Ana Galbis - Jarabe para el Alma

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Ana Galbis - Jarabe para el Alma

puede tener muchas ganas de vivir, pero la enfermedad le vence. A veces no se puede evitar el desti-

no, pero hay que morir en el intento porque tal vez consigamos airosos la victoria.

En este caso tenemos que ganar la batalla. El jarabe para el alma nos va a ayudar a vencer la tristeza y

a ver las cosas más allá de nuestra realidad, pero tienen que poner mucho de su parte porque el secre-

to para la curación, casi total, lo tienen ustedes mismos.

EL PERRO Y LA TRAMPA

A José le gustaba mucho pasear por el bosque. Le relajaba ver la frondosidad de los árboles, tan altos

que parecía que podían tocar el cielo. Le gustaba sentir la brisa de la mañana en su rostro, los prime-

ros rayos de sol que se colaban risueños, entre las ramas. Siempre salía a pasear acompañado de su

perro, un viejo pastor alemán que en otros tiempos había correteado a su alrededor hasta hacerle

perder la paciencia. Pero los años habían pasado para él y para su perro. Ahora sus pasos eran lentos e

iban acompañados de una respiración más profunda.

Aquel día estaba nublado. José pisaba lentamente las hojas secas que cubrían el camino, su perro iba

unos pasos por detrás de él. De repente escuchó un estruendo y los aullidos del animal. José se vol-

vió y vio que el perro había desaparecido. Oyó sus gemidos cada vez más débiles y acudió al lugar de

donde salían. El pastor alemán había caído en una profunda fosa, una trampa para osos. Vio cómo el

animal desfallecía y sintió una enorme impotencia por no poder ayudarlo. Cuando el perro dejó de

emitir sonido, José volvió al pueblo. Llamó a unos vecinos, cogieron unas palas y se dirigieron al lugar

con la intención de cubrir de tierra la fosa y dar sepultura al animal.

Al llegar al bosque escucharon un breve susurro, el perro lloraba porque sabía lo que iban a hacer. José

pensó que el pastor alemán estaba ya muy mayor y lo dio por perdido. Los cuatro vecinos comenzaron

a echar tierra en el agujero. El perro dejó de aullar. Pero algo sorprendente ocurrió. Con cada palada

de tierra el animal se sacudía y daba un paso hacia arriba. De repente vieron como el perro llegó hasta

la parte más alta de la fosa, dio un salto y salió al camino.

El perro dio toda una lección a su amo. Supo sobreponerse a la adversidad. A nosotros la vida también

nos echa tierra, pero el truco para salir adelante es sacudirse esa tierra y dar un paso hacia arriba.

Aunque pensemos que nuestro problema o nuestra tristeza no desparecerá nunca, sí que lo hará, si

nosotros ponemos empeño en que así sea. Hay que superar los obstáculos y subir un peldaño más, así

saldremos de las fosas más profundas.

A partir de ahora vamos a centrarnos en trabajar esa fuerza interior.

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