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0015 - Viento Sur

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La discusión más

La discusión más difícil, tan necesaria como arriesgada, tiene que ver con los contenidos políticos y sociales fundamentales que debe tener, aquí y ahora, una política de izquierdas con proyección de gobierno. Quiero decir: qué objetivos políticos respectos a los cinco o seis problemas fundamentales urgentes (el paro, la pobreza, la inmigración, la insumisión, la cuestión nacional..,) consideramos la base imprescindible para empezar a hacer una política de izquierdas y qué papel de control, propuesta, gestión... tienen que tener las organizaciones y movimientos sociales en ella. Ésta ha dejado de ser una discusión especulativa: va a estar en el centro de los los conflicto sociopolíticos del inmediato futuro. ¿Servirá para fortalecer la influencia rojiverde? O por lo contrario, ¿triunfará el posibilismo y, con él, la enésima variante de la política socialdemócrata? Vamos a verlo. Miguel Romero 24 VIENTO SUl; Número 15/Junio 1994

Pau, la integridad del "outsider" Pau Pons [El nombre de Pau Maragall no dirá nada a la mayoría de nuestros lectores. Pero para algunos trae el recuerdo de nuestro particular mayo del 68, los tiempos del "felipe", las ganas de cambiar el mundo y cambiar la vida... Le perdimos la pista hace muchos años. De vez en cuando alguien nos contaba que, a su manera, se mantenía leal a todo lo que entonces nos hermanó. Ha muerto el 21 de mayo. Pau Pons ha conseguido expresar lo que ahora sentimos del amigo inolvidable]. Una noche de mayo, en un café de Barcelona, una docena escasa de personas, cuarentonas, alrededor de una mesa. Para llegar hasta esa mesa nos hemos buscado en las más antigua agendas, en las que ya no tiene sentido la permanencia de un teléfono, el de Pau Maragall. Somos una muestra de esa generación que se llenó de aire los pulmones en los sesenta, para echar hasta el bofe en los setenta. Hemos sobrevivido la pleamar de los ochenta y hasta puede que salgamos de la resaca de los noventa. Pero Pau se nos ha quedado en el camino. Lo conocimos en la clandestinidad del Font Obrer de Catalunya (FOC), un frente lo bastante heteróclito y flexible como para que él pudiera militar sin sentirse encuadrado. Luego llegaron los duros años en que política equivalía a militancia, militancia a organización partidaria y para algunos una profesión. Pau Maragall no separó nunca el cambio del orden social de la alienación personal y nunca aceptó que para alumbrar una emancipación hubiera que pasar por sendas tan convencionales como fueron las de los partidos, incluso el más democrático. Ese rechazo de todo lo establecido le llevó hasta el punto de no tomarse demasiado en serio a sí mismo, terreno fronterizo entre lo saludable y lo temerario. Esa noche no disponíamos de ninguno de sus textos donde nos dejó la huella de su discurrir brillante, documentado y singularmente dialéctico. No teníamos ni una prueba escrita, un testimonio, un fetiche en el que anclar la angustia de nuestros recuerdos borrosos. Decimos que era uno de los nuestros y estamos queriendo decir que nos sentimos suyos. Desde 1970 siguió luchando con el mismo esfuerzo -y riesgo- por acabar con el espanto del macrocosmos social, sin renunciar a combatir simultáneamente la miseria del microcosmos personal. Coincidimos en que ese empecinamiento por unir ambas dimensiones había alumbrado un actuar íntegro. Pero también le convirtió en un outsider. Sólo desde esa perspectiva pueden ser contemplados los diversos momentos de su vida -incluyendo los incidentes que le han hecho mercancía noticiable o arma arrojadiza- hasta el abrupto final. Sobre la mesa, el borrador de su último artículo inacabado en el que Pau volvía a insistir, como había hecho a lo largo de su vida en su óptica integral: liberar a la persona, liberar a la sociedad. El artículo termina con una invitación optimista al futuro: "Los hijos y los nietos del 68 tienen la palabra". Los padres de algunos de esos "hijos del 68" coincidimos en algo más: puestos a elegir, nos quedamos con la coherencia entre pensamiento y acción, con la integridad ética. Sobre esa base podrán levantarse políticas y estrategias liberadoras. Sin eso, nada. Y opinamos que este es el legado y el vacío que nos ha dejado Pau Maragall. De lo uno y lo otro, soy yo simplemente un notario que da fe. VIENTO SUR Número 15/Junio 1994 25

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