Libro conmemorativo - Fundación Abbott

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Libro conmemorativo - Fundación Abbott

que arropó mi niñez. Solo se trataba de una simple casualidad. Una imagen

que reactivó momentáneamente unas células muertas y deterioradas.

Al pasar por la taberna, empezó de nuevo a tararear la canción y por ello, nervioso

y esperanzado, me decidí a entrar. Ocupamos una mesa en un rincón y

mientras papá miraba embelesado los cientos de trastos y objetos que decoraban

las estanterías, pedí unas tapas y dos cañas que casi derramo cuando,

al sentarme, dijo de repente:

–Tu madre te hacía ropa con una máquina de coser igual que aquella.

Papá estaba hablando. Tras años de silencio y alejamiento hundido en un

pozo de incertidumbre, volvía a comunicarse como si la enfermedad hubiera

sido algo pasajero, un simple resfriado que ya se había curado. Señalaba una

preciosa Wherteim de principios del siglo xx que ocupaba un estante detrás

de la barra. Temeroso de romper el encantamiento no dije nada y escuché sus

palabras confundidas con los fuertes latidos de mi corazón.

–Te sentaba en el regazo y bordaba pétalos de rosa que tú mirabas ensimismado.

La pequeña aguja dibujaba ante ti un jardín de color. Escuchabais canciones

en la radio toda la tarde y tu madre cantaba, hasta que un ratón anidó dentro

del aparato y royó los cables.

Papá cortó la conversación, sin previo aviso y fatigado desapareció en sí mismo,

convertido de nuevo en un autómata sin destino.

Yo no recordaba a mi madre. Murió cuando era muy pequeño y mi padre no

quiso nunca mencionarla. De manera natural la fui olvidando y luego mi padre

enfermó. Cuarenta años después, sin previo aviso y de la manera más

inesperada, me era devuelta como si de un tesoro dejado en depósito se tratase.

Esperanzado en una posible mejoría llamé diariamente a la residencia,

durante toda la semana, esperando una noticia que sabía nunca llegaría. Su

cura, la vuelta a la vida. Pero papá seguía ausente, cómo un árbol centenario

que guarda recuerdos y con nadie los comparte. Esperé la visita del domingo

siguiente con desesperación.

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