EL CABALLO BLANCO

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EL CABALLO BLANCO

— De buen grado, capitán.

m+3'jte? Nosotros teníamos 1

—1-0 prom

Entoni-.es comprendí perfectamente el moti-

EL MUNDO DE LAS AVKN TUHAS

L Alto ¡4 en su idioma natr.l, yo me habría de*

tado la m norte d« mi f«vo

e yegia! ¡ Pobre Perla!

Do ipió (

abrazó el cuello del pobre

y rígido. Ocultó el rostro

crin del animal, y sorprer

en aquellas crines, que ra<

L. ¡Ay (

bnsaba.

hablas sulvado. ¿Qué

ya á correr por la pradera; tendré que

ihora me las han cortado.

Dijo estas palabras cotí

sar y animado del deseo de consolarla

posible, repetí mi ofrecimiento.

—No hay ninguno que me guste.

—Orel que DO los ba visto V. todo&

—Sí, por cierto: todos, uno por

inisra

busteros.

—Puea yo no la he visto á V.

¡n algún tiempo, E1U lo notó, pero guard*

icio, esperando mí contestación.

ee mi favorito, un antiguo y leal amigo; pi'io

si V. lo quiere... está & su disposición.

¡Ah! Tiene borado de barbada: no vale tanto

Páseme maquinal mente á desatarlo, y del

cismo modo lo sujeté al pomo de mi silla. Ln-

'jii fin, acorté las correas a la longitud conve*

g g pg,

los tobillos, y por debajo de ella se velan

tribo y el bordad" de BUS blanquinimos p

puntad, y el corpino, Heno de bordados, modelaba

las redondiis formas de aquella joven singular,

que se mantenía a caballo con lamayor

ístaba mudo de admiin

echado una ojeada, ni ha dejado de buscar las e á tiro de lazo de él.

[la larga calle. ¡Ja, ja! Temo, señor capité

que sea V. el D. Juan Tenorio del Novte. ' dodor de los

—Aseguro que no es ase nú carácter.

¡Bah! Usted es tin orgulloso como to'

por la curiosidad ó por otra causa, se babia s>

emprendió la

r llegó en bre-

os del animal. Entoni

su vez, poniéndose ac

los hombres. Pero basta de bromas y hable- | apretándose de pronto, y el toro cayó violenta

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