Cambio climático: crear capacidad de recuperación en las ... - IFAD

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Cambio climático: crear capacidad de recuperación en las ... - IFAD

Cambio climático: crear

capacidad de recuperación en

las comunidades rurales pobres

Dar a la población rural

pobre la oportunidad

de salir de la pobreza

FIDA/A. Wade


El cambio climático tiene un

significado especial para el

FIDA. La agricultura es la

principal fuente de sustento

para la mayoría de la

población rural y también

es la actividad humana

a la que más afecta el

cambio climático.

Hoy ocupa un lugar

importante en el programa

de desarrollo afrontar las

repercusiones inevitables

del cambio climático.

Escuchar la voz de la

población rural pobre

cuando se están

planificando las actividades

de adaptación y atenuación

permite reducir los riesgos

que representa el cambio

climático y acelerar la

marcha hacia la seguridad

alimentaria y hacia un

mundo sin pobreza.

Presidente del FIDA

Lennart Båge

La población rural pobre,

el FIDA y el cambio climático

Más de 3 000 millones de personas viven en las zonas rurales de los países en desarrollo. La

mayoría vive con menos de 2 USD al día, y sus medios de subsistencia dependen de la

agricultura. Muchos viven en zonas alejadas, marginales, tales como las montañas, las

tierras áridas y los desiertos: zonas con recursos naturales de poca calidad, redes limitadas

de comunicación y transporte e instituciones débiles.

El FIDA es una institución internacional de financiación y un organismo especializado de

las Naciones Unidas dedicado a combatir la pobreza rural y el hambre. Proporciona

préstamos con intereses bajos y donaciones a los países en desarrollo para financiar

programas y proyectos rurales de desarrollo agrícola.

El FIDA se fundó en respuesta a la sequía y a las crisis de alimentos que sufrían millones

de personas en África y Asia a principios del decenio de 1970. Desde el inicio de sus

actividades, en 1978, el FIDA ha ayudado a más de 300 millones de mujeres y hombres

pobres del medio rural, a tomar medidas para crear mejores condiciones de vida para sí

mismos y sus familias.

Desde hace 30 años el FIDA trabaja para ayudar a la población rural pobre a ordenar con

mayor sostenibilidad sus recursos naturales, aumentar su productividad agrícola y reducir su

vulnerabilidad a las crisis del clima. Ayudar a los pequeños agricultores a adaptarse al

cambio siempre ha sido parte de las actividades centrales del FIDA, pero en años recientes,

debido al aumento de estas crisis, se ha hecho más explícita nuestra atención a las

cuestiones del cambio climático.

Hoy en día, gran parte del trabajo del FIDA tiene un fuerte componente para el cambio

climático, porque la agricultura es la actividad humana sobre a la que éste más afecta. La

población rural pobre es la más vulnerable a los efectos del cambio climático y demasiado a

menudo carece de capacidad para tolerarlos. Por eso el FIDA está tomando medidas

normativas, operacionales y regionales para dar prioridad a la atenuación de las

repercusiones del cambio climático y a la adaptación.

La adaptación a la variabilidad del clima forma parte del trabajo del FIDA desde hace

decenios, a través de sus actividades para fortalecer la capacidad de adaptación de la

población rural pobre a condiciones difíciles. En fecha más reciente, en respuesta al

aumento de la magnitud del cambio climático, el FIDA integra cada vez más la adaptación

en sus proyectos y programas, y estudia soluciones innovadoras, como dar apoyo a la

investigación sobre cultivos y los seguros indexados para los riesgos del clima.

Están comenzando a incorporarse consideraciones del cambio climático en todos los

aspectos del trabajo del FIDA, desde la estructura del proyecto, hasta la ejecución y la

evaluación, a fin de asegurar que se dé la atención adecuada a reducir la vulnerabilidad de

los pequeños campesinos a una incertidumbre cada vez mayor respecto al clima. También

se están tomando disposiciones para que las medidas de atenuación sean fidedignas y sea

factible ejecutarlas.

Los programas y proyectos del FIDA dan apoyo a cuatro tipos de actividades de

adaptación principalmente: diversificación de los medios de subsistencia para reducir los

riesgos; mejoramiento de las técnicas y tecnologías agrícolas; fortalecimiento de la gestión

comunitaria de los recursos naturales, así como prevención de riesgos y para afrontar las

catástrofes. El FIDA también está intensificando sus actividades de atenuación en materia de

reforestación y mejoramiento de la ordenación del uso de las tierras, lo que incluye

recompensas por servicios ambientales y la promoción de fuentes de energía renovables.

Los países en desarrollo padecen una falta crítica de recursos para combatir el cambio

climático. El Convenio Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático estima

que para 2030 se necesitarán por lo menos 83 000 millones de USD para proteger los

medios de subsistencia de la población rural pobre en los países en desarrollo. El FIDA está

comprometido a trabajar con los países en desarrollo para que obtengan acceso a los

recursos financieros necesarios para mitigar los efectos del cambio climático. La experiencia

revela que la forma más eficaz de reducir la pobreza e incrementar la seguridad alimentaria

es asegurar que la población rural pobre participe en la planificación y la elaboración de

políticas para el desarrollo, y que ella misma realice los cambios.


FIDA/L. Slezic

Agricultura y cambio climático:

trabajo de adaptación y

atenuación con la población

rural pobre

A través de los siglos las sociedades humanas han desarrollado la capacidad de

adaptarse al cambio ambiental. Estas adaptaciones incluyen la práctica de la agricultura

migratoria, la adopción de nuevas variedades de cultivos y la modificación de las pautas

de pastoreo. Pero hoy en día el cambio climático se produce a mayor velocidad e

intensidad que las adaptaciones autónomas y amenaza con arrasar la capacidad de la

población rural pobre para adaptarse.

El contexto es decisivo para una adaptación efectiva al cambio climático. Como

señala el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, repercuten

en la capacidad de adaptación los cambios de la riqueza, el capital humano, la

información y la tecnología, los recursos materiales, la infraestructura, las instituciones y

los derechos.

El cambio climático representa una considerable amenaza para los agricultores

pobres y las comunidades rurales de los países en desarrollo. Incluso un pequeño

aumento de las temperaturas locales podría conducir a la disminución de las cosechas

para los habitantes de las latitudes más bajas, sobre todo en las regiones de temporadas

áridas y en las tropicales. Se prevé que fenómenos más frecuentes y extremos del clima

harán todavía más difícil la producción agrícola y que para 2020 el cambio climático

representará un riesgo de hambre para 49 millones más de personas.

Si bien no hay una forma única de atenuar o de adaptarse al impacto del cambio

climático, la experiencia revela que las medidas son más eficaces cuando participan las

comunidades locales desde el inicio en la planificación y la ejecución de los cambios. El

FIDA ha estado incrementando constantemente su colaboración con las organizaciones

de agricultores, como asociados en los programas de desarrollo y en el diálogo sobre las

políticas. Sólo trabajando con la población rural pobre misma cabe esperar reducir los

riesgos asociados al cambio climático, así como la pobreza y el hambre en el mundo.

DATOS

Para 2050 podrían haberse

extinguido entre el 15% y

el 37% de las especies de

plantas y animales terrestres

a consecuencia del

cambio climático.

En los últimos 30 años han

aumentado las emisiones

de gases de efecto de

invernadero un 1,6% al año

en promedio.

La agricultura y la

deforestación juntas producen

hasta un 30% del total de

las emisiones de gases de

efecto de invernadero: los

bosques funcionan como

sumideros de carbono, por lo

cual la deforestación se

traduce en una presencia

mayor de dióxido de carbono

en la atmósfera.

Algunos cambios recientes

y variaciones del clima están

comenzando a producir

efectos en muchos sistemas

naturales y humanos, como

la siembra de inicios de la

primavera en las latitudes más

elevadas del hemisferio norte.

En la región del Sahel, en

África, el aumento de las

temperaturas y la aridez

han creado una temporada

agrícola más reducida,

con efectos negativos en

los cultivos.

El rendimiento de la

agricultura de secano podría

reducirse hasta un 50% para

2020 en algunos países.

Alrededor del 95% de la

agricultura africana depende

de la lluvia.

En Asia oriental y sudoriental,

las cosechas podrían

aumentar hasta un 20%

para 2050.

En Asia central y meridional,

el rendimiento agrícola podría

disminuir un 30% para 2050.


Un proyecto chino de biogás transforma la basura en energía

El biogás es un combustible producido durante la digestión

anaeróbica de desechos agrícolas y animales. En la tecnología

del biogás, los desechos se almacenan en depósitos

especialmente construidos. El metano, que emite el abono

animal, es un importante gas de efecto de invernadero. Es el

segundo, después del dióxido de carbono, por el volumen

generado, pero su potencial de calentamiento mundial es

22 veces más nocivo. Quemar biometano reduce el efecto

más dañino del metano de calentamiento del planeta.

China ha promovido con éxito el uso de biogás como fuente

de energía doméstica desde la década de 1980. En los años

90, la estrategia de China para el biogás se llevó a

comunidades alejadas del occidente de Guangxi, donde la leña

para combustible escaseaba y no había electricidad rural. En

2002, esta estrategia fue un elemento clave de un proyecto

sexenal financiado por el FIDA para mejorar y sostener los

medios de subsistencia de la población rural pobre, a la vez

que se restablecían y conservaban los recursos naturales.

La mayoría de los agricultores que viven en la provincia de

Guangxi no ganan lo suficiente para pagar combustibles o

electricidad, y pocos están conectados a la red de suministro

eléctrico. Antes de este proyecto, las mujeres, a las que por lo

general corresponde la tarea de recoger la leña, dedicaban

horas todos los días a esta tarea y después pasaban más

tiempo cocinando en sus casas llenas de humo.

"Acostumbrábamos cocinar con madera –explica Liu Chun

Xian, campesina participante en el proyecto–. El humo me hacía

llorar y me ardían los ojos; siempre estaba tosiendo. Los niños

también se enfermaban con frecuencia y había que ir a la

clínica, lo que era costoso. Ahora que cocinamos con biogás, la

situación ha mejorado mucho."

Cada una de las familias participantes en el proyecto

construye su propia planta para enviar los desechos del inodoro

de la casa y de los corrales cercanos, por lo general pocilgas,

hacia un tanque sellado. Los desechos se fermentan y se

convierten naturalmente en gas y composta. Además de

producir energía, el proyecto se ha traducido en condiciones de

mayor sanidad en el hogar.

Adaptación y mitigación en Perú

Las personas originarias del altiplano siempre han batallado con

un entorno inhóspito. Son comunes los vientos fuertes, una

cubierta del suelo rala, agua helada y variaciones extremas de la

temperatura. A consecuencia del cambio climático, estas

variaciones de la temperatura se han vuelto todavía más

pronunciadas, con oscilaciones de -8°C a 25°C en el mismo

día, en comparación con las temperaturas de hace 50 años,

de -1°C a 21°C.

La escasez de agua debida al cambio climático también se

ha convertido en un problema importante de la región. La lluvia

es menos frecuente y menos abundante. Algunos glaciares se

han derretido por completo dejando grandes zonas sin agua.

El resultado es la desaparición gradual de la cubierta vegetal

y de forraje para los animales.

El Proyecto de fortalecimiento de los mercados y

diversificación de los medios de subsistencia en las tierras altas

Las familias más pobres, que sólo tenían un cerdo,

construyeron pequeñas unidades capaces de producir

suficiente gas para iluminación durante la noche. Las familias

que tenían dos o más cerdos construyeron unidades más

grandes para producir gas para cocinar además de obtener luz.

La doble ganancia de la energía y la composta motivó a

muy numerosas personas pobres a adoptar esta tecnología.

Para 2006, el proyecto había excedido su objetivo,

proporcionando más de 22 600 tanques de biogás y ayudando

a casi 30 000 familias en más de 3 100 aldeas. En

consecuencia se pueden ahorrar 56 600 toneladas de leña

en la zona del proyecto todos los años, lo equivalente a la

recuperación de 7 470 hectáreas de bosque.

Convirtiendo los desechos humanos y animales en una mezcla

de metano y dióxido de carbono que se puede usar para

producir luz y para cocinar, el proyecto contribuye directamente a

mitigar los efectos del cambio climático y a reducir la pobreza.

Las condiciones de vida y el medio ambiente han mejorado, y la

fuerza de trabajo tiene más tiempo para la producción agrícola.

Los bosques están protegidos, y se reducen las emisiones de

gases de efecto de invernadero que produce la deforestación.

Una gran cantidad de paja que antes se quemaba hoy se

introduce en los tanques para que se fermente. Esto reduce

todavía más la contaminación del aire por humo y ayuda a

producir un fertilizante orgánico de gran calidad.

Al disponer de más tiempo para mejorar sus cultivos, los

agricultores de Fada incrementaron la producción dede

400 a 2 500 kg al día en un período de cinco años. Los

ingresos promedio de la aldea se cuadruplicaron a poco más

de un dólar al día. Esto es significativo en un país donde el

umbral de pobreza es de apenas 0,26 USD al día.

El proyecto transformó en particular la vida de las mujeres.

Desde que la familia de Liu Chun Xian comenzó a producir

biogás en su granja, ella ya no dedica tres horas diarias a

recoger leña para cocinar. En cambio recibió instrucción que le

ayudó a mejorar la plantación dede su familia, que ahora

rinde más ingresos. Miles de agricultores pobres de la provincia

hicieron lo mismo, lo que contribuyó a reducir la pobreza rural.

de la Sierra Sur, financiado por el FIDA, trabaja directamente

con más de 21 000 familias en una zona de casi 78 000 km2 para ayudarlos a tener más capacidad de recuperación ante el

impacto del cambio climático y mejorar la ordenación de los

recursos naturales.

Se está acopiando agua en fosas para usarla para irrigar los

cultivos. Los participantes del proyecto están diversificando sus

cultivos y hoy siembran maíz, frijoles, cereales, papas y orégano

en terrazas, separadas por muros de piedra, en las laderas de

las montañas.

Estos muros de piedra cortan el viento y contienen el suelo

y el agua, evitando los escurrimientos. Las piedras además

funcionan como depósitos de calor que absorben del sol

durante el día y liberan lentamente, lo que ayuda a controlar las

heladas durante las frías noches de la montaña. Los

beneficiarios del proyecto también participan en iniciativas de


siembra de árboles para ayudar a restablecer la cubierta

vegetal. Los árboles funcionan como paravientos y ayudan a

regular la temperatura. Además producen leña y sus raíces

contribuyen a estabilizar el suelo de las laderas.

Las familias que participan en el proyecto también se

protegen de las bajas temperaturas mejorando sus casas.

Están construyendo muros dobles que ayudan a absorber

el calor del sol, y han adoptado cocinas de uso eficaz del

combustible, en vez de cocinar en hogueras. Como las

casas ya no están invadidas de humo, las personas pueden

permanecer cómodamente en el interior durante períodos

más largos.

A consecuencia del proyecto, la población local está

mejor alimentada y el ganado prospera. Las mejoras en la

gestión de los recursos naturales han dado lugar a nuevas

iniciativas comerciales. Al haber más ganado, por ejemplo,

las personas pueden producir yogurt y quesos para vender a

otras comunidades. Gracias a las cocinas más eficaces las

familias participantes del programa están economizando

2,6 toneladas de combustible al año, equivalentes a

32 hectáreas de bosques salvados por familia al año. Y al

reducirse la tala de árboles, las emisiones de gases de

efecto de invernadero han disminuido. El proyecto, iniciado

en 2005, terminará a fines de 2011.

RUPES: ideas nuevas para mejorar los medios de subsistencia

y el medio ambiente

La población rural pobre tiene el potencial de ser

participante importante en la gestión de los recursos

naturales y la retención de carbono. El Programa de

desarrollo de mecanismos para recompensar a la población

pobre de las tierras altas de Asia por los servicios que

presta en materia ambiental (RUPES), financiado por el

FIDA, creó modalidades de compensación para los

agricultores pobres que protegen los ecosistemas.

El proyecto inicial RUPES-I, que se ejecutó de 2002 a

2007, ayudó a promover e interesar al público en la

compensación por servicios ambientales a nivel nacional en

Indonesia, las Filipinas, Nepal, China, Laos y Vietnam.

El proceso de determinación de los servicios ambientales,

su valuación y la facilitación de la creación de instituciones

locales han sensibilizado más sobre la conservación de la

cuenca hidrográfica y una mejor ordenación de las tierras

en todos los sitios del RUPES.

El RUPES y otras iniciativas han estimulado a la

población rural pobre a adoptar prácticas mejoradas de

ordenación de las tierras y los bosques. Esto se advierte en

particular en Sumberjaya, Indonesia, donde el mecanismo

de compensación comenzó con actividades agroforestales

en la producción de café y se ha extendido hacia el cuidado

del río. Las mejores prácticas ambientales revelaron sus

efectos directos en la producción agrícola en la obtención

de cosechas mejoradas y más abundantes de café en

Sumberjaya, por ejemplo.

FIDA/P.C. Vega

El proyecto RUPES demostró algunas ideas nuevas para

mejorar los medios de subsistencia de la población pobre

de las tierras altas. En Sumberjaya, donde los derechos de

tenencia de las tierras son un antiguo problema, el proyecto

contribuyó a resolver conflictos por las tierras y a dar

seguridad en la tenencia de las mismas a cambio del

compromiso de la población pobre de las tierras altas de

mantener o restablecer servicios ambientales. En efecto,

la tenencia de las tierras ha sido el principal mecanismo

de compensación en los proyectos de protección de la

cuenca hidrográfica y retención de carbono. Con apoyo

financiero del FIDA, el Centro Mundial de Agroforestería

y ONG locales han ayudado a los agricultores a elaborar

sistemas forestales colectivos que prevén la tenencia

de la tierra durante 25 años, después de un período

quinquenal de prueba.

En Indonesia, lo que comenzó como un pequeño comité

de asesoramiento técnico nacional del RUPES se ha

convertido en una institución nacional independiente y

autosuficiente dedicada a presionar al gobierno para que

se revisen los reglamentos forestales e introducir la

compensación por servicios ambientales. El RUPES

también ayudó a promover la ratificación del Protocolo

de Kyoto en Indonesia.

La retención de carbono es un servicio ambiental

mundial. Kalahan, Filipinas y Singkarak, Indonesia, fueron

indicados como potenciales mercados de carbono. La


investigación, con apoyo de asociados nacionales, produjo

unas Notas sobre la determinación del proyecto para el

carbono, a fin de contribuir a las negociaciones con los

compradores a través de mecanismos voluntarios y

mecanismos de desarrollo limpio (MDL).

El RUPES creó la evaluación rápida de la retención de

carbono que, como otros instrumentos de evaluación rápida,

reduce sustancialmente el costo de estimación de la capacidad

de retención de carbono de los bosques y agrobosques. Unir

los servicios relacionados con el agua y el carbono (una

actividad agroforestal comunitaria eficaz proporcionaría

Contribuir a la adaptación en el Monte Kenya

El Monte Kenya es la segunda montaña más alta de África. En

su enorme bosque vive una gran variedad de animales y

plantas. Los extensos lagos subterráneos de la montaña y la

red de ríos suministran agua a millones de personas de las

zonas rurales circundantes y de la ciudad de Nairobi.

La reducción del glaciar ya está creando problemas en el

medio ambiente local. La nieve que se derretía alimentaba los ríos

y mantenía la humedad en la cuenca, además de moderar la

temporada seca. Pero ahora, a consecuencia de que la nieve se

derritió prematuramente y en períodos más breves, hay menos

agua para los ríos y manantiales, y la tierra se está volviendo más

seca y menos productiva. En el bosque hay más incendios y la

vegetación se regenera más lentamente. Los animales salvajes

están emigrando río abajo, en busca de agua y alimentos, lo que

agrava el conflicto entre la población humana y la fauna silvestre.

Los agricultores de la región observan que la disminución del

agua disponible, malas cosechas y menos forrajes repercuten

negativamente y en forma constante en su seguridad alimentaria,

sus ingresos, el empleo y la salud.

Debido a que el cambio climático ya produce repercusiones

en la región –impacto que será mayor en los próximos años,

según está previsto–, el Proyecto piloto para la ordenación de

los recursos naturales en la ladera oriental del Monte Kenya,

financiado por el FIDA, está incrementando la adaptación a la

vez que asegura que la degradación del ecosistema, el uso

insostenible de los recursos naturales y la presión demográfica

no exacerben los efectos del cambio climático.

FIDA/A. Manikowska

simultáneamente ambos) podría reducir asimismo los costos de

transacción. El RUPES realizó una evaluación rápida de la

retención de carbono en los bosques y agrobosques de

Singkarak y Kalahan. En el año final del RUPES dos

compradores potenciales se dirigieron a los sitios de Singkarak

y Kalahan para negociar la creación de sistemas voluntarios de

mercado de carbono.

Los resultados de la primera fase del programa RUPES

fueron tan estimulantes que en abril de 2008 se aprobó una

segunda fase. Tendrá cuatro años de duración y aprovechará

las enseñanzas extraídas de la primera fase.

El proyecto, iniciado en 2004, fortalece la capacidad de

recuperación de los sistemas naturales y agrícolas a fin de

reducir la variabilidad del clima y la vulnerabilidad a los riesgos

que éste plantea actualmente. Apoya la adaptación a través

de una serie de actividades, comprendida la reforestación,

una mejor ordenación de los recursos hídricos y prácticas

agrícolas apropiadas. Los resultados más eficaces proceden

de proyectos que introdujeron una mejor infraestructura de

suministro de agua, restablecimiento de tierras degradadas

y cimas, y protección de las riberas mediante siembra

y agrosilvicultura.

Gracias a estas actividades han aumentado la vegetación

y la cubierta arbórea. En la zona superior de la cuenca

hidrográfica, el restablecimiento y la protección forestal han

propiciado niveles estables del agua en una serie de ríos, y la

reducción de la sedimentación en algunas zonas. En la zona

media de la cuenca, los manantiales y los arroyos se secan

durante períodos más breves. En la parte baja de la cuenca,

donde no hay ríos perennes, la infraestructura mejorada –como

tanques para acopio de agua– ha permitido a los agricultores

afrontar con mayor facilidad la escasez de lluvia.

El Gobierno de Kenya y el FIDA dan apoyo a las

comunidades ayudándolas a formar asociaciones de usuarios

del agua a lo largo de los principales ríos que bajan de la

montaña. Los miembros de las asociaciones siembran árboles y

cubierta vegetal del suelo para proteger el cauce de los ríos y

los manantiales naturales, y vigilan los niveles de contaminación

de los ríos.

A la larga, el objetivo es contar con instituciones de la

comunidad plenamente conscientes de su responsabilidad de

conservar sus recursos naturales, a la vez que generan

suficientes ingresos para su sustento.

El FMAM está financiando un proyecto complementario en el

Monte Kenya destinado a incrementar el uso equitativo de los

recursos naturales en la zona del proyecto, con énfasis especial

en dos áreas protegidas: el Parque Nacional del Monte Kenya

y la Reserva Nacional del Monte Kenya, y sus zonas de

protección. El proyecto se propone contribuir a la atenuación

de los efectos del cambio climático mediante la conservación

de las reservas de carbón en los bosques e incrementando la

retención de carbono, así como a través del mantenimiento

de la biodiversidad.


FIDA/P. Wiggers

Compensación por servicios

ambientales: iniciativas locales,

beneficios mundiales

La agricultura y la ordenación forestal pueden desempeñar una función decisiva en la

atenuación de los efectos del cambio climático y en la promoción de la adaptación local. Hay

diversas formas de retener el carbono y reducir las emisiones de carbono, como la repoblación

forestal y la reforestación, una mejor gestión pecuaria, el restablecimiento de tierras agrícolas y

pastizales degradados, y mejores prácticas de ordenación de las tierras, como la agrosilvicultura.

Los medios de subsistencia de la población rural pobre –gran parte de ellos pueblos

indígenas– dependen de los recursos naturales. Muchas veces estas personas son los guardianes

de los recursos naturales básicos y pueden desempeñar una función decisiva en la protección

de ecosistemas que beneficia a todos. Sin embargo, las personas que batallan por alimentarse y

a sus familias muchas veces tienen que recurrir a soluciones de corto plazo, como la tala de

árboles para obtener leña, en vez de conservar los bosques.

Para que la población rural pobre desempeñe una función activa en la atenuación del

cambio climático es esencial que reciba compensación por sus actividades que contribuyen a la

atenuación. Se trata de una situación en la que todos salen ganando, tanto las familias de estas

personas como todo el planeta.

Existen diversos sistemas –como el pago por servicios ambientales (PSA) y las compensaciones

por servicios ambientales (CSA)–, creados para recompensar a las comunidades por la gestión

sostenible de los recursos naturales, y pueden contribuir a ejecutar la reducción de emisiones por

deforestación y degradación en los países en desarrollo. Para hacer participar efectivamente a los

pequeños agricultores y las comunidades pobres es importante ayudarlos a superar obstáculos

tales como costos muy elevados de transacción, inseguridad en los derechos de propiedad,

incapacidad para permitirse hacer inversiones, falta de información y aversión a los riesgos.

Los incentivos para los servicios ambientales no tienen que ser monetarios; también pueden

consistir en un fortalecimiento de los derechos de propiedad, mejor información,

oportunidades de mercado, más insumos y mejores servicios de crédito.

La población rural pobre, con sus conocimientos tradicionales, puede contribuir

significativamente a la atenuación. Las organizaciones internacionales, en colaboración,

deberían duplicar su esfuerzo por dar apoyo a iniciativas que recompensan a las comunidades

rurales y a los pequeños agricultores por servicios ambientales.


Contactos

Atiqur Rahman

Coordinador de Políticas

División de Políticas

FIDA

Tel.: +39 06 5459 2390

Correo electrónico: at.rahman@ifad.org

Sheila Mwanundu

Asesora Técnica Superior

Medio Ambiente y Ordenación

de los Recursos Naturales

División de Asesoramiento Técnico

FIDA

Tel.: +39 06 5459 2031

Correo electrónico: s.mwanundu@ifad.org

Rodney Cooke

Coordinador de Medio Ambiente Mundial

y Cambio Climático (GECC)

FIDA

Tel.: +39 06 5459 2450

Correo electrónico IFAD/GECC Registry:

GECCregistry@ifad.org

Fondo Oeuvrer Internacional pour que les

populations de Desarrollo rurales Agrícolapauvres

se Via libèrent Paolo di de Dono, la pauvreté 44

00142 Roma, Italia

Teléfono: +39 06 54591

Fax: +39 06 5043463

Correo electrónico: ifad@ifad.org

www.ifad.org FIDA/A. Wade Formar

alianzas

El cambio climático es un desafío ambiental mundial. Ayudar a la población rural pobre a

adaptarse a los efectos del cambio climático y capacitarla para contribuir a atenuarlo no es

una tarea que pueda llevar a cabo una organización única, sino que exige la cooperación y un

enfoque coordinado de la comunidad internacional.

Las alianzas son un medio decisivo para que el FIDA se informe mejor sobre el cambio

climático, difunda sus conocimientos, fortalezca las operaciones que financia, movilice

financiación adicional e influya en el programa normativo mundial. El FIDA trabaja con los

gobiernos de los países en desarrollo, organizaciones de la población rural pobre,

organizaciones no gubernamentales y el sector privado, para crear proyectos y programas

innovadores adecuados a las prioridades nacionales en materia de agricultura y desarrollo

rural. El FIDA también colabora estrechamente con otras organizaciones de las Naciones

Unidas y con las instituciones financieras multilaterales.

El FIDA apoya actividades para fortalecer los efectos de la labor del sistema de las Naciones

Unidas, y participa en iniciativas piloto para coordinar mejor las actividades de organismos

de las Naciones Unidas en los países, a fin de trabajar unidos. Además colabora

estrechamente con las otras organizaciones de las Naciones Unidas con sede en Roma: la

Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación y el Programa

Mundial de Alimentos.

El Fondo Mundial para el Medio Ambiente (FMAM), uno de los principales mecanismos

de financiación para el cambio climático, es un importante asociado del FIDA. El FIDA es un

organismo de ejecución del FMAM. La cooperación FIDA/FMAM actualmente se ocupa de

fortalecer los vínculos entre las cuestiones de la reducción de la pobreza, la ordenación

sostenible de las tierras y el cambio climático. El FIDA ayuda, a través de la Dependencia de

Medio Ambiente Mundial y Cambio Climático, a tener acceso a financiación a través del

programa de adaptación del FMAM. Esto incluye recursos administrados por el FMAM a

través del Convenio Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático (el Fondo para

los países menos adelantados, el Fondo especial para el cambio climático, y el Fondo de

adaptación), así como el Fondo fiduciario del FMAM.

El Mecanismo Mundial (MM) de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la

Desertificación (CLD) trabaja con los países para movilizar recursos financieros en apoyo a la

ejecución del MM. El FIDA ha colaborado en muchas ocasiones con el MM vinculando

nuevos proyectos financiados por el FIDA con iniciativas del MM y los objetivos de la CLD.

El FIDA también es parte del Programa de trabajo de Nairobi sobre los efectos, la

vulnerabilidad y la adaptación al cambio climático, de la CLD.

Además, la Junta de los jefes ejecutivos del sistema de las Naciones Unidas para la

coordinación está promoviendo un enfoque coordinado, orientado a la acción, para el

cambio climático, bajo la dirección del Secretario General. El objetivo es apoyar la creación de

un régimen posterior a Kyoto, así como coordinar las actividades de los Estados Miembros

para combatir el cambio climático a nivel nacional, regional y mundial.

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