve reducido a consumir a <strong>la</strong> carrera lo que <strong>la</strong> industria agroquímica<br />
produce. Erra por los supermercados en busca de los ersatz que <strong>la</strong> sociedad de <strong>la</strong> falsa<br />
abundancia consiente en darle. Su elección no es más que una ilusión. La abundancia de los<br />
productos alimentarios no disimu<strong>la</strong> sino su degradación y su falsificación. No son otra cosa<br />
que organismos genéticamente modificados, una mezc<strong>la</strong> de colorantes y conservantes, de<br />
pesticidas, de hormonas y de otros tantos inventos de <strong>la</strong> modernidad. El p<strong>la</strong>cer inmediato es<br />
<strong>la</strong> reg<strong>la</strong> del modo de alimentación dominante, así como <strong>la</strong> de todas <strong>la</strong>s formas de consumo.<br />
Y <strong>la</strong>s consecuencias que ilustran esta manera de alimentarse se ven por todas partes.<br />
Pero es frente a <strong>la</strong> indigencia de <strong>la</strong> mayoría que el hombre occidental se regocija de<br />
su posición y de su consumo frenético. Por tanto, <strong>la</strong> miseria está dondequiera que reine <strong>la</strong><br />
sociedad mercantil totalitaria. La escasez es el revés de <strong>la</strong> moneda de <strong>la</strong> falsa abundancia.<br />
Aunque <strong>la</strong> producción agroquímica es suficiente para alimentar a <strong>la</strong> totalidad de <strong>la</strong><br />
pob<strong>la</strong>ción, en un sistema que hace de <strong>la</strong> desigualdad un criterio de progreso, el hambre no<br />
deberá desaparecer jamás.<br />
“Ellos están convencidos de que el hombre, especie pecadora por excelencia, domina <strong>la</strong><br />
creación. Como si todas <strong>la</strong>s demás criaturas no hubieran sido creadas sino para servirles<br />
de comida, de pieles, para ser martirizadas y exterminadas.”<br />
Isaac Bashevis Singer<br />
La otra consecuencia de <strong>la</strong> falsa abundancia alimentaria es <strong>la</strong> multiplicación de <strong>la</strong>s<br />
fábricas de concentración y el exterminio bárbaro y a gran esca<strong>la</strong> de <strong>la</strong>s especies que sirven<br />
para alimentar a los esc<strong>la</strong>vos. Esta es <strong>la</strong> esencia misma del modo de producción dominante.<br />
La vida y <strong>la</strong> humanidad no resisten más ante el afán de lucro de unos cuantos.
Capítulo VI: La destrucción del medio ambiente<br />
“Qué triste es pensar que <strong>la</strong> naturaleza hab<strong>la</strong> y que el género humano no <strong>la</strong> escucha.”<br />
Victor Hugo<br />
El pil<strong>la</strong>je de los recursos del p<strong>la</strong>neta, <strong>la</strong> abundante producción de energía o de<br />
mercancías, los residuos y los desechos del consumo ostentoso hipotecan <strong>la</strong>s posibilidades<br />
de supervivencia de nuestra tierra y de <strong>la</strong>s especies que <strong>la</strong> pueb<strong>la</strong>n. Pero para darle paso al<br />
capitalismo salvaje, el crecimiento no deberá parar jamás. Hay que producir, producir y<br />
volver a producir cada vez más.<br />
Y son los mismos que contaminan quienes se presentan hoy en día como los<br />
salvadores del p<strong>la</strong>neta. Esos imbéciles de <strong>la</strong> industria del espectáculo, patrocinados por <strong>la</strong>s<br />
firmas multinacionales, intentan convencernos de que un simple cambio en nuestros hábitos<br />
bastará para salvar al p<strong>la</strong>neta del desastre. Y mientras que nos culpan, continúan<br />
contaminando sin cesar el medio ambiente y nuestro espíritu. Esas pobres tesis seudoecológicas<br />
son repetidas por todos los políticos corruptos que necesitan eslóganes<br />
publicitarios. Pero se cuidan bien de no proponer un cambio radical en el sistema de<br />
producción. Se trata, como siempre, de cambiar algunos detalles para que lo esencial siga<br />
siendo igual.
Capítulo VII: El trabajo<br />
“Trabajo, del <strong>la</strong>tín tri palium “tres palos”, instrumento de tortura.”<br />
Para entrar en <strong>la</strong> ronda del consumo frenético, hay que tener dinero y para tenerlo,<br />
hay que trabajar, es decir, venderse. El sistema dominante ha hecho del trabajo su principal<br />
valor, y los esc<strong>la</strong>vos deben trabajar cada vez más para pagar a crédito su vida miserable. Se<br />
agotan en el trabajo, pierden con él <strong>la</strong> mayor parte de su fuerza vital y tienen que soportar<br />
<strong>la</strong>s peores humil<strong>la</strong>ciones. Pasan toda su vida haciendo una actividad extenuante y molesta<br />
para el beneficio de unos cuantos. La invención del desempleo moderno tiene como<br />
propósito asustarlos y hacerles agradecer sin cesar <strong>la</strong> generosidad del poder.<br />
¿Qué harían sin esta tortura que es el trabajo? Son estas actividades alienantes <strong>la</strong>s<br />
que nos presentan como una liberación. ¡Qué mezquindad y qué desdicha!<br />
Siempre apresurado por el cronómetro o el látigo, cada gesto de los esc<strong>la</strong>vos está<br />
calcu<strong>la</strong>do a fin de aumentar <strong>la</strong> productividad. La organización científica del trabajo<br />
constituye <strong>la</strong> esencia misma de <strong>la</strong> desposesión de los trabajadores, del fruto de su trabajo y<br />
del tiempo que pasan en <strong>la</strong> producción automática de <strong>la</strong>s mercancías o de los servicios. La<br />
actividad del trabajador se confunde con el de una máquina en <strong>la</strong>s fábricas, o con el de un<br />
computador en <strong>la</strong>s oficinas. El tiempo pagado no se recupera jamás.<br />
<strong>De</strong> esta manera, a cada empleado se le asigna un trabajo repetitivo, ya sea<br />
intelectual o físico. Él es un especialista en su área de producción. Esta especialización se<br />
reproduce a esca<strong>la</strong> p<strong>la</strong>netaria en el marco de <strong>la</strong> división internacional del trabajo. Se<br />
concibe en Occidente, se produce en Asía, se muere en África.
Capítulo VIII: La colonización de todos los sectores de <strong>la</strong> vida<br />
“El hombre entero está condicionado al comportamiento productivo por <strong>la</strong> organización<br />
del trabajo, y fuera de <strong>la</strong> fábrica, mantiene <strong>la</strong> misma piel y <strong>la</strong> misma cabeza.”<br />
Christophe <strong>De</strong>jours<br />
A medida que el sistema de producción coloniza todos los sectores de <strong>la</strong> vida, el<br />
esc<strong>la</strong>vo moderno, no conforme con su <strong>servidumbre</strong> en el trabajo, sigue desperdiciando su<br />
tiempo en <strong>la</strong>s actividades de esparcimiento y <strong>la</strong>s vacaciones p<strong>la</strong>nificadas. Ningún momento<br />
de su vida escapa al dominio del sistema. Cada instante de su vida ha sido invadido. Es un<br />
esc<strong>la</strong>vo de tiempo completo.
Capítulo IX: <strong>la</strong> medicina mercantil<br />
“La medicina hace morir más lentamente.”<br />
Plutarco<br />
La degradación generalizada de su medio ambiente, del aire que respira, y de <strong>la</strong><br />
comida que consume; el stress de sus condiciones <strong>la</strong>borales y de <strong>la</strong> totalidad de su vida<br />
social son el origen de <strong>la</strong>s nuevas enfermedades del esc<strong>la</strong>vo moderno. Su condición servil<br />
es una enfermedad para <strong>la</strong> cual no existirá jamás ninguna medicina. Sólo <strong>la</strong> completa<br />
liberación de <strong>la</strong> condición en <strong>la</strong> que se encuentra, puede permitirle al esc<strong>la</strong>vo moderno<br />
reponerse de su sufrimiento.<br />
La medicina occidental no conoce sino un remedio contra los males que sufren los<br />
esc<strong>la</strong>vos modernos: <strong>la</strong> muti<strong>la</strong>ción. Es a base de cirugías, de antibióticos o de quimioterapia<br />
que se trata a los pacientes de <strong>la</strong> medicina mercantil. Nunca se ataca el origen del mal sino<br />
sus consecuencias, porque <strong>la</strong> búsqueda de <strong>la</strong>s causas nos conduciría inevitablemente a <strong>la</strong><br />
condenación imp<strong>la</strong>cable de <strong>la</strong> organización social en su totalidad.<br />
Así como el sistema actual ha convertido cada elemento de nuestro mundo en una<br />
simple mercancía, también ha hecho de nuestro cuerpo una mercancía, un objeto de estudio<br />
y experimentación para los seudo-sabios de <strong>la</strong> medicina mercantil y de <strong>la</strong> biología<br />
molecu<strong>la</strong>r. Los amos del mundo ya están a punto de patentar todo lo viviente. La secuencia<br />
completa del ADN del genoma humano es el punto de partida de una nueva estrategia<br />
puesta en marcha por el poder. La decodificación genética no tiene otra finalidad que <strong>la</strong> de<br />
ampliar considerablemente <strong>la</strong>s formas de dominación y de control.<br />
Como tantas otras cosas, nuestro cuerpo ya no nos pertenece.
Capitulo X: <strong>la</strong> obediencia como segunda naturaleza<br />
“A fuerza de obedecer se obtienen reflejos de sumisión.”<br />
Anónimo<br />
Lo mejor de su vida se le escurre por los dedos, pero él continúa porque tiene <strong>la</strong><br />
costumbre de obedecer desde siempre. La obediencia se ha convertido en su segunda<br />
naturaleza. Obedece sin saber por qué, simplemente porque sabe que tiene que obedecer.<br />
Obedecer, producir y consumir, he ahí el tríptico que domina su vida. Obedece a sus<br />
padres, a sus profesores y a sus patrones, a sus propietarios y a sus mercaderes. Obedece a<br />
<strong>la</strong> ley y a <strong>la</strong>s fuerzas del orden, obedece a todos los poderes porque no sabe hacer otra cosa.<br />
No hay nada que lo asuste más que <strong>la</strong> desobediencia, porque <strong>la</strong> desobediencia es el riesgo,<br />
<strong>la</strong> aventura, el cambio. Así como el niño entra en pánico apenas pierde de vista a sus<br />
padres, el esc<strong>la</strong>vo moderno se siente desorientado sin el poder que lo ha creado. Por eso,<br />
continúa obedeciendo.<br />
El miedo ha hecho de nosotros unos esc<strong>la</strong>vos y nos mantiene en esa condición. Nos<br />
inclinamos ante los amos del mundo; aceptamos esta vida de humil<strong>la</strong>ciones y de miseria,<br />
so<strong>la</strong>mente por temor.<br />
Sin embargo, nosotros disponemos de <strong>la</strong> fuerza numérica frente a <strong>la</strong> minoría que<br />
gobierna. Su fuerza no <strong>la</strong> obtienen de su policía sino de nuestro consentimiento.<br />
Justificamos nuestra cobardía al enfrentamiento legítimo contra <strong>la</strong>s fuerzas que nos<br />
oprimen con un discurso lleno de humanismo moralizador. El rechazo a <strong>la</strong> violencia<br />
revolucionaria está anc<strong>la</strong>do en los espíritus de aquellos que se oponen al sistema<br />
defendiendo unos valores que el mismo sistema les ha enseñado.<br />
Pero cuando se trata de conservar su hegemonía, el poder no vaci<strong>la</strong> nunca en utilizar<br />
<strong>la</strong> violencia.
Capitulo XI: represión y vigi<strong>la</strong>ncia<br />
“Bajo un gobierno que aprisiona injustamente, el lugar del hombre justo es también en<br />
prisión.”<br />
Henry David Thoreau, La <strong>De</strong>sobediencia Civil.<br />
Sin embargo, existen algunos individuos que escapan al control de <strong>la</strong>s conciencias,<br />
pero están bajo vigi<strong>la</strong>ncia. Todo acto de rebelión o de resistencia es asimi<strong>la</strong>do como una<br />
actividad desviada o terrorista. La libertad no existe sino para aquellos que defienden los<br />
imperativos mercantiles. A partir de ahora, <strong>la</strong> verdadera oposición al sistema dominante es<br />
totalmente c<strong>la</strong>ndestina. Contra esos opositores, <strong>la</strong> represión es <strong>la</strong> reg<strong>la</strong> vigente. Y el silencio<br />
de <strong>la</strong> mayoría de los esc<strong>la</strong>vos frente a esta represión es justificada por el propósito<br />
mediático y político de negar el conflicto que existe en <strong>la</strong> sociedad real.
Capítulo XII: El dinero<br />
“Y aquello que hicimos antes por el amor de Dios, lo hacemos ahora por el amor al<br />
dinero, es decir, por amor a aquello que da <strong>la</strong> sensación más elevada de poder y <strong>la</strong> buena<br />
conciencia.”<br />
Aurora, Nietzsche<br />
Como todos los seres oprimidos de <strong>la</strong> historia, el esc<strong>la</strong>vo moderno necesita de su<br />
mística y de su dios para anestesiar el mal que le atormenta y el sufrimiento que le agobia.<br />
Pero este nuevo dios, a quien entregó su alma, no es más que <strong>la</strong> nada. Un trozo de papel, un<br />
número que tiene sentido solo porque todos han decidido dárselo. Es por este nuevo dios<br />
que estudia, trabaja, riñe y se vende. Es por este nuevo dios que ha abandonado sus valores<br />
y está dispuesto a hacer lo que sea. Él cree que entre más p<strong>la</strong>ta posea más se librará de <strong>la</strong><br />
coacción que lo sujeta. Como si <strong>la</strong> posesión fuera de <strong>la</strong> mano de <strong>la</strong> libertad. La liberación es<br />
una ascesis que proviene del dominio de sí mismo; un deseo y una voluntad de actuar. Está<br />
en el ser y no en el tener. Pero hay que decidirse a no servir ni obedecer más. Falta ser<br />
capaz de romper con unos hábitos que nadie, al parecer, osa poner en te<strong>la</strong> de juicio.
Capitulo XIII: No hay alternativa a <strong>la</strong> organización social dominante<br />
Acta est fabu<strong>la</strong><br />
El juego terminó<br />
Ahora bien, el esc<strong>la</strong>vo moderno está convencido de que no existe alternativa a <strong>la</strong><br />
organización del mundo presente. Se ha resignado a esta vida porque piensa que no puede<br />
haber otra. Es ahí en donde reside <strong>la</strong> fuerza de <strong>la</strong> dominación presente: hacer creer que este<br />
sistema que ha colonizado toda <strong>la</strong> superficie de <strong>la</strong> Tierra es el fin de <strong>la</strong> historia. Ha<br />
convencido a <strong>la</strong> c<strong>la</strong>se dominada que adaptarse a su ideología equivale a adaptarse al mundo<br />
tal como es y tal como ha sido siempre. Soñar con otro mundo se ha convertido en un<br />
crimen condenado al unísono por los medios y por todos los poderes. El criminal es en<br />
realidad aquel que contribuye, consciente o no, a <strong>la</strong> demencia de <strong>la</strong> organización social<br />
dominante. No hay locura más grande que <strong>la</strong> del sistema presente.
Capítulo XIV: La imagen<br />
“Pero, sabed, oh rey, que no adoraremos a tus dioses ni nos arrodil<strong>la</strong>remos ante <strong>la</strong> imagen<br />
de oro.”<br />
Antiguo Testamento, Daniel 3:18<br />
Ante <strong>la</strong> devastación del mundo real, es necesario para el sistema colonizar <strong>la</strong><br />
conciencia de los esc<strong>la</strong>vos. Es por eso que el sistema dominante ha decidido enfocarse en <strong>la</strong><br />
disuasión que, desde <strong>la</strong> más pequeña edad, cumple el papel preponderante en <strong>la</strong> formación<br />
de los esc<strong>la</strong>vos. Ellos deben olvidar su condición servil, su prisión y su vida miserable.<br />
Basta con ver esa muchedumbre hipnótica, conectada a <strong>la</strong>s pantal<strong>la</strong>s que acompañan su<br />
vida cotidiana. Ellos disfrazan su insatisfacción permanente con el reflejo manipu<strong>la</strong>do de<br />
una vida soñada, hecha de dinero, de gloria y de aventura. Pero sus sueños son tan<br />
<strong>la</strong>mentables como su vida miserable.<br />
Hay imágenes para todo y para todos. Esas imágenes llevan en sí el mensaje<br />
ideológico de <strong>la</strong> sociedad <strong>moderna</strong> y sirven de instrumento de unificación y de propaganda.<br />
Se multiplican a medida que el hombre es despojado de su mundo y de su vida. Es el niño<br />
el primer b<strong>la</strong>nco de esas imágenes. Hay que volverlos estúpidos y extirparles toda forma de<br />
reflexión y de crítica. Todo ello se hace, c<strong>la</strong>ro está, con <strong>la</strong> desconcertante complicidad de<br />
sus padres, quienes han desistido ante el impacto de los medios modernos de comunicación.<br />
Ellos mismos compran todas <strong>la</strong>s mercancías necesarias para <strong>la</strong> esc<strong>la</strong>vización de su<br />
progenie. Se desentienden de <strong>la</strong> educación de sus hijos y se <strong>la</strong> dejan al sistema del<br />
embrutecimiento y de <strong>la</strong> mediocridad.<br />
Hay imágenes para todas <strong>la</strong>s edades y para todas <strong>la</strong>s c<strong>la</strong>ses sociales. Los esc<strong>la</strong>vos<br />
modernos confunden esas imágenes con <strong>la</strong> cultura y, a veces, con el arte. Se recurre<br />
constantemente a los instintos más bajos para vender cualquier mercancía. Y es <strong>la</strong> mujer,<br />
doblemente esc<strong>la</strong>va en <strong>la</strong> sociedad presente, <strong>la</strong> que paga el precio más alto.
El<strong>la</strong> es presentada como simple objeto de consumo. La rebelión ha sido también reducida a<br />
una imagen desprovista de su potencial subversivo. La imagen sigue siendo <strong>la</strong> forma de<br />
comunicación más directa y más eficaz: crea modelos, embrutece a <strong>la</strong>s masas, les miente,<br />
les infunde frustraciones y les insuf<strong>la</strong> <strong>la</strong> ideología mercantil. Se trata, pues, una vez más y<br />
como siempre, del mismo objetivo: vender, modelos de vida o productos, comportamientos<br />
o mercancías, vender no importa qué, pero vender.
Capitulo XV: El entretenimiento<br />
“La televisión embrutece a los que <strong>la</strong> miran, no a los que <strong>la</strong> hacen.”<br />
Patrick Poivre d’Arvor<br />
Esos pobres hombres se divierten, pero ese divertimiento no sirve más que para<br />
distraerlos del auténtico mal que los acosa. Han dejado que hicieran de su vida cualquier<br />
cosa y fingen sentirse orgullosos de ello. Intentan lucir satisfechos pero nadie les cree; ni<br />
ante al frío reflejo del espejo, alcanzan a engañarse. Pierden su tiempo de<strong>la</strong>nte de unos<br />
imbéciles que los hacen reír o cantar, soñar o llorar.<br />
A través del deporte mediático, se representa el éxito y el fracaso, el esfuerzo y <strong>la</strong>s<br />
victorias que el esc<strong>la</strong>vo moderno ha dejado de vivir en carne propia. Su insatisfacción lo<br />
incita a vivir por encargo frente a su aparato de televisión. Mientras que los emperadores de<br />
<strong>la</strong> Antigua Roma compraban <strong>la</strong> sumisión del pueblo con pan y circo, hoy en día, es con<br />
divertimientos y consumo del vacío que se compra el silencio de los esc<strong>la</strong>vos.
Capitulo XVI: El lenguaje<br />
“Uno cree que domina <strong>la</strong>s pa<strong>la</strong>bras, pero son <strong>la</strong>s pa<strong>la</strong>bras <strong>la</strong>s que lo dominan a uno.”<br />
A<strong>la</strong>in Rey<br />
El control de <strong>la</strong>s conciencias es el resultado de <strong>la</strong> utilización viciada del lenguaje<br />
por <strong>la</strong> c<strong>la</strong>se económica y socialmente dominante. Siendo el dueño de todos los medios de<br />
comunicación, el poder difunde <strong>la</strong> ideología mercantil a través de <strong>la</strong> definición fija, parcial<br />
y amañada que le atribuye a <strong>la</strong>s pa<strong>la</strong>bras.<br />
Las pa<strong>la</strong>bras son presentadas como si fueran neutras y su definición como evidente.<br />
Contro<strong>la</strong>das por el poder, designan siempre una cosa muy distinta a <strong>la</strong> vida real.<br />
Es ante todo un lenguaje de <strong>la</strong> resignación y de <strong>la</strong> impotencia, el lenguaje de <strong>la</strong><br />
aceptación pasiva de <strong>la</strong>s cosas tal como son y tal como deben permanecer. Las pa<strong>la</strong>bras<br />
actúan por cuenta de <strong>la</strong> organización dominante de <strong>la</strong> vida y el hecho mismo de utilizar el<br />
lenguaje del poder, nos condena a <strong>la</strong> impotencia.<br />
El problema del lenguaje es el punto esencial de <strong>la</strong> lucha por <strong>la</strong> emancipación<br />
humana. No es una forma de dominación que se añada a otra sino que es el centro mismo<br />
del proyecto de sometimiento del sistema mercantil totalitario.<br />
Es a través de <strong>la</strong> reapropiación del lenguaje y, por tanto, de <strong>la</strong> comunicación real<br />
entre <strong>la</strong>s personas, que surge de nuevo <strong>la</strong> posibilidad de un cambio radical. Es en este<br />
sentido que el proyecto revolucionario converge con el proyecto poético. En <strong>la</strong><br />
efervescencia popu<strong>la</strong>r, <strong>la</strong> pa<strong>la</strong>bra hab<strong>la</strong>da es re-aprendida y reinventada por extensos<br />
grupos. La espontaneidad creativa se encuentra en cada uno y nos une a todos.
Capitulo XVII: La ilusión del voto y <strong>la</strong> democracia par<strong>la</strong>mentaria<br />
“Votar es abdicar.”<br />
Elysée Reclus<br />
No obstante, los esc<strong>la</strong>vos modernos se sienten todavía ciudadanos. Creen votar y<br />
decidir libremente quién conducirá sus asuntos, como si aún pudieran elegir. Pero, cuando<br />
se trata de escoger <strong>la</strong> sociedad en <strong>la</strong> que queremos vivir, ¿creen ustedes que existe una<br />
diferencia fundamental, entre <strong>la</strong> socialdemocracia y <strong>la</strong> derecha populista en Francia, entre<br />
demócratas y republicanos en Estados Unidos y entre <strong>la</strong>boristas y conservadores en el<br />
Reino Unido? No existe ninguna oposición, puesto que los partidos políticos dominantes<br />
están de acuerdo en lo esencial: <strong>la</strong> conservación de <strong>la</strong> presente sociedad mercantil. Ninguno<br />
de los partidos políticos que pueden acceder al poder pone en entre dicho el dogma del<br />
mercado. Y son esos mismos partidos los que, con <strong>la</strong> complicidad mediática, acaparan <strong>la</strong>s<br />
pantal<strong>la</strong>s; riñen por pequeños detalles con <strong>la</strong> esperanza de que todo siga igual; se disputan<br />
por saber quién ocupara los puestos que les ofrece el par<strong>la</strong>mentarismo mercantil. Esas<br />
pobres querel<strong>la</strong>s son difundidas por todos los medios de comunicación con el fin de ocultar<br />
un verdadero debate sobre <strong>la</strong> elección de <strong>la</strong> sociedad en <strong>la</strong> que queremos vivir. La<br />
apariencia y <strong>la</strong> futilidad dominan sobre el profundo enfrentamiento de ideas. Todo esto no<br />
se parece en nada, ni de lejos, a una democracia.<br />
La democracia real se define en primer lugar y ante todo por <strong>la</strong> participación masiva<br />
de los ciudadanos en <strong>la</strong> gestión de los asuntos de <strong>la</strong> ciudad. Es directa y participativa.<br />
Encuentra su expresión más autentica en <strong>la</strong> asamblea popu<strong>la</strong>r y en el dialogo permanente<br />
sobre <strong>la</strong> organización de <strong>la</strong> vida en común. La forma representativa y par<strong>la</strong>mentaria que<br />
usurpa el nombre de democracia limita el poder de los ciudadanos al simple derecho de<br />
votar; es decir, a nada. Escoger entre gris c<strong>la</strong>ro y gris oscuro no es una elección verdadera.<br />
Las sil<strong>la</strong>s par<strong>la</strong>mentarias son ocupadas en su inmensa mayoría por <strong>la</strong> c<strong>la</strong>se económicamente<br />
dominante, ya sea de derecha o de <strong>la</strong> pretendía izquierda social demócrata.
No hay que conquistar el poder, hay que destruirlo. Es tiránico por naturaleza, sea<br />
ejercido por un rey, un dictador o un presidente electo. La única diferencia en el caso de <strong>la</strong><br />
“democracia” par<strong>la</strong>mentaria es que los esc<strong>la</strong>vos tienen <strong>la</strong> ilusión de elegir ellos mismos al<br />
amo que deberán servir. El voto los ha hecho cómplices de <strong>la</strong> tiranía que los oprime. Ellos<br />
no son esc<strong>la</strong>vos porque existen amos, sino que los amos existen porque ellos han elegido<br />
mantenerse esc<strong>la</strong>vos.
Capitulo XVIII: El sistema mercantil totalitario<br />
“La naturaleza no creó amos ni esc<strong>la</strong>vos, yo no quiero dar ni recibir leyes.”<br />
<strong>De</strong>nis Diderot<br />
El sistema dominante se define entonces por <strong>la</strong> omnipresencia de su ideología<br />
mercantil. Ocupa a <strong>la</strong> vez todos los espacios y todos los sectores de <strong>la</strong> vida. No profesa más<br />
que: produce, vende, consume, acumu<strong>la</strong>. Ha reducido todas <strong>la</strong>s re<strong>la</strong>ciones humanas a unas<br />
parcas re<strong>la</strong>ciones mercantiles, y considera que nuestro p<strong>la</strong>neta es una simple mercancía. La<br />
función que nos asigna es el trabajo servil. El único derecho que reconoce es el derecho a <strong>la</strong><br />
propiedad privada. Al único dios que rinde culto es al dinero.<br />
El monopolio de <strong>la</strong> apariencia es total. Solo aparecen los hombres y los discursos<br />
favorables a <strong>la</strong> ideología dominante. La crítica de este mundo se ahoga en el mar mediático<br />
que determina qué está bien y qué está mal, lo que se puede y lo que no se puede ver.<br />
Omnipresencia de <strong>la</strong> ideología, culto al dinero, monopolio de <strong>la</strong> apariencia, partido<br />
único disfrazado de pluralismo par<strong>la</strong>mentario, ausencia de una oposición visible, represión<br />
en todas sus formas, voluntad de transformar al hombre y al mundo: He ahí <strong>la</strong> verdadera<br />
cara del totalitarismo moderno que ellos l<strong>la</strong>man “democracia liberal”, pero que es hora de<br />
l<strong>la</strong>mar por su verdadero nombre: el sistema mercantil totalitario.<br />
El hombre, <strong>la</strong> sociedad y todo nuestro p<strong>la</strong>neta están al servicio de esta ideología. El<br />
sistema mercantil totalitario ha logrado lo que ningún otro totalitarismo había podido:<br />
ocupar cada resquicio del p<strong>la</strong>neta. Hoy en día, ninguna forma de exilio es posible.
Capitulo XIX: Perspectivas<br />
A medida que <strong>la</strong> opresión se expande por todos los sectores de <strong>la</strong> vida, <strong>la</strong> rebelión<br />
toma el aspecto de una guerra social. Los motines renacen y anuncian que <strong>la</strong> revolución<br />
está por llegar.<br />
La destrucción de <strong>la</strong> sociedad mercantil totalitaria no es un asunto de opinión, es<br />
una necesidad absoluta en un mundo que se sabe condenado. Ya que el poder está en todas<br />
partes, es por todas partes y por todo el tiempo que hay que combatirlo.<br />
La reinvención del lenguaje, el trastorno permanente de <strong>la</strong> vida cotidiana, <strong>la</strong><br />
desobediencia y <strong>la</strong> resistencia son <strong>la</strong>s pa<strong>la</strong>bras c<strong>la</strong>ves de <strong>la</strong> rebelión contra el orden<br />
establecido. Pero para que de esta rebelión surja una revolución hay que encaminar <strong>la</strong>s<br />
subjetividades a un frente común.<br />
Es en <strong>la</strong> unidad de todas <strong>la</strong>s fuerzas revolucionarias que hay que obrar. Esta no se<br />
puede conseguir más que siendo conscientes de nuestros fracasos pasados: ni el reformismo<br />
estéril ni <strong>la</strong> burocracia totalitaria pueden ser una solución para nuestra inconformidad. Se<br />
trata de inventar nuevas formas de organización y de lucha.<br />
La autogestión en <strong>la</strong>s empresas y <strong>la</strong> democracia directa a esca<strong>la</strong> comunal<br />
constituyen <strong>la</strong>s bases de esta nueva organización que debe ser anti-jerárquica, tanto en <strong>la</strong><br />
forma como en el contenido.<br />
Al poder no hay que conquistarlo, hay que destruirlo.
Capitulo XX: Epílogo<br />
“Caballeros, el tiempo de <strong>la</strong> vida es muy corto…<br />
Si vivimos, vivimos para hol<strong>la</strong>r cabezas de reyes.”<br />
Enrique IV, Acto V, escena 2, William Shakespeare