Ana Galbis - Jarabe para el Alma

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Ana Galbis - Jarabe para el Alma

DESTRONAR A LA PENA

-¿Quién la ha invitado?- preguntó la Curiosidad.

Nadie respondió. El Silencio sonreía para sus adentros mientras la Pena recorría cada rincón de la fies-

ta con la cabeza bien alta como una presuntuosa reina. La Alegría la vio pasar cerca de ella y se refugió

en un jarrón, la Sonrisa salió por la ventana que estaba abierta, la Risa huyó por la puerta. Sólo queda-

ron la Curiosidad, la Tristeza, la Añoranza, el Dolor y la Pena.

La Curiosidad que no podía mantener la boca cerrada ni dos segundos volvió a preguntar, esta vez

directamente a la Pena.

-¿Si nadie te ha invitado por qué has venido?-

La Pena la miró con indiferencia. Siempre estaba demasiado cansada para hablar, ensimismada en su

sentimiento y sin ganas de hacer nada.

-¿Por qué no me respondes?- volvió a increpar la Curiosidad.

La Pena cansada de tanta pregunta reunió las pocas fuerzas que tenía para responder.

-Esta fiesta es para conmemorar un duelo. Yo soy la Pena y siempre soy la invitada de honor, sin mí

esta reunión no podría celebrarse, soy indispensable. Y aquí estaré por mucho tiempo. La fiesta acaba-

rá, poco a poco os iréis todos a vuestros hogares pero yo me quedaré aquí, presidiendo la nueva vida

del dueño de esta casa. Seré la reina.-

La Crueldad que acababa de entrar por la puerta y había oído el discurso de la Pena se alegró de sus

palabras. La Tristeza se puso más triste. La Añoranza apenas escuchaba, en su mente sólo había lugar

para otros tiempos que fueron mejores. El Dolor sintió un pinchazo agudo en su interior y replicó:

-Creo que estás equivocada, yo soy el Dolor, yo soy quién es imprescindible en esta fiesta y quien va a

ocupar el corazón del dueño por mucho tiempo.-

La Pena notó la vanidad del Dolor y añadió:

-¿Eso es lo que crees? Pues vamos a comprobarlo.-

Los dos se cernieron sobre el corazón del dueño que estaba en duelo. Forcejearon durante horas para

ver quién llegaba primero, pero al llegar al corazón se dieron cuenta de que no podían entrar pues

estaba ya ocupado y no cabía nadie más. El corazón estaba rebosante de AMOR, FÉ y ESPERANZA. La

Pena y el Dolor se dieron por vencidos.

Es todo el AMOR que sentimos por el ser querido, la FE porque está en otro lugar rebosante de paz y

felicidad, la ESPERANZA porque algún día nos volveremos a reunir en ese lugar.

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