Mujeres de La Biblia 1 Alef Guimel - Escritores Teocráticos.net

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MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

MUJERES DE LA BIBLIA

Tal como Dios lo dispuso, los hombres siempre han tomado el

liderazgo en la escena del mundo. Han gobernado, han legislado, han

forjado la historia. Las mujeres en su honorable lugar secundario,

cumplieron su destino dando a luz y criando a futuros reyes y

comandantes, legisladores y forjadores de historia. Ellas amalgamaron

estrechamente sus vidas con la de los hombres a quienes pertenecieron

como compañeras matrimoniales. Siguieron hasta la muerte como una

sombra correspondiente a la imagen de sus esposos y se ubicaron junto

a ellos en las galerías de la historia. Por eso, al oír el nombre de Abraham

se espera oír el de Sara; al nombrar a Isaac, el nombre de Rebeca surge

junto al suyo.

Sufrieron, amaron, callaron y murieron esperando lo que Dios está

preparando para que lo alcancemos todos juntos.

Nos fortalece exaltar aquellas imágenes humanas. El ayer revive y

se actualiza en las palabras de ellas.

La Biblia dice muy poco que revele la personalidad y los

sentimientos que tuvieron. Pero al reconstruir el momento histórico que

les tocó vivir, podemos ver las circunstancias que enfrentaron y los

hechos que más se hicieron sentir en sus vidas. Ciertamente, hay

muchos vacíos que llenar y tenemos que confiárselos a la imaginación.

Pero todo lo que se puede rescatar del ayer, real y documentado, nos

provee un marco auténtico en el cual colocar a las mujeres del lejano

pasado.

Este libro es simplemente una interpretación liberal de lo que

pudieron haber sido los sentimientos y las reacciones de ellas ante las

etapas históricas que les tocó vivir ante el entorno. Es una

reconstrucción novelesca de sus vidas, con la ayuda de la arqueología y

la historia registrada. Es un esfuerzo por verlas, oírlas y seguirlas como

seres vivos y vibrantes, que las cenizas del pasado no pudieron sepultar.

Siguen teniendo voz propia; siguen siendo ejemplos amonestadores y

edificantes.

Por eso es muy bueno que las dejemos hablar.


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

LA ESPOSA DE CAÍN

Espinos y abrojos al este del Paraíso

Génesis capítulo 4 – Judas versículo 14

Entre las impresiones imborrables de mi niñez está la imagen de un

parque vedado para los descendientes de Adán. De tanto en tanto,

nosotros, los únicos habitantes de la tierra, nos acercábamos a aquel

lugar histórico y los contemplábamos desde afuera.

La imponente visión de los querubines con las espadas giratorias

de fuego a la entrada del Edén, hacía palpitar muy fuerte el corazón. Esas

espadas estaban indicando que Jehová no había olvidado la ofensa que

nuestros padres le habían hecho. El Edén estaba rodeado de montañas,

solo tenía un lugar de acceso, bien custodiado. Nadie podría burlarse de

Dios apoderándose de aquel jardín único, que El no daría a quien no lo

mereciera. Fuera del Edén la tierra estaba seca y dura. ¿Qué había

pasado con aquella niebla que brotaba del suelo para mantener la

vegetación fresca y viva dentro del huerto, como nuestros padres nos

contaban? Vivir y alimentarse era arduo trabajo entonces. Teníamos que

permanecer cerca de algún río para poder cultivar algo para comer.

¿Dónde estarían los leones mansos que jugaban con Adán y Eva y

les lamían amigablemente la mano? Las bestias salvajes que nos rodean

ahora, están llenas de desconfianza. Tienen una mirada agresiva y huyen

de nosotros. Al quebrase la amistad entre el hombre y Dios, se ha hecho

mucho más difícil la amistad entre el hombre y los animales. Hay brechas

muy profundas que dividen a la creación. La serpiente, astuta y mal

intencionada, comenzó la desunión.

Adán nos contó muchas veces acerca de la sentencia de Dios. Lo

veíamos labrar el suelo con herramientas improvisadas y comer el pan

producido con sudor y esfuerzo. Pero la parte de aquella sentencia que

realmente atrapaba nuestra imaginación con inagotables sugerencias,

estaba en las palabras pronunciadas contra la serpiente que los había

inducido a la rebelión: “Sobre tu vientre irás y polvo es lo que comerás

todos los días de su vida. Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre

tu descendencia y la descendencia de ella. El te magullará en la cabeza y

tú le magullarás en el talón”.

Abel frecuentemente repetía esa profecía palabra por palabra. Su

natural inclinación a analizar y profundizar las cosas lo llevaron a la

conclusión de que, si Dios había prometido que alguien vendría a

quebrantar la cabeza de la serpiente, eso significaba liberación para la

prole de Adán.


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

Abel era un amoroso pastor de ovejas y eligió un cordero perfecto

entre sus manadas para hacer una ofrenda a Jehová, en expresión de

gracias por habernos hecho esa promesa que nos daba una esperanza y

atenuaba la impresión de ser simplemente los hijos de un condenado a

muerte.

Caín nunca quería ser menos que su hermano menor. El también

amontonó piedras para hacer un altar y trajo una ofrenda de vegetales y

frutas que cultivaba. Jehová aceptó la ofrenda de Abel consumiéndola,

pero dejó intacta la ofrenda de Caín. Razonando sobre esto con Abel,

llegamos a la conclusión que, lo que Dios pedía del hombre eran

sacrificios vivos, como el cordero. Sin duda había razones importantes,

pero no las entendíamos. Dios nos estaba dando una lección práctica.

Pero Caín no lo tomó así. Para él, fue un desprecio de Dios; se vio

relegado a segundo término, a pesar de ser el primogénito de Adán.

Después de esto comenzó a cultivar odio en su corazón contra Abel. Un

día amargo, un día que no debió existir, invitó a nuestro hermano a

acompañarlo al campo, donde ninguno de la familia pudiera interferir en

sus planes, y allí lo mató.

Ese hecho nos puso frente a una realidad que hasta entonces no

habíamos tenido muy en cuenta. La muerte existía, se podía causar con

cualquier instrumento, con palos o piedras, aún con dos manos crispadas

de furia. Abel, nuestro hermano sereno, razonador, pacífico, fue el primer

muerto humano que vimos. Nos agrupamos todos alrededor de él, menos

Caín. Perplejos y angustiados, lo contemplamos durante algunas horas,

sin convencernos de su mutismo y su inmovilidad eran definitivos, y al fin

lo enterramos. Era un hecho vil que no podía quedar sin castigo.

Poco después, Caín le contó a nuestros padres que Dios mismo le

había pedido cuentas de la sangre de Abel y lo había sentenciado a hacer

vida de fugitivo. Tuvo la osadía de quejarse acerca de su castigo y decir

que era demasiado severo. Sabía que de allí en adelante no tendría paz y

no podría quedarse mucho tiempo en ningún lugar. Eligió la tierra al este

del Paraíso para peregrinar en ella, pero no quería irse solo. Le pidió A

Adán que me enviara con él como esposa suya.

Yo sentí miedo cuando mi padre me habló de eso. ¿Debo vivir toda

la vida atada al hombre que mató a Abel? – le pregunté.

De nada te valdría resistirte, hija. El no reconocerá tu negativa. Si

no te sometes a él te tomará por la fuerza, como hace con todo lo que le

codicia. En cambio, si lo aceptas buenamente, puedes ser una influencia

beneficiosa que le ayude a controlar su rebeldía.

Para reforzar sus argumentos, Adán me recordó el mandato de la

procreación que Jehová les había dado al bendecirlos es su día de boda

en el Edén, en el cual yo también debía participar.

No había más que decir. Desafiar a Caín era imposible. Negarme a

ser su esposa quizá significaría morir en sus manos, como Abel.

Ante la familia reunida para despedirnos, me dispuse a seguirlo, si

alternativa, sin ilusiones, sin entusiasmo. Las oscuras perspectivas del

futuro solo tenían algunos rasgos consoladores. Me atraía la idea de criar

hijos y más tarde tener a los hijos de ellos sobre mis rodillas. El ver la

tierra poblándose a nuestro alrededor sería una compensación por este

matrimonio lleno de interrogantes y temores.


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

Acampamos en lugares distintos de la tierra de Nod, la tierra del

Fugitivo, como se le llamó a esa extensa zona al este del Paraíso.

Nació nuestro primer hijo, Enoc, pero esto no cambió la disposición

mental de Caín. Siempre estaba huyendo de algo. Nunca volvió a ser

aquel joven alegre, que venía a mostrarnos con orgullo los frutos

obtenidos de la tierra. Cada vez se parece más a Adán, vacío por dentro,

pero siguiendo algún pensamiento oscuro. Necesitaba un lugar donde

enterrar sus vacilaciones y remordimientos, un lugar con bullicio y

movimiento donde aturdirse, por eso fundó la primera ciudad y le dio el

nombre de su primogénito, Enoc. Al lado de Caín siempre me sentí sola,

insegura, sin saber cual iba a ser mi próximo paradero. Pero ahora, las

nuevas generaciones están inventando cosas que hacer más interesante

la vida. Algunos descubrieron vetas de metales en la tierra y comenzaron

a fundirlos. Idearon maneras de darles formas y hacer vasijas y

herramientas variadas. Son aficionados a la cría de ganado, pero a

menudo pelean entre ellos por la posesión de ciertos animales. La falta de

paz de Caín, sus desconfianzas y temores, llegaron a ser también la triste

herencia de sus descendientes. Muchas veces se repite el drama en que

el más fuerte o el más rápido para actuar, le quita la vida a su adversario.

Las contiendas se hacen cada vez más peligrosas, ya que los fundidores

de metales empezaron a fabricar cuchillos, hoces para podar y otros

instrumentos cortantes que ahora aparecen en cualquier pelea.

Una nota alegre en medio de ese cuadro la proporcionó Jubal en la

sexta generación, al inventar los instrumentos musicales, arpas, flautas y

caramillos. La música tiene un efecto sedante que nos compensa por

tantas tensiones.

Otro invento interesante fue el de la escritura. Con una pequeña

cuña de metal se graban signos que representan ideas o acciones, sobre

planchas de barro blando amasado, que luego se dejan secar al sol o en

un horno de cocer tortas.

Mi padre nos refirió todo lo que sabía de la creación de los cielos y

la tierra, tal como Dios se lo reveló cuando tenía una relación armoniosa

con su Creador. También le enseñó cómo habían sido criados él y la

esposa que le dio para cumplir el mandato de procreación. Todo esto fue

escrito en tablas de arcilla antes de su muerte para instrucción de sus

descendientes. Algunas de nuestras preguntas nunca tuvieron

respuesta, porque después de la sentencia de Dios y de haberlos

expulsado del Edén, el Creador nunca volvió a dirigirles la palabra.

Algún tiempo después de la muerte de Abel, que no había tomado

una esposa ni dedescendencia, mamá tuvo oto hijo varón, al cual llamó

Set y lo recibió como una compensación por la pérdida de Abel. Los

descendientes de Set resultaron ser más sosegados, más unidos y

amorosos que los nuestros. Se ve que agradaban a Jehová con su

manera de ser y El los bendice con la paz.

En la sexta generación de Set nació un hombre que se llama Enoc,

igual que nuestro primer hijo. El se identificó como profeta de Jehová y

nos hizo pensar mucho anunciando que habrá un castigo general de Dios

para la maldad, que ha llegado a ser un azote que nos quita el gozo de

vivir. Enoc habla de miríadas que vienen al mando de Dios para castigar

a los impíos.


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

Yo estoy ahora muy avanzada en años y tengo muchas

interrogantes en la mente sobre el futuro de este mundo que vi formarse a

partir de nosotros, la primera familia humana. Evidentemente, todo anda

muy mal.

El Dios a quien mis padres le dieron la espalda no se ha encerrado

en el Edén sin importarle lo que pasa afuera. No está muerto ni dormido.

Tal como marcó los tiempos y sazones de la creación, ahora está

señalándole a la humanidad descarriada que tiene un plazo para actuar y

un juicio para enfrentar.

Por eso ha levantado un profeta, para advertirnos sobre lo que tiene

que venir.


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

La esposa de Noé

La emoción de una experiencia irrepetible

Génesis capítulos 6; 7; 8 y 9

Desde niño, Noé se sintió profundamente atraído y preocupado por

el mensaje que su bisabuelo, Enoc, había recibido de Dios, el cual

señalaba a un día futuro en que habría un ajuste de cuentas con los

inicuos. Su temor de ofender al dios verdadero le hizo vigilar sus caminos

e medio de un mundo n que la maldad y la violencia se intensificaban

continuamente.

Una multitud escuchó ese mensaje con indiferencia, solamente

unos pocos lo tomaron en serio. Pero, sea que lo creyeran o no, nadie

pudo dejar de reconocer que Jehová tuvo un profeta en esos primeros

años del mundo. Jehová probó que los inicuos no pueden burlarse de sus

juicios. Mi familia y yo tuvimos el privilegio de atestiguarlo.

El mundo no le perdonó a Enoc su desafío. Muchos se levantaron

contra él para hacerlo callar. Como no pudieron amedrentarlo, querían

quitarle la vida. Pero Jehová lo libró de la violencia que lo rodeaba,

borrándolo del escenario terrestre y nunca más fue hallado. Así demostró

dios que sus siervos le pertenecen, y viven o mueren según su voluntad.

El mundo que nos rodeaba se fue hundiendo poco a poco en la

iniquidad. En los últimos días aparecieron los gigantes que fueron

llamados “hijos de Dios”. Eran violentos y provocadores. A cualquier

mujer que les llamaba la atención la conquistaban con astucia y se la

llevaban, convencida o aterrada. No aceptaban ruegos ni razones. No

querían ser nada menos que amos y señores de la humanidad que los

contemplaba impotente y atónita. Los hijos que los gigantes produjeron,

los Nefilim, de imponente destreza y fuerza, crecieron con la misma

disposición. Atropellaban los derechos de los demás, deshacían hogares

y sometían mujeres, pisoteando los sentimientos y los escrúpulos del

hombre común.

Cuando aquella nueva situación se presentó en la tierra, Noé era

soltero todavía. Dios le comunicó que se proponía borrar de la existencia

aquel sistema y que su paciencia para tolerar el error duraría solamente

120 años. Dentro de ese período, Noé decidió casarse y tuve la bendición

de ser su elegida. Vimos crecer a nuestros tres hijos, cultivando la

esperanza de que se salvaran junto a nosotros cuando viniera el

derrumbe de aquella civilización pecaminosa.

Cam se destacaba mucho entre los jóvenes por su piel oscura. Sem

nos llenaba de gozo con su buena disposición hacia lo espiritual. Jafet

tenía sus buenas cualidades como hijo obediente y compañero de sus

hermanos. Felizmente, hallaron buenas esposas que tomaron en serio los


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

mandatos recibidos por Noé y cooperaron de corazón en la construcción

del arca y los preparativos previos al gran diluvio.

Muchas veces comentamos con Noé que, evidentemente, la mano

de Jehová estaba en todo lo que tenía que ver con nuestra pequeña

familia. El mundo se había llenado de burladores. Entre los padres y

hermanos de nuestras nueras, no hubo nadie que nos escuchara

respetuosamente, nadie que se esforzara por alcanzar la salvación. Pero

Dios no permitió que la fe de ellas se debilitara ni que fueran influidas por

la oposición, ni puestas en contra de sus esposos.

Cuando el arca estuvo terminada, algo maravilloso sucedió.

Animales de toda clase, aún los que nunca se acercan al hombre,

empezaron a salir de los bosques cercanos y a rodearnos. Jehová le dio a

Noé el mandato de entrar en el arca con toda su familia y hacer entrar a

los animales, porque faltaban solo siete días para abrir las compuertas de

los cielos y dejar caer agua a raudales por cuarenta días y cuarenta

noches.

La emoción de aquellos momentos decisivos es muy difícil de

describir. Ver entrar los animales al arca y ubicarlos en sus

correspondientes lugares. Disfrutar de la docilidad con que se dejaban

guiar y pensar que iban a ser nuestros amorosos compañeros de viaje en

camino a un nuevo mundo, era una experiencia desconocida y única. En

aquella gran caja alquitranada que habíamos construido con esfuerzo por

tantos años, se centraba el interés amoroso del creador. Parejas de

animales de diferentes géneros, capaces de producir variedades de

especies, y los únicos representantes del género humano que habíamos

probado la autenticidad de nuestra fe.

Cuando la última pareja de animales entró, un golpe de viento cerró

la puerta del arca. Ahora empezaba el capítulo culminante de aquella

maravillosa aventura, con hondos sentimientos mezclados. Sabíamos que

el mundo corrupto estaba pereciendo fuera del arca, pero entre ellos

había gete que había tenido gestos de amor y bondad hacia nosotros, que

se habían hecho querer y nos dolía pensar que no los veríamos más

porque no habían creído en el mensaje de Dios, ni habían estimado el don

de la vida.

Las muchachas lloraban por sus familias y los muchachos las

consolaban. Noé les decía: Debemos recordar que es lo ellos eligieron,

Jehová no nos autorizó a hacerlos entrar contra su voluntad. La salvación

es un regalo de Dios, pero si hay que forzar a alguien para que la acepte,

ya no es un don gratuito. No debemos llorar por el juicio justo de Dios

debemos respetar su voluntad aunque nos duela, porque lo que El hace y

dispone siempre es lo mejor.

A medida que pasaban los días nuestra debilidad humana fue

dando paso a la resignación y al equilibrio. Nos acostumbramos al sonido

constante de la lluvia, que antes no conocíamos, ese monótono y serio

monólogo representaba en ese momento, muerte para unos y vida para

otros. Hallábamos placer en las tareas diarias, dándole de comer a los

animales. Tratábamos de idear nuevas maneras de preparar cereales y

granos, sabiendo que, por un largo tiempo no veríamos frutas ni

vegetales frescos.


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

Noé le encargo a nuestros hijos que fueran tomando notas en

planchitas de arcilla, con una cuña de metal, de cualquier novedad que se

produjera durante el viaje, con su correspondiente fecha, para no olvidar

nada. Así quedó registrado que el diluvio comenzó el día 17 del segundo

mes, en el año 600 de la edad de Noé. Las aguas siguieron subiendo

durante 140 días y el arca flotaba en seguridad sobre ellas. Hasta las más

elevadas cumbres fueron cubiertas. Si los gigantes, con su fuerza

sobrehumana, habían alcanzado los lugares más altos, de nada les habría

servido. Un viento fuerte empezó a remolinear sobre aquel inmenso

océano y las aguas comenzaron a bajar. Cuando llevábamos cinco meses

flotando a la deriva, el 17 del mes séptimo, sentimos un gran

sacudimiento y nos dimos cuenta de que habíamos encallado en una

montaña.

Durante otros cinco meses, las aguas siguieron decreciendo y al

décimo mes, en el primer día empezaron a verse las cimas de las

montañas. Ahora sabíamos que era solo cuestión de esperar que el agua

terminara de sumirse en los lugares más profundos y la tierra se secar.

¡Cómo deseábamos volver a pisarla, plantarla, verla resurgir!

Cuarenta días después de aparecer las cumbres de las montañas,

Noé abrió la ventana del arca y envió al cuervo. Entendimos que no halló

lugar en que posarse, porque lo veíamos ir y venir ardedor del arca. Poco

después Noé soltó una paloma, la cual volvió, como rogando que la

refugiásemos, porque no habíamos encontrado lugar donde quedarse.

Noé alargó su mano y la introdujo de nuevo en el arca. Siete días después

volvió a enviarla, y ésta vez, tuvimos la sorpresa de verla volver a la caída

de la tarde, con una ramita de olivo en el pico. ¡Ahora sabíamos de seguro

que las copas de los árboles estaban al descubierto! Otros siete días

pasaron y repetimos el experimento. Esta vez nuestra pequeña

exploradora, no volvió, porque evidentemente había hallado un lugar que

le servía como nido.

Los muchachos no dejaban de hacer anotaciones sobre arcilla de

cualquier dato importante, y un prolijo registro del tiempo trascurrido.

Aunque los días iban y venían en un ritmo igual, sin variaciones, siempre

sabíamos en que mes estábamos, en que semana y en qué día. Desde el

comienzo de la vida del hombre en el Edén, ciertos conceptos

permanecían sin cambio. El día tenía 24 horas, la semana tenía 7 días. El

mes tenía 30 días y el año tenía 12 meses. Ahora sabíamos que habíamos

entrado al 601 de la vida de Noé, y que estábamos en el día primero del

primer mes. La edad del fiel patriarca, mi esposo, era ahora el punto de

partida de cualquier cálculo. Noé levantó entonces el techo del arca para

tener una visión más amplia en toda dirección. La tierra se veía seca, pero

nadie intentó salir porque esperábamos la autorización de Dios.

Su mandato llegó en el mes segundo, el día 27, cuando habíamos

estado en el arca un año y diez días. Lo primero que Noé dispuso fue un

sacrificio de animales y aves adecuadas para ofrecer en el altar que

improvisamos, dando gracias al Todopoderoso por nuestra salvación.

Aunque la vida era nuestro único despojo, sin bienes materiales, ¡qué

ricos y favorecidos nos sentimos! Las palabras de Jehová en respuesta a

tal ofrenda nos infundieron bienestar y seguridad, porque nos prometió

que nunca más vendría un diluvio para quitar toda vida de la tierra. Nos


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

aseguró que quedaban establecidos para siempre un tiempo de sembrar y

un tiempo de cosechar, un tiempo de frío que se llamaría invierno y un

tiempo caluroso que se llamaría verano. Entonces algo nuevo y

maravilloso apareció en el cielo: un hermoso arco con siete colores. Dios

dijo que esa era la señal de un pacto que él hacía con toda carne, por

tiempo indefinido, certificando que nunca más habría un diluvio para

destruir a los vivientes. Comprendimos que, como toda criatura humana

descendería de nuestros tres hijos, al estar ellos presentes, la promesa

abarca a todos los vivientes que llenarían la tierra en el futuro.

Desde aquel día señalado en la corriente del tiempo, cada vez que

aparece el arco iris, nuestro corazón late gozosamente recordando la

promesa de Dios de que la tierra nunca más será barrida con destrucción.

De allí en adelante, fue maravilloso ver al descubierto, el cielo, que

antes había estado oculto por el dosel de aguas congeladas que giraba

junto con la tierra desde su creación. Sentir el calor del sol sobre

nosotros, en vez de verlo con una claridad difusa, contemplar las

distintas fases de la luna, observar las estrellas, distinguir los rasgos de

las estaciones y comprender que el año seguía teniendo como antes 12

meses de 30 días, y cada semana sus siete días con sus noches, ¡todo

eso era fascinante! Fue algo sorprendente enterarnos de que podíamos

asar la carne de los animales y alimentarnos de ella, algo que jamás

habíamos hecho, pero eludir todo uso profano de la sangre, porque

representaba la vida y es propiedad sagrada del Creador.

Al fin, empezaron a llegar los nietos. El primero, que nació un año

después que habíamos salido del arca fue Arpaksad, hijo de Sem cuando

éste tenía cien años. Pronto estuvimos rodeados de niños y niñas de

distintas edades, unos de piel blanca con cabellos rubios o morenos,

otros de piel oscura y cabellos crespos como Cam. Muchas veces les

contamos porqué Jehová había borrado de la existencia aquel mundo

ruidoso, desordenado y lleno de violencia. Tratamos de grabar en la

mente de ellos la lección que el diluvio global nos enseño: la tierra tiene

Dueño. No podemos contaminarla y escapar al ajuste de cuentas. Aunque

para nuestro limitado entendimiento, Dios tarde en actuar, hay un tiempo

señalado para cada cosa debajo del cielo y el hombre no puede burlarse

de su Creador.


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

Rebeca

Un amor edificado en la fe verdadera

Génesis capítulo 24

Cada boda es el punto culminante de una historia de amor y el

punto de partida de una vida nueva. Hubo bodas, como la mía, que

influyeron en el curso de la historia y en formación de futuras naciones.

Crecí en Padán-aram, en Siria, educada con la moral estricta de una

familia honorable y temerosa de dios. Nacor, mi abuelo, nos contaba

cuando éramos niños, que su hermano Abraham había sido enviado lejos

de esas tierras por Jehová mismo, a vivir como peregrino en Canaán, en

lugares que jamás habías visto. Obedeciendo a su Dios, un día lo habían

visto partir con su bella esposa Sara y sus siervos, más de 300, y sus

camellos y su ganado.

Abraham era una leyenda para nosotros. No sabíamos si algún día

llegaríamos a conocerlo, pues el abuelo Nacor decía que solamente Dios

podía hacerlo volver a la tierra donde antes lo había mandado salir. Nos

impresionaba oír hablar de la fe del tío Abraham y de la grandiosa

promesa que Jehová le había hecho acerca de multiplicar su

descendencia como las estrellas del cielo.

Cuando estaba por cumplir los veinte años, mi mente bullía con los

sueños de la adolescencia. Como las chicas, deseaba casarme, tener una

casa grande con un huerto, muchos niños, y vivir siempre cerca de los

míos. Oía decir a los que habían recorrido mucho, que la tierra era

hermosa e interesante y que había muchos lugares diferentes para

conocer, pero para mí no había ningún lugar como Padán-ara.

Una tarde, salí de casa para cumplir con mi tarea asignada de traer

agua para usos domésticos. Cuando llegué a la fuente, un cuadro

inesperado apareció ante mis ojos. Diez camellos arrodillados a la sombra

de los árboles, varios hombres en ropas humildes, de esclavos,

descansando, y un anciano con ropas señoriales sentado junto a la

fuente, con la cabeza caída sobre el pecho, en actitud de oración. No era

gente del lugar, tenían señales de fatiga. Se veía que habían hecho un

largo viaje. Al acercarme, el anciano levantó la cabeza y sus ojos se

fijaron en mí con gran sorpresa. Me contempló en silencio mientras

llenaba mi cántaro. Con voz temblorosa me saludó y preguntó si tendría la

amabilidad de darle de bebe. Me apresuré a bajar el cántaro y lo acerqué a

sus labios. ¡No me imaginaba que con éste acto tan sencillo le estaba

poniendo un sello a mi futuro! Me ofrecí voluntariamente a sacar agua


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

para los camellos, y lo hice. El anciano seguía mirándome atónito,

emocionado, había en sus ojos una humedad de lágrimas. ¿Tanto le

conmovía ese servicio que yo le estaba haciendo? ¿Acaso en su tierra la

gente no se ofrecía a hacer cosas buenas por los demás? ¿Porque me

miraba así?

Cuando los camellos acabaron de beber él sacó de una bolsa un

pendiente para la nariz y brazaletes de oro y me los puso en ambas

muñecas, y me preguntó: ¿De quien eres hija, y hay lugar para quedarse

en tu casa? –Soy hija de Betuel. Mis abuelos se llaman Nacor Y Milca.

Tenemos mucho lugar en esta casa, y también forraje para los camellos.

¡Entonces el anciano se arrodilló y oró en voz alta dando gracias a

Jehová que lo había guiado al hogar del hermano de su señor Abraham!

Cuando oí el nombre de Abraham salí corriendo para casa; me olvidé del

cántaro y de todo, y entré gritando, llamando a los míos, para hacerles

saber que había llegado Padán-aram gente enviada por Abraham.

Laban mi hermano, se quedó deslumbrado al ver el oro que lucía

en mis manos. Le conté lo que el anciano había dicho, y él se apresuró a

alcanzarlos junto a la fuente. Todos salimos de casa para recibir a la

caravana. Los esclavos empezaron a prepara una cena, pero el

mayordomo de Abraham dijo que no comería sin antes declara su misión

pues Abraham le había enseñado a poner las cosas de Dios en primer

lugar. Entonces empezó a exponer la razón de su viaje, sorprendente

especialmente para mí. Delante de la familia reunida, relató como su

señor le había hecho jurar que no tomaría mujer para Isaac su hijo de

entre las cananeas, sino que vendría a su parentela en Siria y de entre

ellos tomaría una esposa para Isaac. Cuando llegó a la fuente se puso a

orar rogando a Dios que, si estaba en este lugar la mujer que debía ser la

esposa del hijo de su señor, que ella misma saliera de allí a su encuentro

y accediera a darle de beber cuando él se lo pidiera. ¡Entonces comprendí

el asombro con que miraba mientras yo sacaba agua para él y luego para

los camellos! En ese momento, yo era la respuesta de Dios a una oración.

Mis hermanos preguntaron por qué Isaac mismo no había venido, y

él explicó que Abraham jamás dejaría volver a su hijo al lugar de donde

Jehová le había mandado salir. Canaán, dijo él, era la tierra que Jehová

había prometido como herencia para la descendencia de Abraham, pero

ellos estaban viviendo allí en tiendas, como peregrinos, esperando el

tiempo en que Jehová los autorizaría a tomarla como posesión.

Mientras él hablaba, yo estaba tratando de poner mi mente en orden

y contar el costo de todo lo que se insinuaba en el futuro inmediato para

mí. Era un momento de grandes decisiones. Deduje que, si aceptaba

seguir a aquel hombre, Eliécer, el mayordomo de Abraham, eso

significaba no volver jamás a Padán-aram. Si Isaac no había venido

personalmente a buscar una esposa, tampoco volvería mas tarde; y

siendo yo su esposa, tampoco me dejaría volver a mí. Negarme a ir

equivalía resistir la voluntad de Jehová. ¡Cuánta responsabilidad! Eliécer

acababa de decir que Sara había muerto tres años atrás. Eso significaba

que yo, con mis inexpertos 20 años, tendría que ocupar el puesto de

señora, y ser la mujer más importante del campamento de Abraham, lejos

de mi madre, sin poder correr a ella para recibir consejo en cualquier

situación en que no supiera como proceder. Significaba enfrentar la


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ausencia, la nostalgia, un viaje de muchos días por lugares desiertos y

aun peligrosos, y luego llegar a una tierra desconocida para casarme con

un hombre al que jamás había visto. Mientras estos pensamientos se

presentaban atropelladamente en mi cabeza, oí a mis hermanos decir:

-“Es evidente que todo el asunto procede de Jehová. Nosotros no

podemos decir nada. Ahí está rebeca, puedes llevártela y que sea la

esposa del hijo de tu señor, como Jehová lo tiene dispuesto”.

Eliécer se postró en la tierra dando gracias a Jehová. Luego sacó

de sus bolsas joyas, ropas y cosas de valor y me dio a mí, a mi madre y a

mis hermanos. Eso en sí consumaba la boda, pues era el pago de una

dote, y al aceptarla nos obligaba a todos a cumplir con el trato. De modo

que, desde aquel momento, yo era la esposa de Isaac. Antes de que

expresara mi voluntad o mi parecer, mi familia había decidido el asunto

teniendo en cuenta la voluntad de Dios sobre todas las cosas.

Esa noche después de los acontecimientos emocionantes,

comimos y fuimos a dormir. Yo pensé que tendría algunos días para

prepararme y para acostumbrarme a la idea. Al otro día, muy temprano, mi

madre me despertó. Eliécer había madrugado mucho y les rogaba que lo

enviaran enseguida de vuelta. Yo no me opuse, entendiendo que era la

voluntad de Dios. Mi madre habló largamente con Débora, mi nodriza,

para aconsejarla, ya que ella iría conmigo, y también me dieron varias

esclavas como siervas. Como a la media tarde, la caravana estaba pronta

con los diez caballos, y marchamos, Eliécer y sus hombres, Débora y yo y

las doncellas. Me senté de costado en el camello para poder ir mirando

hacía atrás. Quería llenarme los ojos de aquel paisaje en que había

crecido: las palmeras que me habían visto jugar de niña, y la casa grande

donde me había criado. Mi madre mis hermanos y los fieles esclavos,

todos estaban en la puerta agitando las manos en despedida. Los miré

hasta que se convirtieron en un cuadro confuso a la distancia. Las

lágrimas nublaban mis ojos. Pensaba que podía ser la última vez que los

viera. Y realmente, esa fue la última vez.

Las palabras de mis hermanos siguieron resonando en mis oídos

por largo tiempo, hasta el fin de mi vida: - “Hermana nuestra, seas la

madre de miles de millares, y tu simiente posea la puerta de tus

enemigos”.

El viaje hasta el campamento de Abraham era de más de mil

kilómetros y nos llevó varios días. Aunque un camello puede correr hasta

18 horas por día a una velocidad pareja y bastante considerable, en

consideración a nosotras, las mujeres que integrábamos la caravana, los

períodos de viaje se interrumpían a menudo para armar las carpas y

hacernos descansar.

Un día, a la caída de la tarde, nos acercamos a Hebrón, el punto

final de nuestro viaje. De lejos se veía a un hombre caminando por el

campo. Eliécer dijo, señalándolo: -“¡Ese es Isaac!”.

-¿Cómo lo sabe usted? –pregunté. –Casi no se le distingue.

-Es su costumbre salir a orar y meditar a la caída de la tarde.

Pronto estábamos cerca de él. Me bajé del camello y me cubrí con

mi velo, pues es la costumbre en Siria Que una novia se cubra en símbolo

de sujeción cuando es entregada a su esposo. Así, en los campos de


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

Canaán, en un marco tan sencillo, vi por primera vez el rostro del hombre

que iba a significarlo todo para mí desde allí en adelante.

Fue emocionante llegar junto con Isaac y nuestros acompañantes al

campamento de Abraham y recibir la bienvenida de todos, y

especialmente conocerlo a él. Las mujeres empezaron a preparar una

gran cena. Encendieron varios fuegos y asaron cabritos y tortas al

rescoldo. Los hombres cantaban acompañándose con distintos

instrumentos musicales, especialmente flautas y salterios. Luego, Isaac

me llevó a la tienda de Sara. Esa iba a ser mi tienda. Allí estaban los

tapices y los cojines de piel de cabra teñidos de azul y rojo; allí estaban

sus joyas, sus hermosos velos, sus perfumes predilectos. Ahora yo tenía

el derecho de usar todo lo que era de Sara, de ocupar el lugar de Sara, y

además, la gran responsabilidad de hacer feliz al hijo de Sara. Bueno,

esto no fue difícil. Isaac era realmente manso, pacífico, y tenía una mente

muy espiritual. Me cuidaba como su más preciosa posesión, y yo le

obedecía reconociéndolo como la persona que más autoridad tenía sobre

mí en la tierra, no solo por ser mi esposo y cabeza, sino por ser el

depositario del pacto de Jehová y su más fiel servidor después de la

muerte de Abraham.

Pero no fue todo gozo en nuestro matrimonio. En la vida, lo amargo

y lo dulce siempre se intercalan, y a veces hasta se mezclan en la misma

copa. Con el pasar de los años una sombra se fue extendiendo sobre

nuestra felicidad. Los hijos que tanto deseábamos no llegaban. Isaac me

instaba a confiar en Jehová cuando me veía llorar de desilusión.

Poco a poco, me fueron invadiendo muchos temores amargos.

¿Que sería de mi vida si un día, cansado de esperar Isaac, me enviara de

vuelta a Padán-aram y tomara otra esposa? ¿Cómo podría yo decirles a

mis hermanos que sus palabras de despedida habían sido en vano?...

“Seas la madre de miles de millares…” Lo sentía especialmente amargo

porque siempre se consideró que una mujer sin hijos no era bendecida

por Dios.

¿Y sin Isaac tomara otra esposa sin despedirme, y yo me viera

relegada y sustituida en mi propio campamento? Un día le conté todas

esas preocupaciones a él, y me consoló diciéndome que jamás pensaría

en tomar una concubina como había hecho su padre.

-“Tengo confianza- dijo- en que nuestro hijo llegará un día, y no

quiero que tenga que sufrir sintiéndose perseguido por los celos de un

hermanastro, como sufrí yo cuando Ismael me perseguía dentro de mi

propia casa”.

Al cabo de veinte de veinte años de larga espera, aparecieron las

evidencias de que el milagro iba a producirse. Una gran felicidad me

inundó. ¡Al fin cumpliría con el propósito de haber llegado al campamento

de Abraham!

Pero de nuevo, lo amargo y lo dulce se mezclaron. Yo sentía cosas

extrañas dentro de mí que me hacían temer lo que sucedería. Me puse en

oración delante de Jehová y entonces oí las memorables palabras de

Dios: “Dos naciones están en tu seno, y dos pueblos serán divididos

desde tus entrañas, y un pueblo será más fuerte que el otro, y el mayor

servirá al menor”.


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

Cuando se cumplieron las nueve lunas nació el primero, cubierto de

espeso vello rojo, y lo llamamos Esaú, que significa velloso. Luego nació

el otro, con la mano asida al talón de su hermano y recordamos las

palabras de Jehová: “el mayor servirá al menor”. Por eso lo llamamos

Jacob, que significa “suplantador”.

Era un gozo verlos crecer junto a nosotros. ¡Pero qué distintas

personalidades! Jacob tranquilo, amoroso, apegado al hogar. Siempre

estaba cerca de nosotros; llegó a ser un excelente mayordomo en el

campamento. Esaú era rebelde, a veces violento en sus reacciones.

Desaparecía por muchos días, pues le gustaba la caza y se interesaba

demasiado en las cananeas, adoradoras de ídolos.

Un día volvió al campamento cansado, con hambre, y encontró a

Jacob cocinando un potaje rojo que a él le gustaba mucho. Con su

habitual impaciencia y su modo caprichoso exigió que Jacob se lo diera.

Cuando deseaba algo era como un niño, no sabía esperar. Jacob, a quien

yo le había referido muchas veces lo que Jehová me reveló antes del

nacimiento de ambos, acerca de los derechos de la primogenitura que le

serían concedidos, puso a prueba el aprecio de su hermano por las cosas

sagradas, ofreciéndole el potaje a cambio de sus derechos. Esaú cerró el

trato con Jacob, sin darle mucha importancia al profano negocio que

acababa de hacer. Con su natural falta de responsabilidad, echó el asunto

al olvido sin si quiera comunicarlo a Isaac y a mí el trato que había hecho.

Isaac estaba muy envejecido, y fue quedando gradualmente ciego.

Entonces pensó que era el momentote transmitir las sagradas palabras

del pacto de Dios al próximo heredero. Tal vez por su avanzada edad y

estado enfermizo, él no veía claro en ese momento que debía ser Jacob y

no Esaú quien recibiera la bendición, lo cual tenía en sí el valor de un

documento. Yo tenía mucho temor de que la bendición fuera mal

colocada, siendo pronunciada sobre quien no le correspondía, de modo

que, aprovechando que Esaú había salido a cazar a pedido de Isaac para

venir luego a recibir la bendición, me apresuré a preparar uno de los

platos favoritos de Isaac con carne de cabrito. Lo hice vestir a Jacob con

las ropas de su hermano y le puse parte de la piel de las cabras sobre la

nuca y las manos, a fin de que, si su padre lo palpaba, creyera que era

Esaú, ya que él tenía tanto vello. Desde cierta distancia oí a Isaac

bendiciendo a Jacob con las palabras del pacto de Dios, las que él y su

padre Abraham había oído a su debido tiempo.

-“Sírvante pueblos, e inclínense a ti los hijo de tu madre. Maldito

sea cada uno de los que te maldigan y bendito cada uno de los que te

bendigan”. –(Génesis 27:28,29)

Ahora mi corazón descansó tranquilo. Sabía que Jehová me había

usado en ese momento, uno de los mas dulces de mi vida. Pero, otra vez,

lo dulce y lo amargo vinieron juntos. Casi enseguida entró Esaú, y al

descubrir que su bendición había sido ya conferida a Jacob, lloró en voz

alta, como un niño, no por arrepentimiento, al haber vendido sus

derechos a su hermano, sino por lo que él personalmente había perdido.

Poco después de esto, varios de los más allegados a nosotros me

advirtieron que Esaú hablaba abiertamente de matar a Jacob cuando su

padre ya no existiera. El hizo otra cosa para mostrar cuan poco aprecio

tenía por el pacto de Dios. Se casó con una cananea sin siquiera pedirnos


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

consejo u opinión a Isaac y a mí. ¿Qué hijos podría criar con una

adoradora de demonios, una de esas hititas descaradas que me

amargaban la vida con su presencia? Pensé que si Jacob hiciera lo

mismo yo perdería todo deseo de vivir. Él tenía ahora setenta años, era

tiempo de que buscara una esposa, pues recaía sobre él la

responsabilidad, de continuar levantando la descendencia de Abraham,

para que llegara a ser “padre de una multitud” como Jehová había

prometido. Por eso, y para alejarlo de su vengativo hermano, lo enviamos

a mi hermano en Padán-aram. Viajeros venidos de allá nos habían traído

noticias de que Laban, tenía dos hermosas hijas solteras. Allí Jacob

hallaría una madre digna para sus hijos, una adoradora de Jehová.

Fue una satisfacción para mí que Isaac aprobara el viaje y lo

volviera a bendecir, repitiéndole lo que Dios le había prometido a

Abraham, y esta vez sabiendo que era Jacob quien recibía la bendición.

Como siempre nuestro amado hijo no opuso ninguna resistencia a

nuestra voluntad. Por fin íbamos a tener nietos, aunque tal vez nunca los

viéramos. La idea era muy dulce, pero la despedida fue amarga. El era el

verdadero compañero de nuestra vejez, el que velaba por nosotros. No

era fácil despedirse de un hijo así, menos aún cuando Isaac tenía ya 130

años y estaba ciego, y yo empezaba a sentirme abrumada físicamente

bajo el peso de mis 110 años. Cierto, estábamos rodeados de fieles

siervos que habían trabajado y vivido con nosotros por largo tiempo, pero

los siervos nunca sustituyen a los hijos.

Años después de la partida de Jacob, supimos que estaba

trabajando fuerte para mi hermano Laban, y que Jehová lo había

bendecido con una familia y una importante posesión de ganado, Nos

mandó a decir que un día esperaba volver con un gran campamento para

estar de nuevo junto a nosotros, y nos quedamos soñando sobre ese día.

Esa posible felicidad era nuestro tema predilecto de conversación,

aunque no sabíamos cuando se realizaría, y si estaríamos vivos para

verlo volver.

Al hacer un recuento de mi vida, nunca lamenté el haber seguido la

guía de Jehová y de mis padres, aceptando el contrato de boda que ellos

concertaron con el esclavo de confianza de Abraham. Jamás lamenté el

haber vivido en tiendas, peregrinando junto a uno de los amados

patriarcas que fueron depositarios de las promesas de Jehová. El haber

tenido conocimiento, de la misma boca de Jehová, de que mi vida era el

punto de partida de dos naciones, era un privilegio inmerecido que

compensó de sobra los momentos amargos de mi existencia.

Isaac me reconforté muchas veces asegurándome que esta vida

transitoria no era la única que había para los que obedecen al Dios

verdadero. Aunque muriéramos sin volver a ver a nuestros hijos, Esaú

por haberse establecido en Seir y Jacob por estar tan lejos de Siria, un día

resucitaríamos para enterarnos de cómo Jehová había cumplido su

promesa hecha a Abraham, de hacer su descendencia numerosa como

las estrellas del cielo. Isaac mismo había escuchado esas palabras, atado

en el altar donde Abraham iba a sacrificarlos por mandato de Dios. El

decía que, si el ángel de Jehová había detenido la mano de s padre

cuando estaba por bajar el cuchillo sobre él, eso era en sí, nos solo una

prueba de que Dios estaba satisfecho en cuanto a la obediencia de


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

Abraham, sino también una prueba de que Jehová no dejaría perder su

descendencia. Eso nos aseguraba que, por medio de Jacob, llegaríamos a

ser numerosos como las estrellas del cielo.

Aunque tantas veces lo amargo y lo dulce se mezclaron en mi vida,

nada podría borrar el gozo de haberme puesto a la disposición de Jehová,

desde aquel día en que acerqué mi cántaro a los labios del anciano

Eliécer, junto a la fuente, en Padán-aram.

(*)La BIBLIA no dice nada en cuanto a la muerte de Rebeca. No se la

nombra cuando Jacob volvió a encontrarse con su padre 20 años

después de su partida a Siria, lo cual hace suponer que ella ya había

muerto.

Álef Guímel


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

Jokébed

Una vida en el marco de la esclavitud

Éxodo, capítulos 2 y 3

Números 26:59

La vida de los esclavos nunca que fácil ni regalada, y es por lo

general una sucesión de sorpresas, una visa inestable con algunas

ráfagas de paz, que en cuanto uno empieza a disfrutarlas ya se

desvanecen. Eso es lo único que yo conocí.

Hace ahora 175 años que vino mi pueblo, Israel, vino a refugiarse

en Egipto, cuando eran 70 personas que huían del hambre en Canaán.

Hace 175 años que los hijos de nuestro antepasado Jacob vinieron aquí

para comprar grano, a fin de que ellos y sus familias no murieran por falta

de alimento. Entonces tuvieron que la gran sorpresa de encontrar a su

hermano José, a quien habían vendido como esclavo en su adolescencia,

convertido en primer ministro de Egipto.

La sabiduría de José había salvado a Egipto del hambre y lo había

convertido en una despensa bien surtida a la cual acudían los pueblos de

los alrededores a comprar alimento. Egipto tenía una gran deuda de

gratitud con Jehová y con José. Cuando sus hermanos fueron invitados a

vivir en esta tierra y a trae con ellos a su anciano padre Jacob, el Faraón,

en reconocimiento por todo el bien que José le había hecho a su pueblo,

le asignó a la familia de 70 miembros que buscaban refugio en Egipto, un

lugar en qué habitar, la tierra de Gosén, y fueron tratados como

huéspedes de honor.

Pero aquella bendición fue pasajera. El faraón agradecido y

compasivo que los trató tan bien, murió. Su sucesor ya no los miró con

los mismos ojos, Israel se estaba convirtiendo en un pueblo próspero y

grande con la bendición de Jehová. La casa real de Egipto empezó a

temer que algún día podrían ser tan fuertes y numerosos como los

mismos egipcios y se desataría una lucha interna para apoderarse del

país. Fue en ese tiempo turbulento que nací yo. Las palabras que Jehová

nuestro Dios había pronunciado a nuestro lejano abuelo Abraham, son un

verdadero consuelo: “Tu descendencia poseerá las puertas de tus

enemigos”.

Estas palabras se cumplirían algún día, pero evidentemente hay

que esperar. Nuestra situación es muy difícil. Un pueblo esclavo, sin

armas, controlado en todos sus movimientos, en medio de una potencia

numerosa, rica, despiadada, ¿qué puede hacer si su Dios no lo ayuda con

un milagro?


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

Egipto es un verdadero imperio comercial. Un tráfico de naves que

surcan del Mar Rojo y navegan a lo largo del Nilo, cargan en sus puertos

todo tipo de productos agrícolas, tejido, joyas, objetos de vidrio que loe

egipcios trabajan con tanta habilidad, y objetos religiosos, para vender en

otros países. Aunque casi nunca se ve lluvia por aquí, el Nilo mantiene un

caudal muy potente, que es una buena vía navegable y además nos

asegura el agua para regar los plantíos, porque nace entre las montañas

de Etiopía, donde llueve abundantemente, de modo que viene desde allá

con sus poderosa corriente.

Aparte de comercial con ganado, ovejas, productos de tierra y

papiro para escribir, Egipto es conocido en todo el mundo por sus carros

de guerra que fabrica y los caballos que cría especialmente para la

guerra. Estos son muy bien pagados por cualquier país que los necesite.

Por eso, el ser aliado de Egipto cuando en caso de emergencia, es

considerado como una manera de asegurase el triunfo.

Por eso, los descendientes de Cam, bajos, delgados, de piel oscura,

sin ser negros; de cabeza y cara afeitada, ¡tan diferentes de los hombres

de nuestro pueblo, no pueden ser desafiados ni puestos en peligro por

nosotros, que ni siquiera tenemos un caudillo que nos dirija! Cómo y

cuándo llegaremos a poseer la puerta de nuestros enemigos, es un

secreto que solo Dios sabe.

Hay otro peligro, más sutil más disimulado, que está causando

estragos en nuestro pueblo. Lamentablemente, en estos casi dos siglos

de convivencia con los egipcios, algunos se han contaminado con la falsa

religión. De vez en cuando se ve a ciertos israelitas, tanto hombre como

mujeres, depositando ofrendas en los altares levantados a los

innumerables cientos de dioses, casi siempre con cuerpo humano y

cabeza de algún animal. Cada ciudad tiene su patrón y señor. Cada uno

de los dioses principales tiene su templo, donde sus sacerdotes lo tratan

como un príncipe, aunque es solo una imagen si vida. Le cantan un himno

para despertarlo cada mañana, lo bañan y luego le sirven el desayuno. El

templo no se abre al público; permanece siempre cerrado como la casa

privada de ese dios.

Adoran varias trinidades, algo muy chocante para nosotros, que

reconocemos solo a un Dios supremo. El sol y la luna son dioses para

ellos. El aire, el cielo y la tierra tienen sus dioses. El poderoso río Nilo es

un dios muy reverenciado, y el mismo Faraón es considerado una deidad

que tiene que vivir en forma humana porque el pueblo necesita verlo y

oírlo. Todos estos ídolos tiene también un rey: Amón-Ra, a quien deben

rendirle cuentas.

Egipto está muy contaminado por la magia. La gente consulta de

continuo a los médium espiritistas, y alo que pronostican el futuro. Es

muy triste ver a algunos de nuestro pueblo acudiendo a ellos y llevados

atados al cuello esos pedacitos de papiro con fórmulas mágicas para

ahuyentas las enfermedades. Es fácil ver que la gente tendría mas salud

si tuviera mayor higiene, y si abandonara esa costumbre de andar

descalza, pisando la suciedad de los caminos, aunque tenga los pies

heridos. Tienen mucho conocimiento sobre hierbas medicinales y saben

combinarlas. Los médicos egipcios son famosos y viene gente de otros

países a consultarlos. Lo malo son las recetas mágicas que hacen con


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

esas hierbas, mezclándolas con sangre de ratones y excremento de

moscas, lo cual supones que es repugnante a los espíritus y los

ahuyenta.

Aquí es muy prominente el culto a los muertos. A los animales se

les trata mejor que a mucha gente, en la creencia de que en ellos se

encarnan cuerpos ilustres. Los que tiene dinero para hacerlo, preservan

el cuerpo, convirtiéndolo en una momia, porque aseguran que esa es la

única forma como el muerto puede volver a vivir. Una de las maneras mas

barata de hacerlo es sumergiéndolo en mirra durante más de 70 días, y

luego frotándolo con sal. Para momificar a los reyes y a los ricos se usan

preparaciones mas caras, y no simplemente mirra, una resina extraída de

un árbol. Los faraones pasan la mitad de sus vidas preparando una

hermosa tumba y equipándola con las mejores cosas, ya que esperan

pasar allí una “buena vida” después de la muerte.

El libro de los muertos contiene encantamientos escritos y

formulas mágicas para protegerlos de los malos espíritus. Pero, como

han comentado algunos, no tiene ninguna formula para protegerlos de los

ladrones y profanadores de tumbas que buscan las joyas y objetos de

valor que se dejan junto a sus dueños.

Egipto es una nación en que se da muy poco valor a las cualidades

morales de la gente. Casi no se mencionan, ni siquiera en relación con los

dioses. Uno le pregunta a un egipcio por qué le rinde devoción a tal dios o

diosa y nunca le va ha decir que está agradecido por tal o cual bien

espiritual, sino por algún beneficio material. No dirá nunca: “Porque mis

hijos son buenos, porque ninguno es un delincuente; porque tengo paz y

felicidad…” En cambio dirá: “Porque este año nacieron muchos terneros

en mis campos; porque tengo trigo en abundancia para vender; porque

no soy tan pobre como mi vecino”.

El sentido de la justicia no parece existir entre ellos, ni tampoco un

concepto claro del pecado y la culpa. Si alguien comete un mal serio

jamás va a confesarlo. Está obligado consigo mismo a negarlo. Siempre

dirá: “No tengo culpa”. La obligación de probar la culpabilidad de los

jueces y estos por lo general, fallan a favor del acusado, porque la gente

mira con buenos ojos a los que dejan pasar el mal sin castigo. Sus

conciencias oscuras y sin entrenamiento solo hablan a favor de ellos, y

no se quejan por nada ni los hacen sentir incómodos.

Las únicas leyes que los egipcios conocen son los decretos

dictados arbitrariamente por el rey en ciertos momentos, que, con el paso

del tiempo, quizás caigan en el olvido porque un nuevo Faraón, o nuevos

ministros, consideren que ya no vale la pena exigir su cumplimiento.

Nunca tuvieron una constitución o un código escrito de valor permanente.

Uno de los derechos reales que más dolor causó, fue el que demandaba

la muerte de todo hijo varón de los hebreos. Los soldados tenían orden

de registrar las casas de los esclavos y arrojar a los recién nacidos a las

aguas del Nilo. Si eran niñas, se les permitía vivir. Al no existir jóvenes

israelitas, cuando éstas crecieran se casarían con egipcios y el pueblo de

Israel desaparecería poco a poco. Fue en este tiempo dramático que nació

nuestro segundo hijo varón, tres años menor que Aarón. Miriam, nuestra

hijita, entrando en la adolescencia. Justamente ahora, en esos días de

tanta angustia, nacía este bebé, hermoso y sano, al cual deseábamos


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

ardientemente salvar del decreto mortífero del faraón. No era posible salir

de Egipto, ni ocultarlo por mucho tiempo. Logré esconderlo por tres

meses. Cada vez que veía soldados en la calle mi corazón se agitaba

dolorosamente. ¿Vendrían a buscar al niño? ¿Estarían sobre aviso?

Me preocupaban mucho algunas mujeres de nuestro pueblo que

estaban inclinándose a dioses egipcios. Parecí que se habían dedicado a

observarme y decían cosas con doble intención:

-“¿Qué pasó con el niño que esperabas? Nadie ha visto a los

soldados venir a buscarlos. Tú no tienes cara de duelo como las madres

que tuvieron que entregar a su hijo para que lo arrojen al Nilo. No quieres

hablar porque estas ocultando algo. ¿Acaso te sientes mas privilegiada

que las demás?”

Un día tuve que tomar una decisión valerosa, porque era imposible

continuar así. Jehová vio la tribulación que había en mí y puso una idea

muy buena en mi mente. Preparé una cesta, siguiendo el modelo de las

embarcaciones de papiro que trasportan varias personas. El papiro es esa

hermosa planta acuática, como lo indica su nombre “planta de río”. Sus

hojas anchas y largas pueden elevarse a casi cinco metros de altura y

provee material para muchas cosas: barcos, canastos, sandalias, cajas, y

en planchas prensadas de hojas entretejidas, ha probado ser un material

muy durable para escribir.

De modo que tejí la cesta, la barnicé con una mano de betún y con

resina de pino para hacerla impermeable, como le hacen a las

embarcaciones, y allí a aquel bebé tan hermoso para dejarlo flotando a la

orilla del Nilo, donde la princesa acostumbraba a bañarse en los días

plácidos. Amran, mi esposo, aprobó el proyecto.

Hablé con Miriam, mi hijita, acerca de la misión que ella tendría que

cumplir. Vigilaría desde un lugar cercano, y cuando la princesa

descubriera la cesta, se acercaría para ofrecerle una nodriza que criara al

niño. –Tienes que ser fuerte hijita, y estar preparada para lo que venga. La

princesa comprenderá enseguida que se trata de un bebé hebreo, porque

es rosado y robusto, tan diferente de los bebés egipcios, menudos y de

piel oscura. Imagínate que la princesa dijera: “Es necesario entregar al

niño a los soldados inmediatamente”. ¿Vas a ser fuerte entonces y

alejarte resignada y sin decir palabra?

Me prometió que así lo haría. Esto sería muy duro para ella, porque

estaba tan encariñada con su hermanito. –Cuando tú seas madre o

abuela, Miriam tal vez seamos un pueblo libre que no tenga que ver a sus

hijos sacrificados. Pero ahora somos esclavos, no tenemos derecho a

protestar ni a pedir nada, mucho menos a maldecir, porque nos costaría

la vida. Los esclavos, cuando tenemos un dolor muy grande, lo único que

podemos hacer es tragárnoslo ¡Mejor que tú aprendas esto desde niña!

Llegó el día elegido, y salimos Miriam y yo, muy temprano, en

dirección al Nilo con la valiosa carga viviente y una esperanza en el

corazón. Se comentaba que la joven princesa era una persona compasiva,

de nobles sentimientos, muy diferente a su padre, el Faraón. Depositamos

el niño entre las plantas que bordean el río, cerca del palacio, y yo volví a

casa, hablándole a Jehová dentro de mí todo el camino, encomendándole

al niño y diciéndole una y otra vez cuánto deseaba que viviera para

servirlo. Pasaron algunas horas y al fin Miriam entró en nuestra humilde


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

vivienda con carita radiante. Antes que pudiera decirme nada comprendí

que todo había salido bien. Me presenté ese mismo día ante la princesa y

ella me fijó un salario para criar al niño. ¡Qué cosa maravillosa estaba

haciendo Jehová por nosotros! Podríamos estar con el niño, inculcarle fe

y amor hacia el Dios verdadero, y todavía recibir pago material por

hacerlo.

-¿Sabes mamá? Cuando la princesa lo vio se enterneció tanto, y

dijo: “Le llamaremos Moisés porque ha sido salvado de las aguas”.

-Es un nombre muy bonito, Miriam, aunque no sea un nombre

hebreo. Tendremos que olvidarnos de los nombres que nosotros

habíamos elegido para ponerle.

Los años fueron pasando y el niño crecía hermoso y sano. Cuando

ya no necesitó leche materna y cuidados especiales, tuve que entregarlo

al palacio para que recibiera la educación superior como miembro de la

familia real, ya que era el hijo adoptivo de la princesa. Luego Moisés

solicitó que me dejaran venir regularmente a verlo porque me había

tomado cariño como nodriza. Tenía que emplear muchas horas recibiendo

instrucción política, histórica, militar, y todo o que constituía la cultura

egipcia. Le quedaba también algún tiempo para juegos y recreo en los

jardines del palacio. Los guardias me conocían y me dejaban pasar a

verlo. Siempre hallábamos algún tiempo para hablar de nuestras

esperanzas de la liberación y de las cosas hermosas que Jehová había

prometido a Abraham, Isaac y Jacob. Todo esto era un gran consuelo

para mí. Años después del nacimiento de Moisés nacieron muchos hijos

varones entre los judíos en cautiverio. Pero los egipcios ya se habían

olvidado del decreto de muerte contra los bebés hebreos.

Fue un deleite criar tanto a Aarón como a Moisés. Escuchaban con

gran atención cuando les hablábamos de Jehová, el Dios del cielo. Ambos

niños eran muy diferentes en su personalidad. Aarón tenía facilidad de

palabra y era muy conversador. Moisés en cambio era calladito y retraído.

Tenía una leve tartamudez, lo cual quizás era una de las causas porque se

privaba de conversar. En cambio, aprendió a escribir con mucha facilidad,

y lo hacía tan bien en egipcio como en hebreo. De vez en cuando me leía

alguno de sus ingeniosos poemas.

La princesa estaba orgullosa de su hijo adoptivo y lo vestía

regiamente. Cuando creció le confiaron algunas misiones importantes en

el palacio y era evidente que esperaban que fuera una persona valiosa

para el estado cuando llegara a ser un hombre maduro. Muchas veces

Amram y yo tuvimos temor de que Egipto lo mareara con sus halagos, y

que el lujo desenfrenado del palacio lo hiciera olvidar de su pueblo, cada

vez más oprimido por la esclavitud. De vez en cuando teníamos

oportunidad de hablar con él, y entonces nos tranquilizábamos porque su

corazón no había cambiado.

Una noche, Amram y yo estábamos acostados. Ya hacía varias

horas que había caído el sol. Oímos que alguien empujaba la puerta y

entraba. Amram se levantó y preguntó:-¿Quién anda allí?

Entonces oímos la amada voz de nuestro hijo en tono bajo:- Padre,

madre, no se asusten; soy yo Moisés. Por favor, no levanten la voz. Nadie

deber saber que estoy aquí.


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

¡Qué extraño! El nunca venía a los barrios de los esclavos para que

la gente no sospechara la relación que tenía con ellos, y especialmente

con nosotros, su familia. Alguna razón muy especial tenía que haber para

que viviera a tan altas horas de la noche.

En el brasero todavía ardían algunos carbones del fuego en que

había calentado en la cena. Arrimé una antorcha y la encendí para poder

verlo mejor. No tenía las ropas señoriales que usaba en el palacio, sino la

ropa rústica de los sirvientes más humildes.

-Hijo mío, ¿Qué pasa por qué estas vestido así?

-Muchas cosas han sucedido en pocos días y debo huir lejos. No

podía irme de Egipto sin verlos una vez más, padres queridos. Hace

pocos días vi a un capataz egipcio castigando brutalmente a un hebreo y

la sangre ardió en mis venas. No pude soportarlo y me trabé en lucha con

el egipcio mientras el esclavo escapaba. Sin darme cuenta, puse tanta

fuerza en mis manos que lo maté, aunque no era esa mi intención. Pensé

que nadie estaba observando la escena y lo enterré allí mismo, seguro de

que la cosa no iba a pasar de allí, pero al día siguiente encontré dos

hebreos luchando entre ellos y quise separarlos. Le dije al más agresivo:

“¿Por qué debes golpear así a tu compañero?” Y él me contestó con ira:

“¿Quién te nombró a ti juez y príncipe sobre nosotros? ¿Tienes pensado

matarme a mí como hiciste con el egipcio?”

Me alejé de allí muy dolorido, porque parece que los hebreos están

tan confundidos que ya no entienden la diferencia entre los que los

atacan y los que los defienden. Evidentemente este no es el momento

para ayudarles a conseguir su liberación. Y ahora, alguien me advirtió que

el asunto llegó a oídos del Faraón y ha dada ordenes de buscarme y

darme muerte. En Egipto cualquier criminal puede quedar impune, pero

no los traidores, y eso es lo que Faraón piensa de mí. Soy alguien a quien

se le ha ofrecido todo a cambio de su lealtad: riquezas, poder, honores…

¡Y ahora han descubierto que mi corazón está con los esclavos!

-¿Qué piensas hacer ahora hijo?- Preguntó Amram.

-Pienso irme a Madián y trabajar como cualquier jornalero. Aunque

los egipcios sienten desprecios por cualquiera que pastorea ovejas, pues

lo consideran un trabajo no digno de hombres emprendedores, a mí me

gusta hacerlo y en Madián es un muy común. Empezaré por allí, y luego

Jehová me indicará cuál es su voluntad. Ustedes me enseñaron que

cuando Abraham estaba preocupado por morir sin descendencia, Jehová

le hizo llegar una promesa: “No temas Abraham. Soy para ti un escudo”

Eso es lo que espero que Jehová sea para mí en este momento difícil.

-Hijo ya tienes cuarenta años. Cuando estés en Madián Cásate y

forma tu familia. Tú también como Abraham deberías preocuparte por tu

descendencia.

Moisés nos aseguró que así lo haría. Luego sus amorosos brazos

nos rodearon y nos besó varias veces. Antes de marcharse me dejó un

encargue que cumplir:

-Mamá, yo sé que mi desaparición será un duro golpe para la

princesa. Estoy defraudando todas las esperanzas que ella puso en mí, y

me duele hacerlo. A medida que la situación de los hebreos se fue

agravando quise interesarla en el asunto para que usara su influencia y

tratara de aliviar sus cargas. Pero no hizo nada. Quizás tiene miedo de


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

enojar al Faraón, o tal vez no le importan los sufrimientos de mi pueblo.

Yo no puedo dividir mi lealtad a Dios con mis deberes hacia Egipto y

hacia mi madre adoptiva. Si tú encuentras la manera de hacerle llegar un

mensaje, hazle saber que la quiero y la respeto mucho, y que estoy

agradecido por cuanto ha hecho por mí.

-¿Cómo piensas llegar a Madián, hijo? A pie te llevará mucho

tiempo.

-Uno de los siervos del palacio, que es un amigo confiable, el

mismo que puso sobre aviso en cuanto a lo que el Faraón trama contra

mí, me espera con un caballo donde termina el caserío. Iré hasta el monte

Sinaí y lo rodearé. Del otro lado ya es tierra de Madián. Pienso quedarme

allí en las inmediaciones del Sinaí. Y ahora sí, papá, mamá, un último

beso. Necesito mucho la bendición de ustedes. Me duele el corazón

porque tengo que dejarlos en la esclavitud. Despídanme de Aarón y

Miriam, y déjenles mis cariños por favor. Díganles que les ruego mucho

que cuiden mucho de ustedes. Si Jehová quiere nos volveremos a

encontrar. Espero que la ansiada liberación de los hebreos ocurra pronto,

y Jehová me permita tener parte en ella. Ya me voy, no me iluminen con la

antorcha, y quédense adentro por favor.

Después de esto, Moisés se perdió en la oscuridad de la noche.

Amram y yo nos quedamos confundidos, llorando en silencio. ¡Cuántas

cosas pueden cambiar en poco tiempo! ¡Estábamos tan seguros de que la

posición de Moisés en el palacio era estable! Jamás pensamos que de

pronto se iba a convertir en un fugitivo. Probablemente nunca lo veremos

de nuevo ni tendremos el gozo de conocer a sus hijos. El tiene que huir

para salvar su vida, nosotros seguimos gimiendo en la esclavitud.

¡Nuestro hijo, condenado a muerte en Egipto por segunda vez, como

cuando era un bebé indefenso!

A pesar de la oscura situación, nuestro corazón reboza con un gozo

que nadie podrá quitarnos, porque el amor de Jehová, que inculcamos en

Moisés ha sido más fuerte que el esplendor, la riqueza y el poderío de

Egipto. El ha dejado todo atrás sin pena, para identificarse con el pueblo

odiado y perseguido del Dios verdadero. Que Jehová lo bendiga y lo

guarde en los lugares desiertos que tiene que cruzar.


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

Miriam

En camino a la Tierra Prometida

Éxodo, capítulos 2 al 16

Números capítulo 12

Estamos acampando nuevamente en el desierto de Sin, muy cerca

del Monte Sinaí, el lugar donde el pueblo, de pie, vio la aterradora

manifestación de la presencia de Jehová sobre el monte, con truenos,

relámpagos, sonidos de cuerno que estremecían, y la montaña humeante.

El espectáculo era tan estremecedor que le pedimos por favor que fuera

Moisés, como vocero de Dios quien hablara, porque no podíamos resistir

la voz del Todopoderoso. Allí escuchamos los Diez Mandamientos. Hace

casi cuarenta años ahora, y yo tenía entonces noventa años de edad.

Hemos vagado durante cuatro décadas acampando en distintos

lugares que Jehová señaló y ahora estamos en la misma zona, cerca del

Mar Rojo. Podíamos haber cruzado estos desiertos en poco tiempo para

llegar a destino, pero Jehová nos hizo errar el rumbo y acampar en

diferentes puntos durante puntos durante tanto tiempo, en castigo por

nuestras infidelidades y murmuraciones. Por decreto divino, la

generación que salió de Egipto debe morir en el desierto. Solo los que

nacieron durante esta larga peregrinación entrarán en la Tierra Prometida

y los que eran niños al salir de Egipto.

Ha sido muy interesante durante estos cuarenta años ver crecer a

tantos entre nosotros, que se convirtieron en padres de familia luego. El

cuidado amoroso de Jehová nunca nos dejó sufrir hambre o sed más que

temporalmente. Nuestra ropa y calzados no se gastaron en este tiempo y

van pasando de unos a otros a medida que crecen. Ahora estamos

próximos al ansiado arribo a la Tierra Prometida, pero yo sé que he de

tener el privilegio de verla o habitarla. Pertenezco a la generación que

debe morir en el desierto. Mis pobres huesos cansados después de 130

años de andar, ansían un lugar de reposo. Mis ojos se han oscurecido y

los paisajes están envueltos en niebla aún en pleno día. Todo lo veo

borroso, solamente cuando l agente se acerca puedo distinguir su rostro.

Como todos los ancianos, vivo mucho en el pasado y repaso mis

más queridos recuerdos. Olvido fácilmente todo lo que sucede hoy a mi

alrededor, pero resurgen en mi mente de continuo los sucesos de ayer.

Es hermoso comprobar que Jehová nos ha usado como instrumentos

suyos y nos ha conservado dentro de su pueblo a pesar de nuestros

errores.


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

Cuando estaba entrando en la adolescencia tuve el privilegio de

montar guardia a orillas del Nilo, cerca de una cesta de papiro, donde

dormía mi nuevo hermanito, con la esperanza de que la princesa, hija del

Faraón, lo recogiera y lo librara del decreto de muerte que pesaba sobre

todos los bebés hebreos: El feliz resultado de aquella experiencia me

proporcionó una de las impresiones imborrables de mi vida.

Moisés se crió en el palacio como hijo adoptivo de la princesa y lo

veíamos poco, pero sabíamos que se interesaba profundamente en la

situación de los esclavos hebreos y que él también se sentía parte del

pueblo de Jehová. Cuando él tenía cuarenta años, sucedió aquello que

causó su huída a tierra de Madián y lo convirtió en persona no grata en

Egipto.

Defendiendo a un esclavo hebreo que era brutalmente agredido por

un capataz egipcio, éste murió en la lucha. El hecho llegó a oídos del

faraón y él recomendó la captura de Moisés. Por segunda vez, mi

hermano estaba bajo condenación en Egipto. Más tarde comprendimos

que Jehová estaba manejando las cosas en armonía con su propósito.

En la tierra de Madián, Moisés se casó con la hija de un sacerdote,

Jetró, y pastoreaba las ovejas de su suegro cerca del monte Sinaí. Allí se

le apareció el ángel de Jehová en medio de una zarza que ardía pero no se

quemaba y le habló en representación del Dios verdadero. El le aseguró

que Jehová estaba escuchando los clamores de su pueblo esclavo, y que

veía sus trabajos forzados y la manera como los egipcios los oprimían.

Habían pasado cuarenta años desde su huída de Egipto. Jehová lo

mandó presentarse ante el faraón reinante en ese momento y exigir la

libertad despueblo hebreo.

Dos cosas muy importante preocuparon a Moisés al recibir esta

asignación. Primero: ¿Creería el pueblo hebreo que él venía de parte del

Dios Verdadero cuando la adoración de El había estado descuidada por

siglos?

Jehová le aseguró que al invocar su Nombre y explicar su

significado, los israelitas reconocerían que el Dios de sus antepasados lo

estaba enviando.

Su segunda preocupación se basaba en un pequeño defecto que

Moisés tenía en el habla. Temía que su presentación ante el Faraón no iba

a tener la fuerza persuasiva que él deseaba infundirle. Entonces Jehová

asignó a Aarón para que oficiara como vocero y dirigiera la palabra al

Faraón.

¡Qué hermosos fue volver a ver a Moisés después de cuarenta años

de ausencia, y saber que estaba comisionado para liberarnos y levarnos a

la tierra en que peregrinaron nuestros antepasados!

Cuando al Faraón se le solicitó libertad de los esclavos, respondió

con soberbia que había que aumentarles el trabajo porque estaban

demasiado ociosos y por eso pedían libertad para ir al desierto a adorar a

su Dios.

Hubo varias entrevistas entre el rey de Egipto y Moisés y Aarón. El

Faraón se mantuvo firme en su negativa de dejar salir libres a sus

esclavos hebreos. Entonces Jehová comenzó a plagar a los dioses de

Egipto, mostrando así que no tenían ningún poder para defenderse ellos

mismos ni a sus adoradores. El Nilo era considerado un dios, y no pudo


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

impedir que sus aguas se convirtieran en sangre. Había dioses de la

ganadería y la agricultura que no pudieron defender lo que se suponía

que guardaban. Las deidades que controlaban el tiempo, no evitaron el

granizo desbastador que mató gente y animales cuando el Faraón se

negó a liberar a sus esclavos, después de haberle rogado Moisés y Aarón

por séptima vez que lo hiciera. Allí sucedió algo que Egipto jamás había

visto: granizo mezclado con fuego, de punta a punta del país. El Faraón,

aterrado por la manifestación del poder de Dios, hizo llamar a Moisés y

pidió que cesara el granizo, pues estaba dispuesto a liberar a los hebreos.

La cosecha de de lino y cebada ya estaban perdidas, el trigo todavía

podía salvarse porque viene mas tarde. Moisés le aseguro que la plaga se

detendría, aunque no creía en un cambio de corazón del obstinado

Faraón. No se equivocó. Al rey de Egipto no le bastaron siete plagas. Al

volver a negarles la libertad a los hebreos, el país se lleno de langostas

como nunca antes; después de eso una densa oscuridad cubrió la tierra,

no había diferencia entre el día y la noche. En cambio en la tierra de

Gosén, donde habitábamos los esclavos, había luz. Después de la cuarta

plaga, ninguna había afectado al pueblo del Dios verdadero. Ahora faltaba

el golpe decisivo. Ya las nueve plagas anteriores habían demostrado la

inutilidad y la impotencia de los dioses egipcios que no pudieron

defender lo que se confiaba a su cuidado. La gente que era capaz de

pensar entre los egipcios, hacía muchas preguntas, Evidentemente

estaban perdiendo la fe en las imágenes que habían adorado hasta

entonces. Llegó la noche tan esperada. Amón-Rá, el principal entre los

dioses de ellos, a quien se le dedicaban los primogénitos, debía ser

desenmascarado con esta última plaga, cuando hasta el primogénito del

Faraón sería hallado muerto en su lecho.

Esa fue una noche inolvidable. Cada familia hebrea había comido

su cordero de Pascua y había marcado con sangre el dintel y los marcos

de la puerta en señal de que sus habitantes creían en la liberación y la

esperaban. Ninguna sangre se veía en los umbrales, porque era símbolo

de liberación y debía pisotearse.

Vestidos, calzados, de pie, teniendo separadas las cosas que no

queríamos dejar atrás; listos para partir cuando recibiéramos la señal

durante la madrugada, con el corazón palpitante de emoción y

expectativa, cada hora se nos hacía larga como u año.

A la medianoche, terribles alaridos de duelo salían de las casa

cercanas y la gente corría a la calle con sus primogénitos muertos en sus

brazos, buscando en vano el auxilio de los sacerdotes y practicantes de

magia. Entonces se enteraron de que cada hogar había sido tocado por la

tragedia, excepto las casas de los esclavos, señaladas con la sangre del

cordero. La desesperación y el miedo de ser extinguidos a causa del

abuso que habían cometido con los esclavos hebreos, se habían

apoderado de ellos.

La gente, empezó a rogarnos encarecidamente que saliéramos de

Egipto. Les pedimos que nos dieran algo de valor para compensar algo de

los 215 años de aflicción y sufrimiento que nuestro pueblo había

soportado como esclavos de ellos.


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

Para apaciguar la justa indignación de Jehová, sacaron de sus

casas los objetos más valiosos que poseían y los pusieron en nuestras

manos.

Cuando Moisés y Aarón dieron la orden de marcha, empezados a

caminar en dirección del Mar Rojo llevando nuestros animales

domésticos y nuestras pertenencias, a la luz de la luna llena, que de allí

en adelante fue el distintivo de todas nuestras pascuas. Cada familia

cargaba con su artesa en la cual estaba el pan aún no leudado, que

habían preparado para el día siguiente. Era seiscientos mil hombres,

cabeza de familia, con sus esposas, sus hijos y en muchos casos,

ancianos desvalidos que pertenecían a la familia. ¡El pueblo de Israel se

había hecho muy numeroso a pesar de la gran opresión sufrida!

Además de nosotros, una multitud de los egipcios que habían

perdido su fe en sus dioses, quería compartir el destino de los hebreos y

adorar al Dios de ellos que los premiaba con la liberación.

Mientras Egipto lloraba por la muerte de los primogénitos que

habían sido dedicados a Amón-Rá al nacer, el pueblo de Israel se

encaminó hacia el desierto seguido por los egipcios desilusionados de

sus dioses. Por orden de Moisés, los huesos de José, el amado hijo de

Jacob, iban con nosotros.

Cuando llegamos al mar Rojo, se presentó el momento más crítico

del viaje. La situación parecía una trampa mortal, pero sabíamos que

Jehová no nos había librado de nuestros enemigos para dejarnos perder

ahora. El mar estaba delante, las montañas a ambos lados y el ejército

egipcio con todo con todo su despliegue militar, venía persiguiéndonos

por detrás. Por que el obstinado Faraón, cuando se repuso de la dura

sorpresa que le causó la muerte de su hijo primogénito. Lejos de

humillarse ante Dios, incubó un deseo de vengarse del pueblo hebreo,

impidiéndole llegar al Sinaí. Rodeado de impresionante pompa, él mismo

estaba dirigiendo esta operación de guerra junto a su segundo hijo, que

era el comandante del ejército, con lo mejor de su caballería y su sus

carros bélicos.

El pueblo hebreo se sentía desfallecer ante una situación tan

peligrosa. Moisés nos alentaba diciendo: “No tengan miedo, estén firmes

y vean la salvación de Jehová, porque a los egipcios que ustedes ven hoy

no los volverá a ver nunca más. Jehová peleara por ustedes y ustedes

mismos guardaran silencio”.

Hasta ese momento y desde que habíamos salido de Egipto, la

presencia de Jehová se había hecho notar como una columna de nube de

día y como pilar de fuego de noche. Iba delante de nosotros y se detenía

en los lugares en que teníamos que acampar. Pero en ese momento

culminante, la columna de nube se movió hacia atrás, cubriendo el

campamento de la vista de los egipcios. Recibimos la orden de levantar

las tiendas, lo cual llevaría algunas horas. Cayó la noche. Nadie durmió ni

aun los niños. Un fuerte viento del este soplaba sin cesar. Entonces

aconteció el sorprendente milagro, cuando Moisés extendió su vara. El

mar se abrió y dos muros de agua petrificada, detenida en posición

vertical, dejaron un lecho seco en el que debíamos caminar. Y el pueblo

caminó por el ancho corredor acuoso, temblando de emoción ante aquella

manifestación del poder de su Dios, jamás igualada. Los egipcios con su


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

impresionante ejército, no se nos habían acercado en toda la noche, a

causa de la nube que nos cubría. Pero al levantarse la nube y advertir que

Israel caminaba en medio del agua por una vía seca, pensaron que ellos

podían hacer lo mismo.

Cayeron en la emboscada y cuando iban entrando en el mar, las

ruedas de los carros empezaron a salirse, haciendo tropezar a los

caballos, de modo que los carros avanzaban con gran dificultad. Cuando

los últimos integrantes del éxodo de Israel alcanzaron la orilla, Moisés

recibió el mandamiento de extender de nuevo su mano sobre el mar. Las

aguas volvieron a su lugar y anegaron totalmente el ejército egipcio. Al

amanecer, pudimos ver la playa cubierta de soldados y caballos muertos

yaciendo entre los carros despedazados.

En aquella memorable ocasión, Moisés, con la habilidad poética

que todos conocíamos, compuso un canto magnífico que el pueblo

entonó a coro a orillas del mar y quedó como parte de nuestro cancionero

de allí en adelante.

Yo, a pesar de tener noventa años, no podía contener mi gozo.

Tomando una pandereta, guié a las mujeres jóvenes en una danza

mientras los hombres seguían cantando el cántico de Moisés. Nosotras

nos uníamos a ellos en el estribillo que decía:

“Canten a Jehová, porque se ha ensalzado soberanamente.

Al caballo y su jinete él ha arrojado en el mar”

Después de esa gran experiencia, partimos de allí y peregrinamos

en el desierto. Al cabo de tres días en que no se veía agua por ningún

lado, llegamos a un lugar en que había agua, pero era tan amarga que no

se podía beber. Por eso aquel lugar se llamaba Mara.

¡Qué pueblo rebelde somos! Después de todo lo que Jehová había

hecho por nosotros, la gente estaba reprochándole agriamente a Moisés

que nos había sacado de Egipto para dejarnos morir de sed en el desierto.

Moisés clamó a Jehová por ayuda y se le mandó a cortar cierto árbol y

arrojarlo en el agua, después de lo cual se volvió dulce y agradable.

Salimos de ese lugar y llegamos a Elim. ¡Qué fiesta para los ojos! Elim

tenía setenta palmeras y doce fuentes de agua.

Hacía dos meses y medio que habíamos abandonado Egipto y al

salir de Elim, vinimos a acampar en este mismo desierto inhóspito donde

estamos ahora. Aquí pusimos a prueba a Jehová nuevamente con

nuestras murmuraciones. El pueblo empezó a quejarse porque no tenía

carne como en Egipto. Entonces Jehová le reveló a Moisés que al

atardecer comeríamos carne y al amanecer el nuevo día tendríamos pan.

Esa tarde, el campamento se llenó de codornices y pudimos

cocinarlas y comerlas. Al amanecer el día siguiente, el suelo apareció

cubierto de unos copitos menudos. Al verlos todos comenzamos a

pregunta: ¿Man hú? (qué es esto).

Moisés nos explicó que era el pan del cielo que Jehová nos daba.

Debíamos juntarlo antes de que salga el sol amasarlo y hornearlo cada

día. Lo nombramos maná, de acuerdo a la pregunta que salió de la boca

de todos al verlo por primera vez. Junto con el maná vino la ley del

sábado. Algo completamente nuevo, un día dedicado a la adoración de

Jehová cada semana. El séptimo día no caía maná y nadie debía salir a

buscarlo, porque ningún trabajo servil estaba permitido.


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

A mí me irritaban estas rebeldías del pueblo por el agua, cuando

añoraban la carne, cuando hasta llegaban a llorar acordándose de los

ajos y las cebollas que cultivaban en Egipto y que no se encontraban en

el desierto. Pero entonces, yo hice algo peor. Me puse celosa a causa de

la esposa de Moisés, porque le daban tanta importancia en el

campamento a pesar de ser una extranjera. Hasta que ella llegó con sus

padres y sus dos hijos, yo me sentía especialmente privilegiada como

profetiza de Jehová. En cambio ella ahora tenía una imagen brillante, y yo

me sentía opacada y olvidada. Hablé con Aarón del asunto y casi le puse

las palabras en la boca para darme la razón. Los dos estuvimos de

acuerdo en que al fin, Moisés no era más que nosotros sus hermanos,

porque Jehová también había hablado por nosotros.

En realidad, estábamos provocado la ira de Dios y fuimos llevados

a su presencia en la tienda de reunión.

Luego de hablar en defensa de siervo Moisés, Jehová descargó su

indignación sobre mí, hiriéndome de lepra. Cuando mis hermanos me

vieron cubierta de manchas blancas, ambos clamaron a Dios por su

perdón. Jehová respondió con aquellas palabras que me dolieron

terriblemente, pero me las merecía:

-“Si el padre de ella le escupiera directamente en el rostro ¿no

quedaría humillada por siete días? Que esté en cuarentena fuera del

campamento y entonces sea admitida”.

La sentencia se cumplió y el campamento quedó detenido en aquel

lugar hasta que pude unirme a ellos. Es algo muy triste mirar de lejos el

pueblo de Dios, su congregación amada, y sentirse indigno de estar en

ella.

Por la bondad de Jehová fueron solo siete días, pero me parecieron

años. Cuando me reintegré, limpia y curada, muchos me abrazaron con

gozo. Fue algo muy emocionante comprobar que no me rechazaban. De

allí en adelante siguieron considerándome profetiza de Jehová y

respetando mi palabra.

Volvimos a levantar campamento y Moisés envió un hombre de

cada tribu a Canaán para expiar la tierra y traer un informe. Dos de ellos,

Josué y Caleb, hablaron de sus maravillosos frutos, y nos aseguraron que

era una tierra que manaba leche y miel, como Jehová nos había dicho.

Trajeron deliciosas muestras de higos y granadas y un enorme racimo de

uvas que tuvieron que cargarlo sobre los hombros de dos hombres en

una barra, porque pesaba más de treinta kilos.

Diez de ellos, en cambio, hablaron negativamente. Dijeron que

habían visto allí un pueblo de gigantes que seguramente nos

despedazarían si nos atacaban. Nuevamente el pueblo clamó por volver a

Egipto y entonces Jehová decretó que, por los cuarenta días que los

hombres habían estado recorriendo la Tierra Prometida, vagaríamos

cuarenta años en el desierto sin poder entrar en ella, hasta que muriera la

generación rebelde que había salido de Egipto. Solamente Josué y Caleb,

los dos espías que habían traído un informe fidedigno, entrarían con vida

a la Tierra Prometida.

Ahora, los cuarenta años ya están por cumplirse. Miles de veces

vuelve a aparecer en nuestras conversaciones aquel día glorioso en que

Jehová nos dio el reconocimiento como nación, ante el Monte Sinaí,


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

después de 215 años de esclavitud en Egipto. Un pueblo sufrido,

humillado, despojado, que por fin tenía dignidad y nombre ante el mundo.

El único pueblo liberado por Dios mismo y regido por sus leyes.

Podíamos haber entrado en la Tierra Prometida en unos pocos

meses, pero por nuestra terquedad y desobediencia hemos vagado

cuarenta años en estos desiertos. Los que experimentamos aquella

maravillosa liberación y la cruzada del Mar Rojo, no entraremos a la tierra

que mana leche y miel.

Mi cuerpo agotado descansará en este desierto, pero yo sé que

Jehová no ha de olvidarme. Es un gran consuelo repasar mentalmente las

palabras del poema que escribió Moisés respecto a Job, nuestro lejano

pariente, cuya historia recogió y redactó aplazar por la tierra de Uz:

“Si un hombre físicamente capacitado muere ¿puede volver a vivir?

Todos los días de mi trabajo obligatorio esperaré hasta que llegue

mi relevo.

Tú llamarás y yo te responderé, por la obra d tus manos sentirás

anhelo”.

Álef Guímel

Job 14: 14,15


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

Rahab

De espaldas a Jericó

Josué capítulos 2 al 6

Me hace muy feliz, amigos, saber que me han llamado. Han

perforado zapas de ceniza y mantos de sombras. Han penetrado en el

pasado con una potente lámpara, y con voz cálida me han animado a

atravesar las eras y a venir al plano en que ustedes viven, para contarles

de nuevo mi historia.

Me gusta repasar recuerdos y revivir horas desvanecidas. Sé que

después de oírme me comprenderán mejor, y también verán claramente

las razones que Dios tuvo para aborrecer y destruir Jericó.

Jericó era una ciudad muy fuerte, demasiado segura de sí misma,

edificada en una llanura, cerca de la ribera occidental del Jordán. Como

en tantas ciudades de la antigüedad, unos tenían todas las ventajas y

otros carecían de todo privilegio. Mi niñez tuvo el sello de la pobreza:

lucha, privaciones, comparaciones tristes con los que tenían mas y lo

lucían ostentosamente.

El orgullo de Jericó se basaba en su ejército bien entrenado, en sus

dioses imaginarios y en su muro doble.

¿Por qué edificaban muros dobles las ciudades de la antigüedad?

Era una gran defensa en caso de invasión. El muro interior estaba a

varios metros del exterior y el espacio entre ellos se rellenaba con

escombros, barro y piedras, de modo que, cualquier enemigo que

rompiera el muro exterior tenía que luchar con todo eso antes de llegar al

muro interior. Eso daba tiempo suficiente para que los atalayas en sus

torres de vigilancia dieran aviso, y el ejército se preparara para repeler el

ataque.

A los que eran demasiado pobres para comprar un terreno adentro,

se les permitía edificar sobre el muro. Naturalmente, en caso de ataque,

serían los primeros en caer, si no se enteraban a tiempo para dejar sus

casas y refugiarse en la ciudad. El hecho de vivir sobre el muro hacía que

muchos nos miraran como una clase inferior. Al parecer nuestra vida no

tenía el mismo valor que la de ellos.

Estos hechos hicieron un impacto en mi mente desde niña y crecí

con la obsesión de salir de la pobreza. No había muchas cosas que una

mujer pudiera hacer para cambiar su situación en Jericó. De no casarse

con un hombre en buena posición, lo cual era una posibilidad remota,


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

estaban los trabajos de temporada como las cosechas, el ambulantismo

inseguro, vendiendo artesanías, o esa manera fácil de hacer dinero que

puede hallar una mujer a costa de llevar sobre sí un título denigrante:

ramera. Desgraciadamente, yo me decidí por eso.

Este negocio tenía categorías y diferencias en todo el mundo

antiguo. Estaba la prostituta que recibía sus clientes en casas y trataba

directamente con ellos, y estaban las que ejercían lo que se llamaba

“prostitución sagrada”, porque se hacía en el interior de los templos y el

precio era controlado por los sacerdotes, engrosando las entradas de la

religión.

Las costumbres no variaban mucho de una ciudad a otra. Por lo

general las muchachas que prestaban estos servicios en los templos, se

vestían con ropas atrevidas, de olores chillones, y se sentaban en el suelo

en rueda. Los visitantes extranjeros pasaban en frente de ellas y elegían

una, indicándolo por medio de arrojar una moneda en su seno. La

muchacha se levantaba y los acompañaba a aposentos interiores

preparados para tal fin. Con el pasar del tiempo, aparecían evidencias de

que aquellas relaciones dejaban sus frutos. Cualquier niño que naciera,

pertenecía a los dioses mudos, insensibles, cincelados por manos

humanas. Como propiedad de ellos, eran inmolados en homenaje a tales

deidades.

Poco a poco, me fui enterando de estas cosas en mi adolescencia,

y eso influyó en mi actitud hacia la religión. Era muy difícil amar y

respetar a esos dioses que pedían muerte y gozaban de la corrupción.

Comprendí, aunque muy vagamente, que tenía que haber un Dios

verdadero que no se asemejara a las deidades mezquinas de Jericó.

Mirando alrededor, la tierra hermosa y productiva, el cielo limpio sobre

nuestras cabezas, el gozo de existir de los animales, la elegancia de las

palmeras que eran un sello distintivo en el paisaje de Jericó, y nosotros

mismos, lo que somos y lo que podemos lograr, me decía a mí misma que

Alguien a quien no conocía, tenía que ser el autor de todo.

Ya era suficiente para mí haber llegado a ser lo que era, pero mi

corazón estaba resuelto a no mezclar mi manera indigna de hacer dinero

con la religión. Quiero aclararles, que no todo en mi forma de vivir fue de

mal nombre en aquellos días. Cultivé un hábito bueno, sin imaginarme

que eso iba a tener que ver con las más grandes bendiciones que recibí

en mi vida. En la azotea de mi casa tenía un plantío de lino, una planta que

tiene poca raíz y no necesita tierra profunda. Aprendí a cultivarlo, a tejerlo

y a teñirlo. Hacía cientos d metros de cuerda de lino de vistosos colores,

que servía para muchos usos, y la vendía. Cuando volvía a casa con esas

mondas en la mano, sentía una satisfacción diferente de la que me dejaba

el otro dinero.

Y a propósito de ese lino y esta cuerda, algo magnífico sucedió.

Una tarde cuando estaba oscureciendo, llamaron a mi casa dos hombres.

Por sus ropas y acento, me di cuenta de que eran hebreos. Pidieron

hospedaje para descansar esa noche y una cena, que gustosamente

pagarían lo que fuera necesario. Nos aclararon que, por la ley de su Dios

no comerían nada que contuviera sangre, ni animal que no hubiera sido

desangrado. Les traje un lebrillo para lavarse los pies y los invité a

ponerse cómodos, mientras mi madre preparaba la comida. Luego, toda la


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

familia se reunió en el comedor para escucharlos. Sabíamos que

representaban a un Dios muy poderoso, Se había divulgado en todas las

naciones cananeas que, 40 años antes, Jehová los había liberado de la

esclavitud en Egipto con grandes milagros, y que la tierra de Egipto, al

negarse a dejarlos salir, había sido azotada por diez plagas. Después de

eso habían cruzado el mar Rojo, abierto milagrosamente para dejar una

ancha avenida seca por la que avanzaron hasta la orilla, mientras que el

ejército egipcio que los perseguía, había sido aniquilado al volverse a

cerrar las aguas. El mismo milagro se había repetido en el río Jordán,

hacía pocos días, cuando el pueblo lo había cruzado en seco frente a

Jericó.

Estos dos jóvenes eran parte de la nueva generación nacida en el

desierto, la valiente juventud de Israel. Estábamos fascinados

escuchando sus relatos, cuando llegó a nosotros un sonido de pasos en

la escalera, que desembocaba en el muro interior. Evidentemente, un

grupo estaba ante nuestra puerta. Se oyeron algunos golpes rudos, y una

voz autoritaria:

-¡Abran, en nombre de la guardia del Rey!

Nos quedamos helados. ¿La guardia del Rey? ¿Qué buscaban?

Sólo podía ser por causa de aquellos hebreos, que estaban ante nuestra

puerta. Había que pensar rápido. Le dije a mi padre:

-Pronto, llévatelos a la terraza y escóndelos entre los fardos de lino

que tenemos allí para secar.

Al fin abrí la puerta, cuando ellos seguían golpeando con

impaciencia. El capitán del piquete preguntó con ira:

-¿Por qué tardaste tanto en abrir?

-Disculpe señor, yo estaba desvestida para acostarme y tuve que

volver a vestirme.

-¿Dónde están los hebreos que entraron aquí hace más de dos

horas? Alguien le ha dado aviso al Rey y él nos manda para que se los

llevemos.

-Señor, los hombres que usted busca supongo que son dos

extranjeros que estuvieron aquí solo un rato y se fueron porque yo les

advertí que era la hora en que se cierran las puertas de la ciudad y

después ya no podían salir.

-¡Muchacha tonta! ¿Cómo los dejaste ir siendo hebreos? ¡Estos

hombres eran espías! ¿No sabes que donde ellos van trastornan todas las

cosas y siembran desolación?

-Señor, yo no sabía que eran hebreos, y jamás pensé que podían

ser espías. Pero estoy segura de que ustedes pueden alcanzarlos.

Tomaron para el lado del río.

-Vamos tras ellos- dijo a los soldados. Yo respiré con alivio.

Cuando estaba a mitad de la escalera se dio vuelta y me dijo:

-Mira muchacha, si otra vez llegan hombres como estos a tu casa,

ingéniate para detenerlos bastante tiempo mientras alguien de tu familia

va ha dar aviso al ejército. No queremos que ningún hebreo asome la

nariz en Jericó. No sabemos lo que están tramando, pues están

acampados cerca, a la orilla del Jordán. Se patriota y hazle este servicio a

tu pueblo y a tu Rey, porque si otra vez dejas escapar a un hebreo sin


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

denunciarlo, las cabezas de todos los que están en esta casa van a rodar

por el suelo.

Fue un momento terrible. Me recosté contra el marco de la puerta

porque pensé que iba a desvanecerme. Solo mi recién nacida fe en el Dios

de los hebreos podía sostenerme en pie. Corrí a la azotea en cuanto ellos

desaparecieron y llamé a los jóvenes, que ya estaban acostados entre el

lino como para pasar la noche.

-Ustedes no pueden quedarse aquí de ninguna manera esta noche.

Mi familia y yo estamos en peligro de muerte si descubren que los

tenemos escondidos. Tienen que irse de cualquier forma, y deben huir

hacia las montañas porque los buscan para el lado del río.

Era imprescindible que salieran de nuestra casa cuanto antes. Pero

¿cómo? No podían bajar por la escalera, a la vista de todos. No quedaba

otra posibilidad que la ventana que daba al muro exterior pero estaba a

gran altura. Saltar era imposible... Entonces me acordé… ¡bendita idea!

¡La cuerda de lino! Tenía como 30 metros de cuerda de tejida, teñida de

rojo, que aún no había vendido. Con ella podíamos ayudarlos a

descolgarse por la ventana y huir resguardados por la oscuridad de la

noche.

Pero no podía dejar ir a aquellos hombres sin hacer un pacto con

ellos. Sabía cuánto significaba para ellos el nombre de Jehová y que

jamás lo usarían para jurar en falso, por eso les pedí que me juraran por

su Dios que cuando vinieran a tomar Jericó salvarían mi vida y la de mi

familia.

Me lo juraron. El pacto que hicimos contenía tres cláusulas: 1) Que

no divulgaríamos nada del asunto; 2) que cuando ellos volvieran

debíamos estar todos dentro de la casa, pues no responderían por la vida

de cualquiera que estuviese fuera; y 3) que dejaríamos un pedazo de esta

cuerda roja colgando de la ventana. Nos despedimos de ellos llenos de

ansiedad y expectativa. Les rogué que se quedaran escondidos en las

montañas por lo menos tres días, mientras los soldados los buscaban.

Nos tranquilizamos mucho cuando supimos que habían vuelto sin ellos.

Ahora solo quedaba esperar liberación.

Pasaron varios días más, y una mañana, con las primeras luces del alba,

nos despertamos con un sonido desacostumbrado. Era un sonido de

marcha, y luego de trompetas. Saltamos todos de la cama y corrimos a la

ventana que daba al muro exterior. ¡Qué espectáculo! El pueblo de Israel

en pleno, más de dos millones de ellos, estaban rodeando a Jericó.

Caminaban sin prisa y en silencio. Todos los hombres jóvenes, armados,

iban al frente siguiendo a un anciano de figura erguida que los

comandaba. Era Josué, el que había quedado al mando del pueblo

después de la muerte de Moisés. Detrás de los hombres de guerra, los

sacerdotes cargaban el arca sagrada cubierta con un lienzo, y detrás de

éstos marchaba el resto del pueblo, mujeres, niños, ancianos.

Mi padre me llamó la atención:

-¡Mira, allá, esas dos cabezas que se vuelven para mirarnos! ¡Son

los muchachos que estuvieron en casa! Nos saludaban agitando la mano

y sonreían con aire de triunfo. Nuestras cabezas apiñadas en la ventana y

el pedazo de cuerda roja, les daban la seguridad de que habíamos

guardado el pacto.


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

Mientras tanto, Jericó se llenó de alarma. El ejército aprontaba los

carros y los caballos; todos corrían a ocupar sus posiciones. Los atalayas

estaban en sus torres de vigilancia. Las puertas de la ciudad no se

abrieron esa mañana, y en realidad nunca más se volvieron a abrir.

Nos quedamos esperando el ataque, pero, sorprendentemente, a

una señal de Josué, la caravana se abrió hacia el Jordán. En el mismo

orden y en silencio, se fueron de vuelta a su campamento. Por alguna

razón que no entendíamos, había que seguir esperando.

Mi padre decía:

-Eso es lo más extraño que he visto. Esto nunca se hace en la

guerra. Si un pueblo va ha invadir a otro, lo toma de sorpresa para no

darle tiempo a repeler el ataque. En cambio ellos se van después deponer

a Jericó en alerta. ¿No se dan cuenta de que el Rey podría despachar

mensajeros para avisar a otros reyes cananeos y juntar un gran ejército

contra ellos?

-Padre, los hebreos son diferentes y hacen las cosas de manera

diferente del resto del mundo. ¡Quién sabe qué es lo que el Dios de ellos

ha dispuesto hacer! Tengamos fe y sigamos esperando.

La misma cosa sucedió por seis días consecutivos. Fue una prueba

para nosotros, por que el fin no venía al tiempo en que nos parecía que

debía venir, ni de la manera en que lo habíamos esperado. Los hebreos

nos han dicho que no debíamos salir de la casa después que ellos

volvieran y esto lo cumplimos al pie de la letra. Uno de esos días una de

mis primas vino a ver que pasaba con nosotros, pues no nos había visto

más. Quería convencernos de que abandonemos la casa y nos

refugiáramos en algún lugar lejos del muro, ya que estábamos en una

posición tan peligrosa; pero le dijimos que nos quedaríamos pasara lo

que pasara. Por ella nos enteramos de cómo estaban las cosas afuera.

Nos refirió como Jericó estaba paralizado por el terror. No se veían

músicos en las calles, como era habitual, ni vendedores ofreciendo

diferentes cosas. La gente vagaba llena de pánico, comentando en voz

baja sus temores. Sus profundas ojeras decían que por muchos días no

habían podido entregarse despreocupadamente al sueño. Grupos de

personas se sentaban en las escalinatas del templo esperando escuchar

algo reconfortante de la boca de los sacerdotes.

-¿Y qué dicen ellos? – pregunté.

-Yo me paré a escucharlos en otro día, que no debíamos dejar de

confiar en los dioses que siempre han guardado a Jericó, porque un

pueblo que tiene un solo dios, como los hebreos, no puede superar a un

pueblo que tiene tanto dioses como nosotros. Además, dijeron que ellos

ni siquiera conocen a su dios, porque nunca han podido hacerle una

imagen, ni tampoco saben si tiene cara de hombre o de animal. También

dicen que los hebreos no tienen ánimo para atacarnos, por eso se la

pasan dando vuelta sin decidirse a hacer nada, y esa es otra razón para

no temerlos.

Según ella, la gente los oída sin entusiasmo. No los convencían. No

pude menos que comentarle:

-¿Eso es todo lo que la religión falsa tiene que decir en la hora más

crítica de Jericó? ¿Acaso Egipto también no se tuvo que enfrentar a los


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

hebreos, y sus muchos dioses salieron perdiendo ante el Dios de los

hebreos que es uno solo?

Cada noche, antes de acostarnos, yo me cercioraba de que cada

uno estuviera en casa, y de que el pedazo de cuerda roja colgara de la

ventana. Tenía presentimiento de que el séptimo día iba a ser definitivo.

Por fin llegó, y con las primeras luces del alba, otra vez, aquel sonido de

marcha, y aquellos toques de trompetas. Cuando estaban rodeando la

ciudad por séptima vez, vimos que Josué hacía una señal y al unísono el

pueblo levantó un grito de alabanza a Jehová. En ese momento hubo un

gran sacudimiento y los muros de la ciudad cayeron con estruendo. Los

hombres de guerra de Israel empezaron a trepar sobre los escombros y a

entrar en la ciudad en todas direcciones. Pero… ¿y nosotros? ¿Cómo

podía explicarse que estuviéramos firmes en nuestro lugar? Nos dimos

cuenta que, por milagro de Jehová, esa parte del muro no había caído. En

pocos minutos los dos muchachos hebreos que conocíamos subieron a

nuestra casa y nos dijeron:

-Pronto, tienen que venir todos con nosotros. Josué quiere

conocerlos.

Me impresionó mucho su figura erguida, su barba, su cabello gris,

y su sonrisa paternal. Nos dijo que se alegraba de que Jehová hubiera

recompensado nuestra fe y el servicio que habíamos prestado a los

espías. Nos aseguró que estábamos libres para permanecer con el pueblo

de Israel si así lo deseáramos, o marcharnos a vivir en cualquier otro

lugar de la tierra.

Mientras tanto, la batalla en Jericó progresaba, y era un

espectáculo tremendo. Se oían llantos de niños y de mujeres, los quejidos

de los que eran traspasados por la espada, los balidos desolados de las

ovejas, y los relinchos de los caballos apresados entre las paredes de

llamas que no podían traspasar. Algunos soldados israelitas volvían de

adentro con oro y metales preciosos que depositaban en montones. Mi

padre le dijo a Josué que él podía guiarlos a los depósitos de alimento

valioso que el pueblo podía usar. Josué le respondió que la ciudad no iba

a ser saqueada, porque Jehová la había pronunciado maldita y les había

ordenado no tomar nada excepto metales preciosos. El aire se puso

denso y pesado a medida que el humo de los incendios ascendía.

Recuerdo que yo temblaba de pie a cabeza. Algunas de las

ancianas se acercaron a mi madre y a mí y nos hablaron

comprensivamente: -Ustedes han pasado por muchas emociones fuertes

y deben estar agotadas. ¿Por qué no vienen con nosotras al

campamento? Vamos a dejar que los hombres terminen su tarea. La

guerra es para ellos, que tienen el pulso mas firme que nosotras.

Las seguimos. Debían ser ya las primeras horas de la tarde. Al cabo

de más o menos una hora de camino, nos detuvimos a descansar bajo un

grupo de palmeras. Entonces aproveché para hacerles a las mujeres de

Israel una pregunta que hacía muchos días estaba en primer lugar en mi

mente:

-¿Por qué no atacaron el primer día?

Ellas me contestaron que unos días antes, Josué se encontró de

pronto delante de una figura alta. Era un guerrero con su espada

desenvainada. Cuando él le preguntó: -¿Eres de los nuestros o estás en


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

contra de nosotros? La respuesta fue: -No, sino que yo… como príncipe

del ejército de Jehová he venido ahora. Este príncipe angelical le había

delineado a Josué el proceder que debía seguirse para tomar a Jericó.

¡Que bien que habíamos sabido esperar y no nos habíamos desalentado

porque el fin no venía en el momento ni de la manera como lo habíamos

esperado!

Nuestra llegada al campamento de Israel fue otra sorpresa. Yo

había pensado que iba a encontrar un campamento desordenado,

improvisado, de cualquier manera. En cambio, todo tenía un orden y una

limpieza sorprendentes. En medio estaba la tienda sagrada, y alrededor

las tribus acampadas; cuatro al norte cuatro al sur, cuatro al este y cuatro

al oeste.

Mis primeros días entre ellos fueron inolvidables. Me encantaba

visitar diferente tiendas y ver como estaban arregladas. Aprendí a hacer

las comidas que mas les gustaban a los israelitas, y tejidos en telar que

en Jericó no sabíamos hacerlos. Me hubiera encantado poder entrar en la

tienda que servía como templo, pero me dijeron que eso no estaba

permitido a los gentiles y tuve que conformarme con imaginar las cosas

que los sacerdotes hacían allí. Me emocionaba mucho pensar que dentro

del Santísimo Jehová les hablaba en ocasiones especiales para

manifestar su voluntad, en asuntos de interés para toda la nación.

Mi familia y yo continuamos viviendo con ellos durante los seis

años de guerra de la conquista. Nos sentíamos parte de Israel. Con ellos

festejábamos las victorias, y con ellos llorábamos a los caídos en la

guerra. Durante ese tiempo 31 reyes fueron vencidos y mucha tierra fue

sojuzgada. No habían llegado aún los límites que Jehová había señalado

para la tierra, pero el pueblo estaba cansado de tanta lucha y decidieron

quedarse así y empezar a disfrutar la paz. Entonces vino la división de las

tierras. Cada tribu y cada familia recibieron su porción.

Salmón era un israelita que se había hecho muy amigo de nosotros

y frecuentemente nos visitaba cuando había una tregua en la guerra, o

cuando le daban algunos días de descanso. Así que ahora vino a

contarnos con gran gozo acerca de los campos que le correspondían

dentro del territorio de la tribu de Judá. Me sorprendió grandemente

cuando si yo quería compartir su vida y su herencia como esposa suya.

Pero Salmón, -le dije-. ¿Acaso te olvidas de la clase de mujer que yo he

sido y de la vida que yo he vivido?

Su respuesta fue: Rahab, si Jehová te consideró digna de ser

salvada de la destrucción de Jericó, yo también te considero digna de ser

una madre en Israel. Yo te pido por favor, si vas ha ser mi esposa, no

recuerdes más todo aquello. Tu pasado quedo enterrado en las ruinas de

Jericó y nadie lo va ha sacar de allí.

Nos casamos y fuimos muy felices. Muchas veces comentamos con

Salmón que la realidad había superado todos los sueños. Cuando

mirábamos los campos cultivados, las colinas llenas de rebaños, el

continuo aumento del pueblo, y nuestros hijos creciendo sanos y alegres,

no encontrábamos palabras para darle gracias a Jehová por sus

bondades. Solo había una cosa que perturbaba aquel cuadro de paz. Era

un pensamiento que estaba sobre nosotros siempre, como una espada:

era la incertidumbre de que algún día tendríamos que morir. Y a veces se


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

lo dije a mi esposo: -Salmón yo no quisiera morir. ¡Me duele tanto pensar

en las cosas maravillosas que Jehová todavía hará por Israel, y que

nosotros no estaremos aquí para verlas!

Cuando íbamos a las asambleas siempre prestábamos mucha

atención a las palabras de los sacerdotes, buscando indicios de que la

muerte algún día dejaría de existir. Justamente, un año, cuando habíamos

ido a Siló para la Pascua, andábamos caminando ante la muchedumbre

que llenaba las calles, cuando de pronto, volvimos a encontrarnos cara a

cara con Josué. Yo no había vuelto a verlo desde aquel día en que lo

conocí frente a Jericó. Ahora tenía alrededor de cien años.

Inmediatamente se fijó en Salmón y le tendió los brazos. ¡Cómo no iba a

reconocer, si Salmón había peleado tantos años bajo sus órdenes en la

guerra de la conquista! Pero la gran sorpresa fue cuando, dirigiéndose a

mí, también me tendió los brazos diciéndome: -Rahab, hija, ¡cuánto me

alegro de que te hayas quedado siempre con Israel!

-Señor, ¿usted se acuerda de mí, y se acuerda aún de mi nombre?

-¡Cómo no me he de acordar de tu nombre, si he tenido que

escribirlo tantas veces!

-¿Escribir mi nombre…? ¿Por qué?

-Tu sabes Rahab, que Moisés estaba registrando la ley y la historia

de Israel hasta el momento de su muerte. Yo estoy continuando ese relato

desde el punto en él lo dejó. ¿Y cómo se podría contar la conquista de la

Tierra Prometida sin decir lo que tú hiciste por nuestros espías y lo que

Jehová hizo por ti? Ese libro seguirá creciendo, y algún día será leído, no

solo en todas las sinagogas de Israel, sino en partes muy lejanas de la

tierra.

Cuando Josué me dijo eso, ustedes no pueden imaginar lo que

sentí. ¡A mi, que siempre me había dolido la idea de morir, el comandante

de todo Israel me aseguraba que seguiría viviendo en las páginas del

registro sagrado!

Y allí fue donde ustedes me encontraron, en lugar honroso que

Josué me otorgó en el libro de Dios. No me corresponde estar aquí,

repasando con ustedes mis memorias. He transgredido las leyes del

tiempo para responder al llamado de los quieren conocerme. Mis

compañeros, los que tuvieron parte en aquella historia, duermen en el

polvo. Pero un día, estaremos todos juntos en la tierra, y les volveremos a

contar nuestros recuerdos cuantas veces quieran oírlos.

Sin embargo, también vamos a querer callarnos y escuchar, pues

en ese tiempo, serán ustedes quienes tendrán la más grande historia para

contar. Por que para ustedes también ya está decretado un día, en que

echarán a andar libres por la tierra, dándoles la espalda a un montón de

ruinas humeantes.

Y nuevamente quedará probado más allá de toda refutación, lo que

yo vi probado en Jericó. ¡Que Jehová es justo en sus juicios, grande en

misericordia, y poderoso para salvar!


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

RUT

Una nueva vida dentro de un pueblo diferente

Rut, capítulos 1 al 4

Noemí ha muerto, feliz, satisfecha, compensada por Jehová

después de tanto sufrimiento. Ultimamente se sentía colmada,

enriquecida. El despojo violento del pasado era como el recuerdo de

una pesadilla.

Contemplando su cuerpo inmóvil, tan envejecido, y la paz que

irradiaba su rostro, di gracias en mi corazón al Dios Todopoderoso,

por la parte que me permitió tener en devolverle a esa querida

viejecita, una gran porción de la felicidad que había perdido.

Cuando la conocí en Moab, mi tierra natal, era una mujer

vigorosa, llena de vida. Con Elimelec, su esposo, Mahlón y Kilión,

sus dos hijos, llegaron como refugiados, sin bienes materiales, y

enipezaron a trabajar fuerte para establecerse y subsistir. El motivo

de abandonar su hogar en Judá, fue un hambre severa que estaba

azotando toda la tierra de Israel.

Cuando las cosas aparentemente iban bien para ellos y podían

esperar años de paz en Moab, llegó el primer golpe duro para la

familia con la muerte de Elimelec. Pero, Noemí tenia dos hijos

jóvenes en quienes apoyarse Y se sintió consolada. Luego, esos hijos

empezaron a pensar en formar sus propias familias. Orpá, otra

muchacha moabita, y yo, fuimos las elegidas para completar el

círculo de familia. Las dos llegamos a quererla por sus virtudes y por

haberle dado una buena formación a aquellos dos hombres que

ahora eran nuestros esposos, Así pasaron diez años, pacíficos,

prósperos, llenos de momentos felices. Pero la muerte insaciable

volvió a aparecer, y en poco tiempo Mahlón y Kilión tuvieron que

dormir en el polvo junto a su padre.

No hay palabras suficientes para expresar nuestra desolación.

Eramos tres viudas desvalidas, desorientadas, sin hijos que nos

consolaran.

Algunos viajeros que venían de Israel nos dijeron que la tierra

estaba recuperándose, que había buena producción, y podía

esperarse que la angustia del hambre y la escasez no volvieran a

aparecer por algún tiempo. Noemí nos anunció su decisión de cruzar

nuevarnente el Jordán y volver a Belén, donde estaban las tierras de

su familia, Ella era entonces solo la sombra de aquella mujer


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

enérgica y saludable que había llegado a Moab años atrás. Hubiera

sido una crueldad, una falta de amor y compasión, dejarla volver

sola. Sabíamos que, por humanidad, muchas casas se abrirían por el

camino, brindándole hospedaje y alimento, pero de todos modos,

tanto Orpá como yo, deplorábamos la idea de separarnos de ella en

tales circunstancias.

Además, Noemí no se sentía fuerte para enfrentar a la gente que la

había visto partir y decirles que volvía vacía, despojada, viuda y sin

hijos. Nos explicó que esto era doblernente triste en su caso, porque

la tierra asignada a ellos no tenía heredero y esto equivalía a borrar

el nombre de la familia en los registros de la nación. Sus campos sin

dueño, sin brazos fuertes que los trabajaran, serían un triste

testimonio de abandono y desolación.

-¿No puedes vender tus canipos o arrendarlos? -le preguntamos.

-Podría hacerlo hasta el año del jubileo, cuando la tierra debe ser

devuelta a sus dueños legítimos, de acuerdo a la ley de Moisés. Esta

es una sabia disposición de Jehová, para impedir que los ricos se

hagan poderosos y acaparen tierra, quitándole definitivamente a

una fanlilia en desgracia, la porción hereditaria que ha recibido.

Pero aún así, al no tener herederos, nadie reclamará mi posesión en

el año del jubileo. Nadie podrá decir de allí en adelante: Estos son los

campos de Elimelec, Mahlón y Kilión. Entonces, hasta el nombre de

ellos será olvidado. Por eso es tan triste volver y decirles a los que

me conocen que lo he perdido todo, que no hay nadie que pueda

recibir esas tierras, trabajarlas y poblarlas. Me mirarán como

alguien a quien Dios no bendice, alguien que no merece tener un

nombre en Israel.

-Entonces, ¿por qué quieres volver, Noemí? Si te quedas con

nosotras en Moab, tendrás siempre nuestro apoyo y cariño. No te

faltará el pan de cada día y te cuidaremos como se cuida a una

madre.

No la convencimos. Ella pensaba que, de cualquier manera tenía

que volver, por si Dios le indicaba alguna forma de darle un

heredero a sus campos en Belén, y no dejar perder el nombre de la

familia. Además, no quería morir en suelo extranjero, sino en

aquella tierra bendecida por Jellová y dada como herencia a sus

elegidos.

Cuando Noemí vio que Orpá y yo estábamos decididas a

acompañarla, comenzó a exhortarnos, más bien a rogarnos, que nos

quedáramos en Moab, donde podríamos casarnos de nuevo y

encontrar nuestra felicidad. De todos modos, salimos las tres juntas

para enfrentar todos los inconvenientes y sucesos imprevistos de un

largo viaje a pie. En el camino, Noemí intentó nuevamente razonar

con nosotras y hacernos volver. Como siempre, el bien de los demás

era para ella más importante que sus propios intereses. Quiso


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

hacernos entender que nuestro sacrificio no tendría la recompensa

que merecía, y que un día, envejecidas, solas, y todavía viudas,

lamentaríamos nuestra condición de extranjeras en Israel. De

acuerdo a la ley de Moisés, si Noemí hubiera tenido algún otro hijo,

soltero o casado, o aún muchos años menor que nosotras, él tendría

la obligación moral de extender su protección a la viuda de su

hermano y darle un hijo que heredara la tierra que pertenecía al

esposo fallecido, no dejando perder su nombre. Pero, no quedaban

hijos que cumplieran tal requisito legal, ni se podía esperar que aún

naciera alguno. No había tampoco tíos o primos que cumplieran tal

obligación. En cuanto a los parientes más lejanos, ¿quién podría

asegurar que se interesarían en redimir la herencia de Elimelec y sus

hijos?

Finalmente, Orpá decidió volver a Moab porque Noemí la

convenció de que no estaba procediendo de una manera justa

consigo misma. llorando con amargura se despidió de nosotras y

emprendió el regreso.

Yo preferí obedecer a mi corazón, que me decía que nunca iba a

ser feliz si abandonaba a Noemí. Si volvía a Moab, sabía que allí

nadie me hablaría de Jehová y de sus leyes. Viviendo en ese pequeño

círculo de familia había aprendido a amarlo y había conocido los

grandes hechos de la historia en que El había intervenido para

ayudar a su pueblo. Con el entendimiento que tenía ahora, sería

imposible volver a inclinarme ante los dioses paganos, ni aún ante

Kemós, el más encumbrado entre los dioses de Moab, a quien se le

atribuían las victorias en la guerra y en casos de extrema angustia,

aún se sacrificaban niños en su altar, como prueba de que le

dábamos lo que más nos dolía, a cambio de su ayuda. Aún él, ya no

me inspiraba temor ni reverencia. Por eso le aseguré a mi anciana

suegra: -Donde tú vayas yo iré y donde tú pases la noche, yo pasaré la

noche. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios. Desde este

momento, solo la muerte podrá separarme de ti.

Al fin llegamos a Belén y la ciudad se conmovió con nuestra

presencia. A algunos les costaba reconocer que aquella mujer

gastada, abatida y triste, era Noemí. Recién estaba comenzando la

cosecha de la cebada. Un día, le pedí permiso a Noemí para dejarla

sola todo el día, a fin de participar en las rebuscas. Sabía que la ley

de Israel hacía tal provisión amorosa. Se les mandaba a los jefes de

familia no segar avaramente, sino dejar intactas las esquinas y no

recoger nada que cayera de los carros que cargaban la cosecha, para

que las viudas, los huérfanos y los extranjeros hallaran rebuscas que

valieran la pena y bendijeran al dueño del campo en su corazón.

-Levítico 19: 9, 10.

Yo había venido con Noemí de tan lejos para ayudarla, de modo

que me sentía inquieta, ansiosa por empezar a trabajar para

asegurar nuestro alimento y almacenar algo para el invierno. Era un

tiempo ideal para trabajar largas horas, antes que el calor del verano


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

se hiciera sentir en todo su rigor. Por todos lados se veían los grupos

de los segadores, y sus cantos llenaban el aire. Después que ellos

hacían lo más grueso del trabajo, los pobres del pueblo y los

refugiados extranjeros tenían entrada libre al campo. Sin saber por

qué, dirigida por Dios, pedí permiso para cosechar en el campo de

un hombre muy mayor y rico, estimado y respetado en la región,

cuyo nombre era Boaz.

Al ser extranjera y desconocida, todos notaron mi presencia.

Pronto se corrió la voz: -¡Es la nuera de Noemí, la moabita que vino

con ella!

Cuando Boaz hizo un recorrido del campo, él también quiso saber

quién era yo, y ordenó que trabajara junto a las muchachas de su

casa. Recomendó a los hombres jóvenes que dirigían la siega que

nadie me molestara y que a propósito dejaran espigas en mi camino,

para que yo pudiera llevar una cantidad mayor de grano al volver a

casa cada noche. Al mediodía, me hizo sentar a la mesa con sus

segadores, brindándome la comida preparada para ellos.

El primer día, cuando batí la espiga a la caída de la tarde, para

llevarme solamente el grano, era tanto que alcanzó para llenar un

efá, una de esas medidas que equivalen a 22 litros. Si hubiera sido

algo líquido, hubiera sido un peso difícil de transportar, pero como

era grano pude levantarlo y caminar con él hasta la ciudad. Noemí

casi no podía creerlo cuando vio aquel primer salario. Al decirle

quién era el dueño del campo, su sorpresa fue más grande aún,

porque Boaz era pariente de El imelec y alguien que podía redimir la

herencia de la familia.

Le comente a Noemí: El hombre me hizo sentir muy bienvenida y

no me mostró menosprecio por ser extrajera. Yo sé que algunos

recuerdan esa parte triste de la historia, cuando el éxodo de Israel

sal ió de Egipto y el rey de Moab no les dio permiso para pasar por

nuestra tierra. En vez de socorrerlos por ser un pueblo recién

liberado de la esclavitud, les cobró la comida y el agua que le

pidieron.

-Eso quedó muy atrás en el tiempo, Rut. Es una pena que surgiera

ese antagonismo. Ustedes son descendientes de Lot y nosotros de

Abraham. Somos en realidad, parientes. Nuestros idiomas se

parecen tanto, que no es difícil entendernos. Individualmente, los

moabitas en realidad nos tratan bien, y nosotros a ustedes. Cuando

Elimelec y yo llegamos con los muchachos buscando refugio en

Moab, muchos se mostraron compasivos y nos ayudaron a empezar

de nuevo. Además, hay una razón poderosa para que Boaz se sienta

inclinado a ser bueno con los extranjeros. Su madre también fue una

muchacha pagana que, como tú, abandonó su tierra y sus dioses

falsos, y vivió en Israel hasta su muerte. Boaz es uno de los hijos de

Rahab, la mujer de Jericó que albergó a los espías de Israel, y fue


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

recompensada con la salvación propia y la de su familia cuando

Jericó fue destruida.

Cuando terminó la cosecha de la cebada y del trigo, me daba pena

Pensar que ya no tendría un motivo para ir a los campos de Boaz,

donde me sentía tan a gusto trabajando con sus jóvenes y comiendo

en la misma mesa con ellos. Pero Noemí había estado meditando un

plan y a su debido tiempo me lo reveló. De acuerdo a ¡a ley y las

costumbres de Israel, la viuda sin hijos debía tomar la iniciativa y

hacerles recordar a los hombres cercanos de la farnilia que tenían

un deber que cumplir con relación al que había muerto dejando sus

tierras sin herederos. Pudiera ser que ella planeara casarse con otro

hombre que le atrajera más que cualquier pariente del difunto, y que

no le diera tanta importancia a la herencia que pudiera recibir un

hijo que aún no existía. Para entender todo el alcance de la ley del

matrimonio entre cuñados es necesario tener un punto de vista

espiritual del arreglo de Dios, verse uno mismo como una piecita

importante dentrode un gran engranaje. Es necesario resignarse con

humildad a ser una esposa que no fue solicitada por amor y que tal

vez, será mirada con hostilidad por la esposa y los hijos anteriores.

Al tratarse de un matrimonio impuesto por las circunstancias,

también podría ser que, una vez producido el heredero, no

existieran razones para conservar tal relación. De modo que, era la

mujer quien tenía que tomar la delantera, y dar la prueba de que

estaba dispuesta a aceptar todas las desventajas para salvar la

herencia de su primer esposo.

Noemí me instruyó sobre lo que debía hacer. Había llegado el

punto culminante de la cosecha. Esa noche los hombres iban a

aventar la cebada en la era. Estarían muy ocupados al atardecer,

lanzando el grano contra el viento, con una pala de aventar. la brisa

se llevaría el tamo y dejaría la paja a un lado, separándola del grano,

que cae a plomo porque pesa más. luego vendría el trabajo de cernir

con la criba para guarlo limpio de piedrecitas u otras cosas extrañas.

Cuando los hombres hacen ese trabajo, llevan una manta y se

acuestan allí mismo. Las mujeres les preparan una merienda y la

llevan a la era, para que ellos no tengan que volver a la casa ya que

esa noche será más corta que las otras para dormir, y estarán más

cansados que de costumbre.

Noemí me dijo que me vistiera bien y me perfumara. Alrededor de

cuando todos durmieran, debía ir sigilosamente y acostarme a los

pies de Boaz, dándole así una señal de que esperaba su protección en

el, arreglo matrimonial.

Noemí añadió: Yo debería ser quien hiciera esto, Rut, pero a mi

edad no puedo ya producir el heredero de nuestras tierras, de modo

que tú debes sustituirme. Además, mereces tener un lugar seguro

junto a un buen esposo y espero que Jehová te lo conceda.


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

Estuve en la era tratando de ser útil a los trabajadores, cuando se

dispusieron a merendar antes de dormir. Cada uno preparó un lugar

para dormir sobre la paja. Noté que Boaz se proponía hacerlo junto

al montón de grano, entonces me alejé. Cuando todos estaban

acostados y había total silencio, hice tal como mi suegra me había

instruido, acostándome a los pies de Boaz sin despertarlo ni decir

palabra. A medianoche refrescó y él se despertó con frío. Cuando me

vio a sus pies, no me reconocía, en la oscuridad de la noche, y me

preguntó quién era. Me identifiqué y le, dije que esperaba que él

extendiera su manto sobre mí porque él era un recomprador.

Con su bondad de siempre, me encomió porque no había ido tras

los Jóvenes buscando mis propios intereses. Me aseguró que todo

saldría bien, porque el pueblo entero me consideraba una mujer

virtuosa. Pero, recordó que había un recomprador más próximo, y

me aseguró que saldría a buscarlo poco después del amanecer. Si el

otro pariente no aceptaba el privilegio, entonces Boaz sin falta me

tomaría como esposa. Antes del amanecer, me dispuse a volver a

casa para evitar una ola de comentarios y suposiciones entre los

trabajadores. Boaz insistió en que llevara un generoso regalo de

grano ya aventado.

Esa mañana muy temprano, Boaz fue a la puerta de la ciudad, que

es el lugar en que se deciden los casos legales en Israel. Allí reunió a

diez hombres para que actuaran como jueces. El otro pariente

cercano apareció después de un tiempo de espera, entre los muchos

que entraban ,y salían de la ciudad, y Boaz le planteó el caso delante

del recién formado tribunal.

Al principio le gustó la idea de adquirir los campos, pensando en

dejarles a sus hijos una herencia más valiosa, lo cual le daría

prestigio y lucimiento a los ojos del pueblo. Pero, en cuanto supo

que, al aceptar el trato también debía producir un heredero que

recibiera las tierras en nombre de Elimelec, se desinteresó

completamente. Eso equivalía a invertir una importante cantidad de

dinero para añadir brillo aotro nombre que no era el suyo. Ese

razonamiento mezquino era muy mal mirado en Israel. Equivalía a

mostrar desacuerdo con la manera de Dios de hacer las cosas. Por

eso, delante del tribunal y de la gente del pueblo que se acercaba

para oir el juicio, él se quitó una sandalia y se la dio a Boaz, como era

costumbre en Israel, atestiguando que le cedía el derecho de

recompra. De vuelta a su casa, habrá tenido que explicarle a muchos

por qué andaba con un pie descalzo, habiendo renunciado al

privilegio de edificar la casa de un hombre que murió sin hijos.

De allí en adelante, los acontecimientos se movieron con gran

rapidez. Cuando Boaz volvió del juicio en las puertas de Belén, yo ya

era su esposa ante una cantidad de pobladores que fueron testigos

del trato. Las mujeres del pueblo acudieron a casa para felicitar a

Noemí. Muchas le decían que yo había sido para ella mejor que siete

hijos. Yo me sentí muy bendecida, porque este nuevo matri monio


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

no fue para Boaz un asunto de cumplir con un deber legal, o algo

hecho con la mitad del corazón. El llegó a demostrarme verdadero

apego y yo me esforcé por hacerlo feliz. El niño que nació como

heredero de Elímelec, se llama Obed.

Fue muy gratificante comprobar que Noemí lo amaba como un

hijo propio. Creció rodeado del cariño y los cuidados de ella; eran

dos entrañables amigos. Noemí se sintió muy recompensada por este

retoño de sus raíces y hace pocos días, cerró los ojos con la

seguridad de que su familia conservaría su nombre y su lugar dentro

de Israel. Yo, igual que Rahab, la madre de Boaz, puedo decir que he

comprobado que Jehová nunca deja sin recompensa lo que se hace

por amor a su Nombre.

Álef Guímel

Mujeres de la Biblia 1

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MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

Débora

Una mujer profética dirigiendo una guerra

Jueces capítulos 4 y 5

Los más importantes recuerdos de mi vida están ligados a un

tiempo de prueba en Israel, cuando Jehová me permitió el privilegio de

actuar como profetiza suya y desempeñar el papel de juez, sin

nombramiento oficial.

Mucha gente acudía a mi hogar edificado junto a una gran palmera,

en la región montañosa de Efraín, a contarme sus problemas y a requerir

mi consejo. A veces me sorprendía de las cosas que brotaban de mi boca

para fortalecerlos y consolarlos, pero era el espíritu de Jehová que

hablaba por mí.

Aquel fue un tiempo de muchos trastornos y dificultades. Hacía

veinte años que nos veíamos oprimidos por Jabín, rey de Canaán, la falta

de principios de los él gobernaba estaban bien a la vista. Bandas de

asaltantes despojaban nuestros campos, se llevaban el producto de las

cosechas y todas las cosas de valor que encontraban, dejando muerte y

desolación a su paso. La gente estaba tan atemorizada, que huía del

campo a las ciudades y la riqueza agrícola de Israel estaba siempre

amenazada.

El rey Jabín tenía un ejército grande y bien armado, con

novecientos carros de guerra, al mando de Sísara, mientras que en Israel

apenas había unas cuantas espadas. Sin duda los cananeos sabían esto,

de modo que en caso de una confrontación militar, ellos nos

consideraban pan comido.

Jehová me indicó que debía llamar a Barac de la tribu de Neftalí,

para que trabajáramos juntos por la liberación de Israel. Barac acudió a

mi tierra y le entregué el mensaje de Dios. El debía reclutar un ejército de

diez mil hombres y subir con ellos al monte Tabor, Jehová por su parte

haría venir a Sísara con sus hombres al torrente de Cisón, al pie del

monte, y allí los entregaría derrotados a pesar de su enorme superioridad

militar.

Barac respondió que iría, únicamente si yo marchaba con él. Sin

duda, el hecho de que el pueblo me conociera tanto, y el que Dios hubiera

dado tantos mensajes por mi boca, le daban un sentido de seguridad.


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

Esto significaba dejar mi lugar seguro en las montañas y trasladarme al

frente de batalla corriendo muchos riesgos. Con el consentimiento de

Lapidot, mi esposo, que entendió el planteo de la citación como algo

dirigido por Jehová, me dispuse a acompañarlo. Le advertí a Barac, que

aunque la victoria era segura, el honor mayor no sería para él, porque

Jehová dejaría la ejecución de Sísara en manos de una mujer.

La tarea de reclutar diez mil hombres no fue fácil, aunque el número

era pequeño comparado con la población del país. La llamada se difundió

entre todas las tribus, pero la respuesta de los soldados voluntarios fue

lenta. Las tribus de Zabulón y Neftalí, proveyeron la mayor parte de los

luchadores, pero hubo tribus que ni siquiera consideraron la posibilidad

de intervenir. Era de conocimiento general que Israel no estaba preparado

para una ofensiva militar, ni siquiera para una pobre defensa.

Evidentemente, la fe de muchos era débil y no estaba alentándolos para la

acción. Además, los que vivían en territorios donde los cananeos no

atacaban, quizás ponían en duda la dramática situación en que estaban

tantos de sus hermanos en los puntos más vulnerables.

Al fin el escuadrón de diez mil estuvo listo y ascendimos al Monte

Tabor. Desde allí teníamos a la vista el hermoso valle de Jezreel y las

ciudades cercanas. El Monte Tabor es único en ese lugar, realmente

conspicuo, pues no hay otras montañas que puedan ocultarlo de la vista.

Lo que sucede allí se ve desde lejos y desde los cuatro puntos cardinales.

Sísara pronto tuvo noticias de aquel movimiento de soldados que

era un desafío para él y empezó a concentrar su jactancioso ejército y sus

carros de guerra en el lecho del río Cisón, al pie del monte. En verano,

esta parte del torrente está seco y parece un lugar adecuado para

acampar.

Cerca de allí vivía un descendiente de Jetró, el que fue suegro de

Moisés, Heber el cineo, con su esposa Jael, que tampoco era israelita,

pero tuvo una buena oportunidad de probar su apego al pueblo de Israel.

El aspecto del ejército de Sísara era imponente, por su número, su

armamento y su fiereza. Aquellos novecientos carros de guerra, tirados

por hermosos caballos, no eran carros comunes, las ruedas tenían en el

centro otra rueda llena de cuchillos afilados que sobresalían y deshacían

todo lo que hallaran a su alcance. Al lanzarlos a plena velocidad entre las

filas del enemigo, eran más los que morían traspasados por los cuchillos,

que por las flechas de los arqueros.

Se necesitaba coraje y fe para que hombres de a pie, con unas

pocas espadas, empezaran a bajar las laderas del Monte Tabor con el fin

de provocar la batalla final. Cuando Jehová lo dispuso, yo transmití a

Barac la orden de marcha. Solamente la seguridad de que Dios estaba

con nosotros podía sostenernos en ese momento climático.

A medida que descendíamos del monte, cuando Sísara quiso poner

toda su maquinaria de guerra en movimiento, se armó una gran confusión

entre su ejército. Inexplicablemente, empezaron a traspasarse ellos

mismos con la espada y mientras luchaban, un milagro aconteció. El

cauce seco del torrente de Cisón empezó a brotar agua, cosa que jamás

sucede durante el estiaje. ¡El río estaba resucitando en todo su poder

para ayudarnos!


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

Los caballos luchaban por desprenderse de los carros. Se oían sus

relinchos y los gritos desesperados de los hombres, mezclados con el

ruido del agua que inundaba el cauce. Los pocos que escapaban del

desastre fueron alcanzados por nuestros soldados y ejecutados. Para

ellos sí fue suficiente nuestro escaso armamento. Sísara logró escapar a

pie y alanzó a llegar a la casa de Heber, donde buscó refugio

confiadamente, pues sabía que ese no era un hogar de israelitas

enemigos. Jael le salió al encuentro y astutamente le ofreció amparo bajo

su techo. Le dio leche y lo hizo dormir, pues estaba rendido. Luego, con

un clavo y un martillo traspaso las sienes del violento enemigo de Israel.

Cuando Barac llegó buscándolo, lo encontró muerto. Así se cumplió la

palabra de Jehová que dijo que Sísara caería en manos de una mujer.

Aquella emocionante victoria merecía un cántico conmemorativo.

Eran costumbre en Israel que las mujeres hagan público su júbilo en

ocasiones así, componiendo canciones apropiadas y cantándolas con

acompañamiento musical. Le pedí a Barac que me ayudara a escribirlo

para no olvidar ningún detalle. En el período de paz que siguió a aquella

victoria, nuestra canción fue leída y cantada en las sinagogas a lo largo y

ancho del país.

Algunos me han dicho: ¡Qué apropiado que tu nombre signifique

abeja! Con este cántico has demostrado que puedes convertir en miel el

néctar que retienen tus recuerdos.

De tanto en tanto me deleita repasar partes de aquel cántico,

porque hacen resurgir en mente los hechos que lo inspiraron.

En los días de Samgar, hijo de Anat, en los días de Jael,

No había tránsito por los senderos,

y los viajantes de veredas viajaban por senderos indirectos.

Los moradores de la campiña abierta cesaron, en Israel cesaron,

hasta que yo, Débora, me levanté, hasta que me levanté como madre en

Israel.

(Jueces 5:6 y 7)

Ese fue el tiempo en que el terrorismo desatado por los cananeos

causó que la gente tuviera miedo de andar por los caminos desolados y

no quisiera vivir en el campo, donde los cananeos asaltaban

frecuentemente y se llevaban el producto de las cosechas:

Ellos procedieron a escoger dioses nuevos.

Fue entonces cuando hubo guerras en las puertas.

No se veía un escudo, mi una lanza,

Entre cuarenta mil en Israel.

(Verso 8)

Todo esto fue el resultado de apostasía. El pueblo tuvo que

reconocer que nunca le iba bien cuando abandonaba a Jehová para

adorar dioses de hechura humana. Israel no podía prevalecer sin Jehová.

Debía confiar en su Dios y no en armas, puesto que solo había una lanza

o una espada entre cuarenta mil en el país.


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

Y los príncipes de Isacar estuvieron con Débora

y como Isacar, así fue Barac.

A la llanura baja fue enviado a pie.

Entre las divisiones de Rubén

fueron grandes los escudriñamientos del corazón.

¿Porque te sentaste entre las dos alforjas,

para escuchar el son de carmillos para los rebaños?

Para las divisiones de Rubén

hubo grandes escudriñamientos del corazón.

(Versos 15 y 16)

Esta emergencia resultó en un escudriñamiento del corazón para

muchos, puesto que a algunos su corazón los movió a responder,

mientras otros como la tribu de Rubén, no hicieron caso de la llamada. No

arriesgaron sus vidas para defender a los que eran atacados por las

bandas merodeadoras. Querían la bendición de vivir en la tierra

prometida, querían los beneficios, pero no lucha.

Galaad se quedó en su residencia

al otro lado del Jordán;

Y Dan, ¿porqué continuó morando

durante aquel tiempo en naves?

Aser estuvo sentado ocioso a la orilla del mar,

y junto a sus desembarcaderos siguió residiendo.

Zabulón fue un pueblo

que despreció su alma hasta exponerla a la muerte.

Neftalí también, en las alturas del campo.

(Versos 17 y 18)

Los que vivían en Galaad, del otro lado del Jordán no lo cruzaron

para venir a sumar sus esfuerzos a los nuestros. Los que vivían a orillas

del mar siguieron ocupados con sus naves, disfrutando la belleza de sus

costas. Ellos estaban lejos de la amenaza de los cananeos, por eso no los

conmovió el clamor de sus hermanos en peligro. Olvidaron que, cuando

el nombre de Dios está comprometido en una causa, todos los miembros

de su pueblo tienen la responsabilidad de obedecer y participar en su

vindicación.

Los de Zabulón y Neftalí no pensaron en sí mismos primero. Se

hicieron disponibles arriesgando sus vidas. Por eso escribí que

despreciaron sus almas exponiéndolas a la muerte. La recompensa fue

maravillosa. ¡Vieron el poder de Dios en acción y participaron en la

victoria! ¡Enriquecieron su vida con una experiencia inolvidable!

Desde el cielo pelearon las estrellas, sí,

desde sus órbitas pelearon contra Sísara.

El torrente de Cisón los arrolló,

el torrente de la antigüedad, el torrente de Cisón.

Fuiste hollando fuerza oh, alma mía.

(Versos 20 y 21)


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

Cuando el lecho del río empezó a brotar agua, vimos el brazo

poderoso de Jehová luchando a favor de Israel y nos sentimos fuertes en

nuestra debilidad. Tal como lo expresé en ese cántico, tuvimos la exacta

impresión de que las estrellas estaban peleando desde sus órbitas para

ayudarnos a vencer.

Por la ventana se asomó una mujer y quedó esperándolo,

la madre de Sísara por entre las celosías:

“¿Porqué ha tardado en venir su carro de guerra?

¿Porqué tiene que demorar tanto el golpeteo de cascos y carros?”

(Verso 28)

Sísara el jactancioso comandante que sin duda se había reído de la

debilidad de Israel y había pregonado su victoria antes de lograrla, no iba

a volver. Mi imaginación se solazaba representando el momento en que

su madre esperaba detrás de una ventana la procesión triunfal de su hijo,

exhibiendo un gran número de prisioneros judíos, victoreado y

homenajeado como vencedor. En cambio, hay silencio en las calles, no

hay procesión ni música militar. Lo único que llega es una noticia de

muerte y derrota. La tan esperada fiesta se ha convertido en duelo.

Así perezcan todos tus enemigos,

oh Jehová, y sean los que te aman

como cuando el sol sale en su poderío.

(Verso: 31)

Así resultaron ser los enemigos de Israel, como pasto que se seca

bajo el calor abrasador del sol. ¿Qué es la carne humana, sino hierba que

no puede desafiar al más resplandeciente sol del universo, que es

Jehová?

Muchos años de paz siguieron a ese período turbulento. La gente

del rey Jabín lloró la muerte de Sísara y el humillante destrozo de su

ejército. Aquella generación nunca se recuperó de esa pérdida, ni se

atrevió más a atacar a nuestros pacíficos campesinos para robarles sus

cosechas. Aprendieron por las malas que quien ataca al pueblo de

Jehová, se acerca demasiado a El para provocarlo, como si intentara

tocar la niña de su ojo.

Álef Guímel


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

La hija de Jefté

Virtud y abnegación

Jueces capítulos 10 y 11

Ayer se fue el grupo de amigas y compañeras de aquel lejano

tiempo en que cambié la razón de mi existencia. Algunas de ellas vienen

cada año y pasan cuatro días conmigo, estimulándome en mi fidelidad. Es

algo que aprecio profundamente, y siempre espero con ansias la próxima

visita. A su vez, ellas atraen algunas jovencitas que no conocen Siló, y

piensan que mi ejemplo y exhortaciones son un estímulo valioso para

ellas también. Hace ahora muchos años que llegué a la tienda sagrada de

adoración, para servir como trabajadora voluntaria de por vida,

obedeciendo a un voto de mi padre, el juez Jefté. Aquí se esfumó mi

juventud como una ofrenda quemada en el altar. Algunos me encomian

con admiración, otros me miran compasivamente, como alguien que

desperdició su vida, o que sacrificó lo mejor para complacer a un padre

que hizo un voto sin calcular el costo.

Pero yo no siento lástima por mí misma, ni me considero

despojada. Aunque ya no tengo la lozanía y el vigor de aquellos años,

llevo a mis espaldas un bagaje de recuerdos, un tesoro de horas vividas

intensamente, que nunca van a cambiar e valor, como si estuvieran

fundidas en oro.

Algunos me han dicho: “-Sabemos que lloraste mucho antes de

sentirte preparada para separarte de tu padre, y viajar tanta distancia para

ponerte al servicio del sacerdocio”. Es verdad, pero no confundan

sentimiento con rebeldía. En el primer momento, tuve que arrancar de mi

corazón los propósitos hondamente arraigados, los sueños más

queridos, la esperanza del hogar propio y la maternidad.

Sabiendo que mi padre era ya un hombre de edad avanzada, y no

teniendo hermanos ni hermanas carnales solamente una familia propia

podría llenar el vacío cuando papá, a quien tanto admiré y quise, me

dejara sola. Estos razonamientos no eran producto de un

sentimentalismo exagerado, porque seis años después de separarme de

él para venir a Siló, Jefté terminó sus días sobre la tierra. (Jueces 12:7) El

hecho de que él ya no existiera, no me hizo sentir liberada del voto.

Jamás pensé en dejar mi lugar no volver a las tierras de Galaad para

reclamar mi herencia. Amo este lugar le ha dado un sentido diferente a mi

vida. Aun cargar con un haz la leña para quemar en el altar, o volar un


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

cántaro de agua sobre las manos ensangrentadas de un sacerdote que

acaba de preparar un sacrificio, son cosas que tienen un lado espiritual y

dan gozo al corazón. Si alguna vez pasó por mi mente una duda, ha

bastado con recordarme a mí misma porque estoy aquí y a quien estoy

sirviendo. Mi corazón ha sido trasplantado a una tierra nueva, don de

florecen otros motivos, otros valores y propósitos. He echado raíces tan

hondas en la adoración verdadera, que ahora sería imposible arrancarlo

de ella sin dañarlo.

Volvamos a la razón del voto. Hacía casi veinte años que los

amonitas caían periódicamente sobre Israel en un lado o en otro,

matando, saqueando los productos del campo, y estorbando el progreso

y la estabilidad económica de la nación, cuando mi padre fue hecho juez

de todo Israel. El era un hombre de profundas convicciones religiosas y

sabía donde estaba la falla. Lamentablemente, Israel había tolerado la

invasión de dioses extranjeros, había aceptado en su tierra, considerada

santa, ridículas imágenes de cuerpos humanos con rasgos animales, y

aún estaba ofreciendo sacrificios quemados a tales absurdos sustitutos

del Dios verdadero.

Mi padre era aun hombre que había sufrido grandes humillaciones.

Era hijo de Galaad y de una esposa secundaria que había sido prostituta

antes de casarse con mi abuelo. Los hijos de la otra esposa, estaban en

contra de Jefté por ser hijo de una mujer que había tenido mal nombre en

su juventud. No querían que él recibiera su parte de la herencia, lo

despreciaron y al fin lo echaron de la casa. Jefté tuvo que olvidarse de

que tenía familia y se estableció en Tob, en un lugar donde los amonitas

atacaban casi sin tregua. Allí formó un ejército de voluntarios, que lo

reconocieron como el elegido de Dios. Eran hombres de todas las tribus

de Israel, muchos tenían problemas económicos, deudas y lucha para

sobrevivir. Tenían razones muy personales para desear que Israel fuera

liberado de sus enemigos y pudiera prosperar.

Mi padre entendió que el primer paso era hacerle ver a Israel que

habían ido demasiado lejos en su apostasía y debían demostrar

arrepentimiento sincero para reobrar el perdón de Dios. El pueblo, movido

por aquellas palabras, empezó a destruir las imágenes de los dioses

extranjeros. Cuando los amonitas se enteraron de eso, se enfurecieron y

se prepararon para una ofensiva total. Nuestro pueblo también comenzó a

congregarse y armarse para repeler la invasión. La tierra de Galaad fue el

punto de concentración para los que querían participar en la lucha. El

ejército voluntario estaba listo, pero no surgía nadie como comandante, y

ciertamente necesitaban un cerebro que coordinara la acción y decidiera

la estrategia. Dios les hizo entender a los ancianos de Galaad, entre ellos

mis propios tíos, que el hombre a quien habían echado fuera de su hogar,

era la persona que más éxito había tenido en frenar los avances amonitas

en Tob. Entonces, lo increíble sucedió. Movidos por la sabiduría celestial,

sus propios hermanos vinieron a rogarle a mi padre que actuara como

juez de la nación y dirigiera la guerra, que ya fuera inminente.

Jefté aceptó la propuesta, pero con una condición. El no quería

dirigirlos solo en ese momento crítico, sino hasta la muerte. Mi padre

temía que, una vez vencido el enemigo, el pueblo volvería a sus titubeos

religiosos y ofendiera gravemente a su Dios, que le había tendido una


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

mano salvadora, como tantas veces en el pasado. Así, Jefté quedó

establecido como juez de todo Israel.

El sabía que la guerra era decisiva para el futuro de la nación, y que

Jehová era la única fuente de ayuda confiable. Por eso hizo un voto a

Dios, prometiendo que la primera persona de su casa que saliera a

recibirlo, si volvía victorioso, sería dedicada al servicio de Jehová en la

tienda de adoración, en Siló. El sabía que entre ellos podía estar yo, y

esto significaba privarse de mi compañía en su vejez, y renunciar a tener

herederos, lo cual había sido su más querida ilusión.

Antes de que el conflicto se desatara en toda su furia, Jefté envió

mensajeros al rey de Amón, pidiéndole razones por los continuos ataques

que Israel estaba soportando. De esta manera, Amón quedaba señalado

como el agresor, y por lo tanto, la responsabilidad por el derramamiento

de sangre que se avecinaba les correspondía a los amonitas.

El rey enemigo respondió con una mentira crasa. Dijo que ellos

habían sido despojados de Israel de una porción grande de territorio,

cuando salieron de Egipto en marcha hacia la tierra prometida, y querían

recuperarla. El juez de Israel mostró en esta ocasión, que no era un

soldado rústico que ignoraba la historia. Explicó como Israel había

evitado cuidadosamente pasar por Edom y Mohab, porque sus reyes,

atemorizados por el arruinamiento que Dios le había causado a Egipto

con las diez Plagas, habían pedido que los judíos no pasaran por sus

tierras. Tampoco habían transitado por la tierra de Amón, ni habían tenido

trato con ellos. Le hizo ver al rey de Amón que la tierra que estaba

reclamando la habían perdido 300 años antes, luchando contra los

amorreos, no contra Israel.

La guerra se hizo inevitable y al fin comenzó. Jefté tuvo una victoria

resonante, que fue festejada por toda la nación. Eso significaba que, el

período de paz y prosperidad tan deseado, estaba por comenzar. Yo

sentía un gozo irreprimible. Preparé mis panderetas y esperé su llegada.

Quería ser la primera en la casa que lo abrazara y lo felicitara. Al salir a su

encuentro, sucedió lo que menos esperaba. Tristeza y estupor se

reflejaron en su rostro y rasgó su ropa en señal de angustia. Mi danza

quedó paralizada y la risa se congeló de mis labios. Entonces oí una

explicación que jamás había imaginado. Me dijo con voz entrecortada,

que había hecho un voto a Jehová y no podía volverse atrás, y que por mi

causa se sentía tan abatido. Sus palabras no eran muy claras, pero

entendí inmediatamente lo que se esperaba de mí. Yo estaba envuelta en

ese voto. La gran victoria obtenida era un favor especial de Jehová que

requería una ofrenda como muestra de gratitud y aprecio. Traté de aliviar

su mente turbada asegurándole que no estaba opuesta al voto

pronunciado por él, y que estaba dispuesta a cumplir con lo se esperaba

de mí. Le pedí por favor que me permitiera ausentarme por dos meses a

una casa en las montañas, con un grupo de amigas allegadas. Elegí como

compañeras a las que tenían un punto de vista espiritual y un gran

aprecio a la adoración verdadera. No quería verme rodeada por personas

que debilitaran mi decisión.

Ese era un punto de viraje en mi vida, un cambio de rumbo y de

propósito, y mi mente necesitaba un reajuste. Israel iba a estar festejando

el triunfo con gran bullicio, y yo no podía estar entre ellos con cara de


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

fiesta. Valoraba profundamente lo que la nación festejaba, pero sentía la

responsabilidad de pagar parte del precio de aquella algarabía. El mío era

un sentimiento distinto, era esa clase superior de gozo, que se puede

expresar con lágrimas sin que se ahogue en ellas.

Durante esos dos meses escudriñé mi corazón. Quería asegurarme

de que justipreciaba el privilegio de servir en la tienda de adoración. Me

pregunté a mí misma muchas veces si estaba obrando influida por la

emoción de la victoria, o por el hecho de que todo Israel estaría hablando

de la actitud de la hija del juez Jefté, o si mi decisión se debía a una

gratitud genuina hacia el Autor del milagro que nos había liberado. Pero,

al fin pude convencerme de que estaba entregando mi vida como ofrenda,

con sincero regocijo y sin dobleces.

Cuando volví a Mizpá después de esos dos meses en las montañas,

empecé a preparar mi ropa y algunos recuerdos y objetos de valor para

mí, que no quería dejar. En esos días antes de mi partida, papá y yo

tuvimos algunas conversaciones que nunca se borraron de mi mente. El

sabía que había sacerdotes en Siló que no honraban su ministerio. La

mala fama que los hijos de Elí, el sumo sacerdote, se habían ganado por

su mala conducta reprensible, era objeto de comentarios en muchos

lugares. Mi padre me exhortó a no olvidar que yo era parte de una nación

dedicada al Dios verdadero, y que el hecho de que algunos no lo honraran

como El merecía, no debían eclipsar en mi mente el valor de lo que a mí

me tocaba hacer, porque cada uno seremos juzgados individualmente por

Dios. Me aseguró que al fin, los que con mente carnal cultivan sus peores

rasgos y nos hacen sufrir, en vez de cultivar sus virtudes para ayudarnos

a seguir viviendo, esos son los que pasan y se olvidan. No debemos

permitir que debiliten nuestra determinación de seguir fieles para lograr la

aprobación de Jehová. Recuerdo muy bien una de sus ilustraciones: -Son

piedras de tropiezo en el camino, pero no son un motivo para cambiar de

amino. ¿De qué te serviría una senda suave para los pies, si te aleja del

lugar adonde quieres llegar?

Me instaba a tener siempre presente el ejemplo inspirador de los

que fueron amados por Dios, como Abraham, Isaac, Jacob, Moisés, y no

permitir que los se queden cortos en su devoción me desanimaran. Me

rogaba especialmente, que no permitiera que mi preciosa juventud fuera

mancillada por los deseos impuros de algún hombre profano, que

menospreciara el valor de estar dando mi vida como ofrenda a Jehová. Me

pidió que jamás me detuviera a considerar una propuesta inmoral. –

Recuerda -me dijo-, el castigo decretado contra Elí por no disciplinar a

sus hijos, que Dios hizo conocer por medio del profeta Samuel. Jehová no

quiere más descendientes de Elí en el sacerdocio. Cuando él muera, su

línea sacerdotal morirá con él. En cambio las obras de amor de los que

han servido a Dios de todo corazón, nunca serán olvidadas.

De tanto en tanto, según se lo permitían sus obligaciones, me padre

venía a Siló para visitarme y fortalecerme con su cariño. Juntos

repasábamos las grandes razones que me habían traído a la tienda de

adoración. Desde que él terminó su carrera, a veces he sentido el

desamparo que produce el no tener un brazo de carne donde apoyarme.

Pero entonces, surge en mi mente la seguridad de que Dios está con su

pueblo. Aquí, en la tienda sagrada, está el arca recubierta de oro que


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

simboliza su presencia. Es emocionante pensar que uno vive tan cerca de

ella, en los barrios destinados a los sacerdotes y sus familias, y a los

trabajadores voluntarios.

Cuando llega la Pascua, multitudes nos rodean para celebrarla,

procedentes de todas las tribus. Aquí se ofrecen las primicias del trigo y

la cebada para darle gracias al Dador de todo lo bueno. Tenemos el

privilegio de escuchar miles e voces cantando salmos de Moisés y otros

autores, expresando los más elevados sentimientos que pueden colmar

un corazón humano. Por eso, éste sigue siendo el mejor lugar del mundo

para cultivar y disfrutar nuestra bendita relación con el Dios verdadero.

Álef Guímel


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

Mical

El fruto ácido del sarcasmo

1 de Samuel capítulo 15, 16, 17 y 18

1 de Reyes capítulo 1

Hoy es un día de gran regocijo en Israel. El rey David ha convocado

una asamblea especial para instalar a Salomón como rey. Quiere verlo

antes de su muerte, para frustrar la conspiración de su hijo Adonías, que

pretende usurpar el poder.

Mientras Israel ríe y canta, llenando de algarabías las calles y las

plazas de Jerusalén, y aquí en la ciudad de Sión, parece que hasta el

suelo vibra con ruidoso júbilo que levantan, yo he llorado con gran

amargura por mi vida vacía y sin sentido, a pesar de que vivo en esta gran

casa de cedro, la más hermosa y valiosa de la capital, el palacio personal

de David.

He llorado con profundo dolor, porque Salomón pudo haber sido el

hijo que no tuve. Como primera esposa de David, yo estaba en posición

privilegiada para iniciar su linaje. Este podría haber sido uno de los días

más gloriosos de mi vida, viendo a un hijo mío coronado como rey

compartiendo los honores que él recibiera.

No puedo decir que es una injusticia. Envejecida y sola,

comprendo, aunque tarde, la parte que yo misma tuve en forjar mi

desdicha. Además, el haber llegado yo a la casa de David a causa de los

manejos traicioneros de mi padre, el rey Saúl, fue un mal comienzo.

¡Cuánto mejor hubiera sido todo si yo hubiera tenido equilibrio y la

dulzura de mi hermano Jonatan, en vez de la terquedad y la soberbia de

mi pare Saúl!

Desde que David llegó a ser famoso por derribar a Goliat, el gigante

filisteo, con una honda y una piedra, cuando ni siquiera sabía manejar

una espada, el resultó ser uno de los hombres más amados en toda la

historia de la nación. La gente lo veía como un héroe, un elegido de Dios,

porque era un pastorcito adolescente, un muchachito que nunca había

tenido entrenamiento militar, cuando mató a Goliat.

¿Por qué Saúl, mi padre, odió a David hasta el punto de intentar

matarlo varias veces? El profeta Samuel lo reprendió severamente

cuando Saúl, impaciente por su tardanza, ocupó el lugar de los

sacerdotes, que no le correspondía, ofreció sacrificios a Dios. Fue

entonces que Samuel pronunció aquellas significativas palabras:

“Obediencia es mejor que sacrificio”.


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

Luego Samuel pronunció una sentencia irrevocable: Saúl quedaba

rechazado por Jehová como rey a causa de haber rechazado él mismo la

palabra de Dios. Y añadió: “Jehová ha arrancado hoy de ti el regir real y

ciertamente se lo dará a un semejante tuyo que sea mejor que tú”.

Aquellas palabras fueron una espina clavada en la carne, que mi padre

nunca pudo extraer y olvidar. Cuando David empezó a mostrar que el

favor de Jehová estaba sobre él, Saúl sospechó que este era el hombre

mejor que él que iba a heredar el reino. David escapó de las garras de la

muerte varias veces, porque Dios cuidaba de él.

Buscando la oportunidad de tenerlo más a mano para aniquilarlo,

Saúl le propuso una alianza matrimonial en la cual le daría a mi hermana

mayor, Merab, por esposa. Pero, cuando llegó el momento de realizar la

boda, David fue notificado que Merab ya había sido entregada a otro

hombre, Adriel.

Yo estaba enamorada de David y vi la oportunidad de llegar a ser su

esposa, sustituyendo a Merab. Conversé de esto confidencialmente con

siervos allegados a mi padre, y les pedí que trataran de ponerle esta idea

en la mente. Todo marchó bien, pero cuando supe que el precio que David

tenía pagar por mí exigía la matanza de cien filisteos, me angustié mucho.

Era una trampa de mi padre, con la esperanza de que David no saliera

vivo de esa aventura. Pero volvió victorioso y eso elevó su popularidad.

La gente, de allí en adelante, hablaba más de David que de Saúl en todo

Israel, y el odio del rey hacia David se hizo doblemente intenso.

¡Qué cosa extraña, como Dios maneja los corazones! Jonatán, mi

hermano, amaba intensamente a David, a pesar de ser muchos años

mayor que él. ¿Y por qué razón llegó a sentir ese apego tan fiel a David,

aunque éste podía llegar a ocupar el trono que le hubiera correspondido a

Jonatán? Mi hermano entendió claramente que David era el elegido del

Dios verdadero para regir a la nación en pacto con El. El mismo hecho

que causo odio en mi padre, encendió un amor profundo y genuino en el

corazón de Jonatán hacia David.

Finalmente, David y yo nos casamos. Para ese tiempo, yo ya estaba

alerta en cuanto a los acontecimientos y dispuesta a impedir en lo posible

que Saúl le causara daño a David. Un día me di cuenta de que nuestra

casa era constantemente vigilada. Eso indicaba que había un plan en

marcha y que el desenlace no se haría esperar. Entonces, le rogué a

David que huyera en la oscuridad de la noche, y lo ayudé a salir por la

ventana, mientras los que vigilaban la casa cuidaban la entrada. Arreglé

una imagen de terafim en la cama, rodeándola de ropa, de modo que

parecía un cuerpo que dormía, puse una mata de pelo de cabra sobre la

almohada, que aparentaba ser la cabeza de David, y esperé el amanecer.

A la mañana siguiente, los mensajeros del rey, viendo que David no

salía de la casa llamaron y preguntaron por él. Los atendí y les dije que él

estaba enfermo. Volvieron a Saúl con el mensaje y él los envió de vuelta

con la orden de matarlo en la misma cama. Allí descubrieron que el

enfermo era un simple monigote. Pero, ya habían pasado muchas horas, y

David estaba a salvo, al menos por el momento.

No tuve más remedio que enfrentar la ira de mi padre. El no podía

entender que yo de veras amara a David y quería ayudarlo. Para


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

apaciguarlo, tuve que decirle que lo había encubierto porque David me

había amenazado de muerte si no lo ayudaba a huir.

El rey, mi padre, me obligó a quedarme en su casa, siempre

tratándome como objeto de su propiedad. Tenía otro plan traicionero en

cuanto a mí, que no tardó en salir a la luz. Se proponía demostrarle a

David su desprecio, entregándome a otro hombre por esposa. Así, sin que

mi voluntad fuera tenida en cuanta para nada, fui conducida a casa de

Paltiel, mi nuevo dueño. Algo que me compensó en parte, fue que Paltiel

se mostró muy comprensivo y cariñoso, e hizo esfuerzos sinceros por

hacerse querer.

Mientras tanto, mi hermano Jonatán, indignado por las acechanzas

de nuestro padre contra David, salió a buscarlo, y finalmente se encontró

con él en alguno de sus escondrijos. El cariño sincero de Jonatán fue un

estímulo grande para David. Ahora ya no estaba solo, tenía un pequeño

ejército de 400 hombres, en el cual estaban sus propios hermanos

carnales, y gente infeliz, que no había sido tratada con justicia en su vida,

gente agobiada por deudas y problemas, procedente de todas las tribus

de Israel. Estos no eran sediciosos. No hicieron ningún intento de

derribar al rey, reconociendo que, si Dios lo había ungido, sólo El tenía

derecho a derrocarlo. -1 Samuel 22:1, 2

Por mandato de Dios, David volvió a la tierra de Judá y se

estableció en Hebrón. Los ancianos de Judá lo ungieron como rey de su

tribu cuando tenía treinta años, y Hebrón fue su lugar de residencia por

siete años y medio, mientras yo permanecía en casa de Paltiel.

Hebrón estaba cerca de Jerusalén, que ese entonces permanecía en

manos de los jebuseos y se llamaba Jebús. Allí en el Monte Sión, que se

veía de todas partes, estaba la famosa ciudadela que David se propuso

conquistar, porque los límites que Dios le había señalado a su pueblo

incluían esa porción de territorio. La mano de Jehová estuvo con él, y los

jebuseos derrotados, abandonaron el lugar. Aquella fortaleza que se veía

desde tan lejos vino a ser la casa de David, el rey de la provincia de Judá,

al cual muchos proclamaban rey en todo Israel.

En este tiempo, Hiram, el rey de Tiro, en un gesto de amistad y

adhesión a David, le envió cedros de sus bosques y hombres expertos en

trabajos en piedra y en madera, para trabajar en la construcción de su

palacio real.

Los ojos de todo Israel estaban sobre David y sus obras. La gente

en general entendió que éste era el hombre mejor que Saúl, que iba a

gobernar a Israel, tal como el profeta Samuel había predicho. Aún los que

habían estado más allegados a Saúl hasta entonces, empezaron a

abandonarlo. Hasta el comandante en jefe del ejército, Abner, tío de

padre, fue a Sión para hacer un pacto de amistad con David. Fue en esa

ocasión que David le dijo que no quería volver a ver su rostro si no me

llevaba para devolverme a él como esposa legítima. Abner se ocupó

personalmente del asunto, y un día me apareció en casa de Paltiel con la

orden de que me dejara partir porque David me reclamaba.

Mi corazón latió como loco. Después de casi ocho años sin ver a

David, me hice la ilusión de que él guardaba algún cariño especial por mí.

El tío Abner me advirtió que iba a hallar todo muy cambiado. Yo no sería

la única esposa de la casa. David había tomado seis esposas en Hebrón,


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

las cuales, con sus hijos, compartían los honores y los gozos que él

recibía como rey. Ahora existía una familia real en la cual yo sería

simplemente un opaco integrante.

Paltiel recibió con mucho dolor la noticia de nuestra separación

forzosa. Lloró como un niño, porque había llegado a quererme y no se

resignaba a dejarme ir. Durante un largo trecho del camino su carro

siguió al de Abner. Paltiel no podía dejar de llorar, hasta que Abner se

encaró de nuevo con él y le dijo que era mejor que volviera a su casa y se

olvidara de mí. ¡Qué amor tan fiel, lamentablemente desperdiciado! ¡Cómo

hubiera deseado yo ver a David llorando la milésima parte de las lágrimas

que estaba derramando Paltiel!

El recibiendo de David fue muy amable. Me sentí halagada por el

honor de vivir en su palacio, y por ser la primera esposa del héroe más

victoreado de la nación. Pero pronto comprendí que David había exigido

mi regreso porque ese era un caso de lesa majestad. Una esposa es

considerada una propiedad de valor, y David no estaba dispuesto a

aceptar la voluntad de Saúl, que ilegalmente me había transferido a otro

hombre. El prestigio el nuevo rey estaba en juego. El tenía que

demostrarle al pueblo, que las decisiones del rey Saúl no eran

incuestionables. En cuanto a mí, debía resignarme y aceptar el hecho de

no ser una esposa amada como Abigail, o como Bat-Seba. Yo era

simplemente un premio de guerra, ganado con riesgo de su vida; algo

para exhibir, no para disfrutar.

Poco después de llegar al palacio real cometí el error más

lamentable de mi vida. A David le dolía pensar que el arca sagrada, que

desde los días de Moisés había representado la presencia invisible de

Dios entre su pueblo, estuviera guardada en la casa de un levita, después

de haber sido hurtada y devuelta por los filisteos, y no tuviera un lugar

digno donde morar. Le oímos comentar al rey algunas veces que, no era

lógico siendo él un simple humano, que habitara en un regio palacio y el

arca sagrada no tuviera el templo que merecía.

David decidió hacer traer el arca al Monte Sión y alojarla en una

tienda especial. Esto di motivo a una gran fiesta, y se pidió a todo el

pueblo que participara expresando su alegría, porque al estar el arca en

Sión, el asiento del gobierno teocrático, fluirían bendiciones a toda la

nación. Músicos y cantantes levitas integraban la gran procesión. El arca

venía cubierta por un lienzo, sobre los hombros de algunos sacerdotes.

David escribió su primera canción de acción de gracias para esa ocasión,

y la entregó a los hijos de Asaf para que se encargaran de cantarla

cuando el arca sagrada estuviera entrando en Sión.

Yo observaba desde una de las ventanas del palacio y algo me

sacudió de sorpresa. ¡El rey venía danzando por la calle, vestido con un

simple efod de lino! Me pareció absurdo que no estuviera vestido con sus

ropas reales, para saludar al pueblo con la dignidad propia de la ocasión.

Lamentablemente, no supe interpretar aquella forma sencilla de

expresar su alegría, sin protocolo ni formalidades. Tampoco supe frenar

mi lengua, y cuando salé a encontrarme con los festejantes, al enfrentar a

David, cometí la locura de decirle que se había portado como un

casquivano al expresar su gozo bailando con ropas livianas. La gente en

cambio, disfrutaba de todo con un gozo delirante. Antes de retirarse a sus


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

hogares, cada hombre, mujer y niño, recibieron una torta anular de pan,

una torta de dátiles y una de pasas.

Después de aquel mal momento frente a David ese día, me castigó

ignorándome como esposa. No se divorció de mí ni me dejó libre para

iniciar una vida fuera del palacio. Tuve que quedarme en mi lugar, como

un objeto decorativo. No me falta nada en cuanto a cosas materiales, pero

me falta amor. Nunca tuve hijos que me consolaran. De mi familia no

queda casi nadie. Mi padre, Jonatán, y otros dos hermanos míos,

murieron en una batalla contra los filisteos. Mi hermana Merab también

murió dejando cinco hijos en los cuales volqué mi cariño, y mi instinto

maternal insatisfecho. Luego, hubo un problema serio con los gabaonitas,

por una injusticia que Saúl había cometido contra ellos. Los gabaonitas

exigieron que se les entregaran siete descendientes de Saúl para

matarlos, a fin de dar la ofensa por vengada y no tomar represalias más

severas. Cinco de ellos fueron los hijos de Merab.

Ahora, en mi vejez, tengo mucho tiempo para pensar y comprendo

que David fue muy noble a pesar e sus errores. Dos veces tuvo

oportunidad de matar a Saúl, su enconado enemigo, y no lo hizo porque

era el ungido de Jehová para el reino. Hizo venir al palacio a Mefibóset, mi

sobrino, hijo de Jonatán, lisiado de ambos pies. Le entregó tierras que

habían pertenecido a Saúl y aseguró el sustento de su familia. Pero, el

propio Mefibóset tiene un asiento concedido de por vida en los

comedores del palacio, por el amor que David sintió por Jonatán, su

padre.

Es indudable que el corazón de David ha estado fijo en la adoración

de Jehová. Su más ardiente deseo ha sido siempre que Jehová también

tenga una casa dedicada a El en Israel. Un ángel fue enviado para dar

reconocimiento a ese propósito y le ordenó que comprara la era de

Arauna, el jebuseo, en un lugar rocoso más elevado que Sión, al norte, en

el Monte Moría, el mismo lugar en que Abraham ofreció simbólicamente a

Isaac en sacrificio. Se le advirtió que él no tendría el privilegio de edificar

ese templo porque había sido un hombre de guerra. En cambio, Salomón,

su hijo, lo edificaría respaldado por Dios, en un tiempo de paz y

prosperidad.

David no viviría muchos días después de esto, pues está muy débil

y enfermo. Pero, tiene la inmensa alegría de saber que la obra se realizará.

Ha hecho todos los preparativos posibles para facilitarle a Salomón esta

tarea. Hay grandes cantidades de mármol, madera, oro y plata, listos para

ser usados. Hasta los cantantes y músicos están asignados desde ya. Sin

duda, será el edificio más hermoso del mundo.

David anunció públicamente que deja su tesoro personal de oro y

plata como contribución para la obra del templo. El pueblo, después de

escuchar al rey, se sintió movido a contribuir generosamente. Salomón ha

recibido hasta los planos detallados, de la mano de su padre. Nuevamente

nuestro amigo, el rey Hiram de Tiro, ofreció mano de obra y material para

este proyecto gigantesco.

Este es el gran día de la coronación. Salomón, el segundo hijo de

Bat-Seba, montando la mula de David, salió del palacio y anduvo por las

calles de Jerusalén. La columna de gente que lo sigue crece

continuamente. Junto al manantial de Guihón, en las afueras de la ciudad,


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

lo proclamarán rey en todo Israel. La multitud jubilosa lo acompañará de

vuelta al palacio, con sus cantos y sus instrumentos musicales, en una

procesión jamás vista antes. Hoy, ríen y cantan con gran bullicio. Muy

pronto acompañarán a David a su lugar de descanso en la tierra, llorando

y entonando plañidos. ¡Así es la vida; la risa siempre tan cerca del llanto!

Todo pasa rápidamente. Hace ya treinta años que David ocupó ciudadela

de Sión y comenzó a reinar sobre todo Israel, sumados a los siete años y

medio que reinó en Hebrón, sobre la tribu de Judá.

Han pasado más de cuarenta años desde aquel día en que lo ayudé

a huir en la oscuridad de la noche, para escapar de las emboscadas de mi

padre. Tal vez en ese momento David creyó en mi cariño, ya que le estaba

demostrando que él significaba más para mí, que el lazo de sangre que

me unía a Saúl. Después, sucedieron muchas cosas que nos separaron…

Ahora no podemos cambiar la historia ni volver e tiempo atrás. David

seguirá siendo amado por su pueblo aunque ya no esté presente. Yo seré

solo un recuerdo borroso en la mente de los que me conocieron, un

episodio de escasa importancia en la vida e un rey colmado de gloria.

Álef Guímel


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

LA MUJER DE SUNEM

El premio a la hospitalidad

2 Reyes 4: 8-37

2 Reyes 8: 1-8

La historia de Israel y la ley de Dios estuvieron bien arraigadas en

mi conocimiento y en el de mis hermanos desde la temprana niñez. Mis

padres tomaban muy en serio el mandamiento de hablarnos de todo esto

al acostarnos, al levantarnos y andando por los caminos.

Mi entendimiento de la historia de Israel hizo resaltar este

pensamiento en mi mente: Dios nos dio un país en que morar como

pueblo libre después de redimirnos de la esclavitud en Egipto. El quiso

que cada tribu tuviera su tierra bien delineada. No hubo parcialidad,

ninguna tribu fue favorecida por su superioridad militar. Cada tribu

recibió una provincia para conservarla como porción hereditaria. La

productividad dependía de la lluvia y de la bendición de Dios. Como

conclusión, nosotros los israelitas, no somos dueños de nada,

simplemente somos depositarios de lo que el único Dueño de la tierra

quiso poner en nuestras manos para que lo usemos de una manera que lo

honre a El, pero todo lo que tenemos sigue perteneciendo a Jehová.

Esta conclusión, muy arraigada a mí, fue lo que me hizo sentir una

gran felicidad cuando podía compartir cosas con otros. Me casé con un

hombre mucho mayor que yo y estábamos en una posición desahogada.

Nuestra familia no se había visto afectada por enfermedades graves ni

tragedias que nos sumieran en la pobreza. Materialmente hablando, no

me faltaba nada, pero tenía algo que envidiar a cualquier mujer mas pobre

que yo: No había tenido la felicidad de ser madre, y la idea de que mi

esposo llegaría a ser anciano antes que yo y me dejaría sola, me hacía

mirar el futuro con tristeza y con incertidumbre.

Por la bondad de Dios llegué a conocer al profeta Eliseo que con

frecuencia pasaba por Sunem, la localidad en que vivíamos.

Lo invitamos a comer en nuestra casa algunas veces y siempre le

rogábamos que volviera a visitarnos. Su compañerismo era sumamente

edificante. Escuchar sus experiencias era un deleite y una fuente de

ánimo. El percibió esto y se le hizo una costumbre venir a vernos cuando

andaba cerca.

El honor de tener como huésped a un profeta del Dios verdadero merecía

más que una comida de vez en cuando, por eso le rogué a mi esposo que

edificáramos en el techo, una pieza especial para que él descansara allí y

se quedara todo el tiempo que quisiera. La amueblamos y la arreglamos

confortablemente con una cama, una mesa, una silla y un candelabro. Le


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

dijimos que esa pieza era suya, que nadie más la ocuparía y estaría

siempre lista y limpia para albergarlo.

Las estadías de Eliseo en Sunem nos dieron la oportunidad de oír

de sus mismos labios los hechos poderosos que Jehová realizó usándolo

como instrumento. Le emocionaba relatarnos la extraordinaria

experiencia de ver a Elías, su amado maestro, ascendiendo a la altura en

un carro de fuego y dejando caer su manto, su vestidura oficial de

profeta. Elías le había asegurado que, si lo veía al ser quitado de su

presencia, recibiría una doble porción del espíritu o poder con que

Jehová lo había dotado a él. Eliseo había querido saber si el uso de aquel

manto le confería ese poder. Se dirigió al Jordán y, golpeando sus aguas,

preguntó: “¿Dónde está Jehová el Dios de Elías?” La respuesta no se

hizo esperar. Las aguas del Jordán, separándose gradualmente, le dieron

paso sobre el lecho del río.

Por él mismo, y por otros que comentaban sus milagros, nos

enteramos como habían sido sanadas con sal las aguas malas de Jericó.

En otra ocasión, cuando unas calabazas silvestres puestas por

equivocación en un guisado lo habían contaminado con un veneno

mortal, un simple puñado de harina en las manos de Eliseo lo habían

convertido en una comida saludable.

Era evidente que Eliseo disfrutaba de la hospitalidad de nuestra

casa. En una de las ocasiones en que vino a pasar unos días, envió a

Guejazi, su asistente, adonde yo estaba en mis tareas, para preguntarme

si había algo que podía hacer por mí. Estaba dispuesto a interceder ante

el jefe del ejército p aún ante el rey, si hubiera alguna petición que hacer a

mi favor.

Le dije que no echaba de menos nada, ya que vivía en medio de mi

pueblo, gozando de todas las ventajas que la ley me concedía como

israelita natural. Guejazi, volvió a subir con mi respuesta. Un momento

después regresó diciendo: “Eliseo te llama”. Subí a su pieza y me quedé

de pie a la entrada. Entonces él dijo algo maravilloso que resuena en mis

oídos todavía: “A éste tiempo fijo, el año que viene, tendrás un hijo en tus

brazos”. Mi respuesta turbada de asombro fue: “¡¡No amo mío, oh hombre

del Dios verdadero! ¡No digas mentiras a tu sierva!”

Pero fue verdad; al año siguiente yo tenía un hijo en mis brazos.

Creció sano y hermoso. Le gustaba andar por los campos siguiendo a su

padre y a los segadores. Un día, uno de los peones apareció en la casa

cargando en brazos al niño que se quejaba constantemente.

_ “El señor me ordenó que lo trajera porque desde hace largo rato le

oímos decir: “¡Ay mi cabeza! ¡Ay mi cabeza!” Le hemos mojado la frente,

lo hemos hecho descansar a la sombra, pero no se le pasa”.

Eso fue en las primeras horas de la mañana. Yo me senté con él

sobre las rodillas sin saber qué hacer para mejorarlo. Cada momento que

pasa lo veía peor y su respiración era cada vez más agitada. Al mediodía

murió. En medio de la terrible angustia que se apodede mí, mi mente

estaba llena de un solo pensamiento: ¿Por qué me había dado Dios un

hijo que no esperaba si debía perderlo así? Solo el profeta podía saber la

respuesta. A esta altura del año él estaba en el monte Carmelo. Tenía que

ir a su encuentro.


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

Subí a la pieza de Eliseo en la azotea con el niño muerto en mis

brazos lo dejé sobre su cama. Me envolví en un manto y fui al encuentro

de mi esposo rogándole que me dejara usar una de las asnas y llevar a

uno de mis peones como acompañante porque debía ir en busca de

Eliseo.

El se mostró muy sorprendido porque no era luna nueva ni sábado.

Pensó que yo quería dedicar un tiempo especial a la adoración de Jehová.

Yo no quería decirle que nuestro hijo había muerto para ahorrarle esta

terrible consternación. Tenía la esperanza de que Eliseo pudiera hacer

uno de sus sorprendentes milagros.

El viaje hacia el monte Carmelo se me hizo interminable. Al fin,

divisamos a Eliseo desde lejos, y él también nos divisó a nosotros.

Estaba conversando con Guejazi y los dos se quedaron mirándonos y

esperando nuestro arribo.

Guejazi corrió a mi encuentro y me preguntó con tono preocupado:

“¿Te va bien? ¿Le va bien a tu esposo? ¿Le va bien al niño?”

Le contesté afirmativamente sin detenerme. Seguí adelante hacia la

montaña y al llegar junto a Eliseo me bajé del asno y me eché a sus pies

aferrándome a ellos, como si temiera que él fuera una visión que iba a

desvanecerse. Guejazi quiso apartarme de él pero Eliseo no se lo

permitió: “Déjala, porque tiene una gran amargura en su alma y Jehová

me lo ha informado”.

Entonces le dije: “¿Pedí yo un hijo por medio de mi señor? ¿No dije

yo: -No debes conducirme a una esperanza falsa? Hombre de Dios, tú

recuerdas que mi esposo es mucho mayor que yo. La muerte vendrá y me

dejará sola. Antes de que tú llegaras a nuestra casa yo pensaba en eso

con tristeza pero fui aceptándolo como un hecho que nadie podía

cambiar. Cuando por intercesión tuya ante Jehová nuestro Dios, yo llegué

a tener el hijo que ya no esperaba, la idea de la viudez no se me hizo tan

dura. Me dio la impresión de que a la muerte le habían cortado las uñas.

Pero ahora que he tenido a mi hijo por varios años, ahora que conozco

ese amor del que me consideraba privada, perderlo es cruel y doloroso. Si

yo tenía que sufrir este dolor, ¿por qué quisiste que lo tuviera? ¿No era

mejor para mí haber existido como un árbol incapaz de dar fruto y

haberme encaminado a la muerte en esterilidad? Por lo menos, lo que uno

añora con la imaginación no duele como lo que se ha tenido de veras y es

como un gajo arrancado del tronco de uno, que deja un desgarrón muy

difícil de curar”.

El rostro de Eliseo se perturbó. Yo no apartaba mis ojos de él. Vi

claramente que mis palabras habían tocado su corazón. Entonces le dio

su báculo a Guejazi instruyéndolo sobre lo que debía hacer para que el

niño volviera a la vida. Pero yo no estaba conforme con que Guejazi fuera

solo y le dije a Eliseo que no soltaría sus pies si él no iba conmigo.

Guejazi se adelantó al profeta y yo íbamos más atrás. Cuando

faltaba poco para llegar, lo vimos regresar en su asno. Había hecho todo

lo que Eliseo le había dicho, pero el niño no había despertado.

Cuando llegamos a casa él subió a su pieza y no me permitió

seguirlo. Tuve que esperar abajo mientras él oraba a Jehová y luego le

daba aliento con su misma boca y calor con su mismo cuerpo. Bajé de

nuevo y se puso a caminar de acá para allá dentro de la casa; luego subió


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

otra vez a la pieza de arriba. Guejazi vino un poco después y me dijo

emocionado: “¡El niño ha estornudado siete veces y ha abierto los ojos!

¡Sube a verlo!”

Cuando entré en la pieza Eliseo me dijo con una gran sonrisa:

“¡Alza a tu hijo!”

Me postré en tierra sin palabras para expresar mi gratitud. Luego

tomé al niño y bajé la escalera con él en brazos.

Los años pasaron y seguíamos viendo a Eliseo periódicamente y

oyendo hablar de sus maravillosas obras. Supimos cómo había

multiplicado veinte panes de cebada de modo que alcanzaran para cien

hombres. La curación de Naamán, el prominente comandante militar de

Siria afligido de lepra, fue un hecho que se difundió por todo Israel.

Algún tiempo después tuve la satisfacción de saber que el profeta

no nos había olvidado. Vino un día a nuestra casa para advertirnos que se

aproximaban siete años de hambre para Israel y que debíamos

marcharnos a vivir en cualquier país cercano para evitar los aciagos que

se acercaban.

Sin la menor duda nos aprontamos, llevándonos algunas cosas que

queríamos conservar, y dejamos nuestra querida casa grande y cómoda y

nuestras tierras. Vivimos durante siete años en la tierra de los filisteos y

entonces decidimos volver ya que el período anunciado por Eliseo estaba

terminando.

Al regresar, me dirigí primero al rey para pedirle restitución de

nuestras tierras abandonadas y mi hijo fue conmigo. El era ahora el fiel

compañero de mi viudez. Conseguimos una audiencia y cuando nos

dirigíamos a hablar con el rey, allí estaba Guejazi también. El rey lo estaba

interrogando acerca de los milagros de Eliseo.

¡Qué satisfacción cuando Guejazi nos presentó diciendo: “Mi señor

el rey, esta es la mujer y este es su hijo a quien Eliseo revivificó!”

Tuve el privilegio de dar testimonio de las cosas maravillosas que

Eliseo había hecho en nuestra casa. El rey, después de escucharme con

atención llamó a un oficial de la corte y le dijo:

_ “Devuélvele todo lo que le pertenece y los productos del campo desde

el día que dejó la tierra hasta ahora”.

Mi hijo para ese tiempo ya era un mocito fuerte y guapo, me ayudó

a arreglar nuestra casa, abandonada por tantos años y pronto fue

hermosa y confortable otra vez. ¡Esa casa tan llena de recuerdos!

La bondad de Jehová se expresó en muchas formas en mi vida. La

recompensa que recibí por aquella hospitalidad que tuve Leonor de

brindar a Eliseo, fue muy superior a lo que él recibió de mí. Jehová

siempre paga en medida plena lo que hacemos por amor a su Nombre.

Ahora que les cuento todo esto, aquellos días reviven en mi mente

y veo que las cosas más hermosas de mi vida tuvieron que ver con

aquella pieza que yo le pedí a mi esposo que edificara para el profeta.

Junto a la puerta de esa pieza oí la promesa:

- “El año que viene tendrás un hijo en tus brazos”.

Fue en aquella pieza que Jehová me dio otra muestra de su bondad

infinita, cuando la voz de Eliseo pronunció aquellas palabras:

- “¡Tu hijo vive! ¡Álzalo y llévatelo!”.-


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

NITOCRIS

Reflejos de una gloria sin retorno

Daniel capítulos 4 y 5

Esta noche me siento especialmente inclinada a la nostalgia. Hay

muchas cosas que pesan en mi corazón y con frecuencia me empujan

fuera de la realidad presente y me obligan a vivir en el pasado. Recuerdo

vez tras vez a mi padre, Nabucodonosor, y las grandes lecciones que tuvo

que aprender acerca del Dios de los hebreos, Jehová, que en una manera

muy sabia aplacó su arrogancia su rebeldía.

Tengo una imagen mental nítida de mi padre. Cuando se

encontraba en Babilonia, sus días estaban muy ocupados entre sus

asuntos de estado, reuniones militares, magos y consejeros; planear y

vigilar la marcha de las grandes obras de edificación que tanto lo

apasionaban; organizar acontecimientos culturales y artísticos, asistir a

fiestas religiosas, y dividir su atención entre las muchas esposas y

concubinas que tenía en el palacio. Una de éstas, era egipcia. Esas fue mi

madre y me pusieron su nombre, Nitocris.

Cuando éramos niños, Nabucodonosor nos mandaba a llamar para

vernos y pasar algún tiempo con nosotros, solo de vez en cuando. Ese

era un día de fiesta para sus hijos. Los servidores del palacio nos

acicalaban y nos conducían a su presencia. El nos hablaba del poderío

del imperio, de las obras de edificación con que deseaba embellecer

Babilonia, de las fortificaciones que la hacían invencible. Inculcaba en

nosotros el patriotismo, el deber de conservar y defender todo aquello

que nuestros antepasados nos habían legado. Los hijos del rey

estábamos bien contagiados del orgullo de pertenecer a esta Babilonia

fundada por Nemrod, cuyo templo, el más importante, está en Esagila,

donde se le adora con el nombre de Marduc. Allí, en medio de esa tierra

consideraba santa, está Etemenaki, la torre que Nemrod no pudo terminar

a causa de la confusión de las lenguas, que mucho tiempo después fue

terminada y reverenciada como una gran reliquia. Etemenaki (“Casa de

fundación del cielo y de la tierra”, en caldeo), fue completada como un

zigurat, una torre cuadrada, escalonada, cada piso teniendo una

superficie menor que el de abajo, terminando en una estructura pequeña

que alberga un templo.

En Babilonia la religión siempre estuvo ligada a la historia y las

conquistas, por eso en el templo de Marduc, en Esagila, se conservan los

más valiosos despojos de las naciones sometidas, junto con los trofeos

otorgados a los vencedores, y las armas que pertenecieron a los


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

guerreros más prominentes caídos en la batalla. Allí fueron llevados los

vasos de oro y de plata que habían pertenecido al templo de Jehová en

Jerusalén, despojado cuando Nabucodonosor, mi pare, la conquistó.

En los mejores días de Babilonia, llegaban barcos de toda la tierra

habitada a descargar sus productos; era un cruce de caminos para el

comercio mundial; un enorme depósito de too lo mejor que se producía

en todas partes. En ambas orillas del Éufrates, dentro de la capital, había

muelles en que atracaban estos barcos. También la flota de Babilonia que

constaba de tres mil galeras, se veía siempre en movimiento, impulsada

por velas y por remos. En tiempos de paz, estos barcos se usaban en el

comercio, en tiempos de guerra traían y llevaban soldados y abastecían

las tropas.

Aparte de las grandes naves que surcaba el Eufrates, se veía un

tráfico de embarcaciones pequeñas, navegando los canales que

atravesaban la ciudad y el campo. Eran una gran red que llevaba agua a

todas partes y aseguraba el riego y la productividad de la tierra. Los

pequeños barcos con productos importados o con la producción local, se

detenían en las oficinas del gobierno que, a ambas márgenes del río,

fijaban el precio de los productos. Era muy pintoresco observar la carga

que llevaban estos pequeños almacenes flotantes, cebada, maíz, dátiles,

higos y granadas, que nuestra tierra producía en abundancia. Atractivas

obras de artesanía, canastos, vasijas, sandalias, mantos y adornos

femeninos. Todo captaba el interés de los compradores que paseaban a

orillas del río, seguros de encontrar allí cualquier cosa que necesitaran.

La abundante producción de la tierra, y la habilidad que la gente

había adquirido para conservar el alimento, le daban a la ciudad un

sentido de seguridad ante cualquier emergencia que se presentara. El

gobierno y el ejército aseguraban que Babilonia podía resistir un sitio de

veinte años.

La jactancia de Babilonia, proclamándose a sí misma ciudad

invencible, se basaba en la estructura de su muro doble, no igualada por

ninguna otra ciudad del mundo. Tenía una anchura sólida de veintiséis

metros y una altura de cien metros. Encima de esas murallas había

construcciones a ambos lados, con una avenida al medio por donde

transitaban carros y caballos. Desde ese muro, los centinelas realizaban

una vigilancia extensa y continua. Pensábamos que nada podía tomarnos

por sorpresa, y que ningún poder humano sería capaz de humillarnos.

Nabopolasar, mi abuelo, comenzó la construcción de esas murallas y

Nabucodonosor, su hijo, la terminó. El también ideó algo nuevo en

Babilonia, los jardines colgantes que le dieron un aspecto especial al

palacio real. En sus terrazas escalonadas crecían árboles, arbustos y una

variedad maravillosa de flores, haciendo el efecto de montañas cubiertas

de vegetación. Por las escaleras de mármol, se puede pasar de una

terraza a otra. Muchos esclavos han trabajado siempre allí por turnos,

girando bombas en forma de tornillo para hacer subir el agua a 91 metros

de altura, donde está la última terraza y los grandes depósitos de agua.

Desde allí baja porcados que riegan las terrazas inferiores que empiezan a

23 metros de altura desde el suelo.

Mi padre ideó estos maravillosos jardines para hacer feliz a Amytis,

una princesa meda que tomó por esposa. Cuando la trajo al palacio, ella


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

se sintió desilusionada ante la tierra llana de Babilonia y suspiraba por la

región montañosa de Media.

Aparte de estas magníficas obras de ingeniería, el palacio real, las

ciudadelas en que habitaban los más prominentes militares con sus

oficiales, los muros y los jardines colgantes que eran el asombro de los

visitantes extranjeros, mi pare mandó construir un palacio de verano a

orillas del Éufrates, dos kilómetros al norte de la capital. Para protegerlo,

se levantó una segunda muralla que se extendía hacia el sur abarcando

gran parte de la zona rural. En caso de sentirnos amenazados, siempre

podríamos volver a la capital supuestamente invencible, con su muro

doble, su ejército bien equipado, y sus torres de vigilancia, desde donde

los arqueros podían descargar una lluvia de flechas contra cualquier

posible invasor.

El Éufrates que la cruza, tampoco representaba un peligro. A lo

largo de sus márgenes también se levantan muros fortificados y tiene 25

puertas de bronce de dos hojas que descienden profundamente en el

agua del río y se aseguran con enormes barras. Es imposible abrirlas

desde afuera. Por eso los babilonios reían en aquellos días señalados

para su caída. ¿A quien le preocupaba que los persas estuvieran abriendo

un canal para desviar el agua del Éufrates? Aunque consiguieran secar el

lecho del río, no hallarían manera de entrar en Babilonia. Pero lo increíble

sucedió.

Nabonido mi esposo, estaba en el sur, en Temá, una ciudad

hermosa de Arabia que él mismo había conquistado y pensaba convertirla

en una segunda capital del imperio. Su amor por las letras y las artes lo

impulsaban a huir del bullicio de la capital dejar atrás los muchos

compromisos y obligaciones del estado. Cuando Belsasar, nuestro primer

hijo, tuvo edad para suplantarlo en el trono, Nabonido se asentaba por

largas temporadas, sabiendo que yo respaldaría a mi hijo y que tenía

buenos colaboradores entre los nobles y los militares.

En aquellos días, cuando se supo que Ciro el persa estaba

acampando cerca de Babilonia, Nabonido reunió algunas fuerzas militares

y salió a enfrentarlo, pero fue derrotado y se refugió en Borsipa. El

también creía que ésa era simplemente pretensión jactanciosa de los

persas que jamás podrían tomar Babilonia. Pero cuando la excavación

del canal fue completada, Ciro dio orden de abrir las esclusas y el agua

del río empezó a desviarse. La noche era corta para todo lo que tenían

que hacer. Cuando el agua bajó lo suficiente, empezaron a caminar dentro

del río. Esperaban hallar alguna manera de abrir las puertas de bronce,

pero al llegar a ellas las hallaron abiertas. Ese hecho, inconcebible para

los babilonios, nunca tuvo explicación. Nunca supimos si, a causa de los

festejos religiosos que ocupaban la atención de todos, por única vez en la

historia los guardias olvidaron cerrarlas, o si fueron cerradas como

siempre y el Dios de los hebreos las abrió para dar paso a los invasores

que castigarían a Babilonia por sus errores y dejarían volver a su pueblo a

la tierra de sus antepasados.

Volviendo atrás, a las cosas que quedaron lejos, vienen a mi mente

los días tristes de la enfermedad mental de mi padre. Estuvo siete años

obsesionado con la idea de que era un toro, comiendo pasto y durmiendo

debajo de los árboles, sin cortarse el pelo ni las uñas. Incluyendo ese


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

tiempo en que nadie se sentó en su trono, reinó 43 años. El pueblo

esperaba su vuelta, porque el profeta Daniel había dicho que el reino le

estaba asegurado hasta que él reconociera que el Dios Altísimo es el

verdadero gobernante del universo y puede dar o quitar el poder a quien

El quiera.

Llegó el día en que Nabucodonosor recobró la razón

espontáneamente, sin intervención de los médicos ni de los magos de la

corte. De allí en adelante fue un hombre diferente. Aquella asombrosa

experiencia le había hecho perder su soberbia y muchas veces admitió

que el Dios del cielo lo había humillado. Fue algo que hizo pensar a los

más allegados a él y a la gente razonable de entre el pueblo.

Un día inolvidable para Babilonia, fue aquel en que mi padre retomó

el trono. Gente de todos los barrios de la capital y de las localidades

cercanas llenó la Avenida de las Procesiones y pasó frente al palacio

saludando y vivando a Nabucodonosor. Desde un balcón, él se dirigió a

su pueblo, explicando lo sucedido y demostrando que su capacidad

mental estaba completamente restaurada. Sus palabras de conclusión

son muy reveladoras:

“Ahora yo, Nabucodonosor, alabo y ensalzo y glorifico al Rey de

los cielos, porque todas sus obras son verdad y sus caminos son justicia,

y a los que andan con orgullo él los puede humillar”.

Daniel 4:37

Mi padre era un hombre muy religioso, un devoto adorador de

Marduc, nombre de Nemrod deificado. El cuidaba que Esagila, la tierra

santa de Babilonia, se mantuviera en óptimas condiciones, y la había

remodelado totalmente. Al templo de Marduc en Esagila se llevaban los

tesoros despojados a las naciones subyugadas.

Además, en distintos puntos de la capital había 53 templos

dedicados a los dioses principales y 55 capillas dedicadas a dioses del

cielo y de la tierra, además de 180 altares de Ishtar, la diosa de la

fertilidad, Babilonia llegó a jactarse en documentos escritos para la

posteridad, de haber alcanzado la cifra, jamás superada por ninguna otra

ciudad, de mil y ocho templos y capillas y 372 altares callejeros. La gente

en Babilonia no hacía nada importante sin consultar a un mago o a un

sacerdote. La religión controlaba gran parte del comercio y revendía los

productos perecederos de la tierra que se traían como ofrendas, así como

la carne de animales sacrificados en los templos.

El arte de la adivinación influía mucho a la gente. Usaban un mapa

del cielo dividido en secciones, para predecir el destino de los niños

según el signo bajo el cual nacían.

Quizás todavía usen con frecuencia aquellas tablas de arcilla que

representan un hígado humano con secciones numeradas, para

consultarlos antes de tomar decisiones importantes. Otras veces,

consultan el hígado de los animales ofrecidos en sacrificios. Según la

apariencia de sus venas, la forma de sus bordes y la intensidad del color,

se hacen predicciones.

Después de la muerte de mi pare hubo varios reinados cortos. Los

que le siguieron no pudieron estabilizarse en el poder como él. Mi


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hermano mayor, Evil Merodac, reinó solamente dos años. Cometió errores

y no se hizo querer por el pueblo. Mi cuñado, Neriglisar, lo asesinó y

usurpó el poder. Cuatro años después, él murió, y su hijo, Laváis Marduc,

ocupó el trono. Este sobrino mío era un hombre joven libertino,

irresponsable. Su vergonzoso reinado duró solo nueve meses, hasta que

alguien puso fin violento a su vida. Nabonido, mi esposo, era entonces

gobernador de Babilonia. El pueblo lo respetaba, y muchos lo señalaron

como la persona indicada para ocupar el trono y dirigir todo el imperio.

Nabonido había sido el yerno predilecto de mi padre, porque tenían

tantas cosas en común. El interés de ambos en el arte, la cultura, la

religión las obras edilicias, los hicieron buenos amigos. Mi esposo es hijo

de una sacerdotisa de Sin, el dios de la luna, y esto causó que

Nabucodonosor lo apreciara aún más. En una campaña militar, Nabonido

conquistó la ciudad de Temá, un oasis de Arabia visitado por muchas

caravanas mercantes. Es un lugar tranquilo y a él le encantaba pasar

largas temporadas allí, escribiendo sobre hechos históricos. Belsasar

entonces ocupaba el trono en representación de su padre. Así estaba,

ejerciendo pleno poder en el reino en ausencia de su padre, aquella noche

trágica en que los dioses de Babilonia probaron estar ciegos, mudos y

paralizados, cuando más se necesitaba que nos defendieran.

Nadie imaginaba en Babilonia que el día en que trajeron los

primeros cautivos judíos y se celebró como una gran hazaña la caída de

Jerusalén ante nuestras fuerzas, allí quedaba señalado el tiempo del

desplome para nosotros, ante el avance de Ciro, rey de Persia, sesenta y

ocho años después.

Daniel nos hizo entender que no fue por la superioridad de

babilonia que Jerusalén cayó, sino porque Jehová decretó setenta años

de cautiverio para su pueblo, en castigo por sus infidelidades.

Daniel había llegado a Babilonia como adolescente cuando, durante

el primer sitio a Jerusalén, diez años antes de su caída, los babilonios

habían tomado cautivos, hijos de nobles y príncipes, jóvenes inteligentes

y sin ningún defecto físico, lo mejor de la juventud, a fin de usarlos en

importantes puestos en la corte.

Daniel se hizo famoso interpretando los sueños de Nabucodonosor,

especialmente aquél en que él se vio a sí mismo como un hermoso árbol

que era cortado, se le implantaba un corazón de bestia, y se le aseguraba

el recobro de su posición al cabo de siete años.

El tiempo fue transcurriendo, y Babilonia se sentía cada vez más

segura de sí misma, ostentando su poderío y su prosperidad material,

hasta que llegó aquella noche que cambió su lugar en la historia.

Estábamos celebrando el año nuevo, una de las fiestas religiosas más

importantes. Belsasar quiso tener un gran banquete con mil invitados.

Sabíamos que Babilonia estaba amenazada por los medos y los persas y

que estaban cavando un canal. Pero nadie estuvo de acuerdo en

posponer los festejos. Esto equivaldría a dudar de que Babilonia fuera

invencible. Los militares y los nobles concurrieron a la fiesta trayendo a

sus esposas y concubinas muy engalanadas. Yo estuve entre ellos al

mediodía, y luego volví a mis habitaciones a descansar con una gran

inquietud en el corazón, porque mi hijo estaba bebiendo mucho y temía

que hiciera algún disparate o se pusiera en ridículo delante de todos. En


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

cierto momento, llamó al jefe de la guardia y le pidió que hiciera traer de

Esagila, del templo de Marduc, los vasos usurpados del templo de

Jerusalén para beber en ellos. Salieron carros del ejército, custodiados,

para traer mil vasos de oro y plata para usar en el banquete. Eso era un

desafío, una ofensa al Dios de los hebreos. Me quedé mirando por la

ventana hasta que los vi volver por la Avenida de las Procesiones. Poco

después, un extraño silencio apagó la bulla de los comensales, un

silencio que debe haber durado más de media hora.

Envié a una e mis damas de compañía a averiguar que sucedía.

Volvió aterrada a contarme que habían visto el dorso de una mano

escribiendo sobre una de las paredes del salón de banquetes, unas

palabras misteriosas que quedaron allí grabadas. Belsasar estaba

proclamando un nuevo decreto que aseguraba que el que interpretara esa

escritura, sería vestido de púrpura y oro y honrado con el tercer lugar en

el reino.

Tenía que ser algo muy importante para que él, que estaba en el

segundo lugar del reino al sustituir a Nabonido en el trono, ofreciera el

lugar más alto después del suyo. Empezó a llegar gente de todas partes,

militares, magos, sacerdotes, que querían competir por el premio más

elevado que jamás se había ofrecido en Babilonia. Yo también decidí

volver al salón de banquetes para ver aquellas palabras en clave, que

representaban un mensaje indescifrable para los presentes. Agrupados

alrededor de la mesa de Belsasar, sabios, astrólogos, consejeros de

estado, nobles y gente del pueblo, todos se declaraban impotentes y

perplejos.

Me animé a alzar la voz entre ellos para recordarle a mi hijo, que

aún vivía entre nosotros aquel profeta hebreo, Daniel, que había llegado

como prisionero a Babilonia siendo un niño, y que fue el único que pudo

interpretar con sabiduría los sueños de mi padre, el rey Nabucodonosor.

Ninguna de sus palabras había fallado. Por eso, aún se hablaba de él en

Babilonia como Daniel, “el que desata nudos”.

Felizmente Belsasar me escuchó y envió un carro en busca del

profeta. El anciano Daniel, lúcido, lleno de sabiduría y dignidad a pesar de

tener ya más de 90 años, explicó sin vacilación el significado del mensaje.

MENE – Dios ha enumerado los días de tu reino y lo ha terminado.

TEKEL – Has sido pesado en la balanza y has sido hallado

deficiente.

PERES- Tu reino ha sido dividido y dado a los medos y los persas.

Cumpliendo las palabras de Belsasar, a pesar de que Daniel no

deseaba esos honores, fue vestido con un manto púrpura, el color de los

reyes, y un collar de oro puro fue puesto alrededor de su cuello. Así lo

sacaron a la calle y lo escoltaron por la Avenida de las Procesiones,

proclamando que, desde ese momento, él era el tercer gobernante del

país.

Aquel mensaje cargado de pesados presagios cambió el estado de

ánimo de los festejantes. Todos nos preguntábamos cuándo y cómo se

cumplirían aquellas predicciones, sin saber que esa misma noche

tendríamos una respuesta completa, irreversible.


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

Embargada por muchos sentimientos dolorosos, volví a mis

habitaciones. Llegó la noche. Mis dos damas de compañía me instaron a

acostarme varias veces, pero yo sabía que era inútil y que no podría

dormir. Ellos trataban de levantarme el ánimo recordándome que las

murallas de Babilonia eran invencibles, que nadie podría abrir las puertas

de dos hojas que descendían hasta el lecho del río, y que aunque

estuviéramos sitiados podríamos resistir hasta veinte años hasta agotar

el alimento almacenado.

Todo esto era verdad, pero yo no podía borrar de mi mente ese

hecho insólito: Los persas habían estado ya por algún tiempo cavando un

canal en el norte, muy cerca del Éufrates. Ellos, guerreros tenaces, héroes

de grandes conquistas, ¿no sabían que estaban haciendo un trabajo

inútil? ¿No creían que Babilonia era inviolable?

Los persas son muy tercos en la guerra y jamás aceptan sobornos

para abandonar una empresa. Todo el mundo sabe que es imposible

comprarlos. No hay oro ni piedras preciosas, ni posesiones materiales

que puedan seducirlos más que la conquista que se proponen lograr. La

noche avanza. Nada calmaba mi inquietud, y mis oídos estaban en estado

de alerta tratando de interpretar cualquier ruido extraño que viniera de la

sala del banquete. Nuevamente mandé a una de mis doncellas en busca

de novedades.

Volvió angustiada, llorando. Llegaban mensajeros de distintos

puntos de la ciudad diciendo que los persas estaban entrando por las

puertas del río. No había centinelas sobre los muros, no había arqueros

que los detuviera con una lluvia de flechas. Todos estaban en los

festejos. Poco después, se oían gritos de horror entre los asistentes a la

fiesta, un gran alboroto que no tenía nada que ver con la algarabía de las

horas tempranas. El mayordomo del palacio acudió a mis habitaciones.

-Señora Nitocris, estamos cuidando las puertas que vienen hacia

aquí. Por favor, no salga. Queremos protegerla y rogar por su vida. Los

persas no están hiriendo a nadie que no opone resistencia. Confiamos en

que no le harán ningún daño. Por favor, hágase fuerte porque tenemos

que darle una noticia muy triste. El rey Belsasar ha muerto, porque

intentó hacerle frente a los persas con una daga en la mano. Estaba ebrio,

no sabía lo que estaba haciendo…

¡Que cosa tan absurda, hacer frente a un ejército invasor con una

daga! Si mi hijo hubiera recordado en ese momento las palabras del

profeta Daniel, que le advirtió que su reino era dado a los medos y los

persas, quizá no hubiera muerto. Si se hubiera humillado como su abuelo,

Nabucodonosor, tal vez habría alcanzado misericordia y hoy viviría con

nosotros en el desierto.

Aquella noche, yo perdí la noción del tiempo, esperando sin saber

qué esperar. Recuerdo un momento en que, mirando por la ventana, vi un

resplandor rojo en el cielo y pregunté a una de mis doncellas:-¿Está

amaneciendo? –No, mi señora. No es la hora del amanecer todavía. Es el

incendio de los barcos. Oí decir en el patio que los persas han juntado

todas las embarcaciones pequeñas y las están quemando para que la

gente no pueda huir en ellas. En cambio, los barcos grandes ya están

todos en poder de ellos.


MUJERES DE LA BIBLIA TOMO 1 - MUJERES DE LA BIBLIA

Cuando de veras llegó el amanecer y los militares en las ciudades

despertaron, se encontraron con oficiales persas guardando las puertas y

ordenando que se rindiera incondicionalmente, porque Babilonia había

caído. Lo increíble había sucedido, sin lucha, sin desperdicio de vidas, sin

arruinamiento. Los persas y los medos habían mantenido sus normas.

El mundo habla de Ciro como “el príncipe justo”. Nabonido y yo

pudimos comprobar que es un apodo bien ganado. Fue muy humano y

misericordioso con nosotros. No nos arrojó de la opulencia a la pobreza.

Fuimos deportados a Persia y nos dieron una casa en al provincia de

Catania, donde hemos vivido sin carecer necesidad de nada.

Después de un tiempo, mi esposo fue asignado gobernador de esta

provincia y aquí estamos ahora, envejecidos, gastados físicamente,

viviendo más en el pasado que en el presente.

Dos años después de la caída de Babilonia, por decreto de Ciro, los

judíos pudieron volver a Jerusalén y comenzar la reconstrucción. Según

las noticias que nos llegaron de Babilonia, casi cincuenta mil volvieron,

justamente cuando se cumplían setenta años desde su deportación.

Daniel esperaba eso, pero nadie imaginaba cómo sería posible, ya que era

norma de Babilonia no dejar jamás que un prisionero volviera a su tierra.

No los maltratábamos ni les negábamos la oportunidad de progresar.

Tenían trabajo bien remunerado. Podían tener propiedades a su nombre,

instalar negocios, educar bien a sus hijos, pero sin salir de Babilonia. Por

eso, muchos nacidos en el desierto no se decidieron a dejar las ventajas

materiales para volver a una ciudad que había estado desolada durante

setenta años. Daniel, que ya era muy anciano, tampoco fue con ellos.

Ahora, Nabonido y yo estamos en la misma condición, deportados

y recordando con nostalgia la patria que no esperamos volver a ver en lo

poco que nos queda por vivir.

¡Qué diferencia en el paisaje! Babilonia era para su pueblo, una

reina de gran belleza que había colocado su trono entre el cruce de

muchas aguas. El agua, ese elemento vital, era reverenciada y amada

como una diosa. Aní, el dios del firmamento y Enlil, el dios de la tierra y

las tormentas, junto con Ea, la diosa de las aguas, formaban una de las

principales trinidades. Cuando se inauguraba un nuevo canal se hacía

una fiesta popular llena de colorido, porque Ea nos daba una fuente más

de prosperidad. ¡Qué feliz me sentí cuando se inauguró el gran estanque

que llevaba mi nombre!

Todo debe estar distinto ahora. Los persas han cambiado muchas

cosas. Babilonia perdió su lugar como señora de los reinos y como

centro del comercio mundial. Sus dioses han palidecido de vergüenza.

¡Cuántos se preguntarán como yo, que estaba haciendo Marduc aquella

noche en que dejó caer esa ciudad proclamada invencible, en manos de

sus invasores! ¿No creíamos todos que él vigilaba desde el templo, en lo

más alto de Etemenanki, la torre que él mismo empezó a edificar cuando

estaba en la tierra y se llamaba Nemrod? Todos los dioses de babilonia

cayeron de su pedestal aquella noche trágica, cuando el río amado, el

Eufrates, dede traer agua para introducir en la ciudad un caudal enorme

de hombres armados.

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