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Diario Co Latino, Sábado 2 de agosto del 2008 N o 26

aula aula abierta

abierta

SECCIÓN DEL SUPLEMENTO TRES MIL EN APOYO A LOS PROGRAMAS DE LENGUAJE Y LITERATURA DE EDUCACIÓN MEDIA DEL MINISTERIO DE EDUCACIÓN

Responsable: Vladimir Baíza

El Barroco: La Cultura Barroca

La vida es sueño

Pedro Calderón de la Barca, homenajes en filatelia y en estatuas.

El Barroco:La vida es sueño páginas 1, 2 y 3.

Poesía de Julio Cortázar página 3.

Miguel Ángel Asturias. El señor Presidente páginas 4 y 5. Martiana página 5.

Cortazariana página 6. Gabriel García Márquez y Cien años de soledad página 6, 7 y 8.

PRIMER AÑO DE BACHILLERATO

“La tendencia a utilizar el término Barroco despectivamente o

considerarlo como un estilo degenerado o decadente, o como sinónimo

de “excesivamente decorado”, es bastante antigua (Siglo

XVIII) y recurrente. Pero el Barroco no es un simple afán de

crear formas caprichosas, retorcidas o exageradamente ornamentadas,

ni puede ser simplemente sinónimo de “decadencia”. El

historiador de la arquitectura Héctor Velarde señala al respecto:

“La vitalidad y fuerza expresiva de esta arquitectura fueron

debidas, ante todo, a nuevos y potentes factores procedentes de

un hondo cambio espiritual y político del mundo”. El Barroco

(en sus distintas variantes) está inscrito en una cosmovisión coherente,

en la que se conjugan el arte, la ideología y las fuerzas

socioeconómicas de su tiempo. Tanto en los países protestantes

como en los católicos, el Barroco implica una superación definitiva

de los ideales feudales de la Edad Media y del vitalismo racionalista

del Renacimiento. La Contrarreforma, que tiene como

eje propulsor a España y la Orden de los Jesuitas, no es en el

fondo tan distinta del primer protestantismo como parece a primera

vista. Ambos tienen en común, frente al espíritu del Renacimiento,

la primacía ya total de la voluntad sobre la razón. Y frente

al feudalismo medieval que culmina en el gótico, la renuncia a

lo puramente vertical, al ascetismo negador de la naturaleza, y la

superación del localismo de la primera burguesía imitadora de

los hábitos feudales. El Barroco expresa una voluntad de trascendencia,

ciertamente, pero también una voluntad de incorporación

de la naturaleza, del mundo real, y no meramente ideal”.

“No podía ser de otra manera en la época de formación de los

grandes estados e inicio de la expansión europea a expensas del

resto del mundo, época en que se alían la monarquía y la burguesía

urbana para liquidar el localismo feudal. La voluntad, convertida

en motor de un programa de dominio universal por los jesuitas,

aliados imprescindibles de las grandes monarquías católicas

de España, Francia y Portugal, y del Papado romano, incorpora,

unifica y da un sentido preciso y muy particular a las aspiraciones,

tendencias y logros del espíritu burgués mercantilista e inclinado

al naturalismo. Las ganancias científicas y especulativas del

Renacimiento no son negadas, sino incorporadas en una nueva

síntesis, pero impidiendo a su vez el triunfo definitivo del

racionalismo.

La ciencia no será particularmente estimulada, pero tampoco

tan ferozmente perseguida como en la Edad Media, pues se ha

hecho incontenible y resulta mejor utilizarla, encauzándola; el

Siglo XVI vio perecer en la hoguera a MIguel Servet (1511-1553)

y Giordano Bruno (1548-1600), víctimas del fanatismo calvinista

y católico respectivamente. Ya en el Siglo XVII, siglo del Barroco

por excelencia, vemos florecer la filosofía cartesiana y la

física de Isaac Newton (1642-1727), y en el Siglo XVIII a Gotfried

Wilhelm Leibniz (1646-1716), Enmanuel Kant (1724-1804),

Pierre Simon, Marqués de Laplace (1749-1827), y los

enciclopedistas.

O sea que cada vez más la religión deja de ser una fe ciega

negadora de la razón, para convertirse en una voluntad de incorporar

los logros del racionalismo para sus propios fines de dominación.

El espíritu burgués ha ido imponiéndose poco a poco,

hasta su triunfo definitivo en el Siglo XIX.

Es de notar, sin embargo, que en cada etapa de este proceso,

mientras las estructuras de poder se permitían incorporar a la cultura

de la época los nuevos descubrimientos, siempre impedían

su difusión hacia las capas más bajas, o sea entre los explotados.

Los nuevos conocimientos eran patrimonio exclusivo de un gru-


po de eruditos, entre ellos los teóricos del aparato

de dominio”.

“Es falso que no hubiera buen desarrollo científico

en la España de los siglos XVI y XVII,

como tanto se ha dicho. Por el contrario se habían

desarrollado las ciencias naturales, la astronomía,

a geografía, la medicina, etc. Lo que

sucede es que estos conocimientos no se divulgan,

no llegan a las masas. Debe recordarse que

la escuela laica no existió hasta el siglo XIX, en

algunos países, y que aún hoy, no ha llegado a

dominar sobre la enseñanza religiosa, excepto

ha podido aceptar paulatinamente la teoría

copernicana, la rotación de la tierra, la gravitación

universal, las nebulosas en espiral, el evolucionismo

darwinista y el psicoanálisis, ha podido

incorporar estos conocimientos, y continuar

enseñando en las escuelas la física de Aristóteles,

la teología de Santo Tomás de Aquino y el

antievolucionismo. Lo esencial, lo constante en

la actitud de los poderes explotadores es que al

pueblo no deben llegar conocimientos

racionalistas que lo induzcan al pensar racional

y por sí propio, sino sumas de conocimientos

dados “ad eternum”, es decir, conocimiento místico,

dogma, que lo induzca a la pasividad, a la

repetición de los mismos actos de siempre, al

mantenimiento del “status quo”.

“Desde luego, no desestimemos las diferencias

entre la cultura barroca protestante, con su

apertura más burguesa hacia el racionalismo y

que corresponde a una sociedad que avanza hacia

la industrialización y el libre-cambismo, y

la cultura barroca de las cortes católicas, a las

que se aplica mucho mejor lo expuesto anteriormente.

Arnold Hauser ha señalado que las obras

artísticas barrocas “surgen en formas tan varias

en los distintos países y esferas culturales, que

parece dudosa la posibilidad de reducirlas a un

común denominador”. Pero más significativo

que sus diferencias es el paralelismo entre las

dos formas del barroco-católico y protestante,

surgidas en la época del expansionismo colonialista

de las sociedades cuyas aspiraciones expresan.

Así, vemos que la incorporación de la

naturaleza, del mundo real, por la ciencia y el

arte barrocos, corresponde exactamente a la incorporación

del mundo colonial por los imperios

marítimos de España, Portugal y Francia,

de una parte, e Inglaterra y Holanda, de otra”.

Pedro Calderón de la Barca (1600-1681)

Nació en Madrid, de familia ilustre. Su padre,

Diego Calderón de la Barca, secretario del

Consejo de Hacienda en los reinados de Felipe

II y Felipe III, y su madre, Ana María de Henao

y Riaño, eran descendientes de familias flamencas

de abolengo.

Estudió con la congregación jesuita, que en

esa época constituía el bastión intelectual de la

contrarreforma católica, auspiciada por España

(a partir de Felipe II) tanto como por Italia (sede

del Papado). Este factor relativo a su formación

intelectual e ideológica, debe ser tomado en

cuenta al analizar sus posiciones conservadoras

y plenamente identificadas con el espíritu religioso

oficial.

Se distinguió, al igual que Lope de Vega, por

su extraordinario ingenio y por su precocidad.

A los trece años produjo su primera obra teatral,

El carro del cielo.

Quedó huérfano de padre y madre a temprana

edad. Realizó estudios de derecho Civil y Derecho

Canónigo en la Universidad de Salamanca,

la más prestigiada del momento.

A los veinte años obtuvo un premio en Madrid,

en un concurso poético. Poco después estrenó

sus primeras obras en el Palacio Real, con

lo cual comenzó a disfrutar de privilegios por

parte de la corte española.

Continuó, pese a su status halagador, ejercitando

las armas; por un lapso de más de dos años

participó en campañas bélicas en Italia y en

Flandes. Más tarde, en la represión del alzamiento

de Cataluña.

Después de la muerte de Lope de Vega, Cal-

derón fue nombrado su sucesor como poeta oficial

de la corte y recibió distinciones especiales

por parte del monarca Felipe IV. Desde 1648

recibió una pensión económica, justamente con

la misión permanente de escribir, año con año,

los autos sacramentales que debían representarse

en las festividades del Corpus, tanto en Madrid,

como en las demás ciudades principales

de España.

A la edad de 51 años decidió entregarse de

lleno a la vida religiosa y recibió el ordenamiento

sacerdotal. Llegó a ser capellán de Toledo y capellán

de honor de Felipe IV.

Murió en 1681, al año siguiente de haber publicado

su última comedia (Hado y Divisa de

Leonido y Marfisa) y mientras escribía un nuevo

auto sacramental destinado a la próxima festividad

de Corpus. Por petición expresa suya,

no hubo pompas en su funeral y, además, su cadáver

fue conducido descubierto, para que los

que le habían aplaudido considerasen en qué vienen

a parar las glorias humanas.

Calderón disfrutó, como muy pocos escritores

de su época, de los honores y de la estimación

de la nobleza y de la corte. Fue un escritor

de gran genio, si bien de mentalidad conservadora

y apegada a la ideología religiosa de la España

post-renacentista: dogmático, rígido, ascético,

formalista. Se cuenta que mientras eran estrenados

y aplaudidos por la corte sus autos

sacramentales de las fiestas del Corpus, en otros

sitios de la ciudad la Inquisición celebraba juicios

y ejecuciones en contra de sus prisioneros.

Su obra

Teatro religioso (en gran parte escrito por encargo

oficial de la corte y/o de la iglesia): La

devoción de la Cruz; El gran teatro del mundo,

La vida es sueño, La cena de Baltazar.

Teatro profano: El alcalde de Zalamea, La

dama duende, Casa con dos puertas, mala es de

guardar, El médico de su honra.

La mayor parte de las piezas religiosas pertenece

al género del auto sacramental, creación

de la Edad Media, llevada a su perfeccionamiento

por Calderón. La estructura de estas obras,

tanto temática como formalmente, permite un

amplio juego de alegorías y de mitos religiosos,

con fines propagandísticos. Se trata de una verdadera

fuente de difusión de los contenidos ideológicos

y políticos de la Contrarreforma.

Breve estudio acerca de La Vida es Sueño

Argumento

Busto medallón de Calderón de la Barca y portada de sus comedias (1684).

“Basilio, rey de Polonia, tiene un hijo,

Segismundo, quien según su horóscopo, formulado

al nacer, humillará un día a su padre. Este,

para evitarlo, oculta a su heredero en una torre,

en donde vive encadenado, no viendo a nadie

salvo a Clotaldo, su amo y guardián y su único

protector. Cuando segismundo llega a hombre,

el rey Basilio, arrepentido de su rigor, decide

probar a su hijo, y luego de adormecerlo con un

narcótico, lo hace volver enen medio del esplendor

de palacio. Segismundo reacciona violentamente

en su nuevo ambiente: arroja a un

criado por la ventana, intenta matar a Clotaldo y

trata con insolencia al rey. Ante esto, se le narcotiza

de nuevo, para que crea, al despertar, que

todo fue un sueño, y se lo restituye a la prisión

de la torre. Enterado el pueblo de la existencia

del príncipe heredero, se subleva y aclama a éste

como rey. Segismundo, aleccionado por lo ocurrido

anteriormente, procura ahora ser prudente

y justiciero. En la última escena se reconcilia

con su padre, a quien promete obediencia dejando

la impresión de que, cuando le llegue el

momento de sustituirlo será un buen rey”.

El Barroquismo en La Vida es Sueño

La obra está estructurada a partir de un núcleo

temático: la vida como un sueño; y a partir de

un planteamiento ideológico: cada hombre debe

afirmarse a sí mismo por el amor de Dios. Las

otras cosas del mundo son ilusorias.

La obra es eminentemente idealista y cae en

una especie de trascendentalismo psicológico y

racionalista: es necesario llegar a la idea a partir

de los objetos y afirmarse en la racionalidad de

esa idea para sentirse libre.

Desde el punto de vista técnico y estructural,

la acción se basa en dos líneas conflictivas: las

vicisitudes de Segismundo entre la prisión y el

palacio, y el proceso de reivindicación moral y

social de Rosaura. Ambas líneas argumentales

son contrapuestas por el autor, juntándolas y separándolas

alternativamente, hasta fundirlas al

final en la afirmación de la bondad de

Segismundo. En estas contraposiciones, se dan

verdaderos juegos de claroscuros, según el gusto

de la época.

Por otra parte, la construcción del verso en el

texto de la obra, responde a los recursos, figuras,

fórmulas y esquemas formalistas del barroco:

retruécanos, juegos conceptuales, antítesis,

que dan al diálogo y a su retórica, un valor decorativo

y ornamental, por un lado; y lo mantienen,

por otro en el contrapunto propio de la

ambigüedad de sus planteamientos filosóficos,

tal como puede esperarse del acentuado escepticismo

que domina en el fondo de la

cosmovisión calderoniana. La solución moralista

que acaba con el conflicto entre el rey Polonio y

su hijo Segismundo, es puramente formal. Lo

que queda como mensaje central de la obra es

un cuestionamiento similar al de “ser o no ser”,

de Hamlet. Tácitamente se renuncia, en la obra,

a un dilucidamiento racional y se opta por el

intimismo, por la aceptación de que en esta vida

todos soñamos y que para despertar ante Dios

es necesario aceptar que soñamos y tratar de ajustarnos

a las relaciones que la realidad externa

nos impone.

La filosofía de La Vida es Sueño, es profunda,

sugestiva, pero reaccionaria, porque en vez

del “libre albedrío” con que el hombre vaya

afrontando sus conflictos se da una relación mecánica,

fija, del individuo con el deber que se le

imponga en su propio medio. Y se propicia, por

tanto, una actitud individualista y conformista.

Para poner mejor al descubierto el carácter

formalista y racionalista de la tesis calderoniana,

basta reparar en los juegos de antítesis que encontramos

continuamente en los parlamentos de

la obra. Cada pensamiento no tiene valor por sí

mismo en cuanto a significación de una realidad

o de un criterio experiencial, sino que se

sostiene precisamente por su contraposición con

los demás pensamientos, ya que los términos de

cada construcción son escogidos para hacerlos

chocar, en claroscuro, con otros.

Ejemplo típico de tal procedimiento, lo encontramos

en estrofas como ésta:

Ni aun agora he despertado

que según Clotaldo, entiendo

todavía estoy durmiendo

y no estoy engañado;

porque si ha sido soñado

lo que vi palpable y cierto,

lo que veo será incierto;

y no es mucho que rendido,

pues veo, estando dormido,

que sueño estando despierto.

A continuación, siempre de La Vida es Sueño,

fragmento del famoso soliloquio de Segismundo:

Soliloquio de Segismundo

Primer Acto, Escena II

¡Ay, mísero de mí! ¡Ay, infelice!

Apurar, cielos pretendo

ya que me tratáis así,

qué delito cometí

contra vosotros naciendo;

aunque si nací, ya entiendo

qué delito he cometido:

bastante causa ha tenido

vuestra justicia y rigor,

pues el delito mayor

del hombre es haber nacido.

Sólo quisiera saber,

para apurar mis desvelos,

(dejando a una parte, cielos,

el delito de nacer)

¿qué más os pude ofender

para castigarme más?

Pues si los demás nacieron,

¿qué privilegios tuvieron

que yo no gocé jamás?

Nace el ave y con las galas

que le dan belleza suma,

apenas es flor de pluma

o ramillete con alas

cuando las etéreas alas

corta con velocidad

negándose a la piedad

del nido que deja en calma,

¿y teniendo yo más alma,

tengo menos libertad?

Nace el bruto, y con la piel

que dibujan manchas bellas,

apenas signo es de estrellas

(gracias al docto pincel)

cuando, atrevido y cruel,

la humana necesidad

le enseña a tener crueldad,

monstruo de su laberinto:

¿y yo, con mejor instinto,

tengo menos libertad?

Nace el pez, que no respira,

aborto de ovas y lamas,

y apenas, bajel de escamas,

sobre las ondas se mira,

cuando a todas partes gira,


midiendo la inmesidad

de tanta capacidad

como le da el centro frío:

¿y yo, con más albedrío

tengo menos libertad?

Nace el arroyo, culebra

que entre flores se desata;

y apenas sierpe de plata,

entre las flores se quiebra,

cuando músico, celebra

de las flores la piedad

que le da la majestad

del campo abierto a su huida:

¿y, teniendo yo más vida,

tengo menos libertad?

En llegando a esta pasión

un volcán, un Etna hecho,

quisiera arrancar del pecho

pedazos del corazón.

¿Qué ley, justicia o razón

negar a los hombres sabe

privilegio tan suave

excepción tan principal,

que Dios le ha dado a un cristal,

a un pez, a un bruto y a un ave?

(A Rosaura)

Tu voz pudo enternecerme,

tu presencia suspenderme

y tu respeto turbarme

¿quién eres?, que aunque yo aquí

tan poco del mundo sé,

que cuna y sepulcro fue

esta torre para mí;

y aunque desde que nací

(si esto es nacer) sólo advierto

este rústico desierto

donde miserable vivo,

siendo un esqueleto vivo,

siendo un animado muerto:

y aunque nunca ví ni hablé

sino a un hombre sólamente

que aquí mis desdichas siente

por quien las noticias sé

de cielo y tierra; y aunque

aquí, por más te asombres

y monstruo humano me nombres,

entre asombros y quimeras

soy un hombre entre las fieras

y una fiera entre los hombres.

Pero véate yo, y muera;

que no sé, rendido ya,

si el verte muerte me da,

el no verte qué me diera;

fuera, más; que muerte fiera,

ira, rabia y dolor fuerte;

fuera muerte; desta suerte

si rigor he ponderado,

pues dar vida a un desdichado

es dar a un dichoso muerte.

BIBLIOGRAFÍA

- Letras 1. Dr. Luis Melgar Brizuela. Edit. Oxcelotlán. San

Salvador. Sin Fecha.

-Alfaro Chaverri, Edgar. 2002. La Vida es sueño. Diario

Co Latino, Suplemento Cultural Tres Mil, sección Aula

Abierta, No. 26, sábado 10 de agosto del 2002.

Monumento a Calderón de la Barca

EJERCICIO.

1- ¿Qué semejanza encuenras entre estos fragmentos y

los de Hamlet?

2- ¿Cuál es la forma métrica de las muestras presentadas?

3- Señala algunos juegos de palabras o de conceptos que

tipifiquen el estilo Barroco.

4- ¿Cuál es el conflicto filosófico que plantea Segismundo?

ERRATAS

1.En pág.4 de edición anterior de AA, faltó la M inicial en

Miguel Ángel Asturias, al inicio del artículo.

2. El pie de foto está incompleto en pág. 5, debiendo

decir: “Diploma del Premio Nobel de Literatura,

entregado a Asturias”

EL BREVE AMOR

Con qué tersa dulzura

me levanta del lecho en que soñaba

profundas plantaciones perfumadas,

me pasea los dedos por la piel y me dibuja

en le espacio, en vilo, hasta que el beso

se posa curvo y recurrente

para que a fuego lento empiece

la danza cadenciosa de la hoguera

tejiédose en ráfagas, en hélices,

ir y venir de un huracán de humo-

(¿Por qué, después,

lo que queda de mí

es sólo un anegarse entre las cenizas

sin un adiós, sin nada más que el gesto

de liberar las manos ?)

LOS AMIGOS

En el tabaco, en el café, en el vino,

al borde de la noche se levantan

como esas voces que a lo lejos cantan

sin que se sepa qué, por el camino.

Livianamente hermanos del destino,

dióscuros, sombras pálidas, me espantan

las moscas de los hábitos, me aguantan

que siga a flote entre tanto remolino.

Los muertos hablan más pero al oído,

y los vivos son mano tibia y techo,

suma de lo ganado y lo perdido.

Así un día en la barca de la sombra,

de tanta ausencia abrigará mi pecho

esta antigua ternura que los nombra.

EL NIÑO BUENO

ENCARGO

No me des tregua, no me perdones nunca.

Hostígame en la sangre, que cada cosa cruel sea tù que vuelves.

¡ No me dejes dormir, no me des paz!

Entonces ganaré mi reino,

naceré lentamente.

No me pierdas como una música fácil, no seas caricia ni guante;

tállame como un sílex, desespérame.

Guarda tu amor humano, tu sonrisa, tu pelo. Dalos.

Ven a mí con tu cólera sea de fósforo y escamas.

Grita. Vomítame arena en la boca, rómpeme las fauces.

No me importa ignorarte en pleno día, saber que juegas cara al sol y al

hombre.

Compártelo.

Yo te pido la cruel ceremonia del tajo,

Lo que nadie te pide: las espinas

Hasta el hueso.Arráncame esta cara infame, oblígame a gritar al fin mi

(verdadero nombre.

No sabré desatarme los zapatos y dejar que la

(ciudad me muerda los pies

no me emborracharé bajo los puentes, no

(cometeré faltas de estilo.

Acepto este destino de camisas planchadas,

llego a tiempo a los cines, cedo mi asiento a (las

señoras.

El largo desarreglo de los sentidos me va mal,

(opto

por el dentífrico y las toallas. Me vacuno.

Mira qué pobre amante, incapaz de meterse en

(una fuente

para traerte un pescadito rojo

bajo la rabia de gendarmes y niñeras.

EL INTERROGADOR

No pregunto por las glorias ni las nieves,

quiero saber dónde se van juntando

Poesía de Julio Cortázar

las golondrinas muertas,

adónde van las cajas de fósforos usadas.

Por grande que sea el mundo

hay los recortes de uñas, las pelusas,

los sobres fatigados, las pestañas que caen.

¿Adonde van las nieblas, la borra del café,

los almanaques de otro tiempo?

Pregunto por la nada que nos mueve;

en esos cementerios conjeturo que crece

poco a poco el miedo,

y que allí empolla el Roc.

OBJETOS PERDIDOS

Por veredas de sueño y habitaciones sordas

tus rendidos veranos me aceleran con sus cantos

Una cifra vigilante y sigilosa

va por los arrabales llamándome y llamándome

pero qué falta, dime, en la tarjeta diminuta

donde están tu nombre, tu calle y tu desvelo

si la cifra se mezcla con las letras del sueño,

si solamente estás donde ya no te busco.

Mendoza, Argentina 1944

LA MUFA

Vos ves la Cruz del Sur,

respirás el verano con su olor a duraznos,

y caminás de noche

mi pequeño fantasma silencioso

por ese Buenos Aires,

por ese siempre mismo Buenos Aires.

AFTER SUCH PLEASURES

Esta noche, buscando tu boca en otra boca,

casi creyéndolo, porque así de ciego es este río

que me tira en mujer y me sumerge entre sus párpados,

qué tristeza nadar al fin hacia la orilla del sopor

sabiendo que el placer es ese esclavo innoble

que acepta las monedas falsas, las circula sonriendo.

Olvidada pureza, cómo quisiera rescatar

ese dolor de Buenos Aires, esa espera sin pausas ni

esperanza.

Solo en mi casa abierta sobre el puerto

otra vez empezar a quererte,

otra vez encontrarte en el café de la mañana

sin que tanta cosa irrenunciable

hubiera sucedido.

Y no tener que acordarme de este olvido que sube

para nada, para borrar del pizarrón tus muñequitos

y no dejarme más que una ventana sin estrellas.

BOLERO

Qué vanidad imaginar

que puedo darte todo, el amor y la dicha,

itinerarios, música, juguetes.

Es cierto que es así:

todo lo mío te lo doy, es cierto,

NOCTURNO

Tengo esta noche las manos negras, el corazón sudado

como después de luchar hasta el olvido con los ciempiés del humo.

Todo ha quedado allá, las botellas, el barco,

no sé si me querían, y si esperaban verme.

En el diario tirado sobre la cama dice encuentros diplomáticos,

una sangría exploratoria lo batió alegremente en cuatro sets.

Un bosque altísimo rodea esta casa en el centro de la ciudad,

yo sé, siento que un ciego está muriéndose en las cercanías.

Mi mujer sube y baja una pequeña escalera

como un capitán de navío que desconfía de las estrellas.

Hay una taza de leche, papeles, las once de la noche.

Afuera parece como si multitudes de caballos se acercaran

a la ventana que tengo a mi espalda.

(esto de los caballos me recuerda a cierto relato).

pero todo lo mío no te basta

como a mí no me basta que me des

todo lo tuyo.

Por eso no seremos nunca

la pareja perfecta, la tarjeta postal,

si no somos capaces de aceptar

que sólo en la aritmética

el dos nace del uno más el uno.

Por ahí un papelito

que solamente dice:

Siempre fuiste mi espejo,

quiero decir que para verme tenía que

mirarte.

DÉMONS ET MERVEILLES

De colinas y vientos

de cosas que se denominan para entrar

como árboles o nubes en el mundo

De enigmas revelándose en las lunas

rotas contra el aljibe o las arenas

yo he dicho y esperado

Creo que nada vale contra esta caricia

abrasadora que sube por la piel

Ni el silencio, ese desatador de sueños

Vivir

oh imagen para un ojo cortado

boca arriba perpetuo.

PARA LEER EN FORMA INTERROGATIVA

Has visto,

verdaderamente has visto

la nieve, los astros, los pasos afelpados de la

brisa...

Has tocado,

de verdad has tocado

el plato, el pan, la cara de esa mujer que tanto

amás...

Has vivido

como un golpe en la frente,

el instante, el jadeo, la caída, la fuga...

Has sabido

con cada poro de la piel, sabido

que tus ojos, tus manos, tu sexo, tu blando

corazón,

había que tirarlos

había que llorarlos

había que inventarlos otra vez.

De: Salvo el crepúsculo. (Algunos pameos y otros prosemas).


El Señor Presidente, está enmarcado dentro

del Realismo Social, que es el movimiento literario

por excelencia, donde se denuncia la deplorable

condición de los pueblos explotados del

tercer mundo, al cual por desgracia o por negligencia,

todavía pertenece Latinoamérica. En esta

obra, Asturias logra plasmar, como ya se dijo en

el número anterior, la cruda realidad de Guatemala

bajo el gobierno del tirano Manuel Estrada

Cabrera, que gobernó de 1898 a 1920, haciendo

alarde de corrupción, represión y opresión,

todo con la sanguinaria veda de los derechos

y libertades más elementales del pueblo

chapín. La visión, por demás dantesca, que nos

proyecta Asturias, está perfectamente lograda,

gracias al lenguaje altamente poético con el que

nos describe los pormenores de una pesadilla infernal,

donde el abuso de poder,“el dedazo”, la

tortura y el terror, se alternan sucesivamente,

como las asquerosas patas de una tarántula, para

hilar la trama descarnada, de un momento histórico

que no se debe ignorar.

Pero, independientemente del contexto geográfico

que nos reseña, la obra tiene una vigencia

universal innegable, la cual, muy probablemente,

le valió para adjudicarse el Premio Nobel

de Literatura de 1967. A continuación, el capítulo

primero de esta interesantísima obra.

EN EL PORTAL DEL SEÑOR

…¡Alumbra, lumbre de alumbre, Luzbel de

piedralumbre! Como zumbido de oídos persistía

el rumor de las campanas a la oración,

maldoblestar de la luz en la sombra, de la sombra

en la luz. ¡Alumbra, lumbre de alumbre,

Luzbel de piedralumbre, sobre la podredumbre!

¡Alumbra, lumbre de alumbre, sobre la podredumbre,

Luzbel de piedradumbre! ¡Alumbra,

alumbra, lumbre de alumbre…, alumbre…,

alumbra…, alumbra, lumbre de alumbre…,

alumbra, alumbre…!

Los pordioseros se arrastraban por las cocinas

del mercado, perdidos en la sombra de la Catedral

helada, de paso hacia la Plaza de Armas, a

lo largo de calles tan anchas como mares, en la

ciudad que se iba quedando atrás íngrima y sola.

La noche los reunía al mismo tiempo que a las

estrellas. Se juntaban a dormir en el Portal del

Señor sin más lazo común que la miseria, maldiciendo

unos de otros, insultándose a

regañadientes con tirria de enemigos que se buscan

pleito, riñendo muchas veces a codazos y

algunas con tierra y todo, revolcones en los que,

tras escupirse, rabiosos, se mordían.

Ni almohada ni confianza halló jamás esta familia

de parientes del basurero. Se acostaban separados,

sin desvertise, y dormían como ladrones,

con la cabeza en el costal de sus riquezas:

desperdicios de carne, zapatos rotos, cabos de

Miguel Ángel Asturias.

El Señor Presidente.

candela, puños de arroz cocido envueltos en periódicos

viejos, naranjas y guineos pasados.

En las gradas del Portal se les veía, vueltos a

la pared, contar el dinero, morder las monedas

de níquel para saber si eran falsas, hablar a solas,

pasar revista a las provisiones de boca y de

guerra, que de guerra andaban en la calle armados

de piedras y escapularios, y engullirse a escondidas

cachos de pan seco.

Nunca se supo que se socorrieran entre ellos;

avaros de sus desperdicios, como todo mendigo,

preferían darlos a los perros antes que a sus

compañeros de infortunio.

Comidos y con el dinero bajo siete nudos en

un pañuelo atado al ombligo, se tiraban al suelo

y caían en sueños agitados, tristes; pesadillas por

las que veían desfilar cerca de sus ojos cerdos

con hambre, mujeres flacas, perros quebrados,

ruedas de carruajes y fantasmas de Padres que

entraban a la Catedral en orden de sepultura,

precedidos por una tenia de luna crucificada en

tibias heladas. A veces, en lo mejor del sueño,

les despertaban los gritos de un idiota que se

sentía perdido en la Plaza de Armas. A veces, el

sollozar de una ciega que se soñaba cubierta de

moscas, colgando de un clavo, como la carne en

las carnicerías. A veces, los pasos de una patrulla

que a golpes arrastraba a un prisionero político,

seguido de mujeres que limpiaban las huellas

de sangre con los pañuelos empapados en

llanto. A veces, los ronquidos de un valetudinario

tiñoso o la respiración de una sordomuda encinta

que lloraba de miedo porque sentía un hijo

en las entrañas.

Pero el grito del idiota era el más triste. Partía

el cielo. Era un grito largo, sonsacado, sin acento

humano.

Asturias, después

de recibir el

Premio Nobel de

Literatura

Los domingos caía en medio de aquella sociedad

extraña un borracho que, dormido, reclamaba

a su madre llorando como un niño. Al oir

el idiota la palabra madre, que en boca del borracho

era imprecación a la vez que lamento, se

incorporaba, volvía a mirar a todos lados de punta

a punta del Portal, enfrente, y tras despertarse

bien y despertar a los compañeros con sus gritos,

lloraba de miedo juntando su llanto al del

borracho.

Ladraban perros, se oían voces, y los más

retobados se alzaban del suelo a engordar el escándalo

para que se callara. Que se callara o que

viniera la Policía. Pero la policía no se acercaba

ni por gusto. Ninguno de ellos tenía para pagar

la multa. “¡Viva Francia!”, gritaba Patahueca en

medio de los gritos y los saltos del idiota, que

acabó siendo el hazmerreír de los mendigos por

aquel cojo bribón y mal hablado que, entre semana,

algunas noches remedaba al borracho.

Patahueca remedaba al borracho y el Pelele -

así apodaban al idiota-, que dormido daba la impresión

de estar muerto, revivía a cada grito sin

fijarse en los bultos arrebujados por el suelo en

pedazos de manta que, al verle medio loco, rifaban

palabritas de mal gusto y risas chillonas. Con

los ojos lejos de las caras monstruosas de sus

compañeros, sin ver nada, sin oír nada, sin sentir

nada, fatigado por el llanto, se quedaba dormido;

pero al dormirse, carretilla de todas las

noches, la voz de Patahueca le despertaba:

-¡Madre!…

El Pelele abría los ojos de repente, como el

que sueña que rueda en el vacío; dilataba las

pupilas más y más, encogiéndose todo él, entraña

herida cuando le empezaban a correr las lágrimas;

luego se dormía poco a poco, vencido

por el sueño, el cuerpo casi engrudo, con eco de

bascas en la conciencia rota. Pero al dormirse,

al no más dormirse, la voz de otra prenda con

boca le despertaba:

-¡Madre!…

Era la voz de el Viuda, mulato degenerado que,

entre risa y risa, con pucheros de vieja, continuaba:

-…Madre de misericordia, esperanza nuestra,

Dios te salve, a ti llamamos los desterrados que

caímos de leva…

El idiota se despertaba riendo, parecía que a

él también le daba risa su pena, hambre, corazón

y lágrimas saltándole en los dientes, mientras

los pordioseros arrebataban del aire la carcar-carcajada,

del aire, del aire… la car-car-carcar-cajada…,

perdía el aliento un timbón con los

bigotes sucios de revolcado, y de la risa se

orinaba un tuerto que daba cabezazos de chivo

en la pared, y protestaban los ciegos porque no

se podía dormir con tanta bulla, y el Mosco, un

ciego al que le faltaban las dos piernas, porque

esa manera de divertirse era de amujerados.

A los ciegos los oían como oír barrer y al

Mosco ni siquiera lo oían. ¡Quién iba a hacer

caso de sus fanfarronadas, “-¡Yo que pasé la

SEGUNDO AÑO DE BACHILLERATO

infancia en un cuartel de atrillería, onde las patadas

de las mulas y de los jefes me hicieron

hombre con oficio caballo, lo que me sirvió de

joven para jalar por las calles la música de carreta!

¡Yo, que perdí los ojos en una borrachera

sin saber cómo, la pierna derecha en otra borrachera

sin saber cuándo, y la otra en otra borrachera,

víctima de un automóvil, sin saber

ónde!…”

Contado por los mendigos, se regó entre la

gente del pueblo que el Pelele se enloquecía al

oír hablar de su madre. Calles, plazas, atrios y

mercados recorría el infeliz en su afán de escapar

al populacho que por aquí, que por allí, le

gritaba a todas horas, como maldición del cielo,

la palabra madre. Entraba a las casas en busca

de asilo, pero de las casas le sacaban los perros

o los criados. Lo echaban de los templos, de las

tiendas, de todas partes, sin atender a su fatiga

de bestia ni a sus ojos que, a pesar de su inconsciencia,

suplicaban perdón con la mirada.

La ciudad grande, inmensamente grande para

su fatiga, se fue haciendo pequeña para su congoja.

A noches de espanto siguieron días de persecución,

acosado por las gentes que, no contentas

con gritarle: “Pelelito, el domingo te casás

con tu madre…, la vieja…, somato…, chicharrón

y chaleco!”, le golpeaban y arrancaban las

ropas a pedazos. Seguido de chiquillos se refugiaba

en los barrios pobres, pero allí su suerte

era más dura; allí donde todos andaban a las

puertas de la miseria, no sólo le insultaban, sino

que, al verlo correr despavorido, le arrojaban piedras,

ratas muertas y latas vacías.

De uno de esos barrios subió hacia el Portal

del Señor un día como hoy a la oración, herido

en la frente, sin sombrero, arrastrando la cola de

un barrilete que de remeda remiendo le prendieron

por detrás. Le asustaban las sombras de los

muros, los pasos de los perros, las hojas que

caían de los árboles, el rodar desigual de los vehículos…

Cuando llegó al Portal, casi de noche,

los mendigos, vueltos a la pared, contaban y

recontaban sus ganancias.

Patahueca la tenía con el Mosco por alegar, la

sordomuda se sobaba el vientre para ella inexplicablemente

crecido, y la ciega se mecía en

sueños colgada de un clavo, cubierta de moscas,

como la carne en las carnicerías.

El idiota cayó medio muerto; llevaba noches

y noches de no pegar los ojos, días y días de no

asentar los pies. Los mendigos callaban y se

rescaban las pulgas sin poder dormir, atentos a

los pasos de los gendarmes que iban y venían

por la plaza poco alumbrada y a los golpecitos

de las armas de los centinelas, fantasmas envueltos

en ponchos a rayas, que en las ventanas de

los cuarteles vecinos velaban en pie de guerra,

como todas las noches, al cuidado del Presidente

de la República, cuyo domicilio se ignoraba

porque habitaba en las afueras de la ciudad muchas

casas a la vez, cómo dormía, porque se contaba

que al lado de un teléfono con un látigo en

la mano, y a qué hora, porque sus amigos aseguraban

que no dormía nunca.

Por el Portal del Señor avanzó un bulto. Los

pordioseros se encogieron como gusanos. Al

rechino de las botas militares respondía el graznido

de un pájaro siniestro en la noche oscura,

navegable, sin fondo…

Patahueca peló los ojos; en el aire pesaba la

amenaza del fin del mundo, y dijo a la lechuza:

-¡Hualí, hualí, tomá tu sal y tu chile…; no te

tengo mal ni dita y por si acaso, maldita!

El Mosco se buscaba la cara con los gestos.

Dolía la atmósfera como cuando va a temblar.

El Viuda hacía la cruz entre los ciegos. Sólo el

Pelele dormía a pierna suelta, por una vez, roncando.

El bulto se detuvo -la risa le entorchaba la cara-

, acercándose al idiota de puntepié y, en son de

broma, le grito:

-¡Madre!


No dijo más. Arrancado del suelo por el grito,

el Pelele se le fue encima y, sin darle tiempo a

que hiciera uso de sus armas, le enterró los dedos

en los ojos, le hizo pedazos la nariz a dentelladas

y le golpeó las partes con las rodillas hasta

dejarlo inerte.

Los mendigos cerraron los ojos horrorizados,

la lechuza volvió a pasar y el Pelele escapó por

las calles en tinieblas enloquecido bajo la acción

de espantoso paroxismo.

Una fuerza ciega acababa de quitar la vida al

coronel José Parrales Sonriente, alias el hombre

de la mulita.

Estaba amaneciendo.

**************************************

En los capítulos siguientes, se verá reflejado

el servilismo de la gente de diferentes estratos

sociales con el único fin de congraciarse con «el

hombre», esto se da al mismo tiempo que el señor

Presidente urde con base en intrigas sus oscuros

propósitos. Así es como envía a Cara de

Angel (porque era bello y malo como Satán),

para que advierta de su inminente captura al general

Eusebio Canales. Todo este modis operandi

(forma de actuar) se refleja claramente en el capítulo

XXIII, de la segunda parte, y se titula El

parte al señor Presidente, claro está que entre

todo este vertiginoso remolino, el amor entre

Camila, la hija del general Canales, y Cara de

Angel, ha extendido sus alas, aunque el aciago

Sr. Presidente, les tiene preparado otro desenlace,

quizá el más amargo.

Los personajes de Asturias en El Sr. Presidente,

están delineados con una carga suficiente de

psicología, al grado que la efervescencia que fluye

de algunos de ellos, se llega a transformar en

solidaria indignación. No es malo recordar que

en la primera entrega de este artículo, Asturias

nos dice que la pobre Camila se queda en el aire,

pensando si Cara de Angel se ha burlado de ella.

Pero si la catarsis que se opera en Miguel Cara

de Angel por el amor de Camila es interesante,

más que otra cosa, lo es el planteo del espionaje

y el manipuleo de voluntades que desenmascara

Asturias en la obra que rebosa de florida narración.

Sin embargo, hay elementos poéticos

que resaltan por sí solos la calidad de la obra,

por ejemplo:

“Una carreta de agua pasó por la calle;

lagrimeaba el grifo y los botes de metal reían”.

Otro: “Las estaciones seguían a las estaciones.

El tren corría sin detenerse, zangoloteándose

sobre los rieles mal clavados. Aquí un pitazo

allá un estertor de frenos, más allá un yagual

de humo sucio en la coronilla de un cerro”.

Pero, dejemos al Sr. Presidente descansar en

paz, si puede, y volvamos con Asturias.

¿Qué significa para Ud. la «literatura comprometida».

-“Muchos emplean el término comprometido

para un sentido político determinado, es decir,

al llamar a un autor comprometido se le pone la

etiqueta de autor comunista, procomunista, de

izquierda o izquierdizante. Esta forma velada

de llamar así a ciertos autores no deja ver bien

lo que quiere decir literatura comprometida o

de compromiso. La literatura dirigida es aquella

que está al servicio de una causa política, de

una religión, de una ideología. El autor dirigido

obedece a ciertos cánones, a ciertas obligaciones,

a determinadas finalidades, etc. En cambio

la literatura comprometida implica una responsabilidad,

y nosotros antes, en América Latina,

usábamos el término de «responsable». Había

escritores responsables y otros que no lo eran

frente a ellos mismos, a su conducta, a sus pueblos,

a sus necesidades que los inundaban. Yo

entiendo por literatura comprometida aquella

literatura responsable que responde a las necesidades

de un pueblo, que es la voz de ese pueblo

y que al mismo tiempo se convierte en puente

para poder llevar a otros espíritus, a otros

hombres, el eco de las necesidades, de los sufri-

mientos, y también de las alegrías de su país a

efecto de que puedan tener repercusión universal.

En la literatura latinoamericana, si se entiende

por literatura comprometida aquella que

se ha hecho siempre responsable de los grandes

acontecimientos de nuestros países y también de

las necesidades de las situaciones difíciles de

opresión, de tiranía, de sufrimiento, de faltas de

medios de vida, de hambre, de falta de tierra,

etc., entonces nuestra literatura ha sido siempre

la literatura comprometida, una literatura

responsable. Desde los primeros libros hasta

ahora, las grandes obras de nuestros países han

sido las que se escriben respondiendo a una necesidad

vital, a una necesidad del pueblo. Es así

que casi toda nuestra literatura resulta comprometida.

Sólo excepcionalmente tenemos autores

que se encierran en sus jaulas de oro, en sus

torres de marfil, se aislan, no les importa nada

de lo que pasa en torno de ellos y son los autores

autistas, de asuntos psicológicos, y de todos

los problemas que corresponden a una personalidad

que no tiene contacto con la realidad

ambiente. Tal vez sería más propio llamar a nuestra

literatura, en vez de literatura comprometida,

literatura «invadida», es decir, invadida por

la vida”.

Por su cargo de embajador en París, del que se

retiró en julio de 1970, muchos escritores latinoamericanos

lo han acusado alegando que representaba

un gobierno de dictadura.

“Efectivamente, se me criticó bastante por

haber aceptado el cargo de embajdor en París,

pero siempre he aclarado por qué lo acepté.

Mientras yo estaba en Italia, empezó la lucha

eleccionaria en Guatemala y frente al único candidato

civil, Méndez Montenegro, había cuatro

candidatos militares. El gobierno que había, un

gobierno de facto militar, había preparado una

constitución para que fuera un militar el que llegara

al poder, pero el pueblo le dijo “No” a los

militares y llegó Montenegro. Yo había escrito

en los periódicos de Italia sobre esta situación y

me sentía un poco comprometido con este gobierno

civil, un gobierno que correspondía un

poco a los de la revolución. Al proponérseme el

cargo en París pensé que yo me debía a Guatemala

y que era mi obligación como guatemalteco

servir a mi país puesto que le iba a dar renombre”.

UN EJE TRANSVERSAL HISTÓRICO

GUATEMALA FELIZ

Cada país tiene

el Premio Nobel que se merece

ROQUE DALTON

Ahora bien, es muy probable que alguien venga

y diga: «Del árbol caído cualquiera saca

leña», pero hay un detalle muy importante, en

una entrevista que Mario Benedetti le hace a Roque

Dalton en el segundo lustro de los 60´s, nuestro

inefable poeta da muestras de su centelleante

lucidez ética.

M.B.- Una última pregunta. Es frecuente que

en entrevistas como ésta, se concluya por preguntarle

al entrevistado qué consejos daría a los

escritores jóvenes. Pero yo quiero salir de esa

rutina, y más bien me gustaría saber qué consejos

les daría a los escritores viejos.

R.D.- No soy amigo de dar consejos. Pero ya

que me lo preguntas, me permitiría aconsejar a

los escritores viejos sólo dos cosas. A los que

puedan, que rejuvenezcan lo antes posible; a los

que sean honestos, que sigan siéndolo, ya que

de ese modo nos seguirán enseñando. Pienso en

un escritor a quien conocí cuando era relativamente

honesto, aunque ya bastante viejo: Miguel

Angel Asturias. Ya que a esta altura no podría

conseguir ni la juventud ni la absoluta honestidad,

quisiera aconsejarle que renuncie a la

embajada de Guatemala en París. Quizá así podría

conservar por lo menos un poco del decoro

que Sartre otorgó al premio más municipal de la

tierra.

Y esto pienso yo, lo dice Roque con “el amor

más común y corriente”, pues de 1966 a 1970,

Asturias se desempeñó como embajador en dicha

capital europea, es decir, durante el gobierno

de Julio César Méndez Montenegro, período

en el que Otto René Castillo, poeta chapín exiliado

en El Salvador, y amigo entrañable de

Roque (con quien a principios de esa década escribiera

Dos puños por la tierra, poemario en el

que Roque escribe la primera parte dedicada a

Anastasio Aquino y la segunda Otto René, dedicada

al cacique Atanasio Zul) regresa a Guatemala,

precisamente en 1967, es herido en combate,

luego capturado y llevado a la base militar

de Zacapa, donde es torturado, para ser finalmente,

con enorme alarde de brutalidad, quemado

vivo. ¿No es éste motivo suficiente para

que un ilustre Premio Nobel de Literatura, por

muy embajador que sea, renuncie a su cargo?,

yo pienso que sí. Al menos, si no por amistad,

por solidaridad poética siquiera, o sea por sensibilidad.

El caso es que como ya lo dijo Asturias, se

quedó hasta el 70 como embajador para darle

renombre a Guatemala. Si este fue el gobierno

democrático de un civil, la mejor opción de

Asturias, ¿cómo no sería el gobierno de los otros,

que eran militares? No cabe duda que Roque

tiene la razón al aconsejarle que renuncie a dicho

cargo.

En fin, El Señor Presidente tiene un valor histórico

real, y no vamos a negar el mérito de

Asturias como escritor, pero no podemos negar

el hecho de que Asturias se acomodó a la “Dulce

Vida” diplomática y tuvo que sufrir la degradante

escena de ver cómo un grupo de indignados

lectores lanzaban al fuego muchos de los

ejemplares que durante algún tiempo lo convirtieron

en el hombre que lo tenía todo, todo,

todo… No obstante la dureza de los hechos, Otto

René Castillo dice en un fragmento de su poema

“Causa de ternura”:

Por eso no te olvides

de estas palabras,

mi dulce visitante:

nada de su humanidad

debe negar el hombre,

ni su lodo, ni sus estrellas!

BIBLIOGRAFÍA

-Alfaro Chaverri, Edgar. 2002. Miguel Ángel Asturias. Algunas valoraciones

pertinentes. Diario Co Latino, Suplemento Cultural Tres Mil, sección Aula

Abierta, No. 21, sábado 29 de junio del 2002.

-Asturias, Miguel Angel. El hombre que lo tenía todo, todo, todo…. Editorial

Bruguera, Barcelona, 1981.

-Otto René Castillo, edit. Guaymuras, Honduras, 1989.

-Dalton, Roque. Antología Roque Dalton, Editorial Universitaria, UES,

San Salvador, s.f.

-Revista Abra, nov. - dic. / 76. UCA.

Firma de Asturias

Martiana

Cartas de José Martí

Carta a su cuñado José García. Sobre la muerte

de su padre.

Febrero, 1887

Mi querido José:

No hubiera querido recibir de otras manos la

noticia de la muerte de mi padre. En la carta

de Ud. he sentido su último calor. Si ya Ud. no

fuera hermano mío, por la ternura con que me

quiso a mi padre lo sería. Ud. entendió su

santidad, e hizo en la tierra por premiarla. El lo

quería a Ud. como a un hijo preferido. Es de

hijo el sollozo con que Ud. me ha anunciado su

muerte. Yo no lo he visto a Ud. nunca; ¡pero ya

me parece que lo he conocido toda mi vida!

Yo tuve puesto en mi padre un orgullo que

crecía cada vez que en él pensaba, porque a

nadie le tocó vivir en tiempos más viles ni nadie

a pesar de su sencillez aparente salió más puro

en pensamiento y obra, de ellos. ¡Jamás, José,

una protesta contra esta austera vida mía que

privó a la suya de la comodidad de la vejez! De

mi virtud, si alguna hay en mí, yo podré tener la

serenidad; pero él tenía el orgullo. En mis horas

más amargas se le veía el contento de tener un

hijo que supiese resistir y padecer. Yo, con toda

mi costumbre de las palabras, y con toda mi

ternura, no podría pintarlo mejor que como

Ud. me lo pinta: "un ángel con canas". ¡Ah José!

Sólo se saben ver en los demás las condiciones

que se tienen en sí. Trastornos horrendos y

alejamientos grandes suele traer la vida, pero

nunca dejaré de ver a Ud. dando un beso en la

frente de mi padre, y reemplazando al hijo

ausente.

Este dolor, José, me tiene muy confuso el

pensamiento. ¡No he podido pagar a mi padre

mi deuda en la vida! Ya ¿dónde se la podré pagar?

No es que haya muerto lo que me entristece,

sino que haya muerto antes de que yo pudiera

pregonar la hermosura silenciosa de su carácter,

y darle pruebas públicas y grandes de mi

veneración y de mi cariño. Pero ¿qué falta le

hice, si lo tenía a Ud.? Juntos, José, Ud. y yo,

iremos a visitarlo algún día.

Martí

Tomado de las cartas de José Martí


Cortazariana

Julio Cortázar

Instrucciones para llorar

Dejando de lado los motivos, atengámonos a

la manera correcta de llorar, entendiendo por

esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni

que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe

semejanza. El llanto medio u ordinario consiste

en una contracción general del rostro y un

sonido espasmódico acompañado de lágrimas

y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se

acaba en el momento en que uno se suena

enérgicamente.

Para llorar, dirija la imaginación hacia usted

mismo, y si esto le resulta imposible por haber

contraído el hábito de creer en el mundo exterior,

piense en un pato cubierto de hormigas o

en esos golfos del estrecho de Magallanes en

los que no entra nadie, nunca.

Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro

usando ambas manos con la palma hacia adentro.

Los niños llorarán con la manga del saco contra

la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto.

Duración media del llanto, tres minutos.

Cortázar, Julio; Historias de cronopios y de famas,

Buenos Aires, Sudamericana, 1994

Quizá la más querida

Me diste la intemperie,

la leve sombra de tu mano

pasando por mi cara.

Me diste el frío, la distancia,

el amargo café de medianoche

entre mesas vacías.

Siempre empezó a llover

Siempre empezó a llover

en la mitad de la película,

la flor que te llevé tenía

una araña esperando entre los pétalos.

Creo que lo sabías

y que favoreciste la desgracia.

Siempre olvidé el paraguas

antes de ir a buscarte,

el restaurante estaba lleno

y voceaban la guerra en las esquinas.

Fue una letra de tango

para tu indiferente melodía.

Gabriel García Márquez

Gabriel García Márquez, nació en 1928, en

Aracataca, un pequeño caserío de Santa Marta,

Colombia.

“Yo señor, me llamo Gabriel García Márquez.

Lo siento: a mi tampoco me gusta ese nombre,

porque es una sarta de lugares comunes que nunca

he logrado identificar conmigo. Nací en

Aracataca, Colombia. Mi signo es piscis y mi

mujer es Mercedes. Esas son las dos cosas más

importantes que me han ocurrido en la vida, porque

gracias a ellas, al menos hasta ahora, he logrado

sobrevivir escribiendo.

Soy escritor por timidez. Mi verdadera vocación

es la de prestidigitador, pero me ofusco tanto

tratando de hacer un truco, que he tenido que

refugiarme en la soledad de la literatura. Ambas

actividades, en todo caso, conducen a lo único

que me ha interesado desde niño; que mis amigos

me quieran más.

En mi caso el ser escritor es un mérito descomunal,

porque soy muy bruto para escribir. He

tenido que someterme a una disciplina atroz para

terminar media página en ocho horas de trabajo;

peleo a trompadas con cada palabra y casi

siempre es ella quien sale ganando, pero soy tan

testarudo que he logrado publicar cinco libros

en veinte años. El sexto, que estoy escribiendo,

va más despacio que los otros, porque entre los

acreedores y una neuralgia me quedan muy pocas

horas libres.

Nunca hablo de literatura, porque no sé lo que es, y

además estoy convencido de que el mundo sería igual

sin ella. En cambio, estoy convencido de que sería

completamente distinto si no existiera la policía, pienso,

por tanto, que habría sido más útil a la humanidad si en

vez de escritor fuera terrorista” (Sara Facio, Alicia D’Amico

«Retratos y Autorretratos». Ediciones de Crisis, Buenos Aires,

Argentina,1973).

Es autor de las novelas: La hojarasca (1955),

El coronel no tiene quien le escriba (1961), Los

funerales de la Mamá Grande y La Mala hora

(1962), Cien años de soledad (1967), Relato de

un náufrago (1970), La increíble y triste historia

de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada

(1972), El otoño del patrirca (1974), Crónica

de una muerte anunciada, El amor en los tiempos

del cólera, El general en su laberinto (basada

en la vida de Simón Bolívar) y Noticia de un

secuestro. Además, es autor de Ojos de perro azul

(cuentos). La aventura de Miguel Littín, clandestino

en Chile, es otra de sus obras, en la que

incursiona en el reportaje como género literario.

En 1982, recibe el Premio Nobel de Literatura.

Toda su obra pertenece al Realismo Mágico.

Cien años de soledad se desarrolla en Macondo,

lugar utópico donde se ubican algunas, por no

decir la mayoría, de las obras del ‘Gabo’, como

se le conoce en el ámbito literario. Macondo es

un lugar sui géneris (único en su género), si bien

ficticio, bien puede ubicarse en cualquier sitio de

Latinoamérica. En Cien Años de Soledad, destaca

el puntillismo (en literatura, detallismo descriptivo;

en pintura, es el procedimiento de los

neoimpresionistas que consiste en descomponer

los tonos por pinceladas separadas), con el cual,

García Márquez logra escenas realmente

impresionistas.

El Realismo Mágico, es la visión fantástica de

la realidad puesta en términos literarios. García

Márquez en sus primeras obras, como La hojarasca,

El coronel no tiene quien le escriba y La

mala hora, sólo sondea la impresionante creación

realista y mítica del pueblo y la historia de

Macondo vertida en Cien años de soledad (1967),

novela que presenta la historia, los problemas y

las vivencias centrales de Latinoamérica.

La forma en que los gitanos, árabes y otros extranjeros

embaucan a los soñadores como José

Arcadio Buendía y a los habitantes de Macondo,

que les cambian collares con cuentas de vidrio

por guacamayas, hace recordar a los españoles

que trocaban el oro de nuestros nativos por espejos

y otras bisuterías.

¿Habremos cambiado desde entonces nuestra

predilección por lo extranjero? Yo creo que no,

pues el malinchismo, como se llama esta predilección,

sigue viento en popa. ¿Se dará algo así

en los Tratados de Libre Comercio? Indudablemente

a algo así es que alude García Márquez en

estos pasajes de su obra.

Además, hace alusión a la ignorancia que en

aras de mantener las supersticiones sacrifica la

propia felicidad. Esto se ve claro en la negativa

de Úrsula para procrear hijos con José Arcadio

Buendía, ya que ella teme concebirlos con cola

de cerdo, a tal grado que se ensarta en un pantalón

de lona bastante ajustado y con amarras de

seguridad. Pero al final José Arcadio Buendía se

las ingenia y triunfa el incesto (relaciones sexuales

entre parientes), ya que ella es su prima. Ambos

provienen de Riohacha, capital del departamento

colombiano de Guajira, que además, es

puerto comercial, donde se cuenta que en el siglo

XVI, llegaba el corsario inglés Francis Drake a

hacer sus desmanes. Tomando estos dos antecedentes,

lo del incesto y lo del corsario, se puede

ver fácilmente cómo el realismo mágico trastoca

la realidad con fantasía, puesto que de Riohacha

es que proviene Buendía a fundar Macondo entre

las ciénagas, y es allí donde surge su famosa estirpe.

Es vital entonces, destacar como en pro del

“progreso”, los macondianos se ven a expensas

de los charlatanes, que les hacen pensar en encontrar

la felicidad que acaso ya tenían.

Pero hablábamos del puntillismo en Cien años

de soledad.

“...fue rompiendo luego contra las paredes la

cristalería de Bohemia, los floreros pintados a

SEGUNDO AÑO DE BACHILLERATO

mano, los cuadros de las doncellas en barcas cargadas

de rosas, los espejos de marcos dorados...”

Ahora veamos la diferencia:“....fue rompiendo

luego contra las paredes la cristalería, los flores,

los cuadros, los espejos...”. Es obvio que la descripción

cambia rotundamente, vemos cómo se

enriquece con esos detalles que los van como pintando

en nuestras mentes, porque nadie podrá

negar que no es lo mismo romper los simples cuadros,

que romper los cuadros de las doncellas en

barcas cargadas de rosas.

Claro es que hay otros ejemplos, pero podríamos

decir que en general, toda la obra de García

Márquez se fundamenta y se enriquece con el

puntillismo, sólo que en Cien años de soledad,

dicho recurso es más florido, más fresco, más

exhuberante.

La obra comienza como ya hemos dicho, en

Macondo, cuando no era más que una aldea de

veinte casas de barro y cañabrava construidas a

la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban

por un lecho de piedras pulidas, blancas

y enormes como huevos prehistóricos. El mundo

era tan reciente, que muchas cosas carecían de

nombre, y para mencionarlas había que señalarlas

con el dedo. Úrsula y José Arcadio Buendía

han procreado a José Arcadio y a Aureliano. Todos

los años por el mes de marzo llegan los gitanos

con su algarabía característica, y como siempre

deslumbran a José Arcadio Buendía con sus

“novedades”. José Arcadio Buendía se obsesiona

con cada cosa que llevan los gitanos, a tal grado

que cuando mira el hielo por primera vez, exclama:

-Éste es el gran invento de nuestro tiempo.

La obra en sí, constituye la historia del coronel

Aureliano Buendía y de toda su familia, desde la

fundación de Macondo hasta que con el último

Buendía se cumplen las profecías de la destrucción

y desaparecimiento de Macondo, y con él, la

memoria de quienes lo fundaron y lo habitaron.

Puede interpretarse como un compendio de la

evolución de la humanidad en su esplendor, miseria,

descubrimientos científicos, sus luchas históricas,

sociales y políticas, sus triunfos y fracasos,

junto a episodios cotidianos. Por ejemplo, cuando

los trabajadores descontentos declaran la huelga

para protestar por los bajos salarios y las malas

condiciones de trabajo, el gobierno convoca una

reunión en la plaza situada frente a la estación del

ferrocarril con el pretexto de discutir los términos

del acuerdo.Pero cuando se cierran todas las salidas

por soldados armados hasta los dientes, se produce

el asesinato de más de tres mil personas. Casi

de inmediato comienza una lluvia torrencial que

dura aproximadamente cinco años y que le pone

punto final a la prosperidad económica, dejando

un pueblo arruinado. Con el estancamiento consiguiente

y el éxodo de muchos de sus ciudadanos,

sólo es cuestión de tiempo antes de que la naturaleza

complete la destrucción de Macondo.

El tema central es la soledad, que resulta ser

una vocación impuesta desde el origen de

Macondo. Síntoma de esta soledad es el hecho de

que cuando el coronel Aureliano Buendía ordena

trazar alrededor suyo un círculo de tiza que nadie

puede traspasar, se encierra en la soledad del poder,

de tal suerte que la familia termina por pensar

en él como si hubiera muerto. Otro síntoma es el

aire solitario de los Aurelianos y Arcadios de la

familia. Uno más sería la amarga soledad de las

parrandas, a las que entrega Aureliano Segundo.

Fernanda no escapa a esta sistomatología, pues

quiere vivir sepultada, fiel a la consigna paterna de

enterrarse en vida. La soledad de la locura de José

Arcadio Buendía, va acompañada de la imposibilidad

del lenguaje, súbitamente empieza a hablar

en idioma extraño, incomprensible para los que lo

rodean. Amaranta, por su parte, padece la soledad

del rencor y de la muerte.

La soledad que comparten todos los Buendía

está ligada directamente a su egocentrismo, a la

tendencia a volverse hacia dentro de sí mismos

en vez de proyectarse hacia afuera, hacia los otros.

Esta introspección, que explica, en parte, su falta


de solidaridad con la comunidad, se muestra

adicionalmente en el tema recurrente del incesto que

obsesiona a todas las generaciones y que se manifiesta

en varios episodios. Aunque la novela, densamente

poblada, no tiene un protagonista claramente

definido, Úrsula Iguarán es entre todos los personajes,

la que más se aproxima a desempeñar ese papel.

Una mujer asombrosamente práctica y enérgica,

es el baluarte del clan y vive lo suficiente -entre

115 y 122 años- para presenciar la mayor parte de

los acontecimientos. En contraste con su extraordinaria

estabilidad, su caprichoso marido, José Arcadio

Buendía, se deja llevar a menudo por la imaginación

y eventualmente termina loco.

La realidad ficticia que describe la novela es la

historia completa de un mundo desde su origen hasta

su desaparición, o sea que se manifiesta una unidad

totalizadora, pues abarca todos los planos o niveles

en que transcurre la vida en ese mundo mágico

de Cien años de soledad. En esta novela el autor

retoma varios personajes, temas, mitos y motivos

de otras de sus mismas obras, pero sin ser por ello

una sumatoria coherente de todos los materiales procedentes

de la realidad ficticia planteada: lo que la

novela aporta es más rico en cantidad y calidad artística.

El genio del autor consiste precisamente en

haber encontrado un núcleo en el cual se refleja lo

individual y lo colectivo, las personas concretas y la

sociedad proyectadas en una sola abstracción. Ese

eje o núcleo está constituido por la familia Buendía

y la historia de su pueblo: Macondo.

Pero como en toda sopa se suele hallar un pelo,

Miguel Angel Asturias, dice que García Márquez

no ha hecho más que trasladar a las páginas de

Cien años de soledad, el tema y los personajes de

La recherche de L’absolu (La búsqueda de lo absoluto),

de Balzac. Independientemente de este comentario,

en Cien años de soledad se denuncian

los fraudes electorales, los abusos de poder, sean

éstos de personas o de transnacionales, el fondo

demagógico de los partidos políticos conservadores,

la falta de valores morales y el vacío espiritual

de nuestra generación, y sobre todo, más allá de la

denuncia, se declara la vasta riqueza del Castellano

como lengua materna de Latinoamérica.

Pero volviendo a la obra de García Márquez, en

lo clasista social, Macondo constituye una comunidad

igualitaria y patriarcal del tipo bíblico, en la

que José Arcadio hace de guía espiritual; en ella,

reina plena armonía entre sus miembros, tanto económica

como socialmente: todos son fundadores.

Racialmente, los macondinos son ‘criollos’,

como los acontecesores de José Arcadio y Úrsula.

Los errantes gitanos, porque van y vienen, no son

considerados miembros de esa sociedad por su

propia inestabilidad. Los árabes son los que marcan

la primera diferenciación social percibida pues

su llegada a Macondo los tipifica como forasteros,

dedicados al comercio como una sociedad

cerrada o privada, ya que con los demás sólo

mantienen relaciones de carácter económico. Los

indios guajiros son los servidores domésticos de la

obra. Los Buendía, por su parte, tienen el corte típico

feudal, a la casa solar se van plegando miembros

de diferente índole: sirvientes hijas de crianza,

bastardos, semi-bastardos, las esposas legítimas y

las ilegítimas, hijos legítimos, hijos naturales, huéspedes.

Posteriormente, una segunda inmigración lleva

a Macondo a los gringos y a los peones que llegan

a trabajar en la bananera, aparecen así las clases

sociales diferenciadas. En esa sociedad los gringos

pasan a ejercer el poder económico y político.

Estructuralmente la novela es circular, dinámica.

La narración de los hechos se escribió dos veces:

en lenguaje ininteligible para los habitantes de

Macondo por Melquíades, antes de que sucedieran,

y en castellano por el narrador. El personaje-eje:

Úrsula Iguarán, está presente en la mayor parte de

la obra. La circularidad estructural conduce del caos

y la nada en que la creación se ordena, al caos y la

nada en que todo se acaba y se resuelve.

En la novela se dan los siguientes motivos (que

son los que aluden a pequeñas unidades temáticas,

que aparecen y reaparecen en diversa combinaciones).

Los motivos son pequeños temas.

Motivo es una situación típica que se repite a tra-

vés de toda una ficción narrativa.

Ejemplos: -En la familia Buendía, un motivo

lo constituye el hacer y deshacer lo hecho, lo cual

significa la futilidad o banalidad de algunas de

las acciones humanas, como el caso de Aureliano

Primero, que fabrica pescaditos de oro y cuando

ya están hechos, en lugar de venderlos, vuelve a

fundirlos para fabricarlos de nuevo.

-José Arcadio Segundo se afana en leer y releer,

una y otra vez los pergaminos de Melquíades.

-Amaranta cose y descose botones, teje y desteje

su mortaja.

-Úrsula, su hacer constante en la casa: innovarla,

pintarla, sembrar flores nuevas, abrir todas las

ventanas para que penetre la deslumbrante luz del

verano, hasta los dormitorios.

-Melquíades, viajero que circula libremente por el

espacio de la novela y su más allá, pasando sin esfuerzo,

de un mundo a otro, como mensajero entre

vivos y muertos. Su característica es su constante investigación

y observación de disciplinas científicas.

Entre los mitos, que son los que en la Poética

de Aristóteles representaban la concepción de trama,

enredo, estructura narrativa, fábula. El mito

es la narración, cuento, lo irracional o intuitivo.

En el fondo del mito reside un símbolo, un ideal,

una virtud perenne, aspiración que se anticipa a

la realidad, a la realización científica. Es el símbolo

transmutado en mito de la lucha del hombre

por alcanzar el infinito. Es el vínculo que une el

deseo a la realidad.

Ejemplos: -Melquíades, figura legendaria que

en la novela desempeña múltiples funciones: reaparece

después de sus falsas muertes y cuando

deja la novela, es porque su función de augur y

de escriba está cumplida.Melquíades es sucesivamente:

mago, alquimista, aventurero, experimentador,

científico, sabio enciclopédico, mortal

e inmortal, resucitado y ante todo, viajero que

circula libremente por el espacio de la novela.

-Úrsula vertebra o articula el matriarcado en la

novela, e impregna de cotidianidad el espacio

novelesco, para que en él pueda insertarse suavemente,

lo maravilloso.

-Amaranta, tejedora de la muerte, viviendo en

el odio y por el odio. Símbolo de la soledad total.

-Remedios, representa el mito de la ascensión,

símbolo de pureza.

-El eterno retorno, simbolizado por la repetición

de nombres en la familia Buendía.

-Macondo, la misma fundación de la ciudad

representa ya, un símbolo.

-La selva, como tema predominante en la literatura

americana, simboliza la resistencia de la naturaleza

a ceder a la voluntad ordenadora del hombre.

La selva es el caos y el laberinto. En la obra,

todo es mítico, no obstante, nada ha sido inventado

gratuitamente, se funda en raíces históricas para

mostrar, denunciar y a veces condenar la crisis

sociopolítica y cultural de Latinoamérica.

Los símbolos en Cien años de soledad, se refieren

a algo que representa algo. Éstos pueden

ser traducidos e interpretados de distintas maneras.

Pueden ser de significado vasto y amplio. Así

como también pueden no ser resueltos, y sin embargo,

interpretarse. Además, pueden ser dinámicos

y poner o mantener las ideas en movimiento.

Ejemplos:

-La selva simboliza el caos, el laberinto.

-Macondo simboliza un lugar geográfico y es a la

vez el ámbito primitivo de una familia y de un clan.

-La casa de los Buendía puede interpretarse

como centro y espacio sagrado comunitaio.

-La enfermedad del olvido, del insomnio, la invasión

de los extranjeros, y otras, simbolizan plagas.

-La historia de los Buendía puede interpretarse como

la historia de la humanidad a lo largo del tiempo.

-La llegada de los circos puede significar flujo

y reflujo de civilización en Macondo.

-Melquíades es símbolo de: profeta, cronista,

mago, alquimista, judío errante, científico, sabio,

inmortal, resucitado, en fin, puede significar el

mismo demonio.

-La repetición de nombres puede interpretarse

como signos de reencarnación de los personajes.

La obra presenta una realidad total pues agota

casi toda la realidad artística, reuniendo aspectos

que se consideraban antagónicos; la obra es a la

vez tradicional y moderna, localista y universal,

imaginaria y realista. En ella se pueden diferenciar

a plenitud dos planos o niveles:

a) Lo real objetivo:

-Macondo, y toda la familia Buendía en su hacer

cotidiano: Tejer, sembrar nominar las cosas hasta

convertirse en una aldea de ciudadanos laboriosos.

-Las transformaciones de la Ciudad con la llegada

de los primeros inmigrantes que la convierten

de agraria patriarcal, en una localidad de talleres

y comercio.

-La llegada de un corregidor, la iglesia y su representante,

y la instalación de una fuerza de policía

y el telégrafo.

-Las guerras civiles, y posteriormente el nombre

de primer alcalde.

-Se introducen nuevos adelantos: el ferrocarril,

la luz eléctrica, el cine, el teléfono. Hay una

embrionaria sociedad industrial con el establecimiento

de una fábrica de hielo, que después será

fábrica de helados.

-La colonización de la compañía bananera norteamericana.

Los antiguos comerciantes, artesanos

o dueños de tierras se convierten en asalariados

agrícolas. Con la llegada de la compañía bananera

empieza una época de esplendor, de derroche, de

prosperidad y de cambios; llega el primer automóvil.

El poder de la compañía se refleja también en

lo político y surgen conflictos sociales.

-El último período de la historia de Macondo

se inicia con el cataclismo natural, el diluvio y la

partida de la compañía bananera y en el pueblo

se inicia una existencia monótona y ruinosa.

b) Lo real imaginario, que comprende cuatro

planos:

1- Lo mágico, abarca hechos y poderes extraordinarios

que se suscitan en la obra:

-Melquíades, por sus artes mágicas y su poder

sobrenatural puede regresar sucesivamente de la

SEGUNDO AÑO DE BACHILLERATO

muerte a la vida.

-Los poderes sobrenaturales que tienen los gitanos.

-Pilar Ternera ve el porvenir de los otros en las

barajas.

-La proliferación sobrenatural de los animales

que provoca Petra Cotes.

-Aureliano Buendía y sus aptitudes

adivinatorias.

2- Lo mítico legendario, abarca los hechos imaginarios

que proceden de una realidad histórica

(Mitos y leyendas locales).

-El judío errante en las calles de Macondo.

-El fantasma de la nave corsaria que José Arcadio

divisa en el Mar Caribe.

3- Lo milagroso, comprende todos los hechos

extraordinarios que se relacionan con la fe religiosa.

-La levitación.

-La ascensión en cuerpo y alma de Remedios.

-El diluvio.

-Las resurrecciones de varios personajes.

4- Lo fantástico, abarca todos los hechos imaginarios

que nacen de la estricta invención y que

no son producto ni de arte, ni de la divinidad, ni

de la tradición literaria, son un producto gratuito

de la imaginación humana, estimulan la sensibilidad

del lector y a veces son de carácter risueño:

-El niño que nace con cola de cerdo.

-Objetos domésticos que se mueven solos.

-La peste del insomnio y la del olvido.

-Sueños en que se ven las imágenes de sueños

de otros hombres.

-Huesos humanos que cloquean como gallinas.

-Un huracán que arranca de raíces a un pueblo.

-Un niño que llora en el vientre de la madre y

otros.

Los acontecimientos en la obra se dan en un

tiempo enormemente dilatado, en el cual no importa

el suceder. El punto de vista temporal se da,

en cada caso, según la relación entre los tiempos

verbales usados por el narrador y la ubicación temporal

de lo narrado. Esta relación admite varias

combinaciones cronológicas, de modo que, la realidad

ficticia no coincide nunca con la realidad

real. El narrador omnisciente se halla en un tiempo

desde el cual abarca todos los sucesos, tiene

simultáneamente una visión y un conocimiento

total de todo el acontecer en la novela. el tiempo

de lo narrado, es pues, un tiempo cerrado sobre sí

mismo, de principio a fin. Presente, pasado y futuro

equisdistan del narrador, el tiempo en

Macondo es completamente circular. No obstante,

el final de la novela, cuando Aureliano descifra

toda la historia de Macondo, los tiempos futuro

y pasado se funden en un solo plano y descubrimos,

como un prodigio, que la obra concibe

un tiempo infinito.

Los elementos que sugieren la circularidad del

tiempo son:

-En el primer capítulo se narra un hecho como

pasado el cual es de proyección futura dentro del

relato.


-Un suceso posterior siguiendo la línea

argumental es la visita a la carpa de los gitanos,

para ver el hielo.

-Las idas y venidas de Melquíades a Macondo.

-La historia de Meme y Mauricio Babilonia.

-El diluvio.

-La muerte de Úrsula y otros.

-el destino final de Macondo está escrito desde

su origen.

El lenguaje de la obra se basa en elementos y

situaciones simbólicas que comunican una fluida

y diversa significación. Destacan el uso magistral

de la hipérbole, la paradoja, descripciones fotográficas

y las amplificaciones.

PERSONAJES PRINCIPALES

Ursula Iguarán: Es el eje de la familia Buendía.

Su vida centenaria le permite conocer a cada uno

de ellos. Se casa con José Arcadio Buendía llena

de prejuicios fatídicos; la posibilidad de dar a luz

un hijo con cola de puerco, debido a su parentesco

con él (son primos). Es una mujer dedicada,

laboriosa, menuda y en algunos casos autoritaria.

Coronel Aureliano Buendía: El segundo de

los hijos de José Arcadio Buendía y Úrsula

Iguarán. Es el primer humano nacido en Macondo.

En él se combinan la pasión por la ciencia y las

armas. Su interés por la alquimia lo hace un hombre

silencioso y solitario. Según Úrsula, “es un

hombre incapacitado para el amor”. Es entre los

Buendía, por sus triunfos y fracasos en la guerra,

quien mejor nos hace comprender el tema de la

soledad.

José Arcadio Buendía: Es el patriarca de la

estirpe Buendía. Fundador de Macondo. A la edad

de 19 años se casa con Úrsula Iguarán. Es un hombre

razonador por excelencia. Su inquietud por la

ciencia lo lleva a descubrir teorías ya comprobadas.

Es emprendedor y soñador, hasta tal punto

que pretende hacer de Macondo un modelo de

desarrollo, tanto económico como social: cree en

una aldea sin política ni religión.

Melquíades: Gitano, amigo de José Arcadio

Buendía. Es quien trae a Macondo algunos de los

grandes adelantos científicos como el imán, la brújula,

el sextante y la daguerrotipia. Es conocedor

de la alquimia y ayuda a José Arcadio Buendía

en la construcción de su laboratorio. Es uno de

los personajes claves de la novela, ya que escribe

la historia de la familia Buendía antes de que ésta

sea vivida por los mismos protagonistas de la obra.

José Arcadio: El primer hijo de la familia

Buendía. A los 14 años, su desarrollo físico asusta

a Úrsula, quien cree ver en su exagerada masculinidad

el vivo reflejo de la cola de puerco. Por

este motivo es llevado donde la adivina Pilar Ternera,

quien más adelante se convertirá en su amante.

Se hace gitano y viaja por el mundo dedicándose

a una vida licenciosa. Es quien salva a su

hermano, el coronel Aureliano Buendía, del pelotón

de fusilamiento. Su muerte es violenta y

enigmática.

Aureliano Cola de Puerco: Este personaje es

símbolo de la destrucción, producto del incesto

de Amaranta Ursula y Aureliano Babilonia (tía y

sobrino). Con el termina la estirpe de los Buendía

y se cierra el mito de Macondo.

Amaranta Buendía: Unica hija de José Arcadio

Buendía y Ursula Iguarán. Su interés por

Pietro Crespi, el italiano, la lleva a convertirse en

enemiga de su hermana adoptiva (Rebeca). Es indecisa

en el amor, pero laboriosa y activa en la

casa. Rechaza propuestas de matrimonio de Pietro

Crespi y Gerineldo Márquez (tatarabuelo de

Gabriel García Márquez), y luego se sumerge en

la soledad y en la amargura. Teje y desteje una

mortaja como anuncio de su muerte. Muere con

una venda negra como símbolo de su virginidad.

Rebeca Montiel: Hija adoptiva de José Arcadio

Buendía y Úrsula Iguarán. Llega a Macondo

procedente de Manaure y trae consigo la peste

del insomnio. Lo que más llama la atención de

este personaje es su extraña manía de comer tierra

y pedazos de cal en momentos de desesperación.

Se enamora del refinamiento y buena edu-

cación de Pietro Crespi, pero se entrega a la pasión

de José Arcadio hasta convertirse en su esposa

para toda la vida.

Pilar Ternera: Hija de una de las familias fundadoras

de Macondo. Es una mujer ‘alegre, deslenguada,

provocativa’. Se convierte en amante de

varios de los hombres de la familia Buendía. Se

dedica al negocio de la prostitución y a leer el futuro

en la baraja.Vaticina el futuro militar del coronel

Aureliano Buendía.

Arcadio Buendía: Hijo de Pilar Ternera y José

Arcadio. Aprende el idioma guajiro. El Coronel

Aureliano Buendía lo nombra jefe civil y militar

al inicio de la guerra. Abusa del poder obtenido y

llega a ser “el gobernador más cruel que Macondo

haya conocido”.

Aureliano Segundo: Hijo de Santa Sofía de la

Piedad y Arcadio. Es el mayor cumbiambero de la

región; organiza grotescas fiestas llenas de licor y

comida. Es cómplice de los amores de su hija

Meme con Mauricio Babilonia. Muere en casa de

su esposa el mismo día que su hermano gemelo,

José Arcadio Segundo. Es el símbolo de la exageración

y el despilfarro.

José Arcadio Segundo: Hijo de Arcadio y Santa

Sofía de la Piedad. Empleado de la compañía

bananera norteamericana y sobreviviente de la

masacre de las bananeras. Vive obsesionado por

la búsqueda de la justicia y la reivindicación de

los derechos de los trabajadores. Comparte con su

hermano a Petra Cotes. En su soledad se refugia

en el laboratorio de Melquíades, pero no logra descifrar

los manuscritos de éste.

Renata Remedios “Meme”: Nace dentro de la

atmósfera hostil que propicia la incomprensión de

sus padres. Aprende a tocar el clavicordio y hace

algunas presentaciones en el club de los gringos

donde conoce a Patricia Brown, su mejor amiga.

Es amante de Mauricio Babilonia. Muere aislada

de toda su familia en una de las provincias del centro

del país.

Amaranta Úrsula: Hija de Aureliano Segundo

y Fernanda del Carpio. Madre del último Aureliano

(cola de puerco).

Aureliano Babilonia: Hijo de Mauricio

Babilonia y Renata Remedios. Prefiere el encierro

y la soledad. Es quien descubre la historia de los

Buendía en los manuscritos de Melquíades. Amante

de Amarana Úrsula (su tía).

Remedios, La Bella: Hija de Santa Sofía de la

Piedad y Arcadio. Se le llama Remedios en honor

de la difunta Remedios Moscote; y bella como

colificativo de su aspecto físico. Es una mujer libre

de prejuicios, no le gusta la ropa y prefiere andar

desnuda por toda la casa. Varios hombres terminan

trágicamente su vida por los deseos de poseerla. Una

de las escenas más sorprendentes de la obra es su

ascensión en cuerpo y alma al cielo.

Fernanda del Carpio: Esposa de Aureliano

Segundo. Refinada señorita de la capital, educada

para ser reina. Su belleza cautiva el corazón de

Aureliano Segundo. Es un fuerte personaje femenino

que impone algunas de sus costumbres

“cachacas” a la familia Buendía. Sus prejuicios

morales la obligan a aislar a su hija embarazada,

Meme, y a ocultar la identidad de su nieto

Aureliano Babilonia. Trata infructuosamente de

resolver el triángulo amoroso a su favor, pero

termina por aceptarlo. Durante el carnaval de

Macondo, se conoce con el nombre de “Reina

de Madagascar”.

Petra Cotes: Amante de los gemelos

Aureliano y José Arcadio Segundos. Se enamora

de Aureliano Segundo y lo comparte con su

esposa Fernanda del Carpio. Por una extraña

razón, Aureliano Segundo la ve como una formula

mágica para lograr la fecundidad y productividad

de sus animales, de sus plantas y

hasta de sus negocios. De su llegada a Macondo,

sólo se sabe que se dedicaba a la venta de boletas

para rifas.

Don Apolinar Moscote y familia: Primer corregidor

de Macondo, enviado por el gobierno

central; hombre astuto y fanático del partido conservador.

Es quien lleva la violencia a Macondo,

pues trae los primeros soldados armados y la

instigaciones políticas. Se establece en Macondo

en compañía de su familia, siete hijas y su esposa.

La menor de ellas se casa con el coronel

Aureliano Buendía y una de las mayores, Amparo,

establece una casual amistad con Rebeca.

Es el causante directo de que el coronel

Aureliano Buendía vaya a la guerra.

Prudencio Aguilar: Joven gallero de la provincia

de Riohacha. Es un hombre que no sabe

perder; en una ocasión su gallo pierde con el de

José Arcadio Buendía. Para calmar su cólera se

burla de la hombría de éste. José Arcadio

Buendía no tolera la burla y lo mata, hecho que

lo obliga a abandonar la región e ir en busca de

la tierra (no prometida) para fundar a Macondo.

El fantasma de Prudencio Aguilar se convierte

en un inseparable “enemigo” de José Arcadio

Buendía: incluso, le hace compañía en la habitación

conyugal.

PERSONAJES SECUNDARIOS

Remedios Moscote: Hija de Apolinar Moscote.

Su singular belleza infantil despierta en el Coronel

Aureliano Buendía un profundo amor. Se convierte

en su esposa. Su juvenil organismo no puede

soportar un embarazo y muere con un par de

gemelos atravesados en el vientre.

Pietro Crespi: Italiano experto en pianolas.

Se enamora de Rebeca, pero no puede casarse

con ella por continuos aplazamientos de la boda

y por un repentino cambio de intereses de la

muchacha: Rebeca finalmente se casa con José

Arcadio Buendía. Despechado, intenta conquistar

el cariño de Amaranta (hermana adoptiva de

Rebeca), pero es igualmente burlado. Entonces

decide suicidarse.

Gerineldo Márquez: Amigo íntimo del coronel

Aureliano Buendía. Participa con él en la

guerra frente a los conservadores. Desde su ju-

ventud se enamora de Amaranta Buendía, pero

ella nunca lo toma en serio. Es el tatarabuelo de

Gabriel García Márquez.

Mauricio Babilonia: Aprendiz de mecánica en

los talleres de la compañía bananera. Amante de

Meme, con quien engendra a Aureliano Babilonia.

Muere paralítico y acusado de ladrón de gallinas,

al ser descubierto tratando de entrar en el baño

donde se citaba con Meme.

Magnífico Visbal: Amigo íntimo del coronel

Aureliano Buendía. Después de firmar el tratado

de Neerlandia, es asesinado con su nieto.

Visitación y Cataure: Visitación es una princesa

guajira que llega a Macondo acompañada de

su hermano Cataure, huyendo de la peste del insomnio.

Se dedica a ayudar a Úrsula en los quehaceres

de la casa y al cuidado de Arcadio y

Amaranta Úrsula. Es la persona que alerta a José

Arcadio Buendía sobre la enfemedad de la peste

del insomnio que aqueja al pueblo, Cataure, temeroso

de contraer la enfermedad, deja

Macondo.Regresa años después y Úrsula lo confunde

con Melquíades por su sombrero negro de

alas de cuero.

Los diecisiete Aurelianos: Hijos naturales del

coronel Aureliano Buendía, engendrados durante

la guerra. Era tradición que las mujeres mandaran

a sus hijas a entregarse a los jefes militares, y así

poder mejorar la raza. Años después, las madres

iban a casa del jefe militar, en este caso el coronel

Aureliano Buendía, y hacían reconocer legítimamente

a las criaturas. Úrsula se dedicó a criarlos.

En vista del destierro del coronel, dio a cada uno

de ellos el nombre de Aureliano y el apellido de la

respectiva madre. Por una venganza política, todos

son asesinados.

Fuentes:

*Apuntes de LiteraturaLatinoamericana.,UES.

*Harss. Luis: Los Nuestros. Ed. Suramericana, Buenos

Aires, Argentina. 4a. edición, 1971.

*Análisis de Cien años de soledad.

*Asturias, Miguel Angel: El hombre que lo tenía todo...

Ed. Bruguera.

El Gabo en la playa

“El Gabo”

BIBLIOGRAFÍA

Alfaro Chaverri, Edgar. 2002. Gabriel García Márquez. Diario Co

Latino, Suplemento Cultural Tres Mil, sección Aula Abierta, No. 23,

sábado 13 de julio del 2002.

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