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0015 - Viento Sur

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Occidente inicia la ruta

Occidente inicia la ruta hacia el poder, un nuevo capítulo se abrirá en la historia de la Unión Soviética. La primera victoria revolucionaria en Europa hará a las masas soviéticas el efecto de un choque eléctrico, las despertará, hará surgir su espíritu de independencia, reanimará las tradiciones de 1905 y 1917. (...) Para el primer Estado obrero, para el porvenir socialista, no hay posibilidad si no es por esta vía». Pero no solamente no ha habido revolución victoriosa en Occidente, sino que la caída de los regímenes burocráticos tuvo lugar en pleno retroceso de los movimientos obreros y socialistas internacionales. En estas circunstancias, no es sorprendente que los trabajadores rusos sean sensibles a la ideología liberal, que les recuerda permanentemente que: "el mundo entero ha elegido el mercado". Con la perestroika nacieron múltiples organizaciones obreras, la mayoría de las cuales de dimensiones, y duración, modestas. Los tres tipos de organizaciones que han obtenido una fuerza duradera y una entidad significativa son: los nuevos sindicatos, los colectivos de trabajadores (STK) y sus asociaciones y, finalmente, los viejos sindicatos. Además, es en este orden, como han entrado en la escena política. Los nuevos sindicatos Con la huelga general del verano de 1989, los mineros se impusieron como la vanguardia de un renovado movimiento obrero, con la excepción de breves y localizadas explosiones que se remontan a finales de los años 20. Esta huelga dio origen al Sindicato Independiente de los Mineros (NPG), rival del antiguo Sindicato de los Empleados de la Industria del Carbón. Los fundadores del NPG reprochaban al viejo sindicato, entre otras cosas, ser conciliadores y organizar a los directivos en sus filas. En general, el nuevo movimiento sindical ha hecho progresos muy limitados fuera del sector del carbón. Aunque las cifras exactas sean difíciles de evaluar (todos los sindicatos tienen tendencia a engordar su número de afiliados), aún el 90% de los trabajadores organizados pertenecen sin duda a los antiguos sindicatos. Probablemente menos del 10% de los mineros se afiliaron al NPG, a pesar de que en el pasado tuvo una influencia (hoy en declive) que sobrepasaba el círculo de sus propios militantes. Fuera de las minas de carbón, el nuevo movimiento ha tenido éxitos sobre todo en el sector de los transportes (sin tener en cuenta los pequeños sindicatos aislados creados por todas partes en las pequeñas empresas y los pequeños comercios): entre los controladores aéreos, los pilotos, los ferroviarios, los estibadores o en los transportes urbanos. Sus posiciones económico-estratégicas son las que dan a estos grupos de trabajadores, relativamente pequeños, su fuerza excepcional. Cuando se han escindido de los antiguos sindicatos, los organizadores de los nuevos afirmaban que las viejas estructuras no eran reformables. Los obstáculos a las reformas en 1990, época en la que se fundó el NPG, eran efectivamente considerables. Todavía hoy, más de tres años después, los principales problemas —ausencia de control democrático sobre los dirigentes sindicales y su sumisión a las direcciones— están lejos de resolverse en la mayoría de las secciones de empresa, lugar de poder sindical real. Sin embargo, se han realizado progresos, aunque a un ritmo desigual y lento que puede parecer insuficiente para preservar al 38 VIENTO SUR Número 15/Junio 1994

movimiento obrero organizado. El Sindicato de los Empleados de la Industria y el Carbón constituye un buen ejemplo de reforma al nivel nacional y se ha beneficiado, sin duda, de su rivalidad con el NPG. Con un presidente joven y surgido de la base (no procedente del aparato del partido, como mandaba la tradición), este sindicato milita cada vez más en defensa que los intereses de sus afiliados y la autoridad de su presidente supera hoy entre los mineros a la de los dirigentes del NPG. Los sindicatos bielorrusos de los trabajadores del automóvil y de los de la industria radioeléctrica son otros ejemplos de sindicatos reformados en profundidad a nivel nacional. Tales ejemplos, desgraciadamente escasos, demuestran que la reforma de las viejas estructuras, sean cuáles sean las dificultades, es posible. Pero la mayor parte del militantismo renovado de los antiguos sindicatos está dirigido contra el Estado y no contra la dirección de las empresas. En efecto, muchas acciones colectivas organizadas por ellos han recibido el apoyo activo o pasivo de las direcciones, teniendo en cuenta que su objetivo era obligar al Estado a mantener sus compromisos en materia de pagos de subvenciones a las empresas, desbloquear los créditos o aligerar las cargas fiscales. Sobre tales cuestiones, de las que depende la supervivencia misma de la empresa, los trabajadores y la mayor parte de los directivos tienen intereses comunes. La privatización, al menos en las grandes empresas, no ha modificado significativamente las relaciones entre obreros y patronos, que siguen marcadas por el paternalismo. Si la reforma sindical no ha ido muy lejos en los comités de las fábricas, no es solamente por la corrupción y la natural presión antirreformadora de los antiguos sindicatos: subsiste una base objetiva para la colaboración entre dirección y sindicatos. El problema no es esta cooperación en sí, sino que raras veces los sindicatos participan en ella como interlocutores de pleno derecho e independientes. Hay, en todo caso, varios ejemplos de secciones de empresas de antiguos sindicatos que son hoy responsables ante sus afiliados e independientes de la dirección. Esto sucede cada vez que los sindicatos de base son movilizados contra la dirección de la fábrica para elegir democráticamente a sus dirigentes. Que esto sea ocasional se explica por la represión patronal contra los militantes, a menudo con la cooperación de los dirigentes de los antiguos sindicatos. Pero la razón principal es indudablemente la desmoralización y la desmovilización reinante en los filas sindicales. En definitiva, la estrategia adoptada por algunos militantes, consistente en formar nuevos sindicatos al margen de los viejos, es, al menos en parte, una manera de evitar la difícil tarea de movilización de la mayoría aún inerte de los trabajadores, para concentrar sus esfuerzos sobre la minoría que, por una razón u otra, está dispuesta a sostener una organización sindical más democrática e independiente. Si al principio del nuevo movimiento sindical, sus militantes eran solidarios y hacían esfuerzos por influir en las grandes masas obreras —por ejemplo, fundando en 1990 una Confederación del Trabajo cuasi-política, hoy moribunda—, este movimiento exhibe cada vez más un perfil corporativista, hasta el punto de que algunos sectores se han constituido en una especie de aristocracia obrera. El carácter aristocrático de los dirigentes del NPG se mostró en la primavera de 1992, cuando rechazaron apoyar —y algunos incluso llegaron a condenar— la VIENTO SUR Número 15/Junio 1994 39

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