Arte y ciencia - Universidad de Los Andes

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a Marinetti expresaba: “El auto de carrera es más hermoso que la

Victoria de Samotracia”. En el libro Zang Tumb Tumb describe el

sonido de las bombas y ametralladoras en la batalla de Adrianopoli.

Según algunas opiniones, los principales integrantes del futurismo

terminaron afiliados a los movimientos fascistas italianos.

Con una apreciación diferente, hacia 1916, surge el dadaísmo,

censurando, ridiculizando e ironizando a la máquina. Picabia,

uno de los integrantes del movimiento, construyó mecanismos que

simulaban máquinas o antimáquinas, inútiles, imaginarias, fantásticas,

imposibles, las cuales ridiculizaban los artefactos de la sociedad

industrial y consumista. Sus máquinas eran una reacción contra los

poderes establecidos, que en aquella época estaban empeñados en

la concepción de la sociedad postindustrial, en la mecanización desmedida

y en la construcción de máquinas de cualquier tipo, automóviles,

aviones, armamento militar, cohetes, máquinas pensantes,

robots y otros artificios.

Igualmente, las máquinas de Tinquely o los robots desbaratados

de Bruce Lacey, propuestos en la segunda mitad del siglo

XX satirizan las máquinas de la sociedad de consumo. Autores como

Aladym, Pol Bury, Víctor Valera Mora, Enrique Mujica y otros, han

empleado el tema de las máquinas con diferentes intenciones.

Tuercas, chasis doblados, tornillos oxidados, hierros retorcidos

y chatarra han sido ensamblados por Aladym, simbolizando

la contaminación mecánica, el deterioro ambiental y la alienación

causada por la máquina. Algunos han incorporado efectos magnéticos,

luces de neón, rayos catódicos o los últimos avances de la

técnica, computadores, circuitos integrados, chips, celdas solares y

rayos láser, buscando nuevos caminos y posibilidades. Otros acoplan

computadores desvencijados, transistores rotos, tubos de rayos

catódicos deteriorados y chips usados, formando una maraña caótica

que encarna la decadencia de la modernidad por el avasallamiento

de la tecnología cibernética.

Varios poemas de Valera Mora, “Masseratti 3 litros”, “Piloto

de prueba” y “Semáforo rojo”, con un lenguaje mordaz y sarcástico,

satirizan el automóvil y la tecnología, emblemas del poder, alienación

y progreso de las metrópolis capitalistas. En “Masseratti 3 litros”,

la máquina ruge a 600 kilómetros por hora:

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