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ST 40 Claci Ines Schneider G - UFSC Reflejos de

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A pesar

A pesar de muchas veces ser considerada apenas como una máquina procreadora, la situación de la mujer rioplatense no es, sin embargo, tan diferente de la de otros pueblos. Lamentablemente eso no ha desaparecido de la realidad de esa gente con el paso de los años. La opresión femenina es algo latente en esa sociedad. Opresión esa que, en la historia de la humanidad, podría ser tachada como la primera de las opresiones ejercidas por el sexo masculino con relación a sus compañeros: “Antes de todas las otras explotaciones vino la explotación de la hembra”, dijo Engels (s.d.). Los personajes femeninos de la obra de Sánchez - Mariquita, la madre y Jesusa - reflejan bien lo que sucede en la sociedad de la época. La primera es una esposa que no tiene voz, ni vez. La segunda, que además de mujer es la ahijada pobre de los padres de Julio, es víctima de una sociedad patriarcal como la de la época. Todavía peor de lo que se narra en la pieza, en la vida real las mujeres del campo viven acechadas por las múltiples expresiones de violencia capitalista y patriarca,l que les relega a las más rudas condiciones de vida. Las violencias que son practicadas contra las mujeres por el sólo hecho de serlo - como la violencia doméstica y sexual, los crímenes llamados de honor (o pasionales), y en el caso de las niñas del campo o de camadas más bajas de la sociedad que sufren el incesto y el abuso sexual - son parte de una amenaza cotidiana contra la dignidad, no solo femenina como humana. Lamentablemente la violencia contra las mujeres en América Latina refleja tendencias globales. La mujer - como ya es sabido- es oprimida desde su nacimiento... Cuando una pareja se une, es común que esperen un hijo, VARÓN, para que pueda crecer y ayudar al padre en los quehaceres de la tierra, eso sin hablar que crear a un hijo hombre es mucho más fácil que a una hija mujer. Los hombres, son creados sueltos, libres, dueños de las propias narices desde muy temprano. Mientras que las mujeres son enseñadas, desde la cuna a ser dueñas de casa, obedientes a sus maridos... Hasta el trato familiar es distinto, el hijo hombre puede estudiar y la hija mujer no, solo para ejemplificar. Es bien verdad que eso es distinto entre las diferentes camadas sociales, las hijas de padres ricos, por ejemplo, sí estudiaban en la mayoría de los casos para ser profesoras u otro tipo de profesión adecuada a las mujeres. Pero las desafortunadas campesinas no eran alfabetizadas. Estudiar para qué, si cuando crezcan van a casar y ser madres de familia. Increíblemente eso ocurre aún en nuestros días, donde muchas chicas son impedidas de estudiar por los padres, pues

es una pérdida de tiempo y dinero. Cuando no son los padres son los novios o maridos que, celosos, no permiten que las mujeres estudien. A veces la razón de esta prohibición es también el hecho de no querer que la mujer sea más letrada que el hombre. Un estudio sobre Nicaragua, hecho por el Banco Interamericano de Desarrollo en 1996 revela estrechas relaciones entre la dependencia económica de las mujeres sobre los hombres y el abuso físico. Esta, nuevamente, es una tendencia global. Muchas mujeres de América Latina denuncian a familiares hombres que utilizan de la violencia o de la amenaza de violencia para quitarles sus ganancias, incluso el lugar de trabajo en sí mismo es un sitio de abuso para miles de mujeres. Mujeres a las cuales se les paga menos que a los hombres, trabajan más y están sujetas a peores condiciones de trabajo. En la propia obra de Sánchez vemos eso. Julio, el Doctor, es el hijo del estanciero que es mandado por los padres a la capital para estudiar y convertirse en Doctor. Jesusa, la ahijada, que es creada por la pareja como si fuera una hija apenas sabe leer y escribir. Como Julio es el único hijo de la pareja, es mimado en demasía, principalmente por la madre y no recibe la educación que debería recibir, lo dejan hacer todo lo que le da la gana. Julio es el típico ‘hijo de papi’ que se convertirá en un tremendo mal carácter, que miente y engaña a la familia. Gasta la plata de los padres en farras y dice a ellos que está estudiando, pero de verdad, no lo está. Mariquita, la madre, hace de cuenta que no sabe de nada, y protege al hijo en todo lo que él hace. ¿Quién nunca ha oído semejante historia? El padre, duro, quiere corregir al hijo, pero ese no le baja la guardia, y pelean siempre que se encuentran. El padre no admite el cambio de actitudes, el cambio de las costumbres en las actitudes del hijo. “¿Y usted, viejo? ... ¿Ha pasado buena noche?... No muy buena, ¿verdad? ¡Lo noto de mal semblante!... (palmeándolo) ¡Hay que cuidarse, amigo!... ¡Hay que cuidarse! ¡Cuándo se llega a cierta edad, los achaques reverdecen!” (in: Sánchez) Este tipo de comentario era inaceptable venido de un hijo hacia su padre. Hay demasiada confianza en el parlamento. Julio, que creció en la capital, aprendió modos distintos de los de la gente del campo, como por ejemplo, tratar a los padres por viejos, como es muy común actualmente en esa región. Lo que pasa es que su padre no lo acepta, lo toma como ofensivo y de veras no lo es, el hijo quiere apenas acercarse más, tener una