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Untitled - Arlette Geneve

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EL CENTINELA<br />

A R L E T T E G E N E V E<br />

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PRIMERA PARTE<br />

ASLHEM EL CENTINELA


«1. Cuando la humanidad comenzó a<br />

multiplicarse sobre la haz de la tierra y les<br />

nacieron hijas,<br />

2. vieron los hijos de Dios que las hijas de<br />

los hombres les venían bien, y tomaron por<br />

mujeres a las que preferían de entre todas<br />

ellas.<br />

3. Entonces dijo Yahveh: "No permanecerá<br />

para siempre mi espíritu en el hombre,<br />

porque no es más que carne; que sus días<br />

sean ciento veinte años."<br />

4. Los nefilim existían en la tierra por aquel<br />

entonces (y también después), cuando los<br />

hijos de Dios se unían a las hijas de los<br />

hombres y ellas les daban hijos: estos<br />

fueron los héroes de la antigüedad,<br />

hombres famosos.<br />

5. Viendo Yahveh que la maldad del<br />

hombre cundía en la tierra, y que todos los<br />

pensamientos que ideaba su corazón eran<br />

puro mal de continuo,<br />

6. le pesó a Yahveh de haber hecho al<br />

hombre en la tierra, y se indignó en su<br />

corazón. »<br />

Génesis capítulo 6 versículos 1-7


Campos de Dimashq 1 1100 a.C.<br />

El centinela<br />

La preciosa muchacha, con el brillo de la niñez aún en sus pupilas, alzó<br />

el rostro hacia el cielo con un placer inusitado. Tenía los pies descalzos y<br />

metidos en el estrecho riachuelo que discurría alborotado a las afueras de<br />

la aldea. Sentía el agua deslizarse por sus dedos, limpia y fresca, mientras<br />

escuchaba el trinar de los pájaros en la quietud de la tarde. A sus labios<br />

de cereza asomó una sonrisa de auténtica dicha. Le gustaba el silencio; la<br />

paz que se respiraba en esa orilla apartada, lejos de las casas y del<br />

bullicio.<br />

Su perrita husmeaba en el aire como si buscara un olor<br />

determinado, Maelka la miró con ojos brillantes.<br />

––¡Está fría!–– Dijo completamente arrobada.<br />

––Por tu expresión, diría que te gusta–– los ojos juveniles se<br />

fijaron en un punto por encima de su hombro, y sonrió. Su amigo<br />

acababa de llegar a la cita con la prontitud que lo caracterizaba. Esos<br />

momentos eran los más preciados del día para ella.<br />

––Deberíais de probarlo, es muy refrescante. Estoy convencida de<br />

que disfrutaríais mucho.<br />

––Disfruto viéndote–– la respuesta era la esperada.<br />

––¡Ah! Pero no es lo mismo–– le dijo ella con un guiñó.<br />

––Sé lo que pasa por tu mente cuando el agua se desliza por tus<br />

pies–– Maelka lo miró con atención, al mismo tiempo que entrecerraba<br />

sus bellos ojos, ojos almendrados, y de una tonalidad castaña oscuro.<br />

Pestañeó como si lanzase un reto.<br />

––Es una sensación reconfortante ¿verdad?<br />

––El calor y el cansancio que sentía por el paseo, se han desvanecido por<br />

completo. Ahora siento las piernas relajadas hasta el punto que mi<br />

respiración se ha vuelto pausada.<br />

1 Campos de Damasco<br />

!


"#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

Calló un momento antes de continuar.<br />

––Es como si la humedad del agua fría barriese el malestar que<br />

acumulamos a lo largo del día. ¿Podéis comprenderlo?<br />

––Humedad–– el amigo repitió la frase como si la paladeara entre<br />

sus labios.<br />

Maelka le sonrió con afecto.<br />

––Se parece a pisar la hierba mojada, o como tocar la humedad de<br />

las flores, cuando sus pétalos de terciopelo están cuajados por el rocío de<br />

la noche.<br />

––Rocío de la noche–– la voz volvió a repetir la frase de ella. ––<br />

Hablas de una forma encantadora–– le dijo él.<br />

––Parecéis algo distraído–– Maelka suspiró. –– Lamento que no<br />

podáis bañaros en el río–– con sus palabras trataba de mostrarse<br />

solidaria.<br />

––Me conformo con ver cómo disfrutas del agua.<br />

––Pero no es lo mismo–– le replicó ella.<br />

––Hace una tarde muy bonita–– le dijo él como para cambiar de<br />

conversación. Maelka amplió la sonrisa de sus labios en un gesto<br />

encantador–– tu compañía lo hace todo mucho más hermoso.<br />

El cumplido había sido especial y así se lo tomó ella.<br />

––Vuestra presencia lo hace todo único e irrepetible–– Maelka<br />

cerró los ojos un instante para que él no viese el brillo compasivo que<br />

había acudido a ellos. ––Si pudiese, me cambiaría por vos, lo sabéis–– le<br />

dijo de sopetón y en un tono completamente sincero.<br />

––Lo sé, y eso te hace más singular todavía–– ella frunció el ceño<br />

durante un instante meditando las palabras de él. ––Tu empatía le da un<br />

sentido nuevo a la palabra amistad.<br />

Maelka pensó en lo mucho que le gustaba oír su timbre de voz,<br />

sus pausas elegidas, y sus suspiros enigmáticos.<br />

––Sois mi amigo, y los amigos se ayudan.<br />

––No tengo la menor duda sobre tu lealtad–– alegó él.<br />

Durante unos breves segundos, el silencio hizo su presencia entre<br />

los dos.<br />

––¿Sois feliz?–– Le preguntó Maelka algo preocupada. –– A<br />

veces observo tristeza en vuestros ojos. Debe de resultar muy duro haber<br />

perdido a los seres queridos–– él tardó un instante en responderle. Fijó


El centinela<br />

sus pupilas oscuras en el bello rostro de ella, la muchacha era tan<br />

hermosa que quitaba el aliento, tan cándida e inocente que el deseo de<br />

protección hacia ella se volvía insoportable.<br />

––No los he perdido, están separados de mí, aunque conservo<br />

recuerdos en mi memoria para evocarlos. Me ayuda a superar la<br />

melancolía que siento por la distancia.<br />

Maelka trató de imaginar cómo sería su vida alejada de su padre y<br />

familia.<br />

––Yo no podría vivir separada de mi familia…–– los ojos<br />

castaños se velaron durante un momento recordando. La imagen de su<br />

madre no estaba en su memoria, había muerto el mismo día de su<br />

nacimiento.<br />

––¿Vuelves a pensar en ella?–– la muchacha asintió con la<br />

cabeza.<br />

––Mi padre dice que fue una mujer muy hermosa–– le dijo en un<br />

susurro.<br />

––La más bella, como tú–– le respondió él con candidez.<br />

––Decís eso porque sois mi amigo.<br />

––Los amigos también suelen decir la verdad.<br />

––Y me hacéis reír, lográis con vuestras palabras animarme<br />

cuando estoy triste.<br />

––Tu tristeza me causa dolor–– le dijo él en respuesta.<br />

Maelka pensó que era muy afortunada porque tenía la amistad de<br />

una persona excepcional. Y lamentaba los comentarios tristes que habían<br />

ensombrecido un momento hermoso.<br />

––Como habéis mencionado antes, son recuerdos. Y están ahí, en<br />

nuestros corazones, para evocarlos aunque nos llenen de tristeza, pero<br />

hoy estoy disfrutando del agua.<br />

––Palabras muy sabias para alguien tan joven–– le comentó en un<br />

susurro.<br />

––Ya tengo dieseis primaveras–– le dijo con un tono de reproche<br />

ausente de crítica.<br />

La carcajada profunda resonó en el silencio de la tarde. Tras ella,<br />

los pájaros piaron y las flores se mecieron de forma acompasada, como si<br />

bailaran.<br />

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$$#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

––¡No os burléis de mí!–– protestó ella de forma enérgica pero<br />

con voz cariñosa.<br />

––Nunca lo haría–– los ojos de él brillaron.<br />

––Lo sé, estaba siendo ligera en palabras para escuchar el sonido<br />

de vuestra risa, otra vez.<br />

Hubo un momento de silencio pero que no resultó incómodo.<br />

Entre amigos verdaderos el silencio era una necesidad que se volvía<br />

esperanza.<br />

––Eres la única persona en el mundo que consigue hacerme reír.<br />

Por ese motivo me satisface venir a verte.<br />

––Y porque me queréis–– le dijo ella de forma impulsiva.<br />

Tras las palabras de Maelka ocurrió un silencio, solo<br />

interrumpido por un suspiro acervo que meció la tarde de melancolía.<br />

––Le das un significado especial a la palabra afecto, amiga mía.<br />

––Yo también os quiero. Porque sois el mejor amigo del mundo–<br />

– le correspondió con candidez.<br />

––¿Me quieres?–– la voz de él había temblado ligeramente. La<br />

muchacha ni podía llegar a sospechar lo que esas palabras significaban<br />

en su corazón atribulado.<br />

––Sois bueno conmigo–– dijo ella feliz–– me aconsejáis para que<br />

tome las decisiones correctas. Además, sois dulce con los animales y me<br />

habéis enseñado todo lo que sé sobre ellos.<br />

––Ha sido posible porque aprendes muy rápido.<br />

––Tenéis que seguir alentándome, a vuestro lado la pereza no<br />

tiene razón de ser.<br />

––Lo haces muy bien, aunque debes de mostrar un poco más de<br />

paciencia.<br />

––Shani sigue sin hacerme caso.<br />

Ambos amigos miraron a la perrita con atención.<br />

––Mira la postura de sus orejas, yo diría que está escuchando tu<br />

crítica sobre ella, y creo que no le gusta demasiado–– Shani husmeó en el<br />

aire mientras movía su cola de izquierda a derecha barriendo el polvo del<br />

camino.<br />

––¡Pero no me obedece! Hace siempre lo que le quiere–– la voz<br />

de la muchacha había sonado exasperante, como si la paciencia se le<br />

hubiese agotado.


El centinela<br />

––Eso es porque te muestras impaciente con ella–– Maelka<br />

meditó durante unos momentos las palabras de su amigo.<br />

––¿Cómo puedo mejorar?–– le preguntó a continuación.<br />

––Con dulzura e infinita paciencia–– le respondió él. Como para<br />

corroborar sus palabras, la perrita que se había mantenido en silencio,<br />

ladró varias veces.<br />

––Quiere meterse en el río–– afirmó ella como si la hubiese<br />

entendido.<br />

––¿Ves como no es difícil? Deja que se bañe, hace una tarde<br />

deliciosa.<br />

––Pero Lea se enfadará conmigo si Shani regresa a la casa<br />

mojada, o llena de barro.<br />

Siguió un silencio a las palabras de ella que ninguno de los dos<br />

interrumpió.<br />

––¿Vendréis esta noche?–– le preguntó con voz tímida pero<br />

decidida al fin.<br />

––Sabes que no me lo perdería. Me gusta oírte cantar.<br />

––Pero vos cantáis mejor que yo–– le respondió ella.<br />

––Eso es porque he practicado más.<br />

––Vuestra voz suena profunda, con un timbre armónico…., me<br />

gusta escucharos, cuando os oigo hacéis que olvides las pesadillas.<br />

––Cuando controles el miedo, las pesadillas cesarán, serás la<br />

dueña de tus emociones.<br />

––A vuestro lado no tengo miedo. Hacéis que todo sea fácil.<br />

––Porque es fácil pequeña–– le respondió en un susurro apenas<br />

perceptible.<br />

Un momento después Shani comenzó a ladrar de nuevo, por el<br />

camino venía Mardok en busca de ella.<br />

–Maelka, ¡apresuraros!–– La muchacha contempló el avance de<br />

su primo mayor. Cuando el muchacho alcanzó el comienzo del puente<br />

suspendido sobre el río, ella le hizo un gesto de saludo con su mano.<br />

––Estaba refrescándome un momento–– le respondió Mardok.<br />

Maelka suspiró de forma larga y profunda. El tiempo había<br />

pasado muy rápido.<br />

––Se hace tarde y hay mucho que preparar–– respondió el joven<br />

apenas dos años mayor que ella. Cuando se cercioró de que ella lo había<br />

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<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

oído, se giró sobre sí mismo para emprender el camino de regreso,<br />

aunque no la esperó.<br />

Maelka se calzó las sandalias con cierto pesar.<br />

––Tengo que volver–– su tono había sonado desilusionado.<br />

––Te esperaré aquí…<br />

––¡Pero habéis dicho que iríais a verme!–– protestó ella con<br />

energía.<br />

––Mañana…, no me has dejado terminar–– ella rió de nuevo, con<br />

una risa cantarina y juvenil que tanto adoraba él.<br />

El aire olía a limpio, a blancas flores de almendro. A suspiros<br />

melados con esperanza.<br />

––¿Os gustan las bodas?–– Pero la pregunta de Maelka no obtuvo<br />

respuesta salvo silencio. ––Sí, os gustarían–– reafirmó.<br />

––¿Por qué crees que me gustarían?–– Preguntó él.<br />

––Porque en las bodas las personas se muestran felices, relajadas.<br />

––Tienes razón pequeña, estoy convencido de que me gustarían<br />

mucho.<br />

––Podéis venir–– le ofreció ella.<br />

––Pero no he sido invitado–– respondió él.<br />

Ella se quedó pensativa durante unos instantes.<br />

––Bueno, prometo que después del baile, saldré a conversar con<br />

vos.<br />

––Allí estaré.<br />

––¿Lo prometéis?<br />

––Con mi corazón–– a Maelka pareció gustarle la respuesta de él<br />

porque se colocó la palma de su mano junto a su pecho y se dio dos<br />

palmaditas, a continuación se la pasó por los labios y le lanzó un beso. Él<br />

hizo como si lo atrapara y lo guardara entre sus manos.<br />

La encantadora muchacha emprendió el camino hacia su hogar<br />

tarareando una melodía dulce, él bajó sus ojos hacia el camino<br />

pedregoso. Sabía que había llegado el momento de la verdad, el instante<br />

que temía en su conocimiento pero que ansiaba con todo su ser. Iba a<br />

actuar de forma contraria a todo lo que le habían enseñado, pero no había<br />

vuelta atrás.<br />

Había entregado su corazón, sus sentimientos, y debía actuar en<br />

consecuencia.


El centinela<br />

Iba a perder todo lo que conocía y a obtener todo lo que deseaba,<br />

aunque por tiempo limitado, pero el amor que crecía y rebosaba desde lo<br />

más profundo de su corazón, no tenía freno, seguía aumentando a pesar<br />

de que sus dudas crecían. Y tenía que dar el paso.<br />

Detuvo el tiempo, y silenció los pájaros. Ordenó a la brisa que<br />

contuviera su movimiento y el mar su rugido, alzó sus azules ojos al cielo<br />

y estalló en lágrimas.<br />

Dentro de las cuatro paredes oscuras se podía oler el sudor y la sangre,<br />

pero los dos amigos que estaban frente a frente no parecían percatarse<br />

de ello. Se sostenían la mirada con determinación, uno de ellos, con<br />

extrema cautela, el otro, con inusitada superioridad. El silencio quedaba<br />

roto por los suspiros entrecortados que emitían sus bocas crispadas,<br />

parecía como si aumentase la sensación de calor de la estancia con la<br />

tensión de sus músculos. Con el brillo caliente de sus pupilas. Un grito<br />

de mujer rasgó el silencio que quedó impregnado de dolor; de<br />

sufrimiento extremo, pero ninguno de los dos varió la posición de su<br />

postura, ni la aparente calma que mostraban.<br />

––Esto no debía de haber ocurrido, tenías la obligación moral de<br />

evitarlo–– la voz profunda y grave de Reiyel, resonó entre los muros de<br />

piedra con una reverberación acuosa.<br />

––Es el resultado de amar profundamente. Ha sido mi decisión, y<br />

no me arrepiento.<br />

––Pero has perdido tu posición privilegiada ¿qué más deseas<br />

perder?–– Le recriminó con voz sapiente.<br />

––He ganado mucho más de lo que te imaginas–– la respuesta no<br />

era la esperada pero la aceptó.<br />

––¿Y a dónde te conducirá tu elección salvo al silencio eterno?––<br />

Volvió a preguntar con ojos llameando del afecto sincero que sentía por<br />

su amigo.<br />

––Puedo asegurarte que no me importa en absoluto.<br />

––Tengo que marcharme–– el anuncio había sonado contrito.<br />

Después de las palabras, el silencio se hizo pesado. Denso.<br />

$(<br />

14


$)<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

––Comprendo y lo acepto amigo mío–– la voz de Erikem había<br />

sonado contenida.<br />

––Como yo debo aceptar que hayas elegido un destino tan<br />

diferente al mío.<br />

––Siempre te recordaré con afecto, pero mi vida está allí, detrás<br />

de aquella puerta.<br />

Se sentía incapaz de comprender o valorar el sentimiento<br />

profundo que albergaba su amigo. ¿Podía una mujer cambiar el destino<br />

de un Ser por completo? ¿Hasta el punto de hacerle renunciar a todo?<br />

––La tendrás durante un corto periodo de tiempo, y luego ¿qué?<br />

Un suspiro quebró el silencio que pendía sobre ambos, como el<br />

filo de un péndulo vengativo.<br />

––Lo he meditado larga y profundamente; nada me hará cambiar<br />

de opinión.<br />

––¿Crees que una mujer merece la pena?–– Le preguntó con voz<br />

impaciente.<br />

Los ojos de Erikem brillaron con resolución.<br />

––Una mujer no, mi mujer se merece cualquier sacrificio, sea<br />

terrenal o divino.<br />

Reiyel parpadeó para ocultar la tristeza.<br />

––No podré mantener el contacto durante más tiempo.<br />

––Y no sabes cuánto voy a extrañar tus consejos acertados, pero<br />

estoy decidido, ahora más que nunca. Aunque ésta decisión me aparte de<br />

todos vosotros.<br />

Se escuchó otro grito desconsolado detrás de la gruesa puerta de<br />

madera.<br />

––Ella me necesita, debo ir a su lado.<br />

––Soy incapaz de comprenderte, de valorar tus decisiones,<br />

aunque respeto tu preocupación. ––Erikem le mostró el amago de una<br />

sonrisa.<br />

––¿Y sabes por qué motivo no puedes comprenderme?–– Siguió<br />

un silencio incómodo a la pregunta formulada. ––Porque no amas con la<br />

misma intensidad que yo.<br />

De nuevo parpadeó confuso.<br />

––¿Me acusas de ser incapaz de albergar sentimientos<br />

profundos?–– Erikem negó con la cabeza.


El centinela<br />

––Cuando tu corazón sufra un sobresalto en tu pecho cada vez<br />

que miras a la persona que adoras con toda tu alma, comprenderás mis<br />

palabras, y mi decisión.<br />

––Las comprendo–– respondió con una voz candente.<br />

––Pero no eres capaz de sentirlas, y ello amigo mío es una<br />

diferencia que marca tu postura y la mía.<br />

––¡Has roto todas las reglas!<br />

––Mi buen amigo, siempre tan correcto, tan disciplinado. El<br />

mejor hijo de todos.<br />

––La obediencia la llevamos grabada en nuestro ser intrínseco.<br />

Es algo innato en nosotros. ¿Por qué siento que tus palabras me<br />

acusan?<br />

––¡Libre albedrío! Capacidad de decidir, de actuar. He usado mi<br />

derecho a elegir de la forma que considero apropiada.<br />

––Hay decisiones que muestran un orgullo desmedido.<br />

––Mi decisión muestra un amor desmesurado, completo. ¿Acaso<br />

no puedes ver la diferencia? La amo tanto, y de tal manera, que soy<br />

incapaz de negarle su deseo más ferviente, aunque ella lo ignore–– un<br />

silencio gélido inundo la estancia durante unos momentos.<br />

––De ser ciertas tus palabras, has trasgredido todas las normas–<br />

– un nuevo grito, esta vez mucho más profundo, hizo que ambos dejaran<br />

de mirarse mutuamente para fijar la vista en la gruesa madera que<br />

mantenían cerrada.<br />

––Mi querido amigo Reiyel, una transgresión más, qué importa.<br />

Con esas palabras, su mejor amigo había hecho su elección dieciséis años<br />

atrás. Parecía que había pasado toda una eternidad, y él iba a tomar la<br />

suya en breve, pero el dolor por la traición que estaba a punto de<br />

cometer, le perforó el corazón como si se lo hubiesen atravesado con una<br />

daga al rojo vivo. Cerró los ojos con sumo respeto, unió sus manos en un<br />

acto de obediencia supremo, y comenzó las palabras que iban a definir su<br />

postura ahora y siempre:<br />

"Ha llegado el momento Padre, el instante que nunca creí como<br />

verdadero y posible, y contengo en el corazón dudas; vacilaciones e<br />

$*


$+#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

indecisión ante el camino que se abre ante mí, y que he escogido con<br />

libre albedrío. Lo juro.<br />

Me habéis enseñado a guiar mis actos hacia lo correcto, hacia<br />

lo que creo como ser independiente en pensamientos, y por ello conduzco<br />

mi voluntad, no sin cierto recelo, hacia lo que he meditado y decidido en<br />

estas horas aciagas. Negras de dolor. Ausentes de piedad, pero llenas de<br />

una esperanza fértil, y abonada con el amor más sublime y<br />

desinteresado.<br />

Perdonad que en esta resolución y firmeza, no haga vuestra<br />

voluntad sino la mía.<br />

Es una traición execrable, pero muy meditada en la angustia de<br />

mi exaltación emotiva, aunque comprendo que ninguna de las palabras<br />

que desgrano en mi defensa, serán suficientes para ahorraros el escarnio<br />

que voy a causaros con mis actos. Pero permitidme que me acerque a<br />

vuestro corazón desde la sinceridad de mi alma, que traté de que este<br />

adiós definitivo no os deje el alma llena de ingratitud hacia mis<br />

hermanos, inocentes de todo pensamiento desleal y profano. Leales<br />

servidores al único Creador Supremo y Maravilloso; mi Hacedor<br />

Amoroso y Compasivo.<br />

Soy el único culpable de la violación a la fidelidad y lealtad<br />

que os debo. Merezco vuestro desprecio sempiterno. Pero Padre,<br />

perdonadme y comprended que mi decisión no tiene vuelta atrás. Me<br />

quedo con la conciencia hecha pedazos, con el espíritu quebrantado ante<br />

la sentencia de mi postura, y me doblego en la más humilde de las<br />

súplicas para implorar vuestro perdón y empatía, en este destierro<br />

voluntario.<br />

Fui creado de forma diferente, con un propósito definido y alejado de<br />

lo que he escogido hoy, pero no puedo arrepentirme. He decidido perseguir una<br />

lejana esperanza, que quizás sea solo una utopía inalcanzable, pero es mi<br />

decisión libre y sin coacción.<br />

De nuevo Padre, perdonadme.<br />

En medio de su angustia emocional, Reiyel oró con más fervor e<br />

insistencia tratando de paliar la duda que lo sobrecogía. Había llegado el<br />

momento decisivo, y por esa razón se entregó a la súplica más<br />

encarnecida, al ruego más desesperado con una sinceridad que le dejaba<br />

los sentimientos expuestos a las tentaciones. Pero él sabía que no podía


El centinela<br />

suceder de otra manera. La relación de amor con su Padre nunca se había<br />

interrumpido hasta esa noche decisiva, pero allí, en el culmen de la<br />

angustia que lo embargaba, en Dimashq, la lucha se había convertido en<br />

un cuerpo a cuerpo que resultó extenuante. Como dos voluntades que se<br />

enfrentaban por un momento, la obediencia y el amor, para confluir<br />

luego en un abandono de aquiescencia.<br />

La tierra estaba todavía oscura; pero la luna esparcía su luz<br />

sobre los campos fértiles; el río callado y las montañas serenas. Bajó sus<br />

ojos hacia el camino, sin que las lágrimas dejaran de fluir sobre sus<br />

mejillas. Dolía intensamente causar una traición de tal magnitud hacia el<br />

Ser que se lo había dado todo, pero había entregado su corazón, y debía<br />

se consecuente con sus sentimientos.<br />

Ciudad de Dabir<br />

Los soldados comenzaron a oír el inquietante rumor que iban a ser<br />

masacrados, pero Erikem seguía avanzando con su ejército hacia el norte<br />

con paso firme. La campaña de invasión de la ciudad de Dabir, estaba<br />

dividida en tres etapas. La primera, el ejército de Erikem establecería un<br />

bastión en Guilgal, donde se prepararían para atacar la ciudad fortificada.<br />

La segunda fase consistiría en capturar las ciudades que se habían aliado<br />

con Dabir: Libna, Laquis, Eglón y Hebrón. Sin la protección de la ciudad<br />

principal, el resto de ciudades serían fáciles de conquistar. En la fase<br />

última, el ejército de Erikem, avanzaría hacia el norte para enfrentar a los<br />

habitantes de Jasor, la mayor ciudad que cobijaba a los inmundos.<br />

Aunque el enemigo contaba con numerosos carros de guerra y un ejército<br />

importante, la infantería de Erikem podría vencerlos en un ataque rápido<br />

en una zona fangosa y que conocían muy bien. Sus soldados estaban muy<br />

bien entrenados, y podía contar con el factor sorpresa. Cuando detuvo su<br />

ejército para acampar al amparo de las montañas, la sorpresa de ver a<br />

Reiyel lo dejó sobrecogido, era inaudito que su amigo del alma hubiese<br />

tomado una decisión tan importante y que marcaría la diferencia entre las<br />

victorias obtenidas sobre los inmundos.<br />

$!<br />

18


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<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

Siguió mirando con ojo crítico la ciudad amurallada, sopesando<br />

los inconvenientes de perder la batalla y la credibilidad. Sus<br />

consecuencias negativas serían nefastas para su reino, y su promesa de<br />

mantener el equilibrio.<br />

––Tus hombres necesitan confianza.<br />

Erikem se giró sobre sí mismo para clavar los ojos en su amigo.<br />

––¡Reiyel! ¿¡Qué has hecho!?–– la mirada de Erikem se tornó<br />

gris de tormenta.<br />

––Elegir mi querido amigo. ––El rostro masculino,<br />

perfectamente cincelado, mostró una mueca de pesar al escuchar sus<br />

palabras. ––Y ayudarte.<br />

––Puedo encargarme de esto solo–– le respondió conciso. ––<br />

Pero se bienvenido.<br />

Reiyel volvió su rostro hacia los comandantes de Erikem, Boraj<br />

y Nasdio, que esperaban sus órdenes para dividirse en dos grupos. El<br />

campamento había sido levantado prontamente sin pérdida de tiempo.<br />

––¿Qué piensas hacer?–– Le preguntó Reiyel sin dejar de mirar<br />

a Nasdio.<br />

––Boraj tomará dos mil hombres y esta noche se acercará lo<br />

máximo posible a los muros. Se ocultarán sin moverse.<br />

––Eso te dejará solamente con poco más de un centenar de<br />

soldados–– le respondió Reiyel.<br />

––Esa es precisamente mi estrategia. Lo que pretendo mañana<br />

cuando el sol esté alto en el cielo, es aproximarme hacia las puertas de<br />

entrada a la ciudad, cuando el rey de Dabir vea los pocos hombres con<br />

los que trato de enfrentarlo, saldrá para combatirme convencido que le<br />

ofreceré una victoria fácil. Fingiré que no he calculado bien mis<br />

posibilidades, y emprenderemos la huida campo a través. Obligaré al rey<br />

y a sus soldados a alejarse de Dabir. Nasdio aprovechará para dar la voz<br />

de alarma, y será la señal que Boraj necesite.<br />

––Puede dar resultado–– le dijo Reiyel con mirada pensativa.<br />

––Ahora que estás aquí, serás útil–– le dijo Erikem–– la puerta<br />

sur es tuya. Escoge a algunos escaladores y controla las calderas de<br />

aceite.<br />

Reiyel le hizo un gesto afirmativo con la cabeza. Se giró hacia<br />

el campamento, pero Erikem lo detuvo sujetando su brazo.


El centinela<br />

––¡Has sido un insensato!–– le recriminó con dureza. ––Eres el<br />

mejor, el más fiel, ¡no puedo comprender tu decisión!<br />

Reiyel soltó un suspiro acerbo, pero sin soltar la mano de su<br />

amigo de su brazo.<br />

––He usado mi derecho a elegir de la forma que considero<br />

apropiada.<br />

––¿Por qué?–– Le preguntó Erikem con el rostro atribulado.<br />

––Me dijiste que no podía amar con la misma intensidad que tú,<br />

pero te equivocaste.<br />

––Es por Maelka… ¡Mi hija no merece tu renuncia!<br />

Los ojos de Reiyel se clavaron en los de su amigo con una<br />

profunda determinación, y un destello de ira en sus pupilas.<br />

––Permite que sea yo quién juzgue eso. ––El silencio pendió<br />

entre los dos como el filo de una espada. ––Y ahora, dime los nombres<br />

de tus mejores escaladores.<br />

&%


SEGUNDA PARTE<br />

SATÍN LA LA CAZADORA


«Mas á los temerosos é incrédulos, á los<br />

abominables y homicidas,<br />

á los fornicarios y hechiceros,<br />

y á los idólatras, y á todos los mentirosos,<br />

su parte será en el lago ardiendo con fuego<br />

y azufre, que es la muerte segunda»<br />

Apocalipsis capítulo 21 versículos 8<br />

La Biblia Reina Valera


El centinela<br />

Me llamo Satín, y soy cazadora de inmundos, bestias que no<br />

poseen alma y que no sufren remordimientos. Se mueven dominados por<br />

un deseo primitivo y arrogante de dominación; son totalmente<br />

lujuriosos. Lascivos, con un apetito carnal voraz e insaciable. Pueblan<br />

nuestro mundo sin que nadie se percate de su existencia, caminan<br />

errantes junto a nosotros con voluntad férrea, se apropian de nuestras<br />

vidas sin que mostremos un ápice de resistencia a sus reclamos, de<br />

hacernos sus esclavos, y partícipes involuntarios de sus actos horrendos.<br />

Sus armas son de carácter mental. Su percepción<br />

extrasensorial se adueña de nuestros pensamientos para movernos bajo<br />

los hilos de su voluntad. Se muestran ante nuestros ojos como seres<br />

normales y bellos, pero poseen un interior podrido y deforme. Sólo unos<br />

pocos privilegiados podemos visualizar su naturaleza cruel.<br />

Pero no tengo miedo.<br />

Son incapaces de percibirme; me acerco hasta ellos para<br />

atraparlos en mis redes y asestarles el golpe que los quiebra y los<br />

devuelve al infierno de donde salieron.<br />

Bienvenidos a mi mundo, el de las bestias sin alma.<br />

&*


Barcelona, Barrio de la Mina<br />

CAPÍTULO I<br />

El centinela<br />

La bestia no se había dado cuenta de la presencia que se mantenía<br />

escondida en uno de los zaguanes de la calle oscura y húmeda. La tenue<br />

imagen de su sombra se distorsionaba frente a los coches estacionados,<br />

ocultando cualquier rastro de ella a los ojos inquisidores. A esa hora de la<br />

madrugada había poco tráfico de vehículos y de personas en las solitarias<br />

travesías del Barrio de la Mina. Una total oscuridad reinaba en el<br />

callejón. Con una mirada furtiva al reloj de su muñeca, se percató de que<br />

faltaban pocos minutos para las cuatro de la madrugada, el amanecer<br />

estaba cada vez más cerca y su tiempo más escaso. Se oyeron unos<br />

golpes sordos en la parte más oscura de la acera, como si unos gatos<br />

hubiesen rebuscado y volcado los cubos de basura, pero ella sabía que<br />

esos ruidos eran producidos por el maldito al que perseguía desde hacía<br />

semanas. El barrio barcelonés resultaba perfecto para mantenerse oculto<br />

y alejado de miradas atentas y curiosas. Satín sujetó la linterna en su<br />

puño con cuidado y en silencio para no atraer su atención sobre ella, y el<br />

lugar donde se mantenía hábilmente camuflada. Cuando rebasó el<br />

penúltimo portal en sombras contuvo el aliento y entrecerró los ojos,<br />

aguzó el oído, pero sólo llegó hasta ella el sonido de un perro aullando en<br />

una calle lejana, una brisa fría y húmeda comenzó a remolinear a su<br />

alrededor, pero el mono de cuero negro flexible la protegía del frío de la<br />

noche helada. Desplazó sus pies protegidos con botas tácticas militares<br />

con sumo cuidado, al mismo tiempo que aseguraba la gorra sobre su<br />

cabeza, ocultando el castaño brillante de sus cabellos.<br />

Una ligera llovizna comenzó a caer sobre su cuerpo de forma<br />

impenitente, constante. Satín alimentó la esperanza de que la bestia<br />

siguiera con su cometido sin percatarse que ella, se acercaba cada vez<br />

&!


&"#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

más. Respiró hondo varias veces para sacudirse de encima la pegajosa<br />

sensación que ofuscaba su mente, asqueada por lo que acechaba en las<br />

sombras cercanas, se estremeció por el frío orvallo, y se volvió poco a<br />

poco hacia la furgoneta negra que esperaba silenciosa en la esquina sur<br />

del callejón. Calculó la distancia hacia el siguiente portal cuya luz estaba<br />

igualmente apagada, la noche anterior habían manipulado el mecanismo<br />

de las farolas para su conveniencia.<br />

De pronto, oyó el ruido producido por el inmundo que avanzaba<br />

sobre los adoquines por el lado derecho de la calle, una vez que hubo<br />

terminado con su presa. La mujer había quedado tendida en el fresco y<br />

mojado suelo. Mientras lo observaba, su figura voluminosa rodeó uno de<br />

los coches aparcados, y tomó la misma dirección en la que estaba ella<br />

oculta. Satín vio que se detenía para olfatear el viento, como un animal<br />

que huele su próximo botín. Conteniendo el aliento a duras penas<br />

comprobó que miraba hacia donde estaba escondida, como si la viese. En<br />

la oscuridad, no distinguió sus rasgos, sólo su enorme silueta<br />

amenazadora que seguía avanzando hacia su posición.<br />

El momento de actuar había llegado al fin. La figura de más de<br />

dos metros avanzó arrastrando sus pies grandes, sin dejar de mirar con<br />

sus penetrantes ojos como si pudiera verla a través de la oscuridad y las<br />

gotas de lluvia. Satín se resguardó todavía más en las sombras del<br />

soportal, pegando su espada al muro todo lo que pudo, oyó sus pasos que<br />

se acercaban para luego, detenerse en una pausa que le pareció eterna.<br />

Satín sacó el cuchillo de su funda y tensó sus músculos para prepararse,<br />

cambió la linterna de mano, activó el interruptor y dirigió el haz de luz a<br />

la cara de la bestia quien se protegió del resplandor con sus brazos,<br />

momentáneamente cegado por la luz. Por un momento no se movió, la<br />

miró sin expresión en su rostro grotesco, deformado, y lanzó su ataque<br />

contra ella de la forma esperada. Satín lo golpeó con una patada certera<br />

en el estómago que lo hizo doblarse en dos. Se arrodilló con una<br />

velocidad vertiginosa al mismo tiempo que le sujetaba la muñeca para<br />

inmovilizarlo y tumbarlo de cara al suelo. Satín había soltado la linterna<br />

para asirlo del largo pelo encrespado, le giró la cabeza y, con el filo del<br />

cuchillo que empuñaba, le hizo un corte transversal en el cuello de forma<br />

limpia y profunda.<br />

La bestia quedó inerte a sus pies.


El centinela<br />

La furgoneta que mantenía los faros apagados, avanzó hacia<br />

ella de forma sigilosa con un rugido del motor apenas perceptible. Satín<br />

caminó hacia la víctima del animal que estaba tendida en el suelo<br />

inconsciente.<br />

Cuando llegó hasta ella comprobó con una mueca de repulsa<br />

que no debía tener más de dieciocho años, su misma edad. Su falda<br />

estaba desgarrada. Su bolso estaba abierto y su contenido esparcido en la<br />

sucia calzada donde se había mojado por completo. Se arrodilló a su lado<br />

y le tocó el pulso, ¡estaba viva! Dirigió sus ojos hacia la furgoneta, el<br />

cuerpo del inmundo había sido retirado del suelo y colocado en la parte<br />

trasera del vehículo, Satín hizo una inclinación de cabeza a los hombres<br />

que habían terminado de limpiar de sangre la calzada para que la<br />

ayudaran a sostener a la muchacha que seguía inconsciente. Sin un<br />

remordimiento en sus ojos castaños, se alzó de su posición en cuclillas y<br />

guardó la hoja justiciera de su navaja de nuevo en la funda negra, apretó<br />

la presilla del botón que la aseguraba y apagó la linterna con un clic.<br />

Todo volvió a sumirse en la oscuridad de nuevo.<br />

Un dedo le recorría la mejilla húmeda, y se detuvo de forma breve, en la<br />

comisura de su labio superior. El aliento tibio en su oreja la había<br />

despertado de golpe, pero Satín estaba habituada a los contratiempos, y<br />

bien entrenada en las artes de la lucha cuerpo a cuerpo. Mantuvo los ojos<br />

cerrados en un intento de que la creyese aún desvanecida en el áspero<br />

suelo lleno de polvo gris, polvo que elevaba ella con cada bocanada de<br />

aire. El corazón le latía en las sienes con un golpeteo incesante, e hizo,<br />

con cautelosa minuciosidad, un balance del estado físico de su cuerpo.<br />

Tenía que cerciorarse de que no tenía ningún hueso fracturado o algún<br />

músculo resentido, pero sus miembros respondían bien a la orden emitida<br />

por su cerebro, seguían completamente inertes. El dedo extraño seguía<br />

deslizándose por su barbilla de forma juguetona, y entones, el estómago<br />

de Satín se contrajo involuntariamente ante la caricia inesperada.<br />

¡Pardiez! Aún tenía partes de su cuerpo que no controlaba del todo. Y lo<br />

presentía, el inmundo trataba de penetrar en su mente para controlarla,<br />

pero ella resistía los intentos bloqueando cualquier entrada a su<br />

'%<br />

30


'$#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

subconsciente, le había costado años dominar esa técnica, pero lo había<br />

logrado al fin.<br />

Entreabrió los ojos discretamente para estudiar el lugar donde<br />

estaba postrada. La escasa luz que se filtraba por la pequeña abertura, le<br />

indicó que era una hora avanzada de la madrugada. Pudo distinguir las<br />

paredes irregulares y húmedas en algunos puntos, su olfato identificó los<br />

olores característicos de las cavidad subterránea; olor a hierro, a hongos e<br />

incluso asperón.<br />

De pronto, lo recordó todo.<br />

La caza había resultado tal y como se había organizado,<br />

cuidando hasta el más mínimo detalle. Buscar bestias resultaba fácil<br />

porque la mayoría se mantenían visibles, aunque algunas actuaban como<br />

nómadas, sus costumbres eran factibles de controlar. Encontraron al<br />

inmundo en uno de los antros habituales en su círculo, el café Bolero en<br />

la misma ciudad de Barcelona. Llevarlo hasta la isla de El Hierro había<br />

resultado más difícil de lo imaginado, aunque gracias a la droga que le<br />

habían suministrado su traslado había resultado menos arduo, pero no<br />

habían contado la gran tolerancia que tendría la bestia a los narcóticos y<br />

su facilidad para asimilarlos. El transporte en avión como paciente<br />

terminal se había efectuado de forma impecable, Lee se había encargado<br />

del papeleo burocrático como siempre, Soul del transporte. Los tres<br />

formaban un gran equipo, colaboraban de forma minuciosa, y el<br />

resultado solía ser impecable. Gracias a esa compenetración, no habían<br />

tenido trabas en el aeropuerto del Prat en Barcelona ni en el de Gando en<br />

las islas Canarias, pero una vez dentro de la pequeña motora para llevarlo<br />

a la isla del Hierro, la bestia había despertado.<br />

A pesar de los nudos y de las cuerdas que habían atado en sus<br />

manos y pies, la bestia se había soltado con una agilidad que aún la<br />

sorprendía, la terrible persecución había comenzado y la cazadora iba a<br />

ser apresada con una facilidad vergonzosa. Estaban en el lugar correcto,<br />

era la hora convenida, pero tendría que ser el inmundo quien estuviese<br />

inconsciente en el suelo y no ella. Su primordial preocupación residía en<br />

ganar tiempo antes de que fuese demasiado tarde...<br />

––Es hora de que despiertes–– la mano templada y suave<br />

descendía osada por su cuello hasta alcanzar la curva de su hombro.


El centinela<br />

Mantenerse completamente inmóvil resultó el mayor esfuerzo<br />

de su vida, apenas podía controlar la respiración, así como los latidos que<br />

se acumulaban en su garganta.<br />

—Muéstrame tu rostro gatita y yo te enseñaré a ronronear bajo<br />

mi cuello— la voz profunda y melodiosa se coló en su cerebro<br />

produciéndole un vuelco. Lo estaba haciendo, trataba de apropiarse de<br />

sus sentidos enviándole mensajes como una descarga luminosa, como si<br />

sus cuerpos estuviesen cargados de potencia eléctrica. Resultaba inútil<br />

ocultar por más tiempo que no estaba desmayada sino con el total control<br />

de su conciencia, por ese motivo Satín decidió actuar de inmediato. Con<br />

una agilidad poco corriente se reincorporó para darse cuenta con absoluto<br />

horror que tenía la ropa rasgada en varios sitios, en su carrera había<br />

tropezado con diferentes obstáculo, los jirones de tela colgaban laxos a<br />

sus costados. No hizo amago de tocarlos, necesitaba las manos libres<br />

para defenderse en el mismo momento que lanzara su ataque.<br />

—Eres una belleza— las alarmas se desataron en su mente<br />

cuando contempló a la bestia dirigirse con paso decidido hacia ella.<br />

—¡No te acerques!— le advirtió con profunda determinación.<br />

—No puedo evitarlo, tu olor es un reclamo que no puedo<br />

ignorar— Satín retrocedió un paso sin quitarle la vista de encima.<br />

—¡Dime tu nombre!— le exigió en un intento de desviar la<br />

atención de su persona, creyó que no le iba a responder, pero se<br />

equivocó.<br />

—Aslhem— sus ojos se abrieron estupefactos al escuchar el<br />

nombre conocido y por tanto tiempo admirado. Era un inmundo que<br />

cazaba a otros inmundos. La suerte le sonreía al fin, había tenido la fugaz<br />

sospecha de quién podría ser cuando lo descubrió en el café Bolero. Y<br />

ahora podía ponerle rostro al nombre.<br />

—¿Por qué?— preguntó, pero él con el dedo índice de su mano<br />

derecha le hizo un movimiento negativo, a la vez que le sonreía de forma<br />

pícara mostrándole una hilera de dientes blancos, y perfectamente<br />

alineados.<br />

El estómago de Satín se contrajo con una ansiedad peligrosa.<br />

—Me ha costado más de lo que imaginas eliminar la droga que<br />

introdujiste en mi cuerpo con premeditada alevosía. Mantenerme<br />

paralizado ha sido el mejor truco que has utilizado hasta ahora.<br />

'&


''#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

Satín lo había estado buscando durante meses, lo necesitaba,<br />

pero el inmundo se escabullía de su intento de atraparlo con una<br />

sagacidad que la desconcertaba, y la llevaba de un lugar a otro a una<br />

velocidad vertiginosa.<br />

De todos, era el más inteligente.<br />

—¿Cómo me has encontrado? No ha sido por mi olor—<br />

Aslhem chasqueó la lengua con chanza ante su crítica.<br />

—Te equivocas pequeña, tu aroma penetra en mis sentidos con<br />

una fuerza que llega a marearme— Satín estaba encerrada entre la pared<br />

y él.<br />

—Hoy no es plenilunio— le espetó ella, y él soltó una carcajada<br />

llena de humor por su ocurrencia cómica.<br />

—Eso son historias para niños, y tú ya no eres una niña— los<br />

ojos de Aslhem recorrieron su figura juvenil con insolencia. Satín decidió<br />

plantarle cara y no demostrar su miedo, aunque estaba temblando como<br />

una hoja mecida por un viento furioso. Se sentía terriblemente vulnerable<br />

y consciente de la clara ventaja que tenía el inmundo sobre ella, pero la<br />

ira le hizo cuadrar los hombros y avanzar un paso hacia él quedando sus<br />

rostros a unos escasos centímetros.<br />

El odio podía más que la prudencia.<br />

—Si piensas que vas a someterme, es porque no me conoces lo<br />

suficiente para saber cuanto os desprecio— Aslhem alzó una ceja ante el<br />

insulto de ella, pero no lo molestó esa falsa seguridad.<br />

—Has sido muy difícil de alcanzar, aunque no puedo otorgarte<br />

todo el mérito, el somnífero seguía circulando por mis venas<br />

volviéndome torpe y pesado, pero estás justo donde quería, en mi<br />

poder— Satín no retrocedió, se sentía demasiado furiosa como para<br />

mostrarse asustada. Trató de pensar en una posible vía de escape, pero la<br />

única puerta quedaba tras la espalda del inmundo, esa habitación había<br />

sido preparada para él no para ella. Aslhem la miró fijamente con ojos<br />

vítreos y ella sintió como se resquebrajaba su voluntad, trató de<br />

concentrarse en un punto a la derecha de la cabeza de él, pero fue inútil.<br />

La bestia comenzaba a apoderarse de su mente.<br />

—¡Nunca! ¡Por mi voluntad nunca!— Aslhem soltó un suspiro<br />

que sonó impaciente.


El centinela<br />

Cuando los dedos de la mano de él rozaron apenas su hombre<br />

derecho, sintió cómo la sometía con su fuerza, trató de sostener sus<br />

rodillas que se habían doblado como si se hubiesen convertido en<br />

gelatina de repente.<br />

—Llevas mucho tiempo de caza— el miedo comenzó en su<br />

vientre y fue ascendiendo hasta su estómago donde eclosionó con una<br />

descarga que la dejó atónita. Estaba a punto de desmayarse de miedo.<br />

—¡Suéltala!–– La voz tras ellos no admitía réplica.<br />

Un suspiro de alivio destensó la garganta de la muchacha que<br />

suspiró al fin con alivio.<br />

––¿Te encuentras bien?— la potente voz detuvo la mano pero<br />

no soltó la presa. Aslhem siguió ejerciendo el control sobre ella a pesar<br />

de la amenaza que pendía sobre su cabeza.<br />

—Trataba de ayudarla— ¡y una mierda! Pensó Satín, había<br />

intentado quebrar sus defensas, y lo más terrible era que lo había<br />

conseguido. Había sentido un miedo brutal.<br />

—Si me hubieseis querido muerto, ya lo estaría— ese detalle<br />

también lo sabía Lee, pero siguió apuntándolo con su escopeta sin emitir<br />

un parpadeo.<br />

—¡Apártate de ella o tardarás mucho tiempo en poder sentarte<br />

sobre tu culo inmundo!— Aslhem obedeció sin separar sus ojos de él.<br />

Soul le puso a Satín una manta sobre los hombros para calmar sus<br />

temblores.<br />

—Habéis tardado demasiado— se quejó. Lee carraspeó algo<br />

incómodo por el reproche amargo.<br />

—Nos costó mucho desorientar a la policía para que tuvieses el<br />

camino libre— Satín miró a sus colaboradores con el ceño fruncido. La<br />

caza resultaba cada vez más difícil, la policía se equipaba con<br />

instrumentos más sofisticados y menos propensos a la manipulación<br />

informática.<br />

—Los servicios de seguridad de el aeropuerto y el puerto siguen<br />

estando en alerta— ella inspiró profundamente con cierto remordimiento.<br />

Soul se encargaba de la piratería informática, usaba sus conocimientos<br />

para lanzar señuelos a la policía cuando ellos tenían que usar el espacio<br />

aéreo o marítimo de forma furtiva.<br />

Su queja infantil había sido injustificada.<br />

'(


')#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

—Sabíais cuando llegaba la motora a la isla, no me quedó más<br />

remedio que dejarla varada en la arena— la mirada que Satín les dirigió,<br />

hubiese avergonzado a unos hombres menos acostumbrado a sus críticas,<br />

pero ellos ya la conocían y eran conscientes de la impulsividad de su<br />

juventud. —¡Esposadlo!— Aslhem alzó las cejas con un interrogante<br />

pero Soul se precipitó a cumplir la orden de ella que volvió sus ojos y los<br />

fijó en él. —No, no voy a matarte… todavía— Satín lo miró con<br />

arrogancia antes de alcanzar la puerta y salir furiosa por ella.<br />

—Tiene planes para ti— Aslhem no lo dudó ni un instante, pero<br />

lo que la muchacha ignoraba era que él, también tenía planes que llevar a<br />

cabo. Si ella creía que había conseguido atraparlo, estaba completamente<br />

equivocada. Todo pertenecía a un plan cuidadosamente trazado. Los ojos<br />

zafiro de Aslhem se fijaron en los de Lee que no pudo sostenerle la<br />

mirada, bajó los párpados un tanto perturbado.<br />

—Luego me ocuparé de vosotros dos— la amenaza velada<br />

quedó suspendida en el aire.


CAPÍTULO II<br />

El centinela<br />

—Os estaba esperando, pero no llegabais— Lee y Soul suspiraron un<br />

tanto azorados e incapaces de ofrecerle una respuesta para apaciguarla—<br />

la nota que os dejé decía claramente Barranco de Herques, ¿o me<br />

equivoqué?–– La duda se paseó por los ojos de ella.<br />

—No teníamos modo de saber que la droga iba a resultar casi<br />

nula, en los otros funcionó bastante bien— Satín se mesó el pelo con<br />

impaciencia. Había estado a punto de perder, pero Aslhem estaba bajo<br />

custodia y encerrado en una de las dependencias habilitadas en la cueva<br />

para tal fin.<br />

—Deben de estar furiosos por su ausencia— Satín asintió con la<br />

cabeza. Las bestias se movían de continuo buscando presas, podían pasar<br />

semanas hasta que echasen en falta a uno de los suyos.<br />

—Lo sé, pero ese detalle no logrará desanimarme— Lee y Soul<br />

cruzaron una mirada cómplice. Llevaban años cazando sin cometer un<br />

solo error, pero el cansancio ya se reflejaba en sus rostros, aunque ambos<br />

lograban ocultar a la perfección su lasitud delante de ella.<br />

Satín comenzó a recorrer la pequeña habitación de forma<br />

inquieta y nerviosa, especulando y trazando planes a pesar de sus<br />

preocupaciones. Sus pasos agitados lograba ponerlos nerviosos.<br />

—Dinos qué te preocupa— Satín alzó la cabeza y miró a Lee<br />

con cierta sorpresa, no podía ocultarle nada a sus amigos. Los había<br />

conocido cuando apenas era una niña, pero la comprensión fue<br />

instantánea y mutua desde el principio. Lee era el mayor de los dos, y<br />

tenía un sexto sentido para conectar con ella, podían comunicarse sin<br />

pronunciar palabra. Lee le había enseñado cómo controlar los músculos<br />

de su cuerpo, a cerrar su mente y bloquearla.<br />

Le debía tanto.<br />

Soul era como el padre que no había tenido. Satín valoraba sus<br />

consejos, y trataba de copiar su valor. Lo que era como persona, se lo<br />

debía a ambos.<br />

'*


'+#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

—La falta de olor no funcionó, me había camuflado<br />

perfectamente en el bosque, o eso pensaba yo. Me encontró con una<br />

facilidad asombrosa— tanto Lee como Soul se miraron con culpabilidad<br />

y Satín entrecerró los ojos con sospecha.<br />

—Usamos un poco de suero en tu ropa antes de que te<br />

vistieras— Satín respiró profundamente.<br />

¡Maldita sea! ¿Cómo se habían atrevido a usar el suero en ella<br />

sin consultárselo?<br />

—No puedo creer que hayáis arriesgado de forma tan temeraria<br />

el éxito de nuestra misión— Lee la miró con cierta dureza en sus ojos<br />

negros.<br />

—¡Mírate pequeña! Estás tan llena de odio que a veces te<br />

muestras incansable, esa actitud no contribuye al éxito de nuestro trabajo,<br />

además, no estábamos completamente convencidos que te seguiría, por<br />

esa razón te pusimos un poco de suero. Llevas años borrando el olor de<br />

tu piel, desde que dejaste de ser una niña— Satín entrecerró los ojos,<br />

cansada. Era cierto que en su búsqueda se había vuelto insaciable, pero<br />

tenía un motivo poderoso para actuar así, y le dolía profundamente que<br />

se lo reprochasen.<br />

—Hay bestias ahí fuera dispuestas a devorarnos.<br />

—¡Satín! No habla tu razón sino tú rencor— Soul la corrigió<br />

con voz pausada para no enojarla más de lo que se veía.<br />

—Son los engendros del demonio a los que hay que<br />

exterminar— continuó ella, Lee carraspeó incómodo y la miró ceñudo.<br />

—Ya hemos tenido esta conversación, hacemos un trabajo<br />

selectivo, sólo cazamos desviaciones…–– ella no le permitió continuar.<br />

—Ese matiz carece de importancia— cortó con voz llena de<br />

acritud. Tras unos instantes suspiró acongojada. ––Lo lamento, no debía<br />

de pagar con vosotros mi frustración. Me tenía en clara desventaja. Justo<br />

cuando llegamos a la isla recuperó la movilidad de los brazos y las<br />

piernas. Tuve que correr tanto que casi muero asfixiada, apenas recuerdo<br />

el golpe que me dejó inconsciente en el momento que alcanzaba la<br />

entrada de la cueva.<br />

—Quizás el plan no de resultado. Ya te hemos dicho lo<br />

arriesgado que es— Satín miró a Lee con un profundo disgusto en sus<br />

ojos castaños. Necesitaban a Aslhem para alcanzar su objetivo. Era


El centinela<br />

mucho mejor cazador que ella, más fuerte y con más capacidad de<br />

actuación. Aunando esfuerzos darían caza al jefe de todos los inmundos.<br />

—Se ha dejado atrapar con demasiada facilidad, tiene un plan<br />

que ignoramos, y pienso descubrirlo— con sus palabras había expresado<br />

la duda que la corroía. Era muy buena atrapando inmundos. Ninguno<br />

sospechaba lo cerca que se mantenía de ellos para darles caza.<br />

—Trataremos de averiguar qué esconde tras esa docilidad— un<br />

escalofrío recorrió a Satín por entero al escuchar las palabras de Lee. En<br />

modo alguno podía ver a Aslhem como un ser dócil.<br />

—¿Has traído el azufre?— Soul asintió con su cabeza llena de<br />

rastas.<br />

—Siempre llevo el azufre conmigo desde que descubrí sus<br />

propiedades mortales— Satín volvió a morderse el labio inferior<br />

preocupada— si lo prefieres, podemos hablar nosotros con él— ella negó<br />

con la cabeza de inmediato. Hablar con Aslhem era un placer que se<br />

reservaba para sí misma.<br />

—Os agradezco el ofrecimiento, pero debo ser yo la que le<br />

plante cara, aunque antes voy a darme un baño de azufre, necesito borrar<br />

todo el rastro de suero en mi cuerpo.<br />

Aslhem miraba la habitación con el semblante sereno. Esperaba la<br />

llegada de su verdugo y el posterior interrogante al que lo iba a someter.<br />

Amplió la sonrisa que transformó sus rasgos por completo,<br />

convirtiéndolo en un ángel de belleza arrebatadora. Aún sentía en las<br />

yemas de los dedos el tacto de la piel satinada. El nombre le venía como<br />

anillo al dedo; Satín, la más vengativa cazadora de todos los tiempos que<br />

él conociera.<br />

Todo en ella le provocaba un sentimiento doloroso. Su manera<br />

de caminar ausente de coquetería, esa mirada franca que ocultaba el<br />

miedo bajo una máscara de pasibilidad, era adorable, pero tan sumamente<br />

joven…<br />

El chasquido de la llave en la cerradura lo sacó de sus<br />

pensamientos con respeto a Satín. Su figura se encontraba inmóvil en el<br />

umbral, el rostro imperturbable, y una jeringa en la mano llena de un<br />

líquido amarillo, en la otra llevaba un pequeño dispositivo con un<br />

'!<br />

38


'"#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

interruptor, parecía un mechero. Aslhem siguió sonriéndole con cierta<br />

petulancia.<br />

—¿Vienes a ofrecerme la última cena?— Satín negó una única<br />

vez con su cabeza.<br />

—Busco información— Aslhem le ofreció una mirada cargada<br />

de curiosidad. La voz melodiosa de ella le producía un escalofrío en la<br />

espina dorsal.<br />

—¿Qué me darás a cambio?— Aslhem creía que podía jugar<br />

con ventaja.<br />

Satín le hizo un guiñó con su ojo derecho, y una mueca con la<br />

boca que prometía venganza.<br />

—¿Un día más de vida?— él soltó una carcajada ausente de<br />

rencor.<br />

—¡Acércate! ¡No muerdo!— la broma no le hizo ni pizca de<br />

gracia. Satín siguió quieta en su sitio sin abandonar la mirada del rostro<br />

de Aslhem.<br />

—Sé que no utilizáis la boca para matar, sino algo mucho<br />

peor— Aslhem suspiró profundamente al escuchar su respuesta rápida.<br />

—Sabes de sobra que el deseo es innato en nosotros y que<br />

domina la mayoría de nuestras acciones— Satín no le respondió, siguió<br />

mirándolo sin acercarse a él por pura supervivencia. Le tenía miedo, pero<br />

no pensaba demostrárselo.<br />

—Eso es precisamente lo que nos distingue de vosotros— le<br />

dijo Satín y Aslhem alzó una ceja con burla ante su respuesta despectiva.<br />

—Estáis en clara desventaja, pero nos unen los mismos<br />

intereses de supervivencia.<br />

—Quiero ofrecerte un trato— ahora, sí que había captado la<br />

atención de Aslhem por completo.<br />

—¿Tú me ofreces un trato? ¿La cazadora? ––Aslhem siguió<br />

sonriendo como si las palabras de ella fuesen cómicas. Seguía<br />

acechándola con sus ojos brillantes, cuajados de promesas que Satín no<br />

era capaz de interpretar.<br />

La piel de la joven se erizó de forma voluntaria, sin control. Él<br />

la miraba como si la conociese, pero eso era imposible.<br />

—Quiero que me lleves hasta el Príncipe— Aslhem entrecerró<br />

sus ojos con incredulidad.


El centinela<br />

—No sabes lo que dices— ahora la que rió fue ella. Así, de<br />

forma inesperada soltó una risa contagiosa y fresca que lo dejó aturdido.<br />

Con los huesos hechos gelatina.<br />

—Sé muy bien lo que digo–– le replicó convencida–– necesito<br />

que me lleves hasta él para cazarlo.<br />

Aslhem hizo un arco perfecto con una de sus cejas rubias.<br />

—Tus palabras muestran lo ilusa que eres si crees por un<br />

instante que puedes enfrentarte a su poder— los ojos de Satín se<br />

redujeron a una línea negra— ni yo mismo me mostraría tan arrogante, y<br />

por cierto, su nombre es Erikem— Satín paladeó el nombre desconocido<br />

en su boca. Erikem le pareció un nombre sumamente apropiado.<br />

—Muchos de tu raza han caído ya bajo mi mano— las palabras<br />

sonaron como un insulto, y Aslhem se las tomó tal cual.<br />

—Las criaturas son fáciles de acosar, les falta la agilidad mental<br />

para percibirte.<br />

—Tu raza va a extinguirse muy pronto— Aslhem se aproximó<br />

un poco más hacia ella con los ojos empañados de ofensa.<br />

—Los perros tienen razas. Los felinos también. Nosotros somos<br />

una misma especie, lo sabes.<br />

—¡Qué más da! Todos mostráis el mismo apetito carnal<br />

incontrolado y repulsivo. Bestias sin alma, sin corazón— Aslhem asintió<br />

con la cabeza.<br />

—El instinto reproductor está grabado en nuestro ADN con una<br />

furia que nos ha costado una eternidad controlar, pero no nos acuses de<br />

no tener alma porque sí la tenemos, ¿acaso deseas una demostración?—<br />

Satín lo cortó de forma brusca al mismo tiempo que retrocedía un paso<br />

hacia atrás completamente prevenida.<br />

—Necesitáis dominar la mente humana. Usáis vuestra fuerza<br />

para doblegarnos a los deseos que os ciegan, y nos utilizáis sabiendo que<br />

moriremos por vuestro anhelo reproductivo, ¿qué es eso si no carecer de<br />

alma? ¿De remordimientos?— Aslhem no se molestó, sabía la<br />

desconfianza que la embargaba, Satín tenía parte de razón.<br />

—En un tiempo así fue— moduló la voz y la dejó en un susurro<br />

apenas perceptible— pero ahora, hemos aprendido a controlar nuestros<br />

instintos— Satín esbozó una mueca de asco al escucharlo.<br />

(%


($#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

—Sois engendros del demonio. Una aberración a la vida…—<br />

Aslhem la cortó sin brusquedad.<br />

—Nosotros no usamos armas para exterminar. — Satín iba a<br />

abrir la boca, pero él, con un gesto le conminó a que siguiese callada. —<br />

No estamos dominados por la extrema avaricia, ni la necesidad de poder<br />

ilimitado. Si hablamos de aberración, mira tus congéneres.<br />

Satín tragó saliva al escuchar sus palabras preñadas de razón,<br />

los humanos se exterminaban entre sí desde el mismo principio de la<br />

existencia. Las potencias políticas pugnaban por el control de las<br />

naciones con una perversión que llegaba a asquearla.<br />

Admitió de forma entrecortada;<br />

—Entre nosotros también existen desviaciones de tipo anormal<br />

a nivel cromosómico, pero es debido a la imperfección causada por<br />

la…— Aslhem fue negando con la cabeza sin perder la sonrisa.<br />

—Lleváis siglos engañándoos, es hora de que abras los ojos a la<br />

realidad— Satín apretó sus labios con una furia que apenas podía<br />

controlar, pero reculó en sus palabras que ya no incluían la figura de<br />

Aslhem.<br />

—Son bestias, no merecen vivir— Aslhem volvió a asentir.<br />

—Aún así me corresponde a mí corregir esos errores.<br />

—¿Llamas errores a asesinos en serie? ¿A psicópatas sexuales?<br />

Debes de estar completamente loco.<br />

—Soy el mejor batidor que existe— Satín no negó su<br />

afirmación, sabía que lo necesitaba aunque ese conocimiento la rebelase.<br />

—Por ese motivo sigues vivo todavía. Necesito que me lleves<br />

hasta el Príncipe para cazarlo, conoces su rostro y paradero— Aslhem<br />

cruzó sus brazos al pecho y la miró con una intensidad que no ocultó. ––<br />

¿Eres consciente del peligro que representas?— Él ni asintió ni negó, se<br />

mantuvo en un frío silencio provocativo. ––Pero conviene a mis planes<br />

que seas un cazador de bestias. Con tu ayuda atraparé a Erikem aunque<br />

tenga que hacer yo misma de cebo— las cejas de Aslhem se alzaron con<br />

muda sorpresa.<br />

—El orgullo es un mal consejero— sus palabras la molestaron.<br />

—Vuestra fuerza es un insulto a la vida, pero pienso hacer uso<br />

de ella.


El centinela<br />

—Hemos controlado nuestra naturaleza fuerte y desinhibida,<br />

ahora dominamos nuestro poder y lo canalizamos convenientemente—<br />

Satín apretó aún más los labios.<br />

—¿Cuántas humanas deberán morir hasta que se sacie vuestro<br />

celo reproductivo?— Aslhem se acercó tan rápido a ella que no le dio<br />

tiempo a una retirada prudente. Acercó su nariz para olerla y al momento<br />

frunció los labios con disgusto.<br />

—¿Azufre? Ahora entiendo por qué te sentías tan segura—<br />

Satín clavó la punta de la aguja de la jeringa a un centímetro del corazón<br />

de él, pero Aslhem se acercó un poco más sin mostrar ni un ápice de<br />

miedo o duda en sus ojos. Satín era soberbia, inexperta, y tan<br />

decididamente terca.<br />

La aguja penetró en la piel de él varios milímetros.<br />

—Azufre disuelto en seleniato de sodio, ya sabes, un veneno<br />

eficaz contra los inmundos como tú— Aslhem se bebió el aliento de ella<br />

en cada palabra que moría justo cuando terminaba de salir por sus labios.<br />

—Si buscabas matarme ya lo habrías hecho— Satín carraspeó<br />

ante lo obvio.<br />

—Quiero hacer un trato Aslhem— él, se retiró al fin lo<br />

suficiente para dejarle un mínimo de aire entre los dos cuerpos.<br />

—No hago tratos con jovencitas— Satín estaba a punto de<br />

lanzar un juramento obsceno cargado de impaciencia. Cada vez que él se<br />

acercaba, su corazón comenzaba una danza imposible de detener, pero el<br />

deseo de venganza se antepuso al miedo primitivo que le provocaba.<br />

—¿Sabes qué significa este dispositivo?— Satín le mostró el<br />

pequeño artefacto color negro a una distancia segura. Aslhem alzó una<br />

ceja con la curiosidad justa. —Cuando te drogamos, introdujimos en tu<br />

cuello un pequeño chip que contiene una pequeña descarga de azufre, se<br />

puede activar a larga distancia— la miró con la sorpresa dibujada en su<br />

rostro, pero sin atreverse a creerla del todo—. A la menor amenaza por tu<br />

parte, apretaré este pequeño interruptor que partirá el chip. El azufre<br />

penetrará en la aorta a una velocidad increíble causándote una muerte<br />

instantánea.<br />

—Presumo que has leído demasiadas novelas de Cook,<br />

pequeña— Satín no se molestó por su burla, sabía que una demostración<br />

le borraría la sonrisa prepotente que tenía en la cara.<br />

(&


('#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

—Ven, deseo mostrarte algo— Satín con una mano extendida<br />

lo invitó a que se acercase a la única ventana que había en la estrecha<br />

habitación. Estaba cerrada con una cortina gruesa de color marrón en el<br />

otro lado. A un golpe de sus nudillos, la tela fue corrida con brusquedad,<br />

y Aslhem fue consciente de quién estaba acostado y maniatado en una<br />

mesa quirúrgica. Akmal se retorcía y maldecía a pesar de las fuertes<br />

correas que sujetaban sus muñecas y sus tobillos. Cuando sus ojos<br />

descubrieron a Aslhem a través del cristal comenzó a gritar y<br />

convulsionarse completamente enloquecido. Satín accionó el pequeño<br />

interruptor que emitió un zumbido eléctrico, Akmal sufrió una descarga y<br />

se quedó quieto sobre la camilla de acero.<br />

Por primera vez Satín pudo comprobar cómo se oscurecían los<br />

ojos de Aslhem por la ira, y supo que corría verdadero peligro.<br />

—También tenemos a Ersad y Barik— Satín contempló con<br />

cierta satisfacción las emociones que cruzaron el rostro del joven en un<br />

segundo, incredulidad, enfado y una profunda cólera.<br />

Cuando se volvió hacia ella con claras intenciones asesinas,<br />

Satín le ofreció las palabras que pararon sus pasos de golpe.<br />

—Akmal no está muerto— sus palabras detuvieron sus pasos—<br />

pero lo estará si te niegas a colaborar con nosotros.


CAPÍTULO III<br />

El centinela<br />

Un ruido la despertó del sueño intranquilo, la voz extraña penetraba en su<br />

cerebro con férrea voluntad, la llamaba en una constante letanía musical.<br />

Se reincorporó en la cama y se quedó mirando la habitación oscura y<br />

gélida. Un leve estremecimiento de miedo se apoderó de sus sentidos<br />

ante la falta de calidez en la alcoba, husmeó el aire ausente de aromas<br />

conocidos. Fue consciente del vaho que exhalaba su boca entreabierta<br />

con cada respiración que no terminaba de llegar a sus pulmones<br />

contraídos por el miedo, comenzó a jadear inquieta, pero completamente<br />

alerta. La voz atronadora soltó una risa grotesca cuajada de satisfacción<br />

ególatra. Se tapó con la sábana en un intento de esconderse del espanto<br />

que le producía los sonidos que llegaban entrecortados hasta sus oídos.<br />

¡Su madre la necesitaba!... bajó los pies desnudos al suelo y se<br />

alzó en su estatura quedándose momentáneamente quieta escuchando,<br />

recelando. El camisón arrugado comenzó a arremolinarse entre sus<br />

piernas con cada paso que daba para alcanzar la puerta. Cuando quedó a<br />

escasos centímetros, alargó su mano para asir el picaporte, pero la risa<br />

diabólica la detuvo. La hizo retroceder un paso hacia atrás,<br />

completamente acobardada.<br />

El corazón comenzó a agitarse en su pecho de forma caótica.<br />

Buscó de nuevo el valor que se había quedado enredado con el<br />

miedo entre las sábanas arrugadas de su lecho. Se miró los pies fríos<br />

antes de volver a dar un paso, la puerta representaba la única barrera<br />

entre su temor, y la necesidad de acudir en ayuda de su madre. La oía<br />

gemir y suplicar en un tono lastimoso que la sobrecogió.<br />

Inspiró de nuevo y asió el picaporte que cedió a su presión.<br />

El largo pasillo oscuro conservaba todavía el ambiente cálido de<br />

esa noche de Junio. Los rayos prístinos de la luna, entraban a través de<br />

las rendijas semicerradas de la persiana entornada, haciendo que las<br />

sombras de los muebles se contorsionasen como espectros seductores que<br />

se fundían en un abrazo eterno.<br />

((


()#<br />

45<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

Una sombra de muerte pasó junto a ella rápida, silenciosa, y la<br />

envolvió en un resplandor sobrenatural que logró aterrorizarla. Ahogó un<br />

gemido de desasosiego a la misma vez que se resignaba mientras seguía<br />

avanzando en peregrina decisión hacia la habitación de su madre. Los<br />

gemidos eran cada vez más audibles y perturbadores.<br />

Cuando abrió la puerta con sigilo, lo que vio la dejó<br />

completamente paralizada y gritó, con un alarido de terror absoluto.<br />

—¡Despierta Satín!— Satín manoteó el aire con fuerza intentado asirse a<br />

la realidad que se le escapaba, abrió los ojos con fuerza y se llevó las<br />

manos al pecho con un grito agónico.<br />

—No ocurre nada, es la misma pesadilla— la voz pausada<br />

consiguió calmar su desenfreno y volvió al presente con un suspiro de<br />

aflicción extrema.<br />

Lee estaba reclinado sobre ella sujetándole las manos que<br />

habían asido las solapas de su cuello con una fuerza anormal.<br />

—¡Dios mío!— el largo suspiro logró aminorar los latidos<br />

desbocados de su corazón que seguía saltando en su pecho<br />

completamente atribulado.<br />

—Es sólo un maldito sueño, pequeña— Satín estalló en<br />

lágrimas ácidas, llenas de desesperación e impotencia.<br />

—No pude salvarla Lee, no pude hacer nada contra la bestia—<br />

los sollozos entrecortados seguían sacudiéndola sin piedad.<br />

—No tuviste la culpa cielo, eras solo una niña, incluso ahora<br />

sigues siendo muy joven para la misión tan importante que realizas—<br />

Satín buscaba el consuelo de sus palabras, pero la amargura hizo presa de<br />

ella desbordándola. Saltó de la cama de un salto y cogió el revólver del<br />

cajón de su mesita con una premeditada resolución en su semblante.<br />

—¿A dónde crees que vas?— ella no le respondió, encauzó sus<br />

pasos hacia el corredor y enfiló las escaleras de hierro con prisa hacia la<br />

planta baja— ¡Detente Satín!— estaba sorda a la orden, seguía bajando<br />

los escalones con una determinación en su mente y una letanía en su<br />

corazón ¡acabar de una vez por todas con la bestia! Lee comenzó una


El centinela<br />

carrera detrás de ella intentando detenerla, pero Soul que había oído sus<br />

gritos la esperaba al pie del primer escalón con los ojos llenos de<br />

decisión. No era la primera vez que ella se sentía vapuleada por<br />

pesadillas que la mortificaban. Satín trató de esquivarlo pero Soul era<br />

más alto y más fuerte a pesar de sus cincuenta años. La rodeó con sus<br />

fuertes brazos al mismo tiempo que la consolaba.<br />

—Si lo haces perderemos nuestra oportunidad— ella seguía<br />

ciega a todo lo que no fuese la aplastante necesidad de acabar con todo;<br />

elevó sus ojos hacia el rostro de Soul y forcejeó para soltarse sin<br />

conseguirlo. —¡Cálmate pequeña!... No debes matarlo aún, si lo haces, el<br />

Príncipe habrá vencido— cuando Soul mencionó el nombre odiado,<br />

Satín se quedó inmóvil en sus brazos. —Eso es, tranquilízate, ha sido<br />

otro mal sueño— al fin había recuperado el control sobre sus emociones<br />

de nuevo, la opacidad de sus pupilas había desaparecido por completo y<br />

reapareciendo el brillo incandescente de ira.<br />

—A veces no puedo controlar mi odio— Lee había logrado<br />

bajar las escaleras con sorprendente rapidez a pesar de su cojera.<br />

—Ven, vamos a tomar un chocolate caliente, te reconfortará—<br />

Satín se dejó guiar hacia la improvisada cocina habilitada en una de las<br />

habitaciones. La cueva larga y profunda estaba completamente equipada<br />

para cubrir todas las necesidades físicas, se podía estar oculto en ella<br />

durante semanas sin necesitar nada del exterior.<br />

Satín se abandonó en la silla completamente afligida, las<br />

pesadillas conseguían extenuarla por completo, hacía mucho tiempo que<br />

no le ocurría de nuevo, y que hubiesen regresado de pronto con tanta<br />

brutalidad lograba desconcertarla.<br />

«Es porque estoy cerca del inmundo, bajo el mismo techo» ese<br />

pensamiento no logró que se sintiese mejor.<br />

—Ya falta poco Satín— ambos amigos se sentaron frente a ella<br />

con sendas tazas de chocolate en las manos.<br />

Satín tenía la certeza de que a Soul le asistía la razón, pero<br />

tratar de sujetar su voluntad cuando estaba controlada por la aversión y el<br />

desprecio, era del todo difícil por no decir imposible.<br />

—Aslhem está dispuesto a cooperar— dijo de pronto Soul.<br />

Satín asintió al mismo tiempo que se llevaba la taza a los labios. El dulce<br />

y caliente líquido suavizó su garganta reseca y dolorida.<br />

(*


(+#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

—¿Qué ha pedido a cambio?— al fin la ironía floreció en los<br />

labios de Satín y salió por su boca abruptamente para responder la<br />

pregunta de Soul.<br />

—Aprecia demasiado su vida y las de sus congéneres para<br />

arriesgarse a una negativa tajante.<br />

Lee suspiró profundamente antes de decirle.<br />

—Creo que hemos ganado un enemigo peligroso, no le ha<br />

gustado nada tu demostración, y tampoco la noticia de que tenemos a<br />

Ersad y Barik en nuestro poder— Satín recordó con precisión absoluta el<br />

profundo escalofrío que la había recorrido al recordar la furia negra que<br />

había poseído a Aslhem cuando fue consciente de ese hecho. Esperaba no<br />

volver a presenciarla en mucho tiempo, quizás, hasta que acabase con él.<br />

—El trato incluía perdonarle la vida, no lo olvides–– los ojos de<br />

Satín volaron al rostro de Lee completamente atónitos, sus palabras la<br />

habían dejado sin capacidad de reacción.<br />

¿Dejar a un inmundo libre?<br />

—Eso es una quimera— Lee resopló con cierto malestar cuando<br />

probó la acidez de las palabras de ella.<br />

—Siempre hay una forma hábil y sagaz de tratar los asuntos con<br />

las partes implicadas sin llegar a los extremos del asesinato— Satín pifió<br />

de forma ostensible. Sabía de los intentos de Lee para hacerle abandonar<br />

la lucha armada, pero ella estaba absolutamente convencida de sus<br />

razones, con las bestias no se podía exponer ningún argumento factible<br />

de reflexión. Sólo se entendían con la muerte. Y ella se había prometido<br />

exterminarlos.


CAPÍTULO IV<br />

El centinela<br />

La brisa mecía las hojas de los árboles. La sensación de paz la llenó por<br />

completo, y la sobrecogió en el mismo momento que se asomó al mar<br />

desde el acantilado. La altura era muy considerable, pero deseaba sentir<br />

el viento fresco y suave en su rostro al margen del peligro que suponía la<br />

ausencia de protección. Contempló las aguas bravas del atlántico que<br />

llegaba hasta los peñascos para abrazarlos con un beso y despedirse al<br />

momento con un rugido de amante despechado. Lo observó en callado<br />

silencio, el mar volvía con encendido ímpetu pero sin lograr enamorar a<br />

las rocas que se mantenían inmovibles a pesar de sus continuos reclamos.<br />

Le gustaba la isla de El Hierro, por sus impresionantes acantilados<br />

escarpados, provocadores e inaccesibles, por sus calas escondidas e<br />

irresistibles. El aire fresco jugaba con algunas mechas sueltas de pelo que<br />

no había logrado sujetar con las horquillas. Le azotaron el rostro pero no<br />

le importó, no le molestaba el aire ni en los días en los que se mecía<br />

fuerte y temerario. Satín sabía que se debía a las corrientes marinas del<br />

banco sahariano y los vientos alisios, recordaba esos datos desde<br />

bachiller, pero parecía que habían pasado años. Satín había aprobado<br />

selectividad con la mejor nota de su clase, según sus profesores, era una<br />

estudiante de primera, con un futuro brillante, pero ella había<br />

abandonado los estudios en el primer año de periodismo. Cuando fue<br />

capaz de comprender y valorar su capacidad de conexión con Lee, supo<br />

que su destino no era seguir estudiando, si no cazar inmundos con ayuda<br />

de sus amigos.<br />

Satín volvió sus pensamientos a la isla.<br />

Adoraba cada rincón oculto de una de las islas llamadas<br />

afortunadas, era perfecta para la base secreta. La isla no sufría la<br />

constante visita de turistas porque estos preferían la Palma o Tenerife,<br />

solo algunos buceadores y montañistas se acercaban hasta El Hierro, pero<br />

no resultaban una amenaza para ellos.<br />

(!


("#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

Pasó la mano por su brazo desnudo tratando de borrar la<br />

sensación de cansancio que comenzaba a menguar su empuje. Llevaba<br />

dos años luchando sin cuestionarse la ética moral de sus métodos, y<br />

ahora, cuando la ausencia de fuerzas resultaba desesperanzadora, volvían<br />

las mismas pesadillas de siempre. Los mismos miedos e impotencia que<br />

la acompañaban desde la niñez. Se sentía agotada emocionalmente, la<br />

lucha no había hecho más que empezar, y su enfado, por el injusto<br />

asesinato de su madre, seguía engulléndola con una avaricia de lobo<br />

hambriento.<br />

Odiaba el sentimiento vulnerable de soledad, pero esa inquina<br />

no curaba sus temores esculpidos por una vendetta siniestra.<br />

Desmerecida. Odiar agotaba, y la sumergía en una vorágine de<br />

vacilaciones constantes. Le gustaría tanto ser una joven corriente como<br />

tantas otras, y preocuparse únicamente por el viaje de fin de curso, por<br />

los besos del cachas de turno, pero Satín había elegido vivir al margen de<br />

las jóvenes de su edad porque las bestias debían de ser exterminadas.<br />

—Lee me dijo que te encontraría aquí— Satín no se volvió,<br />

siguió mirando la sabina milenaria inclinada por el viento, formaba un<br />

medio círculo entre el horizonte y la tierra sin una protesta, resignada.<br />

Como las humanas a las que daban caza las bestias, pero el inmundo que<br />

se dirigía hacia ella en es preciso momento, no representaba ningún<br />

peligro…, aún.<br />

—Me gusta contemplar este árbol— Aslhem siguió mirándole<br />

la espalda sin interrumpirla— parece quebrado en su esencia, y sin<br />

embargo sigue contemplando el horizonte con una tenacidad que me<br />

subyuga, plantándole cara al tiempo y a los elementos.<br />

Lo oyó suspirar, pero siguió mirando el horizonte.<br />

—Muchos ignoran— continuó hablándole al viento pero<br />

sabiendo que él la escuchaba— que por el faro de Orchilla cruzaba el<br />

meridiano cero hasta el siglo pasado, se consideraba la tierra más<br />

occidental del mundo desde tiempos de Ptolomeo— Satín cejó en su<br />

explicación cuando sintió los ojos vítreos clavados en su espalda.<br />

––Deberías de estar en la universidad.<br />

Esa verdad le resultaba demoledora, pero no lo demostró.<br />

––Continúo con mis estudios, a pesar de no asistir a las clases––<br />

le respondió ella con un tinte de añoranza en la voz.


El centinela<br />

––Este trabajo no es para ti pequeña–– el apelativo hizo que<br />

Satín alzase la barbilla resabiada.<br />

—Hicimos un trato Aslhem— Satín se giró apenas un cuarto y<br />

quedo de perfil frente a él.<br />

—Siempre cumplo mis promesas aunque vayan contra mis<br />

principios— esas palabras le hicieron mirarlo con obstinada atención y<br />

excesiva prudencia. Él le llevaba mucha ventaja en experiencia, en<br />

madurez y en años.<br />

—Las bestias no tienen principios— Aslhem no tomó en cuenta<br />

las palabras despectivas, sabía que estaba herida, entendía mucho más de<br />

lo que ella se imaginaba.<br />

—Principios, sentimientos, somos almas que sufren los mismos<br />

miedos e inquietudes— Satín apretó los labios y entrecerró los ojos con<br />

recelo. Él, nunca sabría el dolor que la traspasaba cada vez que recordaba<br />

a su madre muerta. Su mente se aliaba con su flaqueza para producirle<br />

una sensación de derrota extrema, humillante.<br />

Cuando volvió a suspirar, ella misma se sorprendió de su<br />

ansiedad vehemente. Aslhem se acercó un poco más.<br />

—Piensas que soy un monstruo, pero no te atreves a<br />

comprenderme, tratas de herirme con tus palabras, y te enfurece que no<br />

me rinda a tu indiferencia aunque en el fondo me alegra que no creas en<br />

nosotros. En cierta forma te lo agradezco— Satín cuadró los hombros<br />

con cautela a sus palabras. ––No necesito usar máscaras para vivir la<br />

vida, acepto el lugar que me corresponde sin cuestionarme siempre el por<br />

qué, sin esconder mi vulnerabilidad por temor a la incomprensión de<br />

almas atormentadas, de prejuicios que nos aíslan en la soledad más<br />

absoluta— Satín no pudo parar la réplica que salió de su garganta como<br />

un ladrido.<br />

—Resulta fácil ignorar el peligro cuando se es el rey de la<br />

camada— Aslhem se acercó un poco más a ella.<br />

—Te escondes tras una falsa valentía.<br />

—Tengo un propósito en la vida Aslhem, y tus palabras no<br />

hacen sino acrecentar mis ganas de culminarlo.<br />

—De poco te sirve esa cruz que abanderas si no eres un mártir<br />

de ella— Aslhem la vio encogerse de miedo y lo lamentó, trataba de<br />

encontrar un resquicio en la armadura que se había colocado ella a golpe<br />

)%


)$#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

de fragua. ––Yo también abandero una cruz aunque, desde hace tiempo,<br />

ya no me siento muy devoto…— calló un momento antes de continuar—<br />

salvo con una excepción, le tengo devoción a tus ojos— Satín hizo<br />

amago de irse— no, no los cierres de mí ni te ocultes entre suspiros de<br />

indiferencia. Podría calmar el dolor que sientes— la joven ya comenzaba<br />

a negar con la cabeza de forma enérgica. Las palabras de Aslhem le<br />

producían en su interior un sufrimiento físico que le resultaba difícil de<br />

ignorar. ––No tengas reservas de lo que tú eres y de lo que soy yo,<br />

porque ya no importa, no ahora que somos aliados y tenemos un trabajo<br />

que realizar juntos— Satín entrecerró sus ojos con una furia nacida de su<br />

debilidad.<br />

—¿Qué ya no importa?— Inspiró hondo para que las palabras<br />

no saliesen a borbotones por su garganta y saliesen como puñales. ––Sois<br />

parásitos que viven a costa de otros. Tenemos un trato pero, como cruces<br />

la línea…— ella dejó la amenaza sin concluir. El rostro sereno de<br />

Aslhem le mostró que no lo había ofendido en absoluto y Satín no supo<br />

cómo controlar sus sentimientos. —No importa cuánto me esfuerce, no te<br />

alcanzan mis insultos ¿verdad?— al momento se percató de la ropa que<br />

vestía él y volvió a enfurecerse de nuevo. Nadie debería mostrar esa<br />

pulcritud y elegancia enfundado en un traje de ejecutivo solo apto para<br />

cuerpos esculturales. La ausencia de corbata le daba una apariencia<br />

informal y muy seductora, el color índigo de la tela realzaba el brillo de<br />

sus ojos, ¿por qué maldita sea la apariencia del inmundo hacía revolotear<br />

mariposas en su estómago?<br />

—¿No te parece apropiado?— le dijo él. Satín redujo los ojos a<br />

una línea.<br />

—Para lo que me importa, daría igual que fueses desnudo<br />

bailando una samba— Aslhem alzó una ceja con burla sopesando la<br />

sugerencia. ––Yo que tú no me mostraría tan poco afectado por la<br />

amenaza que pende sobre tus amigos— Satín quería molestarlo pero él<br />

no se dejó manipular.<br />

—Sé con absoluta certeza que no vas a matarlos, los necesitas<br />

igual que me necesitas a mí. Somos el conducto que te llevará hasta<br />

Erikem y la conclusión de tu venganza.<br />

—Mi venganza se completará cuando haya exterminado al<br />

último de los inmundos— Aslhem inspiró hondo ante la terquedad de


El centinela<br />

ella y su furia desmedida, habían hecho un trato y él pensaba cumplir una<br />

parte, pero la cazadora no tenía que por qué conocer esa pequeña<br />

diferencia.<br />

—Nuestro vuelo sale dentro de dos horas— Satín comenzó a<br />

enfilar el sendero de piedra que conducía a la cueva, no esperó que la<br />

siguiera.<br />

Volar siempre la ponía de muy mal humor; no soportaba las<br />

aglomeraciones de gente, y en Madrid disfrutar de un poco de soledad<br />

resultaba imposible. El vuelo desde Gando hasta Barajas había resultado<br />

sin novedad, pero la irritabilidad se había instalado en ella desde la<br />

espera en la zona de embarque. Le parecía un desperdicio de energía<br />

estar sentada y no hacer nada salvo admirar el polvo que se acumulaba en<br />

el gastado suelo. Satín inhaló profundamente y exhaló muy despacio,<br />

siempre le había tenido miedo a los aviones y ese temor en ella se había<br />

vuelto atávico, un miedo continúo y lacerante que no podía controlar<br />

aunque se armaba de valor y lo abordaba siempre que las circunstancias<br />

lo requerían, pero cuando era estrictamente necesario y con una oración<br />

en los labios. Le suponía un suplicio estar encerrada en un habitáculo<br />

claustrofóbico, aunque fuera por un corto tiempo, y cuando el aparato se<br />

ponía en movimiento la sensación de vacío espantoso que le revolvía el<br />

estómago le duraba varios días. Había intentado vencer la fobia que le<br />

producía volar, pero era inútil.<br />

Dentro de un avión se sentía irremediablemente vulnerable.<br />

Se abrochó el cinturón con un chasquido y desvió sus ojos hacia<br />

la pequeña ventanilla junto a su butaca, el suelo gris de la pista del<br />

aeropuerto le parecía mucho más interesante que el bullicio que creaban<br />

los pasajeros acomodándose en la aeronave, lograban ponerla aún más<br />

inquieta. No sabía cómo tranquilizar sus nervios ante las horas de vuelo<br />

que tendría que soportar. Suspiró impaciente tratando de serenarse<br />

aunque estaba llena de contradicciones. Tenía que meditar mucho en la<br />

situación tan extraña que se había planteado con respecto a Aslhem. El<br />

acuerdo al que habían llegado no era del todo satisfactorio para ella, pero<br />

Erikem estaba más cerca de su mano y suplía con creces las posturas que<br />

)&<br />

52


)'#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

había tenido que ceder con el maldito. El intercambio le parecía<br />

sumamente satisfactorio, la vida de Akmal, Ersad y Barik por la de<br />

Erikem, Boraj y Nasdio. Cuando los motores rugieron al llegar al final de<br />

la pista de aterrizaje, cerró los ojos a las sensaciones y aferró con las<br />

manos los brazos del asiento, su aprensión a volar la superaba pero la<br />

distancia que la separaba de Boston resultaba demasiado grande como<br />

para optar por otra ruta de viaje. Aslhem ocupó su asiento un segundo<br />

antes de que comenzase el despegue, Satín se percató de que trataba de<br />

asir su mano pero, no se lo permitió, le importaba demasiado su contacto<br />

pues, con un solo roce podía someterla.<br />

Erikem trabajaba en el Children Holpital de Boston, y hacia allí<br />

se dirigían ambos.


CAPÍTULO V<br />

El centinela<br />

Un cálido sopor se fue apoderando de ella y le producía una sensación<br />

chispeante, como una explosión de burbujas a punto de estallar cuando se<br />

descorcha una botella de cava muy fría. Cuando el corazón comenzó a<br />

latir desacompasadamente, abrió los ojos aturdida, pero sin moverse de la<br />

postura rígida que había adoptado en sueños. Tenía la cabeza apoyada en<br />

el hombro de él que mantenía los ojos cerrados, y la boca relajada en una<br />

sonrisa que no permitía que floreciese del todo.<br />

Satín temía moverse pues podría despertarlo.<br />

Se miró las manos entrelazadas y rígidas, apenas podía mover<br />

los dedos para asir el brazo del sillón. Al momento notó que él se sacudía<br />

con inquietud, en un sueño agitado. Satín se quedó inmóvil tratando de<br />

pensar en cómo despertarlo sin tocarlo. No podía rozarlo porque de<br />

hacerlo, él, tendría el poder sobre ella para dominar sus pensamientos,<br />

Satín no se atrevía a considerarlo siquiera. Aslhem comenzó a gruñir de<br />

forma ininteligible, movía la cabeza de un lado hacia otro con frenesí al<br />

mismo tiempo que apretaba los puños a sus costados y murmuraba un<br />

nombre entre dientes, Maelka. Satín supo que estaba sufriendo una<br />

pesadilla, y se encontró con la circunstancia de no saber qué hacer a<br />

continuación. Había resultado toda una sorpresa comprobar que el<br />

inmundo padecía pesadillas como ella, y tras valorar las posibles<br />

consecuencias, se armó de todo el valor que pudo y con su mano cogió su<br />

mandíbula cuadrada para despertarlo con suavidad. La descarga la pilló<br />

por sorpresa a pesar de que la esperaba, le recorrió el brazo por entero<br />

hasta llegar a su corazón, sufrió.<br />

Aslhem, incluso dormido, podía dominar la voluntad de ella.<br />

—¡Despierta, tienes una pesadilla!— no se permitió volver a<br />

tocarlo, con el codo lo golpeó con suavidad en las costillas, él, abrió los<br />

ojos de golpe y se volvió hacia ella que no pudo retroceder a tiempo, se<br />

)(


))#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

inclinó y se acercó tanto, que Satín podía percibir con absoluta claridad<br />

el fuego que emanaba de su cuerpo que se había puesto tenso como si<br />

fuese un metal helado tras tomar forma en la fragua. Cuando Aslhem<br />

posó su mano en su muslo cientos de agujas comenzaron a aguijonearla<br />

sin compasión y sin escapatoria posible, Satín ahogó un gemido<br />

estrangulado y le apartó la mano con brusquedad como si la hubiese<br />

quemado.<br />

El inmundo la miró tan intensamente que parecía que estaban<br />

ellos dos solos en el avión, sin gente, y suspendidos en la emoción de la<br />

irracionalidad. Satín se asustó por el brillo de reconocimiento que asomó<br />

a las pupilas de él y que no llegó a comprender, aunque sí fue capaz de<br />

atisbar el abismo que le mostraban y que contenía en su profundidad, el<br />

dolor, la pasión y el olvido al mismo porcentaje.<br />

Aslhem parpadeó recuperando la sonrisa, y de nuevo el control.<br />

—Lo lamento, he tenido un sueño agitado— Satín conocía<br />

demasiado esa sensación, sus pesadillas la acosaban desde que era una<br />

niña y no podía deshacerse de ellas por más empeño que pusiese.<br />

Seguían torturándola y pulverizando sus defensas.<br />

—En el futuro, procura no volver a tocarme— aunque viviese<br />

durante una eternidad, nunca podría olvidar la mirada de dolor lacerante<br />

que se reflejó en los ojos zafiro de Aslhem cuando terminó de pronunciar<br />

las palabras. Él, volvió su vista al frente sin responder al agravio con una<br />

serenidad en el rostro que lograba enfurecerla.<br />

¡Esa fuerza de control la desquiciaba!<br />

—¿Sabes lo que es la soledad?— Satín no había entendido la<br />

pregunta, lo miró de pronto con la sorpresa dibujada en el rostro,<br />

esperando…— ¿Alguna vez la carencia de amigos o de un compañero te<br />

ha conmovido hasta el punto de producirte un ahogo físico?<br />

—No me asusta la soledad— le dijo ella. Aslhem mostró apenas<br />

una sonrisa que no dejó entrever del todo, sus pupilas se mantuvieron<br />

fijas en la distancia.<br />

—Comencé a sentirme solo cuando fui consciente de que mi<br />

razón se volvía locura. La pureza en el mundo, maldad. La virtud en las<br />

personas pecado–– Aslhem inspiró antes de continuar. ––Cuando la<br />

desilusión se adueñó de mi corazón, me convertí en un preso de mis<br />

deseos insatisfechos. Las personas creen en la soledad cuando el


El centinela<br />

sentimiento de vulnerabilidad se cierra sobre ellos mismos de forma<br />

aplastante.<br />

Satín comenzó a tragar con cierta dificultad, no quería que sus<br />

palabras hicieran mella en su alma, que suscitaran empatía.<br />

—¿Comprendes lo que es la soledad?–– continuó–– cuando<br />

sientes que la falta de esperanza te acongoja hasta tal punto desquiciante,<br />

que solo puedes levantar el rostro al cielo en busca de soluciones, pero la<br />

respuesta a esos interrogantes puede mostrarte el vacío. Pero como te<br />

sientes débil para comprender, o eres demasiado cobarde para plantarle<br />

cara a su sentencia, la existencia de uno pierde todo significado— él<br />

calló durante un momento que a ella le pareció eterno.<br />

Se sentía incapaz de comprender las palabras de Aslhem.<br />

—¿Conoces lo que es el odio? –– Le preguntó–– ¿Has probado<br />

la hiel de su beso de enamorado?— Satín apretó los labios ante la<br />

pregunta descarada. Ella vivía por y para el sentimiento de aversión y<br />

rechazo, su sangre estaba impregnada de él. Sus sueños se alimentaban<br />

del desprecio desde que tenía uso de razón, pero no le respondió. ––Se<br />

cree en el odio cuando el pesar y la melancolía te atenaza el corazón con<br />

una marca profunda, negra. Cuando eres consciente de la ausencia del<br />

amor correspondido y en vano esperado— Satín se pegó al lateral de su<br />

asiento, sin dejar de escucharlo. Las palabras de Aslhem le mordían con<br />

certera voracidad. ––Pero eres muy joven para comprender esa necesidad<br />

¿verdad?<br />

Ella seguía en un silencio terco.<br />

—Todos necesitamos compañerismo, fuimos creados con esa<br />

divina necesidad— ella inspiró de forma profunda para evitar ofrecerle<br />

una respuesta.<br />

—Levanta por favor, necesito ir al baño— un brillo de lo más<br />

extraño se paseó por los ojos de Aslhem que asintió con la cabeza.<br />

Satín se ahogaba de forma irremediable, las palabras de Aslhem<br />

habían removido un escollo en su interior que creía enterrado para<br />

siempre, pero ¡maldita sea! Durante muchos años la ausencia del amor de<br />

su madre, había minado su confianza femenina. Ahora estaba tan ciega<br />

de rencor que no se permitía un hueco en su corazón para esa necesidad<br />

humana de compañerismo fraternal o físico. Lo odió todavía más por la<br />

)*


)+#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

facilidad con la que le recordaba su frustración y su carencia de lo más<br />

elemental en la vida, el amor de un muchacho hacia ella.<br />

Se mojó la cara en el pequeño lavabo de la nave antes de<br />

volver junto al él, necesitaba recomponer su semblante y esconder sus<br />

miedos bajo una máscara de indiferencia, demostrarle que aún tenía el<br />

control sobre sus pensamientos. El viaje iba a resultar muy largo e<br />

incómodo.<br />

Cuando enfiló el pasillo de la primera clase se paró con un<br />

terrible disgusto en sus ojos castaños, una de las azafatas tenía su mano<br />

izquierda apoyada en el antebrazo de Aslhem y lo miraba con el rostro<br />

completamente arrobado. Las mejillas de la mujer estaban encarnadas y<br />

el brillo de sus ojos había aumentado hasta el límite de parecer a punto de<br />

sufrir una lipotimia, ¡malditas bestias! Caminó los pasos que la separaban<br />

de su asiento más rápido de lo normal, con su cadera separó la mano de<br />

la azafata del brazo de Aslhem.<br />

Ella parpadeó varias veces.<br />

—Disculpe, ¿qué me había pedido?— Aslhem dirigió su mirada<br />

hacia Satín con un destello travieso en sus pupilas.<br />

—Una botella de agua con gas— la azafata le permitió que<br />

tomase asiento en el pasillo, él se había pasado un asiento hacia la<br />

ventanilla.<br />

—¿Y usted…?— Satín no se lo pensó.<br />

—Si fuese posible una botella de cloroformo— Aslhem alzó sus<br />

cejas en un interrogante tras oír la petición de ella.<br />

—Rara elección, cazadora— Satín le mostró una sonrisa<br />

ausente de humor.<br />

—Tengo que estar ocho horas sentada a tu lado…— no terminó<br />

la oración, la dejó suspendida en el aire con un suspiro de fastidio.<br />

—No tengas miedo de que trate de controlar tu mente— ¡por<br />

supuesto que tenía miedo! Pero antes iba a tragar quina hirviendo que<br />

mencionárselo.<br />

—Me has dado tu palabra— Aslhem chasqueó la lengua con<br />

pesar y ella continuó con acritud. ––Confío que te portarás bien o<br />

comprobarás lo caliente que está el infierno— él le mostró un gesto de<br />

enfado casi infantil, e hizo que el estomago de ella saltase con un júbilo<br />

difícil de ignorar ¿por qué tenía que ser tan endiabladamente guapo?


El centinela<br />

—No he sido yo quien ha comenzado la pelea— le respondió<br />

sapiente, pero la llegada de la azafata no le permitió ofrecerle una<br />

respuesta.<br />

)!


CAPÍTULO VI<br />

El centinela<br />

El Logan International Airport se encontraba completamente saturado de<br />

viajeros que esperaban su turno para embarcar hacia sus diferentes<br />

destinos. Tardaron casi dos horas en poder tramitar el alquiler de un<br />

vehículo, y recoger el poco equipaje que habían facturado en Barajas.<br />

Salieron de la terminal E con rumbo a North End, el barrio<br />

residencial más antiguo de Boston. Aslhem se movía con total facilidad<br />

conduciendo el pequeño vehículo por los cinturones de entrada y salida<br />

al aeropuerto. Satín admiró la ciudad y sus contrastes, sus románticas<br />

calles con casas de ladrillos rojos, sus grandes avenidas arboladas y sus<br />

edificios históricos.<br />

—¿Deseas que hagamos un alto para tomar un café en un área<br />

de servicio?— Satín negó con la cabeza al mismo tiempo que volvía la<br />

vista de la ventanilla para fijarla en él.<br />

—Deseo llegar cuanto antes.<br />

—La distancia no es muy larga, llegaremos en unos cuarenta y<br />

cinco minutos— miró de forma especulativa el rostro concentrado de la<br />

bestia mientras conducía. Su seguridad, su aplomo y esa belleza<br />

arrebatadora anulaban sus esfuerzos de mostrarse indiferente a la<br />

atracción que ejercía sobre ella.<br />

—Parece que conoces bien la ciudad.<br />

—He vivido aquí durante un tiempo— la cazadora se mantuvo<br />

en silencio.<br />

—¿Sabías que los primeros pobladores europeos bautizaron a<br />

esta área con el nombre de Tramontana?, luego fue rebautizada en<br />

homenaje al pueblo inglés de Boston en Lincolnshire del cual muchos<br />

peregrinos eran originarios…— ella cortó su charla de forma seca.<br />

—De aquí sólo me interesa una cosa, dónde encontrar a Erikem<br />

y como acabar con él— Aslhem suspiró por la interrupción.<br />

*%


*$#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

—¡Cuánta sed de sangre mi pequeña mercenaria!— ella no se<br />

ofendió por la burla a sus palabras, por primera vez mostró una sonrisa<br />

auténtica que hizo que el corazón de Aslhem saltase en su pecho con una<br />

alegría inusitada, le devolvió la sonrisa y Satín torció los labios con<br />

remordimientos. ¡Si no fuese tan endemoniadamente guapo! pensó en un<br />

arrebato femenino que logró sepultar en lo profundo de su alma a tiempo<br />

de que él no se percatase del interés que le despertaba.<br />

—¿Dónde está el hotel?<br />

—Mi casa querrás decir— no se sorprendió por su respuesta,<br />

nada en los malditos conseguía sorprenderla.<br />

—Cerca del Boston Public Gardens, en la calle Arlington St.<br />

—¿Cuántas casas posees?— le preguntó sin mirarlo. Aslhem<br />

amplió la sonrisa que no había abandonaba su rostro desde que se<br />

encontró prisionero en la cueva de la Diana cazadora.<br />

—Las compro y las vendo según las necesidades que van<br />

surgiendo— su respuesta no le había aclarado nada.<br />

—¿Cuántas?— Satín había clavado sus ojos en él esperando su<br />

respuesta. Aslhem la miró con una intensidad tan arrolladora que hizo<br />

que el pecho de Satín sufriese un espasmo de emoción que ahogó por<br />

pura terquedad.<br />

—Diecisiete a lo largo y ancho del mundo— Satín silbó.<br />

—Debes de ser un hombre muy rico— Aslhem no la contradijo,<br />

la miró durante un segundo con una sonrisa tierna y desquiciante. Ella a<br />

cambio le ofreció una mueca de desprecio— no me gusta que me sonrías<br />

constantemente, logras incomodarme— él volvió a mostrarle sus blancos<br />

y parejos dientes en una sonrisa genuina.<br />

—Lo que realmente deseas decir es que mi magnetismo logra<br />

ponerte nerviosa— Satín no lo admitiría ni en cien años, ni aunque<br />

estuviese suspendida en el vacío y cogida solamente por sus cabellos.<br />

—Lo que realmente quiero decir es que me desagrada todo de<br />

ti— él negó con la cabeza.<br />

—Alguna vez tendrás que admitirlo— ella tensó la espalda<br />

inquieta y le respondió de inmediato.<br />

—Admito que me produces una aversión difícil de disimular—<br />

Aslhem frenó en seco el utilitario justo en el arcén a un lado de la<br />

carretera. Satín apretó los labios porque no entendía el motivo de la


El centinela<br />

parada brusca hasta que vio sus ojos encendidos que seguían mirándola<br />

con el deseo rebosando por el zafiro de su iris.<br />

—Esa es una provocación que no puedo rechazar. Ahora mismo<br />

voy a demostrarte la aversión que te produzco— no fue lo<br />

suficientemente rápida o previsora. Las manos de Aslhem sujetaron sus<br />

hombros que comenzaron a temblar. Cuando el aliento de él comenzó a<br />

resbalar por su barbilla, Satín supo que algo iba a cambiar en ese preciso<br />

momento y no podía detenerlo.<br />

El contacto de sus manos era pura delicia. Cientos de<br />

escalofríos comenzaron a recorrer su piel desde los dedos de los pies<br />

hasta el comienzo de sus orejas. Tragó saliva cuando sintió la dureza de<br />

sus dedos apretar la tierna carne de sus brazos, la ansiedad que la<br />

sobrecogió la dejó paralizada. ¡Por todos los demonios! ¿Cómo podía<br />

hacer que lo deseara solamente con su contacto?<br />

Suspiró cuando los labios de él se posaron en los suyos, un<br />

suave roce hizo que perdiera el contacto con la realidad. No podía<br />

controlar su voluntad, y en ese preciso momento no le importó su pasado,<br />

su futuro, nada. Lo único realmente trascendental era que Aslhem estaba<br />

consiguiendo una grieta en su coraza, lograba con su contacto que se<br />

sintiera la chica más hermosa y deseable del mundo. Le despertaba<br />

sensaciones que ella no tenía modo de sujetar, y que no debía contemplar<br />

como reales porque entonces su alma estaría condenada.<br />

Aslhem trató de profundizar el beso para borrar la amargura<br />

que habitaba en el interior de ella, pero Satín reaccionó a tiempo. Con<br />

manos temblorosas lo empujó y se separó de él, cuando al fin recobró el<br />

control y logró enfocar la vista, los ojos de él prometían…<br />

… Una eternidad en el más deseable de todos los paraísos<br />

existentes.<br />

—Has roto tu palabra ¡maldito inmundo!— el miedo había<br />

vuelto de nuevo. La joven volvía a poner distancia, pero él aún se<br />

estremecía bajo la intensidad de las emociones que ella le despertaba, lo<br />

afectaba a unos niveles que alcanzaban lo irrazonable. Era el paraíso del<br />

Edén, ninguna mujer lo había perturbado así, con ella podía permitirse el<br />

consuelo que le pedía su alma.<br />

*&


*'#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

—Entonces la próxima vez medirás tus palabras cuando<br />

presumas de la aversión que te produzco— Aslhem enfrió sus ojos hasta<br />

el punto de la displicencia.<br />

Satín tragó con dificultad pero pudo mirarlo sin pestañear.<br />

—Si has terminado tu lección sobre el ego recalcitrante,<br />

continúa hacia nuestro destino— Aslhem arrancó el motor de nuevo, y<br />

con un fuerte acelerón volvió a incorporarse a la carretera.<br />

—Algún día lo admitirás— ella se encogió levemente en el<br />

coche. Estaba mucho más afectada por el breve beso de lo que podía<br />

tolerar.<br />

—Lo admitiré sobre tu tumba, tienes mi palabra.<br />

El silencio que siguió al resto del trayecto resultó muy<br />

significativo.<br />

Satín no sabía cómo encauzar los sentimientos contradictorios<br />

que le había provocado los labios de él. Había logrado que se sintiera<br />

atraída, pero su parte racional seguía odiando todo lo que representaba, y<br />

que no podía ignorar. El asalto brutal a sus sentidos con el suave beso, la<br />

había noqueado por completo, se sentía físicamente aturdida y<br />

emocionalmente devastada.<br />

Los próximos días podían resultar muy difíciles si Aslhem<br />

seguía en su empeño de seducirla, y ella de matarlo.


CAPÍTULO VII<br />

El centinela<br />

La maravillosa casa de Aslhem la sumió en una sorpresa inesperada.<br />

—Es muy hermosa— la exclamación le hizo volver los ojos a<br />

ella. Ver algo diferente en la adversa mirada de Satín que no fuese el<br />

odio dirigido a su persona resultaba esperanzador.<br />

––Gracias.<br />

—Y muy grande— su menuda figura seguía parada frente a la<br />

casa una vez que hubo bajado del coche. Aslhem se encargaba de los<br />

bolsos de viaje.<br />

—Las construcciones del estilo de Boston se caracterizan<br />

precisamente por tener grandes volúmenes, así como los techos de<br />

pizarra asfáltica a dos aguas y dormers— ella alzó una ceja curiosa— son<br />

una especie de balcones que salen desde el techo. Como en Boston los<br />

veranos son más frescos, los diseños originales no tienen galerías, salvo<br />

excepciones.<br />

Una vez que Aslhem sacó la llave de la puerta, permitió que ella<br />

le precediera hacia el interior. Cuando conectó la llave de la luz, Satín<br />

creyó que había entrado en otra dimensión. Los suelos de mármol y las<br />

paredes de piedra, la sumergieron en otra época.<br />

—No hace juego contigo— Aslhem ladeó la cabeza al mismo<br />

tiempo que depositaba los dos bolsos en el primer peldaño de la escalera<br />

adosada a la parte derecha del vestíbulo.<br />

—¿Demasiado clásica?— ella negó.<br />

—Demasiado predecible— la respuesta lo desconcertó. Paseó<br />

sus ojos de zafiro por el amplio vestíbulo intentando ver su hogar con los<br />

ojos de ella— es perfecta.<br />

—Tengo personal contratado que la mantienen en excelentes<br />

condiciones cuando no estoy aquí para disfrutar de ella— la joven se<br />

desplazó con lentitud hacia uno de los dos salones que se integraban con<br />

perfecta armonía a la casa. —Te mostraré tu dormitorio— Satín cabeceó<br />

*(


*)#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

al mismo tiempo que lo seguía. Cuando enfilaron el corredor principal,<br />

Aslhem detuvo sus pasos y le abrió la puerta.<br />

—Confío que el tuyo esté lo bastante lejos de mi presencia— él<br />

se acercó hasta quedar a un centímetro del cuerpo de ella que se tensó<br />

involuntariamente esperando, con un anhelo presumido que no podía<br />

ocultar. Aslhem de forma suave, le colocó un rizo que se le había soltado<br />

del moño, y lo colocó detrás de la oreja que estaba ausente de pendiente.<br />

Ella se estremeció a causa del escalofrío que le produjo ese leve<br />

contacto. Sus ojos se endurecieron hasta parecerse al granito, y con un<br />

gesto de desdén, echó la cabeza hacia atrás a la vez que le increpaba con<br />

palabras cuajadas de veneno.<br />

—Puedes lograr que mi mente te responda, cuentas con esa<br />

ventaja, pero sigo teniendo el control sobre mis emociones, y el<br />

desprecio que siento por ti aunado a todo lo que representas y que<br />

aborrezco, no se va a esfumar. ¡Limítate a mantenerte lejos!— Aslhem,<br />

en esta ocasión no sonrió su pulla, y Satín fue plenamente consciente de<br />

que lo había ofendido con su desconfianza habitual. Cuando Aslhem se<br />

volvió, a Satín le costó una eternidad no rogarle que la perdonara, usó<br />

todo su control para contener las ganas de lanzarse como una loca a sus<br />

brazos. El dolor incandescente de su mirada cuando pronunció las<br />

palabras peyorativas la marcó con una aflicción extrema, aún así, no se<br />

retractó. Cuando la puerta se cerró tras él, bajó los ojos al suelo<br />

completamente atribulada.<br />

Se sentía agotada hasta tal punto que creía que no podría<br />

soportarlo más. La larga agonía de su aislamiento voluntario hizo que le<br />

temblasen tanto las piernas que tuvo que sostenerse en el pequeño<br />

tocador para no caer al suelo, desvanecida.<br />

«Lo odio porque no tiene capacidad para amar… para amarme»<br />

El pensamiento revelador la dejó mareada durante un segundo.<br />

Cada fibra de su ser comenzó a estremecerse como si hubiese estado en<br />

contacto con el hielo de la muerte. Agitó su cabeza con furia tratando de<br />

borrar las palabras de su mente, pero la verdad la había golpeado con<br />

alevosía grabando en su piel cada letra con furiosa obstinación. El vacío<br />

en su interior la consumía. Los ojos se le llenaron de lágrimas y los<br />

hombros comenzaron a convulsionarse intentado ahogar los sollozos que<br />

pugnaban por salir de su garganta cerrada y dolorida. Lo había buscado


El centinela<br />

durante mucho tiempo y había pensado tanto en él que ahora existía un<br />

lazo emotivo que los mantenía unidos a pesar de su recelo. ¿Cuándo<br />

había ocurrido? ¡Estaba conmocionada! ¿Por qué la mirada de pérdida de<br />

Aslhem lograba conmoverla de ese modo? ¿Por qué razón el inmundo<br />

tenía el poder de manipular sus pensamientos y arrastrarlos hacia él de<br />

continuo sin que ella pudiese hacer nada para resistirse? Con repetidos e<br />

insensatos esfuerzos, trató de aliviar la culpa y la necesidad que se había<br />

instalado en su pecho, ante la emoción que Aslhem había despertado en<br />

su alma femenina sedienta de afecto, pero había hecho una promesa.<br />

Dio rienda suelta a su amargura, y se abrazó las rodillas con una<br />

congoja extrema.<br />

«Es realmente hermosa»<br />

Desde su altura privilegiada, miró a la doncella que jugaba<br />

con el agua del río completamente feliz. Su risa cristalina penetraba en<br />

su alma produciéndole un anhelo vehemente por acariciarla; protegerla<br />

encerrándola en sus brazos por el resto de sus días…. Le estaba<br />

prohibido, pero el deseo había arraigado profundamente en él. Estaba<br />

enamorado y se sentía incapaz de comprender la fuerza suprema que lo<br />

alejaba de ella, esa fuerza que le había permitido conocerla y, sin<br />

embargo, le prohibía que pudiese estar a su lado, pero podía tocarla. El<br />

pensamiento traidor de poder acariciar la piel sedosa, amotinó la razón<br />

en su mente provocándole una rebelión emocional imposible de<br />

controlar, extendió hacia ella su brazo, separando apenas unos<br />

milímetros los dedos cuando…<br />

Aslhem abrió los ojos en el mismo momento que sintió que su corazón<br />

saltaba con un dolor sordo por el recuerdo que volvía a su mente con una<br />

fuerza que lo dejaba paralizado, lo mantenía suspendido en la<br />

incertidumbre más absoluta. La había encontrado y su frustración para<br />

alcanzarla le producía una agonía dentro de su ser, realmente<br />

escalofriante. Suspiró, los recuerdos del amor resultaban imborrables,<br />

como las cicatrices, y seguían atizando con el látigo del olvido su alma<br />

**<br />

66


*+#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

atormentada, con furia desmedida. Inspiró profundamente para recuperar<br />

los latidos desbocados. Se miró las manos que temblaban sin control por<br />

el deseo de acariciar los brillantes cabellos, enterrar sus dedos en los<br />

mechones gruesos y asir los rizos como si los pudiese encerrar en sus<br />

puños para toda la eternidad. Llevarlos hasta sus labios para besarlos, y<br />

olerlos con la reverencia que se merecían, y que no podía brindarle a<br />

menos que ella se lo permitiese.<br />

Se sentía consumido por las llamas del amor no correspondido,<br />

y la impotencia volvió a instalarse en su determinación de nuevo. Cuando<br />

sintió la presencia de ella en su espalda, se volvió dibujando en sus labios<br />

la misma sonrisa que le ofrecía en cada momento, tratando de que la<br />

recordase, que penetrase en los recovecos de su memoria, vacía de<br />

sentimientos hacia él.<br />

Satín estaba parada justo en la doble puerta que unía el salón<br />

con el confortable comedor, sin atreverse a dar el paso de decisivo de<br />

entrar donde estaba él esperándola para la cena.<br />

—Quiero ofrecerte una disculpa— Aslhem dio un paso hacia<br />

ella, pero Satín levantó una mano para detenerlo con una súplica en sus<br />

ojos castaños que lo enterneció, se veía solitaria pero inaccesible. ––<br />

Sabes que no podré negarme si es eso lo que pretendes— se mantuvo<br />

quieto sin apartar la vista del rostro de la joven que mostraba de forma<br />

clara las huellas del llanto reprimido. Ella sufría y él no podía consolarla.<br />

¡La había encontrado! Pero estaba tan lejos de él, como la luna<br />

del sol.<br />

—Sé con toda certeza que eres un experto en leer la mente—<br />

Aslhem lo confirmó con sus palabras.<br />

—Es cierto, nuestros sentidos están muchos más<br />

desarrollados— Satín hizo una aceptación con la cabeza. ––Nuestra<br />

percepción extrasensorial nos permite conocer vuestros pensamientos sin<br />

necesidad de que los pronunciéis.<br />

—Manipularlos querrás decir— él negó con la cabeza—<br />

siempre había creído que las magnitudes de energía que el cerebro<br />

humano es capaz de producir, resultaban insuficientes para permitir la<br />

transmisión de información…— Satín hizo una pausa antes de<br />

continuar— hasta que supe de la existencia de los malditos.


El centinela<br />

—Entre los humanos hay individuos que ha perfeccionado esa<br />

percepción psíquica como nosotros— su silueta avanzó un paso más, el<br />

propio Lee tenía esa misma percepción de la que hablaban ambos, pero la<br />

usaba con fines humanitarios, ayudar a las personas en un ámbito<br />

espiritual.<br />

—Necesito una promesa — los labios de él seguían cerrados. ––<br />

No volverás a manipular mis pensamientos en tu provecho— Aslhem se<br />

mantuvo en un silencio largo que a ella le resultó incómodo. Las manos<br />

de Satín comenzaron a retorcerse junto a su regazo mostrando el<br />

nerviosismo que la embargaba esperando su respuesta. Cuando habló por<br />

fin estaba a un sólo paso de ella.<br />

—No puedo evitar escucharte en silencio, llámalo maldición o<br />

bendición, pero tienes mi palabra de que nunca he manipulado tus<br />

pensamientos a conciencia— ella se debatía en la duda de creerle o no.<br />

—Me resulta difícil aceptar tu palabra porque siento que<br />

manipulas mi voluntad en tu beneficio. Haces que a tu lado me sienta<br />

alguien especial— Aslhem se metió las manos en los bolsillos en un<br />

intento de no abrazarla. La demostración que había pretendido darle en el<br />

coche lo había dejado pulverizado y hundido en el arrepentimiento más<br />

amargo, y en la desesperanza más acuciante.<br />

—Existe una atracción real entre los dos, aunque te empeñes en<br />

ignorarla— ella, trató de negar de forma vehemente esa afirmación. ––<br />

Percibo tu soledad, visiono tus recuerdos y mi piel te reclama con el<br />

conocimiento de que sientes lo mismo que yo— la cazadora inspiró tan<br />

profundamente que perdió la voz por un momento.<br />

—Somos aliados en una causa donde no tiene cabida la<br />

confraternización, soy incapaz de darte lo que buscas…— Aslhem la<br />

interrumpió:<br />

—¿Y qué busco Satín?<br />

—Lo que habéis buscado a lo largo de la historia de forma<br />

impune, reproduciros salvaje y descontroladamente.<br />

—Los tiempos cambian también para los inmundos, como tú<br />

nos llamas— apretó sus labios para callar la protesta, pero no lo<br />

consiguió, la réplica subió por su garganta con sarcasmo.<br />

—¿Es por esa razón que el malvado Erikem trabaja en un<br />

hospital infantil? ¿Porque los tiempos han cambiado para los<br />

*!


*"#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

inmundos?— él asintió con cierto pesar y la interrumpió con voz neutral<br />

antes de que ella continuase.<br />

—Ven, sigamos hablando mientras alimentamos nuestro<br />

cuerpo. La cena se preparó hace tiempo— tras dudar durante un instante,<br />

finalmente lo siguió.


CAPÍTULO VIII<br />

El centinela<br />

Satín miró con desconfianza la mesa pulcramente vestida con un mantel<br />

de hilo blanco y bordado con flores de lis en color plata. La comida<br />

estaba servida y adornada en una vajilla Schwanenservice sumamente<br />

cara, lo sabía porque su madre había tenido una muy parecida.<br />

Contempló absorta los huevos escalfados con caviar en una de las fuentes<br />

adornadas con hojas de rúcula, berros y acedera, así como la ensalada de<br />

salmón escabechado con trufa que le habían dado forma de corona. La<br />

ensalada de lechugas variadas con queso y piñones se veía apetitosa así<br />

como las rebanadas de pan con nueces untadas con mantequilla batida<br />

con romero. Cuando Aslhem le ofreció una copa de champán de una<br />

botella Bollinger del 61 alzó los ojos estupefacta y con una “o”<br />

perfectamente dibujada en los labios.<br />

—Creo que he logrado sorprenderte— Satín cerró la boca y<br />

tomó la copa de cristal de Baccarat llena del champán dorado que<br />

chispeaba juguetón–– imagino que tienes edad para beber un poco de<br />

vino espumoso.<br />

La chica asintió con la cabeza.<br />

—Estoy sorprendida, por un momento he creído que estaba a<br />

punto de cenar con James Bond— Aslhem soltó una risa tan alegre que la<br />

fascinó. La tensión entre ellos había disminuido hasta un nivel tolerable,<br />

ante la mirada de chanza de él le dijo a modo de broma— no con<br />

cualquier agente si no con el único, Pierce Brosnan.<br />

—Yo también he cambiado las camisas Turnball and Asser por<br />

las Briori y el Dom Perignon del 53 por el Bollinger del 61 más acorde<br />

con mi estilo— por primera vez, Satín se relajó y se permitió un respiro.<br />

El rostro de su acompañante en la mesa se había dulcificado como el de<br />

un niño que ha sido complacido con un juguete.<br />

—Pero no conduces un Aston Martin ni fumas habanos<br />

cubanos— él contuvo las ganas de saltar de alegría al verla tan cómoda<br />

+%


+$#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

en su presencia. El puño de hierro que había comenzado a estrujar su<br />

corazón, había aminorado un poco la fuerza.<br />

—Créeme, ese individuo es una copia mala de mí, y muy mayor<br />

para una chica de dieciocho años— Satín tomó uno de los dos asientos<br />

que presidían la cabecera de la mesa, Aslhem se situó justo en frente de<br />

ella y dejó con suma elegancia la copa encima del mantel para rendirle<br />

los honores de servirle el bocado más exquisito de cada plato. La joven<br />

se dedicó a observarlo mientras cenaban.<br />

–– ¿Cómo sabes la edad que tengo?–– preguntó ella de pronto,<br />

al mismo tiempo que lo veía como hombre y no como cazador. La<br />

apariencia de Aslhem era impecable, sus modales exquisitos. Era el<br />

perfecto caballero de conversación fluida, atenta, y lograba con cada<br />

mirada penetrante, hacer que una mujer se sintiera la más especial de<br />

todas… incluso ella misma se sentía así.<br />

––No estoy del todo seguro, aunque pareces algo menor–– Satín<br />

no se molestó por su conclusión. Era cierto que su rostro era el de una<br />

muchacha que apenas comenzaba a vivir, pero su alma era todo lo<br />

contrario, la sentía vieja. Cansada, y se dedicó entre bocado y bocado a<br />

analizar la figura de él, hizo cálculos mentales para calcular la edad del<br />

inmundo.<br />

––No pienso decírtelo–– ella rió al escucharlo–– es mi secreto<br />

mejor guardado.<br />

––Aparentas unos veintidós o quizás veintitrés–– él realizó un<br />

alzamiento de hombros como si su edad no fuese importante.<br />

Satín pensó que Aslhem podría ser el compañero perfecto, si<br />

fuese más joven. Su fuerza innata producía un sentido de protección que<br />

anhelaba cualquier mujer, pero era un inmundo y ella no podía olvidar lo<br />

que un maldito le había hecho a su madre. Inspiró profundamente para<br />

deshacerse de la sensación incómoda de sus pensamientos traidores. Fijó<br />

sus ojos en la cena acabada. Todo había estado más sabroso de lo que se<br />

veía, había disfrutado como nunca. La continua caza la sumía en una<br />

vorágine donde no cabía el disfrute y la relajación. Ya no se acordaba de<br />

lo hermoso que podía ser una cena en compañía de un amigo o un colega<br />

compartiendo comentarios banales. Ese pensamiento le hizo sentirse<br />

desleal con Soul y Lee. Inspiró de nuevo y movió las últimas burbujas


El centinela<br />

del champán con ojos de oscura melancolía, y en un debate continuo de<br />

lealtades.<br />

—Mi reino por uno de tus suspiros— Satín alzó los ojos<br />

empañados sin poder sonreír su broma. Él conocía sus pensamientos<br />

mejor que ella. Sus razonamientos era un crescendo que iba a terminar<br />

por ahogarla.<br />

—¿Alguna vez te has equivocado en la caza?— él negó en<br />

silencio la pregunta hecha en un susurro. La joven bajó los ojos<br />

completamente abrumada por el azoro, esa pregunta se la hacía de<br />

continuo cada vez salía de caza. ––La duda constante me corroe aunque<br />

intento convencerme que el fin justifica los medios.<br />

—Puedo asegurarte que nunca te has equivocado de pieza—<br />

Satín lo miró perpleja y con la esperanza asomando por sus pupilas. ––<br />

Eres una excelente cazadora.<br />

—¿Qué sientes cuando acechas a uno de los tuyos?— Aslhem<br />

se guardó la réplica para no ofenderla, debía ir con pies de plomo para no<br />

avivar de nuevo su desconfianza, ahora que parecía que existía una cierta<br />

cordialidad entre los dos.<br />

—Como mencionamos en El Hierro, mis piezas son<br />

desviaciones anormales a nivel cromosómico, y que suelen manifestarse<br />

en sadismo incontrolado y esquizofrenias violentas. Son muertes<br />

necesarias— Satín volvió a quedarse callada asimilando la<br />

información— pero muchos otros–– continuó él–– incluso miles, hacen<br />

su vida normal. Se integran perfectamente en la sociedad y son vecinos y<br />

ciudadanos ejemplares— la muchacha chasqueó la lengua intentando<br />

contener una sonrisa divertida.<br />

—Desde que el mundo es mundo, se ha especulado mucho con<br />

respecto a los Nephilim al margen de las pruebas que se siguen<br />

encontrando.<br />

—La arqueología moderna es la primera que descarta la<br />

posibilidad de que hayan sido reales.<br />

—Y sin embargo, no encuentran explicación para los esqueletos<br />

que miden entre dos y cuatro metros de altura y que se han encontrado en<br />

diferentes excavaciones.<br />

—La ciencia los llama Gigantopithecus— Satín siguió<br />

enfrascada en sus pensamientos mientras escuchaba su explicación—<br />

+&


+'#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

algunos científicos siguen especulando que estos podrían haber sido el<br />

origen de la tradición de los antiguos Nephilim que menciona las<br />

sagradas escrituras. Lamentablemente son muy pocos los que opinan así.<br />

—¿Por qué Dios permitiría esa desnaturalización de ambas<br />

especies? Humanas y ángeles, insólito y monstruosamente repugnante.<br />

—Pero cierto— apostilló Aslhem sin dejarla terminar.<br />

—Mi corazón se pregunta dónde se encontrará en estos<br />

momentos, y el sentido común me dicta que debe estar tomándose una<br />

cerveza con el Diablo y apostando en un juego macabro las almas que<br />

cada uno se llevará.<br />

—El demonio es la excusa que abanderan los humanos para<br />

justificar los errores que cometen— Satín lo miró con cara de no querer<br />

creerle, pero algo en la forma de mirarla, le hizo comprender que hablaba<br />

muy en serio.<br />

—Me resulta inconcebible la existencia de Dios sin estar unida<br />

al Diablo.<br />

—Los humanos no están capacitados para entender esas<br />

verdades sobrenaturales.<br />

—Dios subestima la capacidad humana de reacción ante lo<br />

sorpresivo— Aslhem soltó una carcajada con auténtico humor tras<br />

escucharla— ¿qué te parece tan gracioso?— se bebió el brillo de los ojos<br />

de ella con un suspiro que dejó incompleto. Estaba tan exquisita sentada<br />

frente a él que no era capaz de comprender cómo controlaba la gran<br />

necesidad que sentía de abalanzarse sobre ella y abrazarla.<br />

—Cuando estés preparada, yo mismo te ilustraré— la respuesta<br />

la dejó más perpleja todavía.<br />

—¿Y quién te dice que no lo estoy?— Aslhem ya le había<br />

dicho demasiado, cerró sus labios a sus preguntas al mismo tiempo que<br />

entrecerraba los ojos para que ella no advirtiera lo mucho que le<br />

importaba.<br />

Tenía un duro trabajo por delante, pero quien se hallaba sentada<br />

ante su figura no podía sospechar nada.<br />

–– ¿Qué se siente al ser un Nefilem?— Aslhem desvió la vista<br />

del mantel para fijarla en las pupilas de Satín, al mismo tiempo que<br />

cruzaba de forma descuidada una pierna sobre la otra, como tomándose<br />

su tiempo antes de responder.


El centinela<br />

—La palabra correcta sería: Noufilim, puesto que son los<br />

descendientes de los Nephilim— Satín asintió y lo miró con ojos<br />

especulativos.<br />

—Eres un Dios menor, hijo de un ángel y de una humana,<br />

dividido entre dos mundos sin pertenecer en realidad a ninguno—<br />

Aslhem no le respondió de inmediato. Siguió bebiendo de su copa con<br />

total naturalidad. ––¿Cómo controláis vuestra fuerza y vuestra altura?—<br />

tras pronunciar sus palabras, sus pupilas de dilataron de horror, una idea<br />

había germinado en su cerebro. Existían Noufilim en toda la comunidad<br />

científica, ella había exterminado a tres renombrados doctores que habían<br />

mostrado una sicopatía esquizofrénica anormal, ¿cómo no se le había<br />

ocurrido antes?<br />

Lo miró completamente atónita.<br />

—Te estás precipitando en tu juicio una vez más— el rostro de<br />

Aslhem se había tornado serio, y con una cierta amenaza velada en sus<br />

ojos de zafiro— no nos imputes delitos que los humanos cometen a<br />

diario.<br />

—¿Cómo lográis controlarlo?–– siguió preguntando.<br />

—Vigilando el embarazo de forma más exhaustiva, el periodo<br />

de gestación no suele superar los siete meses— Satín silbó consternada<br />

por la información, pero si se atenía a las palabras pronunciadas, los<br />

sietemesinos eran Noufilim.<br />

Aslhem sonrió por la conclusión llegada.<br />

—No todos, pero una gran mayoría de ellos sí— le había vuelto<br />

a leer el pensamiento— tenemos aliados en varios campos; científico y<br />

jurídico— ella ya lo sabía, célebres médicos, cirujanos, abogados,<br />

jueces…, una telaraña bien construida para pasar inadvertidos y<br />

protegerse de mutuo acuerdo. ––Muchos de ellos han aportado a la<br />

historia documentación realmente valiosa para el progreso. ––Fijó sus<br />

pupilas en el rostro de él intentado encontrar alguna similitud con las<br />

presas que cazaba, afortunadamente no encontró ningún parecido salvo la<br />

elevada estatura y complexión musculosa. El alivio que sintió le dejó una<br />

sensación desconocida de aligeramiento de la carga que portaba sobre sus<br />

hombros.<br />

«Cuéntamelo Satín»<br />

+(


+)#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

Ella alzó la frente al oír su nombre en sus labios. El sonido<br />

había pasado junto a su oído como un susurro aterciopelado, pero se dio<br />

cuenta de que él no había abierto la boca para decir nada.<br />

—No puedes evitarlo ¿verdad?— le preguntó, y Aslhem negó<br />

con la cabeza varias veces antes de volver a llenarle el vaso de agua.<br />

Volvió a sonreírle, y hasta ella llegó su voz callada flotando en una nube<br />

de perfume lleno de esencias que le hizo evocar el olor del césped recién<br />

cortado en una tarde de verano; el olor de la tierra mojada en el bosque, y<br />

el pan caliente que preparaba su madre antes de ser asesinada por el<br />

inmundo.<br />

Sus ojos se oscurecieron con una amargura difícil de ocultar.<br />

«Somos fuertes, estamos capacitados para sobrellevar vuestra<br />

carga pesada. Permíteme que alivie tus pesares con mi empatía»<br />

La espalda de la joven se tensó como si fuese la cuerda de una<br />

guitarra, en el mismo instante que la voz de él penetró en su mente sin<br />

que la hubiesen pronunciado sus labios. Durante la cena había olvidado<br />

quién era él y quién era ella, pero de un golpe traicionero, la cruda<br />

realidad volvió a poner distancia entre los dos. Había sido desleal a sus<br />

sentimientos y a todo lo que creía desde niña, la pérdida de su madre<br />

seguía llenándola de un veneno negro, el inmundo no podía quedar<br />

impune de la gran pérdida que había sufrido en su amor fraternal.<br />

«Pero Aslhem no fue el culpable»<br />

Las palabras salieron de su cerebro como una estampida, pero<br />

vetó a la oportunidad de analizarlas con detenimiento. Debía cumplir su<br />

palabra, y pensaba llevarla a cabo sin importar a qué inmundo arrastrase<br />

consigo.<br />

Se sentía profundamente avergonzada, había bajado la guardia.<br />

—Estoy cansada, mañana nos espera un duro día de caza—<br />

Aslhem vio cómo se alejaba llena de dudas otra vez, pero en esta ocasión<br />

no trató de detenerla. El avance que había conseguido esa noche le sabía<br />

con el mismo regusto amargo de la victoria, pero había dado un paso<br />

decisivo.


CAPÍTULO IX<br />

El centinela<br />

Aslhem la miró con interés al contemplar lo que Satín metía en la<br />

práctica mochila de nailon negra; una pistola automática, un par de<br />

móviles, un arsenal de medicamentos, artefactos varios y una botella con<br />

un líquido transparente que estaba perfectamente sellada. Vio<br />

consternado cómo accionaba el cerrojo del arma para introducir una bala<br />

en la recámara, a continuación le puso el seguro y se la guardó detrás en<br />

la espalda al mismo tiempo que se ajustaba la correa de piel a su cintura.<br />

Estaba perplejo. ¿Cómo diantres había pasado el arsenal por la seguridad<br />

del aeropuerto sin que saltasen las alarmas? Inaudito. ¿Y cómo él no se<br />

había dado cuenta? Los pantalones negros de cuero y el suéter de cuello<br />

alto la hacían parecer más seductora, reprimió a duras penas el impulso<br />

de besarla.<br />

—Hacia donde vamos, no necesitas armas— le dijo con un tono<br />

neutro de voz. Satín dudó un solo instante al escucharlo, pero descartó la<br />

sugerencia de un plumazo— no puedes andar así por las calles de<br />

Boston, atraes la atención sobre tu persona mejor que si fueses<br />

desnuda— esta vez las palabras sí tuvieron el efecto deseado. Ella se<br />

quedó inmóvil, mirándolo como si no lo comprendiera pero asintiendo a<br />

la vez— tenemos que conocer los pasos de Erikem antes de tratar de<br />

cazarlo.<br />

—Me subestimas— fue el seco comentario de Satín y Aslhem<br />

meneó la cabeza con impaciencia ante su terquedad.<br />

—¿Pretendes asesinar a un renombrado doctor delante de sus<br />

pacientes y conocidos? ¿De niños que lo adoran? ¿Crees por un momento<br />

que te lo permitiré?— Estaba tan sedienta de sangre que no había<br />

pensado en las consecuencias de sus acciones. Erikem era un famoso y<br />

conocido ginecólogo que se ocupaba de los embarazos de alto riesgo y<br />

complicados de la alta sociedad bostoniana. Su reputación le predecía allí<br />

+*


++#<br />

77<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

donde iba. Los diversos artículos que le había facilitado Aslhem le<br />

habían mostrado que su ausencia iba a ser tenida en cuenta por la<br />

comunidad científica. Debían mostrarse discretos.<br />

—¿Qué no…?— No pudo concluir la pregunta–– ¿Y<br />

sugieres…?— lo animó a que continuase.<br />

—Que conozcamos los pasos que da, donde vive y su agenda de<br />

trabajo, estoy convencido que hará visitas a domicilio, si lo seguimos sin<br />

que se percate, todo será más fácil— asintió comprendiendo y ambos se<br />

pusieron en marcha.<br />

El vestíbulo principal del hospital o main lobby como se decía en la jerga<br />

local, estaba repleto de objetos divertidos que debían de entusiasmar a los<br />

niños. Satín se paró durante unos segundos para admirar los paisajes<br />

marítimos que había expuestos así como las radiografías de los peluches<br />

que le arrancó una mueca jocosa, los niños debían estar encantados con<br />

semejante despliegue de juguetes pero siguió remoloneando entre las<br />

tiendas. En ese momento no le parecía absurdo perder el tiempo en el<br />

vestíbulo, y fundirse con los familiares de los pacientes mientras Aslhem<br />

investigaba las actividades del día de Erikem. La joven confiaba en que<br />

no se hubiese tomado el día libre o su caza debería continuar un día más.<br />

Cuando lo vio regresar con el rostro serio, supo que sus planes de<br />

venganza debían posponerse.<br />

—¿Está ausente?— el ligero asentimiento de cabeza le hizo<br />

soltar un juramento.<br />

—Tres días, se encuentra en una convención en la costa oeste,<br />

concretamente en San Francisco— ella maldijo por lo bajo, eso estaba en<br />

el otro extremo del país.<br />

—¿Y qué vamos a hacer hasta entonces?— el cazador de<br />

inmundos le sonrió con una dulzura fingida.<br />

—¿Visitar la ciudad como dos turistas más?— Satín deseaba<br />

golpearlo, la frustración la ponía de muy mal humor.<br />

—Podríamos volar hasta San Francisco y tratar de<br />

encontrarlo— le parecía imposible estar viendo el estallido infantil de<br />

ella porque Erikem se encontraba lejos de Boston.


El centinela<br />

—San Francisco es una ciudad que cuenta con más de<br />

setecientos mil habitantes— Satín no había meditado en ese detalle—<br />

¿crees que es una buena idea?<br />

—Pues yo no pienso quedarme aquí sentada esperando…—hizo<br />

una pausa muy significativa. ––Voy a buscar a Boraj y Nasdio— cuando<br />

ya se daba la vuelta, Aslhem la sujetó por el codo e impidió que se<br />

alejase con paso decidido, pero en el mismo momento que la tocó el<br />

deseo prendió en el vientre de ella de tal forma que le hizo soltar un<br />

gemido violento. Él, la soltó de inmediato cuando percibió el<br />

oscurecimiento de sus pupilas por el deseo abrasador.<br />

—¡No vuelvas a tocarme!— el arrepentimiento en los ojos de<br />

zafiro de Aslhem le hizo apretar los labios, no había podido detener la<br />

orden peyorativa que había salido por su boca con un grito amenazador.<br />

Cuando se percató de que estaban llamando la atención del personal, le<br />

hizo un gesto con la cabeza y lo condujo hacia el jardín situado en el<br />

centro de todos los edificios del hospital. Lo último que pretendía era<br />

llamar la atención sobre ellos. Aslhem la siguió impresionado de que<br />

conociese el amplio edificio lleno de pasillos largos y estrechos. ––Tengo<br />

un plano del edificio principal— fue su escueta respuesta, y cuando al fin<br />

estuvieron solos en uno de los rincones del Prouty Garden se volvió<br />

hacia él con las manos apoyadas en las caderas a modo de jarra, y con<br />

una advertencia en los ojos.<br />

—¿Tienes idea por un momento de lo que me provocas cada<br />

vez que me tocas?— él optó por mantenerse callado, aunque no borró la<br />

sonrisa de sus labios bien dibujado. Satín se lo tomó como una afrenta. –<br />

–Tienes que tratar de mantenerte a una distancia segura para mí.<br />

—Pides un imposible— ella lo miró con los ojos llenos de<br />

escepticismo.<br />

—¡No puedo concentrarme en mi trabajo!— Aslhem amplió la<br />

sonrisa y la cazadora lo miró compungida. Acababa de admitir el poder<br />

que tenía sobre ella.<br />

—Sobreestimas mi capacidad— se alejó de él un paso.<br />

—¿Qué tratas de decirme?— le preguntó alterada, y sin<br />

comprender del todo lo que trababa de decirle.<br />

—Lo que sientes por mí no es debido a esos poderes<br />

sobrenaturales que según tú, malgasto contigo. Lo que te hago sentir es la<br />

+!


+"#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

respuesta racional de atracción entre dos seres humanos que están<br />

conectados psíquica y emocionalmente— Satín entrecerró los ojos a la<br />

misma vez que lo negaba. ––Yo siento lo mismo por ti— ahora, los abrió<br />

completamente estupefacta. Que él admitiese su debilidad por ella la dejó<br />

enmudecida, pero reaccionó antes de dar un paso en falso.<br />

—Puedo ser muchas cosas, pero no estúpida— Aslhem alzó su<br />

mano para asir la de ella, aunque lo pensó mejor, la bajó de nuevo y la<br />

encerró en el bolsillo de su pantalón tratando de resistir el impulso ciego<br />

de besarla.<br />

—Cada vez que te toco, cada fibra de mi ser se estremece con<br />

una descarga que soy incapaz de controlar. Cuando mi piel roza la tuya,<br />

todas las sensaciones parecen desvanecerse en una zambullida aleatoria<br />

que me sumerge en el infierno, abrasándome los intestinos con un deseo<br />

que me atormenta, y cuando pones distancia entre los dos, es como si me<br />

rodease la negrura de la noche eterna. El aire se vuelve tan pesado que<br />

me resulta imposible de respirar…— Satín se había puesto mortalmente<br />

seria. ––Dime, pequeña, ¿es lo mismo que sientes tú?— Ella meditó<br />

durante un largo instante las palabras de él. Su declaración se le había<br />

clavado en cada poro de su cuerpo con una marca que no iba a poder<br />

borrar en su vida.<br />

Pero era un maldito inmundo, y ella una cazadora.<br />

—Solo sé, que cuando me tocas, ya no me siento perdida— el<br />

pecho de Aslhem se hinchó con tanto placer que temió caerse de bruces<br />

en el suelo, desmayado.<br />

—Entonces ¿por qué negarnos lo que sentimos el uno por el<br />

otro?— La razón volvió a la mente de Satín con una claridad<br />

estremecedora. La verdad la sacudió con una saña que no pudo ignorar.<br />

Lo miró durante un instante con una pena tan profunda, que sintió cómo<br />

caía al vacío sin poder sujetarse a nada, afortunadamente se repuso de ese<br />

segundo de aflicción. Inspiró profundamente antes de responderle de<br />

forma seca y contundente.<br />

—Porque el deseo que me provocas no hace que olvide mi<br />

propósito de matarte, y de los dos, éste último es el más fuerte— se dio la<br />

vuelta y enfiló la salida hacia el aparcamiento sin esperarlo. Aslhem, tras<br />

un momento, la siguió golpeado nuevamente por sus palabras que sabían<br />

a derrota amarga.


El centinela<br />

La había encontrado, pero se sentía perdido.<br />

—¡Yo conduciré!— exclamó ella, pero Aslhem negó con la<br />

cabeza al mismo tiempo que la miraba de arriba abajo, sin ocultar una luz<br />

traviesa en sus ojos ya repuestos del agravio anterior. Satín ya no<br />

mostraba ese odio negro en los suyos cuando lo había atacado<br />

verbalmente, pero el brillo que él deseaba ver en esos seguía oculto en la<br />

profundidad del abismo que había creado ella, el tártaro para ocultarse.<br />

—No conoces la ciudad como yo–– pero Satín le ofreció una<br />

sonrisa que parecía de superioridad.<br />

—No necesito conocerla, el GPS también funciona en esta parte<br />

del mundo ¿verdad?–– finalmente le tendió las llaves que ella tomó, pero<br />

teniendo especial cuidado para no rozarlo. Ese detalle hizo que frunciera<br />

sus labios con pomposidad.<br />

—¡Cobarde!— le espetó burlón.<br />

—Mujer precavida, vale por dos–– Satín arrancó el vehículo tan<br />

rápido, que Aslhem apenas se había abrochado el cinturón cuando<br />

enfilaron la avenida principal.<br />

—¿Hacia dónde vamos?— Preguntó. Satín tomó la desviación<br />

de la derecha para tomar la rotonda. Aslhem admiró la soltura de ella al<br />

volante en una ciudad que no conocía.<br />

—Hacia el Pine Banks Park, he quedado allí con alguien–– fue<br />

su sencilla respuesta.<br />

—Puedo indicarte el camino— le ofreció solícito. Satín desvió<br />

los ojos apenas un segundo de la carretera para fijarlos en él con marcada<br />

pretensión.<br />

—Podrías, pero ¿acaso te lo he pedido?<br />

!%


CAPÍTULO X<br />

El centinela<br />

Satín detuvo el coche cerca de unos sauces llorones que tenían las ramas<br />

tan bajas y frondosas que llegaban a rozar el suelo, situó el vehículo de<br />

tal forma que no era visible a los viandantes, aunque a esa hora de la<br />

mañana, el Pine Banks Park estaba prácticamente vacío.<br />

Apagó el motor pero dejó las llaves puestas.<br />

—Quédate aquí, y no es una sugerencia— Aslhem alzó una de<br />

sus cejas en un interrogante que ella no resolvió. La vio dirigirse hacia el<br />

maletero para sacar la pequeña mochila de viaje que se colgó de su<br />

hombro derecho con un movimiento rápido. Enfiló el sendero que<br />

quedaba hacia la derecha del camino, hacia una zona aún más apartada.<br />

Los ojos de él la contemplaron alejarse con paso decisivo. La figura de la<br />

joven se detuvo, alerta y oteó los alrededores como si buscase a alguien.<br />

Al momento silbó y una silueta emergió de detrás del tronco de un<br />

inmenso castaño. Él decidió no seguir esperando en el coche. De forma<br />

sigilosa, abandonó el interior del pequeño vehículo y se fue ocultando<br />

entre las adelfas, al mismo tiempo que caminaba hacia donde estaban las<br />

dos figuras conversando en murmullos, susurros que él oía con total<br />

claridad. Justo un poco antes de llegar al pequeño claro, la punta de un<br />

cañón se le clavó en las costillas. Estaba tan absorto escuchando a las dos<br />

personas que no se había percatado de que una tercera lo vigilaba a él.<br />

—Vas a reunirte con tu creador, cabrón— Aslhem detuvo sus<br />

pasos y Satín volvió la cabeza al oír la clara amenaza. Empequeñeció los<br />

ojos con enfado al comprender que la había desobedecido.<br />

—¡Tenías que mantenerte dentro del coche!— la irritación era<br />

claramente manifiesta en el tono de la voz.<br />

––Eres realmente mandona para ser tan joven–– le replicó él<br />

con desánimo–– creía que necesitabas ayuda— la cazadora pifió de<br />

forma grosera al mismo tiempo que le recriminaba a su compañera con<br />

!&


!'#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

los ojos, pero Alma seguía mirándolo con atención, evaluándolo y<br />

sopesando la mejor forma de liquidarlo.<br />

—Baja el revolver, Alma. Está conmigo— Aslhem no supo<br />

cómo tomarse esas palabras posesivas, y no tenía forma de saber si esa<br />

orden expresada con autoridad, conseguiría calmar el hambre de<br />

venganza que percibía en la persona que lo tenía amenazado con una<br />

pistola semiautomática del calibre treinta y ocho.<br />

—¡Es uno de ellos!— la mujer escupió las palabras resabiada y<br />

la joven volvió sobre sus pasos al mismo tiempo que él se daba la vuelta<br />

para encararla.<br />

—Es Aslhem, el cazador— el cañón de la pistola había dejado<br />

de apuntar a su pecho para apuntarle a sus testículos.<br />

—Mayor motivo para reventarle los huevos–– sentenció<br />

decidida.<br />

—¡Lo conseguiste Satín!— la tercera voz femenina había<br />

hablado por fin— sabía que lo conseguirías.<br />

—Nos ha traído hasta Erikem, ahora podemos prescindir de<br />

él— Satín resopló impaciente mientras escuchaba a Alma. Comprendía<br />

su impaciencia pues ella misma estaba deseosa de terminar cuanto antes,<br />

pero aún no podían acabar con él y lo más problemático, ella no estaba<br />

segura de querer exterminarlo.<br />

—¡Baja el arma! Por favor— ordenó y suplicó al mismo<br />

tiempo, Alma optó por obedecer aunque lo hizo de forma renuente, y sin<br />

apartar la vista del inmundo. Aslhen seguía en un profundo silencio.<br />

—¡Demonio, qué guapo eres!— no sabía si reír o enfadarse ante<br />

esas palabras contradictorias, pero al fin tuvo una visión clara de las tres<br />

mujeres que hacían un contraste bastante significativo. Pero la juventud<br />

de Satín era demasiado intimidante.<br />

—Puedes enfundar el arma, soy inofensivo— las tres pifiaron a<br />

la misma vez, y Aslhem no pudo detener la sonrisa ante ese gesto de<br />

fastidio femenino cada vez que pronunciaba esas palabras en concreto.<br />

—Permitidme que me presente…— Satín no le permitió<br />

continuar.<br />

—No hace falta, saben de sobra quién eres— Aslhem cruzó los<br />

brazos al pecho, al mismo tiempo que separaba ligeramente las piernas<br />

en una amenaza velada por la interrupción impertinente.


El centinela<br />

—Me llamo Iris— la mujer más pequeña extendió la mano en<br />

franco saludo y él no la despreció. La tomó entre las suyas para<br />

corresponderle. De las tres, parecía la menos belicosa y la mayor, pero él<br />

solo tenía ojos para una, la más inalcanzable y terca de todas.<br />

—Es un placer conocerte, Iris— Satín contempló la amplia<br />

sonrisa que describió la boca de Aslhem cuando miró a su amiga, y una<br />

oleada de celos la golpeó con fuerza dejándola momentáneamente<br />

abatida. Ella soltó la mano del inmundo con total naturalidad. La joven<br />

cazadora no fue capaz de percibirle el deseo en los ojos. El mismo deseo<br />

que la abrasaba a ella desde que había mantenido contacto con él en la<br />

cueva negra.<br />

«Sólo sucede contigo»<br />

Satín jadeó completamente consternada cuando la respuesta a<br />

su pensamiento se había materializado en su cerebro, sin que Aslhem la<br />

hubiese pronunciado.<br />

—Imagino que también sois cazadoras— las dos negaron a la<br />

vez, y ese gesto le indicó que la joven de dieciocho años era la que<br />

impartía las órdenes en el grupo de mercenarias sedientas de su sangre.<br />

—Iris suele actuar como cebo, su físico resulta apropiado en<br />

este trabajo— Aslhem se fijó en la muchacha menuda y rubia, parecía<br />

frágil, pero él sabía que era solo una impresión momentánea, la mujer<br />

tenía una determinación férrea, podía leerlo en la profundidad de sus<br />

pupilas negras. Luego fijó sus ojos zafiro en la mujer que lo había<br />

amenazado, su piel morena delataba su origen mulato así como las rastas<br />

de su pelo negro. El odio profundo y constante le indicó que podría<br />

matarlo sin sentir ningún remordimiento.<br />

—Alma es hija de Soul— Aslhem ya lo sabía, pero no lo dijo.<br />

Se volvió hacia la presencia de Satín esperando más respuestas aunque<br />

no las necesitaba.<br />

—¿Las has hecho venir hasta aquí para que te ayuden?— se<br />

pensó la respuesta un momento antes de ofrecérsela.<br />

—Iris pertenece a la Agencia Central de Inteligencia conocida<br />

como la CIA. Afortunadamente para nosotras responde únicamente ante<br />

Michael Hayden— Aslhem la miró con cierta sorpresa. Michael Hayden<br />

era el actual presidente de la CIA y un hombre muy esquivo, se le hacía<br />

difícil imaginar a esa pequeña florecita respondiendo ante el<br />

!(


!)#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

todopoderoso presidente, aunque sabía que gracias a esa circunstancia,<br />

Iris podría saltarse muchos escalones en la jerarquía, ahorrarse muchas<br />

respuestas y ganarse muchos favores.<br />

Paseó sus ojos sobre la menuda figura y sonrió, Iris no se<br />

parecía en nada a una espía.<br />

—Alma pertenece a la Interpol y es doctora en psicología<br />

criminalista— explicó Satín al mismo tiempo que Alma hacía una ligera<br />

inclinación con la cabeza a modo de saludo.<br />

—Ya sabes–– ronroneó con burla— detectamos y atrapamos<br />

crímenes transnacionales, proveemos cooperación internacional y<br />

coordinación con otras actividades policiales a lo ancho y largo del<br />

mundo.<br />

—Pero la Interpol no conduce investigaciones ni detenciones<br />

por sí mismos…— comenzó Aslhem, pero Alma lo interrumpió.<br />

—Es cierto, pero sirve como punto central de información de<br />

crímenes sospechosos y criminales— puntualizó— salvo los políticos.<br />

—¿Conocen vuestros superiores el trabajo que realizáis?—<br />

preguntó Aslhem, las tres negaron al unísono.<br />

—Trabajamos juntas pero de forma colateral. Nos conocimos<br />

gracias a Internet, las tres buscábamos los hilos de conexión entre los<br />

diversos asesinos en serie a lo largo de la historia— Aslhem siguió<br />

mirándolas con atención mientras Satín continuaba con su explicación.<br />

—Aunamos esfuerzos y conocimientos…— Alma la<br />

interrumpió bruscamente como era habitual en ella.<br />

–– ¿Quién la ha entrenado?–– las tres sabían que la pregunta<br />

formulada por Aslhem se refería a Satín.<br />

––Mi ex marido Matt y uno de sus compañeros, Dave, ambos<br />

pertenecen a un grupo de élite, especializados en oriente medio–– Iris<br />

había respondido en lugar de Alma.<br />

––Han realizado un trabajo extraordinario–– concluyó Aslhem.<br />

–– ¿Cómo sabes que lucho bien?–– Satín sentía una enorme<br />

curiosidad por saber la respuesta.<br />

––Eres la mejor cazadora.<br />

––Satín pasó siete meses en una granja de Fénix con Matt y<br />

Dave, ambos la sometieron a un durísimo entrenamiento en diferentes<br />

formas de lucha y supervivencia. Pero Satín demostró que era una


El centinela<br />

alumna aventajada, nunca protestó a pesar de que en los diversos<br />

entrenamientos se rompió una muñeca, perdió dos muelas y se fracturó<br />

varias costillas–– terminó Iris. Aslhem lanzó un silbido apreciativo. ––<br />

Cada día se supera más.<br />

—Podríamos continuar esta charla en un lugar menos<br />

concurrido— sugirió Alma, algunos viandantes comenzaban a pasear a<br />

sus perros por los diferentes senderos del parque, y se detenían a<br />

observar con cierta atención, el grupo que formaban los cuatro.<br />

—Tienes razón, vayamos a Rainbowcoffee allí podremos hablar<br />

sin interrupciones ni sobresaltos–– les dijo Iris–– Alma y yo os<br />

seguiremos hasta el aparcamiento, tenemos el coche detrás de aquél<br />

cartel informativo— Satín asintió con la cabeza y le hizo un gesto con la<br />

mano a Aslhem para que la siguiera.<br />

El corto trayecto hasta la cafetería les llevó menos de quince<br />

minutos. La figura del cazador de inmundos las seguía enormemente<br />

interesado en todo lo que estaba descubriendo sobre su captora, sus<br />

ayudantes, y sus métodos para cazar a inmundos.<br />

Uno de los rincones del café era el más idóneo para mantener<br />

conversaciones privadas, hacía la mayoría de las ocasiones de reservado<br />

para parejas que querían compartir una cierta intimidad sin ser<br />

molestados por clientes quejosos o gritones. Tras el saludo inicial y las<br />

correspondientes presentaciones, Ray Taylor, el dueño del local, les llevó<br />

una cafetera llena y una bandeja con diferentes trozos de tartas, abrió un<br />

biombo chino para mantenerlos apartados del resto de clientes. Él lo<br />

observaba todo con inusitada curiosidad; los movimientos casuales de<br />

Satín cuando hablaba con sus compañeras. Sus gestos ausentes de<br />

coquetería y llenos de seguridad lo atrapaban por completo, podría estar<br />

eternamente observándola sin sentirse aburrido. Satín se pasó la servilleta<br />

blanca por la comisura de los labios para eliminar el exceso de azúcar de<br />

una de las tartas, ese simple gesto hizo que el corazón de Aslhem se<br />

tensase con un dolor agudo.<br />

—Cuando inicié la pista de Jhonn Ewan–– comenzó Iris––<br />

encontré a Satín que buscaba perfiles psicológicos de asesinos en serie, y<br />

similitudes de comportamiento entre psicópatas sexuales— Satín le<br />

mostró una sonrisa fraternal a Iris que no escapó a los ojos de Aslhem.<br />

!*


!+#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

—Cuando empiezas a conocer en profundidad el carácter<br />

humano, su conocimiento intrínseco te conduce por el lado más oscuro<br />

del alma humana que se va muriendo de forma irremediable dentro de<br />

una sociedad moderna, cada vez más decadente y depravada. En plena<br />

crisis de valores existencialistas, llegas a comprender el por qué la<br />

humanidad camina sin rumbo hacia su completa extinción— tanto Satín<br />

como Iris reafirmaron las palabras filosóficas de Alma.<br />

—Jhonn Erwan mantuvo en jaque a la Oficina Federal de<br />

Investigación durante años, fue el responsable directo de las muertes de<br />

varias muchachas adolescentes en el estado de Minnesota––continuó<br />

Iris–– la tesis de Alma sobre el perfil psicológico de Ted Bundy fue<br />

determinante para decidirme a buscar la opinión de ella.<br />

Aslhem terminó por apurar su café de un trago a la misma vez<br />

que afirmaba.<br />

—Ted no era un Noufilim— las tres asintieron al unísono, pero<br />

fue Satín la que le contestó con cierta rudeza. ¿Cómo conocía él ese<br />

detalle?<br />

—Pero Jhonn Erwan sí. Los registros del FBI sobre asesinos en<br />

serie nos suelen conducir en la mayoría de las ocasiones hacia ellos,<br />

afortunadamente siguen unas pautas de conducta determinadas y son<br />

fáciles de localizar.<br />

—¿Como llegasteis a la conclusión de los Noufilim?— Ahora<br />

fue Alma la que respondió puntualizando cada palabra:<br />

—Por la propia experiencia de Satín, ya sabes, un inmundo<br />

violó y asesinó a su madre cuando era una niña— la aludida ni admitió ni<br />

negó la aclaración de la otra joven, siguió en silencio meditando.<br />

—Las diversas autopsias a las que hemos tenido acceso gracias<br />

a Iris, así como sus contactos en la policía estatal y funcionarios<br />

científicos, nos mantienen informadas de cualquier caso excepcional que<br />

surge— Aslhem desvió sus ojos de Alma hacia Satín con una<br />

preocupación en su profundidad que no supo disimular.<br />

—La gente ignora lo que sucede a pesar de los diversos estudios<br />

científicos que se han llevado a cabo a lo largo de la historia sobre los<br />

Nephilim.


El centinela<br />

—Es mejor ignorar que conocer–– alegó él–– muchas de las<br />

creencias de hoy día se tambalearían si las personas aceptasen la<br />

existencia de los Noufilim— Alma asintió.<br />

¿Qué sabía Aslhem sobre las creencias humanas del mundo?<br />

Satín se hizo la pregunta en silencio.<br />

—Hay descendientes de los Nephilim que se integran<br />

perfectamente en la sociedad y no representan un peligro para los<br />

descendientes de Eva— las palabras de Aslhem hicieron soltar una<br />

carcajada a Alma.<br />

—Afortunadamente para vosotros existe el baloncesto— la<br />

sonrisa de Iris y de Satín no se hizo esperar, ambas sabían que muchos de<br />

los descendientes de los Nephilim se ocultaban entre los jugadores<br />

profesionales de baloncesto. La altura requerida ocultaba la torpeza de<br />

sus movimientos, aunque no su agudeza visual e inteligencia.<br />

—Y tú ¿por qué cazas a los tuyos?— él borró la sonrisa de sus<br />

labios ante la pregunta llena de inquina que le formuló la joven de las<br />

rastas. Seguía con la mirada expectante y supo que era una especie de<br />

prueba. Lo estaba midiendo.<br />

—Porque lamentablemente algunos de los míos son<br />

desviaciones, y esas desviaciones muestran un sadismo incontrolado, así<br />

como esquizofrenias violentas, o lo que comúnmente se conoce como<br />

psicópatas asesinos. Son altamente peligrosos para la estabilidad de la<br />

sociedad humana— las tres se quedaron pensativas durante un instante<br />

meditando las palabras de Aslhem–– ya sabéis a lo que me refiero.<br />

—¿Por qué sentís esa necesidad imperiosa de reproduciros?—<br />

él no respondió de inmediato, posó sus ojos zafiros en Satín, con un<br />

brillo de ansiedad en sus pupilas que ella no consideró tener en cuenta.<br />

—Las criaturas espirituales que decidieron abandonar su puesto<br />

celestial por las hermosas hijas de los hombres–– empezó a contar<br />

Aslhem–– al sentirse materializados en cuerpos de carne por primera vez,<br />

sintieron la urgente necesidad de reproducirse. Esa necesidad quedó<br />

grabada en el ADN de los descendientes de ellos, es decir, en los<br />

Nephilim que nacieron de aquellas uniones mixtas.<br />

Las tres mujeres parecieron entender.<br />

––Aunque esa anomalía en particular se ha ido amortiguando<br />

con el paso de los siglos…— Iris lo interrumpió.<br />

!!


!"#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

—¿Tú no sientes esa necesidad?— Aslhem negó con la cabeza<br />

repetidas veces antes de responder, pero Satín no le permitió pronunciar<br />

una palabra al respecto, con un movimiento ágil saltó de su asiento en un<br />

intento de desviar el tema. No quería escuchar de su boca una verdad a<br />

medias.<br />

—Tenemos que irnos— Alma la secundó, no así Iris que se<br />

quedó sentada un segundo más antes de decidir ponerse finalmente en pie<br />

y seguirlos a la calle.<br />

—Nosotras no podemos volver a nuestro apartamento— Satín<br />

se paró en seco al oír las palabras de Iris.<br />

—¿Cómo…? ¿Por qué?— la alarma se había detonado en su<br />

cerebro.<br />

—Iris se apropió de unos documentos del FBI altamente<br />

confidenciales, y no los devolvió a tiempo— las palabras de Alma<br />

pusieron a Satín muy nerviosa, lo último que necesitaban era tener al FBI<br />

siguiéndole los talones por todo Boston, se suponía que Iris estaba en el<br />

Cairo de vacaciones, no sustrayendo informes periciales. Su casa iba a<br />

estar vigilada por unos agentes día y noche hasta que la localizaran.<br />

—¿No hubiese sido mejor pedirlos prestados?— Iris negó<br />

repetidamente con la cabeza mientras seguía caminando.<br />

—Estamos registradas en el Hilton Boston Back Bay— Aslhem<br />

lanzó un silbido y Satín lo miró durante un instante recriminándole. Era<br />

uno de los hoteles más caros de Boston.<br />

—Pueden permitírselo— fue la burlona respuesta.


CAPÍTULO XI<br />

El centinela<br />

Satín seguía mirando, por la amplia y panorámica ventana, la<br />

espectacular vista de la ciudad de Boston y del río Charles, paseó sus<br />

cálidos ojos por la decoración sencilla y cálida de la espaciosa sala. La<br />

madera oscura recordaba a esas casas hermosas de la antigua ciudad, que<br />

solían salir en las películas de época, la casa la hacía sentir cómoda y<br />

relajada. Se apartó de la ventana de forma renuente mientras miraba su<br />

reloj, seguía esperando la llegada de Lee y Soul. Aslhem estaba sumido<br />

en silencio en el confortable sillón orejero, engrasaba una de las armas de<br />

ella completamente absorto. La destreza de sus manos no la sorprendió.<br />

—Admito que lo haces mejor que yo— Aslhem levantó la vista<br />

y la detuvo en los labios de ella con una emoción que Satín no se animó a<br />

descifrar, se frotó la palma de la mano en el pantalón vaquero tratando de<br />

mitigar la incipiente incomodidad y el hormigueo que comenzaba a bullir<br />

en su estómago. ––Cuando me miras así me pones nerviosa— la boca de<br />

Aslhem se curvó en una sonrisa enigmática que no fue a más porque ella<br />

decidió darle la espalda.<br />

—Dudo que mi amor sea el causante de tu nerviosismo— le<br />

respondió él. Satín suspiró profundamente por la alusión que él había<br />

hecho del afecto que le profesaba, se volvió para mirarlo.<br />

—Lástima de ti, si son ciertas tus palabras— Aslhem le sostuvo<br />

la mirada con una dignidad tenaz y elocuente.<br />

—En el verdadero amor poco importa si el otro no ama— la<br />

pulla dicha sin rencor le hizo saltar con un respingo inesperado. Le clavó<br />

vacilante y herida.<br />

—Verdadero amor…— Satín tragó con fuerza antes de<br />

continuar— qué sabrá un inmundo sobre el amor— Aslhem dejó el arma<br />

con sumo cuidado encima de la mesita y se limpió las manos con el paño<br />

sin dejar de mirarla. Satín trató de esconder un asomo de remordimientos<br />

"%


"$#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

que acudió a sus pupilas por los insultos que le había ofrecido, pero no lo<br />

consiguió.<br />

—No te lamentes por tus palabras ni te preocupes por mis<br />

sentimientos, han sufrido ultrajes mucho peores, y como ves, sigo intacto<br />

a tus empeños de lacerarlos— la vergüenza tiñó las mejillas de Satín tras<br />

escuchar su resignado sarcasmo.<br />

La atracción que sentía por el inmundo lograba ocultarla con la<br />

ira que salía de su boca, pero ¿hasta cuándo?<br />

—Tienes que confiar en mí— le dijo Aslhem.<br />

Si pretendía dejarla estupefacta, lo consiguió. Esas palabras<br />

contenían un peligro mortal para ella. ¿Confiar en un Noufilim? Del todo<br />

imposible, pero absolutamente tentador…<br />

—Jamás confiaría en un inmundo— Aslhem se fue acercando<br />

lentamente hacia ella, con cuidado de no alarmarla. Satín no retrocedió,<br />

aunque siguió mostrándose cautelosa y preparada para un posible ataque<br />

a sus sentidos, ataque que iba a comenzar como siempre que se<br />

encontraban solos. Casi temía y anhelaba esa tensión que los unía en un<br />

lazo que los unía emocionalmente cada vez más.<br />

—Un corazón inflamado de amor, muere peleando aunque le<br />

digan que la batalla está perdida, ¿lo sabías?— ahora sí que retrocedió,<br />

Aslhem se quedó parado a menos de un paso de ella, que no sabía qué<br />

hacer con sus manos, salvo retorcerlas sin compasión a la altura de su<br />

estómago.<br />

—Consigues con tus palabras confundir mi mente, pero sé lo<br />

que hay en mi corazón y en modo alguno es una mota de confianza hacia<br />

ti— Satín estaba perdiendo terreno, lo sabía, pero la penetrante mirada<br />

vítrea de Aslhem no le permitía una retirada decente, seguía clavada en el<br />

suelo, y con la única protección de su orgullo y de su miedo.<br />

Aslhem no se dio por vencido.<br />

—Contemplarte es como un soplo de aire que me inspira. Nutre<br />

mis emociones y sosiega mi espíritu— Satín dio otro paso hacia atrás y<br />

quedó con la espalda apoyada en el enorme cristal de la ventana. —Me<br />

siento tan perturbado en tu presencia que solo acierto a exclamar<br />

¡compadécete de mí!<br />

Satín no podía respirar, miraba aterrada la puerta de la<br />

habitación esperando un milagro que la salvara de las palabras atrayentes


El centinela<br />

de Aslhem, los susurros cuajados de esperanza lograban subyugarla hasta<br />

la línea de lo irrazonable, pero no podía atreverse a considerar su<br />

significado, aún así, la atracción inminente clavó sus garras en sus<br />

entrañas con premeditada alevosía. Satín abrió la boca para soltar un<br />

gemido estrangulado, su mano se alzó de forma instantánea y libre para<br />

rozar el mentón de él que seguía ofreciéndole una mirada llena de<br />

contención.<br />

Estaba a punto de tocarlo de forma voluntaria.<br />

—Permite que tu mano me de el consuelo que necesito— el<br />

ruego había prendido en su cerebro como si un rayo hubiese alcanzado<br />

un árbol seco. Satín se mojó los labios agrietados en un gesto lento,<br />

indeciso, tratando de ordenar el caos de su cerebro, pero no lo conseguía.<br />

El control que le había enseñado Lee, estaba surtiendo efecto en<br />

su decisión.<br />

—El amor es un fuego que no podemos esconder–– dijo<br />

Aslhem–– es como una agradable llaga. Un sabroso veneno y una dulce<br />

amargura, pero el riesgo merece la pena.<br />

Su respiración se volvió loca y descontrolada, si lo tocaba, ya<br />

nada importaría, el contacto la abrasaría entera con todos sus prejuicios,<br />

sus dudas y sus creencias. Lo sabía, y esa certeza la hizo vacilar un<br />

instante antes de posar la yema de sus dedos en la piel del rostro de él.<br />

Detuvo sus dedos en el último segundo. La imagen de su madre<br />

acudió a su mente con una ferocidad alarmante.<br />

—¡No puedo!— finalmente bajó la mano y sintió que las<br />

fuerzas la abandonaban, temía no poder sostenerse en pie por la lucha<br />

que mantenía con su conciencia. Había estado a punto de capitular, la voz<br />

dulce de él, su timbre profundamente afectado, habían paralizado el<br />

dominio de sí misma que se debatía en una lucha constante entre el deseo<br />

de tocarlo y el rechazo que le producía su persona. Afortunadamente, la<br />

razón había acudido en su rescate para asirla del precipicio del que estaba<br />

a punto de saltar. La decepción en los ojos de Aslhem, tras su voluntaria<br />

retirada, le arrancó un quejido a su alma que se grabó en su memoria con<br />

el hierro candente de su enorme estupidez. De su miedo y de sus dudas.<br />

Aslhem soltó un suspiro acerbo.<br />

—Cuando realmente se ama, lo único que se persigue es la<br />

felicidad de la persona a la que amamos, incluso si esa felicidad no se la<br />

"&


"'#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

puede brindar uno mismo— tras las palabras enigmáticas, Aslhem se dio<br />

la vuelta y la dejó sola en la habitación rumiando su cobardía.<br />

¡Lo amaba!... ¡No!, era del todo imposible que amase a un<br />

inmundo que había conocido hacía solo unos días. Estaba rematadamente<br />

loca, ella jamás podría enamorarse de una bestia, pero entonces, ¿por qué<br />

sentía ese dolor sordo y lacerante en el corazón? Por qué la afectaba<br />

hasta la locura esa mirada de decepción absoluta, esa mirada que se le<br />

había clavado en el alma antes de que Aslhem abandonara la estancia.<br />

Las dudas la mordían con ferocidad. La lucha por la muerte de<br />

su madre se tambaleaba, pero ella seguía con las manos llenas de<br />

venganza y el corazón vacío de sentimientos. La imagen agónica de su<br />

madre, sus gritos de dolor seguían perforándole los intestinos con una<br />

fuerza brutal. Jamás podría olvidar los momentos de desdicha que había<br />

sufrido a lo largo de su vida por culpa de los malditos, era del todo<br />

imposible conciliar sus sentimientos de mujer hacia un inmundo, con su<br />

odio visceral hacia el resto. Aslhem era diferente, lo sabía, pero esa<br />

certeza no hacía sino acrecentar su anhelo y remordimientos. Se mesó el<br />

pelo totalmente cansada y soltó un suspiro profundo y largo ante la<br />

encrucijada en la que se veía. Controlar lo que Aslhem le inspiraba le<br />

estaba resultando difícil si no imposible.<br />

Satín no sabía manejar los sentimientos de afecto femenino, era<br />

la primera vez que sentía algo profundo por un hombre.<br />

—Estás aquí— Satín volvió su rostro hacia Soul que acababa de<br />

entrar por la puerta seguido de cerca por Lee, cuando contempló quiénes<br />

entraba tras ellos, sintió un escalofrío de miedo, cerró los puños a sus<br />

costados. ¡No se lo podía creer!<br />

—¡Qué….!— fue incapaz de continuar la frase. Ersad y Barik,<br />

que habían tomado posición justo detrás del sofá, la miraban con un reto<br />

en sus ojos que entendió ella a la perfección. Sus músculos se tensaron.<br />

—Los necesitamos para dar caza a Erikem y sus secuaces—<br />

Satín pensó que Soul y Lee se habían vuelto locos de remate. Aslhem,<br />

Ersad y Barik juntos, resultaban extremadamente peligrosos y voraces.<br />

Ignoraba qué había pasado por la cabeza de sus colaboradores para<br />

semejante estupidez. Liberarlos era como soltar tres zorros en un<br />

gallinero. Satín percibió la promesa de venganza en los ojos de Barik, y<br />

sintió un escalofrío de respeto recorrerle el cuerpo por entero. La tensión


El centinela<br />

en la habitación podía cortarse con un cuchillo. La presencia dura y fiera<br />

de ambos le hizo replantearse algunas cosas. Echó mano de su cinto<br />

buscando su puñal, la sonrisa de Ersad no hizo si no reafirmar su postura.<br />

—Hicimos un trato con Lee…— Satín se mostraba<br />

extremadamente cauta— queremos ofrecerte una tregua— ¿bromeaban?<br />

Con lo que había costado cazarlos y ahora estaban libres como<br />

mariposas.<br />

«Gavilanes…»<br />

Satín suspiró profundamente contrariada, ya le resultaba<br />

insoportable que Aslhem le leyera la mente, para que lo hiciesen también<br />

Ersad y Barik.<br />

—Si vuelves a hacer eso, juro que te cortaré el cuello— Barik le<br />

ofreció una sonrisa arrebatadora, y las piernas de Satín se tambalearon<br />

precariamente. La fuerte tensión se palpaba en el aire de la estancia,<br />

tensión que aumentó cuando Aslhem cruzó el vestíbulo y entró en el<br />

salón donde estaban los cinco con posturas claramente belicosas. Satín lo<br />

miró un breve instante y se percató que acababa de darse una ducha,<br />

llevaba puesto únicamente unos pantalones de algodón negros. Se tragó<br />

un juramento al contemplar el torso desnudo y seductor que mostraba<br />

Aslhem sin un atisbo de pudor. Sus sentidos se habían desbocado como<br />

un caballo salvaje.<br />

Aslhem caminó directamente hacia Ersad y Barik.<br />

—Os habéis tomado vuestro tiempo en llegar— Satín inspiró<br />

tan profundamente que creyó que se iba a desmayar con su propio aire.<br />

¿Aslhem esperaba la llegada de ellos? ¿Y cómo era posible que ella<br />

ignorara esa información?<br />

—¿Con qué autoridad habéis tomado una decisión sin<br />

consultarme?— las palabras iban dirigidas a Lee pero fue Aslhem quién<br />

le respondió, con esa calma que lograba enfurecerla.<br />

—Yo no trabajo sin mis hombres— Aslhem bajó la voz antes<br />

de continuar— juntos tenemos la misma fuerza— los ojos castaños de<br />

Satín se contrajeron ligeramente en las comisuras, dándole a su expresión<br />

un matiz de peligrosa sagacidad que entendieron todos los allí presentes.<br />

—¡Se me debía de haber consultado!— exclamó profundamente<br />

dolida.<br />

"(


")#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

—Te hubieses negado con rotundidad— Satín miró con<br />

sorpresa la figura de Lee, allí de pie, la miraba con censura y le hizo<br />

sentir tremendamente vulnerable, consciente por primera vez de su<br />

desventaja. Satín apretó los labios para callar la réplica que pugnaba por<br />

salir de su garganta en un gruñido visceral— si nos mantenemos unidos,<br />

venceremos.<br />

Satín no se lo podía creer, habían conspirado a sus espaldas y<br />

pretendían que actuase como si no importase nada. Con el corazón en un<br />

puño trató de esconder la rabia que sentía para no darles la satisfacción<br />

de ver cuánto la había herido el complot.<br />

Satín posó sus ojos en Ersad, que se balanceaba sobre sus<br />

talones con una cierta impaciencia en su postura y fría inteligencia en su<br />

mirada. La belleza del inmundo la sobrecogió con una intensidad<br />

inesperada e ilógica, su caza había resultado dura y ahora estaba plantado<br />

delante de ella con una mirada socarrona. El desdén se adueñó de su<br />

raciocinio con una brutalidad aplastante.<br />

—Entonces podéis continuar la caza sin mí— Satín abandonó la<br />

habitación tan consumida por el despecho y la decepción, que Lee temió<br />

haber llegado demasiado lejos en sus pretensiones. Aslhem le hizo un<br />

gesto negativo con la mano cuando se percató que pensaba salir en busca<br />

de ella. Cogió un suéter gris claro de cuello alto que había dejado encima<br />

de la cama antes de ducharse, y salió precipitadamente tras los pasos de<br />

ella.<br />

Encontrarla no iba a resultarle muy difícil. Convencerla iba a<br />

ser harina de otro costal.


CAPÍTULO XII<br />

El centinela<br />

Estaba tan llena de ira que no se dio cuenta del rumbo que seguían sus<br />

pies en los pasos anárquicos que daba sobre la calzada gris. Le había<br />

costado meses dar caza a los inmundos arriesgando su vida y la de sus<br />

amigas, y que ahora anduviesen libres sin mayor cargo que la de ayudar a<br />

Aslhem a cazar a Erikem, la rebelaba a manos llenas.<br />

¡Y no habían contado con su opinión! Por supuesto que se<br />

habría negado con rotundidad, tanto Lee como Soul conocían sus<br />

sentimientos al respecto, y que los hubiesen obviado con esa<br />

premeditación la llenó de una amargura espesa. Alzó su vista un<br />

momento de sus botas para fijarlas en el nombre de la calle. Se había<br />

despistado de su ruta hacia el hotel de Iris y Alma, había estado tan<br />

absorta en sus pensamientos que no se había percatado del rumbo que<br />

había seguido.<br />

Tomó el callejón adyacente a la vía principal, Satín ya se<br />

arrepentía de la decisión de no haber cogido el coche, pero agitada en su<br />

fuero interior por la última traición, había sentido la urgente necesidad de<br />

despejar su cabeza dando un paseo hasta el hotel sin ser plenamente<br />

consciente de lo lejos que se encontraba.<br />

La atacaron de forma repentina. Salieron de un portal sombras;<br />

Satín no se lo esperaba por ese motivo tenía la guardia baja cuando la<br />

apresaron. Lograron sujetarle los brazos a la espalda y la pusieron de cara<br />

al frío muro del callejón. El aliento caliente en su oído le produjo un<br />

espasmo de repulsión que la dejó paralizada durante un segundo. Se<br />

repuso de inmediato, estaba acostumbrada a los imprevistos, se revolvió<br />

sobre su brazo con una agilidad increíble a pesar del dolor que se<br />

infringió, pues acababa de dislocarse la muñeca con el giro. Eran solo<br />

dos atacantes pero su fuerza era superior a la de ella aunque ese detalle<br />

no la amilanó, levantó su pie derecho calzado con la bota militar y golpeó<br />

con furia el estómago de uno de los atacantes que se dobló hacia adelante<br />

"*


"+#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

por el repentino dolor. Con el codo golpeó el rostro del segundo asaltante<br />

y lo empujó de espaldas al suelo. Se arrodilló de forma rápida y giró la<br />

muñeca para despojarlo de la navaja que blandía. Logró asirla y clavarla<br />

en el hombro del segundo atacante, pero no había terminado todavía<br />

cuando un tercer agresor surgió de las sombras. Siguiendo su instinto de<br />

cazadora, Satín le asestó una patada en la ingle que lo dejó doblado en<br />

dos y sumido en profundos jadeos. El primero se había recuperado y la<br />

apuntó con el revolver semiautomático que amartilló una duda en sus<br />

ojos de acabar con su vida. Satín sabía que estaba perdida, los otros dos<br />

se habían levantado y caminaban directamente hacia ella. Satín sopesó<br />

salir corriendo, pero sabía que el alcance del arma la dejaría tirada en el<br />

suelo, y con su vida derramándose entre los sucios adoquines, pero era su<br />

única opción.<br />

—¡Detente!...— la voz de Aslhem surgió de entre las sombras,<br />

y paró la huída que ella iba a emprender de inmediato a pesar de la<br />

amenaza contra su vida. Los pies de Satín se mantenían quietos.<br />

—Qué placer verte de nuevo…— las palabras iban dirigidas a<br />

Aslhem, y de pronto, el arma que estaba apuntando al corazón de Satín,<br />

había variado el rumbo apenas unos centímetros para apuntar<br />

directamente a la cabeza de Aslhem, pero él seguía caminando hacia<br />

ellos sin un titubeo en sus ojos.<br />

—Boraj, lamento decirte que no siento lo mismo con respecto a<br />

ti— las carcajadas llegaron inesperadamente, y los ojos de Satín se<br />

entrecerraron con sospecha, se encontraba delante de los esbirros de<br />

Erikem. ¿Cómo demonios no los había percibido? Porque había estado<br />

demasiado pendiente de sus sentimientos heridos. La habían apresado por<br />

su propia culpa. Satín tensó los hombros alerta, y se dispuso a<br />

escudriñarlos a conciencia.<br />

Boraj era de una belleza arrebatadora, con un aura peligrosa que<br />

veía con total claridad. Fijó sus ojos en el tercer atacante que acababa de<br />

reincorporarse del suelo donde había estado tirado por la fuerte patada<br />

que ella le había propinado, el individuo la miró con cierto recelo, y Satín<br />

supo que no era un Noufilim sino un sicario a sueldo.<br />

—No puedo creer que no hayáis podido con esta dulce<br />

damisela— dijo Boraj, el bufido de fastidio del sicario hizo que a Satín le<br />

temblase la comisura de la boca intentando contener la furia que sentía,


El centinela<br />

percibía claramente el magnetismo animal del inmundo al que llamaban<br />

Boraj.<br />

Aslhem la miraba a ella con enfado, Satín no entendía por qué.<br />

—La moza se defiende bastante bien, pero eso es normal siendo<br />

una cazadora— Satín volvió sus ojos de Aslhem hacia Boraj tras<br />

escuchar sus palabras, pero con la duda asomando entre sus pupilas.<br />

Aslhem seguía en silencio.<br />

—Erikem te quiere viva muchacha, por ese motivo sigues de<br />

una pieza todavía— la alarma comenzó a saltar dentro de ella, Aslhem le<br />

había dicho que Erikem se encontraba en San Francisco ¡le había<br />

mentido! Maldito cabrón facineroso. Le lanzó una mirada de puñal que<br />

Aslhem ignoró con absoluta frialdad. Uno de los esbirros la sujetó por las<br />

manos y se las retorció en la espalda dejándola inmóvil, el dolor de la<br />

muñeca le resultó insoportable, pero ella siguió quieta mirando con un<br />

profundo odio a Aslhem que se había parado a tan solo un paso de Boraj.<br />

¿Cómo se había atrevido a mentirle?<br />

—¡Baja el arma!— la orden concisa y clara formulada en voz<br />

baja por Aslhem, hizo a Boraj dudar un solo instante, pero seguía con su<br />

índice acariciando el gatillo y con un brillo lacerante en sus ojos<br />

profundos. Satín se percató del ligero titubeo en los ojos de Boraj al<br />

escuchar las palabras de Aslhem, parecía como si no pudiese negarse a<br />

una orden dada por un superior. ¿Qué diantre ocurría?<br />

—Erikem ha aceptado el trato— Satín sintió como se le<br />

revolvía el estómago por las palabras que acababa de pronunciar Boraj,<br />

Aslhem la había vendido a su mortal enemigo con total impunidad. ¿Qué<br />

pretendía ganar con ello?<br />

—El trato incluía una cláusula que no habéis cumplido.<br />

«Mantente alerta»<br />

La orden en su mente se había abierto paso entre la confusión<br />

que sentía su cerebro tras la verdad aplastante.<br />

«Estoy tratando de ganar tiempo»<br />

¿Se suponía que debía de creerle? Le sujetaron el brazo de<br />

forma más fuerte a su espalda, Satín soltó un gemido de dolor que hizo<br />

que Aslhem redujera sus ojos a una línea peligrosa, y sin apartar la vista<br />

de Boraj.<br />

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""#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

—¡Suéltala! No volveré a repetirlo— Boraj negó con la cabeza<br />

a la misma vez que ampliaba la sonrisa en sus bien torneados labios.<br />

—¡Ven tú mismo a liberarla!— ninguno se esperaba la rapidez<br />

con la que Aslhem acató la orden. Sin haberle dado tiempo a pestañear,<br />

dio dos patadas que enviaron al suelo a uno de los esbirros, habían sido<br />

ejecutadas con una precisión exacta. El individuo estaba tirado en el<br />

suelo y se retorcía de dolor. El segundo atacante trató de acorralarlo por<br />

la espalda, pero él con un movimiento rápido lo redujo, y lo dejó<br />

inconsciente de un golpe. Cuando Boraj disparó de pronto, el grito de<br />

Satín se quedó atascado en su garganta. Pues temía que la bala hubiese<br />

impactado en el cuerpo de Aslhen. Un dolor sordo la sacudió de pies a<br />

cabeza.<br />

El peligro había despertado sus sentimientos más escondidos,<br />

desvió los ojos de su asaltante hacia la figura de Aslhem con el terror<br />

dibujado en sus ojos, y cuando se aseguró que la bala no había impactado<br />

en su cuerpo, respiró con un profundo alivio.<br />

La cabeza de Aslhem había girado apenas un centímetro y la<br />

bala había terminado por estrellarse en el muro de ladrillo que se astilló<br />

por la fuerza del impacto. Satín no se lo pensó, alzó su talón y con el<br />

tacón de hierro de su bota, la clavó con felonía en el pie del hombre que<br />

la mantenía sujeta, éste al sentirse atacado de forma inesperada, aulló de<br />

dolor y optó por soltarla para sujetarse el pie lastimado, ella esperaba ese<br />

momento, incrustó su codo en las costillas y, formando un puño con sus<br />

manos entrelazadas le asestó un golpe en el cuello cuando estaba<br />

doblando en dos, cayó al suelo con un golpe seco y la bota de ella apresó<br />

su cuello en una amenaza fértil, el secuaz se mantuvo quieto bajo la suela<br />

de su bota. Aslhem saltó sobre sí mismo y en un giro de su cuerpo,<br />

golpeó con el pie la mano de Boraj que terminó soltando el arma, arma<br />

que cayó a un charco sucio, quedó cubierta por el lodo. Aslhem había<br />

quedado de pie delante de Boraj con una mirada fiera, mantenía las<br />

manos apretadas en puños a sus caderas. Boraj entornó los ojos, pero<br />

antes de hacerlo, Satín había podido atisbar un brillo de disculpa y de<br />

reconocimiento hacia Aslhem.<br />

—Decidle a Erikem que me encontrará en el lugar pactado—<br />

Boraj asintió con la cabeza, y con una mirada a sus secuaces,<br />

abandonaron el callejón en silencio.


El centinela<br />

Satín contemplaba la marcha de ellos completamente<br />

estupefacta. Ni se había percatado de que su bota seguía pisando el aire.<br />

¿Con qué derecho los dejaba libres? Hubiese sido tan fácil exterminar a<br />

Boraj.<br />

—¡Me engañaste!— la mirada furiosa de Aslhem había<br />

remitido al fin cuando clavó sus pupilas en ella. Satín se sentía dividida<br />

entre el alivio y la culpa, pero ganó la imprudencia.<br />

—Nunca ha sido esa mi intención— Satín sintió como la furia<br />

recorría sus venas con una fuerza aplastante por la mentira descarada.<br />

Ella había sido testigo del intercambio de miradas cómplices entre Boraj<br />

y Aslhem.<br />

—Pensabas entregarme a Erikem, lo he oído perfectamente—<br />

Aslhem se inclinó sobre su cuerpo para coger la navaja que había<br />

quedado tendida en el suelo de la calle, olvidada por su dueño, así como<br />

la pistola que recuperó del charco de lodo. Metió ambas en el contenedor<br />

de basura más cercano.<br />

—Era la única forma de llegar hasta él, si no recuerdo mal me<br />

dijiste en El Hierro que pensabas hacer de cebo. He seguido al pie de la<br />

letra tu sugerencia— la verdad la golpeó con brutalidad dejándola<br />

anonadada. Era cierto, ella pensaba actuar como cebo para atraer a<br />

Erikem pero, ¿qué trato había hecho Aslhem con el maldito?<br />

—Era tu deber informarme de los planes que pensabas llevar a<br />

cabo— Aslhem miraba el pecho de ella que subía y bajaba agitado por la<br />

pelea.<br />

—¿Te encuentras bien?— Satín asintió con la cabeza a la<br />

misma vez que pasaba las manos por sus pantalones para secar la<br />

humedad de sus dedos, un gemido de dolor escapó de su garganta,<br />

Aslhem se había percatado de ese detalle.<br />

—Permíteme que te ayude— sostuvo su mano y le palpó la<br />

muñeca para verificar si tenía algo roto, afortunadamente, solo había<br />

sufrido una luxación.<br />

—No está rota, te la vendaré cuando lleguemos a casa— Satín<br />

asintió, el dolor había desaparecido como por arte de magia con el suave<br />

roce de los dedos de Aslhem. ––Tengo el coche a la vuelta de la<br />

esquina— Satín lo siguió completamente enmudecida. En cuestión de<br />

cinco minutos había pasado del completo enfado a la total admiración<br />

$%%


$%$#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

por el inmundo. Había creído que la había traicionado, pero Aslhem sólo<br />

había seguido su sugerencia para atrapar a Erikem. La respiración de ella<br />

no volvía a la normalidad por más que lo intentaba. Aslhem se acercó<br />

tanto que rozó con sus dedos la piel de las mejillas de ella que se<br />

incendiaron de forma instantánea como yesca reseca por un sol de<br />

verano.<br />

—¡Aslhem!— el deseo prendido en los ojos de ella hizo que él<br />

olvidara por un momento el miedo que había sentido cuando vio a Boraj<br />

apuntándola con el arma. Soltó una blasfemia y se dio la vuelta deprisa.<br />

Satín lo siguió con el rostro arrebolado y los labios trémulos de deseo.<br />

Aslhem le abrió la puerta del coche y la ayudó a acomodarse sin tocarla.<br />

Satín seguía en una nube de tensión por la pelea. Aslhem con un acelerón<br />

enfiló la calle hacia las afueras sorteando el tráfico de la ciudad con gran<br />

habilidad, pero su pensamiento estaba centrado en la persona que tenía a<br />

su lado, en la parte derecha. Escuchó el suspiro resignado de ella y fijó<br />

sus ojos en su rostro ovalado durante un segundo. Los sentimientos de<br />

Aslhem se debatían a la misma velocidad del vehículo. La amaba con<br />

una intensidad que lo dejaba febril y vulnerable.<br />

—Tus hormonas están descontroladas, Satín— Aslhem seguía<br />

sujetando el volante con excesiva fuerza sin quitarle la vista a la<br />

carretera. Se dirigían hacia el Hilton Boston Back Bay, necesitaba<br />

comunicarles a Iris y Alma los cambios de planes. ––Te juro que no<br />

comprendo tu actitud.<br />

—He derramado sin querer un poco de suero antes de salir de la<br />

casa cuando metía la botella en la mochila— Aslhem desvió la vista de la<br />

calzada para fijarla en ella con sorpresa.<br />

—¿Suero?— preguntó con cierta alarma, Satín asintió con una<br />

sonrisa.<br />

—PF=101, lo fabrica una empresa de cosméticos<br />

especialmente para nuestra causa— Aslhem temía seguir preguntando.<br />

—¿PF=101?— Satín asintió de forma leve a su pregunta.<br />

—Las siglas quieren decir Perfume Feromonal y el número 101,<br />

idea de Alma, le gustan los números capicúas— Aslhem estaba<br />

estupefacto, atónito, dejó de mirar la carretera totalmente absorto por la<br />

explicación de ella. ¿Perfume feromonal? ¿De qué estaba hablando?


El centinela<br />

Aslhem se perdía con la información que le suministraba la<br />

mente de Satín.<br />

—Es un concentrado de feromonas humanas sintetizadas en un<br />

laboratorio para nuestro trabajo— Aslhem no sabía determinar si quería<br />

seguir escuchándola.<br />

—Los Noufilim son extremadamente receptivos al olor––<br />

continuó ella–– nos hemos percatado que las víctimas a las que atacan<br />

suelen tener un olor sexual determinado.<br />

—¿Olor sexual determinado?— Aslhem seguía conduciendo<br />

con la sorpresa dibujada en el rostro. Satín volvió a asentir en silencio.<br />

—Los Noufilim eligen a sus víctimas dependiendo del olor<br />

corporal de estas. Siguiendo los diferentes estudios realizados por Iris y<br />

Alma, supimos que las feromonas que desprenden las mujeres rubias y<br />

menudas, les resultan mucho más atrayentes a los Noufilim. Utilizamos<br />

esa ventaja sobre ellos para encontrarlos y cazarlos.<br />

Aslhem se había quedado sin respiración, Satín continuó con su<br />

explicación sin percatarse del asombro que sentía mientras la escuchaba.<br />

—Ya sabes que las feromonas son sustancias químicas que<br />

segregan las glándulas sexuales, específicamente las hembras de muchas<br />

especies de animales, incluyendo a los seres humanos. Nosotros hemos<br />

tratado de aprovecharnos de esa circunstancia. El laboratorio que trabaja<br />

para nosotros modifica las diferentes feromonas femeninas hasta<br />

conseguir el PF=101.<br />

—¡No me lo puedo creer!... ¿cómo es posible?— Aslhem siguió<br />

apremiándola con cierta sequedad en la voz de la que no se percató Satín.<br />

—Los perfumes afrodisíacos ya se utilizaba en el antiguo<br />

Egipto— Satín hizo una pausa para tragar saliva— el uso de feromonas<br />

para la fabricación de perfumes se ha utilizado a lo largo de la historia.<br />

No sé por qué te sorprendes tanto— Aslhem levantó el pie del acelerador<br />

para mirarla unos segundos, le parecía absurdo la explicación de ella<br />

sobre las feromonas, pero todo comenzaba a tener mucho más sentido,<br />

recordó el olor de ella en la cueva y el deseo que lo acosaba desde<br />

entonces, incluso en ese preciso momento.<br />

—Los egipcios descubrieron que el sudor contenía sustancias<br />

afrodisíacas para el ser humano. Se fabricaba el perfume a base de sudor<br />

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<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

de hombres seleccionados para ese trabajo y depositado en tinajas para<br />

luego ser mezclado con fragancias.<br />

—¡Inaudito!... ¿Tenéis a hombres sudando todo el día para<br />

utilizar sus feromonas?— Satín chasqueó la lengua por la burla que<br />

contenían sus palabras.<br />

—No utilizamos las androstanos sino las copulinas que son las<br />

que segregan las mujeres. Los hombres emiten siempre el mismo olor,<br />

pero las mujeres no. Los Noufilim reaccionan de forma diferente a las<br />

copulinas según las modificaciones ocasionadas en la feromona por el<br />

ciclo menstrual, hace poco hemos repuesto nuestra reserva de perfume—<br />

Aslhem recordó vívidamente la botella de cristal con un líquido<br />

transparente completamente sellado que portaba ella en su mochila, y que<br />

le había pasado a Iris en el Pine Banks Park.<br />

—Eso es extremadamente peligroso— Satín negó con la<br />

cabeza.<br />

—Es completamente inocuo, el PF=101 puede durar entre dos<br />

y cuatro meses, pero es imprescindible usarlo a diario cuando se quiere<br />

cazar a una pieza porque el agua borra su efecto, y hablando de agua, yo<br />

necesito darme un baño de inmediato— esas últimas palabras hicieron<br />

que Aslhem perdiera la concentración en la conducción por completo,<br />

tuvo que dar un volantazo para no salirse de la carretera. Estaban<br />

cruzando la autopista principal de Boston a una velocidad alarmante,<br />

Satín creyó que iba a salir desprendida del vehículo en cualquier<br />

momento por los giros rápidos del volante.<br />

—Te he puesto nervioso, lo siento— Aslhem no pensaba<br />

responderle, estaba tremendamente seductora con esa mirada ocurrente, y<br />

ese ligero titubeo en el labio superior que lograba desequilibrar sus<br />

emociones. ––Siento que estás sexualmente receptivo a mi olor–– de ser<br />

cierto, pensó Aslhem, no pensaba admitirlo jamás.<br />

—Lo que sucede es que ambos tenemos un subidón de<br />

adrenalina por la última pelea— fue su cáustico comentario.


CAPÍTULO XIV<br />

El centinela<br />

—Siento que te mueres por besarme–– le dijo ella con una pizca de<br />

humor. Aslhem pensó que esa conclusión era como reducir la línea a un<br />

punto. No se moría por besarla, ya estaba muerto y esa certeza penetró en<br />

el alma de Aslhem como la punta de una flecha impregnada de veneno.<br />

Ella seguía con el rostro quieto mirando la carretera.<br />

—No siento remordimientos por lo que siento por ti, a pesar de<br />

tus burlas— Satín cuadró los hombros, Aslhem siguió en su declaración.<br />

––Tu alma me ha reconocido, tu boca conoce mi sabor, sé que te mueres<br />

por calmar la sed de afecto que te embargaba— Satín lo miró sin<br />

comprender sus palabras, sus ojos titubearon en la duda más escabrosa<br />

hasta que la razón se impuso de nuevo. Finalmente suspiró para volver su<br />

mirada al horizonte.<br />

—Te deseo— le reconoció con la voz temblorosa, a Satín le<br />

daba miedo el brillo de los ojos de Aslhem, por ese motivo evitaba<br />

mirarlo todo lo que podía. ––Pero desearte no mitiga mi propósito de<br />

acabar con los inmundos, y tú sigues siendo uno de ellos— los ojos de<br />

Aslhem relampaguearon tras escucharla.<br />

—Manchas un deseo hermoso con tu deseo de venganza—<br />

Satín alzó los hombros como si no le importase— nuestras almas se han<br />

encontrado, y no puedes escaparte. No te lo permitiré.<br />

—Los inmundos son incapaces de amar…— calló un<br />

momento—…sus instintos solo siguen un camino— Aslhem se puso un<br />

dedo en los labios para callar la blasfemia de ella.<br />

—¿Acaso dudas de mis sentimientos?— ella se preguntó si<br />

Aslhem tendría sentimientos. Ella no podía creerle. Los Noufilim solo<br />

sentían lujuria extrema, sin implicarse emocionalmente.<br />

$%(


$%)#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

—Si fueses capaz de amar, comprenderías mi rechazo hacia<br />

todo lo que representas— Aslhem entrecerró sus ojos ante la afirmación<br />

sin sentido que hacía ella.<br />

—¿Has amado alguna vez, Satín?— Aslhem detuvo el<br />

asentimiento de la cabeza de ella con su mano— amado de verdad, con<br />

esa ternura y paciencia que solo posee el amor verdadero— Satín bajó los<br />

ojos en silenciosa meditación––, no te hablo del muchacho de instituto<br />

que te dice lo bonita que eres para llevarte a su cama–– Satín apretó los<br />

labios medio ofendida, ella no había tenido tiempo de que un muchacho<br />

de su edad le dijese lo bonita que era. Su vida había estado plagada de<br />

pesadillas, de muerte y destrucción.<br />

––Cazar a los inmundos ha sido el motor que ha movido mi<br />

existencia hasta el día de hoy.<br />

Aslhem no se inmutó por sus palabras cínicas.<br />

––Voy a explicarte lo que significa amar de verdad.<br />

––No necesito una explicación–– pero él desoyó las palabras de<br />

ella.<br />

––Se ama los desdenes, y los desvaríos de la única persona que<br />

existe en el mundo para nosotros. Esas locuras que se cometen y se<br />

cometerán siempre en el nombre del amor, nos hace que amemos todavía<br />

más— Satín seguía callada. ––Se ama de verdad cuando se comprende.<br />

¿Alguna vez has amado así?— Satín decidió no mantenerse callada por<br />

más tiempo, las palabras de Aslhem la habían molestado profundamente.<br />

—Los inmundos son incapaces de semejante entrega<br />

emocional, no está en vuestra naturaleza— Aslhem comprendía mucho<br />

más de lo que ella explicaba. Apretó con más fuerza el volante, el regreso<br />

al hotel le estaba costando un verdadero esfuerzo. Las palabras de ella le<br />

provocaban un deseo irreprimible de asirla por los brazos y zarandearla<br />

con fuerza.<br />

—He amado de la forma que he declarado porque está grabado<br />

en mí ser con un fuego de amor loco— le confesó. Satín clavó sus<br />

pupilas encendidas de escepticismo en el rostro de él.<br />

––Mujer afortunada–– dijo ella con la voz preñada de sarcasmo.<br />

––El amor de mi vida era para mí el único ser en el mundo––<br />

continuó él a pesar del gesto airado de Satín–– mi pensamiento era uno<br />

con el de ella, un solo deseo en el corazón y un solo nombre en la boca,


El centinela<br />

que se elevaba continuamente desde el nacimiento de mi alma hasta<br />

morir en mis labios. Un nombre que se repetía una y otra vez, que<br />

susurraba incesantemente en todas partes como una letanía— Satín trató<br />

de cerrar sus oídos a las palabras de él, pero no lo consiguió.<br />

Aslhem continuó con un timbre de voz profundo.<br />

—¿Quieres escuchar mi historia?— ella negó repetidamente,<br />

pero Aslhem se mantuvo impávido a su querencia— de todas formas voy<br />

a contártela. Vas a escuchar mi historia ¿y sabes por qué? porque el amor<br />

solo tiene una y es siempre la misma.<br />

Aslhem inspiró larga y profundamente.<br />

––La conocí y viví de su ternura, de sus caricias. Me alimenté<br />

de sus palabras, me sentí en sus brazos tan absolutamente envuelto y<br />

amado, de tal forma y tan completo, que ya no me importaba si era de día<br />

o de noche, si estaba muerto o no. Ella llegó a mi vida cuando todo era<br />

un interrogante continuo, cuando las emociones más elementales salieron<br />

de mi alma con un bramido de incomprensión. El amor de mi vida brilló<br />

para mí vida cuando todo sentido se oscureció, fue el aliento en mis<br />

pulmones cuando deseé morir de asfixia–– Aslhem oyó perfectamente el<br />

gemido de incredulidad que se escapó de la boca de Satín–– pero no<br />

puedes entender mis palabras porque no estás preparada para ellas—<br />

Satín escudriñó sus ojos que brillaban con un brillo de ansiedad que no<br />

supo interpretar— solo te diré una cosa más, querida Satín. Mi amada, la<br />

más maravillosa de todas las criaturas murió, y yo expiré mi último hálito<br />

en el mismo instante que sus ojos se cerraron en mi presencia. Morí con<br />

ella cuando sostenía su cuerpo con mis brazos que se negaban a dejarla<br />

marchar ¿y sabes por qué? Porque la muerte no entiende de sacrificios, y<br />

el mío no le bastó.<br />

—Soy incapaz de comprenderte–– Aslhem soltó una carcajada<br />

ausente de humor e hizo que la piel de ella se erizase como si la hubiese<br />

azotado un frío repentino.<br />

—Pronto estarás preparada para entenderlas, pero hasta que<br />

llegue ese momento, no me imputes tu incapacidad para comprender mis<br />

sentimientos, me consideres inmundo o no— Aslhem no le permitió<br />

ninguna objeción más. El muro que se había erigido entre los dos los<br />

separaba en un abismo infranqueable.<br />

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$%+#<br />

107<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

Algo había cambiado en la expresión de Satín cuando ambos llegaron al<br />

lugar donde los esperaban todos. Durante el trayecto, ni una sola palabra<br />

había salido por la boca de ambos, ella para mostrar una disculpa, él para<br />

ofrecerle una recriminación. Tras la extraordinaria confesión de Aslhem,<br />

los remordimientos habían vuelto a arañarle el corazón con uñas afiladas.<br />

La imagen de su madre, sus gritos agónicos, le pesaban como piedras de<br />

cantera que la hundía en el abismo negro de la culpa. No podía ignorar ni<br />

por un momento su propósito, y la urgente necesidad de venganza que<br />

sentía a cada momento.<br />

Había hecho una promesa, un juramento que había olvidado<br />

durante los minutos que había durado la explicación de Aslhem sobre el<br />

amor. Había logrado que su razón se esfumase como la espuma del mar<br />

cuando llega hasta la silenciosa playa para besar la arena. En un instante<br />

todo había tenido sentido, pero el acoso continuo de sus fantasmas, la<br />

atizaba sin penitencia y la mecían en la noche negra de los sentimientos<br />

reprimidos. Su corazón sufrió una descarga en el mismo momento en el<br />

que admitió que se había enamorado de un inmundo, lo amaba, pero tenía<br />

que matarlo o su vida carecería de todo sentido y propósito.<br />

El silencio de Aslhem cuando llegaron juntos a la casa, y sus<br />

ojos vacíos de la comprensión que le habían brindado en la cueva negra,<br />

lograron producirle una molestia en el estómago que no podía ignorar,<br />

había borrado la sonrisa que le mostraba cada vez que sus miradas se<br />

encontraban, pero ese cambio hacía más cercano la culminación de sus<br />

planes.<br />

Pronto, su madre podría descansar en paz.<br />

Aslhem se sentía furioso consigo mismo, había perdido el<br />

control sobre sus emociones de forma arrogante y estúpida. Había creído<br />

como un cretino pusilánime que ella podría reconocerlo, pero se había<br />

estrellado en su soberbia de la forma más estrepitosa posible. Ella solo<br />

perseguía la venganza, se envolvía con el dolor como si fuese un manto<br />

caliente en una noche fría, y él, desgraciado inmortal, no acertaba a<br />

encontrar la hendidura o el resquicio para penetrar con su afecto y aliviar<br />

su alma.


El centinela<br />

La mirada penetrante de Ersad le hizo replantearse algunos<br />

puntos. Había dado un paso en falso, pero podía rectificar la estrategia<br />

que había decidido utilizar con ella.<br />

—Me alegro de que estemos todos— paseó sus ojos vítreos<br />

sobre los presentes en la casa. Aunque Alma le daba la espalda mientras<br />

miraba por la ventana, sabía que estaba completamente alerta a sus<br />

palabras— este es el plan— corrigió de inmediato poniéndose al lado de<br />

Satín— nuestro plan, prestad atención porque no voy a repetirlo.<br />

$%!


CAPÍTULO XV<br />

El centinela<br />

La oscura y enorme presencia miró con detenimiento la taza de café que<br />

sostenía en sus manos con atención. El líquido humeaba, y él sopló<br />

suavemente antes de llevarse la blanca porcelana a los labios. Oía la<br />

explicación de Boraj sin un pestañeo en sus ojos, el rictus de su boca,<br />

hermosamente cincelada, seguía siendo severo y frío. Cuando alzó su<br />

rostro y miró a Boraj el brillo calculador había asomado por fin a sus<br />

pupilas negras.<br />

—¿La viste?— Boraj asintió de forma leve. Sabía que se refería<br />

a la cazadora.<br />

—Está muy cambiada físicamente, pero su olor es<br />

inconfundible— Erikem rodeó su escritorio de caoba para alcanzar la<br />

ventana. Con dedos largos y cuidados, apartó el visillo celeste hacia un<br />

lado para tener una mejor visión de la calle. Miró el horizonte sin fijar<br />

sus pupilas en ningún punto determinado, completamente ensimismado<br />

en sus pensamientos.<br />

—¿Qué quiere Aslhem?— Boraj titubeó un solo momento antes<br />

de responder.<br />

—Más tiempo— Erikem se volvió sobre sí mismo con rapidez.<br />

—Sabe que no aceptaré, y me sorprende que no se de por<br />

vencido— Nasdio lo escuchaba todo desde su posición sentada en el<br />

lujoso sillón de piel marrón, cruzó una pierna sobre la otra en actitud<br />

despreocupada, mientras seguía removiendo su copa de coñac en círculos<br />

pausados. Miró el líquido ambarino con el ceño levemente fruncido.<br />

—Está en su naturaleza ser obstinado, no es la primera vez que<br />

se muestra altanero en sus reclamos— Erikem sonrió, pero ni Boraj ni<br />

Nasdio fueron conscientes de ese detalle cálido que confería a su rostro<br />

un aura de bondad, Erikem seguía de espaldas a ellos.<br />

—Estamos en posición de hacerle frente— fue la escueta<br />

respuesta de Nasdio, Erikem negó con la cabeza pensativo al mismo<br />

$$%


$$$#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

tiempo que pasaba su mano por su mejilla sin rasurar. Los incipientes<br />

pelos rubios asomaban y comenzaban a cubrir la piel de su mentón,<br />

siempre le ocurría cuando pasaba una noche fuera de su casa y no podía<br />

afeitarse.<br />

—¿Dónde está ella?— Boraj vaciló un instante antes de<br />

responder.<br />

—En Arlington St., la casa que tiene Aslhem cerca del Boston<br />

Public Gardens— Erikem echó la cabeza hacia atrás para apurar el<br />

último trago de café. Nasdio se levantó del sillón para llenarse la copa de<br />

nuevo.<br />

—Muy típico de él— Boraj alzó los hombros antes de dejar la<br />

taza que le había pasado Erikem. La depositó en la bandeja de plata con<br />

el servicio de café que había en una esquina del bello escritorio.<br />

—Estará haciendo planes— las palabras de Nasdio le hizo<br />

chasquear la lengua pensativo. Se mesó el espeso pelo rubio con<br />

impaciencia ante esa nueva posibilidad.<br />

—Planes que no servirán de nada, aunque se muestra muy<br />

astuto–– Erikem meditó un segundo antes de preguntar— ¿es cierto que<br />

os mantuvo en jaque? ¿Una sola mujer contra mis guardianes?— El<br />

rostro de Boraj su puso rojo como la grana ante el azoro que sufrió al<br />

recordarle Erikem el ridículo que había hecho delante de la cazadora.<br />

—Cumplía órdenes estrictas de no provocarle ningún daño—<br />

nuevamente Erikem volvió a mostrar una sonrisa que dejó al descubierto<br />

una dentadura perfecta— pero me costó lo mío mantenerla quieta— las<br />

pupilas de Erikem se ensombrecieron de ira al escuchar las palabras de<br />

Boraj.<br />

—Si le hubieses hecho algún daño, ahora estarías muerto— tras<br />

el estallido de esa declaración, Erikem bajó los ojos con cierta curiosidad<br />

en su voz— ¿Es hermosa?— Boraj asintió con entusiasmo<br />

—Mucho más…— respondió con celo desmedido— es una<br />

muchacha bellísima y sumamente seductora. Su olor es un reclamo que<br />

resulta difícil de ignorar. Aún lo tengo impregnado en mi nariz— Erikem<br />

dio dos pasos hasta quedar frente a Boraj con el rostro mortalmente serio.<br />

—¿Aslhem le habrá dicho…?— Erikem dejó la pregunta sin<br />

concluir y Boraj se apresuró a negar de inmediato.


El centinela<br />

—Es del todo improbable. La cazadora demostró una cierta<br />

aspereza ante la llegada de él y su oportuna intervención cuando la<br />

teníamos acorralada en el callejón. Puedo asegurar que no le gustó en<br />

absoluto que interviniese aunque fuese a favor suyo— esas palabras le<br />

dijeron a Erikem mucho sobre Satín.<br />

Nasdio se palmeó la rodilla con júbilo al imaginar el lamentable<br />

espectáculo que habían ofrecido a los ojos de la cazadora. Los leones de<br />

la noche vencidos por una muchacha seductora. Erikem siguió meditando<br />

en silencio la información que le había relatado Boraj.<br />

—¿Sospecha la cazadora…?— Boraj ladeó la cabeza<br />

ligeramente tratando de recordar si la mujer había dicho o hecho algo que<br />

indicase esa cuestión.<br />

—Estoy dispuesto a asegurar que no.<br />

—Entonces tenemos muchos planes que hacer antes de la cita<br />

esperada.<br />

Satín sentía los nervios crispados, la tensión en la casa de Aslhem<br />

superaba los límites aconsejables para mantener la cordura. Aslhem no la<br />

había preparado, dejó que hiciera sus cábalas sin responderle a ninguna<br />

cuestión en particular. Tanto Lee como Soul y Alma se mantenían<br />

ocupados en otra parte de la casa, preparando material y estrategias,<br />

Aslhem hacía lo propio con Barik, Ersad y ella, pero Satín estaba tan<br />

llena de enfado ante su falta de disciplina, que había decidido instalarse<br />

de forma permanente en la cocina hasta que se apaciguase en parte su<br />

furia por la liberación de los inmundos.<br />

¡Maldito su cerebro que seguía regresando a la imagen de<br />

Aslhem a pesar de sus intentos de no pensar en él! Y ¡Maldita su<br />

debilidad porque no lo conseguía! Sabía que la culpa no la tenía Aslhem<br />

si no ella misma. Frotó con más fuerza el trapo sobre su pistola tratando<br />

de disipar el rencor que salía por los poros de su piel por su estupidez.<br />

Dejó el paño sucio encima del mármol y se miró las manos<br />

manchadas de negro, ¿qué demonios estaba haciendo? Su pistola no<br />

podía brillar más.<br />

$$&<br />

112


$$'#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

«Necesitas relajarte»<br />

Satín se volvió con ímpetu al escuchar la voz de Aslhem detrás<br />

de ella, pero seguía en la cocina sola. Miró hacia un lado y otro de la<br />

espaciosa habitación pero no había nadie salvo su cólera. ¿Le estaba<br />

leyendo la mente? Por supuesto que sí, el maldito inmundo sabía qué<br />

pensaba ella en cada momento, y la rabia volvió a subir por su garganta<br />

hasta descansar en el cielo de la boca donde la dejó agitarse a su antojo.<br />

—Demonios, qué equivocados estáis si creéis que voy a<br />

soportar un minuto más cerca de vosotros— al momento Satín tiró el<br />

trapo en el cubo de la basura que había debajo del fregadero, y se lavó las<br />

manos para quitar los restos de suciedad. Como una exhalación, abrió la<br />

puerta de la cocina con un golpe seco, necesitaba salir a la calle respirar<br />

un poco de aire frío.<br />

—¿Dónde crees que vas?— Satín dio un respingo involuntario a<br />

la voz de Lee, que había salido a su encuentro desde el otro lado del<br />

vestíbulo.<br />

—¡Me has asustado!— fijó su mirada atribulada en el rostro de<br />

la persona que había comenzado a caminar directamente hacia ella<br />

arrastrando su pie derecho.<br />

—No puedes salir pequeña— a pesar de sus palabras amables,<br />

Satín no soltó el tirador de la puerta.<br />

—Necesito un poco de aire— ella se ahogaba dentro de la casa.<br />

Con la presencia de los inmundos le resultaba imposible tranquilizar su<br />

espíritu.<br />

—Entonces Aslhem te acompañará— Satín pensó que Lee<br />

estaba definitivamente loco, ella huía de la presencia de Aslhem, de su<br />

silencio y de sus miradas cuajadas de resignación. Su compañía era lo<br />

último que necesitaba en esos momentos.<br />

—Para traer un poco de comida china no necesito guardián.<br />

—La cena ya está encargada— ella no tenía modo de saber que<br />

Lee había encargado la cena. ––Pronto llegarán las pizzas.<br />

—Me parece bien que te hayas tomado esa libertad sin<br />

preguntarme qué prefiero, pero a mí me apetece un poco de comida<br />

china— Lee sabía que ella necesitaba poner distancia y entendió los<br />

motivos aunque no los aceptó.


El centinela<br />

—Deja entonces que Ersad te acompañe— Satín negó con la<br />

cabeza.<br />

—Prefiero ir sola.<br />

—Entonces te acompañaré yo— Satín chasqueó la lengua por la<br />

terquedad de Lee, si forzaba su pie con una caminata, su fuerte cojera se<br />

acentuaría y luego tardaría varios días en calmar los dolores. Ella sólo<br />

pretendía estar un momento a solas sin el temor de que Aslhem leyese<br />

sus pensamientos y la perturbase.<br />

—Agradezco tu preocupación, pero hoy día una mujer puede<br />

dar un paseo sola sin que peligre su vida— Satín conocía los<br />

sentimientos de Lee con respecto al asunto, había perdido a su mujer y<br />

uno de sus dos hijos en un atentado que no pudo visualizar con sus<br />

poderes psíquicos. Desde entonces, no soportaba ver a una mujer sola. —<br />

Le pediré a Alma que me acompañe si consigo con ello que te quedes<br />

más tranquilo— Lee endureció su rostro arrugado tras esas palabras<br />

sueltas con el único propósito de tranquilizarlo. Llegó hasta ella<br />

arrastrando su pie deformado y se paró a un solo paso. Sus ojos oscuros<br />

no admitían ninguna réplica.<br />

—Te están esperando allí afuera— Satín asintió con la cabeza,<br />

ella lo imaginaba.<br />

—Lo sé— pero Lee negó con su cabeza al mismo tiempo que<br />

cerraba los ojos tratando de concentrarse. Su percepción mental siempre<br />

había sido de mucha ayuda en la caza de inmundos aunque siempre<br />

aparecía cuando menos lo esperaba.<br />

—Algo mucho peor— ¿peor que los inmundos? Pensó Satín,<br />

pero a pesar de sus dudas, no lo contradijo.<br />

—Tus demonios interiores siguen esperando su oportunidad de<br />

acosarte, y lo harán en el preciso momento en el que estés sin<br />

protección— ahora le hablaba en jeroglíficos, siempre ocurría cuando la<br />

visión estaba confusa.<br />

—Si estás decidida a salir yo te acompañaré— la voz de<br />

Aslhem llegó hasta ella desde su espalda, ignoraba cuanto tiempo había<br />

estado de pie mirándolos a ella y a Lee sin que ambos se percataran.<br />

Barik estaba a un solo paso de ellos. Satín no tuvo fuerzas para negarse a<br />

la orden.<br />

$$(


$$)#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

—Los aliados no se pelean entre ellos ni cuestionan las órdenes<br />

conjuntas— esas palabras la soliviantaron, ella no había dado ninguna<br />

orden desde que salieron de la isla de El Hierro con destino a Boston,<br />

pero el timbre de la puerta impidió que le diese una respuesta como se<br />

merecía. Se volvió y giró el pomo, un camarero chino le tendía unas<br />

bolsas llenas de comida.


CAPÍTULO XVI<br />

El centinela<br />

Satín se removió cuando sintió una mano fuerte que se deslizaba sobre su<br />

brazo desnudo. Por instinto, se giró hacia la mano con el cuerpo<br />

expectante y lleno de ansiedad. Una cabeza rubia se inclinó hacia ella y<br />

se apoderó de sus labios. El beso salvaje y ardiente hizo que el deseo<br />

prendiese dentro de ella con una fuerza cegadora. Mantuvo los ojos<br />

cerrados para disfrutar del agradable olor de la piel dorada, saborear en<br />

profundidad el calor de la boca que invadía sus sentidos por completo.<br />

Aferró con sus manos el espeso cabello y asió con sus dedos los gruesos<br />

mechones. Él, se apartó ligeramente, pero Satín no se lo permitió.<br />

«Maelka, princesa mía»<br />

El susurro posesivo le arrancó un estremecimiento.<br />

«Ven conmigo, te espero»<br />

No podía visualizar el rostro, sólo la diabólica sonrisa que la<br />

dejó sin aliento. Se dejó abrazar y permitió que la girase hasta quedar<br />

tendida de espaldas con él encima de sus caderas. Satín se mordió el<br />

labio cuando sintió el cuerpo duro y viril encima de ella, sin ser<br />

consciente de lo que hacía, comenzó a moverse con sensualidad con un<br />

ritmo que le hizo a él lanzar un gruñido áspero. La boca cálida y húmeda<br />

la buscó de nuevo para comenzar un saqueo en su interior aterciopelado,<br />

ella le mordió el labio superior con infinita delicadeza, tratando con sus<br />

dientes de atraerlo hacia ella todavía más. Satín gimió y abrió los ojos, al<br />

hacerlo vio un rostro que en modo alguno era el de Aslhem.<br />

¡La bestia iba a copular con ella! El grito de su garganta rasgó<br />

el silencio de la noche.<br />

Satín se despertó sobresaltada, y con el terror más absoluto<br />

dibujado en sus ojos, buscó el arma que solía dejar descansando bajo la<br />

almohada, pero no la encontró, al momento, la puerta de su alcoba se<br />

$$*


$$+#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

había abierto con estrépito, todos los miembros habían acudido al alarido<br />

de miedo de ella.<br />

Lee fue el primero en acerarse a la cama.<br />

—Tranquila pequeña es una pesadilla— Satín no lo oyó, fijó<br />

sus pupilas negras en Barik y Ersad que se mantenían a una distancia<br />

prudente del resto de personas que observaban su miedo en un silencio<br />

sepulcral.<br />

—¡Malditas bestias inmundas!— saltó tan rápido de la cama<br />

que ninguno acertó a detener sus pasos que la guiaban hacia Barik y<br />

Ersad con la intención del asesinato reflejado en sus ojos.<br />

Aslhem la sujetó por la cintura antes de llegar hasta ellos, y la<br />

rabia se agitó con el deseo en el interior de Satín produciéndole una<br />

descarga loca de sentimientos contradictorios. Cuando vieron que<br />

Aslhem se hacía dueño de la situación, uno a uno, fueron abandonando la<br />

alcoba en silencio. Solamente Alma había dudado un instante, pero se<br />

había dejado guiar por Lee sin una réplica.<br />

—¡Déjame!— Aslhem no obedeció su orden, siguió sujetándola<br />

con ternura mientras iban remitiendo los escalofríos de ira que la habían<br />

azotado momentos antes. Aslhem la acercó a su pecho de forma<br />

protectora, al mismo tiempo que le susurraba palabras de aliento,<br />

palabras que en ese momento no despreció ella.<br />

—No tienes nada que temer pequeña, era sólo una pesadilla—<br />

las palabras pacientes fueron penetrando en su alma agitada, de la misma<br />

forma que penetra el cuchillo en la mantequilla fresca. Satín relajó sus<br />

músculos y se abandonó en sus brazos. Aslhem la fue llevando de nuevo<br />

al lecho, Satín no podía pronunciar una queja pues estaba mentalmente<br />

agotada. Sufría en silencio las pesadillas que seguían sacudiéndola con<br />

saña y que la mecían en una angustia continua.<br />

Aslhem la recostó sobre el almohadón y la tapó con la cubierta<br />

ligera.<br />

—Nada es lo que parece…— esas palabras incongruentes<br />

hicieron que se desbordase la presa que contenía en su interior. Los<br />

sollozos llegaron en silencio y continuaron sacudiéndola hasta que fue<br />

incapaz de soltar una lágrima más. Aslhem se bebió sus lágrimas al<br />

mismo tiempo que acariciaba sus cabellos intentando transmitirle<br />

empatía.


El centinela<br />

—Puedo liberarte de tu pesadilla— Satín no lo escuchaba,<br />

seguía sumida en sollozos que iban remitiendo poco a poco—.<br />

Cuéntamelas y aligeraré tu carga— esta vez las palabras de Aslhem sí<br />

penetraron en el cerebro confuso de Satín.<br />

—Mis pesadillas son el único hilo que me mantiene unida a mi<br />

madre… ¿no lo comprendes?— Aslhem colocó un mechón detrás de la<br />

oreja de ella con infinita ternura.<br />

—Te aferras a un recuerdo borroso. Ninguna madre querría que<br />

la recordasen así— Satín manoteó la mano de él cuando trató de coger la<br />

suya, en un claro gesto de desprecio.<br />

—¡No tengo más recuerdos que ese!.., y no voy a permitir que<br />

me lo arrebates— los ojos de Aslhem seguían mostrándole una paciencia<br />

que la llenó de cólera. No soportaba sus gestos de ternura, sus manos<br />

bondadosas. Era un inmundo al que pensaba exterminar cuanto antes.<br />

—Voy a besarte…— Satín negó con la cabeza de forme<br />

reiterada, pero Aslhem se fue inclinando hacia ella obviando su<br />

rechazo— mi beso te sumirá en un sueño tranquilo, donde no importará<br />

el tiempo, la distancia, ni las diferencias que existen entre nosotros.<br />

––No quiero–– protestó ella de forma incongruente.<br />

––Mi beso romperá las barreras de tu miedo, y podrás caminar<br />

con absoluta libertad hacia los recuerdos que desees— Satín cerró<br />

durante un instante sus ojos.<br />

—¿Puedes hacer algo así?— preguntó ella. Aslhem le mostró<br />

una sonrisa llena de promesas.<br />

—Ni te imaginas lo que he sido capaz de hacer por ti…— la<br />

mano de Aslhem había sujetado su cabeza con suavidad para volverla al<br />

encuentro de sus labios. Cuando la boca de él tomó posesión de la de<br />

ella, una extraña tibieza comenzó a instalarse dentro del vientre de Satín<br />

que ascendía desde su abdomen hasta su cerebro de forma impenitente.<br />

El sabor de Aslhem, el olor de su piel, le trajo a la memoria el aroma<br />

inconfundible de los bebés que ríen mientras sacian su apetito del seno de<br />

su madre. Evocó las tortas de anís que tanto le gustaban de niña, así<br />

como el olor de la lavanda que se mecía en los campos de Castilla en un<br />

verano caluroso. La lengua de Aslhem se movía sobre la suya como si<br />

explorase una reliquia exquisita y delicada, buscó los rincones más<br />

escondidos, y los acarició con avidez pero con infinita paciencia. Lamió<br />

$$!


$$"#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

el hueco en el interior de sus mejillas, mordisqueó sus labios con los<br />

dientes con sumo cuidado, sin brusquedad, haciendo con el movimiento<br />

de su lengua un rito de mansedumbre que aceptó ella sin una queja.<br />

Satín se perdía entre las sensaciones que le provocaba la lengua<br />

de él, y sintió cómo el nudo que había atenazado su corazón tras la<br />

pesadilla, iba deshaciéndose poco a poco.<br />

Los dedos de Aslhem se habían deslizado por su cuello hasta<br />

asir su nuca, masajeó la zona tensa sin despegar los labios de la boca de<br />

ella que seguía abierta a su reclamo. Satín estaba superada en<br />

sensaciones, pero no lanzó ni una protesta ante la paz que la embargaba.<br />

Supo que podría cerrar los ojos con abandono sin temor a sufrir<br />

otra pesadilla, y Satín se encontró haciendo precisamente eso. Cuando<br />

Aslhem despegó sus labios de los de ella, Satín estaba sumida en un<br />

sueño profundo, y por primera vez libre de malos sueños. Rozó apenas<br />

con un ligero deslizamiento sus dedos por la mejilla de ella, le apartó una<br />

guedeja de pelo que dejó descansando en el hueco de su cuello.<br />

La sonrisa que siempre le brindaba cuando la miraba, seguía<br />

grabada en sus labios de forma perpetua, incluso ahora que ya no podía<br />

verla. ¡La quería tanto! ¡Tenía que protegerla! Aslhem inspiró<br />

profundamente antes de abandonar el lecho donde descansaba ella<br />

absolutamente vencida. Salió de la habitación en silencio mientras hacía<br />

planes urgentes.<br />

Pero lo que Aslhem ignoraba, era la voz dentro de la mente de<br />

Satín que la llamaba hacia un destino desconocido. Pedían auxilio, y<br />

cuando Aslhem abandonó la habitación, Satín se alzó de su posición<br />

recostada….<br />

«Espérame»


CAPÍTULO XVII<br />

El centinela<br />

La calle Beacon era sin duda alguna la calle más famosa de Boston,<br />

metro a metro iban apareciendo los edificios públicos, la State House, las<br />

casas de antiguas familias coloniales. Las edificaciones de los últimos<br />

tres siglos parecían obras de reciente construcción por el buen estado de<br />

conservación en el que se encontraban. La calle en sí era un derroche de<br />

elegancia y buen gusto, pero esos detalles no le importaban. Los pasos de<br />

Satín eran seguros y firmes. Miró los números de las casas mientras las<br />

iba pasando en premeditado silencio. Cerró sus ojos y escuchó la voz de<br />

nuevo.<br />

«Calle Beacon, casa de las cortinas carmesí»<br />

La voz no decía nada más, pero tenía un tono de urgencia que<br />

no podía ignorar. Sentía temor pero la curiosidad era demasiado<br />

poderosa. ¿Quién le hablaba y por qué? Lo más preocupante, ¿qué quería<br />

de ella?<br />

Satín sabía que estaba siendo manipulada mentalmente pero<br />

conocía la voz, la había oído durante toda su vida, aunque ignoraba a<br />

quién pertenecía, pero ella tenía que averiguarlo.<br />

Cuando todos en la casa dormían, Satín se había escabullido<br />

entre las sombras y el silencio para salir de la vivienda hacia la dirección<br />

que se repetía en su mente. Satín ahogó un ramalazo de remordimientos,<br />

porque había salido sola y sin protección en busca de respuestas, Satín<br />

respiró hondo pero el sentimiento de culpa no cedía. Recordaba<br />

vívidamente la paz que la había embargado tras la monstruosa pesadilla<br />

que sufrió, reconoció y valoró el esfuerzo de Aslhem para aliviar su<br />

tortura. Era la primera noche en muchos años que pudo descansar unas<br />

horas de forma apacible, sin malos sueños que la acosasen y esa<br />

circunstancia hizo que Satín tomase una decisión brusca. Aslhem no<br />

tenía la culpa de los sentimientos de despecho que albergaba ella con<br />

respecto a los inmundos. Aslhem los cazaba, y cazar a los suyos en bien<br />

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$&$#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

de la humanidad lo redimía por completo a sus ojos. Lo amaba, y ese<br />

sentimiento prevalecía sobre el odio. Satín había decidido aceptar su<br />

amor sin reservas, pero antes debía reorganizar sus pensamientos y<br />

buscar las respuestas.<br />

Al momento, los ojos de Satín reconocieron las cortinas de<br />

color ocre, que adornaban las ventanas de una casa pintada en blanco.<br />

Detuvo sus pasos frente a la puerta oscura. La casa le resultaba familiar,<br />

pero los recuerdos se le escapan, su estructura grande y pesada se erguía<br />

hacia el cielo con soberbia. Bajó los ojos hacia la aldaba con forma de<br />

puño, de pronto y sin previo aviso, a su memoria acudió la visión de una<br />

niña pequeña que subía los tres únicos escalones que separaban la casa de<br />

la calle arbolada, unas manos masculinas y fuertes izaron a la niña que no<br />

había terminado de entrar para acogerla en su regazo, en su mente se<br />

formó la imagen de la sonrisa cálida y la mirada de unos ojos de color<br />

verde intenso. El recuerdo la golpeó con brutalidad dejándola paralizada<br />

durante un momento, cada poro de su piel comenzó a percibir el peligro,<br />

aún así no detuvo su insaciable sed por saber lo que se iba a encontrar<br />

tras la hoja de madera. No hizo sonar la aldaba, pero Satín retrocedió un<br />

paso hacia atrás de forma involuntaria, inspiró de forma profunda y<br />

cuadró los hombros buscando el valor que la ayudase a cruzar el umbral,<br />

sabía que la puerta no estaba cerrada. Tras la hoja de madera podría<br />

encontrar la respuesta a los cientos de preguntas que se hacía, y ella no se<br />

lo pensó más. La puerta cedió a su empuje con un chasquido suave sin<br />

haber hecho apenas presión con su mano en la madera, la hoja se abrió<br />

un tercio y Satín pudo atisbar algo del interior antes de decidirse a entrar.<br />

El oscuro vestíbulo estaba bellamente decorado con oleos que<br />

mostraban diferentes pinturas ecuestres. Había un único mueble en la<br />

entrada para depositar las llaves, la suave alfombra blanca cubría la<br />

mayor parte del suelo de madera. Hacia la derecha, el perchero contenía<br />

un abrigo y un sombrero de tweed inglés, en el suelo había un paragüero<br />

con un bate, diversos paraguas y un bastón con una cabeza de águila en<br />

la empuñadura. Las paredes estaban empapeladas de un suave color<br />

melocotón, y los ojos de Satín volaron hacia la escalera adosada a la<br />

pared que subía en un único tramo a la segunda planta.


El centinela<br />

La casa estaba silenciosa, miró hacia un lado y hacia otro para<br />

determinar dónde podía comenzar su inspección, pero no había<br />

terminado de dar el primer paso cuando la detuvo una voz profunda.<br />

—Te estaba esperando— la candente voz le llegó de forma<br />

clara y precisa— no tienes nada que temer— eso tendría que decidirlo<br />

ella pensó Satín llena de aprensión. Había creído erróneamente que la<br />

casa estaba deshabitada. Satín volvió su cabeza hacia la calle, decidiendo<br />

si cerraba la puerta tras de sí, o la dejaba entreabierta. El sol comenzaba a<br />

despuntar sobre el horizonte con un tono carmesí intenso, coloreando el<br />

amanecer de tonos dorados, pero Satín estaba muy lejos de apreciar<br />

cualquier emoción por el nuevo día. Su atención estaba completamente<br />

centrada en la casa que se había abierto para ella, y en la persona que<br />

esperaba su llegada.<br />

–– ¿Quién eres?–– preguntó con mucha cautela, se movió un<br />

paso de forma sigilosa.<br />

—Hace mucho que espero tu presencia— Satín trató de que sus<br />

ojos se habituasen a la penumbra del vestíbulo. Una silueta se mantenía<br />

frente a ella quieta, como preparándose para su entrada en la casa. Satín<br />

optó por cerrar la puerta tras de sí consciente de que eso podía significar<br />

su muerte—, nadie va a hacerte daño.<br />

Satín supo que le leía la mente.<br />

Cuando sus ojos se habían acostumbrado a la penumbra, el<br />

chasquido de un interruptor le hizo girar la cabeza hacia el sonido de<br />

forma inconsciente, de inmediato una luz intensa la cegó por completo.<br />

Satín tuvo que parpadear varias veces para poder enfocar la visión de<br />

nuevo.<br />

—Sé bienvenida— Satín retrocedió un paso cuando fue<br />

consciente de la figura que la seguía observando apoyado en el marco de<br />

madera—, ¿puedo ofrecerte un café?— negó apenas con un gesto sin<br />

abandonar la alerta de su cuerpo.<br />

—Estoy aquí por un único motivo— la figura no respondió,<br />

pero avanzó un paso más hacia ella, entonces la luz dio de lleno en el<br />

rostro que se había mantenido parcialmente oculto a su escrutinio, Satín<br />

cuando lo vio soltó un gemido de espanto.<br />

La bestia de sus sueños estaba parada delante de ella con una<br />

mirada feroz en sus ojos verdes. La sensación de alerta y angustia por la<br />

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<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

presencia del inmundo le produjo un pavor terrible que fue incapaz de<br />

controlar. Comenzó a recordar con crudo realismo los sucesos que<br />

acontecieron años atrás, y empezó a respirar de forma entrecortada, con<br />

sobresalto.<br />

¡Era una completa estúpida! Se había metido por voluntad<br />

propia en la boca del lobo, y el pánico comenzó a bajar sin control por su<br />

estómago hasta sacudirle las entrañas por su imprudencia. Las piernas le<br />

temblaban tanto que Satín era incapaz de comprender cómo no caía al<br />

suelo sobre sus rodillas. Su corazón había comenzado una carrera loca y<br />

sin control, los latidos golpeaban su cuello que comenzó a hincharse, era<br />

incapaz de emitir sonido alguno.<br />

¡Se ahogaba! cuando vio a la bestia caminar directamente hacia<br />

ella, cerró los ojos con impotencia ante su falta de energía para salir<br />

huyendo. No podía moverse a pesar del terror que se reflejó en sus<br />

pupilas. Tenía que escapar, pero seguía clavada en el suelo con el sudor<br />

perlando su frente.<br />

Aslhem estaba terriblemente furioso consigo mismo, ninguno miembro<br />

de la casa conocía el paradero de Satín. Suspiró con la impaciencia hecha<br />

trizas, la había dejado apenas un momento cuando el crepúsculo aún no<br />

se había marchado, y cuando había vuelto a la habitación, ella no estaba.<br />

Aslhem miró con dureza a Lee que seguía ofreciéndole una advertencia<br />

con sus ojos negros sin que le importase lo más mínimo su explicación.<br />

Alma seguía parada en la ventana dándoles la espalda a todos. Soul en<br />

cambio, seguía al teléfono llamando a los diferentes hospitales y<br />

comisarías de la ciudad.<br />

—Satín no está herida— las palabras de Lee lo llenaron aún<br />

más de preocupación, Barik lo asió del codo cuando Aslhem se dispuso a<br />

salir por la puerta con una determinación en sus ojos zafiro, y con las<br />

manos vacías como únicas armas.<br />

—Ersad llegará en seguida— Aslhem no se conformaba.<br />

—¡Teníais que protegerla en mi ausencia!— con un<br />

movimiento brusco se soltó del brazo de Barik.<br />

—Ninguno la oímos salir de la casa— Aslhem soltó una<br />

maldición precaria al mismo tiempo que se mesaba el pelo de forma<br />

impaciente.


El centinela<br />

—¿A dónde crees que ha ido?— Aslhem no creyó necesario<br />

responderle, sospechaba dónde podía estar ella, un temor helado le<br />

perforaba los huesos hasta alcanzar el tuétano.<br />

¡No estaba preparada todavía! ¡Maldito Erikem!<br />

—Le advertí a Satín de lo que le esperaba allí afuera— las<br />

palabras de Lee le produjeron dolor de cabeza, pero Aslhem contuvo su<br />

réplica agria.<br />

—Tenemos que adelantar los planes— la voz suave de Alma<br />

hizo que Lee soltara un taco, Barik la miró con desdén en sus ojos azules<br />

pero Alma le sostuvo la mirada y lo taladró con un profundo odio que no<br />

se molestó en ocultar, todo lo contrario, se esmeró en hacerle saber al<br />

inmundo de cuánto lo detestaba a él y todo lo que representaba. Tras la<br />

charla mantenida con su padre, había entendido y aceptado algunas cosas<br />

salvo el rechazo que seguía sintiendo hacia ellos.<br />

—Hiciste mal al mentirle— Aslhem volvió su rostro con ira a la<br />

voz de Soul, en el mismo momento que éste dejaba el teléfono en su<br />

sitio.<br />

—Nunca lo he hecho— la simple respuesta no convenció a Soul<br />

que siguió recriminándolo con sus ojos.<br />

—Ocultar es lo mismo que mentir, Satín debía conocer los<br />

detalles antes de encararse a Erikem. Hiciste mal al tratar de protegerla<br />

manteniéndola en la ignorancia.<br />

Barik carraspeó tratando de atraer la atención de todos.<br />

—Estamos perdiendo un tiempo valioso— Soul apretó los<br />

labios pero Aslhem no pudo apartar la vista de él y sus palabras.<br />

—Ella conocerá los motivos ulteriores de mi silencio, pero no<br />

antes— Alma dio un paso hacia delante.<br />

—Olvidamos la capacidad de Satín de salir indemne de<br />

situaciones inesperadas, es una experta en la lucha, mi unidad la preparó<br />

bien— Aslhem volvió a maldecir completamente enfurecido.<br />

—Erikem no le hará daño— Alma no lo refutó. Volvió su rostro<br />

a Aslhem que había arrugado el ceño pensativo. Ideando, maquinando<br />

cómo manipular los acontecimientos a su favor. La entrada de Ersad a<br />

toda prisa lo sacó de sus cavilaciones, se volvió hacia él con urgencia en<br />

sus ojos y ansiedad en su boca.<br />

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<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

—Está con ellos…— el silencio que siguió en la sala resultó<br />

muy significativo— la seguí hasta la calle Beacon, lamento no haberos<br />

informado antes pero tenía que asegurarme.<br />

Aslhem cerró los ojos ante el desastre que se avecinaba.


CAPÍTULO XVIII<br />

El centinela<br />

Satín seguía en completo silencio, observando con precario equilibrio de<br />

cordura, el rostro que tenía delante de ella. Era el hombre más hermoso<br />

que había contemplado en su vida. Tan guapo que casi parecía irreal. La<br />

mirada de Satín subió desde la fuerte complexión de sus hombros hasta<br />

sus ojos, ojos que le parecieron fríos y tremendamente peligrosos. La<br />

gran estatura de él así como su corpulencia, le hizo arquear una ceja<br />

sopesando sus posibilidades si se enfrentaba a él en una lucha cuerpo a<br />

cuerpo, parecía un contrincante duro de abatir, pero ella tenía experiencia<br />

en altercados. Su voz le había hablado con excesiva suavidad, pero para<br />

ella esa ductilidad era sinónimo de amenaza. Satín supo por instinto que<br />

ese inmundo podía ocasionarle mucho daño, y cuando lo vio dar un paso<br />

hacia ella, se obligó a no retroceder hacia la puerta, pero mantenía la<br />

alarma reflejada en sus ojos. Su magnetismo fiero y depredador le mostró<br />

que no se iba a andar con rodeos, quería algo de ella e iba a conseguirlo.<br />

—No tienes que tener miedo, no voy a morderte— si pretendía<br />

confundirla con sus palabras, lo había conseguido con creces, el Noufilim<br />

seguía caminando despacio hacia ella con un propósito en sus ojos verdes<br />

que ella entendió. Satín temía desmayarse de la forma más ignominiosa<br />

posible y sin ofrecer resistencia. Los latidos de su corazón le palpitaban<br />

en las sienes produciéndole un dolor sordo.<br />

—La voz…— Satín fue incapaz de terminar la oración, le<br />

temblaba tanto los labios que no podía organizar las palabras en la boca<br />

para formar una frase coherente. Siguió retrocediendo hasta que su<br />

espalda dio contra la madera de la puerta de la calle, estaba a un paso de<br />

la liberación, la distancia entre el inmundo y ella era de varios pasos,<br />

podía darse la vuelta y escapar por segundos, aún así sus pies siguieron<br />

clavados en el suelo.<br />

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$&+#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

—Tu lugar está aquí, a mi lado, bajo mi protección— las<br />

pupilas de Satín se dilataron con el horror más absoluto, y la<br />

desconfianza más negra. Su mente se había convertido en un despojo<br />

emocional ante el significado de las palabras del inmundo.<br />

No podía ser cierto. ¿Protegida por él?<br />

—¡Jamás!— la exclamación salió como un graznido por su<br />

boca— Me has manipulado para traerme hacia la madriguera con el<br />

propósito oscuro de asesinarme ¿verdad?— Erikem soltó una carcajada<br />

potente, cruzó los brazos al pecho al mismo tiempo que separaba las<br />

piernas para afianzarlas al suelo. La actitud de él le resultó a ella<br />

provocadora.<br />

—¿Por qué motivo iba a mentirte?— la mente de Satín trató de<br />

analizar las posibles razones y se le ocurrieron cientos.<br />

—¿Venganza…?— se aventuró a preguntar pero la sonrisa<br />

continua de Erikem le produjo otro nuevo escalofrío que le llegó hasta la<br />

base de la nuca. Satín estaba completamente desconcertada, el inmundo<br />

no utilizaba su poder extrasensorial para debilitarla ¿por qué?<br />

«No te he traído aquí para matarte»<br />

Satín masculló, el inmundo era muy hábil leyéndole el<br />

pensamiento.<br />

—Eres mi propósito en el mundo, y Aslhem lo sabe. Lamento<br />

haberlo hostigado— Satín no entendía nada. ¿Había hostigado a Aslhem?<br />

¿Con qué propósito?–– Eres mi debilidad pequeña— las palabras<br />

enigmáticas le hicieron perder la poca serenidad que había logrado<br />

reunir. Satín siguió desorientada y perdida, allí de pie en el vestíbulo<br />

cerrado. Al momento la presencia de Boraj que bajaba las escaleras de la<br />

planta superior, le hizo asir el pomo de la puerta con cuidado para no<br />

alertarlos de su posible fuga. Aún recordaba el incidente en el callejón.<br />

—No vas a huir, sientes demasiada curiosidad para esa salida<br />

cobarde a pesar del temor que te produzco— ¿cómo la conocía tan bien?<br />

¡Qué estúpida! Sabía lo que pensaba a cada momento.<br />

—Es cierto, no soy una cobarde— al menos no le había<br />

temblado la voz y esa circunstancia la hizo sentirse orgullosa— y no, no<br />

siento temor, ni vas a conseguir que lo tenga— Erikem entrecerró los<br />

ojos con un brillo de diversión en sus pupilas, Satín cerró los puños a sus<br />

costados intentando contener el esfuerzo de abalanzarse sobre él y


El centinela<br />

arrancarle la vida con sus propias manos, pero no era tonta, su desventaja<br />

era mucha, ella era consciente de que sólo podía tratar de ganar un poco<br />

de tiempo hasta saber los motivos que lo inducían.<br />

—Eres muy hermosa— Satín no se permitió creer sus frases<br />

almibaradas—. Es cierto pequeña–– le respondió él a continuación––<br />

eres la mujer más bella y seductora de cuántas he conocido— Satín supo<br />

por esas palabras que no pensaba matarla. Y no se decidía entre suspirar<br />

con alivio o maldecir con agravio. Erikem se mostraba ante ella con<br />

despreocupación sabiendo la profesión que ejercía, era la cazadora de<br />

bestias y él era el inmundo al que había buscado durante años.<br />

—Afortunadamente para mí la belleza no duele— Boraj soltó<br />

una risotada al mismo tiempo que cruzaba el vestíbulo delante de ella y<br />

se situó a su izquierda esperando órdenes. Erikem le hizo a ella una<br />

inclinación de cabeza como respuesta a su respuesta ingeniosa, le<br />

extendió su mano para invitarla al interior de la casa pero Satín ignoró su<br />

incitación a que lo siguiera, continuó mirando la puerta que seguía<br />

cerrada tras su espalda y con Boraj de guardián. En dos pasos cruzó por<br />

delante de Erikem sin rozarlo, y sin darle la oportunidad de asirla por el<br />

codo como había sido la intención de él.<br />

––Palabras demasiado cínicas para alguien tan joven–– le<br />

replicó Erikem con voz empalagosa.<br />

Una vez en la amplia y acogedora sala, Satín se mantuvo cerca<br />

de la chimenea con el fuego calentándole el dorso y las manos, manos<br />

que había cruzado detrás en su espalda. En la habitación había un hombre<br />

más que no había visto antes, Satín paseó sus ojos por la estancia<br />

evaluando las posibles vías de escape, y las armas factibles de usar en<br />

caso de que no pudiese utilizar su pistola escondida en su cintura. El<br />

desconocido se acercó con la mano extendida a modo de saludo, pero si<br />

ese inmundo se creía que iba a ser tan estúpida de tocarlo, qué<br />

equivocado se mostraba.<br />

—Así que tú eres la cazadora— el halago burlón le hizo arquear<br />

una ceja con desprecio. El inmundo bajó la mano ante su desinterés y<br />

advertencia, pero sin apartar los ojos de su persona. Tras un momento<br />

que a Satín le pareció eterno, Erikem terminó de cruzar la estancia con<br />

pasos precisos y elegantes.<br />

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<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

—Estoy aquí por…— con un dedo le conminó a que callase<br />

mientras le servía un café sin que ella se lo hubiese pedido. Cuando<br />

Erikem le extendió su brazo con la taza llena del oscuro y oloroso líquido<br />

fue consciente de la desconfianza que rezumaban los ojos de ella, Erikem<br />

se llevó la taza a los labios y bebió un trago sin abandonar la sonrisa.<br />

—No está envenenado— Satín seguía callada, y sin asir la<br />

porcelana que él le orecía. Erikem tras unos segundos hizo un leve<br />

encogimiento de hombros y depositó el café en una mesita auxiliar—<br />

como desees.<br />

—Tengo muchas preguntas…–– comenzó ella.<br />

—Y yo tengo todas las respuestas— Satín había comenzado a<br />

protestar, pero Erikem la volvió a silenciar con la mirada. —Serán dadas<br />

a su debido tiempo. Hasta entonces, te invito a que disfrutes de la<br />

hospitalidad de mi casa.<br />

Satín creyó que estaba loco de remate. Ella era una cazadora<br />

que no disfrutaba de la hospitalidad de los inmundos. Las palabras de<br />

Erikem aumentaron su antagonismo hasta el punto de la enajenación,<br />

durante un momento largo y tenso, Satín evaluó si ella podría ser el arma<br />

para un ajuste de cuentas, pero descartó la idea de inmediato.<br />

—¿Por qué la mentira?— Erikem chasqueó la lengua ante la<br />

tozudez de ella de no mantener la boca cerrada. Le hizo un ademán a<br />

Nasdio para que los dejara solos. Nasdio con un asentimiento de cabeza,<br />

cumplió la orden a rajatabla.<br />

—Nunca te he mentido— Satín sintió la imperiosa necesidad de<br />

hacerle tragar esa palabras. Estaba en la cueva del lobo precisamente por<br />

esa causa— sólo he manipulado la verdad un poco.<br />

—Voy a matarte, ¿lo sabes verdad?— Erikem la miró<br />

completamente extrañado. La cazadora era en verdad adorable.<br />

—No, no lo harás— además de inmundo era estúpido pensó<br />

Satín, por supuesto que pensaba aniquilarlo. Tenía una cuenta pendiente<br />

con él desde hacía muchos años, demasiados. Erikem fijó sus pupilas<br />

negras en el rostro de ella con una intensidad abrumadora. —Las cosas<br />

no ocurrieron así, tu mente las ha desvirtuado para justificar el odio que<br />

necesitas sentir, pero vives en una constante mentira— Satín inspiró tan<br />

profundamente que temió sufrir un vahído, y caer sobre su culo en el<br />

suelo. Estaba completamente estupefacta. Estupefacta y perdida. —Eras


El centinela<br />

una niña preciosa, con una personalidad fuerte, y decidida hasta el<br />

extremo de aterrorizar a tu madre— el jadeo salió por la boca de Satín<br />

como un sollozo, las palabras de Erikem eran hirientes.<br />

—¡Mientes!<br />

—¿De verdad lo crees?— Satín creyó que él había adulterado la<br />

verdad para desconcertarla, pero no le dio el gusto de mostrarle que la<br />

había molestado con su falacia.<br />

––Pronto podrás averiguarlo por ti misma— ¿a qué se refería?<br />

Satín había abandonado su puesto vigilante en la ardiente chimenea.<br />

—Mataste a mi madre ¡maldito hijo de puta! Y no pienso<br />

descansar hasta que bañe mis manos con tu sangre inmunda— Erikem<br />

entrecerró los ojos apenas una línea para mirarla sin ofensa en sus ojos.<br />

Satín seguía observándolo con el rencor saliendo por sus pupilas negras,<br />

como si fuesen puñales envenenados.<br />

Mirar al inmundo le producía una aversión que no podía<br />

controlar.<br />

—El odio está separado del amor por una línea muy fina. —<br />

Satín se sentía incapaz de comprender sus palabras. —No me odias, es<br />

sólo que no sabes discernir la verdad entre las mentiras que ha creado tu<br />

mente para justificar lo incomprensible— ella le dio la espalda un<br />

momento para apoyar las manos sobre la pulida madera del aparador,<br />

paseó sus ojos por los diferentes adornos que contenía pero ella solo tenía<br />

ojos para la bandeja de plata con el servicio de café. Los pequeños<br />

cuchillos y tenedores de desayuno estaban al alcance de su mano, tenía<br />

que tratar de cogerlos sin que el inmundo se percatase. Unos fuertes<br />

golpes dados en la puerta de la calle lo distrajeron el tiempo suficiente<br />

para que ella pudiese asir uno y guardárselo en el bolsillo de su abrigo de<br />

cuero. De pronto, Aslhem hizo su aparición por la puerta que dividía la<br />

sala y el vestíbulo con pasos medidos, tras él lo seguía Barik. Satín<br />

observó su semblante serio y rechazó la mirada cuajada de enfado que<br />

había dirigido exclusivamente hacia ella. El rostro de Erikem cuando vio<br />

a Aslhem mostró una emoción indefinida, y algo más, como un sentido<br />

de reconocimiento y respeto.<br />

—¡Ya estamos todos reunidos!— Erikem aplaudió con falso<br />

entusiasmo la aparición de Aslhem. Ambos hombres comenzaron a<br />

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<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

medirse con la mirada, los ojos de Erikem con arrogancia, los ojos de<br />

Aslhem con intrépida osadía.<br />

—Si le has hecho daño…— Aslhem dejó la amenaza sin<br />

concluir.<br />

—Tus palabras me ofenden— respondió Erikem. Satín recorrió<br />

la estancia tratando de recordar por qué sentía esa sensación molesta de<br />

reconocimiento. Su estómago se sacudía con sensaciones precisas de<br />

afinidad con la casa. Ella estaría dispuesta a jurar que nunca había estado<br />

en Boston, entonces, ¿por qué la residencia de Erikem le resultaba<br />

familiar? Detuvo sus ojos en un portafotos de plata finamente tallado que<br />

había escapado de su escrutinio antes, la niña que habían retratada en él<br />

le produjo un espasmo en el estómago inesperado, la niña era… ¡no<br />

podía ser! ¿Cómo podía el inmundo tener una foto de ella misma?<br />

El rompecabezas se complicaba.<br />

—¡Deja que se vaya!— la orden dada por Aslhem a Erikem<br />

detuvo sus pensamientos confusos. Satín escudriñó con ojos sagaces a los<br />

cuatro hombres que se mantenían de pie en el hermoso salón. La estatura<br />

de Aslhem y Erikem era bastante similar aunque Erikem era más recio y<br />

con los rasgos del rostro más marcados. Barik se mantenía un tanto<br />

alejado de los dos hombres que se miraban con sequedad. Nasdio había<br />

regresado a la habitación, aunque se mantenía cerca del pasillo, ella<br />

podía verlos a todos por su situación privilegiada en una de las esquinas<br />

del salón. Su mano derecha se dirigió en silencioso peregrinaje hacia la<br />

parte trasera de su cintura donde mantenía el revolver oculto, debía estar<br />

preparada para lo imprevisible.<br />

—¡Maelka!— Satín se giró hacia la voz que había pronunciado<br />

el nombre apenas en un susurro, Erikem la miraba de forma expectante,<br />

con un anhelo en su profundidad que no lograba entender— ¿No me<br />

reconoces?— ¿Debía hacerlo? Se preguntó llena de cautela. El rostro le<br />

resultaba vagamente familiar, pero era debido a las pesadillas que la<br />

acosaban. —Soy tu padre.<br />

El silencio en el salón resultó premonitorio.


CAPÍTULO XIX<br />

El centinela<br />

¿Qué diantres estaba diciendo? Tras escuchar a Erikem. Satín sintió<br />

cómo un dolor sordo la espoleaba con fuerza de forma sorpresiva, de<br />

todas las respuestas que había venido a buscar, esa era la más inverosímil<br />

e inesperada. Clavó sus ojos castaños en el inmundo tratando de adivinar<br />

por qué insólita razón le había mentido, la claridad en los verdes le<br />

produjo un escalofrío de suspicacia. Si eran ciertas sus palabras, ella lo<br />

recordaría, pero en modo alguno podía darle validez a su revelación.<br />

Satín retrocedió un paso hacia atrás con el estupor dibujado en su rostro<br />

que se había vuelto cetrino, su espalda chocó con el aparador y sintió que<br />

las piernas le fallaban. Las sensaciones contradictorias la colmaban de<br />

amargura sin poder decidirse entre un estado confuso o pesimista. Cerró<br />

los párpados un instante ante la magnitud de la noticia que acababa de<br />

recibir y todo el dolor por su ausencia la espoleó con furia desmedida<br />

dejándola aturdida. Sintió rencor, vacío y una profunda desesperación.<br />

Asió como pudo, los restos de orgullo que habían quedado esparcidos<br />

sobre el suelo, y cuadrando la espalda, le espetó con el sufrimiento más<br />

humillante.<br />

—¡Mi padre está muerto…!— fue incapaz de continuar, sentía<br />

una opresión en la garganta que le ahogaba, pero mantuvo el rostro<br />

erguido y la mirada altanera. Ignoraba el por qué de los engaños, ni por<br />

qué estaba en la casa aunque no iba a parar hasta descubrirlo, aunque<br />

tuviese que fingir que lo creía.<br />

—¡Díselo Reiyel!— la orden dirigida hacia Aslhem hizo que le<br />

subiera la bilis a la garganta, donde quedó adherida hasta provocarle<br />

nauseas.<br />

—No está preparada todavía— ¡Aslhem le seguía el juego!…<br />

¿por qué? ¿Qué pretendía ganar con ello? Satín se sentía incapaz de<br />

comprender o captar el sentido de lo que se respiraba en la habitación.<br />

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<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

Sus nervios estaban crispados y el temor seguía meciéndola en un<br />

silencio incómodo—. Has incumplido tu palabra— Aslhem miraba<br />

fijamente a Erikem que chasqueó la lengua con cierta burla por su<br />

recriminación esperada.<br />

—Sabes que la paciencia no es una de mis virtudes— ella<br />

seguía la conversación de los dos con sumo interés. Dio dos pasos para<br />

poner distancia entre ambos con una mirada gélida. Cada vez se alejaba<br />

más del aparador y sus instrumentos pero estaba tan concentrada que no<br />

se percató.<br />

—¡Díselo Reiyel!... ella, confía en ti— Aslhem volvió sus ojos<br />

vítreos hacia el rincón donde se mantenía Satín alerta. Durante una<br />

milésima de segundo, ella pudo apreciar en los ojos de él un sentimiento<br />

de disgusto y de arrepentimiento que logró desconcertarla por completo.<br />

Rezó fervorosamente para que sus temores fuesen infundados, si Aslhem<br />

tenía algo que ver con el inmundo y sus secuaces, ¡Dios…!<br />

—Como puedes observar, no me ha creído.<br />

—¡Cállate de una vez!— le replicó Aslhem a Erikem. Los ojos<br />

de Satín se redujeron a una línea. El maldito causante de sus pesadillas lo<br />

tenía frente así con una mirada socarrona. El odio comenzó a salir por sus<br />

poros a borbotones. Había estado en clara desventaja con respecto a él,<br />

de haber sabido quién estaría esperándola en la casa desde un principio,<br />

habría tomado las debidas precauciones, ahora era demasiado tarde.<br />

Maldijo su impulsividad.<br />

—Creía que teníamos un pacto, Aslhem— las cabezas se<br />

giraron hacia ella ante el sonido seco de su voz— pero puedo liberarte de<br />

él y prescindir de tu ayuda— Aslhem apretó sus labios al escuchar sus<br />

palabras, le hizo un gesto con la cabeza para que contuviese su<br />

impaciencia. Ella lo ignoró por completo, estaban jugando una partida de<br />

cartas al farol más grande.<br />

—¡Nada es lo que parece!— le espetó Aslhem, pero Satín<br />

arrugó el ceño con desdén, no había ninguna duda de la participación de<br />

Aslhem en todo ese lío, estaba más cerca que nunca de saber la verdad, y<br />

por un instante doloroso no supo calibrar si deseaba realmente conocerla<br />

o no. ¿Quién era ese hombre que se hacía llamar Erikem? ¿Qué pretendía<br />

de ella?


El centinela<br />

—¿Y qué crees tú que parece?— Aslhem respiró con cierta<br />

dificultad pues sabía todo lo que ella estaba sintiendo en ese preciso<br />

momento, desconcierto, odio, vulnerabilidad, pero ya no había vuelta<br />

atrás.<br />

—No te ha mentido— Satín se lo esperaba, se lo había temido,<br />

y aún así, escuchar las palabras que salían por sus labios. Labios que<br />

había besado. Labios que le habían mentido hasta el punto de aborrecer<br />

los sentimientos que le había despertado. Satín era consciente, y esa<br />

consciencia la acobardó por completo.<br />

Estaba a un paso de vomitar en el suelo por la implicación de<br />

las palabras de Aslhem, y su significado intrínseco para ella. Buscó entre<br />

el caos emocional que sentía, los últimos jirones de dignidad que le<br />

restaban para poder responderles como se merecían.<br />

—Podría venir el Creador mismo a asegurarlo, y no tendría por<br />

qué creerlo— Barik no pudo contener una exclamación ahogada ante la<br />

blasfemia.<br />

—Pues estás bastante cerca cazadora— Satín volvió con<br />

brusquedad los ojos de Aslhem hacia Erikem sumamente extrañada por<br />

su respuesta. Sus palabras seguían confundiéndola desde que había<br />

puesto un pie en la maldita casa de la calle Beacon.<br />

—¿Pero no sabe….? Reiyel, has sido muy travieso…— Erikem<br />

reía completamente divertido, Satín estaba perdiendo la paciencia por<br />

momentos.<br />

—Pensaba hacerlo. Una vez que estuviese preparada—<br />

¿preparada para qué? Se preguntó ella.<br />

—¡Basta! Dejad de jugar conmigo— estaba al borde de la<br />

histeria, y ninguno de los dos parecía darse cuenta del daño que le<br />

estaban infringiendo con sus deducciones y frases inconclusas.<br />

—¡Maelka!…— el nombre repetido había logrado despertar un<br />

sentimiento que hizo que su corazón se sacudiese con un miedo súbito,<br />

caliente, y tras el primer latigazo de luz, las imágenes comenzaron a<br />

desfilar por su cabeza en un éxodo silencioso que le produjo una angustia<br />

difícil de contener. Todas sus pesadillas habían sido provocadas, sus<br />

miedos habían sido mentiras. Toda ella era una gran mentira, si lo que<br />

decía el inmundo era cierto.<br />

$'(


$')#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

—Mi nombre es Satín— inspiró profundamente antes de<br />

continuar–– pero si fueses mi padre sabrías que mi madre me llamaba<br />

Satán.<br />

Acababa de abrir la caja de Pandora con su aceptación.<br />

Aslhem miró a Erikem completamente estupefacto, un segundo<br />

después un velo amenazador empañó sus ojos de zafiro en una muda<br />

advertencia. El giro que estaban tomando los acontecimientos no le<br />

gustaba en absoluto. Lo que debía de haber sido un encuentro familiar y<br />

afectuoso se estaba convirtiendo en una lucha de despecho.<br />

—Así me apodaba mi madre ¿no es cierto?— tanto Erikem<br />

como Aslhem la miraban sin parpadear.<br />

—Tu madre sufría arrebatos imposible de razonar— la<br />

justificación llegaba muchos años tarde.<br />

—¿Por qué me harías creer que estabas muerto?— Erikem<br />

meditó, al mismo tiempo que observaba las mejillas de Satín, que se<br />

habían incendiado con la acusación llena de ponzoña.<br />

—No estabas preparada entonces…— Satín no le dejó<br />

continuar.<br />

—¡Si vuelvo a oír esas palabras lo lamentareis!— Aslhem dio<br />

dos pasos para acercarse a ella, pero Satín lo detuvo con una mano<br />

apenas alzada. El rostro de Satín estaba mortalmente serio, y sus ojos<br />

castaños sin el brillo que la caracterizaba.<br />

—Permíteme que te explique— Satín negó con la cabeza una y<br />

otra vez hasta el punto de sentirse mareada. Inspiró con profundidad al<br />

mismo tiempo que evaluaba, cómo podía salir de la casa indemne y<br />

llevar a cabo su plan de exterminio, sólo eran cinco contra uno, estuvo a<br />

punto de reír con histeria, pero se contuvo. Cuando alzó los ojos del<br />

suelo fue consciente de la profunda mirada que cruzaron Erikem y<br />

Aslhem, el estómago se le revolvió con una acidez de muerte.<br />

—No hace falta que justifiques nada, ya no necesito las<br />

explicaciones— Aslhem trataba de entender sus palabras, pero Satín ya<br />

se daba la vuelta con la intención de abandonar la casa. El único<br />

propósito para atraerla había sido…<br />

—Tu madre te arrancó de mi lado porque creía que tu vida<br />

corría peligro— esas palabras detuvieron sus pasos, Satín giró su cabeza


El centinela<br />

hacia Erikem con el rostro lleno de profunda aversión. Podía soportar<br />

muchas cosas pero no que la creyese una tonta rematada.<br />

—Bien, gracias por la información— Aslhem la interceptó<br />

antes de que alcanzase el marco de la puerta para salir del salón. La asió<br />

del codo, Satín trató de soltarse pero no lo consiguió, el deseo volvió a<br />

prender dentro de ella con una ferocidad alarmante, jadeó ante la sorpresa<br />

del ataque a sus sentidos, pero con un ruego en sus ojos hizo que Aslhem<br />

la dejase marchar.<br />

—Deberías escuchar lo que Erikem tiene que contarte— Satín<br />

hizo un gesto airado al mismo tiempo que sus ojos se encendían con una<br />

pasión que no podía ocultar, subía por su estómago vertiginosamente<br />

hasta su garganta donde moría con una exhalación prematura, sin que ella<br />

pudiese hacer nada para evitarlo. El intercambio de miradas llenas de<br />

deseo y de resignación hizo que Erikem redujese los ojos a una línea<br />

peligrosa por la revelación que se abría ante él: entre Aslhem y Satín<br />

había algo más que palabras. Erikem se había mantenido en un silencio<br />

de lo más extraño pero estaba a punto de romperlo.<br />

—Juré que te protegería, Reiyel sabe que es cierto— Satín<br />

volvió su rostro colérico hacia Erikem con una réplica amarga que no<br />

detuvo. Estaba tan enfadada que ya nada le importaba los motivos o las<br />

razones que había perseguido toda su vida. Se sentía a un paso de la<br />

desidia absoluta.<br />

—¿Por qué diantres lo llamas Reiyel?— Erikem no se inmutó<br />

por el tono de voz áspero que empleó Satín. Aslhem hizo un negamiento<br />

con la cabeza para silenciar los labios de él, pero Erikem aprovechó el<br />

momento para romper su silencio prolongado, soltó una carcajada llena<br />

de humor que incrementó la tensión en la sala todavía más.<br />

Satín paseó sus ojos llenos de ofensa por su cuerpo sin creerse<br />

su desfachatez. Estaba parado allí en medio de la sala divirtiéndose de lo<br />

lindo viendo la anarquía que reinaba en la habitación. Lo taladró con su<br />

mirada pétrea, pero Erikem no se dio por enterado.<br />

—¡Al menos alguien se está divirtiendo con esta pantomima!—<br />

dijo ella ofendida hasta la médula, era incapaz de contener su enojo pero<br />

no podía huir porque las manos suaves y tiernas de Aslhem se lo<br />

impedían.<br />

$'*


$'+#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

—Tiene muchos nombres querida–– dijo sorpresivamente<br />

Erikem–– Aslhem, Exael, Quelián, pero todos los celestiales lo conocen<br />

por el nombre de Reiyel— el corazón de Satín se había detenido. El caos<br />

se había adueñado de su mente dejándola sin capacidad de reacción. ¡No<br />

quería comprender nada! ¡Estaba mortalmente asustada! Pero Erikem<br />

continuó con su aclaración—. Aslhem es…<br />

—Un Centinela— cortó él, empleando la brusquedad por<br />

primera vez.


CAPÍTULO XX<br />

El centinela<br />

Satín se miró las manos que se habían quedado frías aunque<br />

seguían cogidas a las de Aslhem, de pronto, no soportó el roce de su piel<br />

ni el intento de confortarla con sus dedos cálidos. Satín las retiró de golpe<br />

mientras cerraba los ojos vencida, no podía mirarlo, se sentía llena de<br />

desasosiego e incapaz de descifrar el jeroglífico que habían soltado<br />

encima de su cabeza.<br />

Las piezas del rompecabezas giraban sin control delante de sus<br />

ojos mareándola.<br />

—¿Sabes lo que es un Centinela?— Satín ni asintió ni negó la<br />

pregunta formulada por Erikem, las ganas de lucha la había abandonado<br />

dejando su cuerpo laxo y sin decisión. Había sido un peón en ese juego<br />

de busca y captura de la más tonta de todas. Sus metas, sus convicciones<br />

quedaban arrasadas con una simple palabra.<br />

Y ahora, ¿qué podía hacer?<br />

—Quiero marcharme— se negaba a alzar la mirada, sentía los<br />

esfuerzos que hacían ambos tratando de penetrar en su cerebro intentado<br />

escalar la muralla de su voluntad, pero Satín se había bloqueado por<br />

completo. Inspiró varias veces tratando de recobrar algo de fuerzas para<br />

empujar sus pies hacia la salida.<br />

—Te suplico que me escuches— Satín siguió en silencio—,<br />

necesito explicarte mi ausencia— las palabras de Erikem quedaron<br />

suspendidas en la sala, pero en esta ocasión no se sintió golpeada<br />

emocionalmente, nada podía conmoverla salvo el ansia loca de salir a la<br />

calle para poder respirar de nuevo, aunque la presión mental que ejercía<br />

Erikem sobre ella le impedía dar un paso. Satín reunió el último vestigio<br />

de curiosidad que le quedaba, y se volvió de golpe hacia Erikem con un<br />

interrogante en sus ojos, interrogante que formularon sus labios de forma<br />

áspera.<br />

$'!


$'"#<br />

139<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

—¿Por qué?— Satín trató de controlar el temblor de su voz,<br />

pero inmediatamente después de habar formulado la pregunta se<br />

arrepintió, había mostrado su debilidad— No, no me respondas, en<br />

realidad no quiero saberlo.<br />

Parecía que el tiempo se había detenido. La mirada de Satín, era<br />

la misma de su niñez, cuando la vulnerabilidad no se había cebado en<br />

ella. Miró a Erikem con una tristeza tan intensa que Erikem tuvo el atino<br />

de mostrarse azorado. Ella había sido una niña con una carencia de afecto<br />

familiar, y que ahora la rebelaba al ser consciente de la verdad. Si Erikem<br />

era su padre, ella era una inmunda. Satín ya se daba la vuelta hacia el<br />

vestíbulo cuando la respuesta de Erikem detuvo nuevamente sus pasos.<br />

—Lo hice para protegerte— Satín iba a romper a llorar en<br />

cualquier momento, lo necesitaba. Sentía las lágrimas saladas y calientes<br />

en sus ojos sin que pudiese darse el alivio de liberarlas y soltar la congoja<br />

que la atenazaba. Su madre no había sido asesinada por un inmundo,<br />

había copulado con ellos con consentimiento expreso, esa certeza le<br />

produjo una aversión extrema. —Fui un hombre enamorado, Maelka—<br />

como si a ella le importase esa circunstancia previsible.<br />

—Y yo soy una cazadora de inmundos— decía cada sílaba<br />

mirando de forma penetrante y osada a todos los reunidos en la sala,<br />

detuvo sus ojos un segundo más en la persona de Erikem que entendió la<br />

amenaza velada.<br />

—No dejaré que te marches sin que hayas escuchado la verdad<br />

sobre mi actuación— pero Erikem no había juzgado bien el carácter de<br />

Satín porque de lo contrario no se hubiese mostrado tan prepotente y<br />

ufano. Satín tensó la espalda, pero no dijo nada más, enfiló el pasillo para<br />

salir de la casa cuanto antes. Se asfixiaba, necesitaba salir a la claridad<br />

del día antes de volverse completamente loca.<br />

Boraj se hizo a un lado para permitirle el paso a un gesto de la<br />

cabeza de Aslhem, Satín salió por la puerta emocionalmente destrozada.<br />

¡Era una inmunda!<br />

La pequeña bolsa de viaje estaba preparada y lista, Satín había terminado<br />

de ordenar sus escasos artículos de viaje, su vuelo salía en cuatro horas.


El centinela<br />

Estaba deseando salir de la casa de Aslhem y dar carpetazo a esos días<br />

que la habían marcado con el fuego de la desilusión y la derrota. Ella<br />

había dedicado toda su vida a cazar inmundos y ¡era una de ellos! El<br />

terrible desengaño y la repugnancia que sentía hacia sí misma no le<br />

permitían un respiro, tenía que irse de inmediato. Los golpes en la puerta<br />

le hicieron apretar los labios, se sentía incapaz de escuchar los<br />

argumentos de Lee o de Alma con respecto al asunto. Fue capaz de<br />

reconocer ante sí misma que huía como una cobarde ante la verdad, pero<br />

dolía tanto el conocimiento que prefería navegar en la ignorancia antes<br />

que soportar una palabra más sobre lo errado de su juicio. Cerró el último<br />

cajón vacío y se colgó la bolsa al hombro, antes de alcanzar la puerta del<br />

dormitorio, vio que Aslhem se mantenía parado justo en el arco con el<br />

semblante severo y la mirada anhelante. Satín trató de pasar por su lado<br />

evitando su contacto, pero él no se lo permitió. Abrazó la cintura de ella<br />

en el mismo momento en el que Satín alcanzaba el umbral, la descarga<br />

eléctrica la sacudió por completo y le hizo soltar un gemido preñado de<br />

ansiedad. Soltó la bolsa de sopetón y se encaró frente a Aslhem con todo<br />

el despecho contenido.<br />

—¡Maldito seas! ¡No vuelvas a tocarme!— pero Aslhem no<br />

soltó su cintura, la atrajo hacia él con un impulso de su brazo sin que ella<br />

pudiese desasirse como pretendía— ¿Qué quieres ganar con esto?— el<br />

azul zafiro de los ojos de Aslhem le ofrecían una tregua pero ella estaba<br />

tan airada que no se dejó manipular.<br />

—Me he ganado con creces el derecho de que me escuches—<br />

Satín echó la cabeza hacia atrás para mirarlo con todo el desprecio que<br />

pudo reunir, pero él se mantenía impune a sus desdenes.<br />

—¡Inténtalo de nuevo en otra vida!— Aslhem siguió<br />

sujetándola, Satín estaba comenzando a sudar por el deseo que le<br />

despertaba su contacto. Sentía cómo la doblegaba a pesar de la furia que<br />

la llenaba, no sabía como romper el hilo que la mantenía unida a él de<br />

forma psíquica.<br />

—Lo haré si no me escuchas— Satín detuvo su forcejeo de<br />

mala gana y le hizo un gesto con la cabeza para que la soltase.<br />

––¿Me das tu palabra?— asintió con el único propósito de<br />

hacérselo pagar después. Aslhem la siguió con sus ojos la retirada de ella<br />

hacia la ventana, como si fuese una presa que huye de su cazador. Se<br />

$(%


$($#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

quedó quieta cerca del elegante escritorio isabelino y se dejó descansar<br />

en él sin apartar la vista de Aslhem.<br />

—¿Eres un Centinela?— Aslhem tardó toda una eternidad en<br />

contestar pero lo hizo con una sola sílaba silenciosa. ––Entonces<br />

¡muéstrame cómo eres!— si la petición le extrañó, no lo demostró.<br />

Aslhem paseó su mirada incandescente por el rostro de ella durante un<br />

instante tan largo que Satín creyó que no la había oído. Aslhem cerró los<br />

ojos durante un segundo, alzó los brazos que dejó suspendidos en cruz, al<br />

mismo tiempo que levantaba el rostro hacia el techo. Concentró toda su<br />

energía en un mismo centro, la punta de los dedos de sus manos. Fue<br />

subiendo sus palmas abiertas hasta unirlas por encima de su cabeza en un<br />

interrogante que dejó cerrado y suspendido sobre su cabeza.<br />

Comenzó entonces una respiración superficial, poco profunda<br />

pero constante en el tiempo. Contrajo el abdomen hacia adentro mientras<br />

soltaba por las fosas nasales una pequeña cantidad de aire de forma<br />

controlada y medida, cuando sintió que la energía fluía a través de sus<br />

manos unidas para bajar por los flancos de su cuerpo, comenzó a emitir<br />

un resplandor áureo al mismo tiempo que sus rasgos iban redefiniéndose<br />

poco a poco.<br />

A medida que Aslhem sufría la transformación, la boca de Satín<br />

se fue apretando de rabia y fascinación al mismo porcentaje, con razón<br />

había sido incapaz de resistirse, era un dios de la belleza. Omnisciente,<br />

peligroso y tremendamente seductor.<br />

Satín contempló la transmutación de Aslhem con un recelo<br />

pecaminoso. El cuerpo musculoso se había estilizado en sus casi dos<br />

metros de altura, sin una pizca de grasa o flacidez en la piel. Sus bíceps<br />

eran duros y bien formados bajo el jersey ajustado a su cuerpo, rebosaba<br />

fuerza y virilidad. Subió sus ojos hasta situarlos en su mentón cuadrado y<br />

bien definido, el hoyuelo en su mejilla resultaba la guinda en una tarta<br />

que se veía deliciosa, hasta llegar a la boca de él llena y expresiva,<br />

ausente de cinismo o burla. Los labios de Satín se curvaron en una mueca<br />

de envidia, contemplar semejante belleza producía en su interior un<br />

profundo vacío, una tristeza airada y llena de disgusto por la perfección<br />

absoluta tan lejana del alcance humano. Satín fue consciente de su<br />

soledad y resquemor, de su posesión y desenfreno que asomaba a sus<br />

pupilas mientras lo observaba con un deseo que le perforaba los huesos


El centinela<br />

hasta reducirlos a polvo. Desvió la vista de la boca sensual de labios<br />

gruesos y perfectamente cincelados, para volver a fijarla en sus ojos, ojos<br />

de color zafiro y de brillo vítreo, parecía que miraba dos estanques de<br />

agua cristalina con una invitación a zambullirse en ellos. Si antes<br />

resultaba guapo, ahora tras la metamorfosis, sus rasgos resultaban de una<br />

belleza letal para los sentidos.<br />

Satín agitó su cabeza para despejar sus interrogantes.<br />

—¿Eres consciente de lo hermosamente impío que eres?—<br />

Aslhem se mantuvo en un silencio que le resultó demoledor— ¿del<br />

peligro que representas para todas?<br />

—Nunca he sido un peligro salvo para aquellos a los que<br />

cazo— Satín inspiró.<br />

La verdad fue como un mazazo a sus sentidos.<br />

—¡Eres un Centinela!— exclamó. Y ella estaba<br />

irremediablemente enamorada de él. La mirada limpia y franca le<br />

produjo un anhelo vehemente y cortante en lo más profundo de su alma,<br />

y no existía cura.<br />

—El término correcto sería Grigori, aunque no supone ninguna<br />

diferencia, mis sentimientos con respecto a ti siguen siendo los<br />

mismos— Satín estuvo a punto de soltar una carcajada loca. Estaba<br />

oyendo las palabras que cualquier mujer desearía escuchar del hombre de<br />

su vida, y ella se encontraba en la tesitura de no saber si quería oírlas<br />

aunque las necesitara.<br />

¡Cómo deseaba escucharlas!<br />

—Aquí no importan los sentimientos Aslhem, si no el muro<br />

espiritual e infranqueable que nos separa— él iba a interrumpirla, pero<br />

Satín no se lo permitió— soy una mujer que hasta hace una hora<br />

ignoraba que durante toda su vida había perseguido una falacia— los<br />

ojos de Aslhem la miraron por primera vez con un brillo de<br />

entendimiento.<br />

—No me otorgas el derecho de poder explicarte por qué he<br />

callado la verdad con respecto a ti— Satín se irguió al mismo tiempo que<br />

cruzaba sus brazos al pecho para tratar de mostrarse serena aunque sin<br />

estarlo.<br />

—Créeme, llegados a este punto prefiero seguir en la<br />

ignorancia— Satín calló un momento para tomar resuello—. Durante la<br />

$(&


$('#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

mayor parte de mi vida creí que mi madre había sido asesinada por un<br />

inmundo, pero estaba equivocada. Yo misma soy una de ellos. He<br />

dedicado mis fuerzas a cazar a los míos.<br />

—Erikem amaba a tu madre de la misma forma que te amo yo–<br />

– los ojos de Satín se redujeron a un punto. ––Presumo que soy<br />

correspondido ¿no es cierto?— Satín no lo negó, llegados a ese punto, los<br />

sentimientos no importaban.<br />

—No me adjudiques hechos que no he reconocido ni palabras<br />

que no he pronunciado…— comenzó ella pero Aslhem no la dejó<br />

terminar.<br />

—¿Me amas, Satín?— fue una pregunta tajante que no permitió<br />

ninguna clase de escapatoria. La joven estuvo a punto de negarlo, pero<br />

tuvo la honradez de contenerse. Estaba harta de mentiras, el amor que<br />

sentía hacia él le resultaba una herida terriblemente dolorosa.<br />

—Que te ame no supone diferencia alguna. Sigues siendo un<br />

Centinela y yo una inmunda despreciable— Aslhem se mesó el pelo<br />

cansado.<br />

—Odio esa palabra que enarbolas para aumentar la distancia<br />

entre nosotros— Satín jadeó con sorpresa al escucharlo.<br />

—Esa distancia quedó marcada por vuestra desobediencia de tal<br />

manera que estáis malditos y desterrados. No puedo ignorar esa<br />

circunstancia.<br />

—Yo lo he hecho durante tanto tiempo que un poco más no<br />

importa— Satín sentía un dolor ciego y sordo dentro del pecho, le<br />

producía una ansiedad que no controlaba. Una parte de ella deseaba<br />

infinitamente seguir escuchado, dejarse besar por sus palabras, y la otra,<br />

la dura e inconformista, la atizaba a enterrar sus sentimientos en lo más<br />

profundo de la indiferencia y huir como una desquiciada.<br />

—¿Sabes lo que es la resignación Aslhem?— Captó con su<br />

pregunta toda la atención de él. —Te resignas cuando aceptas tus<br />

limitaciones, cuando sabes que tu capacidad interior es escasa, poco<br />

fructífera y a pesar de ello no te rebelas ni te enfadas. Asumes una actitud<br />

apática de conformismo definido y perpetuo.<br />

—¿Qué tratas de decirme?— Satín abrió la boca pero no pudo<br />

responderle, porque la puerta de la alcoba se había abierto de improviso<br />

para dejar paso a Erikem y Lee. El rostro de Satín se contrajo en una


El centinela<br />

mueca dura, feroz. La osadía de él la enfurecía, y que Lee se prestase a<br />

acompañarlo le resultaba de imposible comprensión.<br />

—¡Fuera!— ninguno de los dos hizo caso de la orden dada<br />

peyorativamente por ella.<br />

—Antes vas a escuchar lo que tengo que decirte…<br />

$((


CAPÍTULO XXI<br />

El centinela<br />

—El hombre al que buscas durante tantos años se llama Nesta Miles, él<br />

es el inmundo que mató a tu madre— Satín se quedó paralizada— solo tú<br />

puedes ayudarnos a encontrarlo— Satín no se esperaba esas palabras.<br />

—¿Por qué?— la pregunta salió en un susurro quedo.<br />

—Estás en el umbral de tu madurez. Tu olor corporal e<br />

intrínseco ha alcanzado la cota más alta posible— la respuesta era del<br />

todo incomprensible, ella ya no tenía olor, había dedicado la mayor parte<br />

de su vida a borrarlo de su identidad con el azufre. — Los humanos no<br />

son tan perceptibles al olor corporal de una mujer como los Noufilim.<br />

Cada mujer tiene el suyo personal e intransferible, y es lo único que se<br />

transmite con la transmigración— Satín abrió la boca completamente<br />

confusa, Erikem siguió en su explicación.<br />

—Eres una transmigrante— le dijo Lee de golpe. Satín tensó los<br />

hombros completamente saturada de escrúpulos. A cada palabra<br />

aumentaba más su escepticismo sin saber a qué atenerse.<br />

—No es cierto…— exclamó ella, Erikem se acercó un paso más<br />

hacia ella.<br />

—En el fondo de tu corazón sabes que sí— Satín no podía<br />

creerlo, la transmigración era el nombre que recibía la creencia del<br />

traspaso de la conciencia a otro cuerpo físico, era una creencia<br />

relacionada con la reencarnación. Ella no creía en la reencarnación… ¿o<br />

sí?<br />

—Imposible, la transmigración es el traspaso de conciencia de<br />

una persona a otro cuerpo animal o vegetal pero nunca humano—<br />

Aslhem seguía en silencio sus deducciones.<br />

—Conoces y has visto demasiadas cosas como para negar un<br />

hecho evidente— Satín estuvo a punto de soltar una carcajada irracional,<br />

tras unos instantes perdida en sus pensamientos, recitó en un susurro.<br />

$(*


$(+#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

—La transmigración también puede suceder cuando un ser,<br />

como un ángel, decide tomar un cuerpo humano, o la conciencia de un<br />

ser humano se incorpora a la evolución de los ángeles, pero sea cual sea<br />

el caso no se cumple conmigo— dijo ella tratando de justificar lo<br />

imposible. Lee carraspeó durante un instante antes de intervenir.<br />

—No se correspondería con una humana, pero sí con la<br />

descendiente de un Centinela y una princesa moabita especial, eres tú,<br />

Maelka— definitivamente se habían vuelto todos locos pensó Satín. ––<br />

¿Por qué piensas que te ha resultado tan fácil cazar a los inmundos? Los<br />

percibes, sabes cómo encontrarlos, y ellos son incapaces de percatarse de<br />

tu presencia sigilosa salvo tu olor que tan hábilmente camuflas.<br />

Satín estaba a punto de sufrir un colapso de histeria escuchando<br />

semejante razonamiento incoherente.<br />

—Sabías muchas cosas que Soul y yo ignorábamos con<br />

respecto a los Noufilim, si no fueses especial ¿cómo sabrías tanto sobre<br />

ellos?— Satín seguía perpleja— Me buscaste mentalmente hasta<br />

encontrarme— Satín seguía negando con la cabeza.<br />

—Que tenga una percepción extrasensorial más desarrollada no<br />

quiere decir nada en absoluto–– alegó ella convencida.<br />

—Te equivocas— contraatacó Lee—, tu madre acabó por temer<br />

tus poderes psíquicos, se asustaba de tu facultad y percepción del carácter<br />

humano— continuó con palabras calmadas, pacientes. —Atraías con tu<br />

olor y pensamientos a los inmundos con una ferocidad alarmante desde el<br />

mismo momento que alcanzaste los cinco años— Satín había<br />

abandonado su postura belicosa y había hundido los hombros, se negaba<br />

a aceptar lo que a ella le parecía una burla a sus creencias, no sabía cómo<br />

encarar la transmisión de esa información que le parecía irreal y<br />

completamente absurda.<br />

—Estáis equivocados— Aslhem dio un paso hacia ella que<br />

retrocedió dos llena de prejuicios.<br />

—Nesta Miles es el más peligroso psicópata que ha existido en<br />

el mundo conocido, pero podemos darle caza si tú nos ayudas— le dijo<br />

su padre. Satín miró a uno y a otro, tan aturdida como herida. De ser<br />

cierto, Lee y Soul la habían engañado durante más de diez años…. ¿por<br />

qué?<br />

«Tenías que estar preparada»


El centinela<br />

La respuesta en su mente le hizo soltar un jadeo.<br />

—Preparada ¿para que?— logró farfullar en un tono tan bajo<br />

que sólo Erikem y Aslhem habían conseguido oír.<br />

Una duda se paseó por los ojos de Satín al contemplar una<br />

posibilidad.<br />

—¿Eres un Centinela como Aslhem?— la pregunta iba dirigida<br />

a Erikem que asintió con un brillo de pesar en sus ojos verdes—<br />

Entonces estáis capacitados para abatirlo, vuestra fuerza conjunta es muy<br />

superior— Erikem negó sin quitarle la vista de encima.<br />

—Nuestra percepción mental a veces no funciona con los<br />

inmundos, nos resulta imposible localizarlo salvo que haga algún<br />

movimiento delator, pero Nesta es muy astuto y taimado.<br />

—¿Por ese motivo se dejó atrapar Aslhem? ¿Porque me<br />

necesitáis?— preguntó ella llena de ponzoña, pero fue Lee quien<br />

respondió en lugar de Erikem.<br />

—Nesta puede encontrarte si tú se lo permites.<br />

—No entiendo cómo hemos llegado a esta situación<br />

inverosímil…— Lee comenzó una explicación para sorpresa de todos.<br />

—La culpa la tuvo la lujuria, Maelka— calló un instante para<br />

que calaran sus palabras. ––Dios le pidió a un grupo selecto de ángeles,<br />

los Grigori, que ayudaran a otros Ángeles a crear el jardín del Edén, pero<br />

aquellos Grigori que descendieron a la tierra, vieron a las hijas de los<br />

hombres y se prendaron de ellas, quedaron absolutamente arrobados por<br />

su belleza. Para ganarse la confianza del hombre, comenzaron a revelarle<br />

algunos de los secretos del cielo, como el movimiento de los cuerpos<br />

celestes, el arte de fabricar armas. Algunos hasta se enamoraron y<br />

tomaron como esposas a mujeres terrenales, hijas de Eva, creando una<br />

serie de descendientes similares a gigantes, llamados Nephilim. Pero esto<br />

enojó a Dios de tal manera que maldijo a todos aquellos que lo habían<br />

traicionado, los desterró del cielo, y los convirtió en carnales o en<br />

Demonios. Algunos ángeles que cayeron por estas razones son:<br />

Semyazza, Satanás, Erikem, Reiyel, Azazel, Nephirim y otros.<br />

Todos se mantenían en silencio escuchando las palabras que<br />

definían perfectamente lo que había ocurrido en el ámbito celestial.<br />

$(!


$("#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

—Hay pocas referencias sobre el tema en la Biblia— Lee<br />

asintió la afirmación de Alma que había entrado a la habitación de forma<br />

sigilosa–– el Génesis hace una breve referencia en su capítulo seis.<br />

—Para encontrar más datos hay que acudir al libro de Enoc. En<br />

los capítulos seis a treinta y seis, hablan de los Centinelas y sus<br />

descendientes los Nephilim.<br />

—Seres famosos que desataron la violencia sobre la tierra y<br />

pervirtieron a la humanidad, trayendo el consiguiente castigo divino y la<br />

consiguiente desvirtuación de su descendencia— las palabras de Alma<br />

habían sido dadas en un susurro.<br />

—Nunca hay que creer todo lo que se escribe— todos los ojos<br />

se dirigieron hacia Lee por sus palabras enigmáticas.<br />

—Lo perdimos todo— Satín no se esperaba las palabras de<br />

Erikem, pero ella conocía ese sentimiento de pérdida. ––Lo único que<br />

nos queda es la percepción extrasensorial que nos permite mantener una<br />

vía abierta para comunicarnos con algunos mortales. Tú eres el mayor<br />

conducto de unión entre los Centinelas y los humanos. Necesitamos tu<br />

ayuda para poder darle caza, Nesta Miles es muy peligroso, y sigue<br />

buscándote— Satín no pudo reprimir la réplica amarga.<br />

—Esas criaturas existen por vuestra culpa— Lee le hizo un<br />

gesto con la cabeza negando para que contuviera su resquemor. ––Sois<br />

débiles. Despreciasteis el enorme privilegio que se os concedió por un<br />

placer efímero. ¡Mirad el resultado!— Aslhem la miró con una seriedad<br />

en el rostro anormal. Sabía la incertidumbre que debía sentir Satín ante la<br />

revelación del origen de ellos.<br />

—No puedes imaginarte por un momento lo que significa<br />

observar la belleza durante siglos y no poder rendirle el tributo que se<br />

merece. Nos crearon con las mismas cualidades que a vosotros, amor,<br />

deseo…— Alma no le permitió continuar.<br />

—No estás siendo imparcial ni justo. Vuestra perfección no<br />

tenía grietas, sabíais contener vuestros impulsos, controlar vuestras<br />

emociones…<br />

—Cierto— respondió Aslhem—, pero no podéis haceros una<br />

vaga idea de lo que significa que te hayan creado para ser un mero<br />

espectador de lo sublime. Sin poder degustar nuestro mundo ni el<br />

vuestro— Lee asió del codo a Alma para que dejase hablar a Aslhem sin


El centinela<br />

interrupciones. ––Se nos creó como Centinelas para evitar precisamente<br />

lo que sucedió, que nos enamorásemos de la belleza humana. De las<br />

mismas cualidades que nosotros no podíamos demostrar salvo<br />

contener— Erikem decidió intervenir.<br />

—Hemos pagado durante milenios nuestra debilidad, atrapados<br />

en cuerpos que vagan errantes sin poder catar el beso de victoria o la<br />

muerte, y créeme hija mía, durante mucho tiempo he deseado ser<br />

abrazado por su regazo— Erikem se plantó delante de Satín con el rostro<br />

implorante. ––¿Cómo crees que nos sentimos cuando vemos irse de<br />

nuestro lado a la persona que amamos, sin poder hacer nada salvo esperar<br />

su regreso en otro cuerpo? ¿Nos crees ajenos al sufrimiento emocional?<br />

¿Físico? Lo único que nos queda, y que nos aferramos como bestias<br />

desquiciadas, es poder encontrarlos de nuevo por su olor. Ese olor que<br />

queda grabado en nuestro sentido del olfato por los siglos de los siglos,<br />

lamiendo nuestra impotencia, desolación, y absoluta soledad— Satín<br />

tragó de forma forzosa ante el aislamiento que le mostraron los ojos de<br />

Erikem. Estaba colapsada de interrogantes, de dudas, pero el temor se<br />

había esfumado, comprendía tantas cosas que no sabía cómo<br />

almacenarlas en su cabeza para tratar de asimilarlas.<br />

Habían sido muchas las sorpresas, y profundas las revelaciones.<br />

—¿Por qué seguís manteniendo cuerpos carnales y no<br />

espirituales?–– preguntó Satín con curiosidad.<br />

—Una vez que decidimos materializarnos en cuerpos de carne y<br />

hueso, perdimos la facultad de volver a nuestros cuerpos espirituales—<br />

Satín no entendía, había creído durante toda su vida que los Centinelas<br />

habían vuelto a sus lugares celestiales— no tenemos más poder que el de<br />

la eternidad y la percepción extrasensorial con algunos humanos<br />

receptivos.<br />

—¿Barik, Ersad, Boraj y Nasdio son Noufilim?— Aslhem negó<br />

con la cabeza antes de responder.<br />

—Son Guardianes que eligieron el mismo camino de los<br />

Centinelas— Satín comprendió. Los Guardianes eran ángeles de inferior<br />

rango a los Centinelas.<br />

—¿Cuántos Centinelas sois?— esta vez fue Lee quién<br />

respondió.<br />

$)%


$)$#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

—Dos Centinelas y seis Guardianes custodian vuestro mundo,<br />

protegiendo la vida y el futuro de los humanos— los nudos de la madeja<br />

se iban desenredando poco a poco. Así que cada Centinela tenía bajo su<br />

mando a tres Guardianes. ¿Cómo sabía Lee esa información<br />

privilegiada?— El Creador dejó en este sistema a los Centinelas y<br />

Guardianes antes de marcharse a otros universos para seguir creando<br />

vida— Satín jadeó completamente estupefacta.<br />

—¿Hay más vida como nosotros? ¿Otros planetas como el<br />

nuestro?— Aslhem asintió con la cabeza.<br />

—Pero no estáis capacitados para entender esos caminos<br />

inescrutables, al menos todavía. Se necesita más tiempo de evolución<br />

mental de la que habéis desarrollado— Satín había pasado de la<br />

incredulidad más completa al bloqueo emocional de defensa ante lo<br />

inaudito.<br />

––Medita en lo que te he revelado–– Erikem no le dio tiempo a<br />

que Satín le respondiera, abandonó la habitación al mismo tiempo que<br />

Lee y Alma, sólo quedaron Aslhem y Satín en la habitación silenciosa.<br />

Al momento, las manos de ella fueron sujetadas con sumo<br />

cuidado y encerradas en las de Aslhem con ternura, y por primera vez<br />

Satín sintió una paz infinita. Volvió sus ojos castaños al rostro de Aslhem<br />

que seguía con el rostro solemne y la mirada afectuosa.<br />

—¿Quién soy?— Satín hizo la pregunta con un susurro<br />

entrecortado.<br />

—Una princesa moabita excepcional. Tu nombre original es<br />

Maelka.<br />

—¿Nos amábamos?— el gesto afirmativo de Aslhem le arrancó<br />

un suspiro a su alma, tras su afirmación, sus recuerdos se enredaron<br />

todavía más, pero podía percibir de forma clara las emociones que habían<br />

llenado su existencia en el pasado. —¿Por qué?— con esa sola pregunta,<br />

Satín pretendía entender milenios de rebeliones y sacrificios. ––Debes de<br />

haber sufrido mucho con mi actitud déspota y desconfiada— esas<br />

palabras desbordaron la presa que contenía Aslhem en su interior a<br />

fuerza de voluntad, cuando Satín contempló el gesto resignado alzó su<br />

mano para acariciarle el rostro con ternura–– ¿Odias al Creador por su<br />

castigo?— Aslhem negó y afirmó con la cabeza en un gesto extraño que<br />

ella no comprendió.


El centinela<br />

—Me sentía incapaz de entenderlo, hizo que te conociera pero<br />

no me permitía estar junto a ti— sus palabras suaves le despertaban unas<br />

aspiraciones como no había conocido nunca. ––Fue verte la primera vez<br />

y supe que ya no podría dejar de amarte, Maelka, la hija de mi mejor<br />

amigo— los ojos de Satín se llenaron de lágrimas que apenas podía<br />

contener al oír pronunciar el nombre con ese tono sublime de afecto sin<br />

mácula, Aslhem le había mostrado desde el principio los sentimientos<br />

que albergaba en su corazón, ella no podía quedarse inmune a su<br />

esfuerzo. —La primera vez que mis ojos te vieron, ya no podían<br />

apartarse de tu hermosa figura, tu risa cristalina comenzó a penetrar en<br />

mi alma produciéndome un anhelo vehemente por acariciarte, protegerte.<br />

Envolverte en mis brazos para siempre, pero ¡me estaba prohibido! Era<br />

simplemente un ser enamorado que se sentía incapaz de comprender la<br />

fuerza suprema que me alejaba de ti–– Satín estaba completamente<br />

absorta escuchando las palabra cautivadoras de Aslhem.<br />

¡Todo el tiempo había estado la verdad delante de ella!<br />

—En ocasiones llegué a odiar porque me había condenado a la<br />

soledad eterna. El pesar y la melancolía que sentía por tu ausencia me<br />

producían una desesperación angustiosa. Cuántas veces he maldecido mi<br />

esencia pura, mi especie execrable. Durante muchos, muchos años, me<br />

sentí humillado por la indiferencia a la que me veía expuesto por tu<br />

olvido. Tus brazos no se abrían para ofrecerme el consuelo que<br />

necesitaba tras años de búsqueda infructuosa, sin éxito, y cuando al fin<br />

lograba encontrarte, tus ojos no me reconocían. El dolor me resultaba<br />

imposible de sobrellevar.<br />

—¿Siempre has sabido quien era yo?— Aslhem volvió a asentir<br />

de forma leve, pero fue suficiente aceptación para que Satín<br />

comprendiese el enorme esfuerzo que suponía revelarle todo. ––Sería<br />

más fácil para ti olvidarme— por una décima de segundo, Satín<br />

comprobó la ira incandescente que le mostraron los ojos de Aslhem ante<br />

su sugerencia descabellada.<br />

—Si no quieres quererme, entonces estoy muerto— Satín trató<br />

de sellar sus labios con sus dedos pero Aslhem no se lo permitió. ––Soy<br />

lo que quise ser Satín, fui consciente en todo momento del paso que daba<br />

al enamorarme de una hija de Eva, nunca me ha importado caer en<br />

$)&


$)'#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

desgracia y ser maldecido, porque gracias a esa condenación puedo<br />

amarte aunque sea durante un breve tiempo.<br />

—Soy mortal y tú un Grigori, nos separa un universo<br />

infranqueable— Aslhem asintió apesadumbrado.<br />

—Lo único que me atormenta, lo que me resulta más intolerable<br />

es tener que separarme de ti cuando la muerte te reclama, y yo no puedo<br />

hacer nada para evitar que te marches, salvo contemplarte lleno de<br />

impotencia— Satín entendió, Aslhem la amaba con una profundidad que<br />

no se merecía. ––A veces la reencarnación se salta una generación o<br />

dos— Satín estuvo a punto de lanzar un gemido.<br />

—¿Y entonces?— estaba completamente cohibida ante la<br />

magnitud de los sentimientos de Aslhem.<br />

—Vago sin rumbo y errante hasta que al fin te encuentro de<br />

nuevo, como ahora— Satín no sabía cómo expresar el gozo y la<br />

amargura que le producían sus palabras.<br />

—He sido una tonta…— Aslhem no le permitió terminar la<br />

frase.<br />

—Debías de estar preparada emocionalmente para poder<br />

asimilar esta verdad caótica. Eres tan joven, mi amor.<br />

Satín inspiró como si quisiera tragarse la declaración de<br />

Aslhem.<br />

––Lee y Soul te han preparado bien— Satín pudo asimilar los<br />

hilos que habían tejido en torno a su existencia para protegerla.<br />

—Me ha costado lo mío…— Aslhem la atrajo hacia él con un<br />

ligero movimiento. Satín quedó atrapada entre su pecho y sus brazos,<br />

cerró los ojos ante al placer que sentía de estar abrazada a su piel. ––<br />

Cuánto lamento las cosas terribles que te he dicho— Aslhem besó su<br />

pelo antes de responderle.<br />

—Encontrarte siempre merece la pena, no importa los años que<br />

me lleve, las fuerzas que gaste o los insultos que me regales…— Satín le<br />

obsequió un abrazo más fuerte y cariñoso.<br />

—Lo del café bolero fue una treta ¿verdad?— Aslhem asintió<br />

con una sonrisa— Lee y Soul pusieron suero en mi pelo porque apenas<br />

tengo olor corporal, lo he borrado durante años con los baños de azufre,<br />

pero ellos querían asegurarse de que me encontrarías— Aslhem volvió a<br />

asentir sin dejar de mirarla con una intensidad cegadora y que le gustó


El centinela<br />

enormemente. ––Ahora entiendo por qué tardaron tanto en llegar a la<br />

cueva, manipularon la droga que te administré, todo había sido una treta<br />

para reunir a la cazadora con el Centinela— al momento arrugó la frente<br />

pensativa— ¿cómo sabían que me buscabas?— Aslhem se separó apenas<br />

un centímetro de ella para responderle.<br />

—Por el diario— Satín lo miró estupefacta.<br />

—No poseo ningún diario— Aslhem ya se esperaba la negativa<br />

de ella y le sonrió.<br />

—Pero yo sí. Sabía que con el tiempo buscarías a un médium<br />

para establecer una conexión con el mundo espiritual, siempre lo haces,<br />

está grabado en tu ADN— Satín seguía escuchándolo absorta. —Lee<br />

encontró mi diario y lo leyó. Él sabía que necesitaba encontrarte para<br />

hacerte creer que me necesitabas en tu lucha con los Noufilim, y tenía que<br />

hacerlo antes de que Erikem te encontrase. Afortunadamente, Lee me<br />

encontró a mí.<br />

—¿Por qué necesitabas encontrarme antes que mi padre?—<br />

Satín comprendió que su padre no habría demostrado tanta paciencia con<br />

ella.<br />

—El cerebro humano es un mecanismo complejo y frágil. No<br />

todos los cuerpos asimilan de forma cabal la información de la<br />

transmigración— Satín sabía a lo que se refería, su madre había vivido<br />

llena de miedo y congoja— por eso necesitabas estar preparada para<br />

recibirla.<br />

—¿Qué dice el diario?— Aslhem le guiñó un ojo cómplice.<br />

—Mi diario narra de forma detallada tus rasgos, personalidad y<br />

percepción mental extraordinaria–– a Satín la superaban las pruebas.<br />

—Te temía— confesó.<br />

—Me temías porque me amabas— Satín asintió con un gesto<br />

leve de la cabeza tras meditar su respuesta durante un segundo. Le<br />

asustaba las emociones que despertaba Aslhem en ella, el sentimiento de<br />

necesidad innato y profundo por él que no comprendía.<br />

—Me dejaste creer que eras un inmundo— Aslhem seguía<br />

meciéndola en sus brazos al mismo tiempo que le susurraba en el oído<br />

con reverencia.<br />

$)(


$))#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

—Era sumamente necesario, pero ni te imaginas el enorme<br />

esfuerzo que supuso para mí contener mis ansias de abrazarte como un<br />

loco, y besarte hasta que perdieses el sentido.<br />

—¿Por qué…?— la pregunta inacabada quedó suspendida sobre<br />

sus cabezas.<br />

—¿Por qué te amo?– Satín siguió mirándolo con el rostro<br />

arrobado. ––Porque siempre que estás a mi lado me siento como si<br />

hubiese vuelto a materializar mi espíritu en un cuerpo carnal. Siento que<br />

estoy vivo, porque puedo amarte otra vez de la misma forma loca y<br />

apasionada que he perseguido durante todos estos siglos. Necesito<br />

besarte, entregarte todo mi amor y mi ser, que nuestras almas se<br />

entrelacen con un beso que te llene de recuerdos y de vivencias.<br />

—No te merezco Aslhem— él negó con la cabeza varias veces<br />

hasta el punto de que Satín tuvo que sujetársela para que parase.<br />

—Tú me haces creer que todo es posible, Maelka. Eres la única<br />

persona en tu mundo que me hace sentir realmente libre en el otro. Le<br />

das alas a mi mente y a mis palabras, te miro y soy consciente de que mis<br />

ojos se apagarían si no pudieran ver que me reflejo en ellos.<br />

—Y pensar que he estado a punto de abandonarte por mis<br />

miedos.<br />

—No importa que lo hubieses hecho porque seguiría tras tu<br />

esencia el resto de mi existencia. Siempre lo hago.<br />

—La de veces que te acusado de no ser íntegro con tus<br />

sentimientos y resulta que me amas. Es inconcebible para mí esa entrega<br />

que no merezco.<br />

—Cuando un Grigori entrega su corazón, lo entrega para toda<br />

la eternidad— Satín no pudo ocultar un gemido desconsolado.<br />

—He sido tan desdeñosa que ahora no puedo perdonarme. Las<br />

cosas amargas que te he dicho, la forma cruel en la que te he tratado…—<br />

Aslhem le sujetó la barbilla con la mano al mismo tiempo que inclinaba<br />

su cabeza al encuentro de sus labios.<br />

—¿Sabes cuál es tu maldición y mi redención? Que soy una<br />

bestia, sí, tu ángel caído pero te amo desde hace tanto tiempo. Siempre<br />

tengo por ti esta sed y hambre eterna que me devora cada vez que estoy<br />

en tu presencia. Mis dedos tiemblan de la necesidad de acariciarte y<br />

ahora que al fin puedo rozar con mi piel la tuya, temo despertar y


El centinela<br />

comprobar que todo ha sido un sueño, que tendré que seguir buscándote<br />

eternamente— la boca de Satín fue al encuentro de la de Aslhem y, tras<br />

el contacto, el mundo dejó de existir para ambos. Una súbita tempestad<br />

se agitó dentro de Satín y todo su cuerpo se tensó con una descarga<br />

eléctrica esperada y conocida. Aslhem deslizó sus labios sobre su boca<br />

con una lentitud temeraria y urgente. Cuando la lengua de Satín envolvió<br />

la de él su respuesta fue instantánea y demoledora, sus manos se tornaron<br />

calientes y atrevidas, era como si Aslhem pretendiese marcar con su<br />

esencia el alma de Satín y lo estaba consiguiendo. Sólo eran conscientes<br />

de la necesidad urgente y abrasadora de acariciarse, de borrar el abismo<br />

del olvido con besos profundos, acuciantes.<br />

Satín se dejó caer junto al pecho de Aslhem mientras se bebía<br />

sus besos apasionados pero llenos de una dulzura infinita. Aslhem no<br />

podía soltarla, seguía aferrando su cintura como si no pudiese soltarla<br />

jamás pero, tras una lucha titánica consigo mismo separó sus labios de la<br />

boca de ella para susurrarle al oído con la voz henchida de deseo.<br />

—Ve hasta Erikem, necesita tu comprensión, yo seguiré aquí<br />

esperándote— Satín tras unos momentos en silencio, asintió con la<br />

cabeza antes de darse la vuelta. Cuando alcanzaba el picaporte de la<br />

puerta Aslhem la llamó.<br />

—Satín— ella se volvió— siempre…<br />

$)*


CAPÍTULO XXII<br />

El centinela<br />

Satín miró la espalda de Erikem que seguía observando la lejanía por la<br />

ventana, completamente en silencio. La había intuido a pesar del silencio<br />

con el que cruzó la puerta de la biblioteca pero, no se volvió, Satín<br />

contempló sus hombros tensos, su hermoso pelo rubio alborotado y las<br />

piernas ligeramente separadas formando una uve inversa perfecta.<br />

Era su padre, y un gran desconocido para ella.<br />

—Lamento mi conducta anterior— las palabras de Satín, fueron<br />

pronunciadas apenas en un susurro.<br />

—Comprendo tu rencor–– le dijo Erikem.<br />

—Está justificado–– le replicó ella.<br />

—Lo sé y no sabes cuánto lo lamento— ahora Satín no le<br />

respondió. Se limpió las manos húmedas en sus pantalones tratando de<br />

controlar su nerviosismo.<br />

—Pues yo no pienso hablarle a una espalda por más atractiva<br />

que me parezca…–– Erikem se giró apenas un tercio, y con un brillo<br />

candente de ansiedad en sus ojos verdes.<br />

—Y yo no pienso hablarle a mi hija a menos que me de un<br />

abrazo auténtico de reconocimiento— Satín siguió quieta, le resultaba<br />

difícil ver a ese hombre imponente como su padre.<br />

«Los Centinelas solo engendraron varones» Razonó ella, y yo<br />

soy una mujer.<br />

«Libre albedrio hija mía»<br />

Fue la respuesta mental de Erikem.<br />

—Lamento mis palabras apresuradas— dijo de pronto Satín con<br />

un hilo de voz. Erikem le mostró una sonrisa comprensiva que ella<br />

agradeció.<br />

—Y yo mi silencio provocado.<br />

$)!


$)"#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

—Podemos empezar de nuevo… si quieres— los ojos de<br />

Erikem le mostraron que nada en el mundo le gustaría más que empezar<br />

de nuevo con ella— necesito que me cuentes la historia de mi vida de<br />

forma completa, sin obviar nada por más duro que pueda resultar—<br />

Erikem asintió de forma leve con su cabeza, extendió su mano derecha<br />

en clara sugerencia de acercamiento, Satín aceptó la invitación con una<br />

sonrisa trémula pero confiada.<br />

Los nudos en su estómago se habían deshecho al fin.<br />

—No pude llegar a tiempo— ella le prestó toda su atención,<br />

sabía que Erikem se refería a la muerte de su madre. ––Te había alejado<br />

de mi vida huyendo aquí a Boston, apenas tenías cinco años, te arrancó<br />

de mi lado porque te temía, y porque creía que yo era una influencia<br />

negativa para ti, que mis poderes extrasensoriales acrecentaban los tuyos,<br />

y no le faltaba razón.<br />

—¿La querías?— Erikem meditó un instante antes de<br />

responder.<br />

—Amé con toda mi alma a la mujer que elegí. Por la que decidí<br />

materializarme en un cuerpo carnal, y a la que he perseguido durante<br />

siglos— Satín trató de comprender. — Logré encontrarla después de<br />

muchas décadas por su olor, pero ella no era la misma mujer de la que<br />

me enamoré con locura, y con profunda desesperación— Erikem calló un<br />

momento antes de continuar— apenas quedaba algo de la persona única<br />

y formidable que fue mi Evodia.<br />

––La madre que yo recuerdo se llamaba Amelia–– le aclaró<br />

Satín.<br />

––Amelia no era mi Evodia, y su mente frágil se desestabilizó<br />

por completo cuando traté de revelarle la verdad.<br />

–– ¿Por qué, Erikem? A veces es mejor callar–– Erikem la miró<br />

durante un instante largo.<br />

––Así habla la juventud. Casi he llegado a olvidar que eres<br />

apenas una niña.<br />

––¿Por qué le contaste la verdad?–– Insistió Satín. Erikem<br />

finalmente le respondió.<br />

––Porque necesitaba contársela para que te comprendiera. Tú<br />

eres alguien especial, y era necesario que llegara a entenderlo.<br />

—¿Por ese motivo huyó?— Erikem asintió.


El centinela<br />

—Y por el inmundo, Nesta Mails, que logró matarla sin que yo<br />

pudiese hacer nada, no podía encontrarte. Mi angustia fue inmensa<br />

cuando las noticias dieron la nueva de su muerte, aquí en esta parte del<br />

mundo donde yo no estaba.<br />

—¿Por qué Nesta no me mató a mí también? Estaba en la<br />

habitación con ella, vi cómo la asesinaba— Erikem suspiró<br />

profundamente.<br />

—Lee y Soul estaban en la casa con Amelia, ¿no lo recuerdas?–<br />

– Satín negó con la cabeza–– Soul consiguió despistar a Nesta mientras<br />

lee te escondía, su cojera es el resultado de aquello.<br />

—¿Por qué no consigo acordarme de todo?— la pregunta<br />

dolorosa, hizo que Erikem se acercase hasta ella, le posó una mano en su<br />

hombro izquierdo tratando de infundirle ánimos.<br />

—Porque te desmayaste pequeña, y eso fue tu salvación,<br />

quedaste tendida en el pasillo sin haber entrado a la alcoba. Desde<br />

entonces, Lee y Soul han cuidado de ti, manteniéndote alejada de mi vida<br />

hasta el momento propicio de tu madurez. Ambos le hicieron una<br />

promesa a Amelia que yo he respetado hasta el día de hoy.<br />

—¿Por qué no me buscaste? ¿Por qué me dejaste sola?—<br />

Erikem hizo una inspiración profunda comprendiendo lo duro que debía<br />

de haber resultado para ella.<br />

—Ella lo decidió así y yo no pude hacer nada pequeña, cuando<br />

las noticias anunciaron su muerte, me instalé aquí tratando de seguirle la<br />

pista a Nesta Miles, pero tú ya no estabas en Boston si no al otro lado del<br />

mundo.<br />

Una duda se paseaba por la mente de Satín produciéndole un<br />

desasosiego inexplicable.<br />

—¿Cómo es posible que Aslhem se enamorase de mí? Soy una<br />

inmunda— Erikem desvió sus ojos hacia un punto a su derecha antes de<br />

responder.<br />

—Fue el más leal de todos los Centinelas encargados de<br />

custodiar y proteger a los humanos. El único que no se materializó en un<br />

cuerpo carnal como el resto, se mantuvo íntegro y fiel a nuestro Creador<br />

hasta tu nacimiento— Satín soltó un jadeo inesperado, la revelación de<br />

Erikem era sorprendente.<br />

––Como tú.<br />

$*%


$*$#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

––Tu madre, era una princesa moabita, fue la más hermosa y<br />

seductora de cuántas humanas había en el mundo. No pude resistirme a<br />

su encanto, Aslhem no pudo resistirse al tuyo.<br />

—¿El Creador puede perdonaros?— Erikem negó<br />

repetidamente con la cabeza.<br />

—Seguimos cumpliendo nuestro cometido de proteger a los<br />

humanos incluso de ellos mismos— Satín meditó en las palabras de<br />

Erikem— pero lo hacemos con nuestros cuerpos carnales incorruptos.<br />

—¿No le sirve vuestro arrepentimiento?— Erikem ni negó, ni<br />

asintió.<br />

—Nunca vuelve a lo creado Satín, y tenemos prohibida la<br />

comunicación celestial más allá de la frontera de este universo. Es el<br />

castigo por nuestro atrevimiento— le resultaba tan difícil de entender. ––<br />

Sus caminos y decisiones son inescrutables incluso para los Centinelas.<br />

—Me resulta inconcebible, sibilino e incoherente todo este<br />

asunto.<br />

—Por eso los humanos tienen que tener su conocimiento<br />

limitado. De esa forma pueden mantener la cordura de mente y la<br />

esperanza en el corazón— Satín suspiró entrecortadamente— de esa<br />

forma el creador se asegura que otros Centinelas no sigan el mismo<br />

derrotero que nosotros.<br />

—Quiero cazar a Nesta— Erikem negó con la cabeza pero<br />

ampliando la sonrisa.<br />

—Di mejor que cazaremos juntos al maldito— Satín inspiró<br />

profundamente antes de asentir completamente convencida de lo que<br />

quería.<br />

––Sigo esperando, pequeña— ella alzó sus ojos sin<br />

comprender— Maelka, mi princesa, necesito que me abraces para<br />

entender que te he recuperado— Satín meditó un solo segundo antes de<br />

lanzarse sobre Erikem, y cerrar los ojos a las sensaciones que le producía<br />

conocer al fin la verdad sobre su vida.<br />

Erikem la envolvió entre sus brazos fuertes, inspiró la fragancia<br />

de su pelo ausente de olor artificial, pero lleno de su esencia innata. Satín<br />

se dejó querer con el corazón limpio de incertidumbres y las manos<br />

llenas de confianza.


El centinela<br />

—Ahora me toca a mí, es mi turno de recibir los afectos—<br />

padre e hija desviaron los ojos a la puerta que mantenía Aslhem<br />

entreabierta, y con un brillo de felicidad en sus ojos de color zafiro. La<br />

imagen de padre e hija abrazados, resultaba sublime a los ojos.<br />

—Eso debería decidirlo ella— Aslhem alzó una de sus cejas<br />

con burlona interrogación— qué brazos le resultan más placenteros— el<br />

rubor tiñó las mejillas de Satín por las palabras llenas de afecto de<br />

Erikem. Hacía solo unas horas deseaba matarlo con toda sus fuerzas,<br />

ahora se encontraba protegida y encerrada entre sus brazos protectores.<br />

Lo que podían cambiar unas palabras. Toda una vida.<br />

—Yo la encontré primero, siempre la encuentro antes que tú—<br />

las palabras molestaron en parte a Erikem que se negaba a dejarla machar<br />

hacia el encuentro de Aslhem.<br />

—Pero yo tengo derechos de sangre sobre ella— Satín enarcó<br />

una ceja con humor. Ese intercambio de palabras no le resultaba del todo<br />

indiferente, le gustaba demasiado ese sentimiento paternal.<br />

—Satín va a abrazar de inmediato a Lee y Soul con infinito<br />

agradecimiento por sus cuidados— Satín salió por la puerta rozando<br />

intencionadamente la cadera de Aslhem que soltó un jadeo de deseo pero<br />

sin poder atraparla. Una vez que Satín hubo salido fuera de la biblioteca,<br />

Aslhem y Erikem intercambiaron una mirada de entendimiento.<br />

Satín seguía abrazada a la cintura de Lee con los ojos llenos de lágrimas,<br />

les debía tanto, se habían portado tan bien con ella, que no era capaz de<br />

comprender cómo habían aguantado sus manías y rarezas durante todos<br />

esos años en los que había sido únicamente una cazadora de inmundos.<br />

Desde que tenía uso de razón, ambos habían estado con ella,<br />

protegiéndola.<br />

Ahora lo entendía todo.<br />

—He sido una pupila de lo más odiosa— Lee seguía<br />

meciéndola con suavidad al mismo tiempo que le acariciaba el pelo—<br />

podíais haberme dicho algo y no mantenerme en la ignorancia absoluta.<br />

—Hicimos una promesa a tu madre— Satín asintió con la<br />

cabeza que seguía sujeta por las manos de Lee, Soul miraba la escena con<br />

una sonrisa en la boca, al igual que Alma. Satín se separó unos<br />

centímetros de la presencia de Lee para fijar sus ojos en Soul.<br />

$*&


$*'#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

—¿Cómo disteis con mi madre?— esta vez fue Soul quién<br />

respondió.<br />

—Vino a hacernos una pregunta de índole espiritual— Satín<br />

sabía que ambos se ganaban la vida adivinando el futuro de las personas<br />

en una caravana ambulante— llegamos a Boston y nos establecimos<br />

provisionalmente en un campamento en las afueras, Amelia nos encontró<br />

una tarde en un supermercado, Lee se acercó hasta a ti que esperabas<br />

junto a la fruta con esos enormes ojos castaños llenos de curiosidad y<br />

temor al mismo tiempo. Él pudo percibir el poder que emanaba de ti,<br />

supo que entendías lo que el resto de personas ocultaban dentro de aquél<br />

supermercado.<br />

—¿Por qué no lo recuerdo?<br />

—Por tu memoria selectiva— la respuesta de Alma la<br />

confundió. ––Los traumas extremos tienen la capacidad de hacer que<br />

olvidemos aquello que nos perturba o nos hiere emocionalmente, es un<br />

sistema de protección emocional— Satín asintió aunque no estaba<br />

convencida del todo.<br />

—Supe enseguida que eras una niña especial mi pequeña Satín,<br />

estabas dotada con poderes similares a los míos, pero con una agudeza<br />

visual mucho más impresionante de cuántos había conocido. Cuando<br />

traté de abordarte completamente saturado de las sensaciones que me<br />

transmitías, Amelia se dio cuenta de que habíamos conectado<br />

mentalmente a un punto muy elevado, como no había contemplado<br />

nunca. Su primera reacción fue de auténtico pánico pues creía que Soul y<br />

yo éramos inmundos, pero entonces apareció Alma con la caja de galletas<br />

que tanto le gustaban.<br />

Soul continuó.<br />

—Venía sonriendo por el pasillo y agitando la caja de cartón<br />

completamente entusiasmada, Amelia cuando la vio supo que no<br />

representábamos un peligro para ti. Ese fue el detonante del principio de<br />

nuestra amistad y futuras promesas.<br />

—¿Os contó todo?— ambos asintieron a la vez.<br />

—Nesta te perseguía a ti casi desde el mismo principio, era el<br />

dentista que te atendió aquella vez que te rompiste un diente en el parque,<br />

y supo que eras alguien especial— Satín no conseguía recordar los<br />

detalles pero sí la sensación de miedo.


El centinela<br />

—Amelia quiso protegerte de la mejor forma que pudo, pero<br />

hizo mal al separarte de Erikem, era tu mejor protección— Satín bajó la<br />

cabeza ante la revelación.<br />

—Cuando tu madre fue asesinada poco después, nos hicimos<br />

cargo de tu custodia, Amelia nos había traspasado tu tutela unos meses<br />

antes. Así pudimos hacernos cargo de ti. Te sacamos de Boston y te<br />

trajimos al último rincón olvidado de Europa, España.<br />

—A la isla del Hierro— terminó ella. Lee le soltó las manos,<br />

Satín se había quedado pensativa.<br />

Un familiar lejano de Soul le había dejado a éste en herencia,<br />

esa tierra con la cueva negra. Su hogar de residencia hasta este momento.<br />

Los recuerdos comenzaban a iluminar la mente de Satín. Después del<br />

asesinato ella había entrado en una especie de shock que la mantuvo<br />

hundida en la oscuridad durante mucho tiempo.<br />

—Me negaba a creer que mi vida hubiese sido una farsa<br />

cuando Erikem me reveló la verdad, me sentía completamente<br />

desquiciada, perdida por las imágenes de mi pasado que venían a mi<br />

memoria confundida pero sin quedarse. Trataba desesperadamente de<br />

asir los presentimientos, pero se me escapan, era como si tratase de<br />

sujetar los granos de arena del mar entre los dedos abiertos sin<br />

conseguirlo…<br />

—Amelia perdió parte de su cordura cuando Erikem le reveló la<br />

verdad, comenzó a sufrir paranoias, ataques persecutorios. Aslhem temía<br />

que te ocurriese lo mismo, ese fue el motivo para ocultarte tu origen y tus<br />

percepciones— todo encajaba, cada pieza en su lugar correspondiente y<br />

ella había perdido tanto tiempo que no sabía cómo iba a poder<br />

recuperarlo.<br />

—¿Siempre nos revelan nuestro origen cuando consiguen<br />

localizarnos?— Lee negó con la cabeza.<br />

—Sólo te lo revelan a ti por tu facultad de cazadora— Satín<br />

hizo una inspiración profunda.<br />

—¿Siempre he respondido así de estúpida?— ahora ambos<br />

hicieron un encogimiento de hombros.<br />

—Nosotros solo te hemos conocido en esta vida…— Satín<br />

sonrió al fin. Sus amigos no deseaban herirla con la verdad de sus<br />

$*(


$*)#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

palabras, pero esa pregunta pensaba formulársela a Erikem pues sentía<br />

mucha curiosidad por conocer la respuesta.<br />

—Tenemos trabajo que hacer— Alma le mostró una sonrisa<br />

cómplice.<br />

—Iris ya lo ha preparado todo— Satín comenzó a pasearse con<br />

el rostro pensativo. Esa información les daba una cierta ventaja que no<br />

pensaba desaprovechar.<br />

—Tenemos los billetes de avión, nuestro vuelo sale dentro de<br />

diez horas— Satín sonrió por la rapidez con la que actuaban tanto Iris<br />

como Alma, y arrugó el ceño por el largo viaje que le esperaba dentro de<br />

ese vientre demoníaco llamado avión.<br />

—¿Cómo nos dividimos para…?— no pudo terminar la<br />

pregunta por la entrada intempestiva de Erikem y Aslhem, que se<br />

quedaron de pie justo en la entrada de la puerta con el rostro serio, pero<br />

con los ojos llenos de humor. Ambos hombres resultaban imponentes con<br />

su fuerte musculatura y arrolladora personalidad.<br />

—¿Haciendo planes sin contar con el cerebro de la<br />

operación?— Aslhem miró a Erikem con una ceja alzada en un perfecto<br />

arco interrogante, movió la cabeza de izquierda a derecha mostrando su<br />

sorpresa por la pregunta socarrona. Satín extendió su mano con una<br />

invitación a reunirse con ella.<br />

Resultaba tan maravilloso no sentir miedo.<br />

—Tenemos que hacer planes…


CAPÍTULO XXIII<br />

El centinela<br />

Satín percibió el inminente peligro. La seguían, era consciente de los<br />

pasos sincronizados que daban ambos sobre la calzada gris. Cruzó la<br />

calle, y su perseguidor la cruzó también. La volvió a cruzar para hacer<br />

otra prueba y cerciorarse, la tentativa resultó positiva. Cuando contempló<br />

la fachada de ladrillo rojo de la cafetería, se sintió lo suficientemente<br />

segura como para aminorar el paso, tratando de que su acosador parase<br />

los suyos o que la adelantase para marcharse. De alguna manera<br />

pretendía descubrirlo pero, no hizo ni una cosa ni otra. Ella se detuvo<br />

delante del escaparate de la pastelería, fingió que miraba a través del<br />

cristal los dulces golosos de diferentes tamaños y sabores pero sus ojos<br />

no perdían detalle de la figura borrosa que veía a través de ellos. Cuando<br />

siguió caminando tras su espalda sin mirarla siquiera para desaparecer<br />

por la esquina, Satín se dio cuenta que no era quien había creído sino un<br />

hombre normal y corriente, de rasgos regulares, delgado pero<br />

absolutamente anodino. Soltó el aire que había contenido para normalizar<br />

su respiración ante la sospecha que la había invadido y que había<br />

resultado nula. Avanzó hasta la puerta del café y asió el picaporte para<br />

abrirla pero no hizo falta, Aslhem la había abierto por ella al mismo<br />

tiempo que le daba un beso en la boca posesivo.<br />

—Llegas tarde— Satín vio la preocupación en sus ojos de color<br />

zafiro y le sonrió.<br />

—Lee y Soul no estaban preparados todavía, se han demorado<br />

más de lo que creían, la furgoneta tenía una rueda pinchada— Satín<br />

escudriñó el ambiente del café antes de posar sus ojos en la mesa del<br />

centro donde la esperaba Alma con un café intacto. La tenue luz de las<br />

lámparas de neón y los sonidos quedos le hicieron sentir un escalofrío<br />

que acentuaron su atención. Siguió paseando sus ojos por las diversas<br />

mesas y rincones de la antigua cafetería de la calle Mayor, y mirando a<br />

$**


$*+#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

los diversos clientes. La música suave de los años noventa le hizo<br />

florecer en los labios una sonrisa que evocaba recuerdos escondidos. Sus<br />

ojos se toparon con los de Barik que le hicieron un guiño apenas<br />

perceptible desde el otro lado de la larga barra de madera, detrás del<br />

mostrador seguía secando vasos con el rostro completamente<br />

indescifrable como era habitual en él. Satín sabía que afuera, a tan solo<br />

unas manzanas, seguían esperando Erikem y Boraj. Habían logrado<br />

cercar a Nesta no sin antes haber recorrido varios países hasta su actual<br />

paradero en la ciudad de Madrid. Durante varias semanas habían seguido<br />

su pista desde Roma hasta Londres, para encontrarlo finalmente en el<br />

centro de España, en el barrio de los Austrias.<br />

Satín miró por la ventana la plaza cerrada con soportales y se<br />

fijó en las altas viviendas silenciosas. Desde el arco de cuchillos, la<br />

esquina más popular de la plaza, divisó varias casetas que ya<br />

comenzaban a abrirse para los transeúntes, el mes de diciembre era<br />

espectacular en la ciudad bulliciosa y alegre. Volvió sus ojos hacia<br />

Aslhem que miraba de forma tranquila un periódico usado, pero sin<br />

perder detalle de todo lo que ocurría en el viejo café. La entrada de<br />

Akmal hizo que varios ojos se parasen en su presencia alta y peligrosa, su<br />

gabán largo y oscuro conseguía alzar incluso la ceja menos curiosa. Un<br />

par de policías locales lo miraron con intensidad, pero debieron decidir<br />

que no resultaba peligroso porque desviaron sus ojos de su presencia para<br />

volver a su charla levemente interrumpida por su llegada. Akmal tomó<br />

asiento en uno de los taburetes delante del mostrador.<br />

Alma seguía tamborileando con sus dedos en la madera de la<br />

mesa sin decidirse a beber su café.<br />

—Estamos perdiendo el tiempo— Satín no lo creía, habían<br />

seguido a Nesta durante muchos días hasta saber sus movimientos con<br />

precisión.<br />

—Sigue la misma rutina y el mismo horario desde hace<br />

semanas–– le respondió a Alma.<br />

—Esta pieza es más escurridiza de cuantas hayas cazado<br />

antes— Satín siguió mirando la taza llena de Alma sin perder la sonrisa.<br />

—Se te va a enfriar tu café— Alma bajó sus ojos hacia el<br />

oscuro líquido que seguía humeando.


El centinela<br />

—Me gusta tibio— Satín amplió la sonrisa por su respuesta<br />

previsible— después de cazar a Nesta ¿qué harás?— Satín alzó sus ojos<br />

de la mesa a los ojos de Alma que le ofrecían un interrogante inacabado.<br />

—Todos seguimos un patrón definido en la vida, el mío se<br />

reduce a seguir cazando inmundos— Alma la miró como si hubiese<br />

dicho una sandez.<br />

—Y yo que creía que te ibas a retirar al Caribe con ese ángel<br />

maravilloso que…— Satín se llevó un dedo a la boca para silenciar su<br />

comentario, pero Alma hizo oídos sordos a su amonestación— llevas<br />

muchos años cazando, es hora de recibir la recompensa y pensar en una<br />

retirada— Satín hizo un alzamiento de hombros con indiferencia a su<br />

sugerencia, ella se sentía incapaz de abandonar su lucha, una lucha que se<br />

había vuelto tremendamente fácil gracias a la ayuda de Aslhem y de<br />

Erikem. Los tres hacían un equipo perfecto.<br />

«Los once»<br />

Satín volvió la cabeza hacia el lugar dónde estaba Aslhem, vio<br />

que le sonreía de forma pícara, seguía con su costumbre de leerle el<br />

pensamiento cuando menos se lo esperaba. «Olvidas a Alma, Iris, Lee,<br />

Soul, Barik, Ersad, Boraj y Nasdio»<br />

Pero ella no los había olvidado, simplemente los había omitido<br />

por diversión.<br />

«Formamos un buen equipo»<br />

Satín hizo un asentimiento con la cabeza de forma leve.<br />

«Pero me seduce mucho la idea de tumbarme en una playa de<br />

arena blanca contigo sin nada más que hacer que acariciar tu piel durante<br />

los próximos cincuenta años»<br />

—¿Se puede saber por qué sonríes con esa cara de boba?—<br />

Satín centró su atención en su amiga Alma.<br />

—No puedo decírtelo— Alma pifió llena de empalago.<br />

—Yo odiaría esa conexión extrasensorial— Satín no<br />

respondió— que conozcan mis más íntimos secretos…., ufff, me resulta<br />

realmente desagradable— Satín no pudo evitar torturarla con su<br />

respuesta.<br />

—Conocen tus pensamientos Alma, salvo que tú no lo sabes—<br />

si pretendía sacarla de quicio, lo consiguió. Los ojos de Alma volaron<br />

$*!


$*"#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

hacia los de Barik que seguía secando vasos en un completo mutismo.<br />

Metido en su papel de camarero a la perfección.<br />

—¡Me estás tomando el pelo!— Satín negó con la cabeza—<br />

creía que sólo funcionaba con los transmigrantes.<br />

—Ellos tienen la capacidad de comunicarse con cualquier<br />

mente que se muestre abierta y receptiva— Alma pegó su espalda a la<br />

silla completamente afrentada.<br />

—¿Quieres decir que ese tiocachasbuenísimodelamuerte puede<br />

saber lo que pienso de él?— Satín asintió divertida por el adjetivo<br />

desmesurado que había utilizado Alma para referirse a Barik.<br />

—Todos tus pensamientos, hasta el más insignificante— Alma<br />

se mostró completamente desolada.<br />

—Tienes que enseñarme de forma urgente, la forma de<br />

bloquear mi mente para impedir la fuga de pensamientos libidinosos—<br />

Satín iba a responderle pero la entrada de un nuevo cliente le cerró la<br />

boca de inmediato.<br />

Los vellos corporales se le erizaron ante el peligro inminente.


CAPÍTULO XXIV<br />

El centinela<br />

El hombre debía medir cerca de los dos metros de altura, andaba de<br />

forma desgarbada y tenía el rostro marcado con diferentes cicatrices,<br />

señal inequívoca de su carácter violento. Escudriñó con ojos vivos y<br />

rapaces a todos los que estaban sentados tanto en la barra como en las<br />

mesas. Olfateó el aire de forma significativa tratando de diferenciar los<br />

diferentes olores que llenaban el café. Volvió su cara hacia la mesa<br />

donde estaban ellas sentadas y al verlas entrecerró sus ojos negros con<br />

calculada frialdad, Satín sabía que estaba barajando todas las<br />

posibilidades pues sus ojos hicieron un recorrido por la estancia<br />

calculando las posibles vías de escape. Las había descubierto, pero justo<br />

antes de dar un paso hacia la mesa donde estaban sentadas Satín y Alma,<br />

cinco hombres más entraron al café creando bastante bullicio a su paso,<br />

Satín supo que eran todos inmundos y tremendamente desagradables.<br />

Uno de los secuaces había tomado asiento al lado de Akmal, Satín rezó<br />

interiormente para que no se percatase de quién era.<br />

Los inmundos poseían un sexto sentido para reconocerse entre<br />

ellos, y Akmal, a diferencia de Barik y Ersad no era un guardián.<br />

Alma enderezó su espalda y tensó los hombros, Satín se<br />

mantuvo en la misma posición despreocupada que había adoptado un<br />

momento antes de la entrada de Nesta al café, sabía por experiencia<br />

propia que no debía atraer la atención sobre sí misma de ninguna manera,<br />

los inmundos eran tremendamente suspicaces.<br />

—¡Quieta!..., estás llamando su atención con tu nerviosismo—<br />

Alma trató de respirar profundamente para templar sus nervios, pero no<br />

lo conseguía, ella nunca se había ofrecido como cebo, ese trabajo solía<br />

hacerlo Iris, pero ahora veía que no estaba preparada para enfrentarlo, y<br />

ya era demasiado tarde.<br />

—Me cuesta respirar— Satín comprendió que Nesta estaba<br />

tratando de penetrar en la mente de Alma. Allí parado en el centro del<br />

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$+$#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

café, con todas las miradas puestas en él, y sin importarle lo más mínimo,<br />

estaba controlando los pensamientos de su amiga. ¿Por qué se había<br />

fijado en Alma y no en ella? ¡Maldita sea! Alma se había puesto suero y<br />

a juzgar por la reacción del inmundo debía haberse puesto demasiado, a<br />

ella se le había escapado ese detalle importante.<br />

Satín vio con preocupación las gotas de sudor que se iban<br />

formando sobre el labio superior de Alma, sus manos habían asido la taza<br />

de café pero temblaban tanto que terminó por derramar el oscuro líquido<br />

en el plato, Satín supo que debía hacer algo.<br />

«Ni lo intentes»<br />

La orden dada a su cerebro la mantuvo quieta en su silla.<br />

Aslhem se preparó de inmediato lo mismo que Barik que se<br />

mantenía alerta a todos los detalles, el grupo se apiñó ocupando la<br />

primera mesa de la esquina, más cerca de los lavabos y bastante alejada<br />

de donde se encontraba ella y Alma. Los ojos de Satín volaron hacia los<br />

de Aslhem que le hizo un negamiento con la cabeza para que esperase el<br />

momento adecuado de actuar.<br />

La tensión olía a violencia y a café amargo.<br />

Se oyó otra vez el clic del picaporte de la calle y dos policías<br />

locales entraron en la cafetería, se reunieron con los dos que seguían<br />

sentados en su mesa esperando y observando todo con ojos adiestrados.<br />

Satín supo que debían irse, el sitio no era el indicado para tener un<br />

encuentro con Nesta. Aslhem le hizo un asentimiento con la cabeza para<br />

que ella saliera primero de la cafetería, convencido de que el inmundo le<br />

iría al encuentro sin dilación. Akmal ocupó inmediatamente el lugar<br />

vacío dejado por Satín para no ofrecerle una oportunidad de Nesta de<br />

acosar a Alma. Si veía marcharse sola a Satín, la seguiría. El inmundo<br />

hizo precisamente eso.<br />

Satín le estaba perdiendo el gusto a actuar de cebo.<br />

El frío de la calle la sorprendió pues no se había percatado de él<br />

cuando creyó que la seguían, pero ahora sí lo percibía en cada poro de su<br />

cuerpo, la estaban persiguiendo como una pieza de caza. El silencio de<br />

las calles le produjo un ligero escalofrío, pero mantuvo el paso sereno y<br />

constante mientras con la mano hurgaba en su bolsillo para amartillar el<br />

arma que mantenía pegada a su costado. Afianzó el pequeño bolso a su<br />

hombro de forma despreocupada, sus tacones reverberaban en la calzada


El centinela<br />

con un martilleo incesante provocando un eco continuo. Había cortado de<br />

forma inmediata la comunicación extrasensorial con Aslhem para que el<br />

inmundo no lo descubriese, mantenía su mente bloqueada a sus intentos<br />

de manipularla.<br />

Pero Nesta era mucho más inteligente de lo que había creído.<br />

Satín aún se sorprendía de la enorme facilidad de los inmundos<br />

para desarrollar el control mental con sus víctimas. Fijó las pupilas en un<br />

punto determinado del frente y vació de sensaciones su cerebro dejando<br />

su mente en blanco, percibía los ojos inquisidores en su espalda<br />

evaluándola pero ese detalle no la amilanó. Tenía que llevarlo hacia la<br />

emboscada, y hacia allí se dirigía con el inmundo pisándole los talones.<br />

Enfiló la calle Ferraz rumbo al museo Cerralbo para alcanzar el<br />

parque de la montaña por la calle de Irún, Erikem la esperaba en el<br />

edificio de la estación de la salida del teleférico, el lugar idóneo para una<br />

emboscada. Lee y Soul seguían esperando junto a la rosaleda. Se<br />

controlaban los puntos estratégicos y viables para un posible ataque. La<br />

noche era tan oscura como sus pensamientos.<br />

Cuando dobló hacia la derecha para enfilar los jardines ferraz,<br />

una negra silueta apareció delante de ella tomándola por sorpresa,<br />

contuvo un gemido a tiempo. Satín detuvo sus pasos y, el incesante<br />

taconeo de sus zapatos se calló sumándose al silencio de la noche. Satín<br />

observó la figura angulosa y encorvada que daba pasos vacilantes hacia<br />

ella como si la hierba verde que pisaba fuese un terreno peligroso y<br />

abrupto, extendió una mano huesuda hacia ella sin pronunciar una sola<br />

palabra. Satín se percató de que podía ser un mendigo habitual del<br />

parque. Buscó en su monedero algo de dinero para darle y así ganar el<br />

suficiente tiempo para que Aslhem pudiese alcanzarla. Los pasos que la<br />

seguían se detuvieron al mismo tiempo que los suyos, Satín lo presentía<br />

en su espalda pero no se no se dio la vuelta, no hacía falta, podía percibir<br />

al inmundo a muchos metros de distancia y el peligro que representaba,<br />

ahora extrañaba sus botas militares y su pantalón de cuero, llevar falda y<br />

tacones no era lo habitual para cazar a los inmundos, pero sí era una<br />

indumentaria apropiada cuando se pretendía hacer de cebo. El mendigo<br />

aceptó la limosna y le ofreció una sonrisa ausente de dentadura. Satín<br />

comenzó a caminar de nuevo, pero no debía de haber calculado bien la<br />

$+&


$+'#<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

distancia de la presa y del cazador porque sintió cómo la asían de los<br />

hombros con una fuerza brutal.<br />

¡La atacaba antes de lo previsto!<br />

Comenzó un forcejeo con él aunque se abstuvo de gritar para no<br />

llamar la atención de algún viandante que pasara por allí, no se debía<br />

alertar a la policía, debían hacer el trabajo en el silencio de la noche para<br />

no despertar las sospechas de la ley. El inmundo la agarró con fuerza<br />

dañándole los hombros y la arrastró hacia el suelo al mismo tiempo que<br />

la empujaba de espaldas junto a unos matorrales cercanos a unos<br />

contenedores. La fuerte mano tapaba su boca para impedir que gritase.<br />

Satín no pudo ocultar un gemido de dolor al verse aplastada de repente,<br />

pero sorpresivamente no sentía miedo, si no la urgente necesidad de<br />

acabar con él, durante años lo había odiado, y deseado el encuentro para<br />

ejecutar su venganza. Su cabeza golpeó el duro suelo y ella cerró los ojos<br />

tratando de asimilar las sensaciones dolorosas, abrió los ojos y los fijó en<br />

las pupilas del inmundo con una intensidad temeraria.<br />

El aliento pestilente le produjo una arcada, pero pudo ladear la<br />

cabeza a tiempo de evitar el beso lujurioso, su mano trataba de encontrar<br />

la abertura de su bolsillo donde descansaba el arma. Si conseguía<br />

introducir su mano podría dirigir el cañón hacia el corazón del inmundo y<br />

disparar la bala que terminaría con su vida pero, no hizo falta. El peso<br />

que la había oprimido durante un momento agónico había sido alzado sin<br />

ninguna ceremonia liberándola. Aslhem había llegado más rápido de lo<br />

que había imaginado, Satín se reincorporó para ayudarlo, pero Aslhem<br />

era un batidor nato y con mucha experiencia. Tras un minuto de forcejeo,<br />

Nesta quedó tendido a los pies de ambos con la cuerda aún aprisionando<br />

su cuello roto.<br />

Aslhem la ayudó a reincorporarse con el terror reflejado en el<br />

rostro. Cuando la había visto caer bajo el inmundo, su corazón había<br />

exhalado la última gota de sangre ante el miedo que había sentido de<br />

perderla.<br />

—¿Te ha hecho daño?— Satín negó reiterativamente con la<br />

cabeza.<br />

—Solo tengo un poco magullada la espalda, me alcanzó antes<br />

de lo que creía— sus ojos volvieron al cuerpo inerte y lo escudriñó de<br />

pies a cabeza preguntándose si...


—Es Nesta Miles.<br />

Finalmente, terminó.<br />

El centinela<br />

$+(


EPILOGO<br />

El centinela<br />

Satín seguía oyendo el agua de la ducha en la habitación contigua, pero<br />

ella seguía remoloneando entre las sábanas de satén sin decidirse a<br />

levantar su pereza. Sobre su piel seguía impregnado el aroma de Aslhem,<br />

de las caricias que habían compartido, y su boca floreció en una sonrisa<br />

auténtica y pletórica. Nada en el mundo podía hacerla tan feliz como<br />

amarlo incondicionalmente, extasiarse de su ternura, de su paciencia.<br />

Disfrutar con su exquisito toque de humor y esa pasión intensa que la<br />

volvía literalmente loca, a cada momento, no podía saciarse de él. El<br />

sonido del agua se había silenciado y Satín supo que Aslhem iba a<br />

aparecer de un momento a otro por el umbral de la puerta de la alcoba sin<br />

nada más encima que una minúscula toalla anudada en sus caderas de<br />

forma precaria. A pesar del tiempo que llevaban juntos, seguía<br />

sorprendiéndola esa sensualidad característica en él, intrínseca y<br />

arraigada que poseía, y que derrochaba a manos llenas manteniéndola<br />

siempre hambrienta de sus besos, de sus caricias y de esa mirada limpia y<br />

vítrea que la seducía por completo. Satín paseó sus ojos por el conocido<br />

mobiliario hasta divisar su bata celeste dejada de forma descuidada a los<br />

pies de la chimenea. Sus ojos fueron descubriendo el resto de prendas<br />

que habían quedado esparcidas en el dormitorio cuando comenzaron los<br />

juegos amorosos entre los dos. Aslhem había entrado al dormitorio<br />

peinándose con los dedos el pelo mojado, como ella había supuesto,<br />

llevaba una pequeña toalla atada a las caderas. Paseó sus ojos castaños<br />

por los dos metro de músculos definidos y marcados, por su piel tostada<br />

y húmeda tras el baño que le confería un brillo atrayente. Satín sentía<br />

calambres en los dedos de las ganas de acariciar cada centímetro de piel<br />

que dejaba expuesta. Fijó sus pupilas anhelantes en su torso esculpido, en<br />

sus abdominales que ondulaba de forma suave con cada paso que lo<br />

acercaba a ella. Satín se suspiró cuando detuvo su mirada en el sedoso<br />

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<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong><br />

triángulo de vello que comenzaba en el ombligo y se perdía bajo la<br />

blanca toalla, pequeñas gotitas de agua seguían escurriéndose por la piel<br />

creando destellos seductores…<br />

Si continuaba mirándolo no podría levantarse en todo el día.<br />

—Si me haces un hueco…— Satín volvió a sonreír de forma<br />

espontánea, seguía olvidándose de la facilidad de él para conocer sus<br />

pensamientos y exteriorizarlos con esa naturalidad que la conmovía.<br />

Satín deseaba hacerle una pregunta, pero no hizo falta. Aslhem la<br />

respondió antes de que se la formulara. ––Cuando te encuentro, me<br />

adapto según tu edad y madurez, poseo todavía algún poder del que no<br />

puedo prescindir–– eso era precisamente lo que se preguntaba Satín.<br />

Aslhem tenía siglos, y sin embargo aparentaba ser una muchacho menor<br />

de veintitrés años–– podemos variar parte de nuestra apariencia física<br />

aunque no toda.<br />

—Eres demasiado hermoso.<br />

—Y tú demasiado seductora— en dos zancadas Aslhem llegó<br />

hasta la cama y sacudió su pelo mojado encima de ella en el mismo ritual<br />

que ejecutaba cada mañana, las diminutas cuentas de agua cayeron sobre<br />

el cuerpo recostado en una fina lluvia–– ¿acaso te gustaría que fuese<br />

feo?–– ella negó repetidamente con la cabeza.<br />

—Pero esa travesura tuya se ha ganado un castigo y voy a ser<br />

implacable— el colchón cedió ante el peso de él cuando se sentó junto a<br />

ella que se arrimó al cuerpo musculoso buscando su contacto.<br />

—Seré un alumno aplicado— Aslhem se inclinó hacia ella<br />

buscando los labios que apartó Satín para ofrecerle la mejilla en<br />

compensación.<br />

La carcajada potente y feliz de Aslhem le hizo entrecerrar los<br />

ojos.<br />

—No es a mí a quien esperan en el museo…— la boca de Satín<br />

hizo una mueca ante el recordatorio. Lee la esperaba a los dos en el<br />

museo del Louvre con una documentación importante de Iris, sobre un<br />

psicópata fugado que se había establecido en Francia.<br />

Parecía que no respetaban la necesidad de ambos de seguir en el<br />

anonimato.<br />

—Tengo que hablar con Erikem al respecto— fue el tajante<br />

comentario de Aslhem, que volvió a buscar la boca de ella.


El centinela<br />

––Creo que es mejor que hables tú con él— contestó ella,<br />

Aslhem seguía mordisqueando sus labios seductores, pero finalmente le<br />

dijo.<br />

—Es tu padre— ella tironeó del pelo mojado de él vengativa al<br />

mismo tiempo que enredaba el suave vello ensortijado de su pecho para<br />

atraerlo todavía más hacia ella.<br />

—¡Convénceme!...<br />

Aslhem no necesitó más aliciente.<br />

<strong>Arlette</strong> <strong>Geneve</strong>, 2010 ©<br />

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