Antología de Cuentos 2011 - Enufmorelia.edu.mx

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ANTOLOGÍA DE CUENTOS

Antología de Cuentos

Memoria del Concurso de Cuento

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Ciclo escolar 2010-2011


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ANTOLOGÍA DE CUENTOS


ANTOLOGÍA DE CUENTOS

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DIRECTORIO

ANTOLOGÍA DE CUENTOS

DIRECTOR

Mtro. J. Sinohé Rangel Reguera

SUBDIRECTOR ACADÉMICO

Mtro. José Trinidad García Silva

SUBDIRECTOR ADMINISTRATIVO

Ing. Felipe Lemus Solís

COORDINADOR DEL ÁREA DE DIFUSIÓN CULTURAL

Y EXTENSIÓN EDUCATIVA

Profr. Otilio Sánchez Carrillo

RESPONSABLE DE LA COMISIÓN EDITORIAL

Profr. Felipe Antonio Pureco Gómez

AUXILIAR DE LA COMISIÓN EDITORIAL

Profr. Manuel Orozco Gaona

DISEÑO EDITORIAL

LDG.Tsitsiki Anaid Campos Lovera


INDICE

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PRESENTACIÓN

ANTOLOGÍA DE CUENTOS

EL DÍA DE SAN JUAN

Marcela Celeste Vargas Salvador.

SAN JOSÉ EL VIEJO

Yuritzi de la Salud Hernández Hernández.

INMENSIDAD AZUL TOTAL

Jorge Burckhardt Vázquez Torres.

HELENA

Stefani Gwendolín Cruz Cancino.

MI VIDA FÁCIL

Yareli Marmolejo Santibáñez.

UNA HISTORIA COMO CUENTO

Norma Leticia Pérez Doroteo.

MI PRIMER GRAN AMOR

Perla Cecilia García Alanís.

PRÓFUGOS DE LA INJUSTICIA

Alma Delia Díaz Díaz.

PROHIBIDO AMAR

Ana Elisa Serrano Valdez.

LA VIDA: IDEA DEL PENSAMIENTO IRREAL

Lizbeth Carolina Ramírez Olvera.

NO ME ARREPIENTO

Génesis Abril Soto Estrada.

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PLEGARIA ETERNA

Cuauhtli Meza Espinoza .

ANTOLOGÍA DE CUENTOS

SI NUNCA DEJARAS DE SOÑAR

Christian Marlene Paredes Calderón.

UN RAYITO DE ESPERANZA

Zayra Villalobos Flores.

UN LOCO ENAMORADO

Carmen Paulina Bedolla Alcaraz.

¿GUARDAS DE MÍ ALGÚN RECUERDO?

Zahira Yadira Pascual Pasaye.


ANTOLOGÍA DE CUENTOS

MEMORIA DEL CONCURSO DE CUENTO

DEL CICLO ESCOLAR 2010-2011

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ANTOLOGÍA DE CUENTOS


PRESENTACIÓN

ANTOLOGÍA DE CUENTOS

En la historia de la humanidad la escritura representó un

hito que transformó radicalmente la forma de vida y de

cultura de los seres humanos, pues con ella el hombre

es otro. La palabra escrita se convierte así en un puente entre la

realidad y el pensamiento. Con ella las ideas se materializan en

un objeto concreto: los grafismos. La escritura permite fijar la

historia en documentos que muchos años después, incluso siglos,

van a tener vigencia y vida propia.

Así pues, como dice Margarita Gómez Palacio, el dominio del

código escrito y la estructuración de lo que se pretende comunicar

no es algo que se adquiera de la noche a la mañana. El uso

adecuado y el dominio de esta herramienta es parte de una labor

que nos compete a todos: alumnos, maestros, padres de familia

y sociedad en general. Aunque normalmente se atribuye esa

responsabilidad a la escuela primaria, debe ser una actividad que

si bien puede iniciarse en el hogar y en los centros de educación

preescolar, debe prolongarse durante todo el proceso formal de

escolarización, por lo cual las instituciones de educación superior

no deben estar exentas de ello.

Por esto, en las escuelas formadoras de docentes, sobre todo

en ésta, el desarrollo de las habilidades comunicativas de los

estudiantes se ha convertido en un imperativo categórico

en el trabajo áulico. Así, la producción de textos es una de las

actividades cotidianas académicas de los jóvenes normalistas. Lo

mismo redactan resúmenes y/o síntesis de los textos trabajados

que informes de las actividades de observación y práctica

docente. También practican la función estética de la lengua al

estar en contacto con producciones literarias en los cursos de

Español y su Enseñanza y en los de Estrategias para el Estudio y

la Comunicación.

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ANTOLOGÍA DE CUENTOS

En esta intención, la Escuela Normal promueve la formación

literaria de sus estudiantes a través de las diversas acciones que

en los diferentes espacios curriculares del área del lenguaje se

tienen. En cada ciclo escolar, con estas producciones se organiza

un concurso de creación literaria en la modalidad de cuento,

con el propósito de despertar en los futuros docentes el gusto

por las manifestaciones de esta naturaleza, pues esta disciplina

constituye un elemento fundamental en la formación profesional

y humana de quienes desean dedicarse a la docencia.

Por ello, como ya es habitual a partir de l999, año en que de

manera formal se editó por primera ocasión la antología de cuento

normalista en esta institución, a partir de las producciones que

de esta naturaleza elaboran los alumnos, en este periodo escolar

ponemos en sus manos un número más de ella.


ANTOLOGÍA DE CUENTOS

Un golpe seco se escucha. Siente que todo se le nubla. Se

arrastra entre el lodazal. Sus uñas arañan la húmeda

tierra y busca el bulto del otro cuerpo. Su garganta, llena

de agua lodosa, rasga la quietud de la noche al gritar:

-¡Basta ya compadre!

Silencio. Sólo las gotas que violan la húmeda tierra se escuchan.

Abre los ojos buscando la figura de su compadre. Nada.

Dolorosamente se arrastra hasta tocar un madero. Se yergue

pesadamente. Trastabillando, se dirige a su jacal.

Una oscura mole sanguinolenta se abalanza contra su inerme

cuerpo. Quiere gritar, pero ningún ruido emerge de su garganta.

Siente un fétido olor a podrido. Manotea, siente que se le va la

respiración y cae en un profundo hoyo negro…

-¡Despierta….Despierta José!

Oye una voz a lo lejos que lo llama. Sus párpados se abren

lentamente, bueno, sólo uno. El otro, encerrado en una bola

carnosa, morada, tumefacta permanece cerrado.

-¿Dónde estoy? ¿Qué me pasó?

EL DÍA DE SAN JUAN

Marcela Celeste Vargas Salvador.

La lluvia empieza a caer en el camposanto, como si fueran

lágrimas que despiden un alma. Pedro agradece la presencia de

los presentes por acompañarlo en el sepelio de su única hermana.

Se postra de rodillas ante la tierra recién amontonada, cubierta de

flores. En silencio, la muchedumbre respeta su dolor. Lentamente

empiezan el regreso al pueblo. La tarde va cediendo su cielo

naranja, por un manto de luto que va cubriendo la esfera terrestre.

Bajo un tejocote, José se sienta con cinco de sus amigos. Extrae

una botella de mezcal de su chamarra. Le quita el olote que sirve

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ANTOLOGÍA DE CUENTOS

de tapón, se la lleva a la boca y succiona un enorme trago. Limpia

el cuello de la botella con su camisa y se la pasa a sus amigos,

que repiten mecánicamente lo hecho por José. Un calorcillo va

subiendo por las tripas y calienta el cuerpo. José, sentado en el

centro y alrededor, como piedras, sus cinco amigos observan

cómo la noche se come al día. Nadie habla. Siguen pasándose la

botella. En silencio observan a su amigo.

-Tengo muchos problemas-dice lentamente a sus amigos- voy a

beberme el valor, para hablar con mi compadre Cirilo. Él siempre

me ayuda. Toda la vida me ha aconsejado. ¡Es un sabio! Allá

dónde está aprendió muchas cosas. Nomás que necesito muchos

“güevos” pa hablar con él…

Todos mueven la cabeza. Nadie se atreve a contradecirlo. Saben lo

maldito que es. Tiene la fuerza para arrastrar un buey…

-Tovía me acuerdo como si juera ayer…Ese pinche día de San

Juan… ¿Cómo jue a pasar…?

Sentía raro mirar con un solo ojo. Anduvo de cantina en cantina

buscando a su compadre. Fue hasta la tarde en que lo encontró. Lo

vio y una mueca que pretendía ser sonrisa se dibujó en su cetrina

cara. Cirilo lo vio, y soltó una carcajada. Se miraron de frente, como

dos bueyes que se miran, para abalanzarse uno sobre otro y con

su cornamenta delimitar su terreno. Varios segundos de tanteo.

Sus enormes puños, cerrados, listos para azotar la humanidad del

otro. La gente los miraba fascinada, esperando una cerrada pelea,

pero… se abalanzó uno contra el otro y se fundieron en un abrazo,

donde las lágrimas de los dos se fundían en una sola…

-¡Perdóname, pinchi compadre la putiza que te di!- balbuceando,

dijo Cirilo-¡No sé que chingaos tomé, que me enloquecí…!

-¡No te fijes, compadre, también yo andaba enyerbao, y pos,

tampoco te jue bien!

La gente soltó los nervios en una carcajada. Los amigos se

acercaron a la barra y pidieron una charanda. Se la bebieron, en

alegre tertulia. Conversaban de muchas cosas y de nada.


ANTOLOGÍA DE CUENTOS

-No te olvides… Mañana es día de San Juan, y vamos a jugarnos

unas carreras, tu caballo, contra el mío… ¡Te voy a Chingar!...

-¡Si me dejo, compadre…!

La botella seguía dando vueltas. Nadie se atrevía a cortar el

monólogo de José, que, a veces, frotaba

la manga de su camisa, para secar el

llanto que amenazaba convertirse en

un manantial escurriendo de sus ojos.

Las luces del pueblo empezaron a

encenderse y rasgaban la oscuridad.

Un aire húmedo calaba hasta los

huesos. Sólo el mezcal los hacía

sentirse calientitos…

-¡Ah qué mi compadre… Tan chingón pal trabajo…Pa los putazos…

Pa la peda. Ora siento hasta que ya es sabio… Como no tiene otra

cosa que hacer…Les digo que me aconseja “José, no hagas esto, no

seas Güey…te conviene más lo otro…” ¡Lo oyeran, bueyes, es un

gusto oírlo hablar…!

Todos se miran unos a otros, pero nadie dice nada. Ese hombre es

una fiera cuando alguien lo contradice. Lo han visto moquetearse

con varios, incluso más jóvenes que él, y han caído a sus pies,

como sacos de maíz. Como fardos derrumbarse. Como árboles

talados por el hacha criminal de los rapamontes… Al fin, uno de

ellos, tímidamente, y esperando un descontón, en voz baja dice:

-¡No chingues José… Si tu compadre, hace 38 años que se murió

de una cruda…!

Un silencio sepulcral sigue a esta voz. José lanza un destello de

odio al que habló. Se levanta y como una fiera acorralada, da

vueltas y vueltas, esperando que uno se pare para desquitar su

ira, pero todos siguen sentados, observándolo con un creciente

temor.

El repique de campanas, tocando a difunto lo despierta. Observa el

techo desvencijado de su cuarto. Restriega sus ojos. Se pone de pie,

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ANTOLOGÍA DE CUENTOS

pero un dolor le taladra la cabeza. Se deja caer de nuevo. Reposa

un momento. Cierra los ojos. Las campanas siguen doblando,

lanzando quejidos lastimeros que se escuchan en todo el pueblo,

como una música lúgubre que despierta a los pobladores. Por fin

logra sentarse en el camastro, hecho de madera sin labrar. ¿Quién

se moriría en el mero día de san Juan? ¿Quién vestiría de luto la

fiesta del pueblo? Unos rudos golpes en la puerta lo hacen volver…

-¡Párate José… Se murió tu compadre Cirilo…!

Se levanta de un salto. Casi tumba la puerta y sale corriendo hasta

la casa de su compadre. Como un río de gente, todos corren en esa

dirección. A empujones entra hasta el cuarto. No puede creer lo

que ve. En medio del cuarto, en el suelo, tirado se encuentra Cirilo.

Ya le han puesto cuatro cirios. Su mamá grita desconsoladamente,

llamándolo. José se hinca junto al cuerpo. Levanta su cabeza. Se

acerca al oído y empieza a gritarle desesperadamente:

-¡Cirilo, no te vayas… Regresa…! ¡Compadre, no seas cabrón… no

me dejes!

Sigue gritando repetidamente. En

su mente existe la creencia que si

le grita, el difunto se regresa del

camino que ya ha emprendido a la

eternidad. Es capaz de hacer todo,

con tal que su amigo regrese. Con

la garganta destrozada, deja caer

suavemente la cabeza en el suelo,

y arremete con sus gruesos puños, golpeando

el corazón, tratando de reanimar la circulación. La gente lo mira

asombrada. Respeta su dolor. Su desesperación, y todos esperan

ver un milagro, que por ser eso, un milagro, no llega.

José se levanta y se sienta en un rincón del cuarto que, hasta ahora

se da cuenta, está lleno de gente. Amigos. Enemigos. Parientes.

Algunos, llorando, otros con el semblante entristecido.

No, la fiesta ya no es igual, no se pueden divertir, sabiendo que


ANTOLOGÍA DE CUENTOS

un joven yace muerto. Que ya no podrá correr su caballo, en esa

tradicional carrera que se ha suspendido por ese año.

Nadie se pone de pie. Se deja caer. Se lleva las manos al rostro

y suelta un llanto, ahogando los sollozos. Todos respetan ese

dolor. Lo han respetado siempre que ha surgido ese tema. Sólo

recuerdan, entre sueños, el sepelio que reunió a toda la gente.

Recuerdan cómo su féretro, hecho de madera por el propio José,

fue abierto antes de depositarlo en suelo sagrado, y echaron en él

los retratos y todo lo que recordaría su familia, su paso por este

mundo. Treinta y ocho años y parece que fue ayer para José.

A lo lejos se observa la entrada al panteón que los cirios celestiales

alumbran débilmente. José deja repentinamente de llorar. Se

levanta y emprende el camino de regreso al panteón:

-¡Pérenme cabrones….orita regreso…!

Antes que pudieran detenerlo, el hombre avanza, tambaleándose,

por el camino que lleva a la tierra sagrada del camposanto. Se

pasan la botella y siguen libando el licor amargo-dulzón del

mezcal puro de la sierra.

Avanza, trastabillando, cantando una vieja canción, para darse

ánimos. Llega a la entrada del panteón. Se persigna y entra. Toma

un rumbo. Camina por los senderos que llevan a la parte más vieja

del panteón. La luz de la luna parece ser su cómplice, alumbra los

senderos que llevan a las tumbas, que parecen abandonadas. Las

cruces o lo que queda de ellas sólo serán renovadas el día de los

difuntos, y aún falta mucho para ello. Se detiene bruscamente. Se

postra de hinojos. Respira profundamente. Se deja caer sobre el

montículo de tierra. Lo abraza y grita:

-¡Compadre… Aquí estoy otra vez!-nuevamente suelta el llanto…

la tierra, húmeda por la lluvia de la tarde, parece desprender una

nubecilla de vapor, que rompe el agua salobre que escurre de los

ojos de José-¡Óyeme, compadre…Escúchame..!

El viento que atraviesa los árboles parece gemir… los cuervos,

que van a buscar el árbol donde duermen, graznan haciendo

hablar a la noche…

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ANTOLOGÍA DE CUENTOS

¡Escúchame, compadre…. Quiero otra vez un consejo…!

-¡Levántate, compadre… ya no moquies y cuéntame…! ¿Qué

hiciste esta vez?

José se sienta sobre el lomo de tierra… Ahí, a su lado, como

formado por ligeras nubecillas que bailan en la noche está su

compadre, como las otras veces que le ha pedido consejo.

-¡Nadie me cree, compadre que tú me aconsejas…han de pensar

que perdí los estribos… han de pensar que estoy loco…!

-Me crees tú, y eso es suficiente.

Busca las palabras para expresar lo que siente. No las encuentra.

Aprieta los puños hasta hacerlos sangrar con las crecidas uñas,

que rara vez se corta. Parece que con la sangre le vuelven las ideas.

Las toma, las engarza y las convierte en frases entrecortadas que

espeta a su compadre.

-Yo siempre cometo las mismas pendejadas. Es como si no

terminara de aprender. Siempre quiero cambiar. Pensar más

las cosas antes de hacerlas, pero eso de razonar no va conmigo.

deme labrar la tierra, sembrar, cosechar. Eso es lo mío. Pídeme

que tumbe un árbol. Que haga planchas a puro golpe de hacha, y

naiden me gana… pero, saber tratar a la gente y no meterme en

broncas, eso no es lo mío.

-¡No me has dicho por qué has

venido…!

-¡No te digo que tengo varios

problemas…! Se queda un rato

pensativo, no sabe si lo que va a

decir es lo correcto…da un fuerte

respiro y se anima. ¡Tú como no tienes

problemas…!

-¡Tengo los tuyos, que son los míos..!

-Lo dices pa consolarme.


ANTOLOGÍA DE CUENTOS

-El tiempo para mí no existe. Sólo espero que vengas a llamarme

para estar contigo. No se me olvida que tú eres el culpable

que no me haya ido del todo. Tú me

llamaste para que regresara

y me devolví a medio camino.

Solo que entonces, no encontré

el camino de regreso y me quedé

sentado a que tú volvieras a

llamarme.

-¡Yo que pinches iba a saber que

venías de regreso… Si lo he sabido te sigo gritando

hasta que volvieras, pero perdí la fe y te dejé ir!

-¡No, no me dejaste ir del todo… Cuando volviste a llamar ya era

muy tarde!

-¡No me eches la culpa…me cay que yo no sabía!

El aire arrecia. Las ramas de los árboles crujen mecidas por el

fuerte viento. Las voces se pierden entre los múltiples sonidos

nocturnos. Las dos figuras permanecen sentadas, en un amigable

diálogo, que solamente es entre ellos. Que pertenece sólo a ellos.

-¡Ya se está tardando mucho José, pa´ mí que se quedó durmiendo

la borrachera allá en el panteón!

_¡Sólo a él se le ocurre!-Yo siento que perdió la razón cuando se

murió Cirilo.

-Ahora sale, quesque habla con él y lo aconseja.

-Hay que respetarlo. Después de todo, eran inseparables. Yo creía

que se lo iba a jalar, pero me equivoqué.

-Todos pensábamos lo mismo.

-¡Mírenlo…allá viene!

Una sombra fue tomando forma. Ya no trastabilla. Viene erguido

y con paso seguro. Una mueca que quiere ser sonrisa ilumina su

rostro, bajo la clara luz de la luna. Agita la mano saludando a sus

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amigos. Al llegar comenta:

ANTOLOGÍA DE CUENTOS

- Creí que ya se habían largado y me habían dejado sólo.

-¡Cómo crees, para eso somos amigos!

-¡Como los vi tan miedosos…!

- Pos sí le tenemos miedo a los panteones de noche… salen las

ánimas…

José se sentó. Sus amigos lo vieron con respeto. Había una

seguridad en su voz. Parecía que había vuelto a ser el mismo que

todos conocían. Ese hombre hecho del roble más duro que hay

en los cerros. Su cara no refleja muchas emociones, pero parece

rodeado de una luz extraña. Un juego de luces, entre la luna y los

resplandores que vienen del pueblo. Estiró la mano y…

-¡Pásenme la botella…! Una mano se la entrega. La toma y se la

lleva a la boca

-¡Ya se la chingaron…!

-¡Pos…como no venías…Jue pa´ darnos valor…!

La aventó lejos del grupo. Se oyó estrellarse entre las piedras de

la cerca. Se levantan al mismo tiempo y emprenden el camino de

regreso al pueblo. Las luces de las primeras casas iban aclarando

el camino. Empezaron a silbar para espantar el miedo. A lo lejos

se mira un estanquillo, donde varios hombres ríen.

-¡Ahí vamos a comprar otra botella de mezcal…apúrense…!


ANTOLOGÍA DE CUENTOS

SAN JOSÉ EL VIEJO

Yuritzi de la Salud Hernández Hernández.

De entre tantos cerros y montañas, hay uno. ¡El más bonito!

Se llama el cerro del águila y ahí vivo yo. Dicen que se llama

así porque aquí fue donde primero se paró el águila que

señalaba la fundación de Tenochtitlán, nomás que la espantaron

del nopal onde se paró y por eso fue a dar hasta el Lago de

Texcoco, en el Valle de México. Eso me dice mi agüelita y yo le creo.

Me gusta correr y jugar, cortar corpos en mayo, hongos cuando

llueve y tejocotes cuando empieza a hacer frío. Aparte, también

nacen los bonitos tulipanes y esas maravillas con las que me hago

mi corona, imaginándome que soy una de esas señoras todas

elegantes y adineradas como las de Tiripetío.

Todos los domingos, cuando bajamos con mi amá a vender

nopales y costales de tierra pa´ las plantas las veo. Yo vendo los

huevos que pone mi gallina Lulú a 10 centavos, con eso merco mis

dulces y las galletas que me gustan. Mi apá carga costales de maíz

y trigo pa´ venderlos.

Vivo aquí en San José, que está en el corazón de este cerro. Es

chiquito el rancho, son sólo unas cuantas casas de paja y piedra,

rodeadas de grandes pinales y encinos, y sólo podemos llegar de

unas casas a otras por las brechas marcadas por nuestros propios

pies. Pero somos muy felices, mis hermanos y yo. Aquí tenemos

duraznos y capulines, que nos gustan mucho; aunque nos piquen

los azotadores que están pegados en el palo del capulín, como las

garrapatas en las vacas.

Todos aquí nos conocemos y nos llevamos bien unos con otros y

entre todos nos ayudamos cuando alguien tiene un problema. En

San José todo es verde, verde, como los ojos de mi tía Petra. Los

güiltareos y las congas cantan todo el día, contentos en las ramas

de los encinos, las ardillas corren de mata en mata comiéndose el

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ANTOLOGÍA DE CUENTOS

maíz de los sembradíos y uno que otro coyote llega en la noche

por las gallinas y sus pollitos. Que si nos llegamos a dar cuenta, lo

agarramos a palos.

A veces cuando nos vamos hasta la merita punta del cerro con

mi apá, allá onde tiene unas tierras en las que siembra el

sustento pa nosotros, llego a ver los

venaos, que aunque ya son escasos,

todavía hay uno que otro con su cría.

¡Tan bonitos y cornudos que están!,

pero me escondo tras las jaras pa no

espantarlos y verlos más rato.

Aquí en San José, ¡Somos felices!

Porque podemos tener a nuestros

animales libres por todo el patio de la casa y los

alrededores; correr y jugar por todo el cerro, además hay muchos

nopales para comer y mi apá siembra arto frijol y haba que una parte

no la comemos y la otra la vende, con eso merca lo que necesitemos.

Pero dice mi apá que dentro de poco nos iremos más pa abajo, que

porque aquí no hay agua, y eso es cierto. Todos los días nos toca

caminar un montón, pa´ ir por un cántaro de agua pa´ tomar. Aquí

hay presas, pero ahí sólo toman las vacas y nos bañamos, y eso

nomás cuando es temporada de lluvias, pero pa´ tomar tenemos

que ir hasta allá abajo. Duramos como medio día en ir y venir del

río con el agua, que aparte pesa mucho.

El otro día vinieron unos señores todos entacuchaos, dice mi

agüelo que se llaman ingenieros, que son del gobierno y que están

estudiaos pa´ trazar pueblos. Yo eso no lo entiendo muy bien, yo

nomás los veo. Según ellos nos van a llevar más pa´ abajo, onde

hay agua, y que nos van a acomodar nuestras casas, dándonos el

terreno que aquí tenemos en un lugar onde llegue el agua.

Que porque ¡No es fácil traer el agua hasta acá!, y que cerca no

hay, sólo hasta allá abajo por el río.

Yo tengo miedo, porque ¡Aquí en San José soy feliz! Y allá quién


ANTOLOGÍA DE CUENTOS

sabe qué haiga y a dónde nos toque ir a dar. Pero pase lo que pase,

yo no me despego de mi gallina Lulú.

Aquí en San José me gusta todo, los árboles y la frescura que se

siente, como si uno anduviera recién bañadito. Me gusta vivir

aquí, alejada de todo eso que es nuevo y que no conozco.

Se oye decir que si nos mudamos pa´ allá, más pa´ abajo, también

se llamará San José y que estará mejor porque podré seguir

yendo a estudiar, como aquí nomás hay hasta tercero de primaria,

pues nadie sigue con los estudios. Además disque allá pasan las

“chocomilas” que llevan de un pueblo a otro.

Yo no lo sé, nunca las he visto ni me he subido a una. Pero dicen

que son unos cajones grandes, grandes, donde caben hartas

gentes, que tienen sillas adentro pa´ que la gente se siente

mientras llega a su destino y que esos cajones tienen llantas como

las carretas. Yo no lo sé, dicen que un señor las conduce como

nosotros conducimos la carreta y la yunta de güeyes, pero yo no

lo sé, nunca las he visto. Yo nomás conozco a mi burro Pipo que es

el que me lleva cargada a Tiripetío los domingos.

Aunque dicen que todo por allá será mejor, a mí me da harto

miedo, más que cuando me hallo una víbora de esas negras con

rojo tan venenosas y que matan a cualquiera que se les acerque.

Aquí ¡En San José soy feliz! Porque cada mañana veo salir el sol

brillante, brillante, como las naranjas que me compra mi apá,

cuando anda por la ciudad y porque todos los días mi agüelito

Beto me cuenta hartas historias de las cuevas que en todo por

aquí hay, cuando vamos a pastiar las vacas. Dice que en ellas

asustan, porque los hacendaos de más antes enterraban todas sus

monedas de oro y riquezas pa´ que no se las quitarán los federales

y disque ese dinero todavía está ahí.

Y en el nuevo San José no conocemos ni tenemos nada, dicen que

es lo mejor pa nosotros, pero yo no me convenzo. Pa mí el mejor

es mi San José, el viejo. Aquí onde nací, onde vivo, onde soy feliz y

onde mis apás me llamaron Tomasa.

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ANTOLOGÍA DE CUENTOS

INMENSIDAD AZUL TOTAL

Jorge Burckhardt Vázquez Torres.

Me encuentro parado en la entrada de un pequeño

muelle en la ciudad de Puerto Escondido en Oaxaca,

para avistar la competencia Nacional de Surfing que se

efectúa en ese lugar. Estar aquí es un tanto difícil para mí, ya que

al ver a los surfistas montar las grandes olas me trae recuerdos

y una profunda nostalgia, pues cinco años atrás practicaba este

deporte con gran pasión, cautivado por la belleza e inspiración

poética que tiene el mar.

Cautivado y extasiado por la inmensidad del océano me dediqué a

practicar el surfing desde que tenía diecisiete hasta los veinticinco

años de edad, así lo hice con gran fervor y deseo, aquí, en la ciudad

de Puerto Escondido durante ocho años.

He venido a ver la competencia nacional cada año durante los

últimos cinco, buscando recobrar la fuerza y la valentía con la que

un día, con mi tabla de surfing me desplacé en las olas de estas

playas, pues ya no lo practico más. No sólo Surfié casi todos los

días durante ocho años, sino que fui el mejor entre mis amigos e

innumerable personas que gustan de este deporte y vienen aquí

a practicarlo.

Con habilidad, talento y destreza gané este torneo nacional en

tres ocasiones distintas; junto con los recuerdos y la nostalgia,

también está por siempre en mis pensamientos y sueños la

experiencia traumática que viví en las costas de Australia; mis

últimas experiencias practicando este deporte sucedieron en

unas vacaciones que pasé en Sidney.

Siempre quise visitar las playas de Australia, pues es sabido

que este país tiene las condiciones climáticas que propician el

mejor oleaje para practicar el Surfing y no sólo el mejor oleaje,

sino que ahí se levantan las olas más grandes del mundo. Pude


ANTOLOGÍA DE CUENTOS

llevar a cabo la aspiración de viajar a Australia aprovechando

un paquete vacacional de 4 días y 4 noches, con hospedaje y

transporte por un precio costeable; para ese viaje utilicé el dinero

que había ahorrado como premio en las competencias y otro

dinero que había ahorrado trabajando

en la pesca durante un tiempo.

Sin mucho dinero ni equipaje para

pasar unas decorosas vacaciones me

aventuré al continente de Oceanía,

sólo con el deseo de ver esas

grandes olas y poder montarlas con

mi tabla de Surf. Al llegar a Sidney

y después de ir a instalarme en un hotel de mediana

calidad durante mi estancia, lo primero que hice fue salir a la

gran Bahía de la zona hotelera, para surfear, hacer esto fue lo

más emocionante y maravilloso que había hecho en mi vida; por

tres días fui inmensamente feliz surcando las olas, desde que la

claridad de la luz del día lo permitía, hasta que el sol se ocultaba;

sólo paraba para comer, descansaba y después de reposar me

subía en mi tabla para surcar las olas nuevamente.

Al cuarto día de mis vacaciones en Sidney, al estar parado en

la gran Bahía, tuve el deseo de caminar por la playa en busca

del mar abierto, en donde las olas son aún mas grandes al no

haber rompeolas que disminuyan su altura, como sucede en las

bahías; así que caminé por el contorno de la playa, alejándome

cada vez más de la gran zona hotelera; mientras más caminaba,

menos personas se veían, lo cual no era importante para mí, ya

que deseaba ver las enormes olas que sólo hay en esa región del

mundo, que se levantan y rompen todos los días, sin cesar.

Seguí caminando tal vez por dos o tres horas, hasta que

finalmente llegué a una playa en donde no había una sola persona;

estaba llena de troncos e infinidad de plantas y rocas que trae

el oleaje a la orilla; recuerdo haber visto muchísimos cangrejos

merodeando, pero ahí, en el mar abierto, se avistaban las olas más

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ANTOLOGÍA DE CUENTOS

grandes que nunca había imaginado; realmente

es sorprendente y cautivador ver

esa inmensidad de agua, con ese

precioso color azulado levantarse

y formar esas gigantescas paredes

de agua que, al ir rompiendo,

forman enormes tubos en espiral

de color blanco, causando un sonido

estruendoso y agitante.

Sentí como si ese fuera el momento más importante de mi vida, así

que sin dudar tomé mi tabla y me adentré en el mar; al ir nadando

encima de ella, a cada brazada sentía la adrenalina corriendo por

mi sangre; sin saber por qué miré la playa. No sé por qué lo hice,

pero vi una bandera roja de la que no me había percatado. Esto

no me importó, pues me consideraba lo bastante experimentado

y decidido a realizar tal reto.

Tomé la primera gran ola que se levantó; era enorme, debió medir

cuatro o cinco metros de altura; era algo infartante desplazarse

sobre esa marejada, lo más emocionante fue entrar al tubo de

agua y escuchar el sonido ensordecedor que producía la ola al

ir chocando sobre su espiral. Justo cuando la ola estaba a punto

de finalizar, sentí que algo golpeó mi tabla por debajo, con tanta

fuerza que me tiró y me hizo caer en el trayecto del rompimiento

de la ola; me sumergí lo más que pude, para no ser golpeado por

esas toneladas de agua, cayendo justo encima de mí. Por más

que intenté sumergirme con rapidez, el impacto de la ola fue tan

fuerte, que al golpearme quedé totalmente aturdido; perdí el

conocimiento por unos segundos; sólo recuerdo ir cayendo en la

profundidad del océano. El agua agitada por el oleaje poco a poco

fue aclarándose en una inmensidad azul total.

Después sucedió… vi a lo lejos una tenue sombra pequeña, no se

podía distinguir bien, todo estaba borroso y azul; se acercaba cada

vez más a mí y se volvía cada vez más grande; gradualmente iba

tomando forma y definición; era un animal de gran tamaño, con


ANTOLOGÍA DE CUENTOS

una enorme aleta dorsal puntiaguda y branquias a los costados;

era eso lo que había golpeado mi tabla!... se me heló la sangre y

liberé el oxigeno en mis pulmones con un grito de terror bajo el

agua. Aquello se aproximaba a mí, a gran velocidad, abriendo sus

enormes fauces, provistas con varias hileras de cientos de filosos

colmillos y unos ojos enormes, tan negros como una noche sin la

luz de la luna disponiéndose a devorarme, y yo ni siquiera podía

moverme…

Cerré los ojos para no sentirme entrar a esa enorme boca y ser

tragado por aquel temible depredador… de repente escuché una

gran variedad de sonidos similares entre sí, algo que jamás antes

había escuchado; es difícil de describir, eran agudos, estridentes,

dulces, como ondas marinas, como ecos de un sonar natural

acuático. Abrí los ojos y vi cómo aquella criatura era golpeada

por veloces torpedos; por más que trataba no pude distinguir qué

eran esas “cosas” que la golpeaban relampagueantemente una

y otra vez; eran pequeños en comparación de aquella criatura,

sombreados e imperceptibles, pero finalmente lograron hacer

huir a aquel tiburón.

Después ya no vi ni escuché nada, pensé que me ahogaría… de

pronto sentí cómo algo se posicionó por debajo de mi espalda,

y me impulsó velozmente hasta la superficie; al llegar, recuerdo

la luz del sol cegando mi vista y la sensación de alivio de tomar

una profunda y desesperada bocanada de aire; luego

recuerdo sentir como si algo me

hubiera conducido a la orilla de

la playa, ya que no podía nadar

ni moverme; estaba talmente

conmocionado e inmóvil por

aquello que había sucedido en

cuestión de segundos.

Llegué a la orilla de la playa; estaba

completamente de espalda sobre el agua y el oleaje más

suave me recostó sobre la arena; después mi vista se obscureció

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ANTOLOGÍA DE CUENTOS

y ya no recuerdo más. Desperté en un hospital, cerca del hotel en

donde me había hospedado; me habían hallado desmayado unos

guardacostas, me auxiliaron y llevaron a ese hospital; ahí pasé mi

última noche de vacaciones en Australia. Al día siguiente estaba

físicamente recuperado y pude salir para abordar el avión que

me traería de regreso a mi país. Durante el viaje de regreso sólo

podía pensar en aquel momento de inmersión en la profundidad

y el terror que me invadió al ver aquel tiburón aproximarse a mí.

Después ya no pude volver a surfear, ni siquiera a nadar en el mar;

hoy, viendo la competencia, aquí, en Puerto Escondido, siento un

implacable deseo de tomar mi tabla y volver a subir a esas olas,

pero tan solo pensar en entrar en el mar llena de miedo cada

rincón de mi ser y revivo aquel momento,… pero al menos deseo

ver las olas más de cerca, así que camino por el muelle hasta su

extremo. Me quedé parado en la orilla del muelle sólo viendo

el agua por debajo de mis pies; quisiera zambullirme en el agua

aunque fuera por un momento, pero no me atrevo, así que doy

la media vuelta para regresar. De pronto, una

gastada tabla del muelle, podrida

por el agua, se rompe y me hace

caer en el mar. Mi reacción es de

pánico y desesperación, ni siquiera

puedo mantenerme a flote. Siento

cómo revivo las imágenes que vi en

esa inmersión total, en las playas de

Australia, y que me quitó la pasión

y gusto por el surfing. Lucho desesperadamente por no

hundirme, pero no puedo y agotado, me hundo; cada vez me siento

más exhausto y eventualmente dejo de moverme y comienzo a

caer en la profundidad del océano una vez más… Después sucede

algo que me paraliza totalmente; veo a lo lejos una sombra difícil

de distinguir, pero sigue aproximándose a mí. Mi sangre se hiela

una vez más; sin moverme, y a punto de sucumbir al colapso,

cierro mis ojos, esperando que llegue el final, que debió haberse

cumplido y terminado con mi vida, en Australia, aquel día…


ANTOLOGÍA DE CUENTOS

En la profundidad del mar vuelvo a escuchar un sonido peculiar

y sin igual que me hace reaccionar; era aquel sonido agudo,

extraño y estridente que escuché el último día que surfié en las

playas de Sidney. Abro los ojos y veo aquella sombra acercarse

a mí lentamente, emitiendo ese sonido repetidamente, tomando

una forma más definida, mientras se aproxima y rebelando su

misteriosa figura, con los rayos del sol que vuelven cristalina el

agua. Con un nado simpático y armonioso nada alrededor de

este animal marino de mediano tamaño, de alargado hocico con

muchos dientes achatados, con una pequeña aleta dorsal de color

azul y un orificio respiratorio por arriba de su cabeza. Emite estos

ecos marinos como si quisiera decirme algo.

Ya no siento miedo, sólo paz y quietud al ver a este bello y

hermoso delfín nadando alrededor de mí. Quiero tocarlo y éste

se acerca a mí para poder hacerlo; después pongo mis brazos

alrededor de su largo tronco para abrazarlo y éste se impulsa a

la superficie para después llevarme a la orilla de la playa. Esta

vez puedo nadar y salir por mí mismo del agua. Las personas

rápidamente se acercan y me preguntan si estoy bien y con una

sonrisa dibujándose en mi rostro les contesto que me encuentro

bien. Después lo veo saltar una vez en la superficie, no muy lejos,

en el suave oleaje, siento como si dijera: adiós. Al ponerme de pie

y pensar en él siento que mi miedo se ha ido y el malestar que

no me permitía entrar al mar se ha curado. Ahora sé qué fue lo

que pasó cinco años atrás y cómo aquellas majestuosas criaturas

salvaron mi vida protegiéndome de aquel gran depredador.

Iré por mi vieja tabla de Surfing y volveré a surcar las olas, siempre

y cuando pueda ver a los delfines saltando en las cercanías…

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ANTOLOGÍA DE CUENTOS

HELENA

Stéfani Gwendolín Cruz Cancino.

Aunque mi cuerpo no tenga ánimo para levantarse, el solo

hecho de saber que me espera mi familia, la necesidad y las

ganas de ver a mis padres y hermanas me da fuerza para

seguir adelante. Me doy un beso en la mejilla y con alegría abandono

mi cama de un salto, dejando aquel recinto de descanso revuelto y

anhelante de que me quede en él para siempre.

No, no lo lograrás. Hoy me alejaré de este lecho, ha sido mucho

tiempo ya el que me has tenido prisionera, pero ¡basta! Todo ha

terminado, por fin me libero de estas cadenas de tristeza que me

ataron a ti por cinco largos meses. ¿Que yo tuve la culpa? ¡Sí! Y eso

qué importa ahora. ¿Que si no me arrepiento? De qué sirve hacerlo,

ha pasado mucho tiempo.

Es temprano aún, mamá y papá ya están en sus labores matutinas;

las pequeñas perezosas siguen dormidas, y seguro lo harán hasta

medio día; es algo común los fines de semana.

Me pregunto: ¿Qué hice mal? ¿Acaso será verdad lo que todas

aquellas personas gritaban? Las voces siguen retumbando en mi

cabeza, recuerdo esa tarde como si hubiera sido ayer. Cada uno de

los insultos me ronda insistentemente, retándome a demostrarles

que yo no soy eso.

¡Animal! ¡Bestia! ¡Demonio!... ¿se me escapa alguno? Hasta ahora me

he dado cuenta que un demonio no soy, me falta reunir las pruebas

suficientes para demostrar que soy una persona como todas. Es

cuestión de tiempo y todo se aclarará.

¡Vaya! Hoy regresaron más pronto que de costumbre. ¡Buen día

mamá! ¿Cómo estás papá?

- ¡Leonardo! Corre que ya se salió del cuarto.

- Quieres que yo lo haga todo. ¡Por Dios, también es tu hija!


ANTOLOGÍA DE CUENTOS

Por lo visto empezarán a pelear de nuevo, es mejor que me vaya

de aquí; suficiente tengo con mis problemas como para verlos

enfrentarse una vez más con todas esas cosas que no comprendo.

Pensándolo mejor, no es que no entienda, sino que me resultan

irrelevantes sus motivos. Discusiones sin sentido son comunes en la

gran mayoría de los matrimonios. ¡Admitámoslo! Es una verdad que

salta ante nuestros ojos deseosa de que algún valiente se atreva a

gritar lo que es evidente hasta para todos aquellos que nos fingimos

ciegos.

Todo era más fácil cuando me miraban tiernamente, podía ver a

través de sus ojos su corazón, no por nada se dice que los ojos son

el espejo del alma; no sé por qué mis hermanas le llamaban lástima,

yo lo conocía como amor. Sus razones tendrían para decir eso, ellas

conocen más de la vida que yo; pues a pesar de ser menores han

salido más de la casa. Segura estoy que cuando yo tenía su edad salía

la misma cantidad de veces, pero a mi edad ya no lo recuerdo. Deseo

con todo el corazón que ellas tengan mejor memoria que la mía.

Pero todo cambia, no hay duda,

cada vez que me acerco ellos están

peleando; es como si se pusieran

de acuerdo para actuar como si

estuvieran enojados cada vez que

me encuentro cerca. Me siento

orgullosa de tener por padres a

grandes actores que no desmerecen

a cualquier otro, como esos que pasan en la televisión.

En mi cuarto no hay televisión, sólo en la recámara de mis padres.

Recuerdo que hace tiempo el pequeño Gonzalito vino con su

hermana a ver un programa de súper héroes, nos gustaba mucho.

Ahora él ya no viene más. Aquel día jugamos sin cesar, el segundo

piso de mi casa estaba en construcción, escenario perfecto para

nuestra pequeña historia. Siempre quise ser actriz o cantante, por

eso me encantó ser a quién “Súper Gonza” debía salvar de su villana

hermana “La perversa Mariana”.

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ANTOLOGÍA DE CUENTOS

Para no hacerles el cuento largo, ese día fue cuando todos me

agredieron. ¡Sí! ¡Yo fui! Cómo puedo negar que yo tuve la culpa de

ensuciar la ropa que mi mamá acababa de tender, simplemente creí

que el lodo sería perfecto para crear un escenario más real, no sé

por qué eso les causó tanta molestia. No creo que toda la gente del

vecindario se reúna para linchar a los grandes escenógrafos, miles

de películas hechas y no creo que haya muertos por eso. ¿O sí?

Por cierto, creo que ese día Gonzalo aprendió a volar, pero creo que

no supo cómo aterrizar, porque no lo he visto de nuevo. Además

dicen que está en el cielo, supongo que ya no va a regresar porque

de eso ¡Uy! ¡Ya hace mucho!

Ese día su familia lloró mucho, tal vez porque no les dijo su secreto

para dominar los cielos, a mi parecer sólo se necesita una capa y

saltar de la azotea; además deberían de haber estado contentos

por él, volvió realidad su sueño. Me parece demasiado egoísmo

impedirle a alguien que disfrute, que sencillamente sea feliz por la

felicidad de terceros.

Aunque he de confesar que yo, en el lugar de Gonzalo, sí hubiera

sentido tristeza por alejarme de mi familia por un momento de

felicidad, aunque fuese algo que me gustara demasiado, como irme

de gira artística por el mundo. ¿En verdad le gustaría mucho volar?

Con tanta historia me está volviendo la melancolía, ¿por qué ya no

viene Marianita a visitarme? Ella era mi única amiga, y sabe que yo

no empujé a nadie. Quizás esté demasiado ocupada construyendo

redes gigantes, como para mariposas, para ver si en alguna de ellas

encuentra a su hermano menor. La esperanza muere al último.

La cama me espera de nuevo, me parece que es más reconfortante

que aquí afuera. Cinco meses no es nada, quizá le siga haciendo falta

a mi familia, pero necesito reflexionar más. Espero que no me echen

tanto de menos como hasta ahora.

- Me parece que regresó por sí misma al cuarto.

- Volveremos a la paz de este hogar.


ANTOLOGÍA DE CUENTOS

- Espero que ahora sea para siempre, voy a mandar la carta al

doctor.

Doctor Ribeiro:

Quizás no recuerde a nuestra hija Helena, o al menos eso

quisiéramos, después de lo que pasó consideramos que lo mejor

para todos es internarle en un centro especializado para que la

atiendan adecuadamente.

Nosotros ya no somos capaces de cuidarla más. Desde pequeña nos

ha traído un sinfín de dificultades que con creces hemos superado,

es por eso que estamos sumamente agradecidos con Dios de que

nuestras otras dos hijas no nacieran con un mal como el de Helena.

Así pues, esperamos que comprenda nuestra posición, puesto que la

consideramos como un peligro para la existencia de sus hermanas

menores, o incluso la nuestra. Hemos sabido de niños retrasados con

actitudes violentas, y después del accidente no podemos evitar el

sentimiento de tener por hija a una asesina. Es algo que tal vez usted

no debe saber, pero lo exponemos aquí para excusarnos de hacer

visitas al lugar donde la lleven, pues sería incómodo para nosotros

y no creemos relevante el contacto con ella; aunado al hecho de que

con su condición no se dará cuenta de nuestra ausencia.

Esperamos con fervor una respuesta afirmativa de su parte para

que la niña pueda quedar bajo su protección, vigilancia, cuidado y

estudio; esperamos que reciba lo que con nosotros ya es imposible

brindarle.

ATTE: Sr. Y Sra. Farfán

- Mira Julia, otra carta del olvido, ponla junto a las demás.

- En seguida doctor.

Con tristeza llevó aquella carta a formar parte de un montón que se

encontraba sobre la mesa al fondo de la habitación, y al caminar por

los pasillos que llevaban a esos cuartos llenos de alegría, algarabía y

en ocasiones tristeza provocada por las más puras almas que jamás

había conocido no pudo evitar pensar que los más grandes tesoros

pueden pasar desapercibidos a los ojos de quienes los engendraron.

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ANTOLOGÍA DE CUENTOS

MI VIDA FÁCIL

Yareli Marmolejo Santibáñez.

¿

Qué quién soy yo?, Ni más ni menos, la puta del pueblo.

Empecé desde bien chiquilla a ejercer la profesión, si es que

se le puede llamar así. He escuchado toda clase de comentarios

sobre mí, que si me enredé con éste y con aquél, que si ya me

deshice de otro chamaco o que si ya tengo una enfermedad. Me

llamo Jénifer, pero eso a nadie le importa, todos me llaman piruja,

perdida, ofrecida y zorra.

Fueron años de dedicación, de dolor y a veces de gozo. Hoy, me

encuentro sola, vieja y arrugada, mi cabello ya no es de aquel

color chocolate, en el que deslizaban sus manos como si fuera

suave seda todos aquellos que disfrutaron de mis favores; en su

lugar, una pelusa entre blancuzca y grisácea tiñe el poco cabello

que me queda. Mis ojos perdieron su brillo desde el momento

que me convertí en mujercita. Ni qué decir de mi cuerpo, todo

deforme y marchito por el tiempo.

A mis 14 años yo ya empezaba a vivir. El primer hombre en mi

vida fue un desgraciado que me tomó el pelo, él ya tenía 20 años

y trabaja de caporal con mi padre, era muy atractivo y sobre todo

tenía modo para hablarle a las viejas. Me endulzaba el oído con

su suave cantar de ave en primavera, flotaba entre las nubes cada

vez que lo tenía cerca. Fui una ilusa, si bien lo decía mi madre, los

hombres no buscan más que fregar a una.

Esa primera vez marcó mi vida, pensé que el José se iba a

matrimoniar conmigo y que formaríamos una vida juntos, cuando

uno se enamora se cree toda una sarta de mentiras. Como era de

esperarse me abandonó después de entregarme a él, recuerdo

que estaba apenada y el remordimiento no me dejaba ni un

minuto en paz, pues le había fallado a mis padres y a mi Dios, era

una pecadora.


ANTOLOGÍA DE CUENTOS

Me mantuve temerosa durante un buen tiempo, hasta pensaba

que la gente se daba cuenta de que ya no era virgen, veía cosas

donde no las había. No fue hasta que transcurrieron seis meses, en

que en una noche de borrachera, el José se puso a alardear sobre

aquella noche que estuvimos juntos en el granero, tratándose de

sentir muy macho el condenado.

Algo que distingue a San Andrés, es

el montón de viejas chismosas que

tiene, quienes se dieron a la tarea de

divulgar tal acontecimiento como

si fuera primicia de programa de

espectáculos. Cuando mi padre

se enteró, ni siquiera me avisó,

arremetió contra mí dándome de golpes, los

moretones adquirieron el tono de una uva madura, después me

corrió de la casa, dejándome sola y sin nada. Recuerdo que mi

madre sólo me dirigió una mirada acusadora que a la fecha no he

olvidado. No tuve oportunidad de justificarme o dar una excusa.

Me echaron igual que a un animal.

Vagaba por las calles del pueblo sin saber qué hacer, las lágrimas

escurrían en mi rostro como pequeños arroyuelos de agua dulce,

la gente que me conocía murmuraba y me desaprobaba con la

mirada, para ellos era una mujerzuela y una inmoral.

Lentamente cayó la noche, oscura y sin luna, a pesar de lo

tranquilo que es el pueblo sentí miedo de estar en la calle. El

arrepentimiento era lo único que podía pensar bien. El maldito

del José me acababa de desgraciar la vida.

San Andrés era un pueblo chapado a la antigua, pues aún

conservaba sus costumbres, tradiciones y hasta la moral de las

demás personas, todo se sabía aquí. También está rodeado de

grandes cerros y de vegetación digna de la tierra caliente, con

un predominante clima seco. Cueramos y espinos adornan los

alrededores. Eran pocos los establecimientos y no había más

entretenimiento que ir a sentarse a la cuidada y limpia plaza,

justo en el centro.

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ANTOLOGÍA DE CUENTOS

El viento provocaba el desenfrenado bailar de los árboles, mi piel

se erizó y me frotaba las manos en un pobre intento de entrar

en calor. Las calles estaban desiertas y pequeños rayos de luz

provenientes de las lámparas iluminaban el pueblo, que parecía

digno de fantasmas. Se escuchaban los perros ladrar en alguna

parte, estaba asustada y al borde de la desesperación. ¿Qué iba

a hacer? ¿Qué haría para vivir? ¿Cuándo volvería a tener algo en

la panza o un lugar donde pasar la noche? El lugar era pequeño

y mis pasos torpes y vacilantes parecían alargar las distancias.

Llegué justo a la plaza, me recosté en la banca más cercana, fría

como el hielo y dura como piedra; cerré los ojos, intentando

aprisionar las lágrimas, no quería dejarlas correr en pos de su

libertad de nuevo, eso no ayudaba en nada.

En algún momento de la noche, agotada de llorar y pensar hasta

que me doliera la cabeza, cedí ante los brazos de Morfeo. Hubiese

deseado no hacerlo, permanecer alerta ante los peligros, pero

en ese momento mis problemas me nublaban la mente. Sentí

un golpe en la boca y de pronto algo me impedía la entrada de

aire a los pulmones, abrí rápidamente los ojos y vi dos hombres

en estado deplorable, vestían pobremente y lucían descuidados,

uno de ellos llevaba sombrero. Intenté gritar, pero mi boca estaba

soldada a su mano, el aliento a alcohol y el color rojizo de sus

ojos me llevaron a deducir que estaban ebrios, como pude intenté

zafarme, pero a pesar de su condición ellos eran más fuertes que

yo y no pude escapar de las garras de esas bestias.

Abusaron de mí hasta que saciaron su placer carnal, por primera

vez la ira, el coraje, la impotencia, el dolor los sentí todos a la vez y

con gran intensidad. Satisfechos se empezaron a vestir, mientras

yo permanecía en posición fetal totalmente desnuda. Las lágrimas

no paraban, quería gritar y correr, pero no tenía fuerzas y un

nudo en mi garganta impedía los sollozos y gemidos, que sabía

no tardarían en aparecer; en su lugar sólo escuchaba el rápido

ritmo de mi respiración, junto con las risas y comentarios de esos

animales a los que en ningún momento puse atención. Quería

vomitar, sentía estar sucia de cuerpo, mente y alma. El tipo del


ANTOLOGÍA DE CUENTOS

sombrero se acercó, me besó la frente intentando ser tierno, sólo

era un descarado, me susurró al oído palabras llenas de morbo y

al final me llamó preciosa. Los encaré con algo de miedo y coraje,

quería memorizar sus rostros, tal vez parecía masoquista, pero

¿que más daño podían hacerme?

Preferí saber quiénes eran a vivir en la oscuridad y con el sentir

a flor de piel. El otro sólo arrojó un billete que alcanzó a rozarme

la nariz cual si fuera delicada caricia, antes de caer al suelo. ¿Me

pagan?, como si acaso me les hubiera ofrecido con tal de recibir

un pago. Bajé la cabeza, mirando el suelo, el lugar al que ahora

pertenecía. Estaba siendo pisoteada, todos pasaban sobre mí.

Tomé el papel entre mis manos, completamente indignada,

estaba dispuesta a hacerlo confeti, pero no pude, sólo lo hice

bolita dentro del furioso puño de mi mano mientras me tragaba

mi orgullo, no tenía nada conmigo, sólo las vestiduras que se

encontraban a escasos centímetros. ¿Y luego qué?, ¿de qué iba a

comer mañana?, con esto por lo menos me alcanzaba para eso,

pero no para largarme de aquí o de irme a tentar al destino, a que

me ponga más piedras en mi andar.

Sé que nadie me va a dar trabajo ni una vivienda que me arrope

por lo menos un día, ¿de qué me sirve la dignidad cuando tengo

hambre y frío? De nada.

Esa fue la noche más larga y

desesperada que pasé. Fue el

momento en el que me convertí

en un zombi. Aparentemente viva

pero muerta por dentro. Pensé

quitarme la vida, convertir este

cuerpo inmundo y lastimando en

cenizas que arrastrara el viento, al igual

que lo era mi corazón, el cual ya no sentía nada. No esperaba

sentir amor algún día, sólo palpitaba porque seguía respirando

más no porque sea el centro de mi felicidad. En ese aspecto, mi

pecho estaba ahuecado, igual que una fruta sin semilla. Después

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36

ANTOLOGÍA DE CUENTOS

de eso, sólo tenía sed de venganza, ¿para qué irme huyendo

cuando puedo quedarme y desquitar el mal que me han hecho?

Ojo por ojo, diente por diente. Era consciente de que sería difícil y

que nunca me quitaría la etiqueta que me han puesto, similar a la

de un producto, pero si ya la tengo por qué no darles motivos para

que abran el hocico a esa bola de personas que me han juzgado, al

fin y al cabo siempre voy a ser esclava de sus habladurías.

La decisión estaba tomada cuando el sol apareció de entre

los cerros anunciando el nuevo día, pues comenzaba una vida

diferente para mí. Desde tempranas horas ya me encontraba en

la puerta del prostíbulo, el único del pueblo. La Nacha, una mujer

mayor y de carácter acérrimo, era quien lo atendía junto con su

amante el Ferras, un viejo mantenido y mandilón. Me presenté y

les hablé directo, sin necesidad de echar tanto rollo como le hacen

los políticos. Me observaron de pies a cabeza, pero en ningún

momento preguntaron el por qué de mis golpes y las lágrimas

secas en mi rostro, me aceptaron al instante debido a mi belleza.

Luego, luego se enteraron mis

padres de mi nuevo trabajo, al poco

tiempo se marcharon del pueblo,

huyendo de la vergüenza y jamás

supe de ellos, ni siquiera sabía

dónde vivían, ni el día en que

murieron. Con el tiempo adquirí

la experiencia y la resignación,

aunque en ocasiones me entraba el sentimiento

y tocaba alguna fibra sensible dentro de mí, pero en cuanto

sucedía lo reprimía. Yo era una mujer fuerte que no podía ni debía

doblegarse ante nada ni nadie. No creía en el amor de ningún tipo,

de familia, amigos, pareja, mucho menos el de Dios. Me dedicaba

a jugar con los hombres, a tratarlos como la basura que son y que

les gusta ser, seducirlos al punto de volverlos locos y querer más y

más, dejando de lado a sus viejas y por mi parte llena de placer al

saber que era una destructora de hogares, quitándole la felicidad

a quienes me la arrebataron, como me arrebataron mi inocencia,

la vida y un futuro.


ANTOLOGÍA DE CUENTOS

Adquirí un carácter fuerte, ni rastros quedaban de la chiquilla

insegura y dependiente que era, algunos hombres me buscaban

por ello, era un reto, porque yo no me acostaba con cualquiera, me

daba el lujo de despreciarlos, era la puta más bonita y buena de

todo San Andrés, todos querían probar mis amores. Por mi cama vi

pasar estudiantes, maestros, políticos, narcos y hasta sacerdotes.

Me hice famosa por todo San Andrés y sus alrededores, venían

de otros pueblos a buscarme y pagaban más de la cuenta con

tal de tenerme entre sus brazos. La Nacha me cuidaba como un

tesoro, me complacía en todo, pero tampoco estaba a expensas

de ella, además de lo que me pagaba, despojaba a los hombres

de todo cuanto poseían en ese momento. Me sentía la mujer más

importante y poderosa.

El ruido junto con la polvareda de la destartalada y vieja pasajera

que como todos los días a las 10:30 de la mañana pasa sin retraso

alguno, me disperso de aquellos recuerdos que siguen clavados

muy dentro de mi alma. No estoy segura de qué día, mes o año

es. Lo único que sé, es que desafortunadamente me tocó llegar

a otro día más de martirio, no me queda más que cumplir con

resignación la sentencia que el Altísimo me ha impuesto en

la espera de mi juicio final, tengo que soportar las miradas y

comentarios hirientes de las personas. Pareciera que con el

tiempo una se acostumbra, pero no es así, con el tiempo se

debilita y se pierde la confianza que una vez se tuvo para encarar

la vida. Permanezco sentada en mi lugar cotidiano, bajo la sombra

de un árbol frondoso, justo a cuatro cuadras de la capilla, en mi

interior permanece la inquietud de entrar a ese lugar del cual

sólo tengo vagos recuerdos, pero no puedo, ese no es lugar para

las mujerzuelas como yo, que se hartaron de decir que no creían

en nadie ni siquiera en Dios. Además sé que la gente no permitirá

que manche con mi presencia tan puro lugar por más que mi alma

clame por paz interior.

Un niño se posa cerca de mí, viéndome con cierta curiosidad, mi

aspecto es lo que debe llamar su atención, se ha de preguntar qué

hace una mujer tan sucia, descuidada y aparentemente loca en

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ANTOLOGÍA DE CUENTOS

medio de la calle. Su madre lo jala al instante susurrándole algo

al oído que no soy capaz de comprender. Hoy, mi niño tendría

aproximadamente unos 35 ó 40 años, ya sería todo un hombre.

Pasaba el tiempo y la preocupación comenzaba a apoderarse

de mí, hasta la Nacha tenía sospechas de que algo no andaba

bien conmigo, ya se iba a cumplir un mes y nada. No me quedó

más remedio que ir a la farmacia en busca de esas pruebas para

saber si estaba embarazada. Positivo. La dicha invadió mi ser,

acaricié delicadamente mi vientre y pude sentir cómo un rubor

coloreaba mis mejillas, pero de pronto una sombra negra cubrió

por completo esa pequeña chispa de felicidad, aunque quisiera no

tenía las condiciones de traer un niño al mundo, sería señalado y

rechazado toda su vida, claro que podría irme lejos y hacer una

vida con mi hijo, pero no tengo nada que ofrecerle, no sé hacer

nada más que vender mi cuerpo al mejor postor, no quería darle

un sufrimiento y una vergüenza de esa magnitud, tal como se la

di a mis padres. Es más, no podría ni decirle con exactitud quien

es su padre.

En cuanto se lo conté a la Nacha me pidió que abortara, qué fácil

sonó cuando lo dijo, pero qué difícil fue desprenderme del único

ser que he amado de verdad en toda mi vida y eso que no pude

ver su rostro, ni sentir su calor. Me faltó valor, me faltó coraje

y decisión para defender su vida y lo que yo quería. Sabía con

exactitud todos los contras y que mi hijo acabaría odiándome en

cuanto creciera y supiera que su madre era una prostituta. Aún

así él no merecería morir de una manera tan cruel.

Un embarazo en esos momentos significaba una fuerte pérdida

de ganancias para el burdel, después de nueve meses me costaría

volver a mi figura y recuperar mis clientes, pero estaba decidida

a no abortar, pero tampoco a quedarme con mi niño, aunque lo

quisiera. El plan era regalarlo a alguna familia que lo quisiese.

La Nacha me mandó a la capital junto con el Ferras, disque para

que ahí atendieran mi embarazo, todo fue un engaño, pensando

que iba a recibir atención médica me llevaron a una de esas


ANTOLOGÍA DE CUENTOS

clínicas clandestinas donde abortan las mujeres, en cuanto pude

darme cuenta ya era muy tarde, de inmediato colocaron una

máscara en mi boca, quedándome atrapada en las sombras.

Al abrir los ojos, ni rastros del pequeño bulto que comenzaba

a notarse en mi estómago, débilmente moví mis manos que se

sentían en extremo pesadas, toqué y toqué pero el lugar, su lugar,

ahora se encontraba vacío. Lloré tan amargamente que podía

sentir el sabor en mi boca, quería poder retroceder el tiempo y

haber huído antes de que perdiera a mi bebé, pero ya era tarde

para todo. Casi de inmediato presenté una fuerte infección; era

de esperarse, el lugar estaba falto de higiene y en manos de unos

irresponsables, no sabría con exactitud cuánto tiempo tardé en

recuperarme de mi malestar físico, pero en lo que concierne a mi

recuperación espiritual sigo en proceso. El luto de mi bebé lo llevo

conmigo hasta el día de hoy, no hay momento en el que no piense

en él y en lo maravilloso que pudo haber sido tenerlo entre mis

brazos, unos brazos de madre que siempre estarán

deseosos de que un diminuto

cuerpecito con cara de ángel y alma

blanca ocupe el lugar que estaba

destinado para él.

Después de esa experiencia procuré

no embarazarme de nuevo, seguí

adelante con mi trabajo y mi vida,

guardaba un gran rencor hacia Nacha y su

cómplice, pero una vez más tenía que resignarme y seguir

en pie. No pude volver a ser la misma mujer complaciente con

mis clientes. Ellos notaban de inmediato que estaba fingiendo y

a partir de ahí todo se fue abajo. Perdieron el interés porque ya

no podía saciar sus bajas pasiones. La injusta pérdida de mi ángel

me dejó una gran herida, con una cicatriz que no ha de borrarse.

Más que nunca sentí fuertes deseos de morir, fue hasta que lo

perdí, que me di cuenta de la enorme soledad de que era presa y

también de que así iba a morir.

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40

ANTOLOGÍA DE CUENTOS

Me encuentro a un paso de ver la última puesta de sol, presiento

que la hora se está acercando, dicen que cuando el desenlace está

por ocurrir es que ves la vida pasar ante tus ojos, hay tanto que

contar, tantos momentos en los cuales pude reírme, disfrutar y

llorar. El último recuerdo que se queda prendado insiste en no

alejarse de mí.

Ya tenía mis añitos y las cosas no se quedaban en su lugar, los

clientes ya no me buscaban como antes, pero tampoco podía

quejarme, dentro de lo que cabe me iba bien. Las arrugas hacían

acto de presencia en el rostro que hasta ese entonces era bello.

Pronto llegaron nuevas niñas al lugar, eran la novedad, según una

era gringa y las otras venían de la capital. Al pasar el tiempo fui

desplazada, ya nadie quería acostarse conmigo, mi época había

concluido, no tardaron en mandarme a la calle como si fuera un

perro. Llegó el momento en el que no pude controlar mi rabia,

estaba justo donde empecé, vagando por el pueblo sola y sin

nada. A partir de allí la calle se volvió mi hogar.

El resto de los años que pude seguí ejerciendo la profesión,

vendiéndome por unos míseros pesos al que se atravesara en

mi camino. Después comencé a vivir de las migajas y limosnas

que algún buen samaritano me arrojaba, acto que me recordaba

siempre a aquella noche de terror.

Por lo pronto sigo en la espera para que mi alma pueda ascender

o descender de este mundo, debo decir que no me arrepiento de

todos los actos vengativos que realicé y de la vida que llevé. Sólo

mantengo la esperanza de ver por lo menos una vez el rostro de mi

bebé. Elevo mis manos lentamente al cielo, cierro los ojos y trato

de mantenerme serena. Consciente de que Dios ha escuchado

lo que pienso, le pido me libere de este yugo. Mi alma vacía y

atormentada considera que ha llegado la hora de despojarse de

este cuerpo maltratado, sucio y mal oliente.


ANTOLOGÍA DE CUENTOS

UNA HISTORIA COMO DE CUENTO

Norma Leticia Pérez Doroteo.

Aún puedo percibir el aroma a humedad, escuchar las

bancas de madera rechinar por los tornillos que ya están

flojos; puedo sentir esa leve brisa que traspasa aquellas

paredes de madera, provocando un titiritar de frío en mi cuerpo;

si cierro mis ojos aún puedo escuchar a mis compañeros reír en

el patio, mezclándose con el sonido del alboroto producido por el

recreo. Si me asomo por esa única ventana puedo ver de nuevo

a mi maestro Joaquín, explicándonos esas matemáticas que

siempre habían complicado mi existencia, hasta el día en que él

llegó a esta escuela.

Buenas tardes señores- mencionaba cortésmente con una sonrisa

dibujándose en su rostro aquel sujeto que sería mi próximo

maestro. Me encontraba sostenido de la mano de mi mamá,

observando a mi alrededor; podía distinguir a todas las personas

rodeándolo, dándole palabras de bienvenida al que sería su nuevo

hogar por algún tiempo, pues aquí sólo se llegaba montado en

flacas mulas, propiedad de unos cuantos privilegiados. Yo estaba

feliz con la idea de que podría tener maestro otra vez, pues en

los últimos años no habían durado ni seis meses en este pequeño

ranchito. Me generaba inquietud saber cuáles eran las causas que

provocaban este suceso, pero ahora lo he descubierto.

Recuerdo bien el primer día de clases que tuve con el maestro. Mi

mamá me había obligado a bañarme con el agua fría del fregadero

y a ponerme los pantalones menos rotos que tenía, ella misma

había prometido llevarme a la escuela, por lo que tuvimos que

levantarnos más temprano de lo usual, pues su caminar era más

despacio que mi andar.

Antes de llegar y visualizar mi pequeña escuela, subiendo aquella

colina fría detecté una silueta humana postrada en la entrada y

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ANTOLOGÍA DE CUENTOS

con cada paso que daba hacia ella comencé a percibir a quien le

pertenecía dichas características.

–Buenos días maestro Joaquín- saludó amablemente la persona

que sostenía mi mochila entre sus brazos.

-Buenos días señora- respondió al saludo aquel hombre, con

la misma cortesía que mi madre. Ella pronunció mi nombre,

posicionando una mirada amenazante sobre mí, diciéndole al

maestro, que si me portaba mal no dudara en castigarme, lo que

provocó que su par de ojos se colocaran en mi persona. Me miró y

colocando delicadamente la palma de su mano derecha sobre mi

cabeza concluyó – espero que no sea necesario-. Se despidió de

nosotros para continuar con su labor matutina, misma que, aún

sin saberlo, haría por varios años.

Viene a mi mente el día anterior antes de conocerlo, me preguntaba

una y otra vez cómo serían sus clases; yo deseaba jugar,

correr, brincar, saltar, pero los maestros

nunca me lo permitían; siendo

sincero, nunca imaginé el mundo

que descubriría junto a él.

-Saquemos el libro de Historia

y abrámoslo en el tema de la

Revolución Mexicana- decía el

maestro. Pude escuchar el reclamo

de todos cuando mencionó la asignatura, unos

azotaron el libro tratando de hacer el menor ruido posible para

que nuestro guía educativo no notara que la Historia, junto con

las Matemáticas, eran las materias que más nos desagradaban.

-¿Quién es el señor bigotón que aparece sentado a lado del más

gordo?- preguntaba Juanito haciendo que el pequeño salón

retumbara por las carcajadas de todos nosotros, el maestro sólo

observó la escena y sonrió con tal comentario.

-Les contaré una historia- dijo mientras sostenía un viejo libro

en sus manos y comenzó: “Durante el siglo XX, existió en México


ANTOLOGÍA DE CUENTOS

una gran injusticia social, dominaban las personas con mayores

riquezas, los llamados hacendados; ellos arrebataban los

pedazos de tierra a los campesinos de una forma despiadada

y fue entonces cuando surgió en lo alto el

nombre de Emiliano Zapata, un

personaje histórico, mestizo,

de tez morena, alto y delgado,

de enorme bigote, ojos negros

y brillantes, mirada penetrante

y tenaz; nacido en San Miguel

Anenecuilco. Cuando mencionó el

nombre de este lugar hubo algunos

que rieron por debajo de sus hombros, pero otros

más los silenciaron, para que el maestro pudiera continuar.

-Fue educado en una familia en extrema pobreza, pero con

principios y valores. Como trabajó desde pequeño comenzó a

enterarse de la injusticia de algunas personas hacia aquéllas con

menos recursos económicos. Él se levantó en armas para luchar

por sus ideales y proclamó el Plan de Ayala que exigía tierras para

los campesinos.

El maestro narró con tal detalle la vida de este majestuoso

individuo, que pusimos atención como nunca llegamos a creer.

Cada palabra que fluía de su boca proyectaba en mi cuerpo

el suceso al que se refería en ese instante. Así podía escuchar

los diálogos de los personajes, ver las distintas luchas que se

generaban alrededor, descubrir la pobreza de algunas personas

y las traiciones que se cometían; me percaté que no era el único

que se transportaba a otra época o lugar, pues al finalizar la clases

todos hablábamos del cuento, historia o relato, que oímos ese día,

contada con pasión por aquel gran hombre, quien con inmensa

emoción dejaba plasmada su alegría, sus energías y el alma en

cada palabra que de él provenía.

Cada instante junto a él era entrar en un mundo que no conocía,

si eran las Matemáticas jugábamos más que en el recreo, si se

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ANTOLOGÍA DE CUENTOS

trataba de Ciencias Naturales experimentábamos con todo lo que

se encontraba a nuestro alcance, hasta llegué a conocer que existía

una asignatura de nombre Educación Artística la cual se había

convertido en una de mis favoritas junto a Historia y Geografía.

Nunca creí ilusionarme con cada día de escuela, asistir a clases

nunca había sido tan divertido. Mis papás siempre hablaban de

lo buen profesor que era aquel adulto, en ocasiones lo invitaban

a comer de lo poco que había en nuestra casa, siempre frijolitos

de la olla y una que otra vez carne, pero el maestro en vez de

rechazar la humilde comida felicitaba a mi mamá por tener tan

buen sazón. En las ocasiones en que viajaba a la ciudad trataba de

aportar algo en gratitud a los servicios que, según él, le habíamos

brindado. En verdad extraño a mi maestro.

El día de la clausura del curso mis compañeros y yo estrenamos

el traje que habíamos adquirido con gran esfuerzo, pues

realizamos jornadas extras de trabajo,

para poder pagarlo; ése había sido un

acuerdo entre los alumnos, nuestros

padres y por supuesto el maestro

Joaquín. Él nos decía, que era un

orgullo que hayamos egresado de

la escuela primaria con tan buenas

calificaciones. Todos subimos al

mismo tren y ahora hemos llegado a una de

las paradas, donde bajaremos y continuaremos una nueva ruta,

el caminar de nuestras vidas, mencionaba con tanta nostalgia,

que podría jurar que algunas lágrimas rodarían por su rostro.

Siempre estuvo animándome, recuerdo cuando habló con los

papás de mis compañeros y con los míos para convencerlos de

que nos apoyaran para continuar con nuestros estudios, lo vi

entrar en algunas casas varias veces, hasta conseguir que le

dieran una respuesta favorable y es que en verdad que era difícil,

pues trabajar en las “milpas” consumían parte fundamental de

nuestro tiempo.


ANTOLOGÍA DE CUENTOS

Tuve que salir de mi hogar para trasladarme a la ciudad y poder

continuar con mi vida escolar. Siempre que regresaba al pueblo

lo primero que hacía era llegar a mi casa para dejar lo que traía,

besar en la frente a mi mamá, ayudar a mi padre a trabajar,

para en seguida alistarme y visitar a mi maestro; él siempre

me aconsejaba en la toma de mis decisiones

y me auxiliaba en lo que podía.

Trabajé para sostener mis estudios

y no fue problema encontrar

trabajo, pues los que eran mis

patrones siempre me decían:

– qué chico tan inteligente,

responsable y trabajador eres.

En verdad estaba orgulloso de cada palabra

de halago que recibía y todo se lo atribuía a los aprendizajes que

tuve con el profesor.

Pero como todo en la vida, la felicidad no es duradera y un día

recibí aquella noticia, para entonces de las más dolorosas de mi

existencia. En una carta me informaban que el maestro Joaquín

se encontraba muy enfermo, que la edad ya le pesaba y su cuerpo

ya no resistía como antes. Cayó en cama varios días y en el mes

de mayo del año 1976 falleció en su cama, a un costado de su

escritorio personal, con los lentes aún puestos y un libro viejo en

su mano, pues acostumbraba leer una historia antes de dormir…

la que contaría a sus alumnos al día siguiente.

Aún recuerdo la sepultura de su cuerpo inerte en aquel rancho

que se había convertido en pueblo. Y como si Dios estuviera

llorando, arrepentido de habérselo llevado, una lluvia torrencial

caía sobre todos nosotros. Ese día no hubo señoras cocinando,

ni señores trabajando las tierras, ni adolescentes deambulando,

sólo se escuchaba el repicar constante de las campanas del

templo, anunciando la muerte del hombre quien había enseñado

por tanto tiempo en una escuelita de pocos salones, donde media

comunidad había pasado por alguna clase suya y la cual ahora se

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ANTOLOGÍA DE CUENTOS

encontraba llorando su partida de este mundo.

Ahora puedo abrir los ojos y ver la influencia de ese gran maestro.

Hoy puedo decir que orgullosamente es mi ejemplo a seguir, pues

ahora mi destino ha sido marcado por una señal que recibí de

él aquel último día en que lo vi sonriéndome y colocando su

cálida mano sobre uno de mis hombros y pronunciando aquellas

palabras: felicidades por esta elección…la de ser maestro.

Descubrir que el mundo está lleno de aventuras, de retos y,

aunque parezca imposible, también de oportunidades no hubiera

ocurrido sin mi mentor, quien siempre me cuidó y me regañó o

felicitó por los logros obtenidos.

Hoy, al volver a pisar este salón que fue mi segundo hogar durante

un buen tiempo, recordé varios momentos de mi infancia. Esto

provocó una opresión en mi pecho, nudos en mi garganta y que

las lágrimas de mis ojos hayan caído al suelo. Recuerdo que fui

partícipe de tropiezos, caídas y resurgimientos y, con inmenso

dolor en mi alma, terminaré con la existencia de este salón que

es parte de mi pasado, pero que ahora sus cimientos forjarán un

nuevo comienzo.

Y así como el ave fénix, de sus cenizas resurgirá un espacio áulico

completamente equipada, que desarrolle, realice y estimule

los sueños de varios niños, que al igual que yo, guardarán sus

secretos entre las nuevas paredes de concreto, pisos de azulejo

y con varias ventanas que den paso a la luz del nuevo comenzar.

Si tuviera la oportunidad de que me concedieran un deseo en este

instante, sin pensarlo, pediría escuchar una vez más de aquella

voz, alguna de esas tantas historias que el maestro contaba,

llevándome a ese mundo, lleno de aventuras, magia y realidad.


ANTOLOGÍA DE CUENTOS

MI PRIMER GRAN AMOR

Perla Cecilia García Alanís.

Era una tarde cálida de primavera, como un abrazo sincero

de una madre a un hijo, con un sol resplandeciente

que parecía enceguecer con su hermosura, yo estaba

en el parque jugando con mi imaginación, fantaseando en un

mundo desconocido, fascinante e ilimitado, en mi mundo. En

ese momento la persona más preciosa del mundo apareció

frente a mis ojos, parecía que un ángel la había llevado hacia a

mí iluminado por un rayo de ese maravilloso sol. Era una chica

con el cuerpo de Afrodita, sus cabellos eran largos, rizados y de

color rojo, como las rosas del amor; sus ojos eran grandes y café

claro, como la más dulce miel que podía existir en un panal de las

abejas mejor seleccionadas de todo el mundo; unos labios que

me recordaban las mejores cerezas de la mejor cosecha nunca

antes vistas y su cuerpo; bueno, su cuerpo era indescriptible, era

como si los mismos dioses hubieran bajado del Olimpo única y

exclusivamente para moldear esa figura tan escultural.

De pronto, como por arte de magia, se acerco a mí, en ese instante

sentí mil mariposas revolotear en mi estómago y mis piernas

temblaban como si estuviera en el polo norte, en pleno invierno y

sin una frazada con la cual cobijarlas.

Con una tierna voz comenzó a platicar conmigo. Yo no escuchaba

nada de lo que ella decía, puesto que al parecer estaba bajo su

hechizo, no sabía qué hacer porque toda ella me distraía.

Durante mi distracción solamente me podía preguntar si era

cierto lo que estaba ocurriendo, ¿era posible que a mí me

estuviera sucediendo eso? ¿Acaso era mi día de suerte o sólo era

mi destino?

No importaba, porque realmente era lo que había estado

esperando de la vida.

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ANTOLOGÍA DE CUENTOS

¿Tal vez era amor a primera vista?

Cuando salí del shock me di cuenta que ella sólo estaba haciendo

preguntas sobre mí. No sé cómo, pero inconscientemente yo se

las había contestado todas, en cuanto reaccioné no dudé ni una

fracción de segundo para invitarla a comer. Ella accedió con

mucho entusiasmo, fuimos a comer a un restaurante no muy lejos

de ahí, es pequeño pero la comida que sirven en él es la mejor

de la región. Pasamos toda la tarde conversando, conviviendo y

compartiendo, al caer la noche ya sabía su nombre “Daysi” ¿no

suena como nombre de un ángel?, también tenía su número del

celular y por supuesto una ilusión. Yo sabía perfectamente que me

iba a traer muchas noches de insomnio, pero no me interesaba,

porque lo que yo sentía era algo que jamás había experimentado,

algo nuevo para mí, eran nauseas, era ansiedad, eran cosquillas,

era desesperación, ¿era amor?

Aún no lo sabía, pero en las semanas siguientes lo fui descubriendo,

paso a paso estaba más bonita, era como una hermosa oruga que

día a día iba evolucionando más y en cualquier momento me iba

a encontrar con una extraordinaria mariposa de belleza extrema,

inesperada pero a la vez deseada. Sólo me afligía un problema,

creo que eso me quitó más noches el sueño que todo lo demás,

era temor, temor a que emprendiera un vuelo, ¡no!, no ahora que

sabía con seguridad que lo que yo sentía era amor.

Al cabo de un tiempo, que a mí me pareció eterno, ese temor

se esfumó y nuestra relación fue más sólida, al grado de llegar

a formalizar nuestro noviazgo. Durante éste me convertí en la

persona más romántica, con la poesía más sincera que jamás se

había leído, llevaba dentro de mí un romanticismo que nunca

imaginé llegar a sentirlo. Me convertí en la persona más cursi que

yo pensé que sólo en la televisión se podía ser; en pocas palabras,

era patética.

Esperamos seis largos meses para poder consumar nuestro amor,

la noche en que sucedió esto fue la más perfecta de todos los tiempo,

la luna parecía de porcelana e iluminaba más que cien candelas


ANTOLOGÍA DE CUENTOS

juntas, una noche muy serena, sin lugar a dudas, la habitación

era muy romántica, había velas por todo el cuarto, pétalos rojos

en el suelo y en la cama, el jacuzzi estaba lleno de espuma. No

teníamos más cobija que la luz de la luna y el fuego de la pasión,

esa pasión salvaje e incontrolable, pero a su vez dulce y amorosa.

Estando nuestros cuerpos desnudos, frente a frente, pensamos

como dos almas gemelas, que era la primera vez que nos

encontrábamos en esta situación, pero que probablemente podría

ser la última y por este hecho nos fundimos en un solo cuerpo.

No dejamos descansar nuestro instrumento del amor hasta

los primeros rayos del sol, conseguimos

dormir al alba, junto con la luna

que fue el único testigo de nuestro

verdadero amor.

Esos dieciocho meses a su lado

fueron los más maravillosos de toda

mi vida.

Lástima que para el decimonoveno

mes todo terminó. Una tarde fría e insípida del mes de

enero. Sintiendo una fuerte angustia, me dirigí a su departamento

corriendo. Entré y todo estaba vacío, un viento tétrico azotó la

puerta y el eco de ese golpe recorrió hasta el más recóndito

rincón de la última habitación. Sentí que un balde de agua helada

recorría todo mi cuerpo cuando encontré una nota que decía;

“Lo siento, te amo, pero lo nuestro no puede ser, tú sabes que es

imposible seguir este camino, te amo.”

Nunca olvidaré esa sensación, parecía que una daga de doble filo

atravesaba mi corazón, me encontraba en soledad, con todo el

amor dentro de mí sin tener con quien compartirlo.

Después de ese día tuve nuevos amores, muchos, pero ninguno

me ha llenado tanto como ése, ¡mi primer gran amor!

Hoy en día comprendo que nunca hubiera funcionado, pero no

pierdo la esperanza de que un día regrese y volvamos a estar juntas.

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ANTOLOGÍA DE CUENTOS

PRÓFUGOS DE LA INJUSTICIA

Alma Delia Díaz Díaz.

Son las dos de la mañana, y aquí me encuentro arrinconado

detrás de una serranía, quién iba a pensar que no nos

dejarían llegar a nuestro destino. Por lo pronto no nos ha

quedado más remedio que refugiarnos en los fríos brazos de la

noche, iluminados únicamente por nuestra Nana Kutsi (Madre

Luna), ella es quien nos guía en nuestro andar, nos brinda

esperanza y en quien confiamos nuestro destino.

Somos tres los que estamos refugiados en la sierra purhépecha,

tratando de mitigar el hambre y el frío. Éramos más de cincuenta

hombres y aquí únicamente estamos tres. El frío comienza a

acalambrar nuestros pies y las tripas a comerse unas a otras; el

cansancio parece vencernos pero no podemos bajar la guardia,

están buscándonos, nos persiguen.

¿Qué habrá pasado con el resto de mis camaradas?, me pregunta

mi mente. Qué duda tan perturbadora invade mi cabeza. Veo a mis

dos compañeros y pareciera que se preguntan lo mismo. Es triste

pensar que les pudo haber pasado lo peor, el enemigo los atrapó,

o quizá ellos también se encuentran ocultos en la oscuridad; eso

es, prefiero pensar eso.

El tiempo avanza muy lento, y aunque no tengo reloj, me puedo

dar cuenta de ello. Mi pueblo no ha tenido el mismo desarrollo

que las ciudades, lo han dejado en el olvido, marginado de todo

avance social; pero a pesar de ello, no somos personas incultas…

somos culturas del silencio, en las cuales si se presta mucha

atención se podrán dar cuenta de la riqueza de conocimientos que

emerge en ella. Hemos aprendido a medir el tiempo basándonos

en nuestro tata Jurhiata (Padre Sol) y a vivir de la madre tierra, no

necesitamos de mecanismos sofisticados, de máquinas y aparatos

electrónicos que únicamente han venido a destruir nuestra


ANTOLOGÍA DE CUENTOS

casa. Hemos podido existir de acuerdo a nuestras costumbres y

tradiciones, lo cual para muchos es sinónimo de atraso.

Lo anterior quizá puede resumir nuestra lucha. Los países

imperialistas nos quieren desaparecer, tal parece que les

estorbamos para construir sus planes, lo que ellos llaman

desarrollo social, mejor calidad de vida”. Esas son puras

tonterías, no se dan cuenta de que los malos del cuento no somos

nosotros…, pero qué estoy diciendo, como si eso les importara.

Mis camaradas ya no pueden más, el cansancio los ha vencido. Ahora

debo quedarme yo despierto para vigilar cualquier movimiento.

Me pregunto cómo pudo ser que nos encontraran, quizá había

algún espía entre nosotros, o tal vez fue sólo coincidencia. No lo

sé, al fin y al cabo han logrado detenernos, aunque esta batalla

aún no está perdida, pues la lucha continúa. Tenemos nuestros

ideales muy claros y nuestra causa es justa.

Faltaba poco para llegar al punto

de reunión acordado por todas

las comunidades, era asunto de

minutos para comenzar con

nuestro movimiento y emprender

la transformación del mundo.

Todo era cuestión de tiempo.

De repente los camiones se

pararon, y antes de que pudiéramos

comunicarnos con los otros, los uniformados comenzaron a

bajarnos, a insultarnos y golpearnos, otros muchos empezaron a

disparar. Todo fue tan rápido, no hubo tiempo de bajar nuestras

pertenencias, nuestras identificaciones y menos aún de acordar

un nuevo centro de encuentro.

Lograron dispersarnos y quién sabe a cuántos mataron y a cuántos

más encarcelaron. Yo sí tuve la oportunidad de efectuar un diálogo

breve con un uniformado, pero sus palabras me entristecieron.

Recuerdo claramente que le dije, tú eres otro más de los

explotados por el gobierno ¿Por qué lo permites? ¿Por qué

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ANTOLOGÍA DE CUENTOS

estás contra tu misma gente? El uniformado no encontraba qué

decirme. Continué diciéndole: No estamos peleando sólo por

nosotros, nuestra causa incluye a todos los pueblos, busca un

mejor mundo y con ello erradicar las desigualdades. A lo que él

finalmente me contestó: eres un pobre iluso, las cosas ya están

dadas, así es el mundo y qué se la va a hacer; así que corre antes

de que mis compañeros te maten.

Qué tristes palabras, tristes porque reflejan la ceguera en la que

viven tantos compatriotas nuestros, es una lástima… si todos nos

uniéramos, el mundo sería distinto.

No me puedo dormir, los uniformados continúan buscándonos

por toda la sierra, tengo que estar atento…

Observo fijamente el panorama y a la mente se vuelcan los

paisajes de mi infancia. Aún recuerdo cuando era chiquillo lo

mucho que me gustaba venir a estos cerros a jugar con mis amigos,

correteábamos por los campos, nos trepábamos a los árboles,

jugábamos con los animales y nunca, nunca nos perdíamos, y eso

que la sierra es inmensa. Pero eso se lo debo a mi abuelo, él fue

quien me enseñó a andar por estas tierras.

Mi abuelo era un hombre muy sabio, me decía que era importante

que yo conociera mi tierra, y cómo tenía razón, si no ahorita

estaría perdido. Siempre me contaba relatos, y me encantaba

escucharlo. En cuanto colocaba su sillita cerca del fogón, yo corría

para sentarme en sus piernas y escuchar sus magníficas historias;

me decía cómo se había formado nuestro pueblo y la importancia

de sus tradiciones, pero también me hablaba de las desigualdades

que lo impregnaban. Él también quería ver un mundo justo, y

por eso se unió a la causa revolucionaria. Me dolió tanto cuando

partió, aunque a la par sentía un orgullo inmenso, pues mi abuelo

estaría luchando por el cambio social.

Desafortunadamente ese movimiento sólo fue un telón, el cual

utilizó a mucha de mi gente para intereses personales, no se

logró el cambio por el cual pensábamos que se estaba luchando y

lamentablemente mi abuelo murió.


ANTOLOGÍA DE CUENTOS

Le prometí que continuaría con su lucha, y aquí me tienen,

inquebrantable, superando cada obstáculo que nos pone el enemigo

y con la esperanza firme de que algún día la utopía se alcanzará.

Comienza tata Jurhiata a regalarnos sus rayos luminosos,

debo despertar a mis camaradas y diseñar una estrategia para

encontrarnos con los otros, antes que la claridad total cubra el

panorama.

Llevamos caminando una hora, los pies ya no pueden más y

a gritos piden un descanso, pero hacemos oídos sordos a sus

plegarias, pues debemos ganar tiempo. Vamos caminando pero

con mucha cautela, continúan buscándonos los uniformados.

Rápido escondámonos detrás de esa roca, viene el enemigo.

Ha pasado ya el enemigo, debemos continuar con nuestro rumbo.

Ya son dos horas de camino, y tata Jurhiata ya se dejó ver por

completo. Hemos logrado reunirnos con diez camaradas, la lucha

aún continua.

Pronto tenemos que volver a escondernos, los enemigos están

cerca. Me pregunto ¿Qué delito hemos cometido para ser

perseguidos? ¿De qué se nos acusa?, creo que ni ellos lo saben,

pero ¡ah! cómo siguen las órdenes, es una lástima que ellos no

puedan levantarse y reclamar la justicia social, y que por el

contrario encubran las injusticias que comenten los poderosos.

Hemos atravesado más de la mitad de la sierra, y se ha logrado

juntar a treinta camaradas, pero la noche ha caído, los uniformados

siguen buscándonos, el cansancio nos ha invadido y nuevamente

tenemos que buscar un refugio.

Me propongo como vigilante, mientras tanto pienso el por qué

de nuestra persecución, el por qué de nuestra huída. Nosotros

únicamente pedimos justicia social, equidad y libertad… Por

ello me doy cuenta que no somos más que unos prófugos de la

injusticia, y que mientras vivamos vamos a luchar por vencer

al enemigo, por lograr un mundo mejor, y si esto es motivo de

persecución, me declaro ser un prófugo de la injusticia.

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ANTOLOGÍA DE CUENTOS

PROHIBIDO AMAR

Ana Elisa Serrano Valdez.


A gritos todo mi ser pide saber de él, ansío fervorosamente

volver a deleitarme con las mieles de su amor. Pero no puedo,

he renunciado al amor porque no debo, está prohibido amar…

Amarlo a él…”

Anhelaba tanto este momento, aunque he de confesar que

llegué a pensar que no sucedería jamás. En cuanto comenzó

a hablarme me he dado cuenta de cuan doloroso ha sido todo

para ella. Aunque claramente sus palabras no lo expresan, en

ellas se refleja la crueldad de la tormenta que asola su alma, la

empapan las tinieblas de la tristeza y su lenguaje, antes angelical

es irreconocible. Sé lo que le pasa… Ha perdido al amor…

Su historia es como muchas otras, como la tuya y como la mía…

Incesantemente se cuestionaba por qué está prohibido amar,

por qué no podemos engrandecer nuestra vida junto a ciertas

personas, quién lo determinó así, por qué no debemos disfrutar

libremente de las delicias del amor … Por mucho tiempo luchó

contra todas esas ideas y se aferró al amor, lo amó intensamente…

Pero, lo inevitable llegó, su conciencia la orilló a cumplir la regla:

renunciar al amor porque está prohibido amar, amarlo a él…

Decidió dejarlo ir, negarle su amor para que busque uno que sí

deba ser… Pero también le suplicó que juntos transformaran en

tan solo amistad ese lazo que los unía. Mas él, sabiendo que era

demasiado tarde para volver atrás, ya que tenía la certeza de que

por siempre la amaría tan sólo a ella y sintiéndose incapaz de

soportar verla intentando volver a amar, se alejó de su vida para

siempre.

Ahora sólo recuerdos le quedan. Cuando lo conoció él tendría

más o menos treinta y siete años, alto, delgado, tez morena

clara, piel delicada y fina, labios delgados, facciones hermosas…


ANTOLOGÍA DE CUENTOS

Vestía elegante y con buen gusto. Su figura era de aquellas que

se imponen sin decir palabra, que promueven el respeto con sus

movimientos y causan admiración y aprecio con su compañía.

Recuerda que cuando lo empezó a tratar difícil le fue no reparar en

su mirada, emanada de aquellos ojos que destellaban la luz de la

verdad, cual espejo de su alma. Su voz, su voz era como el murmullo

de la naturaleza: a veces tan suave y melodiosa como el canto de

los pajarillos al amanecer y, cuando se requería, tan imperiosa

como los rugidos del viento al anunciar la tormenta. Al escucharlo

la invadían miles de sensaciones hasta entonces desconocidas,

tales como las de quien se encuentra maravillado frente a un

gran tesoro; la riqueza de su experiencia la dejaba sin palabras.

Al principio aparentemente entre ellos todo

había sido normal: simplemente

una niña de trece años que

admiraba a su profesor. Niña

porque a esa edad ella aún

conservaba el alma y la inocencia

de la niñez. Físicamente sólo

era alguien común: alta, delgada,

facciones hermosas, sencilla,

inteligente, alegre… Mas a él lo que más le había llamado la

atención era su peculiar forma de pensar, no común en el resto de

los niños del grupo y eso le atraía, lo hacía sentirse identificado y

le provocó no menos que admiración.

Ella no sabe exactamente cuándo surgió el amor entre ellos.

Pero cuando se terminó el ciclo escolar y él dio las palabras

de despedida, inesperadamente un volcán de sentimientos

encontrados estalló desde lo más profundo de su ser. Ante la

idea de que no volverían a compartir más como lo habían hecho,

una desesperante angustia la invadió. Confundida, sólo acertó a

darle un fuerte abrazo. El tiempo se detuvo. Quedó inmersa ante

un mar de sensaciones hasta entonces desconocidas. Y todo de

de existir. Sólo él y ella. Sin darse cuenta empezó a dejar atrás la

inocencia de la niñez para convertirse en mujer.

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ANTOLOGÍA DE CUENTOS

Cuando me relató ese pasaje de su vida vi reflejado en sus

expresiones la confusión y el desconsuelo en que vivió después

de aquel fin de cursos. Durante las vacaciones había contado

los días para volverle a ver, se sentía inmensamente feliz por lo

vivido, pero triste y nostálgica por la ausencia de aquel profesor

que tanta alegría, vitalidad y sueños había traído a su vida.

Cuando por fin lo vio tuvo tantos deseos de tomarlo en sus

brazos y decirle lo mucho que lo había extrañado, pero siendo

consciente de que era imposible que él sintiera algo similar y

teniendo presente lo que le habían enseñado respecto a que

estaba prohibido amar, amarlo a él, había optado por ocultar esas

sensaciones que la invadían.

Sin embargo, por primera vez había reparado en lo atractivo que

era: si antes sólo se deleitó con su mirada y sus palabras llenas

de sabiduría, ahora se estremecía ante sus hermosos ojos y sus

sensuales labios... Extraordinariamente, su cuerpo era un vivo deseo.

Pero ni el transcurrir de los meses lograba apagar aquel fuego

que crecía a llamaradas en su ser. Inevitablemente, en contra de lo

racional, con el paso de los días se reinició la comunicación entre

ellos. Su lenguaje trascendió las palabras, sus ojos se buscaban

incesantemente para fundirse en una mirada, inventaron mil

pretextos para encontrarse y hablarse y por medio de cartas y

canciones les fueron permitiendo a sus corazones expresarse. Fue

así como descubrieron que pese a las diferencias físicas tenían en

común mucho más de lo que habían imaginado.

En la forma que se apoyaban y se comprendían se evidenciaba

algo más que una estrecha amistad, pero no debían expresárselo

abiertamente, les estaba prohibido amar. Cierto día, cuando

ella le redactaba una carta, sin pensarlo, una frase se escapó de

su corazón y se plasmó entre líneas: Te amo. Titubeó al leer lo

escrito, pero fue incapaz de borrarlo. Ya se habían dicho lo que

sentían el uno por el otro de mil formas, sólo faltaba la frase del

invento humano. Fue así como comenzaron a saborear las delicias

del amor.


ANTOLOGÍA DE CUENTOS

Sin embargo, ante el resto del mundo esa historia nunca existió.

Estaba prohibido amarse: un profesor de 39 no podía consolidar

una relación de pareja con una alumna de 15, dolorosa verdad

para dos seres que se amaban intensamente. Asimismo, imposible

les fue deleitarse con la miel de sus labios, bañar sus cuerpos con

suaves y tiernas caricias, seducir sus oídos con las melodías vivas

de las frases de amor.

Pero ese contacto físico nunca fue indispensable, su amor se

expresaba a través de sus miradas, sus gestos, las letras, las

melodías, la compañía, las palabras de apoyo. Bastaba con que

pasaran largos momentos reflexionando sobre la vida, abordando

desde los más grandes y delicados temas hasta los más sencillos,

siempre era un placer escucharse. Se sabían el uno junto al otro y

eso les bastaba.

Ella, al evocar aquellos maravillosos momentos, no pudo evitar

que en sus expresiones nuevamente se vislumbrara un profundo

sufrimiento, la cruda realidad le desgarraba el alma. Aunque en

aquellos momentos había sido inmensamente feliz, su conciencia

nunca la había dejado tranquila hasta que renunció a él. Pero

cuando supo que se alejó de ella, cuando se sintió sin él, se dio

cuenta que sin amor no había futuro ni sueños ni nada.

Dispuesta a olvidarse para siempre de una maldita regla que

prohíbe amar, lo buscó de mil formas. Pero él había desaparecido

y nada pudo evitar que el tiempo transcurriera desesperanzado

su espíritu. Ayer, cuando por fin lo vio, ante el temor de que él

ya hubiera encontrado un nuevo amor, fue incapaz de proponer

reconstruir lo que ella misma destruyó. Sin embargo buscó la

forma de abrirme su corazón en memoria del amor que nos unió.

Cuando terminé de leer su diario me encontré bañado en

lágrimas. Era ese llanto que toca los corazones y no sabes sí es de

tristeza o de alegría. Estoy seguro que sentí ambas cosas: me supe

desgraciado por causarle con mi ausencia un gran dolor a la única

mujer que he amado en el mundo, pero dichosamente feliz al saber

que la regla “prohibido amar” ya no existirá jamás entre nosotros.

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58

ANTOLOGÍA DE CUENTOS

LA VIDA: IDEA DEL PENSAMIENTO IRREAL

Lizbeth Carolina Ramírez Olvera.


Cada quién tiene un lugar en el mundo y el tuyo está reservado

en mi corazón…PARA UNA PERSONA MUY ESPECIAL

Por si dudas de la postal anterior, quiero hacer llegar a tu memoria

que fue mía…”

Odracir enmudece al ver las palabras de aquella carta insólita,

que sin remitente se hace llegar hasta su buzón.

En Oram es la parte donde se encuentra Federico Whaskit,

entre robos, fanatismos, locuras y otros tantos ideales de gente

inimaginable para la pobre Odracir, que inquieta por averiguar

el inicio de una relación la tiene llena de curiosidad e insaciable

plenitud.

“…La última vez que recuerdo tener tus labios saciando mi sed y mi

aliento lleno del tuyo, agradezco de todo corazón la oportunidad

que tengo de escribirte y de poder conversar de nuevo contigo…”

-¡Odracir!- ya está la comida, baja de tu cuarto y apresúrate que

llegó tu tía Khima a visitarnos y desea saludarte.

-Ya voy mamá- responde Odracir, dejando la carta en el baúl que

le había llegado horas atrás.

La mesa está servida, el vino se abre y Odracir tiene mil cosas

en la cabeza, mil dudas y mil sentimientos que sin saber por qué

la hacen estremecerse al sólo pensar en esas cartas llenas de

anécdotas impactantes. Al finalizar la comida se levantan todos

y se encaminan a la sala. Odracir mira por la ventana, el buzón

se acaba de cerrar y ella, sin dudar, corre desenfrenada hacia la

puerta.

Nadie, absolutamente nadie se ve en la calle; de pronto siente una

ráfaga de aire un tanto frío y decide verificar en el buzón por si


ANTOLOGÍA DE CUENTOS

algo llegó. Recoge una carta y enmudece al ver su nombre grabado

con letras que parecen ser del lejano oriente.

Ya en su cuarto abre el sobre…

“Aquí, en este lugar, es poco el tiempo que tengo para poder

escribirte, pero cada noche me levanto y con la luz que gracias

a la luna pasa por la ventana tomo un papel y un sencillo lápiz e

inicio a escribir lo que estoy seguro te agradará demasiado, hay

tantas cosas que contarte y no sé por dónde empezar”.

“Abrí la contestación que recibí de ti hace un año y cada que veo tu

fotografía, tan linda, tan cálida, como cuando tuve la oportunidad

de ver la luz del sol reflejarse en ese estanque de agua que está a

quince o veinte minutos de tu casa. No puedo resistir ni aguantar

esta impotencia de no verte, me hace daño, pero también me

anima a seguir esperando el día de encontrarte al fin”.

El susurro del aire se escucha, las ramas del árbol entran por la

ventana, la puerta se azota y los pies de Odracir corren por la calle

Portlan; llega a ese estanque y sus recuerdos

ahora son más confusos e

insólitos. En un árbol ve grabado

su nombre y las iniciales E.M.V.,

pero no logra tener memoria de

haber estado en ese lugar antes, no

después de jugar con sus hermanos

y primos tras ese árbol de gran

altura y de raíces aún acogedoras.

Regresa a casa y al entrar al cuarto sigue la lectura…

“…tal vez ni me recuerdes y aunque corras al estanque no podrás

tener un mínimo recuerdo de nuestro pasado. Yo sigo trabajando y

apoyando en la enfermería, mi amigo Félix del que te conté la otra

vez ya está mejor y de esa herida la pudo librar, también estamos

muy contentos en el servicio que damos a la gente, siempre me

dejan curar y de vez en cuando cuento nuestras historias tan lindas

acá con mis amigos; te hice algunos dibujos y recuerdos que no

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ANTOLOGÍA DE CUENTOS

puedo mandar, pero cuando te encuentre en ese lugar te los daré

de frente, después de abrazarte y decirte todo lo que siento…”

Suena la campana y Odracir está lista para ir a ver la “Rimiña

bailadora” que se presenta en la plaza principal de Quistoria, se

va acompañada de Mixhsha, Lahi y Yigui. Entre risas y llantos

la obra se termina después de hora y media de presentación.

Odracir llega con pastelillos de plátano para sus amigos y en la

parte trasera del telón ve unas iniciales pintadas en una capa,

corre y después de subirse al entablado jala con toda su fuerza

esa tela que parece el obstáculo para descubrir el misterio.

-¡Hey!- baja de ahí, insolente.

-Disculpe, sólo quería ver.

-Nada, nada, nada tienes que ver chiquilla, fuera de aquí.

-Pero estoy segura que esas iniciales son las del árbol-susurra.

Odracir mientras baja del estrado.

-¿Qué dices?- le dice Lahi.

-Nada, vámonos de aquí- dice Odracir con la mirada fija en el telón.

Ya en casa, sube rápido al cuarto y sin pensarlo empieza a ver

todas las cartas que tiene en el baúl, no recuerda nada de esas

cosas: postales, fotografías suyas en diversos lugares, chocolates,

recuerdos, dibujos, dinero, pulseras y un sin fin de detalles.

Cómo puede tener tantas cosas sin recordar de dónde han salido;

pero aún más, se siente agobiada, extraña a esa persona de las

cartas, sin motivo, sin conocerla; siente un gran amor por alguien

que no recuerda, siente anhelo de ver algo inimaginable, surge la

necesidad de estar a su lado, de abrazar, de besar, de platicar o tan

solo de mirar.

El sueño se apodera de su cuerpo y después de algunas horas

la luz del sol interrumpe aquel espacio de libre despertar; se

encamina a la escuela y al llegar el terror se apoderaba de la

ciudad, las armas y el fuego aparecen en todo lugar, los gritos de

furor y miedo llenan a la población.


ANTOLOGÍA DE CUENTOS

Odracir corre y sin saber a dónde, llega al estanque y se refugia en

lo alto de aquel árbol, donde su nombre se hace palpable al tocar

su corteza; en una rama encuentra un recuerdo que dice:

“Cada quién tiene un lugar en el mundo y el tuyo está reservado

en mi corazón…PARA UNA PERSONA MUY ESPECIAL”

Al lado está una postal y una carta…

“No temas, nada te pasará en este lugar, tú eres el viento y el

recuerdo de la viva imagen del pasado. No tienes idea de lo que

significas para mí…te amo y aunque los celos no se pueden alejar

de mi mente, el amor por ti es cada día más grande y más fuerte.

Es como una llama que quema mi interior; tú estás metida hasta

en mi sangre y tu recuerdo es la lámpara de mis pies y el agua

de mi vida. Tal vez no recuerdes más este día, pero cuando te

encuentre en ese lugar te abrazaré,

te besaré y te llevaré a ese lugar

lejano que siempre deseaste con

fervor, donde los dos estaremos

juntos para siempre y nada nos

alejará”.

Odracir, sin palabras que decir,

sin memorias que recordar, baja

del árbol y al arrodillarse observa y lee: “Eres Mi Vida”.

Todo es confuso, menos ese deseo ferviente de ver al escritor,

al poeta, de besar esos labios llenos de caricias fragantes, de

corresponder con una mirada de amor, con detalles y con

recuerdos. El mensaje es vivaz y sutil, la imagen que no sabe de

dónde viene, las cartas que la describen junto al amor de su vida,

ese hombre, ese sueño, ese pensamiento, esa idea de la cual sin

saber ella es el fundamento y el inicio de la historia redactada.

“Eres el pensamiento mismo e irreal de mi presente…te amo”

“Cada quién tiene un lugar en el mundo y el tuyo está reservado

en mi corazón…PARA UNA PERSONA MUY ESPECIAL”…

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ANTOLOGÍA DE CUENTOS

NO ME ARREPIENTO

Génesis Abril Soto Estrada.

Desperté una vez más a esta soledad, a este vacío inmenso,

a este dolor agonizante, las horas caminan lento, el

ambiente es insípido, un día parece una eternidad, se oye

el eco de mi voz y el eco de todo lo que sucede a mi alrededor. Aun

siento su presencia, siento su esencia recorriendo mi cuerpo, y

finalmente recuerdo su engaño.

Algunos merecemos estar aquí, otros no, pero a final de cuentas

todos estamos en este maldito lugar.

Todas las noches al acostarme, al cerrar mis ojos, mientras

el guardia golpea la reja lo recuerdo, recuerdo ese día, no me

arrepiento de lo que hice, ella se lo merecía, se lo advertí varias

veces pero ella no hizo caso.

No soy el único en este lugar que ha hecho eso, y creo que la razón

que yo tenía es más aceptable que las de los demás. Según ellos,

lo hicieron porque las odiaban, otros por placer y algunos que

porque querían saber qué se sentía. Yo no, yo lo hice por amor,

yo de verdad la amaba y se lo dije varias veces, aun sabiendo que

todas las noches al estar acostada a mi lado ella deseaba estar con

alguien más. Clarito recuerdo el día en que le prometí amor eterno

y también respetarla hasta que la muerte nos separara, por eso se

lo advertí antes de atreverme a lastimarla. Hasta al señor cura

del pueblo le llevé para que le sacara el chamuco, pero no pasó

nada porque ella siguió en las mismas andanzas, parecía que le

entraba por una oreja y le salía por la otra. No sé en qué momento

cambió tanto. Cuando la conocí era tan buena, tan noble, y para

mi desgracia terminó sus días poseída por el demonio del placer

y la lujuria.

En varias ocasiones me hizo lo mismo, cometió la misma fregadera

una y otra vez y yo fui paciente, pensé que cambiaria, que volvería


ANTOLOGÍA DE CUENTOS

a ser la misma de antes y entendería que no necesitaba hacer

lo que hacía, pero no fue así. Los chismes de la gente corrían y

me daba vergüenza que todos supieran lo que mi mujer hacía,

porque no fue una ni dos veces, fueron muchas.

Aún la recuerdo perfectamente, era tan bonita, era rechula la

condenada, alta, morena, de ojos tan negros como la noche y

redondos como la luna, una trompita parada como si la tuviera

hinchada y delgadita, con unas curvas que a cualquiera

deslumbraban. Tal vez eso fue lo que la

echó a perder, el saber que a varios

hombres les movía el tapete.

Mi madre la quería mucho, y al

hacer lo que hizo la decepcionó.

Ella la veía como la hija que nunca

tuvo y cuando supo las medidas

que tomé ante la situación quedó

postrada en una cama, tiesa como un palo, tiene la

mirada perdida y un dolor profundo que se refleja en su rostro,

y pues no me queda otra, más que hacerme a la idea de que mi

madre puede estirar la pata en cualquier momento, solo hay que

esperar. Sé que al igual que con mi mujer, al principio dolerá pero

después no le queda más a uno que aguantarse. Además ya es

vieja mi jefecita.

Mi mujer nunca quiso que tuviéramos chamacos, yo varias veces

le intenté, pero la condenada hasta suerte tuvo que después de

siete años de casados no pude hacerle un hijo. Ahora sé que la

suerte estaba echada y que si hubiéramos tenido uno ahora

sería un gran problema porque como estoy aquí encerrado no

puedo trabajar y no tendría con qué darle de tragar al chiquillo o

chiquilla, lo que sea que hubiera sido.

De Lupita, mi mujer, podía esperar cualquier cosa, que si con el

vecino, con el panadero, con el lechero y hasta con el maestro de

la escuelita, esa donde los niños aprenden, pero de mi compadre

Jacinto si me cayó de sorpresa, de él no me lo esperaba. Me clavó

un puñal por la espalda cuando hizo lo que hizo con la Lupita, mi

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ANTOLOGÍA DE CUENTOS

Lupita y por eso le pagué con la misma moneda. Ese día que me di

cuenta de todo se me acabó la paciencia, ya no pude más y estallé.

Era poquito antes de la hora de la comida, yo trabajaba en el taller

con mi compadre Jacinto haciendo “yuquitas”, estábamos bien

entretenidos cuando se levantó y me dijo que iba a un mandado,

se veía nervioso, hasta tembloroso y se fue, le pregunté a dónde

iba, pero ni me contestó, porque salió casi volando de lo rápido

que se fue.

Yo me apuré a terminar mis “yuquitas” y terminé más pronto de

lo acostumbrado, esperé un rato a mi compadre para tomarnos

unas chelas bien heladas como de costumbre, pero como no llegó

y mis tripas se estaban comiendo unas a otras del hambre que

traía, me fui a mi casa.

Mientras caminaba con rumbo a mi casa, el ambiente me parecía

sospechoso, sentía una ansiedad rara que a la vez me parecía

chistosa, el aire soplaba en sentido contrario, como si me hubiera

querido llevar de regreso al taller, pero me resistí y seguí con mi

camino. Al llegar a mi casa ya no me dieron ganas de entrar, pero

el hambre que traía me obligó a hacerlo, se me hizo raro que mi

Lupita no saliera a recibirme, entré y no la vi por ningún lado.

-¿Vieja, dónde estás?- pregunté, pero ella no contestó.

Fui al cuarto para ver si estaba dormida, y sí, allí estaba, no dormida

precisamente, pero sí encuerada, acostada con mi compadre

Jacinto. Cuando me vieron se quedaron quietos y no decían nada,

parecía que estaban congelados, tanto que el silencio que en ese

momento se generó pudo ser cortado por el filo de una navaja

filosa. A mí la sangre me hervía en las venas del coraje, así que

me dirigí al trastero de la cocina y agarré un cuchillo con harto

filo. Cuando regresé cabizbajos se vestían y como mi compadre

Jacinto estaba de espaldas empecé con él, le encaje el cuchillo

hasta donde le cupo y pa´ asegurarme que no se defendiera se

lo encaje dos veces más, hasta que cayó redondito con chorros

de sangre que le salían por los agujeros. Los ojos se le fueron

pa´ arriba y bien pude ver como la vida se le iba lentamente de

las manos. Mi mujer lloraba como Magdalena, vi el miedo en sus


ANTOLOGÍA DE CUENTOS

ojos, nunca me había rogado como lo hizo ese día, pero esta vez

no dejé que su llanto me convenciera, así que también le encajé

el cuchillo en el mero ombligo, pero claro, a ella nomás una vez

porque de todos modos la seguía queriendo.

Después la abracé y esperé a que muriera, le cerré sus ojos con

mis manos y su carita se puso pálida como la luna, pero aún

después de muerta se veía rechula, le di un beso en su trompita

parada y me fui, sabiendo bien lo que haría después.

En la plaza del pueblo, ahí en la patrulla estaba Don Chente, el policía

barrigón del pueblo, le conté todo y mirándome fijamente dijo:

-Lo siento Cornelio, pero te tengo que esposar- me tomó por los

brazos y yo me dejé sin decir nada.

Después de todo el alboroto me trajeron pa´ acá, al bote de la ciudá.

Ayer el señor trajeado, que dizque es el que me defiende me dijo

que hoy me van a juzgar y que pase lo que pase diga que yo

no hice nada, que yo andaba de viaje e s e

día, siendo que yo nunca salgo de

mi pueblo, hasta hoy.

Llegada la hora me metieron a un

cuarto muy elegante, allí estaba

mi vecina y mi suegra, ella lloraba

sin consuelo alguno y cuando me

vio me gritó un montón de cosas

que ni le entendí. Me sentaron hasta adelante y me

hicieron jurar con una biblia bajo la mano que diría la verdá y

nomás que la verdá. Frente a mí estaba el señor trajeado y

nomás me cerraba el ojo. Yo ya sabía las consecuencias y como

hombrecito que soy estaba dispuesto a cumplir mi condena

Y como yo no juro de a mentiras, cuando finalmente me

preguntaron qué fue lo que pasó dije la verdá como lo había

jurado. Mi respuesta fue simple:

-Yo los maté, a mi Lupita y a mi compadre Jacinto, y no me

arrepiento.

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ANTOLOGÍA DE CUENTOS

PLEGARIA ETERNA

Cada noche, antes de dormir, Esmeralda escucha rezar a

su abuela, lo cual la tranquiliza mucho, le gusta escuchar

sus rezos tanto como sus historias, en especial una que

ella llamaba “una historia de amor o algo así”, a la cual siempre

agregaba algo nuevo que ella desconocía, ésa era una de las

razones por la que le gustaba tanto.

Un día, mientras cortaban rosas del jardín, Esmeralda le preguntó

a su abuela:

- Abuela, ¿crees en el amor?

Cuauhtli Meza Espinoza.

Cuando se hablaba de amor, la señora Irene no podía evitar sentir

una extraña mezcolanza de sentimientos: ira, melancolía, pasión

y una inmensa alegría, todo esto inundaba su corazón y su mente.

-Ay hija, el amor es algo tan hermoso –dijo la señora Irene, -pero

igual que las rosas puede llegar a herirte con sus espinas.

-¿Sí Abuela, por qué lo dices? Preguntaba Esmeralda esperando

que comenzara a contarle esa historia tan interesante de siempre.

-Por nada pequeña, por nada. Pero su abuela ya había sido

arrastrada por los recuerdos, a ese mundo que nadie tiene acceso

más que uno mismo.

Hace mucho tiempo, en un pequeño pueblo vivía la familia

Altamirano, de buena posición económica y muy apegada a la

religión. Estaba conformada por Don Ernesto, su esposa y sus

siete hijos, todos muy devotos. Su devoción llegó a tal grado que

uno de sus hijos se entregó al sacerdocio y se convirtió en el

orgullo de la familia cuando se ordenó en el seminario.

Pero lo importante de esta historia es cómo el amor cambió a esta

familia y en especial a una de las hijas más imprudentes, ya que

cometió un terrible pero precioso error.


ANTOLOGÍA DE CUENTOS

Su historia comienza una tarde, en la que ella y su madre

preparaban la comida para recibir a su hermano, el sacerdote,

que traería con él al nuevo padre del pueblo. A regañadientes Ireri

preparaba la comida, preguntándose por qué tenía que hacer algo

como eso, si nadie iba a valorar su esfuerzo; y todo para que el

invitado ni siquiera agradeciera las atenciones.

Cuando llegaron a la casa donde se

hospedarían los dos sacerdotes,

pusieron la mesa y esperaron a

que se lavaran para comenzar

a servir los platillos, en cuanto

aparecieron, Ireri pensó que el

recién llegado era un charlatán,

un hombre tan joven, que ni

siquiera llegaba a los 30 años, no podía ser cura.

Ya en la mesa la señora Altamirano preguntó:

-Hijo, cuánto tiempo piensas quedarte.

-No mucho madre –contestó el Padre Felipe- necesito regresar al

pueblo de San Bernabé, sabes que allá me necesita la gente. Y si

estoy aquí es para traer al Padre Salvador que no conocía nuestro

bello pueblo.

-Claro hijo, no había pensado que ellos necesitan de tu presencia allá.

En ese instante Ireri escuchó la voz del Padre Salvador y un

comentario que le despertó una gran curiosidad.

-Bueno, Hermano Felipe –decía el Padre Salvador- a quién

necesita el pueblo de San Bernabé es a Dios, no a usted y para eso

tienen su capilla ¿no?, por qué no se queda unos días más con su

familia.

-Hermano Salvador –contestó el padre Felipe- somos siervos de

Dios, debemos estar donde Él nos ha mandado.

-Usted lo ha dicho, Hermano Felipe, siervos, no esclavos, a los que

no se les permite gozar de la compañía de su familia.

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ANTOLOGÍA DE CUENTOS

La plática le provocaba a la joven más y más interés por el Padre

Salvador y después de ese día parecía que por fin le agradaba uno

de esos sacerdotes que tanto odiaba.

Felipe les pidió se encargaran de Salvador, mientras se adaptaba

al pueblo, por lo que su madre de inmediato se ofreció a llevarle

de comer y ayudarlo en todo lo que pudiera.

La rutina era la misma: Ireri y su madre salían a llevarle la comida

al padre, incluso a veces después de misa asistía toda la familia a

comer con él. Los días se convirtieron en semanas y las semanas

en meses, la confianza entre la familia y el Padre Salvador había

crecido, pero al mismo tiempo un sentimiento había surgido en

Ireri, que cada vez podía ocultar menos.

Durante las visitas a la iglesia y las reuniones con el cura, Ireri no

podía hacer otra cosa que mirarlo, y pensar que lo que sentía era

algo prohibido, malvado, terrible, pero si era todo esto, por qué

motivo no podía dejar de pensarlo y sentirlo, por qué motivo cada

noche pensaba en él, por qué atesoraba y pedía que no terminara

cada instante que pasaba a su lado, aunque sólo fuera eso: un

breve instante.

Un domingo, mientras escuchaba el sermón del Padre Salvador,

la joven llegó a una conclusión: podía seguir esperando cada

día a que el amor que sentía por él desapareciera o expresar

sus sentimientos, aunque con ello significara ser excomulgada o

incluso la llevara al fuego eterno.

Esa tarde, después de la comida, Ireri se quedó lavando los

trastes de la forma más lenta que pudo hacerlo, esperando que no

hubiera nadie en la casa, más que ellos dos. En ese instante, se dio

cuenta que era el momento para decir todo lo que sentía, ahora

lo que le atormentaba era qué iba a pensar él cuando le declarara

su amor. Y si desde ese minuto no quería volver a saber de ella,

si la odiaría para siempre por pensar esas cosas, pero había algo

que le inquietaba aún más, y si aceptaba, qué iba a pasar después.

Cuando llegaron a la puerta y se acercaba para despedirse de él, lo

miró a los ojos y dentro de ella sintió un impulso que la acercó al


ANTOLOGÍA DE CUENTOS

cura y tocando su mejilla le dijo, en un susurro: -te amo Salvador.

Después de eso dio vuelta y caminó lo más rápido que pudo, con

un torbellino de ideas y sentimientos en su cabeza.

Los siguientes días Salvador se mantuvo alejado de Ireri. Ella

no sabía qué pensar, tener lejos a su ser amado la hacía sentir

feliz porque podía olvidar ese sentimiento, pero por otro lado

le causaba un inmenso dolor no poder volver a pasar un breve

instante a su lado.

El tiempo pasó, la muchacha no sabía si había hecho lo correcto

o había cometido un terrible error. Un día, cuando Salvador

se despedía de ella y de su madre, justo cuando sus manos se

estrecharon, Ireri sintió un pequeño trozo de papel, lo tomó y

lo escondió; en la nota venía el siguiente mensaje: “No sé si lo

que siento es lo correcto, no sé si lo que hago es en verdad lo que

quiero, no sé si lo que pienso es lo que deseo, lo único que sé es

que yo también te amo”.

Los días siguientes Ireri y Salvador se comenzaron

a ver a escondidas cada vez que

podían y ella retrasaba cada

momento que pasaba junto a él,

lo único que importaba era estar

juntos, aunque esto significara

llegar al infierno, para ellos el

amor que sentían lo valía.

Exactamente había pasado un año

desde la última visita del Padre Felipe, aquella tarde

esperaban ansiosamente su llegada, pero pasó la tarde y no llegó.

Su madre se iba de la iglesia y la joven le dijo que se quedaría a

ayudarle al Padre a limpiar el templo.

Cuando por fin se quedaron solos no pudieron ocultar más

lo que sentían. En ese momento se abrió la puerta y el Padre

Felipe pudo ver cómo el Padre Salvador besaba a su hermana

apasionadamente delante del altar.

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ANTOLOGÍA DE CUENTOS

Los gritos y la furia de su hermano eran incontenibles, de

inmediato la llevó a casa y le contó a toda su familia lo que había

visto en la capilla del pueblo. Salvador intentó ir a buscarla, pero

lo único que consiguió fueron ofensas y un golpe que le dejó la

nariz desviada.

En los días siguientes el Padre Salvador fue cambiado de

comunidad de forma misteriosa, sólo se decía que el mismo

obispo lo había mandado llamar. Ireri no pudo despedirse de

él, su hermano la sacó del pueblo y la llevó

a un convento, donde podría

pasar el tiempo suficiente, hasta

que la gente olvidara lo sucedido

y buscar qué hacer con el hijo que

estaba esperando.

-Y qué hizo Ireri, abuela –preguntó

Esmeralda

-Bueno, pues ella tomó la decisión de quedarse con su bebé,

ya que era lo único que le quedaba de Salvador. Y se dio cuenta

de que existen personas buenas en este mundo que te ayudan

cuando menos lo esperas. Se dedicó a trabajar, no volvió a su

pueblo y tampoco volvió a ver al Padre Salvador, ni siquiera pudo

decirle que esperaba un hijo suyo.

Cada noche, Esmeralda escucha rezar a su abuela, sabe que reza

por su abuelo, de pequeña siempre se preguntaba quién había

sido, pero ahora siente que lo conoce por tantas veces que ha

escuchado la historia de Ireri y Salvador.


ANTOLOGÍA DE CUENTOS

SI NUNCA DEJARAS DE SOÑAR

Christian Marlene Paredes Calderón.

En Araneni, un pequeño poblado del estado de Michoacán,

alejado de la ciudad, con escasas 20 familias que lo

habitan, donde por las noches las risas de los niños

corren mientras juegan libres en las calles, tengo mi casita de

madera, soy una señorita como tú, soñadora y juguetona, así soy

yo ¡soñadora!, todos los días se me van pasando, postrada en la

última banca bajo la sombra de los árboles del gran bosque a

las orillas del poblado, sentada pinto murales, paisajes y escribo

cantos envueltos de amor.

Era el mes de abril, recuerdo aquellos días, mi cuerpo no era el

mismo, me sentía extraña, algo raro me invadía, en todo mi cuerpo

sentía hormigueo, desesperación, escalofrío, no sabía qué me

pasaba, entonces comencé a caminar, ya me sentaba y me paraba,

todo mi cuerpo estaba incontrolable, tomaba mi mano para que

no se moviera y era mi pie el que como burlándose me temblaba,

luego le seguían mis ojos, era tan raro que no entendía nada,

estaba con él, ¡Mauro!, el chico más lindo de la preparatoria y no

lindo por guapo, de ojos de color, alto, no, para nada mmmmmm,

él era sencillo, yo ya lo conocía desde hace años, recuerdo siempre

nos enojábamos sin razón, me contradecía y discutíamos, hasta

ese día que se animó y me tomó de la mano, quizás él solo quería

estar cerca, muy cerca de mí.

A los tres días nos hicimos novios, comenzó a ir a mi casa a

visitarme, me mandaba mensajes, me invitaba a su casa, sin

duda me divertía a lo grande cada que estaba con él y con eso

me conformaba, yo sinceramente lo amaba. Mauro me tenía algo

así como idiotizada, estaba de él perdidamente enamorada, pero

¿qué había entonces de lo que antes soñaba?, las salidas al café,

las canciones dedicadas, los te amo al oído susurrados, pues sí,

soñadora pura era yo y para hacerte más sincera te contaré un

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72

ANTOLOGÍA DE CUENTOS

secreto, Mauro no era soñador como yo, no lo era, siempre me

decía –ya estás grande Alondra, son otros tiempos, qué manita

sudada ni qué nada- Mauro, pero sería tan bonito, imagínate

andar tú y yo como dos tortolitos- siempre le decía. Era algo

que realmente me ilusionaba, pero él no pensaba igual que yo y

siempre terminábamos hablando de otra cosa, pues como bien

dicen “el que busca encuentra” y para qué buscar problemas y

conflictos cuando nos la pasábamos tan bien, nos divertíamos y

eso sí, siempre reíamos, éramos sin duda muy felices.

Por un tiempo me olvidé de mis sueños, te confesaré que eso

fue un grande error, pues me comencé a preocupar más por lo

que dijera o no Mauro. ¿Me acompañas al centro? recuerdo que

le decía, pero él se molestaba ¡ay, Alondra! ¿Para qué vas a ir?

enojado siempre me contestaba. -No te vuelvo a invitar a ningún

lado, ni a pedirte favor alguno- le dije un día y se lo cumplí, a él no

le importaba, era algo que no le gustaba, pero no entendía que yo

necesitaba que me apoyara, estar con él, sentir como tú, que me

amarán y me cansé de esperar ese día.

Entonces, mi sueño comenzó a tomar fuerza, se hacía cada vez

mayor y ya no me importaba lo que Mauro dijera, yo estaba

más decidida que nunca a cumplir mi sueño, desde que un día

llena de cansancio y después de haber discutido fuertemente

con Mauro, me dirigí muy triste a mi casa. Subí a mi cuarto y caí

profundamente dormida, era lo mejor que me podía pasar. Ese

día soñé con él… Mis manos acariciaban su rostro lentamente,

tratando de reconocerlo, ahí estaba su silueta, era alto y mis

manos me decían que sus facciones eran perfectas, su boca era

tan suave, sus ojos grandes y sus manos tan sedosas, era ¡perfecto!

y justamente cuando entre sueños mi visión se esclarecía y mis

labios se dirigían a él, ring, riiing, riiing, el despertador irrumpió

mi sueño.

Era hora de arreglarme, mi primer día de clases de un nuevo

ciclo escolar daría comienzo, yo irradiaba de alegría, fue un

día inolvidable, todo el camino llevé la imagen de mi sueño. Me


ANTOLOGÍA DE CUENTOS

imaginaba a cada instante ese beso que no pudo ser, algo estúpido

porque eso era, solo un sueño, un sueño por el cual terminé ese

día perdida dentro de mi propia escuela, quizás no me creerás

pero ese día no di con mi nuevo salón de clases. Terminé en una

de esas reuniones raras que a veces hacen los

maestros, y ¿qué creen? ahí estaba

él, el hombre de mis sueños, has de

preguntarte que cómo lo supe, fue el

destino o coincidencia, no lo sé, qué

importa, pero cuando estaba a punto

de abandonar el lugar, un maestro

por cierto muy joven y atractivo se me

acercó para preguntarme si algo se me

ofrecía, indudablemente le dije que sí, que me encontraba

perdida y él me acompañó a buscar mi nuevo salón de clase. Yo

me moría de la vergüenza, pero cuando mis manos empezaron a

sudar y mi corazón se empezó a agitar me dije- es él Alondra, es

él, ¡el hombre de tus sueños! Pasadas dos semanas comenzamos

a salir, me tomaba de la mano, me hablaba al oído, me llevaba

serenata y me invitaba a pasear, pero y Mauro ¿qué pasó con

Mauro? Has de estarte preguntando, pues bien, yo seguía con él,

me era imposible dejarlo ir, pero tenía que decidir, ¡él!, el hombre

de mis sueños me lo había preguntado, -¿Alondra realmente

quieres estar conmigo?-, sin pensarlo dije que sí, pero lo más

difícil vendría después. Para cumplir con mis palabras diría adiós

a Mauro. Recuerdo que acabé con sus ilusiones ese día, soltó en

llanto su corazón, porque no eran lágrimas, pero sí una sonrisa

marchita y una mirada caída la que en su rostro se había marcado.

Todo era tan diferente, me había vuelto a enamorar con la llegada

de Norb, el hombre de mis sueños, quien con su forma de ser

hacía que lo empezara a amar. Con él conocí que se necesitan

más que risas, más que momentos, que compañía, se necesita

estar dispuestos a, día con día, descubrir juntos el arte de amar y

alimentar los sentimientos, las ilusiones y sobre todo los sueños,

mis sueños, como aquel día.

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74

ANTOLOGÍA DE CUENTOS

Después de tres semanas mientras disfrutaba de la luna, al lado

de ese hombre a quien le contaba el día que lo soñé, sonó mi

celular, no contesté hasta la tercera vez y ¡oh sorpresa me llevé!

Nunca supe quién era, pero sin duda era algo que no esperaba en

ese momento ni en ningún otro, Mauro había sido hospitalizado,

un aparatoso accidente casi le había provocado la muerte. No

me atreví a decirle a Norb lo que había pasado y al día

siguiente fui a visitarlo. Ahí estaba él

postrado en la cama, inconsciente

y justo cuando le iba a tomar la

mano, entró una enfermera, quien

me partió el corazón cuando me

dijo que Mauro estaba en coma.

Comenzaron súbitamente a rodar

sobre mi rostro lágrimas sin parar.

Había sido una noticia impactante y ¡mi culpa!,

pensaba yo, me decía una y otra vez, si no hubieras terminado

con él Alondra, él no estaría en este lugar, estaría a tu lado, por

tu culpa ahora está aquí postrado sin ser dueño de su propio

cuerpo. Entonces se hicieron cada día más presentes mis visitas

al hospital y las salidas con Norb eran casi inexistentes, así

siguieron pasando los días, hasta que Mauro despertó.

Ese día yo estaba con él, sin duda le había hecho bien mi presencia

y cometí otro grave error, actué como cobarde, me despedí de

Norb, del hombre de mis sueños, para estar con Mauro, porque

así pensaba se mejoraría más rápido. Hice lo posible por volver a

sentir algo por él, por regresarle las sonrisas que había olvidado en

el incierto pasado. No había día que no buscara entre periódicos,

libros, revistas un chiste o una frase para compartirla con él. Su

risa marcada en su rostro era alivio para mi culpa, pero cada

noche volvía a mi mente la imagen de Norb, el día que lo soñé y

me preguntaba ¿Alondra, qué hay de tus sueños, nuevamente los

vas a dejar ir? Aunque sabía que sólo yo tenía la respuesta, no

era capaz de ver más allá de lo que en ese momento pasaba y

locamente me resignaba a estar con Mauro a quien ya no amaba.


ANTOLOGÍA DE CUENTOS

Fui una tonta porque todas las tardes después de estar con Mauro

me dirigía al bosque y postrada en la última banca, bajo la sombra

de los arboles, sentada me resignaba a plasmar y pintar murales,

paisajes y cantos envueltos de amor, cuya esencia era Norb.

Hasta que un día en el hospital mientras Mauro dormía, sin tener

nada que hacer saqué mi pluma y papel y comencé a escribir mi

historia. Plasmé mi gran sueño y el escrito llevaba su nombre

¡Norb! porque renuncié a él, pero lo seguía amando. Pensando

que Mauro tardaría en despertar me dirigí al baño, pues a pesar

de los días, los recuerdos seguían marcando de dolor mi rostro.

Pensarlo y recordarlo me dolía. Cuando regresé, me encontré

entre sus débiles manos el pequeño trozo de papel, él lo leía

detenidamente esperando que fuera una broma, mis palabras

otorgaron al callar lo que estaba pasando. Lo había lastimado

una vez más. Ese día Mauro estaba temblando, pues nuevamente

se había ilusionado conmigo, pero esta vez todo fue diferente,

extendió sus manos y tomé de entre ellas mi historia, mientras

él decía- son cosas de la vida, no tienes idea de cuánto te amo,

pero por que lo hago, te dejo libre para que vayas a su lado- fue

un alivio que a mi alma curó escuchar sus sinceras palabras y salí

apresurada del hospital.

Iría en búsqueda de Norb. Lo encontré pero era demasiado tarde,

mientras esperaba un taxi que me llevara a su casa, llegó una

ambulancia, de ella fue bajado el cuerpo de Norb, ya sin vida e

inconsciente. No entendí nunca qué pasó, era una locura, sólo

recuerdo que gritaba desesperada, quería correr con él, a sus

brazos y despertarlo, fue absurdo, porque policías y doctores

me habían amarrado, ese día estaría por fin con él, el hombre de

mis sueños, pero la vida me lo había arrebatado. Ya no recuerdo

qué fue de mí. Hoy después de 20 años me platican quienes me

conocieron que me perdí en mi sueño y me tuvieron hasta hace

5 años en un manicomio, pero ahora estoy consciente y más

decidida que nunca a jamás dejar ir mis sueños.

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76

ANTOLOGÍA DE CUENTOS

UN RAYITO DE ESPERANZA

Zayra Villalobos Flores.

Mi cabecita daba vueltas y sentía una gran opresión, y mis

huesitos amoratados.

Hacía días que estaba allí sin comer ni beber; me sentía solo.

La gente pasaba desesperada, asustada por todo lo ocurrido y ni

tiempo tenían para escuchar mis quejidos.

Todo eso ya estaba previsto, yo escuchaba como decían que por

nuestra culpa podía ocurrir algo como lo que sucedió.

Antes de esto yo era muy feliz, aunque carecíamos de muchas

cosas, me sentía contento de lo que hacía, de jugar en las calles,

de correr y sobre todo de estar junto a mi familia. Ahora todo eso

está en los puros recuerdos, pues desde que estaba allí no podía

hacer nada, mi siquiera podía estar junto a mis papás.

Algo que también recuerdo, son aquellos días en los que tenía que

ir a trabajar al mercado, cuando veía a alguna señora cargada con

sus bolsas, corría a tratar de ayudarla, casi siempre hacía eso para

sacar algunos pesos y llevarlos a mi casa. De esa manera ayudaba

un poco a disminuir los gastos, pues era difícil que mis padres nos

sacaran adelante a mi hermanita y a mí.

No sabía cuánto faltaba para que eso volviera a suceder porque

nadie me escuchaba y tampoco sabía si iba a volver a correr

como lo hacía antes, con ese dolor que sentía en mis piernas.

Trataba de que no me dolieran, pero las piedras no dejaban de

apachurrármelas.

Todo eso fue a causas de ese horrible terremoto. Aquel día yo

estaba jugando en la calle, de repente un lejano zumbido se

escuchó y pronto se fue acercando más y más, de repente el

zumbido desapareció, pero un fuerte movimiento nos puso a

correr a todos. Nosotros seguimos jugando porque todo volvió a la


ANTOLOGÍA DE CUENTOS

normalidad, apenas comenzaba a brincar cuando de pronto algo

terrible pasó, y ahora con mayor intensidad la gran tragedia se

acercaba a nosotros, era como si los seres humanos hubiéramos

cometido algo malo. De pronto un movimiento mucho más fuerte

nos tiró al piso, yo rápido me paré y corrí a mi casa para estar con

mi familia.

La gente también corría, otros lloraban y se hincaban como

pidiéndole a alguien que eso terminara pronto; al ir corriendo

veía cómo las casas caían una a una.

Cuando pasaba por el hospital de mi comunidad, entre tanto grito

y corredero, me detuve a ver cómo caían una a una sus paredes;

el mismo hospital en el que un par de años atrás yo había pasado

unas noches debido a una infección en mi pancita. A mí me gustaba

comer cuanta cosa me daba la gente en el mercado, es por eso que

por andar de tragón me tuvieron que llevar allí, ahora todo ese

enorme edificio se convirtió en un gran cerro de escombros y una

enorme nube negra se plasmaba en el cielo.

Con tanto gritadero comencé a tener miedo, corrí mucho más

rápido para llegar a mi casa, mis piernas comenzaban a cansarse

pero sacaba fuerzas para seguir adelante.

Una gran nube de polvo me alcanzó

y me envolvió entre sus múltiples

capas, que más que polvo parecían

llamaradas de fuego que nos

provocaban un gran dolor. Seguí

corriendo hasta que por fin llegué.

Entré desesperado, mis padres

estaban allí junto a mi hermanita, sus

ojos se iluminaron al verme y me abrazaron, comencé a

llorar por el temor que sentía, ellos sacaron muchas fuerzas y me

dijeron que me tranquilizara que eso era algo momentáneo y que

pronto acabaría.

De pronto sentimos unos pequeños golpes en la cabeza que

fueron aumentando cada vez más, nuestra casa comenzaba a

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78

ANTOLOGÍA DE CUENTOS

derrumbarse. El terrible movimiento no acababa y de inmediato

tratamos de salir para evitar que todo se nos callera encima, pero

fue inútil. Al correr, mis padres y yo vimos cómo mi hermanita

cayó al recibir un fuerte golpe en su cabeza. Traté de regresar

por ella, pero no reaccionaba. Mis padres me gritaban que saliera

pero no era capaz de dejarla sola.

En ese momento sentí que algo muy pesado cayó sobre mí, fue ese

el instante en el que comenzó mi martirio.

Cuando desperté, estaba todo obscuro, estaba solo, me encontraba

debajo de un montón de escombros, creía que todo era una

horrible pesadilla pero no, no era otra cosa que la mera realidad.

Comencé a recordar poco a poco lo que había sucedido, traté de

gritar para que alguien me escuchara, fue inútil, ellos no me

escuchaban. Yo escuchaba todo lo que

decían.

Traté de mover los escombros y de

buscar una salida pero era tan fuerte

mi dolor que me impedía siquiera

mover hasta la más diminuta piedra.

Pasaron horas sin que alguien me

ayudara; las ambulancias se oían muy

fuerte, el llorar de las familias también. Mi única esperanza

era que mis padres no se olvidaran de mí y fueran a ayudarme.

Me sentía muy débil, no tenía fuerzas. Así pasé dos días completos.

Al tercer día escuché varias voces cerca de mí. Mis ojos se llenaron

de lágrimas al sentir una fuerte emoción, pues creía que al fin

me sacarían de ese horrible lugar. Esas voces se fueron alejando

lentamente y la tristeza y el miedo volvieron a mí.

A lo lejos escuchaba el murmullo de la gente, quienes con gran

dolor recordaban ese horrible terremoto que nos había dejado

sin nada, en la calle. Pronto llegaron unos enormes camiones con

una gran cantidad de ayuda y alimentos, la gente corría tras ellos,

creían que si no eran vistos, los dejarían sin comida.


ANTOLOGÍA DE CUENTOS

Nuevamente empecé a gritar, a pedir que me sacaran, pero me

sentía tan cansando que ni yo mismo escuchaba mis súplicas.

Nunca olvidaré aquel día en el que apenas se filtraba un rayito de

sol de aquel hermoso amanecer cuando aquellas voces volvieron

a mí como ángeles que Dios me había mandado. Escuché un

fuerte grito de alegría, era el de un hombre que había encontrado

a una criatura. Esa criatura era yo. Por fin habían llegado para

salvarme.

Trataron de mover las inmensas

piedras que apachurraban mi débil

cuerpo. Tenía miedo que algún

mal movimiento ocasionara algo

malo. Fueron varías horas las que

se llevaron en mi rescate.

Ese mismo día, casi al anochecer,

después de ocho días de terrible sufrimiento debajo

de los escombros, volví a ver esa luz de alegría que invadió mi

corazón.

Extendí mis brazos para tratar de alcanzarla y esa vez lo logré. Esa

luz que Dios padre me había mandado eran los brazos de un valiente

rescatista, que después de arduas horas de trabajo, me abrazaron y

me abrigaron como nunca antes alguien lo había hecho.

Ahora, a mis cinco años de edad estoy siendo atendido por los

doctores de los cuerpos de médicos internacionales, y sigo aquí

esperando a que mis padres y mi hermanita vengan por mí y me

lleven con ellos.

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ANTOLOGÍA DE CUENTOS

UN LOCO ENAMORADO

Carmen Paulina Bedolla Alcaraz.

Hoy el alba se levanta y me reconfortan los rayos de luz

sobre mi cara, hoy soy feliz, hoy soy aún más joven que

ayer, y al verte aquí mi dulce princesa, no hay más deseo

que vivir cien años junto a ti. Los niños corren y brincotean por

doquier, las aves cantan y el perro ya quiere de comer.

Me dirijo a la cocina, hoy yo te serviré, te llevo el desayuno hasta la

cama, y con un beso te despertaré. He preparado los huevos como

a ti te gustan, un jugo y un café, todo lo necesario para mi reina,

camino y voy a tu lado, abro las cortinas y enciendo la televisión.

Pongo la charola en la mesa, todo está listo.

-Nena, es hora de despertar. Vamos, amor. Pero tú estás inmóvil.

–Amor, despierta. Pero no respondes, trato de moverte, pero

como un suspiro te me has desvanecido.

-¿A dónde fuiste? Ven a mí … no te escondas, Elena, hoy no es

día para jugar. Hoy es nuestro aniversario. Ven, acércate, vamos a

celebrar. Pero la casa se ha vuelto vacía. El perro dede ladrar.

Los niños era un espejismo y estoy solo, entre fotografías que me

parecen juzgar. ¿Qué está pasando? Yo no puedo estar solo aquí.

En efecto, no estoy solo, tú estás aún esperándome en el jardín

entre tus lindas azucenas, cantando con el canario y el jilguero,

arrullando a nuestro pequeño hijo. ¡Ay, Elena! Qué feliz me hace

verte así, te vez idéntica a la foto de la sala; así, tan quietecita y

apacible, podría quedarme una vida entera observándote.

Tus ojos verdes y tu castaño cabello largo y ondulado, tu piel

canela y tus suaves manos. Pareces una linda muñeca, quizá un

maniquí para un aparador, eres una reina por tu belleza. Junto

a ti no se compara ni siquiera la belleza de una flor. Tan dulce y

delicada. Elena, tu nombre hace eco en mi corazón.


ANTOLOGÍA DE CUENTOS

Mi vida, todos estos años juntos y tú tan joven y tan esplendida,

parece que cuando caminas pasas sin rozar el suelo; las

mismísimas flores hacen reverencia ante tu majestuosa belleza, y

tu voz, esa melodiosa voz que me hizo amarte cuando dulcemente

me decías al oído, te quiero.

Recuérdalo radiante Elena, ese

lindo parque donde la noche nos

solía encontrar. Donde tirados

junto al lago en un dulce beso las

estrellas nos solían espiar tras la

luna, siente como si fuera hoy, el

tenerte entre mis brazos el dulce

roce de la hierba en nuestras

pieles, y al regresar a tu casa sigilosamente

deslizarte a tu habitación para que tu padre no se enterara.

¡Ay mi dulce princesa! El tiempo no pasa por ti, ven a mis brazos

amor, refúgiate como lo solías hacer, siénteme a tu lado, siente

que no pasa el tiempo, que las penas se deslizan y no veas atrás.

¡Otra vez!, ¿Por qué me dejas hablando solo?, ¿Qué no ves que

estoy yo aquí? ¡Elena!, ¡Elena! Ven mujer, que te estoy hablando.

¡Ven, hermosa! Sabes que yo no soy tu padre y yo no te haré daño,

¡con un carajo! ¿Dónde estás?

Aquí te he encontrado, qué bella te ves con tu vestido de novia.

¿Te lo has puesto como una sorpresa para mí? Qué magnifica

fue nuestra boda, pareciera que todo fue preparado por ángeles

para ti y para mí. Todo tan blanco y lleno de flores, la catedral

rebosante de gente, y el coro entonando la marcha nupcial,

cuando se abrieron las puertas y entraste por ellas, tu belleza me

volvió a cautivar.

Tomé tu mano, y el padre nos bendijo, y con un pequeño beso

nuestra unión se realizó. Ya en la fiesta bailamos y bailamos sin

parar, hicimos el brindis y entonaron nuestro primer vals.

Esa noche fuiste realmente mía, todo temor lo lograste olvidar,

disfrutaste como nunca cada beso y fuiste tú, entregada a mí. Tu

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ANTOLOGÍA DE CUENTOS

bello cuerpo aún mostraba cicatrices de un pasado que ese día

dejabas escapar.

Todo fue tan bello, tantos años juntos y un amor que dio frutos:

un lindo pequeño que fue mi adoración. ¿Recuerdas todo lo que

pasamos juntos? Esas tardes en el parque, comiendo un helado.

Todo era perfecto así, pero ese niño te separó de mi lado, por su

culpa no estás aquí, ¿Por qué me dejaste de amar, Elena? ¿Por qué

ese bastardo llegó a ti? ¿Por qué me engañaste diciendo que era

mi hijo?

Y luego, yo me quise deshacer de

él, borrar esa mancha de nuestro

pasado, y ¡tú te opusiste! ¿Por qué?,

si todo estaba bien entre nosotros,

y te pegué, Elena, te pegué…, sé

que te ayudé a olvidar las heridas

de los golpes de un pasado, y yo

te provoqué aún más. Ahora entiendo a tu

padre y esa dulce sensación de dominar.

Desde ese día fue un calvario para ti, pero era tu culpa, tú me

engañaste, tú provocaste esta ira que aún no logro consumar.

Qué bueno que ese niño ya no está, y no tuve que manchar ni mis

manos ni mi conciencia para que él se fuera, sólo una gripe mal

cuidada lo acabó por matar.

Tú te volviste loca, triste y deprimida, deambulabas por el jardín,

perdida, a mí no me volviste a mirar, y cuando lo hacías tu mirada

penetraba en lo más hondo de mi alma, pero que más da, eras sólo mía.

Pero la tristeza, el hambre y la soledad te acabaron por matar,

bueno eso me hicieron creer cuando enterraron tu cuerpo, pero

tú y yo sabemos que no es así, tú vives conmigo, te paseas y me

hablas al oído.

Que eres una traviesa, que en ocasiones te escondes, y por

buscarte hace que llegue tarde a todas partes, hablando de eso…!

Cierto ¡pero qué tarde es!, unos jóvenes dijeron que vendrían


ANTOLOGÍA DE CUENTOS

para llevarme a pasear, espero no te moleste amor, te prometí

que celebraríamos, pero un caballero debe atender a todo

compromiso, iré a prepararme porque no han de tardar en llegar.

-Buenas días caballeros, ¡estoy listo! Mira Elena, estos jóvenes

dijeron que me llevarían al doctor, qué amables son, ¿verdad?,

dicen que los vecinos han hablado de nosotros y se han

preocupado de verme solo, qué gente tan chismosa y mentirosa,

si tú siempre estás aquí, ahora que vuelva hablaré con ellos y

pediré que se dejen de entrometer.

Me han dicho que puedo llevar una foto, ¿cuál levaré? Ya sé, ésta

donde estás en el jardín, sonriendo tan bella y radiante. Bueno, ya

es hora, podemos irnos.

Elena, ya no quiero estar aquí… los jóvenes me han mentido,

este lugar no es bonito, es muy frío, hay viejos y locos y tú sabes

que nosotros somos unos jóvenes recién casados que vivimos la

ilusión del amor; además el amor hace que hagamos locuras y eso

qué, ¿acaso ellos nunca han estado enamorados?

Elena, hoy estoy triste, hoy me dijeron que estaba loco y viejo y…

lo creí, y más aún porque a diario te llamo y tú no contestas, ya

no vienes a visitarme como antes, cada vez me siento más solo…

Sabes, hoy me siento débil, tal vez el estar entre enfermos me

ha contagiado de algo, y mi pecho me duele como nunca. Ven a

visitarme amor mío, ven y dame un beso antes de partir, pues

siento que la hora a este bohemio le ha llegado, y no quiero morir

solo, quiero estar junto a ti.

Elena, mi dulce princesa, no te vayas, sabes que es la última vez

que te veré. Yo no puedo ir contigo donde están los ángeles, yo

merezco otro lugar especial para gente como yo, recuérdalo, no

fui bueno contigo y tampoco con él…

Elena, adiós amor mío, canta y baila con los ángeles, inmortaliza

tu belleza y vuélvete una diosa para todos como para mí lo solías

ser… y disculpa a este viejo tonto y enamorado que nunca te de

de amar… Adiós mi Nena.

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ANTOLOGÍA DE CUENTOS

¿GUARDAS DE MÍ ALGÚN RECUERDO?

Zahira Yadira Pascual Pasaye.

No sé si aún me recuerdas. No soy nada especial como para

que fuera así. Una chica tonta más en la lista. Debe ser

la peor ironía de la vida que lo que te regresó las ganas

de vivir hoy te esté matando. El día de la despedida te hice una

promesa; no la dije, pero te hice una promesa: que un día, en

algún lugar iba a liberarte. No mereces esto, yo no merezco esto,

nadie lo merece. A veces, sólo a veces, puedo sentir que estás

cerca de mí y nada nos podrá separar. No debería quejarme, ni

hoy, ni nunca.

Lo sé, prohibido preguntar. ¿Sabes que podrías tener a la persona

que desees a tu lado? Prohibido preguntar. No soy la mala de la

historia, ni la buena, simplemente soy la que sigue aquí dándole

un poco de magia a tu vida. Tus manos aún tiemblan cuando me

aproximo a ti. ¿Sabes los que significas para mí? Sí lo sé, tienes

una idea. Una idea. ¡Una idea!

¿Sabes a dónde voy? ¿Sabes cuál es mi camino? ¿Sabes lo mucho

que no he dejado por una sonrisa tuya? ¿Sabes lo cobarde que

soy? A veces siento que un escalofrío recorre mi espalda, ¿Lo

sientes tú? Estoy llorando de nuevo. Pequeños cristales recorren

mis mejillas y caen al piso. ¿Sabes cuántas veces he sentido que

muero? ¿Sabes que me hago daño a mí misma? ¿Conoces el punto

donde termina el dolor?

¿Quién decide qué está bien y qué está mal? No sé si aún me

recuerdas. En ocasiones, me detengo y pienso. Soy de las

personas que así se las esté llevando la jodida nunca termina de

hablar. Nunca termina de sentir. Nunca termina de pensar. Ya no

sé qué representa un amigo. Ya no entiendo qué represento yo.

Seguramente me perdí.


ANTOLOGÍA DE CUENTOS

En las películas siempre hay una protagonista y la mejor amiga,

en mi vida estoy actuando como la mejor amiga, no soy la

protagonista, nunca lo he sido. ¡Siempre dejas que la mitad del

mundo opine sobre lo que debes hacer y decida el rumbo de

tu vida! Y no te da pena, no sientes frustración. Eso es lo más

cobarde que puedes hacer. Te amo. Perdí el significado de todo

eso, del amor, del cariño, de la vida. Dios, debo ser más fría. Debo

dañar antes de que me dañen. Debo ser la protagonista de mi

propia vida.

He perdido el rumbo de mi vida. Lo

perdí el día en que llegaste a ella.

A él lo quiero y a ti te he olvidado,

la mentira más grande que he

tenido el descaro de decir. A

veces, sólo a veces, pienso en lo

mucho que te amé, que te amo

y que, posiblemente, te amaré. Estoy llorando y

había jurado que no iba a llorar, escuchando cada palabra que no

quiero escuchar. ¿Sabes quién soy? ¿Tienes una remota “idea” de

quién soy? Cuando regreso no hay más que un “soñé…”

Hoy es otro día de esos en los que la vida no tiene sentido. Otro

día más en la cuenta, otro día más. No hay mayor tristeza que

sentirse solo teniendo compañía. Hoy, sólo hoy, he prometido no

hablar, no pensar, no sentir. Imposible. Veo cómo se derrumba el

teatro frente a mis pies. No hay un ayer, ni un mañana, sólo queda

un hoy. Ayer me dijo un ave que volara por donde no hay ardor,

que saque el aire de mis ojos, que abrace el miedo con tus sueños,

que sea una guerrera de sangre para que nadie te haga daño.

Nadie. No me siento muy bien. ¿Sabes dónde comienza la línea

que separa el amor de la costumbre? Este maldito sentimiento.

Maldito. No tiene color, no tiene sabor, no puedo olerlo, no puedo

tocarlo, pero lo siento y me está matando.

Ya no recuerdo el timbre de tu voz. No recuerdo la armoniosidad

de tu risa. Ya no recuerdo a qué sabían tus besos. Sabes, no

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ANTOLOGÍA DE CUENTOS

recuerdo la mayoría de las cosas que te hacían ser tú. Mentira.

Quisiera olvidar. Borrar todo. Presionar un botón y desechar todo.

No seré yo quién te despierte cada mañana, ya no estaré detrás de

ti cuando te caigas, pero no creo sinceramente que te haga falta.

Sé que todo va a seguir igual. Eso duele. Duele mucho. No puedo

decir qué, no puedo indicar dónde, pero sí duele demasiado. No

quiero convertirme en un recuerdo. No quiero ser ese recuerdo

agradable de un momento fugitivo, ¡no quiero!

Vivo atada a tu luna. Te llevo clavado como una espina a mi

costado. Esto está planeado con un poco de amor, nada más un

poco de amor. En el recuento de los daños sigues distante. Viendo

todo desde la más cómoda perspectiva que pudiste

encontrar. Hay ilusiones muertas.

¿Cómo puedes decir que te olvidaré?

Todo lo mío te lo di. Hay algo

mutilado que he pensado, tal vez es

mi dignidad. No quedaba nada.

Me equivoqué de nuevo, como de

costumbre, como siempre. Sigo

esperando lo que no va a llegar. No

sé qué quiero. Correr tal vez, irme lejos. Olvidar quizá.

Pensaba muchas cosas a la vez. Quizá no le guste, quizá le agrade

demasiado, quizá no le importe, quizá le sea indiferente… quizá…

quizá… quizá… no hay un mañana sin un hoy. Todo terminó. Se

acabó. Se derrumbó. Estoy jodida, terminé como inicié, jodida.

Sigo esperando, ¡maldita sea! Quisiera poder dejar de joderme yo

sola. Quisiera plantarme frente a ti, con esa mirada indiferente y

decir algo sin importancia, una sarta de palabras, una frase, una

estupidez, cualquier cosa que denotara mi nulo interés en todo.

Pero, ¡maldita sea! Estoy jodida. Me paro frente a ti y pongo cara

de imbécil, me acerco, te beso suave en los labios y acto seguido

pregunto ¿Cómo estás? ¡Maldita sea! Tú mirada está en mí. Tus

manos en mi cintura. Tus labios acechan los míos y yo con mi cara

de idiota. ¿Por qué?


ANTOLOGÍA DE CUENTOS

Eso me repito cada vez que me doy cuenta que no dejo de mirar

el reloj una vez más contando los segundos demorados que lleva

tu respuesta. ¿Y te importa? No digas nada. Sé la respuesta, pero

quisiera no saberla. Cambié de idea. Dime algo. Otra más de tus

mentiras que me haga sentir viva. Sí. Eso. Sigue. Me haces daño,

pero me haces feliz. Me acerco. Te miro. Tus ojos resplandecen,

pero están vacíos. Ya no son míos. Nunca lo fueron. ¿Qué me pasa?

Nada. Nunca me pasó nada.

A veces sufre quién menos se lo merece. Ya no sé qué decir. Nada.

Espero que cuando amanezca pueda seguir siendo yo. Hoy supe

de ti las cosas más horribles que te pasan. Hoy supe de ti. Y sabes

algo, perdí lo que quería perder, el interés en ti. Ya no me importa

si sufres o ríes. ¿Que si encontré a alguien que llena mis noches y

mis días? Sí ¿Que si lo amo? No tienes el derecho de preguntarlo,

pero sí, sí lo amo. ¿Igual que a ti? Mi mirada se detiene, mi voz

tiembla, no, igual no. Lo mío no era amor, lo tuyo era un truco.

Igual a ti no. Nunca sentiré lo que por ti sentí, amor o no, jamás

se repetirá. ¿Que si soy feliz? ¿Ves esta sonrisa? Dedúcelo tú

mismo. ¿De dónde vino? ¿Cuándo llegó?

¿Cómo? Para. No preguntes más.

Me enamoré, sí me enamoré y se

terminó.

Sabes, me estoy cansando. No

seguiré agonizando entre tus

brazos. Ya no. Habla. Ahora es a mí

a la que no me importa lo que dices.

No quieras jugar al fantasma que nunca se va.

¿Qué soy tuya? Soy del viento. No puedes detenerme. Inténtalo.

¿Quieres saber por qué lo hago? No vale explicarte nada si no lo

entenderás.

Camino sola. Pensativa. Últimamente me ha dado por pensar

más de lo normal. Pero sólo pensar, nunca analizar lo que pasa,

nunca valorar mis posibilidades. Te veo a lo lejos. La misma ropa,

el mismo estúpido suéter marrón. Odio ese suéter. Te hace ver

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ANTOLOGÍA DE CUENTOS

intelectual. Pienso de nuevo. No tengo motivos para seguir aquí.

Quiero creer que sí. Por eso sólo pienso. ¿Qué si siento? Que

maldita ironía, es lo único que hago. Ahora también pienso, son

las únicas dos cosas que hago. ¡Dejaste el orgullo! ¿Pero qué te

ocurre? ¿Pregunta o retórica? No me interesa.

Estoy lista. Todo ha terminado. Vendrá por mí. Llevo el perfume

que lo enloquece. Llegará. Comentaremos algo trivial con mis

padres. Lo sé. Lo tengo planeado. Este sol de invierno es perfecto.

Dejaré mi vida en cada mirada, en cada beso, en cada sonrisa.

Caminaremos juntos. Él y yo. Nos amamos, sí nos amamos. Lo he

descubierto. Y hoy me pregunté, después de tanta destrucción

¿guardas de mí algún recuerdo? Yo por mi parte prefiero renunciar.


ANTOLOGÍA DE CUENTOS

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ANTOLOGÍA DE CUENTOS

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