EL CABALLO BLANCO

ddd.uab.cat

EL CABALLO BLANCO

yegtii íalvt

inte do las de los machos, y su opinión

quedó justificada, porque al seguir la pista

hasta cierta distancia vimos de pronto un

rebaño que el vaquero nos indicó, asegurándonos

que era la yeguana en, cuya busca iba-

El éxito correspondía a nuestras esperanzas

taoión de tai corazón. No es fácil det

habíamos atravesado, estaba rodeada de i

bosque ó chaparral, que tenía alamedas ó c

lies, las cuales comunicaban con otrosterríjn

despejados del mismo genero.

Muchas yeguas pastaban tranquilamente

había bayos, blancos y ne)

estos últimos; también gr

Méjic mbre de caballo» pintado*.

e haría

EL CABALLO ULANCO

D podíai

Til vaquero opinaba que TÍO estaría IPJOS, y y

do pasado su vida

jes é indómitos,

Sin detenernos a mas, emj

ella!

' de media hora estábamos desplegados al rededor

de la pradera.

mímales salvajes

que el mustang

lo

s tra-

bres les han obligado a soportar.

A fin de observar cuándo quedaría cerrado

el círculo, habíame dirigido al extremo opuesto

de la pradera, llevando un clarín para hacerlo

resonar dos ó tres veces y espantar ctsf ó.

las yeguas.

Apostado en un grupo de árboles, iba ya á

llevar el clarín & niis labios, cuando oí á mis

sonool que" era el relincho del caballo de

Allí escuché el ruido de loe

íspués, la luz del sol poniente

. caballo-

el cuerpo

blanco como la nieve, las orejas negrs

el azabache, los belfos azulados, las v

e del ardor de sol en el tallar iumediato, ó la. Las yeguas habían respondido á BU

a llamada, y tedas ellas, agitando viva-

)iera podido hacerlo un escuadrón de cahayos

relinchos de alarma resonarían ¿ lo lejos. • Hería, y poniéndose de frente a su jefe, que lie-

El plan parecía de fácil ejecución; mas pri- ¡ gaba á todo escape. Al verlas en aquella posi-

More magazines by this user
Similar magazines