ali chumacero - Dirección General de Bibliotecas - Consejo ...

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ALI CHUMACERO

IbEWECPOTiA

kMARCO ANTflTN^ -AMPOS


Luis Antonio de Villena

Los senderos y el bosque

XX años del Premio Loewe

-Antología-

Colección Msor de Poesía


NÚMERO 106

JULIO-AGOSTO · 2008 · $37,00

A DE MÉXICO

PLAZA DE LA CIUDADELA 4, CENTRO HISTÓRICO

DE LA CIUDAD DE MÉXICO,

CP 06040.TELÉFONOS (55) 9172 47 lOY 12

CORREO ELECTRÓNICO:

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CERTIFICADO DE LICITUD DE TÍTULO # 6270

CERTIFICADO DE LICITUD DE CONTENIDO # 4380

CONSEJO NACIONAL PARA

LA CULTURA Y LAS ARTES

PRESIDENTE

SERGIO VELA

DIRECTOR GENERAL DE BIBLIOTECAS

FEDERICO HERNÁNDEZ PACHECO

REVISTA BIBLIOTECA DE MÉXICO

DIRECTOR FUNDADOR:

JAIME GARCÍA TERRÉS f

DIRECTOR: EDUARDO LIZALOE

EDITOR: JOSÉ ANTONIO MONTERO

EDITOR ASOCIADO: MARIO BOJÓRQUEZ

SECRETARIO DE REDACCIÓN:

JOSÉ DE LA COLINA

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ASISTENCIA TÉCNICA Y CORRECCIÓN:

LINA GARAY VAQUERA

RAÚL ZENDEJAS DE LA PEÑA

COMERCIALIZACIÓN Y DISTRIBUCIÓN:

RUYSDAEL NAVA

IMPRESIÓN: EDICIONES CORUNDA S.A. DE C.V

PORTADA: ALÍ CHUMACERO

2· DE FORROS: PORTADA DE LOS SENDEROS Y

EL ROSQUE. DE LUIS ANTONIO DE VILLENA

4· DE FORROS: ALÍ CHUMACERO

LAS FOTOGRAFÍAS DE ALÍ CHUMACERO QUE

ILUSTRAN ESTE NÚMERO FUERON TOMADAS DE

EL MAGO DE LAS LETRAS MEXICANAS. CATÁLOGO

EDITADO POR EL FONDO DE CULTURA

ECONÓMICA.

AGRADECEMOS EL APOYO BRINDADO PARA

ILUSTRAR ESTE NÚMERO AL PERSONAL DEL

FONDO RESERVADO DE LA BIBLIOTECA DE

iá^OCO:^ - .

2 Eduardo Lizalde · 90 años de Alí Chumacero

7 Alí Chumacero · Poemas

π Mario Bojórquez · Entrevista con

Alí Chumacero

16 José Antonio Montero · Tres visiones urbana^

y otro poema

18 Luis Antonio de Villena · 20 años del Premio

Loev\/e. Incesantes caminos de pluralidad

Juan Luis Panero · Galena de fantasmas

Jaime Siles · Semáforos, semáforos

Juan Pablo Zapater · La coleccionista

Bernardo Schiavetta · Fórmulas para Cratilo

Aurelio Asiain · República de viento

iü Vicente Gallego · Santa deriva

3t AlvaroValverde · Una oculta razón

u Felipe Benítez Reyes · Sombras particulares

34 Vicente Valero'Teoría solar ^

35 Luis García Montero · Habitaciones separadas

36 Alejandro Duque Amusco · Donde rompe

la noche

Rafael Courtoisie · Estado sólido

Josefa Parra · Elogio a la mala yerba

César Simón «Templo sin dioses

JenaroTalens «Viaje al fin del invierno

José Eugenio Sánchez « Physical graffiti

José María Alvarez « La lágrima de Ahab

4S Silvina López Medin · La noche de los bueyes

4c Antonio Cabrera · En la estación perpetua

4B Bruno Mesa « El laboratorio

4í Lorenzo Olivan « Puntos de fuga

•i) Vicente Gallego · De recogida

Miguel Ángel Velasco « La miel salvaje

Carlos Marzal « Fuera de

Javier Cano « El idioma de Adán

Guillermo Carnero · Fuente de Médicis

Joaquín Pérez Azaustre · El jersey rojo

Vicente Valero « Días del bosque

Carlos Fonseca Grigsby · Una oscuridad

brillando en la claridad que la claridad no logra

comprender

Marco Antonio Campos « Por la calle de los

anticuarios —


EDUARDO L IZALDE

90 AÑOS DE ALí CHUMACERO

Q ue los poetas nacen -se sabe hace milenios- pero que también, todos, se hacen. Me gusta repetir la idea

de don Miguel de Unamuno sobre el tema (no cito textualmente): hay autores ovíparos y vivíparos; los

ovíparos, como las criaturas de su especie, ponen primero el huevo, lo depositan tiernamente en algún nido,

lo empollan largamente y esperan con paciencia que se rompa feli zmente el cascarón. Los vivíparos no: ellos

poseen como las hembras de todos los mamíferos la potencia engendradora, pero al engendrar, paren de un

golpe a la criatura, sin cuidados previos del huevo o del embrión inexistentes.

Aun los superdotados y los monstruos de la precocidad, que suelen darse más en la matemática, y el

ajedrez o la música, que en la literatura, dan muestras en la infancia y en la adolescencia de luminosos

hallazgos, pero denotan siempre tentaleos, primeros pasos, que anticipan las horas de la final obra madura,

inédita y genial.

AJí Chumacero es miembro de una pasmosa generación de extraordinarios escritores y poetas mexicanos

que nacen todos durante la segunda década del siglo XX (de Octavio Paz, Efraín Huerta, o José Revueltas a

Juan Rulfo o Juan José Arreola, para sólo mencionar a unos cuantos), que es asimismo heredera directa de otra

2

BIBlIOmA O¡ MÉXICO


exista entre los jóvenes ninguna poesía más estricta,

consciente y lúcida, que la de AIí Chumacero", y a

continuación señalaba en esos textos el "labrado

minucioso, un disciplinado sentimiento y un

sentido penetrante de lo que un poema significa,

dotes éstas, tan envidiables como inusitadas."

y muchos años después (en homenaje de 1980 en

la Sala Ponce de este recinto), Octavio Paz decía:

" .. .los poemas de AIí Chumacero son sucesos de

la carne o del espíritu, que ocurren en su tiempo

sin fechas y sin historia ... " y "hay en ellos versos

y líneas que nos suspenden, nos entusiasman, o nos

obligan a recogemos en nosotros mismos, como esa

Pastora de esplendores, o esa Petrificada estrella

frente a la tempestad, o ese tigre incierto en cuyos

ojos un náufrago duerme sobre jades pretéritos o

ese estanque taciturno ... "

Octavio Paz admiró siempre a AIí Chumacero,

y en algún homenaje consumado una década más

tarde, decía en un texto sobre esos "libros breves

y perfectos", que AIí era "el mago de la poesía

mexicana".

Esos libros perfectos, que el poeta escribió en

las dos décadas que van desde la redacción de

los primeros textos, al despuntar los años 40, a

la aparición de sus Palabras en reposo de ! 956,

conforman una lección creativa de conmovedora

belleza y no tendría el autor por qué recibir el

reproche de la supuesta brevedad extrema del

trabajo consumado, porque, como también lo

afirmaba yo mismo en esos homenajes de los 80

y los 90, la obra de AIí no es más breve que la de

Villaurrutia y otros maestros y amigos suyos de

Contemporáneos, ni es más breve, por ejemplo

que la publicada por el admirable peruano Emilio

Adolfo Westphalen y la de otros muchos del siglo

XX.

Por lo pronto, AIí Chumacero continúa, con

todo derecho y dignidad, leyendo en todas

sus comparecencias, los perfectos poemas de

la juventud como si fueran escritos ayer, para

convencemos de que el vivíparo y ovíparo que hoy

celebramos, nació de un golpe como gran poeta y

se encuentra de pie frente a nosotros para seguimos

asombrando con la exactitud, la potencia lírica y la

música originalísima de sus versos.

(Palabras leídas en el homenaje al poeta

en el Palacio de Bellas Artes, por el nonagésimo aniversario

de su nacimiento.)

23 de junio de 2008.

s

81BuomA Of MÉXICO

MENTllIElte

El director de esta revista

tuvo el honor de formar parte

del jurado del premio integrado

en esta ocasión por Carlos

Bousoño (presidente honorario

desde 1988), Víctor García de

la Concha, actual presidente de

la Real Academia de la Lengua,

Francisco Brines, José Manuel

Caballero Bonald, Eduardo

Lizalde, Ana María Moix, Jaime

Siles y Luis Antonio de VIlIena.

Al término de la selección se

incluyen, naturalmente, poemas

de los dos jóvenes triunfadores

de este premio 2007 de la

Fundación, VIcente Valero (por

el premio de la edición XX) y

Carlos Fonseca Grigsby (premio

a la joven creación).

Un breve remate del presente

número es un texto inédito en

prosa del poeta Marco Antonio

Campos.

E.L.


tan íntimos en ella que su apagada imagen somos,

ya olvidado su ardor entre la niebla,

cuando ella se desploma espesa,

tal una ola funesta que rozara

con sus labios la huella de la rosa,

ahí donde los muslos trémulos, anhelantes

sueñan con el azogue más ciervo del espejo

y la huida del agua arrastrando una sombra.

Como vino de túmulo o un sabor precipitado en alas,

te siento diluida entre los labios;

en la playa del cuerpo yergues tu aliento mudo;

sobre mis dedos corres;

creces en mis cabellos, vivos tallos

que en ti murmuran una canción de brisa derrumbada,

y el tiempo se detiene en su carrera,

convertido en el témpano que al agua inmoviliza,

como largo silencio o paloma si n alas,

cuando tal una imperceptible ráfaga,

la más pequeña arena perdida entre las olas,

deslizada en tus venas

dejo la imagen de mi amor, cautiva

dentro, bajo el correr de tu desnudo.

Mas cuando sólo la caricia nos embriaga

te ciñes al cristal, vives la clara vida

de este limpio sonido que en mis oídos yace;

desnuda y silenciosa caes

con lentitud de aroma en la penumbra,

hecha rumor del tacto

bajo la sábana que como lluvia

transformada en rocío desciende sobre el pétalo

y nos erige, diáfanos,

ya para siempre espuma, aliento derrotado,

más rescoldo que cauce o alarido,

más ceniza que humo,

más sombra, más desnudos.

3

¿Desde cuándo, en qué espacio de silencio

miras, maduras, mueres?

¿En qué oído reposa el eco.

la forma de tu voz quebrada bajo el labio?

¿Dónde extraviaste el impalpable vaho

que de pronto rompía los silencios?

¿Bajo cuál aire nace el tacto, esa lenta agua

que en su humedad delata la presencia invisible de la

[llama,

la huella mortecina de tu cuerpo?

Muere el deseo, mas el sueño en tu desnudo vive

invadiendo tu aliento con su niebla,

y es la profunda música oída entre tu rostro

8

818l10Tf(\ DE ',1[\,(0

o aflorando a la piel que te contiene.

Porque tu voz al fin fue derribada

bajo esta florecida calidez de mi aliento,

deslizándose agónica, marchita

bajo el silencio espeso de la almohada.

Lánguida espuma,

muda penumbra convertida en sombra,

espesura tronchada cuando destrozas el cristal y mueres,

y eres el inoído pulso hermano,

el paralelo aroma que se apaga

o la herida que duele sin sentirse,

tal el invierno de una flor antigua

que no cediera forma ni color;

cuando sabes a mar, ya congelada,

a íntimo sepulcro,

a lágrima rodando por el mármol

delatándolo todo con su paso,

y no miro a tus ojos

por temor de encontrarme asesinado.

4

Escucho más allá del lecho tu agonizante aliento,

tan leve como un hielo olvidado en el frío,

opaco más aún que las pupilas náufragas

de quien advierte su descenso

hacia las aguas de la noche

y en la sombra palpita adormecido.

Eres la niña que rompió el espejo

destruyendo la imagen de mi aliento;

mujer desnuda y recostada en nieve,

semejante al retoño,

al corazón que ahonda en la ceniza

buscando vanamente su destrozada sístole.

Más allá del espacio de tu cuerpo,

de la inmovilidad que a tu desnudo oprime,

como un incendio en ruinas

a través de la lluvia contemplado,

tal un abierto cielo sin ángeles ni plumas,

sin ecos que respondan,

estás como la brisa,

tímida alondra de las alas rotas;

clara, inmóvil, desvanecida,

mirando el angustiado movimiento,

el temblor sollozante de mis brazos;

viendo cómo amanezco

inmerso en la humedad nacida de tu piel,

con el tacto apagado

entre el aroma espeso que nos ciñe,

nadando entre el desnudo y el descenso

bajo espumas de fuego,


IMAGENES

DESTERRADAS

por ALÍ CHUMACERO

NUEVA FLORESTA

en la EDITORIAL STYW

MEXICO, 1948


en tanto un sueño grave. un miedo

que se ad hi ere a los cuerpos y a los labios

navega entre mis manos.

5

Ve n a morar en mí. acércate a mi duelo

bajo m is brazos fat igados

y el call ado rumor que nos desciñe:

vuelca tu aliento estremecido.

el dolido perfume de tu cuerpo,

desnud a. sola rosa aérea.

fl or que en la sábana deshiela

mas no se rompe y sí naufraga

en la isla fruta l de nuestro lecho.

Amortaj ado río.

cómo deslizas y en penu mbra duermes

dejando transparente el cuerpo

para después morir en las ti nieblas:

cómo solloza por tu piel el sueño

hasta dejar en ti la roca,

el mar, la brisa, el pétalo de aroma disecado.

Osc ura estás. oscura

mujer tendida sobre el lecho. perdida entre tus olas

mientras descansa, agóni co y destruido,

el aliento lucero que incendiaba los ai res

abriendo entre la noche un gran árbol de lu z.

Ahora tu desnudo yerto está.

amort iguado bajo su agonía,

quieto como la noche y la tri steza de mis labios,

y tus brazos al fin cedidos,

derrumbados bajo mi cuerpo.

me dejan a tu ori lIa, solo

con soledad de pluma y abandono o río subterráneo.

Vivo bajo la piel

y soy la sombra sólida que contra el sueño lucha:

respiro inconsolado reposando

en tus labios los míos temblorosos,

agoni zante entre tus manos

como náufrago o ala sin espacio,

dejando inmóvil mi desnudo

tal un sonido amargo de sílabas deshechas,

y soy un balbuceo,

un aroma caído entre tus piernas rocas:

soy un eco.

RESPONSO DEL PEREGRINO

Yo. pecador. a orill as de tu s ojos

mi ro nacer la tempestad.

Sumiso dardo, voz en la espesura.

incrédulo desciendo al mananti al de grac ia:

en tu solar olvida el corazón

su falso testimoni o, la serpiente

de lu z y aciago fallecer, relámpago vencido

en la límpida zona de laúdes

que a mi maldad despliega tu ternura.

Elegida entre todas las mujeres.

al ángelus te anuncias pastora de esplendores

y la alondra de Heráclito se agosta

cuando a tu piel acerca su denuedo.

Oh, cítara del alma, armó ni ca al pesar.

del luto hermana: aíslas en tu efigie

el vértigo camino de Damasco

y sobre el aire dejas la orla de l perdón.

como si ungida de piedad sintieras

el aura de mi paso desolado.

María te designo, paloma que insinúa

páramos amorosos y esperanzas.

reina de erguidas arpas y de soberbios nardos:

te miro y el silencio atónito presiente

pudor y languidez. la corona de mirto

llevada a la ribera donde mi s pies reposan.

donde te nombro y en la voz fl ameas

como viento imprevi sto que incendi ara

la melodía de tu nombre y fuese,

síl aba a sílaba, eri giendo en olas

el muro de mi salvación.

Hablo y en la palabra permaneces.

No turbo, si te invoco,

el tranquilo fl uir de tu mirada:

bajo la insomne nave torn as el cuerpo emblema

del ser incomparable, la obediencia fugaz

al eco de tu in fa ncia milagrosa,

cuando, juntas las manos sobre el pecho,

limpia de infamia y destrucción

de ti ascendía al mundo la imagen del laure l.

(De Imágenes desterradas) Petrificada estrella, temerosa

10

81BlIOHCA Ol MÉXICO

frente a la virgen tempestad.


II

Aunque a cuchillo caigan nuestros hijos

e impávida del rostro airado baje a ellos

la furia del escarnio: aunque la ¡ra

en signo de expiación señale el fiel de la balanza

y encima de su voz suspenda

el filo de la espada incandescente.

prolonga de tu barro mi linaje

-contrita descendencia secuestrada

en la fúnebre Patmos, isla mía-

mientras mi lengua en su aflicción te nombra

la primogénita del alma.

Ofensa y bienestar serán la compañía

de nuestro persistir sentados a la mesa,

plática y plática en los labios niños.

Mas un día el murmullo cede

al arcángel que todo inmoviliza;

un hálito de sueño llenará las alcobas

y cerca del café la espumeante sábana

dirá con su oleaje: "'Aquí reposa

en paz quien bien moría."

(Bajo la inerme noche, nada

dominará el turbio fragor

de las beatas, como acordes:

"Ruega por él. ruega por él...

En ti mis ojos dejarán su mundo,

a tu llorar confiados:

llamas, ceniza, música y un mar embravecido

al fin recobrarán su aureola,

y con tu mano arrojarás la tierra,

polvo eres triunfal sobre el despojo ciego,

júbilo ni penumbra, mudo frente al amor.

Óleo en los labios, llevarás mi angustia

como a Edipo su báculo filial lo conducía

por la invencible noche:

hermosa cruzarás mi derrotado himno

y no podré invocarte, no podré

ni contemplar el duelo de tu rostro,

purísima y transida, arca, paloma, lápida y laurel.

Regresarás a casa y, si alguien te pregunta,

nada responderás: sólo tus ojos

reflejarán la tempestad.

III

Ruega por mí y mi impía estirpe, ruega

a la hora solemne de la hora

el día de estupor en Josafat.

cuando el juicio de Dios levante su dominio

sobre el gélido valle y lo ilumine

de soledad y mármoles aullantes.

Tiempo de recordar las noches y los días,

la distensión del alma: todo petrificado

en su orfandad, cordero fidelísimo

e inmóvil en su cima, transcurriendo

por un inerte imperio de sollozos,

lejos de vanidad de vanidades.

Acaso entonces alce la nostalgia

horror y olvidos, porque acaso

el reino de la dicha sólo sea

tocar, oír, oler, gustar y ver

el despeño de la esperanza.

Sola, comprenderás mi fe desvanecida,

el pavor de mirar siempneel vacío

y gemirás amarga cuando sientas que eres

cristiana sepultura de mi desolación.

Fiesta de Pascua, en el desierto inmenso

añorarás la tempestad.

Niñetas de José Antonio Montero

II

ÍIBUOTECA DE MÉXICO

pSJiÉDe Palabras en reposo)

T


de entender la poesía (más reali,ta ° más metafísica) simplemente

por e


Vicente Valero

Días del bosque

4 ^

1' R F Μ 1 () I Ν Τ F. R Ν A (' I () Ν A \. I) F 1' () F S I A

FUNDACIÓN FC1F^X'E

Colección Visor de Poesía


Carlos Fonseca Grigsby

Una oscuridad brillando

en la claridad que la claridad

no logra comprender

m

PREMIO INTERNACIONAL DE POESÍA

FUNDACIÓN LO Ε WE

JOVEN CREACIÓN

Colección Visor de Poesía


zás en pintura "el estilo". Cuando un poeta o un creador

(cosa que no suele suceder en la juventud) tiene un modo

o una dicción que le son propios, de modo que al comenzar

a leer, enseguida habremos de decir: esto es de Perenganito

-y a veces a esa especial dicción también ayuda la

constancia o la mirada respecto a ciertos temas- seguro

que estamos ante un rasgo de calidad (de singularidad

seguro) que en este contexto también puede significar

ahora quietud. Si yo he leído otros libros de José María

Álvarez, por ejemplo, o del último Carlos Marzal en otro

tono, no tendré más remedio y de inmediato al leer La

lágrima de Ahab o Fuera de mí, que afirmar que esos

libros sólo pueden ser de esos autores o de un imitador

extrañamente experto. A los incultos les suele sonar a

"tongo" que un jurado advertido reconozca rápidamente

a los autores con voz, sin necesidad de saber que optaban

al premio. Es lo lógico en alguien informado. Lo malo

sería lo contrario, que no lo reconocieran, porque ello

hablaría únicamente de su ignorancia y por tanto de su

incapacidad para ejercer como tales jurados ...

Solemos decir alguna vez Enrique Loewe y yo (recapitulando)

que quizás al Premio Internacional de Poesía

Fundación Loewe se le siguen todavía resistiendo dos

cosas: hay menos mujeres premiadas que lo que desearíamos,

y no está ni mucho menos bien cerrado el lazo con

América, pese al vínculo y a los varios homenajes (uno

en el mismo México a fines de 2002) que hemos emblematizado

en la figura magisterial de Octavio Paz. Para

ambos problemas -reconociendo, pues, que lo son- hay

respuesta. Pese a los muchos años que lleva luchando la

vindicación feminista (al menos un siglo ya) es imposible

no reconocer que, salvo excepciones notables y cada

vez más numerosas, la poesía mejor aún es más masculina

que femenina. No es naturalmente una cuestión de

ser sino de historia. Y recuerdo que eso lo explicaba muy

bien alguien tan poco sospechoso como Rosa Chacel

(Clara Janés, que también fue buena amiga suya no me

dejará mentir). Decía Rosa que el papel hogareño y matriarcal

de la mujer en clara inferioridad de condiciones,

y que aunque mucho se ha mejorado, en modo alguno

se ha llegado a la equiparación. El hombre aún no com-

/ parte el hogar con la mujer en igualdad de condiciones

y además está el tema (no masculino) de la maternidad.

Aunque parezca haberme alejado de la poesía o de la

cultura no lo he hecho. Cada año lo comprobamos. A la

13

BIBLIOTECA D[ MÉXICO

mujer (pese a las muchas notables) le queda aún camino

por andar, y ese camino consiste en acercarse y apropiarse

con plena igualdad de la cultura que ha detentado

el hombre, y el tema no se resuelve imponiendo cuotas,

sino haciendo brillar el valor y la paridad conseguidos.

En eso estamos. Y a ese camino hemos querido contribuir,

aunque sean aún cortos los resultados.

El otro asunto no es menos complejo. A partir de la Segunda

Guerra Mundial la poesía en España y en Hispanoamérica,

en líneas generales, no ha seguido la misma ruta.

Aunque también haya muchas coincidencias. Y de otro

lado los libros de un lado y otro del Atlántico (pese a los

avances tecnológicos) se ven y comunican hoy mal o muy

mal, salvo en nombres consagrados -la mayoría novelistas-

como Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Fernando

Vallejo, Mario Benedetti o (muy recientemente) Blanca

Varela .. . Nos conocemos mal y nos valoramos desigualmente,

exactamente al revés de lo que sucedió durante el

modernismo (digamos en los primeros años del siglo xx)

cuando Amado Nervo, Manuel Machado, Darío, Valle­

Inclán, José Asunción Silva, Unamuno, Lugones o hasta

el más exquisito Herrera y Reissig, circulaban con entera

naturalidad en ambas orillas ... De otro lado (y asumiendo

la fragmentada comunicación y el corto conocimiento)

hoy los españoles perdemos en la liza, incluso en terrenos

académicos. Hispanistas hay que tratan de los sudamericanos

y excluyen a los españoles por europeos, cuando en

literatura el idioma cuenta (debe contar) mucho más que

el mero aspecto geográfico o político ... Creo, en efecto,

que hoy los españoles somos mucho menos conocidos en

América -hablo en general- que los latinoamericanos en

España. Quizá ese nexo, como he dicho, sea otra de las

asignaturas pendientes del Loewe que, más de una vez, ha

pensado (pero no es fácil, hacen falta muchos medios) que

el premio se fallara en Ciudad de México, en Bogotá o en

Buenos Aires ...

Tienes, lector, en las manos la síntesis de 20 años de

poesía, sobre todo, el afán de unir en calidad España e

Hispanoamérica. La tarea dista mucho de haber concluido.

Pero como dijo el gran Rubén Darío (nicaragüense,

tan defensor de lo español): "Lo que el árbol desea decir

y dice el viento, I Y lo que el animal manifiesta en su instinto,

I Cristalizamos en palabra y pensamiento, I Nada

más que maneras expresan lo distinto."

Madrid, Enero de 2008


LA DUSE EN PIAZZA CAVOUR

Festival de Poetas, Roma 85

Robert Creeley habla, inteligentemente, de su poesía y Dario

Bellezza despotrica contra los poetas extranjeros

-los invitados a este curioso festivalmientras

afirma la supremacía de los poetas romanos,

o sea de él mismo -pequeña polémica provinciana-o

Pero allí en el escenario, no está la poesía, no lo estará nunca.

La poesía la traes tú, en esta noche tórrida de final de julio,

sin saber nada de mí, ni siquiera que escribo,

sentada a tus ochenta años, con el pelo cuidadosamente teñido,

tus medallones, tu pequeño gato en una jaula

y tus manos al aire recitando a d'Annunzio,

en la terraza de este bar desierto de la Piazza Cavour.

Sé que esperas, mientras me cuentas hermosas mentiras,

que te pague esta copa, que te regale una liras,

lo que no sabes, no lo sabrás nunca,

es hasta qué punto me has hecho feliz.

"Me decía d'Annunzio", repites, inventas, recitas

y se escuchan sus versos en la plaza en silencio,

mientras el camarero retira ya las mesas.

Fingida Duse de esta noche loca,

mascarones de proa, riéndonos tú y yo,

sin querer me has traído, de verdad, la poesía,

con su mezcla de fábula y sueño, de fantasma y fracaso,

con su oscura verdad que nunca se define.

Fingida Duse, muchas gracias por todo,

brindemos por d'Annunzio esta última copa,

ahora que se pierde en el aire el eco de tu voz

y a través de los árboles llega un poco de brisa.

Que nuestras voces roncas de tantas carcajadas

y tu rostro de magia, de pasión y de farsa,

nos expliquen un poco este absurdo destino,

este extraño conjuro que afirma que aún vivimos.

14

BIIUOTECA DE MÉXICO


9w

ESCRITO EN UN MACHETE

-Malcolm Lowry-

ym Eras tú, apestoso borracho tartamudo,

I mirándome terco, húmedos, enrojecidos ojos,

Su siguiéndome por el mercado de fierro viejo

rus en la nublada mañana de Oaxaca.

, Eras tú, comprando conmigo aquel machete,

: plateada hoja y borrosa inscripción:

"Sólo sirvo a mi dueño", letras roñosas

! y la fría empuñadura que mi mano recuerda.

EBH Eras tú, en la noche del mezcal agotado,

EES -los dos indios cantando y los secos gusanos-

ir**» y en la dulce y dorada llamarada del ron

ftg bajo estrellas temblando como el vaso en tus labios.

Eras tú, quien huyó, tambaleándose,

M con el viejo machete colgado a la cintura,

[ tropezando en las piedras de aquel amanecer,

¡ag borrándote en la luz, fantasma que ahora invoco.

Eras tú, en Cuernavaca, sentado junto al puente,

í¿5 mirando la barranca y el perro desventrado,

Sji la botella en la mano y en la otra el machete,

5*2? aullándole a los cielos insultos y perdones.

Eras tú, tras las ventanas del torreón desierto,

J$W andrajoso habitante en tu cárcel de vidrio, '~¿\^-í

jgcj que de pronto rompías con un golpe meta&Q» vi

sonámbulo monarca de un reino de aW^^. % \ 'Sí'^

Eras tú, a quien no veré más, fST) 'fi *¡S''i^N^y^ i

fy?ff desvanecido espectro de lActí^^^mgp/bfcfé. 4

U£| acuchillado fantasma que dibuj^¿'h^rt«t „7,,, * S ) V ~

entre manchas de vómito y-ba^|^^qpfua^Sf?

afi?-' Eras tú, luminoso esqueletpJdaJ^a^^L^^S

ÜU( perdiéndose en la calle, )\m^^í^^^^^wíbTa,

¡$SS y el filo de un machete esci*^^íl^M'e|^yo

Sg sucias letras de sangre: "Sóld ^\№^lp};^¿HÍ£.

25

BIBLIOTECA DE MÉXICO

mm.

&


B ERNARDO SCHIAVETTA

ESPEJO DEL RELOJ

tácticas dicta tu tictac si ntáctico

a áticos cánticos con tic didáctico

tácticas dicta tu tictac sintáctico

a áticos cánticos con tic didáctico

tácticas dieta tu tictac sintáctico

a áticos cánticos con tic didáctico

tácticas dicta tu tictac sintáctico

a áticos cánticos con tic didáctico

tácticas dicta tu tictac sintáctico

a áticos cánticos con tic didáctico

tácticas dicta tu tictac sintáctico

18

BIBliOTECA OE MÉXICO

SEX TINA CAÓTICA

Del caos saco asco, ocas, caso y cosa,

porque el Caso fortuito es ley del Caos

y porque quedan ocas en el saco:

si anagrama del caos es el asco

en veinticuatro canjes se da el caso

casual que de sus letras salgan ocas.

11

Esta segunda estrofa empieza en ocas

porque quiero lograr la extraña cosa

del hacer una sextina sobre el caso

fortuito y milagroso que del caos

se pueda entresacar en más del asco

las cuatro otras palabras que le saco.

111

Guante vuelto al revés, sale del saco

un palíndromo estricto: saco ocas,

y aunque no haya palíndromo de asco,

etcétera, ¿no es ya curiosa cosa

que el reflejo de un orden muestre el caos

en la casual permutación de un caso?

IV

En la lengua de Adán, pongo por caso,

"caos" y "sóac" (que a la inversa saco)

son los nombres del orden y del caos:

en la lengua de Adán ocas son ocas,

copian su Original palabra y cosa

y asco provoca la palabra asco.


VICENTE GALLEGO

VARIACIÓN SOBRE

UNA METÁFORA BARROCA

Λ Curios Aleixandre

Alguien trajo una rosa

hace ya algunos días, y con ella

trajo también algo de luz.

yo la puse en un vaso y poco a poco

se ha apagado la luz y se apagó la rosa.

Y ahora miro esa flor

igual que la miraron los poetas barrocos,

cifrando una metáfora en su destino breve:

tomé la vida por un vaso

que había que beber

y había que llenar al mismo tiempo,

guardando provisión para días oscuros;

y si ese vaso fue la vida,

fue la rosa mi empeño para el vaso.

he buscado en la sombra de esta tarde

eiíi luz de aquel día, y en el polvo

í^que es ahora la flor, su antiguo aroma,

y en la sombra y el polvo ya no estaba

^, i|ÍB sombra de la mano que la trajo.

ahora veo que la dicha, y que la luz,

todas esas cosas que quisiéramos

V'^onservar en el vaso.

S)n igual que las rosas: han sabido los días

^ traerme algunas, pero

^&,qué quedó de esas rosas en mi vida

inoren el fondo del vaso?

30

«lOTÍCADElilálCO

LA PREGUNTA

A Fernando Sebastiá. Manuela Serrano y Lola Fons *

A medida que vivo ignoro más las cosas;

no sé ni por qué encantan las hembras y las rosas.

RAMÓN LÓPEZ VELARDE

En la noche avanzada y repetida,

mientras vuelvo bebido y solitario

de la fiesta del mundo, con los ojos muy tristes

de belleza fugaz, me hago esa pregunta.

Y también en la noche afortunada, , . ·

... o

cuando el azar dispone un cuerpo hermoso •·.

para adornar mi vida, esa misma pregunta

me inquieta y me seduce como un viejo veneno.

Y a mitad de una farra, cuando el hombre

reflexiona un instante en los lavabos

de cualquier antro infame al que le obligan

los tributos nocturnos y unas piernas de diosa.

Pero también en casa, en las noches sin juerga,

en las noches que observo desde esta ventana,

compartiendo la sombra

con un cuerpo entrañable y repetido,

desde esta ventana, en este mismo cuarto

donde ahora estoy solo y me pregunto ;

durante cuánto tiempo cumpliré mi condena ]

de buscar en los cuerpos y en la noche

todo eso que sé · ' • ',

que no esconden la noche ni los cuerpos.


ENCLAVE

Como quien nada espera,

sentado frente al muro que levanta

dos árboles meciéndose,

mirando en la distancia

la sombra desvaída de la ausencia,

la torpe maquinaria de las horas.

LA SOMBRA DORADA

Abro la verja del jardín sin nadie.

Espera mi llegada el viejo limonero

y al verlo me parece

que no hubiera pasado en parte alguna

todo este largo tiempo,

que siempre hubiera estado

Como quien ve pasar delante -sin moverse- sentado en esta sombra, silencioso,

la película gris de los recuerdos viendo pasar los días

y en nada ya repara o desespera,

sin que se note apenas, olvidándose.

Así, desde la noche, en el origen,

en el turbio presente casi exacto

de una vida pasada inútilmente,

ese ser que yo he sido -sin conciencia

siquiera de saberlo-, la figura

que ahora me contempla -la inocente

apariencia de su rostro-, parece interrogar

ante el espejo

una razón que valga la respuesta

de estar -frente a este tiempo­

aquí esperando.

con la mirada turbia de los que nada esperan,

pero al fin sobreviven.

Con tanta asiduidad he recordado

este mismo lugar

que no es extraño

sentir la vuelta a casa

como un hecho casual, como si ahora

volviera una vez más y simplemente

cerrara una vez más la misma puerta.

La casa es hacia dentro el laberinto

que siempre he perseguido. Permanece

sitiada por los muros

azules de la infancia,

por ecos de una edad sobrevenida.

En la azotea,

el puerto sigue siendo un sueño antiguo

y arriba en las estrellas

leo de nuevo

el rumbo del viaje que comienza.


F ELIPE B ENíTEZ R EYES

LOS ANTEPASADOS

En cafetines de aire espeso, mírelos:

unos tipos sombríos con chambergo,

con chalina y cachimba, haciendo cuentas

del pago de periódicos y trazando proyectos

de libros que se vendan y den fama.

En un principio de siglo cualquiera

deténgase a observar esa estampa curiosa

de unos hombres de letras muy bebidos,

dando tumbos violentos por las calles mojadas

de una noche cualquiera de una ciudad que existe

en los libros que aspiran

al minucioso horror del costumbrismo.

Son calles solitarias las calles que se cruzan

a través de los libros y del tiempo.

Pero ahora que está

en el lugar sin tiempo de una página,

¿ve usted el coche que cruza? Y la luz de ese coche

¿qué lugar ilumina

que no es la realidad, y que igualmente está

al margen de ese mundo de papel

que los libros levantan y derrumban,

conciben y arruinan

en una sola noche, al tiempo que se escribe

una página oscura

que alza y destruye mundos que no existen?

(Alguien huye en un coche que no existe

a través de un camino que no existe,

a través de unos libros. Velozmente.)

Imagínese a tipos con la imaginación defonne,

charlistas de casinos y sablistas de esquina,

perdidos en el ciego laberinto

de una mala metáfora.

II

!1!lIOmA o¡ Mál(O


VICENTE V ALERO

TEORíA SOLAR

IV

Ah . pájaro. Tú sí que sabes ver, a solas.

girar. ser perseguido bajo la lluvia. estar

de otra manera. Mírame. Si te dijera cómo,

i te dijera cuántas mañanas he salido

sólo por encontrarme allí, en el gran árbol

en llamas de la noche .. Porque tú siempre esperas,

cantas a pesar de todo, como bebido,

terco en la lu z. soñado por la estación más pura.

Ah. pájaro. La luna, los almendros, el mar,

la sangre transparente de la tierra, ¿no vemos

las mismas cosas tú y yo, la misma muerte

resucitada en ecos caudalosos y mágicos?

Detrás del muro. solo, donde la fuente vieja.

Estás y no te vemos. Te vemos y no estás.

Cant a. canta. (La noche se abre para nosotros).

¿Cómo salir contigo, de aquí. sin ser notada?

V

(bañista)

Éste que sale a media tarde y solo,

sin nada más que una toalla limpia

bajo el brazo, a la luz

menos comprometida de septiembre,

con cara de haber visto, no sé, algo muy nuestro,

y ganas poderosas de bañarse,

de entrar como si nada en este mar

de oleajes sin fondo,

en este mar que ya ni es cielo ni es azul,

pero busca y alcanza y desaloja

con fuerza todavía;

éste que sale a media tarde y solo,

en fin, con ganas de bañarse y disfrutar

de veras, a la luz

ya casi clandestina de las playas,

para salir después como borracho,

otro y el mismo, limpio,

con los ojos a punto para ver nuevamente,

parece saber algo de nosotros,

algo que ya sabemos,

pero qué.

34

818UOTECA Of MÉXICO

XIV

(compañeros de viaje)

Islas hay muchas, sí, pero ninguna nuestra.

Flotan remos, zapatos, medusas. (Ni siquiera

el mar tuvo su día, ni dónde caerse muerto

aquella noche.) Ah, los ojos del ahogado.

Detrás del muro blanco de Troya, qué esperabas.

Flotan ruedas, ceniza. Y en la isla de Circe,

dormías cuando fuimos transformados en cerdos.

Sin piedad en los versos brillantes del poeta ...

Después de lo que hicimos por ti, enaltecidos,

encaramados, sucios, de un lado para otro.

y encima nos pedías rigores imposibles:

abstenernos de carne de vaca (qué locura.)

Islas hay muchas, sí, pero ninguna nuestra.

(Estás y no te vemos. Te vemos y no estás.)

¿Qué destino era el tuyo éste en el que tuvimos

nosotros que sufrir escarnio, miedo y muerte?

XXI

(visión de noviembre)

Como estamos a punto de perderlos;

(se van rápidamente hacia lo otro),

en la humedad de las fotografías,

ya por los entresijos de los años,

han salido a buscarnos esta noche,

tan tranquilos. Y como no dejamos,

últimamente, de pensar en ellos,

(no queremos perderlos para siempre),

en todo lo que hacían o decían,

han salido a buscarnos esta noche,

risueños como nunca. Se les nota

otro mirar: extraño, diferente.

(Saben alguna cosa más que callan.)

Otro salir a oscuras, verdadero.

No van de primavera porque sí.


UNAS CARTAS DE AMOR

Casi cromos pegados en la noche,

se recortan los árboles

y es el mismo amarillo de un noviembre

que yo no conocí, cuando llegaron,

la misma mansedumbre de la belleza enferma

y silenciosa,

la misma luz. Tan sólo en los portales

han cambiado los números antiguos.

Puedo verlos llegar. Hasta conozco

sus sentimientos de recién casados,

con palabras hermosas

tomando posesión de las habitaciones,

los ecos de familia en los primeros muebles,

la voz de los amigos por la casa,

todo lo que se oculta

en una dirección, nueve palabras

escritas en un sobre,

al sentirse de pronto separados.

Noviembre, tinta gris, cincuenta y siete:

era la fecha de sus primeras cartas.

Paisaje de una guerra colonial,

ausencia y miedo, sueños y un destino

imprevisto en Marruecos,

hace frío también en el norte de África,

palabras encantadas donde el amor se mezcla

con la necesidad,

cuánto tardan los días de permiso,

Sidi ¡fni, diciembre,

la indicación del sastre y el encargo

del uniforme nuevo,

deseos y preguntas sobre papel celeste,

obligaciones, cartas de verdadero amor,

los sueños que más tarde yo buscaba

en el cajón cerrado

de su dormitorio.

Mientras miro la casa recuerdo vuestras cartas:

barrio antiguo, nobleza

entre vulgares edificios sórdidos

poco a poco asumidos,

nostalgias de un amor

que se duerme en costumbre o se despierta en odio

y define el silencio de la noche,

al sabemos la sombra de un deseo,

tan diferentes de nosotros mismos.

35

BIBLIOTECA DE MÉXICO

Han cambiado los números,

estas cartas no hubiesen encontrado destino.

Yo puedo regresar hasta vosotros,

porque se crece siempre en busca del pasado,

vuestra ciudad de aquel otoño

también me pertenece,

y vuestros sentimientos,

que dejasteis escritos a causa de una guerra.

¡Yero cómo se vive

la humillación del tiempo? ¿Qué pensamos

junto al río que pasa sin nosotros,

agua herida en el pozo de los años?

Como cartas escritas bellamente,

las historias comienzan

entre buenas palabras

y un corazón sacado de los libros.

En vosotros aprendo que la vida

tiene menos que ver con los principios

que con la dignidad de los finales.

FIGURA SIN PAISAJE

He vendido mi alma dos veces al diablo,

por monedas de niebla y curso clandestino

en países que nadie se ha atrevido a fundar.

Un realista que vive el mundo de los sueños,

un soñador que quiere vivir la realidad.

Mal destino es el tuyo.

Así te va.


JI

Entre el hacer y el decir

hay un límite. Cada acción

comienza en la palabra

en la palabra acaba. ¿Ves cómo todo

aspira a engendrarse en esa carne iluminada

que es la palabra misma?

Por deseo de ser,

de ser más y alzarse sobre sí,

la materia sufre y renace muchas veces

esperando su llama de Pentecostés.

Más que al acto, todo aspira a ser dicho.

La palabra es el lecho para gozar y herir,

el deseo de la acción resuelta,

¿quién no la siente como tumultuosa música

-roce y daga a la vez- danzar y perdurar sobre el recuerdo,

tras la muda mirada del adiós?

En el fiel remolino

de este circo de átomos impalpables,

vayamos hacia el final del hacer y el decir.

III

Hacer, y no decir. Ese es el negro vientre, Jonás, que nos

fuerza y doblega.

Pero tú has visto desde la musculosa viscosidad

cumplirse el ciego mandato, y una ola arrastrarte,

y la certera meta presentida.

Tú supiste, en la engullida sombra,

sobre la orilla de tu soberbia alzada,

que todo extravío es realmente una búsqueda,

y cada paso de huida una aproximación,

y cada posesión una pérdida.

Jonás es el destino de cualquier hombre.

La muerte, con la diana perforada en su centro.

Llamarte así, y ser nada: un arbusto que vive

y se calcina en repentino milagro

a las puertas de la gran ciudad,

erguido el puño de la cólera -ya echadas fueron las suertes­

que golpea y se abate sobre nuestra ignorancia

y que dice al oído del viento: "Hay más".

37

BIBlIOncA OE MÉXICO

ELEGíA

La pierre passe aussi

par le froid de la morl

R OGER MILLIOT

Un hombre no precisa

de razones

para morir.

El sufrimiento basta.

La verdad

es este cráter,

más pavorosamente

abierto cada vez,

hasta que

todo el ser

es devorado

por la oscuridad.

La piel

graba el tatuaje

del dolor.

Incandescente

noche.


R AFAEL COURTO ISIE

EL AMOR DE LOS LOCOS

Un loco es alguien que está desnudo de la mente. Se ha despojado de sus

ropas invisibles, de esas que hacen que la realidad se vele y se desvíe. Los

locos tienen esa impudicia que deviene fragilidad y, en ocasiones, belleza.

Andan solos, como cualquier desnudo, y con frecuencia también hablan solos

("Quien habla solo espera hablar con Dios un día").

Más difícil que abrigar un cuerpo desnudo es abrigar un pensamiento.

Los locos tienen pensamientos que tiritan, pensamientos óseos, duros como

la piedra en torno a la que dan vueltas, como si se mantuvieran atados a ella

por una cadena de hierro de ideas.

El cerebro de un pájaro no pesa más que algunos gramos, y la parte que

modula el canto es de un tamaño mucho menor que una cabeza de alfiler, un

infinitésimo trocillo de tejido, de materia biológica que, con cierto aburrimiento,

los sabios escrutan al microscopio para descifrar de qué manera, en

tan exiguo retazo, está escrita la partitura.

Pero desde mucho antes, y sin necesidad de microscopio ni de tinciones,

el loco sabe que el canto del pájaro es inmenso y pesado, plomo puro que

taladra huesos, que se mete en el sueño, que desfonda cualquier techo y no

hay cemento ni viga que pueda sostener su hartura, su tamaño posible. Por

eso algunos locos despiertan antes de que amanezca y se tapan los oídos con

su propia voz, con voces que sudan de adentro, de la cabeza.

Los pensamientos del loco son carne viva, carne sin piel. En el desierto

del pensamiento del loco el pájaro es un sol implacable. El canto cae como

una luz y un calor que le picara al loco en la carne misma de la desnudez.

Pero la desnudez del loco es íntima: de tanto exhibirla queda dentro. Es

condición interior, pasa desapercibida a las legiones de cuerdos cuya ánima

está cubierta por completo de tela basta, gruesa, trenzada por hilos de la

costumbre.

El único instrumento posible para el loco, para defender su desnudez,

es el amor. El amor de los locos es una vestimenta transparente. Esos ojos

vidriosos, ese hilo ambarino que orinan por las noches, ese fragor y ese

sentimiento copioso y múltiple que no alteran las benzodiazepinas, que no

disminuye el Valium, permanecen intactos en el loco por arte del amor.

Es un martillo, y una cuchara, y un punzón. Es todo menos un vestido,

no cubre sino que atraviesa, no mitiga sino que exalta. El amor de los locos

tiene una textura, un porte y una sustancia.

La sustancia se parece al vidrio, pero es el vidrio de una botella rota.

18

BllUOTEa DE MÉXICO


I y EL FONDO

Cuando la forma comienza a declinar aparece el fondo. Se

adelgazan las paredes, se afina la membrana, la noche ex­

tensa, sencilla o intrincada de la forma. El fondo se opaca

entonces, comparece.

Hay un instante de atraso, de desfasaje entre la forma y el

fondo y es allí donde se ve su orilla, su materia dispersa, su

líquido sin continente. Espesura, densidad opaca.

Un punto. El punto concentra el fondo, el fondo despojado.

La intemperie como un a precipitac ión en el seno de un

líquido, como un cuerpo extraño. Pero el fondo siempre es­

tu vo en la forma, la pulpa en la fruta, el agua en el vaso,

la carne con sus linfas en el cuerpo. El cuerpo dentro del

mundo. El mundo dentro del cuerpo.

Pues abandonada la forma queda una circularidad, una

huella.

Cuando la forma comienza a declinar, aparece el fondo.

JOS EFA P ARRA

LOS OTROS CUERPOS

SON COMO CAMINOS

Entre el humo caliente de los puestos de feria,

te encuentro desli zándote, delfín incandescente,

en el gesto fugaz de un hombre que no eres,

o en los ojos bellísimos de algún desconocido.

Por apresarte, entonces, no me importa besarte

en otros labios, darme a un cuerpo que te evoca.

Por estrecharte un cerco, oficio extraños ritos

y adoro a extraños seres como tú masculinos.

Pienso que la insistencia por fuerza ha de vencerte,

que una noche serás de verdad tú el que llegue

en medio de los ruidos y los rancios olores.

y, aunque nunca te he visto, vaya reconocerte.

REC U ERDO QUIETO

Sigo viendo la mar anhelante y compacta

cuando cierro los ojos,

y las columnas dorias con su abrazo de yedras

sobre el monte, a la izquierda,

como una foto fija o una antigua vidriera.

Sube a mí la fragancia quieta de las adelfas,

la aguja del salitre,

la primitiva voz del viento en la retama.

Como un fanal de plata

la luna observa el sueño callado de la aldea.

Sigo viendo la isla cuando cierro los ojos.

Todo se ha conservado.

No llegará el invierno a desnudar los árboles

de mi recuerdo. Tienes

aú n el gesto parado de cuando me adoraste.

39

818l10ncA O[ MÉXICO


LAS ÁGUILAS

Durante los veranos

las vi volar, fa miliarmente.

Parecían polluelos que piaran;

eran ág uilas, sin embargo.

Sobre el azul de agosto,

las imaginaba como símbolos,

significado eterno,

majestuoso,

solemne.

"Ya están ahí", pensaba, cuando llegá­

bamos.

Un verano llegamos.

Noté un vacío,

un silencio de muerte.

Águilas de los años

ausentes.

NOCHE DE SAN JUAN

Por el balcón abierto,

entra la noche de San Juan,

y su música de feria.

Al fondo del pasillo,

veo las lumbres -que me observande

Merlín, mi gato.

Del fondo de la carne,

surge también una música.

Es muy oscura,

y suena de otra vida,

aunque nunca ha muerto.

CONOCIMIENTO

Cuando caminas lento,

por el pasillo silencioso,

al comedor, y te acomodas

en el sofá tranqu i lo,

y acaricias sus telas,

y miras vagamente las honduras

del cielo fuera,

y sientes cómo late

tu corazón, que nunca quiso

abandonarte,

y respiras tan lento que lo escuchas;

cuando, como una misteriosa

libélula, contemplas

las líneas de los bordes

de las terrazas de las casas,

sí, cuando las contemplas

y ni afirmas ni niegas;

cuando en la música callada

de tu carne, ya antigua,

suenan voces distantes;

cuando mueves muy lento la cabeza

como animal antiguo,

como animal extraño de la tierra,

del universo, el más extraño,

el único consciente, que no sabe

y que lo sabe todo, que no es nada,

entonces te confiesas:

esto es conocimiento, ningún juicio,

aspirar y espirar discretamente,

mas con los ojos luminosos

y tenebrosos, que contemplan

y saben que contemplan, y que miran

y en la verdad resbalan: apariencias.

41

818l10mA Of M[XlCO

QUÉ VIAJE TAN DISTANTE

Vuelve a tu cuarto si lencioso,

abre la puerta, espera,

qué viaje tan distante,

qué lluvia cuando enciendes

esa luz de bombilla que pende desde el

techo,

qué nevada, qué cántico,

qué noche de los años de la vida,

madre, no estáis aquí,

estáis todos abajo todavía,

junto a la chimenea,

yo rezo a san Pancracio.


J ENARO TALENS

ZOEY

Founderuos wilding weeds endear paradise

LoUls ZUKOFSKY

Los impactos de luz no son el día,

aunque canten la vida que no sé

y haya un sol tan extraño

que aspire a serlo sin palabras, sin

viejos nombres, sin furia, sin misterio,

ese albor de la muerte donde se asienta el mar.

Yo ya no juego con la luz. No quiso

saber de mis raíces, de las sensaciones

que me acunaron, las que observo en ti,

sumida, como estás, en el instante

frágil de una niñez que una vez fue mi reino.

En lo más hondo de su plenitud

hay un candor que inventa mediodías

con el fluir concreto de las horas:

un mundo hecho de cosas que se dan y perduran

transmitiendo su flujo copo a copo.

Mientras, el tiempo (que no se repite)

me circunda. Héme aquí. Ya no podría

abrir mis puertas a tu amanecer,

pero la noche ha sido mi morada,

y aún puedo percibir, sin su desasosiego,

ese aluvión de estrellas y de auroras en flor

que reclaman su cuota de rocío.

Si parco fui, tu sueño se ha vengado

de mi silencio, en esta concha

donde reposa el río que nos lleva.

Dejemos que su claridad disuelva mi costumbre.

No intentaré siquiera comprender.

Un árbol no comprende el viento que lo visita.

FANTASMA CON MONÓCULO

La patria es el lugar donde no estoy,

el arrabal de mi melancolía;

en ella inscribo gestos, la grafía

de los muchos que fui, de quien no soy.

Viajé (perdí lugares) hasta hoy,

de noche en noche, sin buscar el día.

Tú, negro sol de la sabiduría

que iluminas la senda, díme, ¿voy

o vengo? Pasajero de una nave,

no tuve luz, ni rumbo, sí ternura:

creí que un cielo en el infierno cabe.

Me inventé una ciudad. Yo fui Lisboa,

y di nombre a una máscara: Pessoa.

Amé. Pensad en mí sin amargura.

42

BIBLIOTECA DE MÉXI CO


JOSÉ EUGENIO SÁNCHEZ

MICK JAGGER NO CANTARÁ SATI SFACCiÓN A LOS 50

A 111; padre

estabas en los brazos de tu madre

y el país en manos de díaz ordaz

la pantera negra enloqueció wembley

la bola de hechicera en sus botines

el pasto: un a alfombra a palac io: pero no

bobby moore - qué seriedad-

charlton el muchachito burgués que untaba la pelota

con melancolía

& gordon banks dándole vuelta al sentido de la gravedad

(entre las espantosas tomas del vídeo)

alzaron la jules rimet

con el gol fantasma que todos vimos que no entró

la jules rimet se dejó besar por la realeza

sí isabel 11 a la que le dieron un botellazo a su auto

en belfast

y franco: españa llena de polvo y calles gri ses

johnson bombardeando haiphong hanoi

y nueva delhi aprobando la matanza de vacas sagradas

marlon brando filma motín a bordo

y compra por 200.000 dólares

a madame duran la isla tetiaroa en haití

con la promesa (muy hippie de su parte) de no talar

ningún tow

y luego tragedias: los beatles se niegan a dar conciertos

paul mc cartney le borra las pistas a ri ngo y graba otra

batería encima:

yoko ono inicia su maléfico plan para destruir el cuarteto

balbuceabas y la gente habl aba de la muerte de george

duhamel

buster keaton ann a ajmátova andré breton

de la guardia roja en pekín

de fidel castro y la encíclica del paul six

del polipropileno la terlenka el poliubretano expandido

o peter paul & mary

todo mundo andaba ocupado

yo por ejemplo

me dedicaba a comentar cualquier cosa

acerca del culo de brigitte bardol.

43

BIBliOTECA OE MEXICO


J O SÉ M ARíA Á LVAR EZ

ANATRON

- ¿Y tú quién eres?

-La Ocasión poderosa

P OSIDIP O

Raya alg ún destello histórico

allá entre las lobregueces del siglo

EDWA R D GIBBON

Para Evelyne Sinnassamy y Michael

Nerlich

No existían. He aquí un producto

del siglo xx en sus finales. Genuino:

Esta criatura,

aún ni siquiera adolescente,

vestida y maquillada como puta,

exhibiendo (ignoro si sintiendo)

lumbre de furia sensual,

fantástica,

letal.

Esas piernas, ese culo, ese cuerpo

moldeado por la Iycra,

no son ya piernas, culo, cuerpo,

-como no lo es esa mirada

pervertida- capaces

de una devastación

normal. Esos ojos, esa

boca, ese rostro con ese maquillaje,

es otra dimensión de la belleza

y la sensualidad que controlábamos.

Mientras tú aún estás pensando

en Lampedusa, el Rey Arturo, o en el

Ramayana o en

Rimbaud,

o dándole vueltas a la Guerra de los

Treinta Años,

que van al mar I morir,

este Ser de la Noche,

bizarre déité como diría

el disipado Baudelaire, ha descubierto

que ni Gatopardos ni Wallenstein,

ni siquiera el mar I morir. Sino que

todo

es, simplemente, una molestia,

y que toda molestia ha de evitarse.

La televisión, y el colegio,

y en su familia, ha aprendido

que el mundo es suyo.

y ah, cómo retoza,

cómo brilla, fantástica, a las luces

de este bar, qué hermoso es ese rostro

sin destino, excitante, cómo mastica

nuestras entrañas, ese juguillo que le

resbala

por la comisura de los labios ...

Por fin, la quintaesencia

de la sonrisa de la Esfinge,

morfina de la desesperación,

que bailará, llamándonos

más allá de las cenizas, las ruinas, los

despojos,

o qué sé yo, pensando aún que nuestras por fin, la dulce mano

vidas que sostendrá, arrancado del cadáver

son esos ríos, según Manrique, el corazón aún latiendo del Horror.

44

BIBLIOTECA DE MÉXICO


LA INTIMIDAD

Vine hasta aquí para escuchar la voz.

la voz que según dicen nos habla desde dentro

y endul za la verdad si la verdad

merece una degustac ión serena.

o la hace más amarga si es amarga.

con sólo pronunciar la negra hiel

que ha reposado intacta entre sus síl aba, .

Vine hasta aquí para escuchar la voz

que no sabe, ni quiere, ni podría engañarnos.

Elegí este lugar de be lleza imprevista.

(Llegué hasta él casualmente un día de abril

por el que navegaban nubes grandes.

manchas oscuras sobre el suelo, pruebas

acaso necesarias de que la luz habita

entre nosotros: esa transparencia

que olvidamos y que es. al mi smo

ti empo,

difícil y evidente.)

Diré por qué es tan bello este lugar:

forma un valle cerrado entre montes boscosos.

un circo escueto que circundan pe iias

rojizas. donde el viento es un cuervo

delicado aunque fúnebre:

los hombres han arado su parte más profunda.

y allí crece el olivo y unos pocos almendros

y un ciprés y una acacia: las sombras del pinar

EL PERDÓN

Alguien ha muerto.

La tarde extiende al aire

una luz empapada en violeta y en gri s.

Todo es calma. La peñas corrompidas

por el viento y el liquen amarillo

tocan esa luz. dicen algo que es denso y le ve

como la tarde misma.

Cantan los estorninos del otoño:

su silbido también guarda riquezas

minerales, el cuarzo oscurecido.

y aquí, un viento igual y un liquen semejante

han podrido las lápidas entre las que camina

el cortejo. La luz en ellas se hace un sitio.

Seiior, ten piedad; Cristo, ten piedad,

ha dicho el sacerdote, innecesariamente.

Alguien ha muerto.

La tarde extiende al aire

su perdón infinito.

asedian desde entonces las lindes de estos campos.

su yerba luminosa. y el pedregal resiste

como un altar al sol: todo ti ene una pátina

de rea lidad . un ansia, un presti gio remoto.

Porque creí que este silencio era

igual al de un a estancia solitaria,

vine a escuchar la voz que desde dentro

nos habla de nosotros mi smos. Pero

pasa el tiempo y escucho solamente

la prisa del lagarto que se aparta de

y el vue lo siseante de la abeja.

no mi voz interior.

y las palabras vienen

a mí y en mí se dicen ellas solas:

Todo es externo.

la ladera encendida bajo la nI/be exacta ,

el brollce dellenrisco,

I/lIa roca que el liquen acaricia.

Lo íntimo es el mundo. Con su callado oxígeno

sofo ca sin remedio la voz que quiere hablar,

la disuelve. la absorbe.

He ve nido hasta aq uí para escucharme

y todo lo que alienta o es presente

me ha hecho enmudecer para decirse.

47

ilillOmA O¡ M[XICO


B RUNO M ESA

TACTO

Si no creyera en lo que se derrama,

en lo que muere o brota ante mis ojos,

y es por ello vida y nunca sombra;

si no creyera en la materia viva,

en lo palpable, en el áspero roce

de los cuerpos, en lo que mancha, toca

y ensucia, en lo que suda y jadea;

si no creyera en el tacto de la vida

jamás hubiera escrito este poema

que sólo es la caricia de lo que arde,

el pulso visible de tanta nada.

EL LABORATORIO

Sólo buscas las pruebas

que refuten tus sueños,

le ecuación perfecta

que derrumbe esta luz

poblada de mentiras.

Sólo persigues

la vacuna precisa

que te cure del mundo.

Pero cuentas con poco presupuesto.

Nada tienes, excepto

las antiguas palabras

que la vida derrama, equivocada,

sobre tus manos ciegas.

Sólo te quedan

estas prácticas de laboratorio,

estas vagas hipótesis

en que apuestas tu vida.

48

BIBUOmA o¡ M[XlCO

- -

ABU NUWUS

Habla un amigo del poeta

El lento viaje del humo en el aire,

la tensa luz en los garitos del arrabal

donde se esconden navajas

sedientas de sangre adolescente.

El vértigo de un cuerpo bien pagado,

un cielo bruno y una urbe silenciosa,

y estrellas a lo lejos como ojos de nácar,

como anuncios de un destino irrenunciable.

Esclavas lavarán tu cuerpo con su lengua,

y serás el bufón y el rey de los poetas;

cuando mueras nadie llorará sobre tu tumba,

porque fuiste el emperador de todas las tabernas

y el peor jugador y el poeta más libre y el amante

insaciable.

Que en los poemas no haya nada del hombre

es lo que desean tus enemigos.

Que en el hombre haya algo de sus poemas

es lo que yo te deseo.

VARIACiÓN SOBRE UN TEMA DE

EDGAR LEE MASTERS

No me cubráis con concha del río.

Enterradme desnudo y sin rituales

en una noche sin luna de un día cualquiera.

Viví sin asombro, odiando la tierra y el cielo.

Nunca participé en el eterno desfile de la vida.

Fui una sombra que camina sobre la sombra del mundo.


- ::

::;

?-

BANCOS DE ARENA

¿De dónde hemos salido tantos muertos

con este falso aspecto de turistas?

Un reluciente sol.

con un brillo de plástico,

incongruente en medio del invierno implacable,

se ha sumado a la farsa

y prodiga una luz que no calienta.

Todos nos contemplamos

con asombro. ¿Qué diablos ha podido

hacer que los variados cursos de nuestras vidas

confluyan hoy aquí, en un remoto,

perdido, frío y gris embarcadero?

Mientras llega la hora

de partir, ocultamos la creciente

extrañeza, exhibiendo

cierto interés -que es falsopor

las tiendas fantasmas de la orilla

llenas de baratijas: regalos para muertos,

que confirman que todo es espectral

en tan yerto escenario.

Por fin, un hombre, casi sin rostro, extiende

la pasarela y, mecánicamente, vamos subiendo al barco,

que ha de llevarnos río

abajo, hasta su desembocadura.

Una voz oficiante explica en alto

las maravillas -que nadie contemplade

tan desoladora travesía

entre lodos y barros.

Corriente arriba, sí, alguien exclama,

mirad, allá a lo lejos, pasa un pájaro.

El motor agoniza

lo mismo que las aguas. Las riberas

muestran s610 hierbajos, pajas, juncos.

A la vuelta del último meandro,

de pronto, el mar,

de frente.

y esa voz, que nos habla del peligro

de que queden varadas nuestras vidas

en sus bancos de arena.

49

BIBLIOTECA DE MÉXICO


DE RECOGIDA

A Josepe, Vidal, Merenciano, Migue y Tifo

Llama fría del alba, te conozco:

tú vienes a ofrecemos el destilado amargo,

la comunión marchita, la quirúrgica luz

con que el cielo ilumina nuestra herida más honda.

Llama

fría

del alba,

despedazado cráneo del ingrato deseo:

¿quién se atreve a mirarte tras la noche de magia?

Los amigos se han ido.

Conducimos ya solos.

¿ y adónde nos conduce

la alegría gastada, el oscuro consuelo

de haber sido felice s en la noche?

Satisfacción del mundo,

generosa limosna de una hora,

no hay engaño en tu don insuficiente

aunque quiera negarlo la luz rota del día.

Hemos sido felices en la noche.

Los amigos se han ido, conducimos ya solos.

Buscando algún refugio, regresamos a casa.

y esta destartalada y alta bóveda

en la que el sol incendia

eternamente el aire es nuestra casa.

51

BIBlIOncA O[ MExICO


ESCUCHANDO LA MÚSICA SACRA DE VIVALDI

Ί-'-\'VÍ~Í~"K Γ'Ί'

A Carlos Marzal y Felipe Benítez

; \. •'· Como agua benditjt,-;- — ;»-;-;-j-I

como santo rocío tras la noche de fiebre "

lava el alma esta música con su perdón sincero, ^ t

ente arquitectura que en el aire vertebra

\ la ilusión de otra vida /

salvada ya para gozar la gloria

de un magnánimo dios. ' /' /i

De lo terrestre naces, \

del metal y la cuerda, de la mader^nβ%^k ^

de la humana garganta ·, Ν

estremecida afirma la hora suya en el muntíe;!

^ sin e/ntargo vuelas, gratitud hecha OJúsÍ£f.^í

]¿JLI j. • ^.¡,' ;i. «vanescente espíritu ^"^¿Juí..!', t

^νΛ.ϊ^ ^kí-lmfeeá el viento construyes tu perdurábteireinoi'J;_!j''_'1^ l"-^

vO^LJ—i Si algún eco de ti sonata en nuestra mu^ér.-i''--- - f-''*-'*>s.

En mitad de la muerte suenas hoy, /-/ tr\

cadencioso milagro, pura ofrenda de-fe ^ / y

en honor de ese dios que no escucha tu rueéo

o que escucha escondido, tras su silencio oscuro,

la demanda de luz con que el hombre lo abruma,

1 no existe un dios,

TT¿q5Ilií1nspífa^^'tu canto tan cumplídó'cóñlu^i

l^l^y^^j^extraña melodía de blasfema belleza

,-i i %--(,> , i (^?TfU^lós hombres sugieres su condición divi

iTi^lTí-iTr^iTi'JTi-j 1 \~i. pawqu4 59rdo9Ído

I í l-i Μ -1' Γ -Cuando sea ya él ílueistro desmemoria en elpolvé-i» i j j'jj^l^^l^iil;;}^

LÍ^riy::^^enil}i|¡>dde la muerte, orguUosa plegaria emqaga^da^^ J-j^if,^ U^TJ^

celebras esa frágil plenimd

de no sé qué verano o qué huérfana espuma

feliz

de aquella ola

que en la mañana fuimos?

52

ÍIIIIOTECA Oí MÉXICO

\

1 * 1 "


LA ROSA SECRETA

El cáncer es una fiesta de las células

Hay una oscura rosa acurrucada

allá en tu propio fondo, en lo más tuyo,

profundo y extranjero.

No sabes su color, pero es tu sangre.

Arraiga en el ramal de tus entrañas.

La abonas con tu amor y con tu miedo.

Se cuaja en ese lecho de tus sueños más firmes

y entre la grava de tus pesadillas.

La riegas con tus lágrimas

no vertidas a tiempo.

Estaba en ti esa rosa desde siempre,

inscrita su semilla antes del vértigo

del ovario y del rayo.

Desde el caudal abierto fue a parar

a tu breve corriente;

la transportó tu savia, y se hizo carne.

Allí, sin prisa, espera; hace memoria

de su lejano clima;

desarrolla su órbita precisa,

el milenario anillo repetido;

extiende las raíces, excavando

su soterraño cielo.

Se anuda en tierno hilo a ese pespunte

de las estrellas hondas,

aguardando el instante

de pulsar una música extremada:

esa apretada munición que impulse

el mortero del tiempo, dispersando

la alta metralla de la noche en fuga.

Será entonces

cuando la inusitada rosa alumbre,

con naturalidad, la artificiera

carga de su paciencia y lance, airosa,

en sed de firmamento sus bengalas

de fiebre, hacia el exceso renovado

de una fiesta remota.

Se encumbrará la púrpura

de tu jardín recóndito

al son de una violenta primavera.

Abrirá un cauce por tu cuerpo, en pos

de su cuenca escogida.

y al llegar a la bóveda del ojo,

con la presión de un pétalo encendido,

levantará su párpado esa rosa

hambrienta de luz. Y estarás ciego.

53

BIBlIOmA o¡ MÉXICO


RESINA

Desde la herida vieja

de este pi no sangrado se derrama

el melodioso acíbar de su tuétano:

En las Navas del Marqués.

A Isabel Escudero

la lágrima encendida.

Entró el tiempo a degüello en esa brecha,

con su zarpa de sol, con el colmillo

sucesivo de inviernos y sequías,

con guadaña de escarcha.

y dejó para siempre

vi brando en ese riel de su angostura

un crujido de hielo. Cae lento

como un óleo de luz desde el costado

del leño secular

el sudor limpio. Cae

apretada de soles esa gota

ofrecida en la pulpa.

y bajo la lanzada

del mediodía es bálsamo que unge

la llaga del mirar menesteroso.

54

BIBliOTECA DE MÉXICO

LAS GARZAS

La vi al cruzar el puente, en un rasguño

de la noche cerrada; trascunían

en formación precisa,

un sereno triángulo

como flecha segura que apuntara

al corazón del sol adivinado

más allá de la niebla,

tatuaje rojo inscrito en el calor

del territorio propio entre las alas.

Batían en la fe de un solo pulso

el plomo de los cielos, sacudiéndose

Para Angelika

las bajas nubes tardas.

Volaban de memoria aquellos pájaros,

fantasmas de pureza con la mirada baja

en la línea de acero de una ancha tierra santa.

Quedé como imantado

en toda mi estatura a la alta aguja

de su navegación, mientras seguía

con los ojos errantes el vector de su rumbo.

Al cabo, la bandada

fue mullendo su esquema en una mecha

de bruma, hasta perderse

en la tinta del cielo.

las garzas? Sólo sé

¿A dónde irían

que algo de mí partió

como saeta fiel aquella noche

desde el arco del puente;

algo de mí se fue y boga dichoso

hacia algún sur de luz en la flecha del vuelo.


CARLOS M ARZAL

FUERA DE Mí

Sobre esta levedad, convaleciente,

sobre esta frágil osamenta hennana,

consigno mi relato

y voy que tiemblo.

Este pender de un hilo, más me enhebra,

más zarpo, en mí, sin mí, con la maroma

que ata mi cuerpo a tierra y me da el rumbo.

Salud por mi salud,

el promontorio

que doblo, a la deriva, sin ayuda,

con sólo este fanal

de carne en que titilo.

La ventisca me mece, y voy que fluyo.

El vendaval me acuna, y voy que nazco.

Salud por mi salud,

ya no hay quien vuelva.

Desde esta flojedad quiero más finne.

Más me complazco, y más yo me disfruto,

cuando me libro, en mí, de lo superfluo.

Con párvulo dolor beso mis párpados

y me atempero de liviana fiebre.

Estas décimas simples son la hoguera

con cuyo fuego, en círculo, me abrigo,

y observo, a ojos atónitos,

el éter constelado,

y aúllo hacia la luna,

y silabeo,

y danzo,

y soy mi tribu.

55

BIBLIOTECA DE MÉXICO


HECHO DE NADA

Hecho de nada.

De fábrica fugaz y came en vilo,

barro que siente euforia de ser barro.

Eco de nada.

Música de un metal que nos conmueve,

cuando dobla de luto en su alegría.

Rezo de nada.

Salve que canta a coro este vacío,

bajo la ciudadela impávida del cielo.

Techo de nada.

Bóveda fantasmal de estar con vida,

que cubre allá en su cúspide este mundo.

Lecho de nada.

Ara donde inmolar la duermevela

de nuestro loco idilio con el tiempo.

Leño de nada.

Amorosos carbones en que pudre

el recóndito bosque de ser hombre.

Cero de nada. |

Número en arrebato que ni ordena ^|

ni cifra en su defecto nuestra fiebre. .'j

Fuego de nada.

Antorcha inextinguible del espíritu

con que incendiar en ansias nuestra noche.

Verso de nada. ÜiC" JB^—^^'

Pájaro de canción tan en su vuelo, ^ ^ ^ ^ js|

que no piensa entender jamás de nidoj^

Lleno de nada voy.

Beso de nada os doy.

Hecho de nada estoy.

Hecho de nada.

S6

IIILIOTEa DE MÉXICO

FELICES LOS FELICES

Felices los felices,

los más fuertes,

los timoneles de su mar propicio,

los de la risa madre de lo propio,

los ilesos del poso de la vida,

los ilusos del paso de los sueños.

Ya estaban en su orilla y nos llamaban,

los desde siempre en pos,

los más alerta,

los embebidos del primer aroma,

los del cristal de aumento sobre nada,

los de la lupa en paz del sol desnudo.

Nos honran con su luz los atrevidos,

los de la desmesura,

los radiantes de ser nos enaltecen.

Los trágicos alegres en su cáliz.

Dichosos los dichosos en su dicha,

los del humor febril del universo,

los simples partidarios, los devotos,

los de la pura rí^ón voluptuosa.

Los dilapidadores nos redimen,

los héroes terrestres, los sin culpa,

los de ya no caber en sí de gozo,

los en su misma esencia,

los posesos.

Y felices nosotros,

sus discípulos.

Por lamemos en miel la llaga viva,

por extasiados en el tiempo amigo,

por aprendices de este amor demente.


a olvidar el milagro

que sólo ell a concede:

-No me atrevo

que en tinta negra brillen

los signos del amor

radiante, o que el radiante

amor que se desliza

hasta el fondo del agua azul turquesa

en la luz vertical brille y se apague

trazando un signo negro. Mira el páramo,

al que cualquiera impone su sonido:

los ecos lo recorren y lo manchan.

Hablar sobre el vacío signifi ca

más que el vacío de no hablar,

y yo quiero el castigo

de quien cambió su vida

por un sueño de libros y museos.

Hace tiempo buscaba estos jardines

abandonados para percibir

mi identidad creciente en su vacío

de árboles grises y de estatuas yertas.

Su soledad me daba fortaleza,

y al verte entre los brazos

de tu pastor, un dejo de arrogancia

cubría de desdén mi penitencia.

Hoy sólo veo en ellos abandono,

sin vida ni esperanza,

ni más aspiración que ser escrito.

Llévame de la mano

a las aguas tranquilas.

-Todas serán tranquilas para ti

ya que vas de la mano que no sientes.

JOAQuíN PÉREZ A Z AUSTRE

BREVE HISTORIA DEL GIN-TONIC

En el siglo diecinueve

todo el que tenía un pasado que ocultar

solía buscar su puerto.

El principal enemigo de esos navegantes era el escorbuto.

y en esto es cuando nace el combinado:

se ve nce el escorbuto en el limón,

y viene así el ungüento en ese ali ño

con una vitamina que apuntala.

Se vence el escorbuto en la quinina,

en esas manos blancas de la tónica.

Su llegada a España es tardía:

fue el hijo de Pedro Salinas, Jaime,

quien lo trajo de ultramar.

Encontró en Barcelona

camaradas para el rito,

y así mudé el coñac por el gin-tonic,

entre otras cosas,

porque el régimen era frec uentado

por otros escorbutos bien notables;

Gabriel Fen'ater, Costafreda,

Jaime Gi l de Biedma, Carlos Barral,

Manu Portal y otros tantos.

alentados por Salinas,

se pasaron del brandy a la gi nebra.

Ninguna escuela enérgica y crucial

para aprender a vivir

como la escuela que in vita

a aprende a beber.

No se puede explicar una literatura

sin explicar, también,

la forma de alternar lo que se escribe:

lo real con lo imposible,

que casi siempre es posible.

En el rito del gin-tonic

miramos un espejo de burbujas pagadas.

La distancia no es olvido

y tampoco es ausencia:

depende de lo largo de este sorbo.

59

BIBlIOmA OE M[XICO


V ICENTE V ALERO

DíAS DEL BOSQUE

Como palabras son las hojas de esta higuera.

Como palabras dichas en voz baja.

El mirlo las convoca y las pronuncia con su negra lengua

del amanecer. Creo en vosotras todavía.

Creo en el aire amarillo de este invierno y en las hojas

sin luz que ahora resbalan, desnudas, se deslizan, como

palabras últimas del mundo:

mensajeras oscuras de una más honda y perfecta claridad.

II

Un día, en el bosque secreto de las palabras, cierto ciervo

que vi, que se veía, me dijo, allá donde no había caminos

ni senderos, sino solamente la hierba alta y el ramaje

esparcido, que a los desesperados el río de la noche los

alumbra, pero sólo si bañan sin miedo su dolor.

IV

Para el zorzal el limonero es sólo un rayo más del sol,

aunque siempre el más cálido y el más duradero:

el único que alumbra por la noche.

V

Lazos sagrados como raíces, redes invisibles.

La escritura de la primavera . vierte su tinta de color una

vez más sobre el lecho oscuro, enfebrecido, del animal

solitario.

Nunca lo salva, pero le dice con qué ropa partir.

VI

Sueña que ha sido una gota de lluvia, un padre para los

ruiseñores.

61

BIBLIOTECA OE M!xICO


Sueña que ha sido también una lámpara en la noche, un

hogar para los desterrados, una sombra para los caminantes

del mediodía.

Ahora que va a ser derribado, sueña que ha sido un árbol

el árbol.

vn

El caminante ahuyenta, caminando, a sus demonios.

Estos son siempre sedentarios.

vrn

El pensamiento más profundo de un cazador es su disparo.

Con él penetra a solas, siempre, en el silencio de las largas

distancias, en la humedad salobre del amanecer.

Con él penetra en el corazón oscuro de las tórtolas.

IX

Palabras que hemos visto sumergirse, a solas, muchas

noches, en las aguas oscuras de este río.

Cierto ciervo que vi bebía entonces, lavaba sus heridas

invisibles.

Un nuevo idioma renacía a oscuras, temblaba como animal

nocturno, ardía hasta el amanecer.

62

BIBLIOTECA DE MÉXICO

CARLOS FO N SECA G RIGSBY

UNA OSCURIDAD BRILLANDO

EN LA CLARIDAD QUE LA CLARIDAD

NO LOGRA COMPRENDER

(sonido de gotas cayendo en un balde)

Porque en mis manos nació una sombra que canta. Porque

en un triste coro de insectos se refugia mi boca y mis

palabras deambulan en un suspiro. Porque a mi pecho lo

azotan los recuerdos ajenos y en el declive de esta tarde

una metáfora me ofreció una flor de cuatro pétalos, esta

voz barroca y hueca es necesaria. Pero ya se levantará mi

alma de un cenicero. Porque mi Tristeza, que tiene vida

propia, ha sido feliz. Y en cualquier momento todas las

lágrimas del mundo se transformarán en seres vivos.

Yo estoy encerrado en una melancópolis, rodeado de

animales del ocio. Para pasar mis tardes, aguardo, pienso,

y le designo a algunas partes de mi cuerpo metáforas:

mis manos pájaros que emigran hacia la nada todos los

inviernos, mi pecho el basurero donde van las cosas más

bellas del mundo, mi mirada un horizonte sin curvatura.

Mi alma esa noche infinita, ese día fugaz, ese momento

entre la noche y el día donde mis ojos tienen alas de

mariposas.

Yo soy un pezcador que no atrapa nada; es la metafísica

de los peces que nadan en una pecera con agua de

clepsidras.

(Enero 2006)

Cómo asesinarte dolor sino con dolor. Te ofrezco un

puñado de ojos parpadeantes que vuelan como colibríes;

unas letras acendradas como una estrella sin fulgor; esa

oscura región de la luna que sólo yo conozco; flores

raras, extravagantes, que sólo se encuentran en el interior

de las mujeres.

De este dolor, quedará su poesía.

Poesía que lucha contra la poesía de otro dolor

que se acerca.


MARCO ANTONIO CAMPOS

POR LA CALLE DE LOS ANTICUARIOS

P or la calle de los anticuarios casi a diario oigo mi nombre

en el vidrio de las vitrinas y casi a diario me saludo para no

olvidar los objetos que no quise ni quiero comprar: espejos

y relojes garigoleados como los de la casa del abuelo pater­

no, pupitres niños iguales a los de la escuela de mi niñez,

libros de miedo a deshojarse sin página por escribir, gran­

des santos que nadie reza porque nadie recuerda el libro de

oraciones. Me miro detrás de las vitrinas como un objeto

antiguo y en el reflejo de las ventanas se miran los casta­

ños en el mes de mayo, como si el otoño no fuera a llegar

nunca. Creo oír cerca, muy cerca,

las aguas del Escalda que regresan

y van, regresan y van ...

Madre tenía alma de anticuaria y

era hábil para que la casa pareciera

una copia europea del siglo XIX. A

su amiga Senta Kram, de oficio anticuaria,

le compró alguna vez una

linterna mágica con fin de proyectar

mis imágenes en la sala de la casa

y demostrar a las visitas que yo era

el parásito de la familia y que hice

trizas mi juventud leyendo novelas

y libros de poesía.

No es fácil para mí llevar en la espalda

proyectos que nunca empecé o

que se trizaron más tarde. A la verdad

uno se queda sin espalda de quebrársela tanto. No sé dónde

siquiera quedaron los proyectos: si en los objetos de madera

o de hierro o de cristal de las tiendas de los anticuarios o en

los muebles antiguos de mi casa. No sabría decir, de veras,

dónde quedó la película que creí que filmaría y que verían y

oirían ustedes de la manera que les digo: la música de Mozart

y de Schumann, imágenes con aires de tristura azul y gris

del gran cine italiano, la palabra dispar del par del diálogo,

pero no el silencio en el que terminó todo. Tampoco podría

detallar mi peregrinación a Yemen y a Abisinia para poderme

explicar qué diablos pasó por la cabeza de Rimbaud con el

64

BIBliOTECA DE MEXICO

fin de agenciarse dinero y conducir caravanas para que

pájaros de cuenta se lo llevaran al baile. Menos sabría

decir en qué ángulo de qué gaveta dejé el cuaderno de

la saga de la conquista y los siglos de la colonia, y en

cambio perdí innumerables horas corrigiendo manus­

critos que me hacían desesperar, desleyendo libros para

no perder amistades, reescribiendo artículos y notas

que me sabían en la garganta como ajo y nuez podri­

da, o dictando conferencias para completar el bolsillo.

Camino por la calle de los anticuarios, y al ver los ob­

jetos, pienso que tal vez madre

anheló viajar y conocer Euro­

pa. Ya no podrá venir, ni quién

podrá traerla, pero Europa, de

haberla conocido a tiempo, le

habría hecho entender muchas

cosas que nunca comprendió.

Quizá no vino o no quiso venir

por enfermedades de columna

e hígado, o por miedo a lo vie­

jo y extraño, o por no gastar lo

que le parecía malgastar. Ha­

blaba con la gente de mis via­

jes (negaba al escritor), creyó

que debía morar mi propia casa

(yo que casa no tuve ni tendré)

y que el dinero del pez grande

se come el dinero del pez chico (a mí que en amarillo

pálido me provoca bilis quien sólo piensa en dinero).

Enfermos los dos terriblemente, ella rezaba para que la

muerte le apostara a ella.

Por la calle de los anticuarios paro en el café Helder,

se me pega al cuerpo el humo de todos los que fuman,

me tomo amargo el lado amargo del café ajeno, de

un trago trago la cerveza que me escupo, y salgo a la

calle, recalo en una tienda de anticuarios y toco a la

puerta para que me abran de nuevo.

Y madre lo contempla y se echa a llorar.


vivir Mejor

Radio Educación:

donde se piensa la radio

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RADIO EDUCACIÓN

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música continua

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DE MÉXICO

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En colaboración con el Minislerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación de España (MAEC)

y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID)

4AE

NUM. 52 JUNIO 2008

ntrevistas

ÉlS'rgo Glantz .

arlos Prieto

duardo Ruiz Smk

GOBIERNO

FEDERAL

,|,-|, <

Carlos Monsiváís

Sobre Juan Gelman

Adolfo Castañón

Sobre Carlos Monsiváis

Federico Reyes Herejes és

, ^Políticas súbre la lectura

Fernando Fernández

Sobre Gerardo Deniz

Agustín Monsreal

Sobre Emmanuel Carballo

Guadalupe Loaeza

Agustín Lara en París

^na García Bergua

Ciftoto

'l^^is Vicente cjeAgulnaga

' Poema '

Timothy Compton

El teatro de Lomnitz

Vicente Leñero

Souvenirs de Garibay

. Ignacio Solares

'Sobre Hernán Lara

^epojtaje gráfico

Jor^e-Tamés y B^ta


Vivir Mejor

Β BIBLIOTECA

DE MÉXICO

A SOLAS

Cierro los ojos al jazmín y al nardo;

en densa oscuridad, ciego, dormido,

nada perturba el duelo que me abrasa,

en vano lamentarse del olvido.

Flor alada, el aroma de la noche

que a esta soledad tranquilo llega,

transforma el viento en grave lentitud,

en aire suave que a mi cuerpo anega.

Escucho sólo el duro palpitar,

el latir impetuoso del oído,

ante el voraz saberme sobre el lecho

un desplome del tiempo, un gemido.

v.cnca.gob.mx

Alí Chumacero

(De Imágenes desterradas)

GOBIERNO

FEDERAL

Consejo Nacional

para la

Cultura y las Artes

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