139 - Revista Personae

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PERSONAE

EDITORIAL

El poder y los políticos

Existen tres clases de políticos. El que busca el poder

por el poder mismo, el que pone el poder al servicio de

una ideología y el que utiliza el poder para concretar su

visión de país.

En México son abrumadora mayoría los de la primera

categoría porque tratándose de conseguir el poder, cínicamente

desechan a su partido que no los seleccionó

para un cargo de elección popular, entonces, abandonan

esa ideología para asumir otra. Escasean los de la

segunda, la mayoría milita en un partido político por los

provechos personales que éste les puede redituar. Los

de la última son especie en extinción.

Pero, ¿quién es el culpable? ¿Nuestra historia cumple la

sentencia que dice: cada pueblo tiene el gobierno que

se merece? Porque la mayoría que conforma nuestra

sociedad omite o ignora, por pereza o cooptación comodona,

lo que hacen sus gobernantes, legisladores o

magistrados y jamás les exige rendición de cuentas.

Ignorando si se trata de políticos convenencieros y corruptos

les ofrece en bandeja de plata su deber-derecho

a decidir qué gobierno y gobernantes quiere; cuál es más

conveniente para el desarrollo individual y colectivo de

los mexicanos.

En esa permisividad radica la causa primaria de que el

Estado Mexicano esté muy cercano a convertirse en un

Estado fallido, el cual, no ha podido superar la atonía en

la que lo han mantenido los respectivos gobiernos presidenciales,

provocando que como economía atractiva

haya descendido decenas de lugares ante el mundo.

Porque, ¿cómo explican esos gobiernos el desplome de

la economía de los estamentos sociales que hace apenas

unos lustros gozaban de un tipo de vida superior, mejor

remunerado, que ahora pertenezcan al 50% de los mexicanos

que viven en pobreza, sin oportunidad de mejores

empleos ni mejor educación o atención a la salud?

Es obvio, sin proyecto de una Nación pujante en búsqueda

del bien común de los mexicanos es fácil deducir

que el Estado Mexicano está muy cerca de convertirse en

un Estado fallido. Es evidente que durante décadas hemos

sido gobernados por una clase política que sólo busca

aprovechar a su favor los puestos de poder sin importarle

cumplir la premisa sustantiva de servir a la sociedad.

Entonces, es lógico que la mayoría de mexicanos esté

convencida de que la clase política sólo pelea por sus

intereses olvidando a la sociedad, al pueblo, desechando

lo que constitucionalmente juraron cumplir bajo protesta.

Esos políticos tergiversan, manipulan, las contiendas

electorales, y nosotros nos convertimos en víctimas-espectadoras,

dejando que los hombres en el poder satisfagan

sus ambiciones de manera soterrada y cobarde,

o cínicamente mediante el chisme, el insulto y la descalificación.

¿Consecuencia o no de nuestra permisividad?

Recordemos que la afamada alternancia cuando el

PAN consiguió, “sacar al PRI de Los Pinos”. Lo logró

porque Fox y sus operadores engañaron a la sociedad

prometiendo el cambio, que nunca llegó, porque del que

fuera un partido considerado serio, se apropió, desde

1988, gente ávida de poder, haciendo una gran purga de

militantes de prosapia.

José González Torres, Pablo Emilio Madero, Jesús González

Schmall y Bernardo Bátiz, son algunos panistas de arraigo

que salieron en medio de la diatriba que generó la llegada

de los “Bárbaros del Norte”, personajes altaneros y provocadores

que se convirtieron en la nueva generación panista

que trajo consigo a empresarios y a aventureros políticos

que comenzaron a ganar elecciones a cambio de fuertes

cantidades de dinero que aportaron a las campañas.

Se hizo evidente la ambición de conquistar el poder por el

poder mismo de sujetos advenedizos y aventureros respaldados

por los hombres del dinero. Se enfrentaron al

panismo tradicional por los espacios. Luego, a la llegada

al poder presidencial el PAN se hizo muy atractivo para

jóvenes, académicos y otro tipo de personajes que vieron

en él la gran oportunidad de hacer, con escaso esfuerzo,

una carrera pública con poder y dinero.

Otro ejemplo: no hace mucho, Gregorio Guerrero Pozas,

contralor general del IFE, puso en evidencia a los consejeros

electorales que querían el mismo sueldo que los

ministros de la SCJN de más de 330 mil pesos mensuales

y a quienes querían jinetear 360 millones de pesos no

ejercidos a través de un Fondo de Modernización.

Otra evidencia es el nuevo edificio del Senado de la República,

el cual costó 2,563 millones de pesos, casi el

doble de lo que fue aprobado gastar. Lo más grave es

que se construyeron 16 pisos en lugar de los 5 reglamentados

por la irregularidad de la mecánica de suelos,

amén de manejos dudosos en la adquisición del predio

de Insurgentes y Reforma.

Ello, sin entrar en detalles de verdaderos saqueos como

los que hicieron la familia López Portillo, Montiel, Manuel

Bartlett, Antonio Lozano Gracia, Salinas, Sahagún, Fox,

etcétera.

Ramón Zurita Sahagún

http://ramon-zurita.blogspot.com

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