EL CABALLO BLANCO

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EL CABALLO BLANCO

«O EL MUNDO DE LAS AVENTURAS

La sorpresa que causó a los guerrilleros tenían probabilidades de escapárseles. Estos

nuestra aparición pareció hacerles olvidar su últimos nos debían la voz de alerta que lee

TUSII- éstos debían ser del uu-mero do los

llegados. Desde la densa sombra de la a otrahubiero sidosusuer-

gado, y casi al mismo tiem

blanco al.yarse á escape, per

Pasó por delante de la lum do. Al llegar al borde del precipicio, nos en-

ración para aplicar el oído. Aquel grito se re

produjo, y luego se oyó de un modo continut

solamó Garey, después t

lento.—| El grito de guert

precisamente por debajo de nosotros, Corrí ai

por grupos divididos, separando apenas dos

s pasos a los últimos perseguí

tullido del guerrero indio. i los mejicanos huf&n en silencio,

las rápidas pisadas de los caballos, que hacfai

La luna salió de entre las nubes, y entonces

•va no nos quedó la menor duda- Cada uno de

nido de encarnado, brillaba a los rayos de la

luoa: su aspecto era espantoso.

Todos loa mejicanos habían montado á caha-

'lio para hacer frente A los nuevos é inespera-

iolucióu.'

—No

dijo Garey.

Y tuvo razón. pulm

Los guerrille

garlas de nuevo, Los más

temor de ¡a muerte, ante la cual todo se calla.

De pronto, la guerrilla lanzó un rugido de

;ausa de aquella

tida de jinete- que venían á escupe hacia nos-

y oir los gritos que á su vez lanzaban, así

i el sonido de los cascos de sus caballos;

Tatnpoco podíamos equivocarnos con respecto

á aquellas vocea de extraordinaria vehemen-

gado, y empeíó la retirada. Todos los mejicí

gado, y empeíó la retirada. Todos los mejica

nos volvieron las e?paldas al enemigo, y. cta derecha; de suerte que los hijos d*l desierto y

nto que aquellos odiados ene á reinar una obscuridad mis profunda que i

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