EL CABALLO BLANCO

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EL CABALLO BLANCO

mtes rasguños, por fortuna no 1 muy pelií8,

solo que no conserva dos onzas de san-

hasta recobrarla, ¡Ea! Otro traguito, y vám

Y, así diciendo, He dirigió a la hoguera, segiitdo

de su compañero.

A pesar de mi impaciencia por tener expli-

hacer más amplias preguntas al viejo Rube

después de lo que acababa de decirme; y, por

CAPÍTULO XXV

Al poco rato me dormí y pasé mucho tiempo

rnid<

me habían tapado cuidadosamente con

manta, la cual me preserva del frío dure

rincón trábame mucho EQeJor. Busqué á

hoguera estaba i

da que su brillo

indio.

«statu:

lio de E

débil q

Habría preferido que fuese el o ti

halaba tener conferencia con el mi

ITOLS compañeros; pero mi itnpaciei

permitió esperar, y me volví hacia

dirigí la palabra en voz baja para no despertai

á Oar.y.

j Cómo os nanuí^ arreglado paT'it en con 1

tt arme ?-le pregunté.

-Siguiéndole á V. la pista.

—Segur, eso, ¿me seguíais desde los estable^

cimientos?

persiguiendo al eahatlo hianco. A ,a primera

ojeada le conoci á V., y Bill también. Entonees

dijo á mi compañero: «-~-Dime, BL11: ¿no es

EL MUNDO DE LAS AVENTURAS

había una mnjer de por medio, dije á Bill:

bailo blanco ó pierda su rastro-. Yo Babia que

deras. Entonces se nos metió en la cabeza que

estaba V. perdido, porque veíamos al caballo

do; pero, tal cual es, es un desierto donde cualquiera

puede extraviarse. Los gaznápiros que

le acompañaban á V. habían vuelto grupas; de

irte que Bill y yo montamos en nuestros ja-

cos '

dera, no le vimos ya; pero sí su pist e fui-

ñaña, la pista estaba casi borrada, y hemos necesitado

mucho tiempo para Uegftr 6, la barranca.

«-¡Calla!—me dijo Bill.—El caballo ha

saltado por aquí, y ahí tienes las huellas del

algún merodeado; joa en caballo de V., que corría por

ole-

un poco más lejos, por haberle interceptado

por aquí. Ños constaba que no podria escalar

las peñas, y Bill fue tras él: lo encontró en una

*u a rilarse del torrente, y en toi] ees le cogió

'chindóle el laxo y le hizo subir hasta aquí.

—Y'el caballo es de V., capitán,—añadió

>or este obsequio, sino por haberme salvado

a vidal A no sar por vosotros, jamás habría

lalido de aquí. De nuevo os doy millares de

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