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ST 40 Claci Ines Schneider G - UFSC Reflejos de

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intimidad mayor con los

intimidad mayor con los padres. Es un modo distinto de expresar su amor a ellos. Contacto físico con el padre también es algo poco común en la época. La familia mantenía fuertes rasgos patriarcales, entendiendo por patriarcado un sistema de valores sociales y culturales por el que los varones ejercen un poder sobre la sexualidad, la reproducción y la mano de obra femenina. Esta dominación concede a los varones un status superior en su relación con las mujeres, así en la familia la autoridad se deposita en los ancianos y los padres, agregando un componente generacional y de género. Quizás el grande problema de Olegario, es que él fue creado de este modo duro, así como la mayoría de la gente en esa época. Y de veras, cambiar, es muy difícil. Los niños nunca recibían cariño de los padres, muy raramente de las madres, pues estas también habían crecido en un universo sin cariño ni amor. Es muy común hasta en nuestros días, padres e hijos que nunca hayan trocado un único abrazo, hay casos en que uno cuesta a creer que realmente esas personas hacen parte de una misma familia. Demostrar los sentimientos - a la mujer y a los hijos - denota debilidad, y los hombres que lidiaban en el campo jamás podrían ser acometidos por ‘este mal’. Eso refuerza el hecho de la cultura de esa época ser absolutamente machista. E hombre decidía, hacía las reglas, designaba la existencia, y dejaba a la mujer en el silencio y en la sumisión. “!Lo que me faltaba! ¡Usted señora, hará lo que yo ordene!... ¡En casa, mientras yo viva, he de ser yo el que mande!... ¿Me entienden?... ¡Usted Jesusa, vaya a ver si ha vuelto este mal hijo! ¡Y vos, ya podés ir saliendo de aquí! ... Andá, andá a vender tus vaquitas!... (Se para irritado dándose golpes con el rebenque de la bota). ¡Caramba con la gente! (Vanse Mariquita y Jesusa). A este paso hasta los perros me van a faltar el respeto.”(in:Sánchez) Era común creyeren que el respeto se adquiría a través de la violencia, no se daban cuenta que no era respeto, sino miedo. Y de este modo ahuyentaban a quienes estaban en su alrededor, principalmente si estuvieran abajo en la escala jerárquica. Grandes hombres como San Francisco de Asís, ya en la Edad Media habían proclamado la igualdad entre géneros pero es más fácil conseguir las cosas a través de la fuerza. Del mismo modo era muy común a los hombres aprovecharse de las mujeres en el campo del sexo. Lo que el texto de Sánchez ejemplifica muy bien. Jesusa está en la flor de la edad y despierta los deseos del joven Julio, que no pierde tiempo en hacerse las veces de

Don Juan y burlarse de la ingenua chica que nunca había conocido a un hombre antes. Como toda joven soñadora, ella cree en todas las promesas que Julio le hace, incluso que la ama. Jesusa resiste al poder masculino pero se deja atrapar por Julio cuando lo acepta y a él se entrega. En este caso cabe al cuerpo masculino legislar sobre el amor y Julio lo hace cuando dice a Jesusa que lo que pasó no significa nada y pide a ella que lo olvide y no se lo cuente a nadie. Al cuerpo femenino sólo cabe el reconocimiento y la carga de culpa que le genera la trampa hecha por Julio. El resultado final es la chica embarazada y claro, sola. Julio vuelve a la capital y allá asume noviazgo con la hija de un importante señor. El sexo, para las mujeres, siempre ha sido algo secreto y objeto de culpa, la cultura era esa. Actualmente ya está se cambiando este concepto, pero hasta muy poco tiempo la conciencia del cuerpo femenino, del sexo, del placer era sinónimo de pecado y por lo tanto prohibido a las mujeres de bien. En el caso del personaje de Jesusa, todavía es peor, pues la joven y soltera chica está embarazada, lo que para la época es la peor desgracia que puede ocurrir. Cuando ella se entera de que su amado está novio de otra, que es una chica fina y educada de la ciudad, se da cuenta que no podrá concurrir por el corazón de su amado. Ella no odia a Julio, sabe que lo que él hace es lo correcto, lo que es esperado que haga, y sigue amándolo. Como diría Nietzche: “El amor perdona todo a la persona amada, incluso su avidez.”( pg. 67) Aún así Jesusa demuestra una fuerza, una superioridad inigualable, pues en el poblado hay un hombre que se dispone a asumir al niño, pues verdaderamente la ama, pero ella no acepta. No seria honesto con él tan poco con ella. A pesar de eso ser lo más conveniente a ella. Ella prefiere enfrentar a la sociedad. Del mismo modo, al final del enredo, cuando Julio intenta acercarse ella lo rechaza. Sabe que él lo esta haciendo por Olegario y no por ella. Se puede inferir que el autor intenta trasparecer en la figura de la mujer una altivez que probablemente no se vería en un hombre. Las mujeres son débiles, frágiles, pero superiores, capaces de un sentimiento inexistente en el hombre, la nobleza de carácter. Su honra ante de todo. Bibliografía AGACINSKI, Sylviane. “Política de sexos”, Madrid, Taurus, 1999.