RENE CHAR - Dirección General de Bibliotecas - Consejo Nacional ...

dgb.conaculta.gob.mx

RENE CHAR - Dirección General de Bibliotecas - Consejo Nacional ...

NUMERO 101

SEPTIEMBRE-OCTUBRE • 2007 • $36.00

PLAZA DE LA CIUDADELA, 4, CENTRO HISTÓRICO

DE LA CIUDAD DE MÉXICO.

CP 06040. TELÉFONOS (55) 9172 47 lOY 12

CORREO ELECTRÓNICO;

bibmex@correo.conaculta.gob.mx

CERTIFICADO DE LICITUD DETÍTULO # 6270

CERTIFICADO DE LICITUD DE CONTENIDO U 4380

CONSEJO NACIONAL PARA

LA CULTURA Y LAS ARTES

PRESIDENTE

SERGIO VELA

DIRECTOR GENERAL DE BIBLIOTECAS

FEDERICO HERNÁNDEZ PACHECO

REVISTA BIBLIOTECA DE MÉXICO

DIRECTOR FUNDADOR:

|AIME GARCÍA TERRÉS f

DIRECTOR: EDUARDO UZALDE

EDITOR: |OSÉ ANTONIO MONTERO

EDITOR ASOCIADO: MARIO BOJÓRQUEZ

SECRETARIO DE REDACCIÓN:

JOSÉ DE LA COLINA

CONSEJO DE REDACCIÓN:

JUAN ALMELA. FERNANDO ÁLVAREZ DEL CASTILLO,

MIGUEL CAPI5TRÁN. ADOLFO ECHEVERRÍA,VÍCTOR

TOLEDO Y RAFAEL VARGAS

PROMOCIÓN EDITORIAL:

MIGUEL GARCÍA RUIZ

DISEÑO: BRUNO ACEVES HUMANA

ASISTENCIA EDITORIAL: MARINA GRAF

ASISTENCIA TÉCNICA Y CORRECCIÓN:

UNA GARAY VAQUERA

RAÚL ZENDEJAS DE LA PEÑA

COMERCIALIZACIÓN Y DISTRIBUCIÓN:

RUYSDAEL NAVA

IMPRESIÓN:

EDICIONES CORUNDA, S.A. DE C.V

PORTADA: RENE CHAR POR VÍCTOR BRAUNER

2- DE FORROS: PAUL ÉLUARDY RENE CHAR

EN NIZA EN 1930

4- DE FORROS: WILUAM BlAKE A LOS 28 Y A LOS

69 AÑOS 0£ EDAD. POR FREDERICK TATHAM.

ILUSTRACIONES INTERIORES:

PÁGINA 6: FOTOGRAFÍA DE RENE CHAR

REPRODUCIDA EN PATRICK V^íALDBERG.

SURREALISM.THAMES AND HUDSON. LONDON,

1965.

PÁGINA 7: FOTOGRAFÍA DE BRETÓN, DALÍ,

CHAR Y ÉLUARD. REPRODUCIDA EN ALDO

PELLEGRINI, ANTOLOGÍA DE LA POESÍA SURREAL/STA.

COMPAÑÍA GENERAL FABRIL EDITORA. BUENOS

AIRES, 1961.

PÁGINA 19: FOTOGRAFÍAS DE JEAN-PAUL

SARTREY ALBERT CAMUS REPRODUCIDAS EN

RENÉ-MARILL ALBÉRÉS ET AL. CAMUS (COLLECTION

CENÍES ET RÉAUTÉS). HACHETTE, PARÍS, 1966.

PÁGINAS 28 Y 30: OBRAS DE EDVARD MUNCH

REPRODUCIDAS EN PIPER-BÜCHEREl, EDVARD

MUNCH LE&ENFRIES. 46 GRAPHIKEN. R. PIPER & CO.

VERLAG, MUNCHEN. 1955.

PÁGINA 34: OBRA DE PAUL KLEE REPRODUCIDA

EN JUAN GARCÍA PONCE. PAUL KLEE. IMPRENTA

MADERO. S.A., CIUDAD DE MÉXICO. 1965.

BBIBLIOTECA

DE MÉXICO

2 Rene Char:

Un poeta en armas

Laurent Greilsamer

23 Rene Char:

Poesía de la claridad

(Antología)

41 Proverbios del infierno

William Blake

44 Poetas de América

• Bill Bissett

• Michael Palmer

• Rafael Toriz

• osé Manuel Recillas

• ulio Eutiquio Sarabia

• Eduardo Langagne

•José Kozer

•Waldo Leyva

• osé Mármol

• Roberto Sosa

• Ernesto Cardenal

• uan Gelman

58 Las antologías poéticas mexicanas

y sus propuestas

uan C)omingo Arguelles


René Char a los siete años junto a su madre en la casa natal del poeta

LAURENT GREILSAMER*

,

RENE CHAR:

UN POETA EN ARMAS**

TRADUCCiÓN DE MARTA DONís

* Periodista en Le Monde, ha publicado tres biografias en Editorial Fayard: Hubert Beuve-Méry (1990); Le prince foutroye_ La vie de Nicolas de Staiil (/998);

y LEclairaufront. La vie de René CiJar (2004).

** Una vez más Biblioteca de México agradece debidamente a Jacqueline André, encargada de la Mediateca de la Casa de Francia en México, su generosa

y diligente participación para obtener los derechos de autor del texto e imágenes sobre René Char que aquí se publican, así como al autor y a

CULTURESFRANc. éditions, institución del Ministére de Alfaires Étrangeres francés, por conceder la autorización correspondiente.

1

BIBUOncA DE M[XICO


Los ojos por sí solos

son capaces también

de dar gritos.'

No escribiré

poemas

de aquiescencia. 2

Ser de avanzada.

No del festín,

su epílogo. 3

A 10 largo de toda su vida René Char fue un

rebelde. Y esta rebelión comenzó muy pronto,

en el seno mismo de su familia y en la escuela.

Ya desde niño era insumiso y de adolescente se

convirtió en un sublevado. Un itinerario de mercurio.

Nacido en 1907 en un país bendecido por

los dioses (en Provenza, y más precisamente en

el Luberon, no lejos de Aviñón) e hijo de una familia

burguesa que reinaba como ama y señora

en su ciudad natal (L'Isle-sur-la-Sorgue). Desde

antes de llegar a la adolescencia se opuso violentamente

a su madre y a su hermano mayor.

Todo comenzó cuando murió su padre, industrial

y patrón de la sociedad que administraba

los hornos de yeso del departamento de Vaucluse,

quien fue alcalde de L'Isle-sur-la-Sorgue.

René Char tenía once años. Mucho tiempo después

escribió: En realidad no lloré sino una sola vez.

El sol, al desaparecer, hirió tu rostro. Tu cabeza rodó

en lalosa del cielo y ya no creí más en el mañana. 4

A partir de ese día, todo cambió drásticamente.

No aceptó más la autoridad de su familia.

O, para ser más exactos, se consideró progresivamente

el heredero legítimo, el jefe natural,

el representante real de la familia Charo Su hermano

mayor, Albert, diez años mayor que él y

que conocía bien cómo desempeñar este papel,

chocó con un muro. René sufría sus órdenes, sus

bromas pesadas y sus golpes como injurias y humillaciones

insoportables.

Fue en esos años, capitales en su formación,

que René Char se sublevó, años en que maduró

su venganza y pensaba en el asesinato. Esto es

, Feuillets d HypIlOS, CEu vres complétes, París, Gallimard, col. Bibliothéque

de la P1éiade (en lo sucesivo o. C.) , 1983 , p. 200.

, !bid. p. 202.

J !bid. p. 222 .

• o. c., op. cit., p. 362.

1

BIBUOncA ¡ M[XICO

Centmario de René CIuu

(1907-1988)

Publicamos en este número

de la revista un inteli¡ente y

brillante ensayo del escritor

y periodista francés Laurent

Greilsamer, que él mismo ha

titulado con fortuna René C1rar,

un poeta en armas, (CULTUaESnANCE,

2007, ediciones del

Ministerio francés de asuntos

extranjeros), El texto se publica

aqui, por supuesto, con la autorización

del autor y los editores

y gracias a la siempre generosa

diligencia de nuestros amigos

de la Mediateca de la Casa de

Francia en México.

La versión española se debe

a nuestra colaboradora Marta

Donís, que también se ha

encargado de traducir varios

poemas y materiales prosísticos

publicados por el poeta en

distintas épocas de su vida.

¿Pero quién es Char para

nuestros lectores de hoy, este

gigante de un metro noventa

y tantos centímetros, pugilista

social e intelectual, siempre entregado

con pasión a la batalla

contra todas las intolerancias,

los racismos y las injusticias

que le toca afrontar y padecer

en su patria entre las dos grandes

guerras del siglo XX (la

primera la vivió en la infancia

y la segunda en la joven madurez)?

El retrato del poeta en armas

que nos entrega Laurent

Greilsamer es, además de impresionante

y conmovedor, un

retrato de toda la generación

europea, y sobre todo francesa

del periodo de entreguerras, y

una radiografia de los conflictos

ideológicos y sociales en

que se debatieron los militantes

de todas las tendencias en

esa época,

Entre los centenares de páginas

que ocupan en la obra de

Octavio Paz (otro poeta que anduvo

siempre en armas y a punto

estuvo como Char de hacerlo

en forma fisica), hay algunas

como las de la entrevista concedida

en Cambridge, Inglaterra

(1970), en el Churchill College

a Rita Guibert que cuando le

pregunta al poeta sobre el estado

y los logros de la literatura

latinoamericana del momento


hasta segundo año de Preparatoria. Él mismo

puso fin a sus estudios: su profesor de literatura

lo sorprendió divagando en clase y como él no

soportó los comentarios que hizo acerca de él,

le lanzó violentamente al rostro su diccionario

de latín y abandonó la escuela, donde ya no se

le vio más.

El resto de sus estudios parece un aprendizaje

de la bohemia. Frecuentaba como aficionado

los cursos de una escuela de comercio en Marsella.

Fue la ocasión para dar largos paseos por la

ciudad y conocer de improviso a poetas, pícaros,

prostitutas y adivinas. Frecuentaba bares y burdeles

y redondeaba sus fines de mes representando

una marca de anisado. Su contacto con el

mundo le hizo olvidar sus deberes familiares y el

respeto que le debía a su madre. Le confiaba a su

madrina: Estoy definitivamente enojado con toda mi

familia; son chuscos todos esos seres repugnantes, ¿no

es cierto? .. ¡Ah!, mi madre' ¡Con cuánto gusto me

vería desaparecer de este mundo!"

En sus excesos y su concisión, la juventud le

permitió asimismo tomar algunas decisiones fundamentales.

Decidió rechazar cualquier empleo

asalariado a fin de tener libertad de movimiento.

Eligió sobre todo ser poeta, con las manos llenas

de palabras, como granadas. ¿Poeta o dinamitero?

Después de Les Cloches sur le CCEur, su primer

volumen (tenía veinte años), publicó Arsenal. El

tono había cambiado. El romanticismo ya no era

admisible. En las guardas del primer ejemplar,

dice: HA Paul Éluard, ¡finalmente! ". Éluard le

respondió de inmediato invitándolo a que fuera

a verlo a París. Fue un encuentro decisivo que lo

hizo ascender otro poco en la revuelta y la resistencia.

En un último artículo de su revista Mén·diens,

que acababa de fundar junto con André

Cayatte, Char escribió: A partir de ahora será con

hombres con nombres como Paul Éluard, André Breton

y Louis Aragon, que se traducirán mis esfoerzos. Mis

ojos han encendido todos los bosques para verlos vivir. 9

11

Char se instaló provisionalmente en París. Estaba

más libre que nunca. Los grandes poetas del

siglo lo habían admitido como un par a su mesa.

Breton lo armó caballero en solemne ceremonia.

Aragon lo bautizó, Éluard lo trataba como su

8 Carta a las señoritas Roze, correspondencia particular. Citada en

L Éelair au /ront. op. cit.

o En la revista Méridiens, cahiers delittérattlre, d iciembre de 1929.

s

BIBllomA Ol ',:[\1(0

(que era el del boom), recibe de

él la siguiente respuesta: "me

opongo a que se pretenda, por

razones de propaganda comercial

y (publicidad desaforada)

que la literatura latinoamericana

contemporánea se reduzca

exclusivamente a la novela;

(esto es) ... una mutilación que

la cercena y la priva de la mitad

de su cuerpo; la poesía", y concluía

Paz: "¡Imagínese 10 que

seria la literatura norteamericana

sin Pound, sin Lowell, o

la francesa sin René Char, sin

Francis Ponge o Ives Bonnefoy!

Ninguno de estos últimos

es un best sel/er ¿y qué?"

Ya desde los años 50 o 51 en

París, como asimismo 10 refiere

Greilsamer, y cuando se estrecha

la cercanía fraternal entre

Char y Albert Camus (que

hace arnístad desde entonces

con Paz), el mexicano es testigo

de las criticas, reticencias y

animadversiones que se provocan

en el medio francés cuando

sale a la luz L Homme Revolté,

de Camus, el cual indignó a su

egregio maestro y amigo Jean

Paul Sartre, que acababa de

estrenar -dice Paz- su admirable

obra dramática Le Diable

et le bon Dieu, donde se traslucía

sin embargo "una indirecta

apología del stalinismo", que

también sublevó en esos años

al revolucionario René Charo

En otra sección de la revista

rendimos homenaje a un genío

de la lirica inglesa, William

Blake (1757-1827) de cuyo nacirníento

se conmemoran 250

años en el presente. Se edita de

nuevo para este aníversario la

preciosa versión española que

Xavier Villaurrutia publicó en

1942 de Proverbios del infierno,

un fragmento del Matrimonio

del cielo y el infierno; fue célebre

también la versión castellana

de Pablo Neruda, en la revista

Cruz y Raya.

El número se cierra éon

otra antología de poetas americanos

de distintas lenguas, que

nos entregan su colaboración y

a ésta se agrega un artículo del

poeta Juan Domingo Argüelles

sobre algunas antologías poéticas

mexicanas de la historia.

E.L.


6

BIBLIOTECA DE MEXICO


hermano mellizo. En contacto con ellos, su fervor

aumentó de intensidad. Se electrizó. Durante

cinco años, sería un surrealista determinado

y devoto, combativo y militante. Había abandonado

de paso su atuendo de sublevado para

adoptar la túnica de revolucionario. Al adherirse

al surrealismo, se convirtió en comunista. 0,

más exactamente, entró en forma definitiva en

oposición frontal con la burguesía. Vive en una

contra-Iglesia impetuosa y tajante.

A partir de 1930 empezó a dar lecciones. Tenía

veintidós años cuando participó en su primera

expedición punitiva. Detrás de André Breton,

penetró una noche de febrero en el cabaret

Le Maldoror, situado en Montparnasse, en París,

para armar un escándalo a fin de dar término a

lo que percibía como un sacrilegio: habían osado

dar el nombre sagrado de Maldoror, inventado

por el poeta Lautréamont, a un vulgar establecimiento

nocturno .. . Había unos diez detrás de

ellos para armar el alboroto, y unas cien personas

cenando adentro. La riña comenzó cuando

apenas había blandido Breton un garrote y dicho

con voz teatral: "¡Somos los invitados del conde

de Lautréamont'''.

La trifulca fue general. Hubo intimidación, injurias

y puñetazos, y después la gente empezó a

aventar vasos y botellas. Por su tamaño y su fuerza,

René Char se halló de pronto en primera fIla .

Las estocadas más duras le tocaron a él, así como

los ataques más nutridos. Al terminar el asalto,

fue el último combatiente de la pequeña tropa surrealista

y recibió una cuchillada en la ingle. El

coloso se libró de ella con unos puntos de sutura.

La escena es conocida. Sirvió para levantar la

cortina y subrayar precisamente que René Char

no fue un poeta de salón. Desde el principio,

también fue un poeta en movimiento, un hombre

de acción. La declamación no fue su género.

No se contentó con las palabras. En él, el paso al

acto fue natural.

Por el momento, se embriagaba con el surrealismo,

fraternizaba con su nueva familia . Aprendió

rápido el alfabeto revolucionario y se convirtió

en un profesional del anticolonialismo, un

amante exaltado del ateísmo, un perdonavidas

de la patria, un despreciador de las virtudes burguesas.

Se embarcó en el oscuro y magnífico navío

surrealista, del que nadie sabía a qué costa

bogaba. La bandera roja servía de estandarte,

izada hasta lo más alto. Una vez que entró en la

7

81BlIOHCA O[ ,',:[\1(0

resistencia intelectual, siguió adelante hasta tocar

fondo. Del patriotismo azul-blanco-rojo dice:

Lo que nos interesa es la destrucción total del edificio

en una de cuyas ventanas viene a inclinarse periódicamente

la solterona tricolor. 10 Dice de su madre: Sin

lugar a dudas, "me considera capaz de cualquier

cosa", pero la seguridad de hacer que triunfe la Moral

sobre el monstruo presta aún a su imaginación recur­

sos insospechados. Encantadora madre mía. ¡En la

época de las guerras de religión, era rara la vez en que

uno lograba poner de su lado una cantidad de tnúnfos

tan apreciablefl l Sobre la religión: El más miserable

de los sacerdotes maneja con igual felicidad el garrote

que la cruZ. 12 Sobre los presidios y el colonialismo:

Pese a que de Biribi uno no regresa, en Indochi­

na se cita a los indígenas a los tribunales franceses, y

luego son asesinados a sangre fría por haber intentado

librarse del espantoso yugo que los oprime. 13

Estas ásperas citas se han extraído de uno de

sus primeros textos publicados en la revista del

grupo. Lo que sorprende, además de la violencia

expresada, es la madurez del pensamiento. Aunque

abandonó la escuela, estudió bien y bonito.

Nunca sorprendemos en falta a este autodidacta.

y el surrealismo le sirvió de universidad. Durante

todos esos años participó y firmó los libelos

inflamados de sus camaradas, llamando con sus

deseos a la Gran Noche. Su fidelidad fue intachable.

Su gusto por la revolución, completo.

Bretón. Dalí, Char y Éluard

Se detuvo simple y resueltamente en el umbral

del Partido Comunista. Al respecto, juzgó

severamente lo que consideró como la traición

de Louis Aragon, en 1932, y compartió la cólera

de Breton y de Éluard. Este último, que no estaba

en París, le pidió que actuara y redactara un

panfleto a su nombre: Cuento mucho contigo para

que me sustituyas con extrema violencia y la mayor

'O" Le jour el la nuít de la liberté" , a c. , op. ell. , pp. 1282· 1284. Le Surrea·

lisme au service de la révolutiol1 , núm. 1, julio de 1930.

" [bid.

" "Les pores en líberlé", o. C. op. cil., pp. 1284- 1285.

IJ [bid.


objetividad en la elaboración del ataque contra Aragon;

ya que no podemos dejar que éste, revolucionario

de pacotilla a más no poder, peligrosa veleta, nos deje

plantados en esa encantadora forma. 14

Char cumplió el mandato con René Crevel.

Se encarnizó con él. Volcó toda su rabia. Pero,

por desgracia, por órdenes de Breton, tuvo que

reescribir el texto, hacerlo más aséptico ... Aun

así, algunas frases permanecieron: Surrealistas,

para nosotros no se vale usar a la poesía como pretexto

para rechazar la acción política. Hemos visto cómo

Aragon [. . .] no hacía más que introducir entre nosotros

una creciente confosión con sus continuas evasiones,

sus dilaciones, su pasividad, sus cambios súbitos

de opinión; el artículo de L'Humanité ha revelado

finalmente sus móviles y segundas intenciones. 15

No es el libelo del siglo pero es una fecha ; pues

ya se sentía que aumentaba el fastidio de René

Char ante las imposiciones de André Breton.

Para su gusto, este último se parecía demasiado

a un sumo sacerdote. Y a Char lo descomponían

las iglesias. Poco a poco empezó a alejarse del

cuartel general parisino para irse a Provenza, o

para viajar a España y Suiza. O incluso para hacer

una rápida incursión en Alemania.

En realidad, sólo el ascenso de los fascismos

captó en adelante su atención. Al día siguiente de

la jornada del 6 de febrero de 1934, en la que las

Ligas patrióticas de extrema derecha quisieron

tomar por la fuerza la Asamblea nacional y hacer

caer la República, regresó precipitadamente

a París para participar en la contra-manifestación

del 9 de febrero alIado de André Breton, de Benjarnin

Péret, de Tristan Tzara y de Yves Tanguy.

Prohibida por la prefectura de policía, la

concentración adoptó el aspecto de un campo

atrincherado en los barrios de Belleville y de la

estación de ferrocarriles del Norte y el Este. Los

surrealistas, los anarquistas, los comunistas y los

socialistas se encontraban en desorden frente a la

policía. Char y sus amigos levantaron una barricada

junto con los comunistas. Fue un momento

de fusión insólito. Un momento feliz en el que

la acción barrió todo. Una vez que pasaron las

escaramuzas, se levantaron nueve muertos y centenares

de heridos.

Char salió ileso, como siempre. Pero ahí , sin

ponerlo mucho en duda, firmó su adiós al su-

" Carta de Paul Éluard aRené Char, correspondencia particular. Citada

en Chay, dans 1 atelierdu poéte, Marie·Claude Char (ed.), Paris, Gallimard,

col. "Quarto", p. 167.

" Paillasse', citado en Chay, dans 1 atetier du poéte, op. cit., pp. 169·170.

8

BIBllOmA o¡ M¡XICO

René Char en 1973

rrealismo. Discretamente dede tomar parte en

las reuniones del grupo, se alejó cada vez más y

terminó por instalarse en los Névons, en la residencia

familiar de L'Isle-sur-la-Sorgue. Hizo falta

una intriga de Benjarnin Péret para sacarlo de

sus casillas y explicar públicamente su ruptura:

En el curso de los dos últimos años el surrealismo ha

adoptado resueltamente un camino que lo conduce infaliblemente

al asilo de ancianos de las Bellas Letras y la

Violencia reunidas. ¿Por qué no reconocer honestamente

que, después del admirable Dada, hubo errores desde el

principio? Nos equivocamos. Pero eso no es nada. Lo

más grave es haber carecido de valor. Era necesario "disolver"

al surrealismo en belleza, pura y simplemente,

para evitarle la vergüenza de llegar a ser centenario, pero

ustedes no son fatalistas. 16 Aquí Char se puso de pie

en forma definitiva. Se reveló adulto no sólo polí-

" Carta a Benjamin Péret , L' lsle·sur·la·Sorgue, 7 de diciembre de 1935.

Citada en Chay, dans 1 atetierdll poéte, op. cit., pp. 227·229.


ticamente sino decidido a asumir una larga carrera

solitaria si ello era preciso. A Paul Éluard, que

lamentó su alejamiento del grupo, le escribió lo

siguiente: No he hecho más que afirmar una rebelión

que bramaba dentro dedesde hacía mucho tiempo.

Para mí no hay "surrealistas ", sino solamente hombres,

y algunos de ellos se comportan como aquellos contra

los que me rebelé a los quince años, incluso peor. En ese

sentido nunca, nunca me someteré a riesgo de perderlo

todo. No tengo miedo de la soledad ni de la maldad. 17

No fue un repliegue político ni un alineamiento al

conformismo reinante, sino que más bien se trató

de un claro y nítido rechazo al más mínimo reclutamiento.

La época de los libelos políticos firmados

colectivamente había caducado. René Char

estaba resuelto en lo sucesivo a comprometerse

solamente a su nombre. A riesgo del aislamiento.

17 Citada en L Éclair aufront, op. cit. (correspondencia particular).

9

BIBliOTECA Dl MÉXICO

Así, observó estremecido el ascenso de los

peligros. Solitario e impotente. Al sur, España

estaba al borde de la guerra civil. Al este, Italia

se doblegaba bajo el puño de Mussolini. En Alemania,

el Tercer Reich desplegaba sus pompas

nazis y revelaba su verdadera naturaleza. Como

era un hombre de premoniciones presintió lo

peor, adivinó la amenaza ciega que avanzaba.

Asistió asqueado a la anexión de Austria en marzo

de 1938. Se enfureció al enterarse cuando se

fIrmaron los acuerdos de Munich, en septiembre

del mismo año; Londres y París cedieron ante la

ofensiva de Hitler para apoderarse de los Sudetes

en Checoslovaquia. A sus ojos todo estaba dicho.

La Historia ya estaba escrita. En este punto,

su pensamiento estaba armado. Cual un gigante

trabado, retumba y eructa su cólera. En una

carta a Picasso, del 14 de enero de 1939, dice:

En las abominables horas en que vivimos, en las que

Francia -esta marrana, esta Cleopatra de canal- le

da la espalda a España, es imposible pensar en otra

cosa que en el acero empapado de muerte ... 18 En el

momento en que las divisiones alemanas comenzaron

a invadir el Este de Francia, en 1939,

Char supo que por muchos años nada sería igual

que antes. Escribió lo siguiente a su amigo más

cercano en ese momento, Gilbert Lély: Como tú,

querido hermano, estoy estupefacto, horrorizado ante

la incomprensión total que tiene la mayoría de la gente

de los acontecimientos. No entienden quién es Hitler;

no perciben la monstruosidad absolutamente inédita

del personaje que hace de esta guerra un conflicto sin

relación alguna con todo lo que haya podido tener lugar

sobre la tierra antes de la cruz gamada. 19

Char formó parte, pues, de las poquísimas

personas que no se engañaron, que propusieron

una lectura política clara de lo sucedido. ¿Poeta?

Sí, ciertamente: fue ante todo un poeta; pero un

poeta en movimiento. Un poeta en resistencia.

111

Una oropéndola le anunció que el tiempo de los

monstruos había llegado. El pájaro entró en su

habitación y silbó con un timbre fúnebre el fInal

de la preguerra. A partir de ese día de 1939 René

Char fue un hombre en armas, decidido a devolver

golpe por golpe, ojo por ojo. Se fue al frente

de Alsacia, impaciente por pelear, irritado ante

\8 Carta de René Char a Pablo Picas so, fechada el 24 de enero de 1939

(archivos del museo Picasso, hótel Salé, Paris).

\9 Citada en L Éclair au front, op. cit. (correspondencia particular).


Aguafuerte de George, Braque

10

818110mA o¡ M[XICO


una guerra singular que (sabía) anunciaba la barbarie.

Incluso antes de que Francia se derrumbara

entre mayo y junio de 1940, que el ejército

sumera una humillante derrota y que los franceses

se vieran precipitados a las rutas del éxodo,

Char tomó partido. Capitular no tenía sentido

para él. Siguiendo el ejemplo de Napoleón, que

retiró la palabra "imposible" de su diccionario, él

desterró este verbo de su pensamiento. Cuando

los generales comenzaron a debilitarse, invocó el

valor y la crueldad: Es preciso que este país salga de

su entorpecimiento, de sus prejuicios imbéciles, de su

ancianidad caduca. Hay que ir hacia delante, volvernos

crueles si queremos vencer. ¿No se dan cuenta de

eso los gobernantes-¡Zo

Char entró psicológicamente en la resistencia

cuando la mayoría se hundía en la desesperación,

el abandono y la negación. Su mujer lo conocía

demasiado y se preocupaba por los arrebatos

de este hombre temible. ¿Las descargas? No

les temía, convencido de que era invencible en lo

más profundo. ¿El mo, el hambre? No pensaba

en eso. Para él, el combate había comenzado.

Soñaba con pelear: Hay que esperar una barbarie

sistemática de parte de estos crápulas. j Te pido que

creas que no trato con miramientos a los que llegan a

mis manos (paracaidistas y espías)! y menos aún en

los próximos díasfl1 "Hay que": ése fue su nuevo

credo. Su imperativo. No lo dejó ya nunca más.

Hacía tiempo que había olvidado sus diatribas

antipatrióticas, su disgusto por el nacionalismo;

pero cuando la Wehrmacht empezó a acudir en

tropel a Francia, peleó como un león, resistió en

el Loira, provocó la admiración de sus jefes. La

guerra era una cosa horrorosa, repulsiva, con su

cortejo de heridos y de muertos, pero él la atravesó

igual que un semidiós furioso y vencedor,

optimista y determinado. Le escribió a su mujer:

Sé que saldré vivo para después. He tenido en mis

brazos a niños y mujeres ensangrentados, cuando la

mayoría de quienes debían socorrerlos huían aterrorízados

por las bombas de los aviones. Pero no he visto

otra cosa que cobardes. Aquí y allá HOMBRES, los

hombres del mañana. Amor mío, cree en el porvenir,

en nuestro porvenir. [. . .] Tu pensamiento todo me escolta

y me protege. 22

y de hecho salió ileso en una Francia despedazada:

el norte estaba ocupado por los alemanes;

,. Carta a Gilbert Lély, correspondencia particular. Citada en L te/air au

front, op. cit.

21 !bid.

2l [bid.

11

BIBlIOmA Of M[XlCO

el sur se hallaba bajo el dominio del régimen de

Vichy, encabezado por el mariscal Pétain y Pierre

Laval. Como un boxeador al que le han dado

una buena zurra, se replegó a L'Isle-sur-la-Sorgue

después de su desmovilización del ejército.

Observaba y era observado. Ni uno solo de sus

desplazamientos escapaba a la vigilancia policíaca

de que era objeto, por órdenes de la dirección

central de los servicios secretos de Información.

Aquellos días de sospecha generalizada no le

fueron favorables. Si bien se sentía libre de cualquier

capilla política, estaba claramente situado

en el campo de los revolucionarios. Muy pronto

fue catalogado como un comunista peligroso.

La policía no se preocupó por sutilezas. Denunciado

en los archivos de la Seguridad General

como un miembro activo del grupo de los

surrealistas, se lo consideró como un extremista

que profesaba la erradicación del modelo social y

político existente. Lo rastrearon. El gobierno de

Vichy se impacientaba ante la lentitud de los inspectores

encargados de averiguar sus relaciones y

su vida y milagros. El gobierno de Vichy se mostró

enervado cuando le reportaron, a nivel departamental,

que René Char estaba tranquilo. Al

finalizar el año de 1940, se programó finalmente

una indagación en los Névons. En la madrugada

del 20 de diciembre, a las 6: 15 horas para ser

exactos, unos inspectores atravesaron el parque e

ingresaron en la residencia familiar. Casi cuatro

horas más tarde, no tenían contra él más que la

posesión de una pistola automática calibre 6.35

de seis balas. René Char salió bien librado. En el

momento de retirarse, uno de los policías le dijo:

"Váyase mientras pueda. Nosotros regresaremos

en unos días para detenerlo. " 23

¿Irse? Dejar Francia no le agradaba. Sin embargo

en Marsella visitó, en la villa Air-Bel, a sus

antiguos amigos André Breton, Max Ernst, Marcel

Duchamp, Victor Brauner y Oscar DomÍnguez.

Todos esperaban y tenían la esperanza de

obtener una visa, algo que les permitiera llegar al

Nuevo Mundo, allende el Atlántico. Man Ray,

Yves Tanguy y Salvador Dalí los habían precedido.

René Char no los juzgó, así como tampoco

los criticó en modo alguno. Pero ni por un segundo

examÍnó esa posibilidad para sí mismo.

En cambio muy pronto comprendió la necesidad

de irse de los N évons, de levantar una

23 Testimonio de René Charo


cortina de humo entre él y la policía. Para ello a

veces bastaban unas cuantas cosas: una frontera

departamental, por ejemplo. Se estableció en

el departamento de Vaucluse, instalándose con

toda discreción ahí, en una localidad cercana a

los Alpes Bajos y más allá de Apt, la prefectura,

en el pueblo de Céreste, dominado por un sólido

campanano.

La elección de Céreste no fue precipitada, sino

que por el contrario la

meditó detenidamente.

Fueron muchos años los

que Char estuvo en esa

región salvaje donde pasaba

temporadas largas

de varios meses. Para caminar

y escribir con calma.

El pueblo es pobre

y secreto, hecho de piedras

secas y de silencios,

un pueblo agobiado por

el sol durante el verano y

traspasado por el frío durante

el invierno. Unos

republicanos españoles

encontraron refugio ahí

al fmalizar la década de

los treinta. Ahí también

conoció complacido a la

familia Roux, una familia

del tipo que le encantaba.

Una familia con

instinto. El padre notario y muchos híjos llenos

de fuego y poetas.

Fue en este valle, pues, donde se replegó para

recuperar sus fuerzas, para salvarse y finalmente

para luchar. Haría de Céreste su punto de partida.

Su República. La sitúa "en la montaña" ...

¿Mentira de poeta o fantasía de pureza? Señal en

todo caso de un deseo de reencontrar el aire de

las cimas. Transfiguró este corredor prealpino

en un lugar fuera del mundo donde podría renacer,

en un fortín inexpugnable, en una mítica

isla protectora.

Aquí, todo es bosque, pedernal y escarcha ... 24

En cuanto llegó, examinó a los habitantes del

pueblo y a los campesinos de los alrededores.

Escuchaba y hablaba poco. Las abuelas apreciaban

su apretón de manos, largo y firme. Él les

" Carta de René Char a Gi1bert Lé1y fechada el 15 de julio de 1941 (archivos

particulares). Citada en L Éelair au front, op. cit.

René Char en 1975

11

BIBliOTECA DE MÉXICO

preguntaba sobre los últimos sucesos y siempre

esperaba una respuesta detallada antes de aflojar

el puño. Poco a poco, se fueron afinando los

contornos políticos del pueblo. A su juicio estaba

sano. Como hace un castrador de animales estudió

a las diferentes figuras locales, a los notables

y los de abajo. Solamente ubicó algunas soplonas

potenciales en el correo y un médico poco seguro.

En suma, pocos fanáticos o quizá ninguno.

Durante sus caminatas

siempre se le unía una

cohorte de niños. Se detenía

para hablar con los

ganaderos y los pastores

con quienes se cruzaba.

Inspiró confianza al instante;

hablaba bastante

bien el provenzal para

establecer un lazo casi

carnal. Lo sintieron sólido.

Sabía escuchar. Era

un hombre de la tierra,

pensaban. Y él se decía

que Céreste tenía que resultar,

que Céreste debía

convertirse en su pueblo,

un pueblo de piedra, un

pueblo tranquilo y tranquilizador.

Pues la paradoja

quería que Céreste,

para cumplir su designio,

se abstuviera de toda ex-

citación, de todo nerviosismo, de toda demostración

intempestiva. Céreste habría de aprender a

vivir camuflado, enteramente dirigido a difundir

el espiritu de la resistencia sin ofrecer un botín al

enemigo.

y él mismo comprendió la necesidad de matar

en él no al poeta pero sí al autor. En los primeros

meses de la Ocupación aún creía posible

publicar un libro de poemas a cuenta de autor.

Pero muy pronto se dio cuenta de que todas las

publicaciones, incluso las más confidenciales,

como los poemas, se sometían al arbitrio de la

censura. Renunció. Decidió continuar escribiendo

lo más posible, pero para él. La publicación

debería esperar tiempos mejores, de libertad. Explicó

sus razones a su amigo Francis Curel: No

deseo publicar en una revista los poemas que te envío.

El compendio de donde los he sacado, en el que trabajo

pese a la adversidad, podría tener como título Seuls


A fines de 1942 todo estaba listo. Había extendido

su red, y tanto Céreste como los caserios

de los alrededores eran partidarios suyos. Fue

admirable este pueblo en el que los gendarmes

estaban de su lado y desempeñarian un papel

considerable a su servicio. La familia Roux le

brindó una gran ayuda para que rentara algunos

apriscos aislados. Al vender unos terrenos recibidos

como herencia, constituyó diversas provisiones.

Así también fue como pudo recibir a los

primeros guerrilleros de la Resistencia durante

el invierno de 1942-1943, cuando el régimen de

Vichy puso en marcha el Servicio de Trabajo

Obligatorio (STO), cuyo objetivo era enrolar a

los jóvenes franceses a fin de enviarlos a Alemania

y contribuir al esfuerzo de guerra nazi.

La labor fue inmensa: fue preciso ocuparlos,

ponerlos a trabajar, alimentarlos, vestirlos, darles

donde vivir. René Char, hombre rudo y violento,

jugaria por supuesto el papel de padre protector.

y todos estos jóvenes le hablaban con una deferencia

espontánea. Tenían veinte años; él tenía

treinta y cinco. En un texto célebre que publicó

después de la guerra, da consejos en forma de

consignas a sus ayudantes sobre cómo dirigir a

esta joven tropa: En el trabajo, esfoércense más que

cada uno de ellos, sin pavonearse por ello. Coman y

Rene Char en 1950

14

818l10ncA O[ MÉXICO

fomen visiblemente menos que ellos. No prefieran más

a uno que a otro. Sólo admitan alguna mentira improvisada

y gratuita. No dejen que se llamen entre sí de

lejos. Que mantengan limpios su cuerpo, su cama y su

ropa de cama. Que aprendan a cantar en voz baja y a

no silbar algo obsesiva mente, a decir la verdad cuando

se ofrezca. De noche, que caminen en la onlla de los

senderos. Sugieran precauciones: déjenles el mérito de

descubn·rlas. Emulación excelente. Combatan las costumbres

monótonas. Den inspiración a aquellos que

no quieran ustedes ver morir muy pronto. Finalmente,

amen en el mismo momento que ellos a los seres que

ellos aman. Sumen, no dividan. 27

N o es más que un extracto que no obstante

restituye un tono de época: el maquis de René

Char comienza con unas cuantas decenas de

muchachos perdidos y algunos militares verdaderos

que habían desertado, para terminar con

dos mil hombres entrenados y dispuestos a morir

bajo el fuego.

Por el momento, a veces Char se comparaba

con Hipnos, el semidiós griego hermano de la

muerte. Y sí, veía todos los peligros que se cernían

en la noche ininterrumpida de la Ocupación,

"este tiempo de álgebra condenada".28 En

" Feuilletsd Hypnos, o. c., op. cit., pp. 195· 196.

" Feuillets d Hypnos, o. c., op. cit., p. 180.


lo sucesivo se necesitarían armas para preparar

la liberación y devolver al país su limpidez.

La providencia lo escuchó. En 1943, un enviado

especial de Londres, Camille Rayón, alias

Archiduc, de treinta años, se presentó con él y le

propuso una alianza. A ambos se les asignó la

sección de aterrizaje y lanzamiento de paracaídas

de la Región 2, esto es los siete departamentos

del sudeste: Dróme, Vaucluse, los Alpes Bajos,

los Alpes Altos, Bouches-du-Rhóne (campo),

Var y los Alpes Marítimos. Camille Rayón llegó

con el dinero y los medios de enlace de radio con

Londres; Rene Char poseía la ciencia del terreno

y la red. CamUle Rayón reconstruyó su diálogo:

-Sí usted me ayuda, nosotros tendremos las armas,

debe aprovecharlo. Muchas armas. Todos los

lanzamientos de paracaídas los haremos nosotros.

Tendremos el dinero y las armas.

-Es políticamente determinante; pero ¿ya le dijeron?

No soy nada fácil

-Usted manda. Se lo digo solemnemente: me

sentiré muy honrado de tenerlo como asociado. Nosotros

dos cubriremos toda la Región 2. Tendremos

carta blanca de Londres y de Argel

-Quiero seguir ocupándome de los Alpes Bajos.

-Usted dirigirá los Alpes Bajos, que le pertenecen,

y me ayudará en lo restante de la red Acción.

Se concluyó el acuerdo. A partir de ese día

Rene Char se convirtió en el capitán Alexandre.

Toda su tropa se movilizó para identificar

y acondicionar unos diez terrenos de aterrizaje

para aviones de tipo Lysander. Otros lugares se

balizaron para permitir el largamiento de armas

y explosivos. Al comienzo fue un trabajo inmenso

que requería de discreción: a veces se trataba

de trabajos de aplanamiento y de desmonte.

Su arte consistiría en enardecer a esos hombres,

en conseguir aprovisionar enormes depósitos

de explosivos y de armas sin que lo prendieran,

y en neutraüzar la presión cada vez mayor

de la Gestapo. Para eUo, era menester que sujetara

con una mano invisible al pueblo de Céreste,

donde estableció su cuartel general, castigar sin

flaquear a los traidores y soportar los golpes.

¿Y Céreste? Él cuidaba su pueblo, lo escuchaba

y lo observaba como un médico vigila la respiración

de un enfermo. Céreste no debía ceder.

Debía ser irreprochable. Un solo aldeano podía

hacer que todo se viniera abajo. Una sola habla-

^' Testimonio de Camille Rayón al autor.

duría, un rumor malévolo podían desmorahzar

a una colectividad. Cuando Céreste llegaba a

dudar, Char investigaba. Un día se enteró de que

una anciana que se había especiahzado en curar

el dolor de muelas poniendo a hervir alfileres,

había predicho la victoria de los alemanes. Con

mirada sombría y furor contenido, entró campechanamente

en su casa, se sentó, sacó la pistola

y la puso sobre la mesa. La miró fijamente con

aire malvado:

-¡Madre, los Aliados son los que van a ganar esta

guerra!

-Eso es lo que usted dice, ¿verdad?

-... ¡Sí, por supuesto!

-Tiene usted razón. Nosotros tenemos la misma

certeza. ¡Los Aliados! Acuérdese bien: ¡los Aliados!^"

Jugó unos segundos con su pistola, luego se

fiíe. Sabía que la vieja no hablaría más. No tenía

duda alguna respecto de los medios a utilizar.

Tenemos que espantar más que la Gestapo, pensaba.

Terror contra terror. Sin piedad.

Los traidores eran Hquidados porque la supervivencia

del grupo estaba de por medio. En el

curso de una reunión trazó la línea de conducta:

Las cuentas se arreglan en el acto. Estamos en guerra,

por lo tanto nos asiste la legítima defensa. No podemos

permitirnos ser compasivos con los enemigos. Nosotros

mismos haremos justicia.^' En consecuencia los soplones

eran ejecutados. Se trataba de medidas

excepcionales, dolorosas. Rene Char tuvo cuidado

de que se asignaran estos trabajos sucios a

adultos experimentados. ¿Sahó de eUo indemne?

En una larga carta detenidamente meditada se

confía a Francis Curel: Nunca quiero olvidar que

fui obligado a convertirme -¿por cuánto tiempo?- en

un monstruo de justicia y de intolerancia, en un simplificador

recluido, en un personaje ártico que se desinteresa

de la suerte de todo aquel que no se vincule a

él para abatir a los canes del infierno.^^

En otro lado el combatiente reconoce que el

tiempo de la guerra es una burbuja extraña en

la que el cursor de los valores enloquece. En el

momento que comienza una guerra la vida ya no vale

nada. La bebemos como un vaso de agua.^^ Y la tierra

tenía sed en esos tiempos que se volvieron de

nuevo primitivos.

^ Testimonio de Rene Char y de la familia Roux.

Testimonio de Camille Rayón al autor.

"Billets á Francis Curel", O. C, op. rít.. p. 633.

" Testimonio a Jean Pénard. Citado en Jean Pénard, Rsncontres avecRmé

Char.B^assÍ..&mi.QQl, "Enlisantenécáyajit". 1591, _


IV

¿Existieron días apacibles en la vida de René

Char? Si bien se rehusó obstinadamente a llegar

a ser miembro de un tribunal especial de justicia

para juzgar a los colaboradores, y pese a

que afirmó que no quería prolongar "un clima

de excepción",38 aceptó no obstante permanecer

más de un año en el ejército a fm de liquidar su

red, según la expresión de la época. Se trataba

de poner en limpio las listas de hombres y mujeres

que habían combatido en la clandestinidad,

de reconocer a cada uno su participación en el

combate. Se trataba, asimismo, de conseguirles

trabajo a algunos, de permitir a otros retomar

sus estudios. El capitán Alexandre, enemigo del

papeleo, redactó con todas sus fuerzas certificados,

peticiones de medallas. Intentó organizar

lo mejor posible la vida de las famillas que habían

perdido a alguno de los suyos. Intercedió,

intervino, se puso en contacto con abogados y

notaríos, y con directores de establecimientos

escolares y de internados.

Esta inmensa labor no le impidió preparar

una reedición de su principal compendio, Le

Marteau sans maitre, en José Corti, y la de Seuls

demeurent en Gallimard. Paralelamente, después

de haber recuperado estas notas tomadas durante

la guerra en Céreste, escribió y compuso los

fragmentos de Feuillets d Hypnos. Éstos, todavía

vibrantes del fuego de la guerra y la clandestinidad,

constituyen su verdad, una verdad a la que

se aferró por encima de todo y que lo tuvo en

vilo todo el tiempo durante la posguerra.

En tres ocasiones se enfrentó con el muro de

la mentira. La primera fue la más violenta. Los

hechos se ubicaron en los lugares mismos de su

Resistencia, en Céreste y en los Alpes Bajos. Gabriel

Besson, uno de sus compañeros más cercanos

durante la clandestinidad, fue asesinado con

bala de fusil en la espalda, en Manosque, el 28

de febrero de 1946. Besson regresaba de su trabajo.

Era uno de esos -lo que era bastante poco

frecuente- en los que Char confiaba totalmente;

lo apodaba "el Nadador" y era quien llevaba los

mensajes más confidenciales.

Apenas recibió el telegrama que le informaba

del drama, interrumpió todas sus actividades,

abandonó París y se dirigió a Manosque. Redactó

JI "Después del incendio, somos partidarios de borrar las huellas y de

tapiar el laberinto. Que no se prolongue un clima de excepción" ("Billets

a Francis Curel", o. e, op. cit., pp. 635-639).

17

il8l10mA Ol MÉXICO

un texto breve, "Tuez-nous" ,39 que apareció en el

semanario Les Lettres franraises. Informaba a sus

amigos que no descansaría sino hasta que el culpable

fuese arrestado. "Escribiré menos poesía" 40

Cuando llegó al funeral la policía estaba presente.

El entierro tuvo lugar bajo su protección. Los

amigos del difunto obligaron al periodista Georges

Dubois, a quien los rumores acusaban de haber

financiado el asesinato, a abandonar el lugar.

Antes de que Char se uniera al cortejo un comisario

de la brigada móvil de Niza fue a su encuentro

para disuadirlo de que tomara la palabra ante

la tumba y para decirle que se habían proferido

amenazas de muerte en su contra. Tendría que haber

muchas para alterarme, le escribió a un amigo. No

desvarío fácilmente. Mantendré esto en secreto, simplemente

redoblaré la vigilancia. 41 Pero estas amenazas

le impidieron concentrarse en las razones que

condujeron a la muerte de Gabriel Besson. Varios

dirigentes comunistas locales hicieron correr el

rumor de que el capitán Alexandre era un hombre

de la sombra, un agente equívoco, un antiguo

miembro del servicio secreto. Se le acusaba de

dedicarse al mercado negro e incluso de haberse

unido al campo de milicianos .. .

Estas acusaciones increíbles, ¿tenían por finalidad

legitimar su asesinato? Char así lo creía.

Por lo demás, al prefecto le empezaron a llegar

anónimos como éste: "El doctor Jean Roux de

L'Isle-sur-la-Sorgue, en una casa que recientemente

compró a Robion, tiene un suministro

muy importante de armas bélicas. El doctor sólo

es una sombra. Busque y encontrará detrás de él

la máscara hipócrita de un cagoulard [movimiento

de extrema derecha], un antiguo oficial de la

difunta Dger cuyo único pensamiento es armar

a los maquis blancos contra el pueblo en caso de

que la reacción consiga algún día levantar la cabeza

nuevamente." Y lo firmaba: "Un grupo de

patriotas de Vaucluse".

Fue aquí donde intervino el segundo choque

con la mentira. Convencido de ser el blanco de

una operación del Partido Comunista de los Alpes

Bajos por motivos inconfesables y subalternos,

recurrió a las instancias nacionales del partido

y especialmente a su antiguo amigo Louis

Aragon. Simplemente exigia una investigación

)9 UTuez-nous". Les úttres fran faiMs, marzo de 1946 .

., Carta a Gilbert Lély fechada el 13 de marzo de 1946 (archivos par·

ticulares).

41 Carta a Louis Leboucher, alias Georges Mounin (archivos particulares).


de Georges Dubois: Sé que este crápula que ha

formado una pandilla en esta región y en el interior

del partido, continúa su sucia tarea, y que amenaza

gracias a las rivalidades de clan con tener éxito en sus

hazañas durante un tiempo todavía. Le he hecho y le

hago frente. Sin embargo, la situación no tiene por qué

eternizarse. Cuento contigo para que me envíen a dos

miembros del Comité nacional de los escritores, miembros

del partido también, para contrarrestar la porquería.

Es urgente. 42 Pero la respuesta tardó. Aragon

se escabulló. Fueron necesarios varios meses para

que Georges Dubois quedara excluido del Partido

Comunista francés. Y el misterio de la muerte

de su amigo Besson no se

resolvió en absoluto.

El tercer choque sobrevino

cuando Char

expresó la intención de

hacer una película sobre

la Resistencia. Esto sucedió

en 1949. El gran cine

siempre lo hizo soñar; el

cine que apresa la vida;

el cine que hace que uno

tiemble y se estremezca,

que recrea y abraza el

mundo. Esbozó las primeras

escenas. Queria

mostrar a Francia y a la

"Francette" (la Francia

del mariscal Pétoche,43

para retomar su expresión)

a los resistentes y los

colaboradores, los leales

y los traidores. Proyecto

magnífico, grandioso.

Proyecto literalmente loco ya que las dos grandes

fuerzas políticas que maniobraban en el momento

-el gaullismo y el comunismo- se dedicaban a

reescribir la historia reciente para purgada de sus

cobardías y crímenes.

El Partido Comunista, que había salido todopoderoso

de la guerra, olvidó sus principios

calamitosos, especialmente su apoyo al pacto

germano-soviético de 1939, para recordar únicamente

su odisea clandestina y sus "cien mil fusilados".

El general De Gaulle, desde lo alto de su

resistencia, borró los pecados franceses y exaltó

'" Carta a Louis Aragon (Fondo Aragon del Institut d'Histoire du Temps

Présent/ CNRS) .

.o Mieditis, alusi6n a la cobardía del mariscal Pétain durante la ocupación

nazi.

René Char

18

BIBlIOncA DE M[XICO

los actos de valentía de la Francia combatiente.

La piadosa y bella mentira de un país unido en

la lucha contra el ocupante nazi se construyó,

así, piedra sobre piedra y arrojó a la penumbra

los sucios compromisos de los colaboradores.

Por su parte René Char se propuso ofrecer

un cine verdad. Encontró el título: "Le cancer

au pays natal" . Redactó diez folios para resumir

su argumento y mostrar toda la complejidad de

una historia en la que los héroes se cuentan en el

mejor de los casos por miles. No quería pretextos

falsos, atenuaciones ni mentiras. De entrada,

escribió: Mostrar el lado arriesgado de la empresa en

toda su verdad. Los errores

del enemigo son lo que nos

favorece sobre todo. Sin el

trabajo forzado en Alemania,

las persecuciones, solamente

un pequeño número

de jóvenes habría tomado el

maquis y las armas. Contrariamente

a la opinión

corriente el heroísmo genera

pocos adeptos. 44

Más adelante precisa:

Los intermediarios del enemigo,

los traidores franceses

que le sirven de neblina artificial,

deben quedar exhibidos

en toda su culpabilidad.

45

Programa elocuente,

propiamente revolucionario.

No es ni un guión

ni una sinopsis clásica.

Es algo de Charo Más

de treinta años antes del documental de Marcel

Ophuls Le Chagrin et la Pitié, con una inconsciencia

prodigiosa quería rasgar el velo que se

empezaba a extender sobre la memoria francesa.

Corrió a París a buscar un productor. Escucharon

con deferencia al poeta convertido, junto

con Éluard y Aragon, en una de las glorias del

París de las letras; pero no lo comprendieron.

Hicieron como que estudiaban su proyecto pero

sin convicción alguna. Y muy pronto el asunto

quedó estancado.

Durante aquellos años de estalinismo triunfante

Char se rebeló a las corrientes dominantes.

.. Sinopsis de "Cancera au pays natal" (archivos particulares).

45 !bid.


para lograr sus fines, volver a decir que la URSS

era "hoy día una tierra de esclavos balizada con

torres de observación".

Aragon acababa de publicar L Homme communiste;

Camus se proponía escribir El hombre

rebelde. En silencio reunió una documentación

considerable. Después se puso a escribir. Desde

la primavera de 1951 envió un primer bosquejo

a Char que le pidió más. Pronto estuvo terminado,

y René Char percibió de golpe el coraje

que se requería para la publicación de un libro

semejante. Fue el primero en presentir la polémica

que vendría, la violenta reacción de la

lO

BIBlIOHCA OE M[XICO

intelligentsia y los golpes que se anunciaban.

Char le confió a Camus su juicio: Después de haber

leído y releído su Homme révolté, busqué quién

y qué obra de este orden -el más esencial- pudiera

parecerse a usted ya su obra en esta época. Nadie ni

ninguna obra. Le digo esto con entusiasmo reflexivo.

[. . .} He admirado a qué altura familiar (que no lo

pone a usted jUera de alcance y haciéndolo solidario

lo expone a todos los golpes) se ha colocado usted

para devanar su hilo de centellas y de sensatez. ¡Qué

generoso corajef4 6

.. Correspondencia con Albert Camus (biblioteca Méjannes. Aix-en­

Provence, Centro de Documentación Albert Camus).


La historia literaria recuerda que Camus regaló

a Char el ejemplar dactilografiado de su manuscrito

con los tachones que muestran la evolución

de su trabajo. En la dedicatoria puede leerse:

"Para usted, querido René, la primera versión de

este libro que yo quería que fuera nuestro y que,

sin usted, jamás habría podido ser un libro de

esperanza." Esta historia recuerda la solidaridad

sin grietas entre los dos escritores en el combate

más profundo y más constante por la defensa

de la verdad y de la democracia. Mientras que

Jean-Paul Sartre y sus amigos condenaban a Camus,

culpable ante sus ojos de antiestalinismo

y de defender los valores burgueses, René Char

clamaba su rabia en Combat bramando: "¿Qué

tiene que ver con eso El hombre rebelde, gran libro

de socorro, patético y limpio como una cabeza.

trepanada?" Con una frase, midió el extravío de

una época y el peso de la mentira permanente.

V

En un movimiento que le era natural, levantó la

cabeza y dirigió la mirada al cielo. Vagabundeó

por los aires, fue de una constelación a otra, desbrozó

la Vía Láctea. Ése era su país secreto, su

patria inviolada que le permitía descansar de una

Tierra penosa y decepcionante. No había una

sola tarde, ni una sola noche sin que desgranara

los nombres de las estrellas, sin que acariciara

la bóveda celeste, sin que intentara reencontrar

indicios de los principales planetas a simple vista.

En este granero de la Tierra, inmenso e insondable,

colocó todas sus esperanzas poéticas y

humanas. Reserva intocable y virginal, la creyó

eterna hasta el día del sacrilegio.

Ese día, el 4 de octubre de 1957, los soviéticos

lograron lanzar el primer satélite artificial

al espacio. Lo siguieron muchos otros. Lo invadió

un desencanto inmenso: se rebeló y se sintió

humillado. Algunas lineas hablan de su profunda

ira y desesperación: El hombre del espacio que

hoy nace será mil millones de veces menos luminoso

y revelará mil millones de veces menos cosas ocultas

que el hombre parecido al granito, encerrado y yacente

de Lascaux, de duros miembros desenlodados de la

muerte. 47 No se hacía ninguna ilusión en cuanto

a la fuerza de su protesta. ¿Qué peso tenía una

decena de lineas impresas en unas cuantas decenas

de ejemplares de grandes hojas? Y, sin em-

""Aux riverains de la smgue", 1959, a e, p. 412.

11

BIBliOTECA o¡ M[XICO

bargo, esta lucha contra la violación repetida de

la "naturaleza" se convertiría en su último combate.

Un combate de frentes múltiples en el que

se manifestaron tanto la amargura de asistir a la

degradación del paisaje y del ambiente como la

angustia ante el despliegue de técnicas de poderes

considerables y en parte incontrolables.

El episodio de los misiles balísticos de la planicie

de Albion simboliza a la perfección esta

nueva insurgencia militante en René Charo En

el otoño de 1965 se enteró de que el ejército había

comenzado a comprar tierras en la planicie

de Albion, al este del macizo de Ventoux. Vagos

al principio los informes se precisaron. En realidad

el gobierno adquirió miles de hectáreas en

forma preferencial. El ministerio de la Defensa

codiciaba este sitio salvaje para cavar silos con

objeto de instalar misiles balísticos con cargas

nucleares. La elección, realizada por el general

de Gaulle, se tenia por estratégica e irreversible.

En los departamentos de la alta Provenza y de

Vaucluse militantes de izquierda comenzaron

a reunirse y buscaron movilizar a la opinión

pública contra este proyecto. Pero muy pronto

comprobaron que, sin una figura carismática, su

movimiento no cobraría fuerza jamás. Fue así

como se pusieron en contacto con René Char,

y éste respondió en el acto. La noche siguiente

redactó un texto en forma de libelo.

Para Char este combate abrazaba una preocupación

central, vital. Para él era también un

renacimiento. Retomó el maquis. La imprenta

Union, en la calle Lecourbe en París, recibió

de parte suya una orden para imprimir dos mil

ejemplares de su texto. Char estaba enardecido,

ofensivo. Escribió a una amiga lo siguiente:

Estos cerdos van a comenzar a hacer perforaciones

para esconder su porquería de hierro y de muerte en

Ventoux. Te hago llegar un pequeño texto: el último

juramento de la rebelión y del rechazo. 48 Entregó todas

sus fuerzas a este combate. De nueva cuenta

fue momento de conciliábulos, de fraternidad y

de unidad. Y de nueva cuenta estaba al mismo

tiempo comprometido y pesimista, tranquilo y

febril. Suscitó ecos y artículos en la prensa regional,

convocó a una manifestación en Sault

que logró reunir algunos miles de habitantes de

la Vaucluse, entre los que se hallaban muchos

alcaldes y consejeros municipales. Todos denun-

.. Correspondencia particular.


ciaban la concentración de pertrechos nucleares

en la región.

En forma metódica Char intentó entonces

construir un movimiento de protesta nacional.

Redactó un texto destinado a servir de plataforma

para una petición nacional: Que quienes perfo

ran la noble corteza terrestre de Albion midan bien

esto: nosotros peleamos por un sitio donde la nieve

no es solamente la loba del invierno sino el aliso de

la primavera. El Sol sale ahí sobre nuestra sangre

exigente y el hombre no está jamás encarcelado en

casa de su prójimo. Desde nuestro punto de vista, este

lugar vale más que nuestro pan porque nada puede

reemplazarlo 49 Picasso le ofreció un dibujo para

la ilustración: un trío compuesto por Zeus, el

Sol y un águila que observa colérica la Tierra

degradada. Los grandes nombres firmaron: escritores,

pintores, políticos. Se planeaba una

concentración el 5 de junio de 1966 en Fontaine-de-Vaucluse.

René Char militaba sin interrupción,

sacaba fondos de su tesoro de guerra,

pedía prestado para financiar octavillas y reuniones,

traslados e impresión de carteles. Sin

embargo la coalición de protesta no logró una

gran adhesión popular. Y Char lo sintió. Detrás

de la gran pancarta que proclamaba "N o a los

cohetes atómicos en la alta Provenza" no había

el suficiente brío.

Cuando retomó el combate sobre el mismo

tema, en 1967, en vísperas de las elecciones legislativas

de marzo, consiguió la derrota de los

candidatos gaullistas del departamento. A pesar

de su vigilancia los promotores de los misiles de

Albion triunfaron. El aparato de Estado permanecería

sordo a la rebelión de los mendigos de

Vaucluse, y la planicie terminaría por abrigar su

lote de cohetes balísticos. "El gusano está por

todos lados y para todos, escribió Char al poeta

Gustaf Sobin. No hay más que escalas en este

sombrío viaje."

Su militancia jamás sería ciega. Sus últimos

combates estuvieron impregnados de pesimismo.

Pero su lucidez no era desconcertante. Su

amistad con el filósofo alemán Martin Heidegger

(1889-1976) cuajó en parte sobre esta base: la

importancia que se da a la región natal. Ahora

bien, Char llevaba en él una imagen de la Provenza

sobre la que se superpuso una imagen

degradada, envilecida. Los lugares que lo inspi-

" Cartel en el que aparecen el texto de Char y un dibujo de Pablo PicaSSQ.

12

818l10ncA Ol M[XICO

raron, que más formaron su horizonte, fueron

según él objeto de un saqueo sistemático.

Esta conciencia de una degradación irremediable

no se tradujo en una queja mecánica y

nostálgica. La vivió como un drama, como una

tragedia de alcance universal. Fue la prueba del

sabotaje y la obcecación modernos, estúpidos.

De una mancha esencial. René Char no reconocía

ya ni siquiera el Sorgue, el río nutricio que en

otro tiempo estuvo repleto de peces: Las aguas se

reparten todavía, pero bajan sus párpados para ya no

ver las orillas saturadas de fealdad, acumulada año

tras año para complacer a los nuevos ricos. 50 Ya no sé

con qué me identifico de mi región. Cada vez me siento

más perdido en ella. 5\ Oscilaba entre la indignación

y la insurrección. El furor siempre estaba

ahí; pero más aún el deseo de tomar las armas

para pelear y cambiar el curso de las cosas. A

Gilbert Lély le confió lo siguiente en 1968: Querido

Gilbert, estamos decayendo. La Tierra -y sus habitantes

malditos- está en caída ininterrumpida. La

bomba atómica mental ha explotado en forma terminal

mucho antes que su hermana menor. 52

Confirmó atormentado los estragos de la

contaminación, se ahogó de vergüenza y de ira

ante los espectáculos que descubría. Un día, caminando

con su amigo Claude Lapeyre en un

macizo rocoso a casi seiscientos metros de altura,

unos bancos de nubes tristes se asentaron

en el valle. Char se sintió embargado de una

desesperación inmensa: Claude, mira la niebla con

llovizna. 53 Se cerró en sí mismo y ya no dijo nada

más. El coloso se tapió y su amigo comprendió

que era hora de regresar lo más pronto posible.

Apenas llegó a su casa René Char descargó una

violenta amargura contra la sociedad. ¡Los hombres

han podrido la tierra(54

Fue una de sus últimas insurrecciones. Protestó

contra los poderes plenos otorgados a la

técnica. Fue su testamento. Su coletazo. Su último

llamado a la resistencia.

La ciencia no puede dar

al hombre devastado

más que un faro ciego,

un arma de aflicción,

herramientas sin leyenda SS

" Citado en L Éclar au frOnl, op. cit., p. 361 (correspondencia particular).

Sllbid.

" Carta a Gilbert Lély fechada el 27 de enero de 1968 (biblioteca literaria

Jacques-Doucet, París).

53 Testimonio de Claude Lapeyre al autor.

S4 Testimonio de Anne al autor.

55 "Les apparítions dédaignées", o. c., op. cit., pp. 466467.


Grabado de Pablo Picasso

,

RENE CHAR:

POESIA

DE LA CLARIDAD

,

(ANTOLOGIA)

2l

¡1¡lIOmA O¡ M[XICO

,


Profunda y nítida, suave y férrea, oscura y transparente, tradicional y vanguardista, la poesía

de René Char mantiene sin mutaciones su trascendente belleza desde los primeros, originales

libros, hasta los últimos, en un transcurso que va de 1929 -sus 22 años- a 1988, año de su fallecimiento.

En su poesía está el niño, el hombre, la vida, la acción, la reflexión y las ideas indispensables

para encontrar la claridad en un mundo nublado; no se halla en cambio en ella lo "poético", "el

más pernicioso de los venenos para la poesía ... " ni "la subjetividad enígmática que tantos estragos

ha causado en el siglo xx", como escribió acerca de él René Ménard.

En el lenguaje poético de René Char sólo subsiste lo esencial y la emoción no elimina a la

razón. Ese rigor le permite unir realidad e imaginación sin traicionar ni una ní otra y transitar de

lo circunstancial a lo histórico.

René Char no busca hacer un poema como tantos versificadores superficiales, sino crear su

poesía después de un disciplinado trabajo con las palabras -"la disciplina sangra"-, como si puliera

un trozo de mármol. Poesía hecha para los demás, para que los demás valoren a la poesía,

no al poeta. El poeta desaparece, permanece la obra, no a la inversa.

Esta selección de su vasta producción poética sólo pretende, como en el caso de otros autores

publicados en Biblioteca de México, invitar a quienes no lo conocen a que lo lean y a quienes ya lo

han disfrutado a que lo relean. El trabajo de los traductores se extiende desde 1961 hasta la fecha

y revela la importancia del poeta.

VERSIONES DE MARTA DONís

DONNERBACH MÜHLE

Invierno de 1939

N oviembre de brumas, escucha bajo la madera

cómo franquea la noche y desaparece

la campana del último sendero,

cómo el deseo lejano del viento separa

el regreso al cautiverio de la ausencia que pasa.

Estación de animales pacíficos, de chicas sin maldad,

tenéis poderes que mi poder contradice;

tenéis los ojos de mi nombre,

el nombre que me piden que olvide.

Tañido fúnebre de un mundo demasiado amado,

oigo a los monstruos patear en una tierra sin sonrisa.

Mi hermana bermeja está bañada en sudor.

Mi hermana furiosa llama a las armas.

La luna del lago se asienta en la playa

donde el suave fuego vegetal del verano

desciende a la ola que la lleva

a un lecho de profundas cenizas.

Rastreada por el cañón -vivir,

límite inmensola

casa en el bosque se encendió:

trueno, arroyo, molino.

14

BIBlIOHCA O¡ Mimo

José Antonío Montero


ÉVADNÉ

El verano y nuestra vida eran una sola cosa

El campo engullía el color de tu oloroso vestido

Avidez y apretura se habían reconciliado

El castillo de Maubec se hundía en el barro

Muy pronto se derrumbaría el balanceo de su lira

La violencia de las plantas nos hacía vacilar

Un oscuro cuervo remador desviándose de la escuadra

En el mudo pedernal del mediodía descuartizado

Acompañaba nuestro concierto de suaves movimientos

La hoz por doquier debía descansar

Nuestra rareza iniciaba un reino

(El viento insomne que nos arruga el párpado

Al pasar cada noche la página acordada

Quiere que cada parte tuya que yo recuerde

Se extienda a un viejo país hambriento de lagrimal gigante)

Fueron al principio años adorables

La tierra nos amaba un poco me acuerdo.

EL ALUMBRADO DEL PENAL

He deseado para ti noche tan corta

que tu madrastra taciturna

envejeció antes que concibiera

los poderes de tal noche.

Ha soñado estar a tu lado

este fugitivo armonioso,

de la persona apenas indicada,

de beneficio proveniente

de camino triste y angélico.

Nadie se atreve a retrasarlo.

Se ha encogido de pronto el día.

Al perder a todos los muertos que amaba,

despacho a este perro la rosa,

último viviente, distraído verano.

Soy el excluido y el colmado.

Dame tu último toque,

belleza que te ciernes,

con ebrios párpados mal cerrados.

Cada herida pone en la ventana

sus ojos de fénix despabilado.

La satisfacción de resolver

canta y gime en el oro del muro.

No es, de nuevo, más que el viento del yugo.

25

BIBlIOHCA O¡ M[XICO


Viñeta de José Antonio Montero

CONDUCTA

Pasa.

La reja sideral

que ahí estaba en otro tiempo

se hundió.

Esta noche una nube de pájaros

desde muy alto exulta y pasa.

Escucha las sienes rocosas

de las presencias dispersadas

la palabra que hará tu sueño

cálido cual árbol septembrino.

Ve cómo se mueve el tejido

de las certezas que lograron

cerca de nosotros

su quintaesencia,

¡oh mi Bieldo, mi ansiosa Sed!

El rigor de vivir se esmerila

sin cesar para codiciar el exilio.

Con una lluvia fina de almendra

mezclada con dócil libertad,

se ha producido tu alquimia guardiana,

¡oh, bien amada mía!

PARA QUE UN BOSQUE ...

P ara que un bosque sea magnífico

le hacen falta edad e inftnito.

No muráis muy rápido,

amigos del tentempié bajo el granizo.

Abetos que dormís en nuestra cama,

eternizad nuestros pasos en la híerba.

Alsacia, 1939.

26

818110mA O[ MÉXICO


ARTINA*

(FRAGMENTOS)

Al silencio de aquella que permite soñar.

En la cama que me prepararon había: un animal sanguinolento y maltrecho del tamaño

de un bollo, un caño de plomo, una ráfaga de viento, un molusco helado, un cartucho sin

pólvora, dos dedos de un guante, una mancha de aceite; no había una puerta de prisión, pero

sí el sabor de la amargura, un diamante de vidriero, un pelo, un día, una silla rota, un gusano

de seda, el objeto robado, una presilla de sobretodo, una mosca verde domesticada, una rama

de coral, un clavo de zapatero, una rueda de ómnibus.

Ofrecer un vaso de agua al paso de un caballero que se lanza a rienda suelta en un

hipódromo invadido por la multitud supone, de una y otra parte, una falta absoluta

de habilidad; Artina traía a los espíritus que visitaba esa aridez monumental.

El impaciente se daba perfecta cuenta de la clase de sueños que en adelante

frecuentarían su cerebro, sobre todo en el dominio del amor cuya actividad voraz

se manifestaba de ordinario fuera de la época sexual. La asimilación alcanzaba su

desarrollo en la noche profunda de los invernaderos herméticamente cerrados.

Artina cruzó sin dificultad el nombre de una ciudad. Es el silencio que hace

surgir el sueño.

Los objetos designados y reunidos con el nombre de naturaleza-concreta

forman parte del escenario en el cual se desarrollan los actos de erotismo de las

seriesfatales, epopeya cotidiana y nocturna. Los ardientes mundos imaginarios que

circulan sin interrupción por la campiña en la época de las cosechas tornan el ojo

agresivo y la soledad intolerable para aquel que dispone del poder de destrucción.

En los cataclismos extraordinarios, resulta directamente preferible apelar sin

reserva a ellos.

* Traducciones de A1do Pellegrini, Antología de la poesía sumalista, Compañía General Fabril Editora, Buenos Aires, 1961 , 360 pp.

27

ilillOmA D[ MÉXICO


ARGUMENTO

METEOROS ROBUSTOS*

En los bosques se oye hervir el gusano

La crisálida volviendo al claro rostro

Su natural liberación

Los hombres tienen hambre

De carnes secretas de herramientas crueles

Levántense bestias a degollar

A ganar el sol.

Arsenal, 1929.

¿Cómo vivir sin un enigma delante?

Los hombres de hoy quieren el poema a imagen de su vida; hecha

de tan pocos miramientos, de tan poco espacio y quemada de

intolerancia.

Dado que no les es permitido ya obrar de modo supremo, en

esta preocupación fatal de destruirse por medio del semejante,

dado que su inerte riqueza los frena y los encadena, los hombres

de hoy, debilitado el instinto, pierden, aunque se conserven vivos,

hasta el polvo de sus nombres.

Nacido del llamado del devenir y de la angustia de la

retención, el poema, al elevarse de su pozo de barro y de estrellas,

testimoniará casi en silencio que nada hay en él que no existiera

realmente en otro lugar, en ese rebelde y solitario mundo de las

contradicciones.

Le poeme pulverisé, 1947.

* Selección y versión de Raúl Gustavo Aguirre. René Char, Antologío, Ediciones del Mediodía, Buenos Aires, 1968,200 pp.

29

!1!lIOmA Ol MÉXICO


ELLA JADEABA

Tú caminas como el incendio de un bosque

Puma mi bienamado

Cómo seguirte

De pronto las piedras se hincharon hasta estallar

El estiércol desapareció

Los matorrales se abrazaron

En la cima de un cedro se encendió un faro salvaje

El cielo sudoroso asestó su humo

Al orzuelo de los ojos más cansados del mundo

Pies heridos de tropezar

Manos delgadas de debatirse

Suerte

Por el tubo del amor

Bienamado escuchó

y derecho se irguió

Oh su frente sublime de habano encendido

Oh su garganta de forja de hada

El cielo demente retrocedió

La baba del fuego se hundió en la tierra

Un vaho de osamentas apareció bailó con los enanos

Una pupila de eucalipto se convirtió en una luna

embalsamada

Muchachas atrevidas

Está bien ser imprudentes

Pero por el amor

De su puma

Con sus labios mojen la llama

Cuando florezca en ellos su imagen.

Placard pour un chemin des écoliers, 1937.

Edvard Munch

lO

BIBLIOTECA DE MÉXICO


LOS PUÑOS APRETADOS

Los puños apretados

Los dientes rotos

Las lágrimas en los ojos

La vida

Apostrofándome sacudiéndome y burlándome

Yo espiga adelantada de las cosechas de agosto

Distingo en la corola del sol

Una yegua

En su orina abrevo.

" Placard pour un chemin des écoliers, 1937.

HOJAS DE HIPNOS

(FRAGMENTOS)

T oda la autoridad, la táctica y el ingenio no pueden

reemplazar una partícula de convicción al servicio de

la verdad. Creo haber mejorado este lugar común.

*

Dejar para más tarde la parte imaginaria, que,

también ella, es susceptible de acción.

*

El poeta no puede permanecer por mucho tiempo

en la estratósfera del Verbo. Debe enroscarse en nuevas

lágrimas y adelantar más en su orden.

*

Tiempo en que el cielo exhausto penetra en la tierra

donde el hombre agoniza entre dos menosprecios.

*

Si el hombre a veces no cerrara soberanamente los

ojos, terminaría por no ver ya lo que vale la pena

mirar.

*

Sólo se combate bien por aquellas causas que uno

modela por sí mismo y con las cuales uno se quema

identificándose.

*

Los ojos, solos, son todavía capaces de lanzar un

grito.

*

La eternidad no es mucho más larga que la vida.

*

Somos parecidos a esos sapos que en la austera

noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando

con su grito de amor toda la fatalidad del universo.

*

En todas nuestras comidas en común, invitamos a

la libertad a sentarse. El lugar permanece vacío pero el

cubierto está puesto.

31

BIBLIOTECA DE MEXICO


FIDELIDAD

ESTRANGULÉ A MI HERMANO*

Estrangulé

A mi hermano

Porque no le gustaba dormir

Con la ventana abierta

Hermana mía

Dijo antes de morir

Noches enteras he pasado

Mirándote dormir

Inclinado sobre tu resplandor en el vidrio.

Placard pour un Chemin des Écoliers, 1937.

Por las calles de la ciudad va mi amor. Poco importa hacia dónde en el tiempo

dividido. Ya no es mi amor, todos pueden hablarle. Ella no recuerda ya; ¿quién en

verdad la amó?

Busca su igual en el ruego de las miradas. El espacio que recorre es mi fidelidad.

Dibuja la esperanza y suavemente la despide. Es decisiva sin que tenga que

ver en ello.

Yo vivo en su profundidad como un despojo feliz . Sin que lo sepa, mi soledad es

su tesoro. En el gran meridiano donde se inscribe su vuelo, mi libertad lo excava.

Por las calles de la ciudad va mi amor. Poco importa hacia dónde en el tiempo

dividido. Ya no es mi amor, todos pueden hablarle. Ella no recuerda ya: ¿quién en

verdad la amó y la ilumina desde lejos para que no se caiga?

Fureur et Mystere, 1948.

* Versiones de Raúl Gustavo Aguirre. Poetasfrancesescontemporáneos, Ediciones Librerías Fausto, Buenos Aires, 1974, 400 pp.

32

ilillO¡ECA OE M[xICO


ANTONIN ARTAUD

No tengo voz para elogiarte, hermano mío.

Si me inclinara sobre tu cuerpo que la claridad va a dispersar,

Tu risa me rechazaría.

El corazón entre nosotros, durante lo que se llama

impropiamente una hermosa tormenta.

Da en tierra varias veces,

Mata, cava e incendia,

Luego renace más tarde en la dulzura del hongo.

No necesitas un muro de palabras para exaltar tu verdad.

Ni las volutas del mar para ungir tu profundidad.

Ni de esta mano febriciente que nos rodea la muñeca,

Y suavemente nos conduce a derribar un bosque

En donde el hacha son nuestras entrañas.

Está bien. Vuelve al volcán.

Y nosotros,

Que lloremos, asumamos tu relevo o preguntemos: "¿Quién es

Artaud?" a esa espiga de dinamita de la que ningún grano

se separa,

Para nosotros, nada habrá cambiado,

Nada, sino esta quimera viviente del infierno que se despide

de nuestra angustia.

(Paris, 8 de marzo de 1948).

LesMatinaux, 1950.

LA ALDEA VERTICAL

Como lobos ennoblecidos

Por su desaparición

Acechamos el año de miedo

Y de hberación.

Lobos nevados

De las lejanas batidas,

De fecha borrada.

Bajo el porvenir que gruñe,

Furtivos, esperamos,

Para afiliarnos,

La ampHtud de la altura.

Sabemos que las Cosas ocurren

Repentinamente,

Oscuras o demasiado adornadas.

El dardo que unía los dos paños

Vida contra vida, clamor y monte.

Fulguró.

LeNuperdu, 1971.


LA BESTIA INNOMBRABLE

La Bestia ínnombrable cierra la marcha del gracioso rebaño,

como un cíclope bufo.

Ocho improperios le sirven de ornamento, se dividen

su demencia.

La Bestia eructa devotamente en el aire rústico.

Sus flancos rellenos y vacilantes son dolorosos,

están por vaciarse de su preñez.

Desde sus cascos hasta sus vanos colmillos,

está envuelta en fetidez.

Así se me aparece, en el friso de Lascaux, madre

fantásticamente disfrazada,

La Sabiduría con los ojos llenos de lágrimas.

La Paroi et la Prairie, 1951.

HAMBRE ROJA

Eras insensata.

¡Qué lejos ya!

Moriste, un dedo ante tu boca,

En un noble movimiento,

Para poner punto a la efusión;

En el frío sol de un verde límite.

Eras tan bella que nadie advirtió tu muerte.

Más tarde, era de noche, echaste a andar conmigo.

Desnudez sin recelo,

Senos corroídos por tu corazón.

A sus anchas en este mundo que ocurre,

Un hombre que te había estrechado en sus brazos.

Se sentó a la mesa.

Está bien, no existes.

34

BIBlIOmA Of MÉXICO

Le Nu perdu, 1971.


A LA SALUD DE LA SERPIENTE

Yo canto el calor con rostro de recién nacido, el calor desesperado.

11

Le toca al pan romper al hombre, le toca ser la belleza del amanecer.

IV

En la ronda de la golondrina una tormenta se forma, un jardín se diseña.

V

Siempre habrá una gota de agua que dure más que el sol

sin que el ascendiente del sol sufra por eso.

VII

Lo que viene al mundo para no trastornar nada, no merece

ni consideración ni paciencia.

XI

Tú harás deJ alma que no existe, un hombre mejor que ella.

XX

No te encorves sino para amar. Aun muerto, sigues amando.

XXIV

Si habitamos un relámpago, allí está el corazón de lo eterno.

XXVI

La poesía es de todas las aguas claras la que menos se

demora ante los reflejos de sus puentes.

Poesía, vida futura en el interior del hombre que ha ganado en calidad.

Le Poeme pulvérisé

DECLARAR EL PROPIO NOMBRE*

Yo tenía diez años. El Sorgue me engastaba. El sol cantaba las horas sobre la

esfera tranquila de las aguas. La despreocupación y el dolor habían inmovilizado

al gallo de hierro sobre el tejado de las casas y juntos se soportaban. Pero. ¿qué

rueda en el corazón del niño al acecho giraba más fuerte, giraba más de prisa que

la del molino de su incendio blanco?

* Traducción de Alicia Bleiberg. René Cbar, Común presencia, Edición Bilingüe, Alianza Editorial, Madrid, 1986, 392 pp.

36

818l10mA O[ MEmO


EL ADOLESCENTE ABOFETEADO

JUVENTUD DE LOS NÉVONS

En el recinto del parque,

el grillo sólo se calla para imponerse más

En el parque de los Névons

Ceñido de praderas,

Un arroyo sin pendiente.

Un niño sin amigo

Difiíminan su tristeza

Y viven mejor así.

En el parque de los Névons

Un rebelde se ha unido

Al arroyo, al niño,

A su mismo espejismo.

En el parque de los Névons

Mortal sería el verano

Sin la voz de un grillo

Que, un instante, se calla.

Los mismos golpes que lo arrojaban contra el suelo lo lanzaban al mismo tiempo

vida adelante, hacia los años futuros en los que, cuando sangrara, ya no sería por

la iniquidad de uno solo. Semejante al arbusto al que sus raíces reconfortan y que

apoya sus ramas herídas contra su tronco resistente, se replegaba a continuación

en el mutismo de ese saber y en su inocencia. Al fin se escapaba, huía y se sentía

soberanamente dichoso. Llegaba hasta el prado y la barrera de cañas cuyo limo

acariciaba y cuyo seco estremecimiento percibía. Parecía que lo que la tierra

había producido de más noble y de más perseverante lo había adoptado, en

compensación.

Volvería a empezar así hasta el momento en que, desaparecida la necesidad de

romper, se irguiera atento entre los hombres, a la vez más vulnerable y más fuerte.

¡VIVA... !

Este país no es más que un

deseo del espíritu, un contrasepulcro.

En mi país se prefieren las tiernas pruebas de la primavera y los

pájaros mal vestidos a las metas lejanas.

La verdad espera la aurora al lado de una vela. No se presta

atención al cristal de ventana. Qué le importa al hombre vigilante.

En mi país, no se interroga a un hombre conmovido.

No hay sombra maligna sobre la barca volcada.

Buenos días apenas, es desconocido en mi país.

Sólo se toma prestado lo que puede devolverse con creces.

37

siwaDErálco


COMÚN PRESENCIA

Tienes prisa por escribir,

Como si fueras con retraso respecto de la vida.

Si es así, acompaña a tus fuentes.

Apresúrate.

Apresúrate a transmitir

Lo que te corresponde de maravilloso de rebeldía de generosidad.

Efectivamente vas con retraso respecto de la vida,

La vida inexpresable,

La única a fin de cuentas a la que aceptas unirte,

La que cada día te niegan los seres y las cosas,

De la que obtienen penosamente aquí y allá algunos fragmentos descarnados

Al cabo de luchas inmisericordes.

Fuera de ella, todo es sólo agonía sumisa, grosero fin.

Sí encuentras la muerte en el curso de tu esfuerzo,

ReClbela como la nuca sudorosa agradece el pañuelo seco,

Inclinándote.

Si quieres reír,

Ofrece tu sumisión,

Nunca tus armas

Has sido creado para momentos poco comunes.

Modíficate, desaparece sin pena

A merced del rigor suave.

Fase tras fase la liquidación del mundo prosigue

Sin interrupción, sin extravío.

Enjambra el polvo.

Nadie descubrirá vuestra unión.

CANTO DEL RECHAZO

COMIENZO DEL PARTISANO

LA VERDAD OS HARÁ LIBRES

Eres lámpara, eres noche;

Esta lucera es para tu mirada,

Esta tabla para tu fatiga,

Este poco de agua para tu sed,

Las paredes enteras pertenecen a aquel a quien tu

caridad da a luz.

¡Oh cautiva, oh Desposada!

El poeta ha vuelto para largos años a la nada del padre. No lo Uamas, todos

vosotros que lo amáis. Si os parece que el ala de la golondrina ya DO tiene espejo

sobre la tierra, olvidad esa dícha. Quien panificaba el sufrimiento ya no es visible

en su letargo rojizo.

¡Ah! ¡Hagan la belleza y la verdad que estéis presentes en gran número en las

salvas de la liberación!

\,

I


WILLlAM BLAKE

( I 757 - I 827)

En la Navidad de 1942 tenrunó de imprimirse, al cuidado del poeta español Emilio Prados, la traducción que Xavier Vi ll aurrutia

hiciera del más reconocido poema de William Blake: El matrimonio del Cielo y de/ Infierno; de esa plaquene se ha hecho la selección que

aquí aparece para conmemorar el 250 aniversario del nacimiento del gran poeta inglés. Ahí también se evocará en nota introductoria

un texto de Chesterton que dice en resumen: "Como un titán, Blake, emerge, con su talla colosal y su voz atronadora. Por entre las

tinieblas y el caos de su obcecado simbolismo y sus perversas teorias, por entre la tormenta de delirio y la noche cerrada de su locura ,

reitera, con precisión apasionada, que sólo puede ser adorable aquello que es digno de ser amado, que la divinidad está en una persona

o en una brisa, que tanto más conozcamos las cosas altas, más habremos de hallarlas palpables y encarnadas, y que la forma entera

de los cielos es toda semejanza de la apariencia de un hombre. "

PROVERBIOS

DEL INFIERNO

La Prudencia es una vieja solterona rica y fea

cortejada por la Incapacidad.

Aquel que desea pero no obra, engendra

peste.

El reloj cuenta las horas de la necedad,

pero ningún reloj puede

contar las horas de la sabiduría.

Ningún pájaro se eleva demasiado

alto, si vuela con sus propias

alas.

Un cuerpo muerto no venga las

injurias.

Si el necio persistiera en su necedad

se volvería sabio.

Pudor, máscara del orgullo.

Las pnslOnes están construidas

con piedras de la Ley; los burdeles

con piedras de la Religión.

* WiJliam Blake, El matrimonio del cielo y el infierno,

traducción de Xavier Villaurrutia, El clavo ardiendo,

Editorial Séneca, México, 1942, 60 pp.

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de EmiliQ Prado..

41

BIBLIOTECA Ol MlXICO

La desnudez de la mujer es la obra de Dios.

Está pronto a decir siempre tu opinión,

y el ruin te evitará.

Nunca perdió más tiempo el águila

que cuando escuchó las lecciones

del cuervo.

La zorra se provee; pero Dios provee

al león.

Piensa por la mañana, obra al mediodía,

come por la tarde y duerme

por la noche.

Aquel que ha permitido que abuses

de él, te conoce.

Del agua estancada espera veneno.

Escucha el reproche de los necios:

es un título real.

Así como la oruga elige las hojas

más hermosas para poner sus huevos,

el sacerdote deposita su maldición

sobre los mejores goces.


Crear una sola flor es trabajo de siglos.

Exuberancia es Belleza.

Antes asesina a un niño en su cuna que nutras

deseos que no ejecutes.

Grabado de William Slake

ríos, montañas, lagos, ciudades, naciones y todo

lo que sus enormes numerosos sentidos podían

percibir.

Estudiaban particularmente el genio de cada

ciudad y país colocándolo bajo la tutela de una

deidad espiritual.

Bien pronto, para ventaja de algunos y esclavi­

Nunca puede ser dicha la verdad de manera que tud de muchos, se formó un sistema intentando

pueda ser comprendida sin ser creída. dar realidad a las deidades espirituales o abstraerlas

de su objeto. Así dio principio el sacerdocio,

¡Bastante! o, más aún, demasiado.

instituyendo ritos según los relatos poéticos.

Y, al fin, declararon que los Dioses lo habían

Los poetas de la antigüedad animaron los obje­ querido de este modo.

tos sensibles con dioses y genios, nombrándolos Así olvidaron los hombres que todas las de

y dotándolos con las propiedades de los bosques, dades residen en el corazón.

41

BIBlIOmA o¡ Mfxl(O


VISiÓN MEMORABLE

Me hallaba en una imprenta, en el Infierno, y

vi el método por el cual se transmite el conocimiento

de generación en generación.

En la primera cámara había un Dragón-hombre

barriendo los despojos a la boca de una ca-

verna; en el interior, multitud de dragones ahondaban

la caverna.

En la segunda cámara había una serpiente

enredada en torno a la roca y la caverna, y otras

adornándola con plata, oro y piedras preciosas.

En la tercera cámara, un águila de alas y plumas

de aire; y el águila hacía el interior de la caverna

infinito; y a mi alrededor, un gran número

de hombres águilas edificaban palacios sobre las

rocas enormes.

En la cuarta cámara, leones de ardientes llamas

se paseaban furiosos y fundían metales en

fluidos vivientes.

En la quinta cámara, formas sin nombres

arrojaban al espacio los metales.

Estos metales eran recibidos por hombres en

la sexta cámara y tomaban la forma de libros y

eran colocados en bibliotecas.

Siempre me ha parecido que los Ángeles tienen

la vanidad de hablar de sí mismos como si sólo

ellos fueran sabios; lo hacen con una confianza

insolente que nace del razonamiento sistemático.

Grabado de WiIliam Blake

4]

818l10mA Of M[XICO

Así Swedenborg se envanece de que cuanto

escribe es nuevo, aunque sólo es un índice o un

catálogo de libros publicados antes.

Un hombre lleva un mono a una fiesta y porque

era un poco más sabio que el mono se infló

de vanidad y se consideró más sabio que siete

hombres.

Así es en el caso de Swedenborg que muestra

la locura de las iglesias y quita la máscara de los

hipócritas e imagina que todos los hombres son

religiosos y que él es el único hombre en la tierra

que rompió las mallas de la red.

Ahora, oíd el hecho tal como es: Swedenborg

no ha escrito una sola verdad nueva.

Y, ahora, oíd la causa: conversaba con los ángeles

que son, todos, religiosos, y no conversaba

con los demonios que odian la religión, porque

sus prejuicios lo hacían incapaz.

Así es que las obras de Swedenborg son una

recapitulación de todas las opiniones superficiales,

y un análisis de las más sublimes; nada más.

He aquí otro hecho: cualquier hombre de talento

mecánico puede extraer de las obras de Paracelso

o de Jacob Behmen diez mil volúmenes de

igual valor que los de Swedenborg, y un número

infinito de los libros de Dante o Shakespeare.

Pero, cuando lo haya hecho, que no pretenda

saber más que su maestro porque sólo sostiene

una bujía en pleno sol.


POETAS

DE

,

AMERICA*

* Las viñetas que oman y honran esta secclOn de poesía son de Ricardo MartlOez, gran pintor y gran ilustrador, cuyas Imágenes decoraron también,

entre otros libros. Muerte Sin fin, de José Gorostlza. en edición de la UNAM, y Junca de sombras, de Alfonso Reyes. Esta oportunidad nos permite

recordar y reconocer una obra plástica emlOente, que no debiera nunca pasarse por alto a pesar de la discreción con que la creó su autor. El libro de

donde proVIenen es de Enrique Díez Canedo: Epigramas amen'canos, Joaquín Mortiz, Editor, México, 1945,84 pp.

44

BIBliOTECA OE MÉXICO


A VIOLENT PRSON

is marreed 2 a changling

th changling can adapt

can sumtimez radikalee b

on her his gud side evreethings

going swirnminglee sumtimez

get shit whn he she runs out

uv prsonas masks goez 2

th closet n thers nothing

hanging ther can b myself he

she thinks thn thats th feer

that th punishment will cum

fr sure if he she cant leev her

him self fast enuff breeth b

call her him n start packing

hirn her self is alredee enuff

is alredee fine is alredee a11 ther

can go now can b now she he is

sew flexibul now who 2 trust or

2 find discovr

a mountin sliding in2 th sand

sumwun who wud stay yu cud

with hold n they cud find yu they

wudint leev n yu wud bcum a11

ther with them not that

thers anee all ther

th changling writes lettrs 2 her him

selvs in th ambr waves n touchinglee

with lave keeps th nite

BILL BISSETT*

(Canadá, 1939)

TRADUCCiÓN DEL INGLÉS POR BENJAMíN VALDIVIA**

¡r

I PERSONA BIOLENTA

Se kasó kon alguien ke fue kambiado

el kambiado pued adaptarse

pued a beces radikalmente star

en su lado bueno kada kosa

va deslisadamente a beces

de porkeria kuando se kansa

d personas máskaras va asia

el armario i no ai nada

aí colgado puedo estar 10

piensa entons aí stal miedo

d kel kastigo bendrá

d sierto si no puede abandonarle

tan belós kual suspiro

decir ke empiese a empakar

konsigo lla es suficien t

lla stá bien lla todo kompleto

ke lla se baIla sí aora se be

fleksible ahora para konfiar o

alIarse deskubierto

una montaña deslisada asia larena

alguien ke permaneska poder

abrasar i te enkuentren no puedan

d jarte i t kombiertas en todo

aí kon ellos no eso

ai kualkier todo eso

el kambiado le eskribe kartas

en las olas ámbar i gentilmen t

kon amor manti n la noche

* BilI Bissett, nacIó en Halifax, Canada en 1939. es un autor reconocido por sus aportaciones en el campo de la exploraCión rnorfosintacrica, su

pnnclpal fa go de tilo e!:i la ex nmentaclon y subversión del orden gramancal. Sus libros más recientes son: B Ice l' ahu/ char ak In Burnaby, Re.

TaJonbooks,2000 S"" n /h fhon BUI naby B C Talonvooks, 1999

Ber\lamin Valdivia nacio en Aguascahemes. MéXICO, en 1960 Es M,embro correspondIente de la AcademIa Mexicana de la Lengua y de la Academia

Norteamericana de la Lengua Española Cuenta con estudIos de doctorado en Filosofía (UNAM), en EducaCIón (VG) y en Humanidades y Artes

(UAZ) Es prole,or en la UniverSIdad de GuanaJuato ... la fecha funge como dIrector académIco del Centro de Estudios CervalltlllOs, A. C., Y es

presidente de la Red CervantlOa Mundial Su libro mas reciente es Hablar


NIGHT GARDENING

A reader writes to complain

that there are no cellphones in my poems,

so here is one,

its body chrome,

its face a metallic blue.

It's neither transmitting nor receiving.

A woman from Duluth requests

that 1 cease sending secret messages

to her in my poems.

This 1 will do forthwith.

And the blackbird at evening.

She says, You have misrepresented the river

there where it turns

by the holm oak and the bed

of winter hyacinths.

This 1 will correcto

MICHAEL PALMER*

(Estados Unidos, 1943)

TRADUCCiÓN DEL INGLÉS POR ROMÁN LUJÁN**

JARDINERíA NOCTURNA

U n lector escribe para quejarse

de que no hay celulares en mis poemas,

así que aquí está uno,

su cuerpo cromado,

su rostro azul metálico.

No está llamando ni recibiendo.

Una mujer de Duluth solicita

que deje de enviarle mensajes

secretos en mis poemas.

Lo haré sin mayor trámite.

y el mirlo en el atardecer.

Me dice, Has tergiversado el río

ahí donde gira

cerca de la encina y el lecho

de invernales jacintos.

Corregiré esto.

A recent letter unsigned:

Una carta reciente sin firma:

You've mangled the citations from H6lderlin, Has destrozado las citas de H6lderlin

and none will mistake your skies

for those of Dominikos Theotokopoulos.

Opines a good citizen, concerned parent,

Your nefarious syntax

has infected my fust-born-

have you a heart of stone?

And the poem, from its homeless home,

writes of blindsight and silence,

the blackbird at evening,

nothing you can see.

y nadie confundirá tus cielos

con los de Dominikos Theotokopolous.

Opina un buen ciudadano, padre consternado,

Tu nefasta sintaxis

ha infectado a mi primogénito-

¿es que tienes de piedra el corazón?

y el poema, desde su hogar desamparado,

escribe de ceguera y silencio,

del mirlo en la tarde,

nada que puedas ver.

* Michael Palmer, nació en New York, en 1943, es autor de Campany af Moths (New Directions, 2005); Codes Appearing: PoenlS 1979·1988 (2001); 71" Pramises

01 Class (2000). Actualmente reside en San Francisco y ha recibido recientemente el Wallace Stevens Award de la Acaderny of American Poets.

** Román Luján (Monclova, Coahuila, 1975), es autor de los poernarios blStnJcciones para hacerse t'l valiente (Premio Nacional de Poesía Abigael

Bohórquez , 1997) , Aspa de Viento (2003) en colaboración con el pintor Jordi Baldó y Deshuesadero (Premio Nacional de Poesía Francisco Cervantes

Vidal, 2005). Actualmente estudia un posgrado de Literatura en la University of California, Los Ángeles.

46

BIBLIOTECA DE M[XICO


DANZAR LA PROSA

RAFAEL T ORIZ

(México, 1983)

La prosa se precipita hacia su propia destrucción

Michel Tournier

Hablar de la presencia es hablar de la voz: puro espectro que puebla con su

ausencia. Ensayar, transcurrir discurriendo, es el arte del diálogo, la calidez de la

plática. El ensayo verdadero -lo supo Platón- es una escritura a medio camino

entre el teatro y la ftlosofia: un lugar para fantasmas.

Es la conversación la forma líquida del ensayo.

El ensayo es también el fuego, luz devoradora que expande y multiplica, con

palabras como ideas, las cenizas del lenguaje.

y por eso es un arte mayor, porque al igual que la prosa profunda sabe que no

durará: el ensayo -en esencia- sólo existe y permanece en su actualización, el

instante del latido y el parpadeo.

Todo ensayo, para serlo, es la sólida expresión de un pensamiento finito,

sincopada luciérnaga en el campo de la noche.

Todo ensayo decoroso no aspira sino a su propia destrucción: una consciencia

que colapsa en su reflejo.

Es preciso remarcarlo: la prosa tiene un origen humilde, mundano, prosaico;

es pura experimentación, tanteo, levedad y sugerencia; nace en la soledad del

hombre que se interroga en monólogo silente.

La poesía, por el contrario, cuenta con padrinos celestes, dioses y diablos

guardianes que custodian su legado y aseguran la permanencia: Mnemosyne

aguarda entre la rima y el verso, en la música de la palabra que marca su huella y

sedimento.

El ensayo asume su condición pasajera: ruta de tránsito entre el pensamiento y lo

pensado (escribir ensayo es tender puentes entre el pantano y la ribera).

Se escribe ensayo desde el margen, en las orillas que se presienten pero se

desconocen.

Se escribe ensayo porque la vida es cuestión de gusto y vulgar la circunstancia.

Pero sobre todo, se escribe ensayo para incendiar la angustia y porque es lo único

que (me) queda cuando ya te has ido.

47

ilillOmA Ol M[XICO


TRASUNTO

JULIO EUTIQUIO SARABIA

(México, 1957)

Melanie Birds emerge desde la oscuridad anterior a toda sombra.

Luz negra, la adivino, que se desplaza entre mendicantes ayunos de mascotas;

sus dedos, en el arpa suprema de la obediencia a las pulsiones,

conciben melodías en las que disputan los ángeles sus arias y sus coros;

menos visible la espuma de su pecho y más turbulentas las aguas

que concitan la furia del relámpago y el atropellado descenso de los ríos.

Amniótico aún su balbuceo, del lecho se desprende con el vientre encendido de las

parturientas

que anuncian basiliscos, desasosegados murciélagos en las ahnenas, potras que Uevan

la muerte en la montura...

-Si sólo cantara.

Empavorece la muchedumbre ante su faz lavada por la niebla

-el sitio de la Hilandera que prende calamitosos alfileres en el sayo

mientras desgrana su boca confusos parabienes,

emite graznidos de cuerva sometida a la abstinencia

y, uno tras otro, los túmulos va cubriendo con ceniza.

(No digo yo quién habla ni habla quien yo digo.

Está en el vahído y en el útero, en el nirvana y en la Biblia,

en el puñal de Ótelo y en el paisaje desolado del cianuro.)

Interminable polvo se levanta de la tierra

y toma más árido sobre el legado de los muertos:

cardos ni lilas brotan; zanates revolotean como pavesas

de recurrentes hecatombes que, a intervalos,

vuelven con una luz que provoca escalofrío.

Estalla, de pronto, en tartajeos de estrella aprisionada por el talle,

loca la luz que surge de su idioma, delirante el aya que se entrega a dudosas

abluciones

y olvida el mantra entre oráculos y rondas.

La fulmina el vacilante tentar de la ceguera

(¿ven aquellas larvas el arrojo voraz de sus verdugos?,

¿miran las ciervas cuan suculentas han vuéltose sus ancas?)

como si un aleteo acompañara su estancia en Roma o en la bahía,

por donde cruza después de interrogar al envejecido Caronte que suministra bártulos

de caza

y frascos de polvos mil veces maravillosos,

gramos de luz como lluvia de estrellas en los plexos.

"Nadie", podria decir para perderse en el páramo o en la jungla.

"Amanuense", también podria argüir para inclinarse en el venero de las

purificaciones.

Pero no: estatua temblorosa, soplo de frágil continente,

Melanie Birds emprende la marcha tras el tañido que doblega sierpes, piedras, ríos,

exuberantes vegetales;


ÍIJUOTECíOf MÉXICO


vuelve los ojos de musgo iluminado por la lluvia;

cavila, delata nubarrones en sus labios; muda los hábitos de las (

carraspea sincopadas melodías en medio del delirio...

Melanie Birds levanta olas a su paso

y vierte ceniza en la ingente orfandad de los espejos:

abraza clavículas que llama corazón, evoca solteros de reojo.

(Novia de pretéritos azahares se recuerda.

A su lado la dicha caminaba.

Lo supo -rememora- porque ninguna sombra

turbó su andar al borde de las caUes

ni querubín alguno la abandonó

cuando las palomas la rodearon en San Marcos.)

Melanie Birds calcula la proporción de su deseo al expeler el humo

de un Gauloise.

La barca prosigue entre presagios, muy lejos aún de la ribera.

Pañuelos como espuma flotan en el agua. Moscas difuntas

desde el cielo descienden con tornasolados guardianes

que contemplan, pasmados, el prodigio. (¿Melanie? ¿Las aves

multiplicadas una vez?)

Caía el sol a plomo sobre las olas mortecinas

y la furia cainita del homo sapiens aplacaba sus tizones.

Yesca resguarda Melanie Birds de sus estancias pasajeras.

(Soporífera leche bebía para eludir la culpa

que agudizábase al paso de los trenes.

Trajes roídos surgían ante sus ojos de espabilada hembra

que peina sus cabellos con dejos de indolencia.)

Horror vacuno advierte en cada fisgón tras las ventanas,

ahora revestidas de oropel y melosos corazones.

Un instante detiene su andar

y luego, placer antiguo de alquimistas, a un chasquido le siguen yerbajos

y pedruscos.

Melanie Birds consiente pesadillas al ene embotamiento

e ignora que obsequia especies muertas tras el descenso de su Arca;

sobreviven ofidios, quirópteros, pedestres piezas engalanadas por el mar.

Oscuras túnicas en las mañanas de cobalto

velan su cuerpo enternecido por ósculos y magullones;

vesánica leche alienta dislates y dislaha: ictus, carcax, cambujo, ulié...

Colecciona amuletos píira quebrantar la rutina de los padres y para encender

hogueras

y engranajes que ocultan el deshielo de la depresión en el dulce de amaranto.

Abre sus manos y exime al mundo de baratijas y de dioses.

-Si sólo cantara.

-Si sólo emitiera la luz de las luciérnagas que pueblan la bóveda celeste.

(Desconfía de las palabras que no brotan del trastabillón de la lengua.)

so


JOSÉ KOZER

(Cuba, 1940)

SATORI

Prestancia de Fujiwara no Teika cuando se sienta para siempre entre las

costureras de la era Meiji (están todos en la

decimonovena reencarnación): los

batilongos y las camisas sin mangas

serán puestos a la venta para vestir

al público, jubón y saya bordados

con hilo de oro (añil) (escarlata)

(la paulonia y el pájaro innombrable)

(nada de telas sintéticas) para la Casa

Imperial.

Ésa que perderá en lo adelante todas las guerras, no Teika con la espada

larga, con el pincel caligráfico, mantras y

repeticiones a un buda refractario

a su pueblo, no lo podrá impedir:

el exquisito perfeccionista Fujiwara

no Teika se impone como ejercicio

espiritual la fabricación del Toyota

(en serie) ideal, la seda artificial

(al baratillo) que nada tiene que

envidiar al telar del gusano (ahorro

en el consumo de morera). Retirada

de los bonzos, las artes marciales

un juego para impúberes y miembros

de la tercera edad: encontró Japón

su camino (nada que añadir).

Una suerte que no Teika en unos meses alcance Nirvana. El hueso de la

alegria está más alegre que nunca, los ojos

ya entienden a la perfección el modo

de aislar para descartar las imágenes,

el oído sólo oye la plegaria al Buda

Maitreya (se la sabe de memoria) gran

gloria ver venir el Paraíso disuelto,

momentos antes (basta ya de fulgores)

el aposento, la casa, la llave, retirarse

de espaldas.

52

818110mA OE MÉXICO


WALDO LEYVA

(Cuba, 1944)

DEFINITIVAMENTE JUEVES

Quiero que el veintiuno de agosto

del año dos mil diez,

a las seis de la tarde como es hoy,

pases desnuda atravesando el cuarto

y preguntes por mí.

Si estoy, pregunta, y si no existo,

o si me he extraviado en algún lugar de la casa,

de la ciudad, del mundo,

pregunta igual, alguien responderá.

El primero de enero del año dos mil uno será lunes

pero el veintiuno de agosto de la fecha indicada

tiene que ser definitivamente jueves

y el calor, como hoy, agotará las ganas de vivir.

Las calles serán las mísmas para entonces,

los flamboyanes de efe y trece seguirán floreciendo,

muchos amígos no estarán

y el tiempo habrá pasado por la historia de la casa,

de la ciudad, de mí país, del mundo.

Quiero que el veintiuno de agosto, al despertar,

prepares la piel

el corazón

las ganas de vivir.

5]

BIBlIOmA Of M[XlCO


JOSÉ MÁRMOL

(República Dominicana, 1960)

MIS MANOS

Mis manos son dos arcas hinchadas de rocío,

desiertos que se abren tempestuosos a la espera

de una piel recién mojada en bajío y en deseo.

Mis manos aparecen cuanto las ansias piden.

Sus dedos como pinos o sauces llorones,

sus palmas como deltas abiertos a tus lunas.

Mis manos son la sombra disecada de tus manos.

Escriben cuanto dices. Dibujan lo que sueñas.

y del suspiro a tientas mis dedos sueñan formas:

el trote de la yegua, el acezante brio de la sed

entre sus partes.

S4

818l10TECA OE M[XICO


JUEGO DE NIÑOS

Duérmete hija mia

y cruza los puentes

que el agua construye.

ROBERTO SOSA

(Honduras, 1930)

Camina

hacia donde los soles astillan sus cruces.

y despierta

allí donde juegan iguales los niños.

ELEGíA SIMPLE

He caminado mucho.

Poco a poco -parece- se emosca la deshora.

Toco la cruz sin brazo.

Sí,

usted está ahí bajo los hormigueros.

Quiero estrechar el polvo de su mano, levantarlo, besarlo

y confesarle algo amarrado como un nudo ciego.

Todo

se viene abajo y yo digo su nombre lo más dulce que puedo.

He caminado mucho, padre mio,

mucho.

55

&1&lIOmA Dl MixlCO


ERNESTO CARDENAL

(N icaragua, 1925)

APUNTES

Amanece

El lago gris con obtas

Tres islas

-enfrenteborrosas

por la lluvia:

gris la de atrás

verde-gris la de en medio

verde-tierno la más cerca

Una gran garza blanca vuela lenta

Varios pájaros negros pasan rápido

11

Las nubes color rosa blanco amarillo

(sólo un poco más borrosas

que las de arriba)

en el cristal del lago

111

La calmura de este lago

plata y azul

más plateado que azul

Los volcanes lejanos azul tierno

Arriba como cordilleras nevadas

o crema de afeitar:

su reflejo en el lago

10 que 10 hace plateado

56

818l10HCA o¡ MÉXICO


JUAN GELMAN

(Argentina, 1930)

ALBAS

In memoriam Rapi Diego

El alba

que va del mar a la colina

con la huella del color que pasó y

la memoria del color que tendrá

la quietud de la sangre,

cruza árboles delante del invierno,

trae la dicha y la desdicha

del nacido de un cuerpo.

Pero qué sol el sol que cae

y saca palabras de la tierra:

cosecha el vuelo indestructible

de los granos del sueño.

El aire del amor en la

mano que dibuja la muerte.

57

BIBLIOTECA o¡ MÉXICO


JUAN DOMINGO ARGÜELLES

LAS ANTOLOGIAS

POÉTICAS

MEXICANAS

Y SUS PROPUESTAS

Para realizar una antología se debe tener conocimiento

y disponer de información al respecto,

como una ley de sentido común. Justo es advertir

también que con esto no es suficiente. Son importantes

inteligencia y sensibilidad. Y tampoco son

suficientes. Porque habría que añadir una serie

de factores, subjetivos unos y objetivos otros, respecto

de las obras y los autores incluidos u omitidos:

el desprejuicio ante los prestigios y ante la

falta de ellos; la plena valoración literaria de los

escritos y la despreocupación por los presuntos

valores políticos e ideológicos. Es necesario también

no dejarse impresionar por e! peso de las

simpatías y las antipatías, y quién sabe cuántas

cosas más que hay que tomar en cuenta y que,

en general, no es posible abarcar y que casi fatalmente

se confabulan en ausencia para que las

más de las veces se produzca una antología más,

otra entre tantas o, lo que es peor, que argumentando

el gusto personal se incluya a hermanos,

parientes, amigos y favoritos, sin preocuparse en

absoluto por el juicio de los lectores.

Tal ha sido e! drama de los antólogos: no

escapar a estas imposiciones o aquellas limitaciones,

dando como resultado antologías que

serán rebatidas, desdeñadas, atacadas, insultadas,

aborrecidas e incluso elogiadas por quienes

de haberlas emprendido las hubieran realizado,

probablemente, muy similares a las que desdeñan

o muy diferentes a las que elogian.

El drama de las antologías es que, como una

vez lo señaló Gabriel Zaid, quieren asumirse

como el juicio final, que es el cese de todo juicio

y por lo mismo de todo posible diálogo. Con un

58

ilillOmA Ol M[XlCO

concepto un poco más claro de la justicia y de

la modestia, las antologías deberian presentarse

como propuestas mínimas de lectura para quienes

a partir de uno o unos pocos textos, especialmente

atractivos o interesantes, puedan buscar

las páginas de! autor que les llamó la atención o

los sedujo en algún momento.

Habrá que observar que no siempre los textos

antológicos llevan a los lectores a otros de un

mismo autor; a veces, por ejemplo, por lo que

respecta a la poesía, hay autores con algunas

piezas que se consideran antológicas per se y que

son las mismas de siempre porque dicho autor

no dejó otras de la misma calidad. Incluirlas en

una antología cumple con el propósito de ofrecerlas

al lector para que al menos sepa dónde

encontrarlas cuando las quiera releer.

Zaid sugirió un remedio luego de adelantar el

diagnóstico acerca de una enfermedad que, más

de treinta años después, sigue cobrando víctimas:

"Hay que desmitificar las antologías, convertir

ese deseo y terror del Juicio Final, en buen juicio

dialogante, para no acabar sumidos a esa injusticia

inherente, benévola o terrible de la Posteridad

Absoluta. Pero no depende de uno solo. La

sumisión está en e! ambiente. Nuestros pequeños

dedócratas literarios surgen de las expectativas

colectivas. En cuanto se deja de creer en que hay

auténticos lectores (y hay tan pocos), ¿en qué se

va a creer sino en el Dedo Señalador? Desde esta

perspectiva, hacer crítica pertenece a la peor especie

de acto surrealista: sacar el Dedo y tirar contra

la multitud. Lo pide el inconsciente colectivo, si

no la porra. (¡A comprometerse, valientes! ¡Juicios!

¡Nombres!). Acaban por creerlo los críticos."

,


Para un antologo, tratar con el pasado no

significa tanto problema como la valoración del

presente. Lo sabe todo el mundo, estamos condenados

a no saber tomar distancia de nuestros

contemporáneos, a quienes por tener demasiado

cerca los encuadramos desde el prejuicio de las

simpatías o las antipatías, la fiíerza del prestigio

o la aún más aplastante fuerza del desprestigio,

la admiración o la animadversión, y toda una

serie de condicionantes.

En uno de los ensayos de su libro Verdad y

mentiras en la literatura, el novelista y ensayista

húngaro Stephen Vizinczey explica esta fatalidad

del siguiente modo: "Podemos ver a los personajes

desde una perspectiva clara si nuestro ego

no está implicado en sus creencias y acciones,

er en sus hábitos y modo de vida; en otras palabras,

si i están alejados de nosotros en el tiempo y en

el espacio. Puede haber grandes escritores contemporáneos,

pero muy pocos grandes lectores

contemporáneos; estamos demasiado inmersos

en conflictos actuales, demasiado hipnotizados

por las falsedades dominantes del presente, demasiado

acostumbrados a lo que por casualidad

está 'bien' o 'mal' en un momento dado, para

poder alcanzar la perspicaz imparcialidad de la

an literatura".

A veces, como excepción, negando la pre­

• eminencia en del gusto que muchos aducen como

razón y fundamento de toda antología, aceptamos

incluir aquello que nos disgusta, pero que

parece necesario para un determinado tipo de

lector que incluso podría no interesarnos salvo

por el juicio adverso que verterá sobre nosotros.

Tal fue el caso de Jorge Cuesta, en 1928, cuando

incluyó a Amado Ñervo en su Antología de la

poesía mexicana moderna, a quien calificó de un

modo devastador:

"Fue Ñervo una víctima de la sinceridad; no

sin ironía puede pensarse que éste fue su heroísmo.

Nadie mejor que él puede servir de pretexto

para meditar sobre esa antítesis que se ha hecho

de la vida y el arte. Para quienes predican su

deshumanización 'y que rompa las amarras que

a la vida lo sujetan', el ejemplo de este poeta

es un argumento valioso: el hombre, allí, acabó

P por destruir al artista".

Cuando lo desaprobaron por haber dicho

e esto, Jorge Cuesta dijo aun más. En una carta

de respuesta a su cuestionador Manuel Horta

enfatizó: "Encuentro que tanto Amado Ñervo y

IISLIOTia DE MÉXICO

Rafael López, que figuran en la antología, como

Manuel Gutiérrez Nájera y José de I Núñez y

Domínguez que no figuran en ella, me parecen

detestables poetas", y acto seguido, con magistral

retórica, procedió a argumentar su compromiso

con el interés y no tanto con el gusto.

Así, al insistir en su apreciación sobre Gutiérrez

Nájera y Ñervo, remató con otra frase de desprecio:

"Aquél no vive para mi, no atrae mi interés,

y éste apenas cuando me esfuerzo y me

violento. Y como siempre me parece un poeta

inevitablemente mediocre, no debo de atribuir

mi elección a la manifestación de mi gusto, sino,

como también muy acertadamente se sospecha,

a la conservación de mi interés."

A diferencia de Cuesta, otros argumentan lo

contrario, y señalan que como se trata de sus antologías

ellos están en todo el derecho de que

antes que a ninguno sea a ellos a quienes les

guste leerla. Por lo tanto, no incluyen nada que

no sea el fruto de su gusto individual y soberano,

y el que quiera otra antología que vaya y la

haga y que si puede también la publique, pero

que ésta es la suya y nada más, que quede bien

claro. Caso extraño de conclusión si consideramos

que no se están refiriendo a su original o

a su copia mecanográfica sino a la edición de

al menos un millar de ejemplares más sobrantes

para reposición.

He aquí algunos de los tropiezos y los dilemas

de esta tarea. Y he aquí algunas de las soluciones

que han encontrado los antólogos. Otra

reflexión sería plantear, a manera de cuestionamiento,

qué es lo antológico y qué lo antologable,

porque el problema parece radicar en estos dos

puntos donde muy pocos se ponen de acuerdo.

II

Hemos visto, y la historia se repite cada día, que

entre todas las posibilidades del antologo para

reahzar su tarea hay dos posturas muy frecuentes:

la primera, cada vez más desprestigiada, es

darle un poco de razón al gusto popular; la segunda,

cada vez más empleada, es negarle toda

verdad a ese gusto colectivo y concederle la total

autoridad al gusto único y personal, por arbitr^

rio, limitado o prejuiciado que sea.

En los últimos años, y sobre todo a partir de

la segunda mitad de este siglo, la autoridad del

gusto personal (que a veces se pretende justi|

ficar como objetividad científica) es la actitua


más común de los antólogos. Se

desdeñan así las preferencias populares

con el argumento de que

no todo lo que le gusta a mucha

gente debe ser necesariamente

bueno y que, en muchos casos,

no sólo no es bueno sino inclusive

pésimo.

Entre estas posturas encontradas

de los antólogos, podria

darse un término medio de equilibrar

la apreciación estética lo

más objetivamente posible y la

preferencia histórica o de época

que determina muchas veces que

un texto permanezca vivo pese al

tiempo transcurrido. Este tipo de eclecticismo

puede ser visto como un signo de pusilanimidad

del antólogo, sobre todo por aquellos que consideran

lo antologable como un deber egoísta de

la soberanía personal.

La libertad del antólogo por excelencia, que

está pensando en los textos que le gustan y en

los que cree por encima de todo, supone, en ese

arranque de severo optimismo que habrá al menos,

en una población de millones, tres millares

o acaso cinco, de lectores parecidos a él, que

estarán encantados de encontrar una antología

como a cada uno de ellos les hubiera gustado

hacerla, o leerla.

Caso contrario el del antólogo ecléctico, pues

piensa, con cierto pesimismo y no sin algo de

razón, que no pueden ser tantos los lectores con

similar arbitrio y que, por tanto, habrá que conciliar

entre lo "objetivo" y lo "popular" para que

una antología responda verdaderamente a lo

que buscan diversos lectores que, sin embargo,

esperan encontrar en una antología las páginas

(no siempre las mismas para todos) que quisieran

releer.

A veces, en el colmo de nuestro optimismo

individualista, justificamos nuestras inclusiones

y les llamamos, pomposamente, apuestas. Se trata

de textos que no son ni apreciados por la multitud

ni prestigíados por la élite, pero que nos

encantan a nosotros que somos los antologadores.

Hay que preguntarnos cuántas antologías,

a lo largo del tiempo, han conseguido hacer

fructificar sus "apuestas". A veces se convierte

en l1n experimento descorazonador revisar diversas

antologías donde aparecen nombres de

60

818l10TECA OE MÉXICO

autores de los que ya nadie se

acuerda, con textos que ya nadie

lee y que probablemente sólo

leyó con entusiasmo, en su momento,

el antologador que por

ellos "apostó" .

¿Quién cree hoy realmente

que Las cíen mejores poesías líricas

de la lengua castellana, que canonizó,

en su tiempo, don Marcelino

Menéndez y Pelayo (1856-1912),

son en efecto las cien mejores? De

esas cien piezas elegídas por "el

mejor critico e historiador de la

literatura que produjo España en

el siglo XIX" (según el Diccionario

Oxford de la literatura española), ¿cuántas han sobrevivido

siquiera? ¿De veras se podía creer que

Federico Balart, Manuel del Palacio, Pablo Piferrer,

Vicente W. Querol, Ventura Ruiz Aguilera,

Eulogio Florentino Sanz, José Selgas y Gabriel

García Tassara, por sólo mencionar a algunos

ahí incluidos, habria escrito, cada quien, al menos

una de las cien mejores poesías líricas de la

lengua castellana? Si don Marcelino Menéndez

y Pelayo lo creyó realmente al llevar a cabo su

crestomatía, el tiempo terminó por derrotarlo,

precisamente por culpa de sus contemporáneos,

porque, por el contrario, y como era de esperarse,

no fue víctima de la equivocación (¡cómo

podía serlo!) con autores como Gutierre de Cetina,

San Juan de la Cruz, Andrés Femández

de Andrada, Luis de Góngora, Jorge Manrique,

Francisco de Quevedo, Garcilaso de la Vega y

Lope de Vega.

Ciertamente, le tuvo temor a la historia y, para

protegerse - y para no comprometerse tambiénexcluyó

de modo deliberado a los autores vivos,

y hasta se disculpó un tanto por la parte del gusto

individual que había puesto en su tarea. Para

compensar ese sentimiento de culpa, explicó que

había procurado "no omitir ninguna de las poesías

ya consagradas por la universal admiración,

ni dar entrada a ninguna que no tenga a nuestros

ojos mérito positivo, aunque no siempre llegue a

la absoluta perfección formal".

Que en su oficio de antólogo don Marcelino

temió el juicio de la historia, lo prueba el hecho

de que, por si las dudas, se curó en salud:

"Nuestra tarea era relativamente fácil tratándose

del siglo XVIII, el más prosaico de nuestra his-


tona literaria; pero se tornaba dificilísima

respecto de la opulenta

producción poética del siglo XIX,

que sin ser superior a la antigua,

como lo ha sido en Francia y en

otras partes, ha continuado con

nuevo espíritu la tradición de las

formas líricas, las ha remozado a

veces merced al impulso genial de

los poetas y al contacto con extrañas

literaturas y ofrece buen nú- y.

mero de obras ya sancionadas por

el común aplauso. En esta parte

más que en ninguna solicitamos y

esperamos indulgencia."

Y es aquí donde surgen las preguntas

obligadas: los contemporáneos de don

Marcelino, ¿en verdad fueron y eran importantes?,

¿objetivamente eran buenos?, ¿o sólo

eran quizá los que impusieron, en ese tiempo,

su prestigio doméstico? Aun suprimiendo las

suspicacias, a no pocos lectores les quedará

la certeza extemporánea de que, bien mirado,

don Marcelino, que no era poeta, tenía más

bien pésimos gustos, como muy charros nos

parecen hoy los gustos de la mayor parte de los

antólogos que plantearon su crestomatía como

si nunca se hubiese hecho una en el mundo y

ellos estuvieran fundando la Villa Rica de la

Antología.

Lo que la gente suele olvidar, con mucha facilidad,

es que entre todas las cosas no hay peor

gusto que el gusto mismo: un gusto que se modifica,

a veces de la noche a la mañana, o que

cambia radicalmente de un año a otro o de una

época a otra, influyendo en ello las experiencias,

las lecturas, los prejuicios, las simpatías y las antipatías

o cualquier otra disposición o indisposición

de ánimo que hace que los antologadores

de entonces, ya no sean los mismos mañana.

El gusto popular, ciertamente, también se

modifica y cambia de manera drástica, pero no

hay duda que tiene un mayor margen de permanencia.

En este punto es justo concederle la

razón a Jorge Ibargüengoitia cuando dijo: "Ningún

hbro ha llegado a ser famoso por aburrido.

Todos los libros 'consagrados' tuvieron un momento

o muchos en que resultaron fascinantes

para muchas personas".

Si el famoso "Nocturno", de Manuel Acuña,

conocido popularmente (por su dedicatoria)

asamblea

de poetas jóoenes

y^^-^ de méxíco

pReser>tación de

gabRiel zaió

61

!l!UOTECADEMÍl(ia

como el "Nocmrno a Rosario",

fuese hoy impopular es bastante

probable que ya no figurase en

e antología alguna si ésta dependiera

de las nuevas generaciones de

antólogos que, con frecuencia, no

sólo no reparan en el valor lírico

de Acuña sino que incluso lo desdeñan,

del mismo modo que desdeñan

a Ñervo, por popular, a Díaz

Mirón, por popular, a Jaime Sabines,

por popular, etcétera, y encumbran

a algunos impopulares (por

desconocidos y no leídos) que ellos

creen que son magníficos, amparados

en el principio fundamental

de que no son populares y que, por ello mismo,

deben ser seguramente mejores. (Por lo general,

el hecho de que sean mejores radica en el único

e incontrovertible argumento de que son, ni más

ni menos, sus amigos.)

¿Qué es lo antológico y qué lo antologable?

En el universo de las antologías y de los antólogos

aún no hay acuerdo en estos dos conceptos

y es muy probable que nimca lo haya. Porque

cada antología pretende erigirse como una piedra

de verdad y como una roca de salvación en

medio de las aguas agitadas de la confusión y

la torpeza, y porque cada antología cree salvar

para el mundo aquellas páginas que, supuestamente,

no deberían extraviarse o perderse entre

la inadvertencia de quienes no han sabido mirar

ni mucho menos leer.

Por todo eUo, la respuesta a qué es lo antológico

y qué lo antologable tal vez debería considerar,

antes que a nadie, a los lectores; pues si no es

para ellos que se hacen las antologías, ¿entonces

para quién?

Imponerse el deber de ser moderno, dijo Borges,

es una obligación del todo superflua: "Ser moderno

es ser contemporáneo, ser actual; todos

fatalmente lo somos". Del mismo modo, por

fatalidad, nadie escapa a ser nacional. Al igual

que Borges fue argentino sin él proponérselo, de

esta misma manera los poetas mexicanos fueron

y son nacionales con o sin su propósito.

Una forma posible de la antología, que no

deja de ser discutible, es proponer, desde el prólogo

mismo, y con el carácter temático de los


textos incluidos, una historia social de la poesía,

en lugar de ofrecer al lector una imagen literaria,

eminentemente lírica, marginalmente política,

donde lo que prevalezca sea la poesía misma

y no su contexto.

En la antología que privilegia la historia social,

los autores y los textos se explican desde

una perspectiva de política y de historia (como

si el hecho poético estuviera supeditado al hecho

social) en vez de presentarse, antes que nada,

como un ejercicio gozoso de lectura. En la poesía

mexicana, este criterio ha sido muy concurrido

y estimado lo mismo para el siglo XIX -donde el

elemento social y político está

más estrechamente vinculado

a la creación literaria- que para

el siglo xx, pese a la intención

muy concreta de algunos poetas

principales de huir del tema

social declarado y enfático.

Esto en lo que respecta a lo

nacional, pero por lo demás,

del mismo modo que los poetas

mexicanos del siglo XIX fueron,

fatalmente, mexicanos, de ese

mismo modo ineludible fueron

también modernos. Entre el ser

contemporáneo de los poetas del

siglo XX y el ser contemporáneo

de los poetas del XIX no existe mucha diferencia.

Los hombres de la Edad Media, se ha dicho, jamás

supieron que vivían una Edad Media. Igual

los mexicanos del XIX: ignoraron que vivían una

etapa de transición hacia "la modernidad nacional",

y no hubiesen creído ser menos "actuales"

que quienes los "levarlan en el siglo XX.

Muy pronto, a la vuelta de unos años, las generaciones

adultas serán consideradas por las

más jóvenes como del siglo pasado, y muy pronto

el siglo XX se convertirá (con todas sus candorosas

supersticiones milenaristas incluidas) en la

"época superada"; los nuevos "decimonónicos"

(si es posible decirlo así, alterando lo temporal,

nada más para poner el acento en la carga estigmática

del concepto) serán entonces los del

siglo XX y la modernidad (digital o no) será propiedad

de los del siglo XXI. No deja de ser una

ingenuidad pensar que somos mejores porque

vivimos en un tiempo diferente, con "su progreso

renombrado", diría desde hace muchos años

Luis Cemuda. En esencia somos los mismos, y

cada generación, con feliz inadvertencia, se afana

(y se ufana) en cavar la tumba de sus padres

como si estuviera fundando la historia y, gracias

a ella, fuera a vivir por siempre.

Al revisar atentamente la historia escrita de

la poesía mexicana, con frecuencia nos topamos

con una especie de desdén, implícito o explícito,

por la obra producida en el siglo XIX. Da la

impresión de que algunos están convencidos de

que la "mejor" poesía mexicana nace en el '-siglo

XX merced a la Revolución y al Progreso. El

abuso en el concepto de "modernidad", por lo

demás ambiguo, acaba por definir la imposición

nacionalista de un país que celebra

haber salido del atraso y

que luego institucionaliza su

Revolución con el discurso del

"progreso" y pretende incluir

en ella a la poesía misma, aunque

López Velarde siguiera

contemplando con arrobo el

pasado y lamentándose por el

"edén subvertido". Ni la poesía

del siglo XX es mejor que

la del XIX, ni aquélla ha sido

juzgada aún por el siglo XXI

que, previsiblemente, también,

en un discurso lineal y "ascendente"

de progreso, se apropiará

de la "modernidad" y de la "actualidad"

y verá, si acaso con indulgencia, el pasado y sus

vanguardias que tan decisivas nos parecieron a

nosotros y que, con un abuso de la interpretación

histórica, sólo serán entonces antiguallas.

En realidad, los poetas del siglo XIX mexicano

no fueron menos modernos ni menos actuales

que los del XX. SUS vanguardias (el romanticismo,

el modernismo, el antimodernismo) no

fueron menos vanguardistas que las del siglo

que está por terminar (el surrealismo, el intelectualismo,

el coloquialismo y todas esas rupturas

de la tradición a las que constantemente se refirió

Octavio Paz). En el abuso de su discurso casi

antiestético, la historia social de la litelatu:ra

mexicana llega a creer, no sin ingenuidad, que,

en el siglo XIX, los neoclásicos y los académicos

eran menos mexicanos que los románticos,

pues éstos pugnaron por el nacionalismo y por

la independencia cultural respecto de Bspaitl.¡

mientras que los otros segufan cultivaDc10

f011DaS, apegados (yapapdos), por'.CQllíOCUllIIII


al dominio español; pero lo cierto es que no tenían

por qué entender, en su calidad de poetas,

otra forma de ser mexicanos. Eran novohispanos

bajo un concepto político y geográfico, y no

tanto como una definición del espíritu; por ello,

la mejor poesía de ese tiempo no es nada más

un simple testimonio de la época: todavía se

puede leer y disfrutar pese a los años que sobre

ella han pasado.

Si Martínez de Navarrete y Sánchez de Tagle

eran imitadores de una estética, no menos imitadores

de otra eran Quintana Roo, Fernando Calderón

y Rodríguez Galván. La poesía y, en general,

la literatura, se alimenta de

influencias propias y ajenas y si el

modernismo rompió con España

y puso los ojos en Francia -igual

que lo haría, muchos años después,

la generación vigesimonónica

de "Contemporáneos"-, en el

caso de poetas posteríores, como

Octavio Paz, su búsqueda está lo

mismo en Francia que en otros

países europeos (incluido España)

pero también en los Estados

Unidos y en otras tradiciones sin

que por ello sean menos nacionales

ni más audaces. La poesía no

es una cuestión de llegar primero,

y ni siquiera de llegar a ninguna parte que no sea

el poema mismo.

En una propuesta de lectura, que esto debería

ser toda antología, la poesía del XIX tiene

momentos tan luminosos como la del xx, y ni

siquiera es seguro que algunos prestigiados autores

de hoy lleguen, mañana, a tener el peso

poético de, por ejemplo, un Manuel M . Flores,

un Manuel José Othón, o un José Juan Tablada,

con todo y heráldica incluida, con todo y

premios nacionales e internacionales, con todo

y los prestigios que pueden ser tan efímeros de

un siglo a otro. Falta el juicio del tiempo y la

valoración continua de los lectores. No hay que

creer demasiado en lo que nos dicen que debemos

encontrar cuando leemos poesía; hay que creer,

sobre todo, en lo que cada uno de nosotros encuentra

cuando verdaderamente la leemos. (Con

frecuencia, la tiranía de los prestigios y el temor

al ridículo impiden a los lectores exteriorizar

la certeza de que el rey va desnudo cuando, en

efecto, no va vestido.)

63

818l10mA o¡ MfXICO

Para entender el contexto (y nada más el

contexto) en el que se desarrolla la poesía mexicana

decimonónica, bien vale tener en cuenta

lo que explica José Emilio Pacheco en el prólogo

de su antología de la poesía mexicana del

XIX: "con fray Manuel de Navarrete acaba la

literatura de la Nueva España sin que comience

aún la poesía mexicana". Más aún: "Entre

los últimos poetas novo hispanos sólo Andrés

Quintana Roo cruza las líneas y se afilia a la

causa de Morelos que pugna por la igualdad racial,

la abolición de privilegios y la restitución

de tierras a los indios. Lizardi permanece en territorio

realista aunque contribuye,

dentro de sus limitaciones, a

la empresa insurgente. La poesía

no muestra nada que iguale a El

Periquillo Sarniento, libro fundador

de la novela mexicana aun

antes de que exista la nación".

Como explicación del contexto

en el que se crea la poesía

del XIX, la valoración de Pacheco

es del todo justa; lo demás es

no perder de vista que la poesía,

como tal, se deslinda de la historia

y permanece o perece por sus

propios valores, por la supervivencia

o la caducidad de sus formas

y por la eficacia de sus medios para transmitir

y comunicar emociones que también son

verdades. Así, por ejemplo, cada día que pase,

El Periquillo Sarniento deberá enfrentar su sobrevivencia

más como producto literario que como

testimonio histórico, y si no lo consigue, entonces

su valor será de otro tipo.

"En 1821 -advierte Pacheco- nuestra lírica

padece una miseria en que tampoco tuvo parte.

Porque todo se le dio hecho, hasta la blanda

esterilidad o la exhortación engolada del

neoclasicismo. A partir de entonces la idea de

encontrar la independencia cultural obsesionará

a los escritores ... Según el sitio que ocUpen en la

organización social, los poetas sustentarán las

ideas del liberalismo o del Partido Conservador,

serán románticos o académicos. Hay intercambios

y contaminaciones pero nadie permanece

al margen. Por eso la mejor literatura mexicana

anterior al modernismo resulta casi siempre la

que no es en primera instancia literatura: el periodismo

y la historiografía."


Si con esta visión de continuidad antagónica

el romanticismo de Ignacio Manuel Altamirano

se esfuerza por fundar la verdadera literatura

nacional, y si Gutiérrez Nájera y Nervo y

Tablada y Rafael López y Rebolledo se revelan

contra 10 autóctono desde su afrancesamiento

modernista, entonces se comprueba la tesis

tan famosa de Octavio Paz respecto de la tradición

de la ruptura y las rupturas de la tradición.

Sin embargo, no hay que perder de vista

que el desarrollo de la poesía mexicana, como

el desarrollo de toda literatura, no es líneal sino

de sobresaltos, contradicciones y coincidencias

(ideológicas y estéticas) que complementan una

imagen cuyo rostro más fiel será el de sus logros

artísticos y no tanto el de sus propósitos políticos.

En este sentido, Altamirano no pertenece

más a la literatura nacional que Tablada. Es el

tiempo que pasa sobre una obra, y nuestra visión

extemporánea que sobre ella tenemos, 10

que nos hace pensar, a veces con demasiada insistencia,

que 10 decisivo de sus "revoluciones"

fue el propósito y no el producto. A final de

cuentas, el único valor de la literatura y, particUlarmente

de la poesía, es lo que permanece

por sus méritos artísticos inobjetables, y no lo

que nos queda (memoria, anecdotario, chisme,

documento) por sus rivalidades, sus manifiestos

y sus proclamas.

La transición del XIX al XX ha sido vista

por Carlos Monsiváis encarnada en la figura

de Ramón López Velarde: "con él se consuma

significativamente la agonía de algo que podría

denominarse el 'siglo XIX mexicano', cuyo sentimentalismo

se ve expresado en formas que al

serles hostiles o ajenas lo desconocen y niegan."

Vendrían después Alfonso Reyes y el ateneísmo.

Por lo que respecta al anecdotario de las rivalidades,

José Emilio Pacheco y Gabriel Zaid han

documentado la animadversión mutua entre López

Velarde y Reyes: el primero prefiere al segundo

"fuera de la lírica" y éste lo satiriza

en una fantasía calificándolo como "poeta

de campanario". Mas para los fines de la

poesía, son tan válidos los enemigos como

los compañeros de viaje, de grupo, de generación.

Con esta imagen, donde 10 que

importa es la literatura, los Contemporáneos,

con Villaurrutia, Cuesta,

Gorostiza, Novo y los demás, reivindi-

64

ilillomA o¡ MÉXICO

carán lo mismo a López Velarde que a Reyes y

a su vez serán atacados por los nacionalistas a

ultranza bajo la acusación de ser unos descastados

por preferir a Stendhal y no a Federico

Gamboa; esos mismos nacionalistas trasnochados

serán los que pretenderán descalificar a

Reyes menoscabándole su mexicanismo por el

grave pecado de abrevar en 10 universal.

Vendrá después la generación de Taller (con

Octavio Paz a la cabeza) que reivindicará a los

Contemporáneos del mismo modo que las otras

generaciones que estimarán unas veces y negarán

otras a Octavio Paz, hasta llegar a nuestros

días cuando nacionalidad y nacionalismo no significan

10 mismo que en las primeras décadas

del siglo XX ni mucho menos lo que significó (y

por lo que tanto se peleó al grado de enfrentar

a los poetas) en el siglo XIX. Hay batallas que

ya no tienen que librarse y que incluso pelearlas

constituye una beligerante ridiculez. Hoy priva

el escepticismo (a despecho del "México, creo

en ti") respecto de la virtud del que se siente ufano

de ser meXicano y además, no conforme con

ello, lo publica.

Todo esto es anecdótico y puede constituir el

discurso de una historia social de la literatura

mexicana. Lo cierto es que, para los fines del

arte, lo que permanece y 10 que verdaderamente

importa es la poesía, más allá de sus pugnas

y sus contextos. Lo cierto es que finalizando el

siglo xx, permanece una desazón muy parecida

a la que fue consustancial a nuestros antepasados:

las novísimas generaciones desconfian

profundamente de las anteriores y prácticamente

no leen a los poetas muy anteriores,

ocupados como están en creer que las nuevas

tecnologías y la era digital del siglo XXI superarán

toda expectativa y enterrarán, de una vez

y para siempre, la anticuada visión de las letras

nacionales.

La ingenuidad a la que se refería Borges sigue

cobrando sus víctimas propiciatorias en espera

de que, ineludiblemente, vengan los otros,

los que aún no han nacido, a negar a sus

antecesores en un continuo ejercicio intelectual

del desprecio. Todos se imponen el estéril

deber de ser modernos, sin querer

darse cuenta de que, irremisiblemente,

son modernos, como 10 fueron los

del XIX y los del xx, y como lo serán,

en su cumplido tiempo, los del XXI.


REVISTADELA

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Contra el olvido

Sobre Julieta Campos

Denise Dresser

Sealtiel Alatriste

Sobre Elsa Cecilia Frost

Adolfo Castañón

Mauricio Beuchot •' -"


EL RUGIDO DE LOS LEONES, EL

AULLIDO DE LOS LOBOS, LA CO-

LERA DEL MAR TEMPESTUOSO Y

LA ES PADA DESTRUCTORA SON

PORCIONES DE ETERNIDAD DE-

MASIADO GRANDES PARA EL

OJO DEL HOMBRE.

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