Hacia-Rutas-Salvajes-Into-The-Wild-Jon-Krakauer

alejandromaur11

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montones de papeles, trapos y cacharros. Después de trabajar durante 11 días

con otros seis vagabundos, se hizo patente que Ernie no tenía intención alguna

de pagarle, así que de entre aquel cúmulo de porquería robó una bicicleta roja

equipada con un cambio de 10 velocidades, fue pedaleando hasta Chico y se

deshizo de la bicicleta en el aparcamiento de un centro comercial. Desde Chico

prosiguió su constante peregrinar sin rumbo fijo, dirigiéndose primero hacia el

norte y luego hacia el oeste a través de Red Bluff, Weaverville y Willow Creek.

En Arcata, una pequeña ciudad californiana envuelta por los húmedos

bosques de secuoyas de la costa del Pacífico, dejó la interestatal 101 y se

dirigió hacia el mar. Unos 100 kilómetros al sur de la frontera entre Oregón y

California, en las inmediaciones del pueblo de Orick, una pareja de

trotamundos que iba en un anticuado camión caravana se detuvo en el arcén

para consultar el mapa. Se percataron de la presencia de un chico que estaba

agachado detrás de unos arbustos que había junto a la carretera.

«Llevaba pantalones largos y un sombrero ridículo —dice Jan Burres, una

"vagabunda motorizada" de cuarenta y un años que viaja por el Oeste junto con

su novio, Bob, y se dedica a vender baratijas y objetos usados en mercadillos y

rastros—. Tenía una guía de plantas en la mano y estaba utilizándola para

recoger frutos silvestres, que guardaba en un envase de leche, cortado por la

parte de arriba. Daba tanta pena que le pregunté si necesitaba que lo llevaran a

alguna parte. Pensé que a lo mejor podíamos darle algo de comer.

»Nos pusimos a charlar. Era muy simpático. Nos dijo que se llamaba Alex.

Era evidente que estaba muy hambriento, pero se le veía contento y feliz. Nos

dijo que había vivido de las plantas comestibles que reconocía por la guía,

como si se sintiera muy orgulloso de ello. Nos contó que estaba recorriendo el

país a pie, viviendo una gran aventura. También nos contó que había

abandonado el coche en el desierto y quemado el dinero que llevaba. Cuando

le pregunté por qué lo había hecho, me aseguró que no necesitaba el dinero

para nada. Tengo un hijo más o menos la misma edad al que no veo desde

hace algunos años, así que le dije a Bob: nos los vamos a llevar, necesita que

le des algunas clases. Subió a la caravana y se vino con nosotros. Estábamos

instalados en la playa de Orick y acampó allí durante una semana. Era un chico

estupendo, de verdad. Digno de admiración. No esperábamos volver a tener

noticias suyas, pero él no quiso perder el contacto. Durante los dos años

siguientes nos mandó una postal o una carta cada uno o dos meses.»

Desde Orick, McCandless subió hacia el norte siguiendo la costa. Pasó por

Pistol River, Coos Bay, Seal Rock, Manzanita, Astoria; Hoquiam, Humptulips,

Queets; Forks, Port Angeles, Port Townsend y Seattle. Como James Joyce

escribió de Stephen Dedalus, el joven artista adolescente: «Estaba solo,

despreocupado, feliz, cerca del corazón salvaje de la vida. Estaba solo con su

juventud, terquedad y valor, solo en medio de una inmensidad de aire libre y

agua amarga, de una cosecha marina de algas y conchas, de la luz velada y

gris del sol.»

El 10 de agosto, poco tiempo después de haber conocido a Jan Burres y

Bob, lo multaron por hacer autostop en las cercanías de Willow Creek, en la

región de las minas de oro situada al este de Eureka. En un extraño descuido,

cuando el agente de policía le pidió su domicilio habitual, McCandless le dio la

dirección de sus padres en Annandale. La multa apareció en el buzón de Walt y

Billie a finales de agosto.

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