La ultima morada. Zona Prohibida.

wyneg

¡La búsqueda ha terminado! Un grupo de viajeros extraterrestres ha arribado a la Tierra con intenciones desconocidas. Maravillados por la hermosura del planeta deciden descender a investigar; mientras, en el bosque Amazónico, el comandante de operaciones John Waterstone lidera un proyecto secreto del gobierno de los Estados Unidos, pero todo sale mal para las dos partes involucradas... Por otra parte, Miguel ha confirmado el diagnostico de su enfermedad, sin saber que pronto cambiará todo en su vida. ¿Qué les depara el destino a estos seres? ¿Cuáles son sus intenciones? ¿Quienes son y de donde provienen? ¿Cómo y por qué cambiará la vida de Miguel?

- ¡Esto es increíble! Es como ver a través de un telescopio térmico… Devuélveme la visión

normal y déjame intentar algo, Imh.

- ¿Qué harás?

- Una pregunta, escucha –mentalizó Miguel–. ¡Señor! ¡Teniente Durán, tengo una pequeña

pregunta!

- Diga, señor… Álvarez – respondió el militar que guiaba la visita, revisando la nómina de

visitantes a la base para saber el apellido del muchacho.

- Este es un hangar, ¿cierto? ¿Almacenan artefactos secretos aquí?

- Puede ser, pero dejarían de ser secretos si lo divulgáramos al público en general.

Entenderá que no podemos revelar la naturaleza de ciertas informaciones, señor.

- ¡Oh! Eso sonó a clasificado. ¿Quizás guardaron alguna vez una nave extraterrestre?

- No lo creo, señor Álvarez. No me diga que cree en conspiraciones o algo por el estilo.

- No, es que malinterprete su respuesta. Perdón si lo incomodé.

- No se preocupe. No le ocultaré que nuestros pilotos han visualizado objetos extraños en

sus entrenamientos, todos están reportados de manera oficial y comunicados de forma

abierta al público; no obstante, nunca hemos recuperado ninguna nave extraterrestre o a

sus tripulantes. Nunca.

- Eso me deja tranquilo, deben ser horribles esos seres. Gracias, teniente.

- Por nada, señor Álvarez.

El resto de la visita duró 45 minutos, después de los cuales Miguel salió para encontrarse con Imh,

que le esperaba sentada en el piso, bajo la sombra de un plátano oriental.

- Lo intenté – dijo Miguel, en forma de saludo.

- No era mala idea, pero si guardaron la nave en el hangar, no te lo iban a decir de forma

tan simple.

107

More magazines by this user