la sibila y el estereotipo de la monstruosa - Tecnológico de Costa Rica

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LA SIBILA Y EL ESTEREOTIPO DE LA MONSTRUOSA

Nazira Álvarez Espinoza

Estudiante

Universidad de Costa Rica

Resumen

La figura femenina a través de la literatura clásica, ha dado origen a múltiples

estereotipos femeninos. La figura de la mujer ligada a lo oracular ha sido

asociada en la literatura al estereotipo de la mujer monstruosa, por su

condición de mediadora entre la naturaleza y la cultura, el cuerpo y la palabra.

La Sibila, por sus facultades oraculares, también es considerada como

monstruosa.

A la luz de las teorías de género, es posible efectuar un análisis y una relectura

de esta figura como aquella que rompe con el estereotipo en el que ha sido

encasillada, al transgredir e impugnar el discurso patriarcal.

La masculinidad y la feminidad como formas de ser hombre y mujer,

constituyen modos de conducta adquiridos, determinados por la cultura y la

sociedad; la fijación de conductas específicas para hombre y mujer afectan no

solo el aspecto humano sino el arte y como tal, la literatura.

Simone de Beauvoir, en su obra El Segundo Sexo, elabora un estudio de los

mitos, a través de los cuales los hombres han construido la imagen de mujer

que convenía a sus intereses; estas concepciones dominan los diferentes

aspectos de la vida social, cultural y política. Las mujeres mismas han

interiorizado esta visión, por lo que llegan a vivir en un estado de

inautenticidad.

La mujer es asociada a la Naturaleza por su similitud con ésta, al igual que la

tierra, estuvo rodeada de tabúes como todos los seres sagrados. Precisamente

esta asociación en los orígenes de la humanidad convirtió la maternidad en

algo sagrado, por su relación con la fertilidad de la naturaleza. Pero así como la

Naturaleza es dominada por el hombre hacedor de cultura, el varón debe

someter igualmente a la mujer, en un proceso paralelo y equivalente.

Para Beauvoir, los mitos se constituyen en los pilares históricos sobre los

cuales se gesta la conceptualización de la mujer. El hombre se asocia a lo

racional, activo y la mujer a lo emotivo, pasivo. En las sociedades patriarcales,

la mujer ha conservado muchas de las virtudes inquietantes que tenía en las

sociedades primitivas por su asociación con la Naturaleza; ella se constituye en

el puente entre ésta y el hombre, de ahí su asociación a la magia, a lo oscuro,

lo irracional y desconocido. En la mujer proyecta el hombre todo aquello que

desea y teme, lo que ama y odia: ¿es ángel o demonio? puesto que no logra

definirla, se convierte en la esfinge que se mueve entre la seducción, la


fascinación y el temor que produce . Es así como toda imagen de mujer genera

inmediatamente su imagen inversa: es vida-muerte, naturaleza-artificio, luznoche;

por lo que resulta más útil encerrarla en un mito.

Por su parte Mary Ellman, en su obra Thinking About Women [1], señala que el

mundo occidental utiliza un pensamiento por analogía sexual, como la

tendencia que permite “comprender todos los fenómenos desde el punto de

vista de nuestras diferencias sexuales y así clasificar nuestra experiencia

mediante estas analogías sexuales[2]. Al señalar que las mujeres han sido

definidas en tanto palabras dichas por otros, muestra como en el texto

patriarcal se ha construido una visión de feminidad predeterminada. Esta

situación da origen a la imagen de mujer creada a partir de los diferentes

estereotipos femeninos, imágenes inmutables aceptadas por la sociedad y que

Ellman resume en once caracterizaciones: indefinición, pasividad, estabilidad,

confinamiento, piedad, materialidad, espiritualidad, irracionalidad, complicación,

y las figuras de la bruja y la arpía.

La búsqueda de Ellman en la literatura masculina permite “demostrar la

naturaleza ilógica y lúdica de este modelo de pensamiento sexual[3]. En forma

similar a Beauvoir, pone énfasis en la asociación entre mujer/naturaleza,

hombre/arte (cultura), donde el arte es superior a la naturaleza. Existe a su

juicio una elevación y descenso constante en los estereotipos femeninos: toda

virtud femenina implica a su vez un vicio femenino (castidad-frigidez, intuiciónirracionalidad,

instintos maternales-dominación).

Ellman hace énfasis en las posibilidades que tienen las mujeres para usar las

palabras por ellas mismas, para dar paso así a la autoría femenina que les

permite socavar, como escritoras y protagonistas de su propio “decir”, los

estereotipos femeninos impuestos.

Sandra Gilbert y Susan Gubar en su obra “The Madwoman in the Attic”

acentúan el hecho de que las mujeres se han visto excluidas no sólo de la

autoría, sino que han sido sometidas a la autoridad patriarcal. A las mujeres les

ha sido negado el derecho de crear sus propias imágenes de feminidad, están

obligadas a conformarse con los modelos patriarcales que se les imponen. La

mujer ideal es una criatura pasiva, dócil y sobre todo sin personalidad; tal es el

eterno femenino, cuyas virtudes comprenden la modestia, pureza, delicadeza,

castidad, afabilidad, corrección, reticencia, complacencia, cortesía, y otras

afines. A este ideal sublimado de la mujer angélica se opone el monstruo, el

anverso de la idealización masculina operada sobre la mujer y que se presenta

como el temor a la feminidad. La monstruosa es aquella mujer que no renuncia

a tener su propia personalidad, es aquella que rechaza el papel sumiso que el

patriarcalismo le ha asignado, para asumir el control sobre ella misma y sobre

sus acciones.

Desde un punto de vista masculino, las mujeres que rechazan los silencios

sumisos de la domesticidad han sido consideradas como objetos terribles,

personificados en figuras míticas monstruosas -Gorgonas-Sirenas- Scyllas-


pero desde el punto de vista femenino, la monstruosa es simplemente una

mujer que busca el poder de autoafirmación.

Gilbert y Gubar consideran que el monstruo es la mujer dual, porque tiene

algo que contar. Para la artista el proceso esencial de autodefinición está

complicado por todas las definiciones patriarcalistas que intervienen entre

ella y su propio Yo, como si fueran imágenes superpuestas frente al espejo

de la identificación. La estrategia literaria de las mujeres consiste en asaltar

y revisar, desconstruir y reconstruir las imágenes heredadas de la literatura

masculina, especialmente las polaridades paradigmáticas del ángel y el

monstruo.

La mujer monstruosa

A lo largo de la historia de las diferentes culturas, la figura del hombre o la

mujer que poseen el poder de la profecía ha sido objeto de relatos y leyendas

conservados en los escritos de diversos autores. Por su parte, la literatura ha

contribuido a perpetuar y mitificar estas figuras.

La sibilas eran sacerdotisas legendarias inspiradas por Apolo , quienes

poseían el don de la profecía y eran las encargadas de dar a conocer sus

oráculos. Este conocimiento oracular ha permitido encasillar a la Sibila en el

estereotipo de la mujer monstruosa, por su capacidad para autoindagarse y

de esta, forma autoafirmarse.

A la luz de las teorías del género es posible efectuar un análisis y una

relectura de la Sibila, como figura que rompe con el estereotipo de “loca y

monstruosa” en el que ha sido encasillada, al transgredir e impugnar el

discurso patriarcal. En ella está presente también la figura de la autoría

femenina, que ha sido estigmatizada al igual que la Sibila.

Tan antigua como la humanidad, la adivinación ha constituido para el ser

humano el puente mediante el cual la divinidad se comunica y le permite

conocer sus designios. Tanto hombres como mujeres han sido receptáculos

del numen divino para transmitir al resto de la humanidad la voluntad

sagrada; sin embargo, la forma en que cada uno de ellos ejerce el don,

respectivamente, es diferente. Por lo general, el adivino asume en el grupo

una posición especial, tiene un poder al que los demás no tienen acceso, un

lugar privilegiado en la sociedad y a su manera logra ejercer un poder sobre

el resto del grupo en el ámbito público. La profetisa, es apartada del grupo,


obligada a vivir en cuevas y grutas, donde ciertamente se la reverencia y se

la teme, pero donde su poder está circunscrito al ámbito de su encierro.

En el libro VI de la Eneida, se describe la gruta de la Sibila como “una recóndita

inmensa caverna a la que conducen cien anchas bocas y cien puertas" como una

“celda inviolada” donde habita la cumea Sibila. La Sibila no sólo habita en una

caverna, sino que es una con ese lugar que habita. Freud considera la caverna

como un lugar femenino, un encierro en forma de útero, una casa de tierra,

secreta y generalmente sagrada. A este santuario llega el iniciado a escuchar las

voces de la oscuridad, de la sabiduría interior.

Para Gilbert y Gubar, la caverna en forma de útero es también el lugar del

poder femenino, el umbilicus mundi, una de las grandes antesalas a los

misterios de transformación. La mujer parece tener el acceso metafórico al

conocimiento oscuro encerrado en la caverna. Todo el conocimiento del

destino proviene de las profundidades femeninas y ninguno de los poderes de

la superficie lo conoce. Quien desee conocer el destino debe descender a la

mujer, sin embargo la mujer se encuentra prisionera en estas cavernas. La

caverna como espacio femenino pertenece a la Sibila, quien escribe en hojas

sus “divinas intuiciones”.

La Sibila es aislada con el fin de conjurar su poder, éste no puede ser

reconocido como tal porque ,significaría admitir su facultad para ejercer la

palabra, la creación. Para que se reconozca su fuerza, es necesario someterla

antes al vate delio, a la figura masculina ideal de la luz y la razón, sin embargo

ella se resiste con todo su ser a esta dominación. Así nos la describe Virgilio

cuando dice: “se agita la profetisa, vanamente intentando desmontar al dios

poderoso de su corazón, mas aquél tanto más fatiga su boca rabiosa domando

su ánimo fiero que el yugo rechaza, y aguijonéandola la doblega...” Eneida

Libro VI.

No es entonces la mujer pasiva que podemos encasillar en el estereotipo de

mujer ángel, puesto que se rebela y se opone, aunque finalmente termine

siendo poseída por el dios, sometida a su voluntad, neutralizada.

A la Sibila se la describe siempre con adjetivos que evocan temor hacia ella:

es “pavorosa”, “ demente adivina”, “canta enigmas horrendos”, “brama en el

antro”, posee una “boca rabiosa” y un “ ánimo fiero” . El poder oracular que

posee la identifica con la naturaleza, se la asocia a la mujer monstruosa, que

debe ser sometida para así conjurar el peligro que representa. Ella es según


nos relata Heleno en la Eneída, quien “predice los hados, signos y palabras

confiando a las hojas”. De esta manera, aunque posee el don de la palabra

escrita y oral- transmite la voz del dios y escribe en hojas sus profecías-tal

poder es controlado por el hombre.

Un dios puede inspirarla, un hombre puede analizar el significado e

interpretar el lenguaje de sus vaticinios, no obstante, es ella quien

únicamente puede sumergirse en sí misma para autoindagarse. Así, el

conocimiento de “lo otro”, parte en ella de un conocimiento de sí. Y de tal

forma, es ella quien a su vez interpreta la palabra del dios para trasmitirla

a los demás, con lo que se apodera de su discurso. Sin embargo, es esta

posibilidad la que resulta amenazante para el varón , ya que le permite a

la mujer autoafirmarse y llevar a cabo el proceso de subversión del

estereotipo femenino de la pasividad y la mansedumbre al que ha estado

sujeta; al tener acceso a la palabra puede enfrentar una realidad

femenina concreta, ante un ideal construido por la tradición cultural.

En el libro sexto de la Eneida Virgilio nos dice que la Sibila anuncia “horrendos

misterios, envolviendo en términos oscuros cosas verdaderas...”. La palabra

que ella profiere es verosímil aunque oscura. Como sacerdotisa de Apolo, es el

receptáculo mediante el cual el dios manifiesta su voluntad, es su amada, su

esclava su morada. Ella es oscura, ambigua y enigmática al transmitir los

deseos divinos. En cierta medida es poseída por el dios pero a su vez, se

apropia de la palabra masculina. Por lo tanto como mujer, según el

pensamiento lógico racional, su palabra debe disfrazarse como ambigua y

oscura pues de lo contrario, admitiría la posibilidad de que desde lo femenino

se pueda ejercer el poder político mediante el uso de la palabra. Al mismo

tiempo, se vencería el encierro en lo privado, al acceder al entorno de lo

público, ámbito privilegiado de la masculinidad.

Su reclusión es entonces la forma de dominarla, de hacerla invisible a los

demás, para ignorar su potencial creador. Además al tener acceso a un

conocimiento ajeno al hombre, su poder resulta amenazante para el varón: a

fin de anular su potencial, debe ser encasillada en un estereotipo como es el

de la “loca”. Ciertamente, ella resulta peligrosa porque al ver las cosas “desde

el otro lado”, puede internarse en sus profundidades, es capaz de

autoindagarse para conocer su realidad y lograr de esa manera autoafirmarse.


La actitud de rebelión de la Sibila debe ser evitada y de ahí, su encierro en el

estereotipo de mujer estigmatizada como loca y monstruosa.

Es fundamental por tanto consolidar el eterno femenino , la negación de las

necesidades propias, la sumisión, la abnegación y la pasividad, frente a lo

monstruoso representado por la Sibila, que intenta autoafirmarse mediante la

palabra. Es precisamente el temor a la mujer que se autoafirma, lo que

conlleva la necesidad del hombre, en cuanto a intentar sujetarla.

Para Linda Schierse en su libro Meeting the Mad Woman, la mujer visionaria

resulta sospechosa para la mente racional. Su conocimiento y percepción

proviene de fuentes misteriosas que trascienden la lógica y los métodos

empíricos. Amenaza el pensamiento hierático y es temida y ridiculizada, e

incluso condenada, por tener acceso a un reino que muchos rehúsan

experimentar, pues sus visiones no pueden ser comprendidas únicamente por

el pensamiento racional.

Cuando la Sibila concluye sus profecías calla y su silencio es una forma de

subvertir la voz, el silencio puede ser entonces preludio de apertura a la

revelación, pero en esta oportunidad como una negativa, con el fin de evitar

recibirla y trasmitirla. Al igual que la autora tiene algo que decir, pero puede

elegir no hacerlo, mediante un silencio que se constituiría como subversión.

Las mujeres en tanto grupo marginal de la sociedad pueden manifestar la

historia genérica de silenciamiento y discriminación, cuya imposición se ha

cargado de sentido. El silencio presente en ciertos textos de mujeres, donde lo

no dicho es tanto más significativo que lo dicho, muestra las huellas de la

opresión a la que han estado sujetas a lo largo de la historia. Es la presencia

de esa paradójica voz silenciosa, la que remite a las imposiciones

socioculturales de género.

La Sibila, al tener acceso a la palabra puede alcanzar, no sólo el lenguaje

logocéntrico como tal sino que, al penetrar al inconsciente, entra en contacto

con todo lo que se encuentra reprimido dentro de sí misma. Para Gilbert y

Gubar, el sumergirse dentro de sí permite a la mujer creadora revitalizarse en

la oscuridad, retraer lo que había estado perdido, regenerar, reconcebir y dar

nacimiento a la mujer creadora que se recobra a sí misma como autora. Esto

le da la posibilidad de un replanteamiento del lenguaje, que habrá de permitirle


omper esquemas desde la marginalidad, para abandonar de ese modo el

estereotipo, mediante el reencuentro consigo misma. Esto le permitirá a la vez

admitir su derecho a la autoría, reivindicando su derecho a la autoafirmación y

a la creación.

La inclusión de la categoría de Género como base para una relectura de los

textos, constituye uno de los propósitos primordiales de la actual crítica

feminista. La interpretación de los estereotipos femeninos, tanto en las figuras

del mundo clásico greco.-romano como en cualquier otro espacio de la

literatura , presenta la posibilidad de proyectar este tipo de análisis literario,

hacia aquellos personajes femeninos que han sido estigmatizados por los

estereotipos de inspiración patriarcal. Su análisis, bajo una nueva perspectiva

utilizando el marco teórico propuesto, permitirá rescatar aspectos que hasta

entonces habían permanecido ocultos.

Bibliografía

Beauvoir, Simone, El Segundo Sexo, Ediciones Cátedra S.A., Madrid, 1998.

Ellmann, Mary, Thinking AboutWomen, Harcourt Brace Jovanovich, Inc., New

York, 1968.

Gilbert, Sandra/Gubar Susan, The Mad Woman in the Attic, Yale University Press,

U.S.A., 1984.

Grammatico, Giuseppina, El Misterio de la Sibila, Revista LIMES, Centro de

Estudios Clásicos Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación, Chile,

1995.

Moi, Toril, Teoría Literaria Feminista, Ediciones Cátedra S.A., Madrid, 1988.

Schierse, Leonard L., Meeting the Madwoman, Bantam Books, U.S.A., 1994.

Virgilio, La Eneida, Editorial Espasa-Calpe, Madrid, 1985.

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NOTAS

[1]Ellmann, Mary. Thinking About Women. Harcourt Brace Jovanovich, Inc.,

New York, 1968.

[2] Moi, Toril Teoría Literaria Feminista. Editorial Cátedra S.A., Madrid 1988

p.45.


[3] Ibid, p.45.

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