La ultima morada. Zona Prohibida.

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¡La búsqueda ha terminado! Un grupo de viajeros extraterrestres ha arribado a la Tierra con intenciones desconocidas. Maravillados por la hermosura del planeta deciden descender a investigar; mientras, en el bosque Amazónico, el comandante de operaciones John Waterstone lidera un proyecto secreto del gobierno de los Estados Unidos, pero todo sale mal para las dos partes involucradas... Por otra parte, Miguel ha confirmado el diagnostico de su enfermedad, sin saber que pronto cambiará todo en su vida. ¿Qué les depara el destino a estos seres? ¿Cuáles son sus intenciones? ¿Quienes son y de donde provienen? ¿Cómo y por qué cambiará la vida de Miguel?

- Sí, déjalo todo ahí, lo arreglare inmediatamente. Los cuchillos se limpian aparte, no quiero

malograrles el filo –respondió Sulfito, limpiando velozmente los afilados y preciados

utensilios–. ¡Mira! Tengo el mismo sistema operativo que tú. Probemos que tan bueno es.

Después de un rato de juguetear con los programas, Sulfito se echó en su asiento, estupefacto,

frente a su laptop.

- Es lo mejor que he ocupado hasta ahora. Antes se me quedaba congelado al abrir más de

tres aplicaciones, ahora trabaja como si fuera un computador de la NASA. Muchas gracias,

señorita Imh, ha fabricado el mejor software de este mundo – agradeció Sulfito,

abrazando la pantalla de su laptop.

- Gracias a ti, por la comida y por todo este material que nos facilitó. Le debo los programas

de edición de video, como Miguel no ocupaba ese tipo de aplicaciones, no estaban dentro

de la instalación que le grabé.

- No se preocupe, puede formularlos cuando pueda, creo que estará muy ocupada de ahora

en adelante.

- Gracias, Marco. Te devolveremos todo lo más prontamente posible. Debemos irnos, para

no dejar a mi abuela sola tanto rato.

- Los acompaño a la salida, amigos.

Sulfito se despidió de los muchachos, abrazándolos a los dos al mismo tiempo, deseándoles suerte

en su casi imposible tarea de rescatar a Neilaress y recuperar su nave. Se internó en su local,

bajando las persianas y colocando un cartel que tenía escrito “cerrado”, apagó las luces.

- Que… cariñoso – expresó Imh con dificultad, costándole encontrar la clasificación correcta

para Sulfito.

- Siempre ha sido así, es buen amigo ese individuo… Vamos, antes de que se ponga más

oscuro, mi abuela debe estar esperándonos.

- Sí, vamos.

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