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0015 - Viento Sur

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industria a finales de

industria a finales de 1993). Aunque la idea está siempre en el aire, la dirección de la FNPR, elegida después de la crisis de octubre de 1993, se muestra hasta el momento más tímida que la precedente en esta cuestión. En parte, es el fruto de la represión gubernamental: los sindicatos han perdido la gestión de la seguridad social a finales de septiembre de 1993 (después de que la FNPR hubiera condenado el golpe de Estado de Yeltsin) y el Gobierno ha dado a entender que, en caso de "deslealtad", perderían las deducciones automáticas de las cotizaciones y sus propiedades. La derrota de las fuerzas "pro-terapia de choque" en las elecciones de diciembre de 1993 y el consecutivo giro del Gobierno hacia las posiciones más centristas, han creado una actitud de expectativa entre las cúpulas sindicales. En todo caso, permanece el profundo sentimiento de aislamiento de los dirigentes de los antiguos sindicatos frente a sus millones de miembros, que no están dispuestos a apoyarlos en una confrontación con el Gobierno. Se da un círculo vicioso que no puede romperse más que por una rebelión obrera desde la base o por la adopción por parte de la dirección sindical de una estrategia independiente y consecuente, en la que los afiliados puedan creer. Lo ideal sería una combinación de ambos procesos. Nadie puede decir si una de estas dos opciones se producirá y cuándo. Lo único seguro es que el futuro inmediato será duro para los trabajadores y el movimiento obrero. INPRECOR n fi 380/ Mayo de 1994/ París Traducción: Paloma Recio 44 VIENTO SUR Número 15/Junio 1994

Una marcha contra el paro y la exclusión Christophe Mathieu La progresión del paro es continua en Francia desde 1990, que marca el fin del corto período de tres años, durante el cual la recuperación económica había permitido una calma en el frente del empleo. Las cifras oficiales son, a fines de 1993, de 3.800.000 parados, es decir, cerca del 12% de la población activa. Esto coloca a Francia en el segundo lugar de los países de la OCDE tras España. A estas cifras hay que añadir el conjunto de los y las que no están contabilizados o están obligados a aceptar las múltiples formas de trabajo precario instituidas por los sucesivos Gobiernos. Se alcanzan así los 5 millones de personas. Si incluímos a los asalariados obligados a aceptar contratos a tiempo parcial -mujeres esencialmente- o los contratos temporales (contratos de 3, 6 o 12 meses únicamente), se encuentran en el paro o en una situación de empleo precario la tercera parte de la población asalariada. 15 años de paro masivo tienen consecuencias en todos los terrenos de la vida social. La pobreza alcanza a capas cada vez más numerosas. En 1993, 670.000 personas en Francia (colonias excluidas) eran beneficiarias de la Renta Mínima de Inserción (RMI), un 20% más que el año precedente /1. ser beneficiario del RMI significa que se obtiene una renta global, incluidos todos los ingresos, es de 2.400 FF (57.000 pesetas) mensuales... El número de los sin techo no deja de aumentar: 200.000 personas en 1993. Las medidas restrictivas para limitar el déficit de la seguridad social reducen la atención sanitaria a franjas cada vez más numerosas de la población. Las consecuencias son dramáticas: recrudecimiento de la tuberculosis y de otras enfermedades infecciosas. El ascenso del paro y de la miseria pesan enormemente sobre la situación de los asalariados. Los salarios están bloqueados: en 1993 la masa de las remuneraciones distribuidas por las empresas ha descendido y las condiciones de trabajo no dejan de degradarse. ¡Reaccionar! Durante el decenio de los 80, una fracción significativa de la población pensaba que la prioridad debería darse a las empresas y que era necesaria una fase de austeridad para restablecer los equilibrios económicos. El fracaso, en el terreno del 1/ El RMI es una renta concedida por el Estado a las personas que no tienen ninguna renta (las personas que llevan en el paro demasiado tiempo para recibir el subsidio de paro, por ejemplo) y es de 2.400 francos por adulto sin niños. No hay que confundirlo con el SMIG, el salario mínimo. El Gobierno está hoy preparando un "SMIGjoven" que permitiría a los patronos pagar un salario muy pequeño a los jóvenes que contraten con el pretexto de que los jóvenes tendrían necesidad de un "tutor" que asegurara su formación en la empresa. VIENTO SUR Número 15/Junio 1994 45

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