EL CABALLO BLANCO

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EL CABALLO BLANCO

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CAPITULO XL1

EL CABALLO BLANCO

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frente á la llanura, ae acercaron á la pared de

asomara otra vez la luna, y entonces vi con riosos gritos! Distinguimos perfectamente *•!

sorpresa un grupo de caballos, no de jinetes, desmesurado fusil del Zorro, as( como el sildichos

animales estaba montado por su dueBo: , cabeza.

al p

iballoi

J« q .. .

el intervalo de la obscuridad y que pe

cian inmóviles y silenciosos.

,ftlvi coto

le- da en derredor, vimos que, estando ya muv

alta la luna, la sombra de la eminencia s'o

I había reducido. Al mirar hacia el lado de hv

«e La pradera. Xba ya a llamar 4 nii compañero i de ponernos en pie, y nueatras pTopias soi

para ciarle cuenta de lo que b&bia pasado, i bra?, aumentadas en proporciones gi^pantsscí

cuando, al ponerme en pie, le vi junto á mt. I se prolongaban en la llanura directaroen

Había dado la vuelta a toda la meseta sin ob- ¡ bajo la v¡ata de nuestros enemigos, que no t

servar nada, y volvía para decirme que la I vieron mas que levantarla para vernos en

guerrilla seguía fija en su puesto. ! sitio donde estábamos.

—Pero ¡calla!—exclamó al ver la caballa- Al punto eos agazapamos entre las nmlezi

da.—¿Qué demonio es eso que hay alia abajo? preparando las carabinas.

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