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Obras y apuntes. Camila Henríquez Ureña, 2

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<strong>Obras</strong><br />

y<br />

Apuntes<br />

<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

Tomo II


OBRAS<br />

Y<br />

APUNTES<br />

CAMILA HENRÍQUEZ UREÑA


Digitalización: Nancy Cárdenas<br />

Diagramación: Mabel Torres Fouz<br />

Corrección: Zaida Capote<br />

Diseño de Portada: Mabel Torres Fouz


MIEMBROS DE LA COMISIÓN PARA LA PUBLICACIÓN DE LA OBRA Y APUNTES<br />

DE LA PROFESORA EMÉRITA SALOMÉ CAMILA HENRÍQUEZ UREÑA.<br />

Lic. Luis F Céspedes Espinosa, Coordinador General<br />

Jefe de los Asesores del Ministro<br />

Ministerio de Educación Superior de Cuba<br />

Dr. Andrés L. Mateo, Coordinador General<br />

Subsecretario de Patrimonio Cultural<br />

Secretaría de Estado de Cultura, República Dominicana<br />

Dra. Nuria Gregori Torada , Coordinadora Técnica<br />

Directora. Instituto de Literatura y Lingüística de Cuba<br />

Dr. Rogelio Rodríguez Coronel<br />

Decano. Facultad de Artes y Letras,<br />

Universidad de La Habana<br />

Dra. Luisa Campuzano Sentí<br />

Directora del Programa Estudio de la Mujer.<br />

Casa de las Américas, Cuba.<br />

Dr. Sergio Guerra Vilaboy<br />

Jefe de Departamento de Historia,<br />

Universidad de La Habana<br />

Dr. Ramón Sánchez Noda<br />

Director. Ministerio de Educación Superior de Cuba<br />

Dra. María Dolores Ortiz Díaz<br />

Profesora Emérita,<br />

Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona. Cuba<br />

Dr. Román García Báez<br />

Director. Ministerio de Educación Superior de Cuba<br />

Dra. Diony Durán Mañaricúa<br />

Profesora Literatura Hispanoamericana. Cuba<br />

Dra. Marcia Castillo Vega<br />

Especialista del Instituto de Literatura y Lingüística de Cuba<br />

Dra. María Elina Miranda Cansela<br />

Jefa de la Cátedra <strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong> .<br />

Universidad de La Habana


NOTA ACLARATORIA<br />

En la obra y <strong>apuntes</strong> de la Profesora Emérita Salomé <strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong><br />

<strong>Ureña</strong> es común encontrar frases o párrafos entrecomillados o referencias a<br />

pasajes o personajes que luego no aparecen a pie de página con las aclaraciones<br />

correspondientes, como es tradicional en los libros. Esto se debe a la<br />

práctica, universalmente válida, que siguen los profesores en la preparación de<br />

sus clases, y que después se aclaran en el aula, proceder que forma parte del<br />

ritual pedagógico.<br />

Conocedora de la ejemplar honradez intelectual y personal de <strong>Camila</strong>, y<br />

su proverbial modestia, la Comisión que tuvo a su cargo la investigación de<br />

toda su papelería con el objetivo de realizar su publicación, estimó que era lo<br />

más adecuado respetar los originales y hacer la presente aclaración, teniendo<br />

en cuenta que <strong>Camila</strong> nunca consideró que dichos trabajos fueran a publicarse.<br />

Así mismo consideró que con el objetivo de evitar repeticiones innecesarias<br />

se publicará en el tomo titulado Documentos Varios el catálogo donde aparecen<br />

clasificados cada uno de los documentos de <strong>Camila</strong> que se encuentran<br />

en los archivos del Insituto de Literatura y Linguística de Cuba. Solamente en<br />

el caso de aquellos en que fue necesario de ponerle un título por no poseerlo,<br />

se hará la correspondiente aclaración a pie de página.<br />

V


CAMILA EN LA GEOGRAFÍA Y EN LA HISTORIA<br />

PRESENTACIÓN A DIARIOS DE VIAJE. TEMAS DE HISTORIA Y SOCIEDAD.<br />

Dra. Zaida Capote Cruz<br />

Dr. Sergio Guerra Vilaboy<br />

En la copiosa tradición de la literatura de viajes, que recorre<br />

un largo trayecto desde la Antigüedad hasta el presente y que<br />

tuvo sus momentos de esplendor, primero, con los grandes descubrimientos<br />

geográficos del Renacimiento y, después, en la extensión<br />

romántica de esa narrativa, con una permanencia que llega<br />

hasta el presente, se hace difícil ubicar estos textos que ahora<br />

presentamos y cuya variedad los acerca y aparta, alternativamente,<br />

de los modelos más frecuentes.<br />

Si bien los libros de viajes solían ser escritos por viajeros generalmente<br />

investidos de cierta autoridad, ya fuera militar, intelectual o científica,<br />

la presencia cada vez más frecuente de mujeres viajeras, que usaban<br />

sus cartas, diarios y notas de viajes para describir el mundo que iban<br />

descubriendo, introdujo una apreciable variación en el modelo común.<br />

Con todo lo que pudo significar la introducción de este cambio sustantivo,<br />

las mujeres muchas veces adoptaron no sólo las estrategias del<br />

discurso precedente, sino que el gesto femenino conservó también la<br />

perspectiva casi siempre colonialista de sus predecesores.<br />

VII


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

Las mujeres que viajaron a América, procedentes de Europa y<br />

los Estados Unidos, asimilaron las más de las veces los modos masculinos<br />

de observación y descripción del universo recién descubierto.<br />

Así, dibujaron los contornos de un mundo que desde el principio<br />

fue asumido –por los lectores de allá- como totalmente ajeno y a<br />

menudo exótico. Ese modelo perceptivo contribuyó a formular prolijas<br />

relaciones descriptivas de la naturaleza y el estado social de las<br />

colonias, aunque, en el caso de las mujeres, estas relaciones eran mediadas<br />

por la experiencia femenina de la vida doméstica, lo que les<br />

permitía destacar aspectos de la vida cotidiana que habían quedado<br />

ocultos para sus coterráneos.<br />

Este breve preámbulo no tendría sentido si <strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong>,<br />

con su inquietud intelectual característica, no hubiera apuntado sus<br />

impresiones de los varios viajes que realizó a Europa y el breve periplo<br />

suramericano. Esos <strong>apuntes</strong> son los que presentamos ahora, y que<br />

conforman la primera parte de este tomo de sus <strong>Obras</strong> Completas. La<br />

mayoría forma parte del archivo familiar que se conserva en la Biblioteca<br />

del Instituto de Literatura y Lingüística en La Habana. Salvo el<br />

“Viaje a Suramérica”, que publicó en 1988 Diony Durán en una revista<br />

habanera, 1 los otros textos que componen este primer segmento del<br />

libro ya fueron editados como conjunto. 2<br />

Cuando, en mayo de 1968, <strong>Camila</strong> respondía un cuestionario para<br />

su admisión en el Partido Comunista de Cuba, explicaba el hecho de<br />

poseer pasaporte con una especie de disculpa: “Tenía costumbre de<br />

viajar”, escribe. 3 Por suerte para quienes la leemos hoy, ésa no era su<br />

única costumbre. Ella, como lo demuestran estos <strong>apuntes</strong>, que no por<br />

breves son desdeñables, tenía también el hábito de anotar sus experiencias<br />

e impresiones de viajera.<br />

<strong>Camila</strong> hizo su primer viaje siendo aún una niña. Ese primer movimiento<br />

la trajo de Santo Domingo a Cuba, donde viviría después<br />

muchos años en largos períodos de su vida. Andando el tiempo, aque-<br />

1 “Diario inédito de <strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong>”, con una “Nota” de Diony Durán. Letras Cubanas,<br />

núm. 7, enero-marzo de 1988, pp. 237-255.<br />

2 <strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong>, Diarios de viaje, “Presentación” de Zaida Capote Cruz. Instituto de<br />

Literatura y Lingüística , Academia de Ciencias/Comisión Organizadora Permanente de la Feria<br />

Nacional del Libro, Santo Domingo, 1994.<br />

3 Hen-C, núm. 664.<br />

VIII


obras y <strong>apuntes</strong><br />

lla niña se iría a estudiar a los Estados Unidos y a París, en el continente<br />

americano visitaría Panamá, Ecuador, Perú, Chile, Argentina y México,<br />

donde permaneció durante un año trabajando para el Fondo de<br />

Cultura Económica. Francia, Italia y España redondean su experiencia<br />

europea. Se conservan hoy unos pocos testimonios dispersos en cuadernos<br />

y cartas, de los que ofrecemos una muestra presumiblemente<br />

incompleta.<br />

Los textos que componen este peculiar itinerario son desiguales.<br />

No sólo por su escritura, distante en la geografía y en el tiempo, sino<br />

porque cada uno de esos lugares por los que pasó <strong>Camila</strong> dejó en ella<br />

una impresión distinta, provocadora de escrituras disímiles. Por eso es<br />

útil la lectura superpuesta de estos documentos y su análisis comparativo.<br />

Lo que domina uno de los segmentos no estará siquiera presente<br />

en otro, y el tono de cada uno guardará estrecha relación con el episodio<br />

narrado, el paisaje o la cultura descritos, y, por supuesto, con la<br />

huella impresa en quien escribe.<br />

El primero de los diarios de viaje aquí reunidos es el que consigna<br />

su recorrido por las principales ciudades italianas en marzo de<br />

1922, en compañía de Guarina y Leonardo. Quizás por la juventud<br />

de <strong>Camila</strong>, quien contaba entonces 27 años, o por la imponente saga<br />

clásica de la cultura italiana, estas páginas carecen del encanto de las<br />

posteriores, plenas de vivencias, y ofrecen, en cambio, una rigurosa<br />

evaluación de los valores artísticos de cada una de las obras admiradas<br />

y los lugares visitados. Más contenidas, en ellas cada palabra está<br />

en su justo lugar y la autora no se permite, salvo en raras ocasiones,<br />

poner por escrito sus emociones ante la maravilla que vive. Describe<br />

prolijamente los itinerarios, incluso dentro de cada una de las ciudades<br />

visitadas, y enumera las acciones de cada día con un detallismo y<br />

una distancia que dan al texto un toque de frialdad difícilmente compatible<br />

con el carácter de <strong>Camila</strong>. En Italia, la abundancia de referencias<br />

culturales y la magnitud de lo visto cada día la obligan a establecer<br />

su propia selección. El resumen de cuadros y estatuas remarqués al<br />

final de cada visita nos indica su necesidad de hacer constar sus juicios<br />

críticos, pero la acumulación de los mismos dan al texto una<br />

rigidez de guía turística que no se repetirá en ninguno de los otros<br />

reportes de viajes.<br />

IX


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

Muy distinto es su brevísimo relato de la llegada a Canarias. Viaja<br />

con Eduardo, Delia, Romelia, Paquita y Plinio, y pasan en Las Palmas<br />

el Día de Todos los Santos. Emocionada y feliz, <strong>Camila</strong> narra en estas<br />

páginas sus impresiones de los preparativos para el Día de Difuntos y<br />

alaba las costumbres del lugar. Lo que más le atrae es la majestuosidad<br />

del paisaje y la belleza de la gente. “Todo es diferente –escribe-: hasta<br />

las matas de plátano, de hojas duras, recias y oscuras, no se parecen a<br />

las nuestras. Las mujeres sí se parecen a las cubanas”.<br />

El viaje a Suramérica fue planeado cuidadosamente por <strong>Camila</strong><br />

y Pedro, quien la introdujo en el ámbito intelectual bonaerense. Aunque<br />

ella lo consideró un viaje turístico, allí sentó plaza como conferencista.<br />

Habló sobre cultura cubana en la Universidad Popular<br />

Alejandro Korn, en La Plata, y compareció también en la Federación<br />

de Mujeres Universitarias y en la Unión Argentina de Mujeres.<br />

En ninguno de los otros viajes consignados en sus diarios estuvo<br />

<strong>Camila</strong> más activa que allí. Estas páginas invierten el esquema tradicional<br />

de los libros de viajes, quien narra sus experiencias no es<br />

sólo una mujer, sino una mujer caribeña que, recorriendo otros sitios,<br />

no asume el reprochable sentimiento de superioridad tan frecuente<br />

en quienes se enfrentan a una realidad desconocida. Su<br />

perspectiva es, por el contrario, de asimilación de lo nuevo a su<br />

experiencia previa –adquirida gracias a su deslumbrante cultura y a<br />

su prestigiosa labor profesoral- y no se constituye en visión excluyente,<br />

sino en participación inclusiva de lo que hasta entonces resultaba<br />

ajeno.<br />

Años más tarde recorre Andalucía y su imponente belleza y<br />

acendrada cultura la conmueve. En Moguer recuerda a Juan Ramón<br />

Jiménez y Zenobia Camprubí, y, de regreso en Sevilla, les envía una<br />

postal. Visita además, Palos, la Rábida, Huelva, Ecija, Córdoba, Granada.<br />

Ha anunciado excursiones a Málaga, Cádiz y Jerez, pero sus impresiones<br />

de éstas, si las realizó, no integran el relato conservado.<br />

España siempre provocará en <strong>Camila</strong> el desborde de un entusiasmo<br />

singular.<br />

El mismo entusiasmo demostrado en su diario del viaje por mar<br />

de La Habana a Cádiz, pleno de detalles sobre la vida en el barco y los<br />

X


obras y <strong>apuntes</strong><br />

pasajeros que la acompañan en él. En un breve pasaje, cuenta su paso<br />

por Puerto Plata y dedica un bello recuerdo a Salomé, en cuya compañía<br />

conoció la ciudad. En Puerto Rico, visita a Juan Ramón y<br />

Zenobia en Río Piedras, y recibe mil y un consejos para mejor aprovechar<br />

su estancia en Sevilla durante la Semana Santa. Del mismo<br />

modo que no bajó a tierra en Puerto Plata, donde un gran cartel<br />

exhibía la situación política del país, se emociona en Puerto Rico con<br />

la bandera puertorriqueña a la vista, y sueña con la pronta independencia<br />

de la isla. La escala en Venezuela no es notable, y sólo el cambio<br />

en el pasaje provocan un nuevo repaso de impresiones. La llegada<br />

a Canarias es muy distinta de aquella otra, consignada en su viaje<br />

anterior. Recorre Santa Cruz de Tenerife. Dos días más tarde, llega a<br />

Cádiz, donde pasa una noche, antes de emprender el camino de Sevilla.<br />

El 25 de marzo de 1953 el diario se abre con una exclamación<br />

harto elocuente: ¡Al fin en Sevilla!, escribe quien lleva tiempo planeando<br />

el encuentro con la ciudad amada, aunque hasta entonces<br />

desconocida. Elige un hotel cercano al Archivo de Indias, adonde<br />

acudirá a tomar notas para sus futuros cursos y proyectos. Anticipando<br />

lo que será el tono dominante de su estancia sevillana, no puede<br />

evitar que se le escapen las lágrimas al entrar al célebre Patio de<br />

los Naranjos. “Creo que voy a llorar mucho en este viaje”, advierte.<br />

El diario se interrumpe hasta el 18 de abril. <strong>Camila</strong> no se ha sentido<br />

bien, e, impedida de salir, ha dedicado la tarde a escribir. Evidentemente,<br />

el largo período en que no ha anotado nada ha sido bien<br />

aprovechado. Al parecer, han sido tantas y tan gratas las experiencias<br />

vividas, tan fuertes las impresiones recibidas, que, quien sabe si por<br />

olvido o por exceso de emoción, ha debido suspender el diario. Su<br />

experiencia sevillana exige otras formas.<br />

Para cerrar este recorrido por las páginas viajeras de <strong>Camila</strong><br />

<strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong>, nada más apropiado que su “Fiesta en Sevilla”, un<br />

texto que definitivamente no es un diario convencional, sino que se<br />

acerca más a la crónica de viajes, y por momentos parece haber sido<br />

escrito para ser dictado a un auditorio juvenil. Las numerosas acotaciones<br />

que inserta, indicando, por ejemplo, el lugar de una anécdota o<br />

una cita, y la petición de que se le permita contar su propia experiencia<br />

de viaje, dan a este bellísimo relato de las fiestas de Semana Santa en<br />

XI


Sevilla cierto tono magistral que, sin embargo, no llega a restarle pasión<br />

a su reportaje. Como bien aclara en su momento, “la Semana<br />

Santa en Sevilla tiene que ser interpretada, es decir, tiene que ser sentida”.<br />

A partir de sus sensaciones construye <strong>Camila</strong> un universo multicolor<br />

y sonoro u oscuro y silencioso, según el caso. La fiesta, la danza,<br />

la alegría, se codean con la seriedad de los días de guardar. Sevilla la<br />

encanta con su risa, fácil como su llanto, y ella, sagaz observadora,<br />

disfruta del espectáculo total sin rehuir la atención al detalle más mínimo.<br />

Mira y describe los bellísimos pasos de las imágenes pero no se<br />

olvida de dedicar un momento a la labor de los costaleros, los cargadores<br />

que, ocultos bajo el pesado armazón de madera, tienen el honroso<br />

deber de transportarlas.<br />

La madurez expresiva de estas últimas páginas, que sería de todos<br />

modos notable, aun en soledad, se hace más evidente por el contrapunto<br />

que su vehemencia ofrece frente al cuidadoso recuento de su<br />

diario italiano. <strong>Camila</strong> había aprendido ya que la vida cotidiana de un<br />

pueblo es también un arte, y por eso se consagra a rescatar para el<br />

recuerdo el jolgorio y el llanto, el silencio y el canto, de un pueblo con<br />

un arte vivo, paseador.<br />

Es difícil imaginar cuál es la razón de esa disparidad; por una<br />

parte, ha pasado el tiempo, ella ha ampliado su cultura y desarrollado<br />

sus capacidades. Por otro lado, seguramente sentía más cercano el arte<br />

de las saetas y los pasos que la serenidad clásica del arte italiano. Como<br />

sabía Pascal, tiene el corazón razones que la razón ignora; pues bien, a<br />

esas razones del corazón debemos la posibilidad de disfrutar, hoy, la<br />

belleza de estas páginas memorables.<br />

XII<br />

***************<br />

Este tomo se completa con una serie de textos inéditos procedentes<br />

del archivo personal de <strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong> atesorado en<br />

el Instituto de Literatura y Lingüística de Cuba. Todos los documentos<br />

están dedicados, de una u otra manera, a temas diversos de historia y<br />

sociedad, en su mayoría trabajos en procesos, notas y <strong>apuntes</strong> de cla-


ses, o conferencias en preparación, que no tenían como objetivo su<br />

publicación.<br />

El primero que hemos incluido en esta sección es un manuscrito<br />

titulado por la propia <strong>Camila</strong> “Visión general de la sociedad medieval”, donde<br />

analiza las características socioeconómicas de Europa Occidental desde<br />

el siglo IV al XV. Relacionado con este texto sigue otro manuscrito<br />

denominado por su autora “Edad Media española”, donde se refiere a la<br />

situación específica de la península ibérica en la misma época. Como el<br />

anterior, son notas elaboradas por ella, al parecer para cursos dedicados<br />

al estudio del contexto histórico en que se desarrolló la cultura<br />

europea medieval. Incluso la “Edad Media española” esta precedido del<br />

título aclarativo “Lección II”, lo que nos hace pensar que formaba parte<br />

de sus <strong>apuntes</strong> para clase.<br />

A continuación añadimos otro material del mismo corte, que hemos<br />

denominado “La novela histórica”, pues se compone de tres lecciones<br />

dedicadas a este tema, que abarcan desde el concepto de la novela<br />

histórica y sus diferentes tipos, hasta su desarrollo histórico posterior.<br />

Lamentablemente, la sugerente exposición de <strong>Camila</strong> se interrumpe al<br />

finalizar la tercera lección, dedicada al análisis de este tipo de literatura<br />

en las civilizaciones antiguas. Este documento es en su conjunto más<br />

extenso y elaborado que los dos anteriores, está pasado a máquina y<br />

contiene muy pocas enmiendas de su autora. Todos ellos dan una idea<br />

del dominio y la comprensión que de la Historia Universal, sus procesos,<br />

figuras y problemas poseía <strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong>.<br />

“Apuntes para la historia de la música” hemos titulado a unos inusuales<br />

manuscritos de <strong>Camila</strong> encontrados en hojas de libreta en su archivo<br />

personal. Al parecer se trata de notas de clases que ella tomó, probablemente<br />

en un curso al que asistió como alumna, pero que tienen el<br />

valor de mostrarnos su capacidad de síntesis, intereses, apreciaciones y<br />

motivaciones. Además, es un original resumen de una temática poco<br />

conocida. Después sigue un listado inconcluso de publicaciones y escritores<br />

dominicanos, en proceso de elaboración por <strong>Camila</strong>, algunos<br />

de ellos todavía en forma de manuscritos y otros mecanografiados,<br />

que nos ilustran sobre los criterios de selección aplicados por nuestra<br />

autora a la producción literaria de su patria de nacimiento.<br />

XIII


“Francisco de Miranda. El precursor” se nombra esta extensa conferencia<br />

mecanografiada que hallamos también en su papelería. Impecablemente<br />

escrita, con algunas pocas enmiendas de su puño y letra, este<br />

extenso texto sobre una de las figuras más importantes de la historia<br />

americana aparece fechado en La Habana el 15 de mayo de 1915. Se<br />

trata de un riguroso ensayo histórico, en el cual la autora, con pleno<br />

dominio del tema, expone la labor realizada por Miranda desde fines<br />

del siglo XVIII para lograr la independencia de Hispanoamérica -que<br />

el Precursor llamó Colombia. Aquí <strong>Camila</strong> no sólo se refiere a la azarosa<br />

vida de Miranda, sino que también analiza la situación de las posesiones<br />

españolas y de los primeros movimientos anticoloniales, desde<br />

los Comuneros del Paraguay hasta la gran sublevación indígena de Tupac<br />

Amaru. Aunque no cita la bibliografía utilizada, incluye citas de diversos<br />

autores –además de fragmentos documentales del propio Miranda-<br />

que nos permite hacernos una idea de las fuentes utilizadas para su<br />

confección. Es un estudio riguroso que conserva su vigencia y lozanía,<br />

a pesar del tiempo transcurrido desde que fue elaborado.<br />

Para cerrar el apartado de este tomo dedicado a temas de carácter<br />

histórico social trabajados por <strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong> hemos<br />

dejado dos materiales relacionados con la colección Biblioteca Americana<br />

del Fondo de Cultura Económica de México. El primero de ellos<br />

es un informe, fechado a fines de la década del cuarenta, sobre el<br />

estado en que entonces se encontraban las publicaciones previstas para<br />

esta colección, en que se detallan posibles títulos, prologuistas encargados<br />

y otros variados datos de interés acerca de las obras seleccionadas.<br />

Al margen del valor que este catálogo tiene como verdadero<br />

repertorio de clásicos de la historiografía latinoamericana, para cuyos<br />

comentarios estaban propuestos toda una verdadera pléyade de figuras<br />

intelectuales contemporáneas de primera línea, este material de trabajo<br />

destinado a <strong>Camila</strong>, posiblemente elaborado por su hermano Max,<br />

daba a nuestra autora una serie de tareas y encomiendas. Ello puede<br />

apreciarse en el texto original por las alusiones a su persona y las anotaciones<br />

que la propia <strong>Camila</strong> hizo al margen de varios títulos, donde<br />

señalaba en forma concisa a quiénes debía escribir, aludía a las respuestas<br />

recibidas, sugería otros prologuistas o hacía determinadas aclaraciones<br />

sobre la posible ubicación de los textos a editar o personas a<br />

consultar.


obras y <strong>apuntes</strong><br />

Por último hemos añadido un texto mecanografiado procedente<br />

también de su papelería y destinado a la solapa de unos de estos valiosos<br />

volúmenes. Nos referimos al dedicado a la obra sobre la vida del<br />

Almirante Cristóbal Colón por su hijo Hernando, presumiblemente<br />

escrito por la propia <strong>Camila</strong>.<br />

Todos estos textos dan fe de su interés por la historia y la cultura<br />

humanas, y nos muestran, en sus diversos acercamientos, aspectos complementarios<br />

de ese interés. Esperamos que sirvan para estimular la<br />

avidez de conocimiento de sus futuros lectores.<br />

XV


I<br />

DIARIOS DE VIAJES


VIAJE A ITALIA<br />

3 de marzo de 1922.<br />

Salimos de París a las 2:30 de la noche. (Gare de Lyon).<br />

A las 7:30 a.m pasamos por Culoz. A las 8:36 nos detuvimos en<br />

Chambery. Linda perspectiva de montañas. El pueblo es muy pintoresco.<br />

A las 8 habíamos pasado haciendo un alto, por Aix-les-Bains.<br />

Poco antes de las 12 del día llegamos a Modena. Inspección aduanera<br />

de equipajes. Cambio de tren. Ya estamos en Italia. Nos hallamos en<br />

pleno paisaje alpino. Grandes montañas nos circundan. Los túneles<br />

se suceden con frecuencia. Desde la ventanilla del ferrocarril se dominan<br />

a veces vastas alturas o valles florecientes, circundados por<br />

cumbres cubiertas de nieve. Otras veces, gargantas y precipicios. Después<br />

de Modena cruzamos un túnel de mediana extensión, luego otro<br />

brevísimo, y a poco entramos en el túnel colosal del Monte Cenis o<br />

Cenere. En 1870, cuando se terminó esta obra, hoy empequeñecida<br />

por el del Simplón, parecía difícil o imposible construir nada superior.<br />

Se tardan unos 23 minutos en atravesarlo. Puede hacerse en menos,<br />

pues sólo tiene unas ocho millas (7 y 3/4) de extensión. Cruzamos<br />

después numerosos túneles (más de 20 hasta Turín), gozando de pers-<br />

14<br />

3


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

pectivas maravillosas: montes enormes, valles, cascadas, canales, viaductos,<br />

precipicios, pueblos y ermitas prendidos de la cresta de las<br />

colinas. . . En suma: el paisaje, panorámico y deslumbrante, grandioso<br />

siempre, que se contempla en el cruce caleidoscópico de una<br />

cordillera. El cruce de los Andes dejó en mi ánimo más fuerte impresión,<br />

pero eso no amengua las indescriptibles bellezas de estos<br />

montes.<br />

4<br />

A las 5:35 de la tarde llegamos a Turín.<br />

Turín<br />

Nos instalamos en un hotel inmediato a la estación, pues<br />

sólo estaremos un día: el Hotel Suisse. Es bastante confortable, y<br />

como la ciudad no es muy grande, a poco andar estamos en el<br />

centro.<br />

Después de comer, Guarina y yo seguimos a pie la Vía Roma,<br />

atravesamos la Piazza S. Carlos, y, continuando siempre por la Vía<br />

Roma llegamos a la Piazza Castello. En un costado de ésta, formando<br />

ángulo con la Academia Militar, y sin que su aspecto exterior revele<br />

otra cosa que un edificio cualquiera con amplio corredor o portal, se<br />

encuentra el Teatro Reggio, destinado a representaciones de ópera.<br />

Conseguimos dos poltronas (lunetas). El interior del teatro (prescindiendo<br />

del piso del lunetario, que es de madera bonita) es suntuoso y<br />

la amplitud de la sala es grande. El palco real, frente al escenario,<br />

tiene verdadera majestad. Había mucha gente. Se cantaba La<br />

Cenerentola (Opera cómica de Rossini, en 3 actos). Los cantantes<br />

buenos, pero no deslumbran. La principal soprano, Conchita Superviá,<br />

la habíamos oído en Cuba hace ocho años. Prometía mucho más. Me<br />

parece que no ha progresado gran cosa, aunque por lo visto, con la<br />

edad, ha ganado en categoría para las contratas. En general, la representación<br />

fue correcta.


obras y <strong>apuntes</strong><br />

Día 15<br />

Salimos temprano a recorrer la ciudad. Sacamos fotografías ante<br />

la estatua de Emmanuel Philiberto, Duque de Saboya (Piazza S. Carlos)<br />

y ante la del duque Fernando de Génova (Piazza Solferino). Estuvimos<br />

en el Palazzo dell’Accademia delle Scienze y recorrimos el<br />

Museo de Antigüedades, que es, en lo que toca a Egipto, de un gran<br />

valor y riqueza. Hay tumbas egipcias completas, magníficas estatuas<br />

de Sesostris y otros reyes, momias bien conservadas y completas,<br />

esfinges, relieves, ídolos, mosaicos, papiros, metales labrados,<br />

variadísima cerámica, la mayor parte de todo ello descubierto por<br />

Champollion.<br />

No tuvimos tiempo de visitar la galería de pinturas (pinacoteca)<br />

del mismo edificio. Según catálogo, no es muy numerosa, pero sí variada,<br />

con ejemplares apreciables de todas las escuelas italianas.<br />

Admiramos en la Piazza Castello el Palazzo Madama, que está<br />

en el centro de la misma, y que, con alguna adición y retoque del siglo<br />

XVIII, es un buen ejemplar de arquitectura medieval (siglo XIII).<br />

Pasamos por la Piazza Carignano, en la cual está el Palazzo Carignano,<br />

hoy museo de Historia Natural, al cual no entramos. En frente está el<br />

Teatro Carignano, donde actualmente trabaja la compañía de Ruggero<br />

Ruggeri y Lyda Borelli.<br />

Por fuera vimos después el Palazzo Reale, del siglo XIII. Entramos<br />

en la Catedral, anexa a éste. Esta iglesia está consagrada a S. Juan<br />

Bautista. Sobre el pórtico, en el interior, una buena copia de la Cena<br />

de Leonardo da Vinci. A la izquierda del altar mayor, en segundo<br />

plano, está el palco reservado a la familia real, que podía entrar directamente<br />

del palacio. En la Vía Porta Palatina, vimos después lo<br />

que queda del Palazzo delle Torri (dos torres medievales). Almorzamos<br />

cerca de allí y regresamos al hotel, pasando por otras calles y la<br />

5


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

Piazza Solferino, hasta encontrar el “Corso Vittorio Emmanuele II”,<br />

que nos guiaba más directamente.<br />

A las 2:50 de la tarde salimos para Milán. Es poco lo que hemos<br />

visto de Turín, pero no hay mucho en realidad. Un día más habría<br />

bastado. La ciudad es animada y revela bastante actividad comercial.<br />

El Po cruza al Este. A poco de salir de Turín, cruzamos nuevamente<br />

el Dora Riparia, que ayer cruzamos antes de llegar, del lado opuesto;<br />

más adelante (pasado Chivasso) cruzamos otro Dora: el Dora Baltea<br />

(Baltea). Al pasar por Vercelli, admiramos las torres y la elegante arquitectura<br />

de la catedral, (es decir, la catedral, que parece un edificio<br />

interesante, es otra) la iglesia de San Andrés, edificio del siglo XIII.<br />

También Novara nos ofreció algunos aspectos interesantes, al pasar.<br />

Poco antes de llegar a Milán está Magenta. Desde el tren se ven los<br />

monumentos, sencillos, a Mac Mahon y a Napoleón III. Este último<br />

fue erigido en 1862 en recuerdo de la victoria del 4 de junio de 1859<br />

contra los austríacos.<br />

6<br />

Milán. Día 15<br />

A las 6 de la tarde llegamos a Milán. Nos alojamos en el Hotel<br />

Francia, que está en el siempre animado Corso Vittorio Emmanuele.<br />

La catedral se ve desde el hotel y desde muchas otras calles laterales.<br />

Este estupendo edificio, que sólo tiene perspectiva en el frente, pero<br />

no a los costados ni al fondo, parece, por eso mismo una mole inmensa<br />

que ha caído en el centro de la ciudad, o un peso que gravita<br />

sobre toda ella. Hicimos un recorrido por las espléndidas galerías V.<br />

Emmanuele, hechas en 1867 por el arquitecto Mengoni. Esta galería<br />

es el centro comercial y el paseo más animado de Milán. A salir, a un<br />

costado de ellas, comimos en un “Ristoratore economico”, de una<br />

cooperativa. Se come por 5 liras. Por la noche fuimos al Cine


obras y <strong>apuntes</strong><br />

Provisorio, en frente del hotel: ponían una película basada en La<br />

Douleureuse, de M. Donnay.<br />

Día 16<br />

Fuí al Museo Poldi-Pezzoli. Hay una Madonna de Botticelli, otra<br />

de Boltraffio, Un Ecce Homo de Solario, y otros cuadros de mérito.<br />

Pero lo extraordinario es, en sí, la residencia y los tesoros de arte<br />

decorativo e industrial que contiene. Pisos, techos, adornos, distribución,<br />

todo es suntuoso y artístico.<br />

Pasé después por la plaza de la Scala y adquirí billetes para la<br />

función de mañana. Admiré, de paso, el monumento a Leonardo da<br />

Vinci que está en la misma, y que en el pedestal tiene las estatuas de<br />

sus discípulos Marco da Oggiono, Cesare da Sesto, Salaino y<br />

Boltraffio. Es obra de Magni, y data de 1872.<br />

Salimos después para ir a la Catedral. El interior es rico y elegante<br />

y los vitrales son espléndidos, pero nada es comparable a su<br />

exterior. Subimos a lo más alto de la cúpula (502 escalones) y recorrimos<br />

todo el techo, que tiene avenidas cómodas para el caso.<br />

El día no estaba muy claro, pero pudimos obtener una bella visión<br />

de Milán. Almorzamos después en un buen restaurante de la Galería.<br />

Por la tarde fuimos al Museo Brera. (pinacoteca en el Palazzo<br />

delle Scienze, Lettere ed Arti, o Palazzo Brera. <strong>Obras</strong> notables: el<br />

Sposalizio (de la Virgen) de Rafael; la Pietá y otras cosas de<br />

Giovanni Bellini; varios cuadros muy interesantes, de Bernardino<br />

Luini; otros varios de la escuela de Leonardo: Salaino (Madona<br />

con santos ), Andrea Solario, Marco da Oggiono (Caída de Lucifer),<br />

y una copia, hecha por éste, de la Cena de Leonardo; la Pietá,<br />

de Mantegna; y algunas cosas de la escuela veneciana, así como de<br />

extranjeros, principalmente holandeses (flamencos), (Rubens,<br />

7


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

Paulyn, Cena, Van Dyck, Rembrandt (Retrato de su hermana)<br />

Jordaens (Sacrificio de Abraham). No estaba abierto el Conservatorio<br />

del mismo edificio.<br />

Ya al caer la tarde hicimos un recorrido en coche: visitamos<br />

el Giardino Poblico, las calles y avenidas principales, vimos el<br />

Arco de Sempione, o Arco de la Paz, muy semejante al Carroussel<br />

de París. Fue comenzado, como éste, por Napoleón (1804), pero<br />

no terminó su construcción hasta 1838. Esculturas de Marchesi.<br />

Pasamos frente a la Antigua Arena y al Castello Sforza, (que fue<br />

de los Visconti y de los Sforza y hoy contiene el Museo Arqueológico<br />

y Artístico. Por la noche fuimos a un cine al lado del hotel,<br />

muy plebeyo.<br />

8<br />

Día 17<br />

Por la mañana, visita a Santa María delle Grazie. La iglesia es<br />

del siglo XV. Lo más interesante es el antiguo monasterio (al lado,<br />

donde está la famosa Cena de Leonardo. ¡Lástima el deterioro<br />

que ha sufrido! En frente de la cena: Crucifixión, fresco de<br />

Giovanni Donato Montorfano. (1495), bien conservado; con<br />

figuras (las de Ludovico Moro y su esposa Blanca María, como<br />

personajes, o comparsas del cuadro) hechas por Leonardo.<br />

Recorrimos también la antigua sacristía y el claustro principal,<br />

muy interesantes.<br />

De ahí, a la Biblioteca Ambrosiana. La biblioteca, en sí, es<br />

admirable por los manuscritos e incunables que contiene, y por los<br />

ejemplares y copias miniados que allí se conservan. En escultura:<br />

autorretratos de Antonio Canova. En pintura muchos cuadros de<br />

Giovanni Brueghel y de la escuela flamenca; de Botticelli (Madona


obras y <strong>apuntes</strong><br />

con bambino entre Angeli); del Borgognone (Madona con santos);<br />

el gran dibujo de Rafael La escuela de Atenas (para el fresco<br />

del Vaticano); de Salaino, un San Juan en el desierto muy parecido<br />

al de su maestro Leonardo (Louvre), Y otras cosas del discípulo<br />

de éste: Luini (Sacra Familia, Sta. Isabel, acaso sobre diseño de<br />

Leonardo), Oggiono (Virgen con el niño). Pietro Riccio<br />

Gianpetrino (Virgen con el niño) etc. De Luini, interesantes:<br />

“El Salvador joven”, y “San Juan Bautista niño”. Del mismo<br />

Leonardo: Il musicista y un Ritratto di donna, que se le<br />

atribuye, y es famoso. Hay buenas cosas de los venecianos:<br />

Tiziano (Adoración de los magos), G. B. Tiepolo (La<br />

pressentazione al Tempio). Jacopo da Ponte (el Bassano)<br />

etc; Hay un gabinete de Leonardo, donde hay numerosos<br />

dibujos de él y sus discípulos (sobre todo de Boltraffio y<br />

de B. Luini) y el Codice Atlantico, donde Leonardo tenía<br />

muchos dibujos respecto a invenciones mecánicas o científicas.<br />

Luego hay una sala de dibujos. El Museo Settola,<br />

del mismo edificio, estaba cerrado.<br />

Por la tarde, vuelta al Museo Poldi-Pezzoli, que Guarina<br />

no había visto.<br />

Por estar algo enfermo Leonardo, sólo hemos ido un momento<br />

a la Scala, (Barbero de Sevilla). El teatro es amplísimo<br />

(más que el metropolitano de N.Y.) y la obra ha sido montada<br />

con extraordinaria brillantez y propiedad. Los cantantes, buenos,<br />

sin que asombre. La tiple, Elvira de Hidalgo, la mejor.<br />

El bajo apayasó demasiado el papel de D. Basilio, y casi no<br />

cantó “la calumnia” . El barítono discreto, correcto. La orquesta,<br />

admirable y ampliamente colocada, y buena en su conjunto.<br />

La sala tiene, en el centro del arco del escenario, un reloj lumínico<br />

que anuncia las horas y marca cada cinco minutos, lo mismo que<br />

otro del Reggio, de Turín.<br />

9


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

10<br />

Leonardo está mejor y nos vamos mañana.<br />

Día 18<br />

Esta tarde hemos ido al Cementerio Monumental. Muy hermoso.<br />

Mucho mármol, lo mismo en la fachada del edificio de entrada,<br />

que es a la vez cementerio de nichos, que en todas las tumbas. Bien<br />

cuidado e higiénico.<br />

Por la noche fuimos a un cine en la Vía Torino.<br />

Día 19<br />

Salimos de Milán a las 9:50, rumbo a Venecia. En nuestro compartimento<br />

venían dos individuos que habían ido la víspera a Turín<br />

para asistir al estreno de La figlia del Re, opera de Adriano Lualdi.<br />

Uno es tío de Lualdi, otro, su amigo íntimo, que es músico y abogado.<br />

Leí el libreto del mismo Lualdi; y me lo prestó uno de ellos,<br />

hablé con ambos en el trayecto. Hicimos un alto en Brescia y<br />

después en Desenzano, población del Lago di Guarda o Garda.<br />

En Gardone (Gardone Riviera) población situada en este lago, se<br />

encuentra ahora D’Annunzio. Llegamos luego a Verona, después<br />

a Vicenza, a Padua y por último llegamos a Mestre, donde el ferrocarril<br />

sigue un viaducto sobre el mar hasta Venecia, donde llegamos<br />

a las 3 de la tarde.<br />

Venecia Día 19<br />

Una góndola nos llevó al Hotel Gran Canal ex Mónaco situado a<br />

poca distancia de la Piazza de S. Marco, en frente de Santa María de la


obras y <strong>apuntes</strong><br />

Salute. Mucha animación en la Piazza de San Marco: es domingo y<br />

día de San José. Visitamos la magnífica catedral bizantina, con sus<br />

deslumbrantes mosaicos de oro y de piedras rutilantes. Dimos un<br />

paseo por la Piazzetta y por la Riva degli Schiavoni y vimos, al<br />

paso, los célebres edificios, como el Palacio Ducal, etc. , el Puente<br />

de los Suspiros, y mil otros aspectos del panorama veneciano.<br />

Recorrimos después la Mercería hasta el Puente de Rialto -todo<br />

esto, desde luego, a pie- y por la noche fuimos al cine Massimo,<br />

que está en la Plaza de S. Salvador. Ponían una cinta italiana: “La<br />

campana del escándalo”.<br />

Día 20<br />

Un poco lluvioso el día. Hemos vuelto a la catedral de San Marcos,<br />

cuyo altar mayor hemos admirado: cuatro columnas de mármol,<br />

la pieza principal de oro y joyas, gran parte del oro y la plata trabajados<br />

en Constantinopla en 1105. El tiempo inclemente nos ha impedido<br />

subir al Campanile. Antes de ir a la catedral recorrimos algunas<br />

calles y penetramos en la iglesia de S. Salvador, donde hay varios cuadros<br />

buenos, entre ellos la Anunciación del Ticiano, cuadro de su<br />

vejez. Vimos la torre del Reloj.<br />

Visitamos el Palacio Ducal con un guía que después nos llevó<br />

a las fábricas de vidrio y mosaico. Habla medianamente el español<br />

y no cobró porque las fábricas, a fin de años, le dan comisión<br />

por los clientes que lleva. El edificio es espléndido y tiene cuadros<br />

de los mejores de la escuela veneciana: Bassano, Paolo<br />

Veronese, Tintoretto. Abundan los cuadros de historia de Venecia.<br />

La sala del Maggior Consiglio es inmensa, y creo que, sin auxilio<br />

de columnas, no puede haber otra mayor. Por igual causa el cuadro<br />

mural del paraíso por Jacopone Tintoretto es el más vasto<br />

que existe al óleo. En esta sala hay más de 20 cuadros, subiendo<br />

por la escalera de oro (destinada solo a los nobles), obra de<br />

Sansovi no, hay varias salas admirables: la del Senado, la del Collegio,<br />

y la pequeña del Anticollegio. En esta última el precioso Rapto de<br />

Europa, de Paolo Veronese, siempre admirable. Hay cuadros diver-<br />

11


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

sos de Palma Giovane, Giovanne Contarini, Andrea Vicentino, y de<br />

los dos Tintoretto: Domenico y Jacopone, etc. Pasamos luego a ver,<br />

por dentro, el Puente los Suspiros, y las oscuras prisiones, inmediatas<br />

a él. Bajamos a los Pazzi, o pozos celdas que a veces se inundaban y<br />

vimos el lugar de las ejecuciones secretas. Al salir de allí visitamos la<br />

fábrica de vidrio, mosaico y muebles de Pauly y Cía. A pocos pasos<br />

de la iglesia. Es interesante ver como se trabaja el vidrio y se reduce a<br />

hilos blandos como paja; y como se hace el mosaico: La exposición<br />

de trabajos de la virgen al templo, grande).<br />

Por la tarde fuimos a la Academia delle Arti. Por desgracia, de<br />

las 23 salas sólo pueden verse ahora unas seis o siete, pues a causa del<br />

bombardeo austríaco sobre Venecia, que fue nutrido, los cuadros<br />

fueron enviados a depósitos seguros en Roma, y todavía no se<br />

han reinstalado. Hay, de todos, modos, cosas interesantes de la<br />

escuela veneciana: Bonifacio, Palma Vecchio, Belloni, y de los<br />

Postriores, más famosos. De ahí pasamos a la exposición de mosaicos<br />

de la casa Venecia-Murano; tanto o más interesante que la<br />

de Pauly. Nos detuvimos un rato ante la iglesia de Santa María de<br />

la Salute, y en el vaporcito que hace de tranvía por el Gran Canal<br />

fuimos a la Riva degli Schiavorni, para de ahí encaminarnos a pie<br />

a la fábrica de encajes artísticos establecida como escuela por la<br />

Reina Elena, por lo cual lleva el nombre de esta.<br />

Por la noche fuimos al Teatro Goldoni: allí trabaja Eleonora<br />

Duse, ya frisando en los sesenta. No hace papeles de joven. Trabajó<br />

admirablemente, insuperablemente, en La porta chiusa, comedia<br />

dramática en 3 actos, de Marco Praga. La compañía toda<br />

correcta, con una gran armonía de conjunto. El joven actor Memo<br />

Benassi, que hacía el papel (de) Giulio Quercieta, afortunado. Los<br />

demás, bien. El teatro, bastante amplio y elegante (con un reloj<br />

lumínico sobre el escenario) estaba repleto.<br />

12


obras y <strong>apuntes</strong><br />

Día 21<br />

Gran excursión en góndola, todo el día, con un alto para visitar<br />

distintos lugares. Primero, recorrido minucioso del Gran Canal. Los<br />

palacios más interesantes: Corner della Ca’Grande (de Jac. Sansovino),<br />

Foscari, Grimani (Middel San Michele, renac.), el Vendramin Calergi<br />

(donde murió Wagner, hay una lápida que lo recuerda) y la admirable<br />

Ca’ d’ Oro.<br />

Descendimos al Museo Cívico, en el antiguo Fondaco dei<br />

Turchi(espléndido edificio). Faltan aquí también algunas salas de pintura<br />

por reinstalar. Hay muy buenas cosas, sobre todo las venecianas.<br />

Remarqués: Giovani Bellini, Cosimo Tura (su durísima “Pietá”, que<br />

no tiene la tersura de la de Bellini, en la cual hay un monograma de<br />

Alberto Durero). De P. Longhi hay varios cuadros, y de Rosalba<br />

Carriera, en estilo suave, moderno y elegante. Cortamos después por<br />

el Río S. Felice, a salir a la Sacca della Misericordia, que da al contorno<br />

norte, exterior, de Venecia: la mañana estaba clara y se veían las<br />

islas del cementerio, de Murano, etc. Entramos por el Río de<br />

Mendicanti, pasando frente al Ospedale Civile, y nos detuvimos en la<br />

iglesia de S. Giovanni e Paolo. Los mausoleos de Malipiero y otros<br />

dos son muy valiosos (es inmenso el de Mocenigo y Bembo). El de<br />

Michele Morosini, en estilo gótico, tiene encima adorno de mosaico:<br />

es de Danese Cataneo; el de Andrea Andranin, de Alessandro<br />

Leopardi, es una gran obra.<br />

Después de almuerzo, otra vez a la góndola, que nos llevó a la<br />

iglesia de Santa María Gloriosa dei Frari. Mausoleos artísticos; el de<br />

Ticiano, frente al de Canova; el del dux Giovanni Pesaro; cuadros:<br />

dos obras maestras de Ticiano: la Asunción que antes había estado en<br />

la academia) y la Madonna de la familia Pesaro; y una de Giovanni<br />

Bellini. (Madonna con Santos). Estatuas de Sansovino (S.Juan Bautis-<br />

13


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

ta), otro Juan Bta. en madera por Donatello; etc. La iglesia es muy<br />

rica en obras de arte.<br />

Visitamos luego el piso principal, del Palazzo Michael delle<br />

Colonne, gótico con retoques renacentistas. Este palacio fue en un<br />

tiempo de la ducal familia de los Barberigo, después de los Moncenigo,<br />

y ahora del Conde Doná della Rose, que vive en el piso superior. Buenos<br />

cuadros de Tiépolo y de Longhi, retratos antiguos de las familias<br />

que poseyeron el palacio, tapices de Bruselas muy buenos con escenas<br />

mitológicas e históricas, muebles antiguos, mosaicos, etc.<br />

Por último pasamos a la isleta de S. Giorgio Maggiore y visitamos<br />

la iglesia del mismo nombre, obra del siglo XVI, de elegante arquitectura.<br />

Buenas obras de arte. Remarqués: las dos últimas obras<br />

del Tintoretto (Martirio de S. Cosme y S. Damián, y Coronación de<br />

la Virgen); la Natividad de Bassano; otras 3 del Tintoretto: la Cena,<br />

la caída del Maná, el Descenso de la Cruz y la Resurrección, y más del<br />

mismo.<br />

14<br />

Por la noche fuimos a un cine inmediato.<br />

Día 22<br />

Un último recorrido a pie por la mañana. EI tiempo está muy<br />

malo. Fuerte viento, y la lluvia. La marea sube y se teme que esta<br />

noche invada el agua la Piazza. El gran canal está agitado.<br />

A la 1:30 del día salimos en góndola de dos remeros para la<br />

estación. El tren salió a las 2:50. Perdimos tiempo, después, en<br />

Mestre, y llegamos con retraso a Bolonia, (donde teníamos que<br />

cambiar de tren), después de pasar por Ferrara, la ciudad natal de<br />

Savonarola. El tren que nos esperaba en Bolonia hubo que tomarlo<br />

casi por asalto. No había asientos libres en ninguna clase.<br />

Afortunadamente una profesora suiza que iba a Florencia con tres


obras y <strong>apuntes</strong><br />

alumnas, nos cedió sus asientos mientras comían; después fuimos<br />

a comer nosotros al dining car; y entre una y otra cosa, llegamos<br />

a Florencia a las 11 y 30 de la noche. La diligencia del<br />

Hotel Cavour nos esperaba.<br />

Florencia Día 23<br />

Mi primera salida ha sido para visitar el Palazzo Vecchio, o palacio<br />

de la señorita, en la soberbia plaza del mismo nombre. La Torre<br />

de este palacio empezada a fines del siglo XIII y terminada en el XVI,<br />

es un atrevimiento arquitectónico, pues no tiene base propia. A lo<br />

más alto de ella subí; contando desde la puerta de entrada, son<br />

438 escalones. La vista de Florencia desde lo alto es magnífica.<br />

La gran sala del consejo, o de los 500, tiene muchas pinturas de<br />

Vasari, que fue quien en verdad acabó el edificio. Varias estatuas<br />

de Hércules por Vicenzo Rossi; otras de Bandelli. Los departamentos<br />

de León X también están decorados por Vasari, así como<br />

el segundo piso en su mayor parte, aunque hubo ayuda de sus<br />

discípulos. Los departamentos de Eleonora tienen preciosidades.<br />

La capilla, con cuadros de Ghirlandagio (Rodolfo del). La Sala<br />

del Reloj tiene una preciosa puerta marmórea por Benedetto de<br />

Maiano. Sala de Cartas Geográficas y la capilla privada de Eleonora<br />

de Toledo, también muy interesantes. A la entrada del edificio en<br />

el pretorio que da a la plaza: Hércules y Caco, por Bandinelli<br />

(derecha, entrando) y copia en mármol del David de Miguel Angel<br />

(izquierda). Más lejos, a la izquierda, la Judith, de Donatello. Siempre<br />

a la izquierda, hacia el centro, la gran fuente de Neptuno, de<br />

Bartolomeo Ammannati (divinidades marinas por J. de Bolonia).<br />

Y un poco más lejos, un disco de bronce, de Sodini, recuerda el<br />

lugar en que fue quemado Savonarola. Más a la izquierda, en el<br />

mismo centro, estatuas de Cosme I, por Juan de Bolonia. Al costado<br />

opuesto del palacio, hacia la derecha, se inicia la Galería de<br />

Uffizi, que en la parte exterior tiene estatuas de los más grandes<br />

15


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

florentinos; pero antes de llegar a la Galería está la maravillosa<br />

Loggia dei Lanzi, o dei Priori, donde están varias obras maestras:<br />

de Cellini; Hércules y el Centauro, y el Rapto de la Sabina, por<br />

Juan de Bolonia; el Rapto de Polixena, por Pío Fedi, y un mármol<br />

griego de Ayax moribundo.<br />

Por la tarde dimos un primer vistazo a la catedral (exterior<br />

de mármol de varios colores, según hay otros templos en Florencia;<br />

gran amplitud; puertas modernas de bronce, con magníficos relieves)<br />

y fuimos a la Galería dei Uffizi. Es una colección estupenda. En mármoles<br />

hay mucho: la Venus de Medici: los luchadores; el Fauno atribuido<br />

a Praxíteles; El “Recogedor” de Cleomenes, hijo de Apolodoro<br />

de Atenas, etc.<br />

En pintura es imposible detallar. Lástima que la mayor parte de<br />

las muy nutridas salas venecianas que había no se exhiben ahora, porque<br />

se prepara para otra distribución. Pero, en general, y sobre todo<br />

en escuela florentina, la colección es incomparable. Remarqués;<br />

todo Boticelli; Fra Filippo Lippi; Pietro Perugino; todo<br />

Ghirlandagio (Domenico); La anunciación de Leonardo y la<br />

inacabada Adoración; La Santa Familia, de Miguel Angel; La cabeza<br />

de Medusa, atribuida a Leonardo, del cual hay además el<br />

retrato de un joven; San Juan en el Desierto, por Rafael, con otras<br />

obras suyas; casi todo Guido Reni; y en obras de otras escuelas y<br />

naciones: la Adoración de los magos, de Durero, y varias obras<br />

de Memling y Van Dyck. La sala de los camafeos es maravillosa.<br />

Hay sorprendentes trabajos en cristal de roca por Cellini. Muchos<br />

cuadros que estaban en los Uffizi los han trasladado a la<br />

Galería gemela, Pitti; que se comunica con esta por un pasaje secreto,<br />

y que veremos otro día. Para cerrar la tarde, hemos ido en<br />

tranvía hasta el barrio de Colonna, que es bastante cerca. Por la<br />

noche no hemos salido.<br />

16


obras y <strong>apuntes</strong><br />

Día 24<br />

(Detrás del coro, la Pietá inacabada, de Miguel Angel). Nueva visita<br />

a la catedral, entrando en la Sacristía, que tiene una puerta regalada por<br />

Lorenzo el Magnífico (bronce trabajado por Luca della Robbia, que<br />

encima puso la Resurrección). Los armarios de esta sacristía fueron<br />

tallados por Giuliano, Donatello, etc. En la tribuna de la Sta. Cruz<br />

estatua de Sto. Tomás por Rossi y de S. Jacobo por Sansovino. Hay<br />

otras obras de arte en la vastísima iglesia al lado de la cual se halló<br />

un campanil de elegancia suprema, obra de Giotto di Bondome.<br />

Las puertas modernas de bronce son de Augusto Passaglia (central<br />

e izquierda y Cassioli derecha). Hemos buscado después una pensión<br />

donde instalarnos, y la encontramos: Pensione Rigatti, Lugarno<br />

Generale Díaz 2 Gia L. della Borsa). Está frente al Arno, y no lejos<br />

del centro. Hoy mismo nos instalamos.<br />

Estuve en el Or San Michele, (San Michel in orto). Contiene un<br />

soberbio tabernáculo gótico por Andrés y Jacobo Orcagna, con preciosos<br />

bajo-relieves. Estatua de Mino de Fiesole: la Virgen y el niño.<br />

En el exterior, nichos con estatuas de Santos: S. Jorge, (copias) por<br />

Donatello; San Lucas por Juan de Bolonia, y otros originales de<br />

Donatello; San Pedro, San Marcos, de Michelozzi, de Nanni di Banco,<br />

de Ghiberti etc. Por la noche, reposo.<br />

Día 25<br />

Temprano fui al Museo Arqueológico, en el antiguo Palazzo<br />

Crocetta. Rico en Etruria; pero en Egipto no tanto como el de Turín.<br />

17


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

Es interesantísimo. De ahí fui a la iglesia de la Annunziata, donde<br />

había gran función religiosa por ser día de la Anunciación. El templo<br />

es magnífico, lujosamente decorado, y estaba repleto de gente. Por la<br />

tarde volví con Guarina, y lo vimos con más calma: en los dos claustros<br />

hay frescos de Andrea del Sarto y otros; en el centro de la iglesia,<br />

la Asunción del techo es de Franceschini; hay un altar construido por<br />

orden de Cosme de Medici, que es una maravilla. Toda la iglesia es<br />

lujosísima y rica en obras de arte.<br />

Fuimos al Museo Nazionale, en el antiguo Palazzo Bargello, o<br />

del Podestá. Edificio de época, con un magnifico patio. Buenas obras<br />

en escultura: Baco ebrio (obra de juventud de M. Angel), Adonis<br />

morente, y Paris y Elena, por V. Rossi; El Océano (tamaño colosal),<br />

el Mercurio, y otros, por J. de Bolonia; muchas de Donatello (David,<br />

S. Jorge, etc.), la Arquitectura, por J. de Bolonia; la Virtud que vence<br />

al Vicio, por el mismo; una Leda hecha sobre el cuadro de M. Angel<br />

(Dresde). Muchas armaduras, algunas trabajadas, así como un escudo,<br />

por Cellini. Terracottas por A. della Robbia. Tapices flamencos y<br />

florentinos.<br />

Estuvimos también en la iglesia de Santa Croce, especie de panteón<br />

de grandes hombres: monumento a Miguel Angel, ideado por<br />

Vasari, hecho por varios; Monumento a Dante (que no descansa aquí)<br />

por Stefano Ricci; a Alfieri, por Canova, por cuenta de la Condesa<br />

de Albani, que también tiene allí su monumento; a Maquiavelo, por<br />

Innocenzo Spinazzi (1787); a Rossini, por Cassioli Ugoz (1902); a<br />

Cherubini, por Fantacchiotti; a León Batista Alberti; por I. Bantolini;<br />

a Donatello, a Carlo Botta; y, poco artístico, a Galileo. Hay muchos<br />

otros monumentos. Hay estatuas y cuadros valiosos. De Donatello,<br />

varias cosas.<br />

Al salir de allí, fuimos a la fábrica de mosaico florentino en mármol.<br />

El trabajo de incrustación es habilísimo.<br />

Al caer la tarde fuimos en tranvía a Fiesole. Trayecto de ascención<br />

continua, muy agradable. Paisajes preciosos. Desde la altura de Fiesole,<br />

se domina una vista total del valle del Arno, con Florencia en el cen-<br />

18


obras y <strong>apuntes</strong><br />

tro. No se puede visitar la Villa Medici, propiedad de unos ingleses.<br />

En ella pasan ahora unos días dos recién casados: la princesa María de<br />

Inglaterra y el Vizconde de Lascelles. Hay en Fiesole un teatro romano,<br />

exhumado, que no pudimos ver por lo avanzado de la hora.<br />

En la plaza principal hay un monumento a Garibaldi y Víctor Manuel;<br />

con las figuras ecuestres de ambos. Visitamos la fábrica de<br />

sombreros de paja de Italia, donde hay otros trabajos de paja finísimos<br />

(hasta paraguas o sombrillas), regresamos a Florencia. Por la<br />

noche, descansamos.<br />

Día 26 de marzo de 1922<br />

Es domingo y se puede visitar sin costo los museos, los jardines<br />

de Baboli, etc. Fuimos a la Galería dei Uffizi y recorrimos nuevamente<br />

todos sus departamentos, admirando nuevamente las<br />

grandes obras que ya nos habían deslumbrado. Luego por el “pasaje<br />

secreto”, construido por Vasari, nos dirigimos a la Galería del<br />

Palazzo Pitti. En el pasaje hay gran cantidad de retratos históricos.<br />

Gran parte de él está encima del Ponte Vecchio, que a semejanza<br />

del de Rialto en Venecia, es una calle con pequeños edificios<br />

para tiendas.<br />

La Galería Pitti no tiene la riqueza de la de los Uffizi, pero<br />

ambas galerías, que en rigor forman un solo museo, se<br />

intercambian cuadros. Ahora está en la Pitti casi todo lo veneciano<br />

que estaba en la dei Uffizi, así como la colección de autorretratos<br />

de pintores. Así, aquí están ahora las dos Venus yacentes de<br />

Ticiano (la del perrito y la del amorcillo), y otros cuadros del<br />

mismo, del Tintoretto, del Veronese, de Tiépolo, etc. Hay dos<br />

cuadros de la misma época, sobre el tema de Apolo y Marsias;<br />

uno de Giovanni Francesco Barbieri (Guercino) (Cento 1591-<br />

Bolonia 1666) en el cual Marsias esta tendido en el suelo con las<br />

manos amarradas, mientras Apolo prepara el cuchillo para degollarlo,<br />

Y, a la izquierda, dos figuras contemplan la escena; y otro de<br />

19


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

Giovanni Bilivert (Florencia 1576-1644), en el cual Apolo sostiene a<br />

Marsias por un brazo y empieza a degollarlo, pues el cuchillo está<br />

puesto sobre el cuello. Entre los cuadros célebres de esta galería está<br />

Il concierte de Giorgione. Además, varios de tema sacro, de Boticelli;<br />

otros de Luca Signorelli, del Sodoma, de Rafael etc. El decorado<br />

es suntuoso. El baño de María Luisa de Austria, 2da. esposa de<br />

Napoleón, es una maravilla; muy superior al baño del palacio, que se<br />

exhibe en el gabinete del baño. Como se hacía tarde, sólo pudimos<br />

dar un vistazo a los jardines de Boboli, o sea los jardines del antiguo<br />

palacio real, y vimos la gruta de Buontalenti, con estatuas de Bandinelli;<br />

hay otras muchas estatuas en las avenidas.<br />

Por la tarde fuimos en tranvía, hasta Gelsomino, por el Viale dei<br />

Colli, espléndido paseo que conduce al Piazzale de Michelangelo, desde<br />

donde se goza una magnífica vista de la ciudad. Nos detuvimos en<br />

el Piazzale, que tiene una reproducción en bronce del David y de cuatro<br />

figuras de los miembros de los Medici (Aurora, Crepúsculo, Día y<br />

Noche), y bajamos por la amplia escalinata que conduce hacia el Arno.<br />

Regresamos a pie, pues desde el comienzo de la escalinata a casa no<br />

es lejos.<br />

Como todavía no era de noche fuimos a ver la ciudad en domingo<br />

por la tarde y entramos en el Baptisterio. Es templo antiguo,<br />

octogonal, acaso pagano en su origen. Las puertas de bronce, alguna<br />

del siglo XIV son espléndidas pero no mejores que las modernísimas<br />

de la catedral.<br />

Por la noche fuimos a un cine donde ponían una película de la<br />

Bertini (Cine Modernissimo).<br />

20


obras y <strong>apuntes</strong><br />

Día 27<br />

Visita a la Academia de Bellas Artes. Allí está la Galería antigua y<br />

moderna. Lo más importante es la tribuna de Miguel Angel con el<br />

David original. Las copias son insignificantes cuando se admira el<br />

original. Hay varios bocetos originales de Miguel Angel. En esos bocetos<br />

acaso halló Rodin su inspiración para sus figuras de contornos<br />

indecisos. La sección de pintura es rica en primitivos, pero no tiene<br />

gran cosa si se le compara con los Uffizi y Pitti.<br />

La galería moderna no está allí. Ha sido retirada, dicen que para<br />

anexarla a la de Pitti.<br />

Pasamos de ahí al Museo de San Marcos. Los dos claustros<br />

son magníficos, con frescos bastante bien conservados. Muchas<br />

obras de Fra Angélico, que aquí vivió, y decoró muchas celdas, con<br />

frescos que están intactos. En el pequeño refectorio está la admirable<br />

Cena del Ghirlandagio. Visitamos la celda de Savonarola, con<br />

objetos que fueron suyos, cuadros, estampas, etc. Hay también una<br />

parte histórica en el Museo, con cosas florentinas, antiguas. Hay<br />

bastantes cuadros. Los más interesantes, los de Fra Angelico. En<br />

la biblioteca hay magnificos ejemplares miniados por Fra<br />

Bartolomeo de Frosnio (género del B. Angelico), que también pintó<br />

frescos en varias celdas.<br />

Estuvimos también en el Museo de la “Opera del Duomo”.<br />

Contiene trabajos relativos a la catedral, o que estuvieron en ella. Lo<br />

mejor son dos balaustradas o galerías de Luca della Robbia y de<br />

Donatello, respectivamente. Hay un altar de plata maciza que estuvo<br />

en el Baptisterio(los bajos-relieves son de Betto y de Jean de Geri) y<br />

en el altar trabajaron muchos artistas. Hay una sala de proyectos y<br />

bocetos de la fachada de la catedral.<br />

21


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

Por la tarde tomamos el tranvía de “circonvalazzione” que nos<br />

llevó al Cascine. Vimos el elegante y aristocrático viale della Regina,<br />

pero el agua no nos dejó seguir recorriéndolo ni ir por el Viale del Re<br />

hasta el Monumento del Príncipe Indiano. En la plaza Cavour vimos<br />

el arco de triunfo, a Francisco I de Lorena, primer gran Duque de<br />

Toscana. No es gran cosa.<br />

22<br />

Día 28<br />

Visitamos, la casa de Dante. Hay allí una escuela superior de<br />

tipografía, del Gobierno. No puede precisarse si en esa parte, reconstruida<br />

con algo de su época, nació o vivió Dante, pero si que ese<br />

era el solar de su familia, que allí tenía su comercio de sedas. La casa<br />

fue destruida por los güelfos, y abarcaba un radio mucho mayor.<br />

Calle Dante, No.2.<br />

Luego, a la Galería Buonarotti. Este museo lo fundó un sobrino<br />

de Miguel Angel. Hay reproducciones, bocetos y dibujos de Miguel<br />

Angel. El decorado de algunas salas, con escenas de la vida de Miguel<br />

Angel, está bien. Varios pintores modernos trabajaron en él. Hay<br />

un bajo relieve de M. Angel a los 19 años. “Lucha de centauros y<br />

lapitas” y terracotas de Luca della Robbia. Numerosos retratos de<br />

Miguel Angel que vivió en esta casa un tiempo. En el piso superior,<br />

un Museo Topográfico de Florencia: grabados, viñetas, etc.,<br />

de la topografía, vida y costumbres de Florencia en otro tiempo, y el<br />

Museo del “Risorgimento”, que muestra reliquias de la independencia<br />

italiana.<br />

Por la tarde fuimos en tranvía al Cascine, pero la lluvia, otra vez<br />

nos impidió recorrerlo. En otro tranvía fuimos hasta la puerta romana.<br />

Por la noche, función de gala en el Teatro della Pergola, con asistencia<br />

de la princesa Mary of England y su esposo el Vizconde de


obras y <strong>apuntes</strong><br />

Lascelles. Ocuparon el palco real y se les tributaron homenajes.<br />

Representaron la ópera. Francesca da Rimini por Landonai. Es<br />

obra muy moderna, de orquestación complicada. El autor estaba<br />

presente y fue llamado a escena al final de todos los actos. Se<br />

le ofrendó también una gran corona. El teatro es bastante amplio<br />

y hermoso, y tiene el reloj habitual, sobre el arco del escenario.<br />

Día 29<br />

Visita a la iglesia de la Trinidad. Hay frescos de Ghirlandagio,<br />

Lorenzo di Bicci, etc. Esta la tumba de los Davanzati. De ahí seguimos<br />

por la Vía Tornabuoni, muy comercial y concurrida.<br />

Visitamos el antiguo Palazzo Strozzi, empezado en el siglo<br />

XI (hay ahora allí una venta de antigüedades, en parte del piso<br />

principal); vimos con su Loggia, el Palazzo Ruccenai, y, en<br />

fin, seguimos hasta la iglesia de Santa María Novella. Esta<br />

iglesia (anexa al monasterio de su nombre, que tiene grandes<br />

y famosos claustros) tiene muchos tesoros artísticos: cuadros<br />

de Orcagna, Ghirlandagio (Santa Lucía), Cimabue, Bugiardini<br />

(todo esto en la capilla de los Oricellari). En la capilla strozzi,<br />

cuadros de Filippo Lippi y tumba de Filippo Strozzi por<br />

Benedetto da Maiano. En la Capilla principal, frescos, todos,<br />

de Ghirlandagio, y vitrales por Alejandro Florentino.<br />

En otra capilla de los Strozzi, muchos cuadros de Orcagna. Hay<br />

tumbas, algunos frescos de Giotto.<br />

Por la tarde, excursión en tranvía al Ponte Rosso, para conocer<br />

esa parte de la ciudad. Por la noche, descanso.<br />

23


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

24<br />

Día 30<br />

Fuimos a la milenaria iglesia de San Lorenzo. Existe desde 390,<br />

pero, ampliada, la destruyó un incendio en 1423, fue reconstruida<br />

por Brunelleschi. No tiene fachada, pero existe un boceto de M.<br />

Angel. Hay obras de arte notables. En la antigua sacristía, un monumento<br />

en pórfido, con adornos de bronce, por A. del Verrocchio,<br />

consagrado a los Medici. En la capilla principal, un altar decorado<br />

de piedras preciosas (1787). Cuadros de Filippo Lippi y otros.<br />

Monumento a Donatello, por Romanetti. Lo mejor es la nueva<br />

sacristía y las Capillas de los Medici. La llamada dei Depositi (donde<br />

yacen todos los Medici que en esta iglesia fueron enterrados)<br />

contiene los dos grandes monumentos de M. Angel, al Duque de<br />

Nemours y al de Urbino, con las figuras alegóricas famosas: Día,<br />

Noche, Aurora, Crepúsculo. En el altar, la Virgen y el Niño, por<br />

M .A. y magníficos candelabros por M .A. Pero lo que es superior<br />

a toda ponderación es la Capilla de los Príncipes (1604), toda incrustada<br />

de mármoles raros y piedras preciosas. Falta parte del<br />

piso por terminar. Estatuas de Cosme I por ej. de Bolonia, y de<br />

Femando I, por Tacca.<br />

De esta capilla incomparable nos trasladamos al Cenacolo di<br />

Fuligno, en el antiguo convento de religiosas de ese nombre. Descubierto<br />

en 1845, no se sabe su autor. Vasari no lo menciona. Hay<br />

quien lo atribuye a Rafael, pero a mí me parece anterior a su época.<br />

Allí hay una pequeña galería de cuadros no muy notables, pero<br />

de todos modos interesantes. Hay de buenas firmas.<br />

Por último, a la Galería Corsini, sita en el Palazzo Corsini, a<br />

orillas del Arno. Sólo se visita en ciertos días, pues la familia habita<br />

el palacio. A la entrada, la estatua del Papa Clemente XII (un<br />

Corsini). Hay muchos cuadros de Tintoretto, Guido Reni; C. Dolci,


obras y <strong>apuntes</strong><br />

Ribera (que abundan en los museos de Italia), Salvador Rosa,<br />

Veronese, A del Sarto, Caravaggio, también de la escuela holandesa:<br />

un auto-retrato de Rembrandt; Prometeo, de Van Dyck; Sanson,<br />

de Rubens, etc. El decorado, elegante, y hay muchos objetos raros<br />

y ricos.<br />

A las 1 y 20 partimos para Roma.<br />

Roma. Día 30<br />

Llegamos a Roma a las seis y media de la tarde y nos instalamos<br />

en la pensione Astoria, Vía Sicilia esquina Toscana.<br />

Por la noche, que estaba tibia y agradable, dimos un paseo a pie:<br />

de la Vía Sicilia, pasando por la Veneto y la Ludovisi, a la Piazza S.<br />

Silvestre y de allí a la Piazza Venezia, donde está el suntuoso monumento<br />

a Vittorio Emmanuel II; después por la Vía Nazionale a la<br />

Piaazza delle Tenue, donde está la fuente monumental que vimos al<br />

llegar, y luego por la 20 de septiembre y la Chiusa Sella, hasta la Sicilia,<br />

donde vivimos. Fue un buen paseo de orientación.<br />

Día 31<br />

Por la mañana, paseo en los jardines de la Villa Borghese, entrando<br />

por la Porta Pinciana. Dejé a Guarina y los niños en el Jardín<br />

Zoológico, y me fui a la Legación de Cuba, pasando por la amplia<br />

Piazza del Popolo. En la Legación, que está en Vittorio Orsini, 25,<br />

hablé largo y tendido con Carlos Armenteros, que tenía cartas para<br />

mí. Regresé y me detuve ante la iglesia de S. Trinitá dei Monte. Todo<br />

esto, a pie.<br />

25


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

Por la tarde, visita a la Galería Borghese. El decorado del edificio<br />

es incomparable. Muchas obras notables. Paulina Borghese, (estatua<br />

de Venus yacente) por Canova; varias estatuas de Bernini: Apolo<br />

y Dafne, David y la honda, Eneas y Anquises; muchas obras de la<br />

antigua estatuaria romana y reproducciones griegas y antiguas. Cuadros:<br />

Amor sagrado y amor profano, por el Ticiano; Rafael, El entierro<br />

de Cristo; Lucrecia de Palma Vecchio; Danae de Correggio:<br />

Cupido y las Gracias, con Venus que lo arma, por Ticiano, etc.<br />

Los alrededores son preciosos. De allí fuimos en tranvía hasta S.<br />

Croce in Gerusaleme, y vimos de cerca el viejo acueducto romano<br />

(Acqua Claudia), regresamos luego a la Vía Nazionale, y de allí fuimos<br />

al Coliseo. Es imponente y se conserva lo suficiente para dar idea<br />

cabal de su magnificencia.<br />

Ya al entrar la noche, regresamos, y después fuimos: a un cine a<br />

ver la película Theodora, (Cine Modernísimo). Este cine está en el<br />

Corso Umberto I.<br />

26<br />

Día 1 de abril<br />

Hemos ido a San Pedro. Llegamos a tiempo para subir a la cúpula,<br />

que hoy está abierta al público sin costo. El exterior de la iglesia no<br />

dice gran cosa, pero el interior es estupendo, por la extensión y la<br />

magnificencia. La gran plaza es también magnífica con su doble columnata<br />

ideada por Bernini. espléndido, el tabernáculo de bronce,<br />

estilo bizantino, bajo el cual está el altar mayor. Debajo del altar, la<br />

tumba de San Pedro. En la iglesia está la Pietá de M. Angel y hay<br />

magníficos monumentos funerarios de Pollajuolo, de Bernini, de<br />

Canova. Hay también una estatua de S. Pedro, en bronce, del siglo V.<br />

El techo de la cúpula, de mosaicos.<br />

Por la tarde fuimos a la Gran Colonna, en el Palazzo de los príncipes<br />

de Colonna. Sólo está abierta en días determinados. Es suntuoso<br />

el decorado de la sala principal. Retratos de los Colonna por<br />

grandes pintores. Cuadros de Palma Vecchio, Bellini, Giulio Roma-


obras y <strong>apuntes</strong><br />

no, Poussin, Van Dyck. Estatuas, y objetos de valor artísticos (un<br />

secretaire de ébano con bajo relieves de marfil, mesas de pórfido,<br />

etc.)<br />

Fuimos en ómnibus a la Vía Appia Nuova, pasando por la basílica<br />

de San Juan de Letrán; y después, en tranvía, a la Pirámide de<br />

Cistius, Cayo Cestio, y al Cementerio Protestante, donde está enterrado<br />

Keats, y el corazón de Shelley.<br />

Regresamos hacia la Plazza del Campidoglio, que visitamos minuciosamente,<br />

y desde las espaldas del palacio de los senadores obtuvimos<br />

un buen golpe de vista del Foro Romano, al cual descendimos<br />

después. Recorrimos luego todo el Foro, donde se conservan bastante<br />

bien los arcos de Septimio Severo(hacia el Capitolio), y Tito (hacia<br />

el Coliseo), así como junto al Coliseo, el Arco de Constantino. Al<br />

regresar, pasamos por el Foro Trajano, donde está la famosa columna<br />

Trajana.<br />

Por la noche, reposo.<br />

Día 2<br />

Hemos vuelto hoy por la mañana al Foro y después al Palatino,<br />

que se comunica con aquel. Casi toda la mañana la invertimos en el<br />

Palatino, principalmente en la casa de Tiberio, en la de Livia y en la de<br />

Augusto. Bajamos al Stadium de Augusto, aunque se ve mejor desde<br />

arriba. Recogimos pedazos de mármol del Foro y del Palatino.<br />

Al salir de allí tuvimos tiempo de visitar el Museo Capitolino,<br />

rico en antiguas esculturas. Remarqués: 2 grandes sarcófagos: uno con<br />

una batalla entre romanos y galos: otro, el mayor y mejor, con escenas<br />

de la vida de Aquiles; Gladiador Moribundo (tipo galo); una de las<br />

mejores copias del Sátiro en reposo, de Praxiteles; una copia de una<br />

Amazona de Fidias; una vieja (arte helenístico, parecida a otra del<br />

Vaticano); muchos bustos de grandes figuras antiguas, y una muy com-<br />

27


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

pleta colección de bustos de emperadores; la Venus Capitolina, legítimamente<br />

griega; Cupido y Psiquis; Cupido ajustando su arco (acaso<br />

copia de Lisipo); unos leones egipcios, etc.<br />

En frente está el Palazzo dei Conservatori. Hermoso por su<br />

disposición y decorado, produce, en este aspecto menos impresión<br />

que el de Colonna. Hay muchos frescos valiosos, pero en su mayoría,<br />

modernos, del siglo XVIII y del XIX. La Sala degli Orti Lamiani<br />

contiene antigüedades de mármol hallados en el Esquilino entre<br />

ellas un Busto de Hércules, imitado de Scopas, Una vieja cargando<br />

un cordero, y la Venus Esquilina, de poca importancia. (En realidad<br />

es una joven que se arregla el cabello). En otras salas: restos<br />

de los jardines de Mecenas (Monumenti degli Arti Mecenaziani),<br />

entre ellos una estatua de Marsias, en mármol rojo. Hay una sala<br />

de bronce (pedazos colosales de un toro y un caballo); sala de cerámica,<br />

y de objetos antiguos. La Pinacoteca es pequeña, pero tiene<br />

buenas cosas; S. Sebastián de G. Reni; La adúltera de Palma<br />

Vecchio; Rapto de Europa, del Veronese; Tres escenas de Cristo<br />

(coronación de espinas, bautismo, flagelación) por el Tintoretto;<br />

Rómulo y Remo de Rubens; Bautismo de Cristo, de Ticiano;<br />

autoretrato de Velázquez, Magdalena del Tintoretto, etc.<br />

Por la tarde, excursión en automóvil. Visita a las ruinas de las<br />

sultuosas Termas Antonianas o de Caracalla. Asombroso.<br />

Seguimos después a buscar la antigua Vía Appia, y nos dirigimos<br />

a las Catatumbas de San Calixto. Descendimos a las catatumbas,<br />

guiados por un fraile, y las recorrimos durante media hora. Allí<br />

están la tumba de Santa Cecilia (los restos están hoy en la iglesia<br />

de Sta. Cecilia in Trastevere) la del Papa Eusebio, y las de muchos<br />

cristianos.<br />

Después pasamos por la tumba de Cecilia Metella, y regresamos<br />

a Roma por la Vía Militare y la Vía Appia Nuova. El mismo<br />

auto nos llevó hasta la Passeggiatta del Monte Pincio, que recorrimos<br />

a pie, y pasamos al Jardín del Lago, de la Villa Borghese<br />

(hoy Villa Umberto Primo). En un extremo del lago está un tem-<br />

28


obras y <strong>apuntes</strong><br />

plete a Esculapio. Hay muchas estatuas en la Villa Borghese. El<br />

día en que la recorrimos por primera vez vimos la de Goethe<br />

por Eberlein, regalada por Guillermo II de Alemania a la ciudad<br />

de Roma.<br />

Villa Medici estaba cerrada.<br />

Desde los jardines vimos el crepúsculo, y regresamos en un tranvía<br />

que trazó un largo recorrido.<br />

Día 3<br />

Fuimos al Vaticano. Entramos primero en la Pinacoteca, que no<br />

es grande pero tiene buenas cosas: Leonardo da Vinci: San Jerónimo;<br />

Paris Bordone: S. Jorge; F. Filippo Lippi: Coronación de la<br />

Virgen; Rafael: i1. id. dibujada por Rafael y pintado por G. Romano<br />

y F. Penni; Rafael: Anunciación, Adoración de los Magos, Presentación<br />

al templo; Guercino: Cristo y Santo Tomás; Carlo Crivelle:<br />

Cristo muerto con la virgen, San Juan y la Magdalena; Murillo: Esponsales<br />

de Sta. Catalina; Veronese: Sta. Elena; Domenichino: Comunión<br />

de San Jerónimo; Rafael: Madonna de Foligno, y La<br />

Transfiguración, su última obra, acabada (la parte de abajo) por<br />

Francesco Penni y Guillo Romano, autores de la admirable Madonna<br />

de Marteluce, que allí está; Ticiano: Nic. Marcello, Dux de Venecia<br />

y Madonna de San Niccolo dei Frari; Carlo Crivelli: la Deposizione;<br />

Cala Filotesio dell Amatrice: Tríptico (L’ Assunta, Stos. Lorenzo y<br />

Benedetto; Stas. Magdalena y Agnes); de Fed. Boroccio: el Reposo<br />

en Egipto (colores suaves y delicados), La Anunciación; y una<br />

Madonna de Guido Reni.<br />

Pasamos después a la colección de antigüedades, única en el mundo.<br />

Visitamos rápidamente la colección egipcia (tan rica como admirablemente<br />

presentada) y la etrusca, y entramos en la galería de<br />

esculturas. Es imposible describir ni detallar. Valga mencionar algunas<br />

obras universalmente celebradas: Venus de Guido, por Praxiteles<br />

29


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

(copia antigua, con tela de metal moderno); la Biga, o carro de dos<br />

caballos; Discóbolo de Myron: Sarcófago con Baco y Ariana (con<br />

una centaura en la procesión; un colosal estanque redondo de pórfido<br />

en el centro de la Sala Rotonda, donde están la Juno Barberini, el<br />

Antinoo báquiccio, o vestido de Báco, y el Zeus de Otricoli, acaso<br />

copia de Fidias; Centauro y Centauresa del Carro de Baco (bajo<br />

relieve); Apolo Musageta, con largo traje (en la sala de las musas,<br />

donde están éstas); el Apolo Sauroctono, copia de Praxiteles; un<br />

Tritón de la Galería delle Statue; los estupendos Candelabros<br />

Barberini, con relieves magníficos; el Laoconte, atribuido a tres<br />

rodios (Agesandro, Polidoro y Atenodoro) según Plinio; el Apolo<br />

de Belvedere; el estupendo Perseo de Canova, (hay también dos<br />

estatuas de pugilistas, del mismo); Mercurio probable copia de<br />

Praxiteles; el soberbio fragmento estatuario llamado Torso di<br />

Beldevere, de Apolonio de Atenas; en el Braccio Nuovo; Sileno<br />

con Baco niño; Augusto, su mejor estatua; Apoxyomenos, copia de<br />

Lisipo; el Grupo Colosal del Nilo una gran cabeza de Minerva;<br />

estatua de Demóstenes; la Pallas Guistizmiani, en mármol de Paros;<br />

una copia del Sátiro, en reposo, de Praxiteles, etc. Seguimos a<br />

las galerías de los Candelabros y de las Cartas Geográficas, vimos<br />

los tapices hechos sobre dibujos de Rafael, y empezamos a ver las<br />

Stanzas de éste, pero llegó la hora del cierre de la galería y quedamos<br />

en volver al día siguiente.<br />

Almorzamos cerca de S. Pedro, después de las dos de la tarde, y<br />

fuimos a la Villa Farnesina, que no pudimos visitar, porque estaba<br />

cerrada ya. Seguimos en coche a San Pietro in Vincoli, donde está el<br />

Monumento al Papa Julio II; con el Moisés de Miguel Angel. Otras<br />

figuras del monumento no son de él, pero el Moisés me parece lo<br />

mejor que hizo en estatuaria, y su valor no puede apreciarse hasta que<br />

no se ve el original. El edificio es antiguo, la nave está sostenida por<br />

20 columnas dóricas, y hay algunas otras de arte.<br />

Fuimos después a Santa María Maggiore. Es amplia y lujosa. Hay<br />

obras de Guido Reni y Bernini. Dos capillas espléndidas son la<br />

30


obras y <strong>apuntes</strong><br />

Borghese y la Sixtina. Las columnas, en número de 40, son jónicas;<br />

los mosaicos datan del siglo V.<br />

Más tarde fuimos a pasear por la Passeggliatta Margherita, desde<br />

donde se domina un espléndido golpe de vista de la ciudad. En<br />

altura, dominando la ciudad, el monumento ecuestre de Garibaldi,<br />

por Gallori (1895). Pasamos por S. Pietro in Montorio (erigida en<br />

1472 por los reyes católicos en el lugar donde se dice sufrió San Pedro<br />

el martirio ), y por San Onofrio junto al cual hay un árbol que da<br />

sombra al Tasso. Regresamos de S. Onofrio al monumento a<br />

Garibaldi, y desde allí vimos el crepúsculo. Fuimos por la noche a un<br />

Cine, a ver a la Nazimova.<br />

Día 4<br />

Visita a Santa María della Pace (siglo XV), pequeña iglesia, donde<br />

están las cuatro Sibilas de Rafael, recordando las “revelaciones<br />

angélicas” del Señor. Hay además otros frescos valiosos.<br />

Pasamos por la Piazza Narona, cuyo trazado es el del antiguo<br />

Stadium de Doniciano, con tres fuentes, dos chicas por Bernini. (La<br />

grande del centro, es más moderna), y fuimos al Panteón, único edificio<br />

conservado de la antigua Roma. De ese edificio tomó el Papa Urbano<br />

VIII (Barberini) las columnas para el altar mayor de San Pedro.<br />

Allí está la tumba de Rafael. También las de Vittorio Emmanuele (en<br />

el libro registro pusimos nuestras firmas) y Umberto I.<br />

Después, a la Piazza della Minerva (donde hay un elefante de<br />

mármol, al cual Bernini puso en el lomo el obelisco que hoy sostiene).<br />

Allí está la iglesia de Santa María sopra Minerva, construida sobre<br />

el antiguo templo de Minerva, erigido por Domiciano. En el<br />

interior: Cristo con la Cruz por M. Angel, monumentos de dos de los<br />

Medicis (León X y Clemente VII); frescos de Filippo Lippi, y otras<br />

obras de arte. Quedan las columnas del templo de Minerva.<br />

31


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

Volvimos al Vaticano. Obtuvimos algunas vistas de los jardines,<br />

viéndolo desde balcones y ventanas, y visitamos la Capilla Sixtina. El<br />

techo de la capilla es un trabajo colosal, pero el Juicio Final no inspira<br />

tanto asombro. Los frescos laterales son de muchos autores, pues<br />

Miguel Angel sólo hizo el techo y el juicio. Remarqués: Perugino y<br />

Pinturicchio: Bautismo de Cristo; Boticelli: Moisés (tres aspectos de<br />

su vida); Ghirlandagio: Vocación de S. Pedro y S. Andrés; C. Rosselli,<br />

la Cena.<br />

Las Stanzas de Rafael son asombrosas. En la Stanza dell’ Incendio<br />

colaboraron otros: Perugino (el techo, con la glorificación de la<br />

Trinidad); Perino del Vaga (Juramento de León III); Giulio Romano<br />

(Victoria de León IV contra los Sarracenos en Ostia); F. Penni (Incendio<br />

del Borgo). De Rafael: Coronación de Carlo Magno. La Stanza<br />

della Segnatura sí es toda de Rafael, y más aún la Stanza de Heliodoro<br />

(Expulsión del templo de Jerusalén), Atila rechazado de Roma por<br />

León I, la Misa de Balsena y Liberación de S. Pedro. En la Sala de<br />

Constantino todo es de Giulio Romano, con F. Penni y Raffaelo dal<br />

Cone, después de muerto Rafael.Después se visita la Capella de<br />

Niccolo V; decorada por Angelico da Fiesole y la Loggia de Rafael,<br />

hecha por sus discípulos casi toda (los frescos y ornamentación)<br />

de acuerdo con dibujos de él.<br />

Del Vaticano nos trasladamos al Palazzo Doria, que nos produjo,<br />

en decorado y presentación, menos efecto que el Palazzo<br />

Colonna. La Galería Doria-Pamphili es bastante extensa y tiene algunas<br />

obras maestras: Papa Inocencio X, por Velázquez (el único<br />

cuadro extraordinario que hay de Velázquez fuera del Prado en<br />

Madrid); Herodias con la cabeza de S. Juan, por Ticiano; Madonna<br />

de Guido Reni; Pastor, de Rembrandt; y algunas estatuas y objetos<br />

artísticos y de valor.<br />

Por la tarde fui al Museo Nacional de Arte Moderno que está<br />

magníficamente instalado al fondo de la Villa Borghese, detrás del<br />

Jardín del lago, en un nuevo edificio. Dí un vistazo muy rápido, y me<br />

sorprendió la riqueza y brillantez de la pintura italiana moderna.<br />

32


obras y <strong>apuntes</strong><br />

Remarqué: la Sala Morelli; la Sala Palizzi; G .Baldini: Ritratto di<br />

donna; Ferruccio Ferrazzi: Focolare; F. Hayez: Vísperas Sicilianas;<br />

Arístide Sartoric; La Gorgone e gli eroi; F. Paolo Michetti: I1 voto;<br />

Federico Farobini: La vergine al Nilo; Giusseppe Sciuti: Restaurantio<br />

aerari; Giovanni Constantini: Folla triste; Giusseppe Pellizza: I1 sole;<br />

Giusseppe Mentesi: Gloria; Felice Caarena: Madre e I Fiori (recuerda<br />

en ambos a Carere). Un admirable mármol de Canova: Ercole e<br />

Lica.<br />

Después anduvimos de tiendas, y preparando el viaje para esta<br />

noche. A las 8 y 20 salimos para Génova.<br />

Génova Día 5<br />

Llegamos a Génova a las 7 a.m. Desayunamos y tomamos un<br />

coche para recorrer la ciudad. En la Piazza Acquaverde, frente a la<br />

estación, está el monumento a Colón. El coche nos hizo recorrer la<br />

Vía Garibaldi (después de la Vía Balbi y la Vía Cairoli), la Vía Carlo<br />

Felice, la Piazza Deferrari (con la estatua de Garibaldi), la Vía Venti<br />

Settembre (por encima pasa el puente monumento del Corso Andrea<br />

Podestá) y seguimos luego por la orilla del río Bisagno hasta el Cementerio<br />

Monumental, que nos pareció menos artístico que el de Milán.<br />

Regresamos por la parte alta. Vimos de la altura el espléndido paisaje<br />

del puerto y del mar, azul claro, recorrimos el Corso Andrea Podestá<br />

y el parque de Acquasola, y volvimos a la estación. A las 11 y 20 tomamos<br />

el tren para París.<br />

Día 6<br />

33


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

34<br />

A las 10:40 a.m. llegamos a París<br />

A. las 8:15 salimos para Burdeos<br />

Día 9<br />

Día 10<br />

A las 6:00a.m. llegamos a Burdeos. Tiempo lluvioso. Recorrido<br />

rápido de los principales lugares de Burdeos. A las 4pm. embarcamos<br />

en el Macorís para Cuba.


Día 11<br />

El vapor salió hoy por la mañana. Llegaremos del 29 al 1ero.<br />

VIAJE A SURAMÉRICA<br />

Día 26 de Abril, 1941<br />

Salimos de la Habana a las ocho de una mañana levemente gris.<br />

Junto al muelle, sobre el mar plomizo revolaban gaviotas plateadas.<br />

En la orilla, se fueron alejando familiares y amigos. Leonor, con su<br />

traje y su cabello de plata, era la dueña de las gaviotas. Se fueron<br />

alejando los edificios, tan conocidos, sonriéndome y desvaneciéndose<br />

luego, como otros rostros amigos. El mar se fue tornando<br />

azul, y más azul. El barquito, con su color blanco turbio, se quedó<br />

solo sobre el mar: la última gaviota. Se llama Cefalu, nombre extraño<br />

a oídos americanos. Es el de una islita del Mediterráneo,<br />

próxima a Sicilia, y junto a una raíz griega (reminiscencia de la<br />

Magna Grecia) la dulce u final del dialecto siciliano. Ya mi ciudad<br />

ha desaparecido a la distancia, pero yo permanezco atada a ella: al<br />

35


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

muelle gris, a los que dejé en él, a los edificios amigos, a todo lo<br />

que desde el barco miré por última vez, y a lo que no pude ver ya,<br />

que siendo lo que está más lejos, es lo que llevo más íntimamente<br />

próximo.<br />

36<br />

Día 27<br />

Me siento atada a un hilo de Ariadna interminable. Se irá desenvolviendo<br />

hasta Buenos Aires y se volverá a enrollar hasta la Habana.<br />

No puedo sentirme desatada. Al empezar la partida, cuento los días<br />

para el regreso. Llevamos buena mar, serena. Cielo claro. Todo el día<br />

de ayer costeamos el sur de Cuba: una línea de montañas azules en la<br />

niebla. Hoy ya estamos entre mar y cielo. Reposo mucho, pero mi<br />

espíritu no descansa. No estoy triste; pero vive mi angustia. El pasaje<br />

no es interesante. Americanos turistas, una pareja de recién casados,<br />

cubanos, que apenas se deja ver, un adolescente ecuatoriano que regresa<br />

a su hogar. Es mi compañero de mesa. Una pobre criatura para<br />

la que todo es un problema grave, desde ordenar el menu del almuerzo<br />

hasta pensar cómo me atrevo yo a ir a Argentina cuando hay allí<br />

una revolución (según me dice) para derrocar al Presidente. Me pongo<br />

a combinarle la comida; pero no hace caso y acaba por comerse<br />

tres o cuatro postres por todo alimento. Anoche subimos al puente.<br />

Los americanos bailaron lo que se imaginan que es la Conga y se divirtieron<br />

como chiquillos. Mi compañera de camarote, Miss Duffy, de<br />

Chicago, es agraciada, fina y amable. También he hablado con una<br />

profesora de Wisconsin, Mrs. Gross, a la que ayudé a escribir postales<br />

en español. Esta mañana volví al puente, muy alegre con sus sillones<br />

multicolores. Las gentes juegan diversamente. Pero no sé por qué esa<br />

alegría pseudo-infantil se me antoja forzada. El que mire con atención<br />

esos rostros ve en ellos las líneas de dureza, de tensión nerviosa,<br />

de preocupación, que todo ese ajetreo no consigue borrar. Yo reposo,<br />

vegetalmente; pero tampoco consigo borrar nada. No lo pretendo.<br />

Día 28 (Leyendo a Mallea)


obras y <strong>apuntes</strong><br />

¿Qué hacen hoy en el mundo los que aún tienen ansia de eternidad?<br />

El mundo actual ha perdido el sentido de lo eterno. Van desapareciendo,<br />

en sus clásicos valores, el espacio y el tiempo, los dos<br />

infinitos materiales, devorados por la máquina. Pensamos que el hombre,<br />

al irse descubriendo, hallaría en sí mismo un nuevo infinito espiritual.<br />

Pero no: el amor y la vida han perdido también su sentido de<br />

eternidad. Antes, alentaron un sueño: el alma esperaba la vida eterna;<br />

el amor aspiraba a vivir lo que el alma. Era más que un sueño: un<br />

ideal de realización, una fe. Pero se ha perdido el sentido religioso de<br />

la vida, el sentido de fertilidad del amor. La vida dura sólo hasta la<br />

muerte corporal. El amor (ni siquiera debía llamarse así) hasta el próximo<br />

cambio del deseo. Signo de profunda decadencia, este existir que<br />

se enorgullece de ser transitorio y desarraigado. Carpe diem, como en<br />

Roma imperial, podrida. ¿Dónde se queda en este mundo el alma, el<br />

espíritu, la chispa eterna de Prometeo? Está fuera de todo, abandonada,<br />

incompleta, mutilada. “El alma sí que está sola”.<br />

Día 3<br />

El Imperial es un barco muy modesto, pero limpio y de ambiente<br />

cordial. La comida no es buena, pero yo tengo buen diente. Lo tendré,<br />

sobre todo, cuando se me borre el reciente recuerdo del Hotel<br />

Washington y su exquisito comedor. No salimos hasta las cuatro.<br />

Empezamos entonces el cruce del Canal, una de las maravillas del<br />

mundo. No tengo con qué comparar la belleza del paisaje agreste, de<br />

islas y colinas boscosas. Quizás el tránsito del Rhin sea la mejor comparación.<br />

Pero en lugar de ver alzarse en las orillas frondosas la historia<br />

feudal de los castillos, aquí se levanta gradualmente ante la vista<br />

asombrada una de las más formidables construcciones de la Edad<br />

contemporánea, no menos imponente y de no menos maravillosa historia.<br />

Enormes puertas de acero se abren al acercarse al - buque, como<br />

por un misterioso Sésamo. Y mientras de un lado nuestro barco sube<br />

a increíble altura levantado por las aguas animadas de fuerza secreta,<br />

por el camino paralelo otro buque va descendiendo hacia el puerto<br />

atlántico. Las puertas de acero son en serie. Apenas nos alzamos a la<br />

altura de una, surge otra más alta. El barco, va auxiliado por máquinas<br />

bateleras (tal los bateleros del Volga), tres a cada lado, que lo condu-<br />

37


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

cen por medio de cables. Esas máquinas (llamadas familiarmente mulas)<br />

suben por cremalleras, escalando los altísimos muros de las esclusas.<br />

Numerosos hombres dirigen desde las orillas la marcha de los<br />

buques, que van por turnos, formando hilera, a una distancia prudencial.<br />

Grandes cadenas impiden que un buque pueda precipitarse sobre<br />

las compuertas. Estas, al abrirse, bajan las cadenas. Poderosas<br />

maquinarias están alertas para cerrar paso a las aguas en caso de ruptura<br />

o desbordamiento. Todo el tiempo el gran lago de Gatún vierte el<br />

agua necesaria a la nivelación de las esclusas. El Canal está también<br />

protegido por una fuerte organización militar. Está flanqueado por<br />

soldados y cañones, y todo el tiempo numerosos aeroplanos vuelan<br />

para patrullarlo. Después de la gran esclusa de Gatún en la<br />

que los barcos suben hacia el centro del Canal, vienen las de Pedro<br />

Miguel y Miraflores, en las que baja de nuevo hacia el Pacífico.<br />

Cuando llegamos a estas últimas era ya de noche.<br />

Cruzamos en siete horas. La noche era lunar y la vista, de<br />

belleza fantástica. Los aeroplanos iluminados, seguidos por los<br />

reflectores, volaban a alturas que nunca antes vi. Parecían estrellas<br />

fugaces. Grandes luces y luces parpadeantes azules, rojas y<br />

verdes, puestas entre la maleza o sobre las aguas, como señales,<br />

completaban el aspecto fantasmagórico. Tuve la fortuna de que<br />

todo el paso del Canal me lo explicara uno de los oficiales de<br />

máquina. Se llama Manuel Galdames. Es joven y muy apuesto, y<br />

muy amable además, con una manera de hablar encantadora. Recuerdo<br />

que cuando mi padre vino a Sur América hace veinte años,<br />

me contaba al regreso la grata impresión que le hizo la dulce habla<br />

chilena y la suavidad del trato de los nativos de Chile. A mí me<br />

ha hecho la misma impresión grata. Cerca de la una de la mañana<br />

llegamos a Balboa. Tenemos que parar aquí, por una avería del buque,<br />

quizás muchas horas.<br />

38<br />

Día 7<br />

Empieza a sentirse frío. El mar está picado. La nave sigue impasible,<br />

muy serena. Hoy hemos saludado a los Andes. Nada nuevo. Mi<br />

viaje es apacible. Siento que me voy reconstruyendo. Lo único que me


obras y <strong>apuntes</strong><br />

molesta son las extremadas atenciones del timonel, que me escribe<br />

cartas curiosísimas y me persigue con declaraciones de amor imperecedero,<br />

y del segundo capitán, que ha decidido “llevarme a comer una<br />

noche a tierra” y me busca por doquier en las noches para tomar<br />

cocktails, bailar o jugar. Es un viejo pegajoso. Pero yo a las ocho<br />

acabo de comer y desaparezco. Les digo que estoy delicada y que<br />

siempre me acuesto temprano a dormir. Pero no es cierto. No me<br />

duermo hasta tarde. Hay un nuevo pasajero ecuatoriano que es mi<br />

compañero de mesa: G. Bueno. Estudiante de medicina, va a continuar<br />

estudios en Chile. Es quiteño, y cuenta maravillas de Quito que<br />

me hacen la boca agua. Es de lo más correcto y pedante, y un poco<br />

infeliz. Está empeñado en estrechar amistad. Me place, porque es instruido<br />

y correcto, pero me aburre a poco rato.<br />

Prefiero mayor rudeza y más virilidad. A propósito: hay un<br />

jovencito norteamericano muy fino y que parece ave de paso, que<br />

nos hacía reír ayer con su libro de notas de viaje. Lo pusieron;<br />

cuando tomó el barco, en un camarote con un joven médico chileno,<br />

muy serio y poco comunicativo, que viene para su tierra.<br />

“Pero el tal Dr. tiene la mala costumbre de dar horribles gemidos<br />

y levantarse a saltos durante la noche, de modo que el pobre yanqui<br />

sufrió espantos mortales la primera noche, ...y a la segunda<br />

se mudó de camarote. Hay otro ente raro: un señor que a las nueve<br />

de la noche hasta ahora que empieza el frío, se pone en traje<br />

de baño, con la cintura desatada y el pantalón muy bajo mostrando<br />

el vientre prominente y se acuesta en su silla de extensión, en<br />

el puente, en la forma más extraña. Con frecuencia he tenido que<br />

cambiar de posición para no tener que admirar sus formas plásticas.<br />

Entre tanto, me voy chilenizando: frutas chilenas, queso chileno,<br />

vino chileno, fósforos chilenos... Algunas cosas me gustan,<br />

como las frutas y el vino. Me impresiona vivamente la sensación<br />

de distancia que hay entre Chile y los Estado Unidos. Tal vez en<br />

Argentina sea igual. Por ahora tengo la impresión de que es Chile<br />

el país que más desligado se siente del Norte y que sufre con impaciencia<br />

la imposición de su hegemonía. Esto lo lanza, desde<br />

luego, a simpatizar en forma indirecta, con la causa alemana. Todo<br />

39


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

ello me hace ver más hondo en la tragedia del futuro de América.<br />

Hay a bordo una asombrosa cantidad de niños de todas edades.<br />

Ahora ha tomado el barco una familia brasileña que lleva<br />

seis. Hay dos hermanitos que me tienen en constante zozobra,<br />

trepándose por todo el barco por los sitios más peligrosos. Estaba<br />

yo segura de que uno de ellos o Spotty se tirarían al mar.<br />

Hay niñas, muy monas. Y un chiquillo (educado en colegio alemán<br />

en Europa) que sabe latín! El Sr. Castro, mejicano, que conoció<br />

a Pedro, va con señora y niño… y medio.<br />

40<br />

Día 9<br />

Sin ninguna novedad, llegamos anoche a Callao. Antes, en la velada,<br />

hubo fiesta; pero yo me retiré de ella apenas terminada la comida.<br />

Cerca de las 12 sentimos que el barco iba llegando. A la una<br />

estábamos frente a Callao; pero hasta la mañana no tomamos puerto.<br />

Yo esperé hasta las 9, a ver si llegaba la familia Encinas. No la vi y<br />

bajé sola a la ciudad, pues ya los pasajeros amigos habían bajado<br />

antes. Tomé un automóvil para Lima y en menos de 15 minutos<br />

estaba en ella. Me produjo gran impresión de belleza, con sus<br />

grandes avenidas, sus plazas hermosas, y sus barrios antiguos de<br />

construcción colonial. Ciudad muy bella y muy sur americana, en<br />

la que nada recuerda a E.U.A. y poco a la moderna Europa. Me<br />

hice llevar a la Catedral. Frente a ella, una notable estatua de<br />

Pizarro. Dentro de la iglesia está el cuerpo momificado del Conquistador.<br />

No me agradó que tienen la Catedral interiormente<br />

pintada en colores, que lucen baratos. Es de arquitectura severa.<br />

Tiene bellos altares y muchos cuadros antiguos. Al lado, el Obispado,<br />

con su frente labrado barroco y sus balcones de celosías en<br />

rica madera antigua, es maravilla. Visité enseguida el Palacio de<br />

Torre Tagle, residencia de los Marqueses de ese nombre (el último<br />

fue primer presidente del Perú) y hoy sede de un Museo y del<br />

Ministerio de Relaciones Exteriores. La casa en sí me produjo


obras y <strong>apuntes</strong><br />

viva impresión. No he visto nunca una más perfecta fusión de la<br />

belleza con la utilidad diaria que esa mansión en la que cada azulejo,<br />

cada piedra, cada trozo de madera, es un poema aparte del<br />

servicio que prestara. Vi la capilla con su altarcillo de oro y unos<br />

bellísimos cuadros antiguos de los santos peruanos y especialmente<br />

el de Nuestra Señora de Guadalupe (española). Vi el salón<br />

donde se reunía el Consejo de Inquisición, con su enorme mesa<br />

de una sola pieza y sus muebles tallados en madera indestructible<br />

(cocobolo). Luego los salones de fiestas, no demasiado grandes,<br />

con los preciosos balcones de madera con celosías, desde los que<br />

la Marquesa y sus damas podían contemplar la calle sin ser vistas.<br />

Hay en estas salas cierto número de cuadros y estatuas más modernas,<br />

que forman el Museo. No son de extraordinario mérito,<br />

aunque llevan firmas conocidas: Murillo, Bassano, etc. Hay cuadros<br />

hermosos de Teófilo Castillo. Examiné las anchas terrazas,<br />

las ventanas de barrotes de bronce mezclado con oro, el león de<br />

madera (precioso) que fue proa de un barco pirata apresado, y<br />

que servía al Marqués de brazo portador de la balanza en que<br />

hacía pesar el oro inagotable del Perú; el apoyo de piedra de que<br />

se servía la Marquesa para montar su caballo... y todo, en cada<br />

detalle, tenía y alentaba belleza. De esa casa salí para la vecina<br />

iglesia de San Pedro, que conserva unos doce altares de oro y<br />

maderas preciosas. Enseguida me dirigí a la ermita construida en<br />

el sitio donde nació y vivió la Santa Patrona de América, Santa<br />

Rosa de Lima. El lugarcillo conserva, además de su leyenda, un<br />

jardincillo encantador, donde parece que las flores huelen más<br />

que en otra parte. Me estremecí de horror, empero, viendo el tronco<br />

del que la Santa se suspendía de los cabellos para no dormirse,<br />

restando tiempo a la oración y el pozo donde arrojó la llave con<br />

que cerró la cadena que ceñía su cintura, en señal de castidad.<br />

¿No era posible ser buena sin martirizarse así? Me dirigí enseguida<br />

al Museo Arqueológico, donde pude ver, bien clasificados, los<br />

restos del Arte indio de las distintas épocas. Son principalmente<br />

vasijas de diversas formas, ornamentadas con motivos de plantas,<br />

animales, figuras humanas y utensilios o tejidos. Muy curiosos,<br />

y a veces bellos, estos trabajos artísticos me revelaron un<br />

41


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

pueblo que aún no había llegado al concepto del arte puro. Aparte<br />

de la cerámica, los trabajos textiles constituían su expresión artística.<br />

Se asemejan ambas artes por la variedad y riqueza de<br />

diseños y colorido. Pero apenas una o dos estatuas aisladas, muy<br />

rudimentarias, representan el arte puro que legaran esas civilizaciones.<br />

No me refiero, desde luego, a la Arquitectura, y sin<br />

duda ésta encerrará valores escultóricos; pero para ver esto<br />

tendré que ir al interior del país, cosa que realizaré en un viaje<br />

futuro.<br />

Aunque ya con poco tiempo, visité el Museo Antropológico,<br />

donde admiré en sus vasijas preciosas, en sus tejidos variadísimos y<br />

en la reconstrucción de sus graves figuras, que llevan impreso el<br />

sello de dignidad intrínseca propio de la raza india, a los señores de<br />

los valles y cuevas de Parakas, y de otros grupos pertenecientes a<br />

las más antiguas civilizaciones peruanas. El Director Dr. Fello, me<br />

regaló unos libros y catálogos. Hay en el patio de este Museo una<br />

reconstrucción de un templo indio en piedra rosa, con un dios-animal<br />

en la cima. Después de visitar rápidamente el antiguo palacio<br />

de la Perricholi, (célebre amante del Virrey Aurat) hoy convertido<br />

en cuartel; y ver de paso los famosos patios de la Universidad de<br />

San Marcos, almorcé opíparamente en un simpático restaurant cerca<br />

de la Plaza de San Martín (En la Plaza, una buena estatua del Protector).<br />

Decidí entonces buscar a mi modo a la familia Encinas, y<br />

tuve la suerte de hallarla, en su Colegio Dalton, de simpático aspecto.<br />

Estuve con ellos breves momentos, y quedé encantada de su<br />

amabilidad y gentileza, y del ambiente de refinamiento y sencillez.<br />

al par, que los rodea. Conocí al hermano y una hermana. Habían<br />

estado a buscarme por la mañana en el barco, y no me pudieron<br />

localizar, inexplicablemente. Me despedí con vivos deseos de repetirles<br />

la visita. Cuando volví al barco, hallé que el Ministro de la R.<br />

Dominicana, Elías Brache, y la Sra. Leticia Ricart habían estado a<br />

verme, sin hallarme. Me dejaron unos bombones peruanos buenos.<br />

Los Encinas me obsequiaron con un hermoso ramo de dalias. Las<br />

42


obras y <strong>apuntes</strong><br />

flores en Lima son muy bellas y fragantes. A todas las pasajeras nos<br />

llevaron, y esa noche el comedor parecía un jardín.<br />

Día 11<br />

Desde el día 7 hemos costeado al Perú. Una costa desnuda e<br />

imponente, de recias montañas. Desde ayer noche estábamos frente a<br />

Chile. La costa es aún más alta, más recia, más desnuda. Parece un<br />

desierto en forma de montañas, todo arena y roca pelada, pero alzándose<br />

hasta las nubes. Hoy hemos bajado en Arica, el puerto causa de<br />

la famosa guerra entre Chile y Perú. La ciudad no tiene otra importancia.<br />

Pero su entrada, con el peñón del Morro y la arenosa isleta del<br />

Alacrán, presenta un aspecto imponente, batido por las olas, blanquísimas<br />

de espuma, de un mar inclemente. ¡Qué pronto empieza el paisaje<br />

austral! Al Norte la desolación no se ve hasta muy por encima del<br />

trópico; pero aquí, apenas dejamos el Ecuador, hemos entrado en un<br />

clima áspero y desolado, en un cuadro de tonos grises y arenas, en un<br />

aire frío, que corta, aunque vigoriza. Sólo el cielo tiene un color purísimo,<br />

y en él la estrella de la tarde dibuja el cuadro azul de la bandera<br />

de Chile. Nos fuimos a tierra “la liga panamericana”, aumentada por<br />

unos peruanos, y tomamos meriendas junto al mar espumoso y al pie<br />

del rudo peñón, en un restaurantillo de la playa, recubierto de rosas,<br />

que se llama nada menos que Monte Carlo. Esta noche zarpamos, y<br />

tocaremos luego los puertos de Tocopilla y Coquimbo, antes de llegar<br />

a Valparaíso.<br />

21 de Mayo<br />

Anoche dormimos en el pequeño hotel de los Andes, y a las seis<br />

de la mañana tomamos de nuevo el tren hasta Punta Vacas. Por fortuna<br />

no hacía frío. El viaje en tren a través de los Andes es maravilloso.<br />

No espero ver más asombroso paisaje que este mundo de montañas<br />

infinito en formas y colores. Al llegar a Punta Vacas se continúa en<br />

43


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

automóvil por la montaña, en camino con frecuencia peligroso. Las<br />

cumbres van bajando poco a poco. Antes de llegar a P. Vacas se perciben<br />

las mayores cimas: el Aconcagua y el Tupungato. Luego los montes<br />

de oro, plata, verdes, rojos, azules, violetas, se van disolviendo<br />

lentamente en la llanura polvorienta. Todo el paisaje es árido y tremendo.<br />

Se para en Uspallata, y luego, al fin, en Mendoza. Hermosa<br />

ciudad, tendida al umbral de la Pampa. He sentido salir tan pronto de<br />

Chile, donde dejo y de donde me llevo sentimiento; pero la vida no se<br />

detiene donde se lo pedimos más. Ya estoy en Argentina.<br />

44<br />

20 de Junio<br />

Ha sido del todo imposible escribir una nota más en estos días.<br />

No he tenido punto de reposo. Trataré de reconstruir algunos puntos.<br />

El día 7 fui recibida en la Federación de Mujeres Universitarias<br />

que preside la Dra. Gaudino. Esta hizo una presentación muy elogiosa.<br />

También recibían a la Dra. Saavedra, de Bolivia, Catedrática<br />

de Derecho. Ambas hablamos luego, haciendo breves disertaciones.<br />

Luego conversamos con las compañeras. Se ve que son serias y trabajadoras,<br />

al par que inteligentes en un sentido general. Pero aún se<br />

sienten unos seres raros señalados, por el hecho de ser universitarias.<br />

No llegan a tomarlo con naturalidad, porque el ambiente no lo<br />

permite. El día 10 me recibieron, ofreciéndome un cocktail también,<br />

la Unión Argentina de Mujeres, que preside Ma. Rosa Oliver. Hablé<br />

más extensamente. Luego hicieron muchas preguntas sobre el desarrollo<br />

del trabajo de las mujeres en Cuba y en particular del Lyceum.<br />

Demostraron talento, capacidad, y estar muy bien informadas de<br />

nuestro trabajo. Piden ansiosamente más comunicación. Por la noche<br />

fui a la ópera a oír El Zar Saltan de R. Korsakoff. Bien presentado.<br />

Cantó una buena soprano argentina, Isabel Marengo, la Princesa<br />

Cisue. El domingo 8 lo pasamos en la quinta de Victoria en San<br />

Isidro. Caillois, que estaba allí entre otras cincuenta personas, me


obras y <strong>apuntes</strong><br />

habló de la posibilidad de encontrar quien haga un informe mensual<br />

para Sur sobre el movimiento literario en Cuba. He pensado en<br />

Portuondo. Se lo propondré.<br />

También me dio a hacerle propaganda para una revista de literatura<br />

francesa que va a editar en Argentina, como órgano de la<br />

gran Francia que no debe callar. Llevo la circulares. No puedo<br />

recordar todas las personas con quienes he estado invitada a comer.<br />

Son muchas e interesantes. Una, pero no de las más interesantes,<br />

es Mallea, por demasiado inexpresivo. El jueves 12 nos<br />

fuimos a La Plata. Una bella ciudad clara, baja, ancha y cubierta<br />

de árboles. Verdadera ciudad en un bosque. Daniel hablaba esa<br />

noche en la Universidad Alejandro Korn, y nos vinimos a tomar el<br />

té con el organizador, Orfila, y su gentil esposa. Aproveché la tarde<br />

antes del té, para ver el Salón de Otoño, recién abierto. Una<br />

enorme cantidad de expositores. Mucha corrección técnica en algunos.<br />

Talento en pocos. Me parecieron los mejores un delicioso<br />

paisaje de Antonio Berni (a quien conocí antes) muy fino de línea y<br />

colorido. Y un figura de mujer (algo mejicana) de la varia Raquel<br />

Forner. Conté 33 pintoras entre los expositores. Luego visité el<br />

Museo. Vi cuadros del pintor local Vechioli, buenos. Esculturas de<br />

Bigatti, de Irurtia (que no me gustaron excesiva mente) y otros. No<br />

son más de tres salas. Algunas cabezas de Bigatti me parecieron<br />

vigorosas. De Sibellino vi cosas expresivas. Daniel estuvo muy acertado<br />

en su conferencia sobre el problema agrario y el problema del<br />

petróleo Méjico. Según la costumbre, le hicieron preguntas (el público)<br />

al terminar. Esto presta a las conferencias aquí gran animación.<br />

Pero se trata, desde luego, de un público no muy numeroso y<br />

sí muy entendido y discreto. El viernes 13 me dieron una recepción<br />

las mujeres estudiantes universitarias, encabezadas por Angélica<br />

Mendoza, que es inteligente y audaz.<br />

Acaban de concederle una beca en los EE.UU. Estuvo la Dra.<br />

Saavedra. Se habló del problema del Americanismo. La Saavedra lo<br />

ve muy ligado al indigenismo y la humanización del indio. Pero<br />

consideramos también que hay países donde no existe ese proble-<br />

45


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

ma y tienen sin embargo que definir su americanismo, como Argentina<br />

y Cuba. Es posible que estudiando los elementos básicos<br />

de los más importantes movimientos americanos recientes no<br />

indigenistas; (al menos, no únicamente) la revolución mexicana, el<br />

aprismo, y la revolución universitaria argentina, puedan definirse<br />

ciertas líneas directrices. Pienso yo que la Revolución antimachadista<br />

puede sugerir alguna idea valiosa también, si se la estudia<br />

en su aspecto de definición y afirmación de Cubanidad. Habló<br />

también Marta Brunet, la consulesa de Chile, sobre el trabajo de asistencia<br />

social que desarrolla la mujer chilena. El problema más grave<br />

de Chile: el del roto, debe solucionarse en gran parte por ese medio.<br />

Por la noche estuvimos a comer con los Salazar . Toño me habló del<br />

problema del artista en Argentina. Según él, se comercializa para vivir,<br />

y eso lo priva de alcanzar más altos vuelos. Pero lo achaca en gran<br />

parte al carácter argentino. Piensa que el artista mismo ha sentado<br />

aquí el principio de que lo primordial para él es vender y ganar prestigio<br />

social. El domingo estuve en lo de Norah Borges de Torre. Es<br />

pintora muy fina, de calidad inmaterial y feérica, con rasgos infantiles,<br />

pero nada vulgares. Había mucha gente; entre otros Gómez de la<br />

Serna y la mujer, de quien está celoso como un ogro. No sé de dónde<br />

resulta que este tipo (que es franquista) se dejó decir en Argentina<br />

que yo era comunista “roja”) y que la entrada de españoles en Cuba<br />

estaba bajo mi control. ¡Qué absurdo! El lunes 16 diserté yo en La<br />

Plata sobre la Evolución de la Cultura Cubana. Apenas pude preparar<br />

nada, por falta de tiempo; pero la gente hizo muchas preguntas y se<br />

quedó muy satisfecha al parecer. Querían que volviese el jueves. Pero<br />

no tuve tiempo.<br />

Hizo la presentación, muy elogiosa, la profesora Dra. Delia<br />

Echevarri. Quiero constatar aquí la buena reputación del Presidente<br />

Batista en Argentina, a causa de su plan trienal y las leyes sociales avanzadas<br />

que bajo su poder, si no presidencial, dictatorial, se han puesto<br />

en vigor. Se le tiene por hombre inteligente, bien intencionado y de<br />

ideas avanzadas. Pude posponer el viaje a Chile para el viernes, 20.<br />

Así pude asistir a la representación, en la Comedia, de la obra de<br />

Florencio Sánchez “En familia”, de costumbres suramericanas. Es<br />

buena. También vi la obra de Martínez Estrada, “Lo que no vemos<br />

morir”. Ezequiel M. Estrada, a quien conocí en lo de Ma. Rosa Oliver,<br />

es una de las mentalidades más altas de América, autor de dos libros<br />

46


obras y <strong>apuntes</strong><br />

notables, “Radiografía de la Pampa” y “La Cabeza de Goliath” que<br />

en vano quise conseguir para el Lyceum, por estar agotados. Pero el<br />

drama en cuestión es lo peor que jamás he visto. Resulta comedia,<br />

porque es risible. Ante mi asombro, Pedro me ha asegurado que los<br />

de Azorín son peores.<br />

Estuve invitada a lo de Rinaldini a tomar mate, pues Ajó no se<br />

conformaba con que yo no lo probara. Me gustó bastante. Conversé<br />

mucho con Rinaldini, muy inteligente. Tiene la teoría de que los artistas<br />

argentinos no llegan a madurar porque interrumpen su propia<br />

posible evolución en el afán de imitar y emular a los europeos ya realizados.<br />

Estuve una tarde con Pedro caminando a través del Jardín<br />

Botánico el Zoológico y el Bosque de Palermo. Los jardines no son<br />

buenos desde el punto de vista de la fauna extranjera, o la flora exótica,<br />

cuya representación es pobre; pero para mí eran muy interesantes,<br />

como muestra de la fauna y flora suramericana, abundantísima. No<br />

sólo vi los tipos usuales, sino conocí otros nuevos, cómo el oso<br />

suramericano, pequeño y peludo, que no sabía que existiese, y la liebre<br />

argentina (entre liebre y ardilla) que anda sueltita por todas partes<br />

aquí. El Bosque de Palermo es bellísimo. En él visité el Aromo del<br />

Perdón, llamado así por uno que concedió Rosas, pues Palermo era su<br />

quinta de residencia. Vi la estatua de Sarmiento, por Rodin. Es expresiva;<br />

pero no satisface mi ideal. Vi luego el Patio Andaluz y la<br />

Rosaleda, florida aún en invierno. Losada, que me ha tratado con<br />

cariño casi apasionado (porque ese es su temperamento), me dio un<br />

cocktail en su casa. La casa es linda; la esposa, tímida y amable; los<br />

hijos muy simpáticos, y él una joya. Además, todo muy bien servido<br />

y finísimo (Cómo se come en Argentina, ¡ Dios mío! Hay que dejarse<br />

engordar!) Estuvieron presentes los Alberti, los de Torre, Alonso,<br />

Daniel, y muchos más. Lo menos que ha hecho Losada es brindar<br />

por mi regreso definitivo y pedir a todos que me lo rogaran. Y que<br />

no deje de enviarle su libro (el de ensayos que prometí escribir). Y<br />

Amado que el suyo debe tener preferencia. Y Daniel que tengo que<br />

hacer dos para él; que me verá en la Habana. Yo estaba toda confundida.<br />

De allí me fui a comer al Alvear Palace con Perla Gonnet, mujer<br />

espiritual y refinada que me ha ofrecido la más delicada amistad,<br />

según lo prueba su bella y sentida carta de despedida. Nos fuimos<br />

entonces a ver Tobacco Road en castellano. La obra, buena y de fondo<br />

trágico y terrible, para mi gusto se echa a perder con un exceso de<br />

47


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

chistes vulgares y equívocos sobre asuntos sexuales, que la convierten<br />

en género chico. Y eso que está “corregida y. .. disminuida”. Un día<br />

tomé para pasear las mejores tiendas de Buenos Aires: Harrods, Gath<br />

and Chaves, etc. Son lo usual. También fui a tiendas de cosas típicas.<br />

Me hubiera gustado comprar un poncho y un facón, si no hubieran costado<br />

tanto. La calle Florida es 1a Quinta Avenida de Buenos Aires, muy concurrida<br />

por gente vestida con elegancia, en horas de la tarde. Aquí también están<br />

Amigos del Arte y otras galerías de exposiciones de artes plásticas. Mi visita<br />

al Museo de Bellas Artes la hice en una sola tarde, después de un almuerzo<br />

“privado” con Ma. Rosa Oliver en el London Santiago de Chile.<br />

48<br />

Día 27 de junio<br />

Desde ayer navego rumbo a Cuba en el Copiapó. No voy bien<br />

de salud, por lo que no me resulta grato viajar. Hace frío, y el mar está negro.<br />

El crepúsculo ha sido sombrío, en. púrpura y violeta. Recuerdo el verso de<br />

Baudelaire: “Si le ciel et la mer sont noirs comme de l´ encre.”<br />

Nunca (. ..) hasta hoy vi un mar como la tinta. Ayer antes<br />

de zarpar vino a verme Héctor Galdames, hermano de Manuel. No<br />

se le parece de cara, pero tiene el mismo hablar, y la misma manera<br />

bondadosa. Fue como una visita por poder; que me hizo sentirme<br />

menos sola por un rato. A las dos salió el barco y se fueron quedando<br />

atrás la escarpada Valparaíso y la radiosa Grill. Fue un recorrido<br />

general rápido. No es Museo rico en tesoros europeos. Y con esto<br />

voy apuntando, ya por tercera vez, que los Museos aquí son americanos<br />

en su interés. Están bien organizados en lo nacional y propio, lo<br />

que es un gran paso hacia lo que deben ser, en verdad. Algunos cuadros<br />

de Goya, el Greco, Ribera (Aparición de San Isidoro; Jesús en el<br />

huerto; Matemático) algunos italianos de la gran época; de los modernos<br />

una representación bastante numerosa del impresionismo, y algunos<br />

cuadros de Kisling, Vlaminck, Modigliani, etc. De escultura, nada<br />

más importante que unos Rodin. Esto en cuanto a lo europeo. De los<br />

argentinos, la Pampa, de Lagos, Premio 1936, muy frío (Escultura). 1935<br />

Alba, de Brigatti, bastante bueno. Mi hermana de Fiorávanti, premio 1919,<br />

mucho mejor; América, de Leguizamón Pondal, Premio 1938, malo.


obras y <strong>apuntes</strong><br />

En pintura hay numerosa representación de Chile, Perú y Brasil, sin<br />

nada notable. Los argentinos más antiguos (pintura) como Carlos<br />

Pellegrini y Prilidiano Pueyrredón tienen salas enteras, y son muy finos,<br />

en particular en el grabado y la acuarela, y el segundo, en los<br />

pequeños óleos. También figuran, entre los más antiguos Morel,<br />

Goneu, Descalzi y el francés Chardon. También Pellegrini era francés.<br />

Entre los pintores argentinos vivos, los más destacados son<br />

Quinquella, Martin, Bulter, Cittadini, Victórica y Gramajo Gutiérrez,<br />

pintor de tipos populares, que ha creado escuela. De los más nuevos,<br />

Alberto Güiraldes, Petorutti (no me gusta) Raquel Forner, Spilinbergo,<br />

Berni, Vechioli. Hay buenos cuadros del uruguayo Figari. Hoy, viernes<br />

20, a las 7:30 de la mañana salí de Buenos Aires en el tren de<br />

Mendoza (Cuyano). El viaje ha sido bueno. Un día espléndidamente<br />

azul me reveló la Pampa en una delicadeza de colorido de matices<br />

increíbles. El crepúsculo fue de rosas violetas y azules lunares, como<br />

en los cuadros de Berni. Al llegar a Mendoza a las once de la noche<br />

he encontrado interrumpido el paso de la cordillera por una tempestad<br />

de nieve. Será preciso tomar el avión mañana para Viña del Mar,<br />

donde querría haber renacido: bella, tranquila y lejana, un puerto de<br />

paz en la baraúnda. Es verdad que no la he visto en verano, cuando<br />

debe llenarse de turistas y ricos ociosos. Aún así, creo que con un<br />

modesto pasar se vivirá allí quietamente. El pasaje es numeroso. Mi<br />

compañera de camarote es una belga, de Amberes, con un colorido<br />

digno de Rubens y menos carnes. Viene de Bolivia, viajando por Chile<br />

y Perú y va a Colombia a casarse con un ingeniero sueco. Me ha dado<br />

vértigo oírla. Estuve a punto de decirle que pensaba ir a visitar el<br />

Tibet en el próximo viaje, para epatarla yo también. Pero bastó que le<br />

dijera que era cubana. Eso para ella era tan raro e interesante como<br />

el Tibet. Al pasaje, le falta la animación que prestaban al Imperial los<br />

grupos de estudiantes.<br />

.<br />

49


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

50<br />

Día 29<br />

Hoy navegamos hacia el Callao. Voy acompañada por Sigüenza,<br />

en el libro finísimo de Gabriel Miró. ¡Qué compañía fraternal! Cuando<br />

llegue a La Habana, voy a mandarle un ejemplar a Pericles. Ese<br />

buen soñador lo hará sentirse menos solo y acaso más sereno. Una<br />

sonrisa, aun sobre fondo doloroso, tiene virtud de serenidad. Esta<br />

noche hubo fiesta (Mañana llegamos al Callao). Pero después, hoy lo<br />

mismo que ayer, me he retirado. Ahora sí me vengo al camarote a<br />

trabajar en mi plan de curso. Y a las doce apago para dormir, antes de<br />

que entre mi compañera.<br />

11 de julio<br />

Vamos entrando en La Habana. De nuevo me saludan los edificios,<br />

y pronto he de ver los queridos rostros amigos. El hilo de Ariadna<br />

ha vuelto a enrollarse; pero no del todo: un cabo se ha quedado prendido<br />

allá en el Sur lejano, y ha de mantener así suspensa mi alma, con<br />

lazo leve, impalpable, e indestructible, “nunca más”.


VIAJES A CANARIAS<br />

obras y <strong>apuntes</strong><br />

Día l de Noviembre<br />

Llegamos hoy en la madrugada a la Gran Canaria. Ya ayer tarde<br />

avistamos la primera de las islas de este Archipiélago, la de Hierro.<br />

Nos fuimos a la proa a contemplarla, Eduardo, Delia, Romelia,<br />

Paquita, Plinio y yo.<br />

El aire era frío; pero la isla misma, una montaña negruzca, nos<br />

protegía del embate furioso del viento invernal. Anoche me retiré tarde,<br />

después de una velada inolvidable. Dormí mal. A las primeras luces<br />

del día abrí los ojos, y al espectáculo que se ofreció ante ellos por<br />

la ventanilla del camarote, rompí en exclamaciones exaltadas: “¡Corre,<br />

Romelia; despierta, ven a ver qué maravilla!” La niña se levantó y<br />

no hizo más que mirar y unir sus gritos de alegría a los míos; en el<br />

camarote vecino, Delia, ya despierta, gritaba “¡Viva España!” No sé<br />

cómo no tuvo que venir el mayordomo del barco a ver qué pasaba<br />

en nuestro camarotes. El motivo de tal entusiasmo era digno de él: la<br />

ciudad de Las Palmas, capital de la Gran Canaria, se desarrollaba ante<br />

nosotros, espléndidamente. Su bahía es un gran semicírculo, en torno<br />

al cual la ciudad se extiende, bañada por las olas. En un extremo está<br />

la parte más importante, comercial y residencial. Luego hay un círcu-<br />

51


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

lo de edificios que bordea el mar, y casi al llegar al otro extremo hay<br />

una nueva agrupación de edificios, otra parte de la ciudad, conocida<br />

por la luz, donde quedó nuestro barco. La naturaleza ha prestado a<br />

este trozo montañoso desprendido del África un colorido de belleza<br />

extraordinaria: playas blancas y soleadas al pie de montañas oscuras y<br />

áridas, alternan con el verdor sombrío de los platanales y palmares, y<br />

el amarillo tostado de las dunas que forman un pequeño desierto arenoso,<br />

como un Sahara en miniatura. La bahía termina después de La<br />

Luz, con una enorme montaña de roca negra y desnuda que se interna<br />

en el mar oponiendo un dique a las olas. Bajamos a tierra en lancha.<br />

Hoy es día de Todos los Santos. La ciudad, española (con tinte morisco),<br />

desbordada de actividades del culto. Visitamos la Catedral, enorme,<br />

donde oímos al Arzobispo y sus subalternos, vestidos de púrpura<br />

y oro, cantar el Servicio del día, y vimos la procesión.<br />

Por las calles, todo parecía lleno de crisantemos multicolores:<br />

mujeres, hombres y niños las cargaban a manos llenas; automóviles y<br />

coches pasaban repletos. Quise saber qué sucedía, y comprar algunas<br />

de esas flores. Me explicaron que para el Día de Difuntos todo el<br />

Cementerio se decora con esas flores. Nos fuimos al Cementerio, y en<br />

efecto lo hallamos como un salón de baile decorado con millares de<br />

esas flores.<br />

Nos fuimos luego a la plaza del mercado: no he visto otra más<br />

limpia y con mayor variedad de frutas. A la puerta compramos grandes<br />

ramos de crisantemos, blancos, lilas, rojos y dorados. Nos fuimos<br />

entonces carretera arriba hacia Roque Buigas, subiendo los montes<br />

por caminos bordeados de eucaliptos. ¡Cuántos paisajes de belleza<br />

indescriptible, nueva para nuestros ojos! Luego bajamos a las tiendas,<br />

y al fin el parque Cervantes, junto al mar, nos refrescamos y escribimos<br />

postales a los familiares y amigos lejanos. Una de las cosas más<br />

bellas aquí es la vegetación rarísima de palmas y helechos y otras plantas<br />

para mí desconocidas.<br />

Todo es diferente: hasta las matas de plátano, de hojas duras,<br />

recias y oscuras, no se parecen a las nuestras.<br />

Las mujeres sí se parecen a las cubanas. Son hermosas, con ojos<br />

admirables bajo la sombra de sus mantillas o el misterio de los mantos<br />

negros con que se envuelven al estilo morisco. Tienen un cutis<br />

52


obras y <strong>apuntes</strong><br />

envidiable “rosado como un cielo” dice mi paradójico hermano<br />

Eduardo. Cuando regresamos al barco a las doce, cargadas de flores<br />

y con las caras más alegres que nuestros ramilletes, los oficiales nos<br />

recibieron gritando: “Olé, viva la fiesta, chiquillas ¡Ya se ve que se<br />

han divertido!” y no se equivocaban. En el barco los vendedores<br />

ambulantes habían expuesto sus mercancías para venderlas, formando<br />

pequeños “puestos” Cosas muy bonitas. Con dinero se podría<br />

comprar mucho. Compramos un collar de marfil. Salimos después<br />

de almuerzo. Ahora, hasta la llegada a Cádiz.<br />

53


EXCURSIÓN A MOGUER, PALOS,<br />

LA RÁBIDA Y HUELVA.<br />

Mayo 24 de 1952.<br />

Salí en la mañana a las nueve, en un magnífico Chrysler que la<br />

Agencia Cook puso a mi disposición. Tomamos por el puente de<br />

Triana y el Altozano hasta llegar a la pañoleta, donde torcimos rumbo<br />

al sur oeste. Al subir a una altura del terreno divisamos el primer<br />

pueblo, llamado Castilleja de la Cuesta, en donde se encuentra el palacio<br />

donde, según informe del guía, murió Hernán Cortés. Entramos<br />

en una región de Andalucía rica, y la más hermosa que he visto hasta<br />

ahora, con campos suavemente ondulados y sembrados de olivo y de<br />

viñas. Los pueblos que siguen a Castilleja: Ginés, Espartinas 1 , San<br />

Lucas la Mayor, son hermosos, muy árabes, con sus casas de largas<br />

paredes blancas y rodeados de naranjos. Subimos. En el fondo, lejana,<br />

se ve Sierra Morena. Luego descendemos hacia las márgenes de<br />

un pequeño río, donde esta Castilleja del Campo. Hay un hato con<br />

toros negros de lidia, muy hermosos, que parecen muy tranquilos,<br />

apenas resguardados por una cerca de alambre ligero. Vienen ahora<br />

campos llanos, sembrados de trigo y maíz. Y entramos en la provin-<br />

1 Tiene un Gran Santuario de Loreto.<br />

55


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

cia de Huelva a las diez de la mañana. Amapola y Campanilla Azul<br />

salen a sonreírme con sus vivos colores a los lados del Camino, mezcladas<br />

con florecillas gualdas. El primer pueblo de la provincia que<br />

encontramos es Manzanilla, acaso llamado así por la bebida, pues<br />

veo cerca más viñas que olivos.<br />

Luego, Villalba del Alcor, con hermosas iglesias. Distingo en ella<br />

una calle llamada Rafael Tenorio: el apellido parece realmente andaluz.<br />

Y pronto llegamos a la hermosa población de La Palma del Condado,<br />

con sus grandes casas antiguas y su buena iglesia con torre de<br />

minarete con azulejos.<br />

La carretera pasa por dentro de cada pueblo, siguiendo su calle<br />

mayor. Pasamos por Villarrasa, con su iglesia antiquísima. A poco,<br />

marchando bastante cerca de la línea del ferrocarril, se distingue Niebla,<br />

con las ruinas de su gran castillo, residencia de sus célebres y<br />

poderosos Condes. Está en una altura, y es uno de los mayores recintos<br />

fortificados que he visto.<br />

Supongo que sus murallas encerrarían todo lo que en aquella<br />

época sería la ciudad, pues para solo ser castillo, es demasiado vasto.<br />

Ahora pasamos por un puente y viaducto sobre un río de aguas<br />

rojas, de un rojo amarillento que al mezclarse con el reflejo azul<br />

del cielo y el del agua, a trechos se ven de color violado. Es Río<br />

Tinto, el que da nombre a las famosas minas, que no están muy<br />

lejos. Pequeños trenes que cargan el mineral de hierro van por la<br />

vía férrea.<br />

Ahora aparecen los pinos, copudos y bastante altos. Doblamos<br />

hacia el sur, dejando a un lado la ciudad de San Juan del Puerto,<br />

que ya se avistaba, para hacer rumbo hacia Moguer.<br />

Vamos por una carretera bordeada de eucaliptos. A más distancia,<br />

grupos de pinos. La campiña tiene ahora un aire quieto y<br />

melancólico. Es el aire de Moguer, que aparece todo blanco, con<br />

sus antiguos caserones, sus callecitas torcidas, sus pequeñas plazas:<br />

parece otra Andalucía; se han quedado atrás los ruidos y el<br />

56


obras y <strong>apuntes</strong><br />

repiquetear de campanas y de castañuelas de Sevilla y sus pueblos<br />

vecinos. Moguer es tranquilo, melancólico, recóndito. Evoco a su<br />

gran poeta, y a Platero eterno, en su cielo.<br />

Seguimos. La carretera sale de Moguer entre montículos que<br />

no dejan ver lo que hay a los lados. Luego se ven pinos, más o<br />

menos copudos; a veces, de copas enormes. Hay rebaños de cabras.<br />

Hay burros pequeños y mayores, que si estuvieran bien cuidados,<br />

serían bonitos.<br />

Palos aparece, en una cuesta. Visito la iglesia donde se me asegura<br />

oró Colón, y desde cuyo púlpito se leyeron al público las<br />

Capitulaciones de los reyes.<br />

La iglesia es pequeña, gótica, muy envejecida, con torre puntiaguda<br />

revestida de azulejos en la parte superior. En la fachada<br />

principal hay una tarja a la memoria de los hermanos Pinzón codescubridores<br />

de América e hijos de esta villa. En la plaza, la estatua<br />

de Martín Pinzón.<br />

Bajamos hasta el puerto. Hoy es apenas un pequeño embarcadero,<br />

opuesto al mayor puerto, que es el de Huelva, que se divisa<br />

del otro lado, dicen que antes el mar llegaba mucho más adentro<br />

en Palos, en la época de Colón. Se ve, en la punta que sale de<br />

Huelva, la gran estatua de piedra de Colón mirando hacia el mar<br />

abierto. Es de la escultora norteamericana Whitney.<br />

La carretera ahora está rodeada de pinos enormes. Subimos<br />

hasta la altura en que está el Monasterio de La Rábida. El lugar es<br />

hermoso.<br />

Además del monasterio, se levantan allí ahora una moderna<br />

hospedería y el moderno dormitorio de la Universidad de Sta. María<br />

de la Rábida. Entro, conducida por un joven franciscano, por la<br />

puerta por la que entró Colón pidiendo abrigo. Visito el refectorio,<br />

el patio, el claustro, y el cuarto donde Colón conferenció con<br />

Fray Juan Pérez, y las habitaciones, o al menos, el piso donde se le<br />

alojó. Hay cuadros en el monasterio, de poco valor. Lo mejor es un<br />

retrato de Isabel la Católica, y uno de Colón, por Valeriano<br />

57


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

Bécquer. En el altar en la pequeña capilla está la Virgen de los<br />

Milagros, Santa María de la Rábida, que dio nombre a la carabela<br />

almiranta, y lo da ahora a la Universidad. Hay una sala con reproducciones<br />

en pequeño de las tres carabelas. El monasterio<br />

estuvo deshabitado durante 90 años, de modo que mucho en<br />

él se perdió. Allí se cree que está enterrado Martín Pinzón; no<br />

se sabe en qué lugar.<br />

Vemos luego el dormitorio de la Universidad. Frente a<br />

él, la derruida columna sobre escalones que ya casi no se distinguen,<br />

donde se dice que se sentó Colón con su hijo Diego<br />

antes de pedir albergue en el Monasterio. El fraile guía me<br />

dice que cree ahora que Colón oyó la misa antes de partir en<br />

el Monasterio y tomó la Santa María a su paso por allí.<br />

Seguimos a Huelva, pasando por San Juan del Puerto después<br />

de desandar el camino hasta él.<br />

Huelva es ciudad grande, pero no de mucho carácter.<br />

(67,750 habitantes). Tiene un magnífico paseo a la orilla del<br />

mar hasta la estatua de Colón. Ésta me pareció un monumento<br />

mejor concebido que realizado, pero meritorio. El camino<br />

está todo bordeado, por el lado de la tierra, por eucaliptos.<br />

La vista de la bahía es serenísima y bella.<br />

En la ciudad hay algunos templos que se mencionan, y en las<br />

afueras, el de Nuestra Señora de la Cinta. Junto al muelle, hay un hermoso<br />

parque con palmeras y otras plantas. Regresamos a Sevilla a las<br />

6:15 de la tarde.<br />

Nota: Desde Huelva envié una tarjeta a Juan Ramón y Zenobia<br />

recordádolos al pasar por Moguer.<br />

58


obras y <strong>apuntes</strong><br />

27 de Mayo<br />

Esta mañana salimos de Sevilla a las nueve en el autocar de la<br />

Atesa (Autotransporte Turístico Español) para hacer un recorrido de<br />

seis días por Córdoba, Granada, Málaga, Cádiz y Jerez.<br />

Al salir de Sevilla, el paisaje no es muy interesante. Hemos visto,<br />

antes de dejar la ciudad, los restos del antiguo acueducto romano llamado<br />

hoy “Caños de Carmona”.<br />

A 31 kms. de Sevilla hemos visto, todavía arrogante en su altura,<br />

la que fue fuerte ciudad de Carmona, en un tiempo teatro de<br />

grandes luchas. Aquí hizo dar muerte D. Pedro a sus hermanos<br />

D. Pedro y D. Juan. Enrique de Trastamara la rindió por hambre,<br />

pasó a cuchillo a sus defensores y mandó a demoler sus alcázares:<br />

aún se ven las ruinas de éstos y dos puertas de la ciudad; la de<br />

Sevilla, de arquitectura militar árabe, y la de Córdoba, de estilo<br />

greco-romano. Una de sus iglesias, San Pedro, tiene una torre parecida<br />

a la Giralda, como tantas otras poblaciones andaluzas.<br />

Conserva además, de su época primera, restos de una gran necrópolis<br />

romana. (28,000 habitantes).<br />

Más allá, a 85 kms. de Sevilla, nos detuvimos en la Villa de<br />

Ecija. (35,000 habitantes). Muy antigua,acaso de origen celtíbero y<br />

luego fenicia, romana, árabe y cristiana al fin. Fue en la época<br />

romana émula de Córdoba y Sevilla. En 1587, estuvo en ella,<br />

con un cargo administrativo, Miguel de Cervantes. En ella nació<br />

Luis Vélez de Guevara. Tiene muchas hermosas iglesias:<br />

San Juan, Santa Bárbara, Santa María, Santiago, etc., con bellas<br />

torres. Tiene también sus murallas y torres de origen sarraceno.<br />

Aquí estuvo el monasterio benedictino del valle, fundado<br />

por Santa Florentina, hermana de San Fulgencio, que fue obispo<br />

de Ecija, y de San Isidoro Arzobispo de Sevilla. Tiene dos monumentos<br />

de estilo barroco: uno, muy curioso, a la Virgen del<br />

Valle, patrona de la villa, y otro a San Pablo. Tiene también palacios<br />

barrocos.<br />

59


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

Continuamos la marcha, acercándonos a la sierra de Córdoba,<br />

y llegamos a esa ciudad a eso de las once y media. Córdoba<br />

es ciudad de unos 150,000 habitantes. Aunque nos<br />

detuvimos sólo cuatro horas, pudimos admirar la famosa mezquita-catedral,<br />

con su bosque de columnas y arcos de singular<br />

valor estético. La catedral, en el centro de la mezquita, es de<br />

poco interés relativamente y muy recargada en su estilo<br />

renacentista. Visité la tumba del Inca Garcilaso. Hoy, la lámpara<br />

que ardía sobre ella está apagada. La lápida ha desaparecido.<br />

Sólo dos tablones negros a los lados, llevan la larga<br />

inscripción del epitafio. El cuerpo reposa abajo, en la cripta.<br />

Caminamos luego, a través del Patio de los Naranjos de la Mezquita,<br />

hasta las calles, y recorrimos algunos de los barrios típicos:<br />

balcones floridos y graciosos patios ocultos, en los<br />

que faltan los azulejos sevillanos, pero hay en cambio, mayor<br />

frecuencia de fuentes de aguas murmurantes. La casa de don<br />

Gómez tiene 14 patios bellísimos. La ciudad está baja, al pie<br />

de la sierra, y es muy cálida. Está, además, a muchos kilómetros<br />

de las más próximas villas al este y al oeste. Es realmente<br />

“lejana y sola”, como dijo Federico. Entre las calles que visitamos,<br />

hay una, estrecha, llamada de las Cabezas. A ella dan una<br />

serie de arcos moriscos formando galerías muy antiguos y ruinosos.<br />

Una inscripción colocada cerca de ellos nos dice que en<br />

esas moradas estuvo preso Gonzalo Gustioz y que en esos arcos<br />

se expusieron las ensangrentadas cabezas de los Siete Infantes<br />

de Lara.<br />

Visitamos luego el Museo Romero de Torres, lleno de los cuadros<br />

de ese pintor. Junto a él está el Museo de Bellas Artes, cerca, el<br />

Arqueológico, que no visitamos.<br />

Tampoco visitamos las ruinas de Medina-al-Za-rah, que están a<br />

8 kilómetros, y a lo que parece, poco se ha excavado en ellas.<br />

A la salida, después de un buen almuerzo en el Hotel Simón de<br />

Córdoba, vimos el puente romano, y los restos de las murallas, en los<br />

que se abren una puerta monumental y la puerta de Calahorra, en una<br />

antigua fortaleza árabe. y nos alejamos, rumbo a Granada.<br />

60


obras y <strong>apuntes</strong><br />

Tras una breve parada en Jaén, cuya Alcazaba o Castillo está ahora<br />

renovado para albergar ramas del movimiento juvenil, salimos para<br />

Granada, atravesando llanuras y montes cubiertos de olivos. Ya en<br />

Granada nos hospedamos en el Hotel Alhambra Pa1ace, que está en<br />

(inconcluso).<br />

61


VIAJES DE LA HABANA<br />

A SEVILLA 1953<br />

Sábado 7 de marzo de 1953<br />

10:30<br />

La salida de La Habana ha sido maravillosa. La ciudad se<br />

destacaba en blanco y verde, resplandeciente junto al azul zafiro<br />

del mar , largamente, desarrollándose como una cinta. Nuestro<br />

barco pasó tan cerca del malecón que casi podían verse las<br />

casas de las gentes. Me parecía que cada niño que veía alzarse<br />

en brazos de su padre para mirar el buque al pasar, era Rodolfito<br />

en brazos de Rodolfo. Pero no creo que era la familia la que<br />

estaba por allí, pues no reconocí a Elvira y a las niñas, ni siquiera<br />

por el traje.<br />

Hemos salido con el tiempo hermoso. El barco va sereno.<br />

No es tan grande como los antiguos buques de la Compañía,<br />

pero es nuevo. Los otros, eran, además, más lujosos; éste es<br />

modesto. Me alegro de haber sacado pasaje de primera, pues sus<br />

comodidades son equivalentes apenas a las de una clase turista<br />

en uno de los grandes trasatlánticos de hoy.<br />

63


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

64<br />

Domingo 8 de marzo<br />

Aunque el cielo se ha puesto gris y el mar algo picado, vamos<br />

bien, sin grandes vaivenes. El barco va casi vacío de pasajeros. En<br />

primera, sólo va un matrimonio con dos jovencitos, probablemente<br />

sus hijos, y un señor que viaja solo y yo. En segunda, una amable<br />

señora mayor, suegra de uno de los Doctores Vieta, y una señora joven<br />

que va a Venezuela a reunirse con su esposo. Ellas vienen a conversar<br />

a primera. Yo tengo un sueño constante, como un sopor, y no<br />

he hecho apenas otra cosa que dormir , sin duda a causa del cansancio<br />

de los días anteriores al viaje.<br />

La comida es aceptable y muy abundante. El cuerpo de servidumbre<br />

es muy cortés y amable Ya no se dan vinos en la mesa ni se<br />

sirve aquel famoso té con mermelada de albaricoque. La música es,<br />

ahora, de radio. Ya no se baila: no tiene el barco salón de baile.<br />

Lunes 9 de marzo<br />

Pasé una noche inquieta, porque los ojos se me han puesto a<br />

llorar y arder, como lo hacen cuando se me va a abrir una úlcera. ¡Qué<br />

temor! Me he puesto a tomar desde hoy Vit. C, B y A y también<br />

salicilato. No quiero escribir mucho ni leer, para descansar la vista.<br />

Hace mucho fresco. Hemos amanecido en Puerto Plata. Una bahía<br />

de aguas ligeras y verde claro, con muchos barquitos de vela. Afuera,<br />

el mar azul y espumoso. En el fondo, la montaña Isabel de Torres y al<br />

pie una humildísima población, en la que apenas se destaca una iglesia<br />

nuevecita, flamante, por encima de los simples techos de zinc. Esta es<br />

la vieja ciudad de Santa María del Puerto de Plata, bello nombre que<br />

le dieron los fundadores mirándola con los ojos del deseo.<br />

La inmigración vino. El Comisionado, amablemente, me dio permiso<br />

para bajar. No lo utilizaré.


obras y <strong>apuntes</strong><br />

En el muelle, un gran letrero dice: “Fe en Trujillo y adelante”...<br />

Aquí en la bahía, revolotean las golondrinas que cantó la poetisa:<br />

“Nunca abandonan las golondrinas por otras playas mi hogar<br />

feliz”.<br />

Aquí, en la vieja ciudad, estuve yo con ella. Tenía yo sólo dos<br />

años de edad, y a ella le quedaban pocos meses de vida. Le ofrendo mi<br />

recuerdo más antiguo.<br />

5 pm<br />

Salimos de Puerto Plata. Al dejarlo se pudo ver, más allá de la<br />

iglesia flamante, el barrio de residencias, con pintorescas casas de<br />

techo rojo. Es un bonito conjunto, todo recostado en su montaña<br />

coronada de nubes. Más que corona, las nubes le forman una venda<br />

cerrada. La gradación y juego de luz y sombra va por todos los tonos<br />

del verde y el azul, que en el crepúsculo se tocaron de destellos<br />

de oro. El conjunto de los palmares, la salvaje majestad de la montaña<br />

y las aguas de la bahía, de suave verdor, son una escena que en<br />

nada debe diferir de la que vieron los ojos deslumbrados de los descubridores.<br />

Han subido algunos pasajeros más, entre ellos tres muchachas<br />

venezolanas que van a la Guaira. Cantan y tocan castañuelas.<br />

Mañana llegaremos a San Juan de Puerto Rico.<br />

11 de marzo<br />

Ayer hicimos una visita de 3 horas a San Juan de Puerto Rico.<br />

Salí como un relámpago, tomé un taxi y volé hasta la Universidad<br />

de Río Piedras. Tras algo de búsqueda (fui a su casa y no estaban y<br />

volví a la Universidad a hallarlos) di con Juan Ramón y Zenobia. Mi<br />

alegría no tuvo límites. Juan Ramón está muy bien: grande, bello y<br />

bueno como siempre. Zenobia, en cambio, me alarmó y angustió al<br />

decirme que no ha sanado de su mal; que el tumor era maligno, tiene<br />

nuevos brotes y la han vuelto a operar, y está sometida a un trata-<br />

65


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

miento de radio. ¡Oh, Dios santo! Acaso le quede poco tiempo entre<br />

nosotros. Sin embargo, está bella y buena y alegre como si nada. Dice,<br />

noblemente: “Yo no quiero dejar a Juan Ramón; ¿no es ese aliciente<br />

bastante para vivir?” Por otra parte, piensa en Margarita Salinas que<br />

ha sobrevivido a don Pedro...<br />

Juan Ramón, lleno de alegría y entusiasmo al pensar en Sevilla,<br />

me ha dado los más graciosos y amables consejos: que no duerma la<br />

noche de jueves a viernes santo; que vaya a la plaza de San Francisco,<br />

donde hay tribunas públicas, a ver pasar la procesión, que cuando<br />

pase la Virgen, la siga hasta el barrio de la Macarena, donde ella<br />

“quiere entrar y no la dejan”; que vaya, a las doce de la noche al<br />

puente de Triana a ver pasar la procesión de Jesús Cachorro. Que<br />

vaya a oír la misa y ver la procesión del domingo de Ramos a la<br />

Catedral, y el Miserere que se canta el miércoles (a qué hora, no sé)<br />

y la misa del Sábado de Gloria. Acabó diciendo: ¡Ah, si yo estuviera<br />

con Ud. en Sevilla!<br />

Que vaya a ver los jardines del Alcázar de noche para que no<br />

haya nadie. Me dio una carta para su amigo el conservador del Alcázar<br />

.Me recomendó a su sobrino el Capitán Francisco Hernández Pinzón,<br />

a quien ha escrito. “No le recomiendo -me dijo- a mis doce<br />

sobrinos nietos”, (son hijos de una sobrina).<br />

Zenobia le mandó besos a todos, y prometí dárselos, menos al<br />

guapo capitán.<br />

Me detuve un momento a dejar un recuerdo a Salinas en el Cementerio,<br />

y corrí a llegar al barco a la hora fijada para la salida: a las 5<br />

(¡Pero el infame no salió hasta las 9!).<br />

Vi a San Juan de pasada, me pareció linda, alegre y al menos,<br />

como capital, no revela miseria. Ha progresado inmensamente en 35<br />

años. Y vi flamear por primera vez la bella bandera de Puerto Rico,<br />

precursora, confío yo, de su próxima futura independencia.<br />

El barco sigue siendo monótono. Hay un poco de pasaje nuevo.<br />

Unas jovencitas domínico-venezolanas, -una de ellas bellísima- nos<br />

alegran cantando y bailando. La bella tiene una estatura y cuerpo muy<br />

semejantes a los míos cuando yo tenía sus años, aunque por desgra-<br />

66


obras y <strong>apuntes</strong><br />

cia, no tenía yo su cara. Pero en el barco no se hace nada para distraer<br />

a los pasajeros: ni cine nos han puesto.<br />

El mar está picado, y la danza continuará, nos dicen, hasta salir<br />

de la Guaira.<br />

Un jovencito español, aviador, residente en Cuba y que va de<br />

viaje de placer con su tío (uno de los dos jovencitos que yo creía hijos<br />

del caballero) es hasta ahora el compañero de viaje más simpático.<br />

Tiene vivacidad y gracia encantadoras y me ha contado la historia de<br />

su breve, pero tormentosa y triste vida, que nadie adivinará bajo su<br />

alegre exterior. Es hijo de un capitán español, republicano, muerto en<br />

la guerra civil. Su madre está sola en La Guaira, donde piensa recogerla<br />

para seguir a España; por primera vez después de 15 años.<br />

13 de marzo<br />

Hoy hemos visitado La Guaira, por desgracia con tiempo demasiado<br />

corto para subir hasta Caracas. Bajé a ver la ciudad con la señora<br />

viuda de Ventosa, Pilar, y un joven cubano llamado Abelardo<br />

Rodríguez como el escultor dominicano. Fuimos a almorzar a Macuto,<br />

en un gracioso restaurante a la orilla del mar, y luego a Maiqueitía<br />

a ver el Hotel Palmar. La Guaira está situada entre el mar y la montaña,<br />

subiendo por las laderas en posiciones casi incomprensibles. El<br />

paisaje es imponente. La ciudad, pobre y escasa, aunque tiene, desde<br />

luego, sus barrios de residencia que no están mal.<br />

Fuimos a ver luego la plaza frente a la cual está un monumento<br />

religioso que representa las estaciones de la Pasión de N. S. Jesucristo,<br />

bastante bueno.<br />

No habiendo más que ver, regresamos pronto al barco. En un<br />

buen edificio de la Aduana, donde hay una gran sala de pasajeros,<br />

compré postales, despaché cartas para Cuba.<br />

Varios pasajeros se bajaron en la Guaira, entre ellos las señoritas<br />

Nouel (creo que éste es su segundo apellido) que son la bella que<br />

canta y baila flamenco y su hermana, con su joven tía, que es de ape-<br />

67


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

llido Nouel y Romero, dominicana, sobrina del Arzobispo y de la<br />

viuda de D. Américo Lugo. Me dijo que el hijo, Américo Lugo<br />

Romero, se ha casado en Nueva York. Desde luego, subieron<br />

otros pasajeros; pero la madre del joven aviador Roberto Díaz<br />

García no se ha querido venir a España. Su tío es el señor García,<br />

uno de los representantes de la Trasatlántica Española en la Habana.<br />

Viaja con ellos la señora viuda de Ernesto Gaye que representó<br />

esa misma compañía y la Trasatlántica Francesa en Cuba<br />

largos años. Es una señora empingorotada y cubierta la cara de<br />

pintura y las manos y el pecho de brillantes, que hace un efecto<br />

raro. Viaja con su dama de compañía, su perrita Nuri, y con su<br />

sobrino Pedrito Ordoñez, un jovencito encantador, muy cubano,<br />

muy cortés y agradable, que es compañero de camarote de Roberto.<br />

También viene otra “gran señora”, viuda de un Capitán General,<br />

con una hermana y una sobrina, Ascensión. Son muy agradables.<br />

68<br />

Día 14 y sgtes<br />

No hay más remedio que adaptarse al mar, que está muy malo:<br />

mar de fondo por mar de gruesa, no mejora. Hace viento, y cada vez<br />

más frío. Me he equivocado al no traer ropa de invierno, pues se<br />

siente su necesidad.<br />

Casi todo el mundo se marea. Yo me levanto tarde y después de<br />

almuerzo juego canasta o samba o crucigrama (cruci-cross) con Roberto<br />

y Pedro y una joven señora italiana llamada Carmela, que vive<br />

en Santo Domingo y va de visita a Italia (es de Spezia) y es una preciosa<br />

mujer y muy dulce. Roberto es mi compañero y Pedro el de<br />

Carmela. Parece que al principio ganaron Carmela y Pedro; pero luego<br />

Roberto y yo hemos llegado a comprendernos tan bien que casi


obras y <strong>apuntes</strong><br />

siempre ganamos y vamos a ser los “campeones” de la jornada. Pedro<br />

imita el habla de la italiana y es divertidísimo.<br />

Ahora nos ponen cine dos veces por semana, buenas películas,<br />

pero no nuevas, de modo que yo las he visto casi todas: Madame<br />

Bovary, Royal Wedding, etc. Una que no había visto: East side, West<br />

side, con James Mason y Bárbara Stanwick.<br />

A veces, en las noches, tratamos de bailar, pero es casi imposible,<br />

porque el barco se mueve tanto. Con todo, en la noche del Capitán<br />

todos hemos vestidos de tiros largos y hemos bailado. Por mi<br />

parte, con el único que bailé bien fue con el Capitán, quien, como<br />

buen marino, ni tropieza ni pierde el equilibrio.<br />

También baila bastante bien un joven canario 11amado Agustín<br />

Rodríguez, muy alto y gallardo y hombre un poco raro, que ha vivido<br />

años lo mismo en Milá o en Berlín que en los lugares más<br />

salvajes y remotos de Venezuela. Es hombre culto; sabe mucho de<br />

música y óperas italianas enteras de memoria, de modo que puede<br />

cantar con buena voz las arias o pasajes que se le pidan. Pero tiene<br />

muy mal genio; se incomoda de todo y todo en el barco (menos el<br />

grupo de pasajeros con quienes se reúne) le desagrada. El Sr.<br />

Alonzo, joven diplomático español que subió en La Habana, se ha<br />

enfermado de algún cuidado y no nos dejan hacer ruido en las cercanías<br />

de su camarote; por ello, D. Agustín lo llama “pavoso” y<br />

tanto ha protestado que al fin se ha llevado al enfermo a un camarote<br />

más aislado.<br />

En ciertas horas de la tarde, una señora española residente en<br />

Santo Domingo, creo, la Señora Casas, toca al piano las preciosas<br />

danzas de Puerto Rico y otras canciones, que corea el público. El tal<br />

público no es muy nutrido, pues hay quienes se marean a ratos y quienes<br />

nunca se levantan.<br />

Mis compañeras de mesa son Doña Lola Ariza, española que<br />

reside en Ciudad Trujillo hace 27 años, y una joven viuda española<br />

que regresa de Caracas a España con una hija de 14 años, Marisol, y<br />

un bebé de 8 meses, Quique, que es un perfecto muñeco, encantador.<br />

69


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

Hace sólo 5 meses que murió el padre, un marino español que tuvo<br />

que desterrarse a causa de la guerra civil.<br />

70<br />

Vienen a veces: con frecuencia yo como sola.<br />

A bordo viene también una señorita puertoriqueña, Ana García<br />

Piquera, que es profesora de Física en la Universidad de Puerto Rico,<br />

y que fue alumna de Barnard. Hasta parece que me oyó hablar allí en<br />

el año 1942.<br />

Va a Sevilla. Lleva su automóvil. Va con ella un hermano inválido,<br />

Fernando, que camina con las piernas torcidas, con gran dificultad.<br />

Da horror y pena verlo. Su anormalidad es congénita y en algo le<br />

afecta el cerebro pues, aunque es inteligente, tiene el habla premiosa y<br />

lee con dificultad. Sin embargo, ha estudiado bachillerato y es instruido.<br />

En Cádiz se reunirán con una hermana mayor, que es la que manejará<br />

el automóvil.<br />

También van para Sevilla Roberto y Pedro y sus tíos, así es que<br />

no me faltará compañía al principio.<br />

21 de marzo<br />

Hemos llegado; ¡al fin!; ¡con tanto retraso! al primer puerto español,<br />

Santa Cruz de Tenerife. Durante el día hemos pasado frente a<br />

las islas de Hierro y la Gomera, (de donde salió el Adelantado de Soto<br />

con su esposa Isabel de Bobadilla para ir a ocupar la Gobernación de<br />

Cuba).<br />

Así como en la Guaira dediqué un recuerdo a D. Francisco de<br />

Miranda, que de allí salió preso, con los grillos que tanto le pesaron,<br />

para su larga pasión y muerte; aquí en Tenerife dedico un recuerdo a<br />

mi joven amigo de México Cristóbal de Lara, que tuvo que huir de<br />

Tenerife, su patria, a nado, para salvar la vida casi milagrosamente, al<br />

terminarse la guerra civil.


obras y <strong>apuntes</strong><br />

Bajamos esta noche a la ciudad, pero sólo a dar una vuelta por<br />

las tiendas y tomar algo en un restaurante. Las cosas que se venden<br />

pueden conseguirse baratas si se regatea. Yo no compré nada, pues<br />

llevo muy llenas las maletas.<br />

Día 22 de marzo<br />

Esta mañana bajamos Roberto, Pedro, Ana, Ascensión y yo, y<br />

en uno de los venerables taxis de Tenerife hicimos una excursión de<br />

dos horas, pues no nos daban más, hasta La Laguna, que es una ciudad,<br />

la primera fundada en Tenerife por su colonizador, el Adelantado<br />

Fernández de Lugo, en 1494, es decir , después del descubrimiento<br />

de América.<br />

La ciudad tiene una iglesia interesante, y como está alta, una bella<br />

vista sobre Santa Cruz. Pero el famoso volcán, Pico de Teide, no nos<br />

quiso mostrar su faz y la mantuvo cubierta de un velo de niebla. (El<br />

frío continúa). En Santa Cruz visitamos diversos lugares, entre ellos<br />

la Casa de Franco, quien salió de aquí para entrar en la Guerra Civil.<br />

En el Club Náutico tomamos diversas fotografías antes de volver al<br />

barco.<br />

Tenerife tiene una grata temperatura que se mantiene todo el<br />

año fresca, con poca variación.<br />

24 de marzo<br />

Tras dos días más de mar tempestuoso y cada vez más frío, hemos<br />

llegado a Cádiz esta tarde. Eran más de las cinco cuando bajamos<br />

y decidí pernoctar en Cádiz y salir mañana a las 10 a.m. para Sevilla.<br />

Me alojo en el Hotel Atlántico, que es el mejor, con una bella<br />

vista sobre el mar y un jardín liadísimo que colinda y parece continuarse<br />

con el famoso Parque Genovés.<br />

71


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

Como yo he visto en ocasión anterior los escasos monumentos<br />

de Cádiz; la Catedral, el Teatro Falla, las tumbas fenicias y hasta la<br />

Plaza de Toros, no me detendré aquí sino esta noche.<br />

Los García Piquera, los Díaz García y Cía. Y unos señores de<br />

Montalvo que venían a bordo están también aquí y partirán, en diversas<br />

fechas próximas, para Sevilla.<br />

72<br />

25 de marzo<br />

¡Al fin en Sevilla! Llegué a las tres de la tarde, pues el tren de las<br />

10:15 de Cádiz acá, es lento. El Hotel Simón, al cual venía destinada,<br />

no había sido notificado; pero después de algunas diligencias con la<br />

Agencia Marsans, me han alojado. Es un hotel pequeño, casi familiar,<br />

con un gracioso patio andaluz. Es muy limpio. La comida es buena.<br />

En las galerías tiene buenos cuadros originales. Está situado precisamente<br />

a cuadra y media de la Catedral y a tres cortas del Archivo de<br />

Indias; así es que me conviene el sitio y si puedo, aquí me quedaré,<br />

aunque sea más caro que una casa de familia.<br />

En la tarde, a eso de las siete, salí a caminar un poco. Vi una<br />

puerta abierta por donde entraba gente a la Catedral y entré, y me<br />

encontré en el Patio de los Naranjos de ese templo, con la<br />

magnifica puerta gótica de la Concepción al frente, y formando<br />

esquina con ella la Giralda, sobre la cual, precisamente sobre la<br />

estatua de la Fe llamada el Giraldillo, se cernía una luna de plata.<br />

La vista me emocionó hasta las lágrimas. (Creo que voy a llorar mucho<br />

en este viaje.)<br />

(páginas en blanco)<br />

26 de marzo


obras y <strong>apuntes</strong><br />

18 de abril de 1953<br />

Hoy, primer día de la Feria de Sevilla, ha sido un día doblemente<br />

perdido: por mí, que he amanecido enferma, sufriendo de la fastidiosa<br />

neuralgia catarral que ha vuelto a atormentarme después de tantos<br />

años de tregua, y por el tiempo, pues desde la mañana llueve, casi sin<br />

interrupción y con gran fuerza.<br />

Mi única salida ha sido a la vuelta de la esquina de la Ave. José<br />

Antonio, a comprar los periódicos. Desearía ir esta tarde a merendar<br />

a Fidella el delicioso chocolate con bizcocho; pero seria una imprudencia.<br />

He dedicado el día -es decir, la tarde, después que ha mejorado la<br />

neuralgia-, a lavar mi ropa y a escribir.<br />

73


FIESTA EN SEVILLA (1953)<br />

Al aproximarse la primavera, Sevilla entra en la culminación de<br />

la alegría. Y Sevilla es una de las ciudades más alegres del mundo.<br />

Cada una de sus plazas y plazuelas resplandece con sus palmas, acacias,<br />

laureles rosa y sobre todo naranjos, y las enredaderas de madreselvas,<br />

las tupidas madreselvas cantadas por Bécquer escalan las tapias<br />

de los jardines públicos y privados. Así como sus golondrinas oscuras,<br />

llaman cada tarde a los cristales de los balcones. Hasta la Catedral,<br />

la más imponente de las iglesias españolas tan vasta, que Th.<br />

Gautier decía que Nuestra Señora de París (Notre Dame) podía caber<br />

en su nave central, está rodeada de naranjos que fueron sembrados<br />

allí originalmente por los árabes. La Catedral se levanta sobre los<br />

cimientos de una antigua mezquita) (Patio de los Naranjos - Puerta<br />

del Perdón).<br />

Los patios de Sevilla son característicos. Como sabemos -porque<br />

el patio andaluz ha tenido y tiene su representación en la arquitectura<br />

colonial-, son patios interiores que recuerdan el clásico atrium;<br />

(es decir, son romanos en su origen) están separados de la calle por<br />

rejas de hierro bellamente labrado, las cancelas, y son parte de la casa<br />

como vivienda: sirven de vestíbulo, salón, comedor, y hasta capilla,<br />

donde la señora de la casa, rodeada de sus familiares y criados, todavía<br />

suele rezar las oraciones diarias. Tienen los patios pisos de mármol,<br />

paredes de azulejos, plantas verdes y florales, y una fuente que<br />

las riega. Son pequeños oasis, durante los ardientes calores del estío.<br />

75


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

Las casas, como en muchas ciudades nuestras, están por fuera<br />

blanqueadas (parece, en algunos pequeños pueblos de Andalucía, que<br />

las blanquearan todos los días) o pintadas en tonos de pastel. Fachadas<br />

de azulejos, ventanas de rejillas, macetas de geranios a lo largo<br />

de cornisas y balcones, torrecillas románicas o moriscas,<br />

puertas de madera adornadas de enormes clavos de cobre y que<br />

se abren aún por medio de gigantescas llaves de hierro, he ahí<br />

algunos rasgos característicos de la ciudad tradicional, que pueden<br />

observarse especialmente en el apacible barrio de Santa Cruz,<br />

centro de la Sevilla de los siglos de oro, con sus callecitas por las<br />

cuales apenas caben a veces dos personas de frente y que llevan<br />

nombres de viva vocación histórica: la calle de la Pimienta, la fresca<br />

calle del Agua, la calle del Ataúd, en la que don Juan vio pasar<br />

su propio entierro, el arco aquel que menciona Cervantes en una<br />

de las Novelas ejemplares, (Rinconete y Cortadillo) la plaza de<br />

Doña Elvira, donde estuvo el famoso corral en el que representó<br />

Lope de Rueda y puso sus obras Juan de la Cueva .<br />

El que dijo primero “quien no ha visto Sevilla no ha visto<br />

maravilla” era verídico, pero además, era indudablemente sevillano.<br />

Los sevillanos viven convencidos del prodigio de su ciudad, y<br />

las alegrías y dolores de la ciudad son sentidas y expresadas por<br />

todos los ciudadanos: son de carácter colectivo. Cuando llega la<br />

primavera, las emociones de todos los sevillanos alcanzan el grado<br />

de arrebato místico: la población entera, presa de entusiasmo<br />

delirante, se prepara para “las fiestas”. El fervor de la Semana<br />

Santa, el regocijo de la Feria, parecen ser entonces la única preocupación<br />

de los sevillanos, su razón de vivir. Los dos acontecimientos<br />

que tan vigorosamente contrastan en ambiente y color,<br />

expresan dos modos de sentir muy diferentes, pero que están<br />

reunidos en el alma andaluza, aunque al extranjero le resulte difícil<br />

comprender que los penitentes de ayer sean los gozantes de<br />

mañana. El visitante se maravilla de que en una semana la ciudad<br />

entera arda como un solo cirio y tres semanas después la ciudad<br />

entera repiquetee como una sola castañuela. Pero si nos fijamos<br />

encontraremos caracteres comunes a ambas manifestaciones: la<br />

viveza de las emociones, su manifestación, su forma externa, que<br />

76


obras y <strong>apuntes</strong><br />

apela a los sentidos, y el carácter colectivo de esas demostraciones.<br />

La Semana Santa, como sabemos, puede caer entre el 22 de<br />

marzo y el 25 de abril. La Feria se celebra anualmente aproximadamente<br />

entre el 18 y el 25 de abril, de modo que entre ambas<br />

fiestas puede haber desde unos días de diferencia hasta un mes.<br />

Ruego se me permita introducir aquí mis experiencias personales<br />

de esas grandes celebraciones. Yo salí de Cuba para Sevilla,<br />

vía Cádiz, en marzo de 1953. Durante el viaje hice escala en San<br />

Juan de P. Rico, y allí visité a mis queridos amigos Juan Ramón<br />

Jiménez y Zenobia Camprubí, y Juan Ramón me instruyó sobre la<br />

Semana Santa en Sevilla y lo que debía hacer para poder apreciarla<br />

lo mejor posible. Sus indicaciones, que me sirvieron de admirable<br />

dirección, contenían disposiciones tan originales como la<br />

siguiente: “no dormir la noche del jueves al viernes santo”. Las<br />

cumplí al pie de la letra, y sin esfuerzo alguno. Lo primero que<br />

hice al llegar a Sevilla, el 25 de marzo (que fue cuatro días antes<br />

de empezar la Semana Santa) fue seguir el consejo de J .R. de ir a<br />

visitar en los templos algunas de las imágenes que habían de desfilar<br />

en las procesiones, para verlas de cerca y en detalle. Son éstas,<br />

como es sabido, muchas veces, obras maestras del arte de la<br />

imaginería española de la mejor época. Fui a visitar en la capilla<br />

del Patrocinio (barrio de Triana) la imagen famosa del Cristo de<br />

la Expiración, llamado el Cachorro, (anécdota) de un realismo<br />

espantoso; las célebres vírgenes rivales en hermosura, Na. Sra.<br />

de la Esperanza de Triana y Na. Sra. de la Esperanza de la<br />

Macarena, el Jesús del Gran Poder, y el Jesús de la Pasión, éste<br />

último obra de M. Montañes, es para mí, la imagen más hermosa<br />

que he visto en mi vida.<br />

Empezó la Semana Santa. Es imposible describir lo indescriptible<br />

y no puedo tratar de decir nada que pueda sustituir la<br />

experiencia personal que espero obtengan ustedes pronto. La Semana<br />

Santa en Sevilla tiene que ser interpretada, es decir, tiene<br />

que ser sentida. No es una fiesta en el sentido usual: es una entrañable<br />

manifestación de duelo por el sacrificio de Jesús, es un llanto prolongado<br />

que cae gota a gota con las lágrimas de cera de millares y<br />

77


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

millares de cirios llevados por millares y millares de penitentes. Los<br />

penitentes son los hombres de la ciudad entera. Hay unas 50 hermandades<br />

en Sevilla que sacan en procesión, cada una, sus imágenes<br />

veneradas, en los llamados “pasos”, cargados en hombros<br />

por las calles. A esas hermandades pertenecen los hombres de<br />

todas las familias, de todas las clases sociales de Sevilla y aun de<br />

todos lugares de España. Cubiertos de largas túnicas, el rostro<br />

tapado por el antifaz típico con su gorro de pico y su lienzo<br />

sobre la cara, que no deja adivinar la identidad del penitente (nazareno)<br />

marchan, en ciertos días; con los pies descalzos, sobre<br />

los adoquines de las calles, por donde sólo ellos pueden pasar en<br />

las tardes y noches del lunes al viernes santo, en un desfile imponente,<br />

una visión medieval de grandiosidad que difícilmente se<br />

igualará en parte alguna. Las procesiones van marchando una tras<br />

otra sin interrupción. Todas salen de su parroquia, se dirigen a<br />

un punto de reunión previamente determinado -generalmente La<br />

Campana, que es magnífico lugar para ver el desfile- marchan hasta<br />

la Catedral a postrarse ante el monumento de plata labrada en<br />

que está en ese momento encerrada la Sagrada Forma, y vuelven<br />

luego a su parroquia.<br />

El orden de cada procesión es siempre el mismo: primero un<br />

grupo de nazarenos (marchan de dos en dos, cada uno de un lado<br />

de la calle; cada uno sujeta con la mano izquierda el antifaz en la<br />

parte del lienzo que cae sobre el pecho, y cada uno lleva en la<br />

derecha un cirio encendido; a menos que no le toque llevar una<br />

de las insignias de la Hermandad, en cuyo caso marcha solo al<br />

centro de la calle. Detrás de los primeros nazarenos viene el paso<br />

de Cristo -(cada hermandad lleva el suyo)- que representa una<br />

escena de la Pasión; luego, el “paso de la virgen” -una de las 73<br />

vírgenes de Sevilla, luego viene la banda de alguna sección del<br />

ejército, la marina, o la policía, que acompaña con expresiva música<br />

la procesión. Con frecuencia la escolta de militares que sigue<br />

a la Virgen lleva trajes especiales: así, los de la escolta de la<br />

Macarena p.e. van vestidos de centuriones romanos. Es importante<br />

darse cuenta de que esto no es mero disfraz, sino parte de<br />

las manifestaciones que hace Sevilla de su ascendencia romana.<br />

Sevilla es romana, casi tanto como árabe. Recuérdese que a pocos<br />

78


obras y <strong>apuntes</strong><br />

kilómetros de Sevilla están situadas las ruinas de la famosa Itálica<br />

cantada por Rodrigo Caro y cuna de los mejores emperadores<br />

que rigieron los destinos de la antigua Roma. (cita) Sintiendo<br />

acaso que la religión es un nexo con Roma en la Actualidad, Sevilla<br />

la evoca en la Semana Santa: en las procesiones marcha<br />

siempre, a pocos pasos detrás de la cruz -guía, el estandarte de<br />

la antigua Roma con las águilas y con las iniciales del Senado y<br />

pueblos romanos: SPQR.<br />

Los nazarenos de cada cofradía visten en colores simbólicos,<br />

diferentes para cada una; por ejemplo, los de la Macarena<br />

llevan manto y capucha verde, los de la Universidad van todos<br />

de negro. El número de nazarenos varía; cuando yo los vi, la<br />

Cofradía del Jesús del Gran Poder llevaba 3,000 nazarenos, la<br />

del Cristo de la Buena Muerte (Universidad) más de 2,000, y el<br />

conjunto de los desfiles de la semana puede tener más de 40,000<br />

nazarenos.<br />

Ahora bien, lo que me parece incomparable son los “pasos”,<br />

o sea, las imágenes arregladas y colocadas en un pedestal<br />

para ser conducidas en la procesión. Pueden constar de una sola<br />

figura o de varias, hasta trece y catorce, de tamaño natural, y son<br />

en realidad grandes cuadros plásticos. El gran arte español de la<br />

imaginería les ha dado no sólo el tamaño, sino la animación natural<br />

de seres vivientes. Se ve que han sido creadas para deslumbrar<br />

con su increíble brillantez los ojos del pueblo, ya a la luz del día<br />

o, en la noche, a la fantástica luz de los cirios. Son creaciones de<br />

la imaginación y el afán de realismo de los españoles, aunque originariamente<br />

la imaginería tuvo su cuna en Francia y la Europa<br />

central, como manifestación del arte barroco, y llegó a España<br />

con los peregrinos que acudían a Santiago de Compostela. No se<br />

hizo popular en Castilla hasta el siglo XVII con Gregorio<br />

Hernández y de ahí se extendió a Andalucía, y encontró allí su<br />

mejor representante en el gran escultor Martínez Montañés, de<br />

quien son obra algunas de las mejores imágenes que desfilan en<br />

las Procesiones de Semana Santa. Otro gran imaginero andaluz<br />

del S. XVII fue Pedro Roldán. A él o a su hija llamada la Roldana<br />

se debe la famosa imagen que la Macarena. Las imágenes hechas<br />

en el siglo XVIII son menos puras en sus líneas y más recargadas<br />

79


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

y de un naturalismo que suele llegar a lo grotesco, pero de ningún<br />

modo son banales ni vulgares, no recuerdan la insipidez de las figuras<br />

de estuco y de cera que luego hemos padecido. Aún los que hoy fabrican<br />

imágenes en Sevilla, tratan de ceñirse a la gran tradición.<br />

Las imágenes en los “pasos están montadas con gran arte sobre<br />

pedestales que se llaman canastillas, de caoba, decorados de plata<br />

y de oro, labrados barrocamente. El piso de esos pedestales sobre<br />

el cual se levantan las imágenes va enteramente cubierto de<br />

flores, escogidas especialmente en cada caso: los Cristos marchan<br />

sobre claveles rojos como su sangre, o sobre lirios morados, las<br />

vírgenes van sobre claveles blancos (Na. Sa. de la Paz ), sobre<br />

claveles rosa muy pálido (la Macarena, de manto verde y plata) ,<br />

sobre blancos azahares (la Candelaria). Los Cristos llevan faroles<br />

o lámparas de luz atenuada, candelabros de ligero metal que oscilan<br />

de manera que en la luz misma hay misterio y temblor. Todo<br />

en torno a Cristo es viril y trágico. Pero a la Virgen, por ser mujer,<br />

Sevilla se desborda para adornarla, como si quisiera mimarla<br />

y consolarla, porque es bella, y está triste y llora. Admirables lágrimas<br />

están talladas sobre las mejillas de las vírgenes sevillanas.<br />

No sólo se la hace marchar sobre flores claras y perfumadas, sino<br />

que delante de ella, en gradación de alturas, se extienden centenares<br />

de cirios encendidos, como flores de luz, y sobre su cabeza<br />

hay un palio tejido de hilos de plata o de oro y bordado como por<br />

manos angélicas, y sobre el pecho le penden las joyas más preciosas<br />

que le ofrenda una princesa, o un duque, o un torero; y hasta<br />

el puñal que le atraviesa el pecho ha de estar cuajado de piedras<br />

fulgurantes, y su gran manto bordado resplandece como un cielo<br />

estrellado. Así como detrás de Cristo se oye sólo un redoble de<br />

tambores, un severo toque de cornetas, a la Virgen se le toca<br />

música suave, arrolladora, muchas veces escrita para ella en especial<br />

por músicos sevillanos. Y el pueblo de Sevilla cuando la ve<br />

pasar, no sólo le reza, sino le aplaude, la canta y le dice los más<br />

finos piropos de su repertorio. De la intensa devoción mariana<br />

del pueblo sevillano es prueba el hecho de tener la ciudad 73 imágenes<br />

importantes de María, y sólo 21 Cristos y 28 escenas varias<br />

de la Pasión.<br />

80


obras y <strong>apuntes</strong><br />

Los cantos que irrumpen al paso de las imágenes son las<br />

saetas, una canción que es un gemido, con modulaciones que le<br />

dan el carácter de un canto gregoriano barroco y popular. Se cantan<br />

las saetas a los Cristos y a las vírgenes, de día y de noche,<br />

sobre todo al salir y al entrar de nuevo en su parroquia. Son más<br />

impresionantes en el silencio de la noche, cuando no hay ya más<br />

luz que la de los cirios del “paso” ni más público que el de los<br />

fervorosos, a los cuales se mezcla alguna vez un turista reverente.<br />

Entonces se detiene el “paso” y de repente asaetea el aire, no<br />

se sabe de dónde,¡ay! como una flecha. El silencio se ahonda y<br />

los ojos buscan y localizan al cantaor o cantaora arriba siempre,<br />

en alguna ventana o un balcón florido, apoyados en el herraje. Si<br />

es una saeta a la Virgen, el amor irrumpirá en la canción, como<br />

para la “niña hermosa” que es:<br />

‘Toíto el mundo ha confesao<br />

que tú eres la más bonita,<br />

la del color bronceao,<br />

gitana, pura y bendita<br />

por tós los cuatro costao.”<br />

Y la voz del que canta tiembla y se retuerce como las lenguas<br />

de luz de los cirios que se alargan para besar el rostro de la Señora.<br />

La admiración por la belleza de sus vírgenes llega a la pasión<br />

en los sevillanos. Para el extranjero poco observador todas<br />

esas vírgenes son más o menos iguales; para los sevillanos, cada<br />

una es diferente, y posee una personalidad inconfundible. Y los<br />

extranjeros que ponemos interés en ello, llegamos a apreciarlo<br />

también, aunque nos hagan reír las acaloradas disputas entre<br />

“macarenos” y “trianeros” sobre cuál de sus respectivas vírgenes<br />

es “la más bonita”, discusión netamente sevillana y cuestión enteramente<br />

insoluble, desde luego.<br />

81


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

No quiero terminar estos <strong>apuntes</strong> sobre la Semana Santa en<br />

Sevilla, sin hablar de uno de los elementos indispensables de las<br />

procesiones, si bien es invisible. A diferencia de otros lugares,<br />

los “pasos “ de Sevilla son cargados en hombros por unos individuos<br />

a quienes nadie ve: los costaleros. Van debajo del paso;<br />

encorvados, y los faldones de terciopelo de la canastilla los<br />

ocultan totalmente. Respiran por agujeros del labrado barroco,<br />

llamados respiraderos. Ellos no ven a dónde ni por<br />

dónde van, y son guiados por un director, severamente vestido<br />

de negro: el capataz. Los costaleros son unos artistas<br />

en su profesión: imprimen ritmos diversos a la marcha, según<br />

sea adecuado, “tropiezan” con el Cristo de los Cardos,<br />

“bailan” con el Cristo de los gitanos, “mecen” suavemente<br />

a la Virgen y después de cada pausa -frecuentes, pues los<br />

“pasos” son excesivamente pesados- saben levantar en alto<br />

el paso y dejarlo caer de nuevo, sin sacudidas, sobre sus hombros,<br />

cuando el capataz ordena: “Una levantaíta suave y bonita”.<br />

Y ni un cirio se apaga, ni un clavel se desprende de su<br />

tallo en todo el trayecto. Ser costalero, (como ser capataz) es<br />

cosa que se tiene a honra y se aprende con esmero.<br />

Aunque Juan Ramón me había recomendado no dormir la<br />

noche del jueves al viernes santo, porque en esa noche el desfile<br />

de las procesiones no se interrumpe, no me limité a esa<br />

prescripción, sino que apenas dormí el resto de las noches de<br />

la Semana, tratando de ver las principales “salidas” y “entradas”<br />

de las imágenes a sus parroquias. Pero las principales ocurren<br />

todas en esa noche, del jueves al viernes: la Macarena,<br />

que sale a la una de la madrugada de su iglesia de San Gil, el<br />

Jesús del Silencio, que sale a las dos, sin hacer ruido alguno, la<br />

Esperanza de Triana, que sale de su barrio a las 2:15, etc. y<br />

luego, las entradas espectaculares, en la mañana temprano, todas<br />

acompañadas de gran afluencia de público. Pero en verdad<br />

hay que escoger, pues no sería posible presenciar todas las entradas<br />

y salidas, ya que los barrios están separados. Una de las<br />

más bellas retiradas es la de la Esperanza de Triana, cuando<br />

cruza el puente sobre el Guadalquivir en su resplandeciente<br />

82


obras y <strong>apuntes</strong><br />

transporte, entre los reflectores de los barcos de guerra que<br />

remontan el Guadalquivir con ese fin.<br />

El Viernes Santo dan fin las procesiones; pero en la mañana<br />

del sábado de Gloria es emocionante presenciar el descorrer<br />

del velo que cubre el magnífico retablo dorado de la<br />

catedral, que es el mayor de la Cristiandad y uno de los más<br />

bellos.<br />

Algunos días más tarde, la segunda gran fiesta de Sevilla,<br />

la Feria, da comienzo. En su origen fue una verdadera feria de<br />

ganado; pero hoy en día es principalmente de agricultura. La<br />

Feria es muy sencilla de describir, pero presenciarla es otra<br />

cosa. Se extiende el Ferial en el Prado de San Sebastián, cerca<br />

del parque de María Luisa. El municipio alquila a grupos o individuos<br />

casetas o casillas, que son pequeños pabellones de madera<br />

o de lona, adornados de faroles y banderolas. Cada familia<br />

pudiente, cada Club, tiene su caseta, y se mantienen abiertas<br />

por varios días y noches: allí se bailan, principalmente bailes<br />

populares andaluces y se toma manzanilla. Es frecuente ver y<br />

oír en las casetas muy buenos bailarines y cantaores.<br />

Pero el rasgo distintivo de la Feria es el desfile de carruajes<br />

y caballos. De todas partes vienen caballeros y amazonas.<br />

Jóvenes apuestos y orgullosos de sus maravillosos caballos andaluces,<br />

recorren el ferial con sus novias o amigas montadas a<br />

la grupa. En los carruajes, abiertos, tirados por cuatro y seis<br />

caballos o mulas enjaezadas, pasan los grandes ganaderos y un<br />

buen número de hermosas mujeres vestidas a la flamenca. La<br />

ciudad entera baila; desde los niños que apenas saben caminar,<br />

hasta los ancianos, y es tal el número de castañuelas que suena,<br />

que los sonidos se unen para formar uno sólo, y parece que<br />

Sevilla misma es la que toca y canta y baila con un rápido repiquetear<br />

de tacones.<br />

83


II<br />

TEMAS DE HISTORIA<br />

Y SOCIEDAD


VISIÓN GENERAL<br />

DE LA SOCIEDAD MEDIEVAL<br />

La época medieval, en la Europa occidental, aunque tiene rasgos<br />

característicos de conjunto, no constituye una unidad cerrada. Puede<br />

considerarse como formada por períodos a los que tendencias diferentes<br />

imprimen un carácter especial, les dan su equilibrio interno y<br />

determinan su tono de vida. Aun dentro de la Europa occidental existen<br />

diferencias de carácter y de ritmo en el desarrollo de la Edad Media,<br />

por ejemplo entre Francia, Italia y España, o Inglaterra.<br />

Pero nuestra intención es dar aquí una breve visión de conjunto,<br />

prescindiendo de las diferencias de detalle.<br />

Los períodos en que suele considerarse dividida la época medieval<br />

son tres:<br />

1) La temprana Edad Media, que cronológicamente se extiende desde el<br />

siglo IV al V.<br />

2) La alta Edad Media, que abarca los siglos XI a XIII.<br />

3) El periodo final de la Edad Media, en el siglo XIV y parte del XV.<br />

Como ya se ha explicado aquí por los equipos que desarrollaron<br />

los demás temas de este estudio de la Edad Media, el hecho angular<br />

del tránsito de la Edad Antigua a la Edad Media es el debilitamiento<br />

del régimen esclavista y su sustitución por el régimen feudal. Pero el<br />

87


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

primer proceso social que tiene lugar en el tránsito de una edad a otra<br />

es la fusión de los elementos romanos con los germánicos, en la época<br />

de la migración de los pueblos y en los primeros tiempos de la<br />

Edad Media, para formar una nueva comunidad de cultura, por encima<br />

de choques, tensiones y antagonismos. La irrupción de elementos<br />

germánicos que entran en la vida pública y privada de Roma, comienza<br />

desde los tiempos de César. La fusión de estos elementos<br />

con los romanos, que conduce a una serie de innovaciones en la<br />

organización del Estado y de la sociedad fue mucho más profundo<br />

que la adopción por los germanos de ideas e instituciones romanas.<br />

El mundo romano en el momento de la inmigración<br />

germánica acusaba un marcado retroceso hacia el ruralismo, al<br />

paso que los pueblos germánicos vivían principalmente de la agricultura.<br />

Al final de la Edad Antigua, grandes extensiones de terreno<br />

estaban subdivididas en parcelas, confiadas a colonos que<br />

pagaban retribución y que, sin ser esclavos, no eran libres. Estos<br />

representaron los primeros indicios del nuevo régimen económico<br />

que había de fundarse sobre el trabajo del siervo y del villano,<br />

semejantes en su condición de explotados. Los señores, dueños<br />

de medios principales de producción, forman -en un sistema basado<br />

en la posesión de la tierra- una nueva nobleza de terratenientes<br />

y funcionarios, semejante en muchos aspectos a los<br />

senadores y terratenientes de los últimos tiempos romanos. La<br />

nueva nobleza absorbe los residuos de esos linajes romanos y de<br />

la antigua aristocracia germana, y constituye una clase que hasta<br />

el final del siglo XI es no sólo poseedora de la mayor parte de la<br />

tierra, sino orientadora y acaparadora de la vida cultural, y en<br />

cuyas manos se concentraron todos los poderes del Estado y de<br />

la Iglesia.<br />

La sociedad de la Edad Media reconocía tres órdenes sociales:<br />

los guerreros, los religiosos y los trabajadores. La religión<br />

cristiana en este periodo inicial se asegura como religión dominante<br />

en Europa – religión del Imperio- y cambia totalmente en<br />

cuanto a su significación primitiva de protesta contra las expoliaciones<br />

de los poderosos, porque se alía al poder aristocrático. Toda<br />

la cultura de la Edad Media hasta comienzos de siglo XII es de<br />

tipo eclesiástico y de carácter aristocrático, ya que los altos pues-<br />

88


obras y <strong>apuntes</strong><br />

tos de la Iglesia estaban en poder de los nobles y los monasterios<br />

reciben en su seno casi exclusivamente a los miembros de la<br />

nobleza; con excepción, por supuesto, de los sirvientes y siervos<br />

de dichas instituciones; porque en los monasterios, como en el<br />

mundo secular, existe la división de clases sociales.<br />

La Iglesia se organiza como un señorío más, terrateniente y<br />

guerrero: la fusión de sacerdote y guerrero en una misma persona<br />

era reconocida y admirada, hecho que se puede ver reflejado en los<br />

Cantares de gesta (El arzobispo Turpin; el Obispo Jerónimo). Las<br />

abadías eran muchas veces plazas fuertes. Además, la Iglesia, por medio<br />

de préstamos e hipotecas que le entregaban, en caso de insolvencia,<br />

los bienes de los deudores, en pocos siglos tuvo en sus manos<br />

gran parte del control de la economía feudal. Los monasterios<br />

desde el siglo VIII se convirtieron en avanzadas del comercio y<br />

la industria; fueron fuertes instituciones bancarias de crédito rural,<br />

y organizaron, dice Aníbal Ponce, “la primera economía estable,<br />

exenta en gran parte de los medios de adquisición violenta<br />

que caracterizaron al mundo feudal”, pues se apoyaba en una<br />

organización racional del trabajo según reglas precisas de disciplina.<br />

En cambio la economía del señor feudal no se ajustaba a<br />

reglas: vivía del trabajo servil sin plan común, y de la guerra y del<br />

saqueo, que eran su negocio. El castillo del señor no era mucho<br />

más que un lugar de reposo transitorio. Gastaba el señor la fortuna<br />

que allegaba; el monasterio la acumulaba y acrecentaba. Por<br />

lo tanto, también fueron los monasterios “prestamistas de reyes<br />

y de príncipes”.<br />

El tono de vida de esta aristocracia, su carácter y concepción<br />

del mundo, son conservadores y limitados. Se mueven estos<br />

grupos en círculos fijos y no buscan nuevos horizontes: rasgo<br />

que se demuestra en el arte, la ciencia, las costumbres y la propia<br />

economía. Y a pesar de los importantes cambios históricos: Imperio,<br />

francés, Sacro Imperio Romano germánico, esta forma de<br />

vida no empieza a resquebrajarse hasta el período de la guerra de<br />

las investiduras, que crea una agitación y nuevos impulsos.<br />

89


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

Entre los miembros de la aristocracia existían diferencias<br />

de poder y de riqueza; pero con todo formaba, dentro de cada<br />

reino, algo como una unidad corporativa. La relación de fidelidad<br />

hacia el rey o el emperador se concebía como una relación personal.<br />

Con el tiempo esto resultó en el fortalecimiento del sistema<br />

monárquico. La aristocracia fue perdiendo su carácter cerrado<br />

porque las necesidades de la administración y de la guerra fueron<br />

agrupando en torno de ella a mayordomos, servidores,<br />

hombres de la mesnada, que habrían de integrar una nueva<br />

clase social: los ministriles: (En España los infanzones, frente<br />

a los “grandes” y “ricos hombres”) que constituirán la baja<br />

nobleza.<br />

El segundo período medieval: la alta Edad Media, será teatro<br />

del ascenso de esta nueva clase, que conquista con esfuerzo<br />

el señorío y los privilegios y exalta e idealiza el tipo de vida<br />

de la nobleza como meta social y personal. En el ideal caballeresco<br />

se convierte en misión y objetivo de un sistema de educación<br />

el contenido de la vida del hombre noble. En este<br />

concepto entra un nuevo sentido de aventura, un dinamismo<br />

que cambia el tono de la vida medieval.<br />

El cambio se verifica en general a través de las capas sociales:<br />

la cultura se extiende; aumenta el número de personas<br />

que tienen acceso a ella (sin que eso signifique que se tenga<br />

idea alguna de lo que es hoy cultura popular). Las ciudades florecen<br />

y sin que haya todavía una burguesía como clase comienzan<br />

a observarse las transformaciones que conducirán a su<br />

integración. Sobre todo, el desarrollo de la producción y de la<br />

economía monetaria, por lo tanto, de la compra-venta de productos<br />

agrícolas e industriales.<br />

90<br />

La ciudad se convierte de fortaleza en mercado.<br />

Manifestación del nuevo dinamismo es la gran empresa<br />

de las Cruzadas, que, inspiradas en el primer momento en la<br />

fe, el espíritu caballeresco y la necesidad expansiva de aventu-


obras y <strong>apuntes</strong><br />

ras, resulta en muy complejas consecuencias importantes para<br />

la economía y para la cultura.<br />

La transformación de la vida se refleja en dos ideas: en<br />

la teología (sistemas de Tomás de Aquino y Buenaventura), en<br />

las corrientes ascéticas (heréticas a veces) y la fundación de<br />

nuevas órdenes religiosas: en la creación de las Universidades,<br />

y también en la eclosión de un nuevo deleite y goce de la vida<br />

terrenal, que se retrata en la literatura narrativa y la poesía<br />

trovadoresca, las que se expresan, no ya en latín, sino en lengua<br />

vernácula. Hasta la mayor creación literaria culta del período,<br />

La Divina Comedia de Dante tiene dos características<br />

novísimas: esta escrita por un seglar, y en lengua vulgar.<br />

Notemos los signos de transformación que aparecen en la<br />

educación aunque sigue en manos de la Iglesia, pasa de los monasterios<br />

al clero secular, porque se hace necesario enseñar en<br />

las ciudades, donde radica la creciente burguesía.<br />

La fundación de las Universidades obedece a tales condiciones<br />

porque “aunque nominalmente eclesiástica, la universidad<br />

era, por su espíritu, seglar” y abrirá a la burguesía (al menos<br />

a la burguesía rica) la participación en beneficios que hasta entonces<br />

no había podido disfrutar. Todo indica que ya la época de mayor<br />

poderío de la Iglesia estaba en su fin.<br />

Este período culminante de la Edad Media, se caracteriza por<br />

su tono de vida impetuoso y expansivo a diferencia del primer período,<br />

conservador y limitado.<br />

El tercer período es la disolución de la Edad Media. Es el que<br />

Huizinga presenta en su obra “El otoño de la Edad Media” y lo<br />

caracteriza como una época que sicológicamente no conoció el término<br />

medio; extremista y apasionada, sin frenos poderosos de la<br />

razón a las emociones primarias, pero aficionada al brillo, al color<br />

y al refinamiento externo; en una palabra: una especie de período<br />

barroco de la Edad Media.<br />

91


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

Hechos fundamentales de esta época final son: la decadencia<br />

de los poderes supremos de la Cristiandad: el Pontificado – que se<br />

debilita como poder espiritual aunque subsiste como poder económico;<br />

y el Imperio que como potencia universal desaparece.<br />

Con esto coincide la decadencia de la caballería, en su forma y<br />

función típica, porque se hace anacrónica frente a nuevas armas y al<br />

nuevo tono de vida que toma la sociedad.<br />

La burguesía, sin que aún exista con conciencia de clase, se desarrolla<br />

ampliamente en las ciudades y va ganando influencia política<br />

el elemento: artesanos e industriales, que ha de integrar la pequeña<br />

burguesía. Aunque la dirección de todos los asuntos sigue en manos<br />

de los antiguos linajes, ya son numerosos los hombres que se elevan a<br />

igualarlos en rango, por medio de la riqueza. Este ascenso de amplias<br />

capas populares sigue al progreso de la economía monetaria. Aumentan<br />

ahora las posibilidades de acceso a la cultura. El hombre de estudios<br />

empieza a pesar en la sociedad. Al título de Doctor se le conceden<br />

prerrogativas y derechos iguales que el de Caballero, porque los hombres<br />

cultos se hacían indispensables a los príncipes y a las ciudades<br />

dadas la complicación creciente de las funciones administrativas y diplomáticas.<br />

La pequeña burguesía vive aún en condiciones muy humildes y<br />

aun míseras; pero a través de insurrecciones ha arrancado a los nobles<br />

cierta participación en el gobierno de las ciudades y tiene cierta<br />

seguridad – que le dan sus agrupaciones gremiales- y aun cierto orgullo<br />

profesional.<br />

Las actividades del comercio al por mayor y las bellas artes tienen<br />

gran libertad y comerciantes y artistas se codean con los nobles y<br />

llegan a veces a una vida principesca. Una capa intermedia de población<br />

urbana bastante numerosa vive en un plano anteriormente inasequible<br />

a los que no fueron nobles. Por otra parte los nobles menos<br />

ricos muchas veces se veían obligados a trabajar como los burgueses<br />

si querían comer. Hay un como un reajuste de capas sociales.<br />

El tono de vida de esta época movida en considerable proporción<br />

por la capacidad y tenacidad burguesas, difiere mucho del de los<br />

92


obras y <strong>apuntes</strong><br />

dos períodos anteriores. Es mas basto, pero más vital, como se ve en<br />

las manifestaciones culturales, que si presentan rasgos de vulgaridad,<br />

también cobran nueva frescura y animación. El Renacimiento, el Humanismo,<br />

la Reforma, que suelen contraponerse a los movimientos<br />

típicamente medievales, van a surgir de estas mismas fuerzas que fecundaran<br />

la vida del ultimo período de la Edad Media.<br />

93


EDAD MEDIA ESPAÑOLA<br />

En la estructura general de la Edad Media española predomina<br />

en un principio la explotación de los trabajadores: labriegos libres y<br />

siervos, en el campo; en las ciudades, los artesanos. Poco a poco, se<br />

van extinguiendo las clases serviles. Al principio en los reinos cristianos<br />

luchan los siervos contra los señores. Pero, paralelamente al proceso<br />

de extinción de la servidumbre va formándose y creciendo una<br />

pequeña burguesía de hijosdalgo: los pequeños señores, letrados y<br />

caballeros de las villas.<br />

A medida que esta clase crece y se desarrolla, las luchas principales<br />

no son ya las de los siervos contra los señores, sino las de los<br />

hijosdalgos y pequeños poseedores de las comunas y las villas –los<br />

villanos- contra la nobleza y el clero. Nobleza y clero habían conseguido<br />

del poder real aumentos de sus privilegios y de sus riquezas<br />

territoriales fruto de conquistas y donaciones en la guerra contra los<br />

moros. Ese poder económico lo utilizaron los nobles contra la misma<br />

monarquía, para alzarse contra el poder político. La monarquía, en<br />

sus luchas contra una nobleza enriquecida y ensorbercida, tuvo que<br />

aliarse con los antiguos siervos, cultivadores pobres, artesanos y villanos,<br />

y ceder muchas veces ante sus demandas de igualdad. Pero las<br />

concesiones obtenidas en el orden jurídico no se traducían económicamente<br />

en mayor bienestar, sino que la relación de dependencia económica<br />

de esas clases sociales respecto de la nobleza y el clero seguía<br />

siendo tan dura como la antigua dependencia personal: no las redimía<br />

95


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

de los impuestos: la tasa, el diezmo y el tributo. Por eso son pobres<br />

esas clases sociales –incluso los hidalgos- y su necesidad y su meta es<br />

hacer dinero, puesto que su falta es lo que los mantiene en inferioridad,<br />

que en cuanto a honra, son iguales al más alto, “dineros menos”.<br />

En la literatura tenemos el reflejo de esta situación: A) En el<br />

Poema del Cid, donde se libra la batalla “por el pan”, y por ese medio<br />

sube el hidalgo al plano que merece por su altura moral: por encima<br />

de la nobleza engreída, que queda vencida y ridiculizada. El rey encuentra<br />

su apoyo mejor en este tipo de hidalgo. Pero recordemos que<br />

el hidalgo es un guerrero por doble necesidad (a la guerra me lleva, mi<br />

necesidad.....) Todavía esta psicología se demuestra en la conquista de<br />

América.<br />

B) En la figura del hidalgo pobre que aparece en varias obras<br />

famosas: Lazarillo, el Quijote mismo. C) En las obras dramáticas<br />

(Lope, Calderón, etc.) en las que el Rey da la razón a los villanos (el<br />

pueblo) frente a los nobles (la clase militar).<br />

La nobleza misma entra, en su mayoría, en la decadencia económica<br />

que se inicia a fines del siglo XIV, motivada por el desarrollo de<br />

los procedimientos de producción de la artesanía por el crecimiento<br />

del comercio, y por la disminución de los beneficios (y productos) de<br />

la tierra, y frente a los privilegios de la nobleza alzó su autoridad la<br />

monarquía, no sin luchas.<br />

En los municipios y concejos, al amparo de la autonomía que se<br />

sostiene en los Fueros, fue naciendo otra clase que podría llamarse<br />

media, de comerciantes y artesanos, con insuficientes talleres en<br />

obradores, que acrecentaba su poder a medida que alcanzaba a poseer<br />

mayor riqueza mueble, esa clase, en competencia con los señores, se<br />

convertía en propietaria territorial, y de sus filas nacían los letrados,<br />

que acentuaron el proceso de laicización de la cultura. Las mayores<br />

luchas y crisis de este tipo: luchas de los señores por mantener preeminencia<br />

y lucha de la clase media, tienen lugar bajo los reinados de<br />

Juan II y Enrique IV.<br />

Las condiciones económicas favorecen la aparición de esta clase<br />

que se llama “estado llano” y burguesía luego, así se efectúa la transición<br />

de la E. Media al Renacimiento.<br />

96


obras y <strong>apuntes</strong><br />

Pero con los Reyes Católicos el cuadro cambia; ellos imponen<br />

en España el absolutismo imperial y el absolutismo religioso. 1) Desarrollan<br />

una política de conquista dentro y fuera del país. 2) Realizan<br />

la expulsión de los judíos (y más tarde de los árabes) con grave daño<br />

para la cultura y la economía nacionales, y desencadenan la persecución<br />

religiosa, a través del establecimiento de la Inquisición. 3) Anulan<br />

la influencia de las Cortes, y ahogan la personalidad de las regiones<br />

españolas llegando a una rígida centralización, con abolición de los<br />

fueros u destrucción de los municipios: (Cabildos). Esta monarquía<br />

absoluta –después de sojuzgar algunas rebeldías de los grandes señores-<br />

(órdenes de caballerías: Santiago, Manresa, Calatrava), se disociará<br />

de la pequeña nobleza, de la burguesía naciente y de los campesinos,<br />

y sus medidas provocarán bajo Carlos I, la guerra de las Comunidades,<br />

(primera revolución liberal burguesa de Europa) y la de las Germanías,<br />

(Levante) llevada a cabo por fuerzas populares mandadas por<br />

artesanos. Ambas fueron vencidas por los ejércitos de la Monarquía.<br />

El espíritu de esas luchas se refleja en la literatura de la Edad de<br />

Oro, perpetuando señas nacionales de gran vigor. Romancero, las luchas<br />

del pueblo con los grandes señores, el Rey (nacional) (Carlos I<br />

no lo es) aliado del pueblo y dotado de virtud moral: es una forma de<br />

trascender la realidad (reacción).<br />

97


CONCEPTO DE LA NOVELA HISTÓRICA.<br />

SUS DIFERENTES TIPOS.<br />

SU DESARROLLO HISTÓRICO.<br />

LEYENDA E HISTORIA.<br />

Tantas producciones insípidas y deshilvanadas han desacreditado<br />

el nombre de la novela histórica, que no sin temor venimos<br />

hoy a inaugurar este breve curso de lecciones en las que se pretende<br />

lanzar una rápida ojeada sobre el vasto campo de las relaciones<br />

entre la historia y la novela. Porque el género novela histórica, a<br />

causas de su dignidad gravemente lesionada por el trato de cultivadores<br />

incompetentes se ha hecho acreedor nada menos que a la<br />

pena de expulsión de los dominios de la literatura, pronunciada<br />

por jueces estrictos; y no ha faltado algún fiscal implacable que<br />

haya pedido para él la pena de muerte sin recurso de apelación.<br />

Sin embargo, creemos que no existe forma literaria, o arte, o<br />

ciencia pues de los tres modos podemos considerarla, tan estrechamente<br />

unida a la novela como la historia; y no ha existido un<br />

sólo historiador verdaderamente grande, de esos que se leen y se<br />

leerán siempre sin dejar caer el libro, desde Tito Livio hasta Agustín<br />

Thierry, de Fernán Pérez de Guzmán a Guillermo Ferrero, que no<br />

haya poseído en alto grado el feliz don de narrar, esencial para el<br />

novelista. En las épocas primitivas, antes de que el espíritu científico<br />

hubiera penetrado en el campo de la Historia, que originaria-<br />

99


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

mente es una de las Bellas Artes ¿quién hubiera podido separar en<br />

los tratados lo que propiamente debía llamarse histórico, de lo<br />

novelesco, - de lo romancesco, que da, para nosotros, a la Historia<br />

de aquel período el carácter de leyenda, de esa mezcla de fantasía<br />

y realidad que suele expresar mejor que una exposición escueta<br />

el sentido humano de un hecho, porque no se limita a dárnoslo<br />

como sucedió, sino nos lo interpreta? El poeta León Felipe así nos<br />

habló de leyendas: la venta de las joyas de Isabel la Católica, Hernán<br />

Cortés quemando sus naves ….. Tales no fueron los hechos; ¿qué<br />

importa, si ese fue su significado?<br />

Emerson decía que la historia es biografía. Nunca ese concepto<br />

ha podido sonar tan verdadero como hoy. El actual entusiasmo<br />

por la biografía ha desarrollado el género como rival<br />

victorioso de las clásicas formas de la historia (crónica o tratado)<br />

pero al mismo tiempo la ha asimilado a la novela. Una conocida<br />

colección de biografías española se da el título de “La Novela de<br />

los Grandes Hombres”. La biografía constituye la variante más<br />

actual de la novela histórica y desempeña en parte el papel que a la<br />

poesía épica corresponde en los pueblos de ayer. Es una nueva<br />

manifestación del culto de los héroes que ahora pasan a ser mundiales<br />

en lugar de nacionales.<br />

Toda novela es narración de aventuras. Lo es la historia. Lo<br />

es en el fondo, toda obra literaria. De la crítica misma decía aquel<br />

crítico refinado que fue también exquisito novelista, Anatole<br />

France, que era un contar las aventuras de su alma entre obras maestras.)<br />

La narración de los hechos, enriquecida por la fantasía, ya<br />

para recreo, ya con fin moralizador, dio, desde muy temprano en la<br />

vida del mundo, motivo al cuento, mítico y trascendental en su origen.<br />

Otra narración más vasta acompaña a las antiguas civilizaciones:<br />

es la epopeya, que habla primero de los dioses, y luego de los<br />

dioses y de los hombres, sin acertar a señalar límite entre lo divino<br />

y lo humano, porque narra cosas muy antiguas, y después de siglos<br />

de siglos ¿quién recuerda cuándo el dios fue hombre y cuándo el<br />

hombre se convirtió en Dios?.<br />

La epopeya tiene raíces muy hondas, que descienden al fondo<br />

del alma de los pueblos; oculta misterios étnicos y genealógicos,<br />

100


obras y <strong>apuntes</strong><br />

conflictos de razas y de los pueblos, aspiraciones místicas, símbolos<br />

medio borrados ya. Extrae de la realidad efímera la esencia inmortal,<br />

y su autor mismo, Vlamiki el hijo de los bosques u Homero<br />

el de las siete ciudades, o Virgilio mago y profeta; se hace tan<br />

mítico como sus héroes. La epopeya es vasta por el sentido, heroica<br />

por los personajes, sobrenatural porque interpreta la vida humana<br />

frente a los poderes misteriosos que están más allá de sus<br />

fuerzas. Se mantiene a una altura que logra interesar a los hombres<br />

de todos los tiempos. Lo extraordinario no es siempre su asunto,<br />

sino la manera de tratarlo, que presta a los hechos una significación<br />

mucho más alta que la material, que convierte el tema de la<br />

fundación de una colonia troyana a orillas del Tíbet en un eslabón<br />

que una las predicciones del pasado con las esperanzas del futuro,<br />

y la guerra ante Troya en alguna polvorienta llanura del Ais, es una<br />

manifestación de la justicia cósmica.<br />

La epopeya es eminentemente objetiva. La personalidad del<br />

poeta se abisma en el espíritu colectivo, y sea quien sea el autor se<br />

hace pueblo para cantar la del pueblo. Luego cuando la literatura<br />

antigua se hace más personal, se pierde ese objetivismo de la narración.<br />

La epopeya se hace cada vez menos vigorosa. En parte<br />

muere y en parte se transforma, se mezcla con la lírica o con la<br />

filosofía o con la historia, o pasa a ser, de narrativa, activa, cuando<br />

con Kalidasa o con Esquilo los dioses y los héroes suben a la escena.<br />

Todas esas transformaciones de la narración las presencia la<br />

Edad Antigua, pero no aparece entonces la novela. Dice Albert<br />

Thibandet que los griegos desconocían dos vivos placeres nuestros:<br />

fumar y leer novelas. En primer lugar las narraciones de la<br />

antigüedad, tanto los cuentos como la poesía, eran recitadas en<br />

público, constituían una literatura oral; en segundo lugar, la novela<br />

como la concebimos nosotros es un género esencialmente moderno<br />

y occidental. Nada hay en la antigüedad que corresponda a ella<br />

con exactitud. El Critias de Platón, la Ciropedia de Jenofonte, el<br />

Satiricón de Petronio, las Metamorfosis de Apuleyo, y las narraciones<br />

de aventuras y de amores, bizantinas y orientales, son excepciones<br />

incompletas, que no llegaron a constituir el género<br />

101


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

novelesco. Este supone el libre juego de la imaginación personal<br />

adueñándose de la realidad, y ese reino no había venido todavía.<br />

La Edad Media es la que abre el camino a la novela. De las<br />

narraciones célticas del ciclo bretón, llenas de aventuras armoniosas<br />

y de análisis sentimental, brota una corriente novelística que<br />

aún perdura y crece. Las narraciones célticas en su origen se hacían<br />

todavía oralmente, y se cantaban, pero en parte se hacían en<br />

prosa y no tardaron en escribirse. Así dejaron de pasar por boca de<br />

los juglares y se hicieron novelas, romans, en el sentido moderno<br />

de la palabra.<br />

Los romans bretones representan la entrada en la escena literaria<br />

de la raza céltica, soñadora, apasionada, tan capaz de exaltación<br />

fogosa como de infinita desesperanza, y profundamente<br />

poética. Una viva simpatía por todo lo que existe le hace sentir en<br />

la naturaleza un temblor de sensibilidad humana. Las narraciones<br />

célticas traen a la literatura las deslumbrantes aventuras de los caballeros<br />

de la Tabla Redonda, el misterio del santo Grial y sus guardianes<br />

místicos, y en ese marco de historia legendaria, las más bellas<br />

historias de amor que ha leído el mundo. En esas novelas en germen<br />

aparece por primera vez al amor como sentimiento fatal, profundo<br />

y ardiente, pasión que llena la vida y es toda su dicha o su<br />

infelicidad. Puede ser tipo de estas narraciones la novela de Tristán<br />

e Isolda que tantas formas y versiones ha alcanzado, desde Chrestien<br />

de Troyes hasta Wagner. “Señores; quereís oír una bella historia de<br />

amor y de muerte? Es la de Tristán y de Isolda la Reina. Escuchad<br />

como se amaron, en gran alegría y en gran dolor, y como murieron<br />

luego, en un mismo día, él por ella y ella por él”.<br />

Esa literatura novelesca del amor gira, naturalmente, en torno<br />

a la mujer. Penetra en la feudalidad ruda del Norte tras aquella<br />

fatal princesa Alienor de Aquitania que venía del Sur, envuelta en<br />

la poesía de los trovadores, y que fue sucesivamente reina de Francia<br />

y de Inglaterra, legando a sus pueblos una herencia de muerte.<br />

A su segundo esposo, Enrique II de Inglaterra, dedica la más antigua<br />

mujer novelista de Europa, María de Francia, su colección de<br />

narraciones, la más rica que de ese período poseemos: los Lais.<br />

102


obras y <strong>apuntes</strong><br />

El Cristianismo y la sociedad feudal habían elevado a la mujer<br />

a la plenitud de un ser humano, sacándola de la vida a medias<br />

en que la aprisionó la antigüedad. En la Edad Media reina como<br />

señora en círculos y cortes literarias y se convierte en heroína glorificada<br />

de las novelas amorosas. De Isolda y Ginebra hasta<br />

Dulcinea la mujer es el eje ideal de la ficción narrativa. La novela<br />

empieza a leerse en la cámara femenina ante un grupo de mujeres<br />

que escuchaban o ante una sola mujer que oye o que acompaña la<br />

lectura, y de la lectura del amor suele brotar el amor, como en el<br />

episodio inmortal de Paolo y Francesca da Rímini, contado por<br />

Dante: (habla ella, en el Infierno).<br />

“Leímos un día, por pasatiempo, las Aventuras de Lancelot<br />

y de qué modo cayó en las redes del amor. Estábamos solos y sin<br />

sospecha alguna. Aquella lectura hizo que nuestros ojos se buscaran<br />

muchas veces y que palideciera nuestro semblante; mas un solo<br />

pasaje decidió de nosotros. Cuando leímos que la sonrisa deseada<br />

fue interrumpida por el beso del amante, éste, que ya jamás se separará<br />

de mí, me besó tembloroso en la boca. El libro y su autor<br />

nos sirvieron de intermediarios; aquel día, ya no leímos más”.<br />

Dice Thibandet que con esos célebres versos, el más grande<br />

de los poetas ha sellado luminosamente el acta de nacimiento de la<br />

novela.<br />

La poesía épica de la Edad Media la engendra. Esta poesía<br />

está constituida por composiciones de carácter histórico que se<br />

producen en diversos pueblos de la Europa medieval hacia la misma<br />

época y que nos han dejado como herencia, por una parte, los<br />

poemas que han sido llamados nacionales, constituidos en torno a<br />

un héroe que personifica el ideal y la esperanza de esos pueblos en<br />

aquel momento histórico. Rolando, Sigfrido, el Cid… y por otra<br />

parte un haz de leyendas en torno a ciertos héroes representativos<br />

como las del Rey Arturo y los Caballeros de la Tabla Redonda, lo<br />

que suele llamarse el Ciclo bretón. Los poetas son algo como una<br />

historia poética de cada pueblo, Nacional es su asunto y su forma,<br />

popular su lenguaje, que no es otro que la naciente habla de las<br />

naciones modernas, y la personalidad del autor, siempre desconocido,<br />

no se destaca con carácter individual. Esta inspiración épica<br />

103


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

tuvo por primer instrumento la forma métrica, pero luego tomó<br />

la prosa como medio de expresión. Así nació la expresión. Así<br />

nació la novela caballeresca; la primera novela europea occidental.<br />

Todos los libros de caballerías son transformaciones de algún<br />

poema existente perdido de los ciclos antiguo, carolingio, bretón,<br />

o aislados.<br />

Esta primera manifestación de la novela, tiene, pues, una base<br />

histórica más o menos próxima, más o menos legendaria, porque<br />

es una transformación de la épica. En la misma antigüedad parece<br />

que hubo ejemplos de esa derivación de la épica, a juzgar por el<br />

descubrimiento que en 1893 hizo Wilcken de una obra en prosa<br />

que narra los amores de Nino el rey asirio con una mujer que, aunque<br />

no se le da ese nombre, podría identificarse con Semíramis.<br />

Esta obra, que ha sido llamada la Ninopedia está copiada en un<br />

papiro egipcio del siglo I, y demuestra claramente su carácter épico<br />

en muchos fragmentos.<br />

Los libros de caballerías tienen en su origen ese carácter indeciso<br />

entre épica, historia y novela. El título mismo lo expresa.<br />

La Crónica de Turpin es el primer libro de caballerías en prosa. La<br />

Crónica Troyana es una novelización de las historias griegas. Pero<br />

este primer florecimiento de la novela pronto se aparta de sus fuentes<br />

para dar campo a la más desenfrenada invasión; el contenido<br />

histórico se hizo nulo, se infringieron todas las leyes de la realidad,<br />

y se expuso en ellos el más alto concepto del mundo y de la<br />

vida. Con el final de la Edad Media decayeron esas novelas, que<br />

representaban lo externo de la vida social en lo poco que de realidad<br />

les quedaba, y que no respondían al espíritu colectivo, sino<br />

sólo al de una clase social, y muy perfectamente. El siglo XVI trajo<br />

a la novela nuevos motivos, y le indicó nuevos rumbos. Pero es el<br />

caso que hasta ese momento no hubo otra novela, y que los hombres<br />

de más firme mentalidad y más vasta cultura se complacían en<br />

leerlas. ¿No confiesa Juan de Valdés en su Diálogo de la Lengua,<br />

haberlas leído todas? Es que el libro de entretenimiento siempre<br />

obtiene lectores. Las novelas interminables de aventuras siempre<br />

tienen público, y la novela histórica popular de Alejandro Dumas<br />

y de Eugenio Sue, o nuestros libros de detectives o de piratería,<br />

104


obras y <strong>apuntes</strong><br />

nos dan una misma fusión de la historia con la imaginación que<br />

desembocaba en el predominio absoluto de la fantasía.<br />

Sin embargo, en estas novelas que podemos considerar como<br />

el inicio de la novela histórica había una potencialidad oculta. Decía<br />

el portugués Francisco Rodríguez Lobo, “Corte en aldea” y<br />

Noches de Invierno”, que esas fabulosas historias eran superiores<br />

a las verdaderas, en apoyo de la opinión de Aristóteles de que la<br />

poesía aventaja a la historia: “En el libro fingido cuéntense las cosas<br />

como era bien que fuesen y no como sucedieron, y así son más<br />

perfectas, descríbese el caballero como era bien que los hubiese,<br />

las damas cuán castas; los reyes cuán justos; los amores cuán verdaderos;<br />

los extremos cuán grandes; las leyes, las cortesías, el trato<br />

tan conforme con la razón… En cuanto al retrato y ejemplo de la<br />

vida, mejor se coge de lo que un buen entendimiento trazó y siguió<br />

con mucho tiempo de estudio, que en el suceso que a veces se alcanzó<br />

por mano de la ventura sin que la diligencia ni ingenio pusieran<br />

algo de su caudal”. Esta descripción no cuadra , entre los<br />

libros de caballerías, más que al Amadis de Gaula, pero en cambio;<br />

qué bien presenta las posibilidades del género. Cervantes expone<br />

un plan semejante de poema épico en prosa, por boca del Canónigo;<br />

que en tales libros hallaba “una cosa buena, que era el sujeto<br />

que ofrecían para que un buen entendimiento pudiese mostrarse<br />

en ellos; porque daban largo y espacioso campo donde sin empacho<br />

alguno pudiese corre la pluma, describiendo naufragios, tormentos,<br />

reencuentros y batallas, pintando un capitán valeroso, con<br />

todas las partes que para ser tal se requieren … pintando, ora un<br />

alegre y no pensado acontecimiento; allí una hermosísima dama,<br />

aquí un caballero cristiano…acullá un desaforado bárbaro fanfarrón,<br />

acá un príncipe cortés, valeroso y bien mirado… Ya puede<br />

mostrarse astrólogo, ya cosmógrafo excelente, ya músico, ya inteligente<br />

en las materias de estado, y tal vez le vendría ocasión de<br />

mostrarse nigromante, si quiere. Puede mostrar las astucias de<br />

Ulises, la piedad de Eneas, la valentía de Aquiles, las desgracias de<br />

Héctor; la liberalidad de Alejandro, el valor de César, la clemencia<br />

y verdad de Trajano, la fidelidad de Zópiro, la prudencia de Catón,<br />

y finalmente todas aquellas acciones que pueden hacer perfecto a<br />

un varón ilustre; ahora poniéndolos en uno solo, ahora dividién-<br />

105


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

dolo en muchos, y siendo esto hecho con apacibilidad de estilo y<br />

con ingeniosa invención, que tire lo más que fuese posible a la<br />

verdad, sin duda compondrá una tela de varios y hermosos colores<br />

tejida, que, después de acabada, tal perfección y hermosura muestre,<br />

que consiga el fin mejor que se pretende en los escritos, que es<br />

enseñar y deleitar juntamente, como ya tengo dicho; porque la escritura<br />

desatada de estos libros da lugar a que el autor pueda mostrarse<br />

épico, lírico, trágico, cómico, con todas las partes que<br />

encierran en sí las dulcísimas y agradables ciencias de la poesía y<br />

de la oratoria; que la épica también puede escribirse en prosa como<br />

verso”.<br />

Cervantes al hablar así traza su plan de lo que debe ser la<br />

novela, y la devuelve a la epopeya por la vastedad de la concepción.<br />

En 1640 crea la obra definitiva del género novelesco, aquella<br />

que ha elevado esa forma literaria al rango a que Homero y Dante<br />

elevaron el género épico. El Quijote es, en antigüedad y en calidad,<br />

la primera de las grandes novelas.<br />

Este concepto de la novela es difícil de definir. Apenas constituye<br />

un género: todo cabe en él. Es como un fondo común, indeterminado,<br />

de sustancia literaria; la vaguedad la caracteriza. No tiene<br />

unidad de composición. Esa unidad sólo se ve en la época clásica<br />

en el tipo breve de las novelle italianas y las Novelas ejemplares de<br />

Cervantes, próximo al cuento. Pero la gran novela dispone, por<br />

encima del drama, del tiempo y del espacio; por encima de la poesía,<br />

de la extensión: es como una Suma, la suma de las observaciones<br />

del autor sobre todo el espectáculo humano. Creemos posible<br />

afirmar que esa es la verdadera naturaleza de la novela. Por lo menos,<br />

las grandes obras representativas del género son de esa naturaleza;<br />

lo mismo Don Quijote que la Guerra y la Paz, lo mismo<br />

Los Miserables que Juan Cristóbal o Los Hermanos Karamazov o<br />

el conjunto de la Comedia Humana y de la historia de los Rougon-<br />

Macquart, o la de Manhattan Transfer. Ese concepto amplio en el<br />

que la novela puede afrontar el problema supremo del destino humano<br />

y de dar a sus personajes carácter de héroes y de símbolo,<br />

como la tragedia y la epopeya, nos parece del todo diferente del<br />

que se puede aplicar a las obras de composición metódica, sin episodios<br />

distintos, regidas por una lógica estricta, faltas de flexibili-<br />

106


obras y <strong>apuntes</strong><br />

dad, como Humo de Turguenev y una buena parte de la novela<br />

francesa, que podrían constituir un género aparte.<br />

La novela, pues, nacida de la poesía épica, de un fondo común<br />

con la historia, se liberta, se amplía, y se multiplica por los<br />

más diversos caminos del realismo y de la fantasía. ¿Cuáles van a<br />

ser en lo adelante las relaciones entre la historia y la novela?<br />

Dos aspectos tenemos que considerar para definirlas. El primero<br />

es el desarrollo de la novela desprendida de las crónicas nacionales<br />

e injertado en la literatura caballeresca. Ese tipo de novela,<br />

en Francia, y en Inglaterra no se diferencia del caballeresco, sino<br />

es absorbido por éste. Pero no sucede así en España, donde se<br />

forma una primitiva novela histórica completamente autóctona. Se<br />

conserva una transformación novelesca del ciclo épico de la Pérdida<br />

de España, que se titula “Crónica del Rey Rodrigo con la destrucción<br />

de España” y es un libro de caballerías de nueva especie,<br />

a la vez que la más antigua novela histórica de asunto nacional que<br />

posee la literatura española. Data de 1403, y su autor es Pedro del<br />

Corral, que era un hombre de ingenio y escritor de estilo bastante<br />

ameno. Cuenta toda la historia del Rey Rodrigo; sobre todo, sus<br />

amores con la Cava, con mucho adorno novelesco: de allí había de<br />

pasar su narración, íntegra, al Romancero, volviendo, enriquecida,<br />

de la novela a la épica.<br />

El camino iniciado por Pedro del Corral no fue inmediatamente<br />

seguido por nadie. Sólo se tradujeron del francés algunos<br />

libros de caballerías en que predominaba el elemento histórico,<br />

como la “Historia de la Doncella de Francia” y una crónica<br />

novelada de la vida de Bertran Duguesclin mezclada con historia<br />

sagrada y mitología y caballería.<br />

Durante el siglo XVI, al calor de los romances fronterizos,<br />

se producen los notables ensayos de novela morisca española: La<br />

Historia de Abindarraez y de la Hermosa Jarifa, anónima, Las guerras<br />

civiles de Granada y Ginés Pérez de Hita, cuyos autores trasladaron<br />

a la novela el caudal de la poesía épica más próximo a su<br />

tiempo en forma sencilla, y delicada. En la conquista de América,<br />

tenemos los Comentarios Reales del Inca” Garcilaso. En el cuadro<br />

de la novela histórica en la Edad Moderna, sólo se pueden colocar,<br />

107


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

además esas obras de intención didáctica y política, que carecen<br />

de verdadera acción novelesca y fueron hechas para doctrina de<br />

príncipes, que tienen como clásico modelo “La Ciropedia” de<br />

Jenofonte. Entre ellas se encuentran como ejemplos destacados el<br />

Marco Aurelio de Fray Antonio de Guevara; el Telémaco de<br />

Fenelón, que revela sus lazos con la épica, y el Numa Pompilio del<br />

Caballero de Florián.<br />

La novela se desarrolla en otros sentidos: se hace sentimental<br />

pastoril, adquiere vívido carácter realista en el género llamado<br />

picaresco; se hace psicológica, filosófica, auto-biográfica, perdiendo<br />

su objetividad; y en tanto la historia se va apartando de la literatura<br />

para hacerse seca materia de texto escolar, que tiene vida pobre.<br />

Pero el espíritu que animó la épica nacional no podía desaparecer<br />

de Europa, está en el fondo del espíritu de sus pueblos. El<br />

espíritu de la poesía caballeresca se combinó con los primeros destellos<br />

de la adivinación arqueológica, la nostalgia de las cosas pasadas<br />

y la observación realista de las costumbres tradicionales, para<br />

engendrar en los inicios del siglo XIX el florecimiento de la novela<br />

histórica del Romanticismo, que es la que por antonomasia se designa<br />

con el nombre de novela histórica.<br />

Bajo el desbordamiento de la invención romántica, la novela<br />

individualista se transforma en lírica, la novela de costumbres se<br />

hace pintoresca, pero la novela histórica se va a desarrollar como<br />

una forma nueva, que parecerá eclipsar todas las demás. Con los<br />

románticos el interés pasa de los hechos al ambiente, al color: en<br />

lugar de narración apócrifa, la novela quiere convertirse en pintura<br />

exacta, en evocación. Es en la novela donde se despierta el sentido<br />

de la historia. Walter Scout va a resucitar la Edad Media, céltica,<br />

francesa o española, dándole brillo incomparable, y Victor Hugo<br />

va a crear la obra maestra del género en Francia en Nuestra Señora<br />

de París, que inaugura la novela de la ciudad, nunca hasta entonces<br />

intentada, porque el protagonista de ese libro no es ninguno<br />

de sus borrosos personajes, sino París, monstruoso, seductor y terrible,<br />

bajo la sombra de su catedral. Ese género, la novela urbana,<br />

ha de perdurar hasta nuestros días, rico y variado, en obras como<br />

108


obras y <strong>apuntes</strong><br />

Cosmópolis de Bouget; Las Tres Ciudades, de Zola; Brujas la Muerta,<br />

de Rodenbach y Manhattan Transfer, de John dos Passos.<br />

El romanticismo quiso revivir la epopeya del pasado, pero<br />

del medio más que de los hechos. Víctor Hugo crea en la novela de<br />

la gran catedral más que una historia humana, una epopeya de la<br />

piedra, que cobraron vida. Legiones de artistas y de arqueólogos<br />

se lanzaron a fantásticas reconstrucciones; los historiadores se apasionaron,<br />

y hasta los paisajes cobran vida por los recursos históricos.<br />

“Necesito, -decía Chateaubriand, - viejos desiertos que me<br />

devuelvan los muros de Babilonia y las legiones de Farsalia”. Y<br />

aún Flaubert declara: “No comprendo los países que no tienen<br />

historia, Por el Museo del Vaticano daría todos los glaciares de<br />

Suiza”. Descendieron de las islas británicas los heraldos más fervientes<br />

y poderosos de la fe romántica en sus fases decisivas. Ossian<br />

el lúgubre, Byron, el poeta de las tempestades, Walter Scott que<br />

insuflaba a las ruinas nueva vida y devolvía a los caballeros de antaño<br />

las aventuras olvidadas, a damas y castellanas los perdidos<br />

amores. No creador verdadero, pero sí evocador de vida y suscitador<br />

de energía, que reanimó en toda Europa, con su pasión, el vigor de<br />

la Edad Media. “Hay que estudiar la historia en Walter Scout, -<br />

decía M. de Guerin- él la enseña mejor que todos los historiadores.”<br />

La ciencia histórica aprende de los románticos una lección<br />

que nunca debía olvidar: que no deben predominar los hechos sobre<br />

el espíritu. Diluviaron entonces en toda la tierra romances históricos,<br />

dramas, novelas, leyendas históricas. El duque de Rivas,<br />

Schiller, Alfredo de Vigny, Manzini, Bécquer y Lara. Se tenía la<br />

impresión de una gran epopeya histórica que se desenvolvía nuevamente<br />

como un coro sinfónico solemne en el que se unían las<br />

voces de todos los pueblos de Europa. Llega hasta América:<br />

Enriquillo, y se cayó en la inevitable popularización con la novela<br />

pseudo-histórica de aventuras: Dumas.<br />

Pero el romanticismo se contentó con obtener una impresión<br />

general de la época pintada. Los aventureros y las heroínas de<br />

Walter Scott podían viajar por las highlands y conspirar en las bibliotecas<br />

de sus castillos, amar y luchar en los torneos a su placer<br />

sin estar sujetos a un régimen estrecho de policía histórica. Si una<br />

belleza de la época peinaba anacrónicamente sus cabellos, o sus<br />

109


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

joyas eran inverosímiles, esos detalles podían perdonarse. Cuando<br />

la evolución de las tendencias literarias a fines del siglo pasado<br />

trajo el predominio del realismo, los objetos más insignificantes<br />

pasaron a representar en las obras un papel de personajes. El anacronismo<br />

pareció intolerable, y como quiera que la historia no permite<br />

escrutar la realidad como se hace en el presente, el destino de<br />

la novela histórica empezó a parecer dudoso: unos, en nombre del<br />

naturalismo, la creían destinada a la desaparición total; otros trataron<br />

de obviar sus defectos transformándola en un fruto de largas<br />

y pacientes investigaciones arqueológicas. George Ebers, George<br />

Eliot en Romola, Théophile Gautier en la Historia de una momia<br />

y sobre todo Gustavo Flaubert en su incomparable Salambó, pintaron<br />

el paisaje histórico con los pinceles de la escuela naturalista,<br />

recogiendo con minucioso estudio los elementos del cuadro en<br />

monumentos, inscripciones, crónicas y archivos. El hecho presentado<br />

como histórico debía presentarse con verdad estricta.<br />

Pero no podía permanecer estática la novela histórica, y de<br />

entonces acá, bajo la influencia de los cambios traídos por las últimas<br />

catástrofes históricas, la hemos visto transformarse en novela<br />

política, para narrar los hechos contemporáneos con un fin de renovación<br />

social. Así las novelas de la gran guerra, las de la Revolución<br />

rusa, y las que hoy reflejan las inquietudes político-sociales<br />

del momento, aun encubriéndolas a veces con el vestido de hechos<br />

históricos del pasado, como la Anabasis de Saint-John Perse.<br />

Además, como el movimiento de la literatura actual progresa<br />

hacia el interior del hombre y lo subjetivo domina sobre lo<br />

objetivo, la novela histórica de la vida individual, o sea, la biografía<br />

novelada, ha venido a ocupar un plano superior al de la novela<br />

histórica en cuanto a popularidad.<br />

Para asumir el concepto de novela histórica, diremos que la<br />

característica peculiar de la novela histórica es su significación de<br />

época y sus relaciones con los hechos. El propósito de esta novela<br />

no es precisamente la simple reconstrucción de un hecho o de un<br />

período histórico. Es restaurar el pasado y hacerlo vivo; no sólo<br />

revivirlo, sino revivificarlo. El autor de la novela histórica no es<br />

un historiador. Su obra no es un tratado de historia: emplea los<br />

110


obras y <strong>apuntes</strong><br />

hechos históricos como base para su más alto propósito: darles<br />

una significación de vida que no puede lograr el historiador. No<br />

trata de hablar cobre los personajes ni informarnos de sus hazañas.<br />

Su labor es de caracterización e interpretación. En esto se diferencia<br />

de la novela de otro tipo y trata de realidades del pasado<br />

del mundo.<br />

Para relacionar la novela con lo que sabemos de la historia,<br />

evocaremos la historia de los períodos y de los hechos que constituyen<br />

el marco de la novela en cada caso. Así, los alumnos se familiarizarán<br />

con esos hechos o recordarán aquellos que el tiempo haya<br />

enturbiado en su memoria para la mejor comprensión de la novela.<br />

Y lo que significamos de los hechos escuetos es igualmente<br />

cierto sobre las ideas filosóficas, religiosas y sociales que en la novela<br />

se refieren a un período histórico determinado.<br />

En cuanto a las síntesis históricas que precederán a la presentación<br />

rápida de las obras literarias, se referirán al conjunto del<br />

período; aunque cada novela, por supuesto, no puede referirse más<br />

que a una parte limitada de dicha época histórica.<br />

Podemos decir que los primeros documentos históricos son<br />

las huellas de los fósiles en las rocas, y las rocas mismas. El hombre<br />

ha descifrado y sigue tratando de descifrar la historia de la vida<br />

en ese libro de piedra. Poco a poco va interpretando pasajes que le<br />

permiten ir construyendo la narración de los comienzos de la vida,<br />

del despertar de la especie humana. Hace poco más de un siglo,<br />

nuestros antepasados no sospechaban esa historia. Cada pueblo<br />

había creado un génesis mitológico, y había olvidado los hechos<br />

reales en que se basaba su leyenda: el mito de Osiris, el soplo de<br />

Brahma, el Caos fecundo, el Fiat lux, el Jardín del Paraíso, vagos<br />

recuerdos ancestrales transfigurados por la fantasía. Entre tanto,<br />

durante incontables generaciones, el gran libro de las rocas yacía<br />

ignorado bajo nuestros pies, y el advenimiento de la especie humana,<br />

como la formación del Universo entero, se aceptaba como obra<br />

mágica, expresión de la enigmática voluntad de los dioses.<br />

111


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

Algunos sabios de la antigüedad conocían los fósiles.<br />

Eratóstenes habló de ellos en Alejandría, y sostuvo discusión con<br />

otros sabios, en el siglo III antes de nuestra era. Ovidio, el gran<br />

poeta latino, sabía que existían, aunque no lo que eran. En la Edad<br />

Media, escritores árabes del siglo X los mencionan; y en el renacimiento,<br />

ese genio universal que se llamó Leonardo da Vinci expresó,<br />

por primera vez en Europa, el verdadero significado de los<br />

fósiles.<br />

Pero el estudio científico y detenido de los fósiles y de las<br />

rocas no comenzó hasta hace un siglo y medio, y por lo tanto, nuestros<br />

conocimientos sobre la materia son escasos todavía. Ellos<br />

constituyen dos ciencias relativamente nuevas: la Geología y la<br />

Paleontología. Más adelante, cuando ya tenemos seguridad de que<br />

el hombre existía sobre la tierra y podemos estudiar sobre ésta las<br />

huellas que él dejó, la ciencia que realiza esa investigación toma el<br />

nombre de Arqueología Prehistórica. Todos los estudios relacionados<br />

son la existencia del hombre antes de la eclosión de las grandes<br />

civilizaciones de la Edad Antigua, reciben el nombre de<br />

Prehistoria. En ese vastísimo campo, nuestros conocimientos son<br />

aún más reducidos, y la separación entre la existencia pre-histórica<br />

que conocemos y las primeras civilizaciones a que hasta ahora hemos<br />

podido retroceder en la época histórica, forma un abismo inmenso<br />

que no sabemos si será posible llenar a través de futuras<br />

investigaciones.<br />

El cálculo de las edades geológicas es incierto. La edad de<br />

las primeras rocas, según astrónomos y geólogos, puede variar entre<br />

mil seiscientos millones y veinticinco millones de años. Lo único<br />

seguro es que han existido durante millones de años, y que de<br />

ese incalculable período, más de la mitad pasó antes de que existiera<br />

sobre el mundo ningún ser que dejara trazas de su vida. Hasta<br />

donde podemos saber hoy, la tierra fue durante muchos millones<br />

de años un vasto desierto de piedra. A ese período dan los geólogos<br />

el nombre de Azoico o Arqueozoico. Se cree que no había vida<br />

animal ni vegetal durante él. Al siguiente período llaman los<br />

Proterozoico, o de vida preliminar. Nos quedan de él leves huellas<br />

de vida, por las que podemos suponer que existían plantas y<br />

animálculos muy rudimentarios, como los que puede hallar el mi-<br />

112


obras y <strong>apuntes</strong><br />

croscopio en una gota de agua turbia. Tras esa larga edad, adviene<br />

el período llamado paleozoico o de vida antigua. Las rocas de este<br />

período contienen vestigios de vida numerosos y diversos: crustáceos,<br />

gusanos, algas marinas, los primeros peces en multitud, y por<br />

fin, en la segunda parte de esta era, cuando la vida abandona las<br />

aguas, que parecían haberle dado nacimiento, aparecen las primeras<br />

plantas y animales terrestres. Esta fue una era vastísima, durante<br />

la cual la vida se extendió y se amplió lentamente, comenzando<br />

por los mares. Por miles y miles de años los seres acuáticos que<br />

nadan y trepan se multiplicaron. Fue la edad de los trilobitos, crustáceos<br />

gigantescos de forma ovalada, y de los escorpiones marinos<br />

que alcanzaban hasta tres varas de largo. Había animales, plantas,<br />

con raíces y ramas entrelazadas, y plantas que se movían entre las<br />

aguas.<br />

Entre la formación de las rocas de la primera parte del período<br />

Paleozoico y nuestro período geológico han pasado inmensas<br />

edades que están representadas por capas y masas de rocas<br />

sedimentarias: primero, las que corresponden a la segunda parte<br />

del período Paleozoico, y que contienen los primeros restos de vida<br />

terrestre, anfibia más bien. (Plantas criptógamas: helechos<br />

arborescentes de tallo gigantesco que se ha fosilizado en carbón; y<br />

que alcanzaban hasta 30 metros de altura. ¡Verdaderos bosques sobre<br />

pantanos: Insectos, los primeros de alas enormes, y oscuros<br />

arácnidos; caracoles terrestres. Un paisaje de bosque verde y legamoso,<br />

sin flores ni pájaros). Aparecieron al fin los primeros reptiles<br />

anfibios. Luego las rocas del período Mesozoico o de vida<br />

media, que contienen espléndidos restos de reptiles gigantes, ya<br />

completamente terrestres, a veces bestias de piernas torpes como<br />

las del cocodrilo, al principio, después desarrollaron patas traseras<br />

poderosas, sobre las que se levantaban para comer hojas de los<br />

árboles, pues muchos eran herbívoros. Eran gigantescos: el<br />

Plesiosauro, que alcanzaba hasta diez metros de largo, de cuello la<br />

mitad; el Dinosauro cuyo tamaño no alcanza hoy animal alguno; el<br />

Diploducus y el Brontosauro, que medían hasta 28 metros de largo,<br />

el Gigantosauro, del que se posee un esqueleto que mide 33<br />

metros. Algunos eran carnívoros, como el horrendo Tiranosauro,<br />

que a pesar de medir hasta 13 metros de largo y levantarse sobre<br />

113


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

sus patas traseras, creen los sabios que podía saltar por los aires a<br />

grandes distancias. Por fin, advinieron los reptiles voladores, a<br />

manera de enormes murciélagos: los pterodáctilos, verdaderos<br />

dragones alados. (Recuérdese la película “El Mundo Perdido”. Por<br />

supuesto, el hombre, aunque la Naturaleza lo hubiera producido<br />

entonces, no hubiera podido vivir. Recuerdos ancestrales justifican<br />

las imaginaciones de monstruos). Las plantas, mientras tanto,<br />

se hicieron terrestres también; eran principalmente coníferas bajas<br />

de verdor perenne; no había flores ni hierbas; las montañas permanecían<br />

desnudas, sin más colorido que el de las rocas peladas,<br />

que a veces eran, como todavía hoy, fantásticas combinaciones de<br />

matices, en las regiones volcánicas.<br />

Algunas formas rudimentarias de ave aparecen al final, como<br />

la Arqueoptéria sin pico y con dientes, y la Hesperornis, con pico y<br />

sin alas, acuática. Con los Teriomorfos se esbozan los primeros<br />

mamíferos, bestezuelas ínfimas como ratas, probablemente ovíparas<br />

todavía; pero que desarrollaron pelos. Esos pelos habían de proteger<br />

contra la catástrofe que destruyó a los grandes reptiles. Las<br />

aves iban a desarrollar plumas. Era necesario adaptarse a un clima<br />

variable.<br />

El período geológico siguiente recibe el nombre de<br />

Cainonoico, (vida reciente) y nos presenta al mundo aproximándose<br />

al aspecto en que hoy le conocemos. El clima hasta ahora considerablemente<br />

cálido, empieza a refrescar. Grandes sacudidas de la<br />

corteza de la pliegan para formar los Andes, los Alpes, los Himalayas.<br />

Los geólogos dividen el período Cainozoico en: Eoceno, edad<br />

de clima muy caluroso; Oligoceno, de clima más moderado;<br />

Mioceno, edad de creación de las montañas, en que la temperatura<br />

desciende; plioceno, o edad de la invasión de los hielos, en que los<br />

glaciares avanzaron hacia el Ecuador, llegando así al centro de<br />

Europa y América. En los bosques y en la hierba, que entonces<br />

aparece del Eoceno, hubo muchos mamíferos, que desarrollaron la<br />

agrupación familiar: educan a sus hijos. En el Oligoceno aparecieron<br />

los primeros caninos y felinos, y los antecesores de los Rinocerontes.<br />

En el Mioceno hay elefantes, jirafas, ciervos y caballos<br />

primitivos, y en los períodos siguientes se esbozan casi todas las<br />

especies actuales. Ya en el Eoceno, hay fósiles de monos y lemures;<br />

114


obras y <strong>apuntes</strong><br />

pero si hubo un antepasado del hombre, no tenemos hasta ahora<br />

fósil alguno.<br />

Después del clima templado del Plioceno, que hizo desaparecer<br />

a las bestias amantes del calor, con el advenimiento del<br />

Pleistoceno o Edad Glacial, una fauna ártica se produce: el Mamuth<br />

lanudo, el toro, el rinoceronte, los lemures peludos la formaban.<br />

Sobre Norte América, Europa y Asia, avanzan los hielos. Durante<br />

siglos de siglos las cubren hasta la mitad. Enorme volumen<br />

de agua es arrebatada a los mares y retenida por los hielos. Los<br />

niveles de la tierra y el mar se alteran. Lo que hoy es el fondo del<br />

mar queda a seco en muchas partes. La nieve y las tempestades<br />

azotan la Tierra. La vida se hace dura, difícil, una lucha contra el<br />

medio. Entonces, por primera vez, encontramos al Hombre.<br />

Criatura nacida entre dificultades, es natural que desarrollara<br />

la inteligencia como arma para vencer a la naturaleza. Por desgracia,<br />

debía también luchar contra los seres vivos, y su ferocidad en<br />

la destrucción, que resultó en el aniquilamiento de unos tipos humanos<br />

por los otros, y todavía hoy limita espantosamente su capacidad<br />

constructiva. Sus orígenes son oscuros. La opinión más<br />

sólidamente cimentada es que sus antepasados remotos fueron simios<br />

de una rama constituida no para trepar, como la de los simios<br />

antecesores de los monos actuales, sino para caminar y correr. Los<br />

monos, incluso los antropomorfos, son habitantes de los árboles,<br />

trepadores. El hombre corre y camina con una habilidad que revela<br />

que sus antepasados, por largas edades, emplearon principalmente<br />

la marcha y la carrera. No trepa con facilidad, y no nada espontáneamente,<br />

lo que indica que por largo tiempo no vivió en la vecindad<br />

de las aguas. Eso explica que sus huesos difícilmente se hayan<br />

fosilizado y sean difíciles de hallar. Además, nuestra escasez de<br />

conocimientos se debe a que muy pocos terrenos han sido aún explorados<br />

en busca de vestigios humanos.<br />

La primera huella de una criatura humana o sub-humana la<br />

constituyen los Eolitos, piedras groseramente talladas. La fecha de<br />

los más antiguos, según los geólogos, es el período Plioceno, anterior<br />

a la Era Glacial. No han aparecido huesos junto a ellos. En<br />

Trinil, en Java, en terrenos correspondientes a la primera parte de<br />

115


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

la Era Glacial, se han hallado lo más antiguos restos conocidos de<br />

una criatura semejante al hombre: la parte superior de un cráneo,<br />

algunos dientes y un fémur, han permitido reconstruir el tipo de<br />

un ser que no era un hombre, ni era un mono antropomorfo. Era<br />

un simio que caminaba. Se le ha llamado el Pithecanthropus erectus.<br />

Parece un ejemplar de las criaturas que tallaron los eolitos: un subhombre,<br />

sin que eso quiera decir que sea un antecesor directo del<br />

hombre. En la misma época vivían en el mundo un mamuth, un<br />

rinoceronte, un hipopótamo, castores gigantescos y bisontes, y tigres<br />

de dientes agudos, caballos salvajes, osos y lobos y jabalíes. El<br />

Pitecántropo debió ser un carnívoro feroz como los demás.<br />

Sólo en terrenos miles de años más recientes, durante el segundo<br />

período Interglaciar, encontramos un nuevo fósil revelador:<br />

una mandíbula. Se encontró cerca de Heidelberg. No es mandíbula<br />

humana: no tiene barba, y el que la llevó no debió poseer lenguaje<br />

articulado; pero no es de un mono: los dientes son humanos.<br />

Este ejemplar de sub-hombre ha sido llamado Palaeanthhropus<br />

Heidelbergensis. Su período suele llamarse de Chilles, y muchos<br />

restos de instrumentos de él se conservan. Ese ser, el Paleántropo,<br />

quizás fue muy grande y lanudo.<br />

Otra vez nos deslizamos sobre centenares de miles de años,<br />

y en un depósito que corresponde al tercer período interglacial,<br />

hallamos otro fósil: un cráneo despedazado; quizás pertenece al<br />

primer período glacial. Fue hallado en Lussec, y llamado el<br />

Eoanthropus, o aurora del hombre: otro ser sub-humano y probablemente<br />

no antecesor directo del hombre.<br />

Después, el Archivo de las rocas sigue dándonos hasta ahora<br />

sólo instrumentos, numerosos utensilios cada vez más diferenciados,<br />

en progreso cada vez más rápido. La Cuarta era glacial se<br />

aproxima a su punto máximo: un ser humano, se hace habitante de<br />

las Cavernas y deja en ellas vestigios que corresponden a hace unos<br />

50,000 años, en Neandertal, se encuentran restos de una criatura<br />

que es ciertamente un hombre. Se le ha llamado Homo<br />

Neanderthalensis primigenius. El proceso de reconstrucción nos<br />

revela que no se mantenía derecho: se inclinaba hacia delante; no<br />

tenía barba, no hablaba, era muy ancho; pero un hombre, y su pa-<br />

116


obras y <strong>apuntes</strong><br />

recido con el sub-hombre de Heidelberg hace pensar que ése fue<br />

quizás su antecesor.<br />

Con el hombre de Neandertal, empieza la prehistoria humana;<br />

pero él constituye una raza extinta. Distinguimos tres períodos,<br />

en relación con la prehistoria del hombre, abandonando la<br />

Geología: Edad eclíptica o de los primeros instrumentos o utensilios;<br />

Edad Paleolítica, o de la piedra tallada; Edad Neolítica o de la<br />

piedra pulida. A la primera edad pertenecen los instrumentos primitivos<br />

de que hemos hablado. El hombre de Neandertal aparece<br />

en el período paleolítico. El clima es severamente frío, en pleno<br />

cuarto período glacial; el hombre parece reconocer ya el fuego, y<br />

se abriga en las cavernas. También se guarecen el león, el oso, la<br />

hiena, que se apellidan de las cavernas, lo mismo que el hombre. El<br />

fuego servía al hombre para hacerlos huir, para protegerse. Este<br />

hombre primigenio con mazas y lanzas de madera y trozos de piedra<br />

no cazaba probablemente a los grandes mamíferos. Se contentaba<br />

con cazar a los pequeños y aprovechaba a los grandes cuando<br />

morían, cuando otro animal los dejaba muertos o cuando podía<br />

cogerlos en trampa. Sabemos que se llevaba los huesos a su caverna<br />

y los chupaba: ha dejado los restos. Por lo demás su celebro era<br />

diferente del nuestro, y no parece que hablara.<br />

Hacía mucho frío. El fuego debía ser conservado. Era muy<br />

difícil volverlo a encender. Se le protegía con las cenizas. Se prendía<br />

con hojas secas. Se producía con pyrita de hierro y pedernal.<br />

Mujeres y niños deben haberse empleado constantemente en recoger<br />

materia para mantener el fuego. Esa tradición se había de conservar.<br />

El grupo era inicialmente la familia guiada por un Anciano.<br />

El buscar y recoger pedernales debió ser ocupación importantísima.<br />

Parece que se envolvieron desde entonces en pieles. Las mujeres<br />

prepararían éstas. Los hombres jóvenes, llevándose o robándose<br />

muchachas, fundarían nuevas familias. Cuando el Anciano llegaba<br />

a los 40 o 50 años probablemente un hombre más joven lo mataba<br />

y suplantaba. En cuanto a los grandes mamíferos, el hombre no<br />

los cazaba, pero era cazado por ellos. Ese hombre era herbívoro<br />

tanto como carnívoro y no desdeñaba la carne corrompida. Se reuniría<br />

en grupos alrededor del fuego, a comer frutos, raíces, huesos<br />

y carne no siempre fresca.<br />

117


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

Sabemos también que este hombre llegó a enterrar a sus<br />

muertos, con ciertas ceremonias y ofrendas. Probablemente danzaba<br />

e imitaba, tenía miedo de la oscuridad y del trueno, y su mentalidad<br />

alcanzaba la de un niño de cuatro o cinco años. Así vagó<br />

por las llanuras de Europa el hombre, por decenas de miles de<br />

años: quizás 200, 000 años. Al final de la Cuarta era Glacial, el<br />

clima se hizo más templado, un nuevo tipo humano apareció sobre<br />

la tierra; y exterminó al hombre de Neandertal.<br />

Este hombre que venía del Asia o del Norte de Africa, o de<br />

las tierras hoy sumergidas en el Mediterráneo, es el primer ejemplar<br />

conocido del Homo Sapiens, de la especie humana actual. De<br />

donde vino a Europa, exactamente, y cuales fueron sus progenitores,<br />

lo ignoramos. ¿Quién sabe hallaremos algún día su cuna en<br />

alguna inexplorada región africana, y el continente oscuro resultará<br />

centro de los pobladores de Europa? Lo cierto es que el Homo<br />

sapiens vino a Europa detrás de las pintas y animales que eran su<br />

alimento acostumbrado, cuando éstos se movieron hacia el norte<br />

debido al cambio de clima. Reconocemos dos tipos de este hombre:<br />

el de Cromagnon y el de Grimaldi. Todavía corresponden al<br />

período paleolítico. Eran altos, de ancho rostro, de cerebro de gran<br />

tamaño, los de Cromagnon. Los de Grimaldi, eran de tipo negroide.<br />

Esto indica que ya había razas diferentes. Su inteligencia era semejante<br />

a la del hombre actual. Destruyó al hombre de Neandertal y<br />

no se mezcló con él: quizás lo halló, dice Well, demasiado repugnante<br />

o demasiado indomable y feroz. Johnston piensa que su vago<br />

recuerdo puede ser el origen de los ogros del folklore.<br />

Los nuevos hombres eran cazadores aún de los grandes animales,<br />

y comedores de carne de caballos salvajes. No parecen haber<br />

domesticado a éste, ni al perro, ni haber tenido rebaños. Pero<br />

ya dibujaban; todos dibujaban y muy bien, y nos han dejado decorados<br />

los muros de sus cavernas. También sabían tallar figuras en<br />

hueso. Enterraban a sus muertos con sus utensilios y adornos favoritos.<br />

Se pintaban. Las cavernas de Francia y de España aún conservan<br />

los colores con que las adornaban. Pintaban el oso, el<br />

bisonte, el caballo y el reno, sin concepto de perspectiva. Progresaron<br />

con el tiempo al detalle magníficamente vivido; pero siempre<br />

pintaron de perfil, como los niños. Algunos representaron<br />

118


mujeres, muy gruesas. La figura humana aparece caricaturesca al<br />

principio. Después modelan en barro, aunque no fabrican ollas ni<br />

cacharros. Pintaron el fondo oscuro de las cavernas, lo cual indica<br />

que tenían lámparas. Luego, estas razas desaparecieron y nuevas<br />

razas humanas llegaron a Europa, trayendo ya el arco y la flecha y<br />

el arte de domesticar animales y cultivar el suelo.<br />

COMIENZA EL PERÍODO NEOLÍTICO<br />

Fue hace unos 12,000 años cuando el clima mejoró, se extendieron<br />

los bosques y el reno, animal de los hielos, retrocedió.<br />

El había sido el compañero y sostén de la raza de Cromagnon. Una<br />

raza vagabunda, la de Azil, cruzó por Europa marcando su paso<br />

con numerosos guijarros que no sabemos para qué les servían. Los<br />

animales que prevalecían eran el gran ciervo y el bisonte. El aurich<br />

o gran toro subsistía; pero el Mamuth había desaparecido. El león<br />

gigante subsistía. Rusia y Escandinavia se hacían habitables. El<br />

hombre llegó a esas regiones ya en el período Neolítico de su desarrollo.<br />

Tampoco hay restos del hombre en América antes de este<br />

período, según todo lo prueba hasta ahora. El hombre neolítico,<br />

sin embargo, había alcanzado ese estado de civilización en otra parte<br />

y de allí vino a Europa. ¿Acaso de Africa? Ya trae útiles de piedra<br />

pulida, especialmente hachas de mango de madera, y flechas. Tiene<br />

agricultura rudimentaria; pero es todavía cazador. Tiene alfarería<br />

y sabe cocinar. No se come los caballos. Ha domesticado al<br />

perro, a la oveja, la cabra y al cerdo. Sabe tejer telas primitivas.<br />

Ya después de él, la evolución ha continuado hasta nosotros sin<br />

que nuevas razas lo expulsaran. Las nuevas razas han venido a<br />

combinarse y adaptarse a él. Parece que eran de color oscuro, pero<br />

esos son los antecesores del hombre europeo moderno que se llama<br />

blanco.<br />

Después de largo tiempo, descubrieron el primer metal, el<br />

oro; luego el cobre, y lo combinaron con el estaño para producir<br />

bronce. Hace unos tres mil años, descubrieron el uso del hierro.<br />

119


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

Es decir, el Período Neolítico es el principio de la era civilizada,<br />

la era de la raza blanca en Europa, que continúa todavía.<br />

Del período neolítico son también las primeras casas<br />

construídas por el hombre para albergarse. A veces construyeron<br />

en los lagos, como se vé en Suiza. Cuando esos hombres llegan a<br />

descubrir, con la escritura, la manera de dejar una noticia escrita<br />

de sus hechos. La historia comienza. Pero los largos capítulos<br />

que median entre la Pre-Historia y la Historia, lo que podría llamarse<br />

la Protohistoria, están aún por desenterrar.<br />

Este casi desconocido período de la vida del hombre, ha sido<br />

llevado a la novela a fines del siglo pasado, en Francia, por los<br />

hermanos Rosuy, filósofos, poetas y novelistas. Cualesquiera que<br />

sean las críticas hechas a su estilo literario, les cabe la primacía en<br />

haber introducido en la literatura la visión épica de los tiempos<br />

prehistóricos, especialmente en dos novelas, “El Diluvio” y “La<br />

Conquista del Fuego”.<br />

120<br />

Lecturas comentadas de trozos de esta última obra.<br />

EDAD ANTIGUA: ORIENTE. SÍNTESIS HISTÓRICA.<br />

“LA CIROPEDIA”. LA NOVELA ARQUEOLÓGICA: GAUTIER, LA<br />

NOVELA DE UNA MOMIA”; EBERS, “LA HIJA DEL REY DE<br />

EGIPTO”. LA NOVELA ORIENTAL: “LA HISTORIA DE GENJI” Y<br />

“EL ARBOL SAGRADO”, DE LA DAMA MURASAKI.<br />

Al hablar de las primeras grandes civilizaciones, se hace difícil<br />

determinar cuál de ellas es la más antigua en origen. Hacia el<br />

año 4 000 a.J.C. las llanuras de Egipto y Mesopotamia eran ya lugar<br />

donde se desarrollaba la vida de dos comunidades humanas que<br />

habían erigido ciudades para habitarlas. Quizás, según algunos<br />

arqueólogos, hubo ciudades allí desde hace más de 6, 000 años. Es<br />

posible que en sus orígenes la civilización asirio-caldea y la egipcia<br />

se desarrollaran paralelamente sin relación entre ellas. Es posible<br />

también que ambas tuvieran un origen común. Sólo nos aparece


obras y <strong>apuntes</strong><br />

claro el hecho de que las primeras civilizaciones florecieron a la<br />

orilla de los grandes ríos: en las tierras fecundadas por el Nilo, o<br />

en la húmeda región entre el Éufrates y el Tigris. Allí había constante<br />

provisión de agua, capaz de resistir al sol ardiente; allí, abundantes<br />

cosechas cada año. Herodoto dice que Mesopotamia daba<br />

al cultivador doscientos granos por cada uno sembrado. Amrú comparaba<br />

a Egipto con un jardín en flor. Mesopotamia tenía barro en<br />

abundancia, para inventar el ladrillo; Egipto tenía montañas de granito<br />

imperecedero. El hombre, al encontrar esas llanuras, dejó la<br />

vida errante y se estableció, y se multiplicó con mayor facilidad,<br />

para producir una población densa, y construir viviendas resistentes,<br />

dominando la selva y exterminando las bestias salvajes en torno<br />

suyo.<br />

Allá en Mesopotamia, parece que los primeros constructores<br />

de ciudades fueron los sumerianos, gentes de piel oscura, acaso<br />

emparentadas con los Iberos, (que hoy se considera una de las<br />

razas más antiguas de Europa) de idioma tal vez relacionado con<br />

el vasco, (resto posible de una primitiva familia lingüística). Los<br />

sumerianos habitaban las orillas del Eufrates, y construyeron, en<br />

Nippur, una gran torre de ladrillos que es quizás la legendaria Torre<br />

de Babel. Se cree que el más antiguo de los imperios fue el<br />

establecido por los sacerdotes sumerianos, que, según inscripciones<br />

que dejaron, se extendía desde el Golfo Pérsico hasta el<br />

Mediterraneo. Allí, hace alrededor de 6, 000 años, se alzaron los<br />

primeros templos y se organizaron los primeros gobernantes que<br />

conocemos en la historia: los sacerdotes. Los sumerianos fueron<br />

conquistados por los semitas guiados por Sargón, cuyo pueblo se<br />

llamaba el Akkad, en el año 2, 750 a.J.C., y formaron el Imperio de<br />

Sumer y Akkad, que duró 200 años. Los de Akkad aprendieron la<br />

civilización sumeriana, porque eran menos civilizados. Adoptaron<br />

la lengua sumeriana y la escritura sumeriana sobre ladrillo, que llamamos<br />

cuneiforme. El imperio de Sumer y Akkad se vió atacado<br />

luego por los elamitas, que venían del Este, y fundaron la ciudad<br />

de Susa. (Algunos creen que eran de raza negroide). Y también fue<br />

atacado por los amoristas, que venían del Oeste, y fundaron en las<br />

orillas del Éufrates una ciudad que empezó por ser muy pequeña:<br />

Babilonia. (La primera) En cien años se hicieron dueños de<br />

121


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

Mesopotamis, y su gran rey Hamurabi, a quien se debe un código<br />

antiquísimo, fundó en 2 100 a. J.C. el primer imperio babilónico.<br />

(caldeos).<br />

Entre tanto, en la parte superior del curso del Tigris, otro<br />

pueblo semítico, los asirios, habían fundado las ciudades de Asur y<br />

de Nínive. Eran guerreros temibles. Emplearon, los primeros, el<br />

caballo como montura, y el carro de guerra. Su rostro era severo,<br />

de larga nariz, de labios gruesos, llevaban pelo y barba ensortijados.<br />

Se vestían con largas túnicas. Nínive, su capital, atribuida su<br />

fundación a un rey legendario, estaba construida en piedra. Por<br />

varios siglos el poder estuvo alternativamente, ya en Nínive, ya en<br />

Babilonia.<br />

Hacia la costa del Mediterráneo se extendía otro pueblo: los<br />

sirios, (arameos), fundaron la ciudad de Damasco. Los asirios lucharon<br />

y pasaron por encima de ellos, para alcanzar a los israelitas,<br />

que estaban más al sur. Teglatfalasar III de Asiria los dominó y<br />

deportó, conquistó a Babilonia, y fundó el Nuevo Imperio Asirio.<br />

Los asirios comenzaron esa costumbre de deportar pueblos enteros<br />

como un medio de someterlos. Sargón II fue el primero en<br />

usar armas de hierro. Su hijo y sucesor Senaquerib llevó sus huestes<br />

hasta Egipto; pero fue su nieto Assurbanipal (Sardanápalo) el<br />

que logró conquistarlo.<br />

El imperio asirio fue destruido por los caldeos, (606) que fundaron<br />

con Nabucodonosor, el segundo Imperio Babilónico, famoso<br />

por su magnífica capital, que se sostuvo hasta 539 a.J.C., y en<br />

que fue deshecho por el empuje conquistador de Ciro, fundador<br />

del Imperio Persa… “Así continúa la historia, -dice Wells- En el<br />

año 330 a.J.C. un conquistador de estirpe griega, Alejandro Magno,<br />

contemplará el cadáver del último de los reyes persas”.<br />

Mientras de esa manera los imperios se suceden, y se mantiene<br />

incesante la lucha entre los pueblos, la civilización crece. Entre<br />

tanto, el arado realiza año tras año su labor, se recogen las cosechas,<br />

se construye más y mejor; el comercio se desarrolla, se esparce<br />

el conocimiento de la escritura, nuevos descubrimientos,<br />

como el hierro, los vehículos y el montar a caballo, pasan al patrimonio<br />

de la humanidad; las ideas se amplían, el saber aumenta.<br />

122


obras y <strong>apuntes</strong><br />

Hay sus tropiezos: la matanza, la peste; pero en general es una<br />

historia de progreso. Por cuatro mil años esta nueva creación: la<br />

civilización, que había arraigado en el suelo entre los ríos, había<br />

crecido como crecen los árboles: a veces perdiendo una rama, otras<br />

veces desnudado por la tempestad; pero siempre rehaciéndose para<br />

seguir creciendo.<br />

Es necesario notar que los períodos históricos van haciéndose<br />

más y más cortos a medida que avanzamos hacia nuestros días:<br />

los cambios, la sucesión de las transformaciones importantes se<br />

hace cada vez más precipitada. Entre Sargón I y Alejandro el grande<br />

transcurrió más tiempo que de Alejandro el Grande a nuestros<br />

días. Antes de Sargón I, la civilización humana naciente había durado<br />

ya más que esos dos períodos juntos, y antes de esto, desde el<br />

principio de la aparición del hombre sobre la Tierra, había pasado<br />

un período mil veces más largo.<br />

La historia del valle de Nilo desde el alba de su civilización<br />

hasta Alejandro el Grande no difiere mucho de la Mesopotamia.<br />

Solo que Egipto, menos abierto a las invasiones, estaba protegido<br />

por el desierto al oeste, por el desierto y el mar, a este, por el mar,<br />

al norte, y el Sur tenía sólo poblaciones negras poco temibles.<br />

Hacia el año 5 000 a.J.C. encontramos los primeros vestigios<br />

de civilización egipcia. Los egipcios de esa época poseían ya un<br />

sistema de escritura, muy diferente del de los sumerianos, por medio<br />

del dibujo. Quizás parte de este pueblo vino por una invasión<br />

procedente del sur de Arabia, pero su civilización tiene rasgos que<br />

no son importados. Usaron el papiro, procedente de una planta,<br />

para escribir. Existe la costumbre de dividir a los gobernantes de<br />

Egipto en 26 dinastías, a través de tres imperios: antiguo, medio y<br />

nuevo, cuyas respectivas capitales fueron Menfis, Tebas y Sais. Al<br />

final de estos, Egipto fue conquistado por los persas. En estos<br />

4 000 años de historia, el Imperio Antiguo obtuvo su mayor esplendor<br />

con la IV dinastía, de la que formaron parte Keops,<br />

Kefren y Mecerino, constructores de las pirámides de Gizeh, que<br />

agotaron al pueblo para construirlas. Más tarde, Egipto no tiene<br />

más que una historia de luchas interiores, hasta que es conquistada<br />

por los hiksos o pastores, tribu de semitas nómadas que fundan la<br />

123


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

dinastía XVI, la cual es expulsada al fin por los egipcios. Entonces<br />

se funda el Imperio Medio, y viene una era de prosperidad en la<br />

que Egipto se convierte en un gran estado militar y comienza sus<br />

guerras con Babilonia. Tutmés III y Amenofis III, de la XVIII dinastía,<br />

dominan desde Etiopía hasta el Éufrates en el S. XV a.J.C. y<br />

construyen el templo de Luxor y reforman el de Kayak. También<br />

hubo entonces una famosa y sabia reina: Hateser. En la dinastía<br />

XIX, se distinguen los Ramsés, sobre todo Ramsés II, Sesostris, el<br />

Faraón de Moisés, quizás. Entonces un conquistador etíope tomó<br />

a Egipto y los etíopes gobernaron hasta la conquista por<br />

Senaquerib. Al fin, el Imperio Nuevo se constituye con Saís, en el<br />

Delta, por capital y tiene días de gloria bajo Psamético I y Neckp.<br />

Al fin el hijo de Amsis, Psamético II, perdió el imperio a mamos<br />

de Cambises, rey de Persia, hijo del gran Ciro. Desde entonces<br />

Egipto no ha conocido la libertad sino durante unos 60 años, después<br />

de los cuales fué conquistado por Alejandro Magno, y gobernado<br />

por extranjeros hasta hoy.<br />

En Persia, en la meseta del Irán, se alzó a dominar el primer<br />

imperio de raza aria, cuando Ciro reunió bajo su dominio a los<br />

medas y a los persas. Ciro conquistó a Babilonia, Cambises, su<br />

hijo, según hemos visto, llevó hasta Egipto sus conquistas. El Gran<br />

Rey Darío, yerno de Ciro, extendió el imperio hasta los bordes<br />

del Mediterraneo y fue a estrellarse contra los griegos en las Guerras<br />

Médicas.<br />

En la India, en el valle del Ganges, se desarrollaba otro pueblo,<br />

el Dravidiano, pero es dudoso que alcanzara nunca un alto<br />

grado de desarrollo social: no parece haber inventado escritura.<br />

Una rama de la raza aria, bajando de Persia, invadió la península y<br />

la conquistó. De esas luchas nos quedan ecos en los dos grandes<br />

poemas hindús: Mahabarata y Ramayana. Nunca se constituyeron<br />

en un imperio unido.<br />

Paralela a estas primeras civilizaciones de la raza que llamamos<br />

blanca, otra civilización enteramente original se desarrollaba<br />

en el valle de Tarim, en las laderas de los montes de Kuen-Lim y<br />

siguiendo el curso del Hoang-ho y el Yan-tsekiang. Era una civilización<br />

mongólica. No conocemos la arqueología prehistórica de<br />

124


obras y <strong>apuntes</strong><br />

esa región, separada del resto del mundo por montañas altísimas<br />

y vastos desiertos. Parece fácil distinguir en China dos civilizaciones:<br />

una del Norte, y otra del sur, mezclada con los pueblos indochinos.<br />

Debió haber entre ambas conflictos e intercambios.<br />

Apenas nos es conocida la historia antigua de China. Primero<br />

parece que hubo un largo período de luchas entre pueblos establecidos<br />

y pueblos nómadas (Hunos) Después, se fundaron las<br />

primeras ciudades-estados, y con el tiempo se organizó un imperio<br />

centralizado. De 2, 700 a 2, 400 a.J.C. reinaron cinco emperadores<br />

legendarios. Luego las dinastías de un período feudal: Shang Chow,<br />

bajo las cuales hubo en China una unión más religiosa que política:<br />

los emperadores o “hijos del Cielo”, son sacerdotes. Llegaron a<br />

existir hasta 6, 000 pequeños estados, y una docena de estados<br />

poderosos que los dominaban. Esta edad la llamaron “de confusión”.<br />

Al fin, se fundó una confederación que fue ganando miembros,<br />

hizo un tratado de paz y fue la base de un imperio unificado.<br />

Después de la dinastía de los Chow, los Tsin habían asumido el<br />

dominio sacerdotal, y el primer emperador del reino unificado<br />

fue Tsin Clu Hoang-ti “primer emperador universal”, constructor<br />

de la Gran Muralla contra los Hunos. Luego vino la dinastía de los<br />

Han, y bajo ella, los Chinos avanzaron hasta tener noticias de otros<br />

pueblos y razas al oeste y al sur.<br />

En un grupo de islas vecinas despuntaba una civilización que,<br />

si en principio es sólo una parte de la China, a la cual debe casi<br />

todos los elementos fundamentales, sin embargo, pronto dio muestra<br />

de originalidad e independencia; nos referimos, naturalmente<br />

al Japón. Estas diferencias tienen un origen racial, porque hay razones<br />

para creer que el pueblo japonés tiene una parte de elementos<br />

aborígenes polinesios, o sea, malayos. No se sabe nada de los<br />

orígenes primitivos. Los Japoneses se creen autóctonos. Su lengua<br />

es diferente, del todo, de la China. Pero los signos que las escriben<br />

son los mismos hoy. Los Japoneses hablan de una invasión, venida<br />

de las isla de Kuishin, dirigida por Jimmie Tennó, que fue el primer<br />

Mikado, estableció su capital en la provincia de Yamato, siglos<br />

antes de nuestra era. Hubo luchas entre señoríos y por fin el establecimiento<br />

de una capital fija en Nara. La estructura la adquirieron<br />

de China. La religión budista les vino de la India, mucho<br />

125


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

después (S. VIII) El Japón puede decirse que entra en la historia<br />

ya en nuestra era.<br />

126<br />

Las Costumbres (Asiria-Egipto-Persia-India-China y Japón)<br />

Escritura<br />

Religión.Dioses principales.<br />

Luchas entre los reyes y los sacerdotes.<br />

El rey sacerdote. El rey dios. El rey que es sacerdote y no es rey.<br />

Esclavitud.Clases. Castas. Los hombres libres.<br />

Organización familiar.<br />

Bellas Artes.<br />

Novelas históricas sobre este período.<br />

La Ciropedia, por Jenofonte, es la Historia de Ciro el Mayor,<br />

especialmente de su educación, pues la obra tiene finalidad pedagógica.<br />

Le da particular importancia la figura de su autor, filósofo<br />

discípulo de Sócrates, escritor y jefe de bandas mercenarias; es<br />

uno de los autores clásicos que más han influido sobre la cultura<br />

moderna, y se le considera un dechado perfecto de la urbanidad<br />

ateniense de la gran época. No es un genio pero sí un hombre de<br />

talento refinado, honrado, sensato, de cierta elevación moral y de<br />

una perfecta elegancia.<br />

La obra pertenece a un género híbrido de historia y novela,<br />

difícil de clasificar. Es de forma narrativa y de intención didáctica.<br />

Si la consideramos como novela, es la más antigua de las pedagógico-políticas,<br />

y aunque escrita por un ciudadano ateniense, es de<br />

espíritu monárquico y anti-intelectualista. Traza el retrato del príncipe<br />

perfecto, y con ella comienza un género muy cultivado en las<br />

literaturas modernas.<br />

El alemán Jorge Ebers inauguró en 1964, con “La hija del Rey<br />

de Egipto”, la novela arqueológica, es decir, la novela de un período<br />

histórico reconstruido hasta el detalle por el estudio detenido,<br />

científicamente organizado, de archivos y monumentos, según el


obras y <strong>apuntes</strong><br />

movimiento que a fines del siglo XIX se llevó a cabo en defensa<br />

de la novela histórica frente al auge del naturalismo.<br />

Ebers era un orientalista entendido y de renombre, autor de<br />

muchas obras de arqueología e historia, y su novela se resiente precisamente,<br />

de exceso de ciencia, que le resta naturalidad. Es la historia<br />

de la princesa egipcia Nitocris, esposa de Cambises, el rey<br />

persa conquistador de Egipto, y narra con admirable exactitud los<br />

hechos de ese período, además de dar una detallada descripción de<br />

la vida egipcia.<br />

Ebers escribió otras dos novelas egipcias: “Uarda”, de la época<br />

de la esclavitud israelita; y Las hermanas”, de la vida monástica<br />

de la antigüedad.<br />

El exquisito Teófilo Gautier dejó en su “Novela de una Momia”<br />

la historia, finamente cincelada, feliz combinación de ciencia<br />

e imaginación, de la bella Tahoserm hija del sumo sacerdote<br />

Petamunoph, muerta hace tres mil quinientos años, cuya momia es<br />

desenterrada en nuestros días por el joven Lord Evandale,<br />

arqueólogo inglés, el cual, después de contemplarla y leer el papiro<br />

colocado junto a ella, renuncia a todo amor terrestre, por amar su<br />

recuerdo.<br />

Vamos a mencionar, por fin, una obra que no pertenece a la<br />

civilización europea, ni antigua ni moderna. Es una novela histórica<br />

que señala el punto más alto en el desarrollo de la literatura<br />

japonesa. Se titula “La Historia de Genji” y su autor es una mujer:<br />

la dama Murasaki no Shikibu. Era una dama de la corte imperial<br />

allá por el año 1000 de nuestra era. Era de la gran familia de los<br />

Fujivara, por siglos ilustre en el saber y en la conducta. Su padre<br />

era sabio, y Murasaki desde tan temprano demostró talento y amor<br />

al estudio, que el padre mil veces deseó que hubiera sido varón.<br />

Aprendió la literatura japonesa y la china. Se casó, pero enviudó<br />

muy pronto, y se convirtió en dama favorita de la Emperatriz Akiko,<br />

muy dada al estudio también y vivió entre los ritos y ceremonias de<br />

la corte en la sagrada Kioto.<br />

La leyenda dice que escribió su novela en el Templo de<br />

Ishiyama, en un retiro que aún se muestra a los viajeros. Murasaki<br />

127


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

creó para el Japón la épica en prosa de la vida real que es la novela,<br />

que antes no existía: sólo había el cuento fantástico. Es una<br />

novela muy realista, cuyo héroe, Genji, es un hijo del Mikado y su<br />

concubina favorita. La madre muere, víctima de las envidias de la<br />

corte. Genji crece hasta hacerse un caballero perfecto, y se nos<br />

cuenta su historia hasta su unión con una heroína llamada como la<br />

autora Murasaki. “El árbol sagrado” es la continuación, historia<br />

del hijo de Genji. Es una interpretación del período aquel de la<br />

vida japonesa, y contiene una detallada presentación de los personajes<br />

históricos de la corte. El libro se hizo clásico enseguida, y su<br />

héroe, el héroe simbólico, amado en sueños por todas las doncellas<br />

del Japón. Es, sin duda, la más notable de las novelas orientales.<br />

128<br />

.


(Columbia)<br />

HISTORIA DE LA MÚSICA<br />

30 de abril<br />

Disco: Sonata para órgano (en su concepto es para los pianos)<br />

(A la manera italiana, allegro-lento-allegro: obertura o sonata).<br />

Cambia los nombres a su gusto). De Bach. (1730)<br />

Música concertada (de concertus) es aquella en que los instrumentos<br />

dialogan de común acuerdo. En la música concertante,<br />

hay instrumentos que (de concertus, certamen) quieren sobreponerse<br />

a los otros.<br />

Hacia esta época (1730) se fundan en Alemania los Colegios<br />

Músicos, en los que se hace música para el publico en general,<br />

no ya para los grandes señores. Allí tocan los dos hijos<br />

mayores de Bach: ¿y Carlos Felipe Manuel, para quienes él hace<br />

sus conciertos de dos claves?<br />

Los llama Conciertos por el estilo concertante, de claves<br />

rivales. La forma es la misma- Allegro- lento- Allegro.<br />

Disco: (Columbia)<br />

(2 discos) Bach-Concierto para dos claves, con Allegro-lento<br />

(miliciana)- Allegro (fuga).<br />

129


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

130<br />

Conciertos de Brandeburgo-Nos 2 y 3.<br />

12 de mayo<br />

Con Bach desapareció todo lo característico de la música<br />

barroca alemana: el estilo contrapuntístico, algunos instrumentos,<br />

la cantata de iglesia, etc.<br />

El concierto en el siglo XVIII es uno (o algunos instrumentos<br />

concertante y un grupo de relleno.<br />

En un principio, no es más que una sonata con un instrumento<br />

concertante, que se destaca algo. Aún en Bach la orquesta<br />

no está cuajada, y los grupos de instrumentos son casi parejos<br />

en importancia a veces. No hay todavía el centro orquestal, que<br />

se construye luego con las cuerdas y es el que sostiene la<br />

armonía. El piano tiene centro también, y ese centro (región<br />

central) es aquel en que se desarrolla el cuerpo de la sonata. Las<br />

cuerdas son las que sostienen el cuerpo de la sinfonía. Pero en<br />

Bach no hay todavía un centro.<br />

C.No 2- solistas: Trompeta aguda (hoy desafectada) flauta,<br />

oboe, violín concertante.<br />

Los de relleno son violines, cello, contrabajo, etc.<br />

La alternativa del solo, claro y aéreo, y los tutti, macizos y<br />

oscuros, que forman el contraste en el concierto barroco, (por<br />

ej., Vivaldi) no se manifiesta en estos conciertos de Bach, donde<br />

los grupos son ambos pesados: concierto grosso.<br />

Allegro- Ritmo anafréstico ta ta taau, característico de Bach.<br />

Se destaca la trompeta.<br />

Andante-Cuatro instrumentos, que entran por pisos<br />

(étages), procedimientos S. XVIII que va a llegar hasta<br />

Beethoven (1ª-sinfonía)<br />

Muestra influencia francesa: temps de plainte.<br />

Allegro final- Vuelve a destacarse la trompeta.


_____________________<br />

obras y <strong>apuntes</strong><br />

C. No- 3- 3 violines, 3 violas y 3 violoncelos en masa son<br />

solistas.<br />

Allegro. Tiene tiempo lento central, sin duda para ejecutar<br />

fiorituras los solistas, hay una pausa. Luego viene un nuevo<br />

allegro.<br />

4º- y 5º-Conciertos de Brandeburgo.<br />

No-4-Concertantes: 1 violín y dos flautas.<br />

14 de mayo<br />

Flautas de eco: había 2 clases: germánicas y francesas;<br />

1º-blocken-flüten, verticales como el clarinete, con embocadura.<br />

El recorder es una de estas flautas rectas, con una bola cerca<br />

de la embocadura<br />

2º- flautas horizontales, más ricas en tono y posibilidad de<br />

juego. Bach emplea aquí dos, a causa de su poco, sonido; y el<br />

juego se hacia haciendo que la flauta contestara como un eco<br />

los otros instrumentos. Otros dicen que era el nombre de un<br />

tipo de flauta de mucho juego. Las flautas alemanas eran de 20<br />

clases diversas, graves y agudas.<br />

El 4º- concierto tiene los tres tiempos de la sonata: allegroandante-<br />

allegro. El andante queda como suspenso un momento<br />

en la dominante, quizás para permitir una cadenza. El ritmo<br />

anapéstico existe, pero más disimulado que en otros conciertos<br />

de Bach. El final del andante representa un gran avance sobre<br />

Bach mismo) y es de gran delicadeza.<br />

Allegro final: en fuga.<br />

131


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

132<br />

28 de mayo<br />

Lo más importante de la música de Bach es la música vocal<br />

y vocal-instrumental que escribió para la iglesia protestante.<br />

Contiene obras menores, correspondientes a una primera época<br />

de su desarrollo, y otras grandes obras, heredadas de la gran<br />

polifonía del s. XVI. También la iglesia católica tiene gran música<br />

barroca, en Austria, que precede el período rococó. Las<br />

grandes obras de Bach son descendientes de todas esas obras<br />

corales.<br />

Bach escribió 300 cantatas, de las que nos quedan 195. las<br />

obras mayores son, principalmente, las Pasiones, el Magnificat,<br />

la Misa en Si (B) menor, llamada católica porque es completa,<br />

mientras que la misa luterana tiene solo el Kirie y el Gloria. El<br />

Coral es un pequeño trozo tomado de la Biblia y musicalizado a<br />

cuatro voces, para ser cantado por el pueblo: esa es la base de<br />

las Cantatas de Bach. El coral se halla también, con un tratamiento<br />

mas complicado en obras mayores. Los motetes son en<br />

él como una transición a su manera propia de armonizar el Coral.<br />

Disco: Motete de Schultz (Sagitarius). Lleva a la música alemana<br />

la alegría exultante italiana.<br />

Disco: Motete de Bach, siguiendo iguales líneas.<br />

Disco: Corales de Bach (2: uno sobre la primera frase de<br />

Padre nuestro; otro: Dirigid vuestro camino hacia Jesús.<br />

Disco: Coral de la Cantata de Bach: Wache auf. (El Coral se<br />

pone siempre al final de las cantatas). Va siempre precedido de<br />

un Preludio que lo caracteriza. Bach escribió muchos:<br />

Disco: Preludio de la cantata 145 de Bach.<br />

Las cantatas tienen todas un pequeño argumento, de la Biblia,<br />

si es cantata sagrada, o de otro origen sin es Cantata profana.


obras y <strong>apuntes</strong><br />

El arioso es menos complicado y arquitectural que el aria.<br />

Las cantatas italianas tenían 2 ariosos y dos arias, y son religiosas.<br />

Las francesas son profanas en su mayoría. Las alemanas se<br />

desarrollan más: 3 ariosos y 3 arias llegan a tener. Todos los<br />

Bach, el grande, sus tíos y sus hijos hicieron cantatas.<br />

Disco: Cantata de J. S. Bach, del periodo de su juventud:<br />

Meine Seele, etc.<br />

Disco: Final de otra Cantata; Coral. (Bach)<br />

Disco: Aria de otra Cantata (Bach) (Cantata 157) (sinfonía).<br />

5º-Concierto de Brandeburgo.<br />

26 de mayo<br />

En este concierto, el bajo, a veces hace un papel de bajo<br />

continuo; otras se destacan: era el clavicémbalo, hoy sustituida<br />

por el piano. A veces hace el verdadero solo. Otras veces, la<br />

flauta concertante y el violín concertante se destacan, aunque<br />

menos que el cembalo, por primera vez solista. El ripieno lo<br />

hace en cuarteto. El orden es allegro-andante-allegro.<br />

En el andante sólo entran el piano, violín y flauta, sin acompañamiento.<br />

6º- Concierto de Brandeburgo.<br />

Uso de los antiguos instrumentos, violas de brazo y violas<br />

da gamba, y más bien música concertada que concertante. Probablemente<br />

está escrito para 6 instrumentos, aunque suele tocarse<br />

a toda orquesta moderna, lo que le hace perder delicadeza.<br />

________________<br />

133


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

134<br />

No hay discos de la misa en si menor disponibles.<br />

_________<br />

Parece que Bach escribió 5 Pasiones.<br />

Se conservan 2.<br />

2 de junio<br />

Se usaba en Alemania hacer “música triste” (fúnebre):<br />

Trauermusik. Bach hizo, y sus próximos antepasados. Este tipo<br />

de música es importante en el desarrollo de la Pasiones, aunque<br />

hubo unas Pasiones anteriores en la época monódica. Hubo siempre<br />

un personaje narrador: El Evangelista, luego Cristo, y el<br />

pueblo, que fue al principio el auditorio.<br />

Luego aumentaron personajes y se representaron en los teatros<br />

religiosos, Pasiones, Misterios y pasajes bíblicos.<br />

Cuando llega la polifonía, el Cristo es siempre el bajo; el<br />

Evangelista es barítono. La estructura de las Pasiones cambia<br />

con la polifonía.<br />

El empleo de varios coros viene de la Iglesia bizantina, y se<br />

aplica, aumentado, a la música religiosa barroca. Son la Misas<br />

Concertantes (concerto grosso), de las que es heredero Parsifal.<br />

Bach todavía emplea ese estilo, que muere con él. Haydn es representante<br />

del estilo “italiano” que le sucede.<br />

1823- Pasión según San Juan<br />

1829- Pasión según San Mateo.<br />

A pesar de su grandeza, son ampliaciones, suites de pasajes,<br />

que es característica barroca. Pero no son puro estilo alemán<br />

(fuga, etc.) sino barroco, mezclado: hojas de coro mas<br />

trabajados, solos, etc. y a veces de carácter italiano.<br />

______________


obras y <strong>apuntes</strong><br />

4 de junio<br />

Haendel.- También se apropió música de muchos autores<br />

secundarios. Su genialidad empieza con cosas pequeñas, y en su<br />

ultima época escribe sus grandes óperas y oratorios, que son<br />

óperas con argumentos bíblicos y sin escena.<br />

Al decaer la ópera escribió música instrumental, concerti<br />

grossi, que se resienten de la improvisación, aunque son bellos.<br />

Disco- Concierto para 2 claves.<br />

La música de Haendel es grande, majestuosa, pero le falta<br />

generalmente finura musical. Una excepción es el Herrero Armonioso<br />

(Disco). (Variaciones).<br />

La obra instrumental de Haendel de mas importancia es la<br />

serie de 6 Concerti grossi, en la que alcanza la habilidad<br />

contrapuntística de Bach, más la gracia y la frescura italianas.<br />

Disco- Concerto Grosso (Haendel)<br />

Allegro Lascio Mussetta (Sarghetto)<br />

Haendel<br />

11 de junio<br />

Además de los conciertos, hay en Haendel dos tipos de<br />

música especial uno escrito sobre el agua, en los pageants sobre<br />

el Támesis, y otra que son la música de fuegos artificiales, aunque<br />

no imitativa: esas fiestas eran aun raras en Europa: España<br />

las conoció primero con los árabes. En 1646 se celebró en Inglaterra<br />

con ellas la paz de Aquisgrán. Servandoni hizo los primeros<br />

castillos pirotécnicos. La música de Haendel (La paz)<br />

perduró, escrita para una orquesta de 100, por duplicación de<br />

los instrumentos.<br />

135


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

Disco: Suite Firework music. (Haendel) (La paz es el título<br />

del segundo movimiento, una siciliana).<br />

Óperas, desde 1700- Rinaldo hasta su enfermedad mental.<br />

Después de mejorar en Alemania, regresó y continuó su carrera<br />

con óperas y oratorios.<br />

136<br />

Disco:<br />

Aria de Atalanta, 1736. una de las últimas óperas de su primer<br />

periodo antes de la enfermedad: “Como una tortolilla amorosa”.<br />

A su regreso de Alemania escribe su opera Xerxes, a la que<br />

pertenece como aria el famoso Largo (Disco).<br />

Para los oratorios hay 3 épocas: la 1ª- que sigue el estilo<br />

cantata de Bach, pero en líneas italianas (Israel en Egipto); la<br />

segunda es de transición, la 3ª- es de oratorios-óperas. El coro<br />

va tomando a cada época mayor importancia.<br />

to.<br />

Disco: Cantata con instrumentos: oratorio Israel en Egip-<br />

Disco: Coro de los ruiseñores del oratorio Salomón, de la<br />

segunda época.<br />

Disco: Alleluya del Mesías. Lo llamó S. Trozo inmortal y<br />

espléndido.<br />

16 de junio<br />

La “comedia del arte”: la “farsa” popular, que aún sobrevive.<br />

El madrigal dramatizado surge de ahí: pero la entidad de la<br />

voz humana no se entiende todavía como individual, sino coral.<br />

Cada personaje canta a varias voces: el Niño Jesús, por ej., eran<br />

voces de bajo. O la Virgen, 3 niños. La personalización viene<br />

más tarde: esa es la gran revolución de la ópera en música, y<br />

además de la voz se personaliza la figura y el vestuario. La idea


obras y <strong>apuntes</strong><br />

del Renacimiento de resucitar el pasado clásico se refleja en la<br />

comedia (pastorales griegas) o en argumentos mitológicos. Esto<br />

es lo que se lleva al principio a la ópera, persistiendo el trío,<br />

voz aguda, voz media y voz profunda, que formaba, según la<br />

época, el acorde completo. En realidad es así, pues dos voces o<br />

notas son aún una armonía incompleta. La revive la métrica cuantitativa<br />

griega (La Pléyade) y se idea acompañarla con música.<br />

El español Salinas escribió un libro para demostrar que la música<br />

popular española sigue la antigua métrica clásica.<br />

Otra de las grandes reformas musicales de la ópera, es ésta<br />

de que las voces sigan la emoción de la palabra hablada (grito,<br />

declamación, exclamaciones, etc.). Pero al principio sólo se logró<br />

monotonía mayor. De todos modos, este procedimiento, “in<br />

armonía favellando”, da el recitativo y la música representativa.<br />

Uno de los trozos del período es el “Lamento de Conde<br />

Ugolino” escrita en recitativo por Vicenzo Galilei. Este músico<br />

reunió la Camerata Florentina, que se dedicó a hacer este tipo<br />

de música. Se les ocurrió, en 1599, poner en público La fábula<br />

de Apolo y Dafne. Al año siguiente, para las bodas de María de<br />

Médicis y Enrique IV, se pidió al autor de la fábula de Dafne,<br />

que hiciera una fábula del mismo tipo.<br />

Escribió Eurídice, en colaboración, la música, de Peri y<br />

Cassini. Se representó en los jardines del palacio Pizzi, en “teatro<br />

al aire libre”. Los personajes eran pocos y el acompañamiento<br />

escueto; pero se añaden procesiones, carros, desfiles, y por ultimo<br />

“máquina”, con decoraciones y tramoya y toda la exuberancia<br />

barroca, Eurídice (1600) es la primera opera.<br />

Disco: Aria de “Eurídice”:<br />

Orfeo: “Funestas playas” (Peri)<br />

El canto sigue el movimiento de la palabra, y su emoción,<br />

“en imitación de los conceptos de la palabra”; lo que nos explica<br />

la frase de los Enciclopedistas de que “la música es arte de<br />

imitación”.<br />

Disco: Lamentación de Orfeo al perder de nuevo a Eurídice.<br />

137


Pero el que va a generalizar la revolución, las nuevas formas,<br />

es el músico más notable del barroco en Italia y que lleva<br />

el teatro operático al público en general: Claudio Monteverde.<br />

Disco: Madrigal Carta amorosa de Monteverde.<br />

Notar el tono de “lectura emotiva” de la carta. Tiene repetición<br />

entera; “aria da capo”. Es además ya música italiana, y en<br />

ciertos aspectos los italianos no han avanzado mucho más; pero<br />

aún se nota la influencia de la música modal religiosa.<br />

________________<br />

18 de junio<br />

El intento de los músicos de la Camerata tuvo en sí mismo<br />

poca influencia; pero como el movimiento tenía causas mas<br />

profundas, continuó y se difundió.<br />

El desarrollo del elemento dramático en la música a partir<br />

de S. XVII es el que ha creado un malentendu: que la música es<br />

un arte de expresión esencialmente emotiva, de sentimientos.<br />

Eso no es siempre así: hay gran parte de la música cuya arquitectura<br />

sonora, armónica, no pretende expresar sentimientos,<br />

como lo hace la melodía de inflexión dramática que sigue a<br />

la palabra.<br />

Las republicas italianas por su carácter “democrático” establecían<br />

mayor contacto entre los señores gobernantes y el<br />

pueblo. En Mantua, el duque Vicenzo Gonzaga, gran guerrero,<br />

viajero y amante de las artes, tenía a su servicio una pequeña<br />

orquesta de cuerdas que lo acompañaba. Monteverde, director<br />

de esa orquesta, hubo de escribir música que se centraba en el<br />

grupo de instrumentos de cuerda. La música de las primeras<br />

óperas está escrita para un grupo de instrumentos pero no una<br />

orquesta propiamente organizada. Ariadna (1608) que se repre-


sentó en el palacio de Mantua ante un numeroso público: 6000<br />

personas, fue la primera gran ópera de Monteverde.<br />

Disco: Monteverde: Ariadna.<br />

“Lasciatemi morire”.<br />

(Letra de Rinucini)<br />

Disco- Cantata, Monteverde. (Avanza en época y línea melódica<br />

sobre Ariadna). (Es en realidad un chacona cantada).<br />

“Ohimé! Io caddo…”<br />

Decía Stendhal que no hay que entender las palabras de las<br />

óperas sino comprender su sentido emotivo general. Monteverde<br />

viajó por las cortes de Francia e Inglaterra, y Alemania. (En<br />

Alemania, Schutz escribe la primera ópera, una “Dafne”.)<br />

Monteverde pasa a ser director de música de San Marcos. Sus<br />

discípulos Cecchi y Cavalli llevan la ópera italiana fuera del país.<br />

Monteverde sigue escribiendo óperas y allí en Venecia aparece<br />

el primer teatro pago. También en esta época aparecen los primeros<br />

“empresarios”, que compraban los decorados y vestuarios<br />

a los teatros de corte y organizaban funciones públicas.<br />

Poco tiempo después hay, en Florencia sólo, 36 teatros. Los<br />

extranjeros vienen a Florencia, Venecia y otras repúblicas italianas,<br />

a ver estos dramas musicales (opere musicali) y los llaman<br />

óperas. La más notable de la óperas de Monteverde en<br />

estilo veneciano, que era más rico, porque disponía de coros,<br />

etc. superiores, es “La Coronación de Poppea”<br />

Disco-“ Olvido suave”. (Monteverde: Coronación de<br />

Poppea)<br />

La opera se va extendiendo. En Italia aparecen Manzouli,<br />

Scarlatti, y otros. En Francia, Lully. Se extiende a toda Europa.<br />

Se va haciendo más compleja, y mezcla arias de distinto color,<br />

más graves y más ligeras. El madrigal se va convirtiendo en coro.<br />

Ejemplo del progreso de aria es el siguiente<br />

139


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

140<br />

Disco-Manzuoli-Aria.<br />

La regularidad de los miembros de frase, (cuadriculada)<br />

empieza a notarse en estas áreas, con la repetición de versos y<br />

frases melódicas.<br />

23 de junio<br />

Monteverde decía que la palabra debía ser señora y no esclava<br />

de la melodía. La evolución del madrigal lo desdobla: por<br />

un lado nos da el aria de la opera, por otro el coro de las mismas.<br />

Los melismas se empezaron a usar para decorar la línea<br />

melódica esencialmente dramática, dualismo propio del barroco.<br />

Durante la escuela veneciana de ópera (ss. XVII y XVIII) se<br />

continúa aumentando ese afán de adornar. Parece que ese afán<br />

de adorno indica libertad en el uso de la voz; pero no es así: la<br />

forma tiene que guardar un equilibrio riguroso y el adorno está<br />

en la superficie, como el la arquitectura barroca.<br />

Tenemos en una parte el recitativo, mas sencillo casi hablado<br />

verdadero “ in armonía favellando”, y el arioso mas libre que<br />

el aria y de otra parte el aria, más complejo y construido.<br />

Éstas son las formas de la música operática hasta fines de<br />

XVIII.<br />

Disco: Andrea Falconieri, “Villanella”. (Trozo de una ópera<br />

napolitana, aunque villanella equivale a villancico”) (Es muy<br />

bonita).<br />

Cuando el aria es ligera, de ópera cómica, se llama arietta.<br />

La escuela veneciana (1650-1700) prefiere la gran aria. La<br />

napolitana (s.XVIII) prefiere el aria ligera.<br />

Disco – Monteverde – Gran aria.<br />

La escuela romana está entre las dos anteriores. (La familia<br />

Barberini hizo un teatro de ópera para 2000 personas y con


obras y <strong>apuntes</strong><br />

“máquina”). Y la ópera era una serie de trozos de música, con<br />

poco cuerpo. Los Barberini usaron la tramoya o máquina para<br />

un teatro público, que en gran parte procedía del ballet francés,<br />

y que de Italia pasa a la España barroca, para Comedias y Zarzuelas.<br />

La idea de intercalar trozos cómicos cantados en la ópera<br />

es el origen de la ópera bufa. La ópera cómica es una parodia de<br />

la gran grandiosidad de la ópera.<br />

Disco – Cavalli (discípulo de Monteverde)<br />

Varias – ariettas. (Hay poco en disco de esa época)<br />

En Francia no arraiga la ópera hasta que surge un compositor<br />

que la haga en francés. En Alemania sí se llega a imponer<br />

con Legrenzi, que influye sobre Haendel y aun sobre Bach. (Es<br />

mas conocido hoy como compositor de música religiosa).<br />

Disco – Legrenzi- Eteocles y Polinice.<br />

Arietta (de un tipo ya próximo a las del S. XIX).<br />

Disco – Arietta de Guiseppe Torelli (el gran violinista, que<br />

como todos los músicos de la época, hizo óperas, de las que<br />

conservamos pasajes. Fue el primero en componer conciertos<br />

para violín).<br />

25 de junio<br />

La escuela veneciana prefiere las arias grandiosas y libres;<br />

la escuela napolitana, posterior, el aria da capo. Hay muchas<br />

ópera del período inmediatamente posterior a Monteverde cuyos<br />

nombres conocemos, pero se perdieron por el tiempo, el<br />

fuego, etc. sucedió esto incluso con las obras de propio<br />

Monteverde y de su discípulo Cavalli.<br />

Entre la segunda mitad del s. XVII y la primera del XVIII,<br />

la escuela veneciana se extiende por Francia, Alemania, etc.; la<br />

141


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

escuela napolitana, en España. La “gran ópera francesa” depende<br />

de la escuela veneciana. Perrin (poeta) y Cambert (músico)<br />

compraron de Nazarino el derecho de hacer óperas; pero<br />

sus pequeñas óperas pastorales eran de poco valor.<br />

El teatro francés (la tragedia) estaba en su apogeo, y el mayor<br />

autor de óperas de Francia solía asistir a la tragedia y estudiar<br />

los ritmos del verso. Pero el gran espectáculo del período<br />

fue el ballet. Su éxito en parte de debió a la protección de los<br />

reyes; las antiguas fiestas de danza, masques, se hicieron fiestas<br />

de corte porque los reyes y la corte tomaban parte en ellos. Pero<br />

al principio la música tuvo importancia. El que va a elevar ambos,<br />

la ópera y el ballet, es Juan Bautista Lully, que llegó a ser<br />

un verdadero poder en Francia. Como el derecho a ser óperas<br />

estaba vendido, Lully tuvo que desarrollar las suyas del ballet:<br />

“ópera-ballet”. Lully acaba por comprar a Perry y Cambert su<br />

privilegio, y hace su primera “tragedia en música”. Lully tiene<br />

gran vivacidad, color, y concepto de lo que es la ópera. Tiene su<br />

obra ( Cadmus y Hermione, Perseo y Armida (1686)) gran belleza<br />

de canto, gran sentido dramático de la música y la palabra,<br />

valor expresivo de la orquesta, y en general, gran valor musical.<br />

Disco – Lully, 1) Aria de Perseo Medusa “Je détonis la<br />

beauté et je porte l´épouvante ”<br />

2) Aria de Armida; Reinaldo (Renaud) Plus je vois ces<br />

lieux…”<br />

Lully se llamó al principio Lulli. Luego agregar la i final (de<br />

familia) a su apellido: Lullii, Lullÿ, Lully.<br />

142<br />

_______<br />

Rameau hace óperas que continúan la obra de Lully; pero<br />

después de él la “gran ópera francesa” decae. Más tarde se la<br />

revive con un alemán (de Bohemia, austríaco): Glück.


obras y <strong>apuntes</strong><br />

En Inglaterra la mask u ópera dura poco. El primero en<br />

hacerla es John.<br />

Luego Purcill, el más famoso, con Dido y Eneas y el Rey<br />

Arturo (¿).<br />

Pero ahí termina la opera inglesa hasta Haendel.<br />

En España la comedia de Lope y Calderón dominaba el<br />

teatro. Al principio se introducen en ella ciertos números musicales.<br />

Se hace música de guitarras, entonces instrumento de<br />

corte como el laúd. Se cita una obra de Lope como la primera<br />

ópera española: La selva sin amor. Es una pastoral, y se representó<br />

con tramoya, que fue la verdadera novedad. La música<br />

tuvo poca importancia. Calderón, que no era de muy grande<br />

inventiva, y como tuvo que organizar muchas fiestas reales, imitó<br />

lo que se hacía en Francia y en la escuela veneciana. Conocemos<br />

los libretti, pero no la música. Las fiestas organizadas para divertir<br />

a los reyes en el interior del palacio se llamaron “fiestas<br />

de Zarzuela”. Se hicieron muy populares pronto. Calderón escribió<br />

“El jardín de “, en el estilo de ballet francés, con coros,<br />

pero sin solos. Luego escribe “El laurel de Apolo”, con música<br />

probablemente de Cavalli; aunque ni música ni nombre de autor<br />

se conservan. En la “zarzuela” aparece siempre el elemento<br />

popular cómico, “el gracioso”, como lo había también en la<br />

Comedia. El recitativo se pierde por no ser del gusto español;<br />

la parte se hace hablada, y la zarzuela ahoga en España a la gran<br />

ópera, excepto alguna que otra copia de la ópera italiana. La<br />

ópera en España sigue hasta hoy en proceso de descenso.<br />

En la escuela napolitana el primer gran autor es A. Scarlatti.<br />

Su ópera es una serie de arias de varios tipos.<br />

Disco: A. Scarlatti<br />

Arietta “Chi vuol innamorarsi? “<br />

143


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

144<br />

____________<br />

30 de junio<br />

La ópera bufa nace de las pequeñas obras de los intermedios<br />

y como una parodia de la gran ópera. Las primeras que se<br />

desarrollan en Italia son napolitanas, se escribían en dialecto<br />

napolitano y satirizaban al gobernante español. Los personajes<br />

son populares. Se extiende por Europa: ópera boufonne, beggar’s<br />

opera, singerspiel, etc.<br />

Continuadores de la ópera seria y bufa, Glück, Mozart,<br />

Salieri, Beethoven. La ópera cómica es como un tipo intermedio,<br />

de final o detalles más o menos felices, pasajes hablados,<br />

etc. (Sartri )<br />

El dominicano: Il re pastore, ópera que copia Mozart.<br />

Disco-Sartri, aria de Il re pastore. (¿)<br />

Disco – Canzonetta de Scarlatti (Chi vuol innamorarsi). (air<br />

à tiroirs, en francés, son estas cancioncitas divididas en períodos<br />

que se repiten).<br />

Boloncini era un músico italiano, violoncelista y compositor<br />

fino y espiritual, que influyó sobre Haendel, con quien rivalizó<br />

en Londres, antes de pasar a Viena, ciudad musical más<br />

ligera, de acuerdo con su temperamento.<br />

Disco: Arietta, de Boloncini<br />

Disco: Arietta de Fioridante, “Anima mía” de Haendel.<br />

_________<br />

Los intermedios, de los que nació la ópera bufa, son tan<br />

antiguos como el nacimiento del teatro religioso medieval. Llevado<br />

a lo popular, éste empieza a caricaturizarse en la farsa (de<br />

farci) que echan el asunto a broma. En Francia se multiplican


obras y <strong>apuntes</strong><br />

los llamados entremet, entremetti en Italia, que pronto se introducen<br />

en España. En francés entremets es un plato entre<br />

otros; pero entrometto puede venir del verbo entromettersi y<br />

no tiene relación con el francés. Estas representaciones se mezclan<br />

con las mascaradas, danzas con antifaz, etc.<br />

Marco Marazoli puso en música “No siempre es peor lo<br />

cierto”, de Calderón con el título de “Il male e il bene”, y otras<br />

obras de Calderón.<br />

La base del argumento de la ópera bufa es el trío: mujer,<br />

marido y tercero; triple, bajo y barítono o tenor.<br />

La serva padrona de Pergolese es llevada a París y tiene gran<br />

resonancia, a causa de las discusiones filosóficas del momento:<br />

clasicismo y naturalismo. Los personajes son populares y parecieron<br />

“naturales”. El propio J.J Rousseau la exaltó y quiso componer<br />

una ópera a esa manera. Las primeras óperas cómicas en<br />

Francia eran pequeñas parodias de las óperas grandes, hechas<br />

en las ferias de París. Es curioso que el debate de la ópera motivó<br />

más de cien folletos entre una y otra banda de filósofos. En<br />

el mismo palacio Luis XV y Mme de Pompadour tomaron un<br />

bando y la reina María Adelaida el otro.<br />

Disco – Arietta de Pergolese<br />

Disco-Rousseau- La divina aldea. (Este tipo de ópera se<br />

llamo interlude).<br />

1º-Aria de soprano<br />

2º-Aria con coro<br />

2 de julio<br />

La ópera bufa exige un contacto directo entre la obra y su<br />

público: la gente es la que lleva de la mano al compositor: ése el<br />

papel de la música popular, y eso no significa que no le gustara<br />

145


a los reyes y nobles. Así vemos que Glück, que es el prototipo<br />

del músico de corte, fue sin embargo autor de óperas cómicas<br />

en su juventud. Era checo y pasó parte de su vida en Praga, aunque<br />

nació en Baviera, de padres checos. Estudió en Italia con<br />

Sanmartini, maestro de los autores de las grandes sinfonías como<br />

Haydn.<br />

Glück estudio con él 10 años. Viaja mucho, y también estudia<br />

con Haendel. Es sólo después de los 35 años cuando empieza<br />

a componer gran ópera: “La clemencia de Tito” es la primera.<br />

El papa lo hace Caballero, concediéndole la “Espuela de oro”.<br />

Raniero de Calzavici es el personaje que impulsa a Glück a<br />

hacer innovaciones. Glück escribe Alceste, y luego Ifigenia en<br />

Áulida, ya destinada a la Ópera francesa, con libreto francés.<br />

Los franceses creyeron ver en él el sucesor de Rameau y Lully.<br />

En 1764 pasa a Francia, y allí su primera ópera, “rehecha”:<br />

Orfeo, tiene un éxito enorme. En 1765 estrena Ifigenia en Áulida,<br />

y en el 66 la Alceste, que había escrito como libretto de Calzavici.<br />

Con éstas nace en Europa la ópera de tipo universal, como serán<br />

también las de Mozart.<br />

Los rivales llevan a París a Nicolás Piccini, lo que hace a<br />

Glück retirarse a Alemania. Dos óperas más estrena en París:<br />

Ifigenia en Táurida y Eco y Narciso. La última fue un fracaso.<br />

Glück se retira a Viena y muere.<br />

Con Glück empieza la gran época musical de Europa, el clasicismo<br />

vienés. Ya con él adquiere la orquesta una grandeza que<br />

anuncia el Sinfonismo de Beethoven. En la famosa aria “Ché<br />

faró”, de Orfeo, se muestra digno heredero de la majestad y grandeza<br />

de Monteverde.<br />

En las primeras grandes óperas no había mujeres: el contralto<br />

lo cantaba un hombre, con voz de falsete o natural. En<br />

las óperas cómicas en cambio, hay mujeres sopranos y contraltos,<br />

que es lo que va a seguir la opera moderna. El bajo bufo<br />

(caricato) aparece en las óperas bufas hasta que se les sustituye<br />

por el barítono después de Donizetti (Don Pascuale).


Disco: Voy llorando-¿ Glück<br />

Tone Malerei, pintura tonal, era una manera de música descriptiva<br />

que ya existe en Glück:<br />

Disco: Los campos Eliseos, de Orfeo- Glück.<br />

(La flauta pinta los sentimientos)<br />

Disco: Obertura de Alceste, Glück.<br />

En el sentimiento orquestal y la amplitud, anuncia a<br />

Beethoven.<br />

21de julio<br />

El sentimiento de la tonalidad empieza a aceptarse en el momento<br />

en que la polifonía empieza a desarrollarse. Con él nace<br />

la verdadera música moderna. 1722- Rameau; Principios de armonía<br />

natural, es la obra que organiza la técnica musical en teoría.<br />

Hasta entonces no había reglas fijas, sino enseñanza<br />

empírica.<br />

El sentimiento de la tonalidad se basa en la consonancia<br />

natural de sonidos que constituye el acorde. Rameau no inventa,<br />

sino organiza ese sistema armónico.<br />

No en balde es Glück, de Viena, el que empieza, después de<br />

Rameau, la revolución de la ópera en París.<br />

Más tarde es el clasicismo vienés el que lleva la música moderna<br />

a su forma más alta: la que predomina es la forma- sonata,<br />

que incluye los cuartetos, etc. de cámara, y la sinfonía, que<br />

es la sonata para orquesta. Desde este momento ya no hay mas<br />

que sonatas, desde para un instrumento hasta para orquesta.<br />

Tanto el aria como el arioso son absorbidas por la sonata. De la<br />

fuga toma el juego entre los dos temas.<br />

147


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

Sonata-3- tiempos- Tripartita- Exposición- Desarrollo- Recapitulación<br />

(Repite la exposición). Es decir, dos temas, pero<br />

tres partes. Se mueven de la tónica a la dominante and back.- Se<br />

suele decir: un tema rítmico y otro cantante.<br />

148<br />

1º-Allegro<br />

2º- El tiempo lento es a veces aria a y veces arioso. 3º-El<br />

final es generalmente rápido: Drondó.<br />

Se intercala a veces un 4ºtiempo:<br />

minuetto.<br />

Compara S. la forma de la danza con la del triangulo del<br />

frente del Partenón:<br />

T T<br />

En la sonata hay variaciones intermedias:<br />

Disco- Cuarteto. Haydn<br />

D


obras y <strong>apuntes</strong><br />

Ya es un cuarteto en el que todos los instrumentos tienen el<br />

mismo valor; pero es breve y como un esbozo.<br />

Disco- Sonata en re mayor- Mozart<br />

(piano)<br />

23 de julio<br />

Debemos recordar que la sonata existió desde el s. XVI,<br />

pero como forma simple. Su forma enteramente desarrollada<br />

no la alcanza hasta los clásicos vieneses, con Haydn para empezar.<br />

En él todas las perspectivas aparecen ya planteadas.<br />

Haydn nació en Ronan(¿) en la frontera entre Hungría y<br />

Austria. Muchos motivos populares de esa región, semi-eslava<br />

por lo serbo-croata, aparecen en su música. Además, durante<br />

muchos años de su vida fue músico popular en una banda de<br />

músicos itinerantes: (También en Mozart hay mucho de popular,<br />

no sólo del campo, sino de los barrios pobres de la ciudad).<br />

Haydn nace en 1732, poco antes de morir Couperin (1733). El<br />

clave está decayendo, para dar paso al piano, poco a poco. En<br />

Francia, el que hace la misma revolución que Haydn en Alemania,<br />

es Gosset, poco conocido, porque fue el músico de la Revolución.<br />

Francesa: nació en 1734. En 1735 nace J. Bach, el hijo<br />

menor de Bach. En 1736, Pergolese, el principal autor de ópera<br />

bufa, muere, y Glück va a Viena a trasformar su personalidad<br />

musical.<br />

Hasta ahora, los músicos anteriores al s.XVIII aprendían<br />

en las cantorías de las iglesias. Haydn fue niño de coro en la<br />

catedral de S. Esteban. Empieza a estudiar clave y violín. A los<br />

11 años lleva a Reuter su primera composición, que este declaró<br />

inservible. A los 17 años entra a formar parte de una orquesta<br />

callejera. A los 18 escribe una misa y un cuarteto. (Haydn ya<br />

mayor se encuentra con Mozart, y el estilo de este influye sobre<br />

Haydn). Se le encarga a los 19 una ópera bufa. Hace amistad<br />

con Ditterdorf, que lo ayuda a ganarse la vida. Porpora (cantante)<br />

lo admite como lacayo, y entre tanto que lo sirve, aprende<br />

149


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

composición. A los 25 años conoce a Glück que lo invita a una<br />

pequeña corte alemana, cuyo Conde lo deja allí para componer<br />

piezas de orquesta. Sus óperas, en cambio, no tienen interés.<br />

Luego (a los 27 años) el Conde Morsi (¿) lo invita a dirigir<br />

la orquesta de su corte. Pasa allí dos años, y escribe su 1ª-sinfonía.<br />

La familia Esterhazi (condes de) le ofrece que pase a trabajar<br />

con ellos. Allí permanece 30 años, en la jaula dorada de<br />

una residencia campestre señorial. Los conciertos de orquesta<br />

allí eran magníficos, pero estaban aislados del mundo. Por lo<br />

mismo compuso más: 104 sinfonías y casi igual número de cuartetos<br />

se conservan.<br />

La 1ª- obra que publica en París se llama 6 sinfonías o cuartetos<br />

dialogados,<br />

150<br />

mostrando la vaguedad de la forma sonata aún.<br />

La Sinfonía de los adioses. (cada músico termina, apaga la<br />

luz y se marcha, cierra este período.<br />

Haydn, ya de 49 años, se encuentra con Clementi, y aprende<br />

de él la nueva técnica del piano. Entonces también recibe la influencia<br />

de Mozart. Escribe los 7 cuartetos (de un solo movimiento)<br />

de las 7 palabras, para la Semana Santa en Cádiz. Otras<br />

muchas sinfonías se le encargan. Escribe la música fúnebre de<br />

Federico el Grande. A la muerte del Conde Esterhazi, Haydn<br />

sale para Londres y en el camino conoce a Beethoven.<br />

Disco: Cuarteto No-Op.50, No-6.(La Rana)


obras y <strong>apuntes</strong><br />

En el andante hay muchas características del estilo de<br />

Beethoveen que ya se anuncian. El aire de danza es un minué,<br />

seguido de un trío; rasgos populares.<br />

28 de julio<br />

Disco- Sinfonía en Sol mayor- 1ª- de la 2ª- serie- Haydn.<br />

(Dirigida por Toscanini)<br />

_________<br />

Disco (Nuevo de la Antología Sonora)<br />

Trío de Ritter, (escuela de Mannheim).<br />

______<br />

Disco-Karl Stamitz- Cuarteto.<br />

_______<br />

30 de julio<br />

Luis Boccherini, el compositor de música de cámara mas<br />

importante de Italia en su época, escribe mucho en Francia y en<br />

España. Escribe muchos quintetos para dos violoncelos: tríos,<br />

cuartetos y quintetos concertantes.<br />

Disco- Trío-<br />

151


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

152<br />

Disco- Sinfonía (cuarteto) de Haydn.<br />

Modulación audaz: del Mi bemol a su nota polar Re # y<br />

retorna al Mi bemol.<br />

4 de agosto<br />

En 1790 Beethoven tiene 20 años y se encuentra con Haydn,<br />

de 58 años: para él en ese año de su vida empieza su gran época,<br />

en que él se convierte en el maestro de Beethoven y Mozart y el<br />

gran iniciador de la música moderna.<br />

Escribe en este período en Londres las “Sinfonías de Londres”<br />

y las “Sinfonías de Oxford”, que le dio título de Doctor<br />

Honoris Causa. Estas sinfonías se encuentran en discos más que<br />

las de París.<br />

Disco-Sinfonía No-104 (de Londres)<br />

6 de agosto<br />

Los últimos cuartetos de Haydn son superiores a los seis<br />

primeros de Beethoven, quien tardó en dominar la combinación<br />

de los instrumentos.<br />

Disco- Haydn- Cuarteto en do mayor.<br />

Op. 64, No 1.<br />

Los oratorios La Creación y Las estaciones son obra de los<br />

70s de Haydn, que muere alrededor de los 77. Murió poco después<br />

de dirigir La Creación.


Disco:<br />

1era. cara. Aria de La Creación: soprano<br />

2ª cara. Aria de Las Estaciones: soprano.<br />

obras y <strong>apuntes</strong><br />

13 de agosto<br />

Mozart- Su corta vida cae enteramente dentro de la larga<br />

vida de Haydn, de quien fue discípulo y en quien influyó. Su<br />

vida se puede dividir en tres períodos en cuanto a la producción:<br />

formación, madurez y etapa final. Hemos visto que en<br />

Haydn este último período es el que corona su gloria, y mucho<br />

le debe a Mozart. Beethoven, todo su primer estilo lleva el sello<br />

de Mozart, aunque él le insufla un espíritu nuevo. Mozart, como<br />

Haendel, es principalmente un músico vocal, pues su concepción<br />

melódica está basada en la voz humana y la calidad emocional<br />

que no adquiere la música instrumental sino tomándola<br />

de la vocal.<br />

En la época de Mozart la ópera es de estilo italiano y él le<br />

añade algunos nuevos elementos. Desde el Don Juan y La flauta<br />

mágica a sus grandes sinfonías tiene lugar el más brillante período<br />

de la vida de Mozart.<br />

Mozart escribe obras que, aunque escritas para clave, ya se<br />

tocaban en piano. El primero en dar conciertos de piano exclusivamente<br />

fue Hans Cristian Bach. El primero en escribir grandes<br />

conciertos para piano es Mozart.<br />

Ejemplos: El rondó A la turca de la sonata No- 11, aún<br />

para clave, y el de la sonata ya propiamente para piano.<br />

Son seguidas las dos sonatas, en su fecha de composición.<br />

El padre de Mozart, Leopoldo, es el violinista que desarrolla<br />

la técnica que siguen enseguida los grandes violinistas alemanes.<br />

En cuanto a las óperas de Mozart, desde El robo del<br />

serrallo aparecen en las suyas ciertos elementos que poco a poco<br />

van definiendo rasgos de la ópera alemana.<br />

153


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

Cosi fan tutte es según Salazar la ópera más perfecta de<br />

Mozart.<br />

154<br />

Disco- Sonata No-11, Rondó “A la turca”. (clave)<br />

Disco: Sonata No- 12- entera (clave o piano)<br />

Kleinenachmusik<br />

18 de agosto<br />

Mozart- Hemos hablado de las tres épocas de la vida de<br />

Mozart, la 1ª-, hasta “Idomeneo” (24 años), entonces viene la<br />

2ª-, después de conocer a Haydn y se influyen mutuamente. En<br />

esta 2ª- época escribe su primera ópera con rasgos alemanes,<br />

especialmente en el idioma, “El rapto del Serrallo”, ópera ligera.<br />

Dura hasta 1786, en que Mozart va a Praga, y escribe la sinfonía<br />

(sin minuetto) llamada de París, y se va a esa ciudad a<br />

estrenar el Don Juan. Mueren en ese año Glück y Leopoldo<br />

Mozart. J. W. Mozart recoge la herencia de Glück. Mozart escribe<br />

50 sinfonías, de las que muchas se han perdido. Su depuración,<br />

inspiración y gracia son únicos; pero todavía no hay drama,<br />

conflicto entre motivos musicales; eso viene con Beethoven y el<br />

romanticismo.<br />

Disco- Mozart- Sinfonía No- 31, en Re mayor (de París) La<br />

1ª- gran sinfonía de Mozart. (0297). El 2º- movimiento era antes<br />

otro, que resultó demasiado largo. Es uno de los movimientos<br />

más admirables de Mozart: (andantino)<br />

Tiene minuetto: el 3er- mov. es un finale formal.<br />

Mozart escribe sinfonías de tipo intermedio entre la de hoy<br />

y el concierto barroco con sus instrumentos concertantes: las<br />

sinfonías concertantes (concertori). Escribió un concierto para<br />

arpa, flauta y orquesta, rara vez ejecutado hoy. Es muy francés,<br />

como música de salón aristocrático francés, que ha hecho pensar<br />

en Watteau y aun en Musset: hay discos franceses, recientes,<br />

de la Anthologie Sonore.


obras y <strong>apuntes</strong><br />

Disco- Sinfonía (concierto) para flauta, arpa y orquesta. –<br />

Do mayor-299 en el Catálogo general.<br />

El período siguiente va del Rapto del Serrallo a Las bodas<br />

de Fígaro.<br />

20 de agosto<br />

En Alemania es Mozart el puente entre Glück y Beethoven.<br />

Desde el momento que en Mozart despunta lo alemán, su originalidad<br />

se declara.<br />

Las grades óperas de Mozart (Le nozze di Figaro) necesitan<br />

gran virtuosismo en su interpretación. Es la obra cumbre de su<br />

período en Europa, y pertenece a lo que se llama el barroco vienés,<br />

que mejor se llamara rococó vienés.<br />

Mozart escribió además muchos lieder, algunos con letra de<br />

Goethe, (La violeta). Pero la canzonetta de salón es la canción<br />

de moda.<br />

Disco- Canzonetta: Un motto di groia, de Mozart (Fecha-<br />

1765) (Antología sonora).<br />

En ese mismo año toma la mitra de Arzobispo un hermano<br />

de Maria Antonieta, y se le pide a Mozart una opera pastoral.<br />

Escribe Il Re Pastore, con letra de Metastasio, con muchas arias<br />

independientes hasta el punto que Mozart la llamó sólo composición<br />

dramática, no ópera.<br />

Disco- Aria de Aminta del Re pastore ; “L’ amero’, saro’<br />

costante”<br />

(Antología Sonora)<br />

La ópera cómica francesa es una ópera de tipo medio; el<br />

Singerspiel es ópera bufa o ligera. Había además la ópera seria o<br />

155


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

grande. El orientalismo que estaba a la moda, en aquella época<br />

inspira la ópera “El rapto del serrallo” de Mozart. ( Singerspiel)<br />

Disco: Opertura del “ Rapto del Serrallo” de Mozart. (Estilo<br />

italiano).<br />

156<br />

Mozart<br />

Disco- Das Lied der Trenen<br />

La canción de la despedida<br />

(Antología sonora)<br />

Señala ya una evolución de Mozart hacia su dulce, serena y<br />

recóndita melancolía, que no llega a lo trágico.<br />

Disco- Mozart- Cuarteto No.15<br />

Op. 421 Columbia<br />

Discos<br />

Albumes:<br />

(14)<br />

Dos mil años de Música, dirigido por Curt Sachs.<br />

1 er- disco- Lied de Leikilos<br />

2 do- disco- Graduales.<br />

Misit dominus en modo lídico<br />

Disco No-2- Canto de peregrinos a Compostela (siglo XII)<br />

(R-1017)<br />

Disco No-3-Estampida de Raimbault de Vaqueiras (En<br />

provenzal)<br />

Canción de cortes (en el mismo disco) de Bernard de<br />

Venlaton—<br />

R.1019- Gloria de Dufoy


Album<br />

obras y <strong>apuntes</strong><br />

Gregorian Chants, cantados por los Monjes de la Abadia<br />

de Saint- Pierre de Solesmes (Album M-87, His Master voice.<br />

Primer disco- Gloria gregoriana<br />

Disco No-7-Allelina y Jubilus<br />

Solesmes No-6- Gradual Qui sedes<br />

Solesmes No-22-Responsorio y antífona<br />

Solesmes No-18-Jubilate Deo<br />

Solesmes No-14- Adoro te gregoriano y salve<br />

Solesmes No-1- Kirie eleison Agnus, Gloria y Sanctus<br />

Solesmes No-16- Dona nobis pacem<br />

Solesmes No-3- Antifonal y tracto<br />

Solesmes No-4-Ofertorio<br />

Solesmes No-8-Cantos para la comunión.<br />

L’ Antologie sonore<br />

Disco No-34- Responso gradual<br />

Disco No-18-Canción de Blondel de Nesles: “A l’<br />

entrant d’ esté”<br />

Angincourt (en el mismo disco)<br />

Canción cortés de Perrin d’<br />

Complainte de Ricardo Corazón de<br />

León (reverso del mismo disco)<br />

Disco No-16-Cara A- 3 estampidas<br />

1ra- inglesa. 2ª-francesa. 3ª-inglesa<br />

Cara B-1ª- inglesa<br />

157


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

158<br />

2ª- Balleto italiano. Il lamento di Tristano<br />

Disco No-39-Cara B-Rondeles del siglo xv – de Gilles<br />

Buichois; de Grossin.<br />

Canciones a una y dos voces, del siglo XIV.<br />

Misa para la coronación de Carlos V, de Machaut.<br />

(Disco 31- Credo-Sanctus. Disco 32. Agnus dei, Ite, misa est)<br />

Disco No- 59. Balada de Pierre de Molins<br />

Madrigal de Jacopo di Bologna.<br />

Disco No- 35-Kyrie de la misa de Dufoy, “Si la face ay,<br />

pale”<br />

mater”<br />

A)<br />

Antífona motete “Alma redemptoris<br />

Disco No-1-Canción- Pourrais je avoir vostre merci (cara<br />

(Cara B) Balada. Le jour s’endort<br />

(Cara A) Ockehem<br />

Canción Ma maitresse<br />

Disco No- 21-Canciones de Pierre de la Rue y de Obrecht-<br />

(Cara B)<br />

The Columbia History of Music<br />

(Londres)<br />

Disco No-1- Himno latino<br />

Disco No-2- Mira ege<br />

Himno a la Virgen de Brassart (cara A?)<br />

Veni Sancti Spiritus<br />

Disco No-3-Fabordones tempranos


Guillermo Dufoy<br />

(s.xv)<br />

Disco No-12- (Parte 1ª- de la Colección)<br />

Canon popular<br />

“Sumer is ecumen in”<br />

(Rota de Reading)<br />

Canciones a una y dos voces del siglo XIV.<br />

Columbia-Disco No- 5711.<br />

Fabordón de Dufoy.<br />

obras y <strong>apuntes</strong><br />

Columbia No-7319- Organa de la capilla de Enrique VI.<br />

Colección<br />

Lumen- Sept siècles de musique sacrèe<br />

(Paris)<br />

Disco No-32.017- Organum duplum de Leonerio<br />

(cara anterior)<br />

Canción de iglesia en lengua vulgar, de Perotino.<br />

(cara posterior)<br />

Disco 32.018- Motete con varios textos, de Franco de Colonia.<br />

Disco 32,019- Motete con instrumentos,”Vergine Bella” de<br />

Guillermo Dufoy<br />

Disco 32018-Canción piadosa de un juglar italiano.<br />

(s. XIII)<br />

Canciones a una y dos voces del s. XIV<br />

159


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

160<br />

Disco No-32.019 Ave Mater (anónima)<br />

Disco No-32020-Motete polifónico a dos partes, de John<br />

Benet<br />

Adorémoste, señor. de F. de la Torre<br />

Sueltos<br />

Cancion de Josquin Des Près,<br />

VRM 212. Baises-moy, ma doulce amie.<br />

Incarnatus, de Josquin Des Près<br />

R1019 (2 mil años de música)


PUBLICACIONES Y ESCRITORES DOMINICANOS<br />

1.- Aguiar, Enrique (1890-1947)<br />

2.- Amiama, Manuel A. (1899)<br />

3.- Bazil, Osvaldo (1884-1946)<br />

4.-Bermúdez, Federico (1884-191)<br />

5.- Billini, Francisco Gregorio (1844-1898)<br />

6.-Bosch, Juan (1909)<br />

7.-Cabral, Manuel del (1907)<br />

8.-Cestero, Tulio Manuel (1877-1954)<br />

9.-Contín Aviar, Pedro René (1910)<br />

10.-Damirón, Rafael (1882-1956)<br />

11.-Deligne, Gastón Fernando (1861-1913)<br />

12.-Deligne, Rafael (1863-1902)<br />

13.-Díaz Ordóñez, Virgilio (1895)<br />

14.-Domínguez Charro, Francisco (1918-1943)<br />

15.-Fernández Spencer, Antonio (1923)<br />

161


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

162<br />

16.-Galván, Manuel de Jesús (1834-1910)<br />

17.-García Godoy, Federico (1857-1924)<br />

18.-Gatón Arce, Freddy (1920)<br />

19.-Giró, Valentín (1883-1949)<br />

20.-Glas Mejía, José Manuel (1923)<br />

21.-<strong>Henríquez</strong>, Enrique (1859-1940)<br />

22.-<strong>Henríquez</strong> Carvajal, Federico (1848-1951)<br />

23.-<strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong>, <strong>Camila</strong> (1894)<br />

24.-<strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong>, Max (1885)<br />

25.-<strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong>, Pedro (1884-1946)<br />

26.-Hernández Franco, Tomás (1904-1952)<br />

27.-Incháustegui Cabral, Héctor (1912)<br />

28.-Jiménez, Miguel Angel (1885)<br />

29.-Lebrón Saviñón, Mariano (1922)<br />

30.-Lugo, Américo (1870-1952)<br />

31.-Marrero Aristy, Ramón (1913)<br />

32.-Mieses Burgos, Franklyn (1907)<br />

33.-Mir, Pedro (1913)<br />

34.-Monte, Félix María del (1819-1899)<br />

35.-Moreal, Emilio (1887)<br />

36.-Moscoso Puello, Francisco (1936)<br />

37.-Nolasco, Sócrates (1884)<br />

38.-Pellerano Castro, Arturo B. (1865-1916)<br />

39.-Penson, César Nicolás (1855-1901)


40.-Perdomo, Apolinar (1882-1918)<br />

41.-Perdomo, Josefa Antonia (1834-1896)<br />

42.-Pérez, José Joaquín (1845-1900)<br />

43.-Pérez Alfonseca, Ricardo (1892-1950)<br />

44.-Portalatín, Aida Cartagena (1918)<br />

45.-Prudhomme, Emilio (1856-1932)<br />

46.-Requena, Andrés Francisco (1908-1952)<br />

47.-Rodríguez Objío, Manuel (1838-1871)<br />

48.-Rueda, Manuel (1921)<br />

49.-Seviñón, Altagracia (1886-1942)<br />

50.-<strong>Ureña</strong> de <strong>Henríquez</strong>, Salomé (1850-1897)<br />

51.-<strong>Ureña</strong> de Mendoza, Nicolás (1823-1875)<br />

52.-Valencia, Manuel María (1810-1870)<br />

53.-Valero, Manuel (1918)<br />

54.-Vigil Díaz, Otilio (1880)<br />

obras y <strong>apuntes</strong><br />

163


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

164<br />

LISTAS BIBLIOGRÁFICAS<br />

REPÚBLICA DOMINICANA<br />

NOVELA (DESDE 1882)<br />

-Manuel de Jesús Galván (1834-1910) Enriquillo (1882) (1ª edición<br />

completa, prólogo de José Joaquín Pérez).<br />

-Rafael Damirón (1882- ) Del cesarismo (1911)<br />

Monólogo de la locura (1914)<br />

¡Ay de los vencidos! (1925)<br />

La cacica (1945). Revolución (1940)<br />

Francisco Gregorio Billini (1844-1898) Baní o Engracia y<br />

Antoñita (1892)<br />

José Ramón López (1866-1922) Nisia (1898)<br />

Miguel Billini (1859-1907) Estela (1907)<br />

Federico García Godoy (1857-1924) Rufinito (1908)<br />

y Alma dominicana (1911)<br />

Guanuma (1914)<br />

El derrumbe (1917) (destruída la edición)<br />

(Quedan fragmentos publicados en la revista cubana Cuba contemporánea)<br />

-Tulio Manuel Cestero -(1877-?) La sangre (1914)<br />

-Arturo Freites Roque (1879-1914) (Inexorable (1911)<br />

-José María Pichardo Tierra adentro (1916)<br />

-Horacio Read, Los civilizadores (1924)


obras y <strong>apuntes</strong><br />

-Jayme Colson, El general Babieca y Patricio Flamuco (1916)<br />

El cabo Chepe (1918)<br />

Pedro M. Archambault (1862-1944) Pïnares adentro (1927)<br />

Enrique Aguiar (1890-) Eusebio Sapote (1938)<br />

Don Cristóbal (1939)<br />

Manuel Antonio Amiama (1900-) El viaje (1940)<br />

Haim López Peña Hidalguía antillana<br />

La pandilla 1946<br />

Senda de revelación 81936)<br />

Renacimiento (1942)<br />

Francisco E. Moscoso Puello (1885-) Cañas y bueyes (1936)<br />

Andrés Requena Los enemigos de la tierra<br />

Cementerio sin cruces<br />

Camino de fuerza)<br />

Max <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong> (1885-1968)-La independencia efímera (1938)<br />

(Episodios dominicanos)<br />

- La conspiración de los Alcarrizos (1941)<br />

- El Arzobispo Vale (1944)<br />

- El ideal de los Trinitarios (1951)<br />

Mario Veloz Maggiolo- El buen ladrón (1960)<br />

Ramón Marrero Aizti-Over (1939?) Ed-1963<br />

Juan Bosch La Mañosa.<br />

Miguel Angel Moa<br />

165


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

166<br />

Ramón Locay Polanco-En su niebla (1950)<br />

La mujer del agua (1949)<br />

Luis <strong>Henríquez</strong> Castillo-La octava maravilla (1943)


PUBLICACIONES PERIÓDICAS (A PARTIR DE 1900)<br />

obras y <strong>apuntes</strong><br />

La Cuna de América (revista) (1923-1924, con algunas interrupciones)<br />

El Listín Diario (Se publica aún)<br />

La Hoja Suelta (S. Pedro de Macorís, 1916-)<br />

El Album (revista, 1901-1906)<br />

El Dominicano (1909)<br />

El Nacional (1911)<br />

Pluma y Espada (1911; 1921-1922)<br />

Patria (1910) dirigido por García Godoy<br />

El Día (1914) “ “ “ “<br />

La Bandera Libre- dirigida por Fabio Fiallo. Se fundó en 1899,<br />

dejó de publicarse, pero reapareció en 19?.. Al sobrevivir la ocupación<br />

militar en 1916, Fiallo suprimió la palabra libre y combatió al<br />

gobierno militar, por lo que fue encarcelado en 1920 y condenado a<br />

trabajos forzados.<br />

La Información, diario dirigido por Rafael Cesar Tolentino, en<br />

Stgo. de los Caballeros, también perseguido.<br />

Patria, dirigido por Américo Lugo (1921-1928)<br />

El Cormofrodita (revista 1918-<br />

La Opinión (fundado por Abelardo Nainta) Lo dirigió de 1922-<br />

1927. Luego continuó publicándose.<br />

La Nación (1940- ) (diario)<br />

Cuadernos dominicanos de cultura (1943-)<br />

Clío ( de la Academia Dominicana de la Historia).<br />

La Racha<br />

167


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

168<br />

Tradiciones:<br />

César Nicolás Penson (1855-1901) Cosas añejas (Por entregar,<br />

desde 1891)<br />

Cuentos sueltos de:<br />

Viriginia Elena Ortea. Los diamantes.<br />

Manuel de J. Troncoso de la Concha (1878-?)<br />

El secreto de Catatey<br />

Un ahijado del Santísimo<br />

El misterio de D. Marcelino<br />

José Ramón López Cuentos puertoplateños (1904)<br />

Tulio M- Cestero. Alma dolorosa. Sanguina.<br />

Cuentos sueltos de:<br />

Enrique <strong>Henríquez</strong><br />

Enrique Apolinar <strong>Henríquez</strong><br />

Rafael Justino Castillo<br />

Juan Bosch-Varias colecciones<br />

Ramón Emilio Jiménez- Al amor del bohío ( costumbristas)<br />

Sobre el cuento:<br />

Sócrates Nolasco- El cuento en Santo Domingo (1957)


Gustavo Adolfo Díaz<br />

Furcy Pichardo (criollistas)<br />

Quiterio Berroa Canelo (“)<br />

Augusto Franco Bidó (“)<br />

José María Pichardo- Pan de flor (1912)<br />

De pura cepa (1927)<br />

Ricardo Sánchez Lushino (En Cosas del terruño y Cosas mías<br />

(1912)<br />

Gustavo Adolfo Mejía- Mi libro de cuentos (1914)<br />

Patué Moao- Cuentos y serpentinas (1921)<br />

César N. Perozo- Horas de buen humor. (1925)<br />

Julio Vega Battle. Cuentos sueltos, humorísticos.<br />

Sócrates Nolasco- Cuentos del Sur (1940).<br />

169


FRANCISCO DE MIRANDA<br />

EL PRECURSOR<br />

(CONFERENCIA)<br />

“El ilustre Tucidides grabó en el bronce de su historia,<br />

con palabras austeras y vigorosas, este pensamiento profético<br />

de las arengas de Pericles por los muertos por la Patria:<br />

“La tumba de los grandes hombres es el Universo entero.<br />

No se hace notar por algunas inscripciones escritas sobre<br />

columnas, como en las sepulturas privadas, sino que hasta<br />

en las comarcas extranjeras, sin necesidad de renglones conmemorativos,<br />

el recuerdo y el culto de los hombres magnánimo<br />

que lucharon por la Patria, se conservan mejor en el<br />

espíritu inmortal y sereno que en monumentos orgullosos y<br />

perecederos”.<br />

Señor, Señores:<br />

Entre los hombres magnánimos que lucharon por la libertad<br />

de América, que le inyectaron la savia de su existencia para<br />

eternamente circulara en nuestra historia, “haciendo fructificar<br />

la labor afanosa de los tiempos con el anhelo y la devoción de la<br />

libertad”, uno hay que merece especialmente imprimir con caracteres<br />

indelebles en el espíritu de los hispanoamericanos, aun<br />

171


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

nombre, que Europa grabó, hace un siglo ya, en la piedra gloriosa<br />

del Arco de Triunfo de la estrella.<br />

Este hombre fue Don Francisco de Miranda. Animados de<br />

un profundo respeto a su pasado trágico y glorioso, traemos a<br />

nuestra mente la figura de aquel genio que, movido por el más<br />

hondo y más alto de los amores, el amor a la Patria, a su gran<br />

Patria americana, le consagró cuarenta años de su admirable existencia,<br />

larga en obras y fecunda en ejemplos, y mil veces fracasado,<br />

permaneció firme hasta el fin en sus convicciones y en<br />

sus ideales, y la muerte más injusta lo encontró inmutable, “porque<br />

el rayo, al herirlo con un golpe fatal, lo había inmovilizado<br />

en la actitud heroica que adoptó su alma en la crisis suprema.<br />

Actitud fascinante que no hubiera podido abandonar, sin que su<br />

carácter moral cayera en deshonor, en polvo, pues no tenía otro<br />

punto de apoyo que la formidable roca de su Cáucaso, sacudida<br />

por la tormenta, y coronada, como en la tragedia de Esquilo,<br />

por un diadema de relámpagos”.<br />

En su nobleza, al sufrir y morir por el magno ideal, tal vez<br />

experimentara” el heroico placer que en medio de las dilaciones<br />

y de los ultrajes, en los calabozos y en los cadalsos, sienten los<br />

grandes espíritus. Suprema voluptuosidad de las conciencias altivas<br />

y puras, que ponía el éxtasis de los cielos en los ojos de<br />

Giordano Bruno, cuando las llamas del Averno le quemaban los<br />

pies, hacía cantar un verso de amor en los labios áticos de Andre<br />

Chenier cuando ese joven dios de la libertad y de la gracia era<br />

arrastrado al cadalso en la carreta de infamia de Terror.<br />

Precursor, iniciador y como padre espiritual de los futuros<br />

libertadores, Miranda es el Apóstol de la Independencia de Sud-<br />

América. Murió martirizado por ella, después de haber vivido<br />

sacrificándose por ella. Semejante al magnánimo Apóstol de la<br />

Independencia de Cuba, Martí pasó gran parte de su vida en el<br />

extranjero, fue desde allí la voluntad superior y directora, el<br />

obrero incansable de la Revolución, y recorrió la tierra, de un<br />

continente a otro, implorando de las naciones libres, un apoyo y<br />

un auxilio para “alcanzar el mundo”.<br />

172


obras y <strong>apuntes</strong><br />

Miranda fue el primero que tuvo una clara visión de los<br />

destinos de nuestra América, y soñó verla poderosa y feliz, en el<br />

coro de las naciones independientes; enarboló el primero el pabellón<br />

de sangre, oro y azul de la Patria futura, y el nombre de<br />

Colombia, inmortalizado luego en el grandioso pensamiento de<br />

Bolívar, lo pronunciaron por la vez primera los labios del infortunado<br />

Precursor.<br />

Pero al decir que Miranda tuvo el primero la gran visión<br />

de la América independiente en un sueño grandioso de libertad,<br />

no queremos significar que él represente la primera rebelión<br />

de Hispano-América. Hemos dicho que el afán heroico del<br />

precursor hizo “fructificar la labor afanosa de los tiempos”. Al<br />

nacer Miranda en América, su espíritu debió impregnarse del<br />

hálito de rebeldía que surgía de la tierra misma, porque esa ansia<br />

de libertad, esa protesta que con él toma una forma definitiva,<br />

y culmina en el formidable estallido de 1810, obedecía a<br />

motivos muy poderosos, seculares como la propia dominación<br />

española.<br />

Si antes de acompañar al Apóstol en su largo camino de<br />

luchas, tendemos la vista hacia atrás en la historia dolorosa de<br />

las colonias españolas de América, podremos apreciar esas causa<br />

antiguas y profundas, que ya habían lanzado a la lucha a los<br />

primeros rebeldes: a los precursores del Precursor.<br />

——— I ——-<br />

“Las colonias, -dijo Turgot- son frutos que permanecen en<br />

el árbol hasta su madurez”. La madurez de las colonias españolas<br />

siguió un angustioso proceso de tres siglos.<br />

En menos de 15 años, en el transcurso del siglo XVI, la<br />

obra destructora y gloriosa de los Conquistadores ofrendó a la<br />

Corona de España el imperio colonial más vasto y más hermoso<br />

que han visto los ojos del mundo. Gloria más brillante que provechosa,<br />

porque de las inmensas riquezas que el Dorado occidental<br />

ofreció a las ansias del Viejo Mundo, España apenas supo<br />

gozar las ventajas.<br />

173


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

En la Europa de la época, empobrecida por el golpe terrible<br />

asestado a su comercio por la invasión turca, la nación española<br />

sobre todas, atravesaba una era de miserias mal encubiertas<br />

con el manto de un fingido esplendor. De tal manera, -dice<br />

Manzini-“ que la crisis económica parecía insoluble, en los momentos<br />

mismos en que las carabelas de Colón navegaban oscuramente<br />

hacia sus inmensos destinos”. Las condiciones en que<br />

se efectuaba la Conquista no podían ser peores: los defectos y<br />

excesos de su propia organización y un cúmulo de acontecimientos<br />

diversos, precipitaban a España a la ruina. La conquista de<br />

ese imperio áureo y maravilloso, que aparecía como un remedio<br />

de la situación, como un retardo, al menos, de la caída, fue más<br />

bien una extensión, una ampliación de la decadencia y del desastre:<br />

España, como la Clitemnestra de Sófocles, salvó su vida<br />

a costa de su propia desgracia.<br />

Viene España a colonizar la América. La noción de la colonización<br />

en el Viejo Mundo de esta época era muy sencilla y<br />

muy absoluta. “En toda Europa, -dice Leroy- Beaulieu- “eran<br />

consideradas las colonias como dependencias del Estado, que<br />

éste había de explotar en única ventaja suya, sacando de ellas<br />

todos los recursos posibles”. Por tanto, cuando los Conquistadores<br />

tomaron “en nombre de Dios y del Rey” su señor, posesión<br />

de las que llamaron “Occidentales Indias”, éstas quedaron<br />

unidas a España como un demonio sobre el cual debía ejercer<br />

un gobierno absoluto, considerándolo como una dependencia<br />

dotada de múltiples deberes y de ningún derecho. Tal fue el pensamiento<br />

que guió la Conquista y la Colonización: España no<br />

separó nunca de la otra, no distinguió jamás entre los dos conceptos.<br />

Pero al despotismo, que era general a todos los sistemas<br />

coloniales, imprime España en el suyo caracteres especiales, particulares,<br />

que agravan su condición. Hemos dicho que la decadencia<br />

de España tenía motivos de orden interior: estos tendrán<br />

una gran influencia sobre las colonias.<br />

Tras de la lucha ocho veces secular de la Reconquista, empobrecida<br />

hasta el grado de que su miseria empieza a ser pro-<br />

174


obras y <strong>apuntes</strong><br />

verbial, -y habrá de perpetuarse en la Literatura en las simbólicas<br />

figuras de sus pícaros y de sus hidalgos hambrientos- la nación<br />

española acaba de labrar su ruina expulsando de su<br />

territorio, con los moros y los judíos, su agricultura, su industria<br />

y su comercio. Nueva Medea, España desgarraba sus propias<br />

entrañas para vengarse.<br />

No era España una nación rica y floreciente que pudiera, al<br />

expansionarse, llevar su grandeza a otras regiones, sino una nación<br />

envuelta en la grave crisis del comercio europeo,<br />

depauperada por una larga lucha, debilitada por sus propios errores,<br />

que buscaba un remedio al desastre, abriéndose un camino<br />

hacia la India soñada, rica en aquella que ponderó Colón “cosa<br />

excelente, con que se fabrican los tesoros, se consigue cuanto<br />

se desea, y hasta se hacen llegar las almas al paraíso”.<br />

Un pueblo que iba a buscar oro, y que lo encontró en demasía.<br />

Y a nuestro juicio, uno de los errores particulares de la colonización,<br />

fue el considerar las tierras de América como una<br />

inmensa mina, hecha solo para producir metal incesantemente.<br />

Metal que sirvió menos para enriquecer a la metrópoli lejana,<br />

que para saciar, primero, a la turba hambrienta que, cansaba de<br />

miserias, siquiera a los Conquistadores, y luego, a los ávidos<br />

gobernantes y mercaderes codiciosos que vinieran a América en<br />

busca de fortuna.<br />

El despotismo del gobierno español tenía caracteres particulares.<br />

En España el concepto religioso estuvo siempre unido<br />

al concepto de la nación y del patriotismo. Los reyes, después<br />

de librar de infieles sus dominios, se apoyaron cada vez más en<br />

la Iglesia Católica, convirtiéndola en elemento esencial de la<br />

soberanía, que unió, al despotismo de los monarcas, el terrorismo<br />

de la Inquisición. Así el régimen español era más de absoluto,<br />

sombrío, y ese fue el régimen que envió a las colonias,<br />

representado por sus gobernadores y sus sacerdotes.<br />

Sobre esas bases de despotismo, de codicia y de intransigencia<br />

reposa el sistema colonial español, que fue el menos apropiado,<br />

sin duda, para hacer prosperar a los dominios y a la<br />

metrópoli.<br />

175


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

La metrópoli española se propuso ante todo en las colonias<br />

la explotación de las minas, y como se creía que bastaba<br />

remover la tierra en las Indias Occidentales, para encontrar oro,<br />

España se despobló aún más para poblar el Nuevo Mundo.<br />

Se estableció en América una dominación homogénea, no<br />

difícil de conservar en los primeros tiempos, sobre las poblaciones<br />

indígenas, y que España pudo hacer durar bastante sobre<br />

esos estados, de lento crecimiento, como son todos los que se<br />

dedican a la industria minera.<br />

El Rey declarado por el Papa dueño absoluto de las regiones<br />

descubiertas. Toda posesión allí no fue sino una concesión<br />

hecha por ese propietario único. Se dividieron los países conquistados<br />

en gobiernos dirigidos por Virreyes, que a su vez se<br />

regían por el Consejo de Indias, residentes en España. Respecto<br />

de lo que fueron en general estos Virreyes, diremos solo que su<br />

gobierno duraba cuatro o cinco años, y luego, todos regresaban<br />

ricos a España. La culpa no era sino de la metrópoli, que por su<br />

sistema poco inteligente de otorgar esos cargos, permitía que<br />

los ocuparan hombres movidos sólo por la codicia. Por debajo<br />

de los Virreyes se extendía una multitud de funcionarios de gobierno,<br />

las ciudades tenían sus municipios, pero estaba prohibido<br />

a los americanos tomar parte en el gobierno. Y así, la<br />

metrópoli trataba con desdén a los criollos, al paso que los abrumaba<br />

con impuestos. Los Indios por todos conceptos postergados,<br />

eran despreciados también por españoles y criollos. De<br />

modo que la población se dividió en una como superposición<br />

de castas: españoles, criollos, mestizos, indios, y más tarde,<br />

mulatos y negros, separados entre sí por grandes antipatías, que<br />

si bien por el momento aseguraban la dominación de la metrópoli,<br />

en virtud del principio maquiavélico, habían de borrarse<br />

un día, uniéndose las clases inferiores en un común deseo de<br />

independencia.<br />

Los Virreyes se sentían más reyes que el Rey a quien representaban,<br />

los españoles, únicos dueños del gobierno, miraban a<br />

las demás clases con desdén olímpico, y los criollos, de natura-<br />

176


obras y <strong>apuntes</strong><br />

leza altiva y apasionada, devolvían el desprecio a los gachupines,<br />

con un rencor acrecido por los abusos cada vez mayores.<br />

Al principio de la dominación, los españoles a los Indios<br />

en el trabajo de las minas. Los repartimientos dieron nacimiento<br />

a la esclavitud en América, las atrocidades se multiplicaron, y<br />

una despoblación rápida acusó la casi total extinción de una raza<br />

débil que no pudo resistir.<br />

Las protestas y los consejos del noble Bartolomé de las<br />

Casas trajeron por consecuencia la trata de negros, y éstos vinieron<br />

a cargar el peso de los horribles trabajos sobre sus hombros<br />

más robustos que los indios. Es solo una raza más que cae<br />

bajo el yugo. La metrópoli había dictado leyes bastante piadosas<br />

para los esclavos, pero a la distancia, ¿quién las obedecía?<br />

No era tiempo de cambiar, y el cambio era menos de hacer en<br />

las leyes que en los gobernadores. La esclavitud no hace otra<br />

cosa que aumentar, y el bondadoso obispo de Chiapas se lamenta:<br />

“!Con mi sangre quisiera borar aquel consejo que di por mi<br />

amor a los Indios!”<br />

España, estimando que sus colonias no debían ser sino un<br />

gran taller para la producción de metales preciosos, prohibió a<br />

los colonos cultivar los productos de Europa, tales como el lino,<br />

el cáñamo, la vid; les impidió levantar manufacturas, construir<br />

buques. No quería que comprasen nada sino a la metrópoli, para<br />

que el monopolio protegiese la industria y el comercio español.<br />

Los extranjeros no tuvieron, en mucho tiempo, permiso para<br />

establecerse en las colonias, y también sólo después de largos<br />

años se concedió a éstas el derecho de exportar sus productos<br />

naturales: la cochinilla, el índigo, el tabaco, la quina, las maderas<br />

de Caoba y Campeche. Las Casas de Contratación de Sevilla<br />

y de Cádiz vigilaban el tráfico con América. De modo que, como<br />

dice Robertson, -“la inercia y la pobreza parecía haber sido impuestas<br />

a la tierra, como a sus hijos la sumisión y la ignorancia”.<br />

Creyendo que el alejamiento de la competencia estableciendo<br />

el monopolio redundaría en beneficio del tesoro nacional,<br />

177


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

España se aisló en sus relaciones comerciales, aislamiento que<br />

produjo, a la larga, la ruina de las fábricas españolas. El aumento<br />

de la población y sus necesidades, hizo que no dieran abasto<br />

las fábricas de España, y no hubo más remedio que acudir a talleres<br />

extranjeros, convirtiéndose España, como se ha dicho, en<br />

la garganta por la cual pasaban los tesoros de las Indias al estómago<br />

de Inglaterra, de Holanda y de Francia.<br />

La Iglesia extiende sus dominios en América, en apoyo de<br />

España y de sí misma. El poder de la metrópoli, sobre todo en<br />

los primeros tiempos de la Conquista, estuvo ligado al éxito de<br />

sus misiones, si bien es cierto que los progresos de la cruz fueron<br />

más lentos que los de la espada. Los misioneros fueron la<br />

milicia activa de la Iglesia, y trabajaron donde quiera. La conversión<br />

de los Indios se realizaba por todos los medios, y no<br />

siempre con bondad evangélica. Al organizarse el gobierno español<br />

en América, el clero se organizó dependiente, no del Papa,<br />

que solo confirmaba las elecciones, sino del Rey, que las hacía.<br />

Se fundaron en gran cantidad claustros, seminarios y colegios, y<br />

las grandes Universidades de Méjico y Lima, centros de la enseñanza<br />

superior.<br />

Así el lazo político fue fortificado por el lazo religioso entre<br />

las colonias y metrópoli; así la iglesia católica consolidó en<br />

América la dominación de España, como en España el poder de<br />

los Reyes. Se impuso la misión de enseñar de cualquier modo a<br />

los nativos de América que la autoridad de los Reyes es de origen<br />

divino, y que ellos, los americanos, no eran sino seres sometidos<br />

que no podían protestar de su condición. Como es<br />

natural, mantenían en este orden de cosas, una gran ignorancia<br />

en los americanos, como convenían a la metrópoli. Estaba sometida<br />

a su censura la entrada de los libros, para impedir que<br />

penetrasen los de ideas subversivas, que no eran pocos.<br />

No se crea por lo que llevamos expuesto, que negamos la<br />

elevación de espíritu de hombres como las Casas y Bernardino<br />

de Sahún, los mejores defensores de los Indios, ni la cooperación<br />

prestada por la enseñanza de los Jesuitas al desarrollo intelectual<br />

de los hispanoamericanos. Pero la Iglesia estuvo muy<br />

178


obras y <strong>apuntes</strong><br />

lejos de fundar su obra en el espíritu de caridad. Las congregaciones<br />

se hicieron dueñas de una gran parte de la riqueza pública,<br />

y no siempre de la más honrada manera. La Iglesia aceptó el<br />

apoyo de la Inquisición, que Felipe II estableció en América y<br />

que sirvió, con su cortejo de espantos y torturas, de freno a las<br />

convulsiones del Nuevo Mundo. En América sobre todo tuvo la<br />

Inquisición un aspecto político, auxiliando a la autoridad real y<br />

esparciendo, aún con más fuerza que en Europa, su poder de<br />

muerte sobre los espíritus.<br />

Los españoles trajeron a América sus leyes, sus hábitos, su<br />

lengua, sus creencias, sus preocupaciones… Pero a pesar de todo,<br />

los vínculos que unían a los americanos con la metrópoli se debilitaban<br />

cada vez más. Postergados, abrumados, despreciados,<br />

sin derechos, los colonos llegaron a respetar al Rey por costumbre,<br />

preocupándose poco de cuanto ocurriera en la metrópoli<br />

no relacionado con las colonias. Sometidos, no podían ni siquiera<br />

quejarse, pues si lo hacían era poco menos que imposible hacer<br />

llegar los lamentos hasta los lejanos señores, los Monarcas, y<br />

cuando las quejas llegaban, o eran desoídas, o llegaban desfiguradas,<br />

o era ya tarde para escucharlas. La distancia entre la metrópoli<br />

y las colonias agravaba la situación. Así, nadie se movía:<br />

la vida colonial estaba caracterizada por una sepulcral tranquilidad;<br />

pero un observador atento hubiera podido, bajo esa calma<br />

inusitada, sentir latidos de Revolución.<br />

— ———II ————-<br />

El siglo XVIII es testigo en América de los primeros movimientos<br />

revolucionarios, relámpagos iniciales de la gran tormenta<br />

que estallará en el siglo XIX.<br />

No son verdaderas revoluciones, no tienen la amplitud ni el<br />

valor característico de éstas, pero puede seguirse en ellas la evolución,<br />

desde los primeros brotes, hasta el estallido final, de la<br />

gran Revolución de Independencia. No son otra cosa que las<br />

primeras etapas de ésta; protesta contra el régimen colonial español,<br />

que va tomando cuerpo poco a poco, revistiendo cada<br />

vez mayor importancia las rebeliones, a medida que la idea de<br />

libertad va tomando forma en la conciencia nacional.<br />

179


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

Vamos a señalar someramente, que el tiempo al<br />

escapársenos nos obliga a abreviar, esos antecedentes histórico<br />

de la Revolución.<br />

En 1720, Don Diego de los Reyes Balmaceda, gobernador<br />

del Paraguay, quiso oponerse a la reunión del Cabildo de la Asunción,<br />

y estalló una revuelta, apoyando el pueblo al Cabildo. Obligado<br />

Balmaceda a abandonar el gobierno, se eligió al<br />

hispanoamericano José Antequera por gobernador, hombre<br />

nada vulgar, que gobernó cuatro años con gran libertad. Preso<br />

y conducido a Lima, fue ejecutado; pero recogió su herencia<br />

Fernando de Mompox, quien se puso al frente de los rebeldes.<br />

Se llamaron éstos Comuneros, con el nombre que inmortalizara<br />

en España el noble Juan de Padilla. La rebelión fue al fin sofocada,<br />

pero en los años de 1749 y 1765 estallan insurrecciones<br />

en Venezuela y Quito.<br />

Fue la Venezuela dirigida por Francisco de León contra los<br />

privilegios concebidos a la Compañía Guipuzcoana, dirigida por<br />

explotadores sin conciencia. Sofocado el levantamiento, no se<br />

sabe cual fue la muerte de León, que se entregó como víctima<br />

expiatoria.<br />

Otra rebelión más notable que las antes citadas, estalló en<br />

el Perú en 1780. Los repartimientos y la mita que pesaban sobre<br />

los descendientes de los Incas, los llevaron a la desesperación.<br />

El bravo e inteligente cacique del resguardo de Tungasuca, José<br />

Gabriel Condorcanqui, tomó el nombre del último emperador<br />

de los Incas, Tupac Amaru, de quien era descendiente, y trajo a<br />

la protesta a muchas poblaciones peruanas. Envió a dos de sus<br />

hermanos al Rey Carlos III, para pedir la supresión de la mita.<br />

Los enviados murieron misteriosamente en Madrid, y el desdichado<br />

José Gabriel tuvo que declararse en abierta rebelión. La<br />

insurrección se extendió y llegó a tener caracteres alarmantes,<br />

pero como los criollos lo miraban como un esfuerzo de los indios,<br />

no la secundaron y fracasó. José Gabriel Tupac Armaru<br />

fue ejecutado, con varios de sus familiares, después de horribles<br />

suplicios, en la plaza del Cuzco, el 18 de Mayo de 1781.<br />

180


obras y <strong>apuntes</strong><br />

En ese mismo año, una insurrección estallaba en Nueva<br />

Granada, en el Socorro. El pueblo, protestando contra impuestos<br />

abusivos, como siempre, se levantó, al mando de José Antonio<br />

Galán y Juan Francisco Berbeo, alentados por las noticias<br />

de la insurrección del Perú. Vencidas las fuerzas reales, otorgaron<br />

las capitulaciones de Zipaquirá, concediendo la reducción<br />

de los impuestos. Pero el Virrey estaba ausente, y a su regreso<br />

rompió lo pactado y dictó orden de prisión contra los rebeldes.<br />

Galán fue preso y ejecutado con varios compañeros. Berbeo desapareció.<br />

Los rebeldes habían tomado al nombre de Comuneros,<br />

por segunda vez.<br />

En 1784, tres individuos que se decían comisionados de los<br />

Comuneros del Nuevo Reino de Granada, desembarcaron en<br />

Londres. Decían estar de acuerdo con “Don José Gabriel Tupac<br />

Amaru, descendiente de los Reyes de las Indias en el Reino del<br />

Perú” y solicitaron de la Gran Bretaña auxilios para “La Independencia<br />

de Sub-América”. Pero la paz parecía un hecho en<br />

nuestra América, y el ministerio británico se negó a oír a los<br />

desgraciados, que fueron hechos prisioneros poco después por<br />

orden de España. Ese pasó cerca del gobierno de Inglaterra, será<br />

repetido después por los heroes de nuestra Independencia, sobre<br />

todo por Miranda, que esta vez se hallaba en Londres, y conferenció<br />

con los agentes de los Comuneros.<br />

Las rebeliones en América se suceden unas a otras, en diversos<br />

puntos, casi sin interrupción. En 1795, estalla una Venezuela,<br />

y por fin, en 1798, tiene lugar la gran conspiración de<br />

Manuel Gual y José María de España. Estaban de acuerdo éstos<br />

con varios prisioneros de Estado, y con una parte de las guarniciones<br />

de la Guayra y de Caracas. Inspirados en la Revolución<br />

Francesa, los conjurados habían compuesto una “Carmañola<br />

Americana”, que se había impreso, lo mismo que la “Declaración<br />

de los Derechos del Hombre”, y un “Reglamento” que había<br />

ser observado por todos. Este Reglamento cayó en manos<br />

de las autoridades, y fue el desastre. Los conjurados se dispersaron.<br />

Gual pudo huir a Trinidad, pero España fue preso y ejecutado,<br />

mostrándose su cabeza ensangrentada dentro de una caja<br />

181


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

de hierro, para escarmiento de los que quisieran imitarle. Otros<br />

muchos conjurados murieron.<br />

Pero en el momento mismo en que sus cadáveres sangrientos<br />

eran expuestos a los ojos de la multitud, las autoridades descubrían<br />

una nueva conspiración: la dirigida por el oficial<br />

Francisco Javier Pirela.<br />

Era una hoguera que no podía apagarse; al incendio se<br />

extendía lenta, pero fatalmente a toda la América Española.<br />

Cuando ya en pleno siglo XIX el gran Bolívar consolidó la<br />

Independencia de la América del Sur, Juan Bautista Tupac<br />

Amaru, el anciano hermano del héroe indio, le escribió las siguientes<br />

palabras, que nos harán apreciar el hilo sutil que reúne<br />

en una sola cadena todas estas humildes rebeliones a la gran<br />

victoria final:<br />

“Si ha sido un deber de los amigos de la patria de los<br />

Incas, cuya memoria respeto tiernamente, felicitar al Héroe de<br />

Colombia, al Libertador de los vastos países de la América del<br />

Sur, a mí me obliga un doble motivo a manifestar al júbilo que<br />

llena mi corazón. He sido conservado hasta la edad de 86 años,<br />

en medio de los mayores trabajos y peligros, para ver el coronamiento<br />

de la obra grande y siempre justa, por la cual mi tierno y<br />

venerado hermano José Gabriel Tupac Amaru regó con su sangre<br />

la tierra de los Andes, preparando la cosecha de la cual estaba<br />

reservado a vuestra valiente y generosa mano recoger los<br />

magníficos frutos”.<br />

182<br />

———— III———<br />

Las influencias extranjeras en el período de preparación<br />

de la gran lucha fueron muchas. Los ingleses, es sabido que tomaron<br />

gran empeño en alentar a los Sud-Américanos contra la<br />

metrópoli, y dos grandes ejemplos extranjeros tienen influjo<br />

decisivo en nuestra Revolución Francesa.


obras y <strong>apuntes</strong><br />

La Independencia de la América del Norte fue un rudo<br />

golpe al antiguo sistema colonial, y una sacudida energética al<br />

desfallecido cuerpo de la América Española.<br />

La organización republicana de los Estados Unidos era una<br />

fórmula que se brindaba a Sud-América, y el movimiento con<br />

que ésta respondería no había de tardar: así lo comprendieron<br />

los propios gobernantes.<br />

Calos III al prestar su ayuda a las colonias inglesas, había<br />

abierto con su propia mano una mortal herida a su poder ultramarino.<br />

El Conde de Aranda, que así lo comprendió, en 1783<br />

daba consejos al Rey que le inspiraba su “filosofía”, diciéndole<br />

que formara con sus colonias de América tres dominios gobernados<br />

por príncipes de la casa real, reservándose él el rango de<br />

Emperador, porque de otra manera no conservaría esas posesiones,<br />

y le señalaba los motivos más serios que veía para la<br />

emancipación de las colonias, opinando que la distancia era uno<br />

de ellos.<br />

Decepcionado estaba Aranda, y creía que ya solo era posible<br />

retardar la independencia, no evitarla. Su compañero el Conde<br />

de Florida-blanca, si por una parte se mostró más optimista,<br />

por otra estaba igualmente convencido del desastre, pues escribió<br />

a Aranda:<br />

“El remedio de la América por los medios que V.E. sueña,<br />

es más para deseado que para conseguido. Por más que chillen<br />

los indianos y los que han estado allí, crea V.E. que nuestras<br />

Indias están mejor ahora que nunca, y que sus grandes desórdenes<br />

son tan añejos, arraigados y universales, que no pueden evitarse<br />

en un siglo de buen gobierno, ni la gran distancia permitirá<br />

jamás el remedio radical”.<br />

Estaban convencidos de que esto no tenía arreglo. Sin embargo,<br />

se tomaron disposiciones que permitieron a las colonias<br />

respirar un poco. El Conde de arana tomó la filosófica medida<br />

183


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

de expulsar a los Jesuitas de los territorios españoles, y como<br />

ya en esta situación todo se resolvía contra España, los Padres<br />

van a dedicarse, por rencor, a fomentar la Revolución, y los<br />

sacerdotes empiezan a hacerse partidarios de la Independencia.<br />

Los planes de Aranda no fueron aceptados, como tampoco<br />

lo fueron más tarde los del Príncipe de la Paz. Buenos o<br />

malos, esos planes eran un remedio para un mal que se veía que<br />

era grave. Aunque se prohibía la entrada en las colonias españolas<br />

de los símbolos y las palabras de la revolución norteamericana,<br />

no se lograba nada: la situación era peor cada día, y la<br />

revolución de 1789 fue un rayo sobre el trono de los monarcas.<br />

El estallido de la Revolución Francesa repercutió en las almas<br />

hispanoamericanas en una conmoción fulminante. “El genio<br />

latino trastornador del mundo, -dice Manzini- hablaba esta<br />

vez un lenguaje comprendido de todos, y los ecos gigantescos<br />

de los Andes repetían en tumulto las mágicas palabras: Libertad,<br />

Igualdad, Fraternidad”.<br />

La Revolución Francesa va a cobijar con su égida gloriosa<br />

la Independencia de Sud-América 1 . El espíritu francés, que es<br />

el resumen supremo del espíritu universal, invade a los criollos.<br />

Uno se dirigen a Francia, al terreno mismo de los hechos, mientras<br />

otros estudian el francés, que es el resumen supremo del<br />

espíritu universal, invade a los criollos. Unos se dirigen a Francia,<br />

al terreno mismo de los hechos, mientras otros estudian el<br />

francés, traducen y comentan los libros con grandes trabajos<br />

conseguidos. Se comenta “L´Esprit des Lois”, de Montesquieu,<br />

se estudia la “Histoire philosophique” de Raynal, se leen las obras<br />

de Voltaire y Rousseau, se repiten los versos trágicos de<br />

Corneille y Racine. El gran viento heroico de la Libertad sacude<br />

hasta sus fibras íntimas el alma oprimida del Nuevo Mundo,<br />

prestándole aliento vivificador.<br />

El pensamiento florece y por todas partes se forman clubes,<br />

centros de estudio, y periódicos que contribuyen a la difu-<br />

1 A. Chénier dijo: “La revolución de nuestro país lleva en su seno los destinos del mundo”.<br />

184


obras y <strong>apuntes</strong><br />

sión de las nuevas ideas, revolucionarios hasta por el nombre,<br />

(como “El Despertador de los Ingenios”, fundado por José Espejo,<br />

en Quito) no es periódico.<br />

A pesar de la división en clases de la sociedad colonial, que<br />

parecía contraria a los principios igualitarios de la Revolución<br />

Francesa, las ideas republicanas hallaron decidido apoyo en toda<br />

América española.<br />

En Santa Fe de Bogotá, la Ciudad entonces más brillante<br />

del Nuevo Mundo por el prestigio intelectual de sus hijos, encuentran<br />

las nuevas ideas una pléyade ilustre propagandistas,<br />

entre los cuales descuella la figura de Don Antonio Nariño, digna<br />

de una toga de cónsul romano. Médico, naturalista, teólogo, literato,<br />

periodista y diplomático, Nariño era considerado como<br />

un sabio entre sus más sabios compañeros. Tribuno, conspirador,<br />

guerrero, táctico, dictador, hombre a la vez de idea y de<br />

acción, lleno de un valor altivo y majestuoso como el de los héroes<br />

de la antigüedad, es sin duda una de las más grandes figuras<br />

de nuestra independencia, que dio en ofrenda su existencia<br />

atormentada y laboriosa a la obra gigantesca de los próceres.<br />

Encerrado en su biblioteca y con su pequeña imprenta,<br />

Nariño tradujo e imprimió en castellano la Declaración hecha<br />

por los revolucionarios franceses de los Derechos de la Humanidad,<br />

imprimiendo un impulso poderoso a la Revolución moral<br />

de nuestra América.<br />

Esa fue la gran obra y el gran sacrificio de toda su vida, el<br />

punto de partida de todos sus martirios. Su existencia fue, -<br />

dice Stuart Cochrance- “una verdadera novela, cuyos padecimientos<br />

rebasan la medida común”. “La publicación de los 17<br />

artículos de la declaración, -dice Nariño mismo- me ha valido<br />

más de diecisiete años de prisiones y trabajos”.<br />

Envuelto luego en la gran ola de la Revolución, pasó en<br />

ella por las más contrarias alternativas, para morir al fin cansado<br />

y olvidado. Dejando el resumen de toda su existencia en<br />

estas palabras: “Amé a mi Patria, cuánto fue ese amor, algún<br />

día lo dirá la Historia” .<br />

185


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

Tal fue la obra de Antonio Nariño. En el momento en que<br />

éste, en la soledad de su estudio, trasladaba al español la Declaración<br />

de los Derechos del Hombre, el General Francisco de<br />

Miranda, encerrado en la Prisión de la Force en París, sobrellevaba<br />

con firmeza estoica las angustias de un ya largo cautiverio.<br />

186<br />

———— IV———-<br />

Atravesaba en ese momento el Precursor un forzoso extracto<br />

de su misión de Apóstol, pero incansable, jamás abatido,<br />

desde el fondo de su prisión angustiosa, seguía atentamente el<br />

proceso de la Revolución por la cual laboraba, y encontró medios<br />

de hacer llegar hasta Nariño, cuando éste pasó por París<br />

unos meses después, instrucciones para la misión que debía llevar<br />

a cabo en Londres.<br />

Diez años hacía ya que Miranda había consagrado su existencia<br />

a la gran labor de la Independencia de América. Nacido<br />

en Caracas el 14 de Junio de 1756, de noble familia española,<br />

Miranda había dejado la América desde muy joven, deseando<br />

seguir la carrera militar en España. En 1772 pasó a Francia, donde<br />

cultivó sus conocimientos, se familiarizó con las obras filosóficas;<br />

y se afilió a la Masonería; y fue luego entre los<br />

expedicionarios españoles, a prestar su ayuda a la emancipación<br />

de los Estados Unidos.<br />

Con el grado de Capitán fue enviado de guarnición a la<br />

Habana, cuando era Capitán General el caballeroso Don Juan<br />

Manuel de Cajigal. Envuelto en un proceso, dimitió y volvió a<br />

los Estados Unidos.<br />

De Miranda mismo que en esa permanencia en los Estados<br />

Unidos él se dio cuenta de su vocación. “Mi primer pensamiento,<br />

-dic- fue un sentimiento de celos, de celos patrióticos, al<br />

pensar en la emancipación de los Estados Unidos, y lo primero<br />

que aprobó de mi alma fue un ferviente voto por la libertad de<br />

la tierra que me había visto nacer, pues no me atrevía aún llamar<br />

Patria a la América del Sur”.


obras y <strong>apuntes</strong><br />

El sentimiento que confusamente había surgido en la conciencia<br />

de los hispanoamericanos ante el espectáculo de la Independencia<br />

de Norte-América, en el espíritu de este verdadero<br />

Precursor se condensa en un gran pensamiento de libertad, que<br />

se convierte en el ideal de toda su vida, al cual va a dedicarse<br />

desde entonces por completo, con una abnegación que no conoció<br />

límites.<br />

Hombre superior por más de un concepto, Miranda no era<br />

incapaz para realizar su gran pensamiento, pero la fortuna, reservándole<br />

el papel oscuro aunque grandioso de Precursor, sembrador<br />

del campo que sólo para otros fructificará, no le sonríe<br />

jamás, y cuando él cree ver como entre sus manos ansiosas cristaliza<br />

el ideal, este se rompe en un fracaso desastroso, hiriéndole<br />

con un golpe de muerte.<br />

Miranda poseía muchos dotes superiores. La duquesa de<br />

Abrantes en sus memorias nos lo pinta “de muy elevada estatura,<br />

de apostura y rostro más originales que bellos, tenía los ojos<br />

de fuego de los españoles, la tez morena, los labios delgados, y<br />

espirituales hasta en el silencio” . Manzini termina el retrato:<br />

“Era, -dice- en su andar firme y altanero, en sus maneras un<br />

poco brusco, en su traje siempre sencillo y elegante. Su voz era<br />

baja, vibrante y ruda: todo en él hablaba del hombre de acción,<br />

del militar, del jefe. No obstante, era cultísimo, discreto, sagaz,<br />

ingenioso, espiritual, conservador, amable y brillante, y a veces<br />

también sombrío, silencioso y reconcentrado, lo cual desconcertaba<br />

a sus interlocutores. Dotado de una voluntad poderosa,<br />

“quería lo que quería con verdadero encarnizamiento”. La libertad<br />

de su patria fue su única pasión y el móvil de cada uno de<br />

sus actos. Para conseguirla, puso todos los recursos de su espíritu<br />

al servicio de la intriga, y no vaciló en acudir a todos los<br />

medios. Contó menos con los acontecimientos que con los hombres,<br />

y éstos lo traicionaron siempre. Se dejaba sorprender y<br />

desconcertar por la fortuna, sin apartarse de la abnegación de sí<br />

mismo, que parece haber sido su virtud dominante, y de la “frialdad<br />

heroica “ que no lo abandonó jamás”.<br />

187


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

Salió Miranda de los Estados Unidos en 1784, después de<br />

haber hecho allí, se asegura, sus primeras gestiones cerca de<br />

Washinton, a favor de la independencia de su país. Se dirige a<br />

Europa a continuar la obra. Piensa en obtener la amistad de un<br />

magnate poderoso, y logra ser presentado por el príncipe<br />

Potemkine a Catalina de Rusia, con el título de Conde de Miranda.<br />

Encantada con su figura y su elocuencia, la emperatriz le<br />

escuchó con interés, lo ofreció títulos militares, le prometió su<br />

ayuda, le admitió en su intimidad. Mas comprendiendo pronto<br />

el Precursor que obtendría de la Czarina muchos halagos, pero<br />

ningún auxilio para su gran proyecto, puso por encima de los<br />

favores imperiales su austera misión, y salió de Rusia para continuar<br />

el camino.<br />

No había dado sino el primer paso en su senda que había de<br />

ser tan larga y dolorosa. Antes de conocer a Catalina, había obtenido<br />

distinciones de parte de Federico el Grande y de José II,<br />

y con ellas, otras tantas decepciones. Durante cinco años sigue<br />

una vida errante, recorre el Asia, el África y la Europa, y en<br />

1790 está en Inglaterra, por donde ya había pasado cinco años<br />

antes, y consigue de pitt una audiencia, presentándole un<br />

“Proyecto de Constitución de las Colonias de Hispano-América”,<br />

en el cual se trataba de formar con toda la América, desde<br />

el Mississipi al cabo de Hornos, un gran imperio libre, gobernado<br />

por un Inca hereditario, con dos cámaras semejantes a las<br />

inglesas.<br />

Pero Pitt sólo le escuchó mientras Inglaterra estuvo en relaciones<br />

tirantes con España. Una vez resuelto ese problema,<br />

abandonó a Miranda, y éste, embarcándose para Francia, se llevaba<br />

sólo promesas.<br />

Llegó a Paris en 1792, a tomar parte en la Revolución Francesa.<br />

“Le pareció, -dice Lamartine- el campo de batalla de sus<br />

ideas, y se precipitó en ella. Unido a los Girondinos, obtuvo de<br />

ellos, por Petion, el grado de general de los ejércitos franceses.<br />

Estaba impaciente por crearse un nombre en aquella guerra, para<br />

que ese nombre, resonando en América, le preparase en su país<br />

la popularidad, la gloria y el papel de un Lafayette”. “Era, -dice<br />

188


obras y <strong>apuntes</strong><br />

el mismo Lamartine- uno de esos aventureros que prestan su<br />

brazo y su talento a la causa que les parece más digna de su<br />

sangre, y no tienen otra patria que los campamentos”. El aventurero<br />

indiano sí tenía Patria: libertarla fue el sueño de toda su<br />

vida, y había de caer antes de realizarlo.<br />

Sirve Miranda a las órdenes del general Dumouriez, dando<br />

pruebas de su valor y sangre fría. Cuando el general francés se<br />

resuelve a volverse contra la República, y escribe a la Convención<br />

Francesa su célebre carta del 12 de marzo Miranda se resiste<br />

a seguirle, declarando que permanecerá fiel a la Francia.<br />

Pierde, así, la amistad de Dumouriez, el cual, después del desastre<br />

de Nerwinden, en el cual, dice Michelet, “reservó a Miranda<br />

la derrota”, le envió preso a París, como victima<br />

expiatoria de la catástrofe nacional. Y mientras se conduce al<br />

caraqueño ante el comité de guerra, Dumouriez va a reunirse al<br />

ejército austriaco, traicionando su fe de francés. Probada su inocencia,<br />

Miranda es puesto en libertad.<br />

La cuestión de la Independencia de América se trató dentro<br />

de Francia y trató de gestionarse en Inglaterra desde 1792;<br />

pero el curso de la Revolución hizo olvidar el proyecto hasta<br />

que entró en los planes de guerra de Francia la lucha contra<br />

España.<br />

Se pensó en debilitar el poder colonial español, fomentando<br />

la rebelión en América, y establecer la base de operaciones<br />

militares en la Española. Se necesitaba un hombre para dirigir<br />

la empresa. “Ese hombre, -escribía Brissot a Dumouriez, - está<br />

a vuestro lado, le conocéis y le estimáis: es Miranda”. Pero éste<br />

no quiso secundar el proyecto, que le parecía disparatado, y<br />

presentó a Petion y a Brissot otro plan, de más probable buen<br />

éxito.<br />

La buena fortuna no se había hecho para Miranda. Empieza<br />

el año 1793, y el Terror con él. El “rico aventurero”, - como<br />

dice Lamartine- fue preso, envuelto en la desgracia de la<br />

Gironda, y encerrado por el año y medio en la prisión de la<br />

Force. Desde allí, hemos dicho, recibió Nariño sus instrucciones<br />

revolucionarias.<br />

189


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

Cuando salió de su entierro a fines del 1794, continuó su<br />

gran obra de propaganda, reuniendo en sus varias casas de París,<br />

y sobre todo en la Ménilmontant a todos los simpatizadores<br />

de la Independencia, a todos los enviados de Hispano-América,<br />

relacionándose con todos los hombres que tomaron parte en el<br />

primer período de la emancipación de las colonias.<br />

Como esperaba mucho de Francia, se puso en relación con<br />

todas sus personalidades. De ahí que se le consideraba, dice<br />

Barras: “el hombre más intrigante de toda Europa”.<br />

Amigo de Napoleón Bonaparte, le invitó a comer a su casa<br />

un día en el que él, antiguo amigo de la Gironda, reunía en su<br />

mesa “los más enérgicos restos de la Montaña”, según su propia<br />

expresión.<br />

Napoleón le admiraba; dijo de él, según la duquesa de<br />

Abrantes: “Es un Quijote que no está loco: lleva en el alma una<br />

chispa del fuego sagrado”.<br />

Fijo en su idea, Miranda, amigo de muchos partidos, se<br />

mezcló en muchos complot. Fue preso el 13 Vendimiario, y de<br />

nuevo el 18 Fructidor, condenándosele a la deportación a Cayena.<br />

Pero era hombre hábil, porque es lo cierto que no se fue a<br />

Cayena, y no salió para Inglaterra sino a fines del 1797.<br />

En este año, Inglaterra se apoderó para siempre de la Isla<br />

Trinidad, y dirigió sus ataques hacia Puerto Rico; cuando Miranda<br />

supo estas noticias, se decidió a salir para Londres.<br />

Pero antes de salir de Francia, celebró una conferencia con<br />

los delegados de una asociación secreta, la “Junta de América”,<br />

fundada por algunos jesuitas. Miranda estaba en relación con<br />

todo el mundo, con los Padres también, y contribuyó en mucho<br />

a aquella “Carta a los Españoles Americanos”, escrita por un<br />

jesuita, con el lema de “Vincet amor patriao”, que decía a los<br />

criollos: “Ha llegado el momento de ser libres”.<br />

Firma el Precursor en los enviados de la Junta un convenio,<br />

declarando que las colonias españolas habían resuelto<br />

independizarse, y que para lograrlo pedirían su ayuda a la Gran<br />

190


obras y <strong>apuntes</strong><br />

Bretaña y a los Estados Unidos, ofreciéndoles en cambio ventajas.<br />

Miranda dirigiría las operaciones militares, “comenzando<br />

hacia el istmo de Panamá y hacia Santa Fe, tanto por lo importante<br />

del puesto como por el estado de ánimo de los habitantes,<br />

partidarios decididos de la Independencia”.<br />

Miranda tenía una fe ciega en ese estado de ánimo, y ciertamente<br />

exageraba. Todavía el sentimiento no era tan unánime<br />

como él lo soñaba, y de ahí procederá el fracaso de sus expediciones<br />

cuando en su persecución de la libertad, está parezca alejarse<br />

de él constantemente como huían ante Ulises las costas de<br />

Itaca.<br />

Ocurrió con esas expediciones lo mismo que aconteció en<br />

Cuba con Narciso López: no fueron secundadas. La hora no<br />

había llegado aún de “provocar una explosión general y combinada<br />

en los pueblos de la América del Sur”, como quería Miranda,<br />

y de ese empeño resultarán sólo las heroicas expediciones<br />

que fracasarán, pero que han de contribuir poderosamente a vivar<br />

el fuego, que al fin ha de producir la explosión a partir de<br />

1810.<br />

Miranda sale para Inglaterra, a pedir ayuda, y el 16 de Enero<br />

de 1798 hace al Honorable William Pitt las siguientes manifestaciones:<br />

“El infrascrito, agente principal de las colonias sudamericanas,<br />

ha sido designado por la Junta de los Diputados de Méjico,<br />

Lima, Chile, Buenos Aires, Caracas, Santa Fe, etc., para presentarse<br />

a los ministros de su Majestad Británica con objeto de reanudar,<br />

a favor de la Independencia absoluta de dichas colonias,<br />

las negociaciones comenzadas en 1790, y conducirlas, con la<br />

mayor brevedad posible, al punto de madurez que el momento<br />

actual parece ofrecer, terminándolas, en fin, por un tratado de<br />

alianza semejante –en cuanto pueda permitirlo la distinta situación<br />

de las cosas- al ofrecido por Francia y concluido por ella,<br />

en 1778, con las colonias inglesas de la América del Norte.<br />

Además, el infrascrito se declara gozoso de que una feliz<br />

casualidad le haya escogido para recabar, bajo los auspicios del<br />

191


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

muy honorable W. Pitt, antes S.M. Británica, la protección de la<br />

nación inglesa a favor de la independencia de su país, y de establecer<br />

un tratado de amistad y de alianza mutuamente útil y ventajoso<br />

para ambas partes…. Muy esperanzado por la<br />

importancia y la utilidad recíproca de su misión, convencido<br />

además de que el momento es de los más favorables, puesto<br />

que por parte de España existe una guerra violenta contra Inglaterra,<br />

época que siempre fijó el muy honorable W. Pitt para<br />

los comienzos de esta empresa, este último se complace en creer<br />

que sus compatriotas no habrán de languidecer mucho tiempo<br />

en la incertidumbre”.<br />

Pero la situación de Inglaterra la llevaba a tratar a España<br />

con atenciones. Ésta le pidió el arresto de Miranda, y el triste<br />

tuvo que ocultarse, con nombre supuesto, consolando se desencanto<br />

con las promesas secretas de Pitt. La política de hijo de<br />

Lord Chathan era muy complicada, y por conveniencia de ella,<br />

aconsejó a Miranda que se pusiera en relaciones con los Estados<br />

Unidos. Pero ya hacía tiempo que esas relaciones existían.<br />

En el mismo año, el Precursor escribía a uno de sus amigos<br />

más notables de Norte-América: “Todo está arreglado, y solo<br />

falta el fiat de su ilustre presidente para partir como el rayo”.<br />

Pero el fiat no llegó: razones políticas lo impedían. Poco después,<br />

el Gobierno amigo de Miranda cede el lugar a un Gobierno<br />

nuevo, en los Estados Unidos, hiriendo de nuevo las<br />

maltratadas esperanzas del Precursor.<br />

Este se dedica entonces a una labor de publicista a favor de<br />

la causa sud-americana, avivando su constancia invencible con<br />

la angustia de la impotencia, los ecos que le llegaban del hervidero<br />

colonial. El infortunado Manuel Gual, prófugo, le escribe<br />

desde trinidad: “Miranda, si por lo mal que han pagado á Vd.<br />

Los hombres, si por amor a la vida privada , no ha renunciado<br />

Vd. a estos hermosos climas y a la gloria pura de ser el salvador<br />

de su Patria, el pueblo Americano no desea sino uno: venga Vd.<br />

a serlo …. Miranda, ya no tengo otra pasión que la de ver reali-<br />

192


obras y <strong>apuntes</strong><br />

zada esta hermosa obra, ni tendré honor más alto que el de ser<br />

subalterno de Vd.!”<br />

Dejando su cárcel de Inglaterra, Miranda vuelve a Francia<br />

a conseguir del Primer Cónsul lo que deseaba obtener. Pero<br />

cuando después de largos contratiempos llega a París, España<br />

pide el arresto del “incorregible perturbador”, que sólo obtiene<br />

la libertad a condición de salir de Francia para siempre.<br />

Vuelve a Londres el errante revolucionario. El nuevo gabinete<br />

dirigido por Addington, plantea la cuestión de las colonias<br />

españolas, y no la resuelve: las esperanzas de Miranda eran un<br />

espejismo perpétuo, pero a cada tropiezo, él parecía cobrar<br />

mayor vigor.<br />

Cuando en 1803 reaparecen Pitt en el gabinete, surge de<br />

nuevo Miranda con sus eternos planes. La situación del caraqueño<br />

es muy desagradable, arruinado por la confiscación de<br />

todos los bienes, se sostiene gracias a Inglaterra y a Rusia: parece<br />

un aventurero asalariado con quien se puede contar para todo.<br />

De ello pudo darse cuenta el Precursor cuando estuvo a punto<br />

de verse envuelto en el complot de Pichegru para asesinar a<br />

Bonaparte. Un billete escrito por miranda, respuesta al Conde<br />

Worotzoff, embajador de Rusia, muestra con cuanta habilidad y<br />

cortesía logró nuestro hombre salir del enredo. Dice:<br />

“El general Miranda agradece sinceramente al Señor<br />

Conde de Woronzoff todas sus bondades, pero cree no deber<br />

aprovechar su generosa oferta en los momentos actuales, porque<br />

el general Miranda no ha tenido nunca género alguno de<br />

relaciones con el general Pichegru, sin embargo de que juntos<br />

iban a ser proscritos por los mismos motivos; y no quiere mezclarse<br />

directa ni indirectamente en los negocios de Francia, puesto<br />

que desde su arribo a Londres ha tenido conocimiento de las<br />

intrigas encaminadas a perpetuar los disturbios en aquel país, y<br />

con ellos, la desgracia de las potencias vecinas. El general Miranda<br />

reitera el testimonio de su respeto al Señor Conde de<br />

Woronzoff, cuya felicidad le interesará siempre. El reconocimiento<br />

del general Miranda hacia la Rusia, y sus votos más sin-<br />

193


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

ceros por la prosperidad del imperio y la dicha de los augustos<br />

descendientes de Catalina II, durarán tanto como su vida”.<br />

A fines de 1804, Inglaterra, en guerra con España, proyecta<br />

expediciones a las colonias, pero con la idea de apropiarse aquellos<br />

territorios. Miranda colabora con Sir Home Popham en la<br />

redacción de un proyecto, que comenzaba declarando que Inglaterra<br />

no pretendía de ningún modo tomar posesión absoluta<br />

de las colonias, sino sólo ocupar algunos puntos importantes.<br />

Era esto modificar las intenciones de Inglaterra, pero de todos<br />

modos no era beneficioso para los americanos. Pensando que<br />

secundar el proyecto era traicionar su ideal, el Precursor pide a<br />

Pitt que resuelva pronto, pues él no quería ser retenido, sino,<br />

dice: “ir a llevar a mi desgraciada Patria las atenciones que de<br />

mí puede esperar”. Pedía que lo dejaran libre.<br />

Los proyectos de Inglaterra cayeron. Miranda se decidió a<br />

volver a los Estados Unidos, para obtener de ellos siquiera la<br />

manera de organizar una expedición que provocara la gran explosión<br />

que él creía segura.<br />

La constancia y la diplomacia del caraqueño obtuvieron del<br />

gobierno de Inglaterra, 6, 000 libras esterlinas, y muchas promesas<br />

para la expedición. Llegó a los Estados Unidos a fines<br />

del 1805, y en Febrero de 1806 tenía preparada una expedición<br />

compuesta por la pequeña corbeta “Leander” con 200 hombres,<br />

a la cual había de unirse la fragata “Emperor”. Pero, por disputas<br />

entre los marinos, esta última se negó a salir de Haití, donde<br />

estaba, y Miranda consiguió con gran trabajo dos goletas.<br />

Después de 25 años de trabajo y de espera, sólo esa realización<br />

obtenía los ideales del Precursor. Pero es cierto que él llevaba,<br />

si pocos hombres y recursos, una inmensa esperanza. La<br />

de siempre: él creía que sólo con oír la palabra Libertad, cuando<br />

él apareciese, la insurrección general de las colonias sería<br />

un hecho. Por eso se lanzaba, sin riquezas y sin fuerzas, hacia la<br />

lucha… Era ciertamente un Quijote, impulsado por un sagrado<br />

ardor!.<br />

194


obras y <strong>apuntes</strong><br />

Iba Miranda, a pesar de las peripecias del viaje, en pleno<br />

idealismo. El 12 de Marzo, saludó con la tripulación de sus barcos,<br />

la bandera tricolor de Colombia, la Patria soñaba, izándola<br />

en el “Leander”. El 15 llegó al puertecito de Ocumare, y atacado<br />

por dos grandes buques españoles, fueron apresadas las goletas<br />

con sus hombres, y la corbeta emprendió la fuga con gran<br />

trabajo. Ese fue el fin de la anhelada expedición.<br />

Mientras el “Leander”, en huida desesperada, se llevaba la<br />

angustia de Miranda, los ingleses llegaban América. Socorrido<br />

por Cochrane, Miranda prepara una nueva expedición, que no<br />

secundaba las miras inglesas. Con trabajo, logra tenerla preparada<br />

en Julio, con cinco barcos y más de seiscientos hombres.<br />

Además, llevaba armas para los numerosos venezolanos que<br />

según él, se le unirían. Mientras tanto, las autoridades de Caracas<br />

condenaban a los prisioneros de las goletas, y esparcían la<br />

voz de que Miranda era un aliado de los ingleses. Los que no<br />

creían en esto, por lo menos pensaban que la expedición era una<br />

aventura temeraria destinada al fracaso. La Inquisición de<br />

Cartagena declaró al caraqueño “enemigo de Dios y del Rey, indigno<br />

de recibir pan, fuego ni asilo”.<br />

No era ese el estado de ánimo que esperaba hallar el Precursor.<br />

Se dirigió hacia Coro pensando encontrar adictos, pero<br />

los habitantes se retiraron al interior y cuando desembarcaron<br />

los expedicionarios , dice el propio Miranda, que no encontraron<br />

a nadie. Se reembarcó el desventurado revolucionario, dejando<br />

una proclama donde invitaba a los sud-americanos a imitar<br />

a los del Norte, recodándoles los motivos que tenían para emanciparse,<br />

y se alejó llevándose en el alma una desesperación tan<br />

grande como la esperanza que trajera.<br />

Españoles e hispanoamericanos se unían en este momento<br />

para rechazar a los ingleses. El momento no era para hablar de<br />

independencia: ese sentimiento dormía. Cuando pasado algún<br />

tiempo, lejos ya la Inglaterra, los liberales se recobran, se lee y<br />

se comenta la proclama de Coro, y resuena en el corazón de aquellos<br />

americanos la voz del Precursor.<br />

195


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

Las autoridades habían ejecutado a Miranda en efigie, quemado<br />

sus problemas, puesto a precio su cabeza, pero no pudieron<br />

apagar el ardor de sus heroicos fracasos infundieron a la<br />

Revolución. Bolívar, que agitaba en derredor suyo una legión<br />

de liberales, veía en Miranda la realización de su sueño.<br />

Después de un año de penalidades, Miranda había vuelto a<br />

Inglaterra, y a la lucha, cuando comenzaron en España los acontecimientos<br />

de 1808, que habían de influir de manera decisiva<br />

en la Independencia de Sub-América. Es la invasión francesa en<br />

España.<br />

Los hispanoamericanos se resisten a la idea de una dominación<br />

francesa y empiezan a constituir juntas de gobierno, que<br />

con la apariencia de leales a España, son ya el preludio de la<br />

Independencia.<br />

El Precursor sigue ansiosamente desde Europa el movimiento,<br />

y lo vigila, como puede verse en su carta a los Cabildos de<br />

caracas, Buenos Aires y Méjico:<br />

196<br />

“La España, ahora sin soberano, y en manos de diversas parcialidades,<br />

que reunidas unas a los franceses y otras a la Inglaterra,<br />

procuran por medio de una guerra civil sacar el<br />

partido que más convenga a sus vistas particulares, es natural<br />

procure atraernos cada uno a su partido… Suplico a Vd.<br />

muy de veras, que reuniéndose en un cuerpo municipal<br />

representativo tomen a su cargo el gobierno de esa provincia:<br />

y que enviando sin dilación a esta capital personas autorizadas<br />

y capaces de manejar asuntos de tanta entidad,<br />

veamos con este gobierno lo que convenga hacerse para la<br />

seguridad y suerte futura del Nuevo Mundo… De ningún<br />

modo conviene que se precipiten Vds…. Sírvanos enviar<br />

copia de este aviso las demás provincias limítrofes, a fin que<br />

haciendo el debido uso, marchemos al unísono al mismo punto,<br />

pues con la desunión solamente correrán riesgo, a mi<br />

parecer, nuestra salvación e intereses”.<br />

El Cabildo de Caracas obliga al anciano gobernador Casa a<br />

consentir en la formación de la junta de Gobierno. Hay resis-


obras y <strong>apuntes</strong><br />

tencia, y los patriotas son traicionados una vez más, siendo entregadas<br />

al gobernador las instrucciones de Miranda. Pero han<br />

de triunfar los patriotas: la revolución en Venezuela como en<br />

toda Sud-América, es un hecho ya; las colonias, en la persona<br />

de sus liberales, ven llegada la hora de su independencia, pues<br />

están entregadas a sí mismas. Un nuevo orden de cosas va a crearse,<br />

y España al rehabilitarse, no podrá destruirlo ya. El mundo<br />

americano va a diferenciarse del español para siempre, y como<br />

ese movimiento es general en América y en todas sus regiones<br />

ha seguido la misma evolución, va a tener en todas partes la<br />

misma y casi al mismo tiempo : es la gran explosión simultánea,<br />

tan anhelada por el Precursor.<br />

Los hechos que van a desarrollarse en América son muchos<br />

y muy variados, aunque tienden todos a un mismo fin. No podemos<br />

penetrar en sus detalles, porque sería todos a un mismo<br />

fin. No podemos penetrar en sus detalles, porque seria extendernos<br />

demasiado, y como quiera que se trata de acontecimientos<br />

que son por todos conocidos, me limitaré a bosquejar<br />

brevemente el papel del Precursor en este que es el primero período<br />

de la realización de su ideal.<br />

“La revolución, -dice Samper,- estaba en la lógica del tiempo<br />

y de las necesidades de la situación, en todos los espíritus:<br />

era una evolución de la civilización”.<br />

Pero la inspiración de todos se personificaba en un solo<br />

hombre, en la superioridad de un espíritu director: en el general<br />

Miranda. La inquebrantable constancia, el esfuerzo indomable<br />

del Precursor, obtienen resultado, su afán heroico fructifica el<br />

fin. El representa hasta aquí el gran preludio de la revolución,<br />

ahora será protagonista del acto primero de la tragedia, hasta<br />

que la desdicha, su eterna perseguidora, encadene la noble rebeldía<br />

que no pudo abatir jamás.<br />

En 1797, Miranda fundó en Londres la Logia Americana,<br />

sociedad Masónica de la cual se instituyó Gran Maestro, que tuvo<br />

por adeptos a todos los liberales americanos, y dio origen a la<br />

fundación de otras. Por ella pasaron los que llevaron la palabra<br />

197


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

del Precursor por toda la América. O´Higgins, Nariño, Alvear,<br />

Zapiola, Caro, recibieron su luz, y ante el Gran Maestro formularon<br />

juramentos patrióticos, el futuro Libertador de<br />

Colomia, y el que había de llamarse Protector del Perú. La chispa<br />

de fuego sagrado de Napoleón descubriera en Miranda, puso<br />

su ardor en muchos corazones, y la gran obra de la Independencia<br />

será la consagración del pensamiento y de las acciones,<br />

de todo el espíritu del Precursor.<br />

La Junta Central de Sevilla, que comprendía que la declaración<br />

de sumisión a España de las Juntas Coloniales era una pura<br />

fórmula, concede a un nuevo gobernador que envía a Caracas,<br />

Emparán, amplios poderes para disolver la Junta de Venezuela.<br />

Pero era mucho desear. Lo que resultó de aquí fue la deposición<br />

de Emparán, el 19 de Abril de 1810. buenos Aires, Chile, Nueva<br />

Granada, Méjico, responden a ese movimiento con otros análogos.<br />

La Junta de Caracas, deseando encontrar apoyo, lo solicita<br />

del extranjero, y una diputación en la cual figuran Bolívar y Andrés<br />

Bello, va a solicitar el apoyo de la Gran Bretaña. Bolívar<br />

tenía la idea de traer a Miranda a la América.<br />

El auxilio de Inglaterra era una cosa muy problemática, y<br />

los comisionados no tenían fe en lograrlo, pero Miranda, que<br />

creía que la independencia no seria un hecho sin una poderosa<br />

ayuda extranjera, quería de todas maneras conseguirla. Esto<br />

reavivó la desconfianza que ya se le tenía desde 1806, y que luego<br />

había de serle funesta. Los próceres de la revolución venezolana,<br />

esperaban que a la llegada de Miranda, la Junta aún<br />

indecisa, se decidiría a declarar la independencia. El 13 de Diciembre,<br />

el Precursor desembarca en caracas, vistiendo el uniforme<br />

de General de la Francia de 1793. Es recibido con<br />

entusiasmo, pero su gran figura, tan extranjera, provoca más bién<br />

la admiración temerosa que la simpatía.<br />

La situación de Venezuela es grave: los españoles, dueños<br />

de Coro y Maracaibo, capaces de provocar una reacción; la ayuda<br />

de Inglaterra esperada en vano, como la de los Estados Unidos.<br />

Era necesario actuar por cuenta propia, y ni recursos había.<br />

La Junta reconoce los títulos militares de Miranda y eso le pare-<br />

198


obras y <strong>apuntes</strong><br />

ce bastante. La Sociedad Patriótica se funda, y se espera que el<br />

Congreso, ya convocado, proclamará la independencia. Pero el<br />

Congreso se reúne, y sin atreverse a más, declara que defiende<br />

los derechos de Fernando: no llega a desechar ese nombre, aunque<br />

sabe que es un nombre solamente.<br />

La Sociedad Patriótica, en cambio, pronuncia incendiarios<br />

discursos. El Congreso empieza a perder el temor, y cuando el<br />

22 de Junio, entra en él Miranda como diputado, se lanza a la<br />

revolución por fin. El 3 de Julio el Presidente del Congreso declara<br />

que el momento ha llegado “de tratar de la independencia<br />

absoluta”, y el 7 de Julio se lee, aprueba y firma el “Acta de<br />

Independencia”. El entusiasmo parece general, y el glorioso estandarte<br />

de 1806 se enarbola entre aplausos. Se cree que la libertad<br />

es un hecho, sin mirar hacia el futuro.<br />

El Precursor, educado en la escuela de la desgracia, sabía<br />

ver más allá de lo presente, y se angustiaba pensando en lo que<br />

había de venir. No tardan en surgir los españoles: la gran lucha<br />

va a comenzar. La agitación crece, y en un día se fusilan 16 españoles,<br />

exponiendo sus cabezas al pueblo: los patriotas recuerdan<br />

el sistema colonial. Al mismo tiempo estallan una<br />

insurrección en Valencia. El Ejecutivo concede a Miranda, a<br />

quien tenía relegado a un papel secundario, el mando de las tropas.<br />

El general, con la rudeza exterior de su carácter, no sabe<br />

atraerse a la aristocracia criolla, y las antipatías crecen en derredor<br />

suyo. El 20 de Julio sale contra Valencia, la sitia, y obtiene<br />

al fin su rendición. Pero cuando intenta continuar la marcha<br />

sobre Coro y Maracaibo, recibe ordenes de Caracas, que le obligan<br />

a regresar, y luego a abandonar su puesto. Nada menos se<br />

pretendía del Congreso que procesara al viejo general por sospechoso,<br />

como en la época del Terror en Francia. Miranda acusa<br />

al Congreso de descuidar la Patria, porque le obliga a licenciar<br />

las tropas, mientras los españoles se apoderan de toda la cuenca<br />

del Orinoco. Pero el Congreso atiende a otro asunto: el 21 de<br />

Diciembre de 1811, se proclama la “Constitución Federal de la<br />

Siete Provincias Autónomas de Venezuela”. Admirable Constitución,<br />

pero hecha para un pueblo que no estaba preparado para<br />

seguirla. La América española no podía pasar en un solo día de<br />

199


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

la abyección a la libertad, porque el concepto de ésta no estaba<br />

suficientemente definido en el alma de todos los que habían de<br />

llamarse ciudadanos. Esto es lo que entiende Miranda, y lo declara<br />

desde la tribuna del Congreso, que aquella Constitución<br />

“no tenía suficientemente en cuenta los hábitos seculares de la<br />

América, y no serviría sino para desgracia de la salvación común<br />

y para mayor daño de la independencia misma. “Creía en la<br />

necesidad por el momento, de un poder centralizado, y empezó<br />

entonces la lucha entre unitarios y federales, que partiendo de<br />

allí ha de tener luego tantos aspectos. Bolívar era partidario de<br />

Miranda. Pero no podía ellos conseguir nada, sino afirmar en la<br />

mayoría la creencia en la eterna oposición de Miranda, en su<br />

ambición de mando y de poder.<br />

Los españoles se extendían y preparaban la ofensiva: se luchaba<br />

en el mar y una expedición, al mando de Domingo<br />

Monteverde, marchaba hacia Barquisimeto, donde los independientes<br />

se preparaban a resistir. Las iras de la naturaleza descargan<br />

un rudo golpe sobre la joven República: un terrible<br />

terremoto en el cual perecieron más de 20,000 personas, extendió<br />

el desastre sobre casi toda Venezuela. Pero Coro y Maracaibo,<br />

españolas, no sufrieron nada. El terror cundió. El clero predicó<br />

que era aquel un castigo de Dios, y como la terrible casualidad<br />

parecía darle la razón, el pueblo se apartó de los independientes.<br />

La República se tambalea sin saber donde apoyarse. Arruinada<br />

y perdida, Venezuela, recordando a Roma, confiere a<br />

Miranda el título de Dictador, y le nombra su Generalísimo. El<br />

Precursor que se hallaba en Valencia sale precipitadamente para<br />

Caracas, y llama a las armas a todos los venezolanos. Logra reunir<br />

apenas un millar de hombres, ignorantes e indisciplinados,<br />

aunque valientes. Sale para Valencia y envía a Bolívar a Puerto<br />

Cabello. A principios de Mayo cuenta Miranda con 5, 000 hombres,<br />

pero tiene en ellos poca confianza, los españoles saben<br />

que le hacen propaganda de deserción, y en la primera lucha<br />

con Monteverde, la mitad de los soldados se pasan al enemigo.<br />

Entonces Miranda se fortifica en la Guaica, cerca de Valencia, y<br />

toma la defensiva. Solicita socorros de los franceses, de los ingleses,<br />

de los norteamericanos, rechaza como puede a los espa-<br />

200


obras y <strong>apuntes</strong><br />

ñoles que van haciéndose fuertes, y proclama la ley marcial extendiéndola<br />

hasta a los esclavos, medida que ratifica la antipatía<br />

de los criollos ricos.<br />

Traslada su cuartel general a la Victoria, logra rechazar las<br />

fuerzas de Monteverde, deshaciéndolas. Y comienza a tener esperanzas<br />

de triunfo, cuando el 5 de Julio recibe estas líneas de<br />

Bolívar:<br />

Julio I de 1812.<br />

Mi General:<br />

“Comandancia de puerto Cabello.<br />

Un oficial indigno del nombre de venezolano se ha<br />

apoderado, con los prisioneros, del Castillo de San Felipe, y<br />

está haciendo actualmente un fuego terrible sobre la ciudad.<br />

Si V. E. no ataca inmediatamente al enemigo por la retaguardia,<br />

esta plaza está perdida. Yo la mantendré entretanto<br />

todo lo posible.<br />

Simón Bolívar”<br />

Siento el horror del naufragio, el generalísimo exclamó:<br />

“Venezuela ha sido herida en el corazón”.<br />

Mientras Bolívar defiende con su heroísmo innato la plaza<br />

de Puerto Cabello, esperando en vano los auxilios de Miranda,<br />

el Dictador sostiene una lucha gigantesca con las rebeliones de<br />

su propio ejército, que pretende asesinarlo, con los esclavos que<br />

se sublevan, contra las deserciones que se multiplican al saber<br />

los triunfos españoles. En un esfuerzo supremo, el Dictador se<br />

sobrepone a las insurrecciones y lanza sus tropas contra el enemigo.<br />

Era el último grito. No era posible resistir más, y envió a<br />

tratar con el jefe español, Monteverde, una capitulación que no<br />

hubiera sido tan funesta, si el español no hubiera sido quien<br />

era, para no cumplir lo pactado.<br />

201


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

Pero la acción del Precursor, no comprendida, fue vituperada,<br />

tachada de cobardía. Los odios y antipatías contra él se<br />

avivaron. Era el traidor, el responsable de todos los males. Miranda<br />

sabía quedar por encima de sus acusadores, pero los españoles<br />

sabían aprovechar las circunstancias.<br />

El Comandante de la Guaira, casas, dio hospedajes a Miranda<br />

y le traicionó. Esparció por la ciudad rumores sobre su<br />

cobardía, hizo creer que se había vendido, que las cajas de dinero<br />

que se embarcaban en un buque inglés que estaba en puerto,<br />

pertenecían a Miranda. Cuando Bolívar llegó, se vio envuelto<br />

en toda aquella trama y creyó. Miranda había vendido la Patria!<br />

Exaltado, desesperado, acuerda prender al traidor, conjura<br />

a sus compañeros y los lleva a capturar al Dictador.<br />

Eran las 3 de la mañana cuando Miranda, despertado súbitamente,<br />

oyó la voz de Bolívar, que le intimaba rendirse preso.<br />

No dando crédito a sus oídos, -cuenta Becerra – contempló, a<br />

la escasa luz de la habitación, los rostros de los conjurados, y<br />

luego, siempre tranquilo, entregó su espada tantas veces gloriosa,<br />

diciendo simplemente: “Bochinche, bochinche, esta gente no<br />

sabe hacer sino bochinche”.<br />

Poco después, perseguidos por las traidoras órdenes de<br />

Monteverde, los patriotas huyeron. El Generalísimo quedó en<br />

manos de España. Enviado a los calabozos de Puerto Cabello y<br />

más tarde a los de Puerto Rico, fue encerrado al fin en uno de<br />

Cádiz, donde murió, el 14 de Julio de 1816.<br />

Desde el fondo oscuro de su calabozo dirigió a la Audiencia<br />

Real de Caracas su protesta, “ante los ojos del Universo”, de<br />

la arbitrariedad de sus compatriotas. De sí mismo no habló jamás.<br />

Se dice que un día, poco antes de su muerte, le preguntaron<br />

si las esposas y los grillos que llevaba le hacían daño, y él<br />

contestó: “Me pesan menos que los que llevé en la Guaira”. Lo<br />

que debió pesar como espantosa tortura en el alma indomable<br />

del Precursor, era la acusación de traición.<br />

202


obras y <strong>apuntes</strong><br />

Sabemos que aún hoy en día hay quienes creen en la traición<br />

de Miranda. Carlos Villanueva la asegura, y hemos oído de<br />

labios de venezolanos muy doctos esa misma acusación. Pero<br />

confesamos que no podemos creer que el hombre que había consagrado<br />

ya tantos años de su existencia al servicio de la revolución,<br />

que había sido su Apóstol incansable y su más fiel servidor,<br />

se dejara arrastrar a última hora a tan estúpida traición. Dice<br />

Villanueva que “las almas nobles llegan a desilusionarse y a faltarles<br />

la fe”, pero nosotros creemos que aún cuando abandonara<br />

a Miranda en aquel momento el constante anhelo con que<br />

había servido a la causa de la libertad, no era posible que el<br />

desaliento lo llevara al extremo opuesto: a vender su patria, su<br />

ideal, a España, su enemiga.<br />

Cierto es que Bolívar creyó en la cobardía del Precursor,<br />

pero porque se lo hicieron crer. Hemos visto como las circunstancias<br />

se habían ido reuniendo en contra del indomable héroe<br />

de tantas luchas, que, como dice Michelet, “había nacido desgraciado”.<br />

Temperamento apasionado, nadie era más fácil de<br />

convercer que Bolívar, a quien cegó en aquel momento el amor<br />

inmenso que sentía por América. “Hay algo terrible, - decía<br />

Saint-Just- en el santo amor de la Patria, porque es tan absolutamente<br />

exclusivo, que todo lo sacrifica al bien de ésta, sin compasión,<br />

sin espanto, sin consideración humana alguna. Él<br />

destrozó el corazón de Manlio, él sacrifica la amistad”…Él y<br />

sobre todo él arrastró a Bolívar contra Miranda, al futuro Libertador<br />

de Hispano-América contra el Padre de la Independencia.<br />

Más tarde fue Bolívar la realización de la gran obra de esfuerzos,<br />

de constancia, de martirio, del siempre desdichado Precursor.<br />

Y es un deber, para los que nos atrevemos a hojear el<br />

interminable libro del pasado de la América Española, recordar<br />

la silenciosa grandeza del trabajo del Apóstol, prólogo formidable<br />

de la tragedia inmensa de la Independencia.<br />

203


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

Luchador incansable en esa gran carrera de antorchas, supo<br />

llevar su lumbre encendida hasta el final; y cuando el soplo de<br />

su constante compañeraza desgracia hizo de sus manos la tea<br />

salvadora, pudo aún antes de desaparecer para siempre, ver como<br />

la recogían las manos del que había de colocarla en la cima, para<br />

irradiar de allí sobre toda la tierra americana la que fue el sueño<br />

perpetúo de su larga existencia dolorosa: la luz ansiada de la<br />

libertad.<br />

204<br />

Habana, 18 de Mayo de 1915.


INFORME SOBRE LA BIBLIOTECA AMERICANA<br />

DEL FCE<br />

I.- TOMOS CONTRATADOS.<br />

1) Popol Vuh: traducción, notas y prólogo de Adrian Recinos. Manuscrito<br />

entregado, enteramente listo para la imprenta.<br />

2) Libros de Chilam Balam de Chuyamel: traducción, notas y prólogos<br />

de Alfredo Barrera Vázquez: ofrecida su entrega para marzo<br />

15 de 1947.<br />

3) Cristóbal Colón, Diario del descubrimiento y Cartas: pedido el<br />

prólogo y notas al Prof. Samuel Eliot Morison: aún no ha aceptado<br />

encargo y debe contestarnos la última carta que le escribimos al<br />

respecto.<br />

4) Fray Bartolomé de las Casas, Historia de las Indias: Lewis Hanke<br />

facilitará en poco tiempo microfilms del manuscrito de Madrid;<br />

cuando se obtengan habrá que pensar en quien trabajaría en su<br />

paleorafía y transcripción. En parte se optó por esta resolución y<br />

no por la de reproducir la edición de Madrid de 1789-90, por no<br />

contarse de inmediato con un prologuista y anotador.<br />

205


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

5) Gonzalo Fernández de Oviedo, Sumario de la Historia natural de<br />

las Indias: primero, decidir si se hace el Sumario a la Historia,<br />

pues esta la imprimió hará un par de años una editorial argentina<br />

llamada “Guarania”. En todo caso, Julio Caillet-Bouis ha ofrecido<br />

prólogo y notas, habiéndosele escrito a Orfila para que precise con<br />

él fecha de entrega.<br />

6) Hernán Cortés, Cartas de relación: pendientes de gestiones hechas<br />

cerca del Arquiecto Marquina, Director del Instituto de Antropología<br />

e Historia, para que Eulalia Guzmán acabe la paleografía<br />

del texto, o preste los microfilms para hacerla nosotros. A Silvio<br />

Zavala se le han encomendado el prologo y las notas.<br />

7) Bernal Díaz del Castillo, Historia verdadera: el prólogo y las notas<br />

serán hechas por Ramón Iglesia; las ha ofrecido hacia abril o mayo<br />

próximos.<br />

8) Pedro Cieza de León, Crónica del Perú; El señorío de los Incas;<br />

Descubrimiento y Conquista del Perú; Las guerras civiles del Perú:<br />

la edición la dirigirá Raul Porras Barrenechea, quien hará también<br />

el prólogo y las notas; se convino con él en que se mandara hacer<br />

por cuenta nuestra una copia mecanográfica de la primera parte,<br />

de la cual hay una buena edición en la Biblioteca de Lima; después<br />

se harían las demás. Se le ha escrito a Porras preguntándole estado<br />

actual trabajo. Un investigador peruano ha hallado<br />

recientísimamente en Madrid el original de la tercera parte de la<br />

obra de Cieza y Porras dispondrá de la transcripción ya hecha.<br />

9) José de Acosta, Historia natural y moral de las Indias: el Fondo<br />

hizo hace cuatro años una edición que simplemente habría que reproducir,<br />

aun cuando antes de darla a la imprenta habría que cotejarla<br />

con la edición príncipe, que yo tengo; se le ha pedido prólogo<br />

y notas a Edmundo O’Gorman, aun cuando hasta ahora nada definitivo<br />

se ha convenido.<br />

10) Fernando Colón, Vida del descubridor: Ramón Iglesia, el traductor,<br />

ha entregado el Manuscrito, y para diciembre ha ofrecido el<br />

prólogo y las notas.<br />

206


obras y <strong>apuntes</strong><br />

11) Fray Toribio de Benavante, Historia de los indios de Nueva España:<br />

se ha sugerido el nombre del profesor norteamericano Barlow<br />

para el prólogo y las notas, pero no se le ha hablado, pendientes de<br />

comprobar el acierto de la sugestión.<br />

12) Fray Jerónimo de Mendieta, Historia eclesiástica indiana: Ramón<br />

Iglesia se ha interesado por hacer prólogo y notas cuando concluya<br />

su trabajo del Bernal Díaz.<br />

13) Sor Juana Inés de la Cruz: se le ha encomendado la edición de<br />

toda la obra a Gabriel Méndez Plancarte, quien se ha propuesto<br />

hacerla en tres tomos: la lírica (incluyendo los villancicos); el Teatro,<br />

sacro y profano (comedia, autos, sonetos y loas); y la prosa.<br />

Se están haciendo las copias mecanográficas del primer tomo, cuyo<br />

prólogo y notas ha ofrecido entregar Méndez Plancarte para el<br />

próximo diciembre; tendrá listo el volumen segundo para junio del<br />

año entrante y el tercero para diciembre del mismo.<br />

14) Juan Ruiz de Alarcón, Teatro: se hacen ahora las copias a máquina<br />

(parte ya entregada en nuestro archivo); Alfonso Reyes ha ofrecido,<br />

por una parte, facilitar las fotografías de los originales que conserva<br />

en su poder, para nuestra labor de cotejo, y al mismo tiempo<br />

ha ofrecido hacer el prólogo y las notas. Convendría recordarle y<br />

definir el compromiso.<br />

15) Inca Garcilaso, La Florida: dado que la edición de Emecéde de los Comentarios<br />

Reales es buena y muy reciente, hemos resuelto dejar para más<br />

tarde la impresión de esa obra; convendría pensar en otra y se ha<br />

elegido La Florida, sugiriéndose el nombre de Ventura García Calderón<br />

para el prólogo y las notas. Se le ha escrito ya.<br />

16) Francisca Josefa de la Concepción, Vida: se tiene texto y Arciniegas<br />

ha sugerido el nombre de un prologuista y anotador, a quien no se<br />

ha escrito aún por carecer de su dirección.<br />

207


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

17) Francisco José de Caladas, De la influencia del clima: Germán<br />

Arciniegas ofreció hacer el prólogo y las notas; pero.....está en Londres<br />

por tres meses.<br />

18) Domingo Faustino Sarmiento, Campaña del Ejército Grande: Pedro<br />

arregló con León Benarós el prólogo y las notas, encargo que<br />

fue confirmado por mí en reciente visita a Buenos Aires; se ha<br />

pedido a Orfila la confirmación de la fecha de entrega, que primitivamente<br />

fue el mes de noviembre próximo.<br />

19) Justo Sierra, Evolución política y Cartilla de historia de México:<br />

Silvio Zavala tiene hecho un posible prólogo; pero hará falta pedirle<br />

a un arqueólogo, quizá el mismo Alfonso Caso, que haga unas<br />

cuantas notas sobre la parte de la Historia antigua.<br />

20) Manuel Orozco y Berra, Historia antigua de México: prólogo y<br />

notas de Susana Uribe de El Colegio de México, para entregar en<br />

febrero de 1947.<br />

21) Joaquín García Icazbalceta, Bibliografía mexicana: Agustín Millares<br />

está encargado de la edición y ha principiado a trabajar en ella.<br />

22) Riva Agüero, Historia en el Perú y Literatura del Perú): prólogo y<br />

notas serán hechos por Ella Dumbar Temple, de quien se aguarda<br />

contestación confirmando próxima fecha entrega.<br />

23) Lucio Victorio Mansilla, Excursión a los indios ranqueles. Del prólogo<br />

y las notas está encargado Julio Caillet-Bois, a quien se le ha<br />

pedido confirmación de la fecha de entrega.<br />

24) Ricardo Palma, Bohemia de mi tiempo y Recuerdos de España: se<br />

abandonó la idea de una reedición inmediata de las traducciones,<br />

en vista de las muchas y recientes que hay; para las dos obras escogidas<br />

ha quedado de hacer prólogo y notas Jorge Pucinnelli.<br />

25) Jorge Isaacs, María: Germán Arciniegas ha recomendado a<br />

Antonio Carbajal para prologuista y anotador; pero desconociendo<br />

su dirección aún no se le ha escrito.<br />

208


obras y <strong>apuntes</strong><br />

26) Simón Bolívar, Escritos: Mariano Picón Salas ha aceptado hacer la<br />

selección, el prólogo y las notas, sin un compromiso muy claro de<br />

entrega. Debe escribírsele.<br />

27) Andrés Bello, Filosofía del entendimiento humano: José Gaos aceptó<br />

escribir prólogo y notas, comprometiéndose a entregar trabajo<br />

en noviembre. Conviene recordarle.<br />

28) José Bernardo Couto, Diálogo sobre la historia de la pintura en<br />

México: Manuel Tousaint ha aceptado hacer el prólogo y las notas,<br />

para entregar en noviembre. Conviene escribirle.<br />

29) Justo Sierra, Discursos y artículos: el prólogo y las notas los hará<br />

Leopoldo Zea; pero conviene fijar fecha con él.<br />

30) José Joaquín Olmedo, Poesías: el tomo lo ha hecho ya la Casa de la<br />

Cultura Ecuatoriana, a quien podría pedirse permiso para una reproducción<br />

literal.<br />

31) José Batres Montúfar, Poesías: Adrián Recinos haría prólogo y<br />

notas; de hecho, hay una edición suya de<br />

32) Felipe Poey- Memorias (1er tomo) Prólogo de Carlos de la Torre.<br />

Para diciembre.<br />

33) G.G. de Avellaneda. Poesía. Teatro. Prólogo y notas de José Ma.<br />

Chacón y Calvo.<br />

34) Martí. Prosa. Prólogo y notas de Félix Lizaso<br />

35) Varona. (?) Psicología, Lógica o Moral. Prólogo de Vitier.<br />

209


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

210<br />

II.- TOMOS QUE PODRÍAN CONTRATARSE<br />

ENSEGUIDA<br />

1) Antonio Herrera y Tordecillas, Décadas: podría encontrarse el<br />

prologuista; pero la Editorial Guarania hizo una edición hace unos<br />

dos años. Aplazar.<br />

2) Antonio de Solis, Historia de la Conquista de México: Enriqueta<br />

López Lira tiene hecho prácticamente el prólogo y podría hacer<br />

bien y con prontitud las notas.<br />

3) Francisco Javier Clavijero, Historia antigua de México: Julio Le-<br />

Riverend podría hacer bien el prólogo y notas; pero hay una edición<br />

reciente de la Colección de Escritores Mexicanos; quizás convendría<br />

aplazar la nuestra.<br />

4) Francisco de Miranda, Diario: Jorge Luis Vejerano, de Colombia,<br />

podría ser un candidato para prolonguista y anotador; pero convendría<br />

preguntar a Picón Salas para ver de hallar a un venezolano.<br />

5) José María Luis Mora, Ensayo sobre las revoluciones en México:<br />

el prólogo y las notas las haría bien y con prontitud Luis Arnaiz y<br />

Feg, y aun convendría hablar con él y fijar fechas.<br />

6) Fray Servando Tresa de Mier, Historia de la revolución de Nueva<br />

España: podrían ser prologuistas y anotadores Miguel y Verges o<br />

Vito Alessio Robles y el texto es fácil de obtener (Diaz Thomé)<br />

7) José Toribio Medina, Biografía: faltaría buscar prolonguista y anotador.<br />

(R.Donoso: Ercilla)<br />

8) Manuel Montúfar, Memorias de Jalapa: pedirse a Adrián Recinos<br />

preparar la edición.<br />

9) Machado de Assis, Cuentos: la selección la podría hacer, pero el<br />

problema sería encontrar traductor (el de las novelas de Alvaro<br />

Luis) ha sido muy recomendado.<br />

10) Clorinda Matto de Turner, Aves sin nido: se ha hecho copiar el<br />

texto. Alberto Tauro.


obras y <strong>apuntes</strong><br />

11) Juan León Mera, Cumandá: creo que puede encontrarse el texto y<br />

el prolonguista, inquiriendo por algún ecuatoriano.<br />

12) Manuel de Jesús Galván, Enriquillo: Supongo que <strong>Camila</strong> misma<br />

podría hacer prólogo y notas.<br />

13) José Bonifacio de Andrada, Memorias científicas: se ha sugerido<br />

que escribamos a Heloisa Alberto-Torres, Directora del Museo Nacional<br />

de Río, quien podría hacer la selección, prólogo y notas, que<br />

indudablemente deben ser encomendadas a un hombre de ciencia.<br />

14) Rufino José Cuervo, Apuntaciones críticas; Disquisiciones<br />

filológicas: quizás el mejor candidato para prólogo y notas sería<br />

Amado Alonso; pero creo que convendría explorar la posibilidad<br />

de encontrar en el Instituto Caro-Cuervo uno de esos curas colombianos<br />

que se han dedicado a estos estudios, tal vez el Padre<br />

Félix Restrepo, Rector de la Universidad Javeriana.<br />

15) Manuel Orozco y Berra, Clasificación de las lenguas indígenas de<br />

México; preguntar a Alfonso Caso de algún lingüista yanqui que<br />

pudiera hacer el trabajo. ( Wigberto Jiménez Moreno)<br />

16) Rubén Darío, Poesías: hay ya una edición de poesías completas en<br />

España, publicada por Aguilar, y Losada de Argentina prepara otra;<br />

en consecuencia, convendría pensar en este problema, a menos que<br />

<strong>Camila</strong> hubiera convenido ya algo con Pedro Salinas.<br />

211


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

212<br />

III.-OBRAS QUE CONVENDRÍA ECHAR<br />

A ANDAR PARA EQUILIBRAR SECCIONES Y PAISES<br />

1) América Vespucci, Cartas: quizás la yanqui que escribió recientemente<br />

una biografía publicada por la Columbia University Press<br />

pudiera servirnos.<br />

2) Fray Antonio de Remesal, Historia de la Provincia de Chiapa y Guatemala:<br />

convendría dar este tomo porque sería el único cronista que<br />

tocara, en parte al menos, a la América Central.<br />

3) Valdivia, Cartas: convendría mucho; habría que pensar en Eyzaguirre<br />

para el prólogo y notas.<br />

4) Joas Antonio Andreoni: Cultura y opulencia del Brasil.<br />

5) Gabriel Soares de Sousa: Tratado descriptivo del Brasil.<br />

6) Juan de Castellanos: Elegía de varones ilustres.<br />

7) Pedro Lozano:, Historia de la Conquista de la Provincia de Paraguay<br />

Río de la Plata y Tucumán.<br />

8) Juan del Valle Caviedes, Poesía y Teatro: el mejor prolonguista sería<br />

sin duda alguna Lohmann, quien ha encontrado en España nuevos<br />

manuscritos. Convendría escribirle enseguida.<br />

9) Juan Bautista Aguirre, Poesías: edición de la Casa de la Cultura.<br />

LITERATURA COLONIAL.-PROSA.<br />

1) Antonio Vieira, Sermones: convendría consultar a algún brasileño<br />

acerca de quién podría hacer la selección, prólogo y notas; subsiste<br />

sin embargo, el problema del traductor.


obras y <strong>apuntes</strong><br />

2) Gaspar de Villarroel, Gobierno eclesiástico; habría que conseguir el<br />

mejor texto completo (la edición de la Casa de la Cultura Ecuatoriana<br />

no lo es).<br />

3) Fray Antonio de la Calancha, Crónica moralizada: ver carta Carmen<br />

Ortiz de Cevallos y consultar también a algún boliviano.<br />

4) Francisco Núñez de Pineda Bascuñan, Cautiverio feliz: texto, prólogo<br />

y notas.<br />

5) Félix de Azara. Descripción e historia del Paraguay del Río de la<br />

Plata: Consultar a Argentina y Paraguay.<br />

6) Espejo. El nuevo Luciano, etc. Texto, prolonguista y anotador.<br />

7) Oviedo y Baños. Historia de la Conquista y población de Venezuela:<br />

ver carta de Picón Salas.<br />

8) Alonso <strong>Henríquez</strong>: consultar a Keninstonu quien tiene copiados los<br />

manuscritos de Nápoles.<br />

9) Ruy Díaz de Guzmán, La Argentina manuscrita.<br />

COLONIAL.- POESIA Y TEATRO.<br />

1) Preguntar cuál de los tres brasileños: Durao, Gama y Gonzaga se<br />

emprende primero.<br />

2) Gregorio de Matos, Poesía: consultar a Astrogildo Pereira cómo<br />

debe procederse a hacer este volumen para selección, prólogo y notas,<br />

desde luego, modernizando el portugués.<br />

3) Martín del Barco Centenera, La Argentina: consultar Buenos Aires.<br />

4) Gabriel René Moreno, Ultimos días coloniales en el Alto Perú: preguntar<br />

a algún venezolano. ¿boliviano?<br />

213


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

5) Rafael María Baralt, Historia de Venezuela: el problema en realidad,<br />

sería, no exactamente el de publicar este libro, sino alguna historia<br />

venezolana del Siglo XIX que sea importante; el Gobierno de ese<br />

país, por ejemplo, ha publicado la de José Gil Fortoul. En todo caso<br />

véanse carta de Mariano Picón Salas y del académico Landasta.<br />

6) Manuel Sanguily, Vida de José de la Luz y Caballero: <strong>Camila</strong> dará<br />

opiniones frescas sobre toda la colaboración cubana.<br />

7) Paul Groussac, Los que pasaban; Liniers: habría que averiguar si<br />

podríamos reimprimir libremente estas obras y buscar prologuista y<br />

anotador.<br />

8) Eduardo Posada, Apostillas a la historia colombiana: la obra muy<br />

voluminosa (10 volúmenes) de José Manuel Restrepo Historia de la<br />

Revolución de la República de Colombia está siendo publicada en la<br />

Biblioteca Popular de Cultura Colombiana, y, en consecuencia, convendría<br />

pensar en otra obra de una importancia tan grande como<br />

ésta.<br />

9) Francisco Mariano Quiñónez, Apuntes para la Historia de Puerto<br />

Rico: esta obra o una de Coll y Toste, o Salvador Brau.<br />

10) Antonio del Monte y Tejada, Historia de Santo Domingo: igual<br />

problema de elección de una obra histórica importante centro-americana,<br />

eligiendo entre los autores desde Alejandro Marure hasta<br />

Agustín Gómez Carrillo.<br />

11) El mismo problema de elección de un historiador brasileño del<br />

Siglo XIX, de Varnhaguen hasta Abreu.<br />

12) Determinación de qué obra uruguaya publicamos: Lamas, Bauzá o<br />

Ramírez.<br />

13) Pedro Moncayo. El Ecuador de 1812 a 1875: parecería ésta la<br />

mejor elección; se ha hecho la sugestión interesante de incluir en la<br />

misma obra la de José Cervallos Salvador intitulado Pedro Moncayo<br />

ante la Historia.<br />

14) Ruy Barbosa, Selección de obras: Escribirle a Astrogildo Pereira<br />

preguntándole el nombre de persona que por cuanta de Ita Maratí<br />

está editando ahora las obras completas de Barbosa; habría que<br />

214


obras y <strong>apuntes</strong><br />

hacer una selección de ellas, por supuesto; en nuestro programa<br />

figura ya un prólogo de esa selección.<br />

15) Felipe Poey, Memorias sobre la Historia natural de Cuba: <strong>Camila</strong><br />

traerá alguna solución a este problema. Carlos de la Torre y Huerta.<br />

16) Enrique José Varona, Tratado de psicología: desde mi Belvedere:<br />

Violetas y ortigas: Con el eslabón: convendría, en primer término,<br />

comprobar que estas son las obras mas representativas del pensamiento<br />

de Varona, y en segundo, encontrar los prolonguistas que,<br />

me sospecho, deben ser personas distintas.<br />

17) Ignacio Ramírez, Artículos; Discursos: Convendría pensar en algún<br />

joven historiador mexicano inteligente que quiera estudiar este<br />

tema.<br />

18) Eugenio María de Hostos, Moral social: Estudios: supongo que<br />

será fácil dar con un prolonguista y anotador para obras tan conocidas.<br />

19) Juan Montalvo, Los siete tratados; Geometría moral: sospecho<br />

que no se encontrará en Ecuador una persona suficientemente capaz<br />

para hacer los prólogos de estas dos obras que, por otra parte,<br />

tienen un valor más que nacional; sé que Roberto Agramonte se<br />

ha ocupado de Montalvo desde hace muchos años, aunque no sé si<br />

sería el mejor candidato para la tarea.<br />

20) Manuel González Prada, Páginas libres; Horas de luchas: acaba<br />

de ser editada en Lima la primera de estas obras en la que se supone<br />

una edición definitiva (contiene correcciones del propio autor;<br />

está prologada por Luis Alberto Sánchez: supongo que, o se elijan<br />

otras cosas de González Prada, o se busque una solución de<br />

autor diferente.<br />

21) José Enrique Rodó, Ariel: Rubén Darío; Motivos de Proteo: Carlos<br />

Sabat Ercasty ha ofrecido hacer el tomo de Rodó para nuestra<br />

Colección Tierra Firme y quizás no fuera un mal candidato: habrá<br />

que escribirla.<br />

22) Domingo Faustino Sarmiento, Facundo; Viajes; tengo la impresión<br />

de que no deberíamos reeditar el Facundo a menos que no<br />

encontráramos un prolonguista absolutamente de primer orden,<br />

pues el texto no tendrá novedad ninguna, sobre todo después de<br />

215


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

216<br />

las varias ediciones, y aun la definitiva, hechas con motivo del centenario<br />

de su publicación.<br />

23) Juan Bautista Alberdi, Bases: una cosa no muy distinta del anterior.<br />

24) Domingo del Monte, Escritos: Tengo noticia de que José Antonio<br />

Fernández de Castro ha estudiado bastante el tema y aun ha<br />

escrito varios artículos; si así fuera, quizás convendría pensar en él.<br />

25) José Carlos Mariategui, Siete ensayos: aun cuando no será una<br />

solución técnicamente correcta, desde el punto de vista editorial<br />

sería un éxito conseguir que Haya de la Torre hiciera el prólogo y<br />

las notas de esta obra; por otra parte, no parece haber entre los<br />

actuales marxistas peruanos una persona bastante inteligente para<br />

hacerlo.<br />

26) Miguel Antonio Caro, Estudios literarios: solución semejante a la<br />

sugerida para el Cuervo.<br />

27) Francisco Bilbao, Sociabilidad Chilena: quizás Ricardo Latchan<br />

fuera un buen candidato, no obstante su conocida informalidad.<br />

28) José Cecilio del Valle, no tengo ninguna sugestión.<br />

29) José Victorino Lastarria, Recuerdos literarios: igual que anterior<br />

30) Alberto Blest Gana, Martín Rivas: Durante la reconquista; Los<br />

trasplantes; El loco estero: si Ricardo Latchan fuera a aceptar a<br />

hacer el tomo previsto en un número anterior, quizás convendría<br />

encomendarle este a Alone.<br />

31) Manuel Guitérez Nájera, Cuentos: tal vez el mejor candidato para<br />

selección, prólogo y notas fuera Julio Torri.<br />

32) Pensador Mexicano, El periquillo Sarmiento: Agustín Yánez tiene<br />

escrito ya un buen prólogo sobre el autor.<br />

33) José del Alencar, El Guaraní: Iracema: convendría consultar a<br />

algún brasileño sobre prologuista y anotador.<br />

34) Vicente Pérez Rosales, Recuerdos del pasado: convendría dar con<br />

algún chileno joven que hiciera el prólogo y notas.<br />

35) Tomás Carrasquilla, Hace tiempo; Fruta de mi tierra: puede<br />

consultarse a Sanín Cano.


obras y <strong>apuntes</strong><br />

36) Juan Leon Mera, Cumandá: y otras novelas cortas, quizás Leopoldo<br />

Benites pueda encargarse de esta obra; escrbe bien y es buen crítico.<br />

37) Fermin Toro: preguntar a Picón Salas.<br />

38) Daniel Mendoza, Artículos de costumbre: lo mismo.<br />

39) Ruben Darío, Cuentos; Libros de viaje: ninguna sugestión.<br />

40) Antonio José Irizarri, El cristiano errante; tal vez Vela, que ha escrito<br />

una Historia de la literatura guatemalteca, sea un buen candidato.<br />

41) Alejandro Magariños Cervantes: ninguna sugestión. Caramurú<br />

42) Eduardo Acevedo Díaz: tampoco.<br />

43) Manuel Antonio Alonso; tampoco (Puerto Rico)<br />

44) Francisco Gregorio Billini, Engracia y Antonita: <strong>Camila</strong> dirá.<br />

45) Antonio Goncalves Díaz, Poesías: Alberto Oliveiro, Poesías: Consultar<br />

a algún brasileño.<br />

46) José Asunción Silva, Poesías: Rafael Maya podría encargarse de la<br />

edición.<br />

47) Guillermo Valencia, Poesías: sería un éxito extraordinario poder<br />

hacer ahora las poesías completas de Guillemo Valencia, si bien no<br />

parece ser un problema fácil, pues al parecer la familia tiene la impresión<br />

de que puede volverse multimillonaria si maneja con habilidad<br />

los derechos, esto sin contar conla perturbación de una ofrecida<br />

edición gubernamental; de todos modos podría escribírsele a<br />

Sanín Cano que algo reciente debe saber sobre el asunto.<br />

48) José María Heredia, Poesías: <strong>Camila</strong> traerá alguna sugestión.<br />

49) Juan Zorrilla, de San Martín; Tabaré: habrá que preguntar a algún<br />

uruguayo.<br />

50) Salvador Díaz Mirón, Poesías: habría que aplazar esta edición,<br />

que existe una bastante reciente en la Colección de Escritores Mexicanos,<br />

prólogo por Antonio Castro Leal.<br />

217


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

51) José Manuel Othón, Poesías: también existe una publicación reciente<br />

de sus obras completas, prólogo por Jesús Zavala, quien se<br />

supone ser un conocedor particular del autor.<br />

52) Manuel Gutiérrez Nájera, Poesías: quizás algún joven como José<br />

Luis Martínez, o Alí Chumacero podría hacerla.<br />

53) Julian del Casal, Poesías. <strong>Camila</strong> traerá alguna sugestión<br />

54) Andrés Bello, Poesías: consultar con Picón Salas.<br />

55) José Santos Chocano, Poesías: quizás alguno de los jóvenes críticos<br />

peruanos podría hacerlo: Xaumar, Tauro, etc.<br />

56) José Batres Montúfar, Poesías: habría que repetir la edición de<br />

Recinos.<br />

57) Poetas criollistas de las Antillas. <strong>Camila</strong> podría organizar el tomo.<br />

58) José Joaquín de Olmedo, Poesías: repetir la edición de la Casa de<br />

la Cultura Ecuatoriana.<br />

El mayor problema que hay, sin embargo, en el plan de la Biblioteca<br />

Americana es el de la Sección de Viajeros que Pedro, por desgracia,<br />

no llegó a proyectar.<br />

218<br />

MANUEL DE JESÚS GALVAN<br />

ENRIQUILLO<br />

Novela histórica sobre la época de la Conquista. Escrita en prosa<br />

castiza. Publicada en Santo Domingo, 1879-1882. Se hizo nueva<br />

edición en Barcelona, y hace poco una en Buenos Aires (Editorial<br />

Americalee); próximamente aparecerá otra edición, de la casa Jackson,<br />

con prólogo de Pedro <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong>.<br />

Para corregir errores que hayan podido deslizarse en las ediciones<br />

recientes, conviene consultar las viejas, de Santo Domingo o de<br />

Barcelona, al corregir las pruebas. Esas ediciones viejas deben de<br />

existir en la Biblioteca Nacional de México.


obras y <strong>apuntes</strong><br />

ESTADO ACTUAL DE LA BIBLIOTECA AMERICANA<br />

(SEPTIEMBRE DE 1947)<br />

Publicadas:<br />

Popol Vuh, traducción, notas y prólogo de Adrián Recinos. (Abril, 1947)<br />

Fernando Colón-Vida del Almirante, traducción, notas y prólogo de<br />

Ramón Iglesia (Abril, 1947)<br />

José Bernardo Couto-Diálogo sobre la historia de la pintura en México,<br />

Prólogo y notas de Manuel Toussaint.<br />

En prensa:<br />

Lucio Victorio Mansilla- Una excursión a los indios ranqueles, prólogo<br />

y notas de Julio Ciillet-Bois.<br />

José J. De Olmedo-Poesías completas, Prólogo y notas de Aurelio<br />

Espinosa Pólit, S.I.<br />

José Toribio Medina, Biografía de Ercilla, prólogo de Ricardo Donoso.<br />

(Donoso debe enviar ilustraciones fotográficas).<br />

Listas para entrar en prensa:<br />

Anales de los Cakchiqueles, traducción, notas y prólogo de Adrián<br />

Recinos.<br />

José Asunción Silva Poesías completas, prólogo de B. Sanín Cano.<br />

J. García Icazbalceta-Bibliografía mexicana, prólogo y notas de Agustín<br />

Millares Carlos.<br />

219


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

D. F.Sarmiento, Campaña en el Ejército Grande, prólogo y notas de<br />

León Benarós.<br />

220<br />

Contratadas:<br />

Caviedes-Poesías, prólogo y notas de Guillermo Lohmann Villena.<br />

(Se ha escrito a Lohmann para que envíe texto de las<br />

poesías completas, debidamente revisado. El prólogo y<br />

la copia de una selección antológica están en nuestro<br />

poder)<br />

H.G.Ward, México 1827, prólogo y traducción de Hugo Díaz Thomé.<br />

El prólogo y el segundo tomo (Texto y traducción) han<br />

sido entregados a Enriqueta López-Lira para ser revisados.<br />

El primer tomo (texto y traducción) está en nuestro<br />

poder).<br />

Gracilaso de la Vega, Inca-La Florida/. Aurelio Miró Quesada ha entregado<br />

el prólogo y las notas. Es necesario conseguir la<br />

edición de Madrid, 1723, para reproducir el texto).<br />

Libros de Chilam Balam, Traducción, prólogo y notas de Alfredo Barrera<br />

Vázquez.<br />

(Prometió entregar para Marzo de 1947. Se le ha escrito<br />

repetidas veces y no ha contestado).<br />

Bernal Díaz del Castillo, Historia verdadera de la Conquista, prólogo<br />

y notas de Ramón Iglesia.<br />

Pedro Cieza de León-Crónica del Perú (completa). Prólogo y notas<br />

de Raul Porras Barrenechea.<br />

Fray Toribio de Banavente, “Motolinía”, Historia de los indios de Nueva<br />

España, prólogo y notas de Robert Barlow.


obras y <strong>apuntes</strong><br />

Sor Juana Inés de la Cruz, <strong>Obras</strong> completas, prólogo y notas de Alfonso<br />

Méndez Plancarte. (No promete entregar antes de<br />

fines de año).<br />

Hernán Cortés, Cartas de relación, prólogo y notas de Eulalia Guzmán.<br />

Francisca Josefa de la Concepción, Vida, prólogo y notas de Carlos<br />

Martín.<br />

(Prometió entregar y enviar el texto cotejado con los originales,<br />

para julio de 1947. Se le ha escrito y no ha<br />

contestado).<br />

Ricardo Palma, Bohemia de mi tiempo y Recuerdos de España, prólogo<br />

de Jorge Puccinelli.<br />

Jorge Isaacs, María. Prólogo de Enrique Amderson Imbert. (Ha escrito<br />

que ya tiene el prólogo terminado)<br />

Andrés Bello, Filosofía del entendimiento, prólogo y notas de José Gaos.<br />

(Se ha entregado a Gaos. copia de la edición de 1881,<br />

Santiago de Chile). Queda copia completa depositada en<br />

el archivo.<br />

Gertrudis Gómez de Avellaneda, Poesías completas, prólogo y notas<br />

de José M. Chacón y calvo. Ha prometido entregar para<br />

diciembre. Es preciso conseguir la edición del Centenario.<br />

No se consigue en la Habana. Lo mejor será pedirla<br />

prestada a la Biblioteca del Congreso de Washington).<br />

Antonio de Solís, Historia de la conquista de México. Prólogo y notas<br />

de Enriqueta López-Lira.<br />

Clorinda Matto de Turner, Aves sin nido, prólogo de Alberto Tauro.<br />

(Prometió entregar a mediados de 1947).<br />

Eugenio M. de Hostos., Escritos literarios, prólogo y notas de Américo<br />

A. Lugo. (Ha prometido entregar antes de finalizar el<br />

año 1947).<br />

221


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

José Carlos Mariátegui, Siete ensayos, prólogo de Jorge Basedre.<br />

Poetas criollistas de las Antillas, selección y notas y prólogo de Max<br />

<strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong>. Entregará para enero de 1948. Cosío<br />

puede comunicarse con él, para mayor exactitud.<br />

Lorenzo de Zavala, Ensayo histórico, prólogo y notas de Luis Chávez<br />

Orozco.<br />

Manuel Ascensio Segura, Teatro completo, prólogo y notas de S. Salazar<br />

Bondy.<br />

(Enviará también el texto).<br />

Justo Sierra, <strong>Obras</strong> históricas, prólogo de Silvio Zavala. (Está en nuestro<br />

poder el prólogo)<br />

Justo Sierra, Discursos y artículos, prólogo de Leopoldo Zoa.<br />

Juan de Solórzano Pereira, Política indiana, prólogo y notas de Xavier<br />

Malagón.<br />

Juan Ruíz de Alarcón, Teatro completo, prólogo de Alfonso Reyes (2)<br />

y notas de Agustín Millares Carlo. (Millares tiene copia<br />

del texto de Rivadeneyra y está cotejando con los originales<br />

proporcionados por Alfonso Reyes).<br />

Joel R. Poinsett, Notas sobre México, prólogo de Arnaiz y Freig. (No<br />

hay noticias)<br />

Manuel Orozco y Berra, Clasificación de las lenguas indígenas de México,<br />

prologo y notas del profesor Norman MacQuown (Ha<br />

quedado en entregar para diciembre de 1947).<br />

Manuel Orozco y Berra, Historia antigua de México, prólogo de Susana<br />

Uribe.<br />

Machado de Assis, Cuentos, traducción de Antonio Gómez Robledo.<br />

(Tenemos la edición de Jackson, de todos los tomos de<br />

cuentos publicados por machado de Assis, y contratada<br />

222


obras y <strong>apuntes</strong><br />

la traducción; pero no tenemos quién haga el prólogo y<br />

la selección. Se ha escrito a Lucía Miguel-Pereira para<br />

pedírselos. No ha contestado).<br />

Jerónimo de Mendieta, Historia eclesiástica indiana, prólogo de Ramón<br />

Iglesia.<br />

Fray Servando Teresa de Mier, Historia de la revolución de Nueva<br />

España, prólogo de Hugo Díaz Thomé. (Dice tenerlo<br />

ya preparado).<br />

José María Luis Mora, Ensayo sobre México y sus revoluciones, prólogo<br />

de Luis Arnaiz y Freg.<br />

Juan Vicente González, Biografía de José Félix Rivas, prólogo de A.<br />

Uslar Pietri (Quiere hacer una selección antológica. Sería<br />

mejor publicar la Biografía completa y acaso las<br />

Mesenianas.)<br />

Bartolomé de las Casas, Historia de las Indias, prólogo y notas de<br />

Lewis Hanke (ha enviado copia fotostática del MS que<br />

posee la Biblioteca del Congreso de Washington. Millares<br />

las está confrontando con la edición de Aguilar).<br />

Joao Antonio Andreoni, “Antonil”, Cultura y opulencia del Brasil, prólogo<br />

de José Honorio Rodríguez.<br />

José M. F. de Arrate, Llave del Nuevo Mundo, prólogo de Julio Le<br />

Riverend.<br />

En trámites:<br />

(Se envió a Le Riverend el texto de 1876, Habana, después<br />

de copiarlo y cotejarlo. La copia está en el archivo).<br />

Cristóbal Colón, Diario y Cartas. (Decidir si se encargará de esta obra<br />

el Capitán Julio Guillén)<br />

223


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

José de Acosta, Historia natural y moral de las Indias (Decidir qué se<br />

hará sobre el prólogo de Edmundo O’Gorman):<br />

José de la Riva Agüero, La historia en el Perú y La literatura en el Perú.<br />

(Ha quedado sin resolver el problema, después de descartar<br />

a Ella Dunbar Temple.)<br />

José Martí, Prosa (selección), (Escribir a Félix Lizaso, que ya se ha<br />

comprometido a hacer la selección y prólogo).<br />

José Martí, Poesías, (comunicarse con Eugenio Florít, que tiene un volumen<br />

preparado, con prólogo y notas, y ha quedado en<br />

enviarlo cuando termine de revisarlo).<br />

Enrique José Varona, <strong>Obras</strong> (comunicarse con Medardo Vitier, que ya<br />

se ha comprometido a hacerse cargo del prólogo de una<br />

obra de Varona, sea la Lógica, la Moral o la Psicología).<br />

Juan León Mera, Cumandá (Se ha escrito a Angel F. Rojas, pero no ha<br />

contestado).<br />

Pedro Lozano, Historia de las revoluciones del Paraguay (Orfila ha<br />

quedado en sugerir un prolonguista).<br />

Alonso <strong>Henríquez</strong> de Guzmán, Libro de la vida y costumbres. (Comunicarse<br />

con Keniston).<br />

Gregorio de Mattos, Poesías. (Comunicarse con Astrogildo Pereira).<br />

Martín del Barco Centenera, La Argentina/ (Julio Caillet-Bois desea<br />

hacerse cargo de esta obra).<br />

José de la Luz y Caballero, <strong>Obras</strong> selectas. (Roberto Agramonte ha<br />

quedado en hacer la selección y prólogo.<br />

Domingo del Monte, <strong>Obras</strong> selectas (José Antonio Fernández de Castro<br />

ha quedado en hacerse cargo de la selección y prólogo).<br />

Juan Montalvo, Escritos literarios. Se ha escrito a Leopoldo Benites.<br />

No ha contestado).<br />

Guillermo Valencia, Poesías. (Comunicarse con Baldomero Sanín Cano).<br />

224


obras y <strong>apuntes</strong><br />

José María Heredia, Poesías. (José María Chacón y Calvo ha prometido<br />

hacerse cargo, después de terminar con la<br />

Avellaneda).<br />

Alejandro de Humboldt, Ensayo sobre la Nueva España. (Se ha comprometido<br />

a Miranda para este trabajo. Debe hablar con<br />

D.C.V. para mayor exactitud).<br />

Jorge Juan y Santacilia y Antonio de Ulloa, Relación histórica del viaje<br />

a la América meridional. (Comunicarse con el<br />

Contralmirante Mac Kinlay, a través e Orfila).<br />

José María Eguren, Poesías (Se ha escrito a José Alvarado Sánchez,<br />

Agregado cultural de la Embajada del Perú en el Canadá).<br />

Francisco José de Caldas, De la influencia del clima. (Sigue pendiente<br />

de Germán Arciniegas).<br />

Andrés Cavo, Historia de México. (E.J. Burrus, S.I., tiene preparada<br />

una edición. Ha enviado su prólogo y algunas páginas para que juzguemos.<br />

Sería conveniente que los revisara una persona especializada,<br />

Zavala, por ejemplo).<br />

Pedro Mártir de Anglería, Décadas (parece que no será posible conseguir<br />

la edición preparada por Millares).<br />

Poesía azteca (Angel Garibay tiene una selección preparada y traducida,<br />

con prólogo y notas. Lo recomiendan Alfonso Caso y el profesor<br />

Barlow. Sería conveniente comunicarse con él).<br />

Juan Ramón Molina, Poesías (Rafael Heliodoro Valle ha convenido en<br />

hacerse cargo de la edición).<br />

Enrique Piñeyro, Biografías americanas. J.A. Portuondo se hará cargo.<br />

225


(SOLAPAS PARA LA VIDA DEL<br />

ALMIRANTE DE HERNANDO COLÓN)<br />

PUBLICADO POR LA COLECCIÓN BIBLIOTECA AMERICANA<br />

DEL FCE DE MÉXICO.<br />

Don Hernando Colón, hijo segundo de Cristóbal Colón,<br />

fue figura representativa del Renacimiento: se distinguió como<br />

jurisconsulto, cosmógrafo, viajero, bibliófilo y hombre de letras,<br />

y contribuyó en gran manera establecer y guardar las tradiciones<br />

de su familia, desde entonces célebre.<br />

En esta obra se nos revela en otra faz de su talento, como<br />

historiador de una vida que parece legendaria, ya que en ella<br />

se juntan a las más grandes hazañas y glorias los mayores<br />

infortunios. El padre es el héroe de esta epopeya; el hijo es<br />

su narrador impar. No es probable que se conservara noticia<br />

de muchos hechos de la vida del Almirante si don Hernando<br />

no los consignara en su libro, con empeño de veracidad: que<br />

“si en esta obra mía –dice- se hallare algún defecto, no será el<br />

227


que padecen la mayor parte de los historiadores, que es la poca<br />

e incierta verdad de lo que escriben”; y aseguran recogido los<br />

datos que aporta “de los escritos y cartas que quedaron del mismo<br />

Almirante, y de lo que yo vi, estando presente”.<br />

Al emprender el Almirante su cuarto viaje, llevó de compañero<br />

a don Hernando, que apenas contaría catorce años. Aquel<br />

viaje bien merece el nombre de odisea. Durante largos días los<br />

navegantes, envueltos en furiosa tempestad, no vieron brillar<br />

“cielo ni estrellas” y por instantes creyeron sepultarse en el mar<br />

con sus navíos. El Almirante, aunque postrado por implacable<br />

enfermedad, gobernaba sagazmente hombres y barcos; don<br />

Hernando se conducía con entereza “como si hubiese navegado<br />

ochenta años”; y como en la antigua historia de Ulises, no sólo<br />

tuvieron, padre e hijo, que arrostrar la ira del océano, sino la<br />

turbulencia de los tripulantes de sus escasas naves. A este viaje,<br />

el más azaroso y contrario, poco tiempo sobrevivió el Almirante.<br />

Más tarde, en su retiro de Sevilla, rodeado de su famosa<br />

biblioteca, don Hernando consagró largos años “al aumento<br />

de las letras” y a glorificar y despejar de inmerecidas sombras<br />

la memoria del Almirante. Hasta qué punto consideró que su<br />

existencia estaba ligada a la de su ilustre padre, nos lo revelan<br />

estas palabras del epitafio que quiso hacer y colocar sobre<br />

su propia tumba:<br />

“Aquí yace don Hernando Colón, hijo de don Cristóbal Colón,<br />

primer Almirante que descubrió las Indias, que… falleció a<br />

doce días del mes de julio de 1539, treinta y cinco años después<br />

del fallecimiento de su padre; ¡Rogad a Dios por ellos!”.


Tan acendrada devoción no puede menos de reflejarse en<br />

la obra. Por cada una de sus páginas cruza, magnífica, la figura<br />

del Almirante, como lo viera su joven hijo: “de más que<br />

mediana estatura”, de blancos cabellos, de modesto y grave<br />

continente, siempre digno y sereno, ¡enemigo de juramento y<br />

blasfemia” capaz de resolver con su genio y paciencia los más<br />

arduos problemas. Y muestra don Hernando herencia de mesura<br />

y discreción, pues ni admiración ni censura en forma violenta,<br />

sino que se sitúa a justa distancia de la exaltación exagerada<br />

del héroe y la exagerada denigración de sus detractores.<br />

En lo que obra tiene de autobiográfico y don Hernando es,<br />

a la par, historiador y personaje, nos tramite la freca impresión<br />

de su encuentro con la realidad desconocida, tan entremezclada<br />

con la fábula que no era fácil determinar sus límites. En el fondo<br />

y estilo conserva el asombro ingenuo, la fe en posibilidades<br />

mágicas; pero despuntan, aquí y allá, las perspicaces dudas que,<br />

en aquel choque sorprendente de la leyenda con el hecho histórico,<br />

va sugiriendo al autor su buen sentido, y rivaliza don<br />

Hernando con el Almirante en la vivacidad y exactitud de observación<br />

y pintura de la nueva naturaleza y gentes, maravilla<br />

verdadera superior a toda fantasía.<br />

Esta obra de importancia esencial fue publicada en italiano<br />

en el siglo XVI y ha tenido pocas ediciones en castellano. La<br />

nueva y depurada traducción en que este volumen ofrecemos se<br />

debe al erudito español Ramón Iglesia, que tan alta reputación<br />

ha alcanzado por sus trabajos en el Centro de Estudios Históricos<br />

de Madrid, sus libros El hombre Colón y otros ensayos y<br />

Cronistas e historiadores de la conquista de México y otros<br />

maduros estudios.<br />

229


De manera sencilla y sobria, fiel a la del autor original, se<br />

conserva en esta versión la genuina belleza de una obra<br />

hermosamente escrita y sentida; obra que, como ha dicho Washington<br />

Irving, es “piedra fundamental de la historia del mundo<br />

americano”.<br />

Esta es una reunión feliz, porque celebra una preciada<br />

realización: La de una vida que alcanza hoy una cumbre, en<br />

serie de realizaciones que ha de continuar su marcha ascendente.<br />

Una vida consagrada al servicio de los seres humanos.<br />

No es frecuente que servicio tal pueda rendirse en tantas y<br />

tantas varias formas a la vez. En Mirta se reúnen la inspiradora<br />

voz de la poetisa, el recto criterio de la ensayista docta y profunda,<br />

la firmeza moral de la luchadora infatigable en las<br />

lides políticas y sociales, y la generosa comprensión y donde<br />

si misma de la maestra que sabe medir el alcance de la obra<br />

educadora. Y aún, si nos atrevemos a entrar en terreno más<br />

íntimo, en su vida privada encontramos la inquebrantable<br />

devoción que ha sabido siempre consagrar, abnegadamente, a<br />

familiares y amigos. Rasgos son estos que definen y erigen<br />

ante nuestra admiración una personalidad ejemplar.<br />

Admiración y cariño mueven a rendirle hoy homenaje. Nosotros,<br />

los que aquí en la Universidad tenemos la fortuna de<br />

ser sus compañeros y sus discípulos, queremos, al ofrecérselos,<br />

expresarle nuestro deseo de que siempre vea premiados<br />

sus altos méritos y esfuerzos y de que siga siendo nuestra<br />

compañera muchos años por venir. Creo que al decir esto,<br />

debo hablar muy señaladamente en nombre de los alumnos.<br />

No me corresponde el mérito de haber sido maestra de Mirta<br />

(muy poco, si algo, he podido ayudar a la formación de quien<br />

nació dotada para formarse a si misma y a otros: pero si he<br />

podido contribuir a la formación de discípulos que lo han sido<br />

míos y lo son de ella. Al brindar hoy por la presente y la futura<br />

dicha de Mirta, quiero dirigir una exhortación a esos discí-


pulos, con las palabras que José E. Rodó puso en boca del viejo<br />

maestro de su parábola: Brindemos por quien me ha vencido,<br />

con Honor, en vosotros.<br />

231


A<br />

ÍNDICE ONOMÁSTICO<br />

Acevedo, Eduardo Díaz 217<br />

Acosta, José de 224<br />

Addington, Henry 193<br />

Agramonte, Roberto 215, 224<br />

Agüero, Riva 208, 224<br />

Aguiar, Enrique 161, 165<br />

Alarcón Ruíz, Juan de 222<br />

Alberto-Torres, Halcisa 211<br />

Alejandro el Grande 123<br />

Alencar, José del 216<br />

Alighieri, Dante 18, 22, 91, 103, 106<br />

Alonso, Manuel Antonio 217<br />

Alvarado, José Sánchez 225<br />

Alvear 198<br />

Amderson, Enrique Imbert 221<br />

Amenofis III 124<br />

Amiama, Manuel A. 161<br />

Ammannati, Bartolomeo 15<br />

Amrú 121<br />

Andara, José Bonifacio de 211<br />

Andranin, Andrea 13<br />

Andreoni, Joao Antonio 223<br />

Anglería, Pedro Mártir de 225<br />

Antequera, José 180<br />

Apuleyo 101<br />

Aquitania, Alienor de 102<br />

Arciniegas, Germán 225<br />

Archambault, Pedro M. 165<br />

233


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

234<br />

Aristóteles 105<br />

Arnaiz y Freg, Luis 210, 223<br />

Arrate y Acosta, José Martín Félix de 223<br />

Assis, Machado de 210, 222<br />

Assurbanipal 122<br />

B<br />

Banavente, Fray Toribio de 220<br />

Bandinelli 15, 20<br />

Baralt, Rafael María 214<br />

Barberini, Juno 30, 31, 140, 141<br />

Barboa, Ruy 214<br />

Barco Centenera, Martín del 224<br />

Barco Centenera, Msrtín 213<br />

Barlow, Robert 220<br />

Barrera Vázquez, Alfredo 220<br />

Bassano 11, 14, 41<br />

Batista Alberti, León 18<br />

Batres Montúfar, José 218<br />

Bautista, Juan Alberdi 216<br />

Bautista, Juan Tupac Amaru 182<br />

Bazil, Osvaldo 161<br />

Becerra, José Carlos 202<br />

Bécquer, Gustavo Adolfo 58, 75, 109<br />

Bellini, Giovanni 7, 12, 13<br />

Bello, Andrés 198, 209, 218, 221<br />

Benarós, León 220<br />

Benassi, Memo 12<br />

Benites, Leopoldo 217, 224<br />

Berbeo, Juan Francisco 181<br />

Bermúdez, Federico 161<br />

Bernardo, José Couto 209, 219


obras y <strong>apuntes</strong><br />

Berni, Antonio 45, 49<br />

Bernini, Gian Lorenzo 26, 30, 31<br />

Berroa, Quiterio Canelo 169<br />

Bidó, Augusto Franco 169<br />

Bigatti, Alfredo 45<br />

Bilbao, Francisco 216<br />

Bilivert, Giovanni 20<br />

Billini, Francisco Gregorio 161<br />

Billini, Miguel 164<br />

Blest, Alberto Cana 216<br />

Bolívar, Simón 173, 182, 196, 198, 200, 201, 202, 203, 209<br />

Boltraffio 7, 9<br />

Bonaparte, Napoleón 190<br />

Bondome, Giotto di 17<br />

Bonifacio 12<br />

Borelli, Lyda 5<br />

Borgognone, Ambrogio 9<br />

Bosch, Juan 161, 165, 168<br />

Boticelli 16, 20, 32<br />

Botta, Carlo 18<br />

Bourget, Paul 109<br />

Brache, Elías 42<br />

Brau, Salvador 214<br />

Brigatti 48<br />

Brissot 189<br />

Brueghel, Giovanni 8<br />

Brunelleschi, Filippo 24<br />

Brunet, Marta 46<br />

Bruno, Giordano 172<br />

Bulter 49<br />

235


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

236<br />

C<br />

Caballero de Florián 108<br />

Cabral, Manuel del 161<br />

Caillet-Bois, Julio 208, 224<br />

Cajigal, Juan Manuel de 186<br />

Caldas, Francisco José de 225<br />

Calderón de la Barca, Pedro 96, 143, 145, 207<br />

Cambises 124, 127<br />

Canova, Antonio 8, 13, 18, 26, 30, 33<br />

Carere 33<br />

Carlos III 180<br />

Carlos, José Mariategui 216<br />

Carlos, José Mariátegui 221<br />

Caro, Miguel Antonio 198, 216<br />

Caro, Rodrigo 79<br />

Carrasquilla, Tomás 216<br />

Carriera, Rosalba 13<br />

Casal, Julián del 218<br />

Casas, Fray Bartolomé de las 205, 223<br />

Caso, Alfonso 225<br />

Cassioli 17<br />

Castillo, Rafael Justino 168<br />

Catalina de Rusia 188<br />

Cataneo, Danese 13<br />

Cavo, Andrés 225<br />

Cervantes Saavedra, Miguel de 52, 59, 76, 105, 106<br />

Cestero, Tulio Manuel 161<br />

Cieza de León, Pedro 220<br />

Ciillet-Bois, Julio 219<br />

Ciro 122, 124, 126<br />

Cittadini 49


Clavijero, Francisco Javier 210<br />

Cleomenes 16<br />

Cochrance, Stuart 185, 195<br />

Colón, Cristóbal 33, 57, 58, 174, 175, 205, 223<br />

Colón, Diego 58<br />

Colón, Fernando 206, 219<br />

Colón, Hernando 227, 228<br />

Colson, Jayme 165<br />

Condorcanqui, José Gabriel 180<br />

Contarini, Giovanne 12<br />

Contín Aviar, Pedro René 161<br />

Corneille, Pierre 184<br />

Corral, Pedro del 107<br />

Cortés, Hernán 55, 100, 206, 221<br />

Cosme I 15<br />

Cruz, Sor Juana Inés de la 220<br />

Cuervo, Rufino José 211<br />

Cueva, Juan de la 76<br />

CH<br />

Chacón y Calvo, José María 225<br />

Champollion, Jean François 5<br />

Chardon 49<br />

Charro, Domínguez, Francisco 161<br />

Chateaubriand, François René de 109<br />

Chávez Orozco, Luis 222<br />

Chumacero, Alí 218<br />

obras y <strong>apuntes</strong><br />

237


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

238<br />

D<br />

Da Vinci, Leonardo 5, 7, 8, 9, 10, 16, 29, 112<br />

Damirón, Rafael 161, 164<br />

Darío, Ruben 217<br />

Darío, Rubén 211, 215<br />

Deligne, Gastón Fernando 161<br />

Deligne, Rafael 161<br />

Descalzi 49<br />

Díaz del Castillo, Bernal 220<br />

Díaz, Gustavo Adolfo 169<br />

Díaz Ordóñez, Virgilio 161<br />

Díaz, Roberto García 68<br />

Díaz, Salvador Mirón 217<br />

Díaz Thomé, Hugo 220, 223<br />

Donatello 14, 15, 17, 18, 21, 24<br />

Donato Montorfano, Giovanni 8<br />

Donnay, M. 7<br />

Donoso, Ricardo 219<br />

dos Passos, John 109<br />

Duguesclin, Bertran 107<br />

Dumas 104, 109<br />

Dumbar, Ella Temple 208<br />

Dumouriez 189<br />

Duque de Rivas 109<br />

Duque Fernando de Génova 5<br />

Durero, Alberto 13<br />

Duse, Eleonora 12


E<br />

Ebers, George 110<br />

Echevarri, Delia 46<br />

Eguren, José María 225<br />

Eliot, George 110<br />

Emerson 100<br />

Enrique Apolinar <strong>Henríquez</strong> 168<br />

Enrique de Trastamara 59<br />

Enrique IV 96, 137<br />

Eratóstenes 112<br />

Espejo, José 185<br />

Espinosa Pólit, Aurelio 219<br />

Esquilo 101, 172<br />

F<br />

Fantacchiotti 18<br />

Farobini, Federico 33<br />

Federico el Grande 150, 188<br />

Federico García Godoy 164<br />

Felipe II 179<br />

Felipe, León 100<br />

Félix, José Rivas 223<br />

Fenelón 108<br />

Fernández de Castro, José Antonio, 224<br />

Ferrero, Guillermo 99<br />

Fiallo, Fabio 167<br />

Fidias 27, 30<br />

Fiesole, Mino de 17<br />

Figari, Pedro 49<br />

Flaubert, Gustavo 109, 110<br />

Florentino, Alejandro 23<br />

Forner, Raquel 45<br />

obras y <strong>apuntes</strong><br />

239


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

240<br />

Foscari 13<br />

France, Anatole 100<br />

Freites Roque, Arturo 164<br />

Frosnio, Fra Bartolomeo de 21<br />

G<br />

Galán, José Antonio 181<br />

Galdames, Héctor 48<br />

Galdames, Manuel 38<br />

Galileo 18<br />

Galván, Manuel de Jesús 162<br />

Gallori 31<br />

Gaos, José 209, 221<br />

García Godoy, Héctor 167<br />

García Icazbalceta, Joaquín 208<br />

García, J. Icazbalceta 219<br />

Garibay, Angel 225<br />

Gatón Arce, Freddy 162<br />

Gautier, Théophile 110<br />

Gaye, Ernesto 68<br />

Ghirlandagio 15, 16, 23<br />

Giorgione 20<br />

Giovane, Palma 12<br />

Giró, Valentín 162<br />

Giuliano 17<br />

Godoy, García, Federico 162<br />

Gómez, Antonio Robledo 222<br />

Gómez de Avellaneda, Gertudris 209<br />

Gómez, Gertrudis de Avellaneda 221<br />

Goncalves, Antonio Díaz 217<br />

Goneu 49<br />

González, Manuel Prada 215


Goya y Lucientes, Francisco de 48<br />

Greco 48<br />

Gregorio, Francisco Baillini 217<br />

Gregorio, Francisco Billini 164<br />

Grimani 13<br />

Groussac, Paul 214<br />

Gual, Manuel 181, 192<br />

Guerin, M. de 109<br />

Guevara, Fray Antonio de 108<br />

Güiraldes, Alberto 49<br />

Guitérez, Manuel Nájera 216<br />

Gustioz, Gonzalo 60<br />

Gutiérrez, Gramajo 49<br />

Gutiérrez Nájera, Manuel 218<br />

Guzmán, Eulalia 221<br />

H<br />

Hanke, Lewis 223<br />

Hateser 124<br />

Heliodoro, Rafael Valle 225<br />

<strong>Henríquez</strong> Carvajal, Federico 162<br />

<strong>Henríquez</strong> Castillo, Luis 166<br />

<strong>Henríquez</strong> de Guzmán, Alonso 224<br />

<strong>Henríquez</strong>, Enrique 162, 168<br />

<strong>Henríquez</strong>, Max <strong>Ureña</strong> 222<br />

<strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong>, <strong>Camila</strong> 162<br />

<strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong>, Max 162, 165<br />

<strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong>, Pedro 162<br />

Heredia, José María 217, 225<br />

Hernández Franco, Tomás 162<br />

Hernández, Gregorio 79<br />

Herrera y Tordecillas, Antonio 210<br />

Hidalgo, Elvira de 9<br />

obras y <strong>apuntes</strong><br />

241


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

242<br />

Homero 101, 106<br />

Honorio, José Rodríguez 223<br />

Hostos, Eugenio María de 215, 221<br />

Hugo, Víctor 109<br />

Humboldt, Alejandro de 225<br />

I<br />

Iglesia, Ramón 219, 220, 223<br />

Incháustegui Cabral, Héctor 162<br />

Irizarri, Antonio José 217<br />

Irurtia, Rogelio 45<br />

Irving, Washington 230<br />

Isaacs, Jorge 208, 221<br />

Isabel la Católica 57, 100<br />

J<br />

Javier, Francisco Pirela 182<br />

Jenofonte 101, 108, 126<br />

Jesús Galván, Manuel de 211<br />

Jiménez, Miguel Angel 162<br />

Jiménez, Ramón Emilio 168<br />

Joaquín, José Olmedo 209<br />

Jordaens, Jacob 8<br />

José II 188<br />

José María de España 181<br />

José Ramón López 168<br />

Josefa, Francisca de la Concepción 221<br />

Juan de Bolonia 15<br />

Juan II 96


K<br />

Kalidasa 101<br />

Kefren 123<br />

Keops 123<br />

Kinlay, Mac 225<br />

Kisling 48<br />

Koncaxo, Pedro 214<br />

L<br />

Lamartine, Alphonse de 188, 189<br />

Landonai 23<br />

Lastarria, José Victorino 216<br />

Latghan, Ricardo 216<br />

Le Riverend, Julio 210, 223<br />

Lebrón Saviñón, Mariano 162<br />

León, Francisco de 180<br />

León Mera, Juan 211, 217, 224<br />

León X 15, 31<br />

Leopardi, Alessandro 13<br />

Lippi, Filippo 16, 23, 24, 29, 31<br />

Lizaso, Félix 224<br />

Locay Polanco, Ramón 166<br />

Lohmann, Guillermo Villena 220<br />

Longhi 13, 14<br />

López, José Ramón 164<br />

López Lira, Enriqueta 210<br />

López, Narciso 191<br />

López-Lira, Enriqueta 220, 221<br />

Lord Byron 109<br />

Lord Chathan 192<br />

Lozano, Pedro 224<br />

obras y <strong>apuntes</strong><br />

243


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

244<br />

Lualdi, Adriano 10<br />

Lugo, Américo 68, 162, 167, 221<br />

Luini, Bernardino 7, 9<br />

Luis, Alvaro 210<br />

Luis Mora, José María 210, 223<br />

Luz y Caballero, José de la 224<br />

M<br />

Magariños Cervantes, Alejandro 217<br />

Magni 7<br />

Mahon, Mac 6<br />

Maiano, Benedetto de 15<br />

Malagón, Xavier 222<br />

Mansilla, Lucio Victorio 208, 219<br />

Manzini, Henry 109, 174, 184, 187<br />

Maratí, Ita 214<br />

Marchesi 8<br />

Marengo, Isabel 44<br />

María de Francia 102<br />

Marrero Aizti, Ramón 165<br />

Marrero Aristy, Ramón 162<br />

Martí, José Julián 172, 209, 224<br />

Martín, Carlos 49, 221<br />

Martínez Estrada, Ezequiel 46<br />

Martínez, José Luis 218<br />

Martínez Montañés, Juan 79<br />

Mason, James 69<br />

Matos, Gregorio de 213, 224<br />

Matto de Turner, Clorinda 210, 221<br />

Maya, Rafael 217


Mecerino 123<br />

Medici, Cosme de 18<br />

Mejía Glas, José Manuel 162<br />

Mejía, Gustavo Adolfo 169<br />

Mendieta, Jerónimo de 223<br />

Mendoza, Angélica 45<br />

Mendoza, Daniel 217<br />

Mengoni 6<br />

Michelangelo 20<br />

Michelet, Jules 189, 203<br />

Michelozzi 17<br />

Mieses Burgos, Franklyn 162<br />

Miguel Angel 15, 16, 17, 18, 21, 22, 30, 32<br />

Miguel Angel Moa 165<br />

Millares, Agustín 208, 219, 222<br />

Mir, Pedro 162<br />

Miranda, Francisco de 70, 171, 172, 186, 210<br />

Miró, Gabriel 50<br />

Miró Quesada, Aurelio 220<br />

Moao, Patué 169<br />

Modigliani, Amedeo 48<br />

Molina, Juan Ramón 225<br />

Mompox, Fernando de 180<br />

Montalvo, Juan 215, 224<br />

Monte, Domingo del 216, 224<br />

Monte, Félix María del 162<br />

Monte y Tejada, Antonio del 214<br />

Monteverde, Domingo 200<br />

Montúfar, Manuel 210<br />

Moreal, Emilio 162<br />

Moreno, Gabriel Rene 213<br />

obras y <strong>apuntes</strong><br />

245


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

246<br />

Morosini, Michele 13<br />

Moscoso Puello, Francisco 162<br />

Moscoso Puello, Francisco E. 165<br />

N<br />

Nabucodonosor 122<br />

Nainta, Abelardo 167<br />

Napoleón 8, 20, 190, 198<br />

Napoleón III 6<br />

Nariño, Antonio 185, 186, 198<br />

Neckp 124<br />

Nolasco, Sócrates 162<br />

O<br />

O´Higgins, Bernardo 198<br />

Oggiono, Marco da 7, 9<br />

O’Gorman, Edmundo 224<br />

Oliveiro, Alberto 217<br />

Olmedo, José Joaquín 219<br />

Olmedo, José Joaquín 218<br />

Orcagna, Jacobo 17<br />

Ordoñez, Pedrito 68<br />

Orozco y Berra, Manuel 208, 211, 222<br />

Ortea, Virginia Elena 168<br />

Otón, José Manuel 218<br />

Otricoli 30<br />

Ovidio 112


P<br />

Padilla, Juan de 180<br />

Palma, Ricardo 208, 221<br />

Passaglia, Augusto 17<br />

Pellegrini, Carlos 49<br />

Pellerano Castro, Arturo B. 162<br />

Penson, César Nicolás 162, 168<br />

Perdomo, Apolinar 163<br />

Perdomo, Josefa Antonia 163<br />

Pereira, Astrogildo 213, 214, 224<br />

Pérez Alfonseca, Ricardo 163<br />

Pérez, Fray Juan 57<br />

Pérez, José Joaquín 163<br />

Pérez, Vicente Rosales 216<br />

Pericles 50, 171<br />

Perozo, César N. 169<br />

Perse, Saint-John 110<br />

Perugino, Pietro 16, 32<br />

Pesaro, Giovanni 13<br />

Petion 188, 189<br />

Petorutti, Emilio 49<br />

Petronio 101<br />

Picón, Mariano 209, 214<br />

Pichardo, Furcy 169<br />

Pichardo, José María 164, 169<br />

Pinzón, Martín 57, 58<br />

Piñeyro, Enrique 225<br />

Pitt, William 191<br />

Platón 101<br />

Plinio 30, 51<br />

Poey, Felipe 209, 215<br />

Poinsett, Joel Roberts 222<br />

Ponte, Jacopo da 9<br />

obras y <strong>apuntes</strong><br />

247


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

248<br />

Popham, Home 194<br />

Porras, Raul Barrenechea 220<br />

Portalatín, Aida Cartagena 163<br />

Portuondo, J.A. 225<br />

Posada, Eduardo 214<br />

Praga, Marco 12<br />

Praxíteles 16<br />

Príncipe Potemkine 188<br />

Prudhomme, Emilio 163<br />

Psamético 124<br />

Puccinelli, Jorge 208, 221<br />

Pueyrredón, Prilidiano 49<br />

Q<br />

Quercieta, Giulio 12<br />

Quinquella 49<br />

Quiñónez, Francisco Mariano 214<br />

R<br />

Racine, Jean Baptiste 184<br />

Rafael 7, 9, 16, 20, 24, 26, 29, 30, 31, 32, 56<br />

Ramírez, Ignacio 215<br />

Ramsés II 124<br />

Raynal 184<br />

Read, Horacio 164<br />

Recinos, Adrián 210, 219<br />

Rembrandt 8<br />

Reni, Guido 16, 24, 29, 30, 32<br />

Requena, Andrés Francisco 163, 165<br />

Restrepo, Félix 211<br />

Rey Darío 124


Reyes, Alfonso 222<br />

Ricart, Leticia 42<br />

Ricci, Stefano 18<br />

Riccio Gianpetrino, Pietro 9<br />

Rimski-Kórsakov, Nikolái Andréievich 44<br />

Robbia, Luca della 17<br />

Robertson, William 177<br />

Rodenbach, Georges 109<br />

Rodin, Auguste 21, 47, 48<br />

Rodó, José Enrique 215<br />

Rodríguez, Abelardo 67<br />

Rodríguez Lobo, Francisco 105<br />

Rodríguez Objío, Manuel 163<br />

Rojas, Angel F. 224<br />

Roldán, Pedro 79<br />

Romanetti 24<br />

Romano, Giulio 26, 32<br />

Rosselli 32<br />

Rossi, Vicenzo 15, 17, 18<br />

Rossini, Gioacchino Antonio 4, 18<br />

Rousseau, Jean-Jacques 145, 184<br />

Rubens, Petrus Paulus 7, 25, 28, 49<br />

Rueda, Lope de 76<br />

Rueda, Manuel 163<br />

Ruggeri, Ruggero 5<br />

S<br />

Sabat Ercasty, Carlos 215<br />

Salaino 7, 9<br />

Salas, Picón 210<br />

Salazar, S. Bondy 222<br />

obras y <strong>apuntes</strong><br />

249


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

250<br />

Samper, Ricardo 197<br />

Sánchez, Florencio 46<br />

Sánchez, Luis Alberto 215<br />

Sánchez Lushino, Ricardo 169<br />

Sanguily, Manuel 214<br />

Sanín Cano, Baldomero 219, 224<br />

Sansovino 13, 17<br />

Santos, José Chocano 218<br />

Sargón I 123<br />

Sargón II 122<br />

Sarmiento, Domingo Faustino 215, 220<br />

Sciuti, Giusseppe 33<br />

Scott, Walter 109<br />

Scout, Walter 108, 109<br />

Schiller, Friedrich von 109<br />

Segura, Manuel Ascensio 222<br />

Selinas, Pedro 211<br />

Senaquerib 122, 124<br />

Sesostris 5, 124<br />

Sesto, Cesare da 7<br />

Seviñón, Altagracia 163<br />

Shikibu, Murasaki no 127<br />

Sibellino, Antonio 45<br />

Sierra, Justo 208, 209, 222<br />

Signorelli, Luca 20<br />

Silva, José Asunción 217, 219<br />

Sócrates 126, 168, 169<br />

Sodini 15<br />

Sófocles 174<br />

Solario, Andrea 7<br />

Solís, Antonio de 210, 221<br />

Solórzano Pereira, Juan de 222<br />

Spencer Fernández, Antonio 161


Spinazzi, Innocenzo 18<br />

Stanwick, Bárbara 69<br />

T<br />

Tacca 24<br />

Tauro, Alberto 221<br />

Teglatfalasar III 122<br />

Teresa de Mier, Fray Servando 223<br />

Thierry, Agustín 99<br />

Ticiano 11, 13, 19, 26, 28, 29, 32<br />

Tiepolo, Giovanni Battista 9, 14, 19<br />

Tintoretto 11, 12, 14, 19, 24, 28<br />

Tito Livio 99<br />

Tiziano 9<br />

Tolentino, Rafael Cesar 167<br />

Toribio Medina, José 210, 219<br />

Toro, Fermin 217<br />

Torre, Carlos de la 209, 215<br />

Tousaint, Manuel 209<br />

Toussaint, Manuel 219<br />

Tresa de Mier, Fray Servando 210<br />

Troncoso de la Concha, Manuel de J. 168<br />

Troyes, Chrestien de 102<br />

Tsin Clu Hoang-ti 125<br />

Tura, Cosimo 13<br />

Turguenev, Iván Serguéievich 107<br />

Tutmés III 124<br />

U<br />

Ugoz, Cassioli 18<br />

Ulloa, Antonio de 225<br />

obras y <strong>apuntes</strong><br />

251


<strong>Camila</strong> <strong>Henríquez</strong> <strong>Ureña</strong><br />

252<br />

<strong>Ureña</strong> de <strong>Henríquez</strong>, Salomé 163<br />

<strong>Ureña</strong> de Mendoza, Nicolás 163<br />

Uribe, Susana 208, 222<br />

Uslar Pietri, Arturo 223<br />

V<br />

Valdés, Juan de 104<br />

Valencia, Guillermo 217, 224<br />

Valencia, Manuel María 163<br />

Valero, Manuel 163<br />

Valle, José Cecilio del 216<br />

Van Dyck, Anthony 8<br />

Varona, Enrique 209, 215, 224<br />

Vasari, Giorgio 15, 18, 19, 24<br />

Vecchio, Palma 12, 26, 28<br />

Vechioli 45, 49<br />

Vega Battle, Julio 169<br />

Vega, Garcilaso de la 60, 107, 220<br />

Vega, Lope de 96, 143<br />

Vejerano, Jorge Luis 210<br />

Vélez de Guevara, Luis 59<br />

Veloz Maggiolo, Mario 165<br />

Veronese, Paolo 11<br />

Vicente, Juan González 223<br />

Vicentino, Andrea 12<br />

Victórica 49<br />

Vigil Díaz, Otilio 163<br />

Vigny, Alfredo de 109<br />

Virgilio 101<br />

Vitier, Medardo 224<br />

Vittorio Emmanuele II 6<br />

Vittorio Emmanuel II 25<br />

Vlamiki 101


Vlaminck, Maurice de 48<br />

Voltaire 184<br />

W<br />

Wagner, Richard 13, 102<br />

Ward, H.G. 220<br />

Wells, Herbert George 122<br />

Wilcken 104<br />

Y<br />

Yánez, Agustín 216<br />

Z<br />

Zapiola, José Matías 198<br />

Zavala, Jesús 218<br />

Zavala, Lorenzo de 222<br />

Zea, Leopoldo 209<br />

Zoa, Leopoldo 222<br />

Zola, Émile 109<br />

Zorrilla, Juan 217<br />

obras y <strong>apuntes</strong><br />

253


ÍNDICE GENERAL<br />

I. DIARIOS DE VIAJES......................................... 1<br />

VIAJE A ITALIA ........................................................ 3<br />

VIAJE A SURAMÉRICA ........................................... 35<br />

VIAJES A CANARIAS ............................................... 51<br />

VIAJES DE LA HABANA A SEVILLA 1953........ 63<br />

FIESTA EN SEVILLA (1953)................................... 75<br />

TEMAS DE HISTORIA Y SOCIEDAD ............ 85<br />

Visión general de la sociedad medieval ..................... 87<br />

Edad Media española .................................................. 95<br />

Concepto de la novela histórica. Sus diferentes<br />

tipos. Su desarrollo histórico. Leyenda e historia. ... 99<br />

Historia de la música ................................................... 129<br />

Publicaciones y escritores dominicanos ..................... 161<br />

Francisco de Miranda, El Precursor .......................... 171<br />

Informe sobre la Biblioteca Americana del FCE..... 205<br />

Solapas para la Vida del Almirante de<br />

Hernando Colón) ......................................................... 227<br />

255

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