Documento Vamos que vamos - Prisa Ediciones

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Para Aristóteles, la felicidad no era arbitraria ni impulsiva, sino que dependía de

un ejercicio racional: el hombre debía poder determinar qué era lo que lo definía

y, entonces, la vida buena sería desarrollar plenamente esta esencia.

Casi siempre, determinar qué es lo que nos define y actuar en consecuencia implica adoptar ciertos

hábitos o disposiciones respecto a nuestras condiciones naturales. Porque alcanzar la vida buena depende

en alguna medida de la fortuna, pero en gran parte del esfuerzo y de la constancia.

¿Cómo llama Aristóteles al hombre que ejercita de forma óptima aquello que lo

define? Virtuoso. En este marco, la virtud es la práctica excelente de la función

propia de cada persona.

Las prácticas

virtuosas son

aquellas que mueven

a los demás al elogio.

“La sociedad los

quiere no por ser

excelentes, sino

porque ponen la

excelencia al servicio

de la comunidad”.

Algunos ejemplos de comportamientos virtuosos pueden leerse en las fichas que

siguen, así como en las páginas del libro. Pero no solo dentro de un campo de

fútbol, sino también en la vida cotidiana de los jugadores o en su relación con los

compañeros.

Como dice Aristóteles, las prácticas virtuosas son aquellas que mueven a los

demás al elogio. Y lo hacen tanto por la belleza de su ejecución como por la posibilidad

de observar a una persona haciéndose dueña de sí misma y ofreciendo

sus capacidades para la consecución de un bien común.

Aplicando palabras de Cortina a los integrantes de la selección uruguaya, “la sociedad

los quiere no por ser excelentes, sino porque ponen la excelencia al servicio

de la comunidad”. 3 Así como los árboles se conocen por sus frutos, la identidad

de una sociedad se intuye a través de aquellos a quienes admira y coloca

como referentes.

La justicia y los valores

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Pero la perspectiva de Aristóteles funciona sin necesidad de complementos

cuando las personas viven en una comunidad integrada, en la cual los ideales

de felicidad están articulados entre sí. Pero, ¿qué pasa cuando los hombres comienzan

a organizarse en sociedades más complejas? Entonces es posible que

el proyecto de una persona interfiera con el de otra, o que ciertas formas de felicidad

se desarrollen limitando la libertad de algunos individuos. En ese caso, se

hace imprescindible introducir el concepto de moral.

Ediciones Santillana S.A. Fundación Celeste

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