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HITOS DEL BOLERO DOMINICANO:<br />
UNA VISIÓN APASIONADA<br />
PEDRO DELGADO MALAGÓN
Luis Alberti con<br />
acordeón piano.<br />
PROEMIO<br />
Hablar del bolero es trasladar el recuerdo a los días antiguos de mi mocedad.<br />
Las voces lejanas de Lucho Gatica, Alfredo Sadel, José Antonio Méndez,<br />
Daniel Riolobos y Antonio Prieto son rumores que todavía palpitan en<br />
la memoria remota. La música ha sido parte entrañable de mi vida y conocer<br />
el bolero fue, en aquellos años, un descubrimiento capital. En los inefables<br />
años 50 me acerqué a los músicos y cantantes dominicanos. Intimé, así,<br />
con las canciones de Salvador Sturla, de Manuel Sánchez Acosta, de Juan<br />
Lockward, de Moisés Zouain, de Bullumba Landestoy. Escuché a Lope Balaguer,<br />
a Gerónimo Pellerano, a Guarionex Aquino, a Arístides Incháustegui,<br />
a Armando Recio. Llegué, muy escaso de edad, a esa fiesta perpetua que se<br />
difundía a través de la emisora de radio y televisión La Voz Dominicana.<br />
En esos días descubrí la noche y me sorprendió que una guitarra pudiese<br />
despejar las oscuridades del sueño. Entonces, de repente, comprendí la<br />
serenata. Poco a poco, de esta suerte, fui entrando en la totalidad de un<br />
universo lleno de palabras y acordes que me revelaban la vida, que explicaban<br />
unos ardores que mi adolescencia aún no anticipaba.<br />
Hube de esperar a los abrasadores años 60 para conocer los boleros de<br />
Actuación de Lope<br />
Balaguer junto con<br />
Marco Antonio Muñiz<br />
en México acompañados<br />
del pianista Mario Ruiz<br />
Armengol, arreglista<br />
mexicano.
HITOS DEL BOLERO DOMINICANO. UNA VISION APASIONADA<br />
214<br />
Manuel Troncoso, de Rafael Solano, de Nelson Lugo. Era, sin duda, una música<br />
nueva, de melodía palpitante, con un montaje armónico de gran aliento,<br />
de poesía crecida y preñada de tropos. Me emocionaban esas canciones que<br />
levantaban el vuelo en las voces de Luchy Vicioso, Ivette Pereyra, Fernando<br />
Casado, Horacio Pichardo, Niní Cáffaro, Julio César Defilló. Esa nueva poética<br />
musical cerraba el círculo inconcluso. El bolero criollo se establecía entonces,<br />
con legitimidad absoluta, en el espacio que ocupaban los mejores músicos<br />
de América. Ya en Troncoso, Solano y Lugo podíamos encontrar los secretos<br />
melódicos y armónicos descubiertos por Marta Valdés, César Portillo de<br />
la Luz, Vicente Garrido, Arturo Castro y Armando Manzanero.<br />
Más tarde, ya en los 80, accedo a las inéditas emociones que proponen las<br />
melodías y los versos de Víctor Víctor y Cheo Zorrilla. También la magia radical<br />
de Juan Luis Guerra coquetea en aquellos días con el bolero, en viñetas coloreadas<br />
de inocente surrealismo. Después, durante los dos últimos decenios, el<br />
bolero dominicano languidece. Los tres grandes maestros del bolero moderno<br />
–Troncoso, Solano, Lugo– escriben muy poco, o ya no escriben. La canción romántica<br />
dominicana desaparece de la radio y la televisión. Salvo Cecilia García,<br />
como lo demuestran sus dos recientes y espléndidas producciones discográficas,<br />
prácticamente nadie canta hoy con la dignidad que el género merece.<br />
Ahora son los días de la bachata. Esta suerte de música –que una vez califiqué<br />
como «un tango escrito por un analfabeto»– se trasladó desde los extrarradios,<br />
desde los suburbios, hasta irrumpir en los centros urbanos y alterar<br />
el sentido estético de la gran población, masificada por la ingenuidad y<br />
la ignorancia. La bachata, denominada hoy día por algunos críticos extranjeros<br />
como el «bolero dominicano», evolucionó desde la canción de «amargue»,<br />
de paupérrima factura literaria y musical, hasta lograr el máximo de<br />
dignidad que este género –limitado por la estrechez del patrón rítmico y armónico,<br />
y condicionado por una cierta penuria literaria– podría haber alcanzado.<br />
De ahí que la perspicacia de músicos como Juan Luis Guerra, Víctor<br />
HITOS DEL BOLERO DOMINICANO. UNA VISION APASIONADA<br />
215<br />
Víctor y Luis Díaz nos arrojara un puñado de afables canciones que la gente<br />
común bailotea hoy día con ademanes de áspera fruición.<br />
El recorrido es, no cabe duda, largo y sugestivo. El bolero ha transitado<br />
de las tonadas sentimentales de Salvador Sturla y Moisés Zouain a las cabriolas<br />
de Juan Luis Guerra y la rudeza de Luis Díaz. Ahora toma sentido el<br />
título de estas páginas: «Hitos del bolero dominicano: Una visión apasionada».<br />
En el trayecto que sigue me referiré solamente a mis pasiones, a mis viejas<br />
y vehementes pasiones. Destacaré los autores y compositores que me<br />
emocionaron ayer y que me conmueven todavía. No pretendo examinar la<br />
historia bíblica del bolero dominicano, tarea de anticuarios. Hubo, y hay<br />
aún, muchos artistas cuya obra respeto, aunque no sea de mi preferencia. Lejos<br />
de mí está el emitir juicios de mérito con relación a ellos. Acato la inclinación<br />
de los demás, tanto como espero que se tolere la mía.<br />
Aristóles dijo que las cosas se diferencian en lo que se parecen. Pienso<br />
que los hombres, así, se separan por lo mismo que quieren. Amar la música,<br />
amar el bolero, debe bastar para reconciliar todas nuestras diferencias.
Agustín Lara.<br />
DEFINICIÓN Y ORÍGENES DEL GÉNERO<br />
El bolero viene de muy hondo y de muy lejos. José (Pepe) Sánchez (n.<br />
1856, f. 1918), un mulato sastre y poeta, natural de Santiago de Cuba, escribe<br />
a finales del siglo XIX (en el 1885) el bolero Tristezas, y esa fecha se establece<br />
convencionalmente como el punto de nacimiento del género. (Para<br />
ese entonces, el bolero tenía dos partes o períodos musicales de dieciséis compases,<br />
separados por un pasaje instrumental al que llamaban «pasacalle».)<br />
Tristezas me dan tus penas mujer, / profundo dolor que dudes de mí, / no hay<br />
prueba de amor que deje entrever, / cuánto sufro y padezco por ti. / La suerte es<br />
adversa conmigo / no deja ensanchar mi pasión / un beso me diste un día / lo guardo<br />
en mi corazón...<br />
Ya a lo largo del siglo XX, como una inmensa oleada que traspasa las aguas<br />
del Mar Caribe, aquella canción un poco italiana, siempre en la nota sentimental<br />
y melancólica, estrechamente ligada al bambuco colombiano y a la<br />
canción mexicana y, sin embargo, muy criolla para los oídos criollos, que los<br />
trovadores cantaban a media voz, cerrando los ojos, sufriendo y suspirando<br />
sobre las cuerdas de sus guitarras, evoluciona hasta materializar el carácter, la<br />
naturaleza, el ser, el ethos y el pathos, del hombre y la mujer caribeños.<br />
Cecilia García.
HITOS DEL BOLERO DOMINICANO. UNA VISION APASIONADA<br />
218<br />
En un intento de definir el bolero, Clara Román-Odio dice: «Siguiendo<br />
la tradición del discurso amoroso de Occidente –que entronca, primero, con<br />
la lírica provenzal, luego con el romanticismo y, más tarde, con el modernismo<br />
hispanoamericano–, el bolero pone en escena al individuo en su búsqueda<br />
de la «alteridad», es decir, de «el otro», de «la otra». Igual que la cantiga<br />
y la canción medieval se destina al canto, a la comunicación oral a través<br />
de un intérprete. Y también al baile, mediante el cual la pareja, abrazada<br />
y moviéndose a un ritmo lento, actualiza como suyo el drama que la canción<br />
representa».<br />
En el 1906, Alberto Villalón presenta una revista musical («El triunfo del<br />
bolero») en el Teatro Alhambra de La Habana. Después, durante cien años<br />
germinan los boleros en Cuba, en México, en Puerto Rico, en Colombia, en<br />
Venezuela, en la República Dominicana. Más que un género, el bolero es<br />
una atmósfera, un clima, una tensión. Hasta Brasil, Argentina y Chile se extiende<br />
esta melodía concisa, con letra sentimental, nacida del danzón cubano<br />
y de la contradanza en 2x4. Las letras aluden, generalmente, a los afectos<br />
sencillos y espontáneos, a los amores imposibles, a las pasiones extraviadas.<br />
El bolero nace con expresiones propias y, al mismo tiempo, se apropia<br />
de los versos de Luis Urbina, de Amado Nervo, de <strong>Pedro</strong> Mata.<br />
Manuel Ponce, el Tata Nacho, Guty Cárdenas, Agustín Lara, Alfonso<br />
Esparza Oteo, Joaquín Pardavé y María Grever escriben los primeros boleros<br />
mexicanos del siglo XX. (Lara, al principio, se apropia del instrumental<br />
léxico de Darío) Nacen, así, temas como Estrellita, Borrachita,<br />
Ojos tristes, Concha nácar, Un viejo amor, Cuando vuelva a tu lado. En Cuba,<br />
Miguel Matamoros, Gonzalo Roig, Ernesto Lecuona, Eliseo Grenet,<br />
Julio Brito y Osvaldo Farrés crean, en los primeros decenios de la pasada<br />
centuria, canciones célebres como Flores negras, Quiéreme mucho, Estás<br />
en mi corazón, Toda una vida. La iluminación de Rafael Hernández y <strong>Pedro</strong><br />
Flores produce, en Puerto Rico, joyas musicales como Perfume de gardenias<br />
HITOS DEL BOLERO DOMINICANO. UNA VISION APASIONADA<br />
219<br />
y Perdón. Esta es la generación instauradora, la generación fundadora del<br />
bolero americano.<br />
Ya después de las jornadas iniciales, afectadas por la romanza y la canción<br />
italiana, el bolero se transforma drásticamente. Las influencias son diversas:<br />
el jazz, el blues, la ranchera mexicana, el flamenco, el rock, el beguin (introducido<br />
por el insuperable Cole Porter y considerado por algunos como la<br />
versión norteamericana del bolero), el tango, el son, el mambo, el cha-chacha,<br />
el merengue.<br />
Una generación de músicos nacidos entre los primeros decenios del siglo<br />
XX revoluciona el bolero cubano de los años 40 y 50. Me refiero al grupo<br />
que componen Mario Fernández Porta, Juan Bruno Tarraza, Julio Gutiérrez,<br />
Sergio de Karlo, Orlando de la Rosa, René Touset, <strong>Pedro</strong> Junco, César Portillo<br />
de la Luz, Frank Domínguez, José Antonio Méndez. En Cuba aparecen,<br />
así, emblemáticas canciones: Qué me importa, Llanto de luna, Inolvidable,<br />
Flores negras, Nosotros, Toda una vida, Tres palabras, Contigo a la distancia,<br />
Delirio, La gloria eres tú, Imágenes.<br />
En México, asimismo, surge una numerosa y egregia hornada de escritores<br />
de textos y músicas de boleros. Hablo, entre otros, de Gonzalo Curiel,<br />
autor de Vereda Tropical; de Alberto Domínguez, compositor de Perfidia; de<br />
Consuelo Velásquez, creadora de Bésame mucho y Que seas feliz; de Vicente<br />
Garrido, escritor de No me platiques ya, Todo y nada y Una semana sin ti; de<br />
José Sabre Marroquín, autor de Nocturnal; de Wello Rivas, padre del bolero<br />
Cenizas; de Álvaro Carrillo, productor de boleros insuperables como Amor<br />
mío y Sabrá Dios; de Roberto Cantoral, inspirado creador de La barca, El reloj<br />
y Regálame esta noche.<br />
Con escasa distancia en el tiempo, surgen a la vida en Puerto Rico Roberto<br />
Cole (autor del bolero Olvídame), Mirta Silva (compositora de Qué sabes<br />
tú y Tengo que acostumbrarme), Bobby Capó (brillante creador de Piel canela<br />
y Poquita fe) y Silvia Rexac (intuitiva creadora de canciones como Olas
HITOS DEL BOLERO DOMINICANO. UNA VISION APASIONADA<br />
220<br />
y arena y Nave sin rumbo). Hasta Argentina llega la influencia caribeña, y<br />
allí surgen compositores señeros como Mario Clavell (autor de Somos, Abrázame<br />
así y Brindo por ti) y Chico Novarro (creador de Amnesia).<br />
La época dorada del bolero es el período de 1940 a 1950. La difusión de<br />
la radio hace del bolero un fenómeno de masas. Después, las voces de Agustín<br />
Lara y Toña la Negra, Fernando Albuerne y Fernando Fernández, Bobby<br />
Capó y Elvira Ríos, <strong>Pedro</strong> Vargas y Benny Moré, Alberto Beltrán y Leo Marini,<br />
entre muchas, invaden el mundo privado, el universo íntimo de los hispanoamericanos.<br />
La aparición de la vellonera es una verdadera revolución<br />
en los años 40. En los 50, bastarán cinco centavos para traer al escenario la<br />
magia de Lucho Gatica o el canto transparente de Alfredo Sadel.<br />
Cabe destacar que a finales de los 40 se manifiesta, principalmente en<br />
Cuba y México, un importantísimo movimiento de compositores y cantautores<br />
que algunos denominaron como «bolero moderno» o «filin» (derivado<br />
de la palabra inglesa «feeling», que se traduce como «sentimiento»). La<br />
obra de los cubanos José Antonio Méndez, César Portillo de la Luz, René<br />
Touzet, Frank Domínguez y de la prodigiosa Marta Valdés, así como de los<br />
mexicanos Vicente Garrido y Mario Ruiz Armengol, en una asombrosa simultaneidad<br />
de arquitectura musical y poética, constituyó uno de los fenómenos<br />
artísticos más preeminentes de la mitad del siglo.<br />
Se acepta que el giro hacia el bolero moderno nace en 1947 con la canción<br />
Contigo a la distancia, de Portillo de la Luz. Después, las canciones de José Antonio<br />
Méndez (La gloria eres tú, Novia mía), interpretadas por él con su «voz<br />
de ronco enronquecido», conmueven y trazan la pauta de lo que será un bolero<br />
de sugestiva cultura, de melodía donosa, articulado en torno a estructuras<br />
armónicas imaginativas y complejas, vinculadas al jazz. Dice Gonzalo Roig:<br />
«El intérprete del ‘filin’ tenía que ser un actor-cantante que dominara la escena<br />
y liberara la voz, jugando con el tiempo y la armonía, y con capacidad de<br />
dramatizar, reflejando en cada interpretación, con sus gestos y modulaciones<br />
Bolero. Óleo del pintor<br />
Fernando Peña Defilló.<br />
1998.
HITOS DEL BOLERO DOMINICANO. UNA VISION APASIONADA<br />
222<br />
vocales los sentimientos del cantante-ejecutante. El público no sólo escuchaba,<br />
sino que sentía las mismas emociones que el cantante le proyectaba. Es<br />
una creación musical que no está hecha para el cine ni la televisión, sino para<br />
ambientes íntimos como una casa privada, un night-club o pequeñas boites,<br />
donde se crea una atmósfera apropiada y se puede ‘descargar’ a sus anchas».<br />
El punto más alto de la canción romántica latinoamericana, a mi juicio,<br />
se alcanza con las obras de los artistas que integraron el «filin».<br />
Los años 60 son un tiempo de protesta y rebelión. El fenómeno hippie,<br />
las drogas, el rock, los Beatles, las manifestaciones de mayo del 68 en París,<br />
Woodstock, la revolución cubana, la guerra de Vietnam, entre otras claves,<br />
expresan los nuevos valores de una juventud que deja de escuchar boleros,<br />
que rechaza la música que escuchaban sus padres, en un espacio estremecido<br />
por las convulsiones de una virulenta contracultura.<br />
Sin embargo, pese a todo, el bolero sobrevive a tales avatares. Armando<br />
Manzanero se establece como el más destacado compositor de boleros de los<br />
años 60. En las voces de Marco Antonio Muñiz y José José, su música le abre<br />
nuevas dimensiones a los reclamos pasionales del ser latinoamericano. En<br />
los temas de sus canciones, Manzanero accede a un inédito inventario de situaciones,<br />
de anécdotas, lejanas como nunca de los lugares comunes del bolero<br />
tradicional de los años 40 y 50. El bolero Esta tarde vi llover expresa la<br />
simultaneidad, la concurrencia de acontecimientos externos (la lluvia, el<br />
mar, la gente, el vuelo del ave) con otros de repercusión íntima (la soledad,<br />
la ausencia), para materializar en una de las más insólitas y hermosas expresiones<br />
del repertorio bolerístico de cualquier época. Cabe destacar que la<br />
melodía tanto como el entramado armónico empleado por Manzanero recogen,<br />
pareja e inteligentemente, las mejores influencias de la música cubana,<br />
mexicana, brasileña y norteamericana de la época.<br />
Una importante contribución al bolero moderno –probablemente nunca<br />
bien comprendida– la realizó el grupo de cantautores de la Nueva Trova<br />
HITOS DEL BOLERO DOMINICANO. UNA VISION APASIONADA<br />
223<br />
Cubana. Aunque no era éste su principal bosquejo poético y musical, cabe<br />
destacar el valioso aporte realizado al género bolerístico por Pablo Milanés<br />
(Para vivir), Noel Nicola (Te perdono), Amaury Pérez (Acuérdate de abril) y<br />
Miriam Ramos (Para tu piel).<br />
Después de 1990, el bolero (ahora influido por la balada) trata de recuperar<br />
el espacio perdido. En la voz del cantante mexicano Luis Miguel, y con<br />
producciones de Armando Manzanero y orquestaciones de Bebu Silvetti, el<br />
género reconquista el favor de la juventud hispanoamericana. El mocerío,<br />
en un rapto de romanticismo entumecido y anacrónico, se arroba ahora al<br />
escuchar las viejas canciones de Agustín Lara y Vicente Garrido.<br />
El bolero, así parece, no morirá. Confiemos, pues, en la vigencia de ese<br />
trozo de melodía, de esa minúscula hazaña poética, que escuchamos y bailamos<br />
con los ojos cerrados, en tanto nos deslizamos a lo más hondo, a lo más<br />
profundo de nosotros mismos.
Salvador Sturla y<br />
Ángela Carrasco.<br />
EL BOLERO DOMINICANO DE 1930 A 1960<br />
En la República Dominicana el bolero nace con algún retraso. Los músicos<br />
populares dominicanos de los años primeros del siglo XX –José Dolores<br />
Cerón, Julio Alberto Hernández, Rafael Ignacio, Machilo Guzmán, Danda<br />
Lockward– incursionan más que nada en lo que podría entenderse como<br />
una versión nativa del bolero caribeño, esto es, la criolla. De tal modo, nacen<br />
canciones como La gaviota, Como me besabas tú, Lucía. Las criollas prácticamente<br />
llenaron el espacio de la música romántica dominicana hasta<br />
bien entrada la pasada centuria.<br />
Cabría señalar que, en su gran mayoría, los boleros dominicanos escritos entre<br />
1930 y 1960 tuvieron muy poca repercusión internacional. La música de este<br />
período, que una vez denominé como de «bolero tradicional» o «bolero preurbano»,<br />
expresa una temática parroquial, provinciana, orientada a la exaltación<br />
de costumbres, paisajes y valores sencillos y bucólicos. Era arte simple, sin<br />
mayores pretensiones. Salvo aisladas canciones de Luis Kalaff, Bienvenido<br />
Brens, Juan Lockward, Bullumba Landestoy, Luis Chabebe, Armando Cabrera<br />
y Manuel Sánchez Acosta, el bolero dominicano estuvo ausente de la fiesta<br />
que se escenificaba en los centros artísticos de Cuba, México y Puerto Rico.<br />
Nimbos de plata.
HITOS DEL BOLERO DOMINICANO. UNA VISION APASIONADA<br />
226<br />
Mario de Jesús y Billo Frómeta serían quizás la excepción. Pero sucede<br />
que ambos, si bien oriundos del país, llegaron a la culminación de sus carreras<br />
fuera del espacio nacional: Mario de Jesús madura y se desarrolla musicalmente<br />
en México; Billo Frómeta, en Venezuela. El descollante itinerario<br />
de estos dos artistas podrá suscitarnos un legítimo orgullo nacionalista, aunque<br />
debamos admitir que su relación con la música dominicana es no menos<br />
que alegórica y remota.<br />
Cabrían diferentes explicaciones respecto al retraimiento, a la orfandad<br />
en que vivió la música popular dominicana de aquellos años. En primer<br />
lugar podría señalarse la dictadura trujillista. El país se mantuvo aislado<br />
de la comunidad internacional, y muy pocos artistas podían viajar<br />
al exterior y, mucho menos, grabar o colocar sus discos fuera del país.<br />
Otra razón, dolorosa aunque objetiva, es que la obra de los compositores<br />
dominicanos de aquellos años era escasa en los aspectos musicales y, por<br />
igual, en el desarrollo literario. En la mayoría de los casos se trataba de<br />
melodías llanas, con inflexiones predecibles y desganadas que transcurrían<br />
en una anchura de uniformidad y simpleza. Hebras melódicas derivadas<br />
de la romanza, o acaso de la danza puertorriqueña, que se resolvían<br />
en volatines de una tristeza inelegante y cursi. La base armónica de casi<br />
todos los boleros dominicanos de esa época es trivial y poco ingeniosa.<br />
Se trata, tan sólo, de oscilaciones, vaivenes, ir y venir de cadencias<br />
mayores y menores que se resuelven en un estrecho círculo de monotonía<br />
sin asomo de perspicacia, que nada novedoso aportaban. Ésta, más<br />
que cualquier otra, es la explicación que se me ocurre para justificar la<br />
reducida trascendencia de los boleros tradicionales nuestros en todo el<br />
ámbito americano.<br />
Aún así, pienso que los méritos de algunos de nuestros autores y compositores<br />
pudo haber rebasado, bajo otras circunstancias, con mayor ventura,<br />
los límites exiguos de la frontera geográfica del país. Artistas como Salvador<br />
HITOS DEL BOLERO DOMINICANO. UNA VISION APASIONADA<br />
227<br />
Sturla, Luis Alberti, Juan Lockward, Manuel Sánchez Acosta, Bullumba<br />
Landestoy, Moisés Zouain, Tony Vicioso, Papa Molina, Luis Kalaff y Bienvenido<br />
Brens fueron dignos de mejor suerte. Su obra es pareja, en calidad, a<br />
la de aquellos autores que masivamente llenaron la radio del continente a<br />
mediados del pasado siglo.<br />
A ellos, que constituyen mis hitos del bolero dominicano, les dedico esta<br />
visión apasionada.<br />
SALVADOR STURLA (1891-1975)<br />
Salvador Sturla acaso sea nuestro primer autor de boleros. Sturla tocaba<br />
empíricamente guitarra, piano, ukelele, violín, armónica. Era cantante,<br />
autor, compositor, además de bailarín, fotógrafo y pirotécnico. A<br />
él debemos temas únicos como Amorosa y Azul (grabado por Rafael Colón,<br />
con la orquesta de Luis Alberti). En el año 1927, Antonio Mesa graba<br />
dos composiciones suyas con el Trío Quisqueya, a dúo con Salvador<br />
Ithier y la guitarra de Rafael Hernández: La muñeca y No puedo vivir sin<br />
tus palabras. Suyas son canciones como Quimera (grabada por el Trío<br />
Quisqueya, formado por Armando Cabrera, Emilio Carbuccia y Luis Frómeta),<br />
Navidad (grabada por el Trío Ensueño en los inicios de los años<br />
50, y luego por Arístides Incháustegui), y Vuelan mis canciones (grabada,<br />
entre otros, por Fernando Casado). En la primorosa creación de Salvador<br />
Sturla está presente la influencia de la vieja trova dominicana, tanto<br />
como la poética de Agustín Lara, Guty Cárdenas y el Tata Nacho. No<br />
exagero al decir que el Azul de Sturla rivaliza en belleza con el Azul de<br />
Agustín Lara:<br />
«Azul» de Sturla: Azul es el mar de mis sueños / Azul la esperanza de amar<br />
/ Azul, horizonte sin dueño / Azul es mi dulce canción.<br />
«Azul» de Lara: Cuando yo sentí de cerca tu mirar / De color de cielo, de color<br />
de mar, / Mi paisaje triste se vistió de azul / Con ese azul que tienes tú.<br />
Página siguiente:<br />
Salvador Sturla.
HITOS DEL BOLERO DOMINICANO. UNA VISION APASIONADA<br />
230<br />
LUIS ALBERTI (1906-1976)<br />
Luis Alberti constituye una de las inteligencias más fecundas del universo<br />
musical dominicano. Compositor de merengues como Compadre <strong>Pedro</strong> Juan,<br />
Loreta, Dolorita, Leña; de boleros: Luna sobre el Jaragua, Tú no podrás olvidar,<br />
Entre pinares; colaborador de Pancho García y Julio Alberto Hernández en la<br />
búsqueda de raíces y elementos primarios del folklore dominicano; autor de<br />
obras sinfónicas como la suite Estampas criollas; de un potpourri para banda:<br />
Albertiana; de obras para violín y piano: Olas de mar y Scherzando; escritor de<br />
libros como Método de tambora y güira, Cantos infantiles y Música, músicos y<br />
orquestas bailables dominicanas, 1910-1959.<br />
Luis Alberti era hijo del doctor Narciso Alberti Bosch, precursor de los estudios<br />
arqueológicos en el país, y biznieto del coronel Juan Bautista Alfonseca,<br />
autor del primer himno nacional dominicano. Alberti tocaba violín, cello,<br />
piano, órgano y piano-acordeón. Fué primer violín de la orquesta del teatro<br />
Colón, en Santiago. A finales de los años 20 constituyó la orquesta Jazz Band<br />
Alberti, que luego de varios cambios de nombre se transformó en la mítica orquesta<br />
Santa Cecilia. Al frente de su orquesta, como compositor y arreglista<br />
de boleros, Alberti logra plasmar un estilo pausado y elegante, desenvuelto y<br />
sobrio. En las voces de Rafael Colón y Marcelino Plácido, las canciones románticas<br />
interpretadas por Luis Alberti y su orquesta determinan el derrotero<br />
y el carácter del bolero bailable dominicano en los años 40 y 50.<br />
MOISÉS ZOUAIN (1912-2004)<br />
Oriundo de Santiago de los Caballeros, Moisés Zouain es un innato compositor<br />
y autor de canciones con significativo contenido poético y un muy<br />
elegante diseño musical. Los boleros Romance bajo la luna, Serrana y Egoísmo<br />
expresan su aliento como creador de algunos de los temas románticos<br />
más sugerentes del repertorio dominicano. El bolero moruno Egoísmo fue<br />
grabado por Lope Balaguer, Milagros Lanty, el colombiano Víctor Hugo<br />
Luis Alberti.
Ayala y por el cantante puertorriqueño Gilberto Monroig. El bolero Romance<br />
bajo la luna –grabada, entre otros, por el mexicano Fernando Fernández y<br />
los dominicanos Lope Balaguer y Expedy Pou– irradia un desarrollo melódico<br />
y armónico de gran impulso, y representa una de las más hermosas composiciones<br />
dominicanas escritas en el período 1940-60:<br />
Qué raro es tu mirar bajo la luna / Su lumbre y tus pupilas van rimando. / Y<br />
el mar va formando encajes de blanca espuma / Y yo a ti te estoy queriendo como<br />
a ninguna. / Paisaje hecho de luz, de amor y besos / Sonrisas que me brinda tu<br />
querer. / Ternura de la luna, aliento de tu ser / Es cuanto yo pretendo merecer.<br />
Las canciones de Zouain fueron llevadas al disco, además, por Arístides<br />
Incháustegui, Francis Santana, Alcibíadez Sánchez, Milagros Lanty, Casandra<br />
Damirón, Rafael Colón, Camboy Estévez, Henry Ely y Niní Cáffaro.<br />
Omar Franco mientras<br />
ensayaba con Moisés<br />
Zouain la canción<br />
“Tu recuerdo”.
HITOS DEL BOLERO DOMINICANO. UNA VISION APASIONADA<br />
235<br />
MANUEL SÁNCHEZ ACOSTA (1914)<br />
A finales del decenio de los 30 y en el inicio de los 40 aparece la música<br />
de Manuel Sánchez Acosta. Este médico y compositor, nacido en Santiago<br />
y arraigado tempranamente en La Vega, se anticipa a todos los compositores<br />
del país y escribe acaso los primeros boleros dominicanos con reflejos<br />
de modernidad: Paraíso soñado (compuesto en 1938), Ven, A primera<br />
vista, Maribel. Músico desde temprana edad, tocó la batería con la orquesta<br />
de su tío Dindín Acosta, en La Vega. En Sánchez Acosta se asoma la influencia<br />
de la sintaxis musical norteamericana: melodías despejadas, consonancias<br />
abiertas y de gran aliento, tempos rubatos (significa literalmente<br />
«tiempo robado»; se refiere a adelantamientos y retrasos en el desarrollo<br />
melódico en relación al pulso del acompañamiento) y armonía con innovaciones<br />
y mudanzas que se avecinan a los temas de Porter, Berlin, Kern,<br />
Carmichael y Gershwin.<br />
Sánchez Acosta es, además, compositor de merengues como Papá Bocó<br />
(con letra de Negrito Chapuseaux), El ají caribe y El zumbador. Su música<br />
ha sido grabada por inumerables cantantes nacionales y extranjeros: Alberto<br />
Beltrán, Rafael Colón, Lope Balaguer, Francis Santana, Rhina Ramírez,<br />
Angel Viloria y su Conjunto Típico Cibaeño, Frank Cruz, Dioris<br />
Valladares, Félix del Rosario y los Magos del Ritmo, Silvia de Grasse, Negrito<br />
Chapuseaux y Simó Damirón, Vicentico Valdéz, Tito Rodríguez, Rolando<br />
Laserie, Danny Rivera, Joe Valle, Billo Frómeta y su orquesta, Virginia<br />
López.<br />
JUAN LOCKWARD (1915)<br />
Creemos no exagerar cuando decimos que todo el bolero dominicano de<br />
los años 40 y 50 cabe en el ancho espacio poético y musical que despejan las<br />
fértiles canciones de Juan Lockward, el «trovador de la media voz». Dueño de<br />
gran donaire, con una concisa y gallarda prosa, él le canta a la patria chica:
Manuel Sánchez<br />
Acosta.
HITOS DEL BOLERO DOMINICANO. UNA VISION APASIONADA<br />
238<br />
Puerto Plata: Yo nací en la falda de la loma / Yo nací a la orilla de la mar / Me arrullaron<br />
las cándidas palomas / El cantar de un arroyuelo / Y la brisa de un palmar.<br />
O se regodea en la campiña apacible del Cibao:<br />
Fértil región de las palmas, del café y del cacao / Que Dios bendiga mil veces<br />
esta tierra del Cibao.<br />
O hace súplica a los ardores humildes de la tez oscura:<br />
Alumbra mi camino con tu mirar divino, morena / Pon fin a mi locura, arranca<br />
mi amargura y mi pena / Restáñame la herida conque la vida me ha castigado<br />
/ Y ayúdame a olvidar / que tanto he sollozado y quiero descansar.<br />
O relata los conflictos del amor furtivo:<br />
Qué dilema tan grande se presenta en mi vida / Ella tiene otro hombre y yo otra<br />
mujer / Ella dice que me ama con pasión desmedida / Y yo le amo con todas la<br />
fuerzas de mi ser / Señor, como podré resolver / Señor, este dilema tan cruel / Señor,<br />
qué debo hacer / Ella dice que mía solamente quiere ser.<br />
Lockward es un músico y un poeta natural, a quien le suenan gratamente las<br />
melodías y las palabras, y en cuyo estro la nación subyugada encontró motivos<br />
y satisfacciones abundantes. Intuitivo, autodidacta, sus influencias musicales y<br />
literarias son claras. Guty Cárdenas, Sindo Garay, Agustín Lara, su padre Danda,<br />
el decimero, los poetas románticos. A nuestro juicio, Juan Lockward resume,<br />
sintetiza, expresa, todas las virtudes y limitaciones de nuestra producción<br />
de canciones populares románticas hasta el colofón de la dictadura trujillista.<br />
Las canciones de Juan Lockward fueron grabadas por prácticamente todos<br />
los cantantes y agrupaciones musicales del país (Guarionex Aquino, Lope<br />
Balaguer, el Trío Los Juglares, Luis Vásquez, Rafael Martínez, Niní Cáffaro,<br />
Rafael Colón, Fausto Rey, Rafael Solano). Su canción Dilema fue grabada<br />
en el decenio de los 50 por el Trío Los Panchos.<br />
En una hipérbole que dice mucho, tanto del autor como del objeto de la<br />
lisonja, el poeta Héctor J. Díaz, aparcero de Lockward en numerosas criollas<br />
y canciones, dice de él lo siguiente:<br />
Juan Lockward.
Partitura La india<br />
soberbia de Juan<br />
Lockward.<br />
HITOS DEL BOLERO DOMINICANO. UNA VISION APASIONADA<br />
241<br />
«Una mezcla espiritual de Quijote, de Tenorio y de Cellini; canta, pinta y<br />
expresa sus sentimientos transportando al oyente al más increíble escenario o<br />
al más imposible y taumaturgo cuento de Lohengrin o del Hada de Pariban.»<br />
LUIS KALAFF (1916)<br />
La canción Aunque me cueste la vida, recordada en la voz de Alberto Beltrán<br />
y también de <strong>Pedro</strong> Infante, fue sin ninguna duda el mayor éxito de<br />
Luis Kalaff:<br />
Aunque me cueste la vida / sigo buscando tu amor / te sigo amando, voy preguntando<br />
/ dónde poderte encontrar. / Aunque vayas donde vayas / al fin del<br />
mundo me iré / para entregarte mi cariñito / porque nací para ti.<br />
Hijo de un emigrante árabe, Kalaff nació en Pimentel, provincia Duarte.<br />
Recibió sus primeras, y acaso únicas, lecciones de música, cuando era muy<br />
joven, del profesor Santos Palín. Desarrolló su carrera como autodidacta.<br />
Formó parte, junto a Bienvenido Brens y Pablo Molina, del trío Los Alegres<br />
Dominicanos. Su obra comprende mangulinas, merengues y boleros, entre<br />
cientos de composiciones. Suyo es el célebre merengue La empalizá, que se<br />
convirtió en un éxito en México en las voces de Los Tres Diamantes.<br />
Boleros de Kalaff son, además: Cuando vuelvas conmigo (popularizada en<br />
la voz del cubano Celio González) Amor sin esperanzas, Mi gloria (interpretada<br />
por <strong>Pedro</strong> Vargas) y Acuérdate de mi.<br />
La lista de los artistas internacionales que grabaron su música es muy extensa:<br />
Libertad Lamarque, Oscar de León, Johnny Albino y el Trío San Juan,<br />
La Lupe, Daniel Santos, Blanca Rosa Gil, Félix Chapotín y Miguelito Cuní,<br />
la Sonora Matancera, Rolando La Serie. En el país, la música de este compositor<br />
alcanzó un lugar preeminente en las voces de Lope Balaguer, Fausto Rey,<br />
Elenita Santos, Armando Recio, Rafael Colón y Nicolás Casimiro.<br />
La obra de Kalaff responde a los reclamos de aflicciones y sentimientos<br />
humildes, sencillos –que una vez llamé «pre-urbanos»– expresados en frases
Luis Kalaff.
HITOS DEL BOLERO DOMINICANO. UNA VISION APASIONADA<br />
244<br />
plagadas de tópicos y de castos diminutivos. El hilo melódico esbozado por<br />
Kalaff es, aunque de intuitiva belleza, de hechura fácil y sin complicaciones.<br />
TONY VICIOSO (1917-1955)<br />
El poeta Tony Vicioso es una rara avis en el panorama de la música popular<br />
dominicana. Nadie lo describe mejor que su hija, la poetisa Scherezada<br />
(Chiqui) Vicioso: «poeta y bohemio, escritor y dibujante, compositor con<br />
voz de crooner y largura de palabras tristes, músico renacentista que tocaba<br />
el piano, el contrabajo, el ukelele y el armonium. Escribe crónicas novedosas,<br />
poemas de corte moderno, relatos interesantes.» Junto a Blas Carrasco<br />
y al arquitecto Amable Frómeta constituyó un trío de vanguardia en el decenio<br />
de los 50. La obra musical de Vicioso es amplia y novedosa. De él se<br />
conocen decenas de canciones, estructuradas con una originalidad armónica<br />
sin par, influida por los giros del blues y el fox-trot, y con una valiosísima<br />
aportación lírica.<br />
Su canción Hiéreme otra vez es una hazaña, todavía no superada, en el panorama<br />
de la música popular dominicana (el pianista y compositor Nelson<br />
Lugo la armonizó de forma inusitada, con acordes de cuartas que fluian en<br />
movimiento cromático descendente):<br />
Hiéreme otra vez / con tu cruel indiferencia, / vuélveme a decir / que es mentira<br />
mi cariño; / vuélveme a olvidar / me hacen falta tus desdenes, / yo te quiero<br />
así / mentirosa de mi amor. / No te importe ya / que yo sufra por tu ausencia, /<br />
ni quieras saber / si me matan los desvelos; / gózate en herir / a mi corazón, / qué<br />
te importa a ti / todo este dolor / hazlo de maldad: / hiéreme otra vez.<br />
De Tony Vicioso se registran, entre otros temas, La canción que tú inspiraste,<br />
Mi pena, Crucigrama, La canción de la espera, Nuestra canción, Presagio<br />
y Díme cuánto cuesta tu corazón.<br />
La obra de este brillante compositor y poeta, quien falleciera a los 38 años<br />
en un accidente de aviación, permanece como un patrimonio inexplorado<br />
Tony Vicioso.
HITOS DEL BOLERO DOMINICANO. UNA VISION APASIONADA<br />
247<br />
de la música popular dominicana. Pienso que su prematura desaparición, su<br />
exilio forzoso en el interior del país, así como la destreza musical que exigían<br />
sus canciones, impidieron que la obra de Vicioso alcanzara la divulgación<br />
que su incuestionable excelencia merecía.<br />
RAFAEL «BULLUMBA» LANDESTOY (1925)<br />
«Bullumba» Landestoy, pianista y compositor, nació en La Romana,<br />
República Dominicana. A los 20 años de edad trabajó como pianista en<br />
La Voz del Yuna. Vivió hasta los años 50 en el país, desde donde partió a<br />
México. Luego se trasladó a Puerto Rico y allí entabló amistad con Rafael<br />
Hernández.<br />
Su obra musical es vasta y profunda. Bullumba fue, con toda seguridad, el<br />
compositor dominicano más afortunado en el ámbito internacional. Su bolero<br />
Pesar fue grabado por Daniel Santos, Toña la Negra, Panchito Rizek,<br />
Alcibíades Sánchez y la orquesta Billo's Caracas Boys, el Trío Janitzio, Alberto<br />
Beltrán y Miltinho:<br />
El dolor que has dejado en mi vida / con tu indiferencia, / no lo puedo arrancar<br />
ni un momento de mí, / y tan sólo este inmenso pesar / que tortura mi alma /<br />
se ha quedado en mi vida / después de negarme tu amor.<br />
Sus canciones Carita de ángel y Mi dulce querer fueron grabadas y llevadas<br />
al cine por el destacado cantante y artista mexicano Fernando Fernández:<br />
Vidita, / carita de ángel, amor de mi vida, / te llevo en el alma. / Vidita, / yo<br />
sufro por ti. / Vidita, / a veces de noche junto a las estrellas / yo miro tu imagen.<br />
/ Vidita, / y sufro por ti.<br />
La notable cancionera mexicana Lupita Palomera grabó su bolero Sin necesidad.<br />
Toña la Negra y Milagros Lanty llevaron al disco la canción de Bullumba<br />
Yo soy mulata. Juan Arvizu grabó el bolero Incomprensión. También<br />
Vicentico Valdés y Panchito Rizek realizaron grabaciones de las obras de este<br />
fecundo autor.
Rafael «Bullumba»<br />
Landestoy.
HITOS DEL BOLERO DOMINICANO. UNA VISION APASIONADA<br />
250<br />
Landestoy es un músico de sólida formación académica, que ha escrito<br />
decenas de temas de música culta para piano. Intérpretes como René Rodríguez,<br />
Milton Cruz y María de Fátima Geraldez han ejecutado sus obras.<br />
En los boleros de Bullumba Landestoy se da una originalísima forma de<br />
estructurar la melodía, con aliteraciones, con pertinacias de notas que, al cabo,<br />
fluyen soportadas por progresiones de acordes de gran donaire y extrañeza.<br />
Los canjes melódicos y armónicos en que se basa el bolero Carita de<br />
ángel constituyen, a mi juicio, una de las primeras y más valiosas innovaciones<br />
que registra el bolero dominicano tradicional.<br />
BIENVENIDO BRENS (1925)<br />
Nacido en Pimentel, provincia Duarte, Bienvenido Brens es un fecundo<br />
compositor de mambos, sones, tamboreras, criollas, plenas, guarachas, merengues,<br />
mediatunas, mangulinas, danzas, danzones y boleros. Formó parte<br />
del trío Los Alegres Dominicanos, junto a Luis Kalaff y a Pablo Molina.<br />
Johnny Albino y el Trío San Juan popularizaron su bolero Mar de insomnio.<br />
El Trío Los Panchos divulgó dos boleros de Brens: Al retorno y Pensando.<br />
El mexicano Fernando Fernández graba e introduce en el cine, en 1951,<br />
el tema Peregrina sin amor. Esta canción fue luego llevada al disco por Betty<br />
Misiego, Rafael Colón, Leo Marini, Panchito Risek, Trío Los Príncipes y<br />
Lope Balaguer:<br />
Pobrecita golondrina / que aventuras por los mares del champagne y del dolor /<br />
Pobre piedra peregrina / que rodando por el mundo vas detrás de un nuevo sol /<br />
Lleva el rostro avejentado / por el peso de las noches tenebrosas del alcohol / Quién<br />
pudiera a ti salvarte, / avecilla trashumante, / peregrina sin amor.<br />
Otras composiciones de Bienvenido Brens fueron interpretadas por importantes<br />
cantores internacionales como Bobby Capó, Marco Antonio Muñiz,<br />
José Feliciano, el Trío Los Diamantes y Carlos Pizarro. Por igual, los más destacados<br />
vocalistas nacionales grabaron las canciones de Brens: Lope Balaguer,
Luchy Vicioso, Fernando Casado, Francis Santana, Tony Curiel, Joseíto<br />
Mateo, entre muchos.<br />
La relación de las palabras en la obra de Bienvenido Brens es espontánea,<br />
sencilla y, no cabe duda, de una candorosa eficacia:<br />
Cuando no haya remedio para curar tu herida / cuando ya estés vencida por la<br />
cruz del dolor / entonces hallarás en mi jardín las flores del ensueño / y con alegre<br />
trino el ruiseñor me anunciará tu dueño.<br />
Su música es abiertamente lineal, vaporosa, tenue, con melodías elementales<br />
que se articulan en torno a movimientos lógicos entre acordes mayores<br />
y menores, sin sobresaltos ni giros insólitos.<br />
Quizás más que ningún otro autor de aquella época, Brens refleja en sus<br />
estrofas la humilde franqueza con que se expresaba el pueblo llano en el país<br />
HITOS DEL BOLERO DOMINICANO. UNA VISION APASIONADA<br />
253<br />
–y, por qué no decirlo, en toda hispanoamérica– de los años 50. De ahí su<br />
relativo éxito y la trascendencia de sus canciones en las voces de tríos e intérpretes<br />
de indiscutible arraigo popular.<br />
No dejo de advertir que el lenguaje lírico y musical de Bienvenido Brens<br />
y Luis Kalaff –por coincidencia, compueblanos– es parejo, similar. Habida<br />
cuenta de diferencias formales, ambos interpretaron la manera de sentir y de<br />
entender de una población campechana que, ávida de claridades, reclamaba<br />
de trovadores que explicaran, que tradujeran el amor en francas y pudorosas<br />
canciones.<br />
RAMÓN ANTONIO «PAPA» MOLINA (1925)<br />
Trompetista, arreglista, compositor de merengues y boleros, Ramón Antonio<br />
«Papa» Molina constituye una de las personalidades más destacadas<br />
de la música popular dominicana durante el siglo XX. Nació en Moca, provincia<br />
Espaillat. Realizó sus primeros estudios de solfeo y teoría musical con<br />
el profesor Tilo Rojas. Muy tempranamente fue considerado un «niño prodigio»<br />
en la ejecución de la trompeta. Durante corto tiempo formó parte de<br />
las agrupaciones musicales de Enriquillo Sánchez, Tatán Minaya y Luis Alberti.<br />
En 1942 se integró como primera trompeta de la orquesta San José,<br />
vinculada a La Voz del Yuna, en Bonao. En 1949, y hasta 1961, se desempeñó<br />
como director de dicho grupo, entonces llamado Super Orquesta San José.<br />
Casado con la bailarina Josefina Miniño, es el padre del renombrado músico<br />
sinfónico José Antonio Molina, antiguo director de la filarmónica de<br />
Palm Beach, Florida.<br />
Su bolero más divulgado es Evocación, que fuera grabado por Alcy Sánchez,<br />
Alberto Beltrán y la orquesta de Billo Frómeta, Rafael Colón y Betty<br />
Misiego: Cuando suelo evocar / con marcada inquietud / tu boca sin igual que<br />
me roba la vida, / no hago más que anhelar / la historia de tus besos / y entregarte<br />
mi corazón.<br />
Bienvenido Brens. Página siguiente:<br />
Ramón Antonio<br />
«Papa» Molina.
HITOS DEL BOLERO DOMINICANO. UNA VISION APASIONADA<br />
256<br />
Otros boleros suyos grabados por artistas locales son: Sufro por ti, interpretado<br />
por Alberto Beltrán y la Super Orquesta San José; Nunca te lo he dicho,<br />
en la voz de Lope Balaguer; y Cuando volveré a besarte, con versiones de Elenita<br />
Santos y Rafael Colón.<br />
Aunque los boleros de Molina constituyeron típicas canciones de la época,<br />
ajustadas a los patrones de estilo prevalecientes en el ámbito de la música<br />
caribeña, las mismas no recibieron la merecida difusión internacional.<br />
Esta eventualidad, cabe destacarlo, no impide que reconozcamos los altos<br />
méritos de su obra.<br />
EL BOLERO DOMINICANO DESPUÉS DE 1960<br />
El segundo período del bolero dominicano se inicia en las postrimerías<br />
del decenio de 1950. Surgen entonces compositores como Manuel Troncoso<br />
(1927), Rafael Solano (1931) y Nelson Lugo (1940). Después de<br />
1961, el país endereza su vuelo. La capital crece desmedidamente. El mundo<br />
cambia durante los años 60. Surge en Santo Domingo, entonces, un<br />
movimiento que bien podría denominarse como del «bolero moderno» o<br />
«bolero urbano».<br />
MANUEL TRONCOSO (1927)<br />
El autor emblemático de este grupo lo constituye Manuel Troncoso. Culto,<br />
con formación académica, está tocado por la influencia del modernismo<br />
poético, el «filin» y la música norteamericana. Nace con Troncoso, así, una<br />
nueva y plena estructura armónica tanto como un inédito y rico desarrollo<br />
melódico. Pero Troncoso está dotado, además, de una visión poética capaz<br />
de traducir en despejadas palabras, en delgados tropos, en coloquios íntimos,<br />
los conflictos interiores del hombre de la ciudad grande. Las dudas existenciales,<br />
la angustia vital de la clase media urbana encuentra en los temas de<br />
Manuel Troncoso su cabal territorio.<br />
Dr. Manuel A.<br />
Troncoso.
HITOS DEL BOLERO DOMINICANO. UNA VISION APASIONADA<br />
259<br />
Los temas son otros y variados. Él se deleita en la contemplación panteísta:<br />
No hay nada que sea más hermoso / ni más grande en el mundo / que el mar y el<br />
cielo / y las nubes que pasan / por el firmamento. / La lluvia que pinta de verde /<br />
a la primavera / y ver el otoño a las hojas / jugar con el viento. / El viejo sentado<br />
en el parque / viviendo un recuerdo / y la carcajada inocente y burlona / de un niño<br />
travieso. / Y todas las cosas sencillas / la luna y el sol cuando brillan / porque<br />
ellas reflejan la imagen / de Dios.<br />
O confiesa la inevitabilidad de un amor:<br />
Cuando las hojas se van cayendo / y sus colores lo van perdiendo / es el otoño,<br />
tiene que ser. / Cuando la noche se desvanece en medio mundo / es que amanece<br />
/ es otro día, tiene que ser. / Si en unos ojos el llanto asoma / es que hay tristeza<br />
/ tiene que ser. / Si ves que lloro cuando tú lloras, / si ves que río cuando tú ríes.<br />
/ Si por tus labios que no son míos / al mismo cielo lo desafío, / es que te quiero,<br />
/ es que te adoro / tiene que ser.<br />
O revela las claves del amor recurrente:<br />
Para que tú no me olvides / te voy a decir tres cosas / muy fácil de recordarlas: te<br />
amo, te amo, te amo. / Aunque tu amor yo no pueda tener, / aunque tus besos<br />
no pueda alcanzar / siempre me queda el consuelo / de poder soñar. / Grábatelo<br />
en la memoria / y conocerás la historia / de quien te dice cantando: / te amo, te<br />
amo, te amo.<br />
Troncoso recupera el tiempo perdido y sus canciones se arriman, en calidad,<br />
a los grandes boleros de influencia moderna escritos en América. Artistas<br />
internacionales como Marco Antonio Muñiz, Vicentico Valdez, Antonio<br />
Machín, Tito Rodríguez y Blanca Rosa Gil grabaron los boleros de Manuel<br />
Troncoso. Su repertorio aparece en los discos de prácticamente todos los<br />
cantores dominicanos: Lope Balaguer, Cecilia García, Los Solmeños, Horacio<br />
Pichardo, Niní Cáffaro, Rhina Ramírez, Fernando Casado, Luchy Vicioso,<br />
Expedy Pou, Sonia Silvestre.
HITOS DEL BOLERO DOMINICANO. UNA VISION APASIONADA<br />
260<br />
RAFAEL SOLANO (1931)<br />
Rafael Solano, pianista, arreglista, director de orquesta, cantante y escritor,<br />
constituye una de las más sólidas personalidades del arte dominicano<br />
de nuestros días. Nacido en Puerto Plata, fue organista de iglesia a<br />
muy temprana edad. Educado en su pueblo natal por los profesores Rafael<br />
Arzeno y Vicente Grisolía, se trasladó a la capital donde recibió instrucción<br />
musical de los maestros del Conservatorio Mary Siragusa y <strong>Pedro</strong><br />
Lerma. Solano dirigió a los 20 años la orquesta Angelita de la emisora<br />
La Voz Dominicana. Agotó luego temporadas musicales en Venezuela<br />
y Jamaica.<br />
La obra de Solano es ingente y de grandes aportaciones a la música y,<br />
en general, a la cultura popular dominicana. Es autor de merengues, mangulinas,<br />
temas de jazz, boleros. Fue descubridor y promotor de una numerosa<br />
hornada de cantantes que surgieron a través de la televisora Rahintel,<br />
en su programa La hora del moro: Luchy Vicioso, Ivette Pereyra, Niní<br />
Cáffaro, Los Solmeños, Luis Newman, Fernando Casado y Julio César<br />
Defilló, entre otros.<br />
Solano es autor de boleros emblemáticos, de gran aliento musical y poético,<br />
como En la oscuridad:<br />
Un atardecer / cuando no haya sol / y que el mar se ve ya sin su color, / en la oscuridad<br />
donde nadie va / que no se oiga ya ni tu respirar, / voy a hacer que en un<br />
solo suspiro / me entregues la vida / para adorarte y con fiebre en los labios / saciarte<br />
de besos. / Y ese atardecer / en la oscuridad / tú serás mía. / Un atardecer<br />
/ en el mes de abril / cuando los capullos se quieren abrir / prenderé tu cuerpo /<br />
con mi fuego ardiente / y aunque tus pupilas / ya no puedan verme / como un sueño<br />
será cuando sientas / que ya estás rendida. / Y ese atardecer / en la oscuridad<br />
/ tú serás mía.<br />
La obra bolerística de Rafael Solano incluye títulos notables como Por<br />
amor, Aquel romance, Perdidamente enamorado, Quiero verte, Magia, Enton-<br />
Rafael Solano.
HITOS DEL BOLERO DOMINICANO. UNA VISION APASIONADA<br />
263<br />
ces me cansaré de ti, El sonido de tu voz, El diez de abril. Grandes artistas internacionales,<br />
como Plácido Domingo y Marco Antonio Muñiz, han grabado<br />
sus canciones. Asimismo, su repertorio musical aparece en los discos de<br />
los principales intérpretes dominicanos: Lope Balaguer, Cecilia García (se<br />
destaca su primorosa versión del bolero Aquel romance, en el disco Para toda<br />
la vida), Niní Cáffaro, Fernando Casado, Horacio Pichardo, Los Solmeños,<br />
Francis Santana, Expedy Pou.<br />
Los lineamientos musicales de Rafael Solano se equiparan, en calidad y<br />
en influencias, a los bosquejos desarrollados por Manuel Troncoso. Es conocida<br />
la gran vinculación existente entre estos dos compositores, así como su<br />
recíproca concurrencia, durante muchos años, en la concepción y el desarrollo<br />
de sus obras respectivas. Los influjos musicales que acogen Troncoso<br />
y Solano son básicamente los mismos: la música dominicana de los 50 (Bullumba,<br />
Vicioso), la música norteamericana (Porter, Gershwin, Rogers, Carmichael),<br />
el «filin» (Portillo, Méndez, Vicente Garrido, Ruiz Armengol), la<br />
música brasileña (Barroso, Jobim, Gilberto).<br />
En algunas de las composiciones populares de Solano, anotación aparte,<br />
se advierte una acentuada tendencia pianística en el desarrollo melódico y<br />
la armonía, marcada acaso por sus estudios y conocimientos, básicamente,<br />
de Chopin y Debussy.<br />
Explícitamente, considero que Rafael Solano y Manuel Troncoso representan<br />
la cota más alta, la cima que alcanzó el bolero dominicano durante<br />
la segunda mitad del siglo XX.<br />
NELSON LUGO (1940-2004)<br />
Un personaje inusitado en la escena de la música popular de los años 60<br />
lo constituye Nelson Lugo. Oriundo de La Romana, Lugo fue médico cirujano<br />
de largo ejercicio. Estudió piano con su madre, Maricusa Camarena,<br />
y su tía María Estela Salazar de Valdez. Realizó estudios de armonía y<br />
Página siguiente:<br />
Nelson Lugo.
HITOS DEL BOLERO DOMINICANO. UNA VISION APASIONADA<br />
266<br />
composición con el maestro Manuel Simó, y de dirección de orquesta con<br />
el maestro español García Asensio. Compuso un puñado de canciones populares<br />
y dos conciertos para piano y orquesta sinfónica. Los temas populares<br />
más conocidos de este compositor son: Matices (grabada por Luchy Vicioso),<br />
Concierto en gris (ganadora de un premio en el II Festival de la Voz<br />
de New York, en la voz de Fausto Rey), El mundo y el amor (finalista en el<br />
II Festival de la Canción de Amucaba), Te quiero así, La vida es loca armonía<br />
y Yo quisiera.<br />
Hoy la vida cambia de colores, / hoy tu blanca tez se ha marchitado. / No pienses<br />
tú que el tiempo ha de borrar / los momentos felices de ayer / se han acabado<br />
/ Pienso cuanto has hecho tú en mi ausencia. / Siempre te he llevado en mi pensamiento.<br />
/ Mas, el correr de los años cambia un corazón. / La vida cambia de<br />
matices, / cambia de color. [Matices]<br />
Quizás un tanto más que Troncoso y Solano, Nelson Lugo estuvo signado<br />
por el peso de la música norteamericana de mediados de siglo XX. Él sentía<br />
una devota admiración por Gershwin, Jerome Kern y Richard Rogers.<br />
Era admirable su gran agudeza y capacidad como ejecutante del piano y arreglista.<br />
La obra de Nelson Lugo, igual que la de otro «extraño» como Tony<br />
Vicioso, aguarda por el estudio y la divulgación de los músicos de nuevas generaciones.<br />
JUAN LUIS GUERRA (1956)<br />
El éxito internacional de Juan Luis Guerra sobrepasa los límites registrados<br />
por un artista dominicano en cualquier época. Con la originalidad de sus<br />
merengues y canciones, él rompe las fronteras del mercado internacional y<br />
se transforma en un auténtico fenómeno de masas que subyuga multitudes<br />
en New York, Boston o Madrid.<br />
Nacido en Santo Domingo, de pequeño le llamaban «el niño de las veladas»,<br />
por la emotividad de sus actuaciones escolares, cuando hacía llorar a<br />
Juan Luis Guerra.
HITOS DEL BOLERO DOMINICANO. UNA VISION APASIONADA<br />
268<br />
padres y compañeros. Guerra cursó Filosofía y Letras en la Universidad de<br />
Santo Domingo. Después estudió guitarra y composición musical en Berklee<br />
College of Music en Boston, Estados Unidos.<br />
«Mi casa siempre fue musical; hasta los aguacates cantaban», recuerda el<br />
artista a quien algunos definen como poeta. «Lo que soy en realidad es un<br />
letrista, no un poeta; poetas son otros». Lector perseverante, su casa está llena<br />
de libros y discos. Es asiduo de la literatura hispana de Julio Cortázar,<br />
García Lorca, César Vallejo, Nicolás Guillén y Pablo Neruda; y de la música<br />
de los Beatles, Eric Clapton, Serrat, Silvio Rodríguez y Pablo Milanés.<br />
Después de su regreso al país, él produjo Soplando (1984), su primer álbum<br />
musical con un cuarteto de voces que más tarde fue conocido como<br />
Juan Luis Guerra y 4-40. Su siguiente disco, publicado en 1989, lo llevó a la<br />
fama: Ojalá que llueva café. Aunque los éxitos de Juan Luis Guerra están asociados<br />
principalmente a una nueva visión literaria y musical del merengue,<br />
cabe destacar que su incursión en esa suerte de sub-género de bolero que representa<br />
la «bachata» logra rescatar, en tanto fue posible, esta forma rudimentaria<br />
de música de su naturaleza y de su fundamento tosco y turbulento.<br />
Guerra logra que la «bachata», ya dignificada por su empaque musical y<br />
sus letras, se derrame hacia el gran público. Burbujas de amor se inspira en<br />
una escena de la Rayuela del gran escritor argentino Julio Cortázar:<br />
Tengo un corazón / mutilado de esperanza y de razón / tengo un corazón / que<br />
madruga adonde quiera / ¡ayayayay! / Y ese corazón / se desnuda de impaciencia<br />
ante tu voz / pobre corazón / que no atrapa su cordura / Quisiera ser un pez / para<br />
tocar mi nariz en tu pecera / y hacer burbujas de amor / por donde quiera / ¡oh!<br />
pasar la noche en vela / mojado en ti / Un pez / para bordar de corales tu cintura<br />
/ y hacer siluetas de amor / bajo la luna / oh! saciar esta locura / mojado en ti /<br />
Canta corazón / con un ancla imprescindible de ilusión / sueña corazón / no te<br />
nubles de amargura / ¡ayayayay! / Y este corazón / se desnuda de impaciencia<br />
ante tu voz / pobre corazón / que no atrapa su cordura / Quisiera ser un pez /
HITOS DEL BOLERO DOMINICANO. UNA VISION APASIONADA<br />
270<br />
para tocar mi nariz en tu pecera / y hacer burbujas de amor / por donde quiera /<br />
¡oh! pasar la noche en vela / mojado en ti / Un pez / para bordar de corales tu<br />
cintura / y hacer siluetas de amor / bajo la luna / ¡oh! saciar esta locura / mojado<br />
en ti / Una noche para unirnos / hasta el fin / cara a cara, beso a beso / y vivir<br />
/ por siempre mojado en ti.<br />
Su Bachata rosa está inspirada en el Libro de las preguntas del extraordinario<br />
poeta chileno Pablo Neruda:<br />
Te regalo mis manos / mis párpados caídos / el beso más profundo / el que se ahoga<br />
en un gemido, oh / Te regalo un otoño / un día entre Abril y Junio / un rayo<br />
de ilusiones / un corazón al desnudo / Ay, ayayay, amor / eres la rosa que me da<br />
calor / eres el sueño de mi soledad / un letargo de azul / un eclipse de mar, vida...<br />
/ Ay, ayayay, amor / yo soy satélite y tú eres mi sol / un universo de agua mineral<br />
/ un espacio de luz / que sólo llenas tú, ay amor.<br />
La magia de Guerra transforma la «bachata» en un espacio cuajado de inteligencia<br />
poética y de agradable y novedosa expresión musical. Con su ingeniosa<br />
versatilidad, Juan Luis Guerra se manifiesta, así, como uno de los<br />
grandes músicos populares de la historia dominicana, y, sin ninguna duda,<br />
como el más trascendente de su generación.<br />
EPÍLOGO<br />
Muchas veces he señalado estas frases del musicólogo norteamericano<br />
Andrew Fletcher: «Si me dejan escribir todas las baladas de una nación, no<br />
me importa quién escriba las leyes». Cierto. Hay un apresto antropológico<br />
en los versos del bolero hispanoamericano y, precisamente, del caribeño.<br />
Más que un sentimiento y un ritmo, el bolero expresa nuestro carácter,<br />
nuestra forma de ser. Al crear una espacialidad y un tiempo resueltos en ensueños<br />
de palmeras, olas y lunas, el bolero narra las congojas del amor, pero<br />
también nos conjura y nos redime.<br />
Alguien dijo que el bolero, contrario al juicio de Enrique Santos Discé-<br />
HITOS DEL BOLERO DOMINICANO. UNA VISION APASIONADA<br />
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polo sobre el tango, no es «un pensamiento triste que se baila» sino, más<br />
bien, un deseo jubiloso que se baila con el pensamiento instalado en el cuerpo.<br />
Mejor dicho: en el bolero, el pensamiento es el cuerpo.<br />
Hace ya mucho tiempo que Julio Cortázar soñó el siguiente bolero:<br />
Qué vanidad imaginar / que puedo darte todo, / el amor y la dicha, / itinerarios,<br />
música, juguetes. / Es cierto que es así: todo lo mío te lo doy, es cierto, / pero<br />
todo lo mío no te basta / como a mí no me basta que me des / todo lo tuyo... /<br />
Siempre fuiste mi espejo, / quiero decir que para verme / tenía que mirarte…. /<br />
La lenta máquina del desamor / los engranajes del reflujo / los cuerpos que abandonan<br />
/ las almohadas / las sábanas los besos / y de pie ante el espejo interrogándose<br />
/ cada uno a sí mismo / ya no mirándose entre ellos / ya no desnudos para el<br />
otro / ya no te amo, / mi amor.<br />
Está claro: en la escueta dimensión del bolero está la ilusión de lo que<br />
existe y no existe, el vuelo y el descenso, el temblor y la fuga, el trepidar de<br />
fuegos primordiales, el amor y el desamor, el abrazo y la deserción, el plenilunio<br />
y el eclipse.<br />
Por último, admito que hablar de mi pasión por el bolero –ya lo dije al<br />
principio– es volver a los días lejanos de mi juventud; reencontrarme con lo<br />
que fui y, quizá, todavia soy. Será, quién sabe, regresar a los orígenes de una<br />
añeja emoción. O, tal vez, comenzar a reconocer que la memoria no es más<br />
que un cañamazo tejido con vetustos hilos de fervor. O, acaso más: que mis<br />
recuerdos ya son viejos, muy viejos, aunque todavía no lo entienda y, por<br />
igual, que poco me importe.