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11 - Ateneo de Madrid

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A partir de hoy. la historia aei reflejo del lirismo germano éflfcl la poesía española del si-, glo XIX irá ligada a la triple elegancia de tres nombres compuestos- EULOGIO FLORENTINO Sariz, ÁNGEL MARÍA Dacarrete,. GUSTAVO ADOLFO Bécquer. VE1 primero y el tercero son familiares no sólo a los especialistas, sino a tos lectores que. evidencian una mediana curiosidad literaria. En "cambio el segundo puede considerarse poco menos que desconocido, a'pesar de ser el precedente inmediato y notorio del autor de las "Rimas". Nacido en el Puertot de Santa María, sú sombra se nos había extraviado en las galerías de*. ti:mpo, y hoy vuelve a reaparecer, irisada de lágrimas y dolencias de amor, traída de la mano de Dionisio Gamallo Fierros. ' Su vinculación inicial a lo germánico no debe entenderse desoí 1 .bitadaments. La huella de Hein.e cobré España no ha sido, ni mucho menos, omnímoda. La voz del germano se limitó a- facilitar un proceso de depuración del tono y esbeltez de la voz, que ya se había iniciado en España espontáneamente, movido por consignas da exclusiva emoción individual española. El "Intermezzo" vino a ser algo ?sí como la varita mágica que provocó el rompimiento total de los manantiales íntimos en las almos. Ángel María se dedicó también a la Literatura dramática, con obras como "Magdalena" (mayo 1855) y "Romeo y Julieta", pero éste no era su fuerte, a pesar de que Sánchez Moguel diga que le valieran "ruidosos triunfos" y que el propio Dacarrete nos hable da que arranearon lágrimas a los espectadores. La permanente significación estética del gaditano se vincula a SUÍ "Rimas" del año 58 y a poemi- Uas becquerianos, como "Recuerdo" y '"La flor seca", del 68. Y éste es el aspecto en que se le. estudia, morosamente, en la página 21. 3 . . !:;. Ipoeta y loco, todos tenernos un poco", afirma la sabiduría ¡popular, ' Hay también otro -dicho con igual isábor; aquel que dice que "cada loco con su tema**. Para el vulgo, todo poeta és el hombre que vive en las nu» ibes, mirando a la luna. " . Si ¡esto no es verdad, lo cierto es que ¡hay >un iriso «$e poetas) creadores} de (Una, poesía "freno-pática". De algunos de éstos se habla en la página 5 SI todo un sistema filosófico arranca del "conóce- , te a ti mismo", es indudable el interés de estas entrevistas. Hay aquí, en este autoanálisis, una coincidencia temática. Tal vez por. ello, pese a su condición literaria, se encuentre un más al£p tkadud, a 25 d& Agoóta de 1944 ABIA Unamv.no que yo no pensaba ¡como él; me daba yo cuenta de que los pensamientos dé Unamuno no cuadraban con mi pensar. Tácitamente, sin que nos lo confesáramos, el disentimiento era reconocido por Unamuno y por mí. Ventamos a ser Unamúna y yo, en este caso, eovio dos tiradores que, en una sala de armas, están en guardia y frente a frente. Y, sin embargo, de tal divergencia, nunca hubo entre Una~ muño . y yo ningún rozamiento. Siempre nos tratábamos con cordialidad", así dice Azorin en el comentario a las cartas de Unamun-c que recogemos en éste número. Ellas sen una prueba de esta hermosa amistad —poco frecuente^entre hombres de letraz— qué ligaba a des grandes figuras coma las cu tadas. En tales cartas, por otra parte, el atormentado pensador habla al suave prosista, con aquella su vicíenla sinceridad (tan violentaconstantemente, que muchas veces se puede sospechar de ella) de los temas más diversos, desde los puramente personales, a los literariosles filosóficos o Ws políticos. Hay en ellas, referencias a su obra sobre "El sentimiento trágico", a su africanismo antes que europeísrno!; al catalanismo; al portuguesismo, o a su lectura de_ Miguel Molinos, que debió influir en él tan notablemente como cualquiera dé las fuentes kierkegaárdianas. Nn pocas fibras del tan interesante, cuanto complejo, autor de tantos ensayos originales y pasionadcs, quedan patentes y vibrantes en . "r 4 e eristolario a su amigo J. Martínez Ruis. Lea nuestra páginn "" AY una segunda vida denlos libros que no es. precisamente la literaria, la que llevan dentro. 151 i libro deambula, independientemente al texto que entre sus lomos guarda, por un caminó biológico propio. Como cosa, ser inanimado, encerrado* en sí de tiempos, doctrinas, verdades, ficciones o novelas, el volumen aparece siempre tal que "spécimen" misterioso. Grato es al libro impersonalizarse en .la amalgama de lomos de una biblioteca: sabe que entonces pasa de ser, un fruto intelectual a convertirse en objeto decorativo y mueble. También, y ésto tampoco el libro lo ignora, puede representar una' riqueza. Digamos, para explicarlo;-que él libro aislado acaso no alcance gran valor, pero que dentro de ía heterogeneidad de Una biblioteca, bien engrosada ésta—el conjunto de libros—, puede alcanzar, por su rareza, por la órigina'idad de sus ediciones y otras causas cualesquierji, un Valor incalculable. He aquí el caso de la Biblioteca Ducal de la Casa de Frías, sobre la que publicamos un interesante y anecdótico trabajo; en/nuestra página-22.> ; .; *•-'--;.¿? -t':*-..--- •.;•-'. •.•.;•.-.-•. - . ., JbJJLuJ. CUANDO la cosecha entra alegre y ruidosa, en los graneros, el hombre de arte y de ciencia, de pensamiento y sensibilidad se pliega sobre sí mismo en el reposo de su creación. Llega entonces él momento del recuento y la ponderación, para estampar e-i el libro de entrada la alta cosecha del espíritu y el tanto por ciento de producción. ¡En la última página del número presente, críticos de arte de los periódicos madrileños registran, y enjuician la producción pictórica de la última temporada, señalando el cuadro más cercano a la perfec- res en estas entrevistas que en aquellas otras de pie forzado, en las que el entrevistado traza piruetas de ingenio para salir airoso. En este número, y en la página 19, Mourlane Michelena se entrevista consigo mismo. ' ; ••'••• I*A TE J REs jóve- . nes literarios de sesenta años —Azorin, Manuel Machado y Melchor Almagro S. Mart ín—, firmantes, del ma ni fie sto centra la canee-, sión del Premio \ Nobel 1904 a don José Echegaray, contestan hoy a las preguntas de Pedro García Swá- Este número H cuesta DOS PESETAS —¿Per qué firmó usted? ¿Quién solicitó su firma? ¿Mantiene usted hoy su opinión, su opinión de jo- ,,ven? Azorin dice: —P erdone el pescudador. Mientras Echegaray, cbtenía gloria y dineros, se le negaba a Menéndez público, y cen la negativa se le amargaban les últimos años de su vida.. Melchor Almagro contesta: —-Ye sé per qué dice eso Azorin. La verdad, la verdad escueta, es que frente a Echegaray, frente al pseudorromanticismo de don José, nosotros quisimos levantar el realismo de nuestro propio dramaturgo: Berwvente. Manuel Machado dormía la siesta: i! UE las Artes y las Letras pi- Q den tradición, solera, es cosa más que sabida, y que a la sombra de los palmerales de ¡Elche duermen restos de una cultura que se remonta a griegos y fenicios lo conocían casi todos los españoles, Pero de lo que no parecíamos muy enterados es que, a más de la famosa "Dama", la que durante el siglo de las luces y del progreso no hubo reparos en vender al francés Pierre París, existe otro documento artístico de tanta importancia como la maravillosa escultura. Cuando don. Mariano Roca de Togores, marqués de Molíns, hizo mención del "Misterio de Elche" en la Academia de la Historia, nadie se dio Il por enterado, por más que ya hcía años que de Oran y Argel salían en el mes de agosto barcos cargados de turistas franceses para, acudir a la representación del drama más antiguo de nuestra literatura. Juan Orts Román nos habla de estas y otras cosas en la página séptima del presente número. —¡Manolo...! ¡Manolo...! Y "Manolo" decide: —Hoy no firmaría aquello... Junto a estas tres entrevistas, LA ESTAFETA LITERARIA, publica un reportaje sobre el Premio N-ó bel a Benavente. En aquel tiempo, don Jacinto andaba mal de dineros y de entusiasmos. El galardón le alcanzó cuando viajaba por Sudamérica con una compa" ñíd de tetiiro. En España, los envidiosos se mordieron la lengua, ante la unánime alegría de la na- ( J ^g cusión sobre la "técmt LITERARIA, ande po cíón de críticas, novelistas i tales, de cada género no h orgánicas, aunque por encir Vida ,real, pe¿ro idealizada y pueden olvidar, porque, desg aceptados. La verdad de es 1 € IIC1 J :$ las épocas en ' que se , acentúa el £ lleva. adelante el empeño de la c M de : novelar", de la que se nos ha r bueiios ca minos. Ni quitamos, J ' lectores ha cia la ley literaria &y ob na de purific 'raciad, :s pri es ÍIntf vérd•'•• d *;ut- tÍ£Qe viiíenria nÍOs lan ficiv.-ialtj^-ULt; aplí" ctidas x VE fespíritu crítico, máxime í;i junto a la tarea réación. Con esto no querismos decir > 5ue la bla en ía páguna - 9

LAS IDEAS, EL ARTE YIAS LETRAS - Ateneo de Madrid
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REVISTA MENSUAL ILUSTRADA - Ateneo de Madrid
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EN ESTE NUMERO COLABORAN: - Ateneo de Madrid
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