La ultima morada. Zona Prohibida.

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¡La búsqueda ha terminado! Un grupo de viajeros extraterrestres ha arribado a la Tierra con intenciones desconocidas. Maravillados por la hermosura del planeta deciden descender a investigar; mientras, en el bosque Amazónico, el comandante de operaciones John Waterstone lidera un proyecto secreto del gobierno de los Estados Unidos, pero todo sale mal para las dos partes involucradas... Por otra parte, Miguel ha confirmado el diagnostico de su enfermedad, sin saber que pronto cambiará todo en su vida. ¿Qué les depara el destino a estos seres? ¿Cuáles son sus intenciones? ¿Quienes son y de donde provienen? ¿Cómo y por qué cambiará la vida de Miguel?

- Ahora es diferente… – dijo Miguel, con una mezcla de vergüenza y melancolía.

- Lo sé. Busquemos algo de valor entre toda esta basura.

- ¡Sí, jefa!

Habían avanzado bastante en el entrenamiento las pasadas noches. Miguel ya era capaz de

mantener una pelea por más de 10 minutos, esquivando y lanzando diferentes tipos de golpes de

puño y patada, los que Imh evitaba con agraciados movimientos. Lo que más le costaba al

muchacho era el mejorar su flexibilidad y elongación, llegando a gritar como un cerdo al ver un

matadero cuando debía abrir sus piernas en 180 grados o más.

Los beneficios del entrenamiento se estaban notando. El cuerpo de Miguel se había tonificado

gracias a la inadvertida tensión muscular provocada por Imh, además de ganar buenos reflejos

ante situaciones que lo requirieran. Sin embargo, no se veía cambio alguno en la extraterrestre,

que debía bajar su nivel para poder enfrentarse al joven humano, limitando su fuerza y velocidad.

- Ya no me canso tanto con las peleas, Imh.

- Lo sé, no tienes el corazón latiendo como un púlsar.

- Eh, claro…

- Debes mejorar tu velocidad de reacción y no debes distraerte, has aprendido varias

técnicas que no sirven de nada si no puedes evitar los ataques enemigos o contraatacar.

- Sí… ¡Algún día seré capaz de golpearte!

- ¿Seguro? Para que sepas, te falta mucho para llegar a siquiera tocarme, tu velocidad es

como un milésimo de la mía o menos. Para que hablar de tu fuerza…

- ¡No me humilles! Mejor busco basura callado.

- Es una broma.

- Segunda vez que te escucho bromear, ya te estas mimetizando con nosotros.

- ¿con nosotros…? – repitió Imh, mentalmente, con la mirada fija en Miguel, quien buscaba

despreocupadamente objetos reciclables entre la montaña de basura.

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