Odontologos 8 - Gador SA

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Odontologos 8 - Gador SA

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Odontólogos

Destacados


Odontólogos

Destacados

Estimado/a Dr./Dra.

Al comenzar un nuevo fascículo que procura rescatar la vida y obra de odontólogos que se destacaron en

otras tareas, debemos aclarar por qué elegimos a los Hermanos Ábalos y a Juan Carlos Rulli. Los

primeros son íconos del folclore argentino, pioneros en la difusión de la música santiagueña en Buenos

Aires y quienes la llevaron por todo el mundo con su gracia y sentimiento. El padre de estos cinco

extraordinarios artistas fue el primer dentista matriculado de esa provincia en 1915, y el mayor de los

hijos estudió varios años la misma carrera del padre aunque sin recibirse.

Juan Carlos “Coco” Rulli también era del interior del país, más precisamente de Catriló, La Pampa.

Estudió Odontología en la Universidad de La Plata mientras jugaba al fútbol en Estudiantes. Luego pasó

por Boca, y en Racing tocó el cielo con las manos gracias a tres campeonatos entre 1966 y 1967. Al

retirarse se dedicó a su consultorio con la misma pasión con que buscaba cada pelota en las canchas.

Música o deporte, chacareras o gambetas, teatros o canchas, la Odontología está presente en estos

profesionales.

Esperamos que disfrute de la lectura como nosotros de la investigación.

Cordialmente,

Gador S.A.

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Adolfo Ábalos al piano en una presentación televisiva. El presentador es Julio Márbiz. Al llegar la década de

1960, estos hermanos santiagueños eran consagrados y aun consolidaron más su fama.

Los Hermanos Ábalos

Ningún argentino que conozca tan siquiera un

poco de la música de su país puede ignorar la

importancia de los Hermanos Ábalos en nuestro

folclore. Sin embargo, quizá no sepa que

uno de sus integrantes, Napoleón Benjamín

“Machingo” Ábalos, era odontólogo (o casi lo

fue, porque algunos historiadores dicen que

estudió en Rosario pero no terminó la carrera

por unas pocas materias). Como si esto fuera

poco, se afirma que el padre de estos hermanos

fue el primer dentista matriculado de la

provincia de Santiago del Estero.

Quien se llamó como el general más famoso de

Francia había nacido en 1913, pero, contrariamente

a lo que muchos suponen, a más de mil

kilómetros al sur de la capital de Santiago del

Estero, en La Plata. Conforme a una vieja tradición,

como hijo mayor le colocaron como primer

nombre el de su papá.

Su madre, María Helvecia (nombre que delata

su origen, en parte, suizo) Balzaretti, tuvo cuatro

varones más dedicados a la música: Adolfo

vio la luz en la Capital Federal en 1914. Un

año después la familia se fue a vivir a

Santiago, donde nacieron Roberto (1919),

Víctor Manuel “Vitillo” (1922) y Marcelo Raúl

“Machaco” (1923).

Santiago es sinónimo de chacarera y desde

chicos los hermanos las cantaban informalmente

entre amigos y familiares.


Siguiendo los pasos de su comprovinciano Andrés

Chazarreta, “Machingo” y Adolfo llevan en 1938 tan

bonita música a Buenos Aires, necesario punto de

difusión masiva de las obras artísticas. De a poco se

les suman los demás hermanos, todos estudiantes y

con un cierto poder adquisitivo que les permite jugarse

esta patriada. En definitiva, la familia entera se

muda, ya que el doctor Napoleón Ábalos (padre)

encontraba que era mejor que estuviesen juntos y en

una ciudad con posibilidades universitarias para sus

hijos. La música les ganaría la pulseada.

En 1941 graban su primer disco para el sello Odeón:

Chacarera del sufrido y la zamba “Nostalgias santiagueñas”.

Un año más tarde, en el subsuelo de una

confitería en Paraná y Santa Fe, inauguran en Buenos

Aires el salón Achalay Huasi, donde ofrecen sus

interpretaciones a un público que comienza a aplaudirlos.

En breve devendrá en una vecina peña, donde

varias generaciones aprenderán a bailar folclore.

Recordemos que esto sucede dos décadas antes del

furor del folclore en nuestro país, muy lejos aún del

Festival de Cosquín.

Clásica imagen de una ciudad

capital del interior del país,

en este caso Santiago del

Estero, en fecha cercana a la

inauguración de su Hospital

Independencia. Todavía hay

tracción a sangre y calles

en mal estado aunque se

trate de pleno centro.

El edificio denominado

El Cabildo nunca cumplió

esa función: era la Casa

de Gobierno, inaugurada

tiempo después de la

demolición del primero.

Frases abaleñas

“Creo que Santiago y su gente te dan todo. Esta

tierra entrega un montón de cosas. El zapateo, el

ritmo del bombo, el rasguido de la guitarra.”

“Todo empezó por Gardel. No nos gustó cómo

cantaba un gato. Nos pareció que no llevaba ni el

ritmo ni la melodía del verdadero gato, y pensamos

que sería bueno hacerlo conocer a los porteños.”

“Las primeras veces que tocábamos en Buenos

Aires, la gente se preguntaba de qué norte

veníamos; si de Salta, de Bolivia o de los

Estados Unidos.”

“Los cinco hermanos Ábalos somos una mano, el

resultado de los cinco dedos: todos diferentes,

todos necesarios.”

Frases de Adolfo Ábalos, afincado en Mar del

Plata durante tres décadas antes de su muerte.

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Actúan en los teatros Presidente Alvear y Municipal,

pasos previos a llegar al mismísimo Colón. La pantalla

grande los populariza aún más cuando cantan en la

película La guerra gaucha, basada en el libro de

Leopoldo Lugones y con la dirección de Lucas Demare.

Corría 1943 y los esperaba enseguida una gira que

reúne multitudes en el norte argentino. De retorno a la

ciudad del Obelisco actúan en Radio El Mundo, una de

las emisoras más calificadas y más potentes del país, y

empiezan a grabar una gran cantidad de discos para la

casa Víctor, donde, en los primeros, figuran como “Los

Hermanos Ábalos y su Orquesta Quichua”.

En 1945 forman el Primer Estudio Integral de Arte

Nativo, valiosa contribución a enraizar en la gran urbe

la cultura del interior de nuestro país, trazando lazos

que la defendían del bombardeo de la incipiente globalización

de esos años, en los que irrumpía la moda, la

música, el baile, la cultura, en fin, de otros países. En

forma inversa, los Hermanos Ábalos comienzan a llevar

su música al exterior: actúan en Uruguay y Brasil, y en

1951 visitan por primera vez los Estados Unidos.

También incursionan en la comedia musical con Así se

ama en Sudamérica, escrita especialmente para su

lucimiento por Sixto Pondal Ríos y Carlos Olivari. Nada

detiene su avance: abren su “Rancho” en la ya popular

Tapa de A bailar folklore con los Hermanos Ábalos, uno

de los tantos larga duración en donde registraron nuevas

grabaciones y volvieron a algunos clásicos impresos en los

primitivos discos de pasta.

En 1972 festejan sus 33 años con la música como solo

ellos sabían hacerlo: un nuevo disco, otro éxito de ventas.

Miles de casas contaban con estos larga duración que

escuchaban en los portátiles Winco de la época.

Portada de un CD de la CONABIP en la que se ve al

conjunto cuando los muchachos eran jóvenes y

comenzaban en esta enorme obra de difusión que tanto

agradece la música del noroeste argentino.

Cada uno con sus cosas

“Machingo” Ábalos era el bailarín y presentador del grupo;

Adolfo, pianista y compositor; “Vitillo”, percusionista;

Roberto, historiador y recopilador de leyendas; “Machaco”,

guitarrista. “Nos gusta hacer la música común, que el

paisano silba a la vera del camino”, decía el más chico de

los hermanos. “Vitillo”, el único que aún vive y está

rondando las nueve décadas, recibió la visita, en marzo de

2012, del célebre Roger Waters. Ambos son protagonistas

del video The Child Will Fly, canción de doce minutos de

duración, que cuenta además con la participación de

artistas como Shakira, Eric Clapton y Gustavo Cerati (grabó

antes de su ACV) y que fue compuesta por el ex Pink Floyd

especialmente para apoyar el trabajo de la Fundación Alas

en el programa Educación Temprana, que impulsa la

colombiana Shakira Isabel Mebarak Ripoll.


Mar del Plata de la década de 1950 y actúan en varios

programas propios en la novedosa televisión.

El mundo los convoca y realizan interminables giras por

lugares donde nunca antes se había oído la música del

interior criollo, como Paquistán o Tailandia. Su paso es

exitoso por todo el globo.

Además de escribir estudios elementales de piano para

los que se inician en esta rama de la música, registran

una gran cantidad de composiciones que hoy, con solo

escucharlas, los identifican como sus creadores:

“Casas más casas menos”, “Gatito de Tchaikowsky”,

“Chakaymanta”, “Chacarera del rancho”, “Santiago

Manta”, “Zamba de mi pago”, “Todos los domingos” y

“Agitando pañuelos”, entre tantos otros éxitos.

El nuevo siglo trajo el desmembramiento del grupo

por el único medio posible: la enfermedad y, luego, la

muerte. En 2000 falleció “Machaco”, en 2001

Roberto, en 2008 Adolfo. Al final del invierno de

2004, en un geriátrico porteño, a los 91 años partió

“Machingo”, un potencial odontólogo al que la música

conquistó definitivamente.

Así se veía el centro de la ciudad de Santiago del

Estero, cuando Napoleón Ábalos se radicó allí para

poner su consultorio odontológico. En 1868, el

gobernador Taboada inauguró la Casa de Gobierno en

un edificio al que se llamaba Cabildo por su parecido

con la sede de la vieja institución española.

El Rancho de los Ábalos fue uno de los lugares en

que presentaban sus temas y ofrecían, en un

ambiente folclórico, su mejor música. En 1962

grabaron este disco para el sello RCA Víctor con el

título de una de sus composiciones más recordadas.

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Sus máximos logros

los consiguió en

Racing, donde es

reconocido

actualmente, ya

septuagenario, como

una de las figuras de

la historia académica.

Rulli, en 1962, con

otra de sus pasiones,

la guitarra, con la que

amenizaba las

prácticas y

concentraciones.

Juan Carlos Rulli

Uno de los símbolos del Racing “campeón de todo” en 1966-1967 fue el

odontólogo Juan Carlos Rulli. Cuando vemos las fotos o repasamos las

imágenes de esa época nos cuesta armonizar a este volante luchador, gue-

rrero, todo transpirado, con un dentista de guardapolvo blanco y fina pre-

cisión en la boca de sus pacientes.

Rulli nació en Catriló, La Pampa, donde su padre era empleado de correos y

su madre atendía la casa y un bazar de su propiedad en el que vendían,

casi como los conocidos almacenes de ramos generales, hasta helados.

Tenían tres hijos: Juan Carlos, mellizo de María Cecilia, y Bartolomé, más


pequeño, que llegó a jugar al fútbol en las divisiones infantiles

de Estudiantes de La Plata.

Juan Carlos, de niño, también jugaba a la pelota: su equipo

se llamaba Taponazo. Ahí demostró lo que quizá haya

sido su primera expresión de patrón de grupo, cuya cúspide

se vería después en Racing: el director de la escuela

“Adolfo Alsina”, adonde concurría Juan Carlos, decidió desmembrar

el equipo para el campeonato escolar. Juan Carlos

no lo permitió y se fueron a disputar otro campeonato sin

desunir a los amigos.

Poco tiempo después, otra muestra: había un lindo terreno

en el pueblo para armar una canchita, pero estaba alambrado

y con cartel que prohibía entrar. “Coco”, como se lo

conocía, le pidió cinco pesos a la madre, que también alquilaba

el único cine de Catriló, y se fue en taxi para pedir el

baldío al dueño. Palabras más, palabras menos, lo convenció.

Estaba naciendo el gran capitán de “la Academia”.

A los doce años se fue a vivir a La Plata, en la casa de Amelia

Barreiro, amiga de su madre. Ingresó como pupilo al colegio San

José y solo tenía salidas las tardes de los domingos, cuando iba

a ver a Gimnasia o a Estudiantes. Al tiempo, sus padres se radicaron

en la capital de las diagonales, más precisamente en el

barrio San Lorenzo. Ya vuelta a reunir toda la familia, “Coco”

empezó a jugar en la cancha de Manuelito para el equipo llamado

La Cumparsita. A los diecisiete años ingresó a la novena división

de Estudiantes mientras cursaba cuarto año en el Colegio

Normal N° 2. En poco más de dos años ya jugaba en Primera al

lado de Albrecht, Zappa y Antonio, entre otros.

En 1962, Boca enfrenta a los “pinchas” y el técnico xeneize le

ofrece pasar a la entidad azul y amarilla. Boca lo compra por un

millón de pesos más los pases de Medero, Bielli y Nardiello.

Tiene un buen desempeño en la gira por Europa de diciembre de

1963, ya dirigido por Aristóbulo Deambrossi. Incluso con un gol

suyo, Boca le gana en Alemania al Verein FB 1893 por 1 a 0 y

por el mismo marcador al Fortuna 54 de Holanda.

Sin embargo, no es buena su actuación. Le confiesa a

Osvaldo Ardizzone: “Ya pensaba en la Odontología con más

vocación, aunque nunca abandoné la facultad, y ya llevaba

Currículo deportivo

Juan Carlos Rulli, volante por la derecha, lo que

sería un número ocho clásico, jugó en Estudiantes

de La Plata entre 1958 y 1962 (61 partidos y 6

goles), en Boca entre 1963 y 1964 (7 partidos), y

en Racing entre 1965 y 1970 (177 partidos y 9

goles). Vistió otra casaca celeste y blanca, la de la

Selección Argentina, en las eliminatorias de 1970.

Curioso reclamo

Pese a que es, sin duda, uno de los jugadores

más queridos por la hinchada de Racing, en

2004 Rulli se quejaba de que la entidad de

Avellaneda no le entregaba su documentación

para terminar sus trámites de jubilación en la

Anses. Estudiantes y Boca sí le habían dado

ese material, pero Racing se excusaba de

haberlo perdido en una inundación. “No hay

forma de encontrar esa documentación que

muestre que trabajé honradamente”, le

manifestó a la edición matutina de Crónica en

septiembre de dicho año.

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Ni una noche

“Todas las horas que vivo lejos de mi casa,

lejos de mi mujer y de mi hija, son horas

que ya no recuperaré jamás, que no volveré

a vivir nunca más. Así fue siempre. Aun de

soltero, cuando ya disponía de un peso y de

automóvil, nunca falté una noche de mi

casa y siempre procuré estar presente a la

hora del almuerzo y de la cena.” Rulli era un

hombre muy apegado a su familia y así se

lo cuenta a la revista Sport en 1969.

Cambiándose en los vestuarios del equipo celeste y blanco de

la provincia de Buenos Aires, donde jugó entre 1965 y 1970.

cuatro años aprobados”. En ese momento lo compra

Racing y se inicia la parte más brillante de su carrera

futbolística. Dirigido por Juan José Pizutti, encuentra su

posición justa en la cancha, en un funcionamiento de

equipo que lo ayudaba. Colaboran para que se luzca

jugadores de la talla de Alfio Basile, Agustín Cejas,

Roberto Perfumo, Humberto Maschio, Omar Corbatta y

Nelson Chabay. El famoso “equipo de José” gana en

1966 el campeonato local y al año siguiente, la Copa

Libertadores y, por primera vez para un equipo argentino,

el Mundial de Clubes en aquel recordado partido de

desempate en Montevideo frente al Celtic de Escocia,

con el gol del “Chango” Cárdenas que recibió el pase de

Rulli. Precisamente, “Coco” fue expulsado faltando

cinco minutos en un cotejo donde prevalecieron las

brusquedades y hubo cuatro jugadores más que vieron

la tarjeta roja.

En el recordado torneo local marca un gol decisivo en

la fecha doce para ganarle 1 a 0 como visitante a

Rosario Central, lo mismo que el segundo en el 2 a 0

(fecha 34) ante Platense en Núñez.

En la Copa Libertadores de 1967, el camino fue durísimo, al

punto que debe definir semifinal y final con terceros partidos:

en el primer caso al quedar igualado en puntos, gana 2 a 1

en Chile frente a Universitario de Lima, Perú; en el segundo,

al igualar ambos cotejos sin goles, Racing gana 2 a 0 a

Nacional de Montevideo y alza la copa también en Santiago.

En 1970 se retira de las canchas, aunque tres años más

tarde toma la dirección técnica de Racing. La experiencia no

fue buena y se dedica, a partir de entonces, a su consultorio.

Sigue siendo al día de hoy uno de los ídolos racinguistas.

©MV Comunicación & Marketing® www.mvcomunicacion.com

Odontólogos Destacados Nº 8: Los Hermanos Ábalos - Juan Carlos Rulli - 978-987-1708-38-3

El contenido de esta publicación se presenta como un servicio a la profesión odontológica, reflejando las opiniones, conclusiones o hallazgos propios de los autores incluidos en la publicación. Dichas opiniones, conclusiones

o hallazgos no son necesariamente los de Laboratorios Gador, ni los de ninguna de sus afiliadas, por lo que Laboratorios Gador no asume ninguna responsabilidad de la inclusión de las mismas en dicha publicación.

Fotos gentileza: Archivo de la revista El Gráfico y diario La Nación.


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