LA CABINA NOVIEMBRE

pastor.angel

«todo ello quedó en el

olvido y, al contrario, el

compromiso tornó en

coacción frente a una

inminente negociación de

prórroga que venía con

el «premio» de la quita,

de la movilidad y de las

disponibilidades.»

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Recordamos que el Teletrabajo se recogía,

en el vigente convenio, como «una notable

mejora en la conciliación de la vida

laboral y familiar» y que había «construido

una gestión basada en la confianza

mediante una relación más ágil y directa, que ha

reportado mayores ventajas tanto para la organización

como para los teletrabajadoras, con nuevas formas de

hacer que están consolidando una cultura más innovadora».

También respecto a las políticas de igualdad

se menciona el teletrabajo como «una modalidad de

trabajo que fomenta la conciliación de la vida personal

y laboral de las personas que lo realizan». Es más,

la empresa se comprometía a «seguir avanzando en

línea con un compromiso mutuo de mejora en la calidad

y la productividad que reporte

ventajas para todos, así como en el

incremento porcentual de número

de trabajadoras que disfruten de

esta nueva modalidad de trabajo.»

Pero todo ello quedó en el

olvido y, al contrario, el compromiso

tornó en coacción frente a una

inminente negociación de prórroga

que venía con el «premio» de

la quita, de la movilidad y de las

disponibilidades.

Por eso, en febrero, la empresa

anunció –refugiándose en la falta de productividad

y eficiencia– la retirada unilateral de gran parte de los

contratos de teletrabajo –oficialmente, ha reconocido

una reducción de casi 1.900 puestos a menos de

700– y desde entonces hasta ahora, quienes se creen

los «propietarios» porque firmaron el acuerdo en

el 2006, que en un principio negaron la inminente

reducción, a renglón seguido, anunciaron varias veces

negociaciones para que la empresa «los devolviera».

¿Será esta la definitiva?

Y es que el acuerdo tenía sus «trampas» y una

de ellas era la de la «reversibilidad» que, para beneficio

de la empresa, bastaba con un preanuncio de 15

días. Así como notables deficiencias en materia de

prevención y de infraestructura si lo comparábamos

con el «Acuerdo Marco Europeo».

Pero a pesar de la precariedad del acuerdo, la

realidad es que quienes teletrabajan, sobre todo en

grandes ciudades donde los tiempos de desplazamiento

al trabajo se aumentaron por la especulación

urbanística –caso del Distrito T, no en vano Madrid es

la provincia que más teletrabajabadores oficialmente

reconocidos tenía, cerca de 1.200, aunque desconocemos

las cifras reales de aquellos que lo hacen «de

extranjis»– han encontrado ya sólo en este argumento

–la reducción de casi 3 horas de transporte público,

aumento de 3 horas de vida– una razón suficiente

para anhelar su reimplantación.

En CGT vamos más lejos y pensamos que,

además de las mejoras que se deben introducir en

materia de prevención o de infraestructuras, se debe

negociar una «cuota social mínima» que permita a

quienes más lo necesitan «aprovecharse» de este tipo

de trabajo, instaurado en numerosas empresas de Europa,

sobre todo en aquellas como la

nuestra donde la tecnología es la base

del trabajo.

Estamos hablando de que quienes

más se pueden «beneficiar» son

mujeres, quienes, para su desgracia,

son a las que esta sociedad machista

y patriarcal les ha forzado a realizar la

labor de cuidar a menores y mayores

dependientes, y que un hipócrita estado

no las ayuda porque redactó una

ley de dependencia a la que dotó de

un insuficiente presupuesto, que, para

más INRI, con la excusa de la crisis, recientemente se

ha recortado hasta su desaparición.

Claro que sabemos que no es una solución, la

solución sería, por ejemplo, una Renta Básica que asegurara

a todos los ciudadanos del país un mínimo de

recursos económicos que le permitieran una mínima

independencia y cierto grado de libertad. Pero esto es

otra batalla, si cabe, mayor que la CGT está dispuesta

a lidiar en otros ámbitos.

La CGT ya expuso en el último pleno del Comité

Intercentros que no valen anuncios populistas

proclamando a los cuatro vientos «hemos retomado

las conversaciones». Queremos, sobretodo, transparencia,

que se explique lo que se está negociando; que

se tengan en cuenta las necesidades de la plantilla, que

se consulte con ella, que se informe detalladamente en

el foro adecuado, que no se negocien contrapartidas

perjudiciales para las afectadas. Y que se implante esa

cuota social mínima que en la CGT reclamamos.•

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