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2. En el corazón de la

2. En el corazón de la crisis: análisis y alternativas Unión Europea. ¿Qué respuestas progresistas? Michel Husson La crisis actual es extremadamente profunda. La reacción de los gobiernos ha sido al fin bastante clara: remediar lo más urgente para evitar catástrofes, someterse al capricho de los mercados sin pretender controlarlos y preparar los ajustes necesarios para regresar cuanto antes al business as usual. La profundidad de la crisis es tal que no disponen de alternativa real a la versión neo-liberal del capitalismo que han puesto en marcha. Los planes de austeridad que se anuncian son y serán de una gran violencia y no harán más que endurecer los rasgos regresivos de este sistema. Por la parte del movimiento social, la crisis tiene efectos contradictorios. Por un lado, dan la razón a los críticos de un sistema cuyos fundamentos mismos están percutidos por una crisis cuya amplitud demuestra una inestabilidad crónica y una irracionalidad creciente. Pero por el otro, obliga a las luchas a una postura defensiva, a menudo fragmentada. Esta tensión siempre ha existido, pero la crisis la lleva a su paroxismo: hay que pelear a pie firme contra las medidas de “salida de la crisis” y abrir al mismo tiempo una perspectiva alternativa radical. El reto está por tanto en avanzar respuestas que relacionen estas dos exigencias. La dificultad es tanto mayor al ser la crisis mundial, por lo que las respuestas deben tener en cuenta esta dimensión y ser portadoras de otra concepción de Europa. Prioridad a las necesidades sociales... El principio esencial de un proyecto de transformación social es la satisfacción de las necesidades sociales. El punto de partida sólo puede ser el reparto de las riquezas, tanto más por el hecho de que la parte de la renta nacional extraída a los salarios ha alimentado las burbujas financieras. Desde el punto de vista capitalista, la salida de la crisis pasa por una restauración de la rentabilidad y por tanto por una presión suplementaria sobre los salarios y el empleo. Y los famosos déficit de la protección social o del presupuesto del Estado se han ahondado por el desplazamiento en el reparto de las riquezas, que es también el producto de las contra-reformas fiscales. VIENTO SUR Número 112/Octubre 2010 47

La ecuación es muy sencilla: no se saldrá de la crisis por arriba sin una modificación significativa en la distribución de las rentas. Esta cuestión es anterior a la del crecimiento. Ciertamente, un crecimiento más sostenido favorecería al empleo y a los salarios (aunque habrá que discutir su contenido desde un punto de vista ecológico) pero, en todo caso, no se puede contar con esta variable si, al mismo tiempo, la distribución de las rentas se vuelve cada vez más desigual. Hay que abordar con tenazas el tema de las desigualdades: por un lado, por medio del aumento de la masa salarial, por otro, por la reforma fiscal. La recuperación de los salarios debería seguir la regla de los tres tercios: un tercio para los salarios directos, un tercio para el salario socializado (protección social) y un tercio para la creación de empleo por medio de la reducción del tiempo de trabajo. Este progreso iría en detrimento de los dividendos, que no tienen ninguna justificación económica, ni utilidad social. El déficit presupuestario debería ser reducido progresivamente, no por medio de un recorte en los gastos, sino por una refiscalización de todas las formas de renta que poco a poco han sido eximidas de impuestos. El recurso a la deuda pública debería ser atenuado con una reducción excepcional, lo que equivale a un repudio parcial de la deuda. ...y por tanto al empleo El paro y la precariedad ya eran las taras sociales más graves de este sistema: la crisis las endurece aún más, ya que los planes de austeridad recortan las condiciones de existencia de los más desfavorecidos. Tampoco aquí un hipotético crecimiento debe ser considerado la solución real. ¿Produzcamos más para poder crear empleo? Es abordar las cosas al revés. Hay que operar un cambio total de perspectiva y tomar como punto de partida la creación de empleos útiles. Ya sea por medio de la reducción del tiempo de trabajo en el sector privado, o por la creación de puestos en las administraciones, servicios públicos y colectividades, se debe partir de las necesidades y comprender que son los empleos quienes crean la riqueza (no forzosamente mercantil). Y esto permite tender una pasarela hacia las preocupaciones medioambientales: la prioridad al tiempo libre y la creación de empleos útiles son dos elementos esenciales de un programa de lucha contra el cambio climático. La cuestión de la distribución de las rentas es por tanto el punto de enganche, en torno a este principio sencillo: “nosotros no vamos a pagar por su crisis”. Esto no tiene nada que ver con un “relanzamiento de los salarios”, sino con una defensa de los salarios, del empleo y de los derechos sociales, que no debería estar en discusión. Se podrá entonces avanzar la idea complementaria de control: control sobre lo que hacen con sus beneficios (repartir dividendos o crear empleo); control sobre la utilización de los impuestos (subvencionar a los bancos o financiar los servicios públicos). El reto es pasar de la defensa al control, y sólo este paso puede permitir que el cuestionamiento de la propiedad privada de los medios de producción (el verdadero anticapitalismo) adquiera una audiencia de masas. 48 VIENTO SUR Número 112/Octubre 2010

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