Arte y ciencia - Universidad de Los Andes

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Arte y ciencia - Universidad de Los Andes

Según esta visión, la materia está formada por un conjunto

de entidades subatómicas de naturaleza electromagnética, las cuales

se comportan como ondas o corpúsculos en continua vibración e interacción

energética. De manera análoga, la luz, constituida por fotones,

es una entidad cuántica, electromagnética, que se muestra como

una onda o como una partícula vibrante, según las circunstancias.

Esto implica que vivimos en un universo cuántico, electromagnético,

lleno de partículas y ondas en permanente transición y vibración. Parafraseando

a los alquimistas del antiguo Egipto, todo es dual, nada

reposa, todo vibra. Curiosamente, hoy, la física cuántica, estudiando

las profundidades de la materia y la luz, reconoce esta verdad, presentida

hace miles de años por los estudiosos de la alquimia.

Consecuencialmente, artistas como Dalí, Kandinsky, Vassarely,

Soto y Mark Tobey han empleado las visiones del átomo, la

materia y la energía en sus creaciones plásticas.

Dalí realizó varias obras cuya temática está relacionada con

el átomo, la holografía, la energía nuclear, y escribió “Manifiesto

antimateria”, interesándose por los trabajos de Planck y Heisenberg.

Entre ellas pueden citarse: “Idilio atómico y uranio melancólico”,

“Equilibrio intraatómico de una pluma de cisne”, “Separación del

átomo: Desmaterialización cerca de la nariz de Nerón”, “Leda atómica”,

“Galatea de las esferas”, “Santo rodeado de tres mesones

pi”. En “Galatea de las esferas”, un rostro de mujer fragmentado en

numerosas esferas, parece simular que la íntima organización del

ser se reduce a infinitas partículas y antipartículas en movimiento y

transición. “Idilio atómico y uranio melancólico”, esboza el horror

de la guerra nuclear, manifestado en la destrucción de Hiroshima y

Nagasaki por la bomba atómica. Describe la impotencia del hombre

ante el uso irracional de la energía concentrada en el átomo, la cual

puede acabar con el planeta y sus vecinos circundantes. El cuadro

es un desolador y patético retrato de las consecuencias negativas de

la tecnología de la guerra, creada alrededor de la desintegración del

átomo. Es la misma sensación que expresa el poeta Nicanor Parra

en “Los vicios del mundo moderno”, o el sentimiento de pesimismo,

temor e impotencia que ensombrece el futuro de la humanidad, con

la manipulación y desencadenamiento de la energía nuclear como

artificio militar o industrial.

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