Libro conmemorativo - Fundación Abbott

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Libro conmemorativo - Fundación Abbott

Mi madre insiste en que tengo que conocer bien lo que me pasa, pero es un

poco rollo. Parece ser que mi cuerpo no produce suficiente insulina, que es

la encargada de convertir el azúcar en energía, algo así como mi abuela, que

hace unos bizcochos buenísimos. El azúcar se queda en mi sangre, navegando

como un náufrago que sigue flotando en el mar sin llegar nunca a ninguna

isla, sin encontrar una mísera célula que lo recoja y lo convierta en energía.

Por eso, antes me sentía cansada y muerta de sed y tenía que hacer pis todo

el tiempo. Ahora me miden el azúcar por si hace falta corregir algo, cosa que

se les da muy bien a todas las madres.

Otras veces, cuando sale “por abajo” es genial y existe una remota posibilidad

de que pueda merendar galletas normales.

Desde que soy diabética y mi sangre está llena de azúcar, me consuelo pensando

que estoy llena de millones de barras de regaliz rojo que navegan por

mis venas, porque las chuches en mi vida han pasado a ser ejemplares en

peligro de extinción y tengo que comer los dulces especiales para diabéticos,

que en el fondo no están mal, pero no son lo mismo.

Al principio de debutar, que es como se dice cuando descubren que eres diabética

o actriz –según te toque en la vida–, comía chuches a escondidas, pero

el resultado era otro pinchazo más, porque me subía mucho el azúcar, así que

dejé de hacerlo. Mi madre no perdona una y no tiene ningún problema en

convertir mi cuerpo en un colador, a la menor ocasión.

Lo bueno de todo esto es que se me ha quitado el miedo a la sangre y ya no

soy tan tiquismiquis como antes. Ahora me apasionan los insectos, especialmente

los llamados chupasangre, mis colegas. A mi madre no le gusta que me

chupe el dedo después de pincharme, pero yo lo hago sin darme cuenta, por

los instintos de vampira que me están saliendo, y me siento muy identificada

con ellos.

Tengo una estupenda colección de insectos vivos. Ya tengo cerca de veinte,

entre cucarachas, mariquitas, arañas y otros bichos, metidos en una caja de

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