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ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
MARCIO VELOZ MAGGIOLO
Sindo Garay, trovador<br />
cubano que cantó boleros<br />
por ver primera en la<br />
República Dominicana.<br />
INTRODUCCIÓN<br />
Este trabajo no implica una visión histórica, sino que más bien intenta<br />
dar las impresiones sobre los efectos del bolero en la sociedad dominicana<br />
desde su aparición hasta 1960. Ello así porque este género musical ya, hacia<br />
esa fecha era una realidad indiscutible como parte de la identidad dominicana,<br />
aunque no fuera invento de nuestros músicos. La identidad se integra<br />
como un conjunto de asimilaciones capaces de conformar nuestra manera<br />
de ser y de dar sentido a nuestra vida. Por tanto la música es uno de los elementos,<br />
venga de donde venga, que asimilados y transformados en conciencia<br />
y toma de posición, caracteriza nuestras acciones. El bolero fue eso desde<br />
los años 30, aunque, como veremos, llegó a la República Dominicana como<br />
parte de la canción trovadora que trajo al país Sindo Garay en 1895.<br />
Consideramos que el bolero había culminado ya a finales de los años cincuenta<br />
y que el ambiente, el ámbito del mismo había alcanzado, desde el<br />
punto de vista de su expansión diríamos que masiva, todos los estratos sociales<br />
dominicanos. No se trata de hacer una labor de medición de los mejores,<br />
o de los más destacados autores y cantantes, sino de señalar que la vida<br />
bolerística dominicana tuvo igual que autores y cantantes nacionales de<br />
Pepe Sánchez, sentado<br />
a la izquierda, padre del<br />
bolero cubano.
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
16<br />
importancia, ejecutantes e intérpretes internacionales que fueron fundamentales<br />
en lo relativo a crear el ambiente musical para este tipo de género.<br />
Estas aclaraciones valen por cuanto no hacemos un análisis más allá de<br />
los sesenta, considerando que son, desde el punto de vista del ambiente, una<br />
extensión productiva, igualmente, de lo que se había desarrollado fundamentalmente<br />
en las décadas de los cuarenta y cincuenta del siglo XX.<br />
En varias partes de este texto y por ende, de esta obra se aborda el tema<br />
del bolero como historia de la vida dominicana y de sus autores principales.<br />
Pero si se quiere tomar en cuenta el ambiente, el sabor y las anécdotas,<br />
en este escrito hay afirmaciones que son el producto del recuerdo<br />
del autor, de la bibliografía consultada y de las entrevistas de amigos que<br />
vivieron la época y fueron testigos de detalles, pormenores, que sólo la memoria<br />
puede rescatar.<br />
Debí haber titulado este trabajo «Bolero y memoria dominicanos», pero<br />
uso el término «ecosistema» porque el ambiente en el que se desarrolló el bolero<br />
en la República Dominicana está constituído por muchas formas de influencias,<br />
es decir, por un conjunto de relaciones que entrelazadas dieron origen<br />
a la «atmósfera» que caracterizó este tipo de quehacer en nuestro país.<br />
¡Qué serenata!Óleo<br />
del pintor dominicano<br />
Miguel de Moya. 1984.<br />
Colección Ceballos<br />
Estrella.
Fiesta navideña<br />
en el Club de la<br />
Juventud 1950.<br />
EL BOLERO: HISTORIA VIEJA<br />
LOS ENTRESIJOS DEL BOLERO<br />
Para entender las complejidades del llamado «bolero dominicano» en su<br />
aspecto moderno y desde el punto de vista del ecosistema musical y bailable<br />
que lo condujo a ser una de las más importantes expresiones de la vida nacional,<br />
habría que hacer algunos señalamientos importantes y fundamentar<br />
un poco su realidad en el ambiente anterior al mismo, marcando algunas de<br />
las escalas de la sensibilidad creada mucho antes de su aparición y luego de<br />
ella. También es válido decir que las influencias exteriores constituyeron un<br />
factor importante, por cuanto el bolero es el resultado de un conjunto de influencias<br />
que llegaron a proporcionar riqueza invaluable al mismo. El bolero<br />
es música estrictamente antillana y en sus inicios el género fue una expresión<br />
casi aldeana, destinada a momentos de solaz y esparcimiento, para<br />
luego ir concretándose, con la aparición de las orquestas y las salas de baile,<br />
en una expresión conformada no sólo por la letra y la música que lo acompañaban<br />
desde el propio siglo XIX en Cuba, sino por una creciente atmósfera<br />
en la que el amor, la queja y el enlazamiento de las parejas, se aunaron<br />
para propiciar un espacio lúdico, lírico y erótico en el cual era posible, desde<br />
Trovadores<br />
medievales.
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
20<br />
finales de los años 20, conversar en un idioma musical y emocional producto<br />
de las facilidades que la música y los espacios para «vivirla» generaron,<br />
incorporando al género el casi obligado momento del bailar no ya con la visión<br />
del baile como un juego o como elemento para el lucimiento de los bailantes,<br />
sino con la concepción del baile –en el caso del bolero– como una<br />
vía para encontrar mucho mas rápidamente el acceso a la mujer amada, o al<br />
sensualismo pagado en muchos casos, que el cabaret proveía cuando este tipo<br />
de música se transformaba, por así decirlo, en una mercancía hecha, en<br />
numerosos casos, para cumplir con los requisitos de una poesía a lo mejor<br />
cursi, pero siempre sugerente. Por eso el bolero que comenzó siendo un producto<br />
pasional se fue transformando en producto de mercado según fuera su<br />
difusión relacionada con el gusto del momento y el ambiente para el cual<br />
fuera escrito. La famosa payola (pay roll) terminó confinándolo a las exigencias<br />
comerciales, aunque su personalidad y estructuras han obligado a los autores<br />
actuales a mantener su esencia como elemento del romanticismo tardío<br />
que marcó su origen.<br />
AQUEL ROMANTICISMO INDECLINABLE<br />
En principio el bolero fue más que todo una música de trovadores, desligada<br />
muchas veces del baile, e hija de un romanticismo indeclinable que se<br />
ha perpetuado y que no desaparece. Fue entonces una música más para disfrutar<br />
que para bailar. Esa música, la que sin dudas emerge de las cuerdas de<br />
la guitarra y se hace adulta con las orquestaciones, tenía precedentes importantes<br />
desde el punto de vista de la historia musical del Caribe y del uso de<br />
letras relacionadas con un romanticismo decadente en el cual predominaban<br />
formas versificadas que estaban vivas en el vals criollo, en la danza puertorriqueña,<br />
en los bambucos colombianos, y en la música sincopada de un Caribe<br />
que optaba por ritmos propios. Tony Evora, en su obra titulada El Libro del<br />
Bolero, (Editorial Planeta, Madrid, 2001) señala con propiedad que el bolero<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
21<br />
es hijo de la guitarra. Sin ella, serenatera y audaz, hubiera sido imposible llevarlo<br />
al grado de música familiar y de amigos. En el libro de Evora hay una<br />
conocida fotografía de Pepe Sánchez, a quien se le atribuye la paternidad del<br />
bolero, con otros cuatro componentes del grupo serenatero, la misma que<br />
puede observarse igualmente en la portada de la obra de Dulcida Cañizares,<br />
titulada La Trova Tradicional Cubana, (Editorial Letras Cubanas, 1992) donde<br />
los integrantes del grupo van todos vestidos con traje fino, y un instrumental<br />
compuesto tan solo por dos guitarras. El bolero cubano, nacido en<br />
Santiago de Cuba, provenía de un grupo de clase media como era el de Sánchez,<br />
sastre de ocasión y no de oficio, quien era, incluso, propietario de tierras<br />
mineras en lo que es hoy El Cobre, en la provincia de Oriente.<br />
LAS PRIMERAS INFLUENCIAS<br />
En la República Dominicana el baile ha sido siempre un punto distintivo<br />
de la vida social, pero no hay que olvidar que mientras no llegó la radio, y<br />
mientras no hubo el cinematógrafo, una sensibilidad creada por la música europea<br />
se proyectaba, como en casi toda América, desde el mismo meollo de la<br />
vida colonial, instalándose en el siglo XIX donde comenzaron a producirse<br />
cambios profundos, puesto que la presencia de músicas latinoamericanas comenzó<br />
a ser simultánea con géneros como la pavana, la polca, la gavota, los<br />
valses y las romanzas o canciones y música de orden burgués, entre otras, siendo<br />
fundamental la contradanza francesa como punto de partida de muchos ritmos<br />
antillanos posteriores. Además, y vale decirlo, en nuestro país el siglo<br />
XIX había traído el gusto por lo clásico que se extendió durante el siglo XX<br />
inicial hasta 1930 y aún después dejando en muchos autores nacionales la impronta<br />
que los llevó a crear igualmente tanto música clásica como popular. Esta<br />
influencia estuvo encarnada en la ópera, la zarzuela, la música escénica y<br />
las representaciones, desde las cuales el tema ligero produjo creaciones locales,<br />
muchas de las cuales fueron sugeridas por el teatro de variedades.
AMANECER Y OCASO DE LA VILLA DE SANTO DOMINGO<br />
22<br />
Olvidamos tal vez que ya en entre 1895 y 1890, cuando el cantor cubano<br />
Sindo Garay vivió en nuestro país, existían cantores y serenateros de<br />
los cuales el músico cubano habla en sus memorias como luego apuntaremos.<br />
Por otra parte, y en lo relativo al gusto por lo clásico, la zarzuela, el<br />
concierto y el teatro, Américo Cruzado en su interesante obra titulada El<br />
Teatro en Santo Domingo, 19<strong>05</strong>-1929, (Editora Montalvo, 1952) nos facilita<br />
informaciones sobre la secuencia teatral de una época en la que visitaron<br />
el país los más importantes artistas del canto y de la escena. Luego<br />
hablaremos de una segunda generación de trovadores, que puede ser anexada<br />
en algunos casos a la ya señalada por Garay, e integrada por amigos<br />
que cantaban y lo hacían de modo gratuito, hasta que a partir de 1910 se<br />
fueron conformando, según lo revela Luis Alberti en su obra De música y<br />
Orquestas Bailables Dominicanas, (Editora Taller, 1975) orquestas que se<br />
asentaron como tales, y que alcanzaron un mayor rango profesional en lo<br />
relativo a sus presentaciones. Fue el momento de las llamadas «jazz band»,<br />
simultáneas, como veremos, con algunas interpretaciones bolerísticas de<br />
patio y de peña, ocurridas, como veremos en la ciudad de Santiago de los<br />
Caballeros.<br />
Pero vale igualmente señalar que la influencia africana siempre estuvo<br />
presente en la sociedad dominicana, y que el gusto por el baile y la percusión<br />
era parte de la vida rural aún antes de la llegada en 1822 de las tropas<br />
haitianas y de la dictadura de Jean Pierre Boyer. En el proyecto de Código<br />
Negro, de Emparán, llamado normalmente «Código Negro Carolino», (Ediciones<br />
Museo del Hombre Dominicano, 1973), se hace evidente que la festividad<br />
entre los esclavos y libertos era constante, al punto de que se intenta<br />
suspenderla, puesto que para los gobiernos coloniales, constituía una expresión<br />
escandalosa. Sin embargo las características híbridas de la naciente<br />
y creciente sociedad dominicana aceptan la mezcla de ritmos y de bailes, al<br />
punto de que en el llamado «fandango», que no es una expresión musical,<br />
El llamado Fandango<br />
fue música y baile rural<br />
en las Antillas y Santo<br />
Domingo desde el<br />
siglo XVII. El grabado<br />
muestra la mezcla<br />
racial y la hibridación<br />
instrumental del mismo.
Baile de mulatos<br />
y libertos de Las<br />
Antillas siglo XIX.<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
25<br />
sino una manera de festividad, se mezclan blancos, mulatos y negros para gozar<br />
de una libertad lúdica que tiene influencias negras y posiblemente giros andaluces.<br />
Vale entonces decir que existían en el siglo XVIII festividades «criollas»,<br />
como lo apunta el padre Fray Iñigo Abad y la Sierra para Puerto Rico, y<br />
lo mismo Lemmonier de la Fosse, para Santo Domingo, en las que el baile mestizo<br />
influenciaba notablemente la vida total rural. El formato que llamo «andaluz»<br />
en mezcla con el elemento africano contenido en el instrumental del<br />
fandango, se percibe en esta descripción hecha por Abad, quien apunta, como<br />
lo hacemos nosotros, hacia un origen «del sur hispano», aunque no hace énfasis<br />
en el elemento africano. Aquí el zapateo es superior al sonido de la música,<br />
y no hay tal zapateo, porque zapatos no había, sino que son los pies descalzos<br />
de los bailarines los que hacen figuras al ritmo de guitarras, güiras, panderetas<br />
y tambor. (Fray Iñigo Abad y Lasierra). Historia Geográfica, Civil y Natural de<br />
la Isla de San Juan B. de Puerto Rico. Ediciones Porta Coeli, 1971).<br />
MÚSICA Y ROMANTICISMO<br />
A ese gusto rural registrado en el fandango o festividad que a veces respondía<br />
a celebraciones del calendario católico, se aúnan otros, como los que<br />
se produjeron a finales del siglo XIX, período que se caracterizó por una bullente<br />
floración de temas en los que el amor era el elemento condicionante.<br />
A la expresión musical rural se oponía, completando ciclos musicales de<br />
moda en las Antillas, una sensibilidad urbana, culta, o semi culta, común a<br />
ciertas clases con educación literaria o con sensibilidad para este tipo de expresión.<br />
Esa sensibilidad estaba dada por la poesía romántica tardía que era<br />
común a toda América, con autores como los mejicanos Manuel María Flores,<br />
Amado Nervo, Salvador Díaz Mirón, Luis G. Urbina, o los colombianos<br />
Julio Flórez –recordemos Mis Flores Negras–, José Asunción Silva, entre<br />
otros. Floración que se extendió hacia el quehacer dominicano. Entre los dominicanos<br />
cabe citar la lira romántica de Fabio Fiallo, Apolinar Perdomo,
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
26<br />
Arturo Pellerano Castro, Valentín Giro, y más tardíamente Osvaldo Bazil,<br />
por sólo citar algunos nombres cuyos poemas o temas, pasaron a ser motivo<br />
de canción. Ese ambiente romántico vivió igualmente en el corazón antillano<br />
en las canciones iniciales del puertorriqueño don Felo Goico y de Alexis<br />
Brau, en algunos casos procedentes de la trova que se desarrollaba desde<br />
muy temprano en el oriente de Cuba. Por lo tanto habría que hablar de un<br />
entorno literario latinoamericano en el cual la amada, la enamorada, o la<br />
pretendida, se veía en función de mujer casi inalcanzable. La lucha por tocar<br />
la fina mano, (la enguantada mano de fina mujer, como dice Felipe Pinglo<br />
en su vals El Plebeyo, de época posterior), besar el guante blanco, o colocar<br />
«un ósculo» sobre la mejilla cálida, se transparentó en letras de poemas<br />
llenos de ansiedades. El balcón de la amada, blanco de serenatas se<br />
transformaba en símbolo de amor y numerosas endechas se alzaron en la<br />
búsqueda del cristal al través del cual debería de aparecer el rostro de la bella.<br />
Todo ello era remedo de una tradición medieval que, llegando de Europa,<br />
había traspuesto los linderos del Renacimiento y se había instalado en<br />
moda romántica del siglo XIX. Es sabido que versos de Nervo fueron usados<br />
para contar historias de amor en géneros diversos. Pregúntale a la brisa de la<br />
tarde, el bolero son de Piro Valerio, usa versos de Manuel María Flores, Mis<br />
flores negras, de Julio Flórez, comparte el ritmo del bambuco colombiano. El<br />
bambuco, por ejemplo fue sin dudas, una fuente importante para la inspiración<br />
de lo que resultará en la llamada «criolla», considerada por Pedro Henríquez<br />
Ureña como modelo dominicano que se expande hacia Cuba. Muchas<br />
de las canciones de antaño se aprovecharon de una literatura que ya estaba<br />
vigente y que era conocida, por lo cual aquellas letras musicalizadas tenían<br />
mayor posibilidad de ser exitosas como canción, y se suponía por provenir<br />
de poetas y personalidades de buen quehacer, que eran útiles para la<br />
trova y el decir poéticos que la música debería sugerir. Por eso durante los<br />
finales del siglo XIX el uso de textos ajenos para incorporarle música, no era<br />
Piro Valerio, uno de<br />
los grandes compositores<br />
e intérpretes de la<br />
música dominicana del<br />
primer y segundo cuarto<br />
del siglo XX.
El actual Panteón<br />
Nacional, antes Convento<br />
de los Jesuítas,<br />
fue en el siglo XIX el<br />
teatro La Republicana,<br />
de gratas tradiciones<br />
musicales.<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
28<br />
delito, y muy por el contrario los poetas, en muchos casos, agradecieron el<br />
hecho. Sin embargo, vale decir, que el uso de textos sin siquiera citar el<br />
autor de los mismos fue igualmente una modalidad rechazable. Ya en el<br />
primer cuarto del siglo XX, Eusebio Delfín declaraba que no usaba letras<br />
propias sino de otros, porque habiendo tantas las de él no superarían las<br />
ajenas. Delfín aclaraba el origen de sus textos. Una de las canciones más<br />
conocidas de Sindo Garay llegó incluso a usar estrofas de autores diferentes<br />
para una misma expresión musical. En la canción La tarde se usa una<br />
primera cuarteta perteneciente a Amado Nervo, y una segunda propiedad<br />
de Lola Tió.<br />
La luz que en tus ojos arde, / Si los abres, amanece. / Cuando los cierras parece<br />
/ Que va muriendo la tarde. (Amado Nervo)<br />
Las penas que a mi me matan / son tantas que se atropellan / y como de matarme<br />
tratan / se mellan unas con otras / y por eso no me matan. (Lola Tió)<br />
El sistema de componer sobre letras importantes tiene un ejemplo clásico<br />
en el músico dominicano Enrique de Marchena, quien musicalizó, no ya<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
29<br />
como boleros, sino como romanzas o canciones, importantes textos poéticos<br />
dominicanos entre los que vale citar versos de Fabio Fiallo, Apolinar Perdomo,<br />
Franklin Mieses Burgos, Tomás Hernández Franco, Héctor B. de Castro<br />
Noboa, Ramón Emilio Jiménez, Ligio Vizardi y otros. Otros autores utilizaron<br />
este método, que sin dudas, enriquecía notablemente la canción dotándola<br />
de letras que eran obras de arte.<br />
Se viven los efluvios románticos de las novelas de amor, la María, de Jorge<br />
Isaac, La Dama de las Camelias, de Alejandro Dumas hijo; la novelística<br />
irredenta de José María Vargas Vila (Aura o las violetas, María Magdalena)<br />
abunda abriendo un piélago de protesta contra la mujer, denostándola, o<br />
creando un ámbito de admiración que termina, en ocasiones, en suicidios<br />
amorosos. Se canta el dolor de no ser querido, de no ser aceptado. Las promesas<br />
y piropos musicalizados son endechas cotidianas donde el mensaje tiene<br />
destinatario y produce esperanzas angustiosas. Esa concepción medrosa y<br />
melosa de la vida si bien casi desaparece en la literatura del siglo XX, se contiene<br />
en numerosos poetas de vena más popular que culta, o en hacedores de<br />
El balcón, nido<br />
para serenatas.
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
30<br />
poesía que no pueden escapar de la imagen amada como parte de una historia<br />
«romantizada» y contínua en el alma popular, donde el amor es siempre<br />
condena y resurrección, donde la vida es un retruécano permanente.<br />
LA SERENATA, UN COMPLEJO RITUAL<br />
La serenata y su complejo ritual de ventanas y balcones detrás de los<br />
cuales la novia esperaba, o la amada se escondía, vendría a ser una combinación<br />
de poesía y música. Entre los poetas del siglo XIX la serenata está<br />
presente como un elemento casi gráfico de la importancia que tenía el decir<br />
con música las verdades o mentiras del corazón. Antes de que apareciera<br />
el bolero cantor y decidor de endechas, estaban las canciones y romanzas<br />
de factura italiana, española, europea, especies de arias en voces epocales<br />
que llegaron a América y las cantaron, como las del tenor canario Juan<br />
Pulido, Hipólito Lázaro, y otros. Los discos de rolo, de finales del XIX y<br />
principios del XX portaron las primeras romanzas y se guardaban debajo de<br />
las camas como tesoros incalculables. La canción napolitana se hizo presente<br />
con las compañías que llegaron desde Cuba de paso hacia otros puntos<br />
de América, como bien lo refiere Américo Cruzado, de cuyas afirmaciones<br />
haremos dato indiscutible. La relación que hace Américo Cruzado de<br />
cantantes e intérpretes de comienzos del siglo XX abona la posibilidad de<br />
que el público de las ciudades gozara de una música instalada en canciones<br />
amorosas y sentimentales, temática que no muere y que se prolonga luego<br />
en las notas del bolero. Desde los finales del siglo XIX, gracias a las representaciones<br />
crecieron los teatros en varios puntos del país, de los cuales La<br />
Republicana, alcanzó gran fama. Los poetas del final del siglo reflejaron la<br />
temática del balcón, la amada y la serenata de manera permanente. La influencia<br />
distante de los amantes de Teruel, del drama shakesperiano, de los<br />
balcones donjuanescos que desde Tirso de Molina a José Zorrilla del Moral<br />
sugieren el asedio erótico, se vieron reflejados en poetas de buena parte de<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
31<br />
América. Ramón López Velarde, el gran bardo mejicano del siglo XIX proclama<br />
su pasión por el ventanal de la amada. En la poesía becqueriana las<br />
golondrinas oscuras volverán a colgar sus nidos en los balcones de la pretendida.<br />
Una secuencia que se prolonga y tiene ecos en Julio Flórez cuando<br />
señala que no, que las golondrinas no volverán al balcón, desmintiendo<br />
la esperanza de Bécquer. Mientras tanto María, agoniza enferma de bacilos<br />
y esperanzas como «la dama de las camelias». Un suicidio de poetas y escritores<br />
y amantes sin esperanza caracteriza la época. Ahí están: Julio Flórez,<br />
Manuel Acuña, José Asunción Silva, y otros. El motivo es una mujer inalcanzable.<br />
Todavía, durante 1943 cuando Agustín Lara estrena su bolero titulado<br />
Santa para el filme del mismo tipo sobre la novela del panameño Federico<br />
Gamboa, algunos seguidores del que llamo «romanticismo sugestivo»,<br />
se están suicidando. Una ringlera de románticos tardíos prefieren morir<br />
de amor de cara a la desesperanza que sugieren un tango o un bolero en<br />
el momento preciso del desengaño. Los boleros heredarán esa sensibilidad<br />
que obliga al ruego y a la mirada de los que se aman. Chantaje musical a<br />
veces, pero igualmente biografía del alma compungida en donde se invoca<br />
la felicidad sólo como parte de la posibilidad de ser amado.<br />
En su poema Serenata, el pro-modernista José Asunción Silva, describe<br />
con suavidad y delicadeza la característica de la misma, en la cual luego el<br />
bolero tendría importante caldo de cultivo. Dice:<br />
El cantor con los dedos, fuertes y ágiles / de la vieja ventana se asió a la barra /<br />
y dan como un gemido las cuerdas frágiles / de la guitarra.<br />
Serenata, mucho más tardíamente se llama uno de los más bellos boleros<br />
dominicanos, escrito por Bullumba Landestoy. Serenata es igualmente una<br />
de las canciones compuestas por Eduardo Scanlan, nuestro trovador del siglo<br />
XIX, para ante el balcón de Emilia, su amante, ofrecer versos que la ciudad<br />
de Santo Domingo escuchaba con arrobo y temor, dada la posible tragedia<br />
que se avecinaba y de la cual hablaremos más adelante.
El cine de cabaret<br />
utilizó el Bolero como<br />
parte de las historias<br />
de rumberas y mujeres<br />
de mala vida.<br />
Los Panchos en una<br />
escena de este tipo.<br />
Abajo:<br />
Bullumba Landestoy,<br />
considerado uno de los<br />
músicos más completos<br />
de nuestro país.<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
33<br />
A veces la serenata es un gemido, y para amar, las cuerdas de la guitarra,<br />
cuna física del bolero, gimen, porque adquieren una fragilidad sufriente. La<br />
guitarra es una queja que afinca el sufrimiento del que canta o el goce del<br />
que transforma la belleza de la amada en cuadro rítmico que apunta hacia la<br />
oración. En la genética del bolero están las cuerdas, los trastos y diapasones.<br />
El bolero inicial se afincaba en la delicadeza del compositor. Como era casi<br />
poema dirigido a la amada, o canto patriótico a veces, el afán de perfección<br />
o de decencia bien dosificada cabalgaba en las notas de la guitarra. Bolero y<br />
guitarra fueron los duendes de la noche post-romántica en el Caribe. Lockward<br />
llamó «Cordaje encantado» al de su guitarra bohemia.<br />
Pero igualmente, la música de época, aunque no todavía hecha bolero, se<br />
enreda en los arpegios del cantor que desea dirigirse a la amada y que no tiene<br />
más que la voz y la música para convocarle. O del que sin posibilidades<br />
naturales se ayuda del músico de calle, o del músico de orquesta, o del poeta<br />
que canta, o del cantante que sabe decir lo que él pudiera y no puede. En<br />
ese ambiente se escucha el Ay Ay Ay, de Osmán Pérez Freyre:<br />
Asómate a la ventana, paloma del alma mía, / que ya la aurora temprana, / nos<br />
viene a anunciar el día, / que ya la aurora temprana / nos viene a anunciar el día.<br />
Y aún la canción bambuco de Alejandro Flórez:<br />
Asómate a la ventana para que mi alma no pene, / asómate que ya viene la luz<br />
de fresca mañana.<br />
En el ritmo y cante de la «Habanera», tan cercana musicalmente a nuestra<br />
criolla, se escucha igualmente la voz del soldado que se marcha creyendo<br />
que puede retornar un día, porque en su esperanza lo señala. Se esconde<br />
en esas letras y en tal música el ruego del que busca volver y hace del retorno<br />
imposible, música y voz llena de sentimientos.<br />
Adiós, adiós, lucero de mis noches / dijo un soldado al pie de una ventana, /<br />
adiós, adiós, no llores alma mía, / que volveré mañana.<br />
En uno de los diccionarios etimológicos italianos, (porque la palabra
Myrta Silva con el<br />
Dueto Los Manta y la<br />
cantante dominicana<br />
María Antonieta<br />
Ronzino, canal 47,<br />
Nueva York, 1964.<br />
Myrta Silva fue autora<br />
de numerosos boleros,<br />
como «Que sabes tú»<br />
de notable éxito.<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
34<br />
serenata es italiana, como lo es matinatta), se dice que la misma es «el concierto<br />
de voces y sonidos que se hace en la noche al sereno, bajo la ventana<br />
de alguien, pero especialmente de la enamorada». La serenata es por tanto hija<br />
de la noche y en ese nido nocturnal la trova o el cantor encontraron los viejos<br />
moldes en donde el bolero antillano logró, primariamente, lugar de asentimiento.<br />
La serenata fue pieza común entre los grandes maestros de la música<br />
llamada clásica, e igualmente entre los saltimbanquis renacentistas que a<br />
golpe de mandolina, y por paga, iban narrando la saga del amor en los ventanales.<br />
En España, también tuvo el nombre la misma concepción que en Italia,<br />
sólo que en el Diccionario Histórico de la Lengua Española, de Martín Alonso,<br />
(Editorial Aguilar, 1958) encontramos quizás una definición mas amplia,<br />
puesto que se asume que esa condición climática que llamamos «sereno» se<br />
relaciona quizás con la serenidad de la noche, la tranquilidad de la misma, lo<br />
que da al concepto una versión mas romántica, como lo sería cantar debajo<br />
de la serenidad y el silencio de la noche misma. Sereno terminó llamándose<br />
el empleado o guardián que pasaba la noche y aún la pasa, cuidando, bajo el<br />
brillo de las estrellas o el tronar de la tormenta, los caminos, calles y edificios<br />
de la ciudad. El «sereno, va», fue grito de alerta del guardián de medianoche<br />
que en las ciudades hispanas era el avisador del recorrido callejero de aquel<br />
que poseía las llaves de las puertas porque era su función guardar la entrada de<br />
los edificios, y dar la voz de alarma frente a la delincuencia nocturnal. La palabra<br />
«serenear» fue nominación de este tipo de empleo, y todavía, con los<br />
cambios sociales y las nuevas versiones de la sociedad moderna y post-moderna,<br />
el sereno es un estandarte del capitalismo que guarda, no ya de calle a calle,<br />
sino de manera específica, la propiedad privada que paga para resguardar<br />
sus posesiones. ¡Cuánto han cambiado los tiempos!<br />
Abajo: Eva Garza, con su<br />
esposo «El Charro Gil»<br />
fue de las cantantes de<br />
bolero que en los años<br />
cuarenta estuvo en el país.<br />
Era cuñada de Alfredo<br />
Gil, primera guitarra de<br />
Los Panchos.<br />
Enrique de Marchena<br />
Dujaric.
Santiago Pérez,matador<br />
del trovador Eduardo<br />
Scanlan. En su mano<br />
derechael fusil con<br />
el que quizás mató al<br />
trovador.<br />
LA TROVA HISTÓRICA<br />
EDUARDO SCANLAN.<br />
NUESTRO PRIMER TROVADOR HISTÓRICO<br />
No te enfades niña hermosa / porque al pie de tu balcón / mi laúd triste murmura<br />
/ su tristísima canción.<br />
Versos iniciales de la canción de Eduardo Scanlan titulada No te enfades<br />
grabada como Serenata por Antonio Mesa, y posiblemente escrita por Scanlan<br />
para su enamorada Emilia Ramírez, esposa del general Santiago Pérez.<br />
El pasado siglo XIX fue siglo de organización y manifestación festiva. En<br />
los últimos gobiernos del dictador Ulises Heureaux las fiestas familiares se<br />
organizaron mejor, los bailes de salón se multiplicaron, pero igualmente los<br />
bailes particulares. Los carnavales llegaron a su apogeo. Las orquestas y conjuntos<br />
pequeños y las más de las veces improvisados, tomaron vigencia, consolidados<br />
por la modalidad llamada popularmente «ven tú» en algunos lugares<br />
como Santiago de los Caballeros, y la propia capital, porque los grupos<br />
musicales se conformaban muchas veces escogiendo al alimón los músicos<br />
que podrían integrar un conjunto momentáneo. Vale la pena recordar cómo<br />
eran esos momentos durante el período final de la dictadura de Lilís,<br />
La obra de Scanlan se<br />
produjo bajo el gobierno<br />
de Ulises Heureaux,<br />
quien le negó el perdón<br />
al matador pese al<br />
clamor popular.
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
38<br />
que desaparece en 1899, cuando ya la trova dominicana había sido por así<br />
decirlo, iniciada por Eduardo Scanlan, enamorado tenaz que muere, como<br />
fatal trovador, cazado por el General Santiago Pérez en 1887, marido de la<br />
mujer a la cual se atrevió a dar serenatas y a conquistar con el flujo de sus<br />
melodías y de su guitarra. El esposo de su pretendida, comido por los celos,<br />
le disparó desde el balcón de su residencia y Scanlan, venezolano de<br />
origen y dominicano por adopción legal, cayó herido de muerte en los linderos<br />
del hoy Parque Colón. Los datos sobre este primer trovador «dominicano»,<br />
amigo de Ulises Heureaux, de los cuales tengo alguna referencia<br />
tomada de la Enciclopedia Histórica de Venezuela, lo señalan como un exiliado<br />
del gobierno de Antonio Guzmán Blanco llegado desde Cuba a Santo<br />
Domingo tras circunstancias que pueden considerarse azarosas. Siendo<br />
el primer trovador documentado y conocido en nuestro país, hay que considerarlo<br />
el fundador de la trova nacional. Habiendo participado tan notablemente<br />
en la vida nacional, puesto que llegó a fungir como consejero<br />
y amigo del dictador, vale la pena completar un poco su biografía, y para<br />
ello me valgo de lo que dice la citada fuente. Eduardo Scanlan Daly, nació<br />
en La Guaira el 13 de octubre del 1840. Se llamó su padre Hugo Benito<br />
Scanlan, siendo su madre Margarita Daly. En los años anteriores a la<br />
guerra contra España, en 1860, vino por vez primera a la República Dominicana,<br />
donde vivió como maestro de inglés, en Azua... Era entonces un<br />
jovenzuelo. Al parecer retorna a Venezuela luego de la cesión del país a<br />
España por Pedro Santana. Se sabe que Scanlan era un admirador de Bolívar<br />
y es muy posible que no estuviera de acuerdo con el General Pedro<br />
Santana; sin embargo no existen datos precisos sobre ello. En su país, tras<br />
las guerras civiles posteriores al federalismo, fue un combatiente audaz que<br />
alcanzó el grado de General. Ya en esa época era conocido como poeta de<br />
importancia y como autor de canciones populares, habiendo concursado,<br />
con distinción, en un certamen poético dedicado a Simón Bolívar, donde<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
39<br />
su Oda titulada «¿Cual será el porvenir de América?», ocupó mención de<br />
honor. Su designio final se completa cuando por diferencias con el General<br />
José Miguel Barceló por el apoyo de Scanlan a la política reelecionista<br />
del presidente Francisco Linares Alcántara, en un duelo a muerte Scanlan<br />
mata a Barceló, quien era entonces presidente del Congreso. En aquel momento<br />
Scanlan era diputado al Congreso. Sus amigos lograron al poco<br />
tiempo su libertad y Scanlan salió libre, volviendo a escribir sus artículos<br />
virulentos, esta vez contra Guzmán Blanco, quien se hallaba fuera del país.<br />
La fuente que cito afirma que Scanlan alcanzó a ser caricaturizado en un<br />
dibujo aparecido en el periódico político-satírico Fígaro, en el cual se representaba<br />
a Guzmán Blanco y Scanlan batiéndose en duelo con espadas.<br />
Con la llegada al poder de Guzmán Blanco en 1879, Scanlan viajó al exilio,<br />
estableciéndose en Cuba, donde tuvo problemas de faldas y donde su<br />
pluma volvió a ser virulenta y burlona recibiendo allí amenazas de muerte.<br />
Entonces era un hombre maduro, y su forma sarcástica y su arrojo como<br />
amante le traerían graves problemas. Se sabe que escribió poemas en<br />
Cuba, y que se integró allí a la bohemia. Por razones de peligro emigró a<br />
Santo Domingo, y volvió a ser maestro de inglés en Azua, donde había vivido<br />
casi veinte años atrás, colaborando esta vez en el periódico que publicaba<br />
en la capital dominicana el exiliado venezolano Tomás Ignacio<br />
Potentini: El Nacional. Ulises Heureaux, entonces Presidente de la República<br />
lo nombra en 1885 Oficial Mayor del Ministerio de Fomento, pasando<br />
a ser Secretario de la Gobernación provincial, lo mismo que Director<br />
de la Gaceta Oficial. Heureaux (a) Lilís, le prodigó su amistad y posiblemente<br />
su admiración, porque el General era también hombre de romanticismos<br />
ocultos y faldas traídas desde París. Scanlan, trovador y enamorado,<br />
debió ser como se dice hoy, un buen «partner» para las andadas de Lilís,<br />
aunque no existan datos que lo comprueben. La personalidad de Scanlan,<br />
su preparación y experiencia políticas, ya que fue diputado y general
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
40<br />
en su país, influyeron en que el Presidente Heureaux lo atrajera como colaborador.<br />
No sabemos si se habían conocido durante su primer viaje veinte<br />
años antes. En 1886 Scanlan adoptó la nacionalidad dominicana. Serenatero,<br />
bohemio, enamorado, y satírico, sus casi nueve años finales de residencia<br />
en Santo Domingo lo convirtieron en figura popular de la trova.<br />
De los herederos de su trova no tenemos muchas noticias, pero es evidente<br />
que Scanlan dominicano por adopción, se puede considerar el más temprano<br />
de nuestros trovadores. En 1946, la Editora Montalvo, publica bajo<br />
la firma del polígrafo dominicano Emilio Rodríguez Demorizi, el libro<br />
Canción y Poesía de Scanlan, (Editora Montalvo, 1946) en el cual se recogen<br />
y preservan algunas de sus composiciones con transcripciones llevadas<br />
a cabo por el notable músico dominicano José Dolores Cerón. En muchos<br />
de los textos de Scanlan florece la rima becqueriana, en «Ay, lo se», por<br />
ejemplo el endecasílabo inicial se corta con sextasílabo, como en muchas<br />
de las rimas del poeta sevillano.<br />
Se que soy para ti cual flor marchita / sin atractivos ya, / y tú la mariposa que<br />
/ desprecia esa flor al pasar. / Se que soy como el lago de agua escasa, / bajo el /<br />
ardiente sol, / y tú gallardo cisne que alza el vuelo / a otro lago mejor.<br />
En 1883, todavía en Azua, escribe «Siempre», publicada su letra en el<br />
diario El Nacional, de Potentini. Y trasladado a Santo Domingo las letras de<br />
algunas de sus canciones aparecen en las páginas del periódico, como acontece<br />
con «Otra vez», publicada tanto en El Teléfono, en 1886 y reproducida<br />
luego, de manera póstuma en 1898, por el Listín Diario.<br />
Uno de los versos de esta canción parecen presentir la futura ausencia<br />
que se produciría con su desaparición casi un año después de publicada la letra<br />
por vez primera. Para marcar el momento romántico, y es parte de la leyenda,<br />
los viejos de hace muchos años, como Fredesvinda Viloria y Francisco<br />
Veloz Molina, cercanos al fusilamiento o más que nada a las historias sobre<br />
el mismo, señalaban que la amante, Emilia, visitaba los días de finados<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
41<br />
ambas tumbas, lo que da un sabor de pasión y fidelidad indecisa sólo capaz<br />
de ser producido por la poesía que se torna en tragedia. Tema de bolero trágico<br />
o de telenovela post moderna.<br />
Y mañana mi nombre y mis estrofas / ¿A dónde, a donde irán? / Estas líneas,<br />
leyendo, ¿Quién mañana / de mi se acordará?<br />
Algunas de las canciones de Scanlan aparecen con su texto musical, como<br />
Ay lo sé, Dime hermosa, Ora por mi, No te enfades, Yo me quemo mujer en<br />
tus ojos. El investigador dominicano Miguel Holguín Veras, en su obra titulada<br />
Acerca de antiguas canciones dominicanas, Academia de Ciencias de la<br />
República Dominicana, 2001, transcribe la letra y música de la canción titulada<br />
Estrella mía, también llamada En donde estás, según versión como la<br />
de Julio Arzeno. Las versiones musicales, transcritas por José Dolores Cerón,<br />
están en ritmo de 2 por 4, o sea el ritmo clásico del bolero, la de Arzeno en<br />
compás de 3 por 4 según lo hace notar Holguín Veras. Si el 2 por 4 fuera el<br />
ritmo original de la canción estaríamos, posiblemente frente a un bolero, lo<br />
que habría que profundizar, pues coincidiría como tal con la fecha en la que<br />
se «inventa» el bolero cubano.<br />
Poeta romántico tardío, Scanlan encarna la pasión y el entorno nacional<br />
del siglo XIX dominicanos. Sabemos que existía una trova nacional,<br />
paralela, quizás a la trova cubana y de otros países, como la había en Venezuela<br />
en el momento de la salida de Scanlan, y como la había en La Habana<br />
y en Santiago de Cuba y Puerto Rico en el momento en que Scanlan<br />
decide volver a la República Dominicana e instalarse nuevamente en<br />
Azua. Debido a que es imposible recoger sensibilidades y ámbitos sin el dato<br />
preciso, es difícil establecer cómo y de qué manera la trova de Scanlan<br />
fue fundamental en la nucleación de grupos dominicanos que siguieron sus<br />
canciones y que cantaron y usaron con él la serenata romántica en aquella<br />
ciudad reducida, (llamada por Tulio Cestero, «ciudad romántica»), de<br />
entonces. Pero las canciones recogidas por Demorizi estaban entre las que
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
42<br />
todavía se cantaban durante el primer cuarto del siglo XX, como lo demuestran<br />
las transcripciones del maestro José Dolores Cerón y las de Arzeno,<br />
quienes de no haberlas oído y copiado no hubieran podido hacerlas.<br />
En su Cancionero Romántico de Ayer y de Hoy, (Editora Montalvo, s/f)<br />
Américo Cruzado reproduce varias letras. Seguidores de este tipo de trova,<br />
algunos como compositores, otros como compositores y cantantes fueron<br />
Valentín Contreras, José Cielito García, Julio Cambier, Dominicano<br />
Peña, Enrique Saldaña, José Álvarez, Bartolomé Olegario Pérez, (Llallo),<br />
Ulises Heureaux hijo, Pilolo Ramírez, Raudo Saldaña, (orientador de Antonio<br />
Mesa), Salvador Sturla, Teódulo Pina Chevalier y Alfredo Sánchez,<br />
entre otros. Scanlan debió ser el cantor de las bellas azuanas de su época.<br />
Sus poemas, publicados en parte por Rodríguez Demorizi, corren parejos<br />
con su obra de bien ganada fama, que alcanza hasta nuestros días y lo convierten<br />
en un cantor en cuyas inspiraciones se siente el sincopado ritmo<br />
de lo que podría ser un bolero. Su esposa Rosa, en Caracas, y su dos hijos,<br />
tal vez no volvieron a verle. Atrapado por la belleza de la mujer dominicana,<br />
Scanlan se quedó para siempre entre nosotros. Una de las canciones<br />
de Scanlan titulada La mariposa se preserva, lo mismo que la titulada Serenata,<br />
en la voz de Anonio Mesa, quien las grabara con el Grupo Quisqueya<br />
en los finales de 1920, como lo consigna Arístides Incháustegui en<br />
su obra titulada Por Amor al Arte, (Secretaría de Estado de Educación, Bellas<br />
Artes y Cultos, 1995) Estas canciones revelan que posiblemente para<br />
esa época algunas de las composiciones de Scanlan seguían siendo populares,<br />
y pudiera ser que dada la relación del trovador Raudo Saldaña con<br />
Mesa, otras de estas canciones, desgraciadamente no grabadas, hubiesen<br />
permanecido en el alma de los dominicanos. Valdría el análisis musical y<br />
el experimento de reproducir las músicas de Scanlan, las pocas que quedan,<br />
y volver a interpretarlas orquestalmente, o bajo el sonido agreste de<br />
la guitarra. Yo, personalmente, trataría de interpretarlas en un 2 por 4, que<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
43<br />
como en el caso de Estrella mía me permitiera pensar que Scanlan escribió<br />
boleros antes que cualquier otro compositor antillano.<br />
LOS PRIMEROS ESPACIOS BAILABLES<br />
Para describir los espacios que el bolero heredara en la República Dominicana,<br />
–porque el bolero no creó espacios físicos, sino que los heredó–<br />
vayamos a la descripción de Francisco Veloz Molina sobre la organización<br />
de fiestas en los finales del siglo XIX y los principios del XX, contenidos<br />
en su libro La Misericordia y sus Contornos 1894-1916. (Banco Central de<br />
la República Dominicana, 2003).<br />
En el barrio de La Misericordia no todo el mundo tenía piso de cemento.<br />
El piso de tierra no era muy apto para bailes, y por lo tanto sólo algunas familias<br />
estaban en disposición de alquilar sus espacios para la música y el baile.<br />
Entre estas familias estaba don Simón, de oficio carretero, cuyas hijas Isabel y<br />
Emilia, llamadas Las Becá, organizaban fiestas de alquiler debido a que el piso<br />
era importante cuando de bailes se trataba. Las orquestas de los bailes de<br />
entonces, y principalmente las que tocaban en la casa de Las Becá, tenían todas<br />
la misma instrumentación, y en los bailes tocaban los músicos mas distinguidos<br />
de la ciudad. Existían los mirones, y tal vez, digo yo, los «paracaidistas»,<br />
como llamaríamos posteriormente a los «invitados furtivos» que asediaron<br />
en los años del bolero barrial los bailes del momento. El autor permite distinguir<br />
cuál el era el instrumental de las orquestas de finales del siglo XIX en<br />
relación con los bailes: primero y segundo clarinete, bombardino (importante<br />
para la ejecución de la danza puertorriqueña), bugle, contrabajo, bajo, güiro<br />
y pandero. Un poco más tardíamente se incorpora al parecer, el cornetín<br />
con sordina. La vestimenta era estricta, y debía cumplirse al pie de la letra. Por<br />
ejemplo: las damas todas deberían vestir de un color y los caballeros con la indumentaria<br />
que para el caso se eligiera. La modalidad señala que para asistir a<br />
la fiesta había que hacer acopio temprano de los recursos del vestir. Por tales
Balcón interior<br />
en la casa<br />
de Lilís, hoy Casa<br />
de Las Academias.<br />
Al centro, con saco<br />
oscuro y pantalón claro,<br />
Ulises Heureaux.<br />
razones las invitaciones se hacían con un mes de antelación. Los programas<br />
de baile, se organizaban del siguiente modo: comenzaban con un vals, luego<br />
una danza puertorriqueña, la polca, y la mazurca, pero un elemento criollo cerraba<br />
el baile, nada menos que el carabiné, en el que el zapateo era en sí el remedo,<br />
opinamos, de lo español y lo africano en conjunción.<br />
Estos bailes de alquiler durante los finales del siglo XIX, como el de Las<br />
Becá, concitaban la presencia en la calle de cientos de mirones que constituían<br />
un público capaz de premiar con sus aplausos a los músicos, a los bailadores<br />
y la vestimenta. Francisco Cerón, según el autor, era de los bailantes<br />
que usaba traje de levita, y abanico para refrescarse mientras ejecutaba<br />
sus movimientos como bailarín exquisito de la danza y el danzón, ya presentes<br />
en los finales del XIX en Santo Domingo.<br />
Durante algunas festividades como las de La Misericordia y la Cruz de<br />
Mayo, el baile salía hacia las calles. Se bailaba en las calles y la procesión<br />
era festiva. Los bailes callejeros tenían sus estaciones y sus acogedores.<br />
Durante un mes cada noche, en honor a la Cruz de Mayo se bailaba, y la<br />
ciudad era una sola sala de fiestas en la que cada familia que se considerara<br />
pudiente acogía a las bailadoras en una mezcla de adoración y festividad<br />
casi pagana. En los finales del siglo, los carnavales alcanzaron, con<br />
los clubes y los salones de clase media enorme importancia. De modo que<br />
el espacio para que el bolero entrase en la vida dominicana como elemento<br />
inquebrantable se daba de manera plena, y fue sólo cuestión de incorporar<br />
la novedosa presencia del ritmo a un espacio que estaba listo para<br />
recibirlo.
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
46<br />
PRIMEROS BOLEROS EN LA REPÚBLICA DOMINICANA<br />
Se ha analizado muy poco la presencia de Sindo Garay en la República Dominicana.<br />
El gran Juan Lockward ha facilitado informaciones relativas a la<br />
relación entre Sindo y Danda Lockward, su padre. Se sabe que La Dorila,<br />
Criolla del dominicano Alberto Vásquez se fue en voz de Garay a Cuba y<br />
que su acogida fue tal que se cantó como pieza diaria en las veladas de los<br />
cantores, luego llamados trovadores, al punto que uno de ellos, especialista<br />
en cantarla, como lo fue Eduardo Reyes, recibió de parte del propio Garay<br />
el mote de La Dorila, porque como afirma Sindo «se hizo famoso cantando<br />
la canción dominicana».<br />
Las memorias de Sindo Garay permiten establecer claramente que el bolero<br />
llegó a la República Dominicana en 1895. Antes de que la radio existiera<br />
y lo difundiera ya adulto hacia México en los años quince y hacia diversos<br />
lugares de América Latina, incluyendo Puerto Rico, más tarde fue<br />
parte de la trova cubano-dominicana de la cual habla ampliamente Garay.<br />
Por lo tanto es válido suponer que la influencia de Garay en nuestros trovadores<br />
fue importante, y que desgraciadamente, y debido a la época será difícil<br />
establecer con claridad cuál ha sido la misma en trovadores y compositores<br />
de aquellos años. Lo cierto es que Garay define y recalca muy claramente<br />
cuándo lo que compone es una «canción» y cuando es un «bolero».<br />
Por lo tanto, citaremos más adelante sus textos. Sus boleros dominicanos<br />
fueron escritos entre 1895 y 1900, fecha en la que vivió entre nosotros y habría<br />
que considerar el bolero titulado Puerto Plata, como el más antiguo bolero<br />
conocido escrito en el país. Valdría la pena recuperar su música en los<br />
archivos cubanos, pues la letra está presente en las memorias de Sindo.<br />
LAS MEMORIAS DE UN TROVADOR<br />
En Sindo Garay: Memorias de un Trovador, (Editorial Letras Cubanas,<br />
1990), libro escrito por la cantante Carmela de León usando las entrevistas<br />
Juan Lockward,<br />
considerado el más alto<br />
ejecutante de la trova<br />
nacional.<br />
Abajo: Juan Lockward,<br />
sus composiciones<br />
pertenecen al corazón<br />
de los dominicanos.
Sindo Garay, compró<br />
una guitarra en<br />
Dajabón y durante casi<br />
5 años recorrió el país<br />
con su canto.<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
49<br />
a Garay, los datos dispersos sobre la estada en nuestro país del cantante y popular<br />
compositor obligan a un análisis clarificador que nos lleva a considerar<br />
que fue el cantor cubano el primero en componer boleros en la República<br />
Dominicana y el primero en cantarlos. Garay era hombre de la trova cubana,<br />
discípulo, amigo y protegido de Pepe Sánchez, y llegó desde Cuba hacia<br />
Haití en un circo en el cual era acróbata, maromero y cómico. Fracasado el<br />
grupo encabezado por un tal Bonne, (sic) uno de los dueños del pequeño espectáculo,<br />
Garay, luego de pasar ciertas penurias en Cabo Haitiano, fue a tener<br />
a Dajabón pasando por Juana Méndez. En Dajabón hizo relación con<br />
campesinos que utilizaban guitarras rústicas, de las que con dificultad pudo<br />
conseguir alguna de mala calidad y se dedicó a trabajar talabartería haciendo<br />
espuelas y sillas de montar. Su principal oficio en Dajabón fue el de talabartero,<br />
el que había aprendido en Cuba tal vez cuando era un niño y el que<br />
también le permitió vivir parcialmente durante los años que pasó en la capital<br />
dominicana.<br />
Sindo Garay llegó a la República Dominicana a comienzos de 1895, y ese<br />
mismo año conoció en Dajabón a José Martí, y pudo estrechar su mano. Como<br />
bien apunta, su ilusión era darse a conocer como autor. «Con todo comencé<br />
a reunirme con los cantadores populares de la República Dominicana».<br />
La afirmación del cantante permite suponer que había ya en el país<br />
cantantes populares de la misma factura de Garay. Las reuniones fueron importantes<br />
porque al través de ellos las canciones de Garay recorrieron varios<br />
puntos del país. Es importante, dadas las afirmaciones de Garay que más<br />
adelante anotamos, establecer que el ambiente, la atmósfera del bolero, pareció<br />
iniciarse con el cantautor cubano. Ni había grabadoras, ni era posible<br />
recuperar aquellas melodías y letras luego de su partida, sin embargo hemos<br />
de citar algunas de las canciones que compuso Garay entre 1890 y 1900,<br />
puesto que en el lapso 1895-1900 hay mucha composición que pudo haber<br />
sido hecha en nuestro país. El listado, si siguiera un orden preciso, parece
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
50<br />
consolidar que mucho de lo escrito a partir del bolero titulado Puerto Plata,<br />
fue creado en nuestro territorio. Los boleros escritos a partir del bolero Puerto<br />
Plata, son los siguientes, según el orden de publicación en que recoge los<br />
títulos la León: Que me importa mujer si el destino, Quiero tenerte junto a mi,<br />
Quisiera ser, Segunda, Si algún día me llegas a faltar, Si algún día te olvidas de<br />
mi, Siento un golpe mortal y no me quejo, Sindo sabe, Te dije adiós, y aquel adiós<br />
tan triste, Temblaste de impresión, Tristes recuerdos, Tu rostro. Ubicamos estos<br />
boleros como escritos en Santo Domingo porque siguen a Puerto Plata, bolero<br />
que el propio Sindo dice haber escrito y eliminado de su repertorio luego,<br />
y cuya letra reproducimos. Sindo dice haber sacado de su repertorio el<br />
bolero como una especie de protesta por la represión contra varios cubanos<br />
bajo el régimen de Heureaux. Vale recordar que el dictador era oriundo de<br />
Puerto Plata.<br />
Como el cuadro que presenta la León datando los boleros de Sindo comienza<br />
en 1890 y termina en 1900, no estamos seguros de que algunos de<br />
los boleros anteriores a Puerto Plata hayan sido escritos en Santo Domingo.<br />
De estos boleros, considerados como tales por el propio Sindo, hay muy pocos<br />
registrados, y otros estrenados muchos años luego de compuestos, como<br />
acontece con el titulado Sindo sabe, estrenado en 1913.<br />
Durante casi cinco años Garay se movió por todo el territorio dominicano<br />
y como exiliado buscaba fondos para la causa de la liberación cubana.<br />
Fue artista y maromero a tiempo completo, cantando con amigos y grupos<br />
de trova en Puerto Plata, Santiago, Dajabón, y Santo Domingo, según relata<br />
en sus memorias.<br />
Pronto dividió sus estadas en Dajabón, viniendo un mes a la capital y<br />
quedándose otro en el interior. En la capital y en Santiago de los Caballeros<br />
encontraba ambientes más propicios para sus giras musicales.<br />
En principio la angustia de no tener una guitarra le mordía el alma, sufría<br />
por ello, hasta que unos hateros le vendieron la primera, de la cual hemos<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
51<br />
hecho referencia antes, y con la que inició su línea de composición en el<br />
país. Vale quizás decir que Garay, como discípulo de Pepe Sánchez, posiblemente<br />
trajo al país el tipo de bolero de finales del siglo XIX que el autor cubano<br />
popularizó. No sabemos cuántas veces cantaría Garay el tema Tristezas,<br />
de Sánchez, y boleros de cancioneros cubanos que eran seguidores del<br />
mismo. Si así fuera, Tristezas, el bolero fundacional, se habría escuchado en<br />
la voz de Sindo en la República Dominicana por vez primera fuera de Cuba,<br />
sin embargo es un dato de difícil comprobación. Según las confesiones<br />
publicadas por la señora León, Garay se sintió cómodo en el espacio dominicano,<br />
con características similares a las del Oriente de Cuba. Garay saludó<br />
a Martí en Dajabón, antes de la partida de éste en abril hacia Dos Ríos,<br />
y pocos minutos después de haber conocido al apóstol Martí, comenzó lo<br />
que podría ser una de sus primeras composiciones en tierra dominicana, una<br />
inspiración que tituló Semblanza de Martí. Martí estaría en el país dos meses<br />
antes de embarcarse con Máximo Gómez en la lucha por la liberación de<br />
Cuba que lo llevó a la muerte temprana en un desembarco que arribó a su<br />
destino el 11 de abril del 1895, por lo tanto estamos hablando del saludo de<br />
Sindo y de su composición, una canción y no un bolero, durante el primer<br />
tercio del año 1895.<br />
Con su «guitarro», hizo sus primeras composiciones en la República Dominicana,<br />
muchas de ellas fueron creadas a partir de ese «guitarro». Él mismo<br />
dice que no tenía otro oficio que el de cantar, y componer, y desgraciadamente<br />
sólo conocemos algunas de las letras de las canciones y boleros<br />
creados y cantados por él en la República Dominicana. «Surgían del instrumento<br />
y de mi voz como si fuera la corriente de un río, melodías y más melodías,<br />
que no eran más que lamentos nostálgicos de mi tierra lejana». La<br />
frase es contundente, porque revela la creatividad de Sindo y su inspiración<br />
constante en territorio dominicano, característica que lo comprometió con<br />
numerosos troveros y músicos locales de la época.
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
52<br />
BOLEROS Y BÉISBOL<br />
Hacia 1896 Sindo Garay había ya compuesto varios boleros, y parte un poco<br />
definitivamente hacia la ciudad de Santo Domingo. El béisbol, introducido<br />
en el país por los cubanos Ignacio y Diego Alomá en 1891, era ya espectáculo<br />
y Garay hacía las veces de maromero, cantante y saltimbanqui recogiendo fondos<br />
para la lucha cubana. Desde 1896 a 1899, Sindo hizo música en la capital<br />
dominicana. En esa estada conoció a Alberto Vásquez, a Emilio Arté, y a Julio<br />
Monzón, que era director de la banda de música de Puerto Plata. Confiesa sus<br />
numerosos recorridos dentro del país. En 1899 se había ido a Santiago de los<br />
Caballeros, su otro Santiago, donde encontró el amor de su vida en la santiaguera<br />
María Petronila Reyes, con quien formó familia y con quien viajó a Cuba<br />
de regreso en 1900. Emilio Arté según informaciones de César Augusto Pichardo<br />
Petitón (a) Billillo Pichardo, y datos que aportaran Leovigildo Madera<br />
y Leonel Cantisano en conversaciones sobre el tema, era hijo de Rafael ldefonso<br />
Arté, músico español que llegó al país durante la anexión a España quedándose<br />
del lado de los patriotas y fundando luego la Banda Militar de música de<br />
Santiago en 1868. Durante ese mismo año nació su hijo Emilio, quien precisamente<br />
fue amigo de Sindo, nacido en 1867. Arté hijo fue saxofonista y guitarrista,<br />
dato que hace suponer que fue al través de este instrumento que entablaría<br />
amistad con Sindo, quien igualmente fue un excepcional ejecutor de la<br />
guitarra. Más tarde Arté fundó orquestas en varios lugares del país mucho antes<br />
de 1930. (La Enciclopedia Dominicana, Vol. I página 101, recoge una pequeña<br />
nota sobre el músico español y su descendencia.)<br />
Para la historia musical dominicana es importante apuntar que el propio<br />
Sindo señala que al poco tiempo de llegar a Santiago investigó sobre el ambiente<br />
musical. Formó en Santiago de los Caballeros, en 1899, un grupo de<br />
amigos para cantar, «y no era raro verme rodeado de gente que me admiraba,<br />
sobre todo, los cantadores populares, y muchas mujeres que se me acercaban<br />
atraídas por mi canto y mi guitarra». ¿Qué cantaba Garay? Lo afirma en<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
53<br />
varias partes de su biografía, cantaba «boleros» y «canciones». Sindo es muy<br />
cuidadoso cuando habla de sus composiciones y en el listado que se publica<br />
en sus memorias vale la pena ver que se citan las canciones, las que sin dudas<br />
provienen por su estilo de las viejas romanzas europeas, y los boleros, novedosas<br />
formas inauguradas por su maestro Pepe Sánchez.<br />
La evidencia de que Sindo compuso música en nuestro país esta contenida<br />
en sus propias palabras, cuando al referirse a su llegada a la capital en<br />
1896 y hasta 1899, empleó largo tiempo en la composición. Vale su confesión<br />
que es como sigue: «Estuve en Santo Domingo hasta el año 1899<br />
más o menos. En ese tiempo me dediqué a componer canciones y boleros.<br />
Me había aclimatado al lugar y sentía por aquel país una gran simpatía y<br />
cariño… Dentro de la República Dominicana hice numerosos, incontables<br />
recorridos».<br />
El bolero llamado Puerto Plata, del cual se publica la letra en el libro de<br />
Carmela de León, fue escrito en 1897, y Sindo lo califica como bolero.<br />
Puerto Plata es el pueblo querido / donde Cuba reclina la frente; / es el pueblo<br />
más independiente / es recinto de la humanidad / Brilla el sol en sus praderas / como<br />
en Cuba el cielo brilla, / son modestas maravillas, / sus mujeres sin igual.<br />
En la lista de las composiciones de Garay escritas entre 1890 y 1900, aparece<br />
el bolero Puerto Plata. No sabemos si Puerto Plata es el inicio cronológico<br />
de las trece canciones que siguen hasta arribar a 1900. Vale decir, además,<br />
que no todas las canciones de Garay fueron recogidas, puesto que algunas<br />
quedaron en el olvido, y que por lo tanto muchas de ellas debieron escucharse<br />
en la trova dominicana durante su estada en el país. Estamos hablando<br />
de un cantante y autor que dice haber compuesto diariamente boleros<br />
y canciones en Santo Domingo, que participó en peñas en Santo Domingo,<br />
Santiago, Dajabón y Puerto Plata y que confiesa haber recorrido el<br />
país con su guitarra, como cantor, como bohemio, puesto que su característica<br />
fue la bohemia.
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
54<br />
SANTIAGO ES SANTIAGO<br />
Lo que nos queda por decir de Sindo es que sin dudas el trajo el bolero a<br />
la República Dominicana, antes de que la radio nacional comenzara a difundirlo<br />
de manera casi masiva a partir de mediados de los años 30 y ya en los<br />
40 del siglo XX. Se trataba, claro está, de un bolero de trova, ajeno al baile,<br />
cercano más que nada a la serenata, a los quehaceres de amigos, a las reuniones,<br />
al trago entre bohemios y a la vida de gozadores de la fortuna que la<br />
belleza de una mujer proyecta para convertirse en inspiración. Ahora bien,<br />
para abundar sobre el tema relativo a la posibilidad de que el bolero continuara<br />
la ruta de Sindo en Santiago de los Caballeros, valen las informaciones<br />
de Billillo Pichardo de que en dos sitios de Santiago de los Caballeros,<br />
entre los años 1915 y 1920, el bolero era cantado como parte de la vida bohemia<br />
en los sitios de trova, como el de Enrique Espinal, donde se reunían<br />
las figuras principales de la guitarra en el Cibao y las voces más importantes.<br />
Habría que decir que ya a finales de los años veinte la influencia notoria<br />
del compositor puertorriqueño Rafael Hernández había alcanzado la trova<br />
y la música dominicana. Las grabaciones con la Columbia y la Víctor de<br />
varios cantores dominicanos revelan en sus sellos la presencia de temas calificados<br />
como «boleros». Eduardo Brito grabó con la definición de bolero<br />
Mi llegada a Macorís, de Bienvenido Troncoso, Encalácate, de Julio Alberto<br />
Hernández, Ingrata, de Bienvenido Troncoso, Sueño azul, de Chencho Pereyra,<br />
y también durante esos años otras como Los mangos de Baní, de Piro<br />
Valerio; ¿se podrían llamar boleros, en el sentido de la trova y el modelo cubano<br />
estas piezas, las que en ocasiones eran realmente guarachas? Con la difusión<br />
desde 1927 del las canciones del Trío Borinquen, el que grababa para<br />
Santo Domingo con el nombre de Trío Quisqueya, habían entrado en el<br />
gusto dominicano las composiciones del bardo Rafael Hernández. La presencia<br />
de Antonio Mesa como integrante del trío fue un factor que influiría<br />
en la inclusión de temas nacionales y de piezas consideradas igualmente<br />
Bienvenido Troncoso,<br />
compositor y músico y<br />
uno de los grandes<br />
impulsores de la canción<br />
«criolla».
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
56<br />
como boleros. En la discografía de Antonio Mesa, integrante con Ithier y<br />
Rafael Hernández del Trío y /o Conjunto Quisqueya, se consignan como boleros<br />
obras de Bienvenido Troncoso como son Allá en el Edén, Anatalia, Las<br />
notas de mi lira, y Por la carretera. Del mismo modo aparecen como tales algunas<br />
de Julio Alberto Hernández y Raudo Saldaña.<br />
Las firmas Columbia y Víctor, lanzadas en la búsqueda de talentos antillanos,<br />
usando la definición antropológica de «música étnica», grabaron<br />
numerosas piezas, y culminó buena parte de ese proceso cuando en 1940,<br />
dos años antes de la creación de La Voz del Yuna, y patrocinadas por la firma<br />
Columbia, se grabaron varias piezas de Luis Alberti en los estudios del<br />
buque argentino SS Argentina. Cinco boleros llegaron por esta vía al acetato,<br />
son estos Anhelo, Prisionera, Tú no podrás olvidar, todos de Alberti,<br />
Oculta pasión, de Ramón Gallardo y Por el mar, de Tantán Minaya. Leopoldo<br />
Stokowski, produjo un concierto popular en el antiguo Parque Ramfis,<br />
hoy Eugenio María de Hostos y fue presentado en varias radioemisoras<br />
como HIN y HIX.<br />
Sin dudas la presencia del gran maestro fue el primer paso de la dictadura<br />
para enarbolar la música dominicana y darle carisma internacional. Vale<br />
señalar que entre las grabaciones, cantadas por Pipí Franco y Buenaventura<br />
Buisán, estaban los merengues que eran loas al dictador Trujillo y que la orquesta<br />
que los grababa era, precisamente la Presidente Trujillo, obra del propio<br />
dictador. El retorno de Trujillo, de Goyo Rivas, Najayo, y Llegó, de Alberti<br />
completaban la lista merenguera en la que se proclamaba la grandeza del<br />
llamado Benefactor de la Patria. En aquel momento grabó Alberti, Compadre<br />
Pedro Juan, el que ha sido como merengue clásico un símbolo nacional.<br />
(Para una información mas detallada sobre este período de las primeras grabaciones<br />
y canciones llamadas «boleros», vale la enriquecedora obra de<br />
Arístides Incháustegui titulada Por Amor al Arte, (Secretaría de Estado de<br />
Educación, 1990.)<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
57<br />
En cuanto al bolero, Alberti venía de Santiago y no era ajeno a este tipo<br />
de composición. El bolero pareció tener allí mucha importancia, y es muy<br />
posible, aunque el dato sea sólo oral, que Pululo García, antes de los años<br />
30, compusiera boleros como el llamado Tomasina, entre otros ya perdidos.<br />
Billillo Pichardo, hermano de don Tin Pichardo, señala que en el bar o sitio<br />
de Enrique Espinal donde también se bailaba el son cubano, el bolero se<br />
interpretaba con frecuencia con los acompañamientos a la guitarra del gran<br />
Chencho Pereyra. Dos sitios de la época fueron cuna tradicional de la trova<br />
bolerística, que al parecer fue más popular en Santiago que en la capital, el<br />
llamado «Callejón de los Sentaos», ubicado entre las calles Sánchez y la<br />
Mella, lugar de lenocinio, y la casa de doña Inocencia, precisamente todo lo<br />
contrario, pues Inocencia, cuyo apellido habría que rescatar, era persona<br />
honrada y allí ni siquiera se bebían tragos, de modo que era un lugar de simplemente<br />
gozar la música y la tertulia.<br />
El maestro Julio Alberto Hernández señala en su obra titulada Música<br />
Tradicional Dominicana, (J. D. Postigo Editores, 1969) que el bolero en la<br />
guitarra de trovadores del año 1921, tenía vigencia como ritmo popular, y<br />
apunta que durante la epidemia de viruelas de ese año, «el Departamento de<br />
Salud hizo obligatoria la vacunación, pero tan mal aplicada que muchos vacunados<br />
perdieron el brazo». En aquel momento el maestro Danda Lockward,<br />
escribió un bolero de orden satírico, según las propias palabras del<br />
maestro Hernández, lo que corrobora que por lo menos en Santiago de los<br />
Caballeros esta música era usada igualmente para expresiones y críticas populares.<br />
Hernández reproduce en su libro, página 28, las letras de Danda y<br />
el pentagrama de la pieza, que rezaba:<br />
Mala acción, procedimiento cruel / es la ley de la vacunación, / todo el pueblo<br />
entero, hombres y mujeres, / sufren sin comparación. / Ay, la ley de la vacunación.<br />
También en tiempo de bolero y para la misma época «el celebrado acordeonista<br />
Cutá Martínez, deseando superarse en la ejecución de la música
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
58<br />
criolla, a la vez que contribuir al desarrollo de la misma algo estancada por<br />
el uso del acordeón rudimentario, quiso aprender los ritmos de la guitarra<br />
que a su juicio daba mayor relieve y personalidad de artista popular». Señala<br />
Julio Alberto Hernández, que a modo de burla por el cambio ejecutado<br />
por Cutá de acordeón a guitarra, Rafael González (Fello), le criticó, a lo que<br />
Cutá respondió con un bolero usando el mismo texto musical citado antes.<br />
Este tipo de actitud era común en el ámbito musical, y alcanza, como en el<br />
caso de las trovas y de la música de reto y respuesta los boleros modernos.<br />
Por seguir tus huellas, y la respuesta al mismo, bolero de los años 50, son un<br />
ejemplo de este tipo de reto y respuesta. El bolero de Plácido Acevedo, éxito<br />
con el Sexteto Borinquen, originó, como muchos, la contestación a Por<br />
seguir tus huellas, que hizo famosa el dúo Pérez Rodríguez.<br />
En lo que se refiere al bolero dominicano y a este modelo es lástima que<br />
Hernández no insistiera en sus informaciones sobre el bolero, pues sin dudas<br />
fue él un testigo claro de los años veinte y de una época en la que según<br />
nuestras investigaciones ya el bolero cubano era común en Santiago de<br />
los Caballeros.<br />
Entre 1930 y 1937, el grupo La Malatería, compuesto por estudiantes<br />
entre los que se encontraban Juan Sánchez Correa, Diógenes Silva (autor<br />
de Maybá), Mimino García y Pachín Bornia interpretaron boleros casi al<br />
final de esa década con enorme éxito. Habría que señalar, entre otros, a<br />
partir de los años veinte a la orquesta La Bohemia, de Pabín Tolentino, la<br />
que incorporaría boleros en su agenda en los años de 1932 y 1933. Entre<br />
los trovadores, el más popular y el mejor, años después lo sería Guaroa Madera,<br />
quien perteneció a varios tríos y luego fue cantor en el orden de la<br />
trova. Vale decir, de paso, que el son cubano caló en el país con la presencia<br />
primero de Floro y Corona, quienes visitaron la República Dominicana<br />
a mediados de los años veinte y cantaron además boleros. Luis Alberti,<br />
quien pasó de la orquesta tipo jazz band, a la llamada Orquesta Lira del<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
59<br />
Yaque convertida luego en orquesta Presidente Trujillo, ya en 1934 aceptaba<br />
el bolero, aunque sus músicos tenían cierto recelo con el mismo. Se<br />
dice que en cierta ocasión estrenó uno de sus boleros haciendo creer a sus<br />
músicos que era una nueva composición de Agustín Lara. En los años cuarenta<br />
(hablamos siempre del siglo XX) Niño García escogía intérpretes en<br />
Santiago para la ejecución de música en lugares en donde había fiestas improvisadas<br />
y sin verdaderas orquestas permanentes. En aquellos años el<br />
«set» bailable comenzaba ya con mangulina o merengue, bolero, pasodoble,<br />
danzón y danza. Habían crecido los clubes como el Gurabito (1935-<br />
40), el Club de Damas, el Centro de Recreo, el Club Santiago y otros.<br />
Santiago recuerda las participaciones de los hermanos Vásquez en diversas<br />
orquestas de época, y de Esteban Vásquez, cuyos hijos fueron igualmente<br />
músicos ligados al bolero y al son, uno de los cuales, Tavito Vásquez, alcanzó<br />
la maestría con el saxofón convirtiéndose en el más alto virtuoso de<br />
este instrumento en la República Dominicana.<br />
Para completar este apretado espacio dedicado a Santiago, vale la pena<br />
Parte del llamado<br />
«Callejón de los<br />
sentaos», Santiago.<br />
Lugar de trovadores<br />
y bohemios.
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
60<br />
hablar de otros elementos ligados al bolero allí. Es importante decir que en<br />
agosto de 1930, el Trío Matamoros estrenó para Santiago el bolero de Nilo<br />
Meléndez titulado Aquellos ojos verdes. En 1940 ya el Café del Yaque se había<br />
convertido en un escenario para el bolero, y la influencia de la Voz del<br />
Yuna, a partir de 1942, se haría sentir, captando lo mejor de la trova y la tradición<br />
nacional, dentro de la cual estaba la tradición santiaguera que se puede<br />
colegir de lo dicho en las palabras anteriores. Entonces Bonao se convirtió<br />
en una meca importante y poco después, la capital.<br />
No sabemos si en las canciones del maestro Danda Lockward, casi todas<br />
desconocidas, quedó la influencia del Sindo inicial. Por la información ya<br />
citada de Julio Alberto Hernández sabemos que además de canciones, compuso<br />
boleros. No sabemos si en las composiciones de Alberto Vásquez hay<br />
remedos de Sindo, y desde luego, si las hubo en otros, aunque habiendo alcanzado<br />
la música de Scanlan el acetato en la voz de Mesa siendo música<br />
del siglo XIX, músicas posteriores debieron seguir siendo populares. Sin embargo<br />
estamos seguros de que se produjo el empalme, como pareció haber<br />
ocurrido en Santiago donde el bolero estaba presente en las tertulias de<br />
1915 y 1916, y tal vez antes. No es de dudar que el predominio del son, y de<br />
músicas más movidas, muchas de ellas dispersadas por las grabaciones que<br />
generaban tertulias y reuniones, dejaran un poco atrás este tipo de melodía.<br />
Sin el ambiente del espacio lúdico, bailable y orquestal, el bolero era un ritmo<br />
más de los tantos ritmos antillanos que luego se expandirían debido a la<br />
creación de un entorno que iba más allá de la música misma, como hemos<br />
ya apuntado.<br />
Según nuestras informaciones Santiago pareció tener una vida bolerística<br />
y farandulera tan intensa como la de la capital, y vale señalar que fueron<br />
famosas las orquestas Matum, 1955, dirigida por el olvidado maestro Gilberto<br />
Muñoz; la orquesta Hollywood de Papi Féliz, también en los cincuenta;<br />
la de Manolo García, la cual debutó en el antiguo Club Santiago de<br />
Carola Cuevas quien<br />
fuera esposa de Alberto<br />
Beltrán, y recorriera<br />
con él, como cantante<br />
de boleros, numerosos<br />
países de América,<br />
aquí posa para la marca<br />
de discos Musart<br />
en los años 60.<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
61<br />
la calle 30 de marzo en 1945, y en la cual figuraban músicos como Bienvenido<br />
Fabián y Luis Quintero.<br />
Para agregar información fundamental en lo relativo al bolero dominicano<br />
habría que referirse al maestro Luis Rivera, de quien Incháustegui, en su<br />
obra ya citada, recopila parte importante de su música en la que el bolero de<br />
estilo cubano tiene presencia dadas las influencias de aquel país en la vida<br />
del maestro. Tendríamos que repetir las giras de Rivera, su relación artística<br />
y como arreglista con Ernesto Lecuona y sus éxitos en giras internacionales.<br />
La canción-bolero Dulce serenidad es del año 1932 y fue escrita en La Habana,<br />
así como Arias íntimas de 1937 y otras. Rivera compuso parte de sus boleros<br />
en la ciudad de Santiago de los Caballeros, como fuera Canción de<br />
amor. Muchas de estas composiciones, entre la que se incluyen canciones<br />
con el viejo modelo de la romanza o la canción de timbre italiano, fueron<br />
interpretadas por nuestro tenor Arístides Incháustegui durante los eventos<br />
de la Feria Nacional del Libro del año 1990, acompañado por el maestro Vicente<br />
Grisolía.<br />
Doble página siguiente,<br />
Luis Alberti, orquesta<br />
Lira del Yaque.<br />
Santiago, 1928.
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
64<br />
LA IMPORTANCIA DEL TEATRO LÍRICO<br />
En el año de 1915, Raudo Saldaña, Américo Cruzado y el jovencito Antonio<br />
Mesa cantaron boleros cubanos en la ciudad de Santo Domingo. Pudimos<br />
en varias ocasiones, en casa de Enriqueta <strong>Maggiolo</strong> de Cruzado, compartir<br />
con don Miquico, (apodo de Américo Cruzado) y escuchar, con la<br />
guitarra o el piano de sus hijas Gilda y Alicia, boleros viejos y canciones como<br />
La Guinda, de Eusebio Delfín, con la que como cantante Cruzado inaugurara<br />
la estación HIX, del Partido Dominicano, en el año 1937. Las canciones<br />
de antaño eran un plato fuerte en la casa de Cruzado, en donde la visita<br />
de compositores y artistas era común. Recordamos haber visto, siendo<br />
niño, al compositor Manuel Sánchez Acosta, durante esos años cuarenta,<br />
quien era entonces practicante de medicina en el Hospital Padre Billini, llamado<br />
La Beneficencia. La residencia estaba en la segunda planta de un edificio<br />
de dos que se mantiene incólume frente al Hospital actual, entonces<br />
dirigido por el novelista, escritor y memorioso Dr. Francisco Eugenio Moscoso<br />
Puello, autor de obras como Navarijo y Cartas a Evelina. Don Miquico,<br />
como le llamaban, era un admirador profundo de Guty Cárdenas y ejecutante<br />
de canciones tales como los boleros Aquellos besos, Pasión, y Nunca,<br />
algunos de los cuales cantaba el autor yucateco. No hay que olvidar que<br />
Guty visitó Cuba en los años veinte y que algunas de sus canciones llegaron<br />
al país en discos de la época. Las victrolas fueron comunes desde muy temprano<br />
en la República Dominicana, y muchos coleccionistas poseen estos<br />
aparatos remedos de una época en la que la electricidad no era tan común<br />
en el país. La manigueta era el mecanismo fundamental de ejecución de las<br />
grabaciones, y era la victrola un importante elemento de aglutinamiento de<br />
la sociedad ligada al gusto por la música.<br />
La trova dominicana desde finales del siglo XIX, y más aun desde 19<strong>05</strong><br />
en adelante estuvo también ligada al teatro lírico. Del mismo modo, y con el<br />
estímulo de las tantas compañías de zarzuela, bufos y variedades que llegaban<br />
Bienvenido Fabián,<br />
gran compositor<br />
dominicano.<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
65<br />
al país, hasta tres por año, la creación de cuadros líricos dominicanos se hizo<br />
fuerte con obritas escritas, muchas de ellas, por José Narciso Solá, padre<br />
de Monina Solá. Otros dominicanos, integrantes del llamado Cuadro Lírico,<br />
fueron el pianista Enrique García, y Vitelio Morillo (Morillito), Emilio<br />
Julio Ñeco, Ismael López, Osvaldo Martínez y Braulio Lustrino.<br />
EL TEATRO COMO FUENTE DE MÚSICAS EXÓTICAS<br />
Poco se ha dicho o comentado de la importancia que tuvieron las presentaciones<br />
musicales teatrales desde finales del siglo XIX hasta 1930, cuando<br />
el ciclón de San Zenón destruyó la ciudad de Santo Domingo y decayó casi<br />
totalmente la presencia de las compañías de baile, canto, ópera, bufos y<br />
espectáculos populares que visitaban el país. Las compañías dominicanas,<br />
como la de Paco Escribano, montaron en el teatro Julia desde 1942 obras<br />
más cercanas a lo bufo que a la zarzuela y el llamado «género chico». El modelo<br />
cómico sustituyó, en gran parte, la escena anterior. Pero desde el último<br />
cuarto del siglo XIX, finales del gobierno de Heureaux, dentro de los<br />
Américo Cruzado, trovador<br />
insigne, fue el<br />
difusor de los boleros<br />
de Guty Cárdenas en<br />
el país.
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
66<br />
gobiernos de Horacio Vásquez, y la secuela posterior de gobernantes, pasando<br />
por la primera intervención armada de los Estados Unidos en el país, la<br />
música y las representaciones fueron un importante elemento de formación<br />
musical del dominicano. Durante esos años se iniciaban como músicos para<br />
amenizar el cine mudo, glorias nacionales como por ejemplo, Luis Alberti.<br />
El cine mudo dio trabajo a músicos importantes entre los cuales vale citar al<br />
propio Esteban Peña Morel y al maestro Julio Alberto Hernández, entre<br />
otros. Y como se aprecia, parte de los artistas nacionales del canto y de la<br />
ejecución instrumental estuvieron influenciados por esa realidad. Muchas<br />
de estas compañías extranjeras se presentaron en ciudades del interior como<br />
Santiago de los Caballeros y La Vega, donde había un público ansioso de<br />
apreciar el arte del canto teatral, y de las compañías de este tipo. Es bajo la<br />
influencia del tipo de canción contenido en arias y romanzas, que se componen<br />
canciones ligadas a la visión de la serenata como punto de partida del<br />
piropo nocturno. Antes de interpretar boleros, cantores como Juan Arvizu,<br />
Pedro Vargas, Ortiz Tirado, y el propio Néstor Mesta Chayres, estuvieron<br />
más cerca del tema operático que de la propia canción popular. Hay que hacer<br />
notar que durante esos años el tenor canario Juan Pulido, tuvo exitosas<br />
giras influenciando notablemente con su estilo ligero, la canción latinoamericana.<br />
En verdad poco se ha dicho de la influencia de Pulido en la canción<br />
de tipo romanza dominicana, pero habría que recordar que en los años 20 y<br />
30, su voz recorrió, en grabaciones de la Victor y Columbia, los países americanos<br />
y su presencia en Cuba y México, aportó en parte el estilo que influyera<br />
en los cantantes citados antes, los que luego pasarían al bolero como<br />
arranque de una nueva forma de canción.<br />
EL BOLERO DE TROVA<br />
El bolero de estilo Pepe Sánchez, del cual Sindo fue portador, se queda oculto<br />
en la tradición popular y no va a encontrar gran respuesta de permanencia.<br />
Guty Cárdenas, sus<br />
boleros fueron la<br />
inspiración de Agustín<br />
Lara en 1929-1930.
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
68<br />
Tal vez en las trovas de Alberto Vásquez y del propio Raudo Saldaña se hayan<br />
quedado las modalidades del autor cubano, o quizás en las guitarras de<br />
Danda y luego de Juan Lockward, lo mismo que entre los grupos santiagueros<br />
que hemos citado brevemente. De todos modos el bolero que se fortalece<br />
e invade a partir de los años 30 la vida dominicana es ya el bolero cubano<br />
con sus arreglos orquestales y con fuerte tradición habanera. Los recientes<br />
datos encontrados por la investigadora mejicana Violeta Torres Medina,<br />
revelan que hacia 1913 el bolero, en su modo trovadoresco, había llegado a<br />
la Península de Yucatán. Para esa época el bolero ha cruzado el mar tras largos<br />
años de vida, pero había estado antes en la República Dominicana. Ha<br />
entrado desde Cuba por el estrecho de Yucatán a México, posiblemente con<br />
viajeros, músicos, trovadores, dada la relación geográfica cerca de Yucatán y<br />
Cuba, y más tarde mediante el proceso radial que se iniciara en los mediados<br />
o finales de los veinte. El estudio de Violeta Torres, promovido por la<br />
Biblioteca Nacional de Antropología e Historia, lleva el título de La evolución<br />
histórica del bolero mexicano (1913- 1950), y sería el primer trabajo escrito<br />
a fondo para estudiar el mismo en México. Poseemos sólo un resumen del<br />
texto conseguido en Internet, pero el mismo es bien informativo de la propuesta<br />
de la autora. Entre 1920 y 1940, se establece lo que ella llama «el bolero<br />
yucateco», y ya en los años veinte, en los finales, el ritmo llega a ciudad<br />
México donde es aprovechado por Agustín Lara, bajo la notable influencia<br />
del trovador Guty Cárdenas. Armando Manzanero ha señalado en<br />
entrevistas sobre el tema, que al través de los programas radiales de Cuba,<br />
pudo seguir el modelo del bolero cubano puesto que debido a la distancia, el<br />
desarrollo del bolero urbano mejicano no influyó tanto en él como el de las<br />
radioemisoras del vecino país. Cuando se le pregunta sobre su afición al género<br />
que había producido a Guty Cárdenas, a su vez modelo inicial de Agustín<br />
Lara, ha sido preciso al señalar que sus influencias vienen directamente<br />
desde Cuba.<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
69<br />
AFINAR CRONOLOGÍAS<br />
Habría que abundar, para afinar cronologías, que Sindo Garay estuvo<br />
en Puerto Rico ya como cantor y visitante y formando parte de un grupo<br />
circense llamado Tatalí. No precisa fecha, pero sí dice que cantaba a dúo<br />
con Guarionex, su hijo mayor y que conoció allí a Juan Morel Campos,<br />
quien según Sindo se interesó por su música. Lo cierto es que el dato de<br />
Sindo es totalmente errático y hay que atribuirlo a su desmemoria por la<br />
edad, o a ese afán de egolatría que se eleva desde las páginas de su propia<br />
biografía, sin que ello resulte en desmedro ni en crítica a la gran obra de<br />
Garay. Otra opción, la más probable es que la León haya hecho una transcripción<br />
errática de las entrevistas con Sindo. Cuando Sindo regresa de<br />
Santo Domingo a La Habana, (dice que a principios de 1900), todavía sus<br />
hijos no habían nacido, pues todos nacieron en Cuba, y ya Juan Morel<br />
Campos había muerto el día 26 de abril de 1896, época en la que Sindo<br />
cumplía su primer año en República Dominicana. Morel, el mágico maestro<br />
de la danza puertorriqueña, murió de un infarto mientras tocaba un<br />
concierto en Ponce, cuatro días antes de cumplir sus 39 años. Queremos<br />
apuntar que no hay noticias de que en esa gira a Puerto Rico, que debió<br />
producirse hacia 1910 o 1912, Sindo hubiese escrito boleros allí, y en caso<br />
de haberlo hecho, serían contemporáneos de los mejicanos que cita la<br />
autora Violeta Torres y no de los escritos veinte años antes en la República<br />
Dominicana. Por lo menos en su biografía no se consigna el hecho.<br />
De modo que el primer viaje del bolero cubano se puede considerar el que<br />
hiciera junto a Garay cuando el mismo visitó la República Dominicana,<br />
ya que compuso boleros en nuestro país entre 1895 y 1900, tal y como lo<br />
consignamos. La segunda difusión más temprana del bolero sería la que<br />
refiere Violeta Torres, la que lo documenta ya en 1913 en tierra yucateca,<br />
18 años después de que hiciera presencia en las trovas de Garay en<br />
nuestro país.
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
70<br />
HERENCIAS DEL BOLERO BAILABLE<br />
Varios elementos importantes influyen en la concepción de este nuevo<br />
bolero. Hereda el espacio bailable de los ritmos que lo precedieron. Se acomoda<br />
a la posibilidad de que la orquesta lo convierta en música definitivamente<br />
bailable. Se transforma, por la vía de la letra y la música, en piropo<br />
bailable, en declaración de amor colmada de melodía. Su enlace de pareja,<br />
sensual por aproximación, se hace certeramente sexual. Las preferencias del<br />
nuevo modo de interpretar, bailar, y decir caminan hacia mensajes claros<br />
tanto musicales y escritos, como sensoriales. El baile lento, el modelo de<br />
atraer a la pareja hacia un roce corporal mayor, se concretan en la necesidad<br />
de abandonar el viejo modelo de la carta de amor enviada por trasmano<br />
o la señal a distancia para conseguir en el contacto directo una mejor<br />
cuota de amor. El bolero viene a sustituir los gestos del amor distante, y los<br />
mensajes subrepticios.<br />
De ese modo el bolero abunda en sensualidad cercana y profunda. No<br />
presenta las características del baile lúdico que es el vals, o que fueran la pavana,<br />
la polca, la propia mangulina que cerraba las fiestas, bailes en los cuales<br />
la elegancia del movimiento y la destreza superaban cualquier otro punto<br />
relativo a la pareja. El bolero nunca fue lúdico, ni juguetón, ni baile estricto<br />
de salones, no tuvo en cuenta el gracejo del movimiento como una de<br />
sus principales causas de popularidad, sino las posibilidades que abría de que<br />
el entrelazamiento se transformara en mensaje dicho musical y corporalmente,<br />
en un de-tú-a-tú definitivamente arrobador.<br />
Por otra parte vale decir que el bolero es altamente mestizo. Mezcla de<br />
abrazo y melodía, relación de letra y signo, hibridación a veces de amistad y<br />
celos, fundición de pasiones y deseos al ritmo de una melodía que permite<br />
abrir caminos de internamiento de una persona en otra. Por otra parte quien<br />
se enamora al ritmo de bolero, sin ser intelectual y aún teniendo pocas luces<br />
para expresar sus sentimientos, lo hace al través de una letra ajena y de<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
71<br />
pasiones calibradas por otro, el que escribe teniendo en cuenta que existen<br />
seres incapaces de decir «lo suyo» y necesitan de un Cyrano que hable por<br />
boca de ellos. La oportunidad del enlace y del ritmo nada agitado son factores<br />
que abundan sobre todo lo demás.<br />
En un ensayo titulado Bolero, punto y coma de los recuerdos, he dicho que<br />
en el bolero el enamorado es casi víctima de su propio amor. El bolero de<br />
enamorarse es francamente cursi, o lo parece, Agustín Lara, el gran productor<br />
de cursilería musicalizada que el mismo consideraba como tal, lo afirmaba,<br />
pero lo cursi no es pecado y no todos tenemos el suficiente bagaje intelectual<br />
para deshacernos de lo cursi cuando estamos empeñados en la aventura<br />
de conseguir nuestros deseos. Cuerpos cercanos, palabras que pueden<br />
decirse al oído, incluso cantarse como eco que repite lo que la orquesta y el<br />
cantante apuntan, el bolero es portátil, se lleva de un lugar a otro dentro del<br />
alma y al repetirse en nuestros adentros reconstruye escenas y recuerdos,<br />
abunda en acicates, y se persigue en la radio, en los escenarios, en las películas,<br />
en los sitios donde esa música completamente invadida de deseos y<br />
proyectos amorosos, se expresa. De ahí que antes de que apareciera la llamada<br />
payola, la radio dependiera del amor en el caso de los boleros, de las llamadas<br />
de los oyentes, de las repeticiones. De ahí que fuera posible muchas<br />
veces que en las velloneras de los años cuarenta y cincuenta, pudiésemos repetir<br />
mil veces la misma canción manchada de deseo, de recuerdo, de amargura,<br />
de esperanza. Eso que muchos de los cantantes y músicos de hoy llaman<br />
«amargue», es sólo una de las características a las que el bolero incita.<br />
Puesto que el bolero tiene importantes recursos para resucitar con música y<br />
palabras amores perdidos, también resulta dulce colmador de esperanzas.<br />
El bolero es cíclico, además de portátil. Como carta melódica está hecho<br />
para ser escogido como tal. Lo que quiero decir lo digo con el bolero hecho<br />
por quienes sienten lo mismo que yo, claro, desde su ángulo. El bolero, con<br />
la conversión de su estructura en cuerpo bailable, presta palabras amorosas
Tony Vicioso, Agustín<br />
Lara, Salvador Sturla<br />
y Marino Auffant,<br />
a la llegada de Lara<br />
al país,1938.<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
72<br />
al que no sabe hablar y música al que no sabe cantar. Aviva, en el momento<br />
de producirse el enlace, la imaginación del amante o de la amante. Cuando<br />
dos se aman, o desean amarse, todo lo que dice un bolero se transforma<br />
en una especie de verdad virtual, pasajera, compañera del deseo. Cada cual<br />
está pensando cómo estará funcionando dentro de la pareja el mensaje que<br />
oye y baila. Hay un misterio azul en el bolero, tan azul como cualquiera de<br />
los poemas musicales de Salvador Sturla o de Agustín Lara, quien al igual<br />
que Sturla escribiera un bolero con este nombre y visitara por vez primera<br />
el país en 1938, donde fuera acogido por el propio Sturla, compartiendo con<br />
la bohemia dominicana. Existe la evidencia de que Tony Vicioso, uno de lo<br />
trovadores y compositores jóvenes más prometedores, de esa época, fue uno<br />
de sus anfitriones. Vale recordar que Tony fue un sentimental del bolero. Escribió<br />
temas casi olvidados como Crucigrama, Mi pena, y otros. Tony murió<br />
el 5 de agosto de 1955 en un accidente de aviación, piloteando para la revista<br />
Life de los Estados Unidos. Vale la pena que nos refiramos a Vicioso<br />
como el típico hijo de una sociedad en la cual el canto era un pasatiempo<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
73<br />
«a fondo». Buena parte de la trova de los años cuarenta y cincuenta, la que<br />
no era trova de la radio o de las zonas de lenocinio, se expresaba en reuniones<br />
de amigos que gozaban de la condición de bohemios. Tony, por ejemplo,<br />
fue pintor, cuentista, hombre de cultura, y tal vez no descolló con la publicidad<br />
que se debió dar a su vida y obra por razones políticas, ya que nunca<br />
fue un seguidor de las ideas de la dictadura. Vale en este momento recordar<br />
a dos magos de la guitarra que en ocasiones le acompañaron, y que hemos<br />
ido olvidando porque el acompañante es siempre el plano oscuro de las escenas.<br />
Nos referimos a Luis Demallistre y a Servio Tulio Peralta. Ejecutantes<br />
excepcionales, de Servio Tulio quedan grabaciones como acompañante<br />
de varios tríos, pero de Luis queda el recuerdo que sus amigos le dispensamos<br />
cuando lo reconstruimos en la memoria, y le vemos, alto como una torre,<br />
manejar con dedos casi frágiles las cuerdas.<br />
Saliéndonos de la digresión diremos que consideramos el bolero como<br />
una muleta erótica. En eso se ha convertido, ya es serenata, piropo, ya canto<br />
del pasado. La trova se transforma en punto de tradición que se agota a<br />
Salvador Sturla, su<br />
bolero titulado «Azul»<br />
da inicio al bolero<br />
moderno en el país.
Luis Rivera, fue uno de<br />
los creadores de nuestro<br />
bolero moderno. En<br />
Cuba fue arreglista de<br />
Ernesto Lecuona.<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
75<br />
veces dentro del gusto del bohemio. El bohemio canta, trova, pero su música<br />
debe pasar a la orquesta para completar eso que antes fue el bolero de balcón<br />
y que es ahora bolero moderno, enlace de amores. De trova a orquesta,<br />
de poema dicho ante el balcón a baile de salón, hay grandes trechos. El bolero<br />
exigía que la amada descendiera en la noche estrellada y fuera capaz de<br />
estrechar el alma del cantador o del que propiciaba la voz de ésta. Al fin las<br />
orquestas lograron el milagro y en vez de la ventana, el rostro de la amada<br />
se asomaba al rostro del pretendiente. Esas grandes diferencias en el bolero<br />
viejo y el nuevo, obligan, como ha dicho muchas veces Pedro Delgado Malagón,<br />
a pensarlo como un estado de ánimo, como parte de un conjunto simultáneo<br />
de sensaciones, música, amor, respuestas sensuales, historias y recuerdos.<br />
En los años 30 el bolero se ha convertido en un cantor del mundo<br />
y de sus afanes. Es, en el fondo, más que la letra y el ritmo musical, un eruptivo<br />
conjunto de expresiones. El bolero entre los años cuarenta y sesenta fue<br />
un ambiente, «una atmósfera», un nicho, como se dice en ecología, un lugar<br />
donde se encuentran de manera clave, espacio, amor, baile, música, deseos,<br />
letras, mensajes, sueños, posibles futuros en cierne.<br />
Ya sabemos que el bolero, en los principios del siglo, alcanzó como el son,<br />
popularidad en el oriente de la isla de Cuba. Los autores que hemos citado<br />
en este trabajo, entre ellos Garay, María Teresa Vera y el trío Matamoros,<br />
demostraron que el bolero tenía características protéicas. Ya para esa época<br />
nacía el bolero-son. La explosiva salida del bolero hacia las costas mejicanas,<br />
donde reinaba, lo mismo que en Santo Domingo, el danzón cubano, fue<br />
clave en su florecimiento. Llegó, como en el caso dominicano, como parte<br />
de la trova, y cuando fue orquestado el dancing mejicano lo acogió y le dio<br />
espacios. Allí el bolero es rescatado para los salones de baile, como en la Cuba<br />
originaria, y se adapta en ciertos suburbios y casas de lenocinio donde un<br />
pianista llamado Agustín Lara lo divulga y lo recrea. Puntos claves en la extensión<br />
de este nuevo gusto por una música que nació con la guitarra y que
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
76<br />
ahora entraba a la sala de fiestas vestida de arreglos orquestales con la finalidad<br />
de extender un hermoso dominio romántico, fueron la radio y el cine.<br />
En la República Dominicana la radio de los años cuarenta proyecta, y muchas<br />
radioemisoras lo presentan en vivo desde espacios creados para las presentaciones<br />
antes de que se llamaran «shows» y a partir de entonces el bolero<br />
se hace dueño de gran parte de las ondas hertzianas.<br />
En la República Dominicana los años 40 son fundamentales para la consolidación<br />
del bolero nacional, aunque como hemos visto autores dominicanos<br />
ya lo habían trillado y Luis Rivera lo había confeccionado desde 1932,<br />
siguiendo líneas orquestales posiblemente diferentes a las de los cejuntos y<br />
tríos en los cuales el bolero era hasta cierto punto algo discutible. Los cuarenta<br />
representan una consolidación de espacios bailables para la concreción<br />
de los ambientes físicos y emocionales que fueron consustanciales al<br />
bolero modernizado. Me refiero a ese bolero que obliga al enlace y al amor.<br />
A esa segunda modalidad que es la que completa el sentido del bolero y lo<br />
saca de la trova para dejarlo en manos de la pareja. No es desmérito decir<br />
que lo cantado por Mesa, o Brito, no alcanzó a ser bolero de enlace, y que<br />
el son, en manos de un Piro Valerio y de los grupos que lo desarrollaron al<br />
modo dominicano, encabezados por éste, fue música mestiza con remedos de<br />
salón en la cual era y es más importante la figura, el manejo del paso rítmico,<br />
que el mensaje dicho al oído de la pareja. Para los que ponen en dudas<br />
esta afirmación vale simplemente analizar los verdaderos pasos del son, la<br />
elegancia de sus movimientos y la suavidad que se expresa en el desplazamiento<br />
de los bailadores, similar a la del danzón clásico, así como la característica<br />
forma de tomar la pareja para permitir que la misma evolucione con<br />
sus giros más lúdicos que eróticos. El son cubano copió de la música burguesa<br />
y de los burgueses el estilo «limpio» de viejas formas de atadura en las<br />
cuales era más importante la elegancia que la sensualidad. El esclavo quiso<br />
heredar, y lo hizo, el paso de los bailes de salón de los blancos, e incorporó<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
77<br />
en el son y en el danzón, músicas mestizas, la elegancia primordial del juego<br />
de pasos originario. Quien tiene la oportunidad de ver, por ejemplo, como<br />
se baila la rumba columbia, se dará cuenta de que el africano ha incorporado<br />
a su ritual bailable los gestos y formas lúdicas de su origen y la elegancia<br />
de movimiento de muchas de las antiguas músicas de salón bailadas<br />
en el período colonial. La rumba columbia es un ballet con sabor afro. Una<br />
gestualidad mística pervive en estas ejecuciones rumberas de origen. En el<br />
fondo nos parece que esas actuaciones y mezclas dicen a la alta sociedad que<br />
el mestizaje permite adaptar los modelos palaciegos, al mecanismo sincopado<br />
y rico de una música más adaptada a la pasión y al dominio del cuerpo<br />
como instrumento expresivo.
Daniel Santos<br />
apadrina a la cantante<br />
dominicana María<br />
Antonieta Ronzino,<br />
Nueva York, años 60’.<br />
EL ECOSISTEMA<br />
Hay varios puntos que vale la pena tocar y el primero de ellos es el relativo<br />
al ambiente que hubo de crearse para que surgiera y subsistiera el moderno<br />
bolero dominicano. En la música popular existe también eso que los<br />
biólogos llaman «ecosistemas». Un ecosistema musical es el conjunto de interrelaciones<br />
que caracterizan lo que puede ser el ambiente y la atmósfera<br />
que hacen blanco o diana en el gusto de la gente. Para ello es necesario, en<br />
el caso de la música, una apreciación que tiene como entorno una tradición<br />
desde la cual se pasa adaptando lo viejo, y dándole sentido de modernidad<br />
en su momento. Para que el bolero fuera o sea como lo es hoy y como lo fuera<br />
en los años 40, 50 y 60 del pasado siglo, fue necesaria la interrelación de<br />
elementos que hicieron del mismo una expresión unitaria en la que el espacio<br />
bailable, las comunicaciones, el amor con sus alforjas de deseos, las orquestas,<br />
las composiciones, el ritmo, la visión romántica y muchos otros elementos<br />
se conjugaran. El bolero, por tanto no es sólo una música, es un<br />
complejo mundo en el cual se percibe la hibridación como punto final.<br />
Ecléctico, el bolero tiene pasos que siguen los de la danza puertorriqueña y<br />
los de la criolla, no hay una sola manera de bailar un bolero. Dependerá<br />
El Bolero y la<br />
sala de baile
El Sexteto de Pedro<br />
Flores, cuyos boleros<br />
llegaron al país en las<br />
voces de Daniel Santos<br />
y Bobby Capó.<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
80<br />
mucho de los bailantes y de cómo se acomodan el uno al otro, porque la sensualidad<br />
tiende a predominar y ya el simple hecho de tener una mano atada,<br />
asida, prisionera de otra mano y una mejilla apoyada en otra mejilla,<br />
cuando es el caso, apuntan hacia una conjunción biológica que no era común<br />
en otros ritmos.<br />
El bolero dominicano es el resultado de una cada vez mayor actividad bailable.<br />
Vale decir que como en Cuba, la presencia del bolero bailable arrincona<br />
los valores de la trova, dejando paso a una nueva expresión que se manifiesta<br />
de manera conjunta en baile, letra, medioambiente, espacio, todo<br />
apoyado en una creciente presencia de medios tales como la radio, el cine,<br />
y las presentaciones en vivo. De este modo la trova viene a convertirse en<br />
un núcleo inicial del bolero, y el trovador del siglo XX en un ave de paso.<br />
En tal sentido y a partir de los primeros cuatro o cinco años de la década<br />
del 30 el bolero ha tenido presencia en México, en Argentina, en toda<br />
América, y fundamentalmente en el área del Caribe de lengua española,<br />
siendo Puerto Rico una gran productora de boleros tempranos como fueron<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
81<br />
los de Rafael Hernández y Pedro Flores. Músicos dominicanos estaban en<br />
Cuba cuando el bolero se asienta como música bailable; tal es el caso de los<br />
maestros Luis Rivera y Juan Francisco García, lo mismo que de autores antillanos<br />
como Rafael Hernández y otros. El bolero había hecho un rápido recorrido<br />
continental gracias a la radio misma, confirmándose como una música<br />
de futuro, que entraría en el cine de los años cuarenta, con películas mejicanas<br />
como Santa, en la que ya es una música de «carne y hueso» con<br />
Agustín Lara como guía. Orquestas variadas que seguían el gusto de un público<br />
muy ligado al fox trot, al two step, al swing norteamericano, aceptan el<br />
bolero y los compositores comienzan a tener enorme éxito.<br />
LA VOZ DEL YUNA:<br />
UN BOLERO DE DOSCIENTOS WATTS<br />
En nuestro país la inicial Voz del Yuna va tener un papel destacadísimo<br />
en el florecimiento del bolero bailable. La estación, fundada por José Arismendi<br />
Trujillo Molina en la ciudad de Bonao en 1942, crecería rápidamente<br />
y pondría sello a una actividad esporádica de las radioemisoras dominicanas<br />
iniciales. Queremos decir que como lo señala Teo Veras en su significativo<br />
resumen sobre la radio dominicana, a partir de 1927, con la creación de<br />
la HIJK, de Tuto Báez, el creciente número de transmisiones en estaciones<br />
posteriores y más profesionales, no alcanzaba una programación estable de<br />
música, sino presentaciones a veces esporádicas y distanciadas. En 1935 La<br />
Voz del Partido Dominicano, que luego sería la radioemisora HIN, transmitía<br />
no sólo programas políticos sino de corte musical, en los cuales participaban<br />
músicos como el maestro José Dolores Cerón, Luis Mena, cantantes<br />
como Américo Cruzado o Dora Merten, y se utilizaban orquestas de música<br />
de cámara que hacían las delicias de los pocos propietarios de radio receptores.<br />
Durante la inauguración de la HIX, Cruzado cantó La guinda y Aquella<br />
boca, de Eusebio Delfín, siendo el primer cantante dominicano que hizo
presentaciones radiales en vivo conjuntamente con la soprano Julieta Otero,<br />
en esa misma programación inaugural.<br />
Vale decir que en todo el país crecen las radioemisoras, las que serán, sin<br />
dudas, uno de los puntos claves para la difusión del bolero tanto dominicano<br />
como extranjero. Elementos importantes en la creación bolerística dominicana<br />
fueron las influencias recibidas al través de las radioemisoras cubanas<br />
cuyas ondas llegaban directamente a la República Dominicana y al<br />
propio México caribeño. Ya hemos apuntado y vale repetirlo que el compositor<br />
Armando Manzanero ha declarado varias veces que en Yucatán, zona<br />
de su nacimiento, no se escuchaban durante su infancia las radioemisoras de<br />
la capital mejicana y sí las de Cuba, desde donde se aprovechaban las canciones<br />
para ser copiadas y aprendidas con la finalidad de luego ser interpretadas.<br />
Casa en donde<br />
funcionó en 1942<br />
La Voz del Yuna<br />
en Bonao.<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
83<br />
En Santo Domingo era común escuchar RHC, cadena Azul, la Cadena<br />
Oriental de Radio, la CMQ, y otras que en los años cuarenta ofrecían programas<br />
vivos que pronto se repetirían en la República Dominicana. Algunos<br />
músicos y cantantes nuestros, eran asiduos oyentes de estas emisoras y<br />
retomaban notas de sus transmisiones musicales, usando el sistema de copiar<br />
entre varias personas la canción que se transmitía para luego cantarla en los<br />
programas dominicales como una novedad. La radioemisora La Voz del Trópico,<br />
fundada por Joaquín Custals, pronto siguió la ruta de los espacios para<br />
presentaciones musicales creando en 1943 uno de los primeros salones para<br />
transmisiones con público dentro de los estudios. Siguiendo esa tradición la<br />
HI9B, que transmitía desde el Hotel Mercedes, en Santiago, organizaba programas<br />
en vivo en los cuales tenían cabida los trovadores de la zona, incluyendo<br />
a Piro Valerio y las orquestas santiagueras del momento. Ya en 1937<br />
funcionaban con éxito la HIG, de Andrés Cordero, (Pupo) y Radio Cibao.<br />
En 1941 la Broadcasting Tropical, transmite música desde la ciudad de Puerto<br />
Plata. En los años cuarenta, la HIZ, del ingeniero Frank Hatton, se convierte<br />
en una radio con importantes programas musicales en vivo, produciendo,<br />
como veremos luego, el programa llamado «Desde las palmeras del<br />
Trocadero», importante transmisión en vivo que recogió o difundió, por así<br />
decirlo, gran parte de la bolerística nacional.<br />
El día 1 de agosto de 1942, es cuando se funda en Bonao, pequeña localidad<br />
del Cibao, La Voz del Yuna, estación que fue concebida primero como<br />
una especie de entretenimiento local de su fundador J. Arismendi Trujillo<br />
Molina, pero que pronto sería un punto clave en la formación de parte<br />
de la vida bolerística dominicana. Aunque no fue una estación dedicada<br />
a este ritmo, sino que su espectro mayor incluía teatro, conciertos, orquestas<br />
que se asentaron como punto clave de sus transmisiones, el bolero<br />
alcanzó en los años que van del 1942 a 1950, y luego de su traslado a Santo<br />
Domingo, espacio clave para su desarrollo. La radioemisora inicial,
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
84<br />
ubicada en una especie de «cacicazgo» particular manejado por Petán Trujillo,<br />
comenzó transmitiendo con sólo doscientos watts de potencia y pronto<br />
se convirtió en un proyecto nacional en el que la mano del dictador Trujillo<br />
encontró recursos para tener control social, a la vez que entretenimiento<br />
para el pueblo dominicano y para su hermano, conocido por sus fechorías.<br />
Vale resaltar que habiendo tenido el dictador diferencias profundas<br />
con su hermano Arismendi, prefirió apoyarlo en sus afanes faranduleros<br />
dándole un poder social dentro del cual éste se sentía como un mandamás<br />
en una región del país, y dentro de una clase social y cultural que le<br />
apoyó en sus proyectos de orden artístico.<br />
Mientras comienzan los aprestos de la Voz del Yuna, existen ya compositores<br />
dominicanos que han encontrado modo de expresión en el bolero<br />
moderno.<br />
La simple revisión de diarios y revistas de época permite seguir la creatividad<br />
del momento en este campo. En 1942, Luis Alberti escribe Presentimiento,<br />
y de esa época es igualmente la canción Azul, de Salvador Sturla.<br />
Juan Lockward ha escrito ya Pueblito encantado, y antes, en Cuba y en algunas<br />
de sus giras que la dictadura de Trujillo tronchó al retenerle el pasaporte,<br />
el maestro Luis Rivera escribe sus primeros boleros. Bullumba Landestoy<br />
escribe entre 1943-44, sus boleros Incomprensión, Pesar y Soñando un amor,<br />
y el novel Mario de Jesús escribe Navidades, quizás una de las más tempranas<br />
de sus composiciones, casi desconocida:<br />
Yo respiro en mi alma / el sensible perfume / de las noches de invierno / que galopan<br />
atroces…<br />
Las revistas de farándula y los cancioneros dominicanos hacen su aparición<br />
y son publicaciones en las cuales se hace gala de un romanticismo que<br />
es común a la mentalidad creciente del bolerómano. Muchas de las letras de<br />
boleros aparecen como dedicatorias de algún desconocido a alguna conocida.<br />
En muchos casos el desconocido escribe, como pasa en la revista mensual<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
85<br />
Salón Fígaro, declarando su amor anónimo mediante los versos de un bolero<br />
de moda. Es una transposición, una especie de canción mental, si se nos permite<br />
la comparación. El bolero es dedicado a la amada porque ella conoce<br />
la música, sin dudas y porque tal vez está consciente de quién es la persona<br />
que hace la dedicatoria amorosa. Es como si el dedicador dijera: te cantaré<br />
un bolero para que lo bailes mentalmente, porque es el que quiero que bailemos<br />
o el que ya hemos bailado. Sin esta posibilidad la dedicatoria no tendría<br />
sentido.<br />
En 1944 Félix López escribe su bolero Tú sabes. Ya en la Voz del Yuna se<br />
han creado las primeras orquestas, y una afluencia de músicos y artistas de<br />
todo el país comienza a concentrarse en torno a la misma mediante la modalidad<br />
del contrato. El tango sigue siendo, en estos cancioneros de principios<br />
de los 40, elemento que el dominicano apreciaba. Bienvenido Fabián,<br />
cosa curiosa, escribe un huapango. No olvidemos que para aquellos años<br />
cuarenta comienza la proyección del cine mejicano y que cantantes como<br />
Isabel Rodríguez, apodada La Chamaquita, ya están en la Voz del Yuna dedicados<br />
al folklore de aquel país. Se dice que La Chamaquita, quien se inició<br />
cantando boleros y pasó luego al cante mejicano, fue asesinada por la<br />
dictadura de Trujillo, por razones políticas, aunque las versiones son muy<br />
confusas. El tango había alcanzado con la preeminencia de Carlos Gardel,<br />
Hugo del Carril, Canaro y su Orquesta, Alberto Gómez y otros, lugar importante<br />
en nuestra radio y en el gusto del público. Sin embargo ya en los<br />
años cuarenta la competencia entre bolero y tango arrojaba un balance positivo<br />
para el bolero, puesto que los bailadores de tango eran mínimos y el<br />
aprecio del mismo iba restringiendo a los fanáticos de una música que era<br />
bien diferente en lo relativo al espacio bailable y al complicado modo de<br />
bailarla. Sin embargo, como bien nos apuntaba Fernando Infante en una<br />
interesante conversación en mayo del 20<strong>05</strong>, algunos de los pasos de tango,<br />
los más simples, quedaron grabados entre aquellos que bailaban en los viejos
Leo Marini, primero<br />
con la orquesta de<br />
Don Américo llenó<br />
una época y luego con<br />
La Sonora Matancera.<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
86<br />
cafés del kilómetro 2 de la Carretera Duarte, principalmente en el famoso<br />
Yumurí Night Club, lugar liberal en el que el baile del bolero, y el son, lo<br />
mismo que el de la guaracha, eran fundamentales para gozar de buenas tandas<br />
amorosas. <strong>Claro</strong> está que en la voz de Carlos Gardel, llegaban en grabaciones<br />
cada vez más crecientes que animaban profundamente las ondas<br />
hertzianas. Su presencia en el cine superaba entonces la del bolero cinematográfico,<br />
apenas utilizado. En el gusto de entonces el tango era un elemento<br />
de mayor auge desde el punto de vista de la naciente radioemisora la Voz<br />
del Yuna, que el propio bolero. Cantantes de bolero en 1943 en la Voz del<br />
Yuna fueron el trío llamado Los Trovadores Modernos, Alcibíades Sánchez,<br />
Armando Cabrera y Pedro Ureña, y como cantante especializada en el ritmo<br />
bolero, se cita a Alba Marina Fernández. El debut de Olga Chorens en<br />
1944 casi obligó a la creación de una orquesta para acompañarla en el tango,<br />
pues la cubana era especialista en este género. Se conformó para el caso<br />
la Orquesta Buenos Aires, dirigida por el pianista haitiano Francois Turenne,<br />
de larga trayectoria en la vida musical dominicana, y casi olvidado<br />
Fellita Cabrera, una<br />
de las voces más<br />
transparentes del bolero<br />
nacional. Durante años<br />
cantó a dúo con José<br />
Nicolás Casimiro.<br />
Rafael Colón uno<br />
de los principales<br />
cantantes y boleristas<br />
nacionales. Compositor<br />
de la música de<br />
Arenas del Desierto.<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
87<br />
pese a sus aportes musicales. La línea tango-bolero, fue durante algunos<br />
años importante en la creciente radioemisora. No olvidemos que luego, a<br />
partir de los años cuarenta en sus finales, el bolero-tango se abrió paso en<br />
voces argentinas adaptadas al bolerismo como fueron las de Leo Marini,<br />
Fernando Torres, Hugo Romani, y el llamado «tenor vasco», Gregorio Barrios<br />
de origen hispano.<br />
La presencia en Santo Domingo, varias veces, de Julio Gutiérrez fue esencial<br />
para la consolidación del bolero dominicano. Sin dudas, el gran músico<br />
y compositor cubano, director en varias ocasiones de la Super Orquesta San<br />
José durante los años cuarenta, imprimió bríos importantes a la canción dominicana<br />
de corte bolerístico. Gutiérrez ha sido uno de los grandes compositores<br />
de boleros, y su gran conocimiento de la música cubana dejó huellas<br />
entre nosotros.<br />
Bienvenido Fabián inicia su creación bolerística. Ya José Manuel López<br />
Balaguer (Lope Balaguer) había tenido notables éxitos en su naciente carrera,<br />
y sin dudas se perfilaba como lo que fue: el primer bolerista dominicano.<br />
Luis Chabebe, su<br />
bolero No Te Vayas,<br />
fue un hito musical<br />
recorriendo América<br />
en la Voz de Nestor<br />
Mesta Chayres.
Marcelino Plácido una<br />
de las grandes voces<br />
del bolero dominicano,<br />
recibiendo un premio<br />
de AMUCABA como<br />
gran intérprete del<br />
bolero, lo entrega<br />
Sonia Silvestre.<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
88<br />
En 1945 aparecen en la revista Salón Fígaro dos letras de boleros de Julio<br />
Gutiérrez: Mi oración y Fugitiva, mientras se anuncian en Nueva York los<br />
éxitos de Ney Rivera, quien acoge el bolero como uno de sus géneros favoritos.<br />
De los cuarenta es el bolero titulado Ya todo terminó, de Bullumba Landestoy.<br />
Luis Chabebe escribe para esa época Ansias de besar, Armando Cabrera<br />
escribe Tú lo sabes, y Amor y Odio.<br />
La llegada de Juan Arvizu, en 1945, produjo gran impacto entre los cantantes<br />
dominicanos. El cantante mejicano, que ya era un conocido intérprete<br />
de Agustín Lara, debutó en el patio español del Hotel Jaragua. Arvizu era<br />
uno de los goznes entre el bolero-canción mejicano de María Grever, Agustín<br />
Lara y los nuevos compositores de México, y la vieja canción de orden<br />
italiano, del tipo romanza y del modelo de las «habaneras», más ligada a las<br />
arias que al ritmo tropical. Superaba entonces en lo relativo a la interpretación<br />
del bolero, el estilo atenorado de Ortiz Tirado. En aquellos momentos<br />
era ya una realidad la presencia mejicana y universal de Pedro Vargas y Nestor<br />
Mesta Chayres, quien visitara nuestro país por vez primera en 1947.<br />
Orquesta Lira Ponceña,<br />
de Juan Morell Campos.<br />
De allí tomó Alberti el<br />
nombre para su orquesta<br />
Lira del Yaque.<br />
Para la época vale la pena señalar que se habían comenzado a escuchar<br />
los boleros llamados rítmicos. Uno de las más populares lo fue el de Teddy<br />
Fragoso titulado Por qué eres así. Asomaban en los mediados de los cuarenta<br />
las voces internacionales y fundamentalmente las interpretaciones de la<br />
orquesta de Don Américo y sus Caribes. (Américo Belloto) especialmente<br />
creada en Argentina para la confección de boleros destinados al Caribe y a<br />
la gente de Latinoamérica.<br />
Valdría la pena hacer un aparte para referirnos a la influencia notable<br />
que tuvo este conjunto en la vida barrial y en lo relativo a los bailes de todo<br />
tipo en la República Dominicana. Vale decir que ya en 1944 Luis Alberti<br />
había ocupado la dirección de la orquesta Presidente Trujillo, luego<br />
Generalísimo Trujillo, y que desde esa época era el director musical de los
Olga Chorens, en su<br />
primera visita a la Voz<br />
del Yuna año 1944.<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
91<br />
programas que se desarrollaban como bailables en el patio español del Hotel<br />
Jaragua. Allí estaban Rafael Colón y Marcelino Plácido, voces que la radio<br />
había hecho suya y que venían desde Santiago de los Caballeros, puesto<br />
que eran cantantes de la orquesta Lira del Yaque, nombre que Alberti<br />
había usado siguiendo el del músico puertorriqueño Juan Morel Campos<br />
quien ya en 1875 puso a su orquesta el nombre de Lira Ponceña. Vale igualmente<br />
decir que en muchas partes de la ciudad de Santo Domingo, como<br />
el café Ariete, El Moroco, y en clubes diversos, el baile con orquesta era un<br />
hecho permanente. El ecosistema del bolero se completaba no sólo con los<br />
sitios de bailes donde las orquestas estaban presentes y cantantes dominicanos<br />
como el propio Lope Balaguer, Casandra Damirón, Fellita Cabrera,<br />
Lupe Serrano, José Nicolás Casimiro y otros, sino que se apoyaba en la importación<br />
disquera y en la presencia de voces, orquestas, compositores y<br />
cantantes de orden internacional. Lope Balaguer había sido considerado<br />
desde su trono de La Voz del Yuna, como la cumbre del canto del año 1945.<br />
Romance bajo la luna, de Moisés Zouain, en la voz de Lope, había sido considerado<br />
uno de los más bellos boleros nacionales. En 1948 el bolero dominicano<br />
se consolida con composiciones como No te vayas, de Luis Chabebe<br />
inmortalizado en la voz de Nestor Chayres. Evocación, de Papa Molina,<br />
alcanzaba popularidad, mientras que la entrada radial del la orquesta Don<br />
Américo y sus Caribes, se hacía fuerte en la radio, en las voces de Leo Marini,<br />
Fernando Torres, Hugo Romani y Gregorio Barrios, ya mencionados.<br />
Voces bolerísticas de gran impacto fueron las de María Luisa Landín, Pedro<br />
Vargas, Toña la Negra, Eva Garza, Chela Campos y otras. Es a partir de<br />
1946 cuando comienzan a escucharse los boleros cantados por Gregorio Barrios,<br />
Hugo Romani, Leo Marini y Fernando Torres. Las composiciones de<br />
Don Fabián (Domingo Fabiano) se dispersan como importantes formas del<br />
reclamo bailable en clubes, cabarets, y barrios. Dos almas, bolero insignia<br />
de este compositor argentino, invade las salas de fiestas y los escenarios.
Rafael Martínez llenó<br />
una época desde los<br />
bares y sitios bailables<br />
en todo el país. Sus<br />
representaciones en los<br />
centros nocturnos de<br />
los años cincuenta<br />
fueron parte de la<br />
bohemia dominicana.<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
92<br />
Somos diferentes, un bolero de Pablo Beltrán Ruíz, muy escuchado a finales<br />
de los años cuarenta, sirvió para rompimientos amorosos y declaraciones de<br />
abandono y se quedó por largo tiempo en las ondas radiales de todo el país,<br />
lo mismo que Hoja seca, de Roque Carbajo, y el bolero de Pedro Junco titulado<br />
Nosotros, oriundo de los años cuarenta y recuperado en los cincuenta<br />
por varios cantantes de la época como una pieza fundamental del bolero<br />
romántico.<br />
En Somos diferentes, de Beltrán Ruiz, la nota del abandono reclama el olvido,<br />
elemento que para la época era tema musical obligado.<br />
Debemos olvidarnos de este amor, / porque un amor así no puede ser, / si somos<br />
diferentes, ya lo ves, / esta verdad destroza el corazón.<br />
Es la época en la que se hacen conocidos los boleros iniciales de Federico<br />
Asmar Sánchez.<br />
En 1944 y 1945, Pedro Flores, ha compuesto sus boleros de la guerra, sus<br />
boleros bélicos, además de sus primeras canciones románticas y la voz de Daniel<br />
Santos ha entrado en las salas de fiesta dominicanas y en las velloneras,<br />
Daniel Santos, cuyo<br />
dominio del bolero y la<br />
canción de cabaret<br />
cubrió generaciones.
Bobby Capó, llamado<br />
la sensación de borinquen<br />
vino al país por<br />
primera vez en 1948.<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
94<br />
como parte de la bohemia dominicana. Los discos Seeco habían llegado.<br />
Crecían en la radio las tandas musicales bailables, espacios creados en las radioemisoras<br />
con la finalidad de «amenizar» la noche de los sábados, y a veces<br />
buena parte del domingo a partir de la tarde. La voz de Daniel, voz de<br />
cabaret, se hizo fundamental en el ambiente del bolero dominicano. El bolero<br />
de cabaret y las voces cabareteras, de las cuales son herederos cantantes<br />
como Julita del Río, Carola Cuevas, Camboy Estevez, Anthony Ríos,<br />
Rafaelito Martínez, Francis Santana y otros, se imponen con un estilo diferente<br />
al estilo serio y acompasado de los que fueron una vez clásicos cantantes<br />
de tiempo medido. Julito Deschamps, el heredero mayor del bolero de<br />
cabaret, impondría, desde sus escenarios y desde grabaciones a veces hechas<br />
con un enorme trabajo, su voz aguardentosa, modelo de una especie de agradable<br />
y cursi tradición de borrachera perenne.<br />
Daniel Santos fue el primero en imponer el bolero de cabaret y el puertorriqueño<br />
Pedro Flores fue el verdadero impulsor de sus canciones de este<br />
tipo, comunes al temperamento del que fuera luego llamado «el inquieto<br />
Rafi Múñoz, cuyas<br />
interpretaciones eran<br />
del gusto de Radhamés<br />
Trujillo. Visitó Radio<br />
Caribe por invitación<br />
de éste.<br />
Manuel Sánchez<br />
Acosta<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
95<br />
anacobero», nombre que se le diera en la Cuba de los cuarenta, debido a<br />
su estilo de vida, a sus modos mujeriegos y a su excelente manera de interpretar<br />
la guaracha. Cuando Alberto Beltrán debuta como aficionado en La<br />
Voz del Yuna, lo hace imitando a Daniel Santos y apoyándose en las composiciones<br />
de Flores. La voz «anacobero», y lo mismo su estilo, permearon<br />
a muchos seguidores de los que sólo Beltrán salió airoso, adoptando luego<br />
un modelo diferente al de Daniel. El término «anacobero», aplicado a Daniel<br />
Santos en la Cuba de 1946, es una voz ñáñiga, africana, que quiere<br />
decir pequeño diablo, diablito, diablillo. La conducta traviesa de Santos<br />
generó su aplicación.<br />
Escríbeme, que tus cartas me hacen falta, / esta duda me arrebata, no sabiendo<br />
como estás, / si es que ya te has olvidado de este hombre que te quiere.<br />
Daniel llega contratado por La Voz del Yuna en 1946, y se presenta, como<br />
casi todos los cantantes que el circuito de José Arismendi Trujillo manejaba,<br />
en el cine Julia de Villa Francisca y en otros escenarios nacionales, dando al<br />
ambiente de los barrios alegría y sabor . Para esa época se le consideraba un<br />
Alberto Beltrán, el más<br />
internacional de los<br />
cantantes dominicanos.
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
96<br />
hombre de los bajos fondos. Bebedor de ron en los patios barriales, aunque luego<br />
cambiara hacia el whisky. Alegre y dificultoso, buscador de riñas y amante<br />
de las putas. Se le recuerda con su sombrero de ala ancha, su saco de cuadros,<br />
sus zapatos de dos tonos siempre limpios y sus preferencias como habitante del<br />
lenocinio de doña Flor Cabrera, en la calle Jacinto de la Concha casi a esquina<br />
Caracas, del barrio de Villa Francisca. Se recuerdan sus canciones en todo<br />
el país, sus pleitos con Fernando Frías, a golpe limpio, porque el que fuera luego<br />
«Inquieto Anacobero», reclamaba más pago que el que Frías, como agente<br />
artístico, le habría proporcionado. La batalla se producía en tiempo de bolero,<br />
en dos por cuatro, en la acera del Teatro Apolo. Daniel llenó el país de canciones<br />
y aunque Bobby Capó grabó también por esos años, tempranamente, la voz<br />
de Daniel vino delante y Capó alcanzaría la fama total en la República Dominicana<br />
a partir de 1948, cuando fue contratado por La Voz Dominicana y paseado,<br />
como casi todos los contratados por dicha empresa, por todo el país, llenando<br />
las pistas de baile, tales como la del Jaragua y otros sitios de diversión.<br />
Josean Ramos, en su libro sobre Daniel Santos, titulado Vengo a Decirle Adiós<br />
a los Muchachos, (Sociedad de Autores Libres, Puerto Rico, 1989) se refiere a<br />
la posible discusión de Santos con José Arismendi Trujillo Molina, y aunque el<br />
cantor exagera la nota, sin dudas allí se revela un poco la razón por la cual no<br />
era del gusto del magnate radial, hermano del dictador.<br />
MONINA CÁMPORA, Y SU ORQUESTA FEMENINA<br />
En este mundo bolerístico de los años cuarenta, aparece la primera orquesta<br />
femenina de la República Dominicana, la de Monina Cámpora, creada como<br />
un grupo de aficionadas en el 1936, quizás como respuesta a una orquesta<br />
cubana de la época que entonces visitó el país y que fue posiblemente la<br />
Orquesta Anacaona, fundada en 1932. Monina Cámpora, hija de un conocido<br />
industrial y joven con numerosas inquietudes artísticas reunió un elenco<br />
en el que estaban Margarita Nadal, en el bongó y percusión, Niní Bello<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
97<br />
en la marimba, y Nunú Burgos en las maracas. Sus primeras cantantes fueron<br />
Olga Guzmán y Josefina Álvarez, y luego Elba y Ligia de Peña, hermanas mayores<br />
del músico Aníbal de Peña. La orquesta de Monina Cámpora agotó horarios<br />
en las emisoras HIZ, HIJ y HIG, habiendo tenido en sus inicios la colaboración<br />
de Francisco Simó Damirón y Negrito Chapuseaux. Durante algún<br />
tiempo, y en los finales de los años 30 la orquesta, llamada «Monina<br />
Cámpora y su grupo», amenizó los sorteos semanales de la Lotería Nacional.<br />
En 1944, Monina se trasladó a San Juan de la Maguana, donde hizo una importante<br />
labor educativa, creando la Escuela Nacional de Bellas Artes de allí,<br />
y lo mismo el coro, mientras ejercía como profesora de varios rubros, ya que<br />
manejaba varias facetas del arte. En 1965, volvió a fundar, esta vez en San<br />
Juan de la Maguana, otra orquesta femenina, la cual tuvo poca duración. El<br />
bolero no dejó de estar presente en ambas instituciones musicales. Vale decir<br />
que Monina Cámpora, fue una de las primeras locutoras dominicanas, e<br />
incursionó en la radio conjuntamente con Julio César Félix. El concertista y<br />
trompetista Guillo Carías la recuerda en apuntes de prensa que la familia<br />
Orquesta de<br />
Monina Cámpora,<br />
primera orquesta de<br />
mujeres de nuestro país.
El Bolero tango fué una<br />
especialidad en la voz de<br />
Ramón «El Ché Pérez».<br />
Aparece acompañado por<br />
el notable guitarrista<br />
Servio Tulio Peralta.<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
98<br />
Cámpora me ha facilitado, como maestra de piano y mujer de acción viva. El<br />
grupo cubano que sirvió de inspiración a Hilda Cámpora de Piña, (Monina)<br />
o sea la orquesta Anacaona, visitó nuevamente el país en 1955, durante una<br />
de las semanas de Aniversario de La Voz Dominicana.<br />
Casada con el abogado Lorenzo Piña Puello, fue la madre de Tony Piña<br />
Cámpora, conocido cronista deportivo. La Escuela de Bellas Artes de San<br />
Juan de la Maguana lleva su nombre.<br />
RECORDANDO A CARLOS CRESPO<br />
Para los que no tienen información sobre este momento de la vida bolerística<br />
en el país, vale la pena señalar que Carlos Crespo, casi olvidado músico<br />
argentino contratado para la escuela de canto de la Voz del Yuna en<br />
1946, ha sido quizás uno de los mas destacados formadores de cantantes de<br />
boleros que tuvo el país. Armando Recio lo considera uno de los grandes impulsadores<br />
del bolero desde el punto de vista de su apoyo a los cantantes de<br />
este género. Jerónimo Pellerano, solista impecable, fue uno de sus alumnos<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
99<br />
principales, pero de él recibieron clases igualmente Alberto Beltrán, lo mismo<br />
que Elenita Santos, Lucía Félix y varias de las intérpretes de boleros de<br />
la época, como Grecia Aquino y Esperanza Liranzo.<br />
A él se debe por ejemplo, que Lucía Félix, aún casi una niña, abandonara<br />
la canción mejicana por el bolero. Según la propia Lucía, varias de las y<br />
los cantantes del aquellos años cuarenta, fueron incitados por Crespo para<br />
que ejecutaran el bolero como forma de canción. Lucía alcanzó fama con<br />
dos canciones de Salvador Sturla, Azul y Amorosa. Un bolero bien cantado<br />
hizo que Ramfis Trujillo, hijo del Generalísimo, la invitara a compartir su<br />
mesa en el Night Club de La Voz Dominicana, accediendo ella amablemente.<br />
Al día siguiente fue cancelada por el amo de la emisora y tío del General<br />
Trujillo hijo, José Arismendi Trujillo Molina, quien tenía diferencias con<br />
el sobrino. De inmediato Ramfis la contrató para su orquesta y sus bailes en<br />
la sede de la Aviación Militar Dominicana y en lugares en donde el General<br />
Trujillo hijo organizaba sus fiestas. Lucía cantó boleros y otros géneros<br />
musicales para las fiestas del joven militar durante largo tiempo.<br />
Francisco Simó Damirón,<br />
creador del estilo llamado<br />
Piano-merengue y autor de<br />
numerosos boleros.
Armando Recio, tenor<br />
de voz potente, que fue<br />
delicia del bolero en los<br />
años cincuenta.<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
101<br />
TRUJILLO Y UN BOLERO DE AGUSTÍN LARA<br />
Saliéndonos un poco de la secuencia que hemos trazado, vale la pena recordar<br />
que también un bolero salvó al maestro Rafael Solano de uno de los<br />
maltratos a los que acostumbraba el dictador Trujillo a someter a los músicos<br />
que participaban en orquestas sobre las que tenía influencia. Mientras<br />
tocaba con la orquesta de Antonio Morel, creada en los finales de los años<br />
cuarenta, el maestro Rafael Solano observaba los movimientos de Trujillo,<br />
incómodo seguramente por algo que nada tenía que ver con la música. De<br />
un momento a otro el Generalísimo «se desprendió» de su asiento, como decimos<br />
los dominicanos, se fue sobre el pianista Solano quien viendo la actitud<br />
del dictador se quedó como paralizado, puesto que conocía la ferocidad<br />
del Jefe. Morel, conociendo las injustificadas actitudes del dictador y sabiendo<br />
de sus reacciones, le dijo al maestro Solano: «toca algo Solanito». El<br />
maestro Solano, con el Generalísimo a un metro de distancia inicia los compases<br />
de Mujer, uno de los boleros insignias de Agustín Lara. Trujillo se detiene,<br />
da media vuelta y vuelve a su asiento, como domesticado por el bolero<br />
que el maestro escoge para disimular su miedo. El maestro Solano, quien<br />
ya desde muy joven había sido director de orquestas importantes, conocía<br />
las actitudes repentinas de aquel hombre, pero confiesa que no sabe por cuáles<br />
razones cambió su ruta y se sentó nuevamente a compartir con los suyos.<br />
No se sabe si Lara era verdaderamente admirado por Trujillo. La Voz Dominicana<br />
nunca lo trajo, y su primera presentación en el país fue en 1938 y la<br />
segunda en 1957 para una presentación en el Hotel Jaragua.<br />
El bolero fue entre los Trujillo una pasión. El hijo más pequeño del dictador,<br />
de nombre operático, puesto que se llamaba Leonidas Radhamés, llegó<br />
a publicar un disco de larga duración en el cual aparecían boleros supuestamente<br />
escritos por él, aunque se sabe que los numerosos arreglos y variaciones<br />
de los temas principales de los mismos eran obra de compositores nacionales<br />
que terminaban creando algo diferente y nuevo que se atribuía al
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
102<br />
benjamín de los Trujillo. El nombre del autor, como de adivinanza, era<br />
Rhadjillo, un seudónimo, un acertijo que hablaba ya del autor: L. Radhamés<br />
Trujillo (pues no usaba su nombre inicial, Leonidas). Los cantantes escogidos<br />
para estas grabaciones fueron Lope Balaguer, Elenita Santos, Fernando<br />
Casado y Gloria Mirabal. El disco de larga duración titulado Rhadjillo y sus<br />
mejores intérpretes, consigna las canciones y boleros Amor imposible, Mi<br />
sueño, Al irte de mi, Lejanía, Yo en tu vida, Otra despedida, Tu nuevo amor,<br />
Llorarás por mi, Sufro, Perdida, Me voy y Angustia de vivir. El presentaba como<br />
acompañante a la Orquesta Caribe dirigida por Augustín Mercier, el<br />
Conjunto Rhadjillo y la Orquesta de Cuerdas de Radio Caribe, dirigida por<br />
Rafael Solano. Elsa Marvall e Irma Carlón, grabaron canciones de Rhadjillo,<br />
entre ellas el bolero titulado Llorarás por mí, el cual fue muy promocionado<br />
para su colocación en la radio nacional. Vale recordar que Radhamés<br />
Trujillo fue un admirador de la orquesta puertorriqueña de Rafael Muñóz,<br />
cuyas voces, Rafi y José Luis Moneró, eran comunes en las emisoras dominicanas.<br />
Rafi Muñoz visitó el país durante las transmisiones de Radio Caribe,<br />
ya en los finales de los años 50 y comienzos de los sesenta, se dice, que<br />
invitado por Radhamés, el hijo más pequeño del tirano.<br />
Como anécdota final sobre el bolero y el llanto, vale la pena recordar que<br />
en su discurso de agosto de 1961, ya muerto el Generalísimo Trujillo por el<br />
grupo de valientes que lo eliminó en su camino hacia donde una de sus<br />
amantes, su hermano José Arismendi Trujillo Molina, –quien hubo de salir<br />
al exilio en los finales del mismo año– se refirió, durante la última celebración<br />
del aniversario de La Voz Dominicana, a la cantante Irma Carlón, (una<br />
de cuyas características era producir «lágrimas cocodrílicas» mientras interpretaba<br />
boleros de sabor amargo), en términos funambulescos dijo, seguramente<br />
refiriéndose a la reciente muerte de su hermano: «ahora no me voy a<br />
poner a llorar, como Irma Carlón». Se refería de soslayo a la situación dominicana<br />
que sin el dictador se hacía ya muy difícil para los herederos y<br />
Elenita Santos, llamada<br />
«Rayito de sol» fue de<br />
las que cantó con gracia<br />
el bolero moruno, considerándose<br />
la mejor<br />
intérprete del género en<br />
el país. Aún se mantiene<br />
vigente en la vida<br />
artística nacional.
familiares del tirano, una situación sin dudas distinta puesto que el respaldo<br />
al arte que Petán (José Arismendi) Trujillo recibía, venía directamente del<br />
Palacio Nacional. El bolero-llanto, si así puede llamarse, creado por la Carlón<br />
era un cursi espectáculo que la gente elogiaba y admiraba en los finales<br />
de los años cincuenta y comienzos de los sesenta. Ya para aquellos momentos<br />
Radio Caribe, la emisora de los hijos de Trujillo, manejada por el dictador<br />
en lo político con la persistente presencia del jefe de la tortura del régimen<br />
Johnny Abbes García, perdía su vigencia como emisora política y musical,<br />
siendo quemada en 1961 por grupos populares que la identificaban con<br />
el régimen en vías de desaparición formal. Sin embargo vale decir que en esta<br />
radioemisora el bolero tuvo importancia capital con maestros y orquestas<br />
como las dirigidas por Rafael Solano y Agustín Mercier. Sus cincuenta kilos<br />
Orquesta de Antonio<br />
Morel, año 1952. Sus<br />
éxitos como orquesta<br />
bailable fueron numerosos<br />
y con ella cantaron<br />
los más importantes<br />
intérpretes nacionales.<br />
El director en el centro<br />
con saco blanco.<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
1<strong>05</strong><br />
de potencia en onda corta eran un canal importante para la irradiación de<br />
la música dominicana y de una programación, que aparte de la típicamente<br />
trujillista, tuvo acogida internacional. Las orquestas, siguiendo el viejo cánon<br />
de La Voz Dominicana, realizaban transmisiones en vivo, y muchos músicos<br />
y compositores del momento se vieron beneficiados por la ondas de<br />
Radio Caribe.<br />
El paréntesis que hemos incluido en esta parte de nuestro trabajo, apunta<br />
hacia la demostración de la importancia que tuvo el bolero, y lo mismo<br />
otras modalidades, como el tango, del cual el hijo mayor del tirano, apodado<br />
igualmente de modo operático Ramfis, era un seguidor y gardeliano a carta<br />
cabal. Ramfis cantaba los mismos tangos que boleros y muchos de los integrantes<br />
de la orquesta que formó alrededor de sus intereses en la Aviación<br />
Militar Dominicana, recuerdan su voz, entre tragos, acompañado de guitarras<br />
o de orquestas, interpretando para sus amigos, estas melodías.<br />
Disco de larga<br />
duración con canciones<br />
de Rhadjillo, 1960.
LA VOZ DOMINICANA, NICHO DE LA MÚSICA POPULAR<br />
Enriquillo Sánchez,<br />
músico, compositor,<br />
arreglista. Fue de<br />
los primeros artistas<br />
contratados por<br />
La Voz del Yuna.<br />
Vale decir que a pesar de la formación de orquestas ya desde finales de los<br />
años 20, el nicho fundamental del bolero en la República Dominicana lo<br />
constituyó La Voz del Yuna, entidad que luego se transformaría en La Voz<br />
Dominicana, y en la que, ya en la capital, funcionarían escuelas de canto,<br />
de locución, de actuación y de manejo de controles. El sistema de presentaciones<br />
en teatros nacionales como un modelo comercial, produjo muchos<br />
espacios para el desarrollo de los cantantes que fueron naciendo al conjuro<br />
de la radioemisora que ya en 1952 se transformará en planta radio televisora.<br />
Nos permitimos hacer un resumen de los nombres ligados al bolero que<br />
cantaron en La Voz del Yuna este ritmo antillano, sin contar con el enorme<br />
número de artistas que vino al país no sólo para ejecutar música de otras latitudes,<br />
sino para instalarse durante algún tiempo en el mismo bajo contratos<br />
que obligaban a un denso trabajo en la radio citada.<br />
Al hacer el presente resumen aprovechamos los textos del libro Historia<br />
del Circuito Radial La Voz Dominicana, publicado en 1950 por Francois F. Sevez<br />
hijo, quien fuera su primer jefe de prensa.<br />
En los años treinta el bolero había alcanzado, gracias a la radio, una<br />
Maqueta del palacio<br />
radiotelevisor de La<br />
Voz Dominicana
Happy Boys orquesta<br />
inicial de Billo Frómeta<br />
1937. En esta orquesta<br />
el cantante Niní Vásquez,<br />
Negrito Chapuseaux,<br />
Simó Damirón y<br />
Cuto Estévez.<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
108<br />
merecida posición en América Latina, incluyendo países como Argentina,<br />
Venezuela, México, Puerto Rico y otros puntos donde se crearon orquestas<br />
para baile. Vale recordar que ya en 1937, Billo Frómeta había debutado en<br />
Caracas y creado allí Los Billo’s Happy Boys, luego de haber llegado a las tierras<br />
de Bolívar con un grupo de músicos que había emigrado con el nombre<br />
de Orquesta Presidente Trujillo. Entonces tuvo que cambiar hacia este nuevo<br />
nombre, a pesar de que había sido el propio dictador el que había sugerido<br />
que la orquesta se llamara como él. En 1939, Billo Frómeta, que había llevado<br />
ya en su primer viaje a Ñiñí Vásquez y a Cuto Estévez, cantante uno y<br />
músico el otro, retorna al país atacado por el tifo. Logra recuperarse y volver<br />
a Caracas, donde en 1940 crea la inmortal orquesta Billo’s Caracas Boys, bajo<br />
la influencia notoria de la famosa orquesta cubana Casino de la Playa. Con<br />
él estuvieron Francisco Simó Damirón y Negrito Chapuseaux, quienes compusieron<br />
luego boleros. El merengue pasó al piano en manos de Simó Damirón,<br />
quien más tarde creara el estilo del llamado piano-merengue cuando se<br />
desligara de sus compromisos orquestales. En las numerosas interpretaciones<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
109<br />
de Billo el bolero dominicano alcanzó importante espacio. Ven, de Manuel<br />
Sánchez Acosta, fue una grabación exitosa, pero igualmente en esos años<br />
cuarenta y cincuenta grabó Puchunguita, un bolero son de Negrito Chapuseaux,<br />
Eres todo en mi vida, de Luis Rivera, Cuando yo te quería, de su autoría,<br />
Maybá, de Diógenes Silva, que aunque no era bolero, era composición dominicana<br />
de características bailables con cierto ritmo raveliano, Pesar, de Bullumba<br />
Landestoy, Evocación, de Papa Molina. Se puede decir que estos boleros,<br />
interpretados y algunos grabados en la voz del dominicano Alcibíades<br />
Sánchez, abrieron un camino a la música dominicana de este tipo en Sudamérica,<br />
principalmente en Colombia y Venezuela. En 1942 ya el bolero dominicano<br />
había caminado un buen trecho y las oportunidades de la Voz del<br />
Yuna fueron un acicate para el desarrollo del mismo. Bajo la batuta de Reynaldo<br />
Fernández, (Rey Fernández) músico dominicano, se creaba en la villa<br />
de Bonao la que luego sería Super Orquesta San José a partir de la orquesta<br />
Lira del Yuna, y ya laboraban en la emisora Enriquillo Sánchez, pianista y<br />
compositor, con cantantes como José Nicolás Casimiro y Napoleón Vásquez.<br />
Varios conjuntos y cantantes de música tropical fueron surgiendo, como<br />
aconteció con el trío Los Trovadores Modernos, en el cual participaba Armando<br />
Cabrera, luego importante trovador, gran compositor de boleros e integrante<br />
del posterior Trío Azteca, que luego, en los mismos años cuarenta se<br />
transformara en Trío Quisqueya, cuyas grabaciones de las canciones de Juan<br />
Lockward alcanzaron notable éxito en la radio nacional. Vale no confundir<br />
el Trío Quisqueya de Cabrera, con el viejo trío de Mesa, Hernández e Ithier.<br />
Del mismo conjunto formaba parte Alcibíades Sánchez, quien luego fuera un<br />
exitoso cantante de la orquesta Billo’s Caracas Boys, en la segunda etapa de<br />
la misma, como ya hemos señalado. Piezas como los boleros citados y otras<br />
como porros y cumbias entre las que se encuentran Las pilanderas y La cocaleca,<br />
fueron parte de la variada producción de Billo, pero también muchos<br />
boleros dominicanos como Sortilegio, de Cuto Estévez.
Orquesta de<br />
Billo Frómeta.<br />
Caracas años 50.<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
110<br />
Continuando con La Voz del Yuna, vale señalar que una de las primeras<br />
boleristas fue Alba Marina Fernández, mientras que Fausto Ramírez, un trovador<br />
poco conocido, se dedicaba a la canción del pasado. Ya entonces Carlos<br />
Viana, declamador español, acompañaba con versos famosos y románticos,<br />
alguna de esta música. El modelo bolero-poema fue luego común a los<br />
años cincuenta en la música antillana.<br />
En 1944 se hicieron contrataciones extranjeras entre las que se encontraban<br />
la de la cantante cubana Martha Luque, lo mismo que el Cuarteto Pinareño,<br />
contratados para la celebración del Centenario de la República. El<br />
bolero afro estuvo representado por vez primera en el país por el cubano Tino<br />
Ribal, predecesor de Tirso Guerrero y de Milagros Lanty, quienes mucho<br />
más tarde abrazaron este género del cual Elíseo Grenet, el gran cubano que<br />
visitara el país por vez primera en 1917, fuera ejemplar figura. Otra historia<br />
que no cabría en estas páginas dedicadas al medioambiente del bolero dominicano,<br />
sería la de la relación de nuestro Eduardo Brito con Elíseo Grenet<br />
en los escenarios europeos.<br />
Cuto Estévez, uno<br />
de nuestros más connotadores<br />
compositores,<br />
autor de «Todo me<br />
gusta de tí».<br />
(Sortilegio).
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
112<br />
José Manuel López Balaguer, que ya desde 1943 formaba parte de la escuadra,<br />
y la soprano Luisita Cepeda, conformaban parte del canto de entonces<br />
con Milito Pérez, Licinio Valerio, de amplia participación artística nacional,<br />
los que formaban parte del grupo dominicano, lo mismo que el ya<br />
mencionado trío Azteca, mientras que Francia Liranzo, la que fuera luego<br />
bolerista de los años cincuenta se iniciaba en el tango. Durante ese período<br />
se formó el Cuarteto Quisqueya, con Eligio Pichardo a la cabeza. El Bonao<br />
Country Club sirvió de escenario a fiestas bailables donde el bolero era un<br />
plato obligado mientras la radioemisora estuvo ubicada en Bonao. Ya en<br />
1945, en sus inicios y en la capital, el café Ariete, ubicado en la calle del<br />
Conde a esquina 19 de marzo, recibía a la superorquesta San José como orquesta<br />
de baile. El Moroco, abría sus puertas festivas al baile y a la canción<br />
romántica. En la parte trasera del viejo Hotel Fausto, la barbacoa con el cerdo<br />
asado y las orquestas hacían la delicia de los concurrentes, muchos de los<br />
cuales venían desde otros hoteles a gozar el ambiente del sitio, vetusto y elegante<br />
a la vez. Una de las versiones expansivas de La Voz del Yuna fue la<br />
presentación de los artistas que contrataba en diversos clubes y escenarios<br />
del país. Julio Gutiérrez, el conocido autor de Llanto de luna y otras tantas<br />
melodías de honda repercusión latinoamericana, había sido contratado para<br />
mejorar la orquesta, e introdujo en la misma variantes importantes. El bolero<br />
se asentó con Gutiérrez en las intepretaciones de la San José. Elsa Valladares,<br />
Blanquita Amaro, la soprano Esther Borja, Eva Flores, trabajaron y<br />
cantaron boleros clásicos de Lecuona, de Eusebio Delfín, y otros. En aquellos<br />
meses iniciales de 1945, llegó al país el cantor argentino Alberto Gómez,<br />
quien se iniciara entonces en la canción bolero sin abandonar el tango.<br />
Llegó a cantar por lo menos un bolero afro titulado Yo soy Miguel. Pero<br />
igualmente arribaría el jovencito Angel Bussi, bando neonista que tenía ya<br />
fama en Buenos Aires en conjuntos que habían incluso acompañado a Gardel.<br />
Bussi, llegó como tanguista, pero pronto adaptó su instrumento al<br />
Nicolás Casimiro, una<br />
de las voces más nítidas<br />
del bolero nacional.<br />
Se ocupó de recoger<br />
en sus cancioneros,<br />
la música popular<br />
de su época.
acompañamiento de boleros en los que posteriormente se lucieran Ramón<br />
Pérez, llamado en principio El Príncipe del Tango, y el propio trío Quisqueya,<br />
al que Bussi acompañó, como a otros cantantes nacionales en la trova bolerística.<br />
En tal sentido, la capacidad de Bussi para incorporar el bandoneón<br />
a la canción bolero y al bolero instrumental, fue similar a la del panameño<br />
Avelino Muñoz, cuyo manejo del órgano en acompañamiento de boleros no<br />
ha sido superado, aparte de que fuera un importante creador del género.<br />
Alberto Gómez se destacó en la República Dominicana como promotor de<br />
la canción, cuando inició el programa «Voces Nuevas», que en 1945 intentaba<br />
descubrir nuevos talentos. Como lo hiciera el poeta Héctor José Díaz, con<br />
sus viajes bohemios por todo el país, Gómez recorrió nuestra patria en busca de<br />
talentos. En la búsqueda de «voces nuevas» las presentaciones se hicieron en<br />
Enriquillo Sánchez,<br />
compositor y deportista.<br />
Sánchez exaltado al<br />
salón de la fama del<br />
deporte dominicano por<br />
los doctores Emil Kasse<br />
Acta y Pedro Julio<br />
Santana.<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
115<br />
muchos lugares lográndose el primer resultado con la selección de Ulises Espaillat,<br />
Carmen Abrahamson y Adalberto Cruz Vila como ganadores. Espaillat fue<br />
luego uno de los boleristas de La Voz Dominicana. En la recién fundada orquesta<br />
Siboney actuaba como cantante Alcibíades Sánchez.<br />
Un punto clave en la presencia del nuevo bolero bailable fue la contratación<br />
ese mismo año de Eva Garza y Juan Arvizu. La Garza tenía una voz superlativa,<br />
y era conjuntamente con María Luisa Landín la representante femenina<br />
del bolero mejicano. Vino igualmente la dama del tango Mercedes<br />
Simone, la cual cantó algunos boleros de época. El Charro Gil, esposo de<br />
Eva Garza, la acompañaba. El grupo llegó al país en abril de 1945. Los boleros<br />
de Agustín Lara, y de los grandes compositores de la época, como María<br />
Grever, Orlando de la Rosa y otros, se dispersaron por todos los puntos<br />
del país, puesto que las presentaciones se hicieron, bajo la dirección de Julio<br />
Gutiérrez en los cines capitaleños y de las provincias. En estas giras no<br />
faltaban Lope Balaguer y Casandra Damirón.<br />
Gutiérrez partió hacia Cuba para cumplir contratos, pero retornó a Santo<br />
Domingo donde vivió en varias ocasiones. La partida de Julio Gutiérrez<br />
puso la orquesta en manos del maestro Luis Rivera, antiguo arreglista musical<br />
de Ernesto Lecuona en Cuba, y exitoso músico que tenía ya sostenida fama<br />
internacional. Así las actividades de la orquesta le dieron al bolero importancia<br />
capital en sus presentaciones. Eduardo Brito, aunque no fuera<br />
cantante de boleros, vino a La Voz del Yuna con su esposa Rosa Elena Bobadilla,<br />
donde realizó varias de sus presentaciones radiales. En 1945 Casandra<br />
Damirón fue bautizada como «Soberana de la Canción».<br />
Pese a que sólo había cantado esporádicamente boleros y a que fue luego,<br />
en los años cincuenta cuando alcanzó fama como tal, Libertad Lamarque,<br />
llega a Bonao acompañada de su esposo Alfredo Malerba. Se dice que Malerba<br />
era el manejador de Libertad Lamarque. Cuando la cantante se fue<br />
a México, fue Malerba el primero en aconsejarla para que entrara en las
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
116<br />
actividades de la música popular latinoamericana, entre las que estaba, el<br />
bolero. Su voz retornó como parte de ese momento en el que el gran Pedro<br />
Vargas remontaba como figura máxima inicial del bolero mejicano. Libertad<br />
entraba en ese ambiente hasta alcanzar una enorme fama que se extendió<br />
durante su larga vida, al punto de llegar a ser una de las grandes intérpretes<br />
de boleros de los años sesenta, como los creados por el último gran<br />
compositor del género, el mejicano Armando Manzanero y por nuestro Mario<br />
De Jesús. Libertad comprendía que el ecosistema musical mejicano no<br />
aceptaba el tango como música de salones. Ya el bolero había alcanzado en<br />
México, en los años cuarenta, importancia capital, casi ciudadanía, dada la<br />
gran cantidad de compositores que el país producía. De modo que cantantes<br />
como Pedro Vargas y Arvizu, se habían convertido en clásicos de este ritmo,<br />
el que Libertad aprovechó para un nuevo despegue más allá del tango,<br />
que fue su original modelo de canción. El reportaje radial de su llegada a<br />
Santo Domingo fue hecho por el Dr. Pedro Julio Santana, un especialista en<br />
tango y admirador no sólo de Libertad sino de Gardel, Alberto Castillo,<br />
Mercedes Simone y Nelly Omar. Millares de personas presenciaron la llegada<br />
de la llamada «Novia de América» al viejo aeropuerto General Andrews<br />
situado en los alrededores del kilómetro 2 de la carretera Duarte. Sus presentaciones<br />
en todo el país fueron numerosas. Como hemos ya apuntado los artistas<br />
contratados debían recorrer el país, y lo hacían acompañados de las orquestas<br />
creadas muchas veces para tales fines. Las presentaciones eran cobradas<br />
con la finalidad de acopiar los fondos o parte de ellos para el pago de estos<br />
artistas muchos de ellos muy caros.<br />
En 1946, y como parte de la promoción de la música dominicana y de la<br />
composición, el maestro José Dolores Cerón ganó en un certamen, con la<br />
canción Cuando pasaste. Varios boleros concursaron entonces.<br />
Hacia 1946 los discos de la orquesta de Don Américo y sus Caribes se<br />
habían hecho populares. Sus cantantes Gregorio Barrios, el llamado tenor<br />
La presentadora<br />
Norma Santana con<br />
Libertad Lamarque.<br />
Libertad Lamarque<br />
pasó del tango al bolero<br />
por sugerencias de su<br />
esposo Alfredo<br />
Malerba. 1962.
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
118<br />
vasco, (nacido en Bilbao y llegado a Buenos Aires debido al exilio de sus padres),<br />
Fernando Torres, también español, Leo Marini y Hugo Romani, comenzaban<br />
a producir esta etapa importante que para el canto antillano se<br />
conoció como «bolero rítmico». La mejor música antillana, pero igualmente<br />
la de autores argentinos como Don Fabián (Domingo Fabiano), pasaba<br />
por las voces de estos cantantes que aupados por el disco y la promoción característicamente<br />
comercial, llegan envueltos en boleros de excelente factura<br />
y letra. La orquesta fue creada por Américo Bellotto, como una oferta tropical,<br />
si así puede decirse. Su éxito coronaba desde Sudamérica, y con cantantes<br />
ligados a la Argentina, un género musical en el que se presentía el estilo<br />
rítmico del cubano Antonio Machín, hijo de español y cubana que se<br />
radicara definitivamente en España.<br />
En 1946 llegó al país, desde La Habana, el tenor vasco, Gregorio Barrios. Su<br />
repertorio era casi totalmente de boleros. Cantó en un programa conjunto con<br />
Negrito Chapuseaux y otros en el teatro Capitolio, acompañado por la Super<br />
Orquesta San José, esta vez dirigida por Francisco Simó Damirón. La presentación<br />
de Barrios animó profundamente la vida bolerística nacional. Demás está<br />
decir que recorrió varios puntos de la República Dominicana alcanzando un<br />
éxito total y dejando en el corazón dominicano su voz para siempre.<br />
También en 1946, contratado con carácter de exclusividad, llegó al país<br />
Daniel Santos, quien se presentó varias veces en diversos centros del país.<br />
Las canciones de Pedro Flores en la voz de Daniel, bohemio y cumbanchero,<br />
recorrieron igualmente nuestro territorio con notable éxito, ya que las<br />
grabaciones eran fundamentales en ese momento. El 14 de septiembre de<br />
1946 debutó en el país René Cabel, por segunda vez visitó el país Juan Arvizu,<br />
llegó al país Bobby Collazo, conocido compositor, retornó Julio Gutiérrez,<br />
visitó el país por segunda vez Chela Campos, volvió Eva Garza conjuntamente<br />
con El Charro Gil. La presencia de un ámbito tan positivo se completaba<br />
con músicos y compositores dominicanos que convivían durante<br />
María Luisa Landín,<br />
su voz llenó una<br />
importante época en los<br />
llamados «Bailables»,<br />
programas de música<br />
popular de la<br />
radio nacional.<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
119<br />
aquellos momentos con los nuevos recién llegados. Bullumba Landestoy,<br />
Enriquillo Sánchez, Luis Senior. Lope Balaguer, Fellita Cabrera y Lupe Serrano<br />
eran ya figuras importantes y en el caso de Lope, máximas en la interpretación<br />
del bolero.<br />
En 1947 se hicieron los intentos de hacer una firma de discos como la<br />
llamada Caracol, que por razones que ahora no vienen al caso, fracasó rotundamente.<br />
Los discos Caracol, bajo la orientación de Petán Trujillo, llegaron<br />
a grabar selecciones como Cariñito azucarado, de Enriquillo Cerón<br />
en la voz de Jesús Faneytte, Romance bajo la luna, de Moisés Zouain, y<br />
otras. Sin embargo ya la industria disquera internacional había copado<br />
parte del mercado dominicano, y el bolero era grabado, como en el caso<br />
de Luis Alberti, por firmas privadas en ocasiones o bajo contrato con prensadoras<br />
y sellos permanentemente nuevos. Con la llegada en 1947 de la<br />
llamada «tropa italiana», integrada por numerosos músicos italianos que<br />
decidieron aceptar contratos y conformar orquestas, crear escuela, y mejorar<br />
la vida musical dominicana, la interpretación musical, la orquestación<br />
Guarionex Aquino,<br />
barítono de voz<br />
excepcional fue un<br />
cantor de nuestra<br />
música tradicional.<br />
Grabó para la posteridad<br />
buena parte de la<br />
obra del maestro Julio<br />
Alberto Hernández.
Luis Kalaff (centro,<br />
recibe una placa)<br />
figuran además,<br />
Marcos de Córdova,<br />
Simón Díaz y<br />
Jesús Torres.<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
120<br />
y el florecimiento de la música de salón fue indiscutible, hasta alcanzar las<br />
esferas clásicas. La lista de los músicos italianos que nos acompañaron y<br />
crearon escuela, es larga e importante.<br />
En 1947, ya no como trío, pues lo había hecho en 1930, visitó el país Miguel<br />
Matamoros, esta vez con su conjunto. Durante aquel año la presencia de<br />
María Luisa Landín resultó un notable éxito, mientras que nuevamente Julio<br />
Gutiérrez se hacía cargo de la Superorquesta San José, dirigida hasta ese<br />
momento por Simó Damirón. Gutiérrez trajo de Cuba instrumentaciones<br />
nuevas y arreglos musicales que fueron estrenados por la San José. El 10 de<br />
marzo del 1947 llega al país, para unas presentaciones al piano, Orlando de<br />
la Rosa, el famoso autor de Vieja luna, y por tercera vez Eva Garza con su esposo,<br />
el llamado «charro Gil», hermano de Alfredo Gil, el genio y creador<br />
del requinto con el que el trío Los Panchos cambiara el modelo del bordoneo<br />
de la guitarra en el bolero tradicional, por el canto detallado y límpido de las<br />
cuerdas agudas. Llegó de nuevo el gran organista y compositor Avelino Muñoz,<br />
quien retornaba de Panamá y le fue encargada la Superorquesta San<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
121<br />
José debido a una de las tantas partidas de Julio Gutiérrez. Muñoz, considerado<br />
uno de los músicos más competentes, imprimió a la orquesta cambios<br />
importantes, redujo el sonido de ciertos cueros, suavizó la melodía y aprovechó<br />
la influencia de las grandes orquestas norteamericanas, bandas en las que<br />
la tonalidad estaba dada por los metales suavizados, y época en la que la sordina<br />
era todo un éxito. Se recuerda el uso de la misma en el Sexteto de Celso<br />
Vega, popular durante aquella época. Ese año debutaron en el país Las<br />
Hermanas Águila, cantoras de música mejicana, pero igualmente de boleros.<br />
El debut del llamado «gitano de México», Nestor Mesta Chayres se produjo<br />
en el Teatro Independencia el 25 de octubre de 1947. Chayres quedó sorprendido<br />
por la calidad de los boleros dominicanos, incorporando en su repertorio<br />
algunas piezas, de las cuales No te vayas, de Luis Chabebe, resultó un<br />
éxito internacional. El bolero dominicano se asentaba entonces en las voces<br />
de Babín Echavarría, Carmen Payán, Lope Balaguer, quien retornaba de varias<br />
giras por el exterior, Carlos José Martínez, el gran Jesús Faneytte, Lupe<br />
Serrano, Ulises Espaillat, Guarionex Aquino, Fellita Cabrera, Alberto Beltrán,<br />
Guillermo Peña, quien además fungía como locutor y otros.<br />
La llegada de Bobby Capó en 1948, precedido de la fama de sus canciones<br />
y de su elegancia como bolerista, fue un acontecimiento. Capó procedía de<br />
La Habana donde había cubierto un exitoso contrato, siendo un impulsador<br />
notorio del llamado «bolero moruno», del cual hablaremos más adelante,<br />
puesto que el mismo fue sumamente importante en una etapa del ambiente<br />
bolerístico nacional, siendo cantado y producido en nuestro país por autores<br />
que se aferraron en cierto momento a este tipo de expresión musical de tema<br />
hispano. Nacía en Cuba el ritmo llamado cha-cha-cha, y su mejor intérprete<br />
y ejecutante lo sería, a nuestro juicio, el propio Capó, quien entró exitosamente<br />
en el cine mejicano con sus canciones y su modo de bailarlo.<br />
Vale siempre señalar que en esta parte de nuestro texto estamos organizando<br />
más que nada datos que permitan entender cómo era la atmósfera
Paco Escribano, en un<br />
espectáculo popular<br />
con el locutor Carlos<br />
Larancuent y el<br />
bailarín apodado «El<br />
Timbero», Teatro Julia.<br />
Larancuent murió<br />
en la invasión de junio.<br />
Timbero vivió luego<br />
muchos años en Cuba,<br />
retornando a Santo<br />
Domingo en el 2003.<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
123<br />
musical dominicana cuando la llamada «era de oro del bolero» nos alcanza<br />
en los años cincuenta. Por alguna razón la «era de oro del bolero» coincide<br />
con lo que los historiadores del cine mejicano, llaman «la era de oro del cine<br />
mejicano», período en el cual las cintas de arrabal, rumberas y cabaret,<br />
constituyen un fenómeno que se inicia en los cuarenta, alcanzando durante<br />
toda la época de los cincuenta una difusión que se desarrolla en el tipo de<br />
cine donde la pérdida, los expoliadores de la mujer, los amores vanos y la<br />
violencia callejera se viven entre boleros y cabarets y entre barrios pobres<br />
de donde sale no sólo el mendigo sino la ramera que busca amor mediante<br />
los escenarios de la vida del prostíbulo.<br />
Una larga lista de películas de este tipo llega al país produciendo impacto<br />
social y llenando de voces nuevas el panorama.<br />
En 1947 retorna al país Libertad Lamarque. Capó debuta en El Bazar del<br />
Aire, el sábado 26 de marzo de 1948. El Bazar del Aire era un programa popular<br />
para actividades faranduleras masivas, en el cual los concursos, rifas y<br />
presentaciones eran alternados y numerosas casas comerciales «contribuían»<br />
El Indio Araucano,<br />
famoso por sus boleros<br />
de corte sudamericano.<br />
El primero desde la<br />
izquierda es nuestro<br />
compositor Bienvenido<br />
Brens.
Bienvenido Brens,<br />
el inspirado compositor<br />
de «Al retorno de tu<br />
amor», y otras<br />
canciones de enorme<br />
fama internacional,<br />
componiendo<br />
sobre su guitarra.<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
125<br />
con sus «aportes» para las rifas y regalos, aunque la propia Voz Dominicana<br />
suplía parte de los mismos. La entrada al «radio teatro cine al aire libre» se<br />
cobraba. Las presentaciones en los cines del país tenían mayor precio, y varios<br />
rangos, según las distancias y la categoría de los espectáculos. Podría decirse<br />
que como bien lo sugiere Américo Cruzado, en su obra citada, la casi<br />
desaparición de las temporadas de zarzuelas y ópera en 1929, dió paso a los<br />
espectáculos populares en cines creados para ello y en lugares públicos. Por<br />
ejemplo, de aquellas presentaciones de ópera, zarzuela y espectáculos de finales<br />
del XIX quedaron los vestigios de un teatro de variedades en el cual lo<br />
cómico vino a sustituir en parte muchas veces la seriedad de los espectáculos.<br />
Ya hemos hecho referencia al famoso Paco Escribano, pero abundamos<br />
en el dato de que Paquita Escribano, apodo que Rafael Tavárez Labrador escogió<br />
como artista que imitaba a la cantante del mismo nombre, suplió en<br />
gran parte con sus libretos a veces mostrencos y sus presentaciones, un modelo<br />
que tuvo antes gran calidad y que luego, gracias a él, sin las dotes reales<br />
de guionista y más dado a lo vulgar que a lo sublime, le dio al dominicano<br />
Mercedes Sagredo, su<br />
canción «Quisqueya»<br />
es un himno a su tierra.
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
126<br />
medio la idea de que sus creaciones eran geniales. El centro capital de sus<br />
actuaciones fue el cine Julia, designado con este nombre para homenaje de<br />
Julia Gerardino, hija del propietario, y no de Julia Molina la madre del dictador<br />
Trujillo, como a veces se ha dicho. Las variedades de bufos cubanos, y<br />
las presentaciones de obras y scketchs cómicos, pautaron las primeras actuaciones<br />
de Paquita Escribano (Paco Escribano luego), las que se extendieron<br />
más allá de los años cincuenta. Las presentaciones de cantantes en las salas<br />
de cine fueron y siguieron siendo comunes. La creciente presentación de<br />
cantantes dominicanos en los cines, llamados «teatros» por su doble función,<br />
era un espacio de magro sustento. Entre los cuarenta y cincuenta, pese<br />
a las presentaciones de La Voz Dominicana, algunos artistas cantaron bajo<br />
contrataciones no oficiales en algunas salas. Pero en general, el apoyo gubernamental<br />
era casi un celoso requerimiento. Se recuerda en los años cincuenta<br />
la presentación de Lucho Gatica en el cine Diana 1958, y aún más<br />
tarde, la de otros artistas como El Indio Araucano en el cine Max y muchas<br />
de las revistas que llegaron al país cuando La Voz del Yuna comenzó a llamarse<br />
La Voz Dominicana.<br />
Durante la semana de aniversario de 1948, Nestor Chayres repitió, sus<br />
grabaciones fueron un éxito rotundo, y hubo imitaciones tardías. Nuestro<br />
Niní Cáffaro, tiempo después tuvo como modelo en sus inicios en los años<br />
60 a Chayres, lo que le trajo el rechazo de José Arismendi Trujillo Molina,<br />
según anécdotas que corren entre los amantes del bolero. El potentado<br />
era admirador del mejicano, y no aceptaba nada parecido. Cáffaro luego<br />
se convertiría en uno de los más exitosos cantantes dominicanos cuando<br />
bajo la batuta y orientación del maestro Rafael Solano, emprendió una<br />
importante carrera como vocalista. También en 1948 llegaron Las Hermanas<br />
Lago. Leo Marini, ya ampliamente conocido por sus grabaciones con<br />
Don Américo y sus Caribes, fue un acontecimiento durante ese mismo<br />
año en el que. Bobby Capó retorna, con presentaciones de nuevo en el<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
127<br />
Hotel Jaragua. Recordemos que Marini inició por entonces una larga carrera<br />
con la orquesta cubana Sonora Matancera, interpretando autores de aquella<br />
isla, y de otras latitudes fuera ya de las influencias argentinas iniciales.<br />
Los dominicanos Salvador Martí Otero, Milagros Lanty, Tirso Guerrero,<br />
y Lucía Félix, completan el viejo staff de cantantes de bolero que ya eran famosos<br />
y conocidos ampliamente por el público dominicano. En 1949 la incorporación<br />
del maestro Agustín Mercier, procedente de Cuba, fue importante.<br />
Mercier desarrolló una meritoria labor entre los jóvenes intérpretes,<br />
y su piano fue inspiración en numerosos lugares y orquestas del país, recordándose<br />
sus arreglos e interpretaciones con la Orquesta Caribe, sucedánea<br />
de Radio Caribe, donde laboró con Rafael Solano, también de larga experiencia<br />
y un verdadero ejecutante del filin que se iniciaba ya en los comienzos<br />
de la década del sesenta.<br />
Pero vale señalar que durante todo este proceso el bolero dominicano se<br />
había hecho adulto en manos de músicos y compositores dominicanos como<br />
Papa Molina, Cuto Estevez, Luis Senior, Luis Alberti, José Dolores Cerón,<br />
Moisés Zouain, Luis Chabebe, Bienvenido Brens, Ney Rivera, Luis Rivera,<br />
Enriquillo Cerón, Enriquillo Sánchez, lo mismo que Federico Asmar<br />
Sánchez, Bienvenido Fabián, Freddy Nanita, Bullumba Landestoy, Manuel<br />
Sánchez Acosta, Avelino Muñoz, Billo Frómeta, Babín Echevarría, Mercedes<br />
Sagredo, Luis Kalaff entre otros.
LA VELLONERA, MADRASTRA DEL BOLERO Y VOZ DEL CABARET<br />
Vellonera Stereo.<br />
Las primeras tocaban<br />
discos monoaurales.<br />
Pieza en exhibición en el<br />
Restaurante Vizcaya,<br />
Santo Domingo.<br />
A mediados de la década del 40, Arsenio Canó consolidó la importación<br />
de velloneras en el país. La vellonera fue un molde para el gusto dominicano,<br />
como para el gusto de muchos países latinoamericanos. Algo que llama<br />
la atención y que tal vez no se ha señalado, es que la vellonera dio inicio a<br />
cierto tipo de «payola» nacional. Muchos discos entraban en la vellonera por<br />
solicitud de los representantes de casas importadoras. Conocí lugares donde<br />
las grabaciones de un cantante no eran admitidas porque había ya cierta suma<br />
pagada para evitar que el disco sonara. Sin embargo en el caso de los cabarets<br />
la demanda era fundamental y en ocasiones el dueño del negocio no<br />
aceptaba ofertas que fuesen capaces de alejar una clientela que estaba ligada<br />
por al afecto y la amargura muchas veces, a cierto tipo de artista y de música.<br />
A finales de los años cincuenta, era imposible bloquear al Jibarito de Lares,<br />
Odilio González, a Felipe Rodríguez, a Carlos Salamán o a Blanca Iris Villafañe,<br />
voces de cabaret, a tal punto que su estilo permaneció en la música<br />
suburbana dominicana hasta insertarse y lo que llaman «el efecto bachata». A<br />
partir de 1950 la vellonera, masificada, afectó profundamente los negocios de<br />
las salas de baile. Entró en los salones de altas clases sociales, pero también en<br />
María Victoria.<br />
El anuncio es un aviso<br />
de una de sus películas.
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
130<br />
los tugurios, bares de mala vida, y sitios en donde el baile popular reclamaba<br />
de más en más una música que no fuera la que se alquilaba en las antiguas<br />
agencias. Otro elemento que afectó notablemente a las agencias de alquiler<br />
de discos fue la aparición del long play hacia 1948. En vez de diez o doce discos<br />
de alquiler de 78 revoluciones, el interesado compraba long plays de música<br />
variada, los que inicialmente venían con ocho piezas musicales, o sea el<br />
número de discos de 78 revoluciones por minuto que se alquilaba para fines<br />
bailables. A partir de 1960 este sistema alcanzó resultados insospechados<br />
cuando Billo Frómeta «inventó» los llamados «mosaicos». En los mismos, y<br />
de modo quizás comercial, la orquesta interpretaba todo tipo de ritmo, canciones<br />
antiguas y modernas, cumbias, guarachas, merengues, boleros, vallenatos<br />
y viejas romanzas adaptadas. Los mosaicos de Billo se expandieron<br />
cuando la música norteamericana había ya entrado en el área tropical y<br />
cuando las baladas, a partir de mediados de los cincuenta, se fueron haciendo<br />
cada vez menos cercanas al bolero mismo, que en los cincuenta había alcanzado<br />
la cúspide de su popularidad en voces como la de Lucho Gatica.<br />
Sobre este aspecto vale recordar que durante los años cuarenta y cincuenta<br />
las agencias musicales se hicieron necesarias en muchas barriadas<br />
capitalinas y de ciudades y pueblos del interior. El bolero se dispersaba desde<br />
varios ambientes: las salas de fiesta, los clubes y centros de recreo, las<br />
salas particulares de bailes familiares, los cabarets, los escenarios de los cines,<br />
los centros nocturnos, las fiestas callejeras. A finales de los años cuarenta,<br />
en el llamado Cine Jardín Ramfis, primer espacio para la exposición<br />
de películas al aire libre, el bolero precedía al filme. Se recuerda que en la<br />
espera, los parroquianos iban allí, y se sentaban a escuchar la música que<br />
el operador de cámara colocaba en el viejo tocadiscos de 78 revoluciones<br />
por minuto. No era raro ver a nuestro barítono Fausto Cepeda, hijo de don<br />
Luis, presenciar las carteleras dobles. Allí la música y el bolero, fundamentalmente,<br />
eran comunes. Los bares cercanos de Villa Francisca proveían<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
131<br />
un público que gustaba de este ritmo. Entre espumas, de Luis Marquetti,<br />
quien desde Radio Progreso como creador insigne de boleros de cabaret, se<br />
escuchaba en la voz de Bobby Capó y en la de Leo Marini. Pero igualmente<br />
los cincuenta nos sorprendieron con boleros como Plazos traicioneros,<br />
Allí donde tú sabes y Amor que malo eres, del mismo autor, en voces como<br />
las de los Tres Diamantes, Panchito Riset, Carlos Pizarro y Johnny Albino<br />
y su Trío San Juan, entre otros. Lo mismo era común oír –siempre los<br />
mismos boleros durante semanas– Margot, o bien Amigo, en la voz de Leo<br />
Marini. Nada de guarachas ni de otro tipo de música que no fuera el bolero.<br />
De vez en cuando se filtraba algún ritmo movido en la voz de Daniel<br />
Santos, o de los Matamoros. Más allá de las gravas que constituían el piso<br />
de la «sala» de proyecciones, en los altoparlantes barriales, la guaracha, el<br />
naciente mambo y el «me lo dijo Adela», cha-cha-cha usado por Max Reynoso<br />
en su programa Amalgama de Colores de la Pelota, tenían el permiso<br />
del soberano público. La tradición recorrió los cines al aire libre de la<br />
capital, donde eran comunes las tandas de «doble o triple hits», o sea de<br />
Blanca Iris Villafañe<br />
con ella se inicia en<br />
Puerto Rico lo que<br />
luego se llamaría<br />
«Bachata» en la<br />
República Dominicana.<br />
La Villafañe reside en la<br />
República Dominicana.
Lucho Gatica.<br />
El bolero de los años 50<br />
alcanzó plenitud con<br />
sus interpretaciones.<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
133<br />
varias cintas fílmicas por un solo precio, y en las que como dice Fernando<br />
Infante en su libro Los Viejos Tiempos, una película era cortada en varias<br />
zonas para que cupieran las dos o tres en una tanda a lo sumo de hora y<br />
media. Las voces de protestas se alzaban. Cuando los silbidos eran más que<br />
numerosos, la cinta se detenía, y la película era suspendida inútilmente<br />
por un rato para calmar los ánimos encendidos, y entraba a sonar un bolero<br />
que apaciguaba los insultos al operario encargado de la proyección.<br />
De esos cines, donde las películas de rumberas a lo Ninón Sevilla recordaban<br />
el lenocinio muchos se dispersaban hacia el rosario de cabarets en las<br />
zonas altas, en donde las casas de ron ejercían su dominio propagandístico.<br />
Las borracheras barriales se acumulaban en un sombrío amanecer de<br />
gente que volvía a sus reductos en Ciudad Nueva, en Gascue, y la propia<br />
zona alta de la ciudad. Porque los habitantes del bolero venían de todos<br />
los lugares y se olvidaban de su clase social cuando la mulata giraba, entre<br />
luces, buscando una mirada prometedora.<br />
De esos cines de barrio vale la pena recordar el Trianón, techado, en la<br />
avenida Braulio Álvarez de entonces, y en el cine Radhamés, en la avenida<br />
María Martínez del Barrio de Mejoramiento Social. Mas tardíamente pasaba<br />
igual en el cine Atenas, el más grande de los cines al aire libre, con piso<br />
de arena y grava en sus inicios, lo mismo que el Jardín Ramfis, espacio para<br />
ser transformado en ring de boxeo y lucha libre, como lo fuera luego al ser<br />
convertido en Coliseo Brugal.<br />
Los inicios de cines con boleros previos hay que adjudicárselos a Luis Cepeda,<br />
cuñado del doctor Miguel Grillo Aguirre. Cepeda era hombre de cine,<br />
operador de cámaras, copropietario del teatro Mi Cine, en la avenida<br />
Mella, donde también sonaran los boleros bajo techo antes de las películas<br />
serias o de drama, porque en las de vaqueros y series había una música infantil.<br />
El bolero era por tanto, una especie de presencia inevitable, y valen<br />
estos apuntes para entender por qué razones se vivía con el alma «abolera-<br />
Doble página siguiente<br />
La Vellonera, las fotos<br />
adosadas a ella hablan<br />
de su «personalidad»<br />
festiva.
Bienvenido Granda,<br />
llamado «El bigote<br />
que canta», exitoso<br />
bolerista de la orquesta<br />
La sonora matancera.<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
137<br />
da» desde la infancia, y por qué era muchas veces más importante la voz de<br />
Alfredo Sadel, ya a mediados de los cincuenta, que un vals de Chopin.<br />
El bolero tuvo formas sociales diversas. Hubo un bolero que era consumido<br />
por la alta sociedad, la burguesía, y que se hacía presente como música<br />
orquestal en sitios como el Hotel Jaragua, el Club de la Juventud, el<br />
Casino de Güibia, el Golfito Tennis Club, y los clubes de provincia, principalmente<br />
de Santiago y La Vega. Existía un bolero que podía ser el mismo<br />
de las altas clases pudientes, pero que se bailaba en centros de menor<br />
importancia social, donde la mezcla de clases era común. Se trataba del<br />
ambiente, por ejemplo, del llamado Paraguas de Guibia, ubicado en la vecindad<br />
del Casino, pero con música más estruendosa y un público amante<br />
de boleros y de música menos exigente, aunque era posible gozar de conjuntos<br />
y orquestas en este tipo de espacio, como aconteciera luego, durante<br />
los años cincuenta, con los clubes típicos de la famosa Feria de la Paz y<br />
Confraternidad del Mundo Libre.<br />
El ambiente del cabaret era bien diferente. El lenocinio fue un punto<br />
Fernando Casado se<br />
inició como locutor y<br />
cantante en los años<br />
50. Una de las mejores<br />
voces del bolero<br />
dominicano.
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
138<br />
clave del sexo y la música en todo el Caribe y los boleros que delataban la<br />
traición, la amargura, desamor y muerte, fueron mucho más apreciados en<br />
estos centros que los típicos boleros poéticos de un Zouain, o un Sánchez<br />
Acosta, o que los boleros bucólicos del propio Zouain, Enriquillo Sánchez,<br />
y Juan Lockward. En el caso de Lockward la repetición de sus canciones mediante<br />
grabaciones del Trío Quisqueya, o en los programas de la radio en<br />
donde él mismo cantaba, lo mismo que en las interpretaciones de Teté Marcial<br />
y Nicolás Casimiro, el canto llegaba hasta la pasión mediante la dosis<br />
de amargura y ensueño que sus canciones transmiten. La trova de Juan era<br />
sólo trova audible para el alma, escuchable para el corazón.<br />
La vellonera hacía lo suyo, y la música surgida de la misma era por tanto<br />
un reclamo repetido muchas veces de problemas pasionales que se deshacían<br />
entre copas. Si vamos a hablar de la vellonera en los años cincuenta vale decir<br />
que la misma tuvo como representantes básicos de la amargura musicalizada<br />
a Toña la Negra, su bolero De mujer a mujer, rompió record en los «cafeses»<br />
de los cincuenta, lo mismo que el bolero-son Salomé, y El cuartito en<br />
la voz de Riset, cuya interpretación de Dos gardenias, de Isolina Carrillo, se<br />
convirtió en un clásico del bolero epocal. Pero prácticamente la voz de<br />
Bienvenido Granda, la de Panchito Riset, la de Alberto Beltrán, y la de<br />
aquellos cantantes de boleros grabados desde 1952 hicieron pauta cabaretera.<br />
La voz de «La Ñoña de Mejico», María Victoria, inundó de miel la radio<br />
nacional con su quejido breve, y con Los Panchos, Los Diamantes, Los Tres<br />
Ases, las voces de Felipe Rodríguez, Davilita, y otros como Carmen Delia<br />
Dipini, Carlos Pizarro, Benny Moré, Virginia López, Blanca Iris Villafañe,<br />
Lope Balaguer, Elenita Santos, –no puedo citarlos a todos– fomentaron unos<br />
espacios de amor y de entrega que sirvieron de base a diversos ámbitos. No sería<br />
fácil olvidar cantantes como los que serían gloria de los años sesenta y entraron<br />
a formar parte de la vida del bolero en los mismos cincuenta como Fernando<br />
Casado, Armando Recio, y Francis Santana, este último considerado<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
139<br />
como una de la voces más melancólicas y firmes del bolero antillano. Casado,<br />
de voz fresca y melodiosa, ha sido, sin dudas, uno de los mejores intérpretes<br />
de los boleros de los cincuenta, antologando algunos de ellos en discos<br />
de larga duración, y vale decir que su voz rescata con acierto la criolla<br />
dominicana, género que se ha ido olvidando y que posee importancia capital<br />
en la música nacional. De Armando Recio podemos afirmar que fue de<br />
los jóvenes boleristas que luego de 1965 y por razones políticas, ya que estuvo<br />
ligado a las acciones de la guerra de abril, salió del país y difundió el nuevo<br />
bolero dominicano en los escenarios de Nueva York y Caracas, llegando<br />
a grabar para el sello Riney numerosas canciones. Había sido antes, y a partir<br />
de 1952, uno de los primeros intérpretes de los boleros de Bullumba Landestoy,<br />
de los cuales Carita de Ángel, también grabado en la voz de Fernando<br />
Fernández, vino a constituir un éxito.<br />
La vellonera abría su boca sembrada de dientes redondos y llenos de música,<br />
el disco, silencioso y audaz, contenía para siempre el sonido de voces<br />
que podían ser repetidas para empapar de nostalgia el corazón, y los dominicanos<br />
escuchaban desde la distancia y desde el abrazo de la pretendida los<br />
boleros del amargue inicial.<br />
Que si un amor nació de una cerveza, / otra cerveza beberé para olvidar, / un<br />
querer que surge en una mesa / entre espumas se debe sepultar. / (Luis Marquetti.<br />
Entre espumas)<br />
Esperanza inútil, flor de desconsuelo, / por qué me persigues en mi soledad. /<br />
Por qué no me dejas volcar mis anhelos / en la amarga copa de la irrealidad. / Por<br />
qué no me matas con un desengaño, / Por qué no me hieres con un desamor, /<br />
Esperanza inútil si ves que me engaño, / por qué no te mueres en mi corazón. (Pedro<br />
Flores. Esperanza inútil )
Julita Ross, fue de<br />
las primeras voces<br />
difundidas en las<br />
velloneras. La Ross<br />
fue una gran intérprete<br />
del bolero y la danza,<br />
puertorriqueña.<br />
DE BOROJOL AL TROCADERO<br />
La vellonera en la que también el son y la guaracha estaban presentes, tenía<br />
su contrapartida en los conjuntos populares de sitios que como el barrio<br />
de Barahona (Borojol), «quemaban» un bolero que ahora se ha dado en llamar<br />
«música de amargue», porque esas letras, de las cuales Felipe Rodríguez,<br />
Julita Ross, y Carlos Salamán hicieron gala apuntaban directamente al corazón<br />
de la gente cuyas penas se iban en alcoholes. Felipe Rodríguez y Salamán,<br />
desde Puerto Rico, cantaron con ritmo de bolero música de tangos. Julita proclamaba<br />
la renuncia cuando con voz fañosa y aguda le rogaba al viejo amante<br />
en un «no me escribas». Cuando el conjunto comenzaba a sonar en las salas<br />
de baile a oscuras y adrede semi iluminadas con faroles de bombilla pobre<br />
y bajo consumo, la vellonera era jubilada por varias horas, para luego retornar,<br />
segundona, a proteger al danzante en el momento en que algunos de los músicos<br />
viajaban hacia otro ámbito, como por ejemplo el de El Trocadero, lugar<br />
no de «mala vida» sino de tertulia pura, capaz de recoger la bohemia dominicana<br />
de los años cuarenta y meterla en un saco de explosiva alegría.<br />
En el lenocinio que tantos boleros produjo para el cine y en el bar de putas,<br />
el feligrés bailaba su bolero de «amargue» con una de las habitantes del<br />
Teatro Cine Julia,<br />
fundado en 1942.<br />
Importante centro<br />
artístico de Villa Francisca<br />
donde degustaron<br />
los más importantes<br />
cantantes, cómicos y<br />
artistas de época. El<br />
nombre Julia se debe a<br />
Julita Gerardino, hija<br />
del propietario.
Los Viejos Días, textos<br />
del escritor Fernando<br />
Infante, donde se<br />
recogen con gracia,<br />
memoria y hechos<br />
de la vida musical<br />
dominicana.<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
142<br />
lugar, vividora de las cercanías. El abrazo pagado sustituía, sin dudas, el que<br />
la amada traidora o traicionada debería haber dado al amante. El bolero es<br />
machista, como el tango argentino. Desde el fondo de la noche el bolero y<br />
el son amargaban gozosamente (valga la contradicción) la soledad del que<br />
se creía dueño y señor de la noche. Entonces Sopa Fría, de nombre desconocido,<br />
aprovechaba la presencia de los marinos norteamericanos en los bares<br />
de Barahona (Borojol), para mostrar sus habilidades como bailarín. Se<br />
dejaba caer junto a la vellonera como quien sufriera un colapso producido<br />
por un planificado ataque de epilepsia, más alcohólico que cerebral, y cuando<br />
todos los ojos estaban puestos sobre él, «despertaba» arrullado por el creciente<br />
volumen del aparato manejado maliciosamente por un cómplice de<br />
tragos, saltaba ante la sorpresa de todos y terminaba sus síntomas epilépticos<br />
haciendo piruetas musicales que obligaban a los presentes a meter la mano<br />
en el bolsillo y donarle algunas monedas. Su recorrido aguardentoso y teatral<br />
alcanzaba El Trocadero y los bares en donde el disco era elemento clave<br />
de la vida nocturna, pero donde había espacio para ejercitar los movimientos<br />
Dueto Apolo,<br />
Santiago años 40.<br />
Teté Marcial,<br />
Diógenes Silva,<br />
al centro, en la<br />
emisora HI3U.
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
144<br />
que justificaban su supervivencia. En su libro titulado Los Viejos Días (Editora<br />
Búho, 2002) Fernando Infante lo recuerda destacando sus condiciones<br />
de bailarín y de figura del cabaret. Vale revisar la cantidad de sitios en donde<br />
el bolero tuvo importancia, lugares cuyos nombres Infante recoge en su<br />
obra y que superan, sin dudas, nuestra lista.<br />
En los centros nocturnos, las mejores orquestas interpretaban boleros de<br />
enamorados. El ámbito era diferente. Mesas con lamparillas, damas encopetadas,<br />
caballeros a veces con smoking bailando en la voz de Marcelino Plácido<br />
las letras de Armando Cabrera, de Luis Alberti, de Luis Senior, de Manuel<br />
Sánchez Acosta, de Yabra, de Bullumba, de Zouain.<br />
Todavía en los cincuenta se apreciaba la serenata. El trovador, acurrucado<br />
en el pasado, cantaba como un condenado que esperaba tras el balcón la<br />
absolución erótica. Ney Rivera, Lockward, Luis Vásquez, Niño Pérez, y algo<br />
más tardíamente Alejandro Dandrades y otros sobrevivientes de la época romántica<br />
inicial prolongaron la trova contra un designio ecológico imposible,<br />
gozando de un prestigio que injustamente no llegó a gozar Vinicio Saladín,<br />
el último trovador incógnito, no así Fernando Arias, bolerista que trovando<br />
compone y alarga la racha de esta especie en extinción.<br />
Mirando hacia el pasado, se perciben nichos importantes para la consolidación<br />
del bolero. En los años cuarenta, el más importante estaba construido<br />
por la mezcla de dos realidades, la una radial, la otra espacial. En los cincuenta<br />
se agregaba la televisión, con su poder omnímodo capaz de meter en<br />
las casas de familia los gestos, las caras, los movimientos y la vida misma de<br />
los artistas que vinieron a las tantas semanas de aniversario del Circuito Radiotelevisor<br />
La Voz Dominicana. Nacidas al conjuro de La Voz Dominicana,<br />
voces nuevas y voces llegadas de diversos puntos del país, cubrieron los<br />
años cincuenta y el comienzo de los sesenta con creciente actividad cantantes<br />
como Arístides Incháustegui, cuya voz prodigiosa hizo del bolero un modelo<br />
para otros cantantes, como aconteciera con A primera vista, de Manuel<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
145<br />
Sánchez Acosta y Ciego, de Rafael Hernández, a mi juicio dos joyas de la interpretación<br />
bolerística en nuestro país. Aunque Incháustegui no fue un bolerista<br />
a tiempo completo, sus grabaciones de este tipo, pocas y selectas, marcaron<br />
un modelo en donde su voz de tenor, alcanzaba el molde de los cantantes del<br />
bolero clásico que fueran Gregorio Barrios, Chayres, y el propio Sadel. El listado<br />
de intérpretes de aquellos años es grande, y habría que citar a cantantes que<br />
tendríamos que mencionar permanentemente, aparte de los ya señalados. Es<br />
importante recalcar que algunos de estos cantantes, hombres y mujeres, tuvieron<br />
grandes dificultades para salir del recinto de La Voz Dominicana, y que sólo<br />
unos cuantos alcanzaron la fama internacional que merecían. Menciono a<br />
Lourdes Rodríguez (Masaya), Nicolás Casimiro, digno de mejor suerte, Fellita<br />
Cabrera, Lupe Serrano, Diógenes Román, Esperanza Liranzo, Grecia Aquino,<br />
Rafael Roque (Lucho), Tony Curiel, Julita del Río, Inés Gelabert, Ligia Monsanto,<br />
Iluminada Luna, Guarionex Aquino, Jerónimo Pellerano, Ángela Vásquez,<br />
José Antonio Caro, Carola Cuevas. Algunos y algunas, pasado el tiempo,<br />
cantaron por cuenta propia en sitios de diversión más tardíamente, como lo hicieron<br />
la gran Rhina Ramírez, Hilda Saldaña, Julita del Río y Carola Cuevas,<br />
de potente voz. En algunas de esas voces el bolero dominicano fue difundido<br />
tanto en México como en otros puntos de América, y valdría la pena escribir<br />
a fondo sobre la importancia de las voces femeninas en la bolerística dominicana,<br />
puesto que gran cantidad de mujeres desde mediados de los años cuarenta<br />
del siglo pasado se especializaron en la ejecución de la canción-bolero. Rhina,<br />
perteneciente a la generación de los sesenta, hizo carrera en México como<br />
bolerista, y mantiene su voz. Elenita Santos pudo establecerse en México durante<br />
algún tiempo, actuando allí en los años 50 y 60 y retornando al país en<br />
1966. Julita del Río todavía canta en boites de la capital, y muchos cancioneros<br />
y cancioneras que se apagaron, recuerdan sus momentos de éxito burlando,<br />
de alguna manera, el cerco de La Voz Dominicana aunque, casi siempre, ya tardíamente,<br />
o mediante traumas y contradicciones con su propio medio.
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
146<br />
NOTICIAS DE EL TROCADERO<br />
El Trocadero, propiedad de Miguel Alma, abrió sus espacios en los años<br />
cuarenta. Tomaba su nombre del barrio parisino cercano al Palais Chaillot,<br />
donde a finales del siglo XIX la bohemia tenía parte de su cuartel, alcanzando<br />
este nombre el de hoteles y sitios en buena parte de Europa. En la República<br />
Dominicana, Alma se apropió del carisma y el sentido de este espacio<br />
y abrió su establecimiento como ofrecimiento diurno y nocturno a los poetas,<br />
cantantes y bardos de la época. Allí se congregó una bohemia en la que<br />
participaron numerosos artistas del canto. «Desde las palmeras de El Trocadero»,<br />
programa en vivo que se transmitía los domingos a partir de las 12<br />
del día hasta llegada la medianoche, era el más importante programa radial<br />
en vivo de su época. La estación HIZ tenía, además, programas musicales al<br />
mediodía transmitidos desde sus estudios. Cantantes de todo el país, y voces<br />
como la de Teté Marcial, Flor de Liz, Juan Lockward, y otros tantos, cantaban<br />
domingo a domingo a través de los micrófonos de HIZ, la que por iniciativa<br />
del ingeniero Frank Hatton, su propietario, hacía cruzar los micrófonos<br />
hacia el centro bohemio con cables que cruzaban la avenida Mella y<br />
transmitía exitosamente. Los cables eléctricos serpenteaban sobre la acera<br />
escondiéndose en los rincones del bar para desplegarse alcanzando micrófonos<br />
y orquestas, voces y rumores producto de la vida dominical que buscaba<br />
en el arte musical y en la poesía el camino del esparcimiento báquico. Figuras<br />
importantes de la trova y la poesía popular, como el propio Lockward y<br />
Héctor José Díaz, eran símbolos del El Trocadero. El mismo estaba en la avenida<br />
José Trujillo Valdéz a esquina avenida Mella, al lado del viejo cine Travieso<br />
que fuera luego cine Max, y frente a la estación HIZ, lo que facilitaba<br />
las transmisiones. El Trocadero era un sitio destechado, con piso de gravilla,<br />
un alero interior sobre el bar, mesas y sillas al aire libre y verja de cara al público<br />
que pasaba y hacía en el sitio una parada obligada. Imitación del mismo,<br />
más tardíamente y sin bohemia, fue el famoso bar El Pino, también en<br />
Flor de Lis cantó<br />
en los más importantes<br />
lugares. Fue cantante<br />
de la HIZ y de los<br />
programas de Paco<br />
Escribano, también de<br />
La Voz Dominicana.
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
148<br />
la avenido José Trujillo Valdéz, donde sólo la vellonera tenía voz cantante.<br />
El pino fue en su momento obra de Melitón Hanley. Como no tenía puertas<br />
El Trocadero no cerraba y algunos bohemios terminaban allí su madrugada,<br />
o en la fonda llamada La Pata, de doña Tatá Aponte, en la calle Félix María<br />
Ruíz, hoy absorbida por la avenida México. Pero el lugar clave para la ingestión<br />
de unos buenos bollos de yuca, un mondongo con limón, bofe tostado,<br />
congri o moro, y lo mismo fritos verdes con chicharrón del mejor, era<br />
la fonda de Chichito, donde el arroz con habichuelas y la salsa sobrante de<br />
la carne de los guisos, fuera bautizado con el nombre de «por arriba», constituyéndose<br />
en la zapata digestoria de los menos pudientes, generalmente<br />
parroquianos cuya ingestión de alcohol corría pareja con los regalos de la<br />
propaganda de las casas licoreras, desde muchas de las cuales emergieron borrachos<br />
permanentes y seguidores de la farándula incapaces de vivir sin el<br />
tufo mañanero como herencia de la medianoche. La contrapartida del «por<br />
arriba» era el plato llamado «bandera dominicana», un arroz con habichuelas<br />
sin otros aditamentos que un pedazo de plátano verde sancochado. El parroquiano,<br />
pobre y de hábitos alcohólicos nocturnos, igualmente esperaba la<br />
mano dadivosa capaz de proveer un trozo de carne completivo de la patriótica<br />
fórmula.<br />
La popularidad de El Trocadero coincide con el auge artístico de La Voz<br />
del Yuna, de modo que muchos de los artistas que llegaban al país cantaban<br />
en los diversos escenarios de la capital y se hacían presentes en las<br />
reuniones musicales con una bohemia gratuita. Daniel Santos fue uno de<br />
lo asiduos del sitio durante las ocasiones en que vino a partir de 1946. El<br />
barítono Fausto Cepeda, siendo un niño, asistía al patio trasero del cine<br />
Travieso, donde había cuarterías y muchachas ligadas a la vida farandulera,<br />
lugar donde el famoso cantante a veces cantaba acompañado de alguna<br />
guitarra silvestre, de esas que aparecen siempre que hay alguien dispuesto<br />
a entonar una melodía.<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
149<br />
RECUERDOS A GRANEL<br />
Vale la pena utilizar un poco los recuerdos del periodista Gustavo Guerrero,<br />
quien durante aquellos años visitaba el lugar y era un amigo inseparable<br />
del poeta Héctor José Díaz, autor del bolero Tu nombre, que con frecuencia<br />
cantaba allí Teté Marcial, la que venía de Santiago con frecuencia y era asidua<br />
de la radio HIZ. Flor de Liz, igualmente, era una asidua intérprete de las<br />
canciones de Lockward, y estrella de los programas que durante el mediodía<br />
desarrollaba para HIZ Paco Escribano, en los cuales participaba como pianista<br />
el olvidado maestro Charles Gild, creo que de origen santomeño. El locutor<br />
estrella de «Bajo las palmas del Trocadero», era Alfonso Martínez, una voz<br />
nacional ligada a la poesía radial, a la declamación, lo mismo que la de Héctor<br />
J. Díaz, quien fuera el primero en hacer programas musicales integrando a<br />
los mismos versos románticos en consonancia con la música bolerista. De<br />
Martínez, un continuador de la modalidad que alcanzó grandes triunfos con<br />
su programa «Delicias Musicales Reuter», quedan las nostalgias de los más<br />
viejos. Héctor Díaz llegó a cantar boleros a dúo con el propio Lockward en las<br />
reuniones entre amigos que El Trocadero prohijaba. Para esos años, era un importante<br />
productor de programas de la Voz del Yuna, y sin dudas una figura reconocida<br />
como poeta popular en todos los centros culturales del país.<br />
Si durante los domingos el programa radial transmitido desde El Trocadero<br />
abarcaba tarde y noche, durante los demás días de la semana los visitantes<br />
aprovechaban para hablar de una farándula que se enriquecía, y con<br />
artistas que iban y venían, los que coformarían espectáculos de un ambiente<br />
de discusión bohemia. Siempre, guitarra en mano, alguien estaba dispuesto<br />
a recibir la propaganda de ron promovida por casas comerciales productoras<br />
del mismo. Gustavo Guerrero era entonces promotor de este tipo de<br />
licores. Sus muchas experiencias han sido fuente para aclarar memorias de<br />
época, como periodista y productor de programas. Nos trae al recuerdo a Lino<br />
Romani, un loco folklórico «argentinizado» que cantaba tangos vestido
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
150<br />
de gaucho y que como admirador de Gardel, tenía como tema fundamental<br />
el tango Madreselvas. Un joven poeta llamado Juan Sánchez Lamouth,<br />
que tras la libación, desencajaba sus primeros poemas y era un admirador<br />
del poeta Díaz, con el que barruntó sus primeras métricas. Por allí se trasnochaba<br />
Birrito Delgado, jugador de béisbol, short stop del equipo Filta, en<br />
Colombia, donde los dominicanos eran refuerzos, quien cantaba guitarra<br />
en mano canciones a lo Gardel, lo mismo que Romani. Birrito, a pesar de<br />
su color más que quebrado, alcanzaría el mote de «el gaucho Delgado».<br />
Vestido siempre con saco y corbata, al final de sus años, era un asiduo visitante<br />
a la zona de los bancos comerciales de la calle Isabel la Católica, donde<br />
sus amigos y conocidos, le pasaban de vez en cuando las monedas que le<br />
permitían subsistir.<br />
Desde la sala de redacción del diario La Nación, ubicado casi frente a El<br />
Trocadero, el poeta Osvaldo Bazil descendía a tomar su copa de la mañana, la<br />
del mediodía y la de la tarde. Había pasado del ron y el whisky, a la cerveza,<br />
la que bebía en cantidades apreciables. De modo que no era difícil escuchar a<br />
algún declamador callejero decir sus versos tan becquerianos como populares.<br />
Ella, la que hubiera amado tanto, / la que hechizó de músicas mi alma, / me<br />
pide con ternura que la olvide, / que la olvide sin penas y sin lágrimas. / Yo que<br />
llevo enterrados tantos sueños / y cuento tantas tumbas en el alma, / no sé por qué<br />
sollozo y por qué tiemblo / al cavar una más en mi entrañas.<br />
Con música de Domingo Casasnova, el poema ha sido atribuido a muchísimos<br />
autores, incluyendo a Guty Cárdenas. Muy posiblemente la poca promoción<br />
que como dominicanos hemos hecho del mismo, ha influenciado en<br />
los que desconocen al poeta Osvaldo Bazil.<br />
En esa bohemia llena de fermentos poético-alcohólicos entraban los militares<br />
de la época. El Teniente Belisario Peguero, largos años después Jefe<br />
de la Policía Nacional, era el guardián de aquella esquina por «órdenes superiores»,<br />
y no se perdía la programación del domingo en aquel servicio a la<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
151<br />
ciudadanía que para él, un amante del bolero y del tango, resultaba agradable.<br />
Cuando hubo trifulcas, como una provocada por el entonces muy joven<br />
Gustavo Guerrero, Belisario se llevó al muchacho para dejarlo libre a unas<br />
cuadras diciéndole, «hoy no vuelvas a aparecerte por ahí».<br />
El Trocadero vio desfilar orquestas y conjuntos. Sobre su tarima de madera,<br />
y junto al alero del bar, la orquesta de Cheo Méndez amenizaba las veladas,<br />
lo mismo que el Trío Jackson, y el sexteto Duarte. Ñiñí Vásquez, Ulises<br />
Pons y Andrés Cueto, dejaban oír su voz en las programaciones. Tiburón,<br />
un boxeador que no era precisamente Alberto Beltrán, cantaba de vez<br />
en cuando animado por los tragos, y Casilla, uno de los guitarristas mas cómicos<br />
que haya dado el país, hacía piruetas mientras ejecutaba con su instrumento<br />
melodías, boleros y criollas en un acto maromero único en la historia<br />
de los barrios, porque sin dudas, Casilla, discípulo de un buen trago de<br />
ron, ha sido el único capaz de maromear y tocar la guitarra a la vez, claro, si<br />
es que Sindo Garay no lo hizo en sus tiempos de maromero y músico en el<br />
Santo Domingo de finales del siglo XIX.<br />
Orquesta Maestro<br />
Cerón, dirigida por el<br />
maestro Rodolfo<br />
Manzano. La Voz<br />
Dominicana, 1959.
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
152<br />
No sabemos si el viejo Sindo Garay dejó como herencia funambulesca<br />
ese modelo acrobático-musical. Siendo muy jóvenes conocimos a Casilla,<br />
asiduo visitante de patios en donde el bolero y el son eran frecuentes. Amigo<br />
y compañero de uno de mis primos mayores, era un consecutivo amante<br />
del ron antillano, y consumidor a veces del alcohol menos puro, pero embriagante<br />
de las botellas de bay rhum o alcoholado, tipo de bebida que el dominicano<br />
llamaba «gas», y que modificada con azúcar, metía mariposas en<br />
la cabeza del borracho.<br />
El gran Guin, hombre de enorme sentido como bailarín de son, recorría<br />
la ciudad haciendo escala en El Trocadero; había que considerarlo una maravilla<br />
y quizás el mejor bailarín de música popular movida de esos años<br />
cuarenta, tal y como lo fuera el llamado Timbero, durante los cincuenta.<br />
En el Trocadero cantaron Alcibíades Sánchez, quien fuera cantante de Billo<br />
Frómeta, y de vez en cuando se hacía sentir la presencia de Piro Valerio<br />
y el viejo Chita Jiménez, lo mismo que la de Licinio Valerio, trovadores<br />
puros. El Trocadero fue lugar donde los militares románticos gozaron<br />
igualmente de la música y el bolero. Los centros de atención eran, sin dudas,<br />
Héctor José Díaz y el propio Lockward. Ungido por el ron de la época,<br />
Héctor declamaba sus mejores versos. Un corro de visitantes, arrobados,<br />
le escuchaba, y el poeta en ocasiones tomaba la guitarra y cantaba alguna<br />
canción de las que compuso con Juan Lockward. Entre los visitantes<br />
a El Trocadero estaban Rafael Colón y Marcelino Plácido. Habían debutado<br />
hacía poco tiempo en la capital con Luis Alberti, y actuaban con frecuencia<br />
en el programa radial transmitido desde allí. Vale recordar que<br />
con la orquesta de Cheo Méndez había músicos como el maestro Chichí<br />
Olivier, de melodiosa flauta, y hombre de una educación musical europea.<br />
Los «Pandeaos», todos músicos, eran vecinos y participantes en las tenidas,<br />
entre ellos Julio, llamado Julito el Pandeao, quien por largos años fue<br />
músico de la Super Orquesta San José. En la orquesta de Cheo Méndez<br />
La calle El Conde<br />
años 40. Nótese el<br />
letrero de Federico<br />
Gerardino, uno de los<br />
pocos importadores de<br />
radios y dueño del<br />
Cine Julia.
illaba como músico Cuto Estévez, el autor de Todo me gusta de ti, (Sortilegio)<br />
atribuida por muchos a Héctor J. Díaz, con música de Medardo Guzmán,<br />
según la opinión de Gustavo Guerrero.<br />
José Lora, uno de los mejores violinistas de la época formaba parte de<br />
la orquesta de Cheo. Desde El Trocadero se transitaba en ocasiones hacia<br />
la casa del fanático del bolero conocido como Chino Guapito, cuyo nombre<br />
no hemos podido rescatar, pero sí el origen del apodo, puesto que el<br />
personaje había sido por mucho tiempo trabajador en las fondas de chinos<br />
que se expandían por el barrio de Villa Francisca. Chino era un entusiasta<br />
de la música popular. Su casa, más o menos amplia, estaba cubierta de<br />
fotos de los grandes artistas que habían pasado por su sala ya como amigos,<br />
ya como admirados personajes de una farándula que Chino consideraba<br />
Av. José Trujillo<br />
Valdez, Villa Francisca,<br />
esquina Calle Ravelo,<br />
Ciudad Trujillo, 1940.<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
155<br />
suya. Sus actitudes parecidas a la de Sonsón Lara, de la Vega, recipiendario<br />
de la farándula extranjera que vino durante los años de La Voz Dominicana,<br />
eran parte de la bohemia nacional. Chino Guapito vivía en la calle<br />
Benito González, del barrio de Villa Francisca, y una firma licorera importante<br />
le proporcionaba el tipo de ron que en aquella época se llamaba<br />
«el destapao», porque no llevaba la etiqueta de Rentas Internas y se podía<br />
donar sin pagar impuestos bajo control de las autoridades. Su casa, a base<br />
de «destapao», era acogedora para los visitantes y allí la guitarra y la poesía<br />
también alcanzaron cabida.<br />
Este tipo de aceptación de artistas en los hogares y de creación de peñas<br />
en las cuales cantaron importantes artistas era muy común en los años cuarenta,<br />
y lo mismo en Santiago que en Puerto Plata, La Vega y San Pedro de<br />
Macorís, la guitarra era la compañera fiel de los presentes.<br />
Vale decir que las velloneras de Arsenio Canó, cuya casa importadora<br />
estaba en la calle de Las Mercedes, hicieron combinación perfecta con la<br />
donación de alcohol para animar el baile y la parranda. En los años cuarenta<br />
y cincuenta los propagandistas de ron acudían a las barras y «cafeses»<br />
de toda laya con la finalidad de dejar establecidas las marcas que representaban.<br />
La lucha por la competencia se asentaba en consumidores<br />
que preferían el dos por uno como método para alargar sus libaciones. El<br />
propagandista de ron tenía vehículo facilitado por la casa licorera y era<br />
una especie de Baco vestido de saco y corbata. En muchas ocasiones, como<br />
en el caso de Efraín Martínez, era de porte elegante y vestimenta de<br />
última moda. La botella de ron que asomaba cuando el consumidor estaba<br />
usando de una marca que era de su aprecio, se convertía en sorpresa. El<br />
«dos por uno» era común, y el sobrante de alguna propaganda servía para<br />
fiestas muy personales, porque algo quedaba entre las manos del propagandista<br />
ya que él era, en todo caso, el hombre que producía sueños y desvelaba<br />
amaneceres.
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
156<br />
HÉCTOR JOSÉ DE REGLA DÍAZ Y SU DIVA FINAL<br />
Quisiéramos ahora hablar sobre el final de uno de los bohemios más notables<br />
del país, de un gran bolerista, locutor, poeta y hombre de gran sensibilidad<br />
como lo fuera Héctor José Díaz. Para la historia de la bolerística nacional,<br />
él y Lockward son dueños de un puesto cimero, pero el amor que tanto<br />
cantó Díaz y que trajo a su lado a tantas mujeres hermosas, terminó desarmándolo<br />
cuando La Turca entró en su vida.<br />
El poeta Héctor José Díaz fue un enamorado pertinaz. Toda su poesía<br />
está llena de románticas emociones. Tu nombre, canción cumbre en la<br />
voz de Teté Marcial, revela esa propiedad amorosa que distinguía al poeta,<br />
fallecido en Nueva York a los pocos meses de haber arribado allí. Díaz<br />
Murió en 1950. Culto y capaz de llevar a la música tragedias como la de<br />
la invasión nazi de Francia, Díaz escribió Oh París, y conjuntamente con<br />
Juan Locwkard Quiéreme cual yo a ti, criolla a varias voces, Ausencia, Si<br />
te hubiera visto ayer, y Amor oculto. A finales de 1949 decidió irse a residir<br />
a Nueva York. Varios de sus amigos bohemios no estaban de acuerdo<br />
con su decisión. Conseguir pasaporte le llevó largos meses, pues era una<br />
de las estrellas de La Voz Dominicana, y al parecer el dueño de la emisora,<br />
José Arismendi Trujillo Molina, no deseaba que se fuera uno de sus<br />
mejores hombres ante el micrófono. Pero el poeta, que había sido el enamorado<br />
de tantas mujeres arrobadas por su literatura, el bohemio pertinaz,<br />
el cantor de endechas a la luz de la serenata, el autor de boleros como<br />
Dolores, y el letrista por excelencia en algunos de los boleros de Juan<br />
Lockward como Lirio de Abril, estaba enamorado. La diva se llamaba Flor<br />
H., de familia libanesa nacida en el país. Cuando el poeta y la diva se<br />
amaron se terminaron las canciones, los versos se apagaron, y al parecer<br />
el amor verdadero segó la fuente de la inspiración. La diva viajó a Nueva<br />
York y lo instó a hacer lo mismo. Las ganancias del poeta, las mejores<br />
de toda su vida, se iban hacia donde la diva, la que en Nueva York lo<br />
«Guitarrista en<br />
serenata» óleo del<br />
pintor dominicano<br />
Jacinto Domínguez,<br />
colección de Aney<br />
Muñoz.
Juan Llibre, incorporó<br />
poesía en muchos<br />
boleros. Grabó algunas<br />
textos de J. Ángel<br />
Buesa y Héctor J. Díaz.<br />
Sus grabaciones con el<br />
Trío Vegabajeño le dieron<br />
enorme popularidad.<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
158<br />
esperaría. De pronto, ella en la gran urbe y él aquí, la desesperación comenzó<br />
a carcomer el alma del poeta. Romántico y enamorado sin pausa sólo aspiraba<br />
a esa edad, casi cuarenta años, amar a la mujer definitiva, a la que conformara<br />
el resumen de su canto. Ella exigía la presencia del poeta y él añoraba<br />
encontrarse con ella. Jamás ninguna mujer había tenido tal influencia como<br />
la que tuvo La Turca, Flor, en el alma del poeta. La verdad es que un mes<br />
final del 1949, conseguidos ya pasaporte y visa, Héctor J. Díaz, herido de<br />
muerte por el amor y enfermo, se lanzó a cruzar el mar tras la imagen de Flor<br />
H., Gustavo Guerrero y Alfonso Martínez, quienes le habían acompañado<br />
antes a despedir a La Turca, comprobaron que la partida de la amada había<br />
herido muy profundamente el corazón del poeta. Ella lo conminaba a seguirla.<br />
Fueron testigos de que cuando el avión de Pan American despegó con la<br />
amada, el poeta corrió hacia uno de los sanitarios del aeropuerto. Sorprendidos,<br />
Gustavo Guerrero y Alfonso Martínez le siguieron y allí lo encontraron<br />
bañado en lágrimas, llorando la partida. Cuando a finales de 1949 pasó por<br />
Puerto Rico tras ella y rumbo a Nueva York, se detuvo donde su amigo Juan<br />
Héctor J. Díaz,<br />
gran bolerista,<br />
locutor y poeta.
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
160<br />
Llibre en una escala marcada por la bohemia, en la que el recuerdo de horas<br />
dominicanas y de viejas endechas los conminó a la canción y al poema. Continuó<br />
hacia los Estados Unidos y poco después, afectado por el clima, una<br />
pulmonía tronchó su vida. El día 30 de julio de 1950, a los cuarenta años el<br />
poeta rindió su vida tras el culto a un amor que nunca recuperó. Se dice que<br />
años después, amando a esa misma mujer, el locutor Hugo Gómez Batista,<br />
otro romántico, se lanzó desde uno de los pisos del Hotel Comercial en un<br />
suicidio que conmovió a todo el país.<br />
LOS AÑOS DE ORO DEL BOLERO<br />
Los años cincuenta y sesenta pueden calificarse como los años de oro del<br />
bolero. Crecieron las radioemisoras, fueron abiertos los numerosos centros<br />
nocturnos de muchos lugares de alta sociedad y de los propios barrios, la creciente<br />
ola de los tocadiscos alquilados ayudó a que la vida del bolero se metiera<br />
de lleno en las casas de familia; los tarantines colocaron velloneras para<br />
propiciar al melómano el poder oír su música preferida, y las fondas y bares hicieron<br />
lo mismo. Las canciones se colmaron de sentido. Las hubo exclusivamente<br />
consumidas por los cafés en donde el machismo y el bolerismo eran una<br />
parte del «amargue inicial». El bolero hubo de transformarse, porque su capacidad<br />
proteica le permitía hacerlo. Desde las pantallas del cine mejicano el tema<br />
de las abandonadas, tan caro al poeta mejicano de años anteriores Julio<br />
Sesto, se traducía en una cinematografía en la que podíamos ver en pantalla<br />
la tragedia de patio transformada en bolero. Un amor lacrimógeno entre cursi<br />
y trágico se adornaba de canciones de Lara, y de autores como Carlos Crespo,<br />
cuyos boleros defensivos de la mujer deshonrada invadían las pantallas de<br />
las salas de cine. Tras las composiciones de la película venía el disco de Fernando<br />
Fernández, o de Toña la Negra o de Ramón Armengod provocando el<br />
llanto cabaretero. Quinto patio, el bolero del gran director de orquesta Luis<br />
Arcaraz hablaba del rechazo social de quien vivía en lo que los dominicanos<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
161<br />
llamábamos de este lado «la parte atrás». Bienvenido Brens colocaba su bolero<br />
Peregrina sin amor en el cine mejicano, donde además sonaron para fines visuales<br />
y de baile de cafetín Hipócrita, Un corazón, de Carlos Crespo y Cabaretera,<br />
de Bobby Capó, quien hizo triunfal entrada musical en la cinematografía<br />
del momento. Hay que aclarar que Carlos Crespo, el mejicano, fue el maestro<br />
de canto bajo cuya orientación se afinaron voces como las de Lucía Félix, Alberto<br />
Beltrán y otros. El mejicano había ya estrenado piezas importantes en el<br />
cine de su país en los años cuarenta.<br />
LAS RIBERAS DEL FILIN<br />
Habría que abrir un paréntesis para insertar dos voces de los cincuenta que<br />
se acercaron al feeling o filin, como ahora se dice, y que se hicieron famosas<br />
en las radioemisoras dominicanas, la de Morenita Rey, cuyas interpretaciones<br />
de Busco y Vanidad, resultaron éxitos indiscutibles, con la pequeña orquesta<br />
de Moncho Usera, y la de Daniel Ríolobos, un indiscutible intérprete<br />
del bolero cantado con pasión y sentimiento, quien igualmente, alcanzó<br />
Mario de Jesús, Rafael<br />
Hernández y Marco<br />
Antonio Muñiz.
Luis Arcaraz, sus<br />
boleros fox fueron sensación<br />
en los años 50:<br />
Viajera, Sombra verde,<br />
Muñequita de Squire.<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
162<br />
con Vanidad, de Armando González Malbrán, fama internacional, terminando<br />
su vida musical en México, donde el tipo de canción que interpretaba<br />
lo hizo favorito entre los amantes de este modelo de música donde lo sentimental<br />
andaba por encima del simple momento bailable. Desde Cuba nos<br />
llegó la voz del italiano Ernesto Bonino, sin dudas de enorme influencia en<br />
el propio filin cubano. Desde Venezuela, agradable sorpresa del canto lo fue<br />
Alfredo Sadel, quien en 1954-55 copó con su voz melodiosa las principales<br />
radioemisoras del país, interpretando magistralmente autores como Lecuona<br />
y Grever, entre otros.<br />
En nuestro país lo mejor del bolero, con Manuel Sánchez Acosta a la cabeza,<br />
Bullumba Landestoy, Luis Kalaff, Moisés Zouain, Nicolás Yabra, Papa<br />
Molina, Luis Rivera, F. Asmar Sánchez, Bienvenido Fabián, Armando Cabrera,<br />
Luis Alberti, Pepo Balcácer y tantos otros, se había estado desarrollando<br />
al compás de producciones internacionales que desde los años 50 la<br />
firma Peer Internacional promocionaba, pagando, aunque pobremente, derechos<br />
de autor que de algún modo entusiasmaron a algunos compositores.<br />
Miltinho, el Rey<br />
del fraseo.<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
163<br />
Algunos de ellos como Luis Kalaff, alcanzaron sumas buenas para la época.<br />
En el importante libro de Jesús Torres Tejeda titulado Fichero Artístico Dominicano,<br />
1996 , se detallan algunos de los pagos de la Peer y se reproducen<br />
facturas de época sin dudas importantes para establecer la creciente tendencia<br />
de los autores dominicanos a incorporarse en la captación de fondos por<br />
sus composiciones. Los cincuenta y su relación con la Peer, de la cual llegó<br />
a ser alto empleado en Nueva York y luego en México, ayudaron notablemente<br />
la carrera de Mario de Jesús, quien sin dudas ha sido uno de los compositores<br />
dominicanos de mayor éxito. Como vimos en los inicios de este<br />
trabajo, de Jesús había ya iniciado su carrera como bolerista en los años cuarenta,<br />
llegando a ser comentarista de revistas de espectáculos y adaptador,<br />
luego, de letras a músicas orquestadas como el tango Besos de fuego, cuya letra<br />
fue obra de Mario, el cual se convertiría en una especie de bolero tango<br />
cantado en voces de cabaret como la de Carmen Delia Dipini, cuya carrera<br />
en Puerto Rico, México, y Cuba, es parte de una biografía del bolero que hizo<br />
posible el surgimiento, primero como imitadora, y luego con voz propia,<br />
de Blanca Rosa Gil. De modo que el ambiente, el ámbito, la atmósfera del<br />
bolero estaba completa. Un resumen de lo que llamo «nichos bolerísticos»,<br />
permite seguir el bolero de manera casi pasional, si se quiere, e igualmente<br />
permite conocer las primeras infraestructuras populares, las que hicieron posible<br />
que el bolero tomara la calle del barrio y se asentara entre la radio, la<br />
televisión, el baile y los programas llamados «bailables», confeccionados en<br />
las noches del sábado, los domingos y días festivos, por radioemisoras en las<br />
cuales actuaban locutores «de bailables», como era el caso de Héctor Méndez<br />
(Cacao) y Mario Báez Asunción, de Onda Musical; Carmen Alonso, de<br />
Radio Cristal, HI5K y otras. Durante los años cincuenta casi todas las emisoras<br />
pequeñas usaron del «bailable» como un método de acercar oyentes y<br />
desde luego, anunciantes. En los sesenta Radio Caribe produjo bailables<br />
importantes, lo mismo que Radio Comercial. En los finales de los sesenta
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
164<br />
el cúmulo musical era tal que los programas de música vieja, se hicieron presentes.<br />
Eran como una manera de no permitir que el olvido hiciera mella en<br />
el corazón de los que vivieron las mejores épocas del bolero.<br />
Los bailes de barrio, que se inician con picots o tocadiscos de brazo en los<br />
años cuarenta, se organizaron en función de la vida cotidiana. Como se dice<br />
hoy, los muchachos iban, en ocasiones, «a ligar», a tratar de encontrar<br />
una novia o a decirle mediante el baile la pretensión del enamoramiento.<br />
Había la fiesta familiar, nada comercial, en la cual, como en los cumpleaños,<br />
la familia y la festejada invitaban a los vecinos. Había igualmente la fiesta<br />
adulta, en casa de familia, comercializada, en la cual había que pagar para<br />
poder participar como bailador y como consumidor. Estas fiestas se organizaban<br />
con la buena voluntad de los vecinos. Los muebles eran sacados de<br />
la casa hacia el patio para permitir que el espacio donde se bailara fuera amplio.<br />
O bien, si se vivía en las piezas de patio, algún vecino con puerta de<br />
calle accedía a prestar su sala por aquel día o noche. La camaradería era un<br />
elemento clave de los barrios. Sillas de guano, generalmente, eran ubicadas<br />
en lugares accesibles. Las parejas podían venir ya unidas, las relaciones estaban<br />
«apalabreadas», lo que no era óbice para encontrar alguna damisela con<br />
deseos de bailar y también en búsqueda de un parejo que llenara sus aspiraciones.<br />
Era el instante de aprovechar, en muchos casos, el momento para el<br />
enamoramiento. De esos bailes salían las citas hacia un cine o un paseo por<br />
el Malecón, u otra invitación más formal o maliciosamente informal.<br />
Las compañías que alquilaban tocadiscos de 78 revoluciones eran pocas,<br />
pero muy conocidas. Bernaluz, en la avenida José Trujillo Valdez (hoy Duarte)<br />
era famoso por sus alquileres y ofertas. Bernaluz, llamado Ramón Hidalgo,<br />
introdujo en 1947 la preparación de radios a plazos, usando el método<br />
de la cooperativa. Se pagaba mensualmente y cuando el aparato tenía problemas,<br />
aceptaba arreglarlo. La agencia de Bernaluz alquilaba 8 discos de<br />
78 revoluciones por minuto a 7 pesos el alquiler, incluido el tocadiscos de<br />
Dondequiera el<br />
bolero es un «amarre»<br />
brazo con agujas de acero que pronto se dañaban. Algunos discos venían<br />
con el sonido estropeado dada la cantidad de veces que las agujas eran utilizadas.<br />
Entonces se hacían los cambios o al probar los discos en la agencia<br />
se eliminaban los que tenían un sonido cascado. Si se deseaba un mayor número<br />
de discos entonces el alquiler aumentaba. Bernaluz fabricaba sus propios<br />
aparatos y tenía reparación de los similares en su taller.<br />
El otro gran alquilador de tocadiscos para fiestas en los años cuarenta fue<br />
Martifono, llamado Francisco Martínez Féliz, quien tenía su negocio en la<br />
calle Santomé. Ambos alquilaban más o menos bajo el mismo criterio. Según<br />
informes de su sobrino Giuseppe Rímoli Martínez, Martifono era el armador<br />
de sus propios equipos y cuando se mudó hacia la avenida Mella,<br />
muy tardíamente, su negocio comenzó a decaer. La importación de discos
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
166<br />
era cada vez mayor y había otras agencias de alquiler como la de Mon, en la<br />
cual los precios eran menores. Estaba ubicada en la calle Jacinto de la Concha,<br />
y era concurrida porque los barrios de la parte norte de la ciudad preferían<br />
los precios y «fiaos» de Mon. En ocasiones, cuando ya el «parque» musical<br />
era repetitivo, Mon permitía que alguno de los interesados le tocara la<br />
puerta, a cualquier hora, y entregaba, bajo palabra de honor o cédula personal,<br />
es decir carnet de identidad, otra cantidad de discos similar a la ya alquilada.<br />
Buen negociador, Mon, era el más popular de los alquiladores.<br />
LA VELLONERA ALQUILADA Y EL «PARACAIDISMO»<br />
Otra agencia, ésta de mayor importancia, fue la llamada Sanz Fonola,<br />
ubicada en la calle Braulio Álvarez casi a esquina con la calle Abréu, del barrio<br />
de San Carlos. Su dueño, Porfirio Sanz, oriundo de San Pedro de Macorís,<br />
alquilaba tocadiscos, pero igualmente velloneras. Su negocio era próspero,<br />
pues en vez de vender estos aparatos los alquilaba a centros de diversión<br />
y a ciertos cabarets de la ciudad capital. Así nació la vellonera de alquiler,<br />
transportada en camioneta al lugar festivo y devuelta previa revisión<br />
con recibo firmado. En otras oportunidades la vellonera podía ser alquilada<br />
con pagos mensuales por largos períodos, dado el hecho de que no todo tarantín<br />
o lugar pobre podía comprar un aparato. La venta a plazos, sin embargo,<br />
era un modo que iniciado por Canó, ya citado, permitía que el propio<br />
aparato amortizara su costo.<br />
Los llamados «paracaidistas» fueron personajes recurrentes en los bailes de<br />
barrio. Su traje único, –porque se usaba el traje dominguero– era ya elemento<br />
de burla entre los bailadores. La indumentaria o traje único era llamada «el<br />
uniquísimo», por su importancia y era cuidada con esmero. Recuerdo un famoso<br />
pleito en el que Rodolfo Peña (Fofito) y Julio Saint Amand llegaron casi<br />
a las manos cuando Julito, que no era fumador pero lo hacía para denotar<br />
distinción, dejó caer ceniza en el saco del compañero de fiesta produciéndole<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
167<br />
un cráter en la solapa. El destino musical de Fofito Peña se entenebreció, pero<br />
la sangre no llegó al río, como se dice popularmente. Para salvar la cuestión<br />
el saco sería llevado donde doña Quelita de Santana, residente en el recién<br />
creado Barrio de Mejoramiento Social, experta en el zurcido de medias,<br />
pantalones y «ropa fina» y considerada una «catedrática en su materia».<br />
El paracaidista tenía sistemas muy finos para penetrar en una pista de baile.<br />
Generalmente cuando un aspirante al baile compraba su derecho se le<br />
otorgaba una cinta de color con la que podía, mostrándola debajo de la solapa,<br />
entrar a bailar y consumir. El paracaidista averiguaba de qué color y como<br />
era la cinta del día y de su colección sacaba una con la que se hacía presente<br />
levantando la solapa. El paracaidista bailaba, preferentemente boleros,<br />
cuando era muy conocido en un barrio, se mudaba, y con frecuencia se<br />
le consideraba un bailador normal, que había pagado. Pero su insistencia sabatina<br />
y dominguera muchas veces terminaba en denuncias y en dificultades.<br />
En estos años de mi madurez me encuentro con frecuencia con un viejo<br />
«paracaidista» que es asiduo visitante del Supermercado Nacional. No<br />
me atrevo a enfrentarlo, porque viste pulcramente y pudiera sentirse mal si<br />
le encarara o recordáramos su época de bailador sin recibo. Pero pienso, al<br />
verle acicalado y bien vestido, que este acicalamiento le viene de los años<br />
en los que bailar era su gran afición, y pienso que el «paracaidísmo» influyó<br />
de tal manera en su vida que le permitió seguir vistiendo de saco y corbata<br />
por el resto de sus días, pues de otro modo no me lo hubiese encontrado en<br />
un Supermercado vestido como quien va para un baile del Centro Social<br />
Obrero de los que organizaba el Partido Dominicano.<br />
LA UBICUIDAD DEL BOLERO<br />
El bolero fue en los cincuenta algo que resulta difícil de describir como<br />
elemento de impacto social. Resultó tan ubicuo y su desarrollo y gusto<br />
fueron tan grandes que impregnó las décadas del 40, 50 y la del 60. De
El «crooner» mexicano<br />
Fernando Fernández<br />
durante una de sus<br />
visitas a la República<br />
Dominicana. Le<br />
acompañan las boleristas<br />
dominicanas Hilda<br />
Saldaña y Lucía Félix.<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
168<br />
los boleros de Marini, Don Américo y sus Caribes, la orquesta, a los de las<br />
grabaciones posteriores de la orquesta Sonora Matancera, en la que Marini<br />
debuta en 1953, hay un mundo de diferencias. Como del cielo a la tierra.<br />
Entre los boleros bucólicos de Moisés Zouain (Serrana, Romance bajo la luna),<br />
Enriquillo Sánchez, (Casita de campo), Luis Alberti, (Entre pinares), y<br />
los de Radhamés Reyes Alfau, Papa Molina y Bullumba Landestoy, hay lo<br />
mismo variantes importantes. Lo que deseamos decir es que el bolero, en su<br />
estructura, posee características tan propias que permite variantes tanto en<br />
lo temático como en las formas de expresión rítmica.<br />
El bolero aceptó letras de tango y música de tango. Lo mismo el son de<br />
los Matamoros vino envuelto en boleros ya en 1930, y de ese son emergieron<br />
conjuntos dominicanos y músicos con gran influencia del mismo, como<br />
lo fueron los integrantes del Trío Nacional, el propio Carlos Taylor y su trío,<br />
donde a la edad de 14 años comenzó su vida de cantante Francis Santana, y<br />
cantantes que alcanzaron los años 80 bajo el embrujo de estas músicas, como<br />
lo es Rafael Martínez. Sobre Francis Santana, un virtuoso de la melodía,<br />
vale apuntar que fue el más notorio cantante de boleros en los cabarets dominicanos.<br />
Su carrera iniciada en 1944 con el trío de Carlos Taylor, lo llevó<br />
por los caminos del bolero de cabaret durante mucho tiempo. El llamado<br />
Victoria y el Copacabana fueron lugares de proyección para él en los años<br />
cuarenta, pero su larga carrera de bolerista y de cantor de todo tipo de ritmo,<br />
alcanzó su primera fama con la orquesta Antillana del maestro Antonio<br />
Morel, la que lo incorpora en 1947 como cantante de planta. Fue igualmente<br />
parte de la orquesta Ciudad Trujillo, del maestro Napoleón Zayas, y<br />
vale la nota para señalar que Lope Balaguer y Francis Santana son los boleristas<br />
de más larga trayectoria en la vida musical dominicana.<br />
Intérprete de las orquestas del maestro Rafael Solano en la orquesta Angelita,<br />
lo mismo que en el Embassy Club, Santana ha sido uno de los grandes<br />
soneros del Caribe, y una fuerte personalidad de la bohemia nacional.<br />
Abajo: Tres figuras del<br />
bolero: de izquierda a<br />
derecha el locutor y<br />
productor de programas<br />
románticos Jesús Torres<br />
Tejeda, Roberto Ledesma<br />
y Lucía Félix,<br />
durante la celebración<br />
de espectáculo Cien<br />
Años de Bolero en<br />
Santo Domingo, año<br />
1988.
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
170<br />
Ya hemos señalado que el bolero de los cincuenta y finales de los cuarenta<br />
encontró sitios de vida alegre que se expandieron por toda la ciudad y fundamentalmente<br />
por los espacios de la llamada zona norte, que había sido expandida<br />
con la venta de nuevos solares y la presencia de nuevos ensanches.<br />
De modo que entre 1950 y 1961 los cabarets donde el bolero fue una música<br />
obligada se contaban como espacios de baile y música bien organizados<br />
para todo tipo de actividad. Ahí, en la calle Jacinto de la Concha, estaba el<br />
Habana Madrid, en cuya tercera planta se bailaba y había boleros que provocaban<br />
la ira de los vecinos cuando la vellonera no cesaba y la hora avanzaba.<br />
Panchito Riset interpretaba El cuartito, y Fernando Fernández hacía<br />
llorar a las desamparadas con Peregrina sin amor, de nuestro Bienvenido<br />
Brens. Los beisbolistas de los años 50, en sus inicios, eran frecuentes gozadores<br />
de la vellonera y del personal femenino. Nadie puede negar que viera<br />
a Alonso Perry bailar en el Habana, o a Othello Renfroe gozar de la vida<br />
mundana, y ejecutar pasos de merengue cuando Juanita Morel se puso de<br />
moda, alcanzando tal mote gracias a las invenciones del narrador cubano<br />
Rafael Rubí. Lo mismo pasaba en lugares norteños de la capital, como el Bar<br />
Alaska, y los sitios en donde muchos de los boleristas del futuro se estrenaron<br />
o cantaron antes de llegar a las grandes orquestas, como es el caso de<br />
Francis Santana antes citado, por sólo señalar uno de los más carismáticos<br />
cantores de este tipo de música que ha tenido el país quien también ya en<br />
1944 había hecho su debut en la estación HIZ, siendo apenas un niño. Volvemos<br />
a Santana, porque vale decir que también cantó, además de en el Copacabana<br />
de la zona oriental de la ciudad, en El Victoria, en el Night Club<br />
de La Voz Dominicana, en el Do-Re-Mi del malecón, propiedad de Flor de<br />
Oro Trujillo y Lope Balaguer, en el Night Club Taíno, normalmente llamado<br />
«El taíno» por sus asiduos visitantes hasta desembocar en el Embassy<br />
Club, el último nigth club en el que el bolero alcanzara nueva razón de ser,<br />
ya que Rafael Solano comenzó a hacerle nuevo formato, conjuntamente<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
171<br />
con los que más tarde dieran calidad de música más intelectual que bolerística<br />
a la canción moderna dominicana como lo serían Manuel Troncoso, Nelson<br />
Lugo, el propio Solano y Fernando Arias. Algunos como Troncoso aceptaron<br />
el filin partiendo de esquemas anteriores, otros como Lugo y más tarde<br />
Arias entrarían de lleno en él desde el primer momento. Vale decir que los<br />
cincuenta concluyen en lo internacional con voces como las de Los Tres Ases,<br />
y los sesenta nacen con una voz que llenó de nostalgia las salas, los sitios de<br />
baile, los corazones. Una voz que durante 45 años ha cantado para toda América,<br />
y que desprendida de los Tres Ases en 1960, dio al bolero tesitura nueva,<br />
como se la diera igualmente desde mediados de los cincuenta Lucho Gatica.<br />
Con Marco Antonio Muñiz el bolero llegó como inicio de una carrera que incluyó<br />
buenos boleros dominicanos y canciones de Solano, y de algunos de<br />
nuestros autores. La primera grabación de Solís como solista escuchada en<br />
Santo Domingo, Que murmuren, abrió el grifo de un nuevo romanticismo, o<br />
mas bien, continuó una razón sentimental. Muñiz venía a consolidar, con Gatica<br />
en su apogeo discográfico, el final de los cincuenta, y para nosotros, el inicio<br />
de una época en la que el viejo bolero de los 40 agotaba su ciclo romántico,<br />
en donde lo rítmico marcó el paso del bailador.
Rafael Solano, el<br />
gran bolero de los<br />
60, se inicia con él.<br />
CAMBIOS Y MODIFICACIONES<br />
1960. SOLANO, Y EL CAMBIO DEL BOLERO DOMINICANO<br />
Creemos que el bolero se ha hecho adulto en ese momento, y fundamentalmente,<br />
creemos que todo el ambiente del mismo se mantuvo firme cuando<br />
otros cantantes, autores y orquestas se conformaron, ya en los cincuenta,<br />
como la de Antonio Morel, de gran impacto en la vida bolerística nacional.<br />
A partir de 1956 ya los sellos disqueros de Tonos, Bartolo I, La Guarachita,<br />
y otros pasaron a formar parte de una tendencia creciente a la producción<br />
masiva nacional y las representaciones de las casas disqueras se multiplicaron.<br />
La Feria de la Paz y Confraternidad del Mundo Libre, pomposo título<br />
escogido para la celebración de los 25 años de la Era de Trujillo, animó notablemente<br />
el espacio para el bolero. Ya hemos dicho que sus sitios llamados<br />
«típicos» fueron realmente importantes para el goce popular, principalmente<br />
el Típico Najayo, y los salones clubísticos donde la orquesta de los Hermanos<br />
Pérez, ya conocida, interpretó música tropical variada, con su pianista<br />
Ramón Gallardo, quien luego formara orquesta aparte. Rafael Martínez<br />
abre el grifo del bolero viejo y lo combina con el nuevo, mientras voces como<br />
las de Gatica, el inicial Roberto Yanés, y Tito Rodríguez combinan el<br />
Conjunto Cidra.<br />
El ambiente<br />
Santiaguero.
Felipe Pirela, importante<br />
voz del bolero<br />
internacional. Se<br />
inició con la orquesta<br />
de Billo Frómeta<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
174<br />
placer de sonar con el de las grandes orquestaciones no recuerdan a Rafael de<br />
Paz, o la propia Orquesta San José de las épocas de Gutiérrez, Avelino Muñóz,<br />
y Papa Molina. Entre grabaciones internacionales, y música nacional<br />
también grabada, y entre brumas de medianoche, el bolero ferial, si así puede<br />
llamarse, cubre la capital. Fue la época inicial de Felipe Pirela y Rolando<br />
la Serie, y la final de Benny Moré. Fue la época de los nuevos, momento inicial<br />
de los sesenta en los cuales Marco Antonio Muñiz se desliga de Los Tres<br />
Ases, y graba aquella dos piezas que de inmediato se hacen populares, como<br />
fueron Que murmuren y Escándalo. Solano «bajaba» del Embassy Club hacia<br />
la nueva ola musical que se concretara en La Hora del Moro, un invento del<br />
maestro, un espacio musical que en Rahintel, del ingeniero Pepe Bonilla, inicio<br />
la búsqueda de valores nuevos de la canción y de estilos nuevos como los<br />
representados por Los Solmeños, Ivette Pereyra y Cecilia García, entre otros.<br />
La canción del feeling cubano, con influencias de Porter y de astros como<br />
J. Mathis, Pat Boone, el viejo Sinatra, y The Platters, pasa a Santo Domingo,<br />
y se instala en autores como Nelson Lugo, Manuel Troncoso, y el propio<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
175<br />
Solano. Guillo Carías abre puertas a nuevas interpretaciones del jazz y la música<br />
con influencia norteña llegada el rock inicial de Elvis Presley abunda sobre<br />
una nueva sensibilidad posterior a la de la Era de Trujillo, más rígida y<br />
clásica desde el punto de vista de los cánones que funcionaban como modelo<br />
del viejo bolero nacional. La gracia del viejo canto, del bolero tradicional,<br />
es el trasfondo de esta nueva versión del canto en el que lo sentimental se<br />
hace nuevo consolidándose de un modo diferente.<br />
EL BOLERO, PROTEICO Y LOCUAZ<br />
El bolero, proteico, se vistió de muchas maneras algunas de la cuales fueron<br />
en parte asimiladas por músicos dominicanos. Bolero son, bolero mambo,<br />
bolero moruno, bolero tango, bolero ranchero, en fin. La forma alcanza<br />
melodía y entonación y estilo vario dentro de un mismo ritmo. Por ejemplo<br />
ya Marini iniciaba, entre otros, palabras y música de tango como contenido<br />
del ritmo bolero. Su nombre era Margot, / llevaba boina azul, / y en su pecho<br />
colgaba una cruz. Mucho más tarde Felipe Pirela, el propio Laserie, y en los<br />
sesenta Javier Solis, seguían haciendo del tango un expresión atada al ritmo<br />
antillano. Recordemos que desde principios de los cincuenta, o desde finales<br />
de los cuarenta el tango pasó a ser material bolerístico de vellonera. Felipe<br />
Rodríguez lo transformaba en La última copa, y en otras canciones que<br />
iban directas a la vellonera, y nuestro Ramón Pérez, acompañado de Ángel<br />
Bussi lo adaptaba, mas que lo transformaba, en temas que fueron famosos.<br />
Tango y bolero, desde un punto de vista emocional, tienen sentimientos parecidos.<br />
El bolero-tango ha seguido hasta nuestros días, pero pocos compositores<br />
dominicanos han intentado hacer tango y bolero a la vez. Con el bolero<br />
mambo, no ha acontecido lo mismo. Cariñito azucarado, de Enriquillo Cerón,<br />
fue uno de los primeros boleros mambos dominicanos, el cual fuera un éxito en<br />
la voz de Virginia López y en la de Jesús Faneyte, quien lo estrenara, e interpretado<br />
igualmente por Casandra Damirón. Es decir que el ritmo fue adoptado y
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
176<br />
desarrollado por Dámaso Pérez Prado, cuyos discos se difundieron aquí al través<br />
de HIG en un programa de Radhamés Aracena titulado, La Hora del Mambo.<br />
El llamado «mambo» era, sin embargo una modalidad rítmica cubana anterior<br />
a Pérez Prado, y algunos autores usaban ya de esta modalidad sin llegar a<br />
convertirla en un género musical. Pérez Prado fue el gran integrador, arreglador<br />
y creador en mucho de ese modelo musical cuyas expresiones estaban ya en<br />
la música antillana, alcanzando lo que fue, sin dudas, un género nuevo.<br />
EL BOLERO Y SUS «MODIFICACIONES» DOMINICANAS<br />
Con el desarrollo de un mercado abonado por las salas de música, los cafés,<br />
los clubes y la reciente oleada de los tocadiscos y el long play impreso, incluso<br />
en la República Dominicana con sellos internacionales, la música llegó a<br />
las discotecas particulares, a los estantes, a los patios, y a la vida popular.<br />
La masificación de la música tiene mucho que ver con la creación del<br />
long play o disco de larga duración hacia 1948, y con su gran divulgación.<br />
Ya en 1950 el mismo había llegado a la República Dominicana y era posible<br />
tener en la sala de la casa un concierto de boleros en un solo haz, así como<br />
una selección sinfónica de cualquiera de los más grandes músicos universales.<br />
El disco de 78 dió paso al de 45 revoluciones por segundo, en el cual, sin<br />
dudas, la modalidad del mini-longplay, valga la redundancia, fue fundamental.<br />
Las agujas de metal desaparecieron y los surcos pudieron ser más estrechos<br />
que los de los discos de 78. Los tocadiscos capaces de aceptar hasta cinco<br />
o seis discos de alta duración que descendían automáticamente en la medida<br />
que uno terminaba y daba paso al otro, siguieron perfeccionándose,<br />
pues eran un invento ya usado por ciertas personas pudientes cuando aún los<br />
discos de 78 eran comunes. Luego, el disco de 45 alcanzó este nivel, y las velloneras<br />
vinieron a usarlo en sustitución del 78. La Wiritlizer, marca mundial,<br />
conformó mandos a distancia, nada inalámbricos, permitiendo ubicar,<br />
desde finales de los 50, menús de canciones al lado de las mesas adosadas<br />
Ellis Pérez con Nicolás<br />
Urcelay, Embassy<br />
club 1959. Urcelay<br />
fue gran intérprete de<br />
María Grever. Ellis<br />
Pérez se inició en la<br />
radio en los años 50<br />
con programas de música<br />
norteamericana.
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
178<br />
cerca de las paredes de los sitios de baile, cabarets y «cafeses», permitiendo<br />
que desde un espacio del lugar, sin levantarse, el parroquiano pudiera elegir<br />
la música de su preferencia con sólo insertar las monedas. Los boleros que<br />
más se escucharon cuando este proceso dio inicios, fueron los de Alberto<br />
Beltrán, Daniel Santos, y la pléyade de cantantes que transitó el aire antillano<br />
con la Orquesta Sonora Matancera, popularmente llamada, como si<br />
fuera una amiga más, «La Sonora». Las modalidades del bolero se extendieron<br />
desde el long play a las radioemisoras, y habría que referirse a las tantas<br />
versiones de la ya citada Sonora Matancera, de Cuba, cuya popularidad era<br />
sobradamente conocida en la República Dominicana, y cuyos boleristas, comenzando<br />
por Leo Marini, coparon muchos programas radiales. Todo el que<br />
cantó con la Sonora alcanzó una importante difusión, claro está, porque<br />
aparte de la calidad orquestal y de los arreglos, la selección de intérpretes fue<br />
de la mayor calidad, como lo revelaban la grabaciones de Carlos Argentino,<br />
Capó, Beltrán, Nelson Pinedo, Celia Cruz, Bienvenido Granda, Orlando<br />
Vallejo, el propio Marini, y tantos otros. La creciente expansión del bolero<br />
en los cincuenta nos trajo consolidado no sólo el ya conocido bolero-son, sino<br />
el llamado «bolero moruno», pero igualmente elementos poéticos que<br />
incursionaron en el bolero mismo, gracias a una amalgama que se había iniciado<br />
en los años cuarenta con los programas poéticos-musicales de Héctor<br />
José de Regla Díaz, y de Alfonso Martínez, ya citado, y más tarde, con los de<br />
Freddy Mondesí, cuyo «Atardecer» se transmitía al través de la radioemisora<br />
HIG, Versos y Canciones al Atardecer, con Henry Ramírez en Emisoras<br />
Unidas (HI5K), El Correo azul trasladado de Santo Domingo a Puerto Rico,<br />
por Cesar Federico Larancuent, una de las voces mas atractivas y bellas<br />
de la radio nacional. Bolero y poesía se aunaron formando parte de un proceso<br />
de romanticismo que hacía posible el permanente contacto entre oyentes<br />
y personas que, como enamorados, compartían las audiencias con sus pedidos<br />
ya por teléfono, como por cartas. Los poemas de José Angel Buesa,<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
179<br />
Hector J. Díaz, Paul Geraldy, Hilarion Cabrisas, Juan de Dios Peza, Fabio<br />
Fiallo, Osvaldo Bazil, Porfirio Barba Jacob y otros fueron el pasto de una<br />
temporada de metáforas orientadas a la búsqueda de amores perdidos y de<br />
espacios cuajados de piropos musicalizados. Detrás de las letras musicales, o<br />
casi musicales, se escuchaba «la melopea», porque a veces, en vivo, el pianista<br />
o los músicos de la estación radial iniciaban una romántica y sonora<br />
melodía, «la melopea», con la cual se sugería al declamador que el ambiente<br />
estaba listo para que la palabra se encabalgara en las notas.<br />
Las voces del dominicano Juan Llibre, declamando poemas como Calle de<br />
la Veracruz, de Salvador Valverde, For Ever, de Fabio Fiallo, Hace daño querer,<br />
de Héctor J. Díaz, y las voces morunas como la del español Miguel Herrero,<br />
inundaron buena parte de los espacios románticos declamatorios. Declamados<br />
por Herrero venían los poemas de Rafael de León, quien perteneciera a la llamada<br />
generación del año 1927 en España, y fuera, a pesar de su condición de<br />
conde y personaje de la alta sociedad hispana, amigo y admirador personal de<br />
Federico García Lorca. Tal vez pueda decirse que la influencia lorquiana presente<br />
en de León, vino a América no sólo en los versos y la visita que hiciera<br />
Lorca al lar antillano, y especialmente a Cuba, sino en los poemas que de<br />
León convirtiera, a partir de la copla, en letras que se transformaban en boleros.<br />
Usando de la misma fuente que el Lorca autor de El romancero gitano, de<br />
León encontró en la métrica del octosílabo el engranaje para la copla de la<br />
cual surgieron boleros cantados en América con letras suyas.<br />
El ambiente propiciaba, pues, un crecimiento muy sostenido del gusto de<br />
la música en mezcla con aspectos de la poesía, y cuando apareció el llamado<br />
«bolero moruno», que no era otra cosa que un ritmo tal con las características<br />
del cante español, la radio acogió sus expresiones y el público, debido<br />
a las voces que lo interpretaron, a los arreglos y a sus letras narratorias capaces<br />
de contar y decir historias casi trágicas, le dio cabida, haciéndolo popular<br />
y bailándolo en todos los ambientes de la época.
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
180<br />
EL BOLERO MORUNO<br />
Sobre el bolero moruno habría que señalar el especialismo que fue parte<br />
de la canción de este tipo adoptada y grabada por nuestra Elenita Santos con<br />
títulos de Carmelo Larrea, y Quintero, León y Quiroga, como fueron Aquella<br />
noche de abril, y Camino verde. Valdría la pena apuntar que los grandes<br />
compositores de este tipo de música fueron los maestros Quintero, León y<br />
Quiroga, sin olvidar a Larrea, y otros en España. El bolero moruno tenía y tuvo<br />
la enorme influencia del modelo literario sevillano y andaluz en el cual el<br />
romance octosílabo traía las influencias de Federico García Lorca y de otros<br />
autores como los hermanos Antonio y Manuel Machado. El romancero hispano<br />
es la fuente de la tradición épica recogida por Ramón Menéndez Pidal<br />
en su obra Flor nueva de romances viejos La época del bolero moruno hacia<br />
retornar cierta literatura empapada de tradición hacia formas literarias que<br />
fueron de las primeras en la colonia, y que ahora retornaban, gracias al lorquisjo<br />
y a la copla reciente, como un viejo recordatorio del pasado. Su época<br />
fue la más rica en lo que se refiere a letras, porque no se trataba sólo de<br />
una canción pasional y que era parte del intimismo repetitivo de los boleros<br />
en general, sino de un modo literario y fino en el que se marcaba una tradición<br />
capaz de presentar textos ricos en sugerencias y metáforas. El bolero moruno<br />
fue muchas veces trágico, bolero de despedidas, «dime tú puente de piedra,<br />
donde se ha ido», (Larrea), bolero de testimonio, «Sevilla tuvo que ser, con<br />
su lunita plateada, testigo de nuestro amor, bajo la noche callada» (Quintero,<br />
León y Quiroga). Con toda su buena propiedad literaria, el bolero moruno<br />
encarnaba pasiones parecidas a las cantadas en Las Antillas durante el siglo<br />
XIX, tenía razones de habanera y de romanzas.<br />
La gran cantidad de letras de Rafael de León hizo juego con una especie<br />
de renacimiento «lorquiano tardío» en el cual la poesía andaluza fue declamada<br />
por numerosos bardos dominicanos que para aquellos años recorrían<br />
el país y hacían escala en puntos románticos de la capital, como lo fueron<br />
Rafael de León.<br />
El más importante<br />
compositor de letras<br />
para el llamado «Bolero<br />
Moruno». Amigo de<br />
García Lorca, de León<br />
era Conde y dedicó su<br />
vida a la poesía y a la<br />
copla española.<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
181<br />
Freddy Amado Gómez, Pascal Peña, Carlos Lebrón Saviñón, Salvador Pérez<br />
Martínez (Perita), Margarita Contín Aybar, y otros. El doctor Rafael<br />
González Tirado, en su época de estudiante, fue de los seguidores que declamaron<br />
en las aulas y en algunos lugares escogidos, las letras de Lorca y las de<br />
Rafael de León. «Me lo dijeron ayer las lenguas de doble filo… Dije que me daba<br />
igual…». La declamación era un arte en los años cincuenta y La Voz Dominicana<br />
tenía escuela para este tipo de interpretación. Era común que en<br />
programas televisados apareciesen declamadores que ocupaban un tiempo<br />
especial y que trabajaban a sueldo en la televisión. La presencia de la gran<br />
Bertha Singerman en los años cuarenta, alentó la declamación dominicana,<br />
en la cual habría que mencionar igualmente a Freddy Nanita y varios de los<br />
integrantes del llamado Cuadro de Comedias Sterling.<br />
Quizás el poema más declamado de Rafael de León fuera Profecía. Era<br />
obra presente casi como una necesidad en todos los programas de radio de<br />
los años cincuenta dedicados al modelo radial bolero-poesía, aunque los poemas<br />
de Juan de Dios Peza, Manuel María Flores y Gustavo Adolfo Bécquer,<br />
José Ángel Buesa,<br />
cuyos poemas fueron<br />
parte de numerosos<br />
momentos románticos<br />
del bolero de los años<br />
cincuenta.
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
182<br />
cubrían buena gama de la declamación. Algunos, como El seminarista de los<br />
ojos negros, de Miguel Ramos Carrión y Garrick, de Juan de Dios Peza, eran<br />
material de veladas juveniles en una época en la que amar sin tener un poema<br />
a mano, era una especie de absurdo.<br />
Con los boleros-poesía, entraban, igualmente en el ámbito de la declamación<br />
radial, los poemas de José Angel Buesa, y los de Hector José Díaz. No<br />
se quedaba atrás la poesía de Porfirio Barba Jacob representada numerosas<br />
veces con su Canción de la vida profunda.<br />
La influencia del bolero moruno fue total. La presencia en Cuba y los discos<br />
de época de Juan Legido, Los Chavales y los Churumbeles de España, con<br />
cantantes como Luis Tamayo, Pepe Lara y Miguel Bodegas, entre otros, consolidaban<br />
el ensayo musical en el cual tomaban parte, desde la República Dominicana,<br />
Moisés Zouain con su bello bolero titulado Egoísmo y Avelino Muñoz,<br />
con su Maldición gitana. Toña la Negra cantó en nuestro país, por esos<br />
años, un éxito de vellonera indiscutible como lo fuera el bolero de Rafael de<br />
León, Antonio Quintero y Manuel López Quiroga, Y sin embargo te quiero. La<br />
historia del moruno y sus efectos en la vida dominicana es altamente poética<br />
debido principalmente a las letras de Rafael de León y los arreglos y musicalizaciones<br />
de Quintero y Quiroga, conocidos coplistas españoles que produjeron<br />
más de 5,000 canciones de orden local. En la voz del colombiano<br />
Víctor Hugo Ayara, el bolero moruno fue éxito de discoteca y radio. Se volvía<br />
al bolero de letras literarias, valga el término, y se rescataba un poco la<br />
sensibilidad que habían iniciado años antes María Grever, Consuelo Velásquez,<br />
y otros autores de los años cuarenta, como es el caso dominicano de Bullumba<br />
Landestoy, Manuel Sánchez Acosta y Moisés Zouain, donde se rescata<br />
la transparencia literaria de este tipo de música manteniendo como primordiales<br />
los valores poéticos-sentimentales que se multiplican luego en la<br />
obra de Armando Manzanero, cuyas letras habría que analizar, lo mismo que,<br />
para poner el ejemplo dominicano, las de Moisés Zouain, que son sin dudas,<br />
Nelson Muñoz, a nombre<br />
de la Asociación<br />
Dominicana de músicos<br />
cantantes y bailarines<br />
(AMUCABA) entrega<br />
un reconocimiento al<br />
maestro Julio Alberto<br />
Hernández. Figuran de<br />
izquierda a derecha<br />
Fanny Santana y<br />
Norma Santana.<br />
en los boleros Egoísmo y Serrana, modelos de una inspiración más alla de las<br />
burdas declaraciones de amor y celos de la mayoría de la bolerística dominicana.<br />
Habría que llegar, ya a finales de los cincuenta, a las expresiones musicales<br />
de Rafael Solano, Manuel Troncoso y Nelson Lugo, y más tardíamente,<br />
la de Fernando Arias, cuyas composiciones están profundamente ligadas<br />
al modo del sentimentalismo que manejaran Portillo de la Luz y Frank Domínguez.<br />
Es una lástima que en nuestro país esa sensibilidad no se desarrollara<br />
de modo pleno y que en vez de ir hacia un bolero de orden intelectual a la<br />
vez que sentimental, se haya comercializado el bolero-bachata y presentado<br />
como obra de arte que caracteriza al dominicano y a su música bailable. Del<br />
mismo modo y saliéndonos un poco del tema, se comprueba que poco a poco<br />
la mercadología internacional ha promovido únicamente el merengue como
música autóctona, nacional, y se han ido dejando fuera los ritmos y formas<br />
musicales del pasado que poseen belleza inigualable, como han sido la media<br />
tuna, el sarambo, la yuca, el guarapo, con las vertientes del zapateo de las que<br />
habla Julio Alberto Hernández en su estudio Música Tradicional Dominicana,<br />
donde la criolla, la mangulina, el chenche, y otras resaltan como parte de la<br />
riqueza de un folklore que debe rescatarse. La insistencia en el merengue, comercial<br />
y deformado, y ahora construido con fines de mercado, va empobreciendo<br />
la imagen de la riqueza musical dominicana en el exterior, donde se<br />
piensa que no existen otros ritmos y formas musicales que los ahora promovidos<br />
en concursos y espectáculos. Valdría la pena, pues, crear el espacio y<br />
animar la producción de estos modelos nacionales que están ocultos en la ruralidad<br />
y en el recuerdo de los dominicanos.<br />
Los Chavales<br />
de España, intérpretes<br />
del bolero moruno.<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
185<br />
LA RELACIÓN POESÍA-BOLERO<br />
La relación poesía-bolero se puede seguir en las grabaciones de algunos<br />
tríos que como el Vegabajeño, de Puerto Rico, incorporaron poemas a la<br />
canción. Juan Llibre, por ejemplo, puso versos declamados en el bolero Sigamos<br />
pecando, mientras que Paquitín Soto, algo más tarde, grabó un long<br />
play en el que un bolero era luego acompañado de un poema.<br />
Volviendo al bolero moruno, el primer bolero moruno, yo diría que fuera<br />
de contexto, porque fue a finales de los cuarenta y comienzos de los cincuenta<br />
cuando vino a ser un explosivo estilo, fue Llora corazón, de Rafael<br />
Hernández, escrito hacia 1938-39. Hernández también «escribió» Pobre gitana,<br />
una música que según el violinista y hombre de música Leonel Cantisano,<br />
es la misma del tema ruso Dos guitarras, constituyendo la obra un soberbio<br />
plagio del músico puertorriqueño. Bobby Capó desde esos finales de<br />
los cuarenta incorporó a su repertorio muchos de ellos, entre los cuales vale<br />
citar Los Churumbeles, Te lo juro yo, y Celos locos, mientras que Elenita<br />
Santos triunfó con boleros morunos como Dos cruces, de Carmelo Larrea y<br />
Pepe Lara y Luis<br />
Tamayo, cantantes de<br />
los chavales de España.<br />
La Habana años 50.
Cuatro grandes del<br />
bolero latinoamericano:<br />
Lucho Gatica, Julita del<br />
Río, Rafael Solano y<br />
Lucía Félix. Año 1988.<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
186<br />
otros. Lope Balaguer fue inigualable intérprete de este género. Vale aquí recordar<br />
el único bolero moruno de Avelino Muñoz, antes citado y escrito, según<br />
informes de Leonel Cantisano, su amigo personal, y entonces músico de<br />
planta de La Voz Dominicana, debido al rechazo de que fue víctima de Lupe<br />
Noriega, capitalina hija del dueño de la fábrica de velas y velones Noriega,<br />
por aquellos años cuarenta y cincuenta la más conocida industria de ese<br />
ramo. Circuló en toda América en la voces de Bobby Capó, el propio Lope<br />
Balaguer y lo cantó magistralmente Elenita Santos.<br />
EL BOLEMENGUE<br />
La primera variación del bolero dominicano, como tal, fue el llamado<br />
«bolemengue». Un híbrido de bolero y merengue que tuvo gran relevancia<br />
con la orquesta Generalísmo Trujillo, de Luis Alberti, y que fuera inventado<br />
por Luis Senior, con su composición En donde estás. De igual modo le siguieron<br />
Luis Alberti y Babín Echavarría, autores de los bolemengues Enamorado<br />
y Yo creo en ti. Tenemos información de que el maestro Luis Rivera<br />
estrenó en una actividad cultural en San José de Conuco, un bolemengue<br />
que llamo «Conuquera», pero no poseemos confirmación precisa.<br />
Los expertos musicales se plantean la aparición del bolemengue como<br />
una forma de adaptar el merengue al ritmo del bolero. Lo cierto es que simplemente<br />
el bolero que se «contiene» dentro del ritmo casi apambichado<br />
del bolemengue, revela que es una simple adaptación para el logro de un<br />
baile más suave y acompasado, delicado y lleno de movimientos a la vez que<br />
elegantes, plenos de gracia. Si se fuera a comparar el desaparecido bolemengue,<br />
de corta vida y grandes momentos bailables y radiales, habría que pensar<br />
en el modelo de baile del danzonete cubano, ello tomando en cuenta no<br />
tanto el ritmo sino el modo que hace de la forma de baile lo que muchos<br />
consideraban una manera «distinguida» de armar los movimientos comunes<br />
al merengue y al propio bolero. Mi calle Aurora, sería tal vez el último<br />
Abajo: Consuelo<br />
Velázquez, sus boleros<br />
inspiraron muchas<br />
imitaciones. Autora de<br />
«Bésame mucho».<br />
Luis Senior creador<br />
del Bolemengue y<br />
compositor de<br />
numerosas canciones<br />
románticas.
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
188<br />
bolemengue escuchado por quienes firmamos el presente trabajo. Compuesto<br />
por Bienvenido Bustamente, fue interpretado por nuestra Orquesta Sinfónica<br />
Nacional en los Jardines del Teatro Nacional durante el mes de agosto<br />
del año 2004, como parte de un concierto de aniversario de la misma.<br />
UN POCO DE BACHATA<br />
Si fuéramos a hablar del aporte dominicano al bolero como variante, tendríamos<br />
que hablar del ritmo llamado ahora «bachata». Un bolero «picado»,<br />
en el cual la guitarra vuelve a tener su preponderancia cuando ya en los años<br />
finales de los cincuenta se agudiza el uso de la misma en cancioneros de Puerto<br />
Rico que van a influir notablmente en cantantes dominicanos como lo<br />
fuera Rafael Encarnación. Esta guirarra no era otra que el requinto inventado<br />
por Alfredo Gil, guitarra adaptada que se insertó en lo tríos antillanos y<br />
en los boleros de cabaret. Las influencias venían de Blanca Iris Villafañe,<br />
Carmen Delia Dipini, Julita Ross, el propio Felipe Rodríguez, Tommy Figueroa,<br />
José Antonio Salamán ya a finales de los 50, de Odilio González, cuyas<br />
intepretaciones estaban más cerca de la bachata que interpretaran Rafael Encarnación<br />
y José Manuel Calderón. Para hacer más amplia esta información<br />
vale decir que el modelo de canción con guitarra picada y ritmo de pocas variantes<br />
fue por vez primera elaborado por el compositor puertorriqueño José<br />
Alberto Jiménez, quien se destacaría por sus composiciones de «amargue» escritas<br />
para voces femeninas. Jiménez, es el creador de un tipo de bolero «de<br />
letra cruda y expresiva» tal y como lo dice Mario de Jesús en la contraportada<br />
del long play de Blanca Iris Villafañe, (Ansonia LP 1269 s/f), en el cual se<br />
recogen boleros tempranos en este estilo como fueron Besos callejeros, Por<br />
despecho, Con el sentimiento herido y otros. Las raíces de la bachata dominicana<br />
no se explican sin los textos musicales escritos por José Alberto Jiménez.<br />
Blanca Iris nació en 1935 y grabó su primer disco de larga duración nada menos<br />
que en 1953, a la edad de 20 años, luego de haber ganado en 1948 un<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
189<br />
programa de aficionados en la WWRL de la ciudad de Nueva York. Algo de<br />
interés para este tipo de música y sus orígenes, lo fue el estilo picado de Jiménez,<br />
guitarrista que estuvo presente y acompañó a la Villafañe en sus números<br />
iniciales. Con el sentimiento herido y Ahora soy feliz, son boleros que hoy<br />
llamaríamos «del tipo bachata», compuestos por Mario de Jesús y grabados<br />
por Blanca Iris en los cincuenta, mucho antes de que el movimiento se expandiera<br />
como algo de sabor dominicano por las variantes que los conjuntos<br />
y trios de este tipo le dieron entre nosotros. Vale entonces hacer énfasis en<br />
que Mario de Jesús abordó como compositor este sub-género mucho antes<br />
que cualquier otro compositor nacional. Algo que llama la atención en algunos<br />
de estos boleros es el cambio corto, pero «picado», hacia el ritmo del tango,<br />
para luego volver al bolero como tal. Vale recordar que casi dentro del<br />
mismo estilo, aunque más tardía, fue Virginia López, llamada «la voz de la<br />
ternura», quién grabó a partir de los cincuenta varios boleros de Mario de Jesús<br />
Báez, autor dominicano cuya carrera se acrecienta en esos años. José Antonio<br />
Salamán, cantor de velloneras, fue de los creadores del estilo en los<br />
años que comentamos. La bachata creció en función de vellonera, y la misma<br />
comenzó a redescubrir modelos de baile como los que se estrenaban en<br />
los «cafeses» de Borojol, en los años cuarenta y cincuenta, donde el modo<br />
«paso de guardia» referido el son cubano y al bolero picado, estableció una<br />
formalidad bailable diferente para el bolero. El dominicano, al popularizar la<br />
llamada bachata, ha creado igualmente un modelo de baile que es novedoso,<br />
y que sigue el ritmo con el paso, alejándose de la forma tradicional del bolero<br />
que buscaba más que nada el enlace más profundo entre parejas. Pudiera<br />
decirse que este modo de baile, se aprecia en los pasos del son dominicano,<br />
menos marcados que los pasos orientales del son cubano.<br />
La bachata creció como forma bailable aupada, a partir de los años en los<br />
que Radio Guarachita y Radhamés Aracena la apoyan grabando discos de<br />
venta suburbana, hasta llegar a convertirse en un modo de cantar amarguras,
Víctor Hugo Ayala y<br />
Marcio Veloz<br />
<strong>Maggiolo</strong>, el autor de<br />
este texto. Bogotá,<br />
2002.<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
190<br />
pobre en su melodía y letras, con algunas excepciones tempranas como la de<br />
José Manuel Calderón, excepción lograda luego por los cantantes y compositores<br />
que la «industrializaron» llevó a un rango mayor, como Juan Luis<br />
Guerra, Víctor Víctor, Luis Días, y con voces como la de Sonia Silvestre. El<br />
modelo llamado «tecno-amargue» por el propio Días, se convierte en música<br />
de consumo de varias clases sociales según sean sus intérpretes y sus ámbitos.<br />
Vale decir que la bachata animó profundamente las salas de los cafetines<br />
y pasó a la radio como la música nueva que, interpretada por muy diversos<br />
cantores, generó una especie de nueva trova, y amplió su radio de acción<br />
hacia el mercado dominicano posterior a la guerra de abril, llegando a<br />
la internacionalización como «variante del bolero» ruralizado a veces, o<br />
modalidad nueva, lo que resulta en un formidable crecimiento del sistema<br />
bailable del dominicano, hasta el punto de que bachata y merengue entraron<br />
en colisión y en mezcla y competencia que continúa hasta nuestros días.<br />
A fin de cuentas una guerra mercadológica que ha olvidado otros ritmos nacionales<br />
más puros y abandonados en el camino.<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
191<br />
Otra variante del bolero que fue notablemente aceptada y bailada en<br />
nuestro país fue el llamado bolero-ranchero, del cual no hubo variaciones dominicanas,<br />
a pesar de los tantos artistas mejicanos que vinieron a las celebraciones<br />
de los aniversarios de La Voz Dominicana. Uno de los primeros bolero<br />
ranchero que se registran ya en los años cuarenta es Amorcito corazón, de<br />
Manuel Esperón, cantado por Pedro Infante en la cinta Nosotros los pobres, y<br />
grabado por Los Panchos. Su éxito mayor lo constituyó la versión «ranchera»<br />
de Infante. El bolero fue escrito en 1947. La radioemisora del bolero ranchero<br />
lo fue Radio Guarachita, la que luego, durante largos años transmitió<br />
un programa en honor al cantor mejicano y un programa anual en el aniversario<br />
de la muerte de Pedro Infante, bajo las voces y producción de Norma<br />
Santana, Manolo del Rosario y Guillermo Leigh, y luego en las voces de la<br />
propia Norma y de Francis Méndez. Aracena comenzaba a promover el bolero<br />
ranchero, y fue tal su éxito, que Infante ayudó notablemente a su crecimiento<br />
económico por la enorme venta de sus discos, de los cuales era distribuidor<br />
en el país como representante de Peerles. El primer bolero ranchero<br />
Odilio González,<br />
llamado «El Jibarito<br />
de Lares» se inició cantando<br />
el bolero con el<br />
estilo bachata.
Pedro Infante<br />
iniciador del llamado<br />
«Bolero Ranchero»<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
192<br />
con Infante vino de México en las manos del Doctor Pedro Julio Santana,<br />
quien se lo facilitó a Aracena para el programa de música mejicana que se<br />
transmitía en HI5K, propiedad de Santana. Cuando Radhamés pasó a realizar<br />
sus programas fuera de la misma los boleros de Infante fueron un punto<br />
clave de sus programas radiales llegando más tarde a acuerdos con la Peerles<br />
de México, desde donde importó los primeros discos.<br />
Los boleros rancheros tenían una característica importante puesto que su<br />
orquestación siempre fue la de un mariachi. Nada de instrumentos de percusión<br />
ya que el ritmo era dado por los guitarrones, en un dos por cuatro muy<br />
acentuado, con letras y músicas cercanas a las de las rancheras mejicanas de<br />
las cuales José Alfredo Jiménez era en esos años figura clave. Cuando Infante<br />
fue convencido de seguir la ruta del bolero ranchero, una verdadera creación<br />
de él, pues fue el primero en cantarlos de manera continua, se inició, finalizando<br />
el año de 1950, la época del mismo. Para ejemplo de su impacto,<br />
un mariachi dominicano, el de Manolín Collado, llegó a intepretarlos. Manolín<br />
era un buen corneta, y se asistió de guitarristas y un bajista que tocaba<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
193<br />
el guitarrón. Pero resultaba que siendo parte de un ecosistema de orden mejicano,<br />
el ámbito dominicano no estaba dotado de las condiciones para que<br />
el bolero ranchero floreciera como tal en salas de fiestas o lugares donde el<br />
tema musical bailable era común. Las demás grabaciones de este tipo las inicia<br />
Infante ya en 1960 con Ni por favor, bolero montado en el gusto mejicano,<br />
lo mismo que los temas que Que murmuren, Cien años, Flor sin retoño, de<br />
los hermanos Martínez Gil, y otros. Es nada menos que Rubén Fuentes que<br />
le convence de adoptar este tipo de bolero. El bolero ranchero encontró su<br />
divulgación entre los propios cantores mejicanos, tales como el bolerista desaparecido<br />
trágicamente Genaro Salinas, Amalia y Juan Mendoza, Emilio<br />
Galvez, y Javier Solís, el mayor seguidor del estilo de Infante, para el cual se<br />
adaptaron tangos, llegándose a la mezcla de bolero ranchero con elementos<br />
del tango mismo, como aconteció, entre otros, con Sombras, cantado luego<br />
como bolero tango por Felipe Pirela. El bolero ranchero recorrió la costa norte<br />
de Colombia, toda la parte oriental de Venezuela, y casi toda Centroamérica,<br />
donde por la cercanía con México, los mariachis locales lo cantaron y<br />
lo llevaron a las fiestas donde la música mejicana era sumamente popular.<br />
EL BOLERO, UN TROZO DE IDENTIDAD<br />
Cerramos este espacio señalando que nuestro interés ha sido llevar un poco<br />
al lector algunas pinceladas del ambiente, el ámbito, el espacio y las peripecias<br />
del bolero y de los dominicanos que lo consideraron como parte suya.<br />
No es posible en tan pocas páginas agotar un tema que deberíamos ordenar<br />
mejor y seguir acomodándolo a los sentimientos de cada quien. La canción<br />
bolero tiene más de cien años y seguirá en ascenso. Cuando Luis Miguel,<br />
el cantante mejicano que tantas juventudes siguen con pasión, lanzó<br />
su disco de boleros con piezas recientes y menos recientes en una línea cercana<br />
al rock, y a la balada moderna, muchos de los que nunca habían bailado<br />
un bolero se dieron cuenta de las razones del romanticismo que el mismo<br />
Doble página siguiente<br />
Orquesta Caribe,<br />
perteneciente a Radio<br />
Caribe dirigida por<br />
Agustín Mercier.<br />
Año 1961.
Julito Rodríguez<br />
y su trío de grata<br />
recordación para los<br />
amantes del bolero.<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
196<br />
contiene. No hacía mucho tiempo que el bolero había dejado de ser música<br />
de todos. Para eso estaban en la radio los programas de música del pasado,<br />
mas bien, de música cantada en el pasado, pero que seguía siendo música de<br />
hoy. El hecho de que radioemisoras como Radio Continental y luego Radio<br />
Popular, siguieran radiando la vieja música de Lara, Lockward, Bullumba,<br />
Zouain, y otros, señalaba que el bolero seguía vivo. Simplemente al bolero<br />
viejo se unía el nuevo. Debilitado por el torrente de las baladas, la música<br />
pop, los merengues montados en acelerado ritmo y letras pirateadas, las bachatas<br />
simplonas las más de las veces y más cercanas a letras menos literarias<br />
y ligadas al amor de cafetín, el viejo bolero agonizaba en el mundo de la<br />
payola, y lo mismo agoniza cuando ya no es el gusto real del oyente el que<br />
determina la música, sino el gusto confeccionado por un mercado del disco<br />
que insiste en ofrecer masivamente la música más simple y capaz de envolver<br />
a una cantidad de personas, la mayoría de las cuales comienzan su educación<br />
estética con formas simples en el arte y en la apreciación. De modo<br />
que la distancia entre una letra de María Grever o de Lecuona, de Zouain o<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
197<br />
de Lockward y la que exhiben las mayoría de las bachatas, resulta en un distanciamiento<br />
que hace ver a los mas ignaros al viejo bolero como música arcaica,<br />
«pasada de moda».<br />
En 1960, como hemos señalado, Rafael Solano llega al Embassy Club<br />
donde con su maestría imprime a la música dominicana, y al bolero, el sello<br />
de su melodía empapada de sentimientos. Solano es un compositor y pianista<br />
de vieja data que a los 21 años había dirigido ya la orquesta Angelita en<br />
el año de 1951. El Embassy fue la culminación de su carrera como músico,<br />
y a partir del Embassy su foja de compositor se extendió creando melodías<br />
inmensas, y boleros que alcanzaron a recorrer parte de América y del mundo.<br />
Ver Rafael Solano, Letra y Música. Editora Taller, 1992.<br />
EL BOLERO COMO LITERATURA<br />
El bolero ya forma parte de la literatura dominicana. Escritores y poetas lo<br />
han incorporado a su quehacer como ámbito y vida de sus personajes o de su<br />
inspiración, como es el caso de Pedro Vergés, René Rodríguez Soriano, Radhamés<br />
Reyes Vásquez, Enriquillo Sánchez, José Alcántara Almánzar, Fernando<br />
Valerio, y quien escribe este texto, entre otros. No existe aún el estudio<br />
completo del bolero en nuestra literatura, pero existen trabajos de aproximación<br />
que serían el inicio de este tipo de labor en varios artículos y análisis de<br />
Fernando Valerio, el notable crítico y escritor dominicano residente en los<br />
Estados Unidos. Vale la pena citar algunos de los conceptos que recoge Valerio<br />
en su trabajo titulado La Historia y el bolero en la narrativa dominicana,<br />
publicado en la Revista de Estudios Hispánicos, Universidad de la Universidad<br />
de Puerto Rico, 1996. Sobre la novela Musiquito, de Enriquillo Sánchez,<br />
donde el bolero tiene importancia capital, Valerio analiza el aspecto<br />
histórico de las dictaduras que el autor intenta reunir en la figura de un dictador<br />
mítico seguido al través de capítulos que son, en verdad, títulos de boleros,<br />
y que tienen una relación con el propio proceso histórico dominicano.
La vieja bohemia<br />
dominicana puede<br />
resurgir en cualquier<br />
mesa de café.<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
198<br />
El bolero, en la obra, establece una relación con los hechos políticos dictatoriales,<br />
y transita en la literatura de Sánchez como referente de la historia<br />
nacional. «En la novela de Enriquillo Sánchez, el bolero introduce el absurdo<br />
y la banalidad, dimensiones hasta entonces desconocidas en la representación<br />
de este período de la historia dominicana.» …El bolero con su<br />
carga erótica le da acceso al lector a la vida privada del dictador. Valerio,<br />
al analizar el bolero en la novela Ritos de Cabaret, de quien escribe, plantea<br />
la presencia dictatorial de la manera simbólica en la que el autor ha elaborado<br />
el tema. El bolero, según Valerio, es para el autor una especie de rescate<br />
de la identidad amenazada. La emisora Radio Recuerdos, según el crítico,<br />
apuntala la vida bolerística y revolucionaria de un momento en el que<br />
la guerra de abril del año 1965, es parte de la identidad nacional. Al analizar<br />
la novela de Pedro Vergés titulada Sólo cenizas hallarás, bolero, Valerio<br />
se refiere a las tres novelas señalando la función identitaria de las mismas,<br />
y la vida epocal y barrial en tres períodos imaginarios, muchas veces, del<br />
proceso histórico dominicano. El bolero ha sido socialmente un fenómeno<br />
identitario que ayudó a muchos dominicanos a encontrarse a sí mismos, y<br />
fungió como mensajero de la propia vida y de la timidez. Hace ya unos años<br />
escribí dos ensayos: uno dedicado a las modalidades que el bolero me sugería,<br />
y que era una especie de visión filosófica a la vez que analítica del bolero<br />
como fenómeno social, y otro en el que me refería, usando a Daniel<br />
Santos como fondo, a las características de lo que llamé «Machismo y bolerismo<br />
en el Caribe».<br />
Bolerogamia, bolerofilia, boleromaquia, bolerofobia, boleromanía, fueron denominaciones<br />
que usé cierta vez para dar a entender que existen modos de considerar<br />
el bolero y que puede hasta construirse una filosofía del mismo. Pudieran ser<br />
parte de un imaginario sentido y producido a partir del recuerdo de barrio, cuando<br />
esta música era capaz de llenarnos de un júbilo erótico indescriptible que ahora<br />
es en parte nostalgia.<br />
Abajo: Ritos de Cabaret,<br />
novela de Marcio<br />
Veloz <strong>Maggiolo</strong> escrita<br />
casi a ritmo de bolero.<br />
Reyes Vásquez, poesía<br />
con nombre de bolero.<br />
«Si puedes tu con Dios<br />
hablar».
Las variantes para su interpretación pertenecen, por tanto, a la vida misma,<br />
y por tales razones las pensé como fórmulas, más que como realidades<br />
para entender el bolero en sus manifestaciones y la de los que luchaban para<br />
entender las guerras como un segmento musical y bélico de la historia. En<br />
la bolerogamia incluí a aquellos amantes del bolero que se matrimoniaron<br />
con él y que no bailaban ni escuchaban otra música que no fuera bolero. Fanáticos<br />
capaz de matar si alguien era capaz de hablar en mal de alguno de<br />
sus cantores o músicos favoritos. Hablé igualmente de los bolerofílicos, es<br />
decir, de aquellos que para amar el bolero no tenían la necesidad de bailarlo.<br />
Hablé de boleromaquia, tomando la raíz griega de la palabra, machonai,<br />
que significa lucha y que deriva hacia el machismo que muchas veces se destaca<br />
en el amador del bolero. Me referí a la bolerofobia, a ese rechazo y odio<br />
Marco Antonio Muñiz<br />
reforzó con su voz<br />
melódica, el bolero en<br />
los años sesenta.<br />
Cuarenta años o más<br />
de bolerofilia.<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
201<br />
contra el bolero que muchos amantes desarrollaron luego de perder la presa<br />
de sus sueños porque un bolerófilo alcanzó a demostrarle que en cuestión de<br />
boleros, el bailarlos apegados a las normas del entrelazamiento profundo, es<br />
fundamental y verdaderamente convincente. Cuando hablé de la boleromanía<br />
los englobé a todos, los metí en un mismo saco, porque todos eran maniáticos<br />
de este baile y de esta música en los años en los que la misma se desató<br />
alcanzando niveles de pasión inusitada y huracanadas temporadas de<br />
amor explosivo.<br />
El bolero no murió nunca. Está en nuestro motocondrio musical, como la<br />
Eva eternal de los genetistas. A veces se ha escondido y descansado para dar<br />
oportunidad a otros ritmos, a otras entretenciones. Retorna cada vez y nos<br />
obliga a pensar en las numerosas voces, orquestas, y lugares que lo han transportado<br />
teniendo como vehículo la pasión, y como mensaje, la voz de los<br />
que atrapados por el amor buscaron una letra y una música, la adaptaron a<br />
sus sentimientos, y dijeron que la vida era buena, amable y agradablemente<br />
perturbadora si existía como fondo un bolero.<br />
Fernando Álvarez<br />
intérprete del llamado<br />
filin en los años 60.
El baile.<br />
Grabado francés<br />
del siglo XIX.<br />
COLOFÓN ROMÁNTICO<br />
ASCIENDE EL TELÓN Y UN HAZ DE LUZ<br />
NOS NUBLA EL SENTIMIENTO<br />
La mujer sube las escalinatas semi curvas del palacete apoyándose levemente<br />
en el pasamanos de madera fina, perfumada, mujer divina de alabastrina<br />
piel o relumbrar mulato según fuera el poeta que la imaginaba. Ha logrado<br />
su objetivo. Ha sabido poner fin a la vida arrabalera que hasta hoy parecía<br />
marcar su destino y ha llegado al espacio social al que aspiró desde<br />
siempre, abandonado el cabaret donde el humo en los ojos ya no es niebla<br />
de ausencia y es sólo parte de la música de un pasado que cree haber dejado<br />
en el camino. Ya no es la viajera que viene y que va dejando en los corazones<br />
latir de pasión, vibrar de emoción y luego mil decepciones. Viene seguida por el<br />
destino amargo que en principio la hizo vivir atada al lenocinio. Su salvador,<br />
de bigote cano, ojos galanos y mano enguantada la acunaba en su amor<br />
llamándola «pobrecita golondrina», aventurera de los mares del placer y del<br />
dolor, o bien «pobre piedra peregrina». En la penumbra de la noche, sin embargo,<br />
porque aún desea borrar ciertas sombras de ese pasado que la tortura,<br />
se la ve retornar al lugar de origen. Allí están sus amigas, las que aspiran a<br />
La espera.<br />
Grabado francés<br />
del siglo XIX.
Benny Moré, llamado<br />
«El bárbaro del ritmo»,<br />
su influencia fue<br />
notable como compositor<br />
y cantante<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
204<br />
ser «honradas» por algún otro viajero que aunque entrado en edad, sirva de<br />
puente para una nueva vida. Un bolero enturbia con voz desgarradora el futuro.<br />
Las voces de Bobby Capó, Fernando Fernández, Ramón Armengod,<br />
José Manuel López Balaguer confían en que el amor impuro pueda convertirse<br />
en amor ciego, en amor alejado del quinto patio que el enamorado también<br />
desea borrar del pasado de aquella mujer por la cual acepta la crítica y<br />
asmila el rechazo de los suyos. «Ahí va don Damián con su muñeca de medio<br />
uso», dice alguien cuando los ve juntos- La madrugada, embozada en reflejos<br />
de una luna parpadeante, llega y la mujer, estola en mano, vuelve la<br />
cara. En el roof garden del Hotel Mercedes ella, del brazo de su ahora galán<br />
permanente, transita con paso firme, como cuando bajaba la empinada<br />
cuesta de la calle Jacinto de la Concha con don Damián del brazo, en momentos<br />
en los cuales aún no decidía si seguir atada al joven que la explotaba,<br />
y del cual estaba locamente enamorada a su pesar, o si sacrificar su juventud<br />
y su belleza para el hallazgo de una nueva familia. Escoger entre el<br />
amor verdadero del hombre maduro, y el amor pasional del amante al que,<br />
Tito Rodríguez,<br />
cuya voz fue<br />
fundamental para el<br />
bolero de los años 60.<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
2<strong>05</strong><br />
precisamente, ama. Llamémosla Amparo, Beatriz como la de Dante, María,<br />
como la de Isaac. Cree que con los años el amor crecerá junto al que le brinda<br />
la seguridad de un hogar que considera decente, y entonces sueña con la<br />
vida muelle y tranquila del «ama de casa», aspiración de las llamadas «perdidas».<br />
Un viejo bolero le sigue los pasos: «perdida quedaste tú en la vida al no<br />
tener cariño que te diera ilusión». Ese bolero la llena de recuerdos. La visita<br />
termina y se despide de sus amigas. Ojalá tengan un futuro similar. No las<br />
rechazará, las recibirá un día en casa y eso ha sido pactado con él, porque<br />
junto a ellas ha podido llevar a cabo el deseo de la honra. Ha sucedido con<br />
otras en el Borojol del pasado, como en la calle de Las Honradas, donde fueron<br />
a parar las casamenteras del escarnio, callecita que aún se adosa cuajada<br />
de recuerdos sobre la calle Vicente Noble en el Santo Domingo de El<br />
Timbeque, en el antiguo barrio llamado Barahona.<br />
En el Caribe, en las costas antillanas, en las velloneras de Maracaibo, en las<br />
salas de baile y clubes de La Habana, San Juan, Ciudad Trujillo, Cartagena de<br />
Indias y Barranquilla, en el roof Garden del Hotel Mercedes de Santiago, en<br />
Paquitín Soto, con<br />
algunos admiradores<br />
en radio Quisqueya,<br />
1957.
Carmen Abrahamson<br />
se inició como una de<br />
las primeras cantantes<br />
del bolero del país en<br />
la época de La Voz<br />
del Yuna, 1946 y luego<br />
pasó a ser locutora<br />
radial de gran éxito<br />
en los años 50.<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
207<br />
Rafi Muñoz. Estamos en los cincuenta, hemos llegado a los sesenta y lo que deseamos<br />
es decir que ya, en ese momento, el espacio total había sido creado.<br />
Desde Azul de Salvador Sturla, pasando por Ven, de Sánchez Acosta, hasta llegar<br />
a la música de Solano, el bolero dominicano sigue el camino paralelo del<br />
bolero universal. Pero en ese trayecto tiene que rememorar a Teté Marcial, la<br />
mejor intérprete de Juan Lockward. Y viene el bolero en la imagen flotante y<br />
blanca de un pañuelo que se desliza en el río como cariño lanzado en las aguas<br />
de una corriente mortal, tal y como lo cuenta con fraseo de pena honda el propio<br />
Roberto Ledesma. Aterriza el bolero en el corazón de los bailadores de café<br />
flotando en el fraseo de Miltinho, y en la voz feminoide de Pirela. El bolero,<br />
como la dama fílmica del principio de este texto, vuelve la cara y en el caso dominicano<br />
tiene que agradecer a tres figuras que fueron los compositores más<br />
prolíficos del género en la República Dominicana: Luis Kalaff, Bienvenido<br />
Brens y Mario de Jesús. Son de los más consistentes. Los de mayor obra, y en<br />
el caso de Mario, el de mayor proyección internacional. Se mira el horizonte<br />
de la música que marca todo retorno y se sabe que en todo retorno la luna ha<br />
Julita Del Río<br />
comparte aún las<br />
noches de Santo<br />
Domingo y muestra<br />
su pasión por<br />
el bolero.
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
208<br />
el de La Cervecería y el Hotel Jaragua, donde Luis Alberti es eterno, entre<br />
set y set resucitan voces como las de Benny Moré, Los Panchos, Alberto<br />
Beltrán, Toña la Negra y María Victoria. Las trae de pronto un viento marinero<br />
que colma de recuerdos la memoria, arrullando la noche que se cierne<br />
como parte de un sueño de amor. Lo siento por ti, la voz de Alfredo Sadel,<br />
siempre nueva, lo proclama: y si el mundo te castiga, mujer, lo siento<br />
por ti. El machismo del bolero, característica de un amor de hombre que<br />
cantantes como María Luis Landín interpretaban fundiéndose en palabras<br />
de compositor macho. El bolero se esconde en la cinta fílmica de arrabaleras<br />
y rumberas, se esconde en las voces de los tríos que emergen tras la ruta<br />
trazada por Los Panchos, Los Tres Diamantes, Los Tres Ases, el Trío San<br />
Juan, y la infinidad de voces que usaron tríos y dúos para encarnar lo mejor<br />
del deseo. No es posible enumerarlos, son centenares. El bolero viene<br />
en avión fletado desde México, en las semanas de aniversario de La Voz Dominicana,<br />
o se reproduce en las manos de los dominicanos como flor de todos<br />
los días. El ambiente huele a bolero. El sabor del bolero está en el aire y<br />
puedes degustarlo, como un mabí seibano o bien como un vino viejo. El bolero<br />
se acurruca en la noche del tiempo para salir a flote como el calamar<br />
deslumbrado por lo focos del pescador, y sigue siendo tal en las voces permanentes<br />
de Lope Balaguer, de Francis Santana, cuyo padre, Papaé, ya era<br />
en los años viente cantante de operetas. El bolero vuela en las melodías de<br />
los finales de los cincuenta hasta alcanzar en los sesenta a Manzanero, y no<br />
puede olvidar a Yanés, a Lucecita, a Fernando Álvarez y Lino Borges. El bolero<br />
se mueve en la voz distante de Ernesto Bonino, lluvia que golpeas mi ventana<br />
con tu suave tintineo, y en la más reciente de Roberto Ledesma. El bolero<br />
se acuna en el llanto muscialmente cursi de Carlos Pizarro y Virginia López,<br />
lo mismo que en las primeras baladas-boleros de Antonio Prieto. El bolero<br />
sigue caminando de manos con el amor. Para ser sensible y justiciero, el bolero<br />
tiene que buscar entre los recuerdos a Tito Rodríguez, pero igualmente a<br />
ECOSISTEMA DEL BOLERO DOMINICANO<br />
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de tener nimbos de plata. El bolero se vence a si mismo, se esconde para que<br />
durante mucho tiempo, de regreso, sepamos que es inmortal aún en voces nuevas<br />
como las que hoy vienen y van sin temor a dejar de cantarlo, vivirlo, gozarlo<br />
y hacer melodía y letras que todavía declaran la pasión del entrelazamiento,<br />
el beso prometido, y a pesar de todo, el sonido de la guitarra, del «guitarro»<br />
como llamó Garay su primer instrumento dominicano en Santo Domingo, que<br />
todavía nos permite, como lo hiciera Scanlan, asomarnos al eterno balcón de<br />
la mujer amada signo de identidad del romanticismo caribeño, y universal.<br />
Agradecemos la colaboración que para este texto tuvimos de Norma Santana<br />
de Veloz, Herman Mella Chavier, Armando Recio, Lucía Félix, Fernando Infante,<br />
Fabio Herrera Cabral, Virgilio Ortiz Bosch, Mario Álvarez Dugán, Tony<br />
Piña Cámpora en la ciudad capital, y en Santiago la de Leonel Cantisano Méndez,<br />
Leo Madera, César Augusto Pichardo Petiton, (Billillo), Juan Pablo Pichardo<br />
y Abel Madera.<br />
Tertulia de<br />
boleroadictos<br />
en arte de Luis<br />
Miguel Gerardino.