La Nueva Historia: Mentalidades - ANEP
La Nueva Historia: Mentalidades - ANEP
La Nueva Historia: Mentalidades - ANEP
¡Convierta sus PDFs en revista en línea y aumente sus ingresos!
Optimice sus revistas en línea para SEO, use backlinks potentes y contenido multimedia para aumentar su visibilidad y ventas.
<strong>La</strong> <strong>Nueva</strong> <strong>Historia</strong>: la historia de las mentalidades<br />
NACIMIENTO Y DESARROLLO DE LA HISTORIA DE LAS MENTALIDADES<br />
Los pioneros de otra historia<br />
Convenía introducir aquí la idea de mentalidad a base de ejemplos entresacados de<br />
la obra de Lucien Febvre. En efecto, la historia y Marc Bloch, el belga Henri Pirenne,<br />
geógrafos como A. Demagneon, sociólogos como L. Lévy-Bruhl, M. Halbwachs, etc.,<br />
grupo que inspiró, a partir de 1929, los famosos Anales de historia económica y<br />
social.<br />
A menudo se la denomina “escuela de los Anales”. No obstante, aunque el grupo<br />
de los Annales, estaba mejor organizado y era el más combativo, no era el único.<br />
Hay que añadirle personalidades independientes y solitarias, que tuvieron la misma<br />
misión de pioneros: el célebre historiador holandés Huizinga, autores que han<br />
permanecido largo tiempo en la sombra, como el alemán Norbert Elias, cuyos libros<br />
innovadores, publicados en 1939, fueron arrebatados por la tormenta, y que ahora<br />
han sido redescubiertos, o también autores un tanto marginados, quiero decir, cuya<br />
relación con la historia de las mentalidades ni surgió ni fue reconocida<br />
inmediatamente, como Mario Paz, el historiador de la literatura maldita y del género<br />
mórbido, cuyo principal libro, publicado en italiano en los años 1920, ha sido traducido<br />
al francés… en 1977, ensayo notable que apunta a jalonar los intercambios entre la<br />
expresión literaria y lo imaginario colectivo.<br />
Todos estos autores, ya pertenezcan al grupo de los Annales o sean ajenos a<br />
él o marginados, reconocían en la historia otros dominios que aquellos en que<br />
anteriormente estaba confinada, los de las actividades conscientes, voluntarias,<br />
orientadas hacia la decisión política, la propagación de las ideas, la conducta de los<br />
hombres y de los acontecimientos.<br />
Para Huizinga, por ejemplo, el sector de lo imaginario, del sentimiento, del juego,<br />
de la gratuidad, es tan importante como el de la economía. Dice explícitamente en<br />
El otoño de la Edad Media: “<strong>La</strong> historia de la civilización debe ocuparse lo mismo<br />
de los sueños de belleza y de ilusión novelesca que de las cifras de población y de<br />
los impuestos”, es decir, de la historia demográfica y económica. “<strong>La</strong> ilusión misma<br />
en que vivieron los contemporáneos, tiene el valor de una verdad”. Frases a los<br />
que responde hoy, como un eco, cincuenta años después, Jacques Le Goff, en su<br />
prólogo a Por otra Edad Media: “Aportar algunos elementos sólidos a un estudio de<br />
lo imaginario medieval”<br />
El ilustre Huizinga, el renombrado M. Praz, Elias el desconocido, no llegaron a<br />
formar escuela ni a forzar la barrera de la historia tradicional. El modesto grupo<br />
estrasburgués de los Annales lo consiguió.<br />
<strong>La</strong> primera generación: en torno a L. Febvre y M. Bloch<br />
Autora: Carmen de Sierra | Derechos de autor: Uruguay Global. Administración Nacional de<br />
Educación Pública | Area de Cooperación | CODICEN | contacto: uruguayglobal@gmail.com
En su época, la de los padres fundadores, diríamos, la historia de las mentalidades,<br />
tal como la hemos definido más arriba, no era en la realidad más que un aspecto,<br />
una faceta de una historia mas vasta que se denominaba historia social, o tambien<br />
historia económica y social y que pretendía fuera ya total, aunque esa totalidad se<br />
había conseguido entonces en y por la economía. Esta historia era la que estaba<br />
enfrentada en bloque a la historia política, del acontecer. Siempre bajo ese nombre<br />
de “social history” fue reconocida y profesada en Inglaterra y en Estados Unidos.<br />
Estaban, pues, ya entonces, de un lado la historia tradicional y, del otro, la historia<br />
social, que comprendía a la vez la historia económica y la historia cultural, llamada<br />
en lo sucesivo de las mentalidades.<br />
<strong>La</strong> historia tradicional se interesaba casi exclusivamente por los individuos por las<br />
capas superiores de la sociedad, por sus élites (los reyes, los estadistas, los grandes<br />
revolucionarios) y por los acontecimientos (guerras, revoluciones) o las instituciones<br />
(políticas, económicas, religiosas…) dominadas por esas élites. <strong>La</strong> historia social se<br />
interesaba, por el contrario, por la masa de la sociedad que quedaba al margen<br />
de los poderes, por los que los padecían. Esta orientación no estaba por lo demás<br />
reservada a la investigación del pasado. Suscitaba también ciencias nuevas del<br />
presente, nacidas de un mismo interés por lo que estaba dominado y olvidado por las<br />
sucesivas élites, e incluso quedaba anónimo, colectivo, pero donde se sentía cada<br />
vez más tentación de reconocer las fuerzas reales. Nosotros las llamamos ciencias<br />
humanas: sociología, psicología, etnología, antropología. Ellas vinieron a reunirse<br />
con su hermana mayor, la venerable economía. El inglés las confunde todas bajo el<br />
nombre común de “social sciences”. En Francia, la separación de la vieja economía<br />
y de las ciencias humanas más jóvenes corresponde a los dos comportamientos de<br />
la historia, la de los Annales de los años ’30, que se titulaban Anales de la historia<br />
económica y social. Estos dos comportamientos se distinguían perfectamente, y<br />
acabamos de ver, a propósito de Francisco I y Margarita de Navarra, cuán familiar le<br />
resultaba a Lucien Febvre el hecho psicológico de mentalidad. Otro tanto habría que<br />
decir de Marc Bloch y de su estudio sobre los reyes taumaturgos.<br />
Con todo, el comportamiento de las mentalidades no estaba aún bien separado, en<br />
esta primera generación de los Annales, del de la economía, o de lo socioeconómico.<br />
Entre ambos, constituían la historia total o que se creía total.<br />
Con dificultad comprendemos hoy, tras una cincuentena de años de historia<br />
económica, especializada y matemática, cómo ésta podía estar asociada tan<br />
estrechamente a la historia psicológica. Es que una y otra eran igualmente la historia<br />
de los humildes y de lo colectivo. Los hechos económicos (precios, salarios,<br />
impuestos, crédito, mercado) repercutían en la vida cotidiana de todos (carestía,<br />
miseria o enriquecimiento, hambres, epidemias, mortalidad). Se descubrió que eran<br />
observables y que la serie continua de sus datos cifrados permitía una lectura no<br />
anecdótica de la vida cotidiana. Por esta razón, un lazo íntimo acercaba entonces la<br />
historia económica a la historia psicológica.<br />
<strong>La</strong> historia económica se ha visto desde el principio favorecida, porque era la primera<br />
historia científica colectiva. A la historia discontinua de los individuos, de los<br />
acontecimientos que ellos provocaban, y de las instituciones que controlaban, se<br />
Autora: Carmen de Sierra | Derechos de autor: Uruguay Global. Administración Nacional de<br />
Educación Pública | Area de Cooperación | CODICEN | contacto: uruguayglobal@gmail.com
oponía una historia a la vez colectiva y continua, establecida sin hiato en la larga<br />
duración, la de una humanidad anónima, en la que, no obstante, cada uno de<br />
nosotros podía reconocerse.<br />
<strong>La</strong> segunda generación<br />
Los padres fundadores tendrían hoy más de cien años. <strong>La</strong> generación que les ha<br />
sucedido ha pasado ahora de los sesenta. Ha hecho su opción en la herencia. Sin<br />
admitirlo siempre, ha dejado un poco de la sombra gran parte de lo que, en M. Bloch<br />
y L. Febvre desbordaba lo social por el lado de lo imaginario, la psicología colectiva<br />
y lo cultural. Esta zona de las mentalidades ha quedado abandonada a algunos<br />
aventureros (varios un tanto sospechosos).<br />
Desde 1945, la historia económica ha sido la preferida<br />
Por el contrario, la historia económica ha sido la predilecta. No importa saber qué<br />
historia económica: los historiadores franceses, para bien y para mal, conservaron<br />
entonces algo del primer carácter de la historia económica. Una historia económica<br />
de ambición humanista, que permitiría alcanzar la vida de las masas, la multitud de<br />
los pequeños, de los oscuros. Les quedó cierta repugnancia a tratar la economía<br />
como un terreno reservado, que se define por modelos matemáticos según la<br />
tendencia que venció allí donde, como en Estados Unidos, la historia económica<br />
pertenece en las universidades al “Department of Economics”, y no al “Department of<br />
History”.<br />
<strong>La</strong> elección de esta generación se explica por la formidable expansión de la<br />
economía mundial tras la segunda guerra mundial. <strong>La</strong> Francia de los años 1930<br />
vivía todavía a un ritmo lento, que había dejado subsistir no pocas costumbres de<br />
finales del Antiguo Régimen. Con su imperio colonial, constituía además un mundo<br />
completo y cerrado, que daba la ilusión de exotismo y universalidad, mientras que<br />
hoy nos parece una provincia resguardada en la que no penetraban las grandes<br />
marejadas planetarias. Tras las sacudidas de la guerra, el hexágono (la Francia<br />
metropolitana) se abrió de par en par a las corrientes internacionales profundamente<br />
trastornado por la prosperidad económica, el crecimiento del consumo y de las<br />
necesidades, y por una industrialización y una urbanización masivas. <strong>La</strong> muralla<br />
china de los años 1930 había caído. Los jóvenes intelectuales se sintieron entonces<br />
fascinados por las fuerzas socioeconómicas, que se les antojaban como los motores<br />
de esta conmoción inaudita, y los historiadores sufrieron la tentación, perfectamente<br />
legítima, de referir al pasado los intereses de su presente y de investigar en él los<br />
orígenes (o los retrasos) del progreso técnico y económico que les arrastraba. Los<br />
hechos de la mentalidad les parecieron a la vez menores, porque exageraban los<br />
aspectos arcaicos y retrógrados del pasado, y difíciles de establecer, no científicos<br />
y poco susceptibles de un tratamiento matemático. No obstante, uno de los avatares<br />
de la historia económica, tal como se concebía radicionalmente en Francia, debía<br />
reintroducir los fenómenos de mentalidad en la gran problemática. Nos referimos a la<br />
historia demográfica.<br />
<strong>La</strong> nueva historia demográfica<br />
Autora: Carmen de Sierra | Derechos de autor: Uruguay Global. Administración Nacional de<br />
Educación Pública | Area de Cooperación | CODICEN | contacto: uruguayglobal@gmail.com
Uno de los primeros enfoques de la historia económica fue, como veremos más<br />
adelante, la monografía regional. Ahora bien, los autores de estas monografías se<br />
vieron pronto llevados a consagrar una parte importante de sus investigaciones al<br />
movimientote las poblaciones y a estudiar de cerca las relaciones entre población y<br />
subsistencias, hambres y epidemias. Como escribe Jacques Dupaquier, “la aventura<br />
se inicia en 1946 con la publicación, en uno de los primeros números de Population,<br />
de un artículo del llorado J. Meuvret, titulado ‘<strong>La</strong>s crisis de subsistencias y de<br />
la demografía de la Francia del Antiguo Régimen’.” J. Meuvret es, en efecto, un<br />
testigo ejemplar de esta segunda generación de los Annales. Su perfil puede ser<br />
considerado como típico. No es muy conocido del gran público intelectual, porque<br />
no pudo publicar antes de su muerte el gran libro en que meditaba y escribía y que<br />
al fin apareció como obra póstuma; tan sólo había publicado dos artículos densos y<br />
vivaces que valen por varios volúmenes. A través de sus dos artículos y sobre todo de<br />
sus consejos, ejerció profunda influencia en los historiadores más jóvenes, franceses<br />
y extranjeros, hoy convertido en maestros. Pues bien, una de estas minorías, citadas<br />
más arriba por J. Dupaquier, la más célebre, está consagrada a la relación entre los<br />
hombres y epidemias, entre coyuntura<br />
Durante el mismo período, entre 1944 y 1956, un discípulo de J. Meuvret, P. Goubert,<br />
preparaba su famosa tesis, “Beauvais y el país de Beauvais de 1600 a 1730”. El libro<br />
se presentaba ya como una “contribución a la historia social (el subrayado es mío)<br />
de la Francia del siglo XVII”, pero sirvió después de modelo de historia demográfica.<br />
Tuvo una numerosa posteridad y creó un género, una de las aportaciones más<br />
importantes de esta generación de los años 1950 a la histografía.<br />
<strong>La</strong> historia demográfica debía además no sólo reanimar la parte de la herencia,<br />
bloqueada, de los padres fundadores, sino también retirar la nueva historia de las<br />
mentalidades al impresionismo anecdótico de la tradición literaria, darle una base<br />
documental estadística y, finalmente, incitarla hacia una interpretación amplia de la<br />
que no había que mostrarse avaro.<br />
<strong>La</strong> demografía revela las mentalidades<br />
Viví personalmente esta aventura. En los años 1940 me sentí yo también atraído<br />
por la demografía, no a través de la economía, sino porque estaba impresionado<br />
por la situación demográfica de la Francia de la primera mitad del siglo XX y por<br />
sus diferencias con la de la Francia del Antiguo Régimen. ¿Cómo interpretar un<br />
cambio tan considerable, que no había seguido la misma cronología en Inglaterra,<br />
por ejemplo? Evidentemente, desde el comienzo de mi investigación, a diferencia de<br />
los historiadores de la economía, no me interesaban tanto la demografía propiamente<br />
tal, ni sus mecanismos, ni siquiera sus afectos políticos o sociales, como las actitudes<br />
psicológicas<br />
secretas que ella revelaba a quienes supiera leer sus estadísticas. Partía ciertamente<br />
de los datos demográficos, pero no tenía prisa por abandonarlos, para pasar –tal vez<br />
antes del tiempo- a las realidades que ocultan. De estas realidades de las actitudes<br />
ante la vida, la edad, la enfermedad, la muerte, no les gustaba hablar a los hombres<br />
de otros tiempos y las más de las veces ni siquiera tenían conciencia de ellas. Varias<br />
series numéricas en la larga duración hicieron aparecer modelos del comportamiento<br />
Autora: Carmen de Sierra | Derechos de autor: Uruguay Global. Administración Nacional de<br />
Educación Pública | Area de Cooperación | CODICEN | contacto: uruguayglobal@gmail.com
que de otro modo eran inaccesibles y clandestinos. Así las mentalidades surgían al<br />
término de un análisis de las estadísticas demográficas.<br />
Nada tiene de original esta experiencia, como que fue compartida por casi todos<br />
los historiadores demográficos de esta generación. No les era posible permanecer<br />
dentro de los límites estadísticos de la reconstrucción de una población antigua.<br />
Detrás de estos primeros trabajos surgían cuestiones capitales, que reclamaban<br />
explicaciones psicológicas, antropológicas, antaño reservadas a médicos, moralistas<br />
y juristas, o que parecían pertenecer al dominio de lo no escrito, donde los<br />
historiadores hasta el momento jamás habían pensado penetrar, quizás porque<br />
creían que los fenómenos medidos por la demografía estaban demasiado cerca de<br />
la naturaleza y la biología. Y es muy cierto que, en nuestros primeros trabajos,<br />
estudiábamos sobre todo la adaptación de la población a las subsistencias y al<br />
estado de la economía. Pero pronto vimos, sin embargo, que esta adaptación no<br />
era automática ni inmediata, que entre el comportamiento demográfico y el nivel<br />
de recursos había como un sistema óptico de mentalidades. <strong>La</strong> historia de las<br />
mentalidades renacía así por segunda vez, gracias a la demografía histórica.<br />
EL CONCEPTO DE MENTALIDAD<br />
De esta manera general, a pesar de las recientes seducciones de la sincronía y<br />
de la desconfianza respecto a la “unidimensión” (Edgar Morin), la historia de las<br />
mentalidades viene manifestando una preocupación constante por comprender mejor<br />
el paso a la modernidad.<br />
El ejemplo de la contracepción<br />
Este ejemplo lo tomo de la historia demográfica. Este ejemplo muestra bien cómo el<br />
historiador ha comenzado a interpretar datos económicos o demográficos de manera<br />
distinta a como lo hacían los economistas o los demógrafos, antes de adentrarse por<br />
continentes totalmente nuevos. Ese ejemplo ilustra el paso de la historia propiamente<br />
demográfica a la historia de las mentalidades, de que hemos hablado más arriba. El<br />
ejemplo es la historia de la contracepción.<br />
Es sabido que las sociedades tradicionales conocieron hasta el siglo XVIII un régimen<br />
demográfico “en dientes de sierra”, donde se sucedían a las hambres, y otros<br />
períodos de rápida recuperación, debidos a la constancia de altas natalidades.<br />
Entraban en juego controles tales como la edad tardía del matrimonio, la esterilidad<br />
de las mujeres al tiempo de la lactancia… Eso no impedía que el número de<br />
embarazos fuese elevado y amenazase la salud y la vida de las madres, que eso<br />
lo supiese todo el mundo y que pudiese sentir la tentación de reducirlo por otros<br />
caminos que los del aborto, la continencia o el infanticidio.<br />
Ahora bien, parece que los esposos no intentaron nunca seriamente actuar sobre<br />
el acto sexual para blanquear su efecto reproductor. Indudablemente, se conocían<br />
técnicas, descritas en los rituales de la penitencia, los manuales de los confesores<br />
y los tratados de moral. El hecho es que no eran utilizadas. Y, de repente, (o casi),<br />
Autora: Carmen de Sierra | Derechos de autor: Uruguay Global. Administración Nacional de<br />
Educación Pública | Area de Cooperación | CODICEN | contacto: uruguayglobal@gmail.com
a fines del siglo XVIII y a principios del XIX, al menos en Francia, estas técnicas<br />
se propagan hasta el punto de modificar el movimiento general de la población,<br />
la pirámide de las edades: leemos claramente su llegada y su difusión en las<br />
estadísticas demográficas. ¿Cómo se pasó del antiguo régimen al nuevo? Se han<br />
dado dos respuestas.<br />
Los unos (yo entre ellos) han puesto por delante un cambio de mentalidad. Aun<br />
cuando era vagamente conocida, la dicotomía del acto sexual exigía una capacidad<br />
de previsión y un dominio de sí “impensables” es la antigua sociedad, pero que<br />
se hicieron “pensables” en el siglo XIX. Otros, por el contrario, han explotado las<br />
condenas de los autores religiosos para sostener que las prácticas contraceptivas<br />
eran más familiares de lo que se quería admitir, y que, si estas prácticas no se<br />
habían extendido más, era porque la vigilancia eficaz de las costumbres por parte<br />
de la Iglesia, el temor de las sanciones, la ausencia de publicidad se oponían a<br />
su difusión. Esta comenzó cuando cedieron las barreras eclesiásticas, cuando la<br />
movilidad geográfica y la secularización de las costumbres liberaron las conciencias<br />
y las lenguas.<br />
En el primer caso, ponemos de relieve las mentalidades. En el segundo, nos<br />
inclinamos por otras causas de cambio, menos específicas, comunes a otros<br />
fenómenos políticos, religiosos, socioeconómicos. Los historiadores que han querido<br />
mostrar la permanencia de la contracepción –aunque poco utilizada- citan autores<br />
eclesiásticos. En realidad, sus textos son ambiguos. Denuncian, efectivamente,<br />
prácticas contra natura, pero éstas, que un lector de “Playboy” o del “Kamasutra”<br />
reconocerían como posiciones clásicas del Ars erotica, aparecen a los historiadores<br />
demógrafos como métodos contraceptivos. Sin duda, el erotismo es estéril, salvo<br />
accidente, per debemos convenir en que la esterilidad no era el fin perseguido.<br />
Entonces, de esta discusión de orden demográfico, vemos surgir una historia de<br />
la sexualidad que se encuentra hoy en sus primeros pasos. Indudablemente, no<br />
existiría, como lo contemplan hoy J. L. Flandrin, L. Stone y M. Foucault, sin su<br />
antepasado demográfico.<br />
EL TERRITORIO DEL HISTORIADOR<br />
Estos ejemplos muestran como la introducción del concepto de “mentalidad” provoca<br />
–o implica- una extraordinaria dilatación del “territorio del historiador”, según la<br />
expresión de P. Nora y E. Le Rey <strong>La</strong>udarie. En realidad desde fines de los años<br />
1960, este territorio se ha extendido a todo lo que es perceptible por el observador<br />
social, sin excepción. Ampliación de la historia más allá de sus antiguas márgenes<br />
y, al mismo y de lo mental, de la naturaleza y de la cultura. <strong>La</strong>s publicaciones sobre<br />
estos temas, no obstante inimaginables hace más de 50 años, constituyen hoy un<br />
conjunto coherente y una vasta biblioteca. Es el primer terreno conquistado por la<br />
historia de las mentalidades.<br />
Otros temas, menos frecuentes, suscitan las investigaciones: las variaciones<br />
somáticas (talla, pigmentación, color de los ojos, el modo de andar, etc.), la<br />
alimentación (carácter esencial de la cultura), la salud y las enfermedades, la peste<br />
Autora: Carmen de Sierra | Derechos de autor: Uruguay Global. Administración Nacional de<br />
Educación Pública | Area de Cooperación | CODICEN | contacto: uruguayglobal@gmail.com
del doctor Biraben, las enfermedades de las mujeres de E. Shorter, las delincuencias<br />
(a una sociedad dada corresponde una relación particular con la justicia) con Nicole<br />
Castan, la sociabilidad tradicional –o la del siglo XIX, que es tal vez una de las<br />
conquistas más ricas de la nueva historia –con E. Le Roy <strong>La</strong>durie, Yves Castan,<br />
M. Agulhon, etc. El historiador busca las claves de las estrategias comunitarias,<br />
de los sistemas de valor, de las organizaciones colectivas, es decir, de todas las<br />
conductas que constituyen una cultura rural o urbana, popular o elitista. Notemos de<br />
paso la importancia actual de los datos meridionales dentro de una historiografía que<br />
había dado más bien trato de privilegio a la Francia del norte y del este, es decir,<br />
la Francia del oíl y de la escritura. Continuemos nuestra incompleta enumeración<br />
con la fiesta, prolongación y apogeo de la sociabilidad (M. Vovelle, Y. M. Bercé),<br />
con la supervivencia popular y la metamorfosis en mitos de los acontecimientos<br />
de la historia reciente (camisards, antiguos combatientes), y que terminemos<br />
provisionalmente con la religión popular que ha conquistado un puesto capital en<br />
la historiografía, tema de numerosos coloquios y publicaciones en Francia (J.<br />
Delumeau), Inglaterra (K. Thomas), Italia (C. Ginzburg), América (N. Z. Davis).<br />
Una historia más sensible a las diferencias regionales que a las diferencias<br />
sociales<br />
<strong>La</strong>s más de las veces los temas que acabo de enumerar han sido estudiados en un<br />
espacio geográfico muy delimitado, es decir, en el interior de una historia regional.<br />
<strong>La</strong> nueva historia de las mentalidades ha prestado mucha atención a las diferencias<br />
tiempo, retorno a su antiguo dominio que se creía bien desbrozado: el historiador<br />
relee hoy los documentos utilizados por sus precesores, pero con una mirada nueva<br />
y otra clave. Los temas frecuentados por los primeros fueron los preparados por la<br />
historia económica y demográfica: la vida del trabajo, la familia, las edades de la vida,<br />
la educación, el sexo, la muerte, es decir, las zonas que están en la frontera de lo<br />
biológico regionales –tanto como a las diferencias sociales-. Este carácter es común<br />
a las tres<br />
generaciones de los Annales, y se debe a la larga influencia sobre lo historiadores<br />
franceses de la obra de los grandes geógrafos de la primera mitad del siglo XX,<br />
reunidos bajo el nombre de “escuela de Vidal de la Blache”, su fundador. Este último<br />
fue el autor de la introducción geográfica de la monumental “<strong>Historia</strong> de Francia”,<br />
dirigida por E. <strong>La</strong>visse. Estos geógrafos, que hoy tendrían cien años y más, han<br />
sido en realidad precursores de la nueva historia de los Annales. Uno de ellos, A.<br />
Demangeon, colaboró con L. Febvre para un libro sobre el Rin.<br />
<strong>La</strong>s tesis de geografía sobre las grandes regiones como Flandes, de R. Blanchard,<br />
de Picardía, de A. Demangeon, fueron los primeros modelos de una historia regional<br />
cultural. Antes, la historia regional era un recorte regional de la historia nacional<br />
política. Estaba constituida por los acontecimientos que habían pasado en la región,<br />
las instituciones de la región, políticas y religiosas, la vida de los grandes hombres<br />
hijos de la región. Estos geógrafos utilizaron a la vez el estudio del paisaje<br />
contemporáneo y los documentos de los archivos antiguos, a fin de deducir los<br />
“caracteres originales”, para hablar como Marc Bloch, de una región: caracteres<br />
que daban a esta región su unidad. El geógrafo, hombre del presente que se<br />
Autora: Carmen de Sierra | Derechos de autor: Uruguay Global. Administración Nacional de<br />
Educación Pública | Area de Cooperación | CODICEN | contacto: uruguayglobal@gmail.com
propone comprenderlo, se veía así conducido a volverse hacia el pasado de los<br />
historiadores del acontecimiento, sus colegas, pero un pasado no político que éstos<br />
habían descuidado y que iba convertirse en lo sucesivo en el pasado favorito de los<br />
futuros historiadores. Demangeon publicó una guía de los depósitos de archivos para<br />
uso de los geógrafos. <strong>La</strong> geografía humana tuvo, pues, una influencia enorme en los<br />
historiadores de los años 1930-1940.<br />
Después ocurrió un curioso fenómeno de transferencia. A partir de 1940-1950, la<br />
historia regional se deslizó de la geografía humana a la historia económica, social,<br />
y más generalmente cultural y antropológica. Pienso que la geografía ha sufrido con<br />
esta transferencia que la ha empobrecido. <strong>La</strong> historia, en cambio, ganó con ella<br />
muchísimo. <strong>La</strong> región, legada a la historia por la geografía humana, ha servido de<br />
marco necesario para una investigación innovadora durante las tres generaciones de<br />
los Annales: el Franco Condado de L. Febvre, los “Caracteres originales” de M. Bloch,<br />
el “mediterráneo” de F. Braudel, la “Región de Beauvais”….<br />
Comprender las diferencias<br />
Estos ejemplos, que podrían alargarse, tienen en común la percepción de una<br />
diferencia nuestros países, donde los enfrentamientos de raza, aunque silenciosos<br />
y disimulados, no dejan de ser frecuentes. <strong>La</strong> comprensión es también difícil entre<br />
dos culturas alejadas en el tiempo. Puede surgir del reconocimiento, en la mentalidad<br />
extranjera, de elementos de semejanza con la nuestra, la de hoy, que, a su vez,<br />
es ingenuamente conocida: permanencias. Puede surgir asimismo de la verificación<br />
de diferencias irreductibles. <strong>La</strong> diferencia se convierte entonces en la condición de<br />
la peculiaridad y de la inteligencia de la peculiaridad: ella separa esta cultura de<br />
la muestra y le asegura una originalidad. Es por tanto y ante todo en relación con<br />
nuestra mentalidad contemporánea como una cultura se nos presenta como distinta.<br />
Ciertamente, en general, la estrategia se complica y un pasado de referencia, un<br />
pasado-origen sustituye después a nuestro presente, para determinar los caracteres<br />
específicos de otro pasado, el pasado por reconocer. Tenemos entonces una<br />
secuencia de este género: presente, 1er. Pasado origen, 2do. Pasado por conocer,<br />
con a continuación un retorno dialéctico del 1º y 2º pasado al presente. Nuestra<br />
mentalidad contemporánea, que podemos denominar modernidad, se encuentra, por<br />
tanto, siempre en el origen de la curiosidad histórica y de la percepción de las<br />
diferencias. Sin la conciencia de la modernidad, no habría ya diferencias ni por<br />
tanto historia, y ni siquiera las no-diferencias, es decir, las permanencias, serían<br />
percibidas.<br />
¿POR QUE UNA HISTORIA DE LAS MENTALIDADES?<br />
<strong>La</strong> historia de las mentalidades es, por tanto, más bien la de las mentalidades de<br />
antaño, de las mentalidades no actuales. <strong>La</strong> fascinación que esta historia parece<br />
ejercer hoy, y no desde hace mucho, se explica tal vez por un grave accidente de<br />
nuestra mentalidad de hoy. El hombre de las edades clásicas, de la Ilustración, del<br />
progreso industrial, es decir, el hombre occidental del siglo XVIII hasta principios<br />
del XX, estaba seguro de la permanencia y de la permanencia y de la superioridad<br />
Autora: Carmen de Sierra | Derechos de autor: Uruguay Global. Administración Nacional de<br />
Educación Pública | Area de Cooperación | CODICEN | contacto: uruguayglobal@gmail.com
de su cultura. No aceptaba la idea de que ésta no había existido siempre, algunos<br />
períodos de decadencia parecían interrumpir su continuidad. Ella volvía a surgir con<br />
los renacimientos. <strong>La</strong> histografía positivista del XIX y de principios de principios del<br />
XX admitía desigualdades tecnológicas, económicas, “retrocesos” debidos a la falta<br />
de conocimientos, decadencias, pero no diferencias a nivel de la percepción y de la<br />
sensibilidad.<br />
Estas creencias se han debilitado. El hombre de hoy no está ya tan convencido ni de<br />
superioridad de la modernidad (ya lo hemos visto) ni de la superioridad de la cultura<br />
que parece haber preparado la modernidad… desde la época de la invención de la<br />
escritura. Ve culturas diferentes e igualmente interesantes allí donde el historiador<br />
clásico reconocía una civilización y unas barbaries. Este último por tanto estaba<br />
más bien tentado por las semejanzas con un modelo universal. Hoy, la investigación<br />
de las diferencias supera, por el contrario, a la de las semejanzas. Por eso, la<br />
transformación de la historiografía, descrita en páginas anteriores, de origen<br />
medieval y modernista, ha pisado durante algún tiempo el umbral de la historia<br />
contemporánea: éste era en efecto una reflexión del hombre sobre el tiempo en<br />
que vivía, un tiempo de excesiva semejanza y de escasa diferencia. Ahora bien,<br />
el espesor de este fragmento de historia disminuye: el momento en que el pasado<br />
aparece como diferente de mi propio tiempo se hace cada vez más próximo:<br />
¡formidable desquite de la historicidad! Vemos, pues, ante nuestros ojos que masas<br />
enteras de lo que ayer todavía creíamos nuestra historia de hoy pueden<br />
desprenderse y hundirse en el océano de las diferencias, donde se reúnen con<br />
todas las sociedades tradicionales. En consecuencia, dependen en lo sucesivo de los<br />
métodos de diferenciación psicológica y etnológica de la historia de las mentalidades,<br />
y ésta contribuye a su vez a acelerar su conversión al pasado. Un ejemplo de esta<br />
labor de zapa de la historia contemporánea por las proximidades de la historia de las<br />
mentalidades nos lo proporciona la obra de M. Agulhon, que ha hecho el siglo XIX<br />
una civilización singular, convertida, gracias, a sus análisis, tal vez en tan extraña a<br />
la nuestra como la del Antiguo Régimen, con formas propias de sociabilidad como el<br />
café, el círculo…<br />
Por su parte, R. Girardot ilustra bien el vaivén del historiador entre dos épocas<br />
próximas y que, sin embargo, se separan. Este autor ha mostrado cómo, en el siglo<br />
XIX, el nacionalismo militar francés había pasado de la izquierda a la derecha, cómo<br />
en otra ocasión, en el siglo XX, la preocupación por las peculiaridades étnicas había<br />
pasado a la derecha colonialista e “indigenista” de Lyautey o de Delavignette a la<br />
izquierda revolucionaria y antioccidental de Fanon. El análisis de estas transferencias<br />
de ideas y de sensibilidad permite sustraer del presente fragmentos del pasado y<br />
afinar el presente hasta el punto de hacerlo translucido.<br />
Así el pasado, el tiempo de diferencia, se acerca a nosotros y se hace cada vez más<br />
difícil ignorarlo, como no nos es posible desconocer ya el arte negro, el arte indio o<br />
el arte precolombino: nos quema los dedos. <strong>La</strong>s diferencias de todas las edades nos<br />
asedian, y sin embargo, nuestra percepción ingenua, inmediata, continúa siendo de<br />
nuestro de nuestro propio presente, único punto de anclaje en el tiempo. El reciente<br />
acercamiento del presente y del pasado ¿no es la verdadera razón de la historia de<br />
las mentalidades?<br />
Autora: Carmen de Sierra | Derechos de autor: Uruguay Global. Administración Nacional de<br />
Educación Pública | Area de Cooperación | CODICEN | contacto: uruguayglobal@gmail.com
<strong>La</strong> adopción del presente como referencia constante ha podido, pese al sentido<br />
de las diferencias y al rechazo de la desigualdad de las culturas, hacer que la<br />
historia se inclina hacia la concepción demasiado simple de una formidable y larga<br />
aculturación que, desde la segunda mitad de la Edad Media, habría sustituido por<br />
nuestra modernidad las culturas tradicionales, progresivamente, pero de una sola<br />
tirada: se terminaba dando trato de privilegio a la modernidad, como la historia clásica<br />
lo había hecho con la “civilización occidental”.<br />
Hay varias maneras de eludir esta tentación. Una consiste en pulverizar los modelos<br />
de mentalidad, es decir, es negar la realidad de modelos coherentes y sólidos<br />
y reemplazarlos por una constelación de microelementos poco consistentes,<br />
mantenidos por un tiempo juntos gracias a la conjunción de numerosas causas<br />
independientes (políticas, religiosas, económicas), sin que ninguna de ellas salga<br />
verdaderamente vencedora y que se resuelven las unas de las otras, en un perpetuo<br />
cambio. Esta viene a ser la manera de L. Stone y me parece que este enfoque es<br />
más frecuente.<br />
Otra estrategia consiste en evitar los problemas de origen y de la influencia, que<br />
han convertido muchas veces a los historiadores en una especie de genetistas o<br />
sistemáticos (en particular, en historia del arte). En este caso, se cede a la presión de<br />
la sincronía, como se ha dicho más arriba. El historiador aísla un bloque del pasado,<br />
como el etnólogo elige una sociedad salvaje, y lo estudia evitando en lo posible los<br />
problemas de origen y de posteridad. Es la etnohistoria, cuyo ejemplo clásico, todavía<br />
muy sensible al cambio, en el “Montaillou” de E. Le Roy <strong>La</strong>udarie. <strong>La</strong> relación con la<br />
modernidad parece a veces ausente de él, pero ¿es eso cierto? ¿No la sobreentiende<br />
siempre el historiador, aun sin saberlo?<br />
¿Una llamada del inconsciente colectivo?<br />
Cabe preguntarse si las más recientes investigaciones, en el campo de la religión<br />
popular o de la alfabetización, no hacen surgir una noción capaz de reducir las<br />
dificultades suscitadas por la relación del presente con el pasado. Esta noción<br />
aparece a propósito de las interferencias de los dos elementos culturales<br />
fundamentales, que no han cesado de coexistir en nuestras sociedades desde la<br />
invención de la escritura. Según la vigorosa expresión de F. Furet y J. Ozouf,<br />
nuestras culturas son “mestizas”, a la vez orales y escritas, y el ritmo de su historia<br />
es tal vez debido a los movimientos recíprocos de lo oral y de lo escrito, a las<br />
alternancias que los historiadores llamaban antiguamente “decadencias” y<br />
“renacimientos”, regresiones y progresos. <strong>La</strong> historia de las mentalidades sigue las<br />
confluencias y divergencias de estas corrientes. Ella nos hace entonces descubrir<br />
lo que, en nuestra cultura de hoy, donde triunfan las racionalidades de la escritura,<br />
subsiste, oculto, no consciente, de las antiguas oralidades reprimidas, sea en forma<br />
de supervivencias disimuladas, sea en forma de cavidades y vacíos abiertos.<br />
El éxito del psicoanálisis durante la primera mitad del siglo XX se explica sin duda por<br />
la respuesta que aportaba a angustias individuales. El interés que hoy se presta a la<br />
historia de las mentalidades me parece un fenómeno del mismo género, en el que el<br />
Autora: Carmen de Sierra | Derechos de autor: Uruguay Global. Administración Nacional de<br />
Educación Pública | Area de Cooperación | CODICEN | contacto: uruguayglobal@gmail.com
inconsciente colectivo, favorecido por las culturas orales y reprimidas por las culturas<br />
escritas, reemplazará al inconsciente individual de Freud o se superpondría a él.<br />
Más ¿qué es el inconsciente colectivo? Sin duda sería preferible decir no el noconsciente<br />
colectivo. Colectivo: común a toda una sociedad en un determinado<br />
momento. No-consciente: difícilmente o en absoluto percibido por los<br />
contemporáneos, porque se cae en su peso, forma parte de los datos inmutables de<br />
la naturaleza, porque son ideas recibidas o ideas vagas, lugares comunes, códigos<br />
de decencia y de moral, compromisos o prohibiciones, expresiones admitidas,<br />
impuestas o excluidas de los sentimientos y del los fantasmas. Los historiadores<br />
hablan de “estructura mental”, de “cosmovisión”, para designar los rasgos coherentes<br />
y rigurosos de una totalidad psíquica que se impone a los hombres de hoy sientan<br />
la necesidad de hacer aflorar a la superficie de la conciencia los sentimientos antaño<br />
escondidos en una profunda memoria colectiva. Búsqueda subterránea de las<br />
sabidurías anónimas: no sabiduría o verdad intemporal, sino sabidurías empíricas<br />
que regulen las relaciones familiares de las colectividades humanas con cada<br />
individuo, la naturaleza, la vida, la muerte, Dios y el más allá.<br />
Philippe Ariès<br />
Autora: Carmen de Sierra | Derechos de autor: Uruguay Global. Administración Nacional de<br />
Educación Pública | Area de Cooperación | CODICEN | contacto: uruguayglobal@gmail.com