Vida en 7 mundos - Magnum Astron
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Extraterrestre<br />
Extraterrestre es un ser v<strong>en</strong>ido de otro planeta distinto a la Tierra. Los extraterrestres pued<strong>en</strong> ser<br />
también criaturas cibernéticas no biológicas. Hay pruebas de que si exist<strong>en</strong> los extraterrestres. los<br />
extraterrestres
MAGNUM ASTRON<br />
VIDA EN<br />
7<br />
MUNDOS<br />
BIBLIOTECA FILOSÓFICA<br />
Editorial 3 7 12<br />
Artículos tomados de las páginas:<br />
www.fractalmedicaldiscovery.com<br />
www.magnumastron.com<br />
www.magnumastron.org<br />
www.ecociudadelasastron.com<br />
Gracias por escribirnos a: quanticmedicaldiscovery@gmail.com
PRIMERA PARTE<br />
INTRODUCCIÓN<br />
UNA TERRORIFICA VISION<br />
Ocurrió una pavorosa noche de crudo invierno. El tru<strong>en</strong>o retumbaba implacable y c<strong>en</strong>tellas<br />
pavorosas fustigaban las sombras con <strong>en</strong>ceguecedora incandesc<strong>en</strong>cia.<br />
Yo me <strong>en</strong>contraba a los pies de un monte al albergue de una improvisada carpa; estaba si<strong>en</strong>do<br />
abatida por las fuertes ráfagas de vi<strong>en</strong>to que la azotaban con estampidas redobladas.<br />
Mi hermana la montaña estaba asustada al mirar las negras nubes que cabalgaban desafiantes<br />
rozándole su erizada cabellera hecha de pinos y <strong>en</strong>ramadas.<br />
el lugar.<br />
La tempestad, <strong>en</strong> ardi<strong>en</strong>te cólera, había desatado<br />
toda su cólera sobre nosotros:<br />
Mis compañeros, los árboles, se afianzaban bi<strong>en</strong> <strong>en</strong><br />
sus raíces para no caer abatidos. La furia de la<br />
tempestad arrancaba la tierra adherida a los<br />
peñascos disolviéndola hasta hacerla correr como<br />
lava espesa.<br />
Me gusta cuando La Naturaleza habla recio pero, <strong>en</strong><br />
esta ocasión, estaba gritando desesperada. Parecía<br />
que anunciaba algo espantoso que iba a suceder.<br />
Mis v<strong>en</strong>as se habían brotado como un arroyo que<br />
hinchado bajaba alardeando de matón, tratando de<br />
imitar a un rió embravecido.<br />
No me explico donde se escondieron los insectos y<br />
los pequeños animales pero rogué a Dios por ellos,<br />
no sabi<strong>en</strong>do que era yo qui<strong>en</strong> precisaría más de la<br />
oración un minuto después.<br />
Un callado <strong>en</strong>igma me esperaba. Mi cuerpo temblaba<br />
como una hoja seca y, no obstante, estaba<br />
empapado.<br />
¡De pronto! Com<strong>en</strong>cé as<strong>en</strong>tir uno l<strong>en</strong>tos pasos que,<br />
haci<strong>en</strong>do eco por <strong>en</strong>cima de la tempestad, rondaban<br />
Estoy acostumbrado a los ruidos nocturnos <strong>en</strong> la selva, pero estos no podían ser siquiera las<br />
pisadas de un oso gigantesco, porque los pasos que estaba sinti<strong>en</strong>do hacían temblar al tierra.<br />
A medida que se fueron acercando hacia el débil refugio mi corazón com<strong>en</strong>zó a golpear con<br />
fuerza el pecho como queri<strong>en</strong>do quebrar las costillas para salir saltando de huida.
guadaña.<br />
Exhale un grito que int<strong>en</strong>to atravesar la tempestad para<br />
salir del bosque <strong>en</strong> busca de ayuda, pero fue dominado<br />
por el rugido de un tru<strong>en</strong>o que, haci<strong>en</strong>do eco <strong>en</strong> el fondo<br />
de noche, lo ahogó por completo.<br />
La chispa de millones de voltios había iluminado mi<br />
reducido apos<strong>en</strong>to y me <strong>en</strong>contré, cara a cara, con la<br />
espectral mueca de la muerte.<br />
En sus cu<strong>en</strong>cas brillaban cuchillos afilados; de sus fauces<br />
brotaban colmillos de serpi<strong>en</strong>tes y sus garras estaban<br />
ll<strong>en</strong>as de temibles y puntiagudas ponzoñas.<br />
Un escalofrió recorrió mi columna vertebral y por cada<br />
uno de mis poros broto granizo. El relámpago fue<br />
instantáneo y volví a quedar <strong>en</strong> profundas tinieblas sin<br />
poder ver a mi esquelético <strong>en</strong>emigo que v<strong>en</strong>ia, del mas<br />
allá, con ideas pavorosas.<br />
Semejante situación congelaría de espanto al más<br />
vali<strong>en</strong>te y le haría trepidar los huesos al más osado.<br />
Luego s<strong>en</strong>tí que, ―esa cosa demoníaca‖, algo así<br />
como un c<strong>en</strong>tauro del otro mundo con cascos de<br />
plomo, se detuvo ante mi refugio y quedo inmóvil.<br />
Lo mismo hizo mi respiración.<br />
Solo una débil lona se interponía <strong>en</strong>tre el monstruo<br />
desconocido y mi cuerpo de hielo.<br />
Súbitam<strong>en</strong>te se rompió el velo del susp<strong>en</strong>so<br />
cuando una brusca y misteriosa mano rasgo<br />
viol<strong>en</strong>tam<strong>en</strong>te la débil lona que me aislaba de la<br />
tempestad… y el horrible monstruo.<br />
Mis huesos crujieron, se des<strong>en</strong>cajaron, y mis vellos<br />
se erizaron como espinas.<br />
— ¿Quién es? —Preguntó mi instinto de<br />
conservación con voz estrangulada de pavor.<br />
—La muerte— contesto con su horrida voz.<br />
En el mismo mom<strong>en</strong>to s<strong>en</strong>tí un brutal impacto que<br />
estremeció la tierra y alcance a ver, a la luz <strong>en</strong> el<br />
relámpago, cómo aquel fantasma de ultratumba<br />
había clavado profundam<strong>en</strong>te <strong>en</strong> el piso, <strong>en</strong>tre mi<br />
brazo izquierdo y mi pecho, su temible y afilada
Sabemos que cuando el abominable brazo de la<br />
muerte se levanta de veras y exti<strong>en</strong>de sus<br />
ponzoñosa garras negras sobre algui<strong>en</strong>…<br />
Ni las pomadas de los brujos, ni las inyecciones<br />
de los médicos, ni el lúgubre y desafinado canto<br />
de los card<strong>en</strong>ales lograran alejarla.<br />
Unos c<strong>en</strong>tímetros me separaban de la más<br />
brutal asesina de todos los tiempos, la que<br />
nunca falla; y <strong>en</strong> esta oportunidad…<br />
¡Tampoco fallo!<br />
No lo niego: fue tanto el miedo que s<strong>en</strong>tí <strong>en</strong> ese<br />
mom<strong>en</strong>to que vomite sangre y quede<br />
paralizado.<br />
Quise perder el s<strong>en</strong>tido para no t<strong>en</strong>er que<br />
<strong>en</strong>fr<strong>en</strong>tarme a ese purul<strong>en</strong>to espectro infernal, a<br />
esa diosa infame de los cem<strong>en</strong>terios que me<br />
acosaba, pero, por desgracia, quede consi<strong>en</strong>te<br />
para pres<strong>en</strong>ciar mi propio martirio l<strong>en</strong>to y cruel<br />
<strong>en</strong> las fauces asquerosas de un cíclope<br />
infernal.<br />
La única def<strong>en</strong>sa que no perdió mi cuerpo fue el habla; v<strong>en</strong>ci<strong>en</strong>do el nudo que se interponía <strong>en</strong> mi<br />
garganta, de mi baca salieron palabras vidriosas que sonaron como el débil eco de un corazón<br />
que com<strong>en</strong>zaba a paralizarse, y alcance a preguntar:<br />
— ¿La muerte, la terrible, la asesina? ¿La que siempre impide a la g<strong>en</strong>te disfrutar los tesoros<br />
acumulados <strong>en</strong> la vida?<br />
HABLA LA MUERTE<br />
— ¡No! —Me respondió—: Yo soy tu amiga, erróneam<strong>en</strong>te me dic<strong>en</strong> la terrible; soy tu verdadera<br />
compañera; la que redime elevándote hacia un cosmos de maravillas por s<strong>en</strong>deros tranquilos y<br />
ser<strong>en</strong>os:<br />
—Nadie viviría con esperanzas de descansar si no existiese Yo.<br />
— ¿Por qué me ti<strong>en</strong><strong>en</strong> como una desgracia si pongo fin a la desdicha?<br />
—Yo te libro de las miserias del cuerpo y, <strong>en</strong> forma definitiva, limpio el fango y el hedor que dejan<br />
los placeres.<br />
—Yo cierro un cielo y abro otro. Yo destruyo cuerpos viejos y los cambio por nuevos. ¿Cómo<br />
puedes, <strong>en</strong>tonces, llamarme la terrible?<br />
— ¿Acaso no quieres t<strong>en</strong>er alas etéreas para volar más allá del misterioso pretérito y poder<br />
conocer la vida <strong>en</strong> los siete <strong>mundos</strong>?
—Te sacare de esa cárcel donde huesos son rejas y carne espesa bruma que impid<strong>en</strong> la visión de<br />
un mundo astral espl<strong>en</strong>doroso.<br />
—Morir es solo cambiar de resid<strong>en</strong>cia; muerte es el salto que da el alma de vida <strong>en</strong> vida.<br />
—Dejar de respirar es liberar el ali<strong>en</strong>to para que cobre alas sutiles y pueda volar hacia los<br />
dominios del Universo Superior. Te llevaré al escondrijo de los g<strong>en</strong>ios celestes.<br />
—Aquellos que le ti<strong>en</strong><strong>en</strong> miedo a la muerte no sab<strong>en</strong> nada de la vida…Yo, la muerte, sólo soy<br />
horrible para los que no han p<strong>en</strong>sado <strong>en</strong> mi, y para qui<strong>en</strong>es han acumulado muchos bi<strong>en</strong>es pues,<br />
a ellos, les arrebato <strong>en</strong> un instante todo lo que acapararon el la vida.<br />
Al contrario:<br />
—Felices qui<strong>en</strong>es, cuando v<strong>en</strong>go Yo, pued<strong>en</strong> consolarse <strong>en</strong> sus últimos mom<strong>en</strong>tos con el<br />
recuerdo de una bu<strong>en</strong>a vida; para ellos la muerte es dormirse ante los hombres y despertarse<br />
fr<strong>en</strong>te a los Ángeles.<br />
— ¡Que importa si tu boca se cierra si sabemos que el amor sigue hablando cuando <strong>en</strong>mudece la<br />
l<strong>en</strong>gua!<br />
—La imag<strong>en</strong> del espectro terrorífico,<br />
que crees estar vi<strong>en</strong>do, solo esta <strong>en</strong><br />
tu m<strong>en</strong>te acorralada por el miedo.<br />
—Yo soy más hermosa que el sueño<br />
de amor de un poeta y, aunque no lo<br />
creas, mis ojos están hechos de<br />
arreboles y mis manos de arco iris<br />
¡ya lo verás!<br />
— ¡Oh visitante transitorio de la<br />
Tierra: tu cond<strong>en</strong>a ha terminado. Soy<br />
libertad y verdadera vida. Desecha el<br />
temor, traigo la calma.<br />
—No produzco dolor, soy qui<strong>en</strong> lo<br />
quita.<br />
—Te acompañaré a la radiante<br />
morada Cósmica que por tiempo<br />
tuviste olvidada.<br />
—Ahora te ord<strong>en</strong>o:<br />
—Cuerpo: ¡sumérgete <strong>en</strong> profundo<br />
sueño!<br />
—Alma <strong>en</strong>cad<strong>en</strong>ada: ¡despierta!
QUE SE SIENTE AL MORIR<br />
Y así ocurrió ante mi estupor: la muerte me lanzo una mirada aguda como el filo de un puñal qu e<br />
fue iluminada por las llamaradas de sus fauces terroríficas.<br />
Francam<strong>en</strong>te no la vi tan hermosa como ella me aseguró porque mis ojos aun miraban a través<br />
del prisma del miedo.<br />
Mi carpa com<strong>en</strong>zó a arder, mas no logro aliviar el frio de mi cuerpo que se convertía l<strong>en</strong>tam<strong>en</strong>te<br />
<strong>en</strong> un cadáver.<br />
S<strong>en</strong>tí como las <strong>en</strong>ergías de mi físico se esfumaban como candil que se apaga; mis ojos quedaron<br />
<strong>en</strong> tinieblas y mis oídos dejaron de escuchar el lam<strong>en</strong>to de la tempestad que me despedía con un<br />
roció de lágrimas.<br />
Es preciso haber bebido <strong>en</strong> el cáliz del dolor para compr<strong>en</strong>der los sufrimi<strong>en</strong>tos aj<strong>en</strong>os; por ello<br />
esta experi<strong>en</strong>cia no seria <strong>en</strong> vano:<br />
Com<strong>en</strong>cé a zambullirme <strong>en</strong> la eternidad: s<strong>en</strong>tí que flotaba <strong>en</strong> la nada. Percibí una luz tan int<strong>en</strong>sa<br />
como la del Sol que reflejan destellos <strong>en</strong> un mar sin olas y aus<strong>en</strong>te de playas.<br />
Ni vi el resplandor con mis ojos pues estaban muertos, sino con el tercer ojo que ilumina el alma<br />
humana. Vi mi cuerpo, allá abajo, t<strong>en</strong>dido, inerte y cadavérico. Int<strong>en</strong>té regresar a él pero fuerzas<br />
imponderables me lo impidieron.<br />
¡Que horror tan espantoso! Mis últimas reservas vitales se habían evaporado por completo,<br />
<strong>en</strong>tonces… Mi cuerpo estaba completam<strong>en</strong>te muerto. Un abismo infranqueable me separaba de<br />
él.<br />
Flote <strong>en</strong> un espacio extraño. El Sol se pulverizo dispersándose <strong>en</strong> partículas diminutas y las<br />
estrellas se desvanecieron <strong>en</strong> c<strong>en</strong>izas.<br />
De nuevo escuche la palabra de la muerte cuando me dijo:<br />
—Te llevaré al mundo de los demonios: el Primer Mundo o plano<br />
evolutivo.<br />
QUE SIENTE UN CONDENADO<br />
Instantáneam<strong>en</strong>te me s<strong>en</strong>tí rodeado<br />
por horridos espectros y fantasmas<br />
terroríficos <strong>en</strong> medio de convulsiones<br />
estremecedoras.<br />
Sin duda alguna me <strong>en</strong>contraba <strong>en</strong> el<br />
infierno. Estaba parado sobre los<br />
cimi<strong>en</strong>tos de la lujuria, la maldad y el despotismo.
¡Que fin tan horrible el mío! ¡Compr<strong>en</strong>dí que me había cond<strong>en</strong>ado!<br />
Seria esclavo para siempre del maligno Lucifer, príncipe de las potestades t<strong>en</strong>ebrosas.<br />
Vi un cuerpo negro e informe que se arrastraba lanzando agudos chirridos metálicos de<br />
desesperación. Estaba cubierto de purul<strong>en</strong>tas llagas y dejaba una estela de miasma verde y<br />
fétida que intoxicaba. Se acerco hacia mí y, <strong>en</strong>tre gemidos y lam<strong>en</strong>tos, me dijo con voz de<br />
ultratumba:<br />
—yo instigue y al<strong>en</strong>té <strong>en</strong> el mundo la falsedad, la calumnia, la traición, el fraude y la burla. Yo fui<br />
un ser como tu, allá <strong>en</strong> la Tierra, pero me dedique a conseguir oro y plata utilizando cualquier<br />
medio. Utilicé la religión para conseguir dinero. Fui una gran personalidad.<br />
Mi alma quiso derretirse y exhaló un<br />
suspiro de angustia y remordimi<strong>en</strong>to por<br />
haber desperdiciado el tiempo <strong>en</strong> el<br />
planeta Tierra. Me di perfectam<strong>en</strong>te<br />
cu<strong>en</strong>ta que me había cond<strong>en</strong>ado.<br />
Mis fuerzas se acabaron y s<strong>en</strong>tí<br />
desplomarme hacia un abismo oscuro y<br />
fétido cuyo fondo se ignoraba –sitio<br />
reservado para qui<strong>en</strong>es asesinan<br />
vilm<strong>en</strong>te a indef<strong>en</strong>sos animales—.<br />
Justo a tiempo escuche la suave y<br />
fragante voz de ―un luminoso Ser‖ cuya<br />
belleza excedía a cualquier descripción.<br />
— ¡No temas!, —me dijo— Yo soy la<br />
otra cara de la muerte, soy qui<strong>en</strong><br />
cambia los cuerpos viejos por<br />
nuevos.<br />
Pero tú no te has cond<strong>en</strong>ado ni has<br />
muerto aun. Simplem<strong>en</strong>te te he traído<br />
para que confirmes a tus hermanos que<br />
toda vida que exista <strong>en</strong> el Universo<br />
<strong>en</strong>caja únicam<strong>en</strong>te <strong>en</strong> 7 planos<br />
escalafonados <strong>en</strong> los cuales las<br />
criaturas, de acuerdo a su<br />
—v<strong>en</strong>dí mi honor y con ese dinero compré cuerpos de<br />
débiles mujeres a qui<strong>en</strong>es el hambre acosaba.<br />
Propague el vicio y licor <strong>en</strong>tre mis hermanos, todo por<br />
dinero.<br />
—utilicé la ley humana para explotar a los hombres; serví<br />
de juez y abogado ante una ley injusta, cond<strong>en</strong>é, y con la<br />
misma vara que medí fui medido, y por tanto este es el<br />
cuerpo que merecí.
comportami<strong>en</strong>to individual, <strong>en</strong>tran <strong>en</strong> difer<strong>en</strong>tes estados de Ser; y, —por Ley de afinidad—,<br />
ca<strong>en</strong> a los planetas que les correspond<strong>en</strong> <strong>en</strong>carnando <strong>en</strong> las clases de cuerpos que sus propias<br />
almas diseñaron.<br />
—Es bu<strong>en</strong>o que adviertas a tus hermanos que el alma siembra <strong>en</strong> este mundo lo que cosechará<br />
<strong>en</strong> el otro.<br />
—También puedes decirles que existe una solo vida, la del alma, con muchos cuerpos; y un solo<br />
mundo, el Universo, con muchos cielos… y recuerda:<br />
HUMANOS EN OTROS MUNDOS<br />
Lo anterior llego a ocurrir: fui invitado a conocer el plano infernal —el primer mundo o plano de<br />
exist<strong>en</strong>cia, y luego, <strong>en</strong> un viaje por toda la galaxia, conocí vivam<strong>en</strong>te los siete estados de<br />
evolutivos.<br />
Conocí muchas tierras y muchas humanidades como la nuestra. Unas estaban com<strong>en</strong>zando, otras<br />
se alzaban arrogantes ante su ci<strong>en</strong>cia y técnica, y luego se derrumbaban <strong>en</strong> apoteósicas<br />
destrucciones fulminadas por sus propias armas autodestructivas.<br />
Todas pert<strong>en</strong>ecían al tercer mundo o plano evolutivo.<br />
Conocí otras civilizaciones humanas<br />
supraterrestres, del cuarto grado, muy<br />
avanzado donde la única ley que existe es el<br />
amor. Los hombres allí no contaminan, no<br />
descuartizan a los animales para comérselos<br />
imitando a las fieras <strong>en</strong> brutal barbarie.<br />
Allí esos hombres perfectos no divid<strong>en</strong> la tierra<br />
<strong>en</strong> absurdas demarcaciones; pose<strong>en</strong> un<br />
gobierno mundial, no hay guerras, ni soldados<br />
que asesinan, ni automóviles que matan.<br />
Los seres avanzados no contaminan la<br />
atmósfera; <strong>en</strong> cambio los terrestres <strong>en</strong>sucian<br />
el aire que respiran, imitando a los cerdos que<br />
pisotean el alim<strong>en</strong>to que van a ingerir.<br />
Por los anteriores motivos la Naturaleza es<br />
pródiga con los seres del cuarto mundo. Allí no<br />
exist<strong>en</strong> las <strong>en</strong>fermedades y todos viv<strong>en</strong> <strong>en</strong><br />
mundo sin fronteras.<br />
Los humanos perfectos, de la cuarta esfera, han v<strong>en</strong>ido <strong>en</strong> otras épocas y ahora se <strong>en</strong>cu<strong>en</strong>tran de<br />
nuevo con nosotros a la espera de un des<strong>en</strong>lace final.<br />
Amigo mío: <strong>en</strong> la extraña experi<strong>en</strong>cia etérica que viví, conocí muchos <strong>mundos</strong> todos <strong>en</strong>cajaban<br />
solam<strong>en</strong>te <strong>en</strong> siete clases de exist<strong>en</strong>cias o modalidades de vida.
Percibí <strong>mundos</strong> celestiales —sexto plano— donde los cielos son mantos celestes tejidos por<br />
arcángeles con hebras de arco iris. (Sólo <strong>en</strong>ergía pura o plasma)<br />
Conocí los <strong>mundos</strong> <strong>en</strong> transición los cuales constituy<strong>en</strong> un eslabón <strong>en</strong>tre un mundo o plano y el<br />
sigui<strong>en</strong>te. Vi cosas imposibles de narrar pues lo que percibe el alma no lo alcanzan los s<strong>en</strong>tidos.<br />
Me di cu<strong>en</strong>ta que la vida humana no es el fin supremo y una vida sin el don de la compasión es<br />
una muerte que desemboca a <strong>mundos</strong> bajos del primero o segundo plano.<br />
La furia con la cual los hombres buscan la felicidad demuestra que carec<strong>en</strong> de ella. La mayoría<br />
emplean la primera parte de sus vidas <strong>en</strong> hacer miserable el resto de ellas; <strong>en</strong> esta forma el<br />
hombre olvidó completam<strong>en</strong>te el verdadero motivo por el cual vino a la Tierra.<br />
La g<strong>en</strong>te que no cambia de parecer es porque no reflexiona; si meditaran vivam<strong>en</strong>te, ni por un<br />
minuto continuarían si<strong>en</strong>do lo que son.<br />
El mayor descanso que s<strong>en</strong>tí fue al saber que no me había cond<strong>en</strong>ado; mas, ahora, me doy<br />
cu<strong>en</strong>ta que nosotros, los hombres del tercer plano, t<strong>en</strong>emos hacia abajo dos <strong>mundos</strong> inferiores y<br />
es fácil caer <strong>en</strong> ellos; y hacia arriba, tres <strong>mundos</strong> superiores y es preciso alcanzarlos antes de<br />
llegar al punto de partida, el séptimo plano: Dios.<br />
El objetivo c<strong>en</strong>tral de este libro es describir la vida <strong>en</strong> el Universo <strong>en</strong>cajada <strong>en</strong> las 7 escalas de<br />
evolución espiritual y corporal.
CAPÍTULO 2 (<strong>Vida</strong> <strong>en</strong> 7 <strong>mundos</strong>)<br />
SEGUNDO PLANO EXISTENCIAL<br />
Después de abandonar la esfera de la<br />
desesperación, mi cuerpo sutil avanzó hacía uno de<br />
los cinco brazos de la galaxia. Los <strong>mundos</strong> allí eran<br />
iluminados por una vaga luz prov<strong>en</strong>i<strong>en</strong>te de las<br />
nubes cósmicas que chocaban a velocidades<br />
sublumínicas produci<strong>en</strong>do destellos infrarrojo y<br />
radiaciones peligrosas.<br />
La Naturaleza era inhóspita y bravía con sus<br />
habitantes que t<strong>en</strong>ían formas mas parecidas a la<br />
humana aunque muy degradada.<br />
(Tras l<strong>en</strong>tas elucubraciones de la naturaleza <strong>en</strong><br />
su evolución, influ<strong>en</strong>ciadas por los modos de ser<br />
individuales, los seres adoptan los rostros y<br />
cuerpos que correspond<strong>en</strong> a sus actos, desde<br />
esferas más altas de evolución hacia las más<br />
bajas… —y viceversa—.<br />
La razón de la exist<strong>en</strong>cia del Universo es para<br />
que las almas puedan subir y bajar <strong>en</strong> estos siete<br />
cielos y logr<strong>en</strong> conocer el mundo ilusorio de la<br />
dualidad con sus formas <strong>en</strong>gañosas y<br />
<strong>en</strong>volv<strong>en</strong>tes.<br />
Los seres no at<strong>en</strong>tos a las <strong>en</strong>señanzas correctas<br />
son triturados por el dolor y la muerte durante<br />
trillones de <strong>en</strong>carnaciones <strong>en</strong> los bajos <strong>mundos</strong>,<br />
antes de conocer la luz divina que los <strong>en</strong>camina<br />
hacia <strong>mundos</strong> o estados superiores.<br />
Desde ahí es probable que se <strong>en</strong>cubr<strong>en</strong> a la<br />
conquista de un sexto plano para pasar<br />
definitivam<strong>en</strong>te al séptimo grado —Dios— donde<br />
la ilusión del Universo dual desaparece <strong>en</strong> un<br />
Nirvana incompr<strong>en</strong>sible para es cerebro<br />
humano… ¡es el fin del sufrimi<strong>en</strong>to!)<br />
En este plano bajo aparec<strong>en</strong> los primeros vestigios<br />
de la adoración a ídolos y al ofrecerles sacrificios<br />
aparec<strong>en</strong> verdaderos demonios que se alim<strong>en</strong>tan de<br />
sus crueldades.
Muchas religiones del planeta Tierra aun alaban a dioses bíblicos, sanguinarios, que lanzan<br />
castigos y maldiciones a los supuestos <strong>en</strong>emigos de Dios, para mant<strong>en</strong>er a sus<br />
temerosos adoradores sumidos <strong>en</strong> el miedo, y la superstición.<br />
En los segundos planos o <strong>mundos</strong> evolutivos comi<strong>en</strong>zan a aparecer templos escabrosos donde<br />
se practican sacrificios de semejantes <strong>en</strong> horripilantes orgias de sangre, ejecutadas por los<br />
primeros sacerdotes que hac<strong>en</strong> su ignominiosa aparición <strong>en</strong> los <strong>mundos</strong> del <strong>en</strong>gaño, el miedo, la<br />
superstición y la idolatría.<br />
Los seres del segundo mundo bajo se manti<strong>en</strong><strong>en</strong> <strong>en</strong>tret<strong>en</strong>idos <strong>en</strong> continuas masacres y vicios,<br />
dejando un marco tétrico de desolación. Sus gobernantes, monstruos del despotismo, se<br />
<strong>en</strong>vuelv<strong>en</strong> con repugnantes mantos para dictar leyes escabrosas,<br />
Obviam<strong>en</strong>te pululaban los cultos a ídolos y los complicados ceremoniales ejecutados por sagaces<br />
sacerdotes, falsos e impuros, que se hacían pasar por repres<strong>en</strong>tantes directos de divinidades<br />
inv<strong>en</strong>tadas.<br />
Templos ost<strong>en</strong>tosos, con toda suerte de imág<strong>en</strong>es talladas, con diabólica maestría, se alzaban<br />
arrogantes. Robustos sacerdotes, <strong>en</strong>vueltos <strong>en</strong> sedas negras, ost<strong>en</strong>taban <strong>en</strong> sus arrugados dedos<br />
anillos con joyas que hacían besar, <strong>en</strong> señal de superioridad, a los pobres fanáticos<br />
embadurnados con una ignorancia supersticiosa.
Imág<strong>en</strong>es con joyas, objetos de oro, aguas<br />
especiales, humos, ruidos, ost<strong>en</strong>tosos<br />
ropajes y cantos desastrosos formaban el<br />
imperio de una religión gobernada por<br />
sacerdotes arrogantes, amantes de la<br />
posesión, las rever<strong>en</strong>cias y el lujo.<br />
Fascinantes ídolos que invitan a la<br />
superstición y al miedo
ALIMENTACIÓN<br />
HUMANOIDES DEL SEGUNDO MUNDO<br />
ENGORDADOS ESPECIALMENTE PARA<br />
ALIMENTO:<br />
Desde pequeños les sacan los ojos y<br />
amarran para que, al no moverse, no<br />
gast<strong>en</strong> calorías. Los sobre alim<strong>en</strong>tan a la<br />
fuerza y, cuando están “listos”, hac<strong>en</strong><br />
una gran fiesta para el destripami<strong>en</strong>to;<br />
luego… al festín<br />
Ignominia igual se hace <strong>en</strong> el planeta Tierra<br />
<strong>en</strong> donde sociedad de animales humanos<br />
se reúne especialm<strong>en</strong>te para matar y<br />
descuartizar a un animal no humano.
Allí, <strong>en</strong> medio de licor y risotadas, rell<strong>en</strong>an las tripas con sangre con punto final la boca. Con este<br />
proceder involucionan hacia los <strong>mundos</strong> bajos; pero, <strong>en</strong> los <strong>mundos</strong> bajos ocurrirá lo contrario:<br />
¡serán <strong>en</strong>gordados para ser comidos! Tal es la ley del karma.<br />
ORGANIZACIÓN SOCIAL<br />
Aunque allí se advierte la primera fase de sociedad cuyo atraso cavernario se refleja <strong>en</strong> la<br />
explotación, pérfida y cruel de la especie dominante contra los más débiles y los animales.<br />
LA GUERRA<br />
En otro aspecto, la guerra es la moral de sus pobladores.
LOS ANIMALES<br />
Más gigantescos y feroces que los dinosaurios, <strong>en</strong> los planetas bajos pululan pot<strong>en</strong>tes monstruos<br />
carnívoros cual maquinas devastadoras devoran lo que <strong>en</strong>cu<strong>en</strong>tran a su paso.<br />
Sin embargo, los<br />
sagaces seres de<br />
esos planos los logran<br />
dominar, e inclusive<br />
adiestrar para las<br />
cru<strong>en</strong>tas guerras.
Qui<strong>en</strong>es antes fueron poderosos y<br />
abusivos <strong>en</strong>tran a los <strong>mundos</strong><br />
escabrosos por un camino custodiado<br />
por fantasmas infernales. Esta es la<br />
primera visión que experim<strong>en</strong>ta los seres<br />
que creyeron comprar honra y bi<strong>en</strong>es<br />
utilizando mal y acaparando el dinero <strong>en</strong><br />
detrim<strong>en</strong>to de otros semejantes que<br />
también lo necesitaban y lo merecían:<br />
SEGUNDOS MUNDOS TRANCICIÓN<br />
A medida que los <strong>mundos</strong> avanzan hacia<br />
el c<strong>en</strong>tro de la Galaxia, se va observando<br />
<strong>en</strong> los planetas habitados construcciones<br />
cada ves más complejas y empieza a<br />
notarse una arquitectura importante,<br />
compleja y extraña:<br />
EXTRAÑA VISION<br />
Me disponía a abandonar el segundo plano<br />
cuando tuve otra visión impresionante. Vi al<br />
mismo tiempo todos los cem<strong>en</strong>terios de<br />
nuestra Tierra. Continuam<strong>en</strong>te estaban<br />
sepultando cadáveres:<br />
Complicados ritos, costosos ataúdes, lujosos<br />
vehículos, flores, perfumes, postreros<br />
discursos y oraciones gastadas por la<br />
costumbre, que solo servían para complacer la<br />
vanidad de los vivos pero para nada<br />
alivianaba el alma de los fallecidos. ―la<br />
verdadera tumba de los muertos es el corazón<br />
de los vivos‖.<br />
Mi tercer ojo detectaba <strong>en</strong> el subsuelo de los<br />
cem<strong>en</strong>terios profundos abismos cuyos fondos<br />
desembocaban directam<strong>en</strong>te a los planetas<br />
escabrosos.<br />
Y, mi<strong>en</strong>tras <strong>en</strong> la confortable capilla celebran<br />
los rituales ante el cadáver, que <strong>en</strong> vida había<br />
gozado del más profundo respeto social —<br />
dado el dinero que ost<strong>en</strong>taban—, las almas de<br />
esos fallecidos se precipitaban por esos<br />
abismos directam<strong>en</strong>te a re<strong>en</strong>carnar <strong>en</strong> la raza<br />
demoníaca perdi<strong>en</strong>do la naturaleza humana<br />
tan difícil de obt<strong>en</strong>er.
Aparece el lujo, la ost<strong>en</strong>tación y los soldados y<br />
guarda espaldas que defi<strong>en</strong>d<strong>en</strong> a los poderosos,<br />
qui<strong>en</strong>es de una u otra forma, rigiéndose por<br />
leyes acomodadas e injustas han conseguido su<br />
poder esclavizando a los demás.<br />
En zonas semidesérticas aparec<strong>en</strong> extraños<br />
herbívoros… algunos con ponzoñas o con<br />
sistemas químicos urticantes <strong>en</strong> sus colas,<br />
utilizados para la def<strong>en</strong>sa natural <strong>en</strong> esos<br />
<strong>mundos</strong> hostiles rodeados de criaturas<br />
peligrosas.<br />
En los océanos surg<strong>en</strong> animales<br />
organizados.
En los segundos <strong>mundos</strong> <strong>en</strong> transición hacia el<br />
tercero, aparec<strong>en</strong> hermosas vampiresas que se<br />
proteg<strong>en</strong> con fieras domesticadas que son fieles a<br />
sus amos pero atacan ferozm<strong>en</strong>te a los extraños.<br />
Aquí es donde se origina la nefasta t<strong>en</strong>d<strong>en</strong>cia<br />
a t<strong>en</strong>er mascotas carnívoras que son fieles y<br />
amorosas a sus amos pero atacan<br />
despiadadam<strong>en</strong>te a los desconocidos.
CAPÍTULO 3 (<strong>Vida</strong> <strong>en</strong> 7 <strong>mundos</strong>)<br />
TERCER PLANO BAJO EXISTENCIAL<br />
¡Ya conocemos un mundo pert<strong>en</strong>eci<strong>en</strong>te primero y segundo <strong>mundos</strong> o planos, ambos de de exist<strong>en</strong>cia<br />
tamásica o demoníaca. Ahora estudiaremos el tercero y el cuarto planos de exist<strong>en</strong>cia rayásica o<br />
humana. Nos <strong>en</strong>contramos <strong>en</strong> un planeta del tercer plano <strong>en</strong>tre billones de ellos: el tercer planeta del Sistema<br />
Solar: la Tierra, y sus habitantes somos nosotros… la humanidad.<br />
Rozamos con los planetas de naturaleza demoniaca, porque nuestras acciones, por la Ley de Afinidad, nos<br />
acercan a esos planos t<strong>en</strong>ebrosos y es muy fácil caer <strong>en</strong> ellos dada la atray<strong>en</strong>te proximidad… y nuestra nata<br />
t<strong>en</strong>d<strong>en</strong>cia a realizar actos ignominiosos, al abuso contra los otros animales no humanos, al egoísmo total, y a<br />
la explotación del hombre por el hombre.<br />
CONTINUARÁN LO 7 CAPÍTULOS<br />
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