Ana Galbis - Jarabe para el Alma

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Ana Galbis - Jarabe para el Alma

OCHO BASTONES, por Miquel Asensi

Mi padre entra en mi casa. Lo hace silenciosamente, como desde hace dos años. Su presencia durante

toda la vida ha sido constante, pero ahora más emotiva aún. Durante su recorrido, se detiene con-

templando a mi madre, Teresa. Ella siempre ha mirado la vida de frente. No recuerdo ningún día en el

que no haya sacado algo positivo de sus vivencias, que como las de casi todos, mezclan días de gloria

y jornadas de insatisfacción. Teresa tiene claros sus pilares básicos, pero siempre existe la posibilidad

que pase lo que nadie desea.

La vida de mi madre cambió hace 10 años. Padece una enfermedad que se agudiza en su espalda. Para

combatirla, siempre va acompañada de dos bastones. Son su apoyo físico, claro está, pero casi nunca

son suficientes. Miquel, mi padre, se sienta junto a ella; conversan sin intercambiar palabras. Hace tan-

tos años que se conocen que el silencio es poderoso. Él es su auténtico bastón, su pilar, y ahora más

que nunca.

Pasada una hora, entran en casa Toni, Ángel y Miquel. Son sus tres hijos. Los tres superan la treintena

y también son sus bastones. Saludan a su padre mirando una fotografía. Aseguran que es una tarde es-

pecial, diferente a las demás. Descubren una dimensión llena de sensaciones, pueden interpretar más

allá de lo que nuestro sentido de la vista es capaz de dirigirnos. Teresa sigue con prolongados dolores

de espalda, pero esta tarde parece que todo tiene cura.

Mi padre hace dos años que no utiliza llave cuando nos visita. Se comunica con nosotros sin palabras.

Nos puede ver pero para nosotros es una misión imposible. Un domingo por la tarde, un derrame

cerebral decidió que ya era suficiente. No cabía ninguna posibilidad de esta tragedia. Rebosaba salud y

su fuerza vital espantaba cualquier posibilidad de un final con una pérdida; pero el destino no entien-

de ni de pasiones, ni de réplicas ni tampoco, de la posibilidad de dejar a una mujer de 62 años viuda y

con dolores graves de espalda.

Para Teresa, su marido y sus tres hijos suman cuatro bastones. Más los dos en los que se apoya física-

mente son seis. Hay que sumar el bastón de su yerna, Belén. Pero falta uno, que ya tiene nombre: Ma-

ría. Será su primera nieta, fruto de la comprensión de su hijo Ángel con su mujer, Belén. Para Teresa es

todo un reto y un nuevo bastón que llegará en noviembre.

Y mientras gira hojas del calendario, mi madre repite una y otra vez: “no dejes para mañana lo que

puedas amar hoy”.

(Dedicado a mi familia y a Ana Galbis, por tus conversaciones y amabilidad)

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