Documento Vamos que vamos - Prisa Ediciones

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Documento Vamos que vamos - Prisa Ediciones

Introducción

por Agustín Reyes Morel

Suele decirse que en Uruguay hay tres millones de directores técnicos o, al menos,

tres millones de comentaristas. Suele decirse, también, que la mayoría de

las discusiones que entablamos son sobre fútbol o política. Seguramente todos

hemos participado en intercambios más o menos acalorados sobre cuál es el

equipo más grande del fútbol uruguayo. El debate casi siempre llega a un punto

en que uno de los interlocutores muestra la que cree su carta ganadora: una

enumeración de logros deportivos de su equipo o de las figuras que integraron

sus filas, o el año de su fundación que lo convierte en el decano. Casi siempre el

rival de turno dirá, para contraatacar: “Ah, pero yo creía que por grande querías

decir otra cosa”. Y presentará credenciales que, según su parecer, muestran la

superioridad de su equipo. Es probable que esa discusión no sea saldada pero,

si los interlocutores estuvieran realmente interesados en definir el asunto, lo

primero que deberían preguntarse es: ¿de qué hablamos cuando hablamos del

equipo más grande? En el fondo de este tipo de preguntas se encuentra uno de

los deseos más básicos de las personas: poder entenderse con los demás y comprenderse

a sí mismas.

¿Nos comprendemos unos a otros?

Necesitamos

comprender y ser

comprendidos.

La filósofa alemana Hannah Arendt decía que la comprensión es el modo específicamente

humano de vivir. 1 Necesitamos comprender y ser comprendidos, y uno de

los primero pasos para eso es buscar ponernos de acuerdo sobre el significado de

los términos que usamos. Esto no evitará todos los desencuentros y los debates

—porque algunas diferencias no son sobre palabras sino sobre hechos—, pero nos

ahorrará esas discusiones que terminan con alguien diciendo “es que no comprendés

lo que digo”.

La comprensión es un ejercicio que requiere aclarar los conceptos, acordar que en determinado ámbito

cierta palabra tendrá tal sentido. Pero va más allá del uso correcto del lenguaje común. Cuando realmente

comprendemos no solo entendemos qué quiere decir el otro, sino que logramos ponernos en

sus zapatos sin abandonar los nuestros. Podemos acceder a su punto de vista y es entonces cuando

generalmente exclamamos: “¡Ahora te entiendo!”.

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Para poder comprender al otro, en la base tiene que haber un acuerdo tácito entre

las personas en diálogo sobre el significado de las palabras que utilizan. Por eso,

antes de que empecemos a dialogar a partir de esta guía y del libro, es conveniente

aquí precisar la distinción entre algunos términos que muchas veces se confunden.

Ediciones Santillana S.A. Fundación Celeste

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