La Mundialización - Documento sin título - HOAC

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El Evangelio en tu vida

Juguemos cada domingo al rescate

Juan Fernández de la Cueva

Navidad es tiempo de sentir la alegría de que Dios

se ha atrevido a poner su choza en nuestro complicado

mundo. Porque no ha escogido un palacio

para nacer sino un pesebre fuera de la ciudad. Y no se ha

rodeado de cortesanos sino de pastores, ciudadanos de 4ª

categoría. A partir de entonces los pobres cotizan como un

valor de muchos enteros en la Bolsa del Reino.

Y después de la Navidad pasamos a la cuesta de enero

que coincide con el tiempo ordinario del año litúrgico. Mi

amigo Agustín me dio la pista de que el año litúrgico se parece

al juego del rescate que nos divertía de pequeños: el

juego consiste en que a todo individuo que pillan (o «la pocha»)

se lo llevan prisionero junto a un poste. Allí queda

inmovilizado y vigilado, sin vida. Pero la tensión del juego

está en que si otro de tu equipo llega a tocar al pelotón de

prisioneros al grito de «salvados», los libra a todos y salen

corriendo con otra vida.

Así pasa con el misterio de Dios: en Belén se esconde

para venir sigilosamente a tocarnos hasta que grita en el

poste de la cruz: «¡salvados!». Entonces los que estaban inmovilizados

corren como quien estrena vida. Cada domingo

es un anticipo de ese «rescate», un episodio donde se

visualiza el drama de estar prisionero sabiendo que alguien

trabaja secretamente para que la historia termine en el grito

de «salvados».

Así nos muestra la liturgia a Jesús en estos domingos

de enero y nos lanza una pregunta a

cada uno:

–El domingo día 8, Jesús, que ya se había sumergido

entre los obreros de Nazaret, se pone a

la cola de los pecadores que van a solicitar el

bautismo de conversión a Juan Bautista. Entonces

el Padre certifica que Él está con su Hijo

amado y avala su misión entre los últimos. ¿Me

muestro yo orgulloso de echar mi suerte entre

los últimos de la crisis? Después del fiasco del

rescate de los gobiernos a las instituciones financieras

¿cómo estoy de pobreza solidaria

con los que están inmovilizados en el paro?

–El domingo día 15, Jesús nos asocia a la intimidad

de su equipo de «rescate» («venid con-

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migo… y ellos vieron donde vivía y se quedaron con él»).

¿Disfruto yo de esa confianza que ningún mercado financiero

me puede quitar por muy inmovilizado que me haya

dejado en la crisis? ¿O me quedo atenazado por el miedo

de que los recortes sociales me afecten personalmente?

–El domingo día 22, Jesús nos asocia a su tarea de descubrir

la Buena Noticia y dedicar mi vida a proclamarla:

«se ha cumplido el plazo, el Reino de Dios está cerca».

¿Acompaño yo a los parados de larga duración a descubrir

la fuerza transformadora del evangelio? ¿Descubro

con ellos las semillas evangélicas entre los empobrecidos?

–El domingo día 29, Jesús libra con autoridad a una persona

que está endemoniada, como les pasa a los que en el

escondite no pueden moverse y están prisioneros. ¿Gasto

yo mis fuerzas en acercarme a los que «la pochan» en

esta crisis para tocarlos en nombre de Jesús y que puedan

salir corriendo libres? ¿En qué equipo juego yo?

Nosotros no somos «escribas» que discursean moralinas,

sino discípulos de Jesús. Si queremos seguirle en el misterio

de su «rescate», debemos ser astutos como serpientes

y decididos como leones ante los mercados sin ética que

han cogido a tantos prisioneros en la crisis. La liturgia nos

irá guiando durante el año. ■

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