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0015 - Viento Sur

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de euforia el himno de

de euforia el himno de Arena que en una estrofa dice: "De los rojos será la tumba, El Salvador". No hay que olvidar que en medio de la campaña electoral fueron asesinados Heleno Hernán, Francisco Velis y nuestro entrañable amigo Mario López, y hubo un atentado contra la vida de la compañera Martha Valladares (Nidia Díaz), gentes entre lo mejor de los (las) dirigentes del FMLN. Estas acciones reflejan que los areneros están dispuestos a llenar de realidad la estrofa citada. Este resultado electoral ha hecho que las contradicciones al interior del FMLN estallen con gran virulencia. Por un lado el ERP y RN y por otro las FPL, el PCS y el PRTC se han cristalizado como dos polos diferentes. Atrás de esta diferenciación está una discusión nunca saldada y siempre pospuesta y un balance de lo que ha sido la lucha en ese hermano país desde 1979. Entonces antes de tratar de interpretar la manifestación de la crisis actual, es necesario tomar en consideración algunos aspectos del pasado. La reconversión "Se consiguieron los cambios que llevaron al FMLN a alzarse". Hay, de hecho, una revolución que se expresa fundamentalmente en la eliminación de todos los componentes del poder dictatorial. Disolución de la Guardia Nacional, la reducción del Ejército, su sujeción a la sociedad civil. Todo esto configura un cambio democrático de grandes proporciones. Nosotros no teníamos nada, ni hicimos concesiones. Quizás las hicimos en las ideas, pero las concesiones de ideas en la realidad del mundo actual y desde un punto de vista programático, salen sobrando" (Joaquín Villalobos). A raíz de la impresionante, pero fallida, ofensiva de noviembre de 1989 (una de las gestas revolucionarias con mayor dosis de heroísmo y planeación), en el seno de las diversas fuerzas que componen el FMLN se comienza a llegar a la conclusión de la imposibilidad de ganar la guerra en función de un triunfo militar. Esta convicción se hizo mucho más clara, cuando inmediatamente después de esa ofensiva, se hace evidente el carácter procapitalista de la caída de las burocracias en Europa del Este y Central; a esto se le vinieron a sumar cuatro acontecimientos en América Latina: la derrota de Lula en las elecciones en Brasil en la segunda vuelta (con una votación impresionante, pero derrota al fin), la invasión a Panamá, con toda esa escuela de desmoralización y, fundamentalmente, la derrota electoral del FMLN y el inicio del aislamiento de la dirección cubana, producto de la caída de la burocracia soviética. Por si esto fuera poco, a principios de 1990 estalla la guerra contra Irak. Las posibilidades políticas y económicas para poder mantener una guerra para el FMLN se hacían cada vez más complicadas. No hay que olvidar esto al pretender hacer un balance de la revolución salvadoreña. Hubo un momento en que parecía que lo único que quedaba como flama revolucionaria en todo el mundo era el FMLN. Este papel no era nada fácil de cumplir para una organización que era representativa del pueblo del país más pequeño de América Latina. El FMLN escogió así una vía más complicada y difícil que el mantenerse en la lucha armada, a saber la de su conversión en una fuerza política legal. La firma de los acuerdos de paz de Chapultepec buscaban entonces la creación de un nuevo 30 VIENTO SUR Número 15/Junio 1994

escenario político, con un FMLN todavía fuerte y con influencia social, en el cual se construyera un poder civil con legitimidad que retara paulatinamente el dominio de la oligarquía salvadoreña. Como posibilidad esta no era descartable o equivocada. El problema se ubicó en otro lado. La explicación de los acuerdos de Chapultepec, así como la visión del tipo de política que había que seguir en función de este nuevo marco evidenció, desde el inicio, que por lo menos había dos visiones. Por un lado, la que expresó más claramente Joaquín Villalobos, al señalar que los objetivos fundamentales por los que se habían alzado en armas en 1980 habías sido cumplidos, que se estaba enfrente de un triunfo total de la revolución, pero que se trataba de un nuevo tipo de revolución "civilizatoria" que no concluía con la destrucción del aparato militar sino con la fusión de ambos aparatos militares, es decir, se trataba de la "primera revolución negociada" (sic). Por otro lado, de una manera muy poco clara y llena de contradicciones, estaban los que pensaban (FPL, PCS y PSTC) que no había otra posibilidad que llegar a esta conclusión en función del cambio de correlación de fuerzas internacionales. Que esto no resolvía una serie de aspectos claves que motivaron el alzamiento de 1980, pero que sentaba las bases para la construcción de un sistema democrático donde la gente pudiera actuar políticamente sin miedo, lo cual, se pensaba, abriría posibilidades de organización social como nunca antes habían existido. Al mismo tiempo se comenzó una teorización para poder justificar todos estos cambios. Una vez más, fue Villalobos el que tomó la iniciativa y claramente planteó una serie de ideas sumamente interesantes. A esto le llamó "el nuevo concepto del poder". Aquí se partía de una crítica totalmente infundada y soberbia a otros procesos revolucionarios, según lo cual en esos países siempre se partió de una visión vanguardista que concluía con la toma del poder en función de un golpe desde arriba que solamente tenía como sustento lo militar. De esta manera se borraba de un plumazo el significado de la construcción de los consejos obreros en la Rusia zarista, las comunas en la revolución china, los comités civiles en la revolución cubana o nicaragüenses, etc. El objetivo de todo este planteamiento y ahora está mucho más claro era expulsar de la estrategia de cambio la revolución entendida como modificación de la hegemonía en la sociedad entre el capital y el trabajo. Se planteaba correctamente que el poder es una relación social y no simplemente la toma del Estado. El problema era que esa relación social, que indudablemente se tiene que tejer mucho antes de cualquier intento de toma de cualquier palacio, tiene que concluir en algo concreto y específico, al nivel no simplemente de la forma de gobierno, sino fundamentalmente en la lógica de la acumulación y la distribución de la riqueza social. Y para eso se requiere -no hay un sólo ejemplo histórico diferente y ahora en El Salvador se da una comprobación suplementaria, aunque de signo negativo- tomar el poder (no un grupo o una familia de grupos, sino esa red que se tejió en la sociedad previamente) para cambiar la lógica de las prioridades y las opciones. Por eso Villalobos, de una manera un poco cínica para quien haya conocido sus pensamientos y sus escritos anteriores dijo en 1991: "Otro problema es que el marxismo no lo desligan del leninismo que es la toma del poder a través de métodos que conocemos no son los más pacíficos". El problema no es la grosera VIENTO SUR Número 15/Junio 1994 31

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