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A. Pais/NOAA

Salvando los

recursos pesqueros

Mil millones de personas alrededor del mundo

dependen del pescado para su principal

fuente de proteína. Pero la cosecha de los

océanos –que una vez se creía inagotable– está

disminuyendo debido a su explotación excesiva.

Los mares son la última parte mayor del planeta

en la cual la humanidad moderna se comporta

como un cazador-recolector, pero presta mucho

menos atención a la conservación de las reservas

para el futuro que las comunidades supuestamente

“primitivas” en los bosques y los desiertos.

El número de barcos de pesca en los océanos es

dos y media veces mayor del necesario para pescar la

cantidad que podrían cosechar sin agotar las poblaciones

de peces. Y los gobiernos los subvencionan

por valor de una suma de 15.000 millones de dólares

por año, hasta un cuarto del valor total de los peces

cosechados, para mantenerlos en operación.

De modo que no resulta sorprendente que 75%

de las pesquerías del mundo estén en crisis, ya sea

por estar excesivamente explotadas o llegando a sus

límites: sólo apenas un 4% de las pesquerías se

explotan por debajo de su capacidad. A medida que

cada zona se iba agotando, las flotas pasaron a otras,

que a su vez fueron agotándose.

Como resultado –a pesar de la gran cantidad

de barcos, los subsidios y los esfuerzos de los

pescadores– la cantidad de peces capturados

mundialmente alcanzó su punto máximo al final

del milenio y ha venido bajando a partir de

entonces. Y en vista de que la población continuó

creciendo, la pesca por persona –de 14 kilogramos–

se encuentra al nivel más bajo desde hace 40 años.

La pesca de muchas especies populares –como

el bacalao y la merluza– se ha reducido a la mitad, a pesar de haberse triplicado los esfuerzos realizados

para darles caza. En el correr del último medio siglo, el número de grandes peces predadores en los

océanos –como el atún, el pez espada o los tiburones– ha bajado un pasmoso 90%. Y durante el

mismo período, el tamaño promedio de un tiburón azul ha caído en picada, de 52 a 22 kilogramos.

Sin embargo, una enorme cantidad de esta pesca mundial es desperdiciada. Cada año las flotas

pesqueras del mundo tiran unos 20 millones de toneladas de peces y mariscos como “captura

incidental” indeseada. Aproximadamente uno en cada 12 peces sacados del agua se tira de vuelta al

mar, muerto o moribundo, porque su venta no es suficientemente rentable, o porque los pescadores

han excedido las cuotas de conservación con su captura.

Otras especies de fauna silvestre también mueren como consecuencia de la pesca. Unos 300.000

delfines, marsopas y pequeñas ballenas quedan fatalmente enredados en las redes de pesca cada

año, y más de 250.000 tortugas laúd y caguama amenazadas se capturan en las redes largas, usadas

por ejemplo para la pesca de atún y pez espada. Las redes también amenazan de extinción a unas

19 especies de albatros.

Ahora por fin están haciéndose algunos esfuerzos para promocionar una pesca mejor. Una agencia

independiente, el Consejo de Administración Marina (MSC), otorga certificados a pesquerías

sostenibles, dando posibilidad al consumidor de comprar éticamente. Hasta la fecha el Consejo ha

endosado a 12 pesquerías como administradas de forma sostenible, y 263 productos verificados están

a la venta en 24 países. También existe creciente interés en establecer zonas protegidas en las cuales

la pesca está totalmente prohibida, a fin de permitir la recuperación de las poblaciones de peces.

V. Viyatvicha/PNUMA/Topham

S.B. Lacayo/PNUMA/Topham

W.B. Folsom/NMFS/NOAA

J. Canete/PNUMA/Topham

10 TUNZA Tomo 3 No 4


A. Heimann/PNUMA/Topham

H.S. Hystek/PNUMA/Topham

Proteger para prosperar

A. Drake/PNUMA/Topham

Los océanos y los mares dominan en nuestro planeta azul, pero los protegemos mucho

menos que a la tierra. A pesar de que cubren el 72% de la superficie del planeta, menos de

1% de su superficie está apartado en zonas protegidas, comparado con 12,5% de la

cantidad relativamente pequeña de tierra seca. Y dos quintas partes de este 1% están ubicadas en

dos sitios gigantescos: el Parque Marino de la Gran Barrera Coral y la Reserva del Ecosistema de

Arrecifes Coralinos de las Islas Hawaianas del Noroeste.

La vasta mayoría de las 4.000 zonas marinas protegidas (ZMP) del mundo caen muy cerca de la

costa, y los países también administran nuestras aguas territoriales, que corren 200 millas náuticas

fuera al mar. Pero casi dos terceras partes de los océanos se hallan más allá de esta distancia y no

están protegidas ni gestionadas.

La protección es necesaria para fomentar

la biodiversidad –incluso ecosistemas tan

Millan/PNUMA/Topham

críticos como los arrecifes de coral, y

especies amenazadas como las tortugas y la

foca monje– y para ayudar a mantener la

productividad de los océanos. Administradas

correctamente, las zonas protegidas y las

zonas con prohibición de pesca pueden

funcionar con todo éxito. Para citar un

ejemplo: partes de la George Bank, fuera de

la costa oriental de los Estados Unidos,

fueron cerradas a la pesca después de que

la explotación excesiva había devastado a la

población de peces. Dentro de los cinco años,

las poblaciones se habían recuperado, y los

peces empezaron a extenderse a zonas de

pesca a su alrededor, aumentando el volumen

de pesca de manera espectacular.

Africa del Sur acaba de crear cuatro

nuevas zonas protegidas para proteger un

arrecife coralino submareal, ciertas especies

de tiburón amenazadas, una migración anual

de millones de sardinas a lo largo de la costa,

y varias aves marinas amenazadas. Y el año

pasado, Irlanda anunció la creación de una

zona protegida y restricciones a la pesca

para proteger corales de agua fría –hábitat

de 1.300 especies de invertebrados y peces–

cercanas a su costa occidental.

Sin embargo, algunas ZMP existen sólo

en nombre, y la vigilancia de estas zonas

siempre es difícil. Pero existe creciente supervisión

por parte de guardas, patrullas marítimas

y aéreas, y por comunidades locales – y

los sistemas de seguimiento por satélite prometen

estimular la supervisión en el futuro.

No obstante, también será necesario reforzar

los mecanismos de protección internacional.

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